¿Qué significa “sed llenos del Espíritu Santo”
(Efesios 5:18)?
En Efesios 5:18, el apóstol Pablo utiliza la frase “sed
llenos del Espíritu Santo”. La pregunta es, ¿qué
significa esto? ¿Cómo puede el Cristiano ser lleno del
Espíritu Santo? La respuesta la encontramos en la
carta gemela de Pablo, la cual escribió a los santos en
la ciudad de Colosas. Note lo que Pablo dijo en
Colosenses 3:16, “La Palabra de Cristo more en
abundancia en vosotros…” La frase, “sed llenos del
Espíritu Santo” significa ser llenos de la Palabra de
Dios y no una operación directa y milagrosa del
Espíritu Santo como algunos argumentan. Efesios
5:18-19 y Colosenses 3:16 imparten el mismo mensaje.
De esta misma manera, al analizar otros pasajes de la Biblia, asegúrese de considerar
otros pasajes que puedan arrojar luz al significado que busca.
la llenura del Espíritu Santo es una característica de estilo de vida.
El Espíritu Santo es la tercera persona de la trinidad, quien viene a morar en la vida de los creyentes
el momento que éstos reciben a Cristo como su Salvador. Eso se desprende del testimonio bíblico.
En 1 Corintios 6:19 leemos lo siguiente: “O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu
Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?”
Esta es una obra que Dios hace a favor del creyente, independientemente de la voluntad del
creyente. Ningún creyente necesita por tanto orar o implorar que el Espíritu Santo venga a morar en
su vida. Todo verdadero creyente tiene el Espíritu Santo morando en su vida. Esto es lo que enseña
la Biblia.
Sin embargo, el hecho que el Espíritu Santo esté morando en todo creyente, no significa que todo
creyente esté lleno del Espíritu Santo. La llenura del Espíritu Santo depende de la voluntad del
creyente y por tanto es otra característica de la vida auténticamente Cristiana.
A medida que vamos avanzando en el desarrollo de este asunto, se hará evidente lo que significa ser
lleno del Espíritu Santo.
En primer lugar, consideremos el mandato a ser llenos del Espíritu Santo. Se encuentra en Efesios
5: 18 donde dice: “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del
Espíritu”.
La llenura del Espíritu Santo tiene que ver con el control de la conducta del creyente. Esto se
desprende de la ilustración que utiliza el apóstol Pablo al hablar sobre la llenura del Espíritu Santo.
Cuando una persona ingiere alguna bebida alcohólica, casi inmediatamente el alcohol llega a su
torrente sanguíneo. Si la concentración de alcohol en la sangre llega a determinado nivel, la persona
comenzará a sentir inmediatamente sus efectos. Estos efectos tienen que ver principalmente con el
cambio de conducta.
La persona deja de ser como normalmente es, cuando está sobria, y comienza a manifestar una
conducta que Pablo ha llamado disolución. Esta palabra, que es traducción de la palabra griega
“asotía”, significa exceso, derroche, desmán, habla de sobrepasar los límites de lo decente y entrar
al campo de lo indecente. Tiene que ver con la conducta de una persona en estado de ebriedad.
Pero ¿por qué es que la persona ebria actúa de esta manera tan irracional? Pues porque
voluntariamente ha cedido el control de su conducta al alcohol en su sangre. Pablo condena esto y
dice: En lugar de ello: sed llenos del Espíritu Santo.
En otras palabras está diciendo: No permita que el alcohol de un bebida alcohólica controle su
conducta, más bien permita que el Espíritu Santo controle su conducta. Cuando el Espíritu Santo
está controlando la conducta de un creyente, decimos entonces que ese creyente está lleno del
Espíritu Santo.
Ahora que tenemos en claro lo que significa ser lleno del Espíritu Santo, notemos que es un
mandato. Pablo no está diciendo: Si le parece sea lleno del Espíritu Santo, o si quiere sea lleno del
Espíritu Santo, o si siente que debe hacerlo sea lleno del Espíritu Santo. Nada de esto. Pablo está
dando órdenes. Sed llenos del Espíritu Santo. Es decir que no tenemos más opción sino obedecer lo
que Dios ha dicho por medio de Pablo. Si no estamos llenos del Espíritu Santo estamos en
desobediencia a algo que Dios ha ordenado.
Una vez que hemos considerado el mandato a ser llenos del Espíritu Santo, consideremos la manera
de ser llenos del Espíritu Santo. No es cuestión de querer o desear solamente. Tampoco es cuestión
de que alguien nos haga algo y como resultado comenzamos a ser llenos del Espíritu Santo.
Tampoco es cuestión de orar con fervor para ser llenos del Espíritu Santo.
La llenura del Espíritu Santo es el resultado de varias acciones en conjunto.
Número uno, un acto voluntario de ceder el control de la vida a Dios. Esto es lo que tenemos en
Romanos 12:1-2 donde dice: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que
presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.
No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro
entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.”
La llenura del Espíritu Santo comienza cuando consagramos nuestra vida a Dios. Es un acto
voluntario por el cual estamos diciendo al Señor: Aquí estoy, todo lo que soy y todo lo que tengo te
lo ofrezco a ti. Toma mi vida y haz de mí lo que tú quieras.
