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4 Filosofía y educación
El modelo educativo que plantea la Nueva Escuela Mexicana tiene como una de sus
aliadas más relevantes a la filosofía para comprender de manera más puntual
algunos de sus fundamentos y componentes. Es pertinente entonces que en los
programas y estrategias formativas para los docentes se incluyan temas que
aborden la relación entre filosofía y educación. La educación como un campo de
conocimiento donde se problematiza la producción, adquisición y transmisión de
saberes y cultura requiere de la filosofía para darle mayor sentido y significado en
la formación integral del ser. La filosofía, como un campo de saber reflexivo y crítico
de la realidad posibilita que el hombre configure su mundo con sentido y entre ello
se encuentra la educación. Esta relación entre filosofía y educación, donde se
advierte la presencia de la filosofía en los procesos educativos permite una
vinculación reflexiva sobre el mundo y sus problemáticas de manera simultánea.
La vinculación entre la filosofía y la educación favorece la estructuración de un
marco de referencia amplio que permite a las maestras y maestros un horizonte de
comprensión más claro sobre su tarea cotidiana en la relación pedagógica, en el
sentido de su enseñanza, en la formación de los sujetos, en la significatividad de su
práctica, además de pensar e intervenir sobre problemáticas concretas y
fundamentar su toma de decisiones pedagógicas con pertinencia.
En la historia del pensamiento educativo la filosofía ha estado presente a través de
los aportes de grandes filósofos y educadores. Desde la antigua Grecia con Platón
y Aristóteles, pasando Comenio, Pestalozzi, Rousseau, Herbart, Decroly,
Montessori, Spinoza, Gramsci, Dewey, Derrida, hasta nuestros días con Lipman,
Moran, Freire y muchos otros.
Sus aportaciones han colocado en el ámbito de la reflexión profunda categorías que
son parte de la práctica educativa como “pensar”, “transmitir”, “principio”, “educar”,
“teoría”, “fundamento”, “verdad”, entre otras. La reflexión filosófica sobre ellas
posibilita una mirada distinta y comprensión de la práctica en situaciones concretas,
además de ser un ejercicio mental de discernimiento donde se ponen juego la
validación de argumentos, posiciones, hipótesis y métodos que llevan al sujeto a
comprender la racionalidad que orienta su pensamiento y acción en determinado
contexto sociocultural.
Morales Solano (2008) nos dice que en el credo pedagógico de Dewey encontramos
tres palabras claves para entender el papel de la filosofía en la educación, a saber:
comprensión, interpretación, significación. La comprensión nos remite a la reflexión,
la interpretación a la crítica y la significación al sentido.
El filosofar es un ejercicio mental de reflexión sobre realidades fácticas (cosas y
acaecimientos) y realidades existenciales (personas y acontecimientos), una de las
cuales es justamente la educación, que trata de teorías y métodos, por una parte, y
de interrelaciones humanas, por otra. De dicho ejercicio mental resultan filosofías
dela educación, es decir, maneras plurales de concebir y realizar el acto de educar.
(Morales, 2008).
La filosofía nos llevará a caminos más firmes para comprender los fines de la
educación y el enfoque humanista que plantea la Nueva Escuela Mexicana al
generar que los actores educativos tomemos conciencia del sentido de la
humanidad, de la comunidad y sociedad en relación las tensiones existentes entre
“dependencia y libertad, absolutismo y relativismo, reduccionismo e integralidad”
(Morales, 2008) que están presentes en la narrativa pedagógica y educativa del
modelo curricular en debate y análisis.
En síntesis, la filosofía constituye para la educación, un elemento que aporta sentido
y significatividad a la acción pedagógica de las maestras y maestros y al proceso
formativo de los alumnos. El cambio paradigmático de un modelo curricular a otro
requiere de una reflexión filosófica que nos ayude a comprender el sentido de los
ejes articuladores que nos proponen configurar un posicionamiento distinto en la
relación con los otros, con el mundo social y natural, y con nosotros mismos. Este
proceso no es atributo ni marca exclusividad con la cuestión metodológica-didáctica,
sino que pertenece al campo de lo epistemológico y teórico cercano a lo filosófico.
Por esta razón, es que los espacios formativos que se proponen a los docentes no
deben limitarse a los consejos técnicos para la apropiación del sentido y significado
del nuevo plan de estudios, sino que deben explorar otros espacios y contenidos
que aborden temas relacionados con lo epistemológico, teórico, axiológico, y por
supuesto, lo filosófico.