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EL NACIMIENTO DE UNA MADRE: CO CONSTRUCCIÓN DE NUEVOS

SIGNIFICADOS EN TORNO A LA MATERNIDAD

Investigadora: Paloma Ruiz

Directora: Mariana Andrea Pinillos Guzmán

Pontificia Universidad Javeriana

Facultad de Psicología

Maestría en Psicología Clínica

Bogotá, D.C

17 de mayo de 2024

1
Tus hijos no son tus hijos
son hijos e hijas de la vida
deseosa de sí misma.
No vienen de ti, sino a través de ti
y aunque estén contigo
no te pertenecen…
Puedes darles tu amor,
pero no tus
pensamientos, pues,
ellos tienen sus propios pensamientos[...]

Khalil Gibran

2
Agradecimientos

Parte de mi apuesta es dignificar la historia de vida de las personas, dar un lugar y

reconocer su camino. Así que el primer agradecimiento va para mis consultantes: Nadia,

Gloria y Jenny por haberme compartido su historia y por permitirme acompañarlas en un

proceso psicoterapéutico confrontador pero cuidadoso y movilizador. Gracias por embarcarse

en este camino de reflexión y por construir juntas formas más libres de vivir su maternidad.

Durante todo este proceso fue inevitable no pensar en algunos referentes de madres

que tengo a mi alrededor y quisiera reconocerlo: A Nati, una de mis mejores amigas, que está

criando a su hijo desde el disfrute y la libertad, reconociendo los retos que vienen; a Carola,

que construye una relación libre y curiosa con sus hijos; a la Mona, mi cuñada, que junto con

mi hermano acompañan a mi sobrina a crecer como una niña valiente, sin miedo y llena de

curiosidades. Y a mi hermano, que me celebra y me apoya en todas mis decisiones.

A mi madre que no está conmigo y con quién me hubiera gustado conversar sobre su

maternidad, pero quién me enseñó sobre la ligereza, la determinación y la libertad.

Gracias a mi directora de tesis, Mariana, por su cuidado, dedicación, escucha,

invitación a reflexionar y, sobre todo, por compartir conmigo historias de su maternidad.

A mis amigos y amigas que me han acompañado a reflexionar y a soñar, desde la

escucha, las preguntas y la contención.

Finalmente, a Guille, quién me ha acompañado con su amor, escucha y presencia en

este proceso de constantes cuestionamientos. Gracias por soñar a mi lado y porque en un

mundo que puede ser tan hostil, juntos podemos construir otros mundos posibles.

3
Resumen

La presente investigación – intervención comprende los malestares emocionales

asociados a la micropolítica de la maternidad, y como se pueden construir nuevos

significados y formas de vivir esta experiencia. Por medio de una metodología cualitativa

basada en el Manejo Coordinado del Significado, se analizaron las consultas realizadas a

mujeres. Se incluyeron diarios de la terapeuta que dieron cuenta de un ejercicio reflexivo y

autorreferencial. Los resultados muestran las narrativas micropolíticas inscritas en los

discursos de las mujeres, la comprensión del malestar emocional como un problema

estructural de la esfera pública y no solo bajo una mirada individualizada del dolor y la co-

construcción de significados y narrativas alternativas en torno a la maternidad, reconociendo

su subjetividad e identidad más allá de ser madres.

Palabras clave: maternidad, narrativas alternativas, maternidad feminista, feminismo,

enfoque sistémico, Manejo Coordinado del Significado, autorreferencia.

4
Abstract

The present research-intervention addresses the emotional distress associated with the

micropolitics of motherhood, and how new meanings and ways of experiencing this

phenomenon can be constructed. Through a qualitative methodology based on Coordinated

Management of Meaning, consultations with women were analyzed. Therapist journals were

included to provide an account of reflective and self-referential exercises. The results

illustrate the micropolitical narratives embedded in women's discourse, understanding

emotional distress as a structural issue of the public sphere rather than solely through an

individualized lens of pain, and the co-construction of alternative meanings and narratives

surrounding motherhood, acknowledging their subjectivity and identity beyond motherhood

alone.

Keywords: motherhood, alternative narratives, feminist motherhood, feminism,

systemic approach, Coordinated Management of Meaning, self-reference.

5
Índice de contenidos

Resumen ................................................................................................................................................. 4
Abstract.................................................................................................................................................. 5
1. Planteamiento del problema ...................................................................................................... 10
2. Justificación ................................................................................................................................. 12
3. Estado del arte ............................................................................................................................. 14
Ser madre se lleva en la sangre ...................................................................................................... 15
Maternidad, sacrificio y culpa: una mirada desde el capitalismo .............................................. 18
Maternidad y feminismo: una mirada hacia las nuevas maternidades...................................... 19
4. Marco teórico .............................................................................................................................. 22
Configuración identitaria de la maternidad ................................................................................. 24
“El nacimiento de una madre”, y de narrativas alternativas libres de culpa ............................ 28
Entonces, ¿cómo acompañar desde la psicoterapia? ................................................................... 31
5. Objetivos ...................................................................................................................................... 33
Objetivo general:............................................................................................................................. 33
Objetivos específicos: ...................................................................................................................... 33
6. Metodología ................................................................................................................................. 34
Tipo de investigación ...................................................................................................................... 34
Categorías de análisis ..................................................................................................................... 36
Técnicas de recolección de información: ...................................................................................... 37
Consideraciones éticas .................................................................................................................... 38
7. Resultados .................................................................................................................................... 40
Características de las participantes y del proceso de intervención ............................................ 40
Análisis de datos desde CMM ........................................................................................................ 45
Narrativas micropolíticas de la maternidad: la historia de vida de las mujeres. .................. 47
Malestar emocional en torno a la maternidad: el dolor que trae ser madre. ........................ 64
Co construcción de nuevas narrativas frente a la maternidad y frente a su propia
subjetividad ................................................................................................................................. 87
Reflexiones emergentes sobre el espacio de devolución de resultados ................................. 118
8. Discusión .................................................................................................................................... 121
Configuración micropolítica de la maternidad .......................................................................... 122
Malestar emocional asociado a la maternidad ........................................................................... 128
Co construcción de nuevas narrativas frente a la maternidad y frente a su propia subjetividad
........................................................................................................................................................ 133
Finalmente, ¿y el lugar de la terapeuta? ..................................................................................... 136

6
Limitaciones y futuras investigaciones ........................................................................................ 140
9. Conclusiones .............................................................................................................................. 141
10. Referencias ........................................................................................................................... 143
11. Anexo 1.................................................................................................................................. 151

7
Índice de ilustraciones

Ilustración 1 ......................................................................................................................................... 46
Ilustración 2 ......................................................................................................................................... 47
Ilustración 3 ......................................................................................................................................... 61
Ilustración 4 ......................................................................................................................................... 78
Ilustración 5 ......................................................................................................................................... 83
Ilustración 6 ......................................................................................................................................... 91
Ilustración 7 ......................................................................................................................................... 96
Ilustración 8 ......................................................................................................................................... 97
Ilustración 9 ......................................................................................................................................... 98
Ilustración 10 ..................................................................................................................................... 105
Ilustración 11 ..................................................................................................................................... 114
Ilustración 12 ..................................................................................................................................... 114
Ilustración 13 ..................................................................................................................................... 121

8
Índice de tablas

Tabla 1. ................................................................................................................................................ 37
Tabla 2. ................................................................................................................................................ 38

9
1. Planteamiento del problema

Existen tantas formas de ejercer la maternidad como mujeres que, por alguna u otra razón,

terminan siendo madres. Aunque sea una maternidad deseada, existe una carga simbólica,

social y política sobre las mujeres y la forma en que deberían ser madres (Vivas, 2021). Esta

carga histórica y social ha constituido la aparición de cuestionamientos y sentimientos de

culpa en torno a la construcción de la maternidad (Paricio & Polo, 2020). Adicionalmente, la

mirada biológica ha tenido un peso importante a la hora de constituir un deber ser en las

mujeres. Por tanto, se ha pretendido ampliar esta mirada hacia una construcción social y

cultural que busca liberar los mandatos sociales de culpa y sacrificio, para que las mujeres

sean vistas como personas que pueden elegir ser o no ser madres y que, si lo deciden, puedan

construir su identidad más allá de la maternidad (Sánchez, 2016). Aunque la mirada feminista

ha sido fundamental para fomentar la construcción hacia nuevas maternidades, el malestar

emocional, relacionado con la culpa, surge en distintas etapas de la maternidad al tener que

cumplir con mandatos sociales preestablecidos (Paricio y Polo, 2020)

Históricamente, la maternidad y la crianza de los hijos han sido consideradas, para las

mujeres, como uno de los roles más importantes de su realización personal y, por tanto, recae

una gran responsabilidad y carga social perpetrada por un imaginario machista sobre esta

experiencia (Barrantes y Cubero, 2014). Las tecnologías de género asociadas a la maternidad

han reforzado los estereotipos sociales que llevan este rol. Los cánones sobre lo correcto y la

incapacidad de poder alcanzarlos, bien sea por temas económicos, laborales o sociales,

fomentan la aparición del sentimiento de culpa (Boragnio y Dettano, 2019), además de la

noción de mala madre que genera una carga simbólica significativa (Paricio & Polo, 2020;

Romero, Tapia, y Meza, 2019). Con esto en mente, es fundamental preguntarse por las

alarmantes alteraciones emocionales, como la depresión y la ansiedad, que según Malpartida

(2020) es considerado como un problema de salud pública, pues se ha visto que una de cada

10
cinco mujeres de ingresos medios y bajos lo sufren. Esto existe en las mujeres madres

(también al ser hijos deseados), cuando cuestionan su rol materno enmarcado en el deber ser

(López, 2020; Paolucci, 2021). Es decir, incluso siendo una maternidad deseada, se ha

identificado que puede haber alteraciones emocionales en las mujeres, relacionada a la carga

social que se impone sobre ellas.

Siguiendo lo anterior, es posible identificar que, hacen falta conversaciones

transdisciplinares de la maternidad en la psicoterapia y en la sociedad en torno a los

cuestionamientos que surgen a partir de la maternidad como experiencia. Será necesario

reconocer los dolores y las culpas, así como las alegrías que se vinculan a esta etapa. Esto

implica entonces ubicar a las personas dentro de un contexto social, económico y político

(Pakman, 2010) y entender, que la maternidad se vive de múltiples maneras. De esta forma,

la psicoterapia, tendría que ser un espacio dónde se pueda ayudar a darle un lugar a los

sufrimientos relacionados con la maternidad y, por tanto, a aliviarlos.

Estos discursos se han empezado a evidenciar en las consultas psicológicas en el ejercicio

práctico dentro de la Maestría de Psicología Clínica en Consultores de Psicología de la PUJ.

Es decir, se ha identificado que, aunque el motivo de consulta no está directamente

relacionado con el malestar emocional vinculado a la maternidad, hay una fuerte relación con

dicho sufrimiento que se evidencia en los discursos y fuentes de malestar que las mujeres

traen a consulta. Al ver esto, es posible ver que, en torno a la maternidad surja una carga

emocional que trae consigo una noción de sacrificio, de pérdida de identidad y de sentimiento

de culpa. Así, Ahmed (2015) plantea que las emociones no son sólo estados psicológicos,

pues esta mirada individualiza el malestar y la voluntad para cambiar. Más bien, lo que se

siente en lo personal es un problema social y colectivo.

11
Entendiendo este malestar emocional como un problema estructural, Medina (2020)

plantea que es posible desafiar al sistema todos aquellos contextos estructurales que forman

parte del malestar, a través del trabajo terapéutico con las familias. Lo anterior configura un

malestar psicológico que se enmarca en los discursos hegemónicos que se viven en los

escenarios micro políticos. El proceso terapéutico, al ser crítico y reflexivo, puede promover

la construcción de una identidad materna desde narrativas alternativas (White y Epston,

1993), a través de la resignificación y reconocimiento de las cargas micropolíticas. Esta

propuesta se enmarca en la posibilidad de poder reconocer los malestares emocionales

vinculados a la maternidad, y construir conjuntamente dentro del espacio de psicoterapia, la

posibilidad de una maternidad que no esté permeada por la culpa. Siguiendo estas premisas,

se plantea la siguiente pregunta de investigación: ¿Cómo posibilitar narrativas alternativas

sobre las identidades maternas, a través de la deconstrucción de las narrativas

micropolíticas que podrían configurar el malestar psicológico en las madres?

2. Justificación

El malestar emocional relacionado a la maternidad puede generar afectaciones tanto en la

persona como dentro de su sistema familiar. Esta idea tiene una pertinencia clínica ya que es

importante reconocer todo lo que surge en torno a la maternidad para ofrecer un mejor

acompañamiento emocional. Por ejemplo, Blázquez y Montes (2010) refieren que, en el

contexto sanitario sucede que las mujeres que no exteriorizan las emociones de satisfacción y

alegría ante la maternidad y, por el contrario, muestran indicios de rabia o tristeza, son

generalmente vistas con extrañeza y se plantean dudas sobre su voluntad de ser madre o

equilibrio hormonal, ya que no encajan dentro de los esquemas socioculturales.

12
Esto supone un reto al fomentar la construcción de espacios seguros, dónde sean válidos

todos los cuestionamientos en torno a la maternidad, dentro del quehacer terapéutico. Por

tanto, esta investigación surge de identificar algunas tendencias en torno a un tono emocional

más cercano a la queja, a la ira o a la ansiedad (Blázquez y Montes, 2010) en madres que

asisten a terapia psicológica, en donde se puede ver que, en algún momento de su maternidad,

aparecen preguntas que incluso cuestionan su rol como madres y atraviesan sentimientos de

culpa (Contreras y Castañeda, 2016).

Conectando con los Objetivos de Desarrollo Sostenible 5 “igualdad de género” de la

agenda 2030 de la ONU, el presente proyecto posibilita la conversación en pro de la lucha

por la igualdad y equidad de género, en cuanto a que permitirá abrir distintas posibilidades de

reconocer la maternidad como un asunto individual pero también colectivo, en el que se

pueden evidenciar desigualdades sociales y estructurales. De esta forma, se busca que haya

un impacto no solo en la esfera de lo privado sino, en las conversaciones de los

macrosistemas. Es decir, se reconoce que la maternidad no es un asunto netamente individual,

por lo que, siguiendo el modelo ecológico, estos espacios pueden tener un impacto

importante en los micro y macro sistemas (Bronfenbrenner, 1987). Además, promueve el

bienestar emocional en las mujeres que están atravesando diversos dilemas y malestares en

torno a su maternidad, pues permite la expresión de dichos malestares, y a su vez, busca las

maneras de relacionarse de una manera más compasiva con su rol como madres.

La intención no es desaparecer dicho sufrimiento, pues sería un objetivo inalcanzable,

pero sí poder comprender las narrativas micropolíticas saturadas en las madres, que generan

este malestar y así, posibilitar narrativas alternas por medio de la resignificación de la

experiencia materna. De esta manera, se plantea la comprensión de las maternidades bajo

unas lógicas de menor sufrimiento. Desde el feminismo, identificar las cargas micropolíticas

le apuesta por reconocer la maternidad ligada a la división sexual del trabajo (Sánchez, 2016),

13
pues a la mujer se le ha asignado esta función de cuidadora históricamente. Así, la

psicoterapia le apuesta a pensar los cambios culturales y sociales en cuanto a la igualdad en el

cuidado.

Adicionalmente, como se ha identificado a través de la revisión de literatura y de las

consultas psicoterapéuticas, existe una prevención por parte de las mujeres a hablar sobre

estos temas porque pareciera que la queja frente a la maternidad, las hicieras malas madres.

Desde la gestación, no hay mucha cabida para que las mujeres hablen de sus miedos o

cuestionamientos y eso hace que sufran en silencio. De esta manera, al abrir estos espacios de

conversación, es más probable darle lugar a los dilemas que surgen en las distintas etapas de

la maternidad, y así, puede disminuir dicho malestar emocional.

Finalmente, es importante resaltar que, si bien el alcance de la investigación se enmarca

en un contexto individual y terapéutico, según la Teoría General de los Sistemas, se propone

que, una diferencia o cambio en alguna parte de un sistema, provocará un impacto y una

transformación en otras partes de dicho sistema (de Schazer, 1986). En este caso, se entiende

el sistema como el entramado de relaciones cercanas de las mujeres que asisten a consulta, lo

que incluye a sus familias. En este sentido, el impacto de la psicoterapia individual puede

tener una influencia en las interacciones del contexto familiar de las consultantes, en torno al

desarrollo de la maternidad.

3. Estado del arte

La decisión de ser madre está permeada por distintos aspectos personales, culturales y

sociales que hacen que existan diversas formas de ejercer la maternidad (tanto si es esperada

como si no lo es). Aunque sea una maternidad deseada, hay una carga simbólica, social y

política sobre las mujeres y la forma en que deberían ser madres (Vivas, 2021). Este estado

del arte se compone de tres categorías: i. Ser madre se lleva en la sangre, que cuestiona la

14
mirada biológica inscrita en la maternidad; ii. Maternidad, sacrificio y culpa: una mirada

desde el capitalismo, que abarca cómo la mirada capitalista se ha inscrito en las formas de

ejercer la maternidad y, iii. Maternidad y feminismo: una mirada hacia las nuevas

maternidades, en donde se abordan nuevas propuestas para cuestionar y acompañar la

maternidad bajo una mirada feminista. Frente a la terapia, supone un reto al fomentar la

construcción de espacios seguros, dónde sean válidos todos los cuestionamientos en torno a la

maternidad dentro del quehacer terapéutico. Por otra parte, a nivel social, es fundamental

preguntarse por las connotaciones culturales y sociales que giran en torno a la maternidad, así

como las cargas micropolíticas inscritas en este proceso, con el fin de cuestionar ciertas

dinámicas que generan malestar y, apostar por una sociedad que reconozca las diversas

formas de maternidad que existen y que las pueda acoger.

La búsqueda se realizó por las siguientes bases de datos: Google Scholar, Jstore,

Academic Search Complete, Development and psychopathology, y se delimitó desde el año

2014 hasta la actualidad. Investigaciones más recientes estaban situadas en contextos muy

interesantes, pero diferentes al que concierne esta investigación. Los artículos encontrados

corresponden a Latinoamérica y España y se descartan lugares donde hay más diferencias

culturales y que supone otro tipo de preguntas (Oriente medio o África). En general, se

encontraron posturas que cuestionan la maternidad únicamente como un hecho biológico,

pues desde ahí se justifica que las mujeres están hechas para ser madres porque su instinto así

lo dice. Se identifica la importancia de abordar la maternidad reconociendo las implicaciones

físicas, sociales y culturales que conlleva y así mismo, buscar la manera para construir nuevas

formas de maternidad, libres de culpa y estigma social.

Ser madre se lleva en la sangre

Uno de los principales cuestionamientos que se hace entorno a la construcción de la

maternidad, es la mirada biológica que se tiene y que, a su vez, ha sido alimentada

15
históricamente. Bajo esta mirada, se sostiene que la maternidad es un rasgo femenino y por

tanto es natural que las mujeres sean empáticas, cuidadosas y con grandes habilidades para la

gestión de conflictos - características perfectas para ser una “buena madre” (Arciniega et al.,

2020; Hauser, 2017; Tous, 2016). Históricamente, la maternidad y la crianza de los hijos han

sido consideradas como uno de los roles más importantes de realización de la mujer y, por

tanto, recae una gran responsabilidad y carga social perpetrada por un imaginario machista,

que se entiende como una representación cultural del deber ser de las mujeres (Barrantes &

Cubero, 2014)

Desde el mismo lenguaje, se puede evidenciar la carga y el estigma social que pone la

responsabilidad sobre las mujeres, con expresiones como: “los hijos son de la madre, el padre

se consigue en cualquier esquina”, “madre es la que pare”, “ninguna madre abandona a sus

hijos” (Julio, 2019) o “Soy madre, luego existo” (Hauser, 2017; Visintin & Aiello-Vaisbgerg,

2017). Esto fortalece la idea de ser madre como máxima realización y, por tanto, será

entonces, la misión de vida de las mujeres. Incluso, desde el psicoanálisis se ha hablado sobre

el rol de la madre, casi siempre desde lo que da o no da a su bebé. La madre muerta, la madre

ausente, la madre abandónica o la madre esquizofrénica, tienden a explicar la patología de

los niños en relación con la madre y con la representación de ser mala madre (Drassinower,

2016).

En este sentido, Sánchez (2016) propone que, sustentar la maternidad como una

construcción social, implica romper con la idea que sostiene que las mujeres tienen como

función natural ser madres, y que está en la biología a través de capacidades, habilidades y

saberes. Si bien se involucran procesos biofísicos en el ejercicio de la maternidad, el modelo

arrebata la autonomía de las mujeres para decidir sobre sus cuerpos y proyecto de vida. En su

estudio, Contreras & Castañeda (2016) destacan la persistencia de maternidades intensivas

que, en relación con los proyectos profesionales y laborales de las mujeres, conllevan

16
malestares y culpas inscritos en mandatos de los roles de género propios de la hegemonía

masculina. La maternidad intensiva se entiende como la dedicación de las mujeres

exclusivamente al cuidado de sus hijos e hijas y lleva implícita la idea naturalizada de

sacrificio y renuncia a su identidad (Hays, 1998).

De esta forma, la maternidad no es la esencia de lo femenino, sino que se inscribe

dentro de un modelo cultural/social/ideológico, dónde son válidas las ambigüedades, las

contradicciones y conflictos normales de la maternidad. Además, Bernal & Palafox (2018)

plantean las siguientes preguntas: ¿la naturaleza marca un destino específico a la mujer? ¿Es

la maternidad algo instintivo? ¿Qué relación hay entre naturaleza, cultura, libertad e identidad

personal que construye una mujer? Estas preguntas ponen en cuestionamiento el hecho de

que la construcción identitaria de la mujer gire únicamente en torno a la maternidad, pues

cada mujer construye una identidad personal que tiene varias aristas más allá del hecho de

maternar.

Por otra parte, se encuentra también que pareciera que la maternidad es un constructo

donde los “expertos”, que por lo general son hombres cisgénero blancos, dictaminan las

normas ideales de la crianza, inscritos dentro de unas lógicas capitalistas (Moreno, 2020).

Así, Hauser (2017) propone dejar de suponer la maternidad como sinónimo de altruismo y

“empezar a considerarla como un hecho afectuoso que demanda, para poder practicarlo de un

camino previo, el amor de la mujer a sí misma, como persona responsable de su vida.” Al

cuestionar entonces lo biológico de la maternidad, se propende por un empoderamiento de

tiempo, espacio, recursos, cuerpo y finalmente - si se quiere- de los hijos (Tous, 2016)

17
Maternidad, sacrificio y culpa: una mirada desde el capitalismo

Ligado a lo anterior, la noción moderna de maternidad y la carga valorativa sobre esta,

empieza a desarrollarse en el siglo XVIII y coincide con la emergencia del capitalismo,

donde se comienza a ver a la familia como una unidad económica (Giallorenzi, 2017), de

manera que el capitalismo prepara a la mujer para este rol materno. Esto se relaciona con la

idea de que dentro de los cambios que supone ser madre, consiste en dejar la propia identidad

y, por tanto, se inscribe la noción de sacrificio en este rol (Valencia, Díaz, Vargas, & Rangel,

2021.). Bajo esta línea, se explora la construcción de identidad de la mujer desde la relación

entre el campo laboral y doméstico, y encuentran que se entrelazan de varias formas según la

clase social (Arteaga, Abarca, Pozo, & Madrid, 2021) En clases obreras, hay una noción de

sacrificio vinculado a: tener el rol de proveedoras, aparición de culpa por ausencia en la

crianza de los hijos y la precariedad de las condiciones laborales (esta noción de mujer

sacrificada se vincula al contexto general latinoamericano). El club de malas madres (2017)

realizó un estudio y encontró que el 58% de las mujeres han tomado la decisión de renunciar

a su trabajo desde que son madres, sólo el 6% de las parejas han renunciado.

Aparece entonces la culpa relacionada al deber ser. Históricamente, las tecnologías de

género asociadas a la maternidad han reforzado los estereotipos sociales que llevan este rol.

Los cánones sobre lo correcto y la incapacidad de poder alcanzarlos, bien sea por temas

económicos, laborales o sociales, fomentan la aparición del sentimiento de culpa (Boragnio &

Dettano, 2019), además de la noción de mala madre que genera una carga simbólica y

emocional muy fuerte (Paricio & Polo, 2020; Romero, Tapia, & Meza, 2019). Es

fundamental entonces, preguntarse por las alteraciones emocionales, como la ansiedad y la

depresión, que existen en las mujeres madres (también al ser hijos deseados), cuando

cuestionan su rol materno enmarcado en el deber ser (López, 2020; Paolucci, 2021). Incluso,

18
a nivel de la lactancia materna, aparece el sentimiento de culpa relacionado con el tema

laboral, al no poder responder a ambos aspectos al mismo tiempo. Pérez y Moreno (2017)

mencionan de una entrevista que salió de su estudio: “«el mayor impedimento que existe para

la lactancia materna, para una mujer que quiere realmente […] dar leche, es sobre todo

laboral».” Lo que invita a reflexionar sobre la mejor manera de normalizar la lactancia

materna en estos ámbitos. Es decir, la madre se mueve entre tener que lactar a su hijo y al

mismo tiempo, tener que trabajar a los 3 meses de haber parido. Los autores invitan entonces

a abordar la naturaleza sexual y de placer ligado a este acto, así como la importancia de

abordar la salud mental para prevenir afectaciones a futuro, pues no se pretende idealizar sino

ampliar la mirada de la maternidad.

Incluso, a nivel socio económico, en torno a la maternidad adolescente, se plantea que

existe una relación entre la maternidad a edades tempranas, pobreza y desigualdad

(Hernández, 2019) Por otra parte, se cuestiona que la deserción escolar en adolescentes que

fueron madres, no está relacionada directamente con el embarazo, sino desde antes, lo que

invita a pensar en las desigualdades y brechas sociales estructurales que existen en

Latinoamérica, más allá de la maternidad a temprana edad (Mazuera & Albornoz, 2017) En

este punto, la mirada hacia las jóvenes ya no corresponde hacia un ideal de maternidad,

enfocada al deber ser, sino que instaura la culpa de igual forma (de nuevo) en las mujeres, y

desconoce el entramado de responsables en torno a este fenómeno. Es decir, las parejas, las

familias y el Estado son también responsables, de manera que es posible pensarse en la

construcción simbólica de la maternidad desde un enfoque feminista (González, Royo, &

Silvestre, 2020).

Maternidad y feminismo: una mirada hacia las nuevas maternidades

Relacionado a lo anterior, y bajo una mirada feminista de la maternidad, Sancho, (2016)

realiza un estudio que gira en torno a tres campos de investigación: maternidades o

19
maternajes, estudios feministas y estudios para la paz. Se pregunta por iniciativas como las

Abuelas de la Plaza de Mayo o las Madres de Soacha (ambas iniciativas de mujeres madres-

abuelas cuyos hijos-nietos fueron desaparecidos en Argentina y en Colombia), sobre la

capacidad que tienen estas mujeres de resignificar y apostar desde el cuidado y la paz. Esta

mirada propone ver las prácticas maternales como potencialmente transformadoras,

transgresoras y subversivas, rompiendo así los discursos tradicionales de la maternidad. Estas

iniciativas surgen de dolores profundos de mujeres cuyos hijos y nietos han sido arrebatados,

pero invita a pensar las múltiples posibilidades que hay en torno a la maternidad. De igual

forma, se propone una mirada anarquista de la maternidad desde la cual se pueda confrontar y

diversificar los significados en torno a ésta, desde una noción que no implique perder la

identidad (Prieto & Florencia, 2014). Esta mirada propone un acercamiento que reconozca los

dolores y los malestares que pueden surgir y que, desde este reconocimiento, se permita la

construcción de múltiples identidades en la mujer además de la materna.

Sin duda, la mirada feminista aparece con fuerza al debatir las obligaciones que se

instruyen hacia la maternidad clásica, como parte fundamental de la organización social, que

conlleva una mirada de inferioridad y va en contra de la liberación e individuación de la

mujer. Esto implica también cuestionar los roles de género y la idea que la mujer está más

involucrada en la crianza sólo por el hecho de ser mujer. Esta carga genera sentimiento de

culpa a distintos niveles y se evidencia en las narrativas de las mujeres: cuestionamiento

sobre el rol profesional, balance entre hogar trabajo, conflictos familiares, entre otros

(Borelli, Nelson, River, Birken, & Moss-Racusin, 2017) Por esto, Simone de Beauvoir fue

referente en cuestionar y replantear la función de la mujer en torno a la maternidad, y plantea

que debe dejar de ser un destino obligado femenino, sino, como una potencialidad, opción y

fuente de placer (Lama, Bermant, Cuadrada, Galaman, & Bermant, 2016; Bogino, 2020)

20
Para Bogino (2020), la liberación de las mujeres requiere superar las condiciones

biológicas e individualizadas hacia una reorganización social que permita colectivizar los

cuidados. Ya que se puede cuestionar la maternidad hegemónica hacia la construcción de

otros significados y prácticas sociales y culturales de la maternidad. En este sentido, varios

estudios se plantean el reto de proponer una nueva mirada más amplia, más allá de la

biología, libre de culpa y de la idea de la maternidad como el fin único de la mujer. Por

ejemplo, y como parte de esta propuesta de acompañamiento, Hauser (2017) se ha planteado

el uso de la arteterapia para la construcción de nuevas realidades, lo que ha resultado muy útil

como estrategia de acompañamiento psicoterapéutico, pues aborda narrativas alternativas en

torno a la identidad materna. De esta manera, se podrá transitar esta etapa de maneras

diversas, reconociendo el malestar, pero también construyendo posibilidades libres de culpa

(Olza et al., 2017; Pérez & Moreno, 2017; Sancho, 2016).

