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Selección de textos de Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870)

Poesía y narrativa romántica - Literatura del Siglo XIX

ÍNDICE
RIMAS
Rima IV Rima XLVIII
Rima XIII Rima LI
Rima XX Rima LII
Rima XXI Rima LIII
Rima XXIII Rima LVI
Rima XXIV Rima LX
Rima XXX Rima LXII
Rima XXXIII Rima LXVI
Rima XXXVIII Rima LXIX
Rima XLI Rima XCI
Rima XLII Rima XCII
Rima XLVII

LEYENDAS:
-Los ojos verdes
RIMAS: -El rayo de la luna
ÍNDICE -El beso
-El monte de las ánimas.
Rima IV Mientras haya esperanzas y recuerdos,
¡Habrá poesía!
No digáis que agotado su tesoro,
Mientras haya unos ojos que reflejen
De asuntos falta, enmudeció la lira:
Los ojos que los miran;
Podrá no haber poetas; pero siempre
Mientras responda el labio suspirando
Habrá poesía.
Al labio que suspira;
Mientras sentirse puedan en un beso
Mientras las ondas de la luz al beso
Dos almas confundidas;
Palpiten encendidas;
Mientras exista una mujer hermosa,
Mientras el sol las desgarradas nubes
¡Habrá poesía!
De fuego y oro vista;

Mientras el aire en su regazo ve


Perfumes y armonías; Rima XIII
Mientras haya en el mundo primavera,
¡Habrá poesía! Tu pupila es azul, y cuando ríes,
Su clarídad suave me recuerda
Mientras la ciencia á descubrir no alcance El trémulo fulgor de la mañana
Las fuentes de la vida, Que en el mar se refleja.
Y en el mar ó en el cielo haya un abismo
Que al cálculo resista; Tu pupila es azul, y cuando lloras,
Las trasparentes lágrimas en ella
Mientras la humanidad siempre avanzando Se me figuran gotas de rocío
No sepa á do camina; Sobre una violeta.
Mientras haya un misterio para el hombre,
¡Habrá poesía! Tu pupila es azul, y si en su fondo
Como un punto de luz radia una idea,
Mientras sintamos que se alegra el alma. Me parece en el cielo de la tarde
Sin que los labios rían; ¡Una perdida estrella!
Mientras se llore sin que el llanto acuda
A nublar la pupila;
Mientras el corazón y la cabeza
Batallando prosigan;
Rima XX
Dos olas que vienen juntas
Sabe, si alguna vez tus labios rojos A morir sobre una playa,
Quema invisible atmósfera abrasada, Y que al romper se coronan
Que el alma que hablar puede con los ojos, Con un penacho de plata;
También puede besar con la mirada.
Dos jirones de vapor
Que del lago se levantan,
Rima XXI Y al juntarse allí en el cielo
¿Qué es poesía? dices mientras clavas Forman una nube blanca;
En mi pupila tu pupila azul;
¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas? Dos ideas que al par brotan.
Poesía... eres tú. Dos besos que á un tiempo estallan,
Dos ecos que se confunden...
Eso son nuestras dos almas.
Rima XXIII
Por una mirada, un mundo
Por una sonrisa, un cielo; Rima XXX
Por un beso... ¡yo no sé Asomaba á sus ojos una lágrima
Qué te diera por un beso! y á mi labio una frase de perdón;
Habló el orgullo y se enjugó su llanto,
Y la frase en mis labios espiró.
Rima XXIV
Dos rojas lenguas de fuego Yo voy por un camino, ella por otro;
Que, á un mismo tronco enlazadas, Pero al pensar en nuestro mutuo amor,
Se aproximan, y al besarse Yo digo aún: ¿por qué callé aquel día?
Forman una sola llama; Y ella dirá: ¿por qué no lloré yo?

Dos notas que del laúd


A un tiempo la mano arranca,
Y en el espacio se encuentran
Y armoniosas se abrazan;
Rima XXXIII
Es cuestión de palabras, y no obstante Rima XLII
Ni tú ni yo jamás.
Después de lo pasado, convendremos Cuando me lo contaron sentí el frío
En quién la culpa está. De una hoja de acero en las entrañ
Me apoyé contra el muro, y un instante
¡Lástima que el amor un diccionario La conciencia perdí de donde estaba.
No tenga donde hallar Cayó sobre mi espíritu la noche;
Cuándo el orgullo es simplemente orgullo, En ira y en piedad se anegó el alma...
Y cuándo es dignidad! ¡Y entonces comprend por qué se llora,
Y entonces comprendí por qué se mata!

