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Partidos y Movimientos Sociales en Política

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TEMA 4

PARTIDOS Y SISTEMAS DE PARTIDOS

1.- El sistema político y sus actores. Especial referencia a los partidos como
actores del sistema político: qué son, qué funciones tienen y por qué surgen.

Easton define el sistema político como el “conjunto de interacciones entre grupos y


personas que se orientan a la distribución autoritativa de valores en una sociedad”.
Esto supone que es:

1. La forma de tomar decisiones en una sociedad permite distribuir demandas que


son valiosas para la misma.
2. La vía para resolver conflictos en una sociedad.
3. El mecanismo para establecer una relación entre gobernantes y gobernantes;
relación necesaria para producir decisiones adecuadas.
4. La forma de entregar mecanismos de retroalimentación de las decisiones
gubernamentales (evaluación de las decisiones).

En el sistema interactúa una pluralidad de actores, individuales y colectivos. Por lo que


aquí respecta, se analizarán los actores colectivos principales (movimientos sociales,
grupos de presión y partidos políticos) en relación al poder.

Primera aproximación gráfica, según Ibarra y Letamendia:

CIENCIA POLÍTICA Y CONSTITUCIONALISMO


TEMA 4 Página 1
1.- Movimientos sociales

A grandes rasgos, podríamos decir que un movimiento social es un “actor colectivo


que interviene en el proceso de cambio social” (R. Haberle). Los movimientos sociales
se incluyen en la categoría de actores políticos colectivos dado que comparten con
partidos políticos y grupos de presión la relativa estabilidad organizativa, la presencia
de unos intereses u objetivos comunes entre sus miembros, la presencia de una línea
de acción coordinada y organizada, y la voluntad de intervenir en la política a través de
la incidencia en la gestión de un conflicto social. Ahora bien, los movimientos sociales
se distinguen del resto de actores colectivos del sistema político por:

 su débil estructuración orgánica


 su discurso generalmente temático o transversal
 su ámbito preferencia de intervención por vía no convencional o contenciosa
 su orientación conflictiva hacia el poder
 la tenencia de recursos mayoritariamente simbólicos (cohesión emocional,
disciplina, compromiso).

Así pues, son actores políticos colectivos de carácter movilizador que persiguen
objetivos de cambio a través de acciones, de tal forma que para alcanzar el objetivo
común actúan con cierta continuidad a través de un alto nivel de integración simbólica
y organización variables. Siguiendo, a ROCHER, referimos a un movimiento social
cuando estamos ante “una organización netamente estructurada e identificable que
tiene por objetivo explícito agrupar a unos miembros con miras a la defensa o
promoción de ciertos objetivos precisos de connotación social, generalmente”. Estos
se caracterizan por el elemento reivindicativo, de forma que en ocasiones puede haber
grupos de presión dentro del propio movimiento social, pudiendo resultar constante o
pudiendo desaparecer cuando se alcance el objetivo fijado.

Son definidos por Touraine como la “conducta colectiva organizada de un actor


luchando contra su adversario por la dirección social de la historicidad en una
colectividad concreta. En primer lugar, la acción colectiva tiene carácter cultural en el
sentido de que lucha por el control y la reapropiación del conocimiento y por un nuevo
modelo cultural. En segundo lugar, la acción colectiva se dirige hacia el futuro. En
tercer lugar, el movimiento social se presenta como la combinación de un principio de
identidad, un principio de oposición y un principio de totalidad”.

Los tres principios (TOURAINE) característicos de los MMSS son:

 Principio de identidad colectiva. Este supone que el movimiento es consciente


de que representa a un grupo social determinado, el cual viene a identificarse
con el movimiento.
 Principio de oposición. Supone que un movimiento social tiene siempre unos
objetivos que entran en conflicto con el contexto en el que se desenvuelve y
que, por ende, forman parte de su razón de ser.
 Principio totalizador. Supone que el movimiento tiene una explicación paralela
del mundo en el que vive y plantea un nuevo orden a todos los efectos (social,
económico, político).

Las funciones principales son:

CIENCIA POLÍTICA Y CONSTITUCIONALISMO


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a.-Función de mediación. Los movimientos sociales funcionan como agentes
socializadores, puesto que hacen de canal de mediación para entender el mundo
exterior para aquellos socializados en ese movimiento.

b.-Función de clarificación de la conciencia colectiva. Pretenden dar una explicación al


conjunto de la sociedad sobre el mundo en el que viven, buscando así crear una
conciencia colectiva.

c.-Función de presión. Quieren influir en la sociedad y en los decisores públicos para


cambiar el mundo en el que viven, de ahí que haya grupos de presión dentro y fuera
del movimiento social.

Según Mc Adam, un movimiento social debe superar 6 tareas de suma importancia


para que sus propósitos tengan impacto en la sociedad: a) Conseguir nuevos
miembros; b) mantener la moral y el nivel de compromiso de los miembros;
c)conseguir cobertura de los medios de comunicación e idealmente favorable a sus
puntos de vista; d) Movilizar el apoyo de grupos externos; e) Limitar las opciones de
control social que pudieran ser ejercidas por sus adversarios; y f) Influir sobre lo
político y conseguir que la Administración actúe.

Si seguimos la clasificación de IBARRA, entenderemos que un movimiento social es


“una red de interacciones informales entre individuos, grupos y organizaciones, que en
sostenida y habitualmente conflictiva interacción con autoridades políticas, élites y
oponentes, y compartiendo una identidad colectiva demandan públicamente un cambio
en el ejercicio o distribución del poder en beneficio de intereses colectivos”. Distingue
3 periodos

a) Premodernidad y nacionalismo. Esto viene con la Paz de Westfalia de


1648 y el surgimiento de los Estados.
b) Modernidad y movimiento obrero. Esto va unido a la consolidación de los
Estados y a la revolución industrial.
c) Postmodernidad y nuevos movimientos sociales (ecologismo, feminismo,
pacifismo, etc.). Estos surgen en el siglo XX como movimientos de difícil
catalogación dado que persiguen objetivos diversos.

A partir de ello podemos diferenciar entre viejos movimientos sociales y nuevos


movimientos sociales:

Viejos movimientos Nuevos movimientos


sociales sociales
Elementos comunes:

-práctica conflictiva

-informalidad

-identidad colectiva
Clases Actores Interclasista
Discurso basado en Contenidos Contenidos ambiguos:
cuestiones económicas, paz, igualdad, derechos
militares, control social y humanos, etc.
reparto del poder
Valores orientados al Valores perseguidos Valores postmateriales

CIENCIA POLÍTICA Y CONSTITUCIONALISMO


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progreso material, mejora (identidad, autonomía
del consumo privado y el personal, etc.)
reconocimiento de la
libertad y la seguridad
Organización formal y Medios de acción: Es una organización
jerarquizada, con organización interna horizontal, poco
estructura y jefes muy estructurada y
definidos espontánea, primando el
modo asambleario,
participativo e informal
Intentan mediar con los Medios de acción: Se emplea la protesta
partidos políticos y actuar organización externa pública en términos
como grupo de presión. negativos (juegos de
suma cero). Se trata de
una política de máximos y
no hay negociación.

Cabría preguntarse ¿por qué surgen los NNMMSS? Se habla principalmente,


siguiendo la línea de DAHRENDOFF Y BELL, a la teoría de la institucionalización del
conflicto laboral, pues ello supone que los sindicatos pasan a pactar directamente con
el decisor público o con el poder político y ello ha hecho que el movimiento obrero deje
de ser un agente de cambio social, haciendo ello necesario encontrar otros agentes a
tal efecto.

Los nuevos movimientos sociales tuvieron gran importancia en los años 60 debido,
fundamentalmente, a su capacidad modificadora de la sociedad, aun y cuando esta es
menor que la pretendida dado que, en la práctica, las sociedades en las que vivimos
han mostrado la capacidad de absorber o convivir con una multitud de demandas
sociales. Desde la perspectiva de Touraine, podríamos apuntar que los NNMMSS han
sustituido a la clase obrera como motor de cambio social, pudiendo llegar, según
Mallet, a unirse formando un nuevo todo que pasaría a ser el nuevo motor de cambio.

2.- Grupos de presión

Aunque coloquialmente se suelen emplear indistintamente los términos grupo de


presión, grupo de interés y lobby, lo cierto es que no son sinónimos entre sí. Si bien es
cierto que algunos autores se han empeñados en eliminar esa diferenciación cayendo
en las redes del lenguaje ordinario, cabe tener en mente que no son realidades
coincidentes, aunque sí es cierto que alguno de estos grupos puede actuar como otro
tipo de grupo organizado (ej. El grupo de interés que, puntualmente, actúa como grupo
de presión: Iglesia, entendido en términos de grupo de interés, puede actuar como
grupo de presión sobre el poder o el decisor político en relación al divorcio o del
matrimonio homosexual, pongamos por caso).

Entonces ¿qué es cada uno de estos actores colectivos del sistema político?

1.- Grupo de interés

El grupo de interés es un grupo que comparte actitudes en aras del desarrollo de


reivindicaciones comunes para establecer, mantener o ampliar las formas de conducta
inherentes a esas actitudes (Truman). Serían pues, grupos de personas o ciudadanos
que persiguen un fin o ventaja para su propio grupo o conjunto”. Este se convertirá en
grupo de presión cuando intenta influir en el gobierno para conseguir sus objetivos, de

CIENCIA POLÍTICA Y CONSTITUCIONALISMO


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forma que cuando el grupo de interés opta por la vía de presión al gobierno para
defender los intereses del grupo, se convierte en un grupo de presión (Ferrando
Badía).