A manera de conclusión de este apartado, la revisión de las investigaciones partió desde

una mirada histórica sobre las concepciones que han girado en torno a la maternidad y cómo

se ha partido de una base biológica para constituir un deber ser en las mujeres que por

cualquier motivo son madres. Esta carga histórica y social ha constituido la aparición de

sentimientos de culpa y de cuestionamientos en torno a la construcción del rol materno. Con

el tiempo, se ha pretendido ampliar esta mirada hacia una construcción social y cultural que

busca liberar este mandato de sacrificio y ver a las mujeres como seres que pueden elegir ser

madres o no, y que, si lo deciden, construyan su identidad más allá de la maternidad. Ha sido

fundamental la mirada feminista para fomentar la construcción hacia nuevas maternidades.

A partir de esta revisión, es posible identificar que existe una asignatura pendiente a nivel

social y a nivel de la psicoterapia con los cuestionamientos que surgen a partir de la

experiencia de la maternidad. Será necesario reconocer los dolores y las culpas, así como las

alegrías que se vinculan a esta etapa (reconociendo más bien las distintas etapas que hay en la

21
maternidad). Esto implica entonces ubicar a las personas en dentro de un contexto social,

económico y político y entender entonces, que la maternidad se vive de múltiples maneras, de

forma que la terapia, es un lugar dónde se puede ayudar a aliviar los sufrimientos

relacionados.

Así mismo, es importante porque la narrativa identitaria en torno a la maternidad no

necesariamente sale en consulta de manera directa; los discursos pueden aparecer de manera

transversal en otras problemáticas que traigan a consulta y puede ser fuente de malestar

psicológico. Será fundamental reconocer también el lugar político y social de la terapia, como

espacio de construcción de agencia y de entendimiento que la maternidad es también un

asunto que sale de la esfera de lo privado y en donde existe también una corresponsabilidad

de las redes vinculares de las mujeres. Pareciera que las madres no pueden expresar sus

sufrimientos ni tampoco la dicha que experimentan. En este sentido, Paricio & Polo (2020)

proponen que desde el acompañamiento terapéutico y reconociendo la multiplicidad de

identidades, es posible cuestionar los discursos sociales que provocan malestar emocional y

por medio de la deconstrucción de narrativas, promover la toma de decisiones con respecto a

las distintas formas de crianza y maternidad.

4. Marco teórico

Cómo se ha mencionado anteriormente, existen diferentes formas de vivir la maternidad

como personas que son madres, de manera que la configuración identitaria de la maternidad

se forja dependiendo del camino vital de las personas, así como del contexto histórico, social

y cultural. De alguna manera, la experiencia de maternar se considera como un proceso que

se da de manera individual y que no incluye a la sociedad; la alegría de ser madre, la culpa, la

rabia, los cuestionamientos que surgen, deben darse en el ámbito de lo privado y cada vez

más, se desliga lo comunitario y lo social de este proceso. Y la forma en que sea vivida la

22
maternidad, va a determinar la narración identitaria que se construya – y/o deconstruya - en

las mujeres, a lo largo de las diferentes etapas. Rich (1986) distingue entre la maternidad

impuesta por el patriarcado, generadora de sumisión y la potencial relación de las mujeres

con la experiencia materna, estableciendo una diferencia entre los prejuicios de la primera y

las virtudes de la segunda. No se trata de impugnar la maternidad, sino más bien, de

cuestionar como la ha definido e impugnado el patriarcado, de manera que se propicie la

creación y mantenimiento de la maternidad desde el terreno de la decisión libre.

En este sentido, el presente marco teórico va a explorar la manera en que se configura

dicha identidad materna y como, desde lógicas emergentes, es posible deconstruir las

narrativas que giran en torno a la culpa y a la noción de sacrificio que parece que atraviesa el

ser madre. Esto implica, empezar por la noción de identidad, para pasar a la manera en que se

gestan las narrativas identitarias y finalmente, bajo una mirada construccionista, cómo a

través del proceso psicoterapéutico, se puede acompañar a cuestionar y deconstruir las

lógicas hegemónicas para plantear lugares de diferenciación e individuación que se

relacionen de manera distinta con la culpa y el sacrificio que se atribuyen a la maternidad. Lo

anterior tendrá una mirada feminista transversal que promueve la reflexión crítica en torno a

la maternidad, reconociendo que el objetivo es poder identificar formas alternas de ejercer la

maternidad reconociendo los malestares que puede haber, pero también la potencia que existe

durante este proceso. De esta forma, será importante reconocer que es posible cuestionar la

maternidad como un asunto de la esfera de lo privado, si no que hace parte también de la

esfera de lo público, de manera que la responsabilidad no debe caer únicamente en la madre

si no también, en el sistema en que está inmersa.

23
Configuración identitaria de la maternidad

Podemos partir por intentar definir el significado de identidad para entender cómo se

configura en el ámbito de la maternidad. Para Martín - Baró (1990), la identidad se entiende

como el producto de la socialización en las siguientes dimensiones: se afirma en la relación

interpersonal, es relativamente estable, y es producto tanto de la sociedad como de la acción

de cada persona. Esa idea pone en manifiesto que la identidad no se construye de manera

individual, en el ámbito de lo privado, de manera que el contexto y la sociedad influyen en la

forma en que las mujeres madres se construyen a sí mismas. Sin embargo, es posible pensar

que la construcción identitaria no es necesariamente estática, sino que tiene la capacidad de

transformarse y si se quiere, de complementarse, de acuerdo con el ciclo vital y el contexto.

En este sentido, Pérez-Sales (2006) menciona que las identidades no son construcciones

estáticas, sino que están en movimiento, en interacción con la realidad social, puesto que, “la

realidad no tiñe identidades, las transforma” (p.289). Así, múltiples identidades tienen un

cuerpo común que puede pensarse de modos distintos.

Adicionalmente, Gergen (1991) realiza un planteamiento interesante que reconoce que la

identidad propia emerge continuamente, pues vuelve a conformarse a medida en que se abre

paso en las relaciones y, por tanto, hay un cambio permanente. Dentro de la posmodernidad,

existe una noción del yo saturado en el que cada vez más se acarrean mayores dudas sobre la

propia identidad. Sin embargo, refiere el autor que, dentro de este contexto, cada vez más se

ha dado pie a la construcción de un yo relacional en el que se da paso de una autonomía

individual hacia una inmersión en la interdependencia donde las relaciones del yo, son las

que se construyen. Esta idea invita a pensar en la posibilidad de reconocer que efectivamente,

la identidad materna se construye en relación, de manera que no es un asunto netamente de la

esfera de lo privado. Es decir, los seres humanos vamos construyendo nuestra identidad a

partir de la absorción de múltiples voces. Es en este sentido que, las creencias y

24
significaciones que giran en torno a lo que se espera de una madre, se instaura en la manera

en que las madres se ven a sí mismas.

Ahora bien, Morgan (2000) bajo una mirada narrativa, reconoce que hay varias formas de

entender la construcción de la identidad. En primer lugar, se construye socialmente e implica

el intercambio con otros, de manera que a través de la interacción se construyen los

significados. En este sentido, la identidad no se forma en el vacío, sino que es moldeada por

las experiencias y el entorno. Además, la identidad, que trae consigo una carga histórica,

social y cultural, se refleja en las narrativas saturadas de las personas. Normalmente, la

narración que tienen las personas sobre sí mismas, refleja la manera en que se construyen y se

perciben a sí mismas.

Bajo esta mirada, quisiera empezar a hablar de identidades, más que de una sola identidad

que habita la maternidad. Pareciera que las mujeres pierden su identidad cuando por algún

motivo son madres, porque entran a un lugar donde la prioridad es otro ser humano que

depende de ellas y su lugar de enunciación pasa a segundo plano. Pérez-Sales (2006)

menciona que existe una paradoja del proceso de construcción de identidad en donde muchas

veces se constituye no desde la afirmación de lo propio, sino desde la negación de lo otro. Se

construye la identidad materna casi desde la negación de la identidad antes de ser madre,

como mujer, como ser político y social. Además, el autor agrega que, desde los modelos

contemporáneos del constructivismo, la identidad se puede ver como el conjunto de

narrativas que las personas tienen de sí misma y que se determinan en gran medida, por la

imagen que los demás devuelven de sí mismos. En este sentido, considero fundamental

empezar a construir las discusiones en torno a la maternidad bajo una mirada colectiva, que

saque del ámbito de la esfera de lo privado la forma en que se constituye esta narrativa. Pues

es de esta manera que empiezan a surgir los sentimientos de culpa y de cuestionamiento de la

25
forma en que se construye la manera de ser madre, bajo la mirada social que juzga y

determina quién es una “buena” o “mala” madre.

Además, es importante ver que lo anterior también se empieza a definir desde las

imposiciones sociales con respecto a los roles de género, y, por ende, comanda todas las

experiencias corporales, empezando por las mismas experiencias sexuales (Bourdieu, 2007) y

la maternidad, también puede verse como una experiencia sexual. Bourdieu (2007) menciona

que “la oposición entre la sexualidad masculina, pública y sublimada, y la sexualidad

femenina, secreta y si se quiere alienada, no es sino una especificidad de la oposición entre la

extraversión de la política o de la religión pública y la introversión de la magia privada, arma

vergonzosa y secreta de dominados” (p.128)

De manera complementaria, Bauman (2003) refiere sobre los vínculos maternos, que se

transforman en una experiencia reflexiva, que no por ello es ajena e inmune a los

componentes estructurales -sean estos sociales, políticos o económicos- que la limitan. De

esta forma, es posible comprender la maternidad como un proceso tanto individual como

social, cargado de significados que van más allá de las experiencias en el ámbito de lo

privado. Cada vez más, bajo una lógica capitalista e individualista de la sociedad, se

aumentan las dificultades relacionadas a la crianza y al hecho de ser madres, donde se

invisibiliza las necesidades y se limitan la redes sociales y familiares. Esto hace que la

crianza se considere entonces, como un asunto privado y particular, desvaneciendo la

importancia del cuidado colectivo.

Ahora bien, ligado a las nociones de identidad, es importante reconocer la noción de

subjetividad desde un enfoque sistémico, ya que, según Hernández, Estupiñán y Serna

(2017), esta entraña una dimensión relacional y se reconoce a nivel intersubjetivo. En este

sentido, se entiende “como el mundo de lo psicológico, asumido este como el entramado

26
relacional donde coinciden órdenes biológicos, sociales, culturales y políticos en la forma

encarnada que es el cuerpo.” (p. 47). Además, los autores introducen que la emergencia de la

subjetividad pasa por el cuerpo, es decir, que la manera en que se habita el mundo se inscribe

en los cuerpos. Bajo esta mirada, cobra total sentido la forma en que la identidad materna se

inscribe en los cuerpos de las mujeres y que, a su vez, está atravesada por cargas políticas,

sociales y culturales que se construyen desde el patriarcado.

La subjetividad inscrita en los cuerpos maternos hace que las mujeres atraviesen los

cambios normales en el cuerpo que trae el embarazo y la crianza, de una manera más

dolorosa. Es decir, si no existiera la carga de la manera en que las mujeres deberían verse y

transitar la maternidad, sería posible disminuir el malestar emocional que puede traer

enfrentarse a los cambios corporales. Además, también atraviesa las decisiones de cómo las

mujeres quieren vivir su maternidad. En este sentido, Federici (2004) resalta que, dentro de la

teoría feminista, el cuerpo ha adquirido una especial importancia en todos sus aspectos:

maternidad, parto, sexualidad, entre otros. Bajo esta mirada, se niega a identificar el cuerpo

con la esfera de lo privado y propone hablar entonces de una “política del cuerpo”. Entonces,

el cuerpo puede ser tanto una fuente de identidad como una prisión para las mujeres madres.

Conectando con estas ideas, Sánchez (2016) resalta que no se puede negar el carácter

doloroso que puede tener la confrontación del mito que gira en torno a la madre, pues

aparecen los sentimientos de culpa, la sobre exigencia, el miedo y la incomprensión que

deben afrontar las mujeres y que se ha determinado por significados sociales tanto a nivel

privado como público.

Este apartado dio cuenta de las nociones de identidad desde donde se empieza a tejer la

mirada frente a la forma en la que se construyen las identidades maternas. Esta propuesta

plantea la posibilidad de reconocer las múltiples formas en que las mujeres construyen

constantemente estas identidades, y como estas están influidas a su vez por un contexto

27
histórico, social, político y cultural. Esto significa que, como se ha mencionado antes, la

subjetividad de las mujeres madres se transforma en cuanto hay un tejido relacional. Por

tanto, reconocer que dentro de la narrativa identitaria de la maternidad existen diversos

malestares y cuestionamientos, puede ayudar a que justamente, exista la posibilidad de crear

narrativas identitarias alternativas libres de culpa, como se desarrollará en el siguiente

aparatado.

“El nacimiento de una madre”, y de narrativas alternativas libres de culpa

La manera en que narramos nuestra identidad refleja de cierto modo, la forma en que nos

vemos y nos constituimos. Si se quiere, podemos hablar no solo del nacimiento de un bebé,

sino del nacimiento de la madre. Además, de cómo se produce de alguna manera, una nueva

identidad que se construye desde una experiencia transformadora que se atraviesa desde el

momento de la concepción hasta la crianza. En este sentido, y continuando con la idea del

apartado anterior, es importante pensar también en la corresponsabilidad de las otras figuras

de cuidado (por ejemplo, los padres, bajo una mirada tradicional de familia).

White y Epston (1993) mencionan que la narrativa es la forma que adquiere la

descripción de nuestra experiencia en el contexto del lenguaje y la cultura, en

correspondencia con la historia de los sujetos y el entramado social y relacional. De esta

manera, proponen que, dentro del marco terapéutico, es importante trabajar con las personas

y sus historias para devolverles la autoría de sus vidas. En este sentido, las conversaciones de

re-autoría invitan a las personas a continuar desarrollando y narrando sus vidas, pero también

ayudan a incluir aspectos y experiencias potencialmente significativos de sus vidas. Por su

parte, (Morgan, 2000) refiere que estas conversaciones de re-autoría que empiezan a ser parte

de la construcción identitaria de las personas, se construyen en el intercambio con otros. En

este sentido, para White (2007) las negociaciones que se hacen sobre las historias de vida de

las personas constituyen igualmente, una negociación en la identidad, de manera que, la

28
construcción de narrativas alternativas propicia nuevas posibilidades de actuar en el mundo y,

por tanto, nuevas formas identitarias.

Como se ha mencionado anteriormente, este proceso de re-autoría y de construcción de

identidades, no es innato ni inamovible; en este participan múltiples voces que ayudan a que

se signifique y se logre dar un sentido coherente en sus vidas. Es decir, la reconstrucción

identitaria y narrativa de las personas es relacional. Adicionalmente, y bajo una mirada

feminista, Sánchez, (2016) resalta que la autonomía que se construye en la experiencia de la

maternidad es un principio de la subjetividad que busca la transformación de las mujeres que

reconozca el peso del patriarcado en la sociedad, pero también la posibilidad de cuestionarlo

y liberarse de este. Es decir, esta carga histórica sobre las mujeres representa un peso

importante en la manera en que narran su identidad materna y a su vez, en como la viven. Al

poder cuestionar, se abre la posibilidad de construir conversaciones alternativas y así mismo,

narrativas identitarias diferentes. La mirada feminista es fundamental para generar narrativas

que cuestionen las cargas hegemónicas y que promuevan la autonomía y la liberación de

cuestionamientos de culpa que aparecen constantemente en la maternidad. Adicionalmente,

cabe recordar la importancia del cuidado colectivo en este proceso y del involucramiento de

las redes de apoyo de las madres, pues no solo se trata de poner la carga en las mujeres de

cuestionar y reconfigurar sus narrativas, sino de reconocer que las cargas compartidas, pesan

menos.

En este sentido, Hernández, Estupiñán y Serna (2017) manifiestan que la narración es el

dominio que emerge de la vinculación y, por tanto, es del dominio de la subjetividad. De esta

manera, la narración que las personas tienen sobre sí mismas y que se da a través del relato,

es la condición pragmática que es constitutivo del self. Ahora bien, continuando con una

visión sistémica y una perspectiva narrativa, Paricio y Polo (2020) proponen preguntarse lo

siguiente: ¿cómo se definía la mujer antes de la maternidad? Aquí vale la pena abordar la

29
forma en que se veían a sí mismas antes y después, así como los posibles duelos que pudieron

atravesar en el proceso y también las ganancias que ha traído la maternidad; sobre las

disonancias entre el ideal materno y la maternidad real, cuestionando los presupuestos y las

cargas sociales que giran en torno a esta; la posibilidad de abrirse a nuevas identidades,

teniendo en cuenta que muchas veces se puede desdibujar la identidad propia y favorecer

entonces la co-construcción de historias propias; y finalmente, explorar redes afectivas y

sociales donde se pueda poner el malestar de su individuación para ponerlo en un contexto

social más amplio. Lo anterior fomenta la construcción de narrativas alternativas, que

cuestionen los mandatos sociales y la noción de culpa inscrita en el acto de maternar.

Bauman (2003) plantea una mirada distinta que propone que, en la actualidad, los hijos

son de alguna manera, un objeto de consumo emocional, y, por tanto, los objetos de consumo

sirven para satisfacer una necesidad o un deseo del consumidor. “Las alegrías de la

paternidad (el autor erróneamente incluye dentro de la paternidad a la maternidad,

anotación mía) vienen en un solo y mismo paquete con los sinsabores del auto sacrificio y el

temor a peligros desconocidos.” (p.41). Cuestionar esta idea puede permitir construir una

maternidad que si bien reconoce la incertidumbre y los retos que conlleva, se geste desde la

libertad de culpa y sacrificio, sin desdibujar las identidades alternas a la maternidad. Butler

(2007) refiere entonces que “el cuerpo materno ya no sería la base oculta de toda

significación, la causa tácita de toda cultura, sino un efecto o una consecuencia de un sistema

de sexualidad en el que se exige que el cuerpo femenino acepte la maternidad como la

esencia de su yo y la ley de su deseo” (p.194) Esta idea invita entonces, a pensarse la

maternidad no desde el deber ser de la mujer, sino desde un lugar que cuestione la noción de

posesión y de responder a los mandato sociales, de manera que disminuye todas estas cargas.

A lo largo de este apartado se habló sobre la posibilidad de construir narrativas

alternativas en torno a la identidad materna y como, al reconocer las cargas hegemónicas es

30
posible disminuir los sentimientos de culpa y de malestar emocional que pueden aparecer en

el proceso de la maternidad. También es claro que puede ser difícil pretender cuestionar un

contexto que históricamente ha puesto cargas sobre las mujeres, de manera que el proceso

puede ser paulatino. Es decir, dentro del contexto de esta investigación, es un paso importante

que las mujeres decidan ir a psicoterapia, de manera que este espacio puede ser el inicio para

cuestionar y movilizar narrativas libres de culpa y, por tanto, bajo una mirada sistémica, si se

mueve una parte del sistema, se puede movilizar el resto de sus partes (de Shazer,1984).

Entonces, ¿cómo acompañar desde la psicoterapia?

El acompañamiento terapéutico supone también una apuesta política que reconozca el

contexto en el que está inmersa la consultante. Frente a una mujer que es madre, será

importante reconocer la carga histórica y social que esto supone y cómo el espacio

terapéutico se convierte en un lugar que fomenta la emancipación y la construcción de

narrativas no hegemónicas en torno a la maternidad. Esto implica validar los discursos y

entender cómo y por qué la gente se narra a sí misma de la manera en que lo hace. Es decir,

no se trata de imponer entonces que el proceso de narrarse como madre debe estar

necesariamente libre de culpa ni de sentimientos encontrados, porque eso implica desconocer

la humanidad de la otra persona. Se trata más bien de recoger el entramado de emociones,

relaciones y cargas que se constituyen en torno a la construcción de identidades.

Gergen (2003) plantea que cuando las personas buscan psicoterapia, es porque tienen una

historia que contar, que por lo general está cargada de preocupaciones, desconcierto, rabia en

torno a alguna relación o a la vida misma. Al hablar, “simultáneamente se involucra en la

construcción del mundo [...] la construcción del mundo depende del hecho de que el lenguaje

no funciona como un arreglo o colección de sonidos, sino como un sistema de símbolos”

(p.125) Desde este lugar, se puede empezar a co-construir otras formas de narrar no sólo la

identidad, si no la experiencia individual y social de maternar. Para White y Epston (1990)

31
“las personas dan sentido a sus vidas y relaciones relatando su experiencia y que, al

interactuar con otros en la representación de estos relatos, modelan sus propias vidas y

relacionan este significado a sus vidas y relaciones contando su experiencia” (p. 30)

Gergen (2003) menciona entonces, desde un punto de vista construccionista, que la

multiplicidad narrativa es importante en cuanto a las implicaciones sociales, y “cuanto más

capaces seamos de construir y reconstruir nuestra autonarración, seremos más ampliamente

capaces de sostener relaciones efectivas. (p.175). Esta mirada relacional es clave en el

acompañamiento terapéutico, pues propone un acercamiento que fomente la reconstrucción

de narrativas desde la autonomía y libertad de las mujeres madres. De esta forma, será

importante entender que no hay una forma ideal de ser madre, pero sí que existen diversas

cargas sobre las mujeres. De manera que, al acercarse desde una escucha genuina, al amplio

contexto de la persona, es posible desde el cuidado, construir una narrativa desde la libertad,

la autonomía y el reconocimiento de una maternidad que haga sentido a la persona.

Por otra parte, Morgan (2020) expresa que, dentro de la psicoterapia, el terapeuta está

interesado en buscar y co-crear conversaciones e historias de identidad que ayuden a las

personas a romper con la influencia de las narrativas saturadas en torno a los problemas que

enfrentan. La idea del espacio terapéutico es entonces buscar historias alternativas que hagan

sentido para las personas, en coherencia con la manera en la que les gustaría vivir. Bajo esta

mirada, Anderson (1997) habla sobre el cambio en psicoterapia, reconociendo que se empieza

a generar a través del lenguaje, desde la conversación. A través del diálogo se genera una

nueva narración y por tanto, la apertura a otras posibilidades. Según la autora, “el poder

transformador de la narración descansa en su capacidad para relatar o re-relacionar los hechos

de nuestras vidas en el contexto de un significado nuevo y diferente” (p. 48).

32
De esta manera, será importante pensar en la relación terapéutica, que es el lugar donde se

pueden gestar otras narrativas. Según Gergen (2007) esta relación representa el

establecimiento de una nueva coordinación que se da a partir de la relación de los recursos

que ponen tanto consultantes como terapeutas en el espacio, con el fin de construir un espacio

colaborativo que permita entonces, la generación de nuevas posibilidades. Esto implica

reconocer también las cargas y prejuicios que están en el terapeuta y las movilizaciones

emocionales que se van dando durante el acompañamiento de los casos. De esta forma, vale

la pena ver la maternidad que viven las mujeres que consultan, bajo toda la complejidad que

esto implica. Desde un lugar macro, reconocer la influencia cultural, social e histórica que

existe y, por otro lado, desde un lugar micro, reconocer la manera en que las mujeres han

construido su propia maternidad y así mismo, dar lugar a las percepciones del terapeuta. Esto

lleva a tener una postura de no – saber (Anderson, 2020) y a no ir tan rápido para asumir

presupuestos: a reconocer los ritmos de los sistemas, lo no dicho y la posibilidad de los

diálogos generativos.

5. Objetivos

Objetivo general:

Co-construir narrativas alternativas de la identidad materna que, desde el proceso de

comprensión del posible malestar psicológico, den cuenta de narrativas micropolíticas

presentes sobre la maternidad.

Objetivos específicos:

● Identificar el posible malestar emocional derivado de la maternidad a través de las

construcciones identitarias que construyen las mujeres.

● Reconocer las lógicas micropolíticas que hacen parte de la configuración

identitaria de la maternidad.

33
● Reconocer las narrativas identitarias alternativas de la maternidad co construidas

en el espacio terapéutico.

6. Metodología

Tipo de investigación

El enfoque metodológico propuesto para el desarrollo de esta investigación desde una

perspectiva cualitativa se basa en la investigación - intervención a mujeres madres que hayan

estado en proceso por psicoterapia con la investigadora. Bajo una mirada sistémico –

construccionista, con un diseño hermenéutico, que según Martínez (2004) tiene como misión

descubrir los significados de las cosas, interpretar de la mejor manera las palabras, textos,

gestos y en general, el comportamiento humano “conservando su singularidad en el contexto

de que forma parte” (p. 102). La hermenéutica según Anderson (2020) plantea que “no es un

intento de alcanzar el significado verdadero o la representación correcta” (p.74) puesto que

cada interpretación es una versión de la verdad, y se construye en la interacción. Gadamer

(citado en Anderson, 2020) identifica la importancia de la contribución del intérprete a la

experiencia interpretativa, lo que invita a pensar en el lugar que tendré dentro de la

investigación-intervención. Asimismo, el proceso de comprensión se sitúa en el lenguaje, la

historia y la cultura.

Siguiendo a Gadamer (citado en Parker, 2018), como parte de esta mirada, la

comprensión es un proceso productivo y un diálogo entre pasado y presente que se lee en su

contexto histórico, por tanto, no se trata de reproducir, ni reconstruir la experiencia materna y

las narrativas y significados creadas en torno a esta. Lo anterior implica que la investigación

debe involucrar un diálogo entre el investigador y el participante, “en el que el investigador

recurre a sus preconcepciones más que intentar salir de ellas” (Parker, 2018, p.125). En este

34
sentido, Ricoeur propone una hermenéutica que se amplía al dirigir la interpretación hacia la

pluralidad de discursos de las personas, teniendo en cuenta el universo simbólico de las

mismas. La base para esto es generar una reflexión sobre la experiencia vivida y el

acercamiento a las relaciones estructurales que están implícitas en esta (Agís, 2006) Parker

(2018), considera que el modelo hermenéutico, propone que la interpretación no es

simplemente “adentrarse” en la vida de un individuo “sino contactarse con una manifestación

del proceso de vida” (p. 122), que, en este caso, tiene que ver con la maternidad

Las consultas fueron grabadas y posteriormente, transcritas como parte del proceso de

análisis de información. Asimismo, se utilizaron los protocolos realizados en el marco de las

supervisiones como insumo, ya que este elemento permite analizar las transcripciones de las

entrevistas clínicas a la luz de conceptos teóricos y a su vez, permite la construcción de

hipótesis sobre los casos. Bajo una mirada reflexiva, será importante dar cuenta de mi propio

lugar como investigadora, dentro de la relación terapéutica.

Un componente importante tiene que ver con el acercamiento cualitativo de investigación

- intervención, porque promueve que el conocimiento se va desarrollando en la propia acción.

Es en este sentido, la pregunta de investigación propuesta se desarrolló dentro del mismo

proceso terapéutico y, por tanto, es en el espacio de psicoterapia donde se da el lugar para que

las consultantes sean las protagonistas y co-participantes de la creación de narrativas

alternativas y nuevos significados en torno a la maternidad. Según Hernández (2010), la

aproximación cualitativa es apropiada para las investigaciones de psicología clínica porque el

terapeuta - investigador se inscribe de manera paralela en una relación clínica y de

investigación con los consultantes.

Se realizó el análisis de la información a partir del manejo coordinado de significado

(CMM, por sus siglas en inglés coordinated management of meaning), que se basa en la

35
teoría sobre la comunicación humana la cual tiene relación con la pragmática de la acción

social y la poética del orden social. En este sentido, según Pearce (2010) se centra en los

patrones de comunicación y los efectos que tiene este proceso sobre las personas. La

comunicación no se entiende como un proceso intrapsíquico, sino como un proceso circular

que se da en la interacción. Siendo importante identificar los diferentes marcadores de

contexto desde los cuáles las madres construyen su narrativa identitaria. Esto permite puntuar

la secuencia de las acciones, los cambios identificados y las tensiones que existen entre la

historia vivida y la historia contada (Pearce, 2006). Por otra parte, el CMM provee a las

personas como participar en acciones proactivas y reactivas destinadas a generar actuaciones

conjuntas de patrones de comunicación que desean. En un sentido práctico, se preocupa por

la forma en que las personas actúan y crean patrones que configuran formas de vida y, por

tanto, tienen efectos sobre sus vidas. A nivel del lenguaje, se propone que los mensajes están

cargados con múltiples significados y, además, las narrativas alternativas que emergen

pueden potenciar cambios en diferentes niveles de contexto incluyendo los discursos

dominantes.

Categorías de análisis

A partir de esto, se proponen las siguientes categorías de análisis, además de las

categorías emergentes que surjan durante las intervenciones:

1. Narrativas micropolíticas de la maternidad: se refiere a aquellas narrativas

inscritas en los discursos que denotan las posturas hegemónicas de la cultura y que

emergen en el relato de las mujeres en torno a su ejercicio materno.