Pasó la nube de dolor... con pena


Rima XXXVIII Logré balbucear breves palabras...
Los suspiros son aire, y van al aire. ¿Quién me dió la noticia?... Un fiel amigo...
Las lágrimas son agua, y van al mar. ¡Me hacía un gran favor!... Le dí las gracias.
Díme, mujer: cuando el amor se olvida,
¿Sabes tú adonde va?
Rima XLVII
Rima XLI Yo me he asomado a las profundas simas
de la tierra y del cielo
Tú eras el huracán, y yo la alta
y les he visto el fin con los ojos
Torre que desafía su poder;
o con el pensamiento.
¡Tenías que estrellarte ó abatirme!...
¡No pudo ser!
Mas, ¡ay! de un corazón llegué al abismo,
Tú eras el Océano, y yo la enhiesta
y me incliné por verlo,
Roca que firme aguarda su vaivén:
y mi alma y mis ojos se turbaron:
¡Tenías que romperte ó que arrancarme!..
¡tan hondo era y tan negro!
¡No pudo ser!
Hermosa tú, yo altivo; acostumbrados
Uno á arrollar, el otro á no ceder;
La senda estrecha, inevitable el choque...
¡No pudo ser!
Rima LI
De lo poco de vida que me resta Rima LIII
diera con gusto los mejores años, Volverán las oscuras golondrinas
por saber lo que a otros en tu balcón sus nidos a colgar,
de mí has hablado. y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán.
Y esta vida mortal... y de la eterna
lo que me toque, si me toca algo, Pero aquellas que el vuelo refrenaban
por saber lo que a solas tu hermosura y mi dicha a contemplar,
de mí has pensado. aquellas que aprendieron nuestros nombres,
ésas... ¡no volverán!

Rima LII Volverán las tupidas madreselvas


de tu jardín las tapias a escalar
Olas gigantes que os rompéis bramando y otra vez a la tarde aún más hermosas
en las playas desiertas y remotas, sus flores se abrirán.
envuelto entre la sábana de espumas,
¡llevadme con vosotras! Pero aquellas cuajadas de rocío
cuyas gotas mirábamos temblar
Ráfagas de huracán que arrebatáis y caer como lágrimas del día....
del alto bosque las marchitas hojas, ésas... ¡no volverán!
arrastrado en el ciego torbellino,
¡llevadme con vosotras! Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar,
Nubes de tempestad que rompe el rayo tu corazón de su profundo sueño
y en fuego encienden las sangrientas orlas, tal vez despertará.
arrebatado entre la niebla oscura,
¡llevadme con vosotras! Pero mudo y absorto y de rodillas,
como se adora a Dios ante su altar,
Llevadme por piedad a donde el vértigo como yo te he querido..., desengáñate,
con la razón me arranque la memoria. ¡así no te querrán!
¡Por piedad!, ¡tengo miedo de quedarme
con mi dolor a solas!
Rima LVI
Hoy como ayer, mañana como hoy
¡y siempre igual!
Un cielo gris, un horizonte eterno Rima LX
y andar..., andar.
Mi vida es un erial,
flor que toco se deshoja;
Moviéndose a compás como una estúpida
que en mi camino fatal
máquina, el corazón;
alguien va sembrando el mal
la torpe inteligencia del cerebro
para que yo lo recoja.
dormida en un rincón.

El alma, que ambiciona un paraíso,


buscándole sin fe; Rima LXII
fatiga sin objeto, ola que rueda
ignorando por qué.
Primero es un albor trémulo y vago,
raya de inquieta luz que corta el mar;
Voz que incesante con el mismo tono
luego chispea y crece y se difunde
canta el mismo cantar;
en ardiente explosión de claridad.
gota de agua monótona que cae,
y cae sin cesar.
La brilladora lumbre es la alegría;
la temerosa sombra es el pesar;
Así van deslizándose los días
¡Ay!, en la oscura noche de mi alma,
unos de otros en pos,
¿cuándo amanecerá?
hoy lo mismo que ayer..., y todos ellos
sin goce ni dolor.

¡Ay!, ¡a veces me acuerdo suspirando


del antiguo sufrir...
Amargo es el dolor; ¡pero siquiera
padecer es vivir!
Rima LXVI
¿De dónde vengo..?
El más horrible y áspero Rima XCI
de los senderos busca:
Podrá nublarse el sol eternamente;
Las huellas de unos pies ensangrentados
podrá secarse en un instante el mar;
sobre la roca dura;
podrá romperse el eje de la tierra
como un débil cristal.
los despojos de un alma hecha jirones
en las zarzas agudas,
¡Todo sucederá! Podrá la muerte
te dirán el camino
cubrirme con su fúnebre crespón;
que conduce a mi cuna.
pero jamás en mí podrá apagarse
la llama de tu amor.
¿A dónde voy? El más sombrío y triste
de los páramos cruza,
valle de eternas nieves y de eternas
melancólicas brumas. Rima XCII
En donde esté una piedra solitaria Tu aliento es el aliento de las flores,
sin inscripción alguna, tu voz es de los cisnes la armonía;
donde habite el olvido, es tu mirada el esplendor del día,
allí estará mi tumba. y el color de la rosa es tu color.
Tú prestas nueva vida y esperanza
a un corazón para el amor ya muerto:
tú creces de mi vida en el desierto
Rima LXIX como crece en un páramo la flor.
Al brillar un relámpago nacemos
y aún dura su fulgor cuando morimos;
¡Tan corto es el vivir!

La gloria y el amor tras que corremos


sombras de un sueño son que perseguimos:
¡Despertar es morir!

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