10.
Mi padre
me odia
¿Por qué has nacido si no eres querida?
...iba a perder a mi padre para siempre...
él se mostraba frío conmigo
—completamente frío— y era él a quien
yo más quería... a veces siento el deseo
de experimentar ya la menopausia.
JOHANNA G., 16 años, padres divorciados.
Querido Walter:
No tengo idea de cuál es su edad, pero tengo que escribirle. Debí
haberlo hecho hace tiempo. He leído su libro Love is a feeling to
be leamed. No recuerdo su contenido de forma exhaustiva, pero
recuerdo que me pareció bueno. Me ayudó mucho, y quise
comprarlo, pero ya no pude conseguirlo.
Estoy desesperada. No sé cómo continuar. ¿Por qué nace una si
no es querida? ¡Te encuentras simplemente sola! ¿Usted sabe lo
que esto significa? ¡Estar sola, siempre sola! Por supuesto, tengo
una madre, un hermano y una hermana que me quieren. Pero
¿por qué no he recibido jamás el amor de mi padre? Lo quiero
muchísimo. Siempre lo he querido así, pero él me odia y ¡cómo!;
parece realmente cosa de locos: tenerlo todo (una habitación para
mí sola, una escuela a la cual poder ir y ausencia de hambre y sed)
y sentirse, no obstante, sola. Es terrible que falte el amor. Todo en
mí es una soledad muerta.
Mis padres llevan divorciados ocho años. Yo y mi hermano vivimos
con mi madre. Mi hermana ya se ha casado.
¡¡¡Casado!!! Ella nunca tuvo que sufrir como yo sufro. Cuando
5
tenía mi edad ya había conocido a su futuro esposo y esto le
ayudó a superar todo lo de mis padres. Recuerdo cómo, por en-
tonces, los padres de mi amiga no le permitían jugar conmigo
porque mis padres habían entablado el proceso de divorcio. Al
decirme esto en la calle, fui a casa y lloré, durante horas, sin
consuelo. Un mundo de sueños se había roto dentro de mí.
Empecé a comprender que iba a perder a mi padre para siempre.
Fue muy duro para mí, aunque apenas lo conocía. Por lo que
puedo recordar, probablemente, sólo lo vi unas diez veces. Él se
mostraba frío hacia mí —completamente frío— y era él a quien yo
más quería.
El día que aquella chica me habló corrí a casa llorando. Me metí
rápidamente en la cocina, bañada en lágrimas, y no vi a mi
hermana hasta que fue demasiado tarde. Ella insistió en que le
contara todo. Después me dijo que tenía su novio y que no le
importaba lo que la gente le dijera.
A continuación, me dije: «algún día encontrarás un hombre que te
quiera y al que no le importará que tus padres estén divorciados».
Me aferré a sus palabras. Posteriormente me he preguntado a mí
misma una y otra vez: «¿qué quiere Dios de ti, Johanna? ¿por qué
me deja sufrir tanto?» Él tiene que ver que me encuentro
atormentada. Todo lo que yo sé es que no lo puedo resistir por
más tiempo. Enfermaré. Ya lo siento ahora. El año pasado fue
terrible. Una y otra vez me desvanecía en la escuela y tenía que
vomitar. Los médicos no pudieron encontrar ningún desajuste en
mí.
Pero yo sabía dónde estaba el daño: quería ser amada y amar. Lo
he intentado con todas mis fuerzas. Intento amar a todo el mundo
y, en cierto grado, lo he conseguido. Muchos chicos y chicas
vienen a mí con sus problemas y descargan sus penas sobre mí, al
igual que yo lo hago ahora con usted.
He reprimido mi problema pensando que pasaría pronto. Pero no
6
ha sido así. He sufrido y aún sufro en mi corazón. Me odio a mí
misma por no ser capaz de hablar con nadie de él. Tal vez no lo
desee. Existen dos personas en mí. Puedo vivir de forma que
nadie se percate de lo que estoy pensando. No obstante, no soy
feliz.