2. Malestar emocional en torno a la maternidad: esta categoría busca dar cuenta de

las manifestaciones del posible sufrimiento psicológico relacionados a la maternidad.

36
3. Co-construcción de nuevas narrativas: se entiende como las narrativas alternativas

que pueden emerger en el proceso psicoterapéutico, que dan cuenta del cambio frente

a las posturas identitarias de la maternidad como reflexión de lo vivido en la terapia

Como parte del proceso de investigación, se construyó la siguiente tabla que fue la base

para realizar el análisis de información, en lógicas de CMM:

Tabla 1.
Tabla Guía para construir el análisis de información.

Guion de vida Interacciones Guion de vida del


construidas terapeuta y
(Episodios- Relaciones) autorreferencia
Narrativas
micropolíticas
de la
maternidad
Malestar
emocional en
torno a la
maternidad
Co-
construcción de
nuevas
narrativas

Técnicas de recolección de información:

La información recolectada y analizada para la presente investigación se basó en sesiones

de psicoterapia llevadas a cabo en Consultores de Psicología de la PUJ, con los tres casos que

serán expuestos a continuación. Dichas sesiones fueron grabadas en audio y trascritas para

posteriormente, ser analizadas en el Software de Análisis cualitativo NVivo.

Igualmente, se incluyó un diario de consultas por cada consultante para después de cada

sesión, empezar a dar cuenta de las emergencias a la luz de cada categoría, así como el lugar

autorreferencial y de segundo orden. El diario tuvo la siguiente configuración:

37
Tabla 2.
Modelo del diario de consultas

Sesión # Fecha Desarrollo Estrategia Categoría de análisis Reflexión - auto

terapéutica referencia –

segundo orden

Consideraciones éticas

Riesgos de la investigación:

Conforme al artículo 11 de la Resolución 8430 de 1993 del Ministerio de Salud, en el cual se

clasifican las investigaciones en categorías, para la presente investigación, se toma que los

riesgos asociados a la misma son mayores que el mínimo, en cuanto a que las preguntas

podrían llegar a generar confrontaciones y malestar emocional. Sin embargo, enmarcado

dentro del contexto terapéutico y de contención, estos riesgos disminuyen. La investigadora

es psicóloga con tarjeta profesional activa, sin antecedentes deontológicos disciplinarios en el

ejercicio de la profesión emitidas por el Colegio Colombiano de Psicólogos y la Secretaría de

Salud de Bogotá. Igualmente, la investigación estará apoyada por la directora de tesis, quien

es psicóloga clínica y cuenta de igual forma con su tarjeta profesional.

Dilemas éticos:

Dentro de los dilemas éticos que se consideraron dentro de la investigación están:

La dificultad para establecer alianza terapéutica con las consultantes, situación que

requerirá de supervisión y habilidades terapéuticas para generar un espacio seguro, dónde se

38
explicará antes de iniciar la investigación, los objetivos, características condiciones y riesgos

que implica.

Abandono del proceso terapéutico, en el cual se reconoce que tanto la investigación

como la atención por psicoterapia son totalmente voluntarios y que va a primar el bienestar

de las consultantes.

Riesgos ambientales y planes de manejo:

Es importante resaltar que la investigación- intervención se enmarca dentro de las

prácticas clínicas de la Maestría en Psicología Clínica, las cuales se realizan en Consultores

de Psicología y cuenta con los avales por parte de la Secretaría de Salud. Así mismo, en caso

de que se presente una crisis, la investigadora cuenta con las habilidades necesarias para

intervenir y adicionalmente, Consultores de Psicología cuenta con los protocolos pertinentes

para cada situación.

Comunicación con las participantes:

Para efectos de mantener la privacidad y confidencialidad de las participantes, el

desarrollo de la investigación se realizaró de conformidad con la ley 1581 de 2012. Además,

dentro del proceso terapéutico, las consultantes firmaron un consentimiento informado

adicional al que se presenta en el Anexo 1, los cuales reposan en un lugar seguro en las

instalaciones de Consultores de Psicología. Igualmente, como compromiso ético y de

responsabilidad profesional, la investigación se desarrollaró conforme a la Ley 1090 de 2006,

que dice en el Artículo 23: “El profesional está obligado a guardar el secreto profesional en

todo aquello que por razones del ejercicio de su profesión haya recibido información”. Por

esta razón la información se guardará en las plataformas institucionales de la responsable del

manejo y custodia de la información de las investigaciones/intervenciones, consultorías

39
clínicas. La directora de tesis es la única persona que tendrá acceso a los protocolos y

transcripciones, con fines académicos.

Beneficios para los participantes:

A través de la investigación - intervención se espera que genere beneficios a las

consultantes, más allá de los objetivos terapéuticos y motivo de consulta. Se espera que se

pueda potenciar la co-construcción de relatos alternativos en torno al malestar emocional

ligado a la maternidad.

Entrega de información:

Como parte de una apuesta colaborativa, se compartió con las participantes los resultados

que se encontraron a lo largo del proceso terapéutico y así mismo, al finalizar, se convocó un

espacio adicional al terapéutico, para la retroalimentación y entrega de los mismos. Así

mismo, se garantiza el cumplimiento de los artículos 50 y 51, de la ley 1090 del 2006: “Los

profesionales de la psicología al planear o llevar a cabo investigaciones científicas, deberán

basarse en principios éticos de respeto y dignidad, lo mismo que salvaguardar el bienestar y

los derechos de los participantes”.

7. Resultados

Características de las participantes y del proceso de intervención

En total fueron transcritas 34 sesiones, divididas de la siguiente manera:

• Consultante G.P: 8 sesiones

• Consultante J.A: 10 sesiones

• Consultante N.R: 16 sesiones

40
Todas las sesiones transcritas fueron analizadas, pero no todas fueron categorizadas,

puesto que en la terapia también se abarcaron otros temas que no estaban asociados a la

maternidad.

Para esta investigación, se analizaron tres casos clínicos que participaron en proceso de

psicoterapia durante los años 2022 – 2023 - 2024, en Consultores de Psicología de la PUJ.

Además, como participante me incluyo como terapeuta en formación e investigadora. Frente

a esto, se realizó un muestreo por conveniencia, que consiste en tomar casos disponibles a los

cuales tenemos acceso (Sampieri, 2010). Se tienen en cuenta factores como la accesibilidad

de las unidades, la facilidad y bajo costo para acceder a ellas (Salgado, 2011). De esta forma,

se escogieron las participantes pensando en el tiempo que llevaban en el espacio terapéutico,

la disposición de cada una para participar y sin duda, por la pertinencia que tiene la

investigación dentro del acompañamiento psicoterapéutico.

En principio, iban a participar 4 consultantes, pero una de ella no pudo continuar con el

proceso terapéutico y debido a dificultades con su trabajo, la psicoterapia no fue persistente,

de manera que se decidió no incluirla en la investigación. En este sentido, a continuación, se

expondrá una breve descripción de las participantes, a partir del motivo de consulta, el

número de sesiones y descripción del proceso y aspectos a destacar de cada caso.

Los nombres fueron cambiados para proteger la identidad de las participantes.

Nadia (Caso 1)

Motivo de consulta: “Los últimos años han sido difíciles, mi mamá ha desarrollado

una ansiedad y mi hija del medio, un intento de suicidio. Desde pequeña ha sido un tema, el

embarazo fue de alto riesgo, y desde pequeña la relación con ella fue difícil, ha sido

voluntariosa… siempre he recibido la basura emocional de los otros”

41
Número de sesiones y descripción del proceso: En total, se realizaron 35 sesiones

de psicoterapia. El caso inició en supervisión indirecta, es decir, era atendida solo por mí y se

discutía el caso posteriormente con el equipo de supervisión. Pero luego, pasó a supervisión

directa, donde se contaba con el equipo terapéutico en cámara de Gesell. La consultante tiene

48 años, es de Boyacá. Llegó al espacio como sugerencia de la psiquiatra de su hija del

medio, quién había tenido un reciente intento de suicidio. En general, refería tener una

relación compleja con su hija, pues según decía, desde pequeña fue problemática. Durante el

proceso, su hija menor también tuvo un intento de suicidio, lo cual generó mayor afectación y

culpa. Se evidenció alto malestar emocional, ligado a no comprender qué pasaba en su casa,

pues por lo general había peleas, no había buena comunicación y ella se sentía triste,

desmotivada y con ganas de “salir corriendo”. Mantenía una narrativa en la que reflejaba que

lo que hacían sus hijas era para hacerle daño y utilizaba expresiones como: “Sentí como si me

hubieran abierto el corazón” “sentí como si me hubieran raspado de pies a cabeza, sin poder

mover las piernas”. Sentía profunda tristeza, rabia, decepción y confusión. Además, se sentía

sola y tenía la sensación de que la situación se salía de sus manos.

Aspectos para destacar: Nadia estudió comunicación social y periodismo, ejerció

durante unos años, pero en cuánto se casó, dejó de trabajar. Está casada con un militar

pensionado y tienen tres hijas (de 14, 20 y 24 años). Es mesiánica, asiste a la Iglesia y se

dedica a ser consejera en este espacio. En su historia familiar, hay antecedentes de violencia.

Además, tiene buena relación con su madre, pero se siente cargada por ella. El proceso duró 3

semestres y cerró con una notable disminución del malestar emocional, así como con

reflexiones en torno a una maternidad más tranquila. Sobre todo, reconoce que volvió a “ser

ella misma” y a recuperar aspectos que tenía olvidados sobre su liderazgo y sus pasiones.

42
Jenny (Caso 2)

Motivo de consulta: “Soy la hija mayor, siempre tomaba las riendas, ahora soy más

sensible, muchos bajonazos emocionales cuando estoy sola. Ahora me impacta lo que dicen

los demás de mí, soy más lenta, distraída, cansada de la contabilidad, agobiada. Mi hija

desarrolló anorexia y estuvo hospitalizada en junio de 2022 y no ha sido fácil desde

entonces.”

Número de sesiones y descripción del proceso: En total se realizaron 19 sesiones, el

proceso inició en febrero de 2023 (había tomado 4 sesiones previamente con otra terapeuta) y

se cerró en noviembre de 2023. Jenny, tiene 40 años, es de Bogotá, es contadora y acudió

como sugerencia de la psicóloga de su hija, quién estuvo hospitalizada meses atrás por un

trastorno alimenticio. Estuvo con el padre de su hija por casi 20 años y hace 3 años tomó la

decisión de separarse, lo cual le hizo ver que durante mucho tiempo vivió “en piloto

automático”. Se denominaba a sí misma como psico rígida, y cuando ocurrió la situación con

su hija, empezó a sentir cosas que no experimentaba antes y no comprendía qué sucedía.

Sentía culpa, tristeza, confusión, no quería levantarse de la cama, estaba desmotivada.

Además, refería que, desde pequeña, había creado una barrera que le permitía “ser fuerte”.

Aspectos para destacar: Jenny no conoció a su padre y cuándo le preguntaba a su

madre al respecto, ella lo ignoraba y se molestaba, de manera que creció sin tener esta

información. Desde joven empezó a asumir el cuidado de sus hermanos. Se fue a vivir con el

papá de su hija cuando tenía 18 años. Su hija tiene 15 años, ya está estable emocionalmente y

la relación ha mejorado significativamente. El proceso finalizó de manera satisfactoria,

puesto que hizo varios cambios en su vida: cambió de trabajo, se mudó, su hija cambió de

colegio y ella se sentía en general mucho más tranquila. Al conectar y comprender sus

43
emociones, descubrió que quería ir más lento, y ahora dedica tiempo para disfrutar de sí

misma y de su hija.

Gloria (Caso 3)

Motivo de consulta: “Tuvimos un problema con mi hija y mi esposo, ella decidió

demandar por maltrato intrafamiliar. De mi parte había maltrato verbal a mi hijo, le decía

groserías, pero eso ya ha cambiado”

Número de sesiones y descripción del proceso: En total se realizaron 8 sesiones

durante el segundo semestre del año 2023, el proceso se cerró porque hubo mejoría

significativa, y la consultante no pudo continuar por temas de tiempo. Gloria tiene 53 años, es

de Bogotá y fue remitida por Comisaría de Familia, pero desde el inicio refirió que quería

hacer el proceso por ella, independientemente de la remisión. Tiene tres hijos, uno de 8, otro

de 18 y la otra de 23. Y es abuela de 3 nietos, uno de su hijo del medio, y dos de su hija

mayor. En la familia hay antecedentes de violencia intrafamiliar, y su hija mayor la demandó

por negligencia con su hijo menor, además de poner una denuncia a su padre quién la

maltrató. Desde el comienzo refirió que desde hace tiempo se ha sentido invisible y le da

miedo expresar lo que siente y piensa. Trabajó durante años con rutas escolares, pero dejó de

trabajar y se dedica a las labores del hogar. Durante el proceso, empezó a sentirse más visible

y a no tener miedo, así como a cambiar aspectos en la relación con sus hijos menores. La

mayor dejó de hablarle, lo que le generaba afectación emocional, sin embargo, con el tiempo

comprendió que su hija también lleva un proceso y dejó de sentirse culpable.

Aspectos para destacar: El proceso no tuvo sesión de cierre porque iba a continuar, pero

la consultante no pudo seguir por tiempo. Presentó algunos quebrantos en su salud y dedicaba

tiempo a ir a citas médicas. La relación con su esposo es complicada, porque reconoce ha

44
tratado mal a su hija, no la escucha mucho a ella y no tienen buena relación. El trato con su

hijo menor cambió significativamente y dejó de sentir miedo por expresarse. Incluso, la

relación con el esposo mejoró levemente porque expresa sin miedo a las consecuencias.

Análisis de datos desde CMM

En este análisis de datos, se realizará un recorrido general por los resultados según cada

categoría, que obedecen a los objetivos de la investigación. Esto implica reconocer que, cada

una se relaciona entre sí, y que parte de la comprensión de las narrativas micropolíticas

inscritas en las mujeres con respecto a su maternidad, pasa por el entendimiento y contención

emocional. Lo anterior, para resignificar y construir en conjunto nuevas narrativas –con

menor sufrimiento y con mayor autonomía– frente a la maternidad. En este sentido, parte del

análisis de resultados incluye reconocer mi lugar autorreferencial dentro de la terapia, a través

de la categorización y comprensión de los diarios de consultas que estuve realizando durante

el proceso terapéutico. Además, el análisis se realizará a partir del Manejo Coordinado del

Significado (CMM por sus siglas en inglés) que invita a ver el mundo del sujeto y lo político

a través de las construcciones sociales. En este sentido, a nivel metodológico, se construyeron

las categorías mencionadas anteriormente, que permiten reconocer los guiones de vida, de

consultante, de terapeuta, y los episodios y relaciones construidos durante la intervención

terapéutica.

Adicionalmente, inspirada en el CMM, el análisis se empieza a construir bajo el siguiente

esquema, a través del cual se muestra cómo en la terapia se ponen los significados de ambas y

luego, el retorno reflejado en la interacción terapéutica genera reflexiones que, a su vez,

movilizan cambio en las narrativas. Esto, bajo una mirada de tercer orden que permite la

reestructuración y deconstrucción de sistemas de creencias que, a su vez, genera cambios en

45
las interacciones y comportamientos de las consultantes, además de reconocer el patrón que

conecta en la conversación terapéutica.

Ilustración 1.
Modelo de análisis de la conversación terapéutica para la construcción de nuevos
significados.

Dentro de cada categoría emergieron varias categorías que amplían la comprensión y

permiten detallar los hallazgos. Estas emergencias ocurrieron a partir de las conversaciones

terapéuticas y es por eso, que algunas se nombran desde lo construido con las consultantes. El

siguiente esquema permite tener una mirada general sobre la categorización, a la luz de los

objetivos planteados:

46
Ilustración 2
Categorías y subcategorías emergentes

Narrativas micropolíticas de la maternidad: la historia de vida de las mujeres.

Cada una de estas mujeres está inscrita en un contexto cultural, social y político que

estuvo presente durante el proceso terapéutico a través de la configuración identitaria inscrita

en las creencias y formas de construir la maternidad. La historia de vida de las consultantes

está atravesada por una serie de narrativas micropolíticas que se instauran en los discursos y,

por lo tanto, en su forma de ver el mundo. Lo mismo sucede conmigo, la terapeuta, de forma

que, en la intervenciones e interacciones terapéuticas, además de la práctica clínica, están

instauradas mis propias narrativas micropolíticas. Este apartado de análisis dará cuenta de

dichas narrativas y de cómo se movilizan y retroalimentan a través de la conversación

terapéutica.

47
Es importante resaltar que, en los tres casos, al inicio del proceso terapéutico, había una

relación compleja con sus hijos. En el caso de Nadia y Jenny, la hija del medio y la hija

única, respectivamente, habían pasado por situaciones complejas en su salud mental. Ambas

tuvieron dificultades con la alimentación, lo que las llevó a estar hospitalizadas y una de

ellas, tuvo un intento de suicidio. Posteriormente, la hija menor de Nadia también tuvo un

intento de suicidio. Estas situaciones extremas llevaron a cuestionamientos y narrativas de

culpa que se empezarán a analizar en esta categoría y en la siguiente sobre malestar

emocional.

Las narrativas micropolíticas se empiezan a construir a partir de distintos referentes a lo

largo de la vida de las mujeres. En primera instancia, es posible reconocer la manera en que

la religión ha jugado un papel fundamental en esta construcción, tanto para construir una

noción de “familia ideal” como para ayudar a la comprensión de las situaciones difíciles por

las que estaban pasando.

La historia de la barrera protectora: construcción de referentes.

La propia historia construye formas de relacionarse con sus hijos. En el caso de Gloria,

hay una historia de la invisibilidad que tiene que ver con un contexto limitante que hace que

desde pequeña se haya sentido sola. El discurso inmerso en ella en torno a sentirse invisible

se ha hecho tan presente que hace parte de la forma en que se relaciona con sus hijos. Las

relaciones con su familia de origen se han instaurado en las creencias sobre sí misma y en la

manera en que la invisibilidad se ha interiorizado en su discurso y en su manera de

posicionarse frente al mundo. En este sentido, los discursos que las mujeres han construido

logran permear la identidad materna. En los tres casos, como parte del proceso terapéutico,

hubo la necesidad de revisitar la propia historia y generar comprensiones en torno a sus

48
vivencias y referentes. El siguiente fragmento de Gloria, muestra cómo se empieza a

construir que, a lo largo del tiempo, haya interiorizado el hecho de sentirse invisible y que

esta sea una de sus formas identitarias. Incluso, sus vínculos familiares primarios han sido

parte de la construcción de una barrera que la ha protegido de relacionarse abierta y

amorosamente con otras personas. La barrera también la ha cuidado y protegido del mundo

exterior.

G: No sé si te puedo contar algo y es, por ejemplo, yo pienso que lo que yo siento, de los

miedos, o del no quererme yo misma viene de pequeña, con mi hermana. (...) Por eso

te digo yo, yo pasé como a ser invisible, (...), entonces yo decidí encerrarme.

T: Claro, como que ahí empiezas a sentir como esta historia, si le ponemos, la historia de

sentirse invisible y como de hacerte más pequeñita, de hecho, ahorita hacías como

este gesto (Se cruza de brazos y simula “hacerse más pequeña”), como de pues me

encerré me puse más pequeña (...), ahora la invitación que te voy a dejar es como

empezamos a mirar de frente todo esto que ha pasado y empezar a construir como

sería una G., sin tanto miedo. El miedo igual nos ha ayudado

G: ¡Si!

T: O sea, no es tan malo el miedo, pero si el miedo un poco que no nos lleve si no que lo

tenemos aquí al lado, si empezamos a ver como a ver, no digo de un día para otro,

pero como sería la G. hoy en día siendo un poquito más visible, como se sentiría, qué

pasaría a su alrededor y hay un montón de cosas que a ti te hacen, te cambia la cara

cuando me hablabas del trabajo, de compartir con gente, y sé que un negocio no lo

puedes montar de un día para otro, pero de pronto también todo esto que te está

movilizando te está invitando a decir: pues empecemos a hacer algo distinto, y qué se

puede empezar a hacer distinto, de a poquitos, de a pequeños pasos. Te imaginaba

49
como saliendo de un cascarón, como, ok, me cuido con mi cascarón pero empiezo a

ver que más ahí. No sé si te hace sentido esa imagen.

G: Si, si, así me siento... Pienso también que a mí me afectaba, o no sé, mis hermanas me

critican eso y es la falta de mi papá, porque a mí me duele (llanto) no haberlo tenido,

yo tenía 6 años, pero yo me acuerdo de cosas de él y yo era la consentida de él, fui su

primera hija, entonces a mí eso me molesta porque no tuve un papá, por qué tuvo que

irse, porque yo siento que, si él estuviera, yo sería diferente, sería otra persona, eso es

lo que yo siento. Y hasta mi mamá me lo critica, porque ella a veces pues: usted no

vivió nada con él. Para mí, 6 años fueron importantes.

T: Como si ahí hubieras sido muy visible, porque te consentía...

G: Me sentía visible... Y me defendía, y él decía por ejemplo que no iba a dejar que nadie

se metiera conmigo y yo tengo recuerdos de él muy pequeña y muy poquitos, pero

siempre estoy con él y él me tiene siempre alzada, son cosas así, entonces yo como

que siento que me hizo falta esa protección. Mi mamá siempre fue muy dura conmigo,

no tanto con mis hermanas pero conmigo si ha sido más dura, a pesar de que yo vivo

con ella (...)

Además de empezar a ver lo que ha representado para ella sentirse invisible, parte de la

intervención durante esa sesión estuvo movilizada de mi parte, por una sensación de injustica

por la carga histórica que las mujeres hemos llevado en distintos espacios privados y

públicos. Así como pudimos empezar a trazar la historia de la invisibilidad, para mí fue

importante buscar excepciones y hacerle eco a las veces en qué se ha sentido visible, además

de conectar con lo que veníamos trabajando durante la sesión sobre cómo varias de sus

relaciones se han construido desde el miedo como factor protector. A continuación, un

pequeño fragmento de las notas de mi diario de consultas:

50
Durante esta sesión conecté con la posibilidad de entender el silencio como formar de

protección dentro de sus dinámicas. El miedo pareciera que también le ha servido

como aliado. También me conmovió la sensación de sentirse invisible y conecté con

la carga que las mujeres tienen históricamente. Pareciera que su forma de existir ha

sido a través de callar para no incomodar. (Fragmento de diario de: G.P. Diario de

consultas)

Búsqueda de excepciones: Esta técnica viene de la Terapia Centrada en Soluciones, y

busca preguntarle al consultante los momentos en que el malestar o síntoma no aparece y

qué sucede, con el finde fortalecer recursos y proponer otras perspectivas.

Jenny habla también de una barrera, mientras que Nadia usa la metáfora de que se ha

encerrado en su caparazón. En las tres existió la necesidad de protegerse y de aislarse. En el

caso de Jenny, ella refiere que desde adolescente tuvo que asumir diferentes

responsabilidades que no eran acordes con su edad y desde entonces, ha representado un

apoyo fundamental para su familia, al ser la mayor, ha asumido hacerse cargo de sus

hermanos a nivel emocional y económico. Viene de un sistema familiar donde parece que el

silencio y el hecho de callar lo que genera incomodidad, ha sido una estrategia para

protegerse del sufrimiento.

Cuando ella ha intentado buscarlo, su madre le ha negado saber quién es su papá y se

molesta cuando le pregunta sobre este tema. Jenny ha decidido ignorarlo y seguir adelante.

Esto ha hecho que ella no tenga contacto con una parte de sí misma, referente a su padre. De

esta forma, ella ha aprendido que debe hacerles frente a los problemas sin expresar su

malestar emocional en ningún momento, y esto hace parte de una construcción de narrativas

micropolíticas que se conectan con la instauración de mitos familiares que, a su vez,

51
encuentra sus raíces en el mito social que pueden definir la estructura de su configuración

familiar.

La adquisición de mitos familiares es fundamental en la manera en que las personas se

narran a sí mismos y, por ende, en la construcción de identidad. Por tanto, son parte de la

conformación de la visión subjetiva de su realidad. Pareciera que este silencio y esta barrera

emocional que creó y que hace parte de su sistema familiar, fuera una estrategia de

adaptación para de alguna forma, sobrevivir al entorno relacional en el que ella creció. Ahora,

esta tendencia homeostática se empezó a mover hacia la necesidad de una expresión

emocional por parte de ella y por eso, se está enfrentando a lo que ella identifica como

cansancio, tristeza y frustración.

En el siguiente apartado entramos a darle lugar a lo que está sintiendo, relacionado con su

historia. Bajo una mirada relacional, esta barrera es entonces, el resultado de una confusión y

ambigüedad radical y sistemática de procesos comunicativos. En otras sesiones, abordamos

parte de la historia con su familia de origen: ella nunca conoció a su papá y cuando intentaba

preguntarle a su mamá algo al respecto, ella reaccionaba con molestia y le cambiaba de tema

y al parecer, este fue uno de sus referentes para empezar a construir dicha barrera. Además de

reconocer lo que ella está sintiendo, ella refleja que enfrentarse a sus propios sentimientos ha

sido retador porque antes no había pasado, pues había crecido con la idea de que, frente a las

situaciones complejas, hay que hacerle frente, seguir adelante, no sentir nada y, por tanto, ser

“fuerte”:

T: Ahora me decías también este tema de "bueno, estoy sintiendo, estoy enfrentándome a

sentir, ¿sí? Si nos hacemos amigas de estos sentimientos que no son tan cómodos, no

son tan chéveres. ¿Qué crees que te dirían? ¿Qué crees que te diría esta tristeza, este

cansancio, este agobio que te diría?

52
J.A: Pues digamos que es como algo que yo no había enfrentado en mi vida. Entonces no

es fácil. No es fácil porque, digamos he tenido muchas situaciones que creo que te

conté, que eso lo que hace es crear una barrera y siempre ser fuerte. Entonces claro,

en este momento, sentir tristeza me agobia, pero no me gusta. Hay días en que me

levanto contenta y me siento alegre, pero algo pasa también que no es una felicidad

completa. Si algo pasa, tengo unos bajonazos así de repente. Entonces digamos que he

aprendido. Lo he conocido, mejor dicho. Yo creo que todo lo que tenía reprimido de

años atrás se está viendo reflejado ahora.

Mas adelante en la sesión pudimos hacer el ejercicio de reconocer lo que estas emociones

le dirían. Sin embargo, desde mi lugar, fue importante reconocer cómo la micropolítica se

instaura en las emociones de las mujeres y el no-sentir, se relaciona con la idea de ser una

mujer fuerte. Parte del ejercicio terapéutico durante esta y otras sesiones, fue movilizar una

mirada más compasiva con respecto a su experiencia emocional en torno a su historia de vida.

La intensión venía de poder generar comprensiones en torno a esta barrera, a través del

entendimiento de su mundo emocional. En el siguiente fragmento de mi diario, empiezan a

construirse estas inquietudes.

Noto que se están generando movilizaciones en J. Sin embargo, me inquieta la manera

en que existe la conexión entre la barrera y ser fuerte. ¿Será que relacionarse sin la

barrera implica automáticamente que es una persona débil? ¿Cómo surgen estas

creencias en torno a la debilidad-fortaleza?. La forma en la que nos relacionamos con

nuestras emociones tiene que ver también con las exigencias que se construyen en

nuestro alrededor. (Fragmento Diario de Consultas J.A)

53
Externalización: Es una técnica que viene de la Terapia Narrativa que busca “sacar fuera”

un atributo o cualidad de las personas para convertirlo en una entidad propia, con la

intención de reconocer la identidad de las personas más allá del síntoma o malestar.

Religión

Ahora bien, parte de las lógicas micropolíticas, implica pensar en la presencia de la

religión, en la vida de las consultantes, sobre todo en el caso de Nadia. Ella sirve a la religión

mesiánica, que hace parte del judaísmo, y ha estado vinculada a la iglesia desde hace varios

años. Su hija del medio ha cuestionado querer ir a esta iglesia después de haber vivido

situaciones dolorosas en el pasado y esto ha sido motivo de disgusto familiar. La carga

religiosa está inscrita de forma muy potente en los discursos y en las apuestas de vida de

Nadia y su familia; dejar de ir es romper con uno de los mitos familiares que se constituyen

bajo estos patrones relacionales, además, es quitarle a Nadia su piso.

Puede pensarse que, dentro del sistema familiar, la pelea, los silencios y las enfermedades

mentales en sus hijas hacen parte de un cuestionamiento a los mitos familiares que giran en

torno a la familia y la configuración de valores y creencias: el mandato de la religión

Mesiánica en su actuar, la figura militar del esposo, venir de una familia tradicional en donde

los silencios han hecho parte de las dinámicas familiares (hay historia de abusos y violencia

en su familia de origen). En el siguiente fragmento, hablamos del momento en que su hija

expresa que quiere dejar de asistir a la iglesia y cómo Nadia y su familia lo han manejado. En

el discurso se nota que, aunque no se cierra a la posibilidad de que su hija deje de asistir a la

Iglesia (a diferencia de otros momentos previos a la terapia), aún hay resistencia porque

implicaría romper con los mandatos familiares, puesto que hubo situaciones que vulneraron a

su hija.

