La arquitectura paleocristiana
La arquitectura paleocristiana, surgida a partir del Edicto de Milán en el 313
d.C., marca el inicio de una nueva era para el cristianismo, que finalmente pudo
expresar públicamente su fe en el Imperio romano. Anteriormente, bajo la
clandestinidad, los cristianos se reunían en espacios privados conocidos como
Domus ecclesiae o bajo tierra, en las catacumbas. El Edicto, promulgado por el
emperador Constantino, otorgó libertad de culto, permitiendo la construcción de
edificios religiosos visibles y monumentales para el cristianismo.
Este contexto dio lugar a la proliferación de basílicas, especialmente en Roma,
como la de San Pedro, que sigue siendo uno de los ejemplos más imponentes
de la arquitectura cristiana. Las basílicas se erigieron inicialmente como
espacios abiertos y rectangulares destinados a la liturgia cristiana, inspiradas
en modelos de arquitectura civil romana, como los tribunales o salas de
reuniones públicas. Uno de los elementos más característicos de las basílicas
paleocristianas era su planta longitudinal y su nave central elevada, flanqueada
por naves laterales. La iglesia de San Pedro, como veremos, no solo adquirió
prominencia por su arquitectura, sino también por su asociación directa con el
apóstol Pedro y su transformación a lo largo de los siglos.
San Pedro: La Basílica Constantiniana y su Transformación
La Basílica de San Pedro original, conocida como la basílica constantiniana,
fue erigida en el siglo IV por el emperador Constantino, tras la legalización del
cristianismo. Este templo, construido sobre la tumba del apóstol Pedro, se
erigía en lo que había sido el Circo de Nerón. Sin embargo, no sería hasta
siglos más tarde cuando la estructura alcanzaría su apogeo, después de
numerosas reformas y ampliaciones.
Durante el siglo IX, San Pedro sufrió ataques devastadores, como el saqueo
por parte de los sarracenos en el año 846. Entre las muchas pérdidas, se
encuentran las puertas de bronce del siglo VII. Para evitar futuros saqueos, el
papa León IV rodeó la basílica con fortificaciones, las conocidas murallas
leóninas, aún existentes. A lo largo de los siglos, la basílica sufrió cambios,
tanto arquitectónicos como de función. Por ejemplo, aunque el Vaticano es hoy
la sede del Papa, el traslado desde el Laterano no ocurrió hasta después del
regreso de los papas de Aviñón en 1377.
Tras ese retorno, la basílica adquirió un nuevo protagonismo como centro de la
Cristiandad y fue objeto de múltiples intervenciones artísticas. Bajo los
pontificados de papas como Nicolás V en el siglo XV, se planeó una renovación
a gran escala del deteriorado edificio. Con la participación de arquitectos como
Leon Battista Alberti y Rossellino, los esfuerzos iniciales por restaurar la
basílica se centraron en la estructura absidal, aunque los trabajos no se
completarían del todo en esa época.
La verdadera transformación llegó a comienzos del siglo XVI, cuando se
decidió reconstruir completamente la basílica. Los trabajos comenzaron con la
demolición gradual del antiguo templo, y aunque persistieron ciertas
resistencias hacia la demolición total, para 1609, bajo el papado de Paulo V, la
antigua nave fue finalmente derribada. A pesar de la pérdida del edificio
constantiniano, algunos elementos artísticos se salvaron, como el mosaico de
la escuela de Giotto conocido como "El Ángel de Giotto", que hoy decora una
iglesia en Boville Ernica.
Estructura y Estilo de la Basílica Constantiniana
La basílica constantiniana de San Pedro tenía cinco naves, con la central más
alta y ancha que las laterales, siguiendo el estilo basilical paleocristiano. Se
iluminaba a través de ventanas abiertas en el clerestorio, es decir, en la parte
superior de la nave central. Esta nave estaba separada de las laterales por
columnas que sostenían arcos en las naves más pequeñas y arquitrabes en la
mayor. El techo, de madera, se alzaba sobre imponentes vigas.
Un elemento distintivo de la basílica de San Pedro era el uso del transepto, una
nave transversal que la convertía en una planta de cruz latina, algo innovador
para la época. Este diseño facilitaba la separación entre el altar mayor y las
naves, proporcionando un espacio distintivo donde se celebraban los rituales
más solemnes.
De la Devoción a la Demolición: Las Descripciones de la Antigüedad
Las obras artísticas y arquitectónicas de la antigua basílica fueron registradas
minuciosamente por estudiosos como Tiberio Alfarano, Giacomo Grimaldi y
Onofrio Panvinio, quienes dejaron constancia de la riqueza simbólica y artística
del edificio. Además de su importancia espiritual, la basílica contenía tesoros
como el traditio legis, un mosaico del siglo IV que representaba a Cristo
entregando la ley a San Pedro y San Pablo.
Uno de los elementos más importantes del edificio era el "trofeo de San Pedro",
un pequeño monumento del siglo II que se erigía sobre lo que se creía era la
tumba del apóstol. Este trofeo estaba rodeado por un baldaquino sostenido por
columnas, cuyas formas inspiraron el famoso baldaquino de Bernini en la
nueva basílica. Aunque la basílica constantiniana fue demolida, las
descripciones de estos autores han permitido preservar la memoria de su
esplendor.
La Nueva Basílica y la Continuidad Espiritual
La construcción de la nueva basílica de San Pedro comenzó en 1506, bajo el
diseño de Donato Bramante, y continuó durante más de un siglo, con la
participación de arquitectos como Miguel Ángel, Carlo Maderno y Gian Lorenzo
Bernini. El diseño final incluía una majestuosa cúpula, que se convirtió en un
símbolo visible del poder espiritual y temporal del papado.
A pesar de la demolición de la basílica constantiniana, algunos elementos de la
antigua estructura fueron integrados en la nueva. Un ejemplo es el mosaico de
Giotto, conocido como La Navicella, que fue trasladado al atrio de la nueva
basílica.
San Pedro ha sido durante siglos no solo un epicentro del cristianismo, sino
también un ejemplo de la evolución arquitectónica y artística de la Iglesia.
Desde su construcción inicial en el siglo IV hasta su renovación en el
Renacimiento, la basílica ha sido testigo de la historia, reflejando las
cambiantes necesidades espirituales y políticas del papado y del mundo
cristiano. Además, su importancia no radica solo en la arquitectura, sino en la
profunda conexión espiritual con San Pedro, el primer Papa, cuya tumba
descansa bajo el altar mayor.
Bibliografía
- Krautheimer, Richard. Early Christian and Byzantine Architecture.
Penguin Books, 1986. Accesible en Google Books:
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- Foletti, Ivan. La Tomba di San Pietro in Vaticano: Archeologia, Storia,
Arte. Viella Librería Editrice, 2017. Disponible en línea:
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- Antica basilica di San Pietro in Vaticano. Wikipedia, L’enciclopedia libera,
13 ottobre 2023,
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- Architettura paleocristiana. Wikipedia, L’enciclopedia libera, 30
settembre 2023, https://it.wikipedia.org/wiki/Architettura_paleocristiana.