2.- Grupo de presión

Se trata de un grupo de intereses organizado que no desea tomar el control del poder
de forma directa, sino influir o presionar a los centros de toma de decisiones en
beneficio del propio grupo. En sentido amplio, pues, estamos hablando de “un actor
del sistema social que, básicamente, desarrolla la función de articulación de las
aspiraciones de los individuos o colectivos que, sin ellos, actuarían directamente frente
a los poderes públicos en las direcciones más dispares” ( Jerez Mir).

2.- Lobby

Linz definió los lobbies como "organismos activos en mantener contacto con los
poderes; públicos, particularmente el poder legislativo", por lo que hacer lobbying,
siguiendo a Abad, sería desarrollar una actividad "realizada por grupos de presión
para defender los propios derechos e intereses y obtener ventajas tanto de carácter
económico, como de imagen o sociopolíticas. En este sentido, para la Enciclopedia
Británica hacer lobbying es “"cualquier intento por parte de individuos o grupos de
intereses privados para influir en las decisiones del gobierno”, o a aquellos actos de
personas que “intentan promocionar los intereses de los grupos a los que
representan, ya sea mediante contacto personal con los legisladores, como a través
del envío de comunicaciones o información a los mismos”. De esta forma, como
señala Finer, en su obra Imperio Anónimo (1955), se trata de grupos intermedios que
ponen en conocimiento de los legisladores o decisionarios las intereses de un grupo
de presión.

Así pues, mientras el grupo de presión se limita a, precisamente, presionar como


medio de influencia, el lobby incluye también una “ petición a la autoridad responsable,
sin intentar tomar sanciones ni amenazar con ellas, caso de que dicha petición fuera
rechazada" (Finer). Igualmente, el grupo de presión combina la organización formal y
la "presión" como técnicas de acción política; por lo que lo que le diferencia del lobby
es la posibilidad de uso o amenaza de uso de sanciones "ya sea a fin de cambiar la
distribución prevaleciente de bienes, servicios, cargas y oportunidades, ya sea a fin de
conservarla ante las amenazas de intervención de otros grupos o del poder político
mismo" (Pasquino). Es precisamente por esto último que, para Finer, el lobbying es
más neutral que la actividad de los grupos de presión debido a su componente de
amenaza.

Sin embargo, quizá la definición más realista es aquella que entiende a los lobby como
"agencias, gabinetes de comunicación o despachos de abogados, dedicados
profesionalmente a ejercer la actividad del lobbying en representación de un grupo de
interés o de presión que los contrata (Martínez Calvo), recibiendo pues una
contraprestación pecuniaria.

En definitiva, y siguiendo a Tournon, podríamos señalar que el grupo de interés es


algo así como una realidad social de intereses afines y perfiles parecidos, en cuyo
seno el grupo de presión, que es más minoritario, ejerce una acción reivindicativa en
relación al gobierno para defender los intereses del grupo. El lobby, por su parte, sería
un pequeño núcleo activo que aplica la presión dentro del grupo de presión para
beneficio de un tercero en base a un contrato. De esta forma, serían profesionales al

CIENCIA POLÍTICA Y CONSTITUCIONALISMO


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servicio de los grupos de presión y de los grupos de interés, por lo que los lobbystas
son “profesionales de la influencia política que defienden unos intereses ajenos a
cambio de una contraprestación (...). Para que se tratase de un verdadero grupo de
presión, el lobby, debería tener una ideología política determinada, o si rechazase
ejercer su actividad para grupos con los que no está de acuerdo o que no
representasen intereses afines (Martínez Calvo).

Los grupos de presión se caracterizan por ser un grupo organizado, defender un


interés material o moral y ejercer una presión sobre el poder, sin que ello suponga
tener voluntad de tomar el poder. Esto para cubrir 3 funciones:

 Son fuente de información para las instancias decisorias, haciendo de canal


entre las demandas presentes en la sociedad y los decisores políticos.
 Son una vía para facilitar o favorecer la participación al asegurar la aceptación
de las decisiones políticas que tengan en cuenta sus peticiones por parte de
los interesados, lo que contribuye al consenso.
 Canalizan las reivindicaciones, las racionalizan y las ordenan para presentarlas
ante los decisores.

Los medios que emplean los grupos de presión para incidir sobre el poder se
encuentran en un continuo que se extiende desde el suministro de información hasta
la violencia, desde la acción legal a la ilegal. Las categorías son

 intentos de persuasión o de negociación


 información, propaganda
 amenazas o intimidación
 recursos financieros
 sabotaje a la acción de gobierno
 acción directa (manifestación, huelga, violencia)

3.- Partidos Políticos

La concepción moderna nos lleva a entender los partidos como instrumentos


necesarios para llevar a cabo el ejercicio de la democracia. De esta forma,
entendemos, que se trata del puntal sobre el que se asientan los Estados modernos,
pues aun con todos los problemas y defectos, siguen siendo el eje de la democracia
de masas de la política moderna (Caciagli). Se caracteriza por:

1.- ser una organización duradera;

2.-con base local y nacional que se encuentra relacionada;

3.-con voluntad de tomar y ejercer el poder;

4.- que busca el apoyo popular a través de elecciones o cualquier otra vía;

5.-que canaliza intereses; y

6.- que tiene un programa de gobierno de la sociedad en su conjunto.

En la Antigüedad se empleaba el término “partidos” para hacer referencia a las partes


en una guerra o en un conflicto, de tal forma que no será hasta la llegada del Estado
Constitucional en el siglo XIX cuando el partido político adquiera el significado actual.
CIENCIA POLÍTICA Y CONSTITUCIONALISMO
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Cuando estos surgen son vistos de forma mayoritariamente negativa, por cuanto el
pluralismo político debilita al Estado. El primero que hable en clave positiva de ellos
será BURKE al afirmar que se trata de “un conjunto de hombres unido para promover,
por medio de su trabajo conjunto, el interés nacional sobre la base de algún principio
particular a cerca del cual están de acuerdo”. Así pues, dicha visión positiva se acepta
cuando se asocia pluralismo político a libertad.

El partido moderno surge ligado a las elecciones en las que se amplía el sufragio (bien
el censitario, bien el universal)- Sin embargo, hay autores como WEBER que
consideran que el sentido de los partidos no es exclusivamente electoral, de ahí que
los defina como “ formas de socialización que, descansando en un reclutamiento
formalmente libre, tienen por fin proporcionar a sus dirigente, dentro de su asociación,
y otorgar a sus miembros activos por este medio, determinadas probabilidades ideales
o materiales”. Así pues, el partido se caracteriza por:

 la asociación voluntaria
 la organización con unos fines que benefician directamente a los miembros
activos del mismo.

El problema está en que esta definición puede llevar a confundir el partido con un
grupo de presión. Por ello, muchos autores introducen en sus definiciones el elemento
electoral. Es por ello que SARTORI los define como “cualquier grupo político que se
presenta a las elecciones y que puede colocar mediante elecciones a sus candidatos
en cargos públicos. No obstante, SOSPEDRA añade que el elemento electoral es un
error porque hay partidos que bien nunca concurren a elecciones o bien que acuden a
estas sin oposición (ej. Partido único en dictaduras como Cuba o China). Es por ello
que a Sospedra le agrada la definición dada por ARON que apunta que se trata de
“una organización regular y permanente de personas dirigida a conquistar, ejercer y
conservar el poder político”.Para PALOMBARA Y WEINER los rasgos esenciales de
los partidos políticos son:

 una organización duradera


 que posee una organización local que se relaciona con la nacional
 sus dirigentes tienen la voluntad de tomar el poder y no solo de influir
 buscan apoyo popular
 (además canalizan intereses y cuentan con un programa de gobierno).

Los partidos políticos tienen funciones tradicionales o clásicas (programática,


reclutamiento y agrupación de elegidos), sociales (socialización política, movilización
de la opinión pública, representación de intereses, legitimación del sistema político) e
institucionales (reclutamiento y selección de élites, organización y composición del
parlamento en relación a la representación electoral y a la composición del órgano
legislativo, así como del gobierno en los sistemas parlamentarios). En definitiva, cabe
destacar el ejercicio de las siguientes funciones (si bien no tienen el monopolio sobre
las mismas)

1. Postular proyectos de carácter global. Generan una alternativa política, social,


cultural, económica… a la línea marcada. Estos no han de tener
necesariamente una ideología que los respalde, pueden tenerla (socialistas),
pueden fusionar varias (PP) o no tenerla (Liga Norte de Italia).
2. Agregar intereses. Los partidos aglutinan intereses sociales y los jerarquizan,
de forma que los ciudadanos se inclinan por un partido en función de la
jerarquización determinada. En sociedades simples estos partidos no tienen

CIENCIA POLÍTICA Y CONSTITUCIONALISMO


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sentido, pero conforme aumenta la sociedad y se hace más compleja, las
demandas aumentan y aumenta el número de partidos.
3. Comunicación y orientación. Movilización de opinión pública y socialización
política. De cara a los ciudadanos el partido da una postura ante una novedad
y el ciudadano puede orientarse por dicha postura; y de cara al poder público,
plantean las demandas de la ciudadanía. Los partidos políticos aparecen como
canales de comunicación política.
4. Electoral. Función programática o de estructuración del voto. Se presentan a
las elecciones y son votados por los ciudadanos. A través de los votos obtienen
representación.
5. Reclutamiento de personal político y organización de los elegidos: composición
del Parlamento y, en su caso, composición del Gobierno.