54
N: Entonces dice, mamá, pero él no dimensiona el daño que me hizo (...) y la que resulta

pidiéndome perdón es la esposa, que también ese día se enteró. Y bueno, ella dice, me

molesta verlo, me molesta escucharlo predicar y que todavía siga allá. que toda la

existencia. Yo le dije, mi amor mira, habrá momentos en que la justicia de los

hombres falla. Y arranquemos de un punto de partida y es que todos hemos hecho en

este proceso lo que hemos considerado. Entonces ella decía, es que a mí no me

debieron haber sentado allá, eso fue muy incómodo para mí. Porque a ella le dio un

ataque de ansiedad y fue muy feo. Entonces Yo le dije mi amor, pero, digamos que

fue la forma en la que él considero que se debía hacer las cosas, el pastor. Digamos

que era necesario también que lo hiciera, porque se tenía que enterar su hija, se tenía

que enterar su esposa. Tenías que estar tú presente para que no lo negara tampoco

todo. Entonces, lo que dice ella, es que con el pastor estoy molesta. Yo lo quiero y lo

respeto, pero no. (...)

T: Me llama un poquito la atención esa conversación con S., pues que ella te habla y te

abre como esa puerta y te dice, es que es por esto que no quiero ir, y claro, de alguna

manera tú le muestras la otra cara de la moneda, pero S. igual un poco dice: esto es lo

que yo estoy sintiendo. Qué representa para ti, aunque tal vez no estés del todo de

acuerdo y quisieras que ella actuara distinto, ¿Qué representa para ti que S. tenga esta

posibilidad de expresarle a su mamá lo que está sintiendo y de decir esta es mi

decisión?

N: Yo pienso que fue positivo, finalmente, la conclusión fue, no juzguemos y dejemos que

cada uno viva y hagamos lo que a cada uno le corresponde. (...) Entonces le dije,

bueno, mira mi amor, para nosotros es... quisiéramos que fuéramos todos, la gente nos

pregunta por ti, pero lo que a nosotros nos interesa es que tengas una buena relación

con Dios y ella me dijo, ¿Qué te hace pensar a ti que no la tengo? (...)

55
Las preguntas e intervenciones que giraron en torno a este tema fueron realizadas de

manera cuidadosa y con la consciencia de que la religión es un pilar fundamental en la vida

de Nadia, por lo que cuestionarla podría tener efectos negativos. Sin embargo, parte de mis

apuestas políticas dentro de la terapia es poder acompañar para nombrar las injusticias y las

cosas que pueden ser incómodas. Esto implicó acompañar a Nadia en crear distinciones entre

sus creencias y la institución, de manera que se connotó el sufrimiento hacia la incoherencia

de la persona que les hizo daño - dentro de la institución- y no a sus creencias.

Las lógicas patriarcales.

Parte de las narrativas micropolíticas inscritas en las mujeres, tiene que ver con los

mandatos asociados al género que se han construido en su vida. La feminidad normativa, se

puede relacionar a la baja autoestima, la persecución de modelos de perfección y, por tanto, a

la aparición de la culpa por no ser suficiente, adecuadas o por cuestionar dichos roles de

género. Por su parte, el sistema patriarcal crea una estructura donde lo masculino es lo

normativo y hegemónico y de esta manera, justifica distintas formas de autoridad y violencias

que sostienen y perpetúan este orden.

De manera diferente, las tres participantes han estado inmersas en mandatos de género tan

fuertes donde el trabajo reproductivo y de cuidado se les ha relegado, subordinadas a los

hombres en lo económico y en los espacios públicos. Esto conduce a situaciones de

sobrecarga y alto estrés mental y emocional. Nadia está casada desde hace más de 20 años

con un militar pensionado; Jenny estuvo casi 20 años con un hombre violento y que ha

necesitado demandas para hacerse cargo de su hija y, Gloria, con un hombre con el que no se

siente feliz y que también ha tenido conductas agresivas.

56
En el siguiente apartado se pueden ver dos aspectos importantes relacionados a los

mandatos de género. Primero, el lugar masculinizado de las fuerzas militares, la

representación de la masculinidad en un uniforme – con el que sin duda no combina una

pañalera, y menos un bebé-. Y segundo, la carga del padre que reafirma que su hija no puede

dejar solo a su esposo y tiene que irse con él siempre, incluso aunque ella evidentemente se

sentía sola. Aunque hoy en día Nadia tiene una relación más equitativa con su esposo,

reconoce que muchas veces quiso salir corriendo y que, sin duda, su camino por la

maternidad empezó y se mantuvo por muchos años de una manera muy solitaria. Al estar en

lugares de zona roja junto a su esposo, tenía escaza red de apoyo.

N: Porque fue tan triste, era tan triste, entonces en ese momento nosotros salimos, me

tocaba cargar la pañalera, la niña, el bolso, él no me ayudaba a cargar nada, porque

decía que con ese uniforme no podía cargar nada, estando embarazada fuimos a

nuestro primer paseo y me le recosté un momento después del almuerzo y me dijo que

ya venía y se salió toda la tarde y me dejó toda la tarde metida en esa habitación,

llegamos a una reunión y él me dejaba sola, era como si yo fuera sola, después yo

termino la deuda de Chiquinquirá y el sale trasladado para Caquetá, entonces yo no

me quería ir pero mi papá me dijo que no lo podía dejar

T: Entonces tenías que irte con tu esposo porque eras la mujer de él.

El siguiente fragmento, de otra sesión, muestra como en su historia familiar estos roles

de género hacen parte de la configuración familiar, pues su hermano menor no ha asumido la

carga que ella sí, y esto incluso ha estado potenciado por la misma madre. El trabajo

doméstico y del hogar no ha sido valorado como tal y, por tanto, Nadia ha tenido que estar

disponible siempre. El hermano en cambio está presente, es claro que está pendiente de sus

padres, pero como es un trabajador asalariado, no tiene que hacerse cargo de las dinámicas

57
familiares. Cómo puede verse en el discurso de Nadia, ella misma reconoce que el hecho de

trabajar duro implica no “cargarse” con las dinámicas familiares.

N: Pues yo pienso que a M. [su hermano menor] no le ha tocado llevar la carga que me

ha tocado llevar, él es más… él tiene buena relación con los dos, como yo, los dos

tenemos buena relación entre todos, nos apoyamos, pero pues él trabaja duro y

digamos que a él lo molestan menos, porque él si no les contesta a veces el teléfono, y

él es más tranquilo, más relajado, como que bota la pelota y no se carga con eso.

T: Y ¿en qué momento crees que esto se hizo más evidente? que él no tomara la pelota y

que tu tomaras toda la pelota.

N: Eso ha pasado toda la vida

T: ¿Con qué crees que tiene que ver? porque ¿ustedes vivieron juntos?

N: Si claro; pues yo pienso que como soy 5 años mayor que mi hermano, mis papás

siempre me vieron como la grande, y sobre todo mi mamá (...) como a M. lo ve más

ocupado porque no le dedica el mismo tiempo, y pues él sí se preocupa por ellos pero

es diferente, porque M. sale temprano y llega tarde, y su esposa es bien querida pero

es alguien que marca bien el límite y mi mamá no se siente cómoda allí, entonces ella

se siente cómoda en mi casa y lo mismo le pasa a mi papá, porque ellos llegan como a

su casa, porque pueden hacer lo que quieran; pero eso no pasa en la casa de M. porque

su esposa no lo permite.

Frente a la situación de Jenny, a lo largo del proceso ha mencionado que en cuanto tomó

la decisión de separarse de su expareja, el padre de su hija, dejó de vivir en automático y

empezó a estar más conectada con sus propias necesidades y sensaciones. Ella reconoce que

entrar en el rol de madre, hija, esposa de manera automática y bajo unos mandatos, la llevó a

reproducir la idea de tener que estar ocupada todo el tiempo para escapar de su propia

realidad.

58
J: Digamos ese antes, lo que tú me decías de empezar a ver mi vida hacia atrás y uno

crea unos hábitos como un caparazón para salir de otros, entonces ella tiene que

empezar a regir eso porque siento que es por estar haciendo algo, entonces hay que

mirar a M (la hija) el ¿por qué le pasa?

T: Entonces en ti era porque siempre querías estar haciendo algo y no sé si también eras

responsable de todo, todo el tiempo, a nivel familiar, como que tenías un rol y luego

con tu pareja también, ¿qué más crees que significaba esa psicorrigidez’

J.A: Pues inicialmente lo que hablaba contigo cuando me decías ‘hecha para tras pa

saber qué situación desencadenó todo ese tema’ y es básicamente cuando yo me metí

en el rol de mamá, hija, esposa, digamos que quizá ya tenía una vida automática, que

no me salía de esas casillas, entonces era el hecho de J. (la ex pareja) nuestra

relación íntima no se daba tampoco, entonces yo para huir de esa situación siempre

estaba ocupada

T: Para ‘huir’, ¿será que entonces la psicorrigidez era para huir?

J: Exactamente, yo siempre estaba ocupada, que tenía en el apartamento que lavar, que

arreglar la cocina, que hacer el almuerzo, la comida, tengo que estudiar, tengo que

trabajar, entonces yo tenía ocupado desde que me levantaba hasta me daban las 12 o 1

de la mañana, pero era para huir precisamente de ese tema

T: ¿Huir de las dinámicas de la relación?

J: Exactamente, porque digamos que con él casi no hablábamos, comunicación 0,

cuando intentábamos comunicarnos por mi hija o algo, terminamos siempre

discutiendo, entonces yo para evitar esa confrontación y eso yo me alejaba y me

ponía a hacer cualquier otra cosa, es como que si esa persona no quiere hablar pues

me pongo a hacer otra cosa, entonces claro se me quedó ese hábito de aquí para allá y

eso es lo que deterioraba mucho más nuestra relación, y aparte de eso empezó el tema

59
de la gastritis, del estrés, o sea todo se desencadena en todo, que roncaba y me sacó

del cuarto, y todo; y después venirse a dar cuenta de todo lo que pasó y de lo que tú

dices que rebobina hacia atrás cuáles han sido esos cambios, y hoy en día sí, tengo una

agenda, pero ya no vivo acelerada ¿si me entiendes?, es que no podía ni quedarme en

la cama 15 minutos porque ya sentía que estaba perdiendo el tiempo

La manera de analizar el anterior fragmento tiene la siguiente estructura y refleja una

forma de comunicación coordinada en torno a los significados que surgen en torno la carga

que implica estar ocupada todo el tiempo: tiene que ver con las exigencias del género, la poca

posibilidad de descanso y el hecho de escoger el silencio y estar en dinámicas opresoras para

evitar el conflicto.

60
Ilustración 3
Construcción de nuevos significados con Jenny

Sin duda, la mirada feminista e interseccional ha sido fundamental desde mi lugar como

terapeuta para acompañar a estas mujeres, bajo el reconocimiento de las desigualdades

sistémicas que se configuran a partir de la conexión entre varios factores como el género, la

clase social, entre otros. Debora Finfgeld (2001) realiza una propuesta que fortalece el

acompañamiento terapéutico propuesto para estas mujeres, y es una mirada feminista desde

una práctica del construccionismo social. Esto implica reconocer las opresiones como

constructos socioculturales y, además, las relaciones igualitarias entre consultantes y

terapeutas deben producir comprensiones conjuntas cobre como cuestionar dichas opresiones

y recobrar la autonomía y dignidad.

61
El cuerpo habla.

Las tres participantes han experimentado distintas dificultades relacionadas con su salud

que se ha acentuado durante los momentos más complejos que han tenido con sus hijos e

hijas. En el caso de Nadia, ha referido en diversas ocasiones que tiene insomnio y en algunos

momentos, dolores en los senos. Jenny ha tenido gastritis, estrés y gripas constantes y; Gloria,

diversos dolores en el pecho y tensión alta. Es llamativo cómo la noción de enfermedad

empieza a aparecer en las narraciones de todas y a su vez, se relaciona con una necesidad de

descanso. También, los síntomas físicos aparecen después de que pasa el peligro con sus hijos

e hijas: después de que no hay riesgo de suicidio y están mejor, después de las visitas a

Comisaría de Familia.

Llama la atención que las tres, tarden en buscar citas y en hacerse cargo de su propia

salud. Pareciera que son mujeres que logran hacerse cargo de todo lo que tenga que ver con

sus hijos e hijas pero al momento de hacerse cargo de sí mismas, existe una cierta evitación.

La identidad de la mujer es permeada por el poderlo todo para otros, pero hay una impotencia

para sí mismas. Aunque son mujeres autónomas en un sentido estricto, les ha costado

enfrentarse a la verdadera autonomía de reconocer su propio lugar, de poner límites y de

hacerse cargo de sí mismas, antes que perderse en las necesidades de los demás. Es

importante poder cuidar de la propia salud y reconocer los mensajes que el cuerpo les dice,

hace parte de un proceso de transformación y emancipación.

En el siguiente fragmento de la conversación con Jenny, empieza a verse una relación

entre el hecho de quedarse callada con su expareja y como desde ese momento, identifica

que, al evitar las confrontaciones, su cuerpo empieza a hablar a través de la gastritis y el

estrés. De hecho, durante varias sesiones del proceso, Jenny llegaba al espacio manifestando

diversos malestares físicos:

62
J.A: Exactamente, porque digamos que con él casi no hablábamos, comunicación 0,

cuando intentábamos comunicarnos por mi hija o algo, terminamos siempre

discutiendo, entonces yo para evitar esa confrontación y eso yo me alejaba y me

ponía a hacer cualquier otra cosa, es como que si esa persona no quiere hablar pues

me pongo a hacer otra cosa, entonces claro se me quedó ese hábito de aquí para allá y

(...), y aparte de eso empezó el tema de la gastritis, del estrés, o sea todo se

desencadena en todo.

Por otro lado, Nadia reconoce que los malestares físicos que tiene (insomnio, dolor de

cuerpo, cansancio), se relacionan con las dinámicas familiares tensionantes que vive en su

casa y después de acercarse a sus hijas a través de su propia historia con su familia de origen,

pudo expresar que necesita ayuda porque está cansada. Es interesante ver como en la

interacción con sus hijas, se empieza a reconocer la presencia de síntomas familiares, lo que

resulta en una necesidad de movilización familiar.

N.R: (...) yo necesito hablar con ustedes y de pronto empecé a contarles un poquito de mi

infancia que mis hijas no sabían; entonces yo les empecé a contar sobre mi papá, yo

siempre he amado a mi papá y lo admiro, entonces les conté un poquito de que mis

papás peleaban mucho, no solo se agredían verbalmente sino también físicamente, yo

siempre estuve en la mitad y defendía a mi mamá, y bueno en día les conté todo; y les

dije que yo he hecho todo por sacar este hogar adelante, de ser buena mamá, de luchar

con ustedes, pero en este momento yo necesito que verdaderamente, y les quiero

contar todo esto porque necesito que verdaderamente que me ayuden, porque me

siento enferma, me siento cansada y siento que no puedo más, y yo siempre he

luchado pero siento que no puedo seguir luchando sola porque siento que he luchado

sola, entonces le dije a mi hija que necesitaba que me ayudara mucho, que ya no

soportaba esas peleas en la casa, que no soportaba que pelearan entre ellos, que ya

63
estaba cansada, que no podía si quiera dormir bien, que me duelen los músculos,

entonces que necesitaba que me ayudaran; entonces ya L. tomó la palabra y dijo que

ella sabía que todos estábamos mal, que todos estábamos sufriendo pero que esto ya

era algo delicado, que nuestros papás eran jóvenes y que ya no están tan jóvenes, que

ella no sabía los otros, pero que por ella no quería tener a sus papás enfermos y que

ella no iba a permitir que ellos siguieran así.

La mirada sistémica ha permitido ver la expresión de los síntomas, tanto de las

consultantes como de sus hijos e hijas, de forma más amplia, como expresión de las

dinámicas familiares. Esto ha llevado a que las mujeres tengan una mirada más amplia y

consiente sobre lo que pasa con sus familias y, por tanto, no se ha centrado únicamente en la

“resolución” del síntoma, si no en generar comprensiones complejas sobre lo que está

sucediendo.

Malestar emocional en torno a la maternidad: el dolor que trae ser madre.

Parte del proceso terapéutico con las tres mujeres fue reconocer que las vivencias con sus

hijos e hijas les generaban malestar emocional, que incluso las llevaba a sentirse culpables

por las decisiones tomadas en el pasado. Además, esto llevó a que el malestar se aumentara al

sentirse “malas madres”. Las narrativas expuestas en la anterior categoría influenciaron en la

manera en que ellas se sentían, lo que generó que las cargas se aumentaran. Es decir, las

narrativas micropolíticas se inscriben en los sentires de las mujeres y esto hizo que los

cuestionamientos estuvieran cargados de culpa y malestar. Muchas de estas preguntas se

fueron desarrollando a lo largo de la terapia. Lo más difícil fue poder nombrar que, a pesar de

sentir un amor profundo por sus hijos e hijas, también sentían rabia y malestar frente a ellos y

esto no las convertía en malas madres.

64
La culpa de ser “mala madre”, y el miedo que viene detrás.

Jenny y Nadia buscaron la psicoterapia por sugerencia de los profesionales que

acompañaron a sus hijas durante sus tratamientos psicoterapéuticos y psiquiátricos. En el

caso de Nadia, la psiquiatra de su hija le dijo que ella solía recibir la “basura emocional” de

las personas y que, por tanto, le recomendaba que tuviera un espacio terapéutico para ella.

Por su parte, Jenny identificó que, después de que pasó la “tormenta” con su hija, ella empezó

a sentirse diferente y no entendía por qué. Su hija estuvo hospitalizada por un trastorno

alimenticio, lo que la enfrentó a la posibilidad de la muerte de su hija. Mientras todo el

proceso pasaba, al parecer ella se mantenía “fuerte” y “estable” y justo después de que su hija

estaba fuera de peligro, se encuentra con una Jenny que no quiere levantarse de la cama, que

se siente irritable y que después de algunas sesiones, logró nombrar que sentía que había

vivido mucho tiempo de su vida en piloto automático, de manera que esta situación le generó

un despertar frente a sus emociones.

En el siguiente fragmento se pueden ver varias cosas: la idea de perder a su hija despertó en

ella una serie de cuestionamientos en torno a su maternidad, y tienen que ver con lo que no

hizo o pudo haber hecho mejor. Ella es una mujer que trabaja fuertemente e incluso, se

cuestiona si debió haberle dado más tiempo a su hija. Es llamativo también, que por ningún

lado aparece la figura del padre; parece que la responsabilidad de lo que le pasó a su hija

recae únicamente en ella. Adicionalmente, reconoce que antes había construido una especie

de barrera emocional y en este caso, ya puede ver la fortaleza no como la ausencia de

expresión emocional si no, por el contrario, la fortaleza como reconocimiento de lo que

siente:

J.A: Si porque fue el hecho de sentir que yo podía perder a mi hija

T: Ahí te enfrentaste a eso

65
J.A: Si, ahí me enfrenté yo a ese tema; entonces era cómo ¿será que hice algo mal?,

entonces viene todo el tema de culpabilidad, tristeza, tiempo, ¿será que sí?, ¿será que

no?, ¿qué me faltó?; pero de eso, que estamos hablando de la primera semana de

noviembre, cuando llegamos acá yo estaba derrumbada, yo llegué acá inconsolable

T: ¿te remueve recordar eso?, ¿qué sientes?

J.A: (Llora), yo ni recordarlo quiero, pero nada, esas cosas te hacen fuerte, te dé más

sabiduría y esa fortaleza que de pronto no tenía en la parte emocional

T: Pero ¿será una fortaleza o será otra cosa?, porque tu igual antes eras fuerte (...)

J.A: Si, pero no lo veía así porque antes yo creaba una barrera, ahora no.

En el apartado anterior, se puede ver lo que se empezó a desarrollar en la anterior

categoría sobre la manera en que se instauró en Jenny una narrativa micropolítica en torno a

la barrera. De esta forma, se empieza a comprender cómo se instaura lo político en las

emociones. En este punto, ella empieza a reconocer que la culpa, la tristeza y otras emociones

desagradables para ella estaban conectadas con la idea de tener una barrera que le impidiera

reconocerse como una persona fuerte y vulnerable a la vez.

De manera similar, Gloria reconoce que se siente culpable frente a las complicaciones

que ha tenido con sus hijos y en lo que pudo haber hecho diferente. En este caso, no aparece

un cuestionamiento al hecho de que ella haya desarrollado un miedo a su esposo, porque él

tenía actitudes agresivas, si no que aparece la idea de que ella debió haber hablado a tiempo.

Si bien, parte del proceso implica reconocer la responsabilidad relacional, también ha

implicado reconocer que ella estuvo silenciada por miedo a que hubiera consecuencias

negativas sobre ella. En otros fragmentos de las consultas, ella refiere que fue muy permisiva

con sus hijos, generalmente no les decía nada, no ponía límites y por eso, hoy en día, tienen

una relación difícil. En esta culpa también está inscrita una narrativa del patriarcado, porque

66
no se reconoce que la crianza debería ser compartida y que, por tanto, las decisiones debieron

haber sido de ambos y no solamente de ella.

T: ¿Entonces te sientes tu culpable?

G: Claro, claro, porque yo a M. (el esposo), le dije: Si yo hubiera sido diferente yo

paro a su mamá y a su papá en esa época que estaba, él no tanto, que el que no se

metía, pero paro a su mamá y le digo: cuidadito con mis hijos. Entonces a mis hijos

me lo respetan y yo creo que las cosas hubieran sido diferentes.

T: Pero pareciera que ahí también te estabas como protegiendo, pareciera un miedo.

G: Exactamente, un miedo a que M. diga: oiga, usted no me le hable a mi mamá así, o

no se.

En otro fragmento, es posible ver como impacta el peso de la voz de sus hijos en la

sensación de sentirse culpable. Por un lado, reconoce que las decisiones que tomó fueron

perjudiciales para su hijo, y por el otro, se instaura un dolor muy grande. De nuevo, la culpa

recae sobre ella, a pesar de que, en su momento, en las decisiones también estuvo involucrado

su esposo.

G: Entonces empezó a gritar y a decir cosas, entonces yo le dije a A. que tenía que

calmarse, porque o si no no podemos decir nada. Entonces él empezó a sacar cosas, a

decir que nosotros no somos buenos padres y me lo dijo a mí, que yo no soy una

buena mamá (llanto), que no supe criarlo, que no le di lo que necesitaba, eso me ha

dolido mucho.

T: Claro, se te quedó esta idea de: no soy buena madre.

G: Muchísimo, muchísimo, porque que no me quiera ver, ha sido muy duro, muy duro

para mí. Entonces yo no sé si he hecho bien con él, él me está recriminando esa época

en que lo dejé solo. Yo tuve un error con él y fue haberlo dejado solo desde pequeño.

Nosotros lo sacamos del colegio cuando él estaba en quinto, tenía como 10 años. (...)

67
El siguiente año tampoco lo pusimos a estudiar y entonces fue cuando decidimos,

digo decidimos porque yo fui una absurda, en haber dejado de que A. no estudiara, de

que Alejandro se quedara en la casa cuidando a J.C cuidando a J.C que estaba

pequeño. Mi esposo dijo: no tenemos quien nos cuide a Juan Camilo, entonces

Alejandro se queda cuidando al niño. (...) Entonces siempre me ha recriminado eso.

Yo le he pedido perdón de muchas maneras, pero él no lo ha superado, entonces

lógicamente me hace sentir a mi culpable.

Detrás de las dinámicas de interacción violentas en esta familia, pareciera que también

existía un miedo que se instauró de manera protectora. Parte de reconocer y trabajar en la

culpa con Gloria, pasó por generar comprensiones frente a lo que había detrás de esta culpa.

En este caso, implicó entender que ella decidió silenciarse por miedo a su pareja y en general,

a las reacciones de su contexto y esto es lo que desencadenó en la culpa. Acompañar este

proceso me llevó a reconocer como la violencia se inscribe en las interacciones de las

familias y como el silencio y el miedo se convierten en factores protectores. Estas preguntas

sirvieron para reconocer lo valioso del miedo en ese momento y, además, para reconocer la

agencia en una persona que se ha sentido invisible durante muchos años de su vida y que

ahora tiene la posibilidad de sentirse visible. En mis anotaciones empiezo a cuestionarme por

el lugar de la violencia y por la historia de los conflictos en las familias de origen, así como

curiosidad por comprender en qué momento empieza a aparecer el miedo como factor

protector.

Parece que el conflicto se soluciona con violencia, ¿qué ha pasado en la historia

familiar con los conflictos? ¿desde aquí surge el miedo-protector? (Fragmento Diario

de Consultas G.P)

En el siguiente fragmento de otra sesión se amplía la comprensión sobre el miedo y

tiene que ver con querer evitar problemas, pero también se incluye el peso de la mirada del

68
otro. De hecho, se pueden ver una serie de narrativas sobre si misma que son invalidantes y

que finalmente, también se instauran en cómo se percibe y en lo que siente. Detrás de mis

intervenciones, hay una pregunta que gira en torno a lo que históricamente ha significado que

las mujeres alcen la voz y cómo se instaura en los discursos la idea de que es mejor quedarse

calladas, pues si se habla, automáticamente vienen los problemas.

T: Cuando dices que eres muy estúpida y boba, que fuerte, ¿no? que te hables así...

G: Por eso, porque yo no hice las cosas y no sé por qué, no sé si es por miedo, no sé si

es por no hacer problemas, armar problemas, no me gustan los problemas. Yo

después de que pasa algo que digo algo, yo pienso: yo no debí haber dicho nada, debí

haberme quedado callada.

T: O sea, hay veces que mejor callas para evitar problemas, pero otras veces cuando

hablas igual luego te arrepientes, ¿qué pasa ahí con tu opinión o con tu voz? pareciera

que no pudiera ser dicha.

G: No

T: ¿Por qué crees que no?

G: No sé, o sea, no sé, siempre me ha pasado. Por ejemplo, hoy me pasó, cuando me

venía, de que M. me dijo: ¿qué hace allá, a qué va? y como no le dije nada, cuando yo

venía yo dije: yo debí haberle dicho que hablábamos, pero creo que no, porque esto es

mío. Yo decidí hacer esto no solamente porque una comisaría me mandó, sino porque

también lo quiero, lo quiero para mí, lo quiero para el bienestar, para estar bien yo,

para estar con mis hijos, que ojalá se pudiera con Mario, pero yo creo que no se

puede, porque no es una persona abierta y él no va, y él es una persona que cree que

todo se soluciona es con lo que uno piense y ya. Entonces por eso digo yo que soy

muy boba y no digo las cosas, a veces hasta con mi mamá, yo a ella no le digo cosas

para que ella no se sienta mal.

69
T: Por miedo también a que se sienta mal.

G: A como que piense mal de mí, pienso yo.

El sentimiento de culpa se empieza a asociar con el miedo que las mujeres sentían en

distintos momentos de la historia familiar. Este viene de lo que otras personas les han dicho y

esto genera que se instaure en sus sentimientos. Entrar a ver la culpa, permitió ahondar en que

también había miedo y, por lo tanto, estos sentimientos de culpa empezar a disminuir al

fomentar una mirada más compasiva.

Sacar la rabia

Dentro del malestar emocional explorado durante las sesiones terapéuticas con las

mujeres, encontramos que, a parte de la culpa, había situaciones y experiencias que las

llevaba a sentir rabia. Sin embargo, dentro de sus contextos, esta rabia no podía ser recibida

porque tal vez, expresar la rabia, genera de nuevo esta sensación de ser mala madre. Parte del

proceso fue llegar a reconocer esta rabia y darle un lugar dentro de su experiencia, para

entender que puede ser expresada y que, además, es mensajera de algo. En ocasiones, la rabia

aparecía para hacer un llamado a los límites, a reconocer que incluso, las “buenas madres”

pueden sentir rabia y pueden querer construir su propia individualidad.

En el siguiente fragmento, a parte de la rabia, habitaba un profundo dolor en Nadia, al

haber tenido una pelea muy fuerte con su hija menor, quién la agredió físicamente y,

posteriormente, tuvo un intento de suicidio. Esta situación generó mucho dolor, porque le

despertó a Nadia la sensación de que la historia se estaba repitiendo (su hija del medio había

estaba hospitalizada hace unos años), lo que implicó varios cuestionamientos y rabia al no

entender qué estaba pasando. La situación que desencadenó esta crisis fue que a Nadia le

dolían los senos y sus hijas mayores, hicieron el chiste de que podría estar embarazada. Esto

70
hizo que la hija menor sintiera que podría llegar un bebé y quitarle su lugar y así, se

desencadenó la ira.

N.R: Fue terrible, a mí me parecía mentira y que no entendíamos qué había pasado,

le preguntamos ¿qué pasó?, y pues nos fuimos con Gilberto nos fuimos para el

hospital y yo no quería ir, porque si es cierto que yo con L. (la hija mayor) fui muy

severa, pero con H. he sido muy especial

T: ¿Tenías rabia?

N.R: Si, tenía rabia, tenía dolor, porque me pegó, me dobló el brazo, fue grosera,

después le estaba hablando mal a mi esposo, o sea ya después de él interviene le tiene

que dar un correazo para que me soltara, porque ella no me quería soltar y tanto que

yo al otro día tenía los brazos adoloridos, entonces ya después se sentó a hablar con

ella y dijo ‘no es que mi mamá no me quiere’, y pues me tocó decirle que como se le

ocurría decir eso, y empezaron a tener una conversación y ella le decía a el papá que

no la dejara sola, y él finalmente se quedó con ella como una hora y al rato, como a la

hora es que ella le dice a L. que se había tomado las pastas y que había escrito una

supuesta carta y S. la encuentra, y bueno la cosa es que ya nos fuimos para el hospital

(...)