Número dos, un esfuerzo constante por obedecer lo que Dios ha dicho en su palabra. Hablando de
esto, Efesios 4:22-24 dice: “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que
está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos
del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.”
Es una exhortación a dejar lo que es propio de la vida vieja e incorporar lo que es propio de la
nueva vida. Luego el apóstol Pablo habla de desechar la mentira, desechar la ira, desechar el robo, y
desechar el vocabulario soez. Esencialmente está hablando de vivir en santidad.
Pero observe con atención lo que dice a continuación. Efesios 4:30 “Y no contristéis al Espíritu
Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención”.
Qué interesante. Los pecados citados anteriormente, y en general todo pecado, hace que se contriste
el Espíritu Santo, o que el creyente deje de estar lleno del Espíritu Santo.
La conclusión es obvia. La llenura del Espíritu Santo está en directa proporción a la obediencia a la
palabra de Dios. En la medida que obedezco lo que dice la Biblia, estoy lleno del Espíritu Santo. Si
desobedezco lo que dice Dios en su palabra, no estaré lleno del Espíritu Santo, aunque me haya
consagrado, aunque ore pidiendo ser lleno del Espíritu Santo, aunque ayune y aunque haga
cualquier otra cosa o me hagan cualquier otra cosa.
Número tres, una dependencia total y absoluta del Espíritu Santo. En Gálatas 5:16-17 leemos:
“Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la
carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que
no hagáis lo que quisiereis.”
Andar en el Espíritu significa una dependencia absoluta del Espíritu Santo para todos los asuntos de
la vida. Hemos considerado hasta aquí el mandato a ser llenos del Espíritu Santo y la manera de ser
llenos del Espíritu Santo.
Ahora vamos a considerar la manifestación de la llenura del Espíritu Santo. ¿Cuáles son las
evidencias de un creyente lleno del Espíritu Santo? En esto existe no poca confusión entre los
creyentes.
Casi siempre se piensa que un creyente lleno del Espíritu Santo será capaz de hacer todo tipo de
obras sobrenaturales. Si Usted piensa así, siento mucho desilusionarle. Una iglesia donde hubo una
amplia manifestación de obras sobrenaturales fue la iglesia en Corinto. Sin embargo, no había
muchos creyentes que estuvieran llenos del Espíritu Santo. Esto lo sabemos porque esta iglesia
estaba plagada de todo tipo de desórdenes.
Un cuidadoso examen de la manera como se manifiesta un creyente lleno del Espíritu Santo,
mostrará el fruto del Espíritu Santo. De esto nos habla Gálatas 5:22-23 donde dice: “Mas el fruto
del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra
tales cosas no hay ley.”
Al comparar estas virtudes con las que Cristo manifestó, se encuentra que son idénticas. Cristo
vivió lleno del Espíritu Santo. Un creyente lleno del Espíritu Santo manifestará un carácter
semejante al de Cristo. Además, un creyente lleno del Espíritu Santo lo manifestará en una vida de
adoración y alabanza a Dios.
Luego de dar la orden de ser llenos del Espíritu Santo, el apóstol Pablo prosigue diciendo lo que
tenemos en Efesios 5:19 donde dice: “hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos
espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones.”
La adoración y alabanza es típica de los creyentes llenos del Espíritu Santo. Esto no es cuestión de
gritar ¡Aleluya! a todo pulmón cuando alguien está predicando o cuando se está cantando en un
culto. Es cuestión de hacer de todo un motivo de alabanza y adoración al Señor en el diario vivir.
También, un creyente lleno del Espíritu Santo, lo mostrará mediante una vida de constante
agradecimiento a Dios. Efesios 5:20 dice: “dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el
nombre de nuestro Señor Jesucristo.”
La gratitud a Dios es característica de los creyentes llenos del Espíritu Santo. No son ese tipo de
creyentes que todos conocemos que viven quejándose de todo. Que la vida está cara, que el sueldo
no alcanza, que hace mucho frío, que hace mucho calor, que todos me miran mal, que Dios es
injusto, etc.
Dice Dios en su palabra que debemos ser agradecidos en todo. Es fácil dar gracias a Dios cuando
todo marcha como pensamos que debe marchar. Pero ¿cuándo las cosas no salen como
pensábamos? Allí es cuando nos llenamos de amargura y se nos hace difícil agradecer a Dios. Pero
un creyente lleno del Espíritu Santo encontrará que inclusive una prueba difícil es buen motivo para
agradecer a Dios, porque las pruebas son solamente oportunidades para que Dios muestre su poder
y su gloria.
Por último, la llenura del Espíritu Santo se manifiesta en una vida de sumisión a otros. Efesios 5:21
dice: “Someteos unos a otros en el temor de Dios” La sumisión, o el ubicarnos en el lugar que nos
corresponde dentro de una cadena de autoridad, es contraria al deseo muy carnal de estar siempre
encima de todos. Pero el creyente lleno del Espíritu Santo no tendrá ningún problema en someterse
a los demás.
La llenura del Espíritu Santo es otra característica de la vida auténticamente cristiana. Que por la
gracia de Dios nos sintamos desafiados a buscar la llenura del Espíritu Santo.