¿Por qué surgen los partidos políticos? Los factores que determinan la aparición de
partidos en occidente son:

1. Históricos
2. Sociales y económicos
3. Ideológicos
4. Institucionales y políticos
5. Cleavages o fracturas (Rokkan y Lipset). La teoría de las líneas de fractura
plantea cómo las grandes revoluciones llevan aparejado el surgimiento de
una serie de líneas
a. Revoluciones nacionales (fractura centro-periferia, fractura Estado-
Iglesia)
i. El cleavage Iglesia/Estado opone a los partidos clericales y los
anticlericales, ya que mientras que los primeros apuestan por
reforzar la influencia política y social de la Iglesia, los segundos
proponen la separación entre ésta y el Estado así como la
secularización de la vida social. Esta división genera dos
familias de partidos: (a) en la vertiente clerical la democracia
cristiana, que es heredera de las luchas político religiosas del
pasado, (b) en la vertiente anticlerical aparece una familia de
partidos que podemos calificar como laicos o seculares.
ii. El cleavage centro/periferia -al igual que el anterior, de origen
cultural-, opone a las familias de partidos centralistas de las de
los regionalistas, autonomistas, federalistas o independentistas
(Seiler, 1990). En cualquier caso, como derivación del mismo,
podemos diferenciar entre formaciones abiertas a la
descentralización del Estado, y partidos cerrados a cualquier
modificación del sistema administrativo.
b. Revoluciones industriales (fractura campo-ciudad, fractura trabajadores-
propietarios)
i. El cleavage sector primario/sectores secundario y terciario
opone los intereses urbanos, comerciales e industriales de los
de los campesinos. Genera una única familia que se basa en la
defensa de los intereses del mundo rural: los partidos agrarios.
ii. El cleavage propietarios/trabajadores, por último, diferencia los
intereses de los medios de producción y los de los trabajadores,
determinando las dos familias de partidos más importantes
existentes en Europa. Del lado de los "poseedores"
encontramos aquellos partidos que mediatizan la voluntad
política de los círculos industriales, financieros o comerciales -en
los que la defensa de la ortodoxia liberal se constituye en

CIENCIA POLÍTICA Y CONSTITUCIONALISMO


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fundamental-; por el contrario, la familia de partidos
"trabajadores" median en la voluntad política del mundo del
trabajo, y especialmente del movimiento sindical (Seiler, 1980,
1990).

Para explicar esto, emplearemos un extracto de “Élites, cleavages y sistema de


partidos en una democracia consolidada: España (1986-1992”, de Mariano Torcal y
Pradeep Chhibber.

“Según la formulación original de la teoría, los vínculos entre los cleavages sociales y
los sistemas de partidos emergen como consecuencia de la movilización y
organización política de los sectores sociales afectados por las llamadas
«revoluciones» industriales y nacionales, que tuvieron lugar durante los procesos de
formación de las sociedades políticas contemporáneas (Lipset y Rokkan, 1967; Lipset,
1994)1. Sin embargo, pese a su aceptación casi unánime, el concepto de cleavage se
ha convertido con el transcurso del tiempo en algo ambiguo y vago, y una especie de
categoría «residual» que ha servido para calificar cualquier conflicto político. Además,
diferentes intentos de evitar este problema han resultado «... en una clasificación
confusa que tendía a privar al concepto de su propio valor teórico» (Bartolini y Mair,
1990: 213).

En un intento de dotar al concepto de su valor teórico original, Bartolini y Mair han


afirmado que todos los cleavages están constituidos por «... la estratificación social, el
sistema cultural correspondiente y las formas de organización política y social —lo
cual incluye no solamente a los partidos políticos, sino también las redes sociales,
profesionales y otras organizaciones que son expresión del cleavage» (1990: 219). En
esta interpretación, los dos primeros elementos del cleavage, es decir, las estructuras
sociales de referencia y los sistemas culturales, emergen solamente de los conflictos
surgidos en los procesos de formación del Estado, el desarrollo del capitalismo y de la
industrialización que le acompañan. Sin embargo, su manifestación política es el
resultado de la politización, movilización electoral y democratización. Por tanto, para
hablar de un cleavage, éste debe tener una base social y cultural, pero también debe
estar institucionalizado, desarrollando su «propia fuerza política con autonomía» y «...
actuando como factor influyente en la vida social, cultural y política» (1990: 218).
Aunque no puede ser calificada de determinista, esta interpretación de la relación
entre las divisiones sociales y los partidos políticos mitiga la importancia que puede
llegar a tener la capacidad de las élites políticas para hacer sobresalir los distintos
elementos que forman los cleavages y para crear los vínculos entre ellos. Este hecho
explica la dificultad que tiene la formulación de esta hipótesis para explicar por qué
solamente ciertos conflictos se manifiestan e institucionalizan en el sistema de
partidos pese a su relevancia social.

Una nueva democracia proporciona la oportunidad de estudiar la formación de los


vínculos y relaciones entre los diferentes elementos de un cleavage. En España, como
en otros regímenes que salen de procesos de transición, los elementos político-
institucionales de éstos deben ser formados desde organizaciones débiles, y en
algunos casos, prácticamente de la nada. ¿Cómo pueden crearse los vínculos entre
los partidos políticos y los conflictos sociales y culturales de las nuevas democracias?
Hay dos respuestas a esta cuestión. Una primera, mantiene que los procesos de
formación de cleavages son exógenos a las estrategias políticas de las élites
(Kitschelt, 1992). Una formulación alternativa, representada fundamentalmente por
aquellos que han estudiado la forma- ción de los sistemas de partidos en regímenes
postautoritarios (Gunther et al., 1986; Linz y Montero, 1986; Gunther et al., 1995),
mantiene que el liderazgo conjuntamente con el «diseño institucional» juegan un papel
CIENCIA POLÍTICA Y CONSTITUCIONALISMO
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decisivo a la hora de maniobrar con los conflictos sociales existentes, con la finalidad
de mitigar o suavizar los conflictos políticos que puedan generar (Lijphart et al., 1993;
Gunther y Mughan, 1993). En este trabajo se hace este argumento más extenso,
afirmando y proporcionando evidencia empírica de cómo las estrategias políticas
adoptadas por las élites y su aplicación por medio de diferentes políticas públicas,
llevan a la formación de vínculos entre los apoyos electorales otorgados a los partidos
y las divisiones existentes en la sociedad. Esto, creemos, podría constituirse en el
primer paso hacia la institucionalización de las bases sociales del sistema de partidos.

Además, aquellos Estados-naciones con sociedades civiles débiles ofrecen a las élites
políticas una mayor flexibilidad para crear y desarrollar lazos entre los partidos
políticos y las distintas divisiones sociales. La ausencia de lo que se han llamado
organizaciones secundarias propicia una interacción más directa entre los líderes
partidistas y los votantes. Los Estados-naciones industrializados y semi-
industrializados, que han transitado recientemente desde regímenes no democráticos,
se caracterizan por tener una vida organizativa bastante escasa fuera de aquella que
se realiza y fomenta desde el mismo Estado. Aunque el grado de este aspecto varía
dependiendo de muchos factores, entre otros el tipo de régimen no-democrático
existente con anterioridad, lo cierto es que con la transición a la democracia los
partidos políticos operan casi en un «vacío organizacional», que destaca de manera
especial si se le compara con las democracias más tradicionales. En este contexto, los
vínculos entre los votantes y los partidos deben formarse por medio de la interacción
directa. Durante este proceso, las élites políticas disponen de una mayor libertad para
modelar las preferencias de los votantes en torno a un conjunto de problemas. Ello no
significa que los políticos dispongan de libertad total a la hora de tomar posiciones.

Las divisiones que surgen de la estructura social y económica, como por ejemplo la
composicion étnica de una determinada sociedad, limitan el conjunto de posibles
alternativas a elegir por los líderes. Sin embargo, dentro de un margen razonable, los
líderes pueden influir de manera importante resaltando ciertos problemas y conflictos
en lugar de otros. Con el tiempo, las decisiones tomadas pueden adquirir estabilidad,
constituyéndose en la base para la creación de cleavages más permanentes que
creen los vínculos entre los partidos políticos y ciertas divisiones presentes en la
sociedad. (…)”

4.-Medios de comunicación

Los medios de comunicación de masas son bien empresas privadas que viven guiados
por la lógica del mercado, bien instituciones de titularidad pública orientados a
transmitir la política pública, convirtiéndose en muchos casos en canal para hacer
llegar la información que el Gobierno quiere que los ciudadanos conozcan. Sea como
fuere, estos medios son esenciales como actores del sistema porque transmiten
información plural, crean opinión y son agentes socializadores.

Las funciones clásicas de los medios de comunicación de masas en relación a la


sociedad fueron formuladas por Lasswell en 1948. Este aludía a tres funciones:

1. Vigilancia del medio. Esta función conlleva recoger, procesar y difundir la


información, realizando por esta vía una función de vigilancia sobre los que
sucede en la sociedad. Es un control o vigilancia social, doméstica y política.
2. Correlación de partes. Además de dar información, dan explicaciones e
interpretaciones para ayudar a los ciudadanos a comprender el significado
sobre lo que se ha informado. De esta forma, a través de instrumentos

CIENCIA POLÍTICA Y CONSTITUCIONALISMO


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editoriales, debates o tertulias políticas, entre otros, se logra pasar de una vis
descriptiva a una vis explicativa e interpretativa al objeto de ayudar al
ciudadano a tomar decisiones, a priori, más racionales.
3. Transmisión de la herencia cultural. Esto supone transmitir de generación en
generación, hacia otros grupos sociales y fuera de las fronteras, la cultura de la
sociedad en la que se desenvuelve el medio.

A estas funciones podemos añadir otras como las siguientes: a) identificación de


problemas sociopolíticos, b)provisión de plataformas para la defensa de causas o
intereses, c) transmisión de contenidos a través de las diversas dimensiones del
discurso político, d) análisis y control de la actividad de las instituciones políticas y e)
provisión de información a los ciudadanos para que, sabiendo lo que ocurre, puedan
participar activamente.