T: Qué doloroso para ti

N.R: No mira, eso fue terrible, (...) porque la verdad yo no la quería ni ver, estaba

dolida de tantas formas, entonces ya L. me dijo que la iban a dejar en observación y

que no le iban a colocar ningún antídoto, porque ya en los exámenes salieron bien (...)

ya H. estaba super arrepentida y me pidió perdón y que lo sentía; pero mira que yo no

podía y yo toda la vida he sido mala hipócrita porque no sirvo, como que no está en

mí, entonces yo no podía porque tenía un dolor, y yo si la saludé, si le hablaba y le

ayudaba en todo, pero yo no podía, pero si le pregunte ‘¿qué pasó?’, y me dijo que la

71
verdad era que le había dado un ataque de ira que no había sabido como controlarlo y

que necesitaba ayuda con eso, (..) y la psiquiatra y ella me dijo que mi hija estaba

pidiendo a gritos ayuda y que si yo no aceptaba que ella fuera que era cuestión de

tiempo que algo le pasara, entonces que me aconsejaba que le hiciera caso y yo

‘bueno’.

Por otra parte, en el caso de Gloria, la ira también ha aparecido cuando terminaba

haciendo cosas de las que luego se arrepentía, como tratar mal a su hijo. Incluso antes de

iniciar el proceso terapéutico, G. refirió que estaba trabajando en cambiar las maneras

agresivas con las que se relacionaba con su hijo, fue importante empezar a reconocer que la

ira no era una simplemente una forma de reaccionar. Como se puede ver en el siguiente

fragmento, se trabajaron dos focos: 1. La comprensión de la expresión de la rabia y la ira,

pues detrás de la reacción existe un deseo de G. de ser respetada por su contexto familiar y en

especial, por su hijo. 2. A través de una confrontación, pudimos explorar que este tipo de

reacciones pueden ser violentas con su hijo y, por tanto, estará en ella en buscar otras formas

de regañarlo o ponerle límites. Aunque se confronta, el objetivo de esta conversación no era

juzgarla, sino reconocer que ella ha tenido referentes con los que las dinámicas violentas son

normalizadas y, por tanto, también se ve que sencillamente no sabe qué más hacer. Una

actitud curiosa permitió ver que quiere ser respetada, pero que también detrás de la ira, hay

un no saber qué hacer.

G: Ah sí, porque yo no me acuerdo de que fue lo que me dijo y me dio mucha ira y le

pegué una cachetada y fue cuando le dije: entonces vaya y llama y le dice a su

hermana que le pegué una cachetada.

T: Ok, entonces, frente a esas cosas, tú te arrepientes, de haberle pegado, y de haberle

dicho eso.

72
G: Si, sí, pero es que no sé cómo tranquilizarlo.

T: Entonces veamos esa ira, ¿Dónde se pone en tu cuerpo, como es?

G: (Señala los puños)

T: Acá, acabas de hacer ahí con los puños.

G: Es que me da mucho mal genio (...)

T: Ok, entonces lo sientes aquí en los puños, y qué más pasa en tu cuerpo.

G: No, me da como ira, (risa) no se como explicarlo.

T: Y esa rabia qué hace para que luego hagas cosas de las que luego te arrepientes.

G: Es que por lo menos con todo esto yo me trato de controlar, y yo me quedo

mirándolo y lo que hago es voltear y me voy, pero entonces él sigue, como le digo a

él: usted me busca, a veces me parece que él quiere que yo me desencaje con él, es lo

que yo veo.

T: ¿Y quién es la adulta aquí?

G: Lógicamente yo, pero es que él puede no ser adulto, pero es demasiado inteligente,

porque ¿por qué con el papá no lo hace? porque sabe que el papá de pronto le llega a

pegar un grito, y es que él cuando estaba chiquitico, M lo regañaba y él se orinaba del

susto, entonces yo decía, ni que él le hubiera pegado, porque jamás le ha pegado.

T: Ok, entonces, ¿qué representa eso? que él hasta se haya orinado del susto incluso,

sin pegar, ¿eso para ti qué es?

G: No sé, es que no se, porque digamos M no le ha pegado, M no se mete en las

cosas, por ejemplo, en darle permiso, en verle sus tareas, en nada de eso, de pronto

con A. ha sido lo mismo, de que ellos al papá como que, pienso yo, lo respetan, a mi

no.

T: Jmm, ahí hay una cosa G. y es, todo esto que está pasando y tú que estás en proceso

en Comisaría de Familia, igual estas son formas de violencia, ¿sí? Entonces tú dices,

73
bueno, ni si quiera le pegó, pero se orinó, pero así a mi no me peguen, y creo que

también lo has visto, algo que se llama violencia psicológica o maltrato psicológico, o

verbal, eso igual afecta, y la reacción de J.C cuando era más pequeño, de orinarse, es

de miedo.

G: Es de miedo.

T: Y, por otro lado, tú dices, claro, a él lo respetan. Pero, el respeto es respeto por que

te respeto realmente, o...

G: O miedo

T: ¿O hay miedo ahí detrás? ¿Tú quieres que a ti te respeten o quieres que te tengan

miedo?

G: Que me respeten. Pero ni me respetan ni me tienen miedo (risas)

Cómo he mencionado anteriormente, parte de mis apuestas están en la posibilidad de

fomentar que se nombre y que se dé lugar a cosas que pueden ser incómodas. En la anterior

intervención era necesario ayudarla a entender la manera en que detrás de la rabia, había un

deseo de sentirse respetada. Pero también fue necesario reconocer que esa ira la podía llevar a

hacer actos violentos con su hijo. A continuación, un fragmento de mis reflexiones en torno a

la rabia:

Me parece importante dignificar la rabia en G., para mí no es una mera expresión de

una molestia, si no de un conjunto de situaciones que la han hecho sentirse invisible y

pareciera, que esta es una vía para visibilizarse. Ahora, también hay un contexto y

unas interacciones violentas y eso es importante nombrarlo. Durante el proceso, he

visto que la rabia le ha ayudado a poner límites y a reconocer lo que quiere y lo que

no, ahora el reto es darle un lugar a la rabia sin herir a los demás. (Fragmento diario

de consultas G.P)

74
Confrontación: Es una estrategia que ha estado presente en los procesos, como parte del

reconocimiento de patrones y pautas relacionales para cuestionarlas.

Las heridas familiares latentes

Bajo una mirada sistémica, es importante reconocer que los síntomas que traen estas

mujeres a consulta, en parte son reflejo de sus dinámicas familiares y pareciera que el núcleo

familiar también está intentando decir algo. Llegar a estas comprensiones requiere de tiempo

y de ampliar la mirada, pues en general, las tres mujeres llegaron a consulta con un dolor tan

grande y con una gran confusión que la principal necesidad era ser escuchadas y contenidas.

A lo largo de las sesiones, empezamos a explorar sobre lo que sucedía en sus casas y como

los otros miembros de la familia seguramente también tenían ciertos dolores.

En el caso de Nadia, refería que su hogar era un caos, pues sus hijas se pelean

constantemente, dos de ellas tienen intentos de suicidio y por muchos años, el esposo era

distante de las situaciones familiares. En la siguiente intervención es posible ver como se

empieza a movilizar la intención de ver las heridas en su familia. A través de las

interacciones en terapia, se generan interacciones familiares donde emergen nuevos

significados. Durante las primeras sesiones, ella usaba constantemente la expresión de que se

sentía herida y hacía metáforas sobre que sentía como si todo su cuerpo estuviera raspado y

cualquier cosa le generaba profundo dolor. Se ve cómo ella empieza a ver las heridas de sus

hijas de forma curiosa y comprensiva. La sesión previa fue muy confrontadora para ella, por

eso refiere que, aunque el ejercicio fue doloroso, le permitió hacerse nuevas preguntas.

T: Es que ¿sabes que me imagino? ahorita que dices de las heridas y los roces, que

cuando dices que cuando la herida está viva, cualquier cosita duele mucho, ¿será que

ellas también tienen heridas que hace que cualquier cosita les duele mucho?

75
N.R: Yo digo que si, por ejemplo si tú me preguntas con G., porque en la medida que

yo me he calmado o que trato de hacer las cosas, trato de hacerlas con él, le digo ‘mi

amor, no te pongas bravo, no grites, no respondas así’, pero yo también lo veo

decepcionado, cansado y como que cuando tú haces las cosas de que toca porque hay

que sacarlo adelante, pero lo que yo te contaba que me decía con S., que no espera

nada de S. y que ojala se equivocara; y con L. si me decía que tenía heridas, pero que

no podía ir a psicoterapia porque no tenía tiempo, pero que ella si tiene heridas, y ahí

recordé ese ejercicio de que das un poquito de información para recibir un poquito de

información, de que abres tu corazón para que la otra persona se sienta en confianza

de poder abrir el de ella también, y digamos que eso fue lo que intente hacer con

Laura, de contarle yo como me sentía, para poder ver qué pasaba con ella

T: ¿Sabes que estoy viendo? y se me viene la imagen a la cabeza y no sé si te hace

sentido, en las manadas de lobos, cuando un lobo tiene una herida porque algo pasó,

normalmente otro lobo, su pareja o la manada, vienen a lamer su herida, a cuidarla,

entonces pareciera que ahí hay unas heridas que necesitan ser lamidas para ser

cuidadas y para evitar que siempre estén a carne viva, porque claro es reconocer que

hay un dolor, que nos han pasado cosas que nos ha dolido mucho, pero también como

la manada nos puede ayudar a sanar esa herida, y también, lo hablábamos contigo,

que pareciera que hubieran cosas que no se dicen

N.R: Si total, y yo siento que también a veces no se dicen porque se no tiene

conciencia, o porque no se saben decir; por ejemplo en mi caso que fue muy doloroso

lo de hace 8 días, pero me ayudó a darme cuenta de muchas cosas, y dentro de ellas

trate de hacer el ejercicio; por ejemplo de pensar ¿por qué H. cambio cuando sucedió

lo de S. ? y ¿por qué empezó a ser tan agresiva conmigo?, ¿será que me culpaba?, (...)

76
un día le hice la pregunta así directa de ‘¿tú me culpaste?’, y me dijo que no, pero

recuerdo que decía que es que algo se rompió por dentro con lo que hizo S.

La metáfora sobre lamer las heridas: Viene del libro Mujeres que corren con los lobos, de

Clarissa Pinkola Estés, que aborda desde los mitos y las historias culturales, la fuerza y lo

instintivo en las mujeres

El siguiente esquema refleja las interacciones ocurridas en terapia y como se

empiezan a crear nuevas posibilidades en la relación con su familia. Cómo decía

anteriormente, las primeras sesiones estuvieron centradas en cuidar y comprender el dolor de

Nadia y una vez se estableció una alianza terapéutica más fuerte afectivamente, pudimos

empezar a ver estos dolores de manera ecológica. También, desde mi lugar como terapeuta,

surge de la intensión de querer traer las voces de la familia al espacio y así, complejizar las

comprensiones, para empezar a aliviar el sufrimiento familiar. Bajo una lógica del CMM, los

mundos sociales tienen un proceso continuo de ser reconstruidos, y, por tanto, se construyen

con otros en acciones conjuntas.

77
Ilustración 4
Nuevas comprensiones con Nadia

El vacío del aguante: un camino de soledad y tristeza.

Sin duda alguna, las mujeres llegaron al espacio terapéutico con una profunda sensación

de tristeza y soledad alimentada por todos los elementos que he venido desarrollando en el

análisis. La tristeza puede relacionarse con la pérdida de control y con sentir que su sistema

familiar se desborda, bien sea porque sus hijas tuvieron afectaciones en su salud mental, o

porque se encuentra en proceso por Comisaría de Familia. Debido a la carga y a la presión de

78
que sus hijas podrían estar en riesgo, no hubo tiempo para la tristeza y por eso se enfrentaron

a ella cuando ya estaban fuera de peligro.

Bajo una noción de sacrificio, las madres debían estar dispuestas a sus hijas, sin la

posibilidad de derrumbarse porque esto les podrían de nuevo, la carga de ser mala madre. La

apuesta terapéutica consistió en cuestionar y reconceptualizar “lo patológico”, al reconocer el

contexto social y cultural en el que el sistema familiar de Jenny está inscrito, así como las

pautas intergeneracionales que salen a flote en el proceso terapéutico. La intervención no

estuvo centrada en el diagnóstico de su hija y en cómo manejarlo, ni mucho menos en

diagnosticar a Jenny por su sintomatología. La reflexión ha pasado por preguntarse y

construir una mirada crítica y más amable en torno a la manera en que se relaciona consigo

misma y con su sistema familiar.

En este sentido, no se está abordando una narrativa acerca de una patología en particular

sino un acercamiento a lo micropolítico. El siguiente fragmento muestra cómo la carga que

existe sobre Jenny se refleja en su estado de ánimo y en la sobre exigencia que hay en ella.

Además de una sensación de soledad que pareciera que le afecta al no sentirse apoyada en

este proceso.

J.A: Si hay algo que me está pasando y es que no sé cómo manejarlo y es como que

hay días en que no quiero hacer nada. Hay días en que sé que tengo que hacerlo pero

me siento como sin fuerza. Es decir: "juepucha, tengo que hacer esto, tengo que hacer

lo otro, pero estoy cansada. (silencio y llanto) Tan sólo esta mañana, por ejemplo, no

me quería levantar. Decía: "qué mamera, qué pereza, tengo que hacer tantas cosas". Y

cómo a veces decir, si, listo, tengo a mi hija, pero como que no tengo para " listo si,

llama alguien como para que me dé un apoyo emocional". No lo tengo, pero recobro,

oro y digo "no, me tengo que levantar, no puedo quedarme acá", y lo hago. Y lo hice.

Y traté de arreglarme, pero después vuelvo y pienso, "juepucha es que me siento

79
cansada, necesito un descanso". Pero el problema es ese que no encuentro como hacer

ese descanso. Precisamente, no sé qué es lo que tengo que hacer. Es como sentirme

agobiada, triste.

En el caso de Nadia, quién es una mujer religiosa y cuyas hijas han pasado por

intentos de suicidio previos, llegó un momento de tanto cansancio, que incluso comprendió

por qué hay personas que piden a Dios que se los lleven a descansar. En otras ocasiones, ella

refería en consulta que solía esconderse en su caparazón para escapar de su realidad, pero

hasta ese momento pudo nombrar que efectivamente está cansada y quisiera desaparecer de

su realidad. Aunque la consultante no quería quitarse la vida, parecía ser el pensamiento más

desesperado que tenía por toda la situación que vivía en su casa y claramente, es una

expresión de su dinámica familiar.

Aunque es doloroso, esta idea termina siendo un punto de conexión con sus hijas,

pues los intentos de suicidio parecían ser un llamado al descanso. Sin embargo, su

experiencia religiosa le permite empezar a identificar lo que sería el descanso familiar a

través del perdón, reconociendo su responsabilidad y su propio lugar. La figura del perdón es

muy importante en este caso porque a lo largo de las sesiones profundizamos en que la única

vía no es el perdón y que, para llegar a este, es fundamental iniciar un ejercicio de

comprensión de los dolores del otro, además de reconocer cómo estas dinámicas se han

retroalimentado dentro del sistema familiar. El siguiente fragmento muestra el movimiento

que empieza a ocurrir en torno a la necesidad de descanso:

T: Que me llama mucho la atención sucedió y pensaste el sábado, que dices ‘que ya

entiendes porque hay personas que dicen Señor llévame a descansar’, si pensamos ese

descanso, no como la muerte, sino como un descanso ¿cómo sería un descanso

familiar por ejemplo? ¿qué te imaginas?

80
S1: Muy buena pregunta

N.R: Yo no sé porque siempre peleamos, estemos aquí o en Chiquinquirá, a veces

cuando vienen mis papás peleamos más, porque ellos quieren ayudar, y hacen

comentarios a las niñas y empiezan las cosas. (...)

T: Okay, retomemos un poquito, el no descanso es la pelea, y que además vienen más

familia y es más pelea; entonces ¿que sería lo contrario? imaginemos

N.R: Yo no sé, por ejemplo de pronto perdonar, que ellas se puedan perdonar entre

ellas, de pronto como que cada uno pueda asumir sus errores, de en qué se equivoca;

yo por ejemplo sé que con S., en algún momento como ella era tan difícil y nos

atacaba tanto, sin querer todos la atacábamos a ella, y yo me di cuenta de eso en

algún momento y le pedí perdón y le dije al resto de la familia, y como H. en algún

momento intentó repetir eso y yo no lo permití, y me decían que es que era que yo

defendía a H., pero en ese momento es como que yo me paraba como un escudo, y yo

la tenía detrás, pero era para que no hiciéramos lo mismo que habíamos hecho con S.,

porque yo dije no

S: Y fíjate que esto que dices respondiendo a la pregunta que hace Paloma, que creo

que es una pregunta que va a estar a lo largo de las sesiones, si pudiéramos descansar

¿que necesitamos?, y tú respiras profundo y nos dices ‘tal vez que cada uno pueda

reconocer sus errores’, y entonces eso ya pasó y fue un gran aprendizaje familiar,

entonces con S., que te permite respaldar a H. y no hacer lo mismo, y tal vez en este

momento esté pasando de nuevo esa necesidad, (...) de pronto mirar un poco yo ¿que

he hecho?, y en la relación, cuando yo me doy cuenta y lo reconozco, es muy posible

que el otro lo vaya a decir también, el que también ha hecho eso, y si pensáramos hoy

en ese descanso al que te invita Paloma, a reconocer los errores de cada uno, ellas

1
S: Se refiere a la supervisora con quién se estaba realizando co-terapia.

81
tendrán que reconocer sin que tú se los digas, porque eso es lo que te tiene agotada

también ¿cuáles podrían ser los que tú dices? en este momento ¿qué podrías estar

haciendo? ¿qué podrías estar diciendo? o dejando de decir, que de pronto este pasando

en la relación familiar

N.R: De pronto yo, dejando de decir, el silencio

S: ¿Que puede llegar a generar tu silencio en tu familia? porque a veces es importante

estar en silencio, digamos hoy estamos un poco más escuchando, más callados, y ese

silencio nos está llevando a entender cosas, pero hay un silencio que era el que te

mencionaba Paloma ahorita, que era ese silencio de alejarte, de la indiferencia, ¿qué

puede estar generando en tu familia?

N.R: Pues es que yo creo que ese ‘ya no más’ ese cansancio que yo tengo es como sin

querer tuviera una barrera ahí que yo me he dado cuenta, y hay momentos en los que

siento ¿yo podría abrazar a esta niña? y no, no puedo, porque hay dolor; entonces yo

siento que la primera que tiene que empezar a perdonar soy yo, y me acabo de dar

cuenta

Cómo he venido desarrollando, pareciera que hay un llamado al descanso familiar en

este sistema y cada miembro busca la manera de querer escapar. Dentro de la conversación

terapéutica surgió el reconocimiento de que, así como las hijas van creciendo, sus

necesidades van cambiando y, por tanto, la madre también va creciendo, va teniendo nuevas

necesidades y se va transformando. Parte de mi intervención en general, ha sido reconocer la

sobrecarga que existe en las mujeres y como el cansancio es una expresión de esto. También,

ha tenido la intención de acompañar a transformar la forma de acercarse a la maternidad,

comprendiendo los cambios que van ocurriendo lo largo del ciclo vital. De esta forma, mi

idea sobre el descanso se hace presente en las preguntas que le hago a la consultante y en una

mirada sistémica sobre los miembros de la familia:

82
(..) parece que hay un llamado en torno al descanso y a poder parar, así como una

idealización en torno a la maternidad pues pareciera que hay varios mitos en torno a

esta: ser la mejor, dar todo de sí por sus hijas. Además, se moviliza la idea de que está

atravesando un proceso de duelo de su maternidad: sus hijas ya no necesitan a la

misma madre que tenían cuando eran niñas. ¿Qué madre quiere ser ahora? ¿qué

necesita ella? ¿qué necesitan sus hijas? También usó un movimiento corporal con sus

manos que reflejaba fastidio y ganas de querer tomar distancia, pareciera que tanto

ella como sus hijas necesitan tomar distancia para poder ser, ¿cómo acompañarla en

el proceso de duelo? (Fragmento Diario de Consultas N.R)

Ilustración 5
Nuevos significados en torno al descanso con Nadia

83
Algo similar ocurrió en el caso de Jenny, cuyos síntomas físicos y emocionales

giraban en torno a la necesidad del descanso y a las cargas que giran sobre ella. En este caso,

también hay una sensación de sentirse sola y abrumada por todas las responsabilidades que

tiene. El cuidado y toda la carga que trajo consigo la hospitalización de su hija estuvo todo el

tiempo sobre ella, porque en ese momento tenía escaza red de apoyo y el padre no se hacía

cargo. Este cansancio se conecta con la barrera emocional que Jenny había construido durante

años, la cual le funcionó para responder a todo y para enfrentar la situación tan difícil de su

hija. Sin embargo, al salir del “piloto automático”, se dio cuenta que venía acumulando

tristezas, rabias, y otros dolores que salieron a flote cuando sintió que podía perder a su hija.

Frente a este despertar, también viene una sensación de agobio frente a la toma de decisiones,

pues reconoce que lo que decida a nivel laboral y personal también tendrá implicaciones a

nivel de la relación con su hija. El siguiente fragmento muestra la manera en que ella

relaciona sus emociones con el cansancio:

T: ¿Tú en qué momento sientes que este agobio se hace más grande, esta sensación de

no querer levantarte, de decir ya necesito descansar, pero necesito estar tranquila? ¿En

qué momento sientes que empieza a aparecer o aumentarse más?

J.A: No sé, es que es como difícil de decir, porque es tal vez por mi carga laboral. No

lo sé. Es un tema tan complejo económico con Melany, otra vez. Es duro, entonces

uno se siente agobiado, cansado. Como te había dicho, yo siempre asumía todo y no

pasaba nada.

T: Mjmm, ¿pero en qué momento tú lo empiezas a sentir? Porque con Melany has

estado mucho tiempo, no es desde siempre, ¿no?

J: Sí, digamos que a veces siento que es eso. Fueron unos meses tan duros, que eso

hizo, que se me recopilara todo el tema atrasado de mi trabajo, entonces ahorita me

84
está repercutiendo en todo lo que dejé de hacer en mi trabajo por estar con Melany.

Entonces eso es, es como un acumulado de todo. (...) Entonces hoy me siento cargada,

cansada, quiero descansar, pero no lo puedo hacer. Porque digamos, ya me adelanté

de lo que tenía atrasado, pero tengo que seguir. O sea, no tengo esta pauta de decir,

juepucha ya, como cuando tú terminas un trabajo que te tenía agotado, lo terminas y

ya y descansas. En mi caso no me pasa eso y me siento a veces muy muy cansada.

Ahorita, por ejemplo, en el trabajo me siento agotada, me siento cansada por esto, (...)

y yo digo "voy a empezar a buscar otro trabajo". Y así lo empecé a hacer. Pero

entonces es también lo que yo te decía la vez pasada. Yo ahora pienso mucho, pienso

que puede pasar si esto, ¿Y qué tal si no me sale? O sea, se me va a la mente, lo que

antes no me pasaba. Antes yo iba tomando decisiones y a lo que fuera y ya. Pero

entonces ahora pienso mucho antes de decir las cosas, pienso mucho antes de cómo

responde mi hija, pienso mucho antes de cómo hablar, lo que antes yo les decía a las

personas, lo que yo pensaba, lo que yo quería a mi manera y ya. Entonces son cosas

que como que me ansiedad, me dan como un bloqueo. Digamos, tengo tres

propuestas. Y estoy, "juepucha, ¿por cuál me voy, por cual me inclino?" Empiezo a

hacer una balanza ahí y no, como que Dios mío, ¿qué hago? es como ese agobio, que

no sabe uno qué decisiones tomar.

Continuando con la lógica de comprender el viaje emocional en el que se embarcó

Jenny, parte del proceso consistió en promover una mirada más compasiva sobre su proceso y

de esta manera, pudo reconocer su propia tristeza a través de la vulnerabilidad de su hija. Este

es un movimiento fundamental porque pasó de evitar sus emociones a reconocerlas y

escucharlas. Además, a pesar de ser desconcertante y desesperante, empezó a explorar su

sentir y así, pudo reconocer tanto sus necesidades como las de su hija. Esto también ayudó a

disminuir la carga de la culpa que sentía en dos vías: 1. Por cuestionarse si todo lo que le

85
había ocurrido a su hija tenía que ver con lo que ella hizo o dejó de hacer. 2. Por verse a sí

misma como una persona “débil”. La mirada hacia lo que sentía hizo que la narrativa saturada

empezara a movilizarse hacia un lugar más compasivo y comprensivo. Las narrativas

micropolíticas cambian con la movilización emocional: ya no se percibe como mala madre,

reconoce las exigencias a las mujeres y las cuestiona, reconoce la necesidad del descanso y

fomenta su libertad y la de su hija (sobre esto ahondaré en la siguiente categoría). El siguiente

fragmento refleja este reconocimiento emocional:

T: Ahora me decías también este tema de "bueno, estoy sintiendo, estoy

enfrentándome a sentir, ¿sí? Si nos hacemos amigas de estos sentimientos que no son

tan cómodos, no son tan chéveres. ¿Qué crees que te dirían? ¿Qué crees que te diría

esta tristeza, este cansancio, este agobio?

J: Pues digamos que es como algo que yo no había enfrentado en mi vida. Entonces

no es fácil. No es fácil porque, digamos he tenido muchas situaciones que creo que te

conté, que eso lo que hace es crear una barrera y siempre ser fuerte. Entonces claro, en

este momento, sentir tristeza me agobia, pero no me gusta. Hay días en que me

levanto contenta y me siento alegre, pero algo pasa también que no es una felicidad

completa. Si algo pasa, tengo unos bajonazos así de repente. Entonces digamos que he

aprendido. Lo he conocido, mejor dicho. Yo creo que todo lo que tenía reprimido de

años atrás se está viendo reflejado ahora.

T: ¿Y qué has conocido ahí? Digamos, estás en ese proceso de decirle "Bienvenida,

tristeza, usted y yo no estamos conociendo, usted qué onda, ¿qué te está diciendo?

J: Exactamente, entonces como que es como cuando te tomas una bebida caliente, una

fría de acuerdo con tu temperatura. Así que digamos, en un momento estoy bien, pero

hay momentos que hay un bajonazo y eso como: ¿Pero porque estoy así? ¿Por qué me

86
siento triste? Y a veces de una forma inexplicable. Porque uno debería de tener

tristeza por algo que te esté pasando profundo. Por ejemplo, en el tema de Melany ni

siquiera yo lo tenía cuando le pasó eso a ella. Si no que es ahora, después de que pasó

todo esto.

T: ¿Y por qué crees que llegó ahora entonces?

J: Tal vez por el tema de ver a mi hija cómo tan frágil. De pronto, verse a uno como

tan vulnerable, de no poder hacer nada con ella. Y que para mí es como mi columna.

Sí, pues porque es mi hija y uno por un hijo daría cualquier cosa. Entonces de

sentirme en esa vulnerabilidad, como que me hizo sentir a mí también. Y la misma

psicóloga me decía "tú creaste una barrera de ser fuerte y creaste esa barrera ante tu

hija para ser fuerte, pero todos tenemos derecho a llorar, todos tenemos derecho a reír.

Que, si queremos llorar, que, si queremos, lo podemos hacer. Pero tú creaste esa

barrera de que, si yo quería llorar, yo no lloraba". Entonces son cosas como que estoy

experimentando, como tú dices.

A través del análisis de esta categoría, se hizo un recorrido por las principales expresiones

emocionales que las participantes experimentaron durante este proceso. Las emociones son

políticas e inscritas en dinámicas hegemónicas y de poder, de manera que, para estas mujeres,

obedecían a mandatos construidos por las narrativas micropolíticas en su historia de vida. Es

posible dar cuenta de la manera en que dichas emociones fueron importantes y les sirvieron

para protegerse, y como quisieron empezar a explorar sentires más ligeros y tranquilos.

Co construcción de nuevas narrativas frente a la maternidad y frente a su propia

subjetividad

La intención de dividir las categorías de análisis surge de reconocer cómo se conectan las

emociones con las narrativas de vida y cómo así, es posible movilizar lugares más libres de

87
enunciación. No quiere decir que es un proceso lineal en el que primero se reconocen las

narrativas micropolíticas en los discursos, luego se habla de las emociones y finalmente, la

posibilidad de la construcción de nuevas narrativas. Es más bien un camino en espiral, en el

que a medida que se contiene a nivel emocional, se da cuenta de los contextos y

subjetividades de las mujeres y así, se empiezan a movilizar narrativas sobre sí mismas más

compasivas que a su vez, se pueden ver en un relacionamiento más tranquilo con su sistema

familiar principalmente. Para las tres, fue importante reconocerse más allá de la maternidad:

como mujeres que han entregado gran parte de su vida a sus hijos e hijas, pero también como

personas que han construido sueños e identidades que van más allá de ser madres. Parte del

proceso fue reconocer que pueden seguir amando y cuidando a sus hijos e hijas, pero que será

importante construir su propia libertad para acompañar el camino de libertad de sus hijos.

