100% encontró este documento útil (1 voto)
1K vistas4 páginas

El Achacay

cuento

Cargado por

educajoam33
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
100% encontró este documento útil (1 voto)
1K vistas4 páginas

El Achacay

cuento

Cargado por

educajoam33
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

EL ACHACAY

Cierta vez, dos chiquillos vivían con sus padres. Una tarde, los hicieron dormir sin

darles de comer. La mamá, pensando que sus hijos ya estaban dormidos,

preguntó a su esposo: "¿Has visto el palo para tostar la cancha?" Desde la cama,

los chiquillos contestaron. ¿Acaso yo les pregunto a ustedes? – Diciéndoles esto,

la mamá, los echó a los dos en una "anchana" y los colgó en una peña para

hacerlos sufrir de hambre.

Mientras estaban allí, pasó un buitre por encima de ellos. Los chicos le llamaron y

le rogaron que los sacara de allí. El buitre les dijo: "Yo no puedo sacarlos, ahí

viene un cóndor, dígaselo a él." En efecto, poco después llegó un cóndor, los sacó

y los dejó en una chacra de papas cocidas que estaban hirviendo. Pero los chicos

no pudieron comerlas porque en realidad eran piedras. "Abuelita, nosotros no

podemos comerlas", dijeron los chicos. La abuela insistió en que eran papas y,

para demostrarles, las partió y se las comió. Luego les dio algunos pedazos a los

chicos para que comieran.

Después de la comida, la abuela le dijo a la niña: "Tú te duermes en otro cuartito",

y al niño: "Contigo me acostaré para cuidarte." La niña, queriendo o no, se fue al

cuarto. Cerca de la medianoche, sintió que su hermanito lloraba. "Abuelita, ¿por

qué llora mi hermano?", le preguntó. La anciana le contestó: "Le estoy sacando

liendres de la cabeza, está muy cochino." Todo quedó en silencio.

Cuando amaneció, la niña buscó a su hermanito. La vieja le dijo: "¿Acaso tu

hermano es ocioso como tú para estar durmiendo hasta las ocho? Ya estará por
los cerros y puntas." La niña esperó el regreso de su hermanito. Cuando la vieja le

mandó a traer agua con una canasta y no pudo llenarla, regresó donde estaba la

vieja. Ella misma decidió ir a traer el agua, encargándole cuidar la casa, la olla, el

batán y las puertas, y avisar si veía sapos. Mientras tanto, la hija de la vieja le

avisó a la niña que su hermanito estaba hirviendo en la olla. "Ándate llevando a tu

hermanito. Cuando estés subiendo la punta, recién le voy a avisar a mi mamá", le

dijo la hija de la vieja.

La niña tomó a la hija de la vieja, la descuartizó y la puso a hervir en la olla. Luego

sacó los restos de su hermanito en una manta y se lo llevó cargando. Cuando la

niña iba a trasponer una punta, las cosas hicieron bulla: la olla, la casa, las

puertas, el batán y todo. La vieja saltó desde la olla y, conociendo por dónde había

ido la chica, salió tras ella para alcanzarla.

La niña llegó donde un tarugo que estaba barbechando y le dijo: "Tío, esconde

esto dentro de tu barbecho". La vieja llegó y le preguntó al tarugo: "Oye tarugo,

¿por acá no pasó una chica apachada con una manta?" El tarugo respondió: "No

he visto pasar a nadie." La vieja le dijo entonces: "Sé muy bien que está dentro de

tu barbecho." El tarugo le contestó: "¡Búscalo! Búscalo", y diciéndole, la agarró a

golpes mientras la niña avanzaba.

La niña llegó donde una araña y le dijo: "¡Escóndeme, escóndeme!" La araña la

escondió dentro de su tela. La vieja llegó y le preguntó a la araña si había visto a

la chica. "No, no", le dijo la araña. "Pero aquí está moviéndose en tu tela", le dijo la

vieja. La araña la tapó con su tela, diciéndole: "Haber, busca, busca", mientras la
niña se ocultaba detrás de una peña, donde se encontró con un viejito que iba

cabalgando un caballo blanco.

El viejito le dijo: "Niña, vas a llegar a esa cruz y le vas a pedir a Dios que te suelte

una cadena de oro." La chica llegó a la cruz y dijo: "Dios mío, padre, bájame una

cadena de oro." Dios le dio la cadena y la niña subió y subió, mientras la vieja

conversaba con el viejito del caballo blanco. La vieja llegó a la cruz y pidió a Dios

que le bajara una cadena de oro, pero Dios le dio una cadena vieja para que

subiera alcanzar a la niña.

La cadena de la vieja estaba siendo mordida por el pericote. La vieja le dijo:

"Pericote, creo que estás mordiendo la cadena de mi Dios." El pericote le

respondió: "Yo no como tu cadena; yo como lo que me dejan mis padres, el pan

duro y la cancha quemada." La vieja ya estaba alcanzando a la niña hasta que se

rompió la cadena. Al venir abajo, la vieja pedía auxilio: "¡Tienda mantas, colchas

para yo caer!", pero nadie le hizo caso. Finalmente, la vieja llamada Achacay cayó

al suelo, golpeándose y adolorida.

Viendo pasar a un buitre, le pidió que le cociera la cintura y el vientre. El ave le

dijo: "No puedo cocer. Ahí viene otro compañero." Luego llegó el cóndor y también

le dijo que le cociera la cintura y el vientre. El cóndor lo hizo, pero sin dejarle

ningún agujero para nada. La vieja le pidió que le dejara un agujerito para hacer

de aguas, y el cóndor se lo descoció todo nuevamente.


La vieja le rogó al cóndor que lo cosiera nuevamente, y así lo hizo. Cuando

Achacay le pidió que lo soltara un poco, el cóndor se lo descoció todo y se comió a

la vieja.

La niña llegó al cielo y le contó a Dios todo lo que le había sucedido, y le mostró el

cuerpo mutilado de su hermanito. Entonces, Dios encerró el cuerpo del niño en un

baúl y le dijo: "Que no lo abras por ningún motivo." La chica no pudo soportar las

ansias de ver a su hermanito y abrió el baúl, viendo que se estaba rascando la

cabecita. Dios, al verlo, regresó y le dijo: "Te dije que no abrieras el baúl, y por

desobedecer, tendrás que buscar tu destino donde sea."

Su hermanito se convirtió en un perrito y se bajaron del cielo. La niña le puso el

nombre de Huayhuarito al perrito. Mientras caminaban, llegó la noche y el perrito

le dijo: "Yo te voy a defender de todo peligro. Te avisaré si hay algo, calla y diré."

Así se quedaron a dormir.

FIN

También podría gustarte