No hace mucho cumplí los dieciséis años y me preguntaba a mí
misma: «¿no te ve Dios? ¿no mira para ti?». No puedo recordar
qué otras cosas pensé, pero una cosa tenía clara: Dios ya no me
quiere y jamás me querrá. Me ha abandonado. Y lloraba y lloraba.
Me pregunto a menudo: «¿por qué Dios no permitió que mi
intento de suicidio, hace un año, surtiera efecto?».
Me encuentro muy confusa. Perdóneme, pero estoy muy
aturdida. Todo este sentimiento que hierve en mí hace que todo
lo demás se desmorone, absolutamente todo. Mi juventud se ha
esfumado sin que jamás me sintiera feliz.
No sé si es usted quien escribió el libro Yo quise a una chica, pero
probablemente lo conozca. Me alegro mucho de que haya gente
así. Pero también acuso a Dios —sí, lo hago, aun cuando mi
corazón esté roto y me avergüence de mis palabras. Lo que
realmente me gustaría, es pedir perdón. Perdón a Dios, el to-
dopoderoso, a quien tanto quiero. Pero él es frío, igual que mi
padre, cuando yo le decía: «te quiero». No sé lo que Dios quiere
hacer de mí. Una profunda herida permanecerá abierta en mi
corazón, durante toda mi vida. Esta proviene de todos los años en
que he permanecido sola, como aún lo estoy ahora.
Mi mejor amiga, a la que quiero, es de Brasil, y ha vuelto allí para
siempre. Se ha marchado, desapareciendo de mi vida. La echo
mucho de menos. El trocito de vida que ella me dio se rompió en
mil pedazos. Me dobla la edad, pero, a pesar de esto, nos
entendíamos profundamente.
No sé si podré esperar una respuesta suya o no. Pero, a través de
su libro, le respeto un poco porque usted dice las cosas como son.
7
Desde lo más profundo de mi corazón le deseo a usted y a su casa
la bendición de Dios. Gracias por todo lo que usted hace. Tengo el
presentimiento de que usted es un pastor.
Querida Johanna:
Te agradezco tu carta. Tus presentimientos son ciertos. Soy,
efectivamente, un pastor. Estoy en los cincuenta y tengo cinco
hijos, algunos más jóvenes y otros mayores que tú. Te adjunto una
foto de nuestra familia para que puedas tener una idea más clara.
Creo que está bien que hayas escrito expresando toda tu pena y
tu dolor, porque de esta forma, puedes sacarlos de ti. Te he
escuchado con toda atención.
Tu suerte es, sin duda, especialmente difícil. Cuando leía tu carta y
consideraba tu vida, me vino a la memoria el texto del salmo:
«alabad, al Señor, quien soporta nuestras cargas día a día». En la
Biblia alemana se traduce así: «Dios coloca una carga sobre
nuestros hombros, pero también nos ayuda a llevarla».
Una cosa has de tener por cierta: Dios no es frío, como tu padre,
sino cariñoso. Te quiere profundamente y jamás podrás caer de
sus manos amorosas. Puedes creer esto con todo tu corazón, aun
cuando puede que no lo sientas. Me gustaría gritarte: «Johanna,
no tengas miedo, cree sin más». Creer sin más significa: «creer
aun cuando no veas ni sientas nada».
Por pesada que sea tu carga, no deberías abandonarte hasta
sentir piedad de ti misma. Este sentimiento no cambia nada. Dado
que Dios te quiere, él sabe exactamente cuánto puedes soportar.
La carga que pone sobre ti proviene de su mano amorosa, y no es
ni una onza más pesada de lo que tus fuerzas pueden soportar.
Creo, realmente, que Dios tiene algo muy especial reservado para
ti. Puede que te esté entrenando para ayudar a los demás—tal vez
más de lo que yo lo hago—en situaciones similares: a los que
sufren por haber perdido a sus padres o por el divorcio de los
8
mismos.
Evidentemente, Dios te ha dado ya un don en este sentido; tú
misma dices que la gente viene a ti para llorar sobre tus hombros.