Reconstruyendo relaciones maternofiliales.

El camino ha sido doloroso y ha traído cuestionamientos sobre las relaciones con sus

hijos, pero también ha traído la posibilidad de reconstruir relaciones más genuinas y sanas.

Esto también implicó ampliar la mirada hacia el reconocimiento de los dolores de sus hijos

para poder comprender las nuevas necesidades de la relación. Las tres tienen hijos e hijas de

diferentes edades, pero se enmarcaban entre la entrada a la adolescencia y la juventud, lo que

implicó también movilizar una especie de duelo sobre los cambios en sus hijos. Los

cuestionamientos en torno a la maternidad surgieron a partir de situaciones familiares

difíciles que, a su vez, traía relaciones complejas con sus hijos, lo que hizo necesario trabajar

en la relación.

En el caso de Jenny, la enfermedad de su hija marcó un antes y un después en la relación,

pues el trastorno alimenticio las puso en una situación que Jenny nunca se imaginó vivir.

Después de que estuvo estable, fue difícil para ella saber cómo debía relacionarse con su hija

porque no quería hacerle daño, lo que llevó a reconocer lo que sentía y a poder expresarse de

88
maneras más tranquilas. Este sistema estuvo retroalimentado por la vulnerabilidad de ambas:

Ver a su hija en ese estado la conectó con sus propias sensaciones y a su vez, la hija vio a una

madre que también sentía y cuya barrera cada vez se hacía más pequeña. Esta situación las

llevó a encontrar nuevas formas de relacionarse porque pareciera que dejaron de

retroalimentar la barrera emocional en la relación. El siguiente fragmento de una de las

últimas sesiones refleja la manera en que el movimiento emocional que hubo en Jenny,

promueve la deconstrucción y resignificación de creencias y de esta forma, se siente mejor

consigo misma y con su hija, además, ya no se relaciona con su hija desde el miedo de que

algo le pasa o de que pueda herirla, si no, desde el disfrute:

T: Mientras hablabas pensaba en dos cosas y es ¿cómo ha sido para ti relacionarse con

tu hija? de dedicarle tiempo y no por fuerza mayor, de que el hospital y todo, sino

desde otro lugar, ¿cómo está esa relación?

J.A: Claro, ya nos acercamos, ella cambió muchísimo, ella se ha soltado más, ya su

círculo de amistades ha crecido, ya se expresa más, ya no se queda tan callada, ya va

diciendo lo que a veces siente, a veces llora, a veces grita, entonces eso ha cambiado

muchísimo y que siento que nos ha ayudado a las dos, tanto a ella como a mi

T: Y ¿esto cómo ha cambiado en ti como madre?, digamos ¿qué cambios has visto en

ti como madre?

J.A: Pues digamos que como yo antes fui criada con esa barrera, pero esa barrera ya

no existe, en este momento soy yo, soy la que puede llorar, la que puede estar triste,

la que puede estar en depresión, pero no quedarme como antes yo era con ella, como

psicorrígida, ¿si me entiendes?, entonces eso cambió y me ha ayudado tanto a mi

como para ella de tener como una relación más cercana, ya es como ‘mami tengo tal

cosa’, y le digo ‘ven y la miramos’, ya las opciones se dan y yo quitarme la barrera de

que yo siempre tengo que ser la fuerte y que ella también tiene que ser la fuerte;

89
porque ahí fue que entendí que con esas barreras es que le pasan a uno las cosas que

le pasan, pero el hecho de que le pasen a uno no significa que a otra persona le vayan

a pasar lo mismo

T: O sea que el cambio de una también influye en la otra y van de alguna manera

soltar esa barrera y ha permitido relacionarse de una manera distinta, como más

genuina; y cuando hablas de fortaleza ¿a qué te refieres?

J.A: Digamos que hace unos meses me sentía en el suelo, me sentía cansada, no quería

hacer nada por tanto agotamiento, tanta cosa emocional, el choque de sentir que iba a

perder a mi hija, económicamente ya no poder hacer nada más, eso es devastador;

igual que eso afectó mi trabajo, entonces yo ya estaba que no podía dar más, en

cambio ahorita que las cosas se volvieron a retomar dije ‘okay, estaba haciendo las

cosas mal, cambiémosla y empecemos a avanzar de otra forma’ y ya eso me ha

permitido fortalecerse, irse fortaleciendo otra vez, salir de eso

T: Yo creo que es importante también, más allá de que seas débil y fuerte, sino que

más bien estas permitiéndote sentir lo que venga, de forma más genuina y de alguna

forma todo este ejercicio que hemos venido haciendo te ha abierto a muchas

posibilidades, de encontrarte con una tu más conectada con lo que sientes, diciendo

‘vale, esto que siento no se siente tan bien pero algo me dice’, como si hablaras más

contigo misma y eso a su vez se ve influenciado en Melani y en tu relación con ella,

de alguna manera;

Parte del malestar que Jenny experimentó tenía que ver con una historia compleja con

respecto a su expareja, el padre de su hija. Si bien se separaron 2 años antes de que sucediera

la crisis de su hija, se vio enfrentada a llevar la situación de manera solitaria. Esto implicó

incluso iniciar procesos por Comisaría de Familia y someterse a conversaciones incómodas.

Uno de los aspectos que se pueden atribuir al cambio, tiene que ver con identificar lo que

90
siente, pero también poder expresarlo de una manera cuidadosa. Durante este proceso, parte

de mi intervención tuvo que ver con cuidar a la hija de no ponerla en el medio de la relación y

causarle más malestar emocional, lo que fue importante para Jenny al reconocer que podía

expresarle sus molestias e inconformidades sin triangular a su hija y sin sentirse mal. La

relación con el papá de su hija mejoró significativamente, él se empezó a involucrar bastante

en la crianza de ella y Jenny ya no se siente agobiada por parte de él. Además, empezar a

soltar las cargas de la maternidad, pasó por un proceso de reconocer que el padre también

debía estar involucrado y que la responsabilidad debía ser compartida. Mover una parte del

sistema ayudó a que el resto también lo hiciera. El siguiente fragmento muestra parte de este

movimiento en la conversación terapéutica, en donde se entretejen varias conversaciones

previas como se muestra en el siguiente modelo atómico del CMM.

Ilustración 6
Modelo atómico de CMM en el caso de Jenny

J.A: (...) eso sirvió para decir ‘bueno, ya estamos bien, miremos las cosas ahora de

una mejor manera’, entonces ya nos hablamos más bonito, ya se vuelve una parte más

fácil de expresar

91
T: Y más abierta, siento que no están hablando bonito porque sí, sino espontáneo y

genuino (...) al igual ella que por lo que me has contado que si hay algo que no le

gusta ella lo expresa, pero ya no es para herir o para evitar

J.A: Que era algo que ella venía haciendo, que ella no decía nada ni al papá ni a la

mamá, y todo para evitar un conflicto; ahora lo va diciendo de buena manera y

nosotros miramos cómo reaccionamos

T: Te acuerdas que eso lo miramos en donde hablábamos de que era importante que

M. no se quedara en la mitad, porque esa es una carga muy fuerte para ella, y que de

alguna manera todo lo que le pasa tiene que ver con eso, que ‘si digo algo mi papá se

molesta’ o ‘si digo esto otro mi mamá se molesta’, entonces ‘mejor me quedo

callada’, y todo explota; entonces ella ya está viendo que puede manifestarlo de una

manera distinta; ¿cómo estás viendo la relación de ella con el papá?

J.A: Ha mejorado muchísimo y lo que hablábamos la vez pasada, yo le hablé mucho a

ella y le dije que ella tenía que ponerle los límites a él, porque es justamente lo que

estábamos hablando y de cómo tú me lo transmitiste alguna vez, de que una forma es

como tú se lo digas y otra como él responda, eso no es responsabilidad tuya de como

él responda, otra cosa es que si la forma de responder te afecta a ti, eso sí le tienes que

decir de lo que está pasando, pero que no permita que eso la afecte porque él es una

persona que también tiene un tratamiento psiquiátrico, que cuando tú le dijiste ‘papá

tú tienes un problema, yo también tengo un problema, pues tenemos que buscar

ayuda’ (...)

Por otra parte, Gloria llegó con diversos problemas en la relación con sus tres hijos, la

mayor la había demandado por negligencia con el hijo pequeño, al hijo del medio le tenía

miedo porque es una persona con rasgos agresivos, y con el menor estaba mejorando la

92
relación, pero sentía que no la respetaba. Después de un tiempo, su hija mayor decidió no

hablarle más y al comienzo le generaba profundo dolor. Sin embargo, con el tiempo fue

comprendiendo que, así como ella lleva su proceso, su hija también lo estaba haciendo y se

sentía más tranquila con sus acciones. Incluso, antes refería que ella quería vivir la vida por

su hija y con el tiempo, pudo confiar tanto en sus propias acciones como en las de sus hijos.

En este sentido, el movimiento estuvo enfocado en reconocer en recuperar su autonomía y así

la relación con sus hijos empezó a mejorar (con los dos menores).

Como expuse en la categoría anterior, Gloria era una mujer que estuvo silenciada por muchos

años debido al miedo que sentía de que su voz no fuera escuchada y a las repercusiones que

pudiera tener en su vida. Esto se relaciona con dinámicas de violencia dentro de su familia, en

donde el silencio y el maltrato hacía parte de su sistema interaccional. El siguiente fragmento,

refleja la manera en que la relación con su hijo del medio ha mejorado y ya no se rige desde

el miedo, si no desde la comunicación y la confianza. Además, también empieza a quedar una

sensación de ligereza en torno a la manera en que quiere seguir construyendo la relación con

su hijo menor. De manera similar que, con Jenny, resalto la idea de cómo sus movimientos

emocionales influyen positivamente en la relación con sus hijos:

T: ¿Cómo ha sido darse cuenta de eso? de decir que ella no puede vivir la vida que yo

quisiera y también le permites a ella hacer su vida

G.P: Es como eso, darme cuenta de que lo que yo tengo que vivir es lo mío, y que en

este momento mi prioridad es J. (hijo menor), que él esté bien y poderlo encaminar a

una vida más sencilla, o a lo que a él le gusta, eso es en lo que me estoy encaminando

yo misma, de que yo tengo que ver es por él y que no tengo a nadie más porque él es

el menor de edad; mi hijo también es grande y que si ahorita está al lado mío pero

igual ya no me meto en lo de él, él verá cómo hace su vida

93
T: Incluso esa relación ha cambiado también

G.P: Si claro

T: ¿De qué manera?

G.P: De que podemos hablar, de que él puede estar conmigo, de que él cuenta

conmigo y que yo cuento con él, por ejemplo yo siempre he querido que mis hijos me

defendieran y A. lo hace, que si él se da cuenta que M. algo me está haciendo o que no

se, que me está poniendo los cachos, yo se que mi hijo me va a defender, y eso es algo

que yo antes no sentía, yo sentía que para él su papá era primero, porque él es muy

pegado a él, pero me doy cuenta de que no; y es que él tiene lo mismo mío y es que

nosotros no expresamos nuestros sentimientos, yo puedo querer mucho a M. pero yo

no le expreso mis sentimientos, yo no soy cariñosa, yo no soy melosa, no me gusta, no

me nace, pero yo lo quiero y lo mismo a mis hijos. (...)

T: Y mira que aquí también estás diciendo algo valioso de que bueno se parecen, de

que él tiene sus maneras y tú también, pero han construido esta relación de confianza

y no sé si te hace sentido de esta típica del dominó que uno pone una fichita y que las

otras se empiezan a mover, al empezar a expresarte, también ha tenido un efecto en él.

(...)

En el caso de Nadia, parte del proceso de resignificar su narrativa en torno a la

maternidad ha tenido que ver con invitar a cuestionar sobre la relación que tiene con sus

hijas. Uno de los cambios más llamativos tiene que ver con su hija del medio. Al comienzo,

la narración frente a su hija giraba en torno a que desde el mismo nacimiento venía dando

problemas y desde entonces, ha sido una relación difícil. Con el tiempo, ha podido encontrar

que su hija estaba expresando ciertos dolores que no estaban siendo vistos ni escuchados y

que, además, tenían varias cosas en común. De hecho, sus lugares de encuentro tenían que

ver con ciertos dolores que no habían sido expresados. Durante una sesión, con ayuda del

94
equipo terapéutico2, se realizó un ejercicio que ayudó a realizar estas comprensiones. El

ejercicio no fue grabado, pero me dispongo a describirlo y apoyarme con imágenes de

referencia. A través de un ejercicio de esculturas y de representación con el cuerpo, el equipo

se prestó para que Nadia lograra representar ciertas dinámicas de su casa. Antes de iniciar,

Nadia escogió quién representaría a los miembros de su familia. A mí me escogió como la

hija del medio, lo cual fue interesante porque el proceso ha sido doloroso, confrontador y

movilizador.

La primera imagen fue construida en la mesa del comedor, que es el lugar donde más

ocurren las peleas. Se identifica que el esposo está en la cabecera, con la mirada hacia abajo,

como si estuviera desconectado de lo que estaba pasando; la hija menor se muestra un poco

inquieta, en la otra cabecera; la hija mayor se sienta al lado de la del medio y mantiene una

actitud controladora sobre su hermana; Nadia y su hija del medio están sentadas una frente a

la otra, pero las separa un candelabro que impide que se puedan ver de frente. Según describe

Nadia, ambas están intentando alejarse del “caos” de las interacciones que ocurren en ese

momento. La hija del medio retira el candelabro y le dice a su madre que no la podía ver.

Este movimiento fue fundamental para comprender cómo ambas están logrando verse en sus

dolores, a través del silencio y de la evasión.

2
Este caso se atiende en la modalidad de supervisión directa, que consiste en realizar la atención con la
supervisora y dos compañeras que se encuentran detrás de la cámara de Gesell. Esto es lo que permite realizar
co terapia u otros ejercicios terapéuticos que involucran a más de un terapeuta.

95
Ilustración 7
Representación de la escultura familiar realizada sobre las dinámicas de interacción en la
familia de Nadia. Ilustradora: María Arlandis Tomas.

La siguiente representación fue a través de una imagen muy diciente en torno a cómo ve a su

hija. Contó que le ha costado entender que su hija ya está creciendo, así que, me cargó en sus

piernas como a una niña pequeña y tuvo un llanto desconsolado. Al pedirle que me intentara

levantar, lo hizo y después de unos segundos, me soltó y me dijo que no me podía cargar

más. Esta imagen ayudó a la comprensión de que efectivamente, su hija ya no es una niña y

que no puede seguir cargando con ella, tal vez es importante empezar a soltar y confiar en su

propia autonomía.

96
Ilustración 8
Representación de la escultura realizada sobre la relación entre Nadia y su hija del medio.
Ilustradora: María Arlandis Tomas.

Después, empezamos a pensar en cómo podríamos representar la manera en que quiere

relacionarse con su hija y Nadia representó un abrazo. Reflexionamos que un abrazo puede

ser sanador, pero después de un tiempo, cansa. Así que construimos la siguiente imagen, que

representa la manera en que ella puede estar para su hija, cerca, pero con espacio para que

ambas puedan estirar sus alas (esta es una metáfora que se ha venido construyendo a lo largo

del proceso, que representa la autonomía y emancipación. Al comienzo, Nadia refería que sus

alas están rotas y pequeñas, y que no sabía cómo usarlas. Con el tiempo, estas alas se han

venido haciendo más fuertes y tiene más espacio para ellas).

97
Ilustración 9
Representación de la escultura realizada con Nadia sobre la manera en que quiere
vincularse con su hija. Ilustradora: María Arlandis Tomas.

La Escultura Familiar es una técnica que busca representar las relaciones de los

miembros de la familia y sus interacciones, a través de un proceso no verbal, dinámico,

simbólico y activo. Tiene como objetivo expresar percepciones, sentimientos, emociones y

narrativas a través de imágenes, para introducir cambios en las historias e interacciones

familiares.

Resignificar la relación con sus hijos e hijas ha sido fundamental dentro del proceso

terapéutico para movilizar las narrativas en torno a la maternidad. Además, el reconocimiento

del malestar emocional ha permitido disminuir dichas narrativas y las emociones asociadas a

la culpa y tristeza que las tres participantes han manifestado a lo largo de la terapia. No

significa que haya sido un proceso lineal, e incluso aunque el malestar emocional haya

98
disminuido al igual que las narrativas de culpa, la relación con las hijas podía tener subidas y

bajadas. Sin embargo, aunque haya habido bajadas, las mujeres refirieron una mejora

significativa en la relación y una mayor confianza en sí mismas y en sus hijos e hijas.

Resignificar la relación con la propia madre

En algún punto del proceso terapéutico, cada una de las mujeres trajo al espacio la

relación con sus madres, tanto en su infancia y adolescencia como actualmente, lo que generó

diversas reflexiones y manifestaciones emocionales. La primera referencia que tuvieron para

iniciar su camino por la maternidad fue su propio vínculo materno, tanto para decidir qué las

inspiraba y qué querían hacer diferente. Esto implicó reconocer algunas heridas que tenían y

que también habían estado silenciadas durante mucho tiempo, además de visibilizar las

propias heridas de sus madres. Es decir, en el proceso hubo una mirada transgeneracional que

permitió ayudar a la comprensión de algunas situaciones que viven hoy en día.

En el caso de Nadia, pudimos reconocer que parte de las incomodidades que sentía frente

a su madre venían de haber estado triangulada en su hogar de origen, pues durante su infancia

y adolescencia ella tomó un lugar protector dentro de su familia. Durante el proceso, además

de abordar la relación con sus hijas, ha sido importante reconocer la relación que tiene con

sus padres actualmente. En algún punto, refirió que no confiaba en la capacidad de tomar

decisiones de su mamá, pues ella es una mujer que vive con su esposo en el campo y le

consulta constantemente a su hija sobre lo que debe o no hacer. Después de reflexionar,

reconoció que lo primero es poder confiar en las decisiones que toma su madre, para así

respetar su autonomía y que ella no se sienta tan cargada. A continuación, se refleja este

movimiento:

N.R: Lo recibo bien, porque caí en cuenta de eso, no me había dado cuenta que mi

mamá me llamaba para que yo decidiera por ella y que yo estoy decidiendo por ella y

99
que eso tampoco está bien, que no le debo quitar su capacidad de decisión y que debo

también confiar en que si ella es un buen ser humano es porque tiene toda la

capacidad de decidir, y que está atravesando igual que yo por un mal momento, pero

eso no significa que no pueda tomar las herramientas para hacerlo y que en lo mejor

que la puedo ayudar es ayudándola a poder decidir, a tener esa conversación con mi

papá; yo no lo he hecho y no sé si me toque a mi hacerlo, porque M. es el que maneja

la cuenta y le ayuda con todas las cosas de papeles, yo les ayudo con citas médicas,

los acompaño; entonces ella lo que nos proponía es que los dos habláramos con mi

papá y le dijéramos que le asignara una mensualidad de tal manera que Mauri le girara

de una vez la plata para que mi papa se la de; entonces sé que ella si necesita esa

ayuda.

Como parte de un ejercicio terapéutico, se propuso a Nadia ver la película Red de

Disney, que trata de una niña de 13 años que está transitando por la obediencia y la rebeldía

de la adolescencia y cada vez que se emociona demasiado, se convierte en un panda rojo

gigante. La intención con esta tarea era hacerla reflexionar sobre como acompañar los

cambios en sus hijas. Para sorpresa de ambas, la película la llevó a pensar en su propia

infancia y a entender aspectos de la relación de sus padres con ella. Además del desarrollo de

la confianza en su madre, le quedó la sensación de querer pedirle perdón, porque con el

tiempo ha comprendido que el padre ha sido fuerte con ella y tal vez, el hecho de que su

madre la buscara siempre tenía que ver con una sensación de sentirse invalidada dentro de su

propio contexto. El ejercicio de verse a sí misma en su ejercicio de maternidad desde un lugar

de sacrificio, le permitió ver a su propia madre de manera más compasiva y de esta forma,

darle reconocimiento:

100
N.R: Me dan ganas de pedirle perdón, de decirle ‘mami, perdóname porque yo no te

entendí y que me doy cuenta de que tienes razón porque mi papá está siendo muy

duro, muy grosero y muy fuerte’, y no es porque él no lo quiera a uno, sino porque él

tiene una ira que no sabe controlar, o sea él es como el grandote en la película de la

niña, mi papá es así; y digamos que yo a mi esposo se lo he enseñado a manejar y él,

mi papá lo escucha más a él porque lo quiere y lo respeta, entonces él… yo se lo

enseñé a manejar a Gilberto porque ese mismo enojo gigante en algún momento yo lo

tenía y a mí me decían que yo era igualita a mi papá y en el carácter..

Si bien no hacía parte de los objetivos terapéuticos, se hizo necesario ahondar en la

relación con sus propias madres, para generar comprensiones más amplias sobre su propia

maternidad. A parte de las comprensiones, fue importante abrir espacio a las emociones que

vinieron relacionadas con esta relación. Esto implicó ahondar también en la relación con los

padres. Jenny no conoció a su padre; el padre de Gloria murió cuando ella era pequeña; y

Nadia mantiene relación actualmente con su padre. La mirada en estas relaciones les permitió

entender el contexto cultural y social en el que estaban inscritas y decidir qué de este contexto

querían seguir cargando, y qué cosas querían cortar.

Resignificar la maternidad: Un regalo de libertad

Si bien en las anteriores categorías ya se empiezan a dar cuenta de los lugares de cambio

en las mujeres, en esta categoría se da cuenta de cómo, a través de los discursos de las

consultantes, se empiezan a resignificar sus relaciones y a su vez, la manera en que viven la

maternidad. Hablar de la maternidad implicó ahondar en sus lugares de enunciación y de

emancipación, de manera que fue necesario incluso, dejar de hablar por un momento de sus

hijos e hijas, más allá de la identidad materna.

101
La subjetividad de las mujeres – el self

Parte del proceso implicó comprender que, para acompañar a su familia a desarrollarse

desde la autonomía, era necesario construir formas más libres de relacionarse consigo

mismas. Esto significa que fue importante retomar las cosas que les gusta hacer, tener

espacios para ellas mismas y, por tanto, construir posibilidades de libertad. El proceso de

Jenny se caracterizó por reconocer la historia de la barrera e identificar cómo ha sido la

comprensión de que ya no necesita esta barrera y que puede relacionarse con su contexto y

consigo misma desde la fortaleza que trae la propia fragilidad. Una de las cosas que más

movilizó emocionalmente a Jenny fue la posibilidad de hablar de su historia y de empezar a

hilar conexiones entre su sistema familiar, la historia con su hija y sus síntomas actuales. Con

ella fue importante hablar y nombrar sus emociones para luego generar compresiones sobre

los mensajes que le estaban dando y así, generar cambios a nivel relacional. El siguiente

fragmento muestra este proceso:

T: (..) me gustaría invitarte a eso, a que pienses como viniste, más bien recuerda cómo

estabas, ¿Qué estaba pasando contigo? ¿Qué estabas necesitando?

J: Estaba desestabilizada emocionalmente, esas sensaciones de culpa, de ira, triste,

alegría, uf fue una época que como que no compensaba nada con nada, esa

desestabilización emocional. Eso era uno, y lo otro el tema de mi hija, que yo sé que

no era fácil uno sentirse en el suelo derrotado, que uno no puede hacer más por ella.

El tema de pronto de no saber enfrentar las situaciones con mi ex pareja, esa era otra

cosa. La saturación de tiempo, digamos yo no entendía por qué era que tenía que

mantenerme siempre ocupada, eso también me hizo desacelerarme, sentarme como:

oye, descansa, aprende a hacer nada, porque siempre mantenía una agenda en el día,

al trote.

T: Mjm, ¿y hoy como te ves frente a esas cosas que traías?

102
J: Muy diferente, ¿sabes? diferente, ya veo la vida más lenta, empezando por ahí,

dándome más espacio para mí, también poniéndome en el lugar del otro, dándome el

espacio de decir, yo estoy triste, tú estás triste, si quieres llorar, llora, pero no poner

ese roble de decir: no voy a llorar, no voy a llorar, pues no porque es la forma de

nosotros expresarnos y también de desahogarnos, entonces creo que ahora busco la

forma de decir las cosas de la mejor manera y no guardármelas entonces digamos que

eso me ha ayudado bastante a ver las cosas, y dejar de ser psico rígida, digamos con

esa forma en que venía pues yo venía muy ligada al día a día y que las cosas tenían

que salir como casi perfectas, entonces y también arriesgándome. Empezando por mi

trabajo que ya me salí de mi línea, entonces es un reto, nuevo reto, nuevas cosas,

entonces yo dije que tenía que empezar a trabajar en lo que yo quiero, entonces pues

creo que hemos mejorado muchísimo.

Ver la vida más lenta en un contexto de constante sobre exigencia sobre las mujeres es

un acto de profunda resistencia y liberación. Además, en su narración refiere cómo ha podido

cuestionar las exigencias de perfección que se evidenciaban en lo que ella denomina psico

rigidez. Esto no significa que dejó de asumir sus responsabilidades, al contrario, ingresó a un

nuevo trabajo en el que tenía más responsabilidades. Sin embargo, cuestionó la necesidad de

tener que responder a todo de manera perfecta y mientras tanto, se perdía de sí misma, de su

propio placer y de una relación de confianza con su hija. Mantenerse ocupada todo el tiempo

tenía que ver con la necesidad de escapar de sus propios problemas y le hacía frente a través

de la perfección y las responsabilidades, tanto así que no hubo tiempo para la tristeza. Dar

lugar a sus sentimientos abrió a la posibilidad de poder cuestionar el ciclo en el que venía y

empezarlo a cambiar para darle espacio al disfrute y a la tranquilidad. El siguiente fragmento

muestra este recorrido y el proceso se puede ver en el gráfico que viene a continuación:

103
T: Wow, si mucho. Con respecto a la relación con Melany, verte a ti como mamá de

Melany, que alguna vez me dijiste: se me sale de las manos.

J: Digamos mi hija también ya dice: no, mi mamá cambió mucho. Antes de ayer, me

rompió un cenicero que me regalaron hace como dos años, que era una herencia de mi

tío, lo tenía como para colgar unas velitas, y el gato me había roto uno hace 15 días y

bueno, pero hubiera sido en otro tiempo, me hubiera salido de las casillas. Entonces

digamos que todo pasa por algo, yo con Melany antes de la enfermedad, era muy

explosiva, todo tenía que quedar organizado, todo tenía que quedar perfecto, ahora

no. (...) Alguien me decía: es que a veces muchas mamás prefieren la limpieza que

compartir con sus hijos, a mí me pasaba eso, yo mantenía ese apartamento como una

tacita de té, yo trabajaba de lunes a viernes y los sábados permanecía haciendo oficio

todo el tiempo, el domingo íbamos a almorzar y ya, ese era como el ciclo. Pero no me

salía de esa zona de, hoy sábado no quiero hacer nada, no quiero dormir, o quiero

dormir hasta tarde, no lo hacía ¿si me entiendes? no me daba ese lugar porque quería

permanecer ocupada por los problemas que venían con mi ex pareja. Y claro, cuando

tu me dijiste, ¿y desde donde crees que venía eso? entonces yo empecé para atrás y

ahí entendí. (...) Como que me quité esa visión de tener esa psico rigidez que tenía, y

darme cuenta de que yo vivía pegada al techo, yo ya venía con unas secuelas de atrás,

de estar siempre preocupada, todo perfecto, todo limpio para que se viera todo bonito,

pero al final de cuentas, pues tarde o temprano se lava, o se arregla, o se limpia.

Tampoco no al extremo, pero tampoco. Entonces eso también me ayudó bastante.

Entonces mi hija si me ha dicho: no mi mamá si cambió muchísimo, y mis

compañeros de trabajo también se han dado cuenta también, me dijeron. (...) Entonces

me tomé el tiempo de darse el tiempo para sí misma y de escuchar a otros.

104
Ilustración 10
Construcción de nuevos significados a través del cuestionamiento de los mandatos
hegemónicos

En el caso de Gloria, el cambio de narrativa estuvo más enfocado hacia la

disminución de la culpa y hacia el reconocimiento tanto de su autonomía como la de sus

hijos. Ella llegó remitida por Comisaría de Familia, pero desde el comienzo refirió que quería

hacer el proceso por ella, más allá de un certificado de asistencia. Esto marcó una pauta de

responsabilidad importante, porque estaba dispuesta a reconocer las cosas que podría hacer

mejor con sus hijos y también, buscar la manera de sentirse mejor. Este proceso estuvo

atravesado por una narrativa culpabilizante, en donde de nuevo, toda la responsabilidad recaía

en ella. Aunque su esposo fue quien tomó ciertas decisiones, en ella recae toda la culpa por

no haber hecho las cosas diferente en el pasado con respecto a la crianza de sus hijos.