¿Cómo se traduce estas funciones para considerar que tienen un papel en el sistema
político? Para Vallés, en función de la actitud, los medios pueden ser:

1. Medios eco (transmiten lo que otros actores comunican, por lo que hacen llegar
la información a los miembros de la sociedad)
2. Medios comparsa (acompañan a otros actores sustentando el apoyo o la crítica
de otros, por lo que actúan como “palmeros” y ayudan al ciudadano a
posicionarse respecto del resto de actores del sistema político)
3. Medios protagonista (desarrollan una actuación o estrategia propia
promoviendo un candidato, una política o una acción social, entre otras)

Si bien no todos los medios asumen estas tres funciones de manera simultánea,
cuando lo hacen pasan a tener una influencia esencial sobre el proceso político y la
vida de la sociedad en la que se insertan. En este sentido, los medios se comportan
como actores del sistema.

¿Hasta qué punto impactan los medios en la sociedad? El impacto de los medios ha
sido estudiado desde principios del siglo XX, si bien la teoría imperante en cada época
ha ido evolucionando. Así pues podemos hablar de varias etapas:

1.- Entre 1920 y finales de 1930: creencia en la influencia poderosa y directa de los
mass media.

En esta etapa se considera que hay una poderosa influencia de os medios sobre las
actitudes y conductas políticas de los individuos, llegando a considerar que cualquier
mensaje presentado adecuadamente podía producir efectos instantáneos y masivos
en la audiencia. Se considera pues que el receptor de la comunicación es un ser
pasivo que responde a los estímulos de manera mecánica, siguiendo un modelo
conductista. Así, tras el fin de la IGM, se desarrollaron las teorías de la bala y de la
aguja hipodérmica que ilustran de forma muy gráfica el efecto directo y rápido que
producirían los mensajes proyectados a la audiencia. De esta forma domina la idea de
que la capacidad persuasiva es casi irresistible para obtener cambios de opinión o, lo
que es lo mismo, se cree que el emisor presenta un estímulo que provoca una
reacción necesariamente en el receptor.

No se puede olvidar, que esta época está marcada por la mezcla entre la fascinación y
el miedo: fascinación por el nuevo medio (la radio) y miedo por el uso que se puede
hacer de los medios. Cabe tener presente que en esta etapa se produce el famoso
caso de la emisión en radio de La Guerra de los Mundos.

CIENCIA POLÍTICA Y CONSTITUCIONALISMO


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2.- Entre 1940 y 1960: creencia en la influencia limitada de los mass media y la
influencia selectiva.

La teoría conductista que planteaba una conexión directa entre la exposición a los
mensajes y una determinada respuesta por parte de los ciudadanos empezó a perder
peso a finales de la década de los 30. Así, durante y después de la IIGM, se empiezan
a realizar estudios orientados a ver cómo las comunicaciones presentadas a través de
adecuados mensajes persuasivos podrían llevar a la modificación de actitudes, sin que
ello sea una relación de causa-efecto, sino más bien a través de la intervención de
otras variables. Se empieza a reconocer que la información no alcanza a individuos
aislados sino a grupos y comunidades más amplias que son potencialmente emisores
o receptores de influencia social y política.

Del mismo modo, se empieza a plantear que los medios ejercen una pobre o casi nula
incidencia en los comportamientos políticos y en la opinión pública, siendo en realidad
una vía que serviría para reforzar las actitudes y posicionamientos políticos previos de
cada individuo a corto plazo. Para Keppler los medios no crean opinión, sino que la
refuerzan a través de una serie de factores que pueden dar lugar a un cambio de
opinión. Así, considera que la eficacia de los mensajes de los medios para incidir en la
opinión pública depende de que no haya una opinión preexistente y la exposición a los
medios determinados (teoría de la exposición y teoría de la percepción selectiva).

3.-A partir de 1970: nueva interpretación sobre la poderosa capacidad de influencia de


los medios de comunicación (las teorías de las funciones de agenda setting, priming y
framing)

En la década de los 70 considera que el factor mass media puede ser modificador o
cooperante en la persuasión de agentes. Aquí aparecen el modelo de difusión en
múltiples pasos (difusión puede precisar de una o varias fases), modelo transitivo o de
reconversión (la posibilidad o no de influencia de los medios sobre los individuos no
depende solo del estímulo del medio, sino también del tipo de iniciativa seguida),
modelo de cambio en el nivel de influencia (influye en la actual teoría de la espiral del
silencio o agenda setting), paradigma de la búsqueda de información (el receptor no es
pasivo y puede buscar en mmcc la satisfacción de diferentes necesidades, por lo que
la repercusión de los medios depende del papel que el receptor le asigne).

En esta etapa se destaca un papel central de los medios “en la definición de


problemas políticos por parte de la opinión pública debido a su poder para definir
temas sobre los cuales una sociedad debe pensar y debatir, atrayendo la atención
sobre ciertas cuestiones mientras otras son dejadas de lado, ocultadas o
distorsionadas; y brindando los estándares y parámetros a partir de los cuales los
distintos acontecimientos deben ser comprendidos, explicados y analizados”
(Freidenberg). Así tenemos:

 La teoría de la fijación de la agenda o agenda setting (plantea la potencialidad


de los medios para que la opinión pública dirija su atención hacia los temas que
dichos medios presentan como más destacados en un determinado momento.
Hay una evolución de la teoría que presentaría que hay tres agendas que
coexisten y se relacionan entre sí – la mediática, la pública y la política-, siendo
la de los medios la que ayuda a la determinación de las otras dos)
 La teoría del efecto priming (plantea que entre las diversas fuentes que tiene
una persona para juzgar a los políticos están los medios de comunicación, los
cuales tienen capacidad para favorecer que algunos elementos se mantengan

CIENCIA POLÍTICA Y CONSTITUCIONALISMO


TEMA 4 Página 12
presentes y otros sean ignorados. Se está ante un efecto priming cuando “al
llamar la atención sobre algunas cuestiones, al tiempo que otras son ignoradas,
las noticias transmitidas por la televisión influencian los estándares que las
personas utilizarán para juzgar a gobiernos, presidentes, políticas y candidatos”
–Iyengar y Kinder-)
 La teoría del efecto framing o del encuadre (plantea la necesidad de los
individuos por encontrar esquemas de interpretación para percibir y clasificar la
información que reciben del entorno. Desde esta perspectiva lo que interesa es
el modo en el que se definen las causas y las consecuencias, así como las
repercusiones. Se denomina framing a la capacidad de los medios de provocar
diferentes conclusiones en la audiencia según la forma en la que se presente la
información –Iyengar y Kinder-, lo que influye en la percepción y en la
atribución de responsabilidades, percepción de consecuencias y valoración de
soluciones sobre lo observado).

A día de hoy cabe entender que el auge de las NTICs e internet han generado
desafíos para el proceso de expansión de la democratización y la profundización de
los principios en los que se basa. Sobre el impacto de dichas nuevas tecnologías en la
democracia hay una visión optimista, que considera que el acceso a internet genera un
electorado más informado y participativo, y una pesimista, que sostiene que el acceso
a internet puede generar una sociedad dividida digitalmente tanto a nivel global, como
social y democrático (Norris). Hay que tener en cuenta que “internet no solo lleva
noticias y forma comunidades no que conforma valores y opinión pública sin ayuda de
los guardianes que, tradicionalmente, han decidido qué información era importante y
cómo debía presentarse” (Swett), sino que además es un lugar en el que
informaciones veraces y fake news campan por igual, siendo el individuo quién debe
aprender a discriminar en tal sentido.

2.- La tipología de partidos políticos

Los partidos políticos han sido objeto de gran número de investigaciones dentro de la
Ciencia Política, de ahí que podamos hallar múltiples clasificaciones de los mismos:

DUVERGER WEBER NEUMANN DUVERGER PANEBIANCO DUVERGER


Distinción en Distinción en Distinción en Distinción en Distinción en Distinción en
función del función de función de la función de la función de la función de las
origen los fines representación organización organización posibilidades
interna interna de gobernar
- -Patronazgo -De rep. -Partidos de -Fuertemente -Grandes
Parlamentario Individual cuadros institucionalizados
-De clase -Medianos
-Exterior -De -Partidos de -Débilmente
-Ideológicos integración masas institucionalizados -Pequeños
-Fusión o
excisión -Partidos de
masas
electorales

Vamos a centrar nuestra atención en la clasificación de los partidos de Duverger que


atiende a la organización interna que atiende a la evolución histórica de los mismos.

-Los partidos de cuadros. Se trata de partidos de notables conformados en torno a las


siguientes ideas:

CIENCIA POLÍTICA Y CONSTITUCIONALISMO


TEMA 4 Página 13
 es una reunión de notables: personas con nombre, fortuna e influencias, que
permitan cubrir las necesidades de la organización y atraer votos (clientelismo)
 la estructura interna es flexible y los comités locales tienen autonomía.
 ideologías absolutista y liberal (enfrentamiento aristocracia y burguesía

En este caso, como decía Duverger en su obra Partidos Políticos, la entrada en el


partido es “un acto puramente personal, basado en las aptitudes o las circunstancias
concretas de un hombre; viene estrictamente determinado por las cualidades
individuales. Es un acto limitado solo a unos cuantos y depende de una selección
rígida y exclusiva”, sin embargo, no cuentan con afiliados que paguen cuotas
regularmente y cuentan con pocos simpatizantes. Como afirma el autor, esto puede
deberse al hecho de que el partido no necesita a los individuos en sus filas pues es
capaz de pagar a personas que temporalmente realicen las tareas más rutinarias de la
campaña.