Esto es algo muy poco usual y extraordinario para alguien que
cuenta dieciséis años. Parece como si sintieran que les puedes
comprender porque tu propio sufrimiento te ha madurado.
Este es el don que has de utilizar y desarrollar. Todo don es
también una responsabilidad. Tal vez sea ésta la misión especial
de Dios en tu vida: ayudar a los demás. Por ello, has de aprender a
amar tu cruz como la cosa más preciosa que Dios te ha
encomendado.
Esto supondrá muchos años de trabajo. Si quieres salir triunfante,
lo más importante para ti ahora es que Dios se convierta en tu
padre de forma muy personal y concreta. Pudiera ser que tu
relación con Dios fuera incluso mucho más profunda que la de
aquellos que aún tienen padres terrenales.
Pero, para que esto suceda, has de hablar personalmente con tu
Padre celestial todos los días. La mejor hora es al comienzo de la
mañana. El quiere hablarte, y espera que tú le digas algo.
Te adjunto un pequeño devocionario: Textos diarios de la iglesia
Moravia. En él podrás encontrar un versículo del antiguo
testamento y su correspondiente del nuevo testamento, para
cada día. Lee diariamente estos textos como si tu Padre celestial
hablara contigo, su hija.
Deberías contestarle escribiendo en un pequeño libro de notas las
respuestas a estas cuatro preguntas:
¿En qué medida me hacen sentirme agradecida estas palabras?
¿En qué forma sirven para corregirme?
¿Por qué y por quién me recuerdan que rece?
¿Qué significan para mis actividades diarias? Comprobarás que si
comienzas el día con una conversación así, los sentimientos de
frialdad y soledad desaparecerán. Sentirás que tu Padre celestial
9
camina a tu lado durante todo el día.
Querido padre:
¿Puedo llamarle así? Dado que usted tiene una hija de mi edad,
creo que es más correcto que «Querido Walter». Aparte de esto,
me ha hablado realmente, en su carta, como un padre.
Aún no puedo creer lo que usted me escribe en el último párrafo
de su carta, pero quizá aprenda a creerlo a través de usted.
Su carta me produjo alegría; no obstante, hay una tristeza que me
inunda repetidamente porque tengo que pensar en mi padre
físico. Está lloviendo y tengo el sentimiento de que cada gota de
lluvia es una lágrima que brota de mi más íntimo ser. He escrito
un poema que quiero enviarle a él. No, jamás lo haré, pero quiero
comunicarle a usted todo lo que le he escrito. Siento todo, de
nuevo, con gran fuerza y busco amor con todo anhelo. Me resulta
dura la espera. Es como caminar a través de un infierno.
Padre mío:
Padre mío, te he amado desde mi tierna infancia, pero cuando
notaste mi amor hacia ti, tu odio creció y sentiste más aversión
hacia mí. Padre, te quiero a pesar de todos los golpes y las
palabras frías que salían de tu boca. Mi corazón estaba lleno de
esperanza. Sí, mi corazón era todo esperanza, pero tu forma de
actuar lo devoró todo lentamente, todo mi amor, mi esperanza.
Cuando pienso en ti ahora, mi corazón permanece frío, mientras
que antes temblaba de alegría.
Creí, durante mucho tiempo, que te había olvidado por completo.
Creí sentirme tan indiferente hacia ti que te había borrado de mi
mente. Pero, cuando me llamaste una vez y oí tu voz muy cerca de
mi oído, todo pasé de nuevo. Como en una película, lo vi todo
nuevamente ante mí.
10
Cuando golpeaste a mamá, cuando querías matarla, matarme a
mí, tus palabras frías tan infinitamente lejanas, tus ojos fríos
—todo esto lo vi de nuevo frente a mí—. Y padre, a pesar de ello,
me sentí feliz al oír tu voz. Padre, desde ese momento supe que
jamás te olvidaría, aun cuando fueras un extraño para mí desde el
comienzo, aun cuando habías condenado mi vida a la tortura.
Padre, te quiero a pesar de todo esto.