105
Sin embargo, esto empezó a cambiar cuando comprendió que toda su expresión

emocional venía de un cansancio de una noción de “sacrificio” por sus hijos y de perder su

propia autonomía. Incluso, pensar solo en los sentimientos de los demás, generó que la

sensación de sentirse invisible aumentara. Parte de poder sentirse visible tuvo que ver con

reconocer que no puede vivir la vida por su hija y que, aunque le afecta, es una persona adulta

que también está pasando por un proceso emocional complejo. Además, en un contexto en el

que se minimiza el hecho de ir a terapia y pedir ayuda, es muy valioso que haya empezado a

tener un espacio para sí misma. Esto significó confiar en sus propias decisiones y, por tanto,

no temer expresarse y no dejar de hacer sus cosas por miedo a las consecuencias con su

familia y, en especial, con su esposo. La narrativa empieza a cambiar cuando cuestiona el

miedo y el silencio y le da un lugar a su propia voz.

T: ¿Qué ha cambiado?

G.P: De pronto lo que yo te comentaba la sesión pasada de darme cuenta de que las

cosas como que no todo es mi culpa, de no sentirme culpable de todo lo que está

pasando, de no sentirme mal porque nadie me habla de no sentirme mal porque mi

hija está así mal, porque ella en su momento me echó la culpa de que la dejé sola, y

pues creo que es un proceso que ella tiene que llevar no yo; yo tengo mi propio

proceso y siento que no lo he hecho mal

T: Y frente a tu proceso ¿qué has visto de ti misma?

G.P: Pues que tengo que pensar más en mí que en los demás, me cuesta mucho

trabajo; porque yo siempre tengo el peso de lo que sienten los demás por encima de lo

que pienso yo, como que no me interesa lo que yo pueda sentir sino que los demás se

sientan mejor; entonces es algo que sí me ha costado trabajo, pero como que lo voy

llevando

106
T: Ahí vamos, trabajando en eso; pero ¿cómo has ido trabajando en eso?, por

ejemplo, en esto de poderte cuidar a ti misma

G.P: Nada, pues el hecho de estar yo acá, porque por ejemplo yo sé que M. no está

de acuerdo con esto y yo siempre hago lo que él… o bueno no todo lo que él diga es

ley, pero para que él no se moleste yo dejo de hacer cosas, o de pronto le miento, o le

digo tal cosa; pero entonces no, él nunca se acuerda para donde voy, por ejemplo

acaba de llamarme para preguntarme yo donde estaba y pues le dije que estaba en mi

cita de psicología, y es que yo antes le decía como por los lados y ahora si le digo

‘tengo mi cita de psicología y voy todos los viernes’ y aun así me toca decirle todos

los viernes que vengo para aquí, por ejemplo en un principio el me preguntaba ¿pero

usted a qué va?, y yo al principio me quedaba callada y le decía ‘eso es mío y es algo

personal’ y él ya lo entendió y ya lo respetó de que yo no tengo porqué contarle lo

que yo vengo a hacer acá.

En el caso de Nadia, ha sido importante hacer un ejercicio de reconocimiento del

trabajo del hogar, pues ella dejó de trabajar cuando se casó y tuvo sus hijas y esto hizo que

dejara de hacer las cosas que le gustaban antes. Parte del proceso terapéutico fue que pudiera

volver a conectar con su propia identidad más allá de la maternidad. Las mujeres que

renuncian a sus trabajos por dedicarse tiempo completo a sus hijos pueden caer en una

paradoja porque pareciera que pierden la posibilidad de seguir construyendo su propia vida.

Ella dejó de sentirse útil, aunque dedicaba todo el tiempo a sus hijas. El siguiente fragmento

da cuenta de lo que representa para ella haber tenido que comprar una agenda, pues

simbólicamente es el lugar donde plasma las actividades que hace, que a su vez representan

que está conectando con las cosas que le gustan. En esta agenda no escribe nada sobre sus

hijas, está dándose un lugar a sí misma.

107
Durante otra sesión manifestó que no se sentía reconocida en su casa por todo lo que

hace y hay una tendencia de pensar que, como no trabaja, entonces está disponible todo el

tiempo. La agenda representa su independencia y emancipación y la conexión con sus propios

gustos. Es tan potente, que esto le devuelve la vida y le permite hacer preguntas sobre lo que

quiere y no quiere hacer. Además, fue volver a conectar con los gustos del pasado. Ella

estudió periodismo y comunicación social y por lo general, le ha gustado conectar con la

gente. Así que, se empezó a tejer un encuentro con su yo del pasado.

N.R: Es que eso me hace sentir viva, me da como ganas de vivir, me motiva

muchísimo; y sabes que también hice, fui y me compré una agenda y yo dije ‘necesito

una agenda porque ahora sí tengo muchas actividades’, que tengo que anotar las cosas

del colegio, lo que hago en la iglesia, lo que hay en el consejo y ahora mis clases de

Hebreo; entonces fue maravilloso, y que hacía muchos años no tenía una agenda,

desde que trabajaba.

T: Y eso también es darle el valor a lo que haces desde hace 25 años; ¿sientes que eso

te conecta con la vida?

N.R: Muchísimo, me hace sentir viva, me hace sentir útil, me hace sentir capaz, es

bueno

T: Eso es muy importante, y me acuerda a esa sesión en donde estábamos las dos

sentadas escribiendo sobre tu maternidad y como todo lo que se ha movido, y que

terminamos y me dijiste como que L. no reconocía tu trabajo en la casa, y siento que

esto también para ti es importante, porque el hecho de comprarte una agenda es como

‘mi trabajo’ y que también debe ser reconocido porque son cosas que tienes que

hacer y que son tuyas, que no todo gira en torno a tus hijas, y mira que lo que

anotaste ahí o lo que tienes que empezar a anotar, casi que ni tiene que ver con tus

hijas; porque dijiste Hebreo consejo, iglesia y más, y que eso no quiere decir que

108
ahora ya no estás pendiente de tus hijas, no, claro que no, pero es mostrar que no todo

gira en torno a tus hijas.

N.R: Yo creo que ha notado que recuperé eso, la seguridad, el alegrarme con mis

cosas.

Connotación positiva: Si bien ha hecho parte del acompañamiento con las mujeres, en el

anterior fragmento puede verse como se connota positivamente los cambios. Esto significa

que logra dar sentido a los cambios reconociéndolos como tales, lo que minimiza lugares

de culpa que podrían emerger, para fortalecer la mirada en las posibilidades existentes que

amplían su libertad.

Fueron necesarias varias sesiones para que Nadia empezara a moverse desde lugares

más reflexivos en torno a sí misma, sus relaciones actuales y su familia de origen. Pareciera

que, aunque hay un amor grande hacia sus padres, también hay una sensación de rencor y

rabia al reconocer que asumió roles que no le hubiera gustado asumir. Esto implica reconocer

que, si bien la mayor parte de su vida ha estado regida por el deber ser y por la obediencia,

también ha habido momentos en los que se ha cuestionado y ha hecho movimientos para

liberarse y tomar decisiones por y para ella misma. A través de un ejercicio narrativo de

memoria histórica, se empezaron a reconocer los momentos en que se ha rebelado a lo que le

han impuesto y las necesidades actuales de rebeldía. Este foco se empezó a construir con el

equipo terapéutico, porque al trabajar en su proceso de individuación, es posible que la

relación con sus hijas y en general, las dinámicas familiares, se movilicen hacia lugares de

autonomía.

El siguiente es un fragmento de una carta que Nadia escribió como parte de una tarea

que refleja el principio sistémico de si se mueve una parte del sistema, se puede mover todo

el sistema.

109
He aprendido a conocerme, a pensar en mí, a ver a mis 2 hijas mayores como las

mujeres que son, a escuchar sus puntos de vista y respetar sus decisiones, aunque

algunas veces no las comparta. Un día recibí la lectura de un elefante3 que me hizo

reflexionar y entender que está en nosotros el seguir igual o arriesgarse a los cambios.

También aprendí que tengo unas hermosas alas que se están regenerando y que algún

día me ayudarán a volar. He cambiado para bien y he entendido que de mi cambio

también depende el cambio de los demás. (Fragmento de carta sobre el proceso

terapéutico, N.R)

Metáforas y cartas terapéuticas: El uso de metáforas permite construir otros lenguajes en

torno a la que se considera problemático para darle paso a nuevos significados. Las cartas

terapéuticas permiten, a través de la escritura, dar espacio para la expresión emocional.

Una nueva mirada sobre la maternidad

Cada una de estas mujeres ha construido la forma de vivir su maternidad de manera

diferente, atravesada por un contexto social y cultural. Por tanto, no existe un guion de cómo

vivir la maternidad de manera apropiada. En este sentido, era importante reconocer cómo esta

construcción obedece a mandatos sociales hegemónicos y pensar cómo esto cambió en el

proceso terapéutico. Esto no significa que no siga trayendo cuestionamientos ni malestares,

pero ahora son mujeres que se han permitido tener un lugar de libertad y así mismo, ver su

maternidad desde la posibilidad de potenciarse a ellas y a sus hijos, y no únicamente desde el

sufrimiento.

Gloria empieza a reconocer que percibe su maternidad desde la tranquilidad y el no

sufrimiento, sin negar que aún hay dolores relacionados con la relación con sus hijos

3
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mayores. Sobre todo, con su hija mayor, con quién no mantienen contacto, le gustaría poder

estar más cerca, pero también respeta sus decisiones y autonomía. Soltar estas cargas le

permitió nombrar la necesidad de no sufrir – o al menos intentarlo- por sus hijos. En la

narrativa se percibe un poco la sensación de culpa, aunque no es nombrada, pues expresa que

les dio unas bases a sus hijos, pero no se las dio bien. Esta es una de las paradojas de la

maternidad: por un lado, creció la confianza en sí misma y la tranquilidad de haber hecho las

cosas bien, por el otro, no confía en las bases que les dio a sus hijos. Sin embargo, una parte

de ella confía en que ellos van a poder discernir sobre lo que necesitan.

T: Okay, si hacemos el ejercicio de pensaros hoy en día, o sea ahora te pregunto si la

G del pasado la dejamos descansar un rato, y llegamos a la de hoy en día ¿qué

sentimientos experimentas frente a la maternidad?

G.P: Pues tranquilidad, de pronto si tengo frustración porque uno no puede decir que

se relaja viendo eso, pero si es como que me relaje y darme cuenta de que ellos ya

son grandes y que por más de que a uno la vida le da duro, si uno tiene el deseo y la

fuerza uno sale adelante con lo que tenga, de pronto mi hija que diga que no necesita

ni a su mamá ni a su papá pero que sale adelante, y yo siempre les dije eso, que ellos

tenían que demostrarse a ustedes mismos que si valen la pena; porque es que ellos

siempre me han dicho ‘es que yo no sé’, ‘es que yo no hago’, ‘es que yo no puedo’,

entonces yo les decía, porque el tema siempre era con el papá, que tenían que

demostrar que son diferentes, entonces me relajé en ese tema porque no puedo, o sea

yo no le puedo arreglar la vida a mis hijos, o sea yo les di unas bases, pero no se las

di bien que es lo que yo digo, pero ellos también tienen que decir ‘estas bases no me

sirvieron pero yo tengo las mías’, ‘yo hago y salgo adelante yo solo’, así como lo

111
hace mi hijo o lo hace mi hija, cada quien como lo pueda hacer; que uno quisiera ver a

sus hijos diferentes pero eso ya no se puedo

(...)

T: Okay y ¿qué hay de ti misma? ¿Cuál de estos cambios que has experimentado en ti

impactan en la manera en la que te ves cómo madre?, ¿qué cambios puedes

identificar?

G.P: El no sufrir, pues tratar de no sufrir; el no sentir culpa de que yo fui como la

culpable de todo, no se… tengo mucho amor para darles a ellos. (...)

Al hacer un ejercicio similar con Jenny en torno a la mirada que tiene hoy en día sobre

su maternidad, ocurre la necesidad de reconocer y valorar su propia historia. Pasó de sentirse

culpable por lo que vivió con su hija, a hacer un ejercicio de perdón hacía ella misma.

Además, reconoció que no es posible ser perfecta y al quitarse esta carga, puede vivir una

maternidad más tranquila. Al inicio del proceso terapéutico, prevalecía la culpa y el

cuestionamiento que se mezcló con una profunda tristeza por sentir que podría perder a su

hija y por sentir que había vivido su vida de manera automática. Sin embargo, al mirar hacia

atrás, sabe que la barrera le sirvió para poder sostener a su hija en los momentos más difíciles

y, por tanto, reconoce su valentía.

T: Por ejemplo, frente a ti como mamá ¿tu, mamá de hoy, ¿qué le diría a la mamá que

pasó por todas esas situaciones con su hija?, ¿qué le podrías decir? Con todos los

elementos que has trabajado, con todo lo que ha pasado con Melani, ¿hoy que le

podrías recomendar o decir?

J.A: Primero que todo, perdonarse uno porque no somos perfectos, no existe la mamá

perfecta y todos cometemos errores, de pronto en algún momento si descuidé a mi

hija por más trabajo, y me gustaría estar más pendiente de ella; entonces si le diría eso

112
a ella y disfrutar a mi hija, porque ellos crecen y se van, en el punto en el que tenemos

que disfrutarlos es en el ahora, eso es algo que también le diría

T: Y con respecto a todo ese tema de las hospitalizaciones

J.A: Que fue una berraca, la mamá de esa época fue una berraca, porque no se

doblegaba, porque muchas personas que me decían que si estuvieran en la misma,

estarían derrumbadas, pero yo sabía que tenía que avanzar, mover fichas, hacer esto,

hacer lo otro, porque en ese momento yo me mantenia como un roble de ‘ o lo saco o

lo saco’, muevo cielo y tierra porque lo tenía que hacer, fui yo sola porque no contaba

con nadie más y yo creo que Dios le da a uno esa fortaleza (...) yo creo que esa

fortaleza me sirvió para avanzar con mi hija porque de otra yo creo que se hubiera

derrumbado totalmente; pero con ser así moviendo todas mis fichas, puse toda mi

disponibilidad y todo, al final cuando ya me sentí vulnerable fue cuando mi hija

teniendo todas las herramientas ella no quería reaccionar; creo que ese fue el proceso

donde arrancó todo esto, yo ya no podía más, yo decía ‘Dios mío ya no puedo más’.

(...)Si, ya en ese punto la tristeza, la depresión, la ansiedad, el no querer hacer nada;

porque yo ya sentía que mi hija no reaccionaba, entonces ese fue el día donde

nacieron todo este tema emocional, donde empezó; y ya con mi hija tal vez esa

fortaleza que vio de yo poder decirle las cosas también reaccionó en ella (...)

El siguiente fue un ejercicio de reconocer cómo veía la maternidad antes de iniciar el

proceso y cómo la ve hoy en día. Es interesante porque el primer esquema muestra que

efectivamente todo lo que giraba en torno a su identidad materna, tenía que ver con

sentimientos de culpa, tristeza, miedo, desesperanza y la sensación de no saber qué hacer. Al

escribir en la siguiente hoja sobre cómo lo vive hoy en día, lo primero que escribió fue “amor

propio e independencia”. Si bien aún hay incertidumbre y algo de tristeza, su relación ya no

113
se basa en esto. Ser madre implica reconocer su propia humanidad y autonomía, para

potenciar esto mismo en su hija. Así mismo, resalta la confianza y el diálogo como virtudes

que hacen parte de la relación. Aquí se cuestiona la noción de sacrificio y de pérdida de la

propia identidad para darle lugar a la libertad y la autonomía.

Ilustración 11
Maternidad antes

Ilustración 12
Maternidad ahora

La resignificación de la maternidad también pasa por reconocer que no tiene que ser un

proceso solitario y que, por tanto, es importante cuestionar los roles de género impuestos

114
socialmente e involucrar a los padres dentro del proceso de crianza y de cuidado de los hijos.

Como parte del proceso, empezó a surgir la necesidad de cambiar la relación con los padres

de sus hijos, independientemente de si eran o no sus parejas. El esposo de Nadia es un militar

pensionado del Ejercito, lo que marcó ciertas particularidades que ya he expuesto en las

anteriores categorías. Una vez se pensiona, entra a hacer parte de las dinámicas de la casa,

pero Nadia se sigue sintiendo sola en el proceso. Con el tiempo, reconoció que necesitaba

pedir ayuda y que era importante que él se involucrara en la relación con sus hijas. El

siguiente fragmento hace parte de una intervención en la que Nadia me estaba contando como

solucionaron juntos una pelea que tenían sus hijas mayores. A diferencia de otros momentos,

sintió que ambos estaban involucrados, como un equipo.

N.R: Con G., siempre estuvo conmigo. (...) Entonces digamos que fueron tres días

arreglando el problema; un día con la una, un día con la otra, luego con las dos, pero

pues estuvimos juntos y tuvimos dominio propio.

T: ¿En qué sentido dominio propio?

N: ¿En qué sentido? Que podíamos ser mediadores sin perder el control, así las

viéramos a ellas enojadas, peleadas, entonces fue positivo. Lo mejor de todo fue que

si se logró solucionar.

T: ¿Qué tal fue para ti verte como que no lo estás llevando sola, sino que lo podían

llevar juntos?

N: Ay no, eso fue maravilloso porque se necesita. Definitivamente los hijos son el

proyecto de dos. Así como cuándo para concebirlo necesitas del otro, en la crianza y

en todo el ejercicio de la vida, definitivamente tiene que ser por partida doble.

115
Continuando con la idea anterior, el siguiente fragmento muestra como la narrativa

cambia del “yo” al “nosotros” en la crianza. Este cambio, como ella dice, pasó por empezar a

analizarse a sí misma y, por tanto, a descubrir las estructuras de poder inscritas en su

identidad. Al descubrirlas, pudo empezar a cuestionarlas y a pedir ayuda. Fue interesante

porque el hecho de pedir ayuda hizo parte de un llamado no necesariamente a que la

“ayudara”, si no a que asumiera su responsabilidad y así, es más fácil sobrellevar las cargas.

Esto implicó también expresar cosas que en otro momento no se hubiera imaginado hacer y,

por tanto, esto tiene un impacto positivo en las dinámicas familiares.

N: Pues yo pienso que fue porque empezamos a trabajar con mi esposo en equipo,

realmente somos los papás, los encargados de demarcar las faltas y eso es

responsabilidad nuestra y es deber nuestro. Después él estaba angustiado y le dije lo

mismo, mi amor, es nuestra hija y todo, pero ellas tienen que aprender a cometer sus

errores y asumir las consecuencias de sus errores.

T: ¿En qué momento sientes que soltaste esa carga?

N: Yo pienso que como en todo este proceso que he empezado a analizarme a mí, a

analizar mi vida, definitivamente fue como una carga que dejé, que no sé, no sé. Pero

sí fue bonito verlo.

Ahora bien, frente al ejercicio de mirar su maternidad antes y ahora que se refleja en

el siguiente fragmento de un protocolo de sesión, muestra de manera realista que la

maternidad no es fácil, pero en el proceso, ha aprendido a conocerse y a priorizarse y esto

hace que tenga una mejor relación con su identidad materna.

Antes: desesperanza, como si algo estuviera dañado, frustración por lo que no pudo

haber sido, ver mi casa y ver todo en caos, difícil, imposible, quería tirar la toalla, no

poder ver una mujer embarazada porque me daba dolor.

116
Ahora: Sigue siendo un reto, es difícil pero no imposible; hay esperanza, hay salida,

si se puede mejorar, he aprendido muchas cosas sobre mí y a conocerme en ese mirar

para adentro (en los errores), que sea una construcción de todos, aprender a poner

límites y a cuidarme. Ya puedo ver a una mujer embarazada y sentir amor.

(Fragmento protocolo sesión a sesión N.R)

En el caso de Jenny, quién se separó del padre de su hija hace unos 3 años, hizo un

trabajo de poder soltar y reconocer la responsabilidad que el padre tenía con su hija. Parte de

su responsabilidad fue reconocer la autonomía del padre y de fomentar la construcción de una

relación con su hija, pero no decirle cómo debería hacerlo. Paulatinamente, el padre se fue

involucrando más y ya no fue necesario el proceso por Comisaría de Familia que habían

iniciado hace tiempo. También fue un ejercicio de confianza y de escucha a su hija, quién

también empezó a decidir cómo quería relacionarse con su padre.

J.A: Entonces digamos que eso Melany lo ha visto, porque ella también se sentía

como triste, como que era por culpa de ella que mi mamá estaba así cargada, por todo

el tema económico, el tratamiento de ella, entonces al ver que ya el papá está

ayudando a suplir las necesidades de ella, ella se está dando cuenta de que si se

puede. Entonces yo le decía a ella, hay que abrirle ese campo a tu papá. Así yo me

vaya la la conchinchina pues el sigue siendo tu papá y también hay que respetarlo,

entonces ahí vamos.

Como consideraciones finales de los resultados, merece la pena reconocer que cada

categoría está interconectada entre sí y que el proceso de estas mujeres no fue lineal. El

acompañamiento estuvo permeado por la identificación de los discursos micropolíticos

inscritos en las consultantes y cómo estos atravesaban la experiencia emocional de cada una.

El reconocimiento de los discursos fue importante para empezar a deconstruirlos y así,

117
movilizar un camino de la maternidad más libre y autónomo. Parte de la danza en la terapia

tuvo que ver con visibilizar los guiones de vida, tanto de las consultantes como del mío

propio, para empezar a desestructurar dichos discursos a través de del reconocimiento de

cómo los han vivido. De esta forma, las categorías de análisis se conectan y reflejan que

incluso, aunque el malestar emocional haya disminuido en un punto de la terapia, era

necesario a veces, cuestionar narrativas dominantes. Por medio de la narración no solo se

describe y se refleja la historia de la vida, sino que la constituye.

Asimismo, la capacidad de narrar trae consigo la posibilidad de transformación, de manera

que toda transformación pasa por la narración y por la palabra. Nombrar lo que no había sido

nombrado anteriormente, enunciar un malestar emocional que no es socialmente aceptado,

dignificar la rabia de las mujeres, hizo parte de un proceso que tuvo como objetivo

acompañarlas en un camino de emancipación.

Reflexiones emergentes sobre el espacio de devolución de resultados

Dentro de la apuesta de la investigación, era importante generar reflexiones con las

consultantes en torno a los hallazgos. Si bien en las sesiones se abordaron estos temas, me

parecía responsable y coherente hacer un reconocimiento sobre el proceso terapéutico a la luz

de la investigación. Parte de lo encontrado tanto en el marco teórico como en las consultas

fue que hay una tendencia a vivir la maternidad de manera solitaria, y por eso decidí hacer un

espacio grupal para reflexionar en torno a los resultados, con la aprobación del Comité de

Ética y de las consultantes. Una de ellas no puedo asistir, así que lo hice con Nadia y Jenny,

utilizando una metáfora construida durante el proceso de Nadia: el proceso vital de un árbol.

En las raíces identificamos lo micropolítico, a través del reconocimiento de la cultura, los

roles de género, las creencias asociadas a su propia historia, la historia de la barrera, la

religión, el rol del ser hija, entre otros. Identificamos que existen raíces muy arraigadas y

118
otras que se pueden ir soltando, además que estos aspectos no necesariamente son negativos,

sino que forman parte de la configuración vital y así mismo, pueden ser cuestionados.

En las ramas reflejamos las manifestaciones emocionales abordadas durante el proceso

terapéutico y la importancia de haber dado lugar a dichas emociones, pues ambas coinciden

en que la barrera que habían creado les había impedido reconocer lo que sentían. A parte de

contener estas emociones, reconocimos que fue importante escucharlas porque les ayudaron a

poner límites, a expresarse, a darle espacio a su propia voz, a descansar, entre otras cosas.

Las creencias religiosas son importantes para ambas y por eso permanecen tanto en las raíces

como en las hojas del árbol; pues en momentos de total desesperanza fue difícil recordar en la

confianza hacia Dios y hacia ellas mismas.

Conectando con esto, el tronco representó la identidad de ellas más allá de ser madres,

reconociendo su propia subjetividad y lo que va a permanecer en el tiempo, incluso cuando el

árbol no esté frondoso. Reconocimos los aprendizajes y algunos mensajes que podrían darle a

otras madres que pasan por situaciones similares. Estos mensajes fueron plasmados en los

frutos del árbol, y entre ambas resaltaron la importancia de tener espacios de real escucha con

sus hijas; dentro de las exigencias cotidianas, de las responsabilidades y de lidiar con tantas

cosas al mismo tiempo, Jenny reconoce que, desde que construye tiempo con su hija, la

relación ha mejorado significativamente. Como parte del ejercicio de escucha, también queda

la invitación de poder hablar a tiempo, expresarse y reconocer a sus hijas como personas con

quienes pueden habitar incluso, la incomodidad. Resaltan que, es un camino de recuperar la

confianza en sí mismas y en sus vínculos.

Durante el espacio, se dio lugar para recordar cómo eran antes y, dentro de lo

conmovedor que fue, mencionaron algunos aspectos. En el pasado, Nadia no podía ver una

mujer embarazada porque le daba incomodidad y lástima por lo que seguramente tendría que

vivir esa mujer cuando sus hijos crecieran. Ahora, ve a una mujer embarazada, reconoce los

119
retos que traen la maternidad, pero no siente desagrado ni incomodidad. Jenny resaltó que

hizo cambios importantes en su vida y a pesar de las responsabilidades que tiene, vive de una

manera tranquila y plena, incluso su hija cambió de colegio, no volvió a tener recaídas y va a

hacer un pequeño intercambio en otro país.

En el árbol incluimos el espacio terapéutico y mi propio lugar como persona. Para mí

fue relevante mostrar que, cada una llega con un guion de vida, sacudimos los significados

dentro del espacio, y la conversación vuelve a cada una con nuevas comprensiones. Soy

psicoterapeuta, pero tengo unas apuestas políticas: el feminismo, dignificar las emociones,

reivindicar la rebeldía, soy más joven que mis consultantes, no soy madre, perdí a mis padres

hace muchos años, entre otras cosas que hacen parte de mí – y que, a su vez, constantemente

se están moviendo-.

Finalmente, reflexionamos en torno a las semillas – sus hijas-. Sin duda, ellas tienen

parte de sus raíces, pero construirán su propio camino de emancipación y descubrirán cómo

quieren que su árbol crezca.

120
Ilustración 13
Árbol que refleja el proceso del espacio colectivo de reflexión en torno a los resultados de la
investigación

8. Discusión

Este apartado tiene como objetivo discutir los resultados encontrados en la investigación,

a la luz del marco teórico y las propuestas teóricas emergentes durante el proceso de escritura

y análisis. Se buscará dar cuenta de la pregunta de investigación planteada y enunciar las

implicaciones de la investigación a nivel autorreflexivo. No se dará cuenta del proceso de

intervención, sino, una conversación de hallazgos frente a cada categoría. Así, se realizará la

121
discusión siguiendo el esquema de los objetivos planteados, considerando los resultados

desarrollados anteriormente.

Configuración micropolítica de la maternidad

Para hablar de las configuraciones micropolíticas, se hace necesario plantear cómo lo

micropolítico se inscribe en las configuraciones identitarias de la maternidad. A su vez, se

reconoce dentro de los discursos y narrativas sobre sí. Pakman (1997) refiere que las

prácticas terapéuticas medicalizadas pueden reducir la posibilidad de ver el complejo mundo

que rodea a una persona inmersa en un contexto social, cultural, histórico y político, de

manera que, distanciarse “de esa práctica tomando en cambio lo social como texto de lo

mental, totalmente pertinente a la práctica psicoterapéutica para la cual el trabajo sobre la

identidad es una labor de, y acerca de, micropolítica.” (p.108). El autor denomina lo

micropolítico como el posicionamiento de guiones estereotipados que constituyen las vidas

de los sistemas y que conforman su subjetividad, la cual también se vuelve agente de su

mantenimiento. A partir de esta aproximación, fue necesario iniciar un proceso de

reconocimiento de las identidades que giran en torno a la maternidad.

Según Martín Baró (1990), la identidad no se construye de manera individual, sino que el

contexto y la sociedad influyen en la forma en que se construye. Las tres mujeres que

participaron en esta investigación tenían una fuerte herencia de lógicas patriarcales

instauradas en su maternidad. Si bien cada experiencia que trajeron a consulta es única, estas

lógicas estaban inscritas de diferentes maneras en los discursos:

En primer lugar, parecía que la maternidad se desarrolló de manera muy solitaria. Ser

esposa de un militar y vivir en zona roja durante los primeros años de la vida de las hijas de

Nadia, implicó que toda la carga cayera en ella. El patriarcado es un sistema de relaciones de

122
género que proclama un orden jerárquico de lo masculino sobre lo femenino, e instaura un

privilegio de ocupación de los espacios relacionales. Lo militar configura un sistema de

dominación bélica que penetra las normas e ideologías de la sociedad civil (Ortega y Gómez,

2010). Esto implicó que la identidad de Nadia se empezara a construir a la luz de la identidad

de su pareja: ella era la esposa de un militar, y no una mujer periodista, religiosa, que va le

gusta cantar, hacer teatro, escribir, que no le gusta cocinar y que además es madre y esposa.

En el caso de Jenny y Gloria, ambas tuvieron también la sensación de soledad en el

proceso de crianza porque si bien no fueron padres ausentes, ellas se hicieron responsables

del acompañamiento a sus hijos. Cuando la hija de Jenny estuvo hospitalizada, tanto a nivel

económico como a nivel afectivo, fue ella quien estuvo al frente de la situación de su hija.