De hecho, Duverger pensaba que estos partidos estaban condenados a desparecer,


pues no serían capaces de movilizar a igual número de personas que las nuevas
formas de partidos políticos que vendrán en el siglo XIX y XX, pero lo cierto es que
algunos han sobrevivido (Unión para la Democracia Francesa, un partido de centro
derecha que viene por la suma de varios de ellos) y otros han evolucionado hacia
partidos de masas (el Partido Demócrata Cristiano de Alemania).

-Los partidos de masas. Aparecen en el siglo XIX y coexistirán con los partidos de
cuadros, pero estos partidos de masas se caracterizarán por:

 reclutamiento masivo de militantes


 estructura rígida
 objetivo de educación política de las masas
 disciplina de voto parlamentario e ideologías socialista, comunista y fascista.

-Los partidos de masas electorales o catch all parties. Se trata de partidos que
aparecen tras la IIGM y que se vuelcan plenamente en la escena electoral, tratando de
realizar una acción profunda hacia una amplia audiencia para buscar el éxito electoral
mayor y más inmediato.

 buscan un electorado lo más amplio posible, dirigiendo sus esfuerzos más a los
potenciales electores que a la militancia. Es pragmático, interclasista y
orientado a la disputa electoral.
 ofrecen programas de agregación, sin rigidez doctrinal ni ideológica (atraer al
electorado. Es desideologizado, heterogéneo

Tanto para los partidos de masas como para los partidos de masas electorales, los
afiliados son fundamentales por cuanto por esta vía se obtienen buena parte de los
ingresos del partido y de la “mano de obra” para las acciones a desarrollar, siendo esta
la forma de obtener una forma también para difundir la propia ideología. A cambio, los
individuos, tendrán la esperanza de ejercer un cierto control sobre los objetivos y
actividades del partido.

-Los partidos cartel, que son añadidos por KATZ Y MAIR (cartel= acuerdo o convenio
entre varias empresas para evitar la mutua competencia y regular la producción y
precios de un determinado campo industrial). Es una evolución del partido atrápalo-
todo en los años 90.

CIENCIA POLÍTICA Y CONSTITUCIONALISMO


TEMA 4 Página 14
 subvención con fondos públicos (acuerdo entre unos pocos para evitar la
entrada en escena de nuevos partidos)
 La distinción ideológica se desvanece, y hay acuerdos sobre políticas púbicas
que todos respetarían para evitar nuevas entradas y conflicto
 dirigidos por políticos profesionales, reducción de afiliación y personalización
del liderazgo.
 consideración del partido como parte del Estado

3.- Los sistemas de partidos

En un sistema político llamamos subsistema de partidos al conjunto formado por: el


número de partidos existentes, sus tamaños, sus relaciones, alianzas y ubicación
ideológica. Teniendo en cuenta esto, Rae distingue entre sistema de partidos
parlamentario, que tiene en cuenta aquellos partidos que tienen representación, y
sistema de partidos electoral, que tiene en cuenta las fuerzas políticas que obtienen
votos en unas elecciones.

Sin embargo, para conocer el sistema de partidos realmente existente, cabe saber
qué partidos forman parte del mismo. Para ello, como dice Sartori, es esencial
“aprender de nuevo a contar”. Esto es así por cuanto, cuando referimos al sistema de
partidos no incluimos en este a todos los partidos que existen en un país, sino que se
trata de la configuración y las relaciones entre los partidos relevantes de un sistema
político determinado. Para determinar qué partidos son relevantes cabe atender a
aquellos partidos que cuentan con alguno de los siguientes rasgos:

a.-posibilidad de formar gobierno

b.-capacidad de veto

c.-capacidad de coalición

A la hora comparar los sistemas de partidos o analizar un sistema de partidos de un


Estado en un momento determinado, se puede emplear 5 indicadores: competitividad,
fragmentación, número de partidos, volatilidad y polarización.

Competitividad Mide la diferencia en las Resta del número de


proporciones de votos de los votos/escaños de los dos
dos partidos más votados. partidos más votados
A ˂ diferencia ˃ competitividad
A ˃ diferencia ˂ competitividad
Fragmentación electoral Mide la probabilidad de: F= 1 – (A2+B2…+n2)
-que dos votantes al azar opten
por diferentes partidos A2, B2…= porcentajes
-que dos parlamentarios al azar calculados sobre 1 de votos o
pertenezcan a distintos escaños pdo al cuadrado.
partidos
Más cerca a 0: menor
fragmentación
Más cerca a 1 mayor
fragmentación

Número de partidos Número de partidos hipotéticos N=1 / 1-(A2, B2…n2)


de igual tamaño con igual

CIENCIA POLÍTICA Y CONSTITUCIONALISMO


TEMA 4 Página 15
efecto en la fragmentación del
sistema que tienen los partidos Se parte de la fórmula anterior.
de distintos tamaños en
realidad existentes.
Volatilidad Mide los cambios de % de voto Agregada. Mide cambios del
de los partidos, bloques o conjunto del sistema de
sistema. partidos.
VTotal= (A1-A2)+(B1-B2)…(n1-
n2) / 2
A1, B1….porcentaje en última
elección
A2, B2…porcentaje en la
elección previa
Entre coaliciones/bloques. Se
hace igual que el anterior pero
atendiendo a los resultados de
partidos de la misma familia
ideológica.
Al interno de coalición:
VIB= VTotal-VBloques
polarización Mide la distancia que separa a
los partidos extremos de la
escala ideológica

Para aludir a la naturaleza de los sistemas de partidos, emplearemos un extracto de


“La naturaleza de los sistemas de partidos políticos y su configuración en el marco de
los sistemas democráticos en América Latina”, de Manuel Alcántara, Esther del
Campo y María Luisa Ramos, relativo a la noción de sistema de partidos y sus
tipologías:

De acuerdo con Sartori (1976), un sistema de partidos se conformaría a partir del


sistema de interacciones que es resultado de la competencia entre partidos. Esta
definición, apenas cuestionada, implica tomar en consideración dos elementos para
tratar de explicar un sistema de partidos: el partido como unidad, y las relaciones que
establece con otros. De esta forma, tomar el sistema de partidos como objeto de
estudio obliga a considerar no sólo los aspectos relativos a la naturaleza y
características de los partidos políticos, sino fundamentalmente, los referidos a la
forma y configuración en que se relacionan entre sí los partidos políticos. Por tanto, el
sistema de partidos es algo más que la suma de sus partes, de manera tal que el
formato y las características del conjunto son en sí mismos tan interesantes como
cada una de sus unidades.

El estudio de los sistemas de partidos tiene relevancia en sí mismo por diversas


razones. En primer lugar, por el interés intrínseco en el conocimiento de su formato y
su naturaleza, en tanto descripción de uno de los elementos clave de cualquier
sistema político, con efectos evidentes en aspectos relevantes para el funcionamiento
de los sistemas políticos en América Latina (Alcántara, 1999). Pero además, el
análisis de los sistemas de partidos ha sido un tema de interés por la relación que
podría establecerse entre la forma del sistema de partidos y el rendimiento y/o la
estabilidad del sistema político en su conjunto. De ahí que el estudio de los sistemas
de partidos, y en especial, los estudios comparados, se hayan convertido en
elementos centrales de los análisis políticos.

CIENCIA POLÍTICA Y CONSTITUCIONALISMO


TEMA 4 Página 16
Las principales aportaciones en torno al estudio de los sistemas de partidos y de los
diferentes tipos existentes se han centrado en una dimensión que definiría a los
mismos: el número de partidos existente en cada uno. Así, Duverger (1951) estableció
una inicial diferenciación entre sistemas bipartidistas y multipartidistas, tomando como
ejemplos a Estados Unidos o Gran Bretaña de los primeros y a Francia o Italia entre
los segundos. A partir de esta diferenciación estableció una relación simple, aunque
eficaz, entre tipo de sistema de partidos y estabilidad política, de manera tal que los
sistemas bipartidistas demostraban ser más estables que los multipartidistas. Unos
años más tarde, Blondel (1968), abundando en el criterio numérico, incorporó,
tímidamente, la variable del tamaño del partido para clasificar los sistemas de partidos.
De esta forma, obtuvo una tipología de cuatro casos: sistemas de dos partidos, de dos
partidos y medio, sistemas multipartidistas con un partido dominante y sistemas
multipartidistas sin partido dominante. En cualquier caso, esta desagregación del tipo
multipartidista mantuvo la aproximación numérica inicial.

Dos años antes, Dahl (1966) había introducido un criterio distinto para analizar los
partidos, a partir del cual resultaba posible distinguir sistemas de partidos. En su
estudio clásico de los partidos de oposición, estableció una clasificación en función de
las distintas estrategias adoptadas por los partidos de oposición. Según este criterio,
se podrían identificar cuatro tipos distintos de sistemas de partidos: competitivos,
cooperativos-competitivos,"coalescent"-competitivos y estrictamente "coalescentes".
Este estudio inicia de alguna manera, otra forma de acercamiento al análisis de los
sistemas de partidos, a través de la caracterización de las relaciones entre partidos.

Sartori (1976), en el que sigue siendo el trabajo seminal acerca de los sistemas de
partidos, consiguió combinar ambas dimensiones, la del número de partidos y la de la
forma de la relación entre partidos a través del indicador de la polarización ideológica
entre los mismos. Según esta aportación, existirían sistemas de partidos único,
hegemónico, bipartidista, predominante, multipartidista moderado y multipartidista
polarizado, al que se añadiría el sistema de partidos atomizado. En cierta manera,
algunos de los tipos de esta clasificación llevaban implícitas las dos dimensiones en
tanto que ambas estaban asociadas entre sí. Es decir, el sistema bipartidista, por
ejemplo, implicaba que la distancia ideológica entre los dos partidos fuese pequeña.
Sartori sugería, frente a los autores anteriores, que no se debían tener en cuenta a los
partidos que no consiguieron escaños en el Parlamento; planteando que el poder
relativo de los demás partidos se midiese en función de los escaños parlamentarios y
que si bien no se podían contabilizar todos los partidos sin tener en cuenta su
importancia, tampoco cabía establecer una cota arbitraria. Pero quizás, el elemento
más controvertido, fuese el argumento de que sólo debían ser considerados parte del
sistema político aquellos partidos que contasen con "posibilidades de coalición" o con
"posibilidades de chantaje". Como señalara después Lijphart (1991:132), "dichos
criterios - tamaño y compatibilidad ideológica- no son satisfactorios a la hora de
contabilizar el número de partidos que hay en un sistema político". Podían existir
partidos muy pequeños, con escasos escaños en el Parlamento, y que fuesen además
moderados ideológicamente, y en consecuencia, aceptables para la mayoría de los
otros partidos, pero dado su tamaño, la mayor parte de las veces, carecían de peso
para contribuir a la formación de un gobierno.