Qué feliz me sentía al ver los amantes padres de mis amigos. Pude
observarlos sin sentir celos o envidia. Pero, después, cuando me
encontraba sola en la calle, en la escuela, de compras, sentada en
mi cama por la noche, sí, incluso en medio de una multitud, sentí
el dolor, padre, que tú, probablemente sin saberlo siquiera, me
has causado para toda mi vida. Lloré, con frecuencia, al estar con
la gente, ya estuviera de pie, sentada o corriera, anhelaba tanto tu
amor. Las lágrimas corrían a montones. No tenía poder sobre mi
cuerpo y, a menudo, lloré durante horas sin parar. No encontré
reposo, pues la cruel experiencia devoró mi propio yo. Era mucho
peor que la tortura.
Amado padre: tengo miles de preguntas que hacerte, pero ¿por
qué habría de formularlas? Tú mismo tampoco sabes la respuesta.
Todo ha sucedido ya. Si leyeras esto, probablemente todo te daría
igual. Puede que quisieras subsanarlo, padre, pero esto es
imposible. Lo que una vez has matado no puedes hacerlo revivir
de nuevo. Permanece muerto.
Tengo miles de preguntas en la punta de la lengua, pero no las
haré. Jamás se las diré a nadie y continuarán siendo una gran
carga para mí: una carga que yo habré de soportar, bajo la cual
me desmayo, a menudo, y permanezco en el suelo gimiendo y
llorando.
Padre, aún soy muy joven, pero no sé cómo continuar la vida.
Temo que puedas volver algún día para matarnos a mí y a mamá.
Puedes ver cuánto deseo vivir y cómo mi alma grita por la vida.
11
Padre, tú no crees que existe el alma. ¿No te criaste también sin
madre? ¡Perdóname! Tengo una pregunta a flor de labios. Padre,
podrías haberme dado mucho de lo que tú no tuviste de niño. En
vez de ello, me has abandonado a una vida aún peor, una vida,
sabiendo que me odias y que querías matarme.
Padre, mi padre, al que amo y amé desde un principio, no te
acuso, pero deberías saber que mi vida se encuentra desesperada,
que estoy anhelando, anhelando un amor que nadie puede darme
porque es demasiado tarde.
Reflexión
Aconsejé a Johanna que enviara esta carta a su padre, pero ella no
lo ha hecho. Tal vez, fue suficientemente curativo el simple hecho
de poder escribirla y enviársela a alguien.
Ojalá la leyeran todos los padres que piensan en el divorcio,
especialmente los maridos. El divorcio de los padres es como si
alguien cogiera un hacha y dividiera al niño por la mitad.
Para mí, personalmente, la carta-fue una advertencia para pensar,
aún de forma más seria, en mi función como padre y aceptarla de
forma consciente y alegre.
Pude visitar brevemente a Johanna. Descubrí que había seguido
confiadamente mi sugerencia de mantener una conversación
diaria con su Padre del cielo. Había llenado todo un cuaderno de
apuntes con las respuestas a las cuatro preguntas que yo le di y
me lo mostró con orgullo.
Después de cierto tiempo escribió otra carta, esta vez sobre un
asunto distinto, y la dirigió a mi esposa. La incluyo inten-
cionadamente en este libro, porque muchas chicas de dieciséis
años tienen dificultades con su período. Creo, por lo demás, que
no herirá los sentimientos de los chicos jóvenes el tener una idea
de estos problemas. He aquí la carta de Johanna.
12
Querida Ingrid:
Me estoy obligando a escribirle. He leído nuevamente el libro
Agradable sensación. Me hizo sentirme muy triste. En principio,
quería esperar a escribirle hasta después de su viaje. Pero no
puedo esperar. Tengo que explotar sin más.
Me gusta ser chica y, en modo alguno, me gustaría ser un chico.
Pero, lentamente, estoy empezando a odiar mi período. Tuve el
primero cuando tenía once años. No estaba muy segura de todo lo
que ello significaba, pero sentí una profunda alegría que jamás he
vuelto a sentir de nuevo.
