CONTEMPLACIÓN PARA ALCANZAR AMOR.
Los Ejercicios comenzaron con una introducción, el Principio y
Fundamento, importantísima. Y san Ignacio quiere terminar a
la altura de su comienzo. Esta contemplación es tan importante
como el Principio y Fundamento; reúne y concentra todo lo
contemplado en el Ejercicio.
Decía Benedicto XVI: “La vocación al amor es lo que hace del
hombre auténtica imagen de Dios, se hace semejante a Dios
en la medida en que se convierte en alguien que ama”.
Conviene hacer algunas aclaraciones con respecto al amor. Si
ya san Ignacio, en el siglo XVI, nos invita a meditar estas
aclaraciones antes de comenzar, ¿cuánto más en este tiempo,
en que difícilmente se encuentre una palabra que esté más
embadurnada, más manoseada que el amor? ¿Qué
entendemos hoy por amor? El santo de Loyola, hace dos notas
aclaratorias:
Primera nota. El amor se debe poner más en las obras que
en las palabras". Muchas veces nuestras obras no condicen
con el amor que profesamos. Incluso en la oración, decimos a
Dios cuanto lo amamos, pero cuando somos puestos a prueba,
¿dónde quedan las palabras? Es preferible obrar antes que
hablar. “Hijos míos, no amemos de palabra y con la lengua,
sino con obra y de verdad”. (1Jn 13, 8) “Todo aquel que quiera
entrar por el camino del verdadero amor divino, se prepare a
obrar mas bien que a hablar. Si obra, habrá amor, aunque
calle. Si no obra, por más que diga no habrá verdadero amor.
Obra mucho y habla cuando sea conveniente y tendremos el
verdadero punto del amor.” ¡Que importante que es el amor en
nuestra vida! San Agustín dice: “Ama y haz lo que quieras).
Una vez que nos decidimos a amar de verdad, la ley para
nosotros queda atrás, ya que todo lo que hagamos será por
amor. Pero para que este amor se entienda tal cual es, hay
que hacer otra aclaración…
Segunda nota: “El amor consiste en comunicación de las
dos partes. Es a saber, en dar y comunicar el amante al
amado lo que tiene, o de lo que tiene o puede. Y así por el
contrario el amado al amante. De manera que si el uno tiene
ciencia, dala al que no la tiene; si honores y riquezas, y así el
otro al otro.”
Oración preparatoria. La oración preparatoria es pedir gracia
a Dios nuestro Señor, para que todas mis intenciones,
acciones y operaciones sean puramente ordenadas en servicio
y alabanza de su divina majestad.
Primer preámbulo: “es composición, que es aquí ver como
estoy delante de Dios Nuestro Señor, de los ángeles, de los
santos interpelantes por mí”. Al ponernos delante de la corte
celestial, san Ignacio quiere que notemos la importancia del
momento que estamos pasando en los Ejercicios.
Segundo preámbulo: “será aquí pedir conocimiento interno de
tanto bien recibido para que yo enteramente reconociendo
pueda en todo amar y servir a Su Divina Majestad.”
Petición: en todo amar y servir.
Primer punto: Traer a la memoria los beneficios recibidos
de creación, encarnación, redención, Eucaristía, cielo, fe,
vocación bautismal, familia, y dones particulares, libertad,
memoria, voluntad, tierra, sol,.. y Dios desea dárseme.
Ponderad con mucho afecto cuánto ha hecho Dios Nuestro
Señor por mí y cuánto me ha dado de lo que tiene. Y
consiguientemente el mismo Señor desea dárseme en cuanto
puede según su ordenación divina. Y con esto reflectir en mí
mismo, considerando con mucha razón y justicia lo que yo
debo de mi parte ofrecer y dar a la Su Divina Majestad; es a
saber, todas mis cosas y a mí mismo con ellas así como quien
ofrece afectándose mucho: “Tomad Señor….
Debemos ir viendo cada una de las cosas que Dios nos ha
otorgado. Nos ha creado a nosotros, ¿por qué a nosotros? Son
infinitos los posibles que Dios podría haber creado en mi lugar,
y sin embargo me creó a mí. Incluso sabiendo que íbamos a
pecar, a ofenderlo. Sabiendo que mis pecados serían causa de
la encarnación y de la muerte del Verbo. No le bastó a Dios el
haberme creado sino que quiso hacerse hombre y redimirme.
Se nos ha dado a El mismo, en la Eucaristía. Así podemos
darnos cuenta de que no es nada el que nosotros le
devolvamos lo que somos. Si El ha hecho tanto por nosotros,
¿cómo vamos a ser tan mezquinos para darle algo a El?
San Agustín s: Qué tienes, que no hayas recibido?
Beneficios recibidos durante estos días
¿Cómo corresponder a tanto amor?