Posteriormente, otros autores han aportado análisis que han tratado de profundizar en
estas dimensiones, aunque el trabajo de Sartori siga siendo la referencia.
Centrándose en los partidos como organizaciones, y defendiendo la perspectiva según
la cual, la dinámica de la lucha por el poder en el seno de la organización ofrece la
clave principal para comprender su funcionamiento, así como los cambios que
experimenta en ocasiones, Panebianco (1982) estableció los criterios que permitirían

CIENCIA POLÍTICA Y CONSTITUCIONALISMO


TEMA 4 Página 17
definir el grado de institucionalización de un partido político. De esta manera, se daba
entrada a una dimensión especialmente útil para caracterizar los sistemas de partidos,
que sería la dimensión temporal o histórica, donde destacaba la importancia del
momento fundacional de estas instituciones.

Unos años más tarde, Mair (1998) ha analizado los factores que estarían relacionados
con el cambio de un sistema de partidos, desde una perspectiva que resulta
especialmente útil para explicar los cambios recientes en cuanto a los cambios
electorales, las transformaciones en la estructura de clivajes y su reflejo en los
sistemas de partidos existentes. Esta dimensión resulta especialmente útil para
analizar los sistemas de partidos latinoamericanos, en tanto que una característica de
los mismos es su permanente mutación.

(…)

A partir de estas aportaciones, tres son las dimensiones que creemos resultan más
pertinentes para analizar los sistemas de partidos: número de partidos, forma de
competencia entre partidos y/o grado de polarización ideológica y, por último, la
estabilidad y el cambio de los sistemas de partidos, o expresado en otros términos, el
nivel de institucionalización de los mismos. La primera dimensión se puede medir a
partir de los índices de fragmentación electoral y del número efectivo de partidos
políticos. La competencia y polarización ideológica la podemos analizar a través de la
comparación de medias de autoubicación ideológica entre distintos partidos, así como
el nivel de competitividad de los distintos sistemas de partidos. La última dimensión se
puede inferir a través de dos indicadores: la volatilidad electoral y la configuración de
los vínculos existentes entre los partidos y la sociedad. La combinación de estas tres
dimensiones parece ofrecernos la posibilidad de intentar establecer una tipología de
sistemas de partidos”

4.- La clasificación de los sistemas de partidos

Entendemos por sistema de partidos, según Sartori, aquel “sistema de interacciones


que es resultado de la competencia entre partidos”. Esta realidad nos hace entender,
por tanto, que los partidos no actúan de manera aislada, sino que interactúan en la
pugna política.

a) clasificación atendiendo al número de partidos

En primer lugar, hay que distinguir entre competitivo y no competitivo.

 unipartidista o de partido único. Es el sistema que se presenta cuando


solamente hay un partido relevante. Esto puede deberse bien a la ausencia de
competencia dentro de un sistema autoritario, bien a la existencia de una
sociedad democrática lo suficientemente homogénea como para que un solo
partido cope la inmensa mayoría de la representación política.
 Bipartidista. Este sistema se presenta cuando hay dos partidos relevantes que
se alternan en el ejercicio del poder. Suele presentarse en sociedades con una
sola línea de fractura, la socioeconómica, y puede tener dos formas:
bipartidismo perfecto, cuando estrictamente hay dos formaciones política, y
bipartidismo imperfecto o sistema de dos partidos y medio, que se presenta
cuando hay dos grandes formaciones que copan la mayoría de la

CIENCIA POLÍTICA Y CONSTITUCIONALISMO


TEMA 4 Página 18
representación y alguna fuerza bisagra que refuerza a uno de estos para lograr
mayorías sólidas.
 Multipartidista. Se presenta cuando hay tres o más partidos en el sistema,
debido a la confluencia de varias líneas de fractura en la sociedad. En tal caso
se entiende que puede ser moderado (hay entre 3 y 5 partidos), polarizante
(hay entre 7 y 10 fuerzas políticas) o atomizado (hay más de 10 partidos
políticos en el sistema).

b) clasificación atendiendo a la competitividad

 competencia centrípeta. Se presenta cuando la mayoría de las fuerzas política


se ubican en el centro del espectro político (centro, centro-izquierda, centro-
derecha). Esto se debe a que la mayoría de electorado se auto-ubica en el
centro y vota en ese sentido, por lo que no hay un nicho de mercado relevante
para fuerzas más extremas. Dado que la mayoría de los votos se mueven en la
zona centro, los partidos que surgen toman, en su mayoría, una posición más
moderada al objeto de captar el mayor número de votos que sea posible. Esto
genera un sistema más “moderado”.
 competencia centrífuga. Se presenta cuando los partidos se ubican
mayoritariamente en ambos lados de la línea izquierda-derecha, huyendo del
centro político. Esto responde a una sociedad que políticamente se auto-ubica
en los extremos y da por resultado un sistema de partidos de bloques, en los
que las formaciones tienden a buscar coaliciones en su bloque, dando la
espalda a los partidos que forman parte del “otro bloque”. Esto genera un
sistema más “radical”.

c)clasificación de Sartori

 Sistema de partido único.


Se trata de un sistema de partidos no competitivo y, por tanto, carente de
reglas que permita la pugna por el poder político en términos justos e
igualitarios.
Se presenta cuando solo existe un partido debido a que es el único cuya
existencia está legalmente prevista y amparada, pues se prohíbe la existencia
de otras fuerzas políticas. Este puede ser, en orden decreciente de coacción:
o Unipartidista totalitario (muy ideológico, coactivo y movilizador de la
sociedad)
o Unipartidista autoritario (menor intensidad ideológica, con menos
capacidad de movilización social, pero con políticas exclusivas)
o Unipartidista pragmático (hay una ideología más débil y la coacción es
menor que en los casos anteriores. El partido no es un gran agente
movilizador, pero a diferencia del unipartidismo autoritario tiende a
generar políticas agregadoras o de inclusión)
 Sistema de partido hegemónico.
Se trata de un sistema de partidos no competitivo y, por ende, en el que no
hay un marco legal que garantice la libre e igual competencia entre partidos
políticos para lograr ganar unas elecciones.
Es un sistema que permite la existencia de más de un partido político, pero a
dichos otros partidos no se les permite competir en pie de igualdad con el
partido hegemónico, pues no cabe alternancia en el poder dado que el partido
hegemónico permanecerá en el poder con o sin apoyo social.
 Sistema de partido dominante

CIENCIA POLÍTICA Y CONSTITUCIONALISMO


TEMA 4 Página 19
Se trata de un sistema de partidos competitivo, en el que, por tanto, está
garantizada la competencia justa y equitativa, así como la existencia de más de
un partido político que compite en una relativa igualdad de condiciones.
Es un tipo de sistema en el que se permite la presencia de una pluralidad de
partidos que compiten libremente. Sin embargo, tampoco se permite la rotación
o la alternancia en el poder, no porque no se permita sino porque el apoyo
social del partido dominante es muy amplio y permanente en el tiempo,
pudiendo dejar de tener tal posición en cualquier momento por un cambio de
posicionamiento político de la sociedad.
Se produce un sistema de partido predominante o dominante cuando el partido
en cuestión obtiene al menos 3 mayorías absolutas consecutivas. Es por ello
que el criterio en este caso no es tanto el número de partidos presentes como
la distribución del poder existente, de modo que un solo partido ocupa una
posición preeminente al superar el umbral de la mayoría absoluta durante un
periodo prolongado en el tiempo. De este modo, aunque la alternancia no se
produzca durante un tiempo, sí hay otros partidos y posibilidad de que esta se
produzca en el momento en el que el cambio de posicionamiento político lleva
a un cambio en el panorama político.
 Bipartidismo.
Se trata de un sistema de partidos competitivo en el que, por tanto, está
garantizada la competencia justa y equitativa, así como la existencia de más de
un partido político que compite en una relativa igualdad de condiciones.
Se presenta cuando, en un sistema de libre competencia, hay dos partidos que
obtienen la mayoría de los escaños y uno de ellos tiene una mayoría suficiente
como para formar gobierno. La existencia de terceros partidos carece de
importancia en tanto en cuanto no alteran la situación de preponderancia de las
dos grandes fuerzas, de modo que la alternancia en el poder entre los dos
grandes partidos es una posibilidad presente.
 Sistema de partidos de pluralismo limitado o moderado.
Se trata de un sistema de partidos competitivo en el que, por tanto, está
garantizada la competencia justa y equitativa, así como la existencia de más de
un partido político que compite en una relativa igualdad de condiciones.
Supone la presencia de un número de partidos no superior a 5 con una
distancia ideológica pequeña y una competencia centrípeta, que lleva a la
moderación de las posiciones debido a la ubicación de la sociedad en el centro
del espectro político.
Sartori considera que este sistema de partidos evidencia que el régimen
democrático en el que se presenta tiene un alto nivel de apoyo ante la
ciudadanía.
 Sistema de partidos de pluralismo extremo.
Se trata de un sistema de partidos competitivo en el que, por tanto, está
garantizada la competencia justa y equitativa, así como la existencia de más de
un partido político que compite en una relativa igualdad de condiciones.
Conlleva la presencia de entre 5 y 6 partidos relevantes donde impera una
elevada distancia ideológica entre los partidos situados a ambos lados del
espectro político. Se caracteriza por la presencia de una oposición antisistema,
la presencia de un posicionamiento político polarizado junto a la ubicación
central de un partido o grupo de partidos y la elevada distancia ideológica entre
los dos extremos.
 Sistema de partidos atomizado. Se trata de un sistema de partidos competitivo
en el que, por tanto, está garantizada la competencia justa y equitativa, así
como la existencia de más de un partido político que compite en una relativa
igualdad de condiciones.

