DEFINICION
La hipertensión o presión arterial alta, es una condición médica en la cual la fuerza ejercida por
la sangre contra las paredes de las arterias es persistentemente elevada. Normalmente, la
presión arterial es necesaria para que la sangre pueda circular por todo el cuerpo y suministrar
oxígeno y nutrientes a los tejidos. Sin embargo, cuando esta presión es demasiado alta de
manera crónica, puede causar daño a los vasos sanguíneos y órganos, aumentando el riesgo de
enfermedades cardíacas, accidentes cerebrovasculares, entre otros problemas de salud graves.
La presión arterial se mide en dos números: la presión sistólica (cuando el corazón late y
bombea sangre) y la presión diastólica (cuando el corazón está en reposo entre latidos). Un
nivel de presión arterial se considera alto cuando la presión sistólica es igual o superior a 140
mm Hg y/o la presión diastólica es igual o superior a 90 mm Hg. Sin embargo, los valores
exactos pueden variar dependiendo de factores como la edad y la presencia de otras
condiciones médicas.
SINTOMAS
Generalmente no presenta síntomas evidentes en sus etapas tempranas, lo que la convierte en
una enfermedad silenciosa y peligrosa. Sin embargo, a medida que la presión arterial continúa
elevándose, algunas personas pueden experimentar síntomas que podrían incluir:
1. Dolor de cabeza: Especialmente en la parte posterior de la cabeza, que puede ser
persistente.
2. Mareos o vértigo: Sensación de mareo, especialmente al levantarse repentinamente.
3. Visión borrosa: Problemas para enfocar o visión borrosa ocasional.
4. Zumbido en los oídos: Sensación de pitidos o zumbidos en los oídos.
5. Fatiga: Sensación de cansancio o falta de energía, incluso después de períodos de
descanso.
6. Dificultad para respirar: Puede ocurrir durante la actividad física excesiva o en reposo.
7. Palpitaciones: Sensación de latidos irregulares o fuertes del corazón.
Algunas personas con hipertensión pueden no experimentar ningún síntoma en absoluto. Por
esta razón, es crucial realizar chequeos regulares de la presión arterial, especialmente si hay
factores de riesgo como antecedentes familiares de hipertensión, sobrepeso, falta de actividad
física, o consumo excesivo de alcohol y tabaco.
CAUSAS
1. Factores genéticos: La predisposición genética juega un papel importante en la
hipertensión. Si tienes antecedentes familiares de presión arterial alta, es posible que
tengas mayor riesgo de desarrollarla.
2. Estilo de vida: Factores como una dieta alta en sal, bajos niveles de actividad física,
sobrepeso u obesidad, consumo excesivo de alcohol y tabaquismo pueden contribuir
significativamente al desarrollo de hipertensión.
3. Edad: A medida que envejecemos, es más probable que nuestra presión arterial
aumente. Esto se debe en parte al envejecimiento natural de las arterias y los vasos
sanguíneos.
4. Enfermedades subyacentes: Algunas condiciones médicas pueden aumentar el riesgo
de hipertensión, como enfermedades renales crónicas, trastornos hormonales (como
el hipotiroidismo o el hipertiroidismo) y apnea del sueño no tratada.
5. Estrés crónico: El estrés prolongado puede contribuir a la hipertensión al aumentar
temporalmente la presión arterial. Si el estrés se maneja de manera ineficaz y es
constante, puede tener efectos a largo plazo en la presión arterial.
6. Medicamentos y suplementos: Algunos medicamentos, como los antiinflamatorios no
esteroides (AINE), anticonceptivos orales, descongestionantes y ciertos suplementos,
pueden elevar la presión arterial en algunas personas.
7. Otras condiciones: Algunas condiciones específicas, como el embarazo (hipertensión
gestacional), enfermedades de la glándula adrenal, trastornos de la tiroides y ciertos
tumores, pueden desencadenar hipertensión.
TRATAMIENTO
Cambios en el estilo de vida:
o Dieta saludable: Reducción de la ingesta de sal y alimentos procesados,
aumento del consumo de frutas, verduras, granos enteros y alimentos bajos en
grasas saturadas.
o Ejercicio físico regular: Actividad aeróbica como caminar, nadar o montar en
bicicleta al menos 30 minutos al día, la mayoría de los días de la semana.
o Control del peso: Mantener un peso corporal saludable mediante una
combinación de dieta adecuada y ejercicio físico.
o Reducción del consumo de alcohol: Limitar la cantidad de alcohol a una o dos
bebidas al día para hombres y una bebida al día para mujeres.
o Dejar de fumar: El tabaquismo aumenta la presión arterial y el riesgo de
enfermedades cardiovasculares; por lo tanto, es fundamental dejar de fumar.
Medicamentos:
o Antihipertensivos: Si los cambios en el estilo de vida no son suficientes para
controlar la presión arterial, el médico puede recetar medicamentos. Estos
pueden ser diuréticos, bloqueadores beta, inhibidores de la enzima
convertidora de angiotensina (IECA), antagonistas de los receptores de
angiotensina II (ARA-II), bloqueadores de los canales de calcio, entre otros.
2. Monitoreo regular y seguimiento médico:
o Es fundamental controlar la presión arterial de forma regular para evaluar la
efectividad del tratamiento y realizar ajustes si es necesario.
o El médico también puede evaluar otros factores de riesgo cardiovascular y
realizar pruebas adicionales según sea necesario (por ejemplo, análisis de
sangre para evaluar la función renal y los niveles de colesterol).
3. Manejo del estrés y salud emocional:
o Reducir el estrés crónico puede ayudar a controlar la presión arterial.
Estrategias como la meditación, el yoga, la respiración profunda y la terapia
cognitivo-conductual pueden ser útiles.
4. Tratamiento de condiciones subyacentes:
Si la hipertensión es secundaria a otras condiciones médicas (como enfermedades renales o
endocrinas), es crucial tratar la condición subyacente para controlar la presión arterial.