Segundo punto: “Mirar cómo Dios habita en las creaturas,
en los elementos dando ser, en las plantas vegetando, en los
animales sensando, en los hombres dando entender; y así en
mí, dándome ser, animando, sensando y haciéndome
entender. Asimismo, haciendo templo de mí, siendo creado a
la similitud e imagen de Su Divina Majestad. Otro tanto
reflexionando en mí mismo por el modo que está dicho en el
primer punto o por otro que sintiere mejor. De la misma manera
se hará sobre cada punto que se sigue.” Lejos está san Ignacio
de caer en un panteísmo, pues con suma verdad filosófica y
teológica podemos decir que Dios está presente en las cosas;
por “presencia, esencia y potencia”, dice santo Tomás. Está
dando el ser en las cosas. El padre Hurtado, en una
meditación, decía: “los directores espirituales no hacen
suficiente hincapié en esto, en que el cristiano debe entregar
todo a Dios; no basta con una parte. El quiere todo, es un Dios
celoso.”
Señor tu me sondeas y me conoces,…
En el vivimos, nos movemos y existimos,..
Respetar y vivir en la presencia de Dios
Vivir en intimidad con ÉL.
Tercer punto: “considerar como Dios trabaja y obra por mi
en todas las cosas creadas sobe la faz de la tierra. Esto es,
se comporta al modo en que trabaja cada cosa; así como en
los cielos, elementos, plantas, frutos, ganados, etcétera, dando
ser, conservando, vegetando y sensando. Dios trabaja en mi
interior. Consagrarle mi actividad. San Pablo, hacerlo todo para
gloria de Dios.
Cuarto punto: “Por último, mirar como todos los dones y
bienes descienden de arriba. Dios fuente de toda perfección.
Dones y bienes descienden de arriba. Así justicia, bondad,
piedad, misericordia, etcétera, así como del sol descienden los
rayos, de la fuente las aguas, etcétera. Después acabar
reflictiendo en mí mismo según está dicho. Acabar con un
Pater noster y un coloquio.” Todo está en la caridad, en el
amor. La perfección de nuestra vida consiste en la caridad. La
caridad, es la que nos une a Dios, y nos hace más parecidos a
El.
Decía san Juan de la Cruz: “En el atardecer de la historia
vamos a ser juzgados en la caridad”. El amor es el que hará
que nos entreguemos a Dios, ya sea en el matrimonio, o de
una manera más radical, si Dios así lo pide.
Decía san Alfonso María de Ligorio: “Cuántos nobles
personajes han abandonado su casa y su patria, sus riquezas,
sus parientes, todo cuanto tenían, para encerrarse en un
claustro y vivir únicamente consagrados al amor de Dios.
Cuantas doncellas han renunciado a la mano de reyes, y de
otros grandes personajes del mundo, y alegres corrieron a la
muerte, para corresponder de un modo al amor que
profesaban a Jesucristo, muerto por su amor, y ajusticiado en
un patíbulo infame”.
Sor Isabel de la Trinidad, poco antes de morir, ofreció a sus
hermanas, que recitaban junto a ella las oraciones de los
agonizantes esta frase: “A la tarde de la vida todo pasa, solo
permanece el amor. Es preciso hacerlo todo por amor”.
Y santa Teresita de Lisieux: “Ya lo he dicho todo, lo único que
vale la pena es el amor”.
Que María Santísima, quien supo amar como nadie, nos
alcance la gracia de poder amar de verdad, de poder entregar
nuestra vida a Dios por amor; de poder devolver “algo” de tanto
que hemos recibido del infinito, eterno, e inabarcable amor de
Dios.
San Francisco de Sales, perfección de los santos, la belleza de
la naturaleza. Todo me habla de la infinita perfección de Dios.
Tengo que transparentar a Dios, reflejar su amor.
En esta meditación nos puede ayudar recordar las “letanías
de agradecimiento”:
Gracias, Señor, por tus misericordias, / que me cercan en
número mayor, / que las arenas de los anchos mares / y que
los rayos de la luz del sol.
Porque yo no existía y me creaste, / porque me amaste sin
amarte yo, / porque antes de nacer me redimiste / ¡gracias,
Señor!
Porque bastaba para redimirme / un suspiro, una lágrima de
amor, y me quisiste dar toda tu sangre… ¡Gracias, gracias,
Señor!
Porque me diste a tu bendita Madre / y te dejaste abrir el
corazón / para que en él hiciese yo mi nido… / ¡Gracias,
gracias, Señor!
Porque yo te dejé y Tú me buscaste, / porque yo desprecié tu
dulce voz / y Tú no despreciaste mis miserias / ¡Gracias,
Señor!
Porque arrojaste todos mis pecados / en el profundo abismo
de tu amor / y no te quedó de ellos ni el recuerdo / ¡Gracias,
Señor!.
Por todas estas cosas y por tantas / que conocemos nada
más Tú y yo / y no pueden decirse con palabras / ¡Gracias,
gracias, Señor!.
¿Qué te daré por tantos beneficios, / cómo podré pagarte
tanto amor? / Nada tengo, Señor, y nada puedo, / mas
quisiera desde hoy, / que cada instante de mi pobre vida, /
cada latido de mi corazón, / cada palabra, cada
pensamiento, / cada paso que doy, / sean como un clamor
que te repita, / lleno de inmensa gratitud y amor: / gracias,
Señor, por tus misericordias / ¡Gracias, gracias, Señor!