CIENCIA POLÍTICA Y CONSTITUCIONALISMO


TEMA 4 Página 20
Es un sistema con un índice de fragmentación muy elevado pues hay en torno
a 9 partidos políticos relevantes. Esta realidad conlleva un elevado grado de
dispersión del poder, lo que dificulta la ejecución de las políticas de coalición.
Se trata de una realidad presente en realidades políticas en las que no se ha
consolidado el modelo democrático y que, por ende, presenta un sistema de
partidos no estructurado

En conclusión, podríamos comparar las distintas clasificaciones atendiendo al


siguiente cuadro:

DUVERGER SARTORI

Sistema de partidos Competencia Característica

Unipartidista Único No Unipolar

Hegemónico No Unipolar

Predominante Sí Bipolar

Bipartidista Bipartidario Sí Bipolar

Multipartidista Limitado (moderado) Sí Bipolar

Extremo Sí Multipolar
(polarizado)

Atomizado Sí Multipolar

5.- El sistema de partidos español

En nuestro texto constitucional, en el art. 6, se señala que “los partidos políticos


expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la
voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política. Su
creación y el ejercicio de su actividad son libres dentro del respeto a la Constitución y
a la ley. Su estructura interna y fundamento deberán ser democráticos”. Al margen de
este precepto constitucional, que figura en el Título Preliminar de la Constitución,
también hay referencias a los partidos políticos en: el art. 20.3 CE, que hace referencia
a los grupos políticos y medios de comunicación; el art. 99.1 CE, referido a las
consultas del Rey con los representantes designados por los Grupos políticos con

CIENCIA POLÍTICA Y CONSTITUCIONALISMO


TEMA 4 Página 21
representación parlamentaria; y el art. 127.1 CE, que alude a la prohibición de
pertenencia a partidos políticos de Jueces, Magistrados y Fiscales, así como el art.
159.4 CE, que alude a la incompatibilidad de la condición de miembro del Tribunal
Constitucional con cargos representativos o con cargos políticos, o con el desempeño
de funciones directivas en un partido político.

A partir de lo establecido en la Constitución y en la Ley de Partidos, se reconoce la


libertad de constitución de los mismos, la libertad de acción de éstos y la libertad de
organización. En primer lugar, para la creación sólo se precisa la inscripción en el
registro de partidos políticos, tal y como ha señalado el propio Tribunal Constitucional
(STC 3/1981 y 85/1986), y el único control para la inscripción, en el registro, era el
mero examen de regularidad formal. En segundo lugar, la acción de estos es libre y no
puede prohibirse, siempre que se desenvuelve dentro de la legalidad. En tercer lugar,
los afiliados del partido gozan de capacidad de autoorganización pero no cabe excluir
el control jurisdiccional de los actos internos, en la medida en que, como hemos visto,
en el propio precepto constitucional se establece que “su estructura interna y
funcionamiento deberán ser democráticos”.

Los partidos políticos tienen por misión la de expresar el pluralismo político, concurrir a
la formación y manifestación de la voluntad política, y servir como instrumento para la
participación política. Para acometer su función hay dos vías, la electoral y la
parlamentaria. En este sentido, por un lado, a los partidos políticos les corresponde
promover las candidaturas electorales (art. 50 LOREG), y son los auténticos titulares
del derecho de participación recogido en el art. 23 CE, tal y como ha señalado el
propio Tribunal Constitucional en su Sentencia 63/1987. Por otro lado, los partidos
políticos son los que están presentes en las instituciones, que en el caso concreto de
las Cortes Generales, se realiza a través de los Grupos Parlamentarios. Son los
genuinos sujetos de la vida política.

La financiación de los partidos políticos ha sido regulada por la Ley Orgánica 3/1987,
de Financiación de los Partidos Políticos, que distingue la financiación pública de la
financiación privada. Por lo que se refiere a la financiación pública, ésta básicamente
la constituyen las subvenciones por gastos electorales, subvenciones que reciben los
Grupos Parlamentarios, los grupos de Concejales de los distintos Ayuntamientos, en
las Diputaciones Provinciales y, también, las subvenciones anuales que en la Ley de
Presupuestos Generales del Estado se establecen para los partidos políticos. Por lo
que se refiere a la financiación privada, dentro de ella nos encontramos con las cuotas
y aportaciones que pueden hacer los afiliados a estos partidos políticos; las
aportaciones anónimas no superiores a un 5% de la asignación que tienen en los
Presupuestos Generales del Estado; las aportaciones o donaciones que puedan hacer
las personas físicas o jurídicas que no pueden superar los 10 millones anuales y la
prohibición de que estas aportaciones económicas las puedan hacer empresas
contratistas del sector público o Gobiernos u organismos públicos extranjeros.

todo lo anterior se ha visto afectado por la Ley Orgánica 6/2002, de 27 de junio, de


Partidos Políticos que modificaba Ley 54/1978, de Partidos Políticos, norma
preconstitucional, breve en cuanto a contenidos, que presentaba un procedimiento
sencillo de constitución en los partidos políticos. Desde esta Ley, en los Reglamentos
parlamentarios o en la Ley Electoral, e incluso en el Código Penal, se hacía referencia
a los partidos políticos.

De hecho, algo más de veinticinco años después de la aprobación de la Ley de


Partidos Políticos, se ha renovado la regulación de los mismos con una ley que, como
señala en su propio Preámbulo, pretende garantizar el funcionamiento del sistema
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democrático y las libertades esenciales de los ciudadanos impidiendo que un partido
político pueda, de forma reiterada y grave, atentar contra ese régimen democrático de
libertades, justificar el racismo o la xenofobia o apoyar políticamente la violencia y las
actividades de bandas terroristas. Esta ley consta de cuatro Capítulos, tres
Disposiciones Adicionales, una Disposición Transitoria, una Derogatoria y dos
Disposiciones Finales.

España ha conocido desde 1977 dos sistemas nacionales de partidos diferentes sin
otra nota en común que el propósito constante de los dos mayores de provocar una
creciente concentración del voto y la representación parlamentaria en sí mismos.

En 1977, y posteriormente en 1979, el sistema se basaba en cuatro grandes partidos


nacionales y dos grandes formaciones nacionalistas. El sistema giraba en torno a los
dos mayores partidos nacionales que sumaban algo más del 80% de los escaños del
Congreso y algo más de los dos tercios de los sufragios. Ambos partidos, UCD y
PSOE, se alineaban en torno al conflicto de clase, constituían la expresión política de
grandes bloques sociales. En los extremos cada uno de los grandes sufría la
competencia de un partido menor, Alianza Popular y PCE, así como también
aparecían en el Parlamento grandes partidos nacionalistas, el PNV y Convergencia
Democràtica de Catalunya.

Este sistema de partidos entró en crisis cuando la UCD empezó a descomponerse por
varios motivos (el referéndum autonómico andaluz, la dimisión de Adolfo Suárez y el
fallido intento de Golpe de Estado del 23 de febrero de 1981). Finalmente, en otoño de
1981 se extinguió el sector social-demócratra de UCD para formar el partido Acción
Democrática que acabó confluyendo con el PSOE en 1982. Adolfo Suárez fundó el
CDS en julio, cuando era inminente la convocatoria electoral, y se produjo el fracaso
electoral de UCD y la liquidación del propio partido en 1983.

Mientras que en 1977 y1979 la distancia electoral entre los dos mayores partidos
osciló en torno a los 5 puntos y nadie obtuvo el 36%, en 1982 esa distancia pasó a
más de 20 puntos y el mayor partido superó el 48%. Desde 1982 hasta 1993-1995 no
ha existido más que un partido de ámbito realmente nacional con presencia
significativa en todo el país, el Partido Socialista Obrero Español.

La singularidad de las elecciones de 1982 llevó a que con el voto del 80% del censo se
otorgase por primera vez mayoría absoluta a un partido político. Esto acarreó el que el
partido que se identificaba con el régimen y sus hombres y políticas pasara a constituir
el paradigma de los hombres y políticas de aquel. Como consecuencia de su dominio
se produce una minoración de la importancia del Parlamento y se potencia el papel
político de los medios de comunicación y de los grupos de interés, se tiende hacia el
inmovilismo y a la rutina, se dificulta la renovación del personal político, se produce un
agotamiento progresivo de la función orientadora y programática del gobierno y
aparecen casos de corrupción. En 1993 el PSOE ve reducida su ventaja en algo más
de 4 puntos en el voto popular y algo más de 5 puntos en la representación
parlamentaria.

En este sentido, el Partido Socialista Obrero Español reduce (once años después)en
casi un millón de votos el número de electores, pasando de 202 a 159 Diputados,
perdiendo la mayoría absoluta, mientras que el Partido Popular pasa a sumar casi 3
millones de votos, alcanzando 149 Parlamentarios, frente a los 107 de 1982 (también
en once años). A partir de este momento se empieza a gestar de nuevo un sistema
con dos partidos fuertes de ámbito nacional: el PSOE y el PP que vendrán a alternarse

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en la obtención de la mayoría parlamentaria y, por ende, de la Presidencia del
Gobierno.