Esta alegría satisfizo también mi anhelo. Era un profundo
sentimiento que brotaba del interior de mi cuerpo. Era como si un
cálido oleaje irradiara mi ser. Jamás olvidaré cómo me sentí
cuando mis ojos se miraban sobre el espejo. Me sentía feliz,
realmente feliz.
A los catorce años comencé a sentir terribles dolores con mi
período. A los quince fui a visitar a un ginecólogo.
Fue muy amable y me ordenó un tratamiento de hormonas: una
píldora diaria y ninguna durante la menstruación. Esto duró unos
tres meses. Los dolores cesaron, pero descubrí, con asombro, que
mis pechos crecían considerablemente durante este tiempo. En
realidad, no puedo soportar a las mujeres que tienen los pechos
grandes. Me parecen entrometidas y agresivas. Por ello estaba
muy claro para mí. ¡No más píldoras! Naturalmente, confié en que
mis pechos se redujeran de nuevo. Cuando esto no fue así, me
sentí deprimida durante mucho tiempo e intenté alejarme de mis
amigos. Era muy tímida.
Todo lo que intenté, por entonces, era realmente descabellado.
Intenté dormir sobre el estómago durante toda la noche, y
cuando me despertaba por la mañana y descubría que estaba de
espaldas, me sentía muy furiosa y me colocaba un sujetador dos
tallas menor. Pronto dejé de hacerlo porque mi piel se rebeló y
13
tenía llagas por las rozaduras del sujetador.
Aún lo hago de vez en cuando. Me siento realmente avergonzada
y estoy enfadada con el doctor que me cambió de tal forma que
no puedo soportarme a mí misma. Todo esto sucedió hace un
año.
Y ahora, aquí me tiene llena de miedo, al pensar en mi próxima
menstruación. Me causa tales dolores que creo que serán como
los dolores de parto. ¿Es posible esto, que algunas mujeres tengan
dolores tan fuertes, no sólo cuando están dando a luz, sino
también durante la menstruación?
Tuve mi último período justo antes de un examen de geografía.
¿Puede imaginarse cómo me sentía? No sólo era el hecho de no
poder concentrarme —esto era imposible bajo todo punto de
vista— sino que no podía permanecer tranquila. Esto es lo más
duro para mí porque empeora los calambres. Cuando volví a casa,
aquella tarde, lloré mucho y me sentía llena de odio hacia el
mundo de los hombres. ¿Por qué tenemos que sufrir las chicas,
queramos o no, y los chicos siempre piensan que nuestro mundo
es un mundo de caprichos? A veces deseo que, al menos una vez
en su vida, todos los hombres tuvieran un período con fuertes
dolores para que pudieran sentirlo en su propia carne. Veríamos
entonces si ellos también se sentían caprichosos.
Todo esto suena a mezquino, lo sé. Pero ¿qué he de hacer? No
puedo entender simplemente, por qué durante tres años no tuve
problema alguno con mi menstruación y ahora he experimentado
un cambio semejante. Me gustaría preguntarle si hay algo que
pueda hacer para evitar los dolores, sin tener que estar durante
un par de días en cama con una bolsa de agua caliente sobre mi
estómago. Me resulta muy embarazoso saber que todo el mundo
a mi alrededor se percata de lo que me ocurre. ¿Le gustaría vivir
con una chica así? ¡A mí no! Me siento muy desdichada por ello y,
a veces, me gustaría estar ya en la menopausia. No me gusta
14
sentirme como una bola de masa hinchada, especialmente en
verano. Por favor, respóndame.
Querida Johanna:
Te agradezco enormemente que hayas tenido el coraje de
escribirme sobre este problema, que yo también tuve al igual que
mis hijas. Hay cosas que puedes hacer para ayudarte en los
dolores, al igual que las mujeres de parto pueden aprender a no
luchar contra sus contracciones, sino a «cabalgar» con ellas.
Conozco un ginecólogo muy amable y experimentado, buen amigo
de casa. Dado que me estoy preparando para hacer un largo viaje,
le he rogado que responda a tu carta con detalle. A propósito, su
libro The menstrual cycle fue publicado en Filadelfia en 1977 por
W. D. Saunders Co. Y se ha convertido en un libro clásico de
medicina. El y su buena esposa han estudiado el ciclo en cientos
de mujeres durante cuarenta años.
Puede ayudarte, Johanna, en lugar de sentirte invadida por el
miedo hacia tu próximo período; decirle adiós al último, sabiendo
que no volverá más. Es como el escalar montañas —cada paso te
acerca más a la meta—. ¡Ten coraje, levanta tus ojos y descubre la
gran aventura de ser mujer!
Querida Johanna:
Ingrid Trobisch me ha pedido que responda tu última carta. Soy
un ginecólogo y me intereso especialmente en el desarrollo de la
mujer.
Los dolores que tanto te molestan son causados por tu útero. Tu
presentimiento de que son como una especie de dolores de parto
es exacto. Bajo otros aspectos, también se puede comparar la
menstruación con el dar a luz. Es más bien como un aborto,
porque durante tu período el útero arroja el nido, la envoltura de
la matriz que estaba preparada en caso de que el embarazo
15
tuviera lugar.
Casi todas las jóvenes sienten algún contratiempo durante sus
períodos: temblores, ganas de orinar y movimientos frecuentes de
vientre. También algunas señoras jóvenes sufren fuertes cólicos y
dolorosas contracciones. Desgraciadamente, sabemos muy poco
sobre sus causas.
El que no sintieras temblores durante los primeros años guarda
relación con el hecho de que, por entonces, tus ovarios no
funcionaban aun realmente. Probablemente, la ovulación no tuvo
lugar. A través de la terapia de hormonas —las píldoras— el
doctor que te trató te hizo volver artificialmente a ese estado
infantil. Pero esto no significa una ayuda real porque tú no quieres
permanecer niña durante toda tu vida, y, desde el punto de vista
de la naturaleza, no se puede parar el crecimiento.
El aumento de tus pechos ha podido ser causado por el tra-
tamiento del doctor, pero también pudiera ser una causa de tu
desarrollo natural. Tal vez exageres un poco porque como chica te
sientas, de algún modo, descubierta a causa de tus senos y éstos
te recuerden también tu próxima menstruación. Fíjate
simplemente en las dimensiones de los pechos de tus compañeras
de clase. Tal vez encuentres alguna que los tenga incluso más
voluminosos.
He aquí algunas sugerencias prácticas:
Toma parte activa en la educación física, al menos una vez por
semana, en algún grupo y haz algunos ejercicios, cada noche,
antes de ir a la cama. Sería bueno que pudieras tomar parte en un
curso intensivo de gimnasia rítmica para mujeres. Monta en
bicicleta durante media hora al día, preferiblemente en cuestas
hacia arriba.
Dieta: no tomes pastillas para adelgazar. Come gran cantidad de
proteínas: carne magra, hígado, pescado, queso, requesón y otros
16
productos lácteos. Bebe muchos líquidos calientes: leche,
infusiones de menta y de otras hierbas con zumo de limón y la
menos azúcar posible. Apártate del café y del té puro. Come gran
cantidad de fruta, vegetales frescos y ensaladas. Procura comer
pocas grasas, dulces, chocolate, féculas, pan y productos al horno.
Acuéstate pronto durante los días anteriores al período,
manteniendo tu cabeza a un nivel más bajo que tus caderas y
piernas. Antes de que comience el período, coloca sobre el es-
tómago una toalla de baño húmeda y caliente, envuelta en una
bolsa de agua caliente, mientras duermes.
Ropa: mantén los pies, las piernas, y la región pelviana muy
calientes durante el período. Es muy importante llevar ropa
interior caliente. No lleves calzado demasiado ajustado, botas o
cinturones ajustados. No conduzcas motocicletas.
No tomes analgésicos si no lo necesitas realmente.
¿Te dijo algo la señora Trobisch sobre tomar la fiebre al
despertarte? Si tomas la temperatura cada mañana antes de le-
vantarte verás que sube un poco durante el período de ovulación
cuando el huevo sale del ovario. Unas dos semanas más tarde,
poco antes de la menstruación, baja de nuevo. Por ello, el tomar
la temperatura puede ayudarte a prepararte para el período.