Esta realidad se vio acrecentada cuando en las elecciones de 1996 –tres años
después- el Partido Popular, sin alcanzar la mayoría absoluta, subió un millón de
votos, alcanzando 300.000 votos más que el Partido Socialista Obrero Español, y
pasando a contar con 156 Parlamentarios, frente a los 141 del PSOE. Esto obligó al
Partido Popular a gobernar con el apoyo de otras fuerzas políticas, para pasar a
ocupar el primer lugar entre los Grupos Parlamentarios de las Cortes Generales (CiU,
PNV, Coalición Canaria…). Esta realidad continuó en las elecciones celebradas en el
año 2000, en las que en éstas sí, el Partido Popular, alcanzó la mayoría absoluta con
un total de 10.321.178 votos, frente a los 7.918.752 votos del PSOE, lo que representó
183 escaños para el Partido Popular y 125 escaños para el Partido Socialista.

Nuevamente, la situación cambió en las elecciones de 2004, en las que el Partido


Popular concurrió con un candidato distinto a la Presidencia del Gobierno (José María
Aznar/Mariano Rajoy); un desgaste de ocho años de gobierno y el singular atentado
“islamista”, -relacionado directamente con la intervención militar española en Irak- en
Madrid, días antes de las elecciones. El Partido Socialista, bajo la Presidencia de
Rodríguez Zapatero, se mantuvo en el Gobierno durante dos legislaturas hasta 2011,
sin obtener mayoría suficiente como para gobernar en solitario. En dicho año, el
Partido Popular liderado por Mariano Rajoy ganó las elecciones por mayoría absoluta,
si bien también cabe destacar la estrepitosa caída del PSOE y la presencia de un
Parlamento con un mayor número de fuerzas políticas.

Tras la irrupción de nuevas fuerzas políticas en las elecciones al Parlamento Europeo


y en las elecciones autonómicas y locales de mayo de 2015, todo hacía presagiar un
cambio en el sistema de partidos a nivel nacional. Las elecciones celebradas el 20 de
diciembre de 2015 evidenciaron un cambio del sistema de partidos, de tal modo que
se abandonó el hasta ahora imperante bipartidismo imperfecto, para adoptar un
sistema multipartidista en el que cuatro grandes partidos, dos de ellos tradicionales
(Partido Popular y Partido Socialista Obrero Español) y dos de ellos de nueva creación
(Podemos y Ciudadanos), coparon en torno al 85% de los votos. Así, aunque el
Partido de Popular perdió su mayoría absoluta, se posicionó como el partido más
votado (28% del total de votos) y con mayor número de escaños (123), lo que le llevó
a tratar de lograr un acuerdo con PSOE y Ciudadanos para lograr un “gobierno de
gran coalición”, intento que no prosperó. Visto esto, y a pesar de que tras la ronda de
consultas habitual el Rey propusiera a este que fuese el candidato a la investidura,
acabó por rechazar esta proposición ante la imposibilidad de lograr la mayoría
suficiente para salvar la investidura.

Esto hizo que el candidato de la segunda fuerza más votada, Pedro Sánchez, se viese
legitimado para iniciar una ronda de contactos con el resto de fuerzas políticas al
efecto de valorar los apoyos y posicionarse como posible candidato. Tras reunirse y
tratar de negociar con todas las fuerzas políticas presentes en el abanico
parlamentario, logró alcanzar un acuerdo con Ciudadanos para obtener su voto
afirmativo en la sesión de investidura. Finalmente, y tras otra ronda de consultas por
parte del Rey, Sánchez fue propuesto como candidato a la Presidencia del Gobierno,
sometiéndose a la primera sesión de investidura el 1 y 2 de marzo de 2016. Tras un
primer intento en el que no logró la mayoría absoluta, el candidato del PSOE tampoco
pudo ser investido por mayoría simple 48 horas más tarde, en los términos que exige
la Constitución.

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Ante la imposibilidad de investir nuevo Presidente, la Casa Real, en un intento de
desbloquear la situación política, anunció una última ronda de contactos para los días
26 y 27 de abril apurando los plazos constitucionales dentro de los cuales aún se
podría investir nuevo presidente del gobierno, esta ronda no tuvo éxito y, con este
escenario de bloqueo político, la sociedad española se vio abocada a celebrar unos
nuevos comicios apenas 6 meses después, el 26 de junio de 2016, tras haberse
disuelto de manera automática las Cortes Generales en los términos del 99.5 CE.

Tras los comicios del 26 de junio de 2016, el Partido Popular de Mariano Rajoy salió
reforzado al subir algo más de 4 puntos en el porcentaje total de votos y aumentar en
13 el número de escaños en el Congreso de los Diputados. Por su parte, mientras
Podemos, que acudía en coalición con Izquierda Unida, subía ligeramente tanto en
respaldo popular como en escaños, Partido Socialista y Ciudadanos -los partidos que
más esfuerzos habían invertido en alcanzar acuerdos durante la anterior legislatura-
descendían ligeramente en número de diputados.

Con este reparto de escaños, de nuevo, se hacía evidente la necesidad de lograr


pactos que facilitasen una investidura y, a su vez, evitasen que nos viésemos
abocados a la celebración de unas terceras elecciones. Así, Mariano Rajoy inició una
ronda de consultas con el resto de fuerzas políticas en la que se reunió con
Ciudadanos, PSOE y los partidos nacionalistas. Tras un acuerdo con el partido de
Albert Rivera, y dada la imposibilidad de que la aritmética parlamentaria facilitase una
investidura con el único apoyo de dicho partido, las miradas se dirigieron hacia el
PSOE. El partido de Sánchez se hallaba en la tesitura de tener que optar entre facilitar
la investidura del candidato del PP o llevar al país a un nuevo proceso electoral. A tal
efecto, el Comité Federal del PSOE decidió, en una reunión in extremis, que sus
diputados se abstendrían en segunda votación del debate de investidura de Rajoy,
facilitando que este fuese de nuevo Presidente del Gobierno. De este modo, no solo
logró desbloquear la situación política del país, sino que evitó la celebración de unos
nuevos comicios en la que las encuestas no le auguraban buenos resultados. Esta
decisión del Comité Federal llevó a su Secretario General a dimitir y, posteriormente, a
renunciar a su acta de diputado. Sin embargo, nuevamente volvería a ascender a la
Secretaría General del Partido en mayo de 2017, al sobreponerse a Susana Díaz.

Con todo ello, dicha legislatura contaba con cuatro partidos principales en el arco
parlamentario, dos de ellos en el espectro de la izquierda, que sumaban algo más de

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un 44% de los votos y dos en el de la derecha que sumaban un 46% de los votos,
quedando el resto mayoritariamente concentrado en torno a los partidos de corte
nacionalista. Además, en cada una de esas dos partes de la línea de fractura,
encontrábamos a un partido de nueva creación y a un partido tradicional, lo que
planteaba la dicotomía entre la confrontación actual y la futurible necesidad de llegar a
pactos o acuerdos de gobierno. En ese momento, la mayor incertidumbre estaba en
dilucidar la proyección temporal de estas nuevas formaciones políticas y, en su caso,
la posibilidad o imposibilidad de estas para disputar el predominio a los partidos
tradicionales.

Ahora bien, si bien es cierto que el escenario multipartidista ya auguraba una


legislatura con elevado movimiento político, el devenir de los hechos superó las
expectativas. Tras una fallida moción de censura al Presidente del Gobierno
presentada por Iglesias en 2017, el 25 de mayo de 2018 el Grupo Parlamentario
Socialista en el Congreso registró una moción de censura contra Rajoy motivada por el
fallo de la Audiencia Nacional en el Caso Gürtel que señaló al PP como partícipe a
título lucrativo en la trama, en la que el candidato propuesto para la Presidencia del
Gobierno era Pedro Sánchez. El debate de la moción, que tuvo lugar el 31 de mayo y
el 1 de junio, se resolvió con resultado positivo para la formación socialista por cuanto
Sánchez fue investido presidente con 180 votos a favor, 169 en contra y una
abstención.

Sea como fuere, la legislatura seguía sin ser del todo estable y ello llevó al Presidente
del Gobierno a adelantar las elecciones, que fueron convocadas para el 28 de abril de
2019, dando el siguiente resultado:

PARTIDO ESCAÑOS VOTOS


PSOE 123 7.480.755
PP 66 4.356.023
Cs 57 4.136.600
UP 42 3.732.929
VOX 24 2.677.173

Con dicho panorama, las distintas formaciones políticas comenzaron a jugar sus
cartas mientras el Rey procedía a llamar a consultas. Sánchez fue propuesto por el
Rey candidato a la investidura en junio, motivo por el que la presidenta del Congreso,
Mertixell Batet, comunicó que Sánchez se sometería a la investidura en un pleno que
comenzó el 22 de julio. Sin embargo, este no obtuvo la mayoría absoluta en primera
votación ni la mayoría simple en segunda votación.

La sensación de bloqueo impregnó la escena política ante la falta de consenso entre


las fuerzas para formar un gobierno que, a todas luces, debía ser de coalición. El reloj
parlamentario se puso en marcha, de modo que había 2 meses desde la primera
votación para la consecución de una investidura o estaríamos abocados a unas
nuevas elecciones. El lunes 23 de septiembre expiró el plazo, pero la repetición
electoral no iba a ser inmediata. Según la ley electoral, enmendada tras el último
período de bloqueo, en 2016, habría que sumar otros 47 días para preparar la cita con
las urnas. Así, las elecciones se celebrarán el 10 de noviembre con el siguiente
resultado en el Congreso:

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