Esto es todo por hoy. Pregunta si tienes dudas.
Querido señor Vollman:
Me he atrevido a escribirle hoy porque los problemas con mi
período son cada vez mayores.
Pero, en primer lugar, quiero agradecerle su carta desde lo más
profundo de mi corazón. Estoy muy contenta de poder dirigirme a
usted con estos problemas y de que me dé consejos tan valiosos.
Durante las vacaciones de verano anduve mucho en bicicleta y
practiqué también muchos deportes. Poco antes de tener mi
período me mantuve caliente y elevé mis caderas con una
17
almohada.
Al tomar la temperatura al despertarme, pude saber con exactitud
el comienzo de la menstruación. Esta fue una de las experiencias
más agradables que tuve durante el verano. No tuve dolores, sólo
algunos muy débiles que no interrumpieron mis actividades
diarias.
Tengo que hacerle aún una pregunta que me resulta embarazosa
porque puede que no tenga sentido.
Espero que me entienda. Durante los primeros días del período,
cuando el flujo de sangre es muy fuerte, existen coágulos que
desaparecen al tercero o cuarto día. Al expulsarlos siento una
fuerte presión por dentro, que es, a veces, muy dolorosa. He
intentado varias cosas para ignorarla, pero me ha parecido lo
mejor permanecer quieta y esperar a que pase. Es muy
desagradable y a veces siento como si me desmayara. Tal vez
pueda usted decirme algo al respecto. Me siento muy feliz de
poder escribirle.
Querida Johanna:
Acabo de recibir tu carta y quiero contestarla de inmediato. ¿No
es acaso interesante que puedas aprender cómo funciona tu
cuerpo tomando la temperatura al despertarte?
La menstruación no consiste simplemente en sangrar. Por el
contrario, es más bien un efecto secundario. Después de la
ovulación, la envoltura interna del útero se halla preparada para
un posible embarazo. La envoltura crece, se hace más gruesa y se
rellena de nutrimentos especiales. Si la concepción no ha tenido
lugar, estos preparativos son superfluos. Cuando el organismo se
percata de ello, desciende la temperatura y la envoltura se
expulsa. Entonces puedes ver esos coágulos que forman parte del
nido. Mediante este proceso se origina una pequeña herida
dentro del útero que sangra y el período comienza. La expulsión
18
se efectúa por las contracciones periódicas del útero, muy
similares a las contracciones del parto al comienzo del proceso de
nacimiento.
Reflexión
De la correspondencia entre Johanna y el doctor Wollman he
aprendido que el consejo para vivir conscientemente con el
período y en una actitud positiva hacia él, llega, con frecuencia,
demasiado tarde a las chicas. Podemos pensar qué el tomar la
temperatura al despertarse sólo sirve para la planificación familiar
de los matrimonios.
Pero la edad de dieciséis años es, probablemente, la exacta para
empezar a hacerlo —para algunas chicas incluso antes. En todo
caso, ayuda a las mujeres a aceptarse a sí mismas y es con-
veniente incluso si no se casan. Si lo hacen, es una de las mejores
preparaciones para la vida de matrimonio.
El tomar conciencia de su ciclo ayudó a Johanna a aceptarse a sí
misma como chica. Incluso le ayudó a mejorar sus calambres y le
aminoró el dolor, como ella nos confirmó más tarde.
Hay un tema en su primera carta que aún no hemos tocado. Nos
comentaba la partida de su amiga, la que volvió al Brasil, con estas
palabras: «el trocito de vida que ella me daba se desmembró, de
nuevo, en mil pedazos».
Muchas cosas hubieran sido, ciertamente, más fáciles para
Johanna si su amiga hubiera podido permanecer con ella.
Repetidas veces, he insistido en la importancia de tener un amigo
del mismo sexo.
Esta será la cuestión clave en los dos próximos intercambios de
correspondencia.
Próximo capítulo: En mi casa siempre hay guerra
19