Con Gloria sucede de manera similar: es ella quién está pendiente de sus hijos, pero es

silenciada por miedo a que su opinión no sea bien recibida. El patriarcado también influencia

a las mujeres de diferentes maneras, constantemente ligado a los intereses masculinos. (Hare-

Mustin, 2004)

En segundo lugar, se instaura en la configuración identitaria de las mujeres. Pérez-Sales

(2006) reflexiona que las identidades no son construcciones estáticas, sino que están en

constante interacción y movimiento con la realidad social. Demás, la identidad propia emerge

continuamente ya que se abre paso en las relaciones y, por tanto, puede cambiar

permanentemente (Gergen, 1991). Esto significa que la identidad materna se construye en

relación con, a partir del diálogo con múltiples voces representativas a lo largo de la historia

de vida de estas mujeres. Además, se construye a partir de las experiencias y el entorno para

construir significados (Morgan, 2000). Cuando llegaron a consulta, esta identidad estaba

cargada de culpa y de cuestionamientos en el que prevalecía la mirada de ser una “mala

madre”.

123
De distintas maneras, cada una se había construido esta etiqueta sobre sí misma y es esta

carga la que las llevó a iniciar terapia. Existe una paradoja en el proceso de construcción de

identidad, pues muchas veces se construye no desde la afirmación de lo propio, sino desde la

negación de lo otro (Pérez-Sales, 2006). Desde el constructivismo, la identidad se puede ver

como el conjunto de narrativas que las personas tienen de sí misma y que se determinan en

gran medida por la imagen que los demás devuelven de sí mismos. Bajo mi mirada

terapéutica, estas mujeres llegaron al espacio con una confusión sobre su identidad materna y

con una sensación de sentirse perdidas. Si la maternidad es la base de su identidad, y son

“malas madres”, ¿entonces qué queda de ellas? Esta fue la apuesta desde la psicoterapia,

reconocer la multiplicidad de posibilidades que existen en la identidad, de manera que hablar

de maternidad implicó, sobre todo, conversar en torno a su propia subjetividad, más allá de

ser madres.

Ahora bien, la configuración del mito familiar define las reglas principales de la

estructura de la familia (Onnis, 2015) y la adquisición de estos juegan un papel fundamental

en la manera en que las personas se narran a sí mismas, y, por ende, en cómo construyen su

identidad (Pakman, 1997). Cada sistema familiar que vino a consulta estaba configurado por

una serie de mitos que regían la manera de vincularse entre sí.

Jenny creció con la idea de la barrera y con una idea de que la fortaleza implica aguantar,

callar y seguir adelante pase lo que pase. Esto implicó permanecer en una relación por más de

20 años, que la hacía sentir que vivía en “piloto automático”, en donde no había espacio para

la expresión emocional. El desarrollo de la anorexia de su hija también es llamativo, pues

pareciera ser un reflejo de lo que se ha silenciado en la historia familiar. A través del control

de la conducta alimentaria se controla el cuerpo y se le suspende en un tiempo evolutivo

indefinido y, “de este modo la paciente anoréxica piensa que, imponiendo al cuerpo la lógica

de sus fantasmas, controla al mismo tiempo necesidades y deseos y suprime los conflictos”

124
(Onnis, 2015. p.128) Es por esto que, la barrera emocional y la anorexia pueden conectarse y,

por tanto, fue fundamental dentro del proceso, reconocer esta patología en contexto, de

manera histórica y relacional.

Ugazio (2001) refiere que el malestar y la psicopatología aparece cuando las interacciones

entre el sujeto y su ambiente le hacen imposible llegar a saber de qué historia o historias

forman parte. Cómo mencioné en el apartado de resultados, Jenny creció sin saber quién era

su padre, y cuando tenía interés en saber algo de su historia, la respuesta era negativa. Todo

esto vino de la confusión y la ambigüedad sistemática de procesos comunicativos.

Desenredar estos nudos comunicativos, tuvo un impacto positivo en sus relaciones y en la

forma en que ella se sentía.

La subjetividad se entiende como el mundo de lo psicológico entendido como el

entramado relacional donde coinciden órdenes biológicos, sociales culturales y políticos

encarnados en el cuerpo (Hernández y Estupiñán, 2016). La forma de habitar el mundo se

inscribe en los cuerpos de las personas y la maternidad se inscribe en el cuerpo mediante

dichos órdenes. Los cuerpos de las participantes han sido invisibilizados de alguna manera.

En el caso de Gloria y Nadia, la maternidad trajo consigo que su vida se volcara en sus hijos

y así como reconocen que es una experiencia que trae mucho amor, también trajo mucho

sufrimiento. Ser madre implicó negar gran parte de sí mismas y, por tanto, el trabajo

reproductivo y de cuidado ha sido relegado a ellas, siendo subordinadas a los hombres en lo

económico y en los espacios públicos (Federichi, 2004). Uno de los espacios que más

disfrutaban ambas era lo relacionado a su trabajo y, sin embargo, no continuaron haciéndolo.

Por su parte, Jenny sostuvo su hogar en términos económicos y emocionales durante mucho

tiempo.

125
La mirada sistémica reconoce el valor de las conversaciones que se tejen alrededor de los

casos. El espacio de supervisión y de diálogo con mi directora de tesis me resulta importante

para nutrir la discusión, de manera que me gustaría traer esas voces a este escrito. Se suele

asociar la maternidad con una noción de realización y alegría total para las mujeres. Y si bien

esto puede suceder, es un discurso que puede llegar a invisibilizar el malestar emocional que

puede traer el ser madre. Lo micropolítico se construye a través de narrativas dominantes que

se explican a través de lógicas epistémicas culturales que mantienen dicho sufrimiento.

En alguna conversación con mi supervisora, introdujimos la noción de obediencia y

desobediencia alrededor de la historia de vida de las participantes. En el caso de Nadia, su

vida estuvo configurada por la necesidad de responder a los roles impuestos, bajo una

sacralización de la maternidad y del ideal de familia. La religión, el matrimonio, la

obediencia, el temor de Dios, la unión familiar y demás constructos sociales llevan a esperar

que la familia deba estar cercano a la perfección. Como ella ha mencionado en diversas

sesiones, las dinámicas familiares se convirtieron en un caos. Del ideal de orden, pasaron a

total desorden. Darse cuenta de esto fue muy doloroso para Nadia porque frente a ella, se

estaba derrumbando su mayor apuesta de vida. Dentro del proceso terapéutico, se reflexionó

en torno a la posibilidad de rebelarse a estas imposiciones y a reconocer que un modelo

perfecto de familia no existe, más bien existe una multiplicidad de mundos que convergen y

dialogan en lo que se denomina familia, y esto implica reconocer la diferencia en esta

configuración.

Los vínculos maternos, que se transforman en una experiencia reflexiva, que no por ello

es ajena e inmune a los componentes estructurales -sean estos sociales, políticos o

económicos- que la limitan (Bauman, 2001). Bajo una lógica capitalista e individualista de la

sociedad, se aumentan las dificultades relacionadas a la crianza y al hecho de ser madres,

donde se invisibiliza las necesidades y se limitan la redes sociales y familiares. Esto hace que

126
se considere la crianza como un asunto privado y particular, desvaneciendo la importancia del

cuidado colectivo. Como he mencionado anteriormente, estas mujeres han vivido la

maternidad de manera solitaria, aunque haya habido presencia de los padres y de otros

miembros de la familia extensa.

Lo micropolítico se inscribe también en el hecho de no pedir ayuda ni de expresar las

necesidades. No hay espacio para el cuestionamiento del malestar emocional ligado a la

maternidad porque se asume que “ser madre se lleva en la sangre de las mujeres” y en este

sentido, la maternidad es un rasgo femenino y es natural de las mujeres que sean empáticas,

cuidadosas y con grandes habilidades para la gestión de conflictos, lo que resulta perfecto

para ser una “buena madre” (Arciniega et al., 2020) De hecho, a lo largo del proceso pudimos

construir que tampoco se trata necesariamente de pedir ayuda, si no de reconocer que la

presencia de los padres hace parte de la crianza compartida de sus hijos, más no de

“ayudarles” a ella. Esto implicó evidenciar las cargas asociadas a los roles de género para

poder cuestionarlos.

Las categorías están divididas bajo una lógica de comprensión de las narrativas

micropolíticas inscritas en la maternidad, para luego reconocer el malestar asociado y

finalmente, la movilización de narrativas alternativas. Sin embargo, como he mencionado, no

significa que se propone un proceso lineal. Por el contrario, bajo una mirada circular, al

entender y darle espacio al sufrimiento asociado a la maternidad es posible cuestionar las

lógicas micropolíticas inscritas en los discursos de las mujeres y así, promover la

movilización de nuevas narrativas que promuevan la libertad y la emancipación.

127
Malestar emocional asociado a la maternidad

Primera sugerencia: Se una persona plena. La maternidad es un don maravilloso,

pero no te definas únicamente por ella. Se una persona plena. Beneficiará a tu hija.

Chimamanda Ngozi Adiche. En: Querida Ijeawele: Cómo educar en

el feminismo

Parte de reconocer las narrativas micropolíticas, pasó por visibilizar el malestar

emocional de las mujeres. Se hizo necesario generar comprensiones sobre lo político inscrito

en las emociones, de manera que estas no son sólo estados psicológicos, pues esta mirada

individualiza el malestar y la voluntad de cambio. Por el contrario, lo que se siente en lo

personal, es el reflejo de dinámicas sociales y colectivas (Ahmed, 2015). Las emociones

permiten que, a través de ellas, el “yo” y el “nosotros” se vean moldeados por el contacto con

los otros (Butler, 1997). Frente a esto, refiere Ahmed, que generalmente las experiencias

vividas de dolor se han descrito como privadas, como una experiencia solitaria. Las

participantes se sentían culpables por lo que les había pasado a sus hijos, pero también por

sentir dolor y malestar por la situación. Empezamos a reconocer los mensajes que traían estas

emociones.

Podría decirse que la culpa enmarcó el camino a la exploración emocional de las

mujeres, pues detrás de esta, aparecía la rabia, la tristeza, el miedo y demás malestares

emocionales. Para Maturana (1992) la culpa se desarrolla cuando no hay aceptación ni

respeto y guarda una estrecha relación con la moral judeo-cristiana. Desde la biología del

amor, el autor resalta que la mayor parte del sufrimiento viene de la negación del amor y que,

por tanto, para no sentir culpa de nuestros actos, hay que vivirlos desde la legitimidad y

aceptación de uno mismo. Cómo mencioné, en las tres mujeres apareció el sentimiento de

128
culpa, como parte de un proceso de negación de sí mismas, en donde toda la responsabilidad

de lo que sucedía en casa, caía sobre ellas. Hablar sobre la culpa permitió reconocer también

la responsabilidad que ellas tienen sobre sus vínculos, pero no desde esta lógica judeo-

cristiana que genera profundo malestar, sino desde la posibilidad de movilizar cambios.

La culpa también traía miedo detrás. Cuando la hija de Jenny estuvo hospitalizada,

además de culpa, sintió miedo de perder a su hija y de no saber cómo actuar con ella para no

hacerle daño. Es entendible que una madre sienta miedo de perder a un hijo, lo llamativo es

que viene desde la culpa y que dichas emociones recaen en ella. El miedo, como política

afectiva, “preserva” únicamente cuando proclama amenazar la vida misma, e implica una

anticipación de daño que proyecta del presente hacia el futuro (Ahmed, 2015). Aunque fue

desagradable, el miedo le permitió a Jenny (re)conectar no solo con la vida de su hija, sino

con su propia vida. En general, la consultante estuvo experimentando emociones que antes no

había sentido, pues de alguna forma, se sentía desconectada de la vida y vivía en “piloto

automático”. Toda esa experiencia le permitió hacer un alto en el camino, mirar hacia atrás y

reconocer que quería vivir una vida más tranquila, más conectada con sus vínculos y con su

sentir, y, sobre todo, desde la libertad y la autonomía.

Por su parte, para Gloria el miedo también logró conectarla con su propia vida,

reconociendo que había sido útil para protegerla, pero que también la había invisibilizado.

Reconocer su propia voz la llevó a que, durante una de las últimas sesiones, mencionara que

no sabía dónde estaba el miedo, pues ya no lo sentía. Es decir, siguiendo los planteamientos

de Ahmed, le permitió replantear el futuro que quiere construir con sus hijos, a través de una

mirada más compasiva sobre sí misma.

129
Sobre la rabia, quisiera iniciar con un fragmento de la canción Sacar la rabia, de La

Muchacha y Pedro Pastor, que fue enviada a Nadia como parte de la terapia y generó algunas

movilizaciones:

Me visita de a ratos con cara 'e perro

Se apodera del aire de alrededor

Me hace daño, me ahoga, se instala adentro

Y no puedo matarlo porque soy yo

(...)

Abrazo de agua, me lleven lejos (ah-ah)

Tienen que ver el sol, mis tiempos huecos (ah-ah)

Nadar sin más, espuma y agua (ah-ah)

Sanar, sanar, sacar la rabia

Ser corriente que baje sola

A encontrarse con más corrientes

He de amar todas mis olas

Para amar todos mis frentes

Cómo he mencionado, parte de mi apuesta en la terapia es dignificar y darle un lugar a

la expresión emocional, pero, sobre todo, a aquella que normalmente no es bien recibida. La

rabia ha sido una emoción que tradicionalmente ha sido sancionada y minimizada,

especialmente si procede de las mujeres, pues resulta problemática e incluso, patologizada al

130
salirse de los cánones esperados para la mujer (Butler, 2020). Sacar la rabia puede ser

tomado como agresivo, poco femenino y exagerado.

Dentro del contexto de Nadia, sentir molestia o rabia no era bien visto ni era tomado

en cuenta, pues no correspondía con lo que se espera de una “buena madre”. Nombrar la rabia

le permitió humanizarse y reconocer los límites que quería poner. La canción y la película

Red de Disney que vio, le ayudaron a comprender que no quiere ignorar su rabia ni su

malestar, sino, que hace parte de ella y que le ayuda a reconocer lo que quiere y lo que no.

Dejar de luchar contra esta emoción permitió que disminuyera significativamente y que,

cuando aparecía, pudiera estar más atenta a sus necesidades, sin hacerse daño ni hacerle daño

a los demás. Este movimiento permitió también que no se sintiera agredida por parte de sus

hijas cuando tenían alguna manifestación de la rabia; pudo buscar la manera de acompañarlas

y no de limitarlas.

A diferencia de la rabia, la tristeza en las mujeres está más aceptada y culturalmente

se identifica mejor. Sin embargo, rápidamente es negada y medicalizada (Salokangas, et al,

2002), pues para una madre no hay tiempo para la tristeza. La sensación de soledad ha

acompañado también este sentimiento. Jenny experimentó la sensación de no poder

levantarse de la cama sin saber qué le pasaba, hasta que logramos comprender que, eso que

sentía, se llamaba tristeza. Estaba relacionada a un profundo cansancio de no saber: no saber

qué hacer, no saber qué quiere, no saber qué sentir.

El reconocimiento de que una sensación es dolorosa implica reconstituir el espacio

corporal y reorientar la relación corporal con lo que se supone causa el dolor (Ahmed, 2015).

Este se transforma mediante un acto de lectura y reconocimiento. Las tres consultantes

llegaron al espacio terapéutico sin saber qué les pasaba y sin saber cómo nombrarlo. Sin

duda, la terapia ayuda a este proceso, la gente viene en búsqueda de ayuda, pero estas

131
mujeres estaban enfrentándose a una parte de sí mismas que desconocían y que cuestionaba

una de sus mayores apuestas de vida: su maternidad.

Parte de la experiencia emocional tiene que ver con la interacción que se tiene con el

entorno. Ahmed (2015) propone que, en vez de entender las emociones como algo que viene

de adentro y se mueve hacia afuera, se comprenda que vienen de afuera y se mueven hacia

adentro. Esto implica comprender que lo emocional se construye en interacción con el

ambiente, siendo una experiencia colectiva inscrita en los individuos. Por eso, lo

micropolítico se inscribe en la experiencia emocional y en los discursos de las personas.

Como parte de su proceso terapéutico, Nadia explica esto con una metáfora muy

significativa: desde el inicio de la terapia, ella se refería a que sentía la necesidad de

encerrarse en su “caparazón”, lo que impedía que no podía ni siquiera mirarse a sí misma. Ya

no se siente identificada con la imagen de una tortuga dentro de su caparazón, pues parte del

proceso fue mirar a los ojos su historia y su dolor, para poder ver de frente el dolor de sus

hijas.

La experiencia emocional pasa por el cuerpo y por la interacción con los otros. A su vez,

el carácter político se inscribe en las emociones. La vivencia emocional de las participantes

relacionada a su maternidad abrió la posibilidad de reconocer cómo su contexto histórico,

social y cultural se inscribe en su experiencia. Este reconocimiento permitió cuestionar y

confrontar para movilizar una resignificación de su maternidad y de la manera en que se

sentían frente a esta. Además, como sugiere Chimamanda Ngozi, ser personas plenas, cuya

maternidad hace parte fundamental de su existencia, pero no lo que las define únicamente.

132
Co construcción de nuevas narrativas frente a la maternidad y frente a su propia

subjetividad

La micropolítica es tan amplia y presente en todos los espacios, que atraviesa también el

espacio terapéutico a través de las conversaciones, los gestos, las apuestas y la posibilidad de

cambio (Pakman, 2010). Para Ceberio y Linares (2005) lo micropolítico impacta también la

relación terapéutica, ya que generalmente, los consultantes acuden con un problema en

búsqueda de soluciones, mientras que el terapeuta da las herramientas para solucionarlo. Esto

genera una asimetría en la relación terapéutica y si bien puede generar cambios, limita la

posibilidad reflexiva. Desde mi lugar como mujer terapeuta, feminista – y demás adjetivos

que me construyen y deconstruyen- la mayor apuesta fue dignificar y resignificar la

maternidad, a través del reconocimiento de la subjetividad de las mujeres, fomentando

lugares de libertad y autonomía.

Las narrativas identitarias adquieren la descripción de nuestra experiencia en

correspondencia con la historia de las personas y el entramado social, cultural y relacional

(White y Epston, 1993) Dentro de la terapia, es importante promover la autoría de las vidas

de las personas. Las conversaciones de re-autoría empiezan a ser parte de la construcción

identitaria de las personas y se construyen en intercambio con otros (Morgan, 2000) En este

sentido, parte de las sesiones terapéuticas con las mujeres tuvo que ver con el reconocimiento

de cómo la propia historia se había inscrito en sus narrativas para propiciar narrativas

alternativas que posibiliten nuevas formas de vivir su maternidad y su autonomía. Además de

la contención emocional necesaria para el proceso, fue importante cuestionar creencias e

ideas que constituyeron dicho malestar.

El proceso de construcción y deconstrucción de las identidades no es innato ni

inamovible: la multiplicidad de voces y lo relacional ayuda a crear los significados. En

general, las tres consultantes desarrollaron la creencia de que las madres tienen que poder con

133
todo. Esta idea empieza de la carga histórica que recae sobre las mujeres y que, si bien cada

vez más se ha cuestionado, aún se inscribe en los roles asociados al género.

Para Nadia, pedir ayuda fue un paso importante, porque permitió cuestionar la carga

histórica e involucrar a su esposo en todos los procesos de sus hijas. De hecho, después de

pedir ayuda, reconoció que no se siente mejor “trabajar en equipo”. Para llegar a esto, se

necesitó cuestionar la creencia, lograr pedir ayuda y posteriormente, reconocer que no se trata

de pedir ayuda, sino, de expresar sus propias necesidades, escuchar al otro, construir formas

de relacionamiento familiar y finalmente, sentirse equipo. La autonomía que se construye en

la maternidad parte de la subjetividad que busca la transformación en las mujeres para que

reconozcan el peso del patriarcado y así, puedan cuestionarlo y transformar la manera en que

este se inscribe en sus vidas (Sánchez, 2016).

Por su parte, para Jenny fue importante reconocer el lugar del padre en la vida de su hija.

Sin duda alguna, esa relación le causó profundo dolor y fue importante reconocerlo dentro del

proceso, además, el padre no se hacía responsable de muchas cosas de su hija. Sin embargo,

las creencias asociadas a que tenía que poder con todo, impedían que abriera el espacio para

que el padre construyera esta relación. Al finalizar el proceso, cada vez más, se sentía

tranquila frente a la relación de ambos y pudo poner los límites necesarios sin que su hija se

viera afectada.

Ahora bien, siguiendo la pregunta de Del Castillo y Usaola (2020): ¿cómo se definía la

mujer antes de la maternidad?, parte del acompañamiento implicó conversar en torno a lo que

eran antes de ser madres, y también lo que son ahora, más allá de ser madres. Nadia se

encontró con que le gusta mucho cantar y hacer teatro y hace tiempo no lo hacía; Gloria, con

que le gusta trabajar y ayudar a la gente; y Jenny, con que le gusta viajar, conocer y también

descansar. Parecía que habían olvidado esta parte de sí mismas que les conecta con una parte

134
de su identidad que estaba guardada. Para hablar de la maternidad, fue necesario dejar de

hablar únicamente de ellas como madres y conectar con esta parte de esta parte de ellas,

dando paso a la posibilidad de abrirse a nuevas identidades, favoreciendo la co-construcción

de historias alternativas.

Dentro de la deconstrucción de narrativas saturadas, se movilizó la idea de que parte de

generar procesos de autonomía en ellas mismas, implicaba soltar y confiar en la autonomía de

sus hijos. Parece que este fue el mayor regalo de libertad en ambas vías. Butler (2007)

cuestiona la idea de que el cuerpo materno sea un efecto de un sistema de sexualidad en el

que “se exige que el cuerpo femenino acepte la maternidad como esencia de su yo y la ley de

su deseo” (p. 194) De esta manera, se construyó la posibilidad de ser madres y ser libres, a

pesar de las responsabilidades que evidentemente conlleva la maternidad.

Ligado con lo anterior y bajo una lógica capitalista e individualista de la sociedad, se

invisibilizan las necesidades y se limitan las redes sociales y familiares de las madres. Y sin

duda, la experiencia materna no es inmune a los componentes estructurales – sociales,

políticos, culturales y económicos (Bauman, 2001). Frente a los hallazgos en torno a la

manera solitaria en que se vive la maternidad, es posible decir que empezaron a ser

cuestionados. Aunque algunos hijos de las consultantes ya se encuentran saliendo de la

adolescencia y otros son más grandes, aún se encuentran en un proceso de crianza. Sin

embargo, esta crianza se ha resignificado y el dolor ha disminuido notablemente. Parte de su

proceso de independencia, requirió que conectaran con otros vínculos fuera de la familia,

para criar de manera más tranquila y libre. Jenny retomó contacto con algunos familiares y

amigos; Nadia, empezó actividades que la hacen disfrutar y empezó a conocer gente nueva, y

al finalizar el proceso, Gloria decidió que quería empezar a buscar otras opciones de ocio.

135
Finalmente, ¿y el lugar de la terapeuta?

Al entender que, bajo una mirada sistémica de segundo orden, el terapeuta hace parte del

sistema consultante, este apartado busca reconocer el lugar que tuvo el sistema terapéutico

para el acompañamiento terapéutico a las madres. Esto implica reconocer el lugar desde

donde el terapeuta construye sus intervenciones, a partir de bases teóricas, pero también,

desde su propia humanidad y prejuicios. Es decir, bajo una lógica de CMM, en todos los

procesos estuvieron inmersos mis guiones de vida. Minuchin (1998) reconoce su propia

definición como terapeuta a través de sus aprendizajes en la infancia al resaltar que una de

sus características es que logra transformar los obstáculos en una oportunidad para aprender.

El proceso como terapeuta incluye también la posibilidad de reconocer múltiples

conversaciones que se van dando, tanto a nivel interno como a nivel externo, y estas

conversaciones se ponen al servicio del proceso. En este sentido, este apartado pretende dar

cuenta de mi lugar autorreferencial y la manera en que fue importante reconocer las propias

movilizaciones para acompañar el proceso. Adicionalmente, valdrá la pena reconocer la

importancia de la mirada feminista en este proceso y también, la relevancia de las

conversaciones terapéuticas como potenciales transformadores, tanto en el sistema

terapéutico como en el sistema consultante.

Según Garzón (2008) la autorreferencia puede entenderse como un principio organizador

del conocimiento experiencia que se construye de manera conjunta en la terapia y que así

mismo, es una “estrategia de generación de recursividades entre dominios emocionales,

experienciales y cognitivos asociados a las dinámicas relacionales de los terapeutas, los

consultantes y los sistemas de formación” (p. 160) Esto implica que el terapeuta pueda

reconocerse a sí mismo y al otro en las dificultades, pero también en la posibilidad de

construir en conjunto con el sistema consultante. Además, se crea una especie de

conversación entre las teorías, técnicas y también los propios sistemas de referencia y de

136
acción y de esta forma, se brinda las posibilidades de poder movilizar un cambio. Además,

implica reconocer que esta investigación está enmarcada dentro de un contexto de

investigación – intervención, lo que moviliza a pensar que, como investigadora, se hace parte

del sistema consultante. Debe concebirse entonces como un participante que actúa

reflexivamente frente a la posición que se ocupa dentro del contexto terapéutico. Parte de esta

apuesta implicó hacer un ejercicio de reflexión constante que se ve reflejado en los diarios de

consultas en donde me permití reconocer constantemente mis propias narrativas

micropolíticas y guiones de vida.

Ahora bien, la autora propone hablar de la idea de la persona del terapeuta y se entiende

como un profesional cada vez más autónomo, reflexivo y propositivo, con “mayor capacidad

para asumir con un criterio ético la responsabilidad social y política de su labor” (p.161) Al

existir un intercambio dialógico, existe la posibilidad de mirarse a sí mismo en relación con

otros, lo que implica una disposición al encuentro humano y adicionalmente, dentro de este

proceso dialógico se abre la posibilidad de generar reflexiones hacia la construcción de otras

realidades. Por otra parte, Pinillos (2020) hablar desde la autorreferencia implica:

(…) moverse desde los principios de recursividad y reflexividad sobre la conexión

emocional de la experiencia del otro con relación al entramado cultural y semántico

de la experiencia propia; es decir, representa la capacidad de sentirse, pensarse y

redefinirse para comprender los dilemas ajenos en relación con lo que esto encarna en

la piel del terapeuta. (p. 66)

Frente al acompañamiento terapéutico a mujeres madres, fue importante reconocer el

lugar desde el cual, como terapeuta, he construido las percepciones frente a la maternidad,

como un entramado de complejidades en donde confluye mi propia historia, y las cargas

históricas, sociales y políticas que la enmarcan – reconociendo también que no soy madre-.

137
Para Varela (1996) la reflexividad implica dar cuenta de una ética contextualizada que no se

centra en juicios sobre lo correcto o incorrecto si no que reconoce todas las voces y da paso

hacia la emergencia de lo novedoso. Esta postura fue importante durante el acompañamiento,

ya que, como se ha visto en anteriores apartados, la maternidad trae consigo cargas

hegemónicas y el espacio terapéutico es justamente un espacio seguro para poder deconstruir

dichas cargas y narrativas que generan malestar. Es decir, no se trata de construir un manual

de cómo ser buena madre, si no de movilizar diálogos generativos que den sentido a la

experiencia única de cada madre.

Por su parte, White (2002) propone que es importante reconocer los saberes locales no

como la representación de la “verdad” dentro de los procesos terapéuticos si no que, “son

derivaciones particulares de saberes y prácticas de crianza conocidas y construidas

culturalmente. Los modos de vida y pensamiento que informan estos saberes locales se

generan en la historia y en las diversas instituciones de la cultura” (p. 77). Además, el autor

reconoce que los terapeutas no son menos vulnerables que las personas consultantes y mucho

de lo que se lleva a consulta se vincula con preocupaciones del terapeuta. Esto me llevó a

reconocer las particularidades de cada mujer para poder visibilizarlas y potenciarlas.

Según White (2016) una buena terapia, intenta involucrar a las personas en la re-

autoría de las situaciones apremiantes de sus vidas y se basa, por tanto, en el enriquecimiento

de relatos. El panorama de la identidad tiene que ver con las expresiones de subjetividad y de

conocimiento, es decir, en cuanto se negocian las historias de vida de las personas, se

negocian las identidades. Por su parte, el paisaje de conciencia representa no sólo la

conciencia de los protagonistas y la del autor, sino que envuelve a quienes leen de un modo

significativo. Esto lleva a la idea de que se privilegian las voces de las personas que consultan

para que se atribuyen significados a los acontecimientos de su vida que deciden visibilizar y

así, se interpretan los vínculos entre estos y los temas que valoran de sus vidas. En este

138
sentido, estos dos panoramas llevaron al sistema consultante a construir un contexto donde

hay cabida para los nuevos significados, mediante nuevas narrativas que pueden cuestionar

los relatos dominantes, que este caso, están inscritos en las narrativas identitarias de la

maternidad.

La conversación dialógica requiere una indagación compartida, la posibilidad de la

emergencia de nuevos significados, la idea de que no existe un punto de vista privilegiado

sobre el otro y, por cada conversación en voz alta, hay una conversación silenciosa. En este

sentido, la terapia como conversación dialógica, implica poder disponerse para estar en

conversación y al ser relacional, la influencia está en la conversación. Para Buber (1914), el

diálogo, es una modalidad de intercambio donde hay un auténtico volcarse de uno en el otro y

una valoración total del otro. Es entonces una creación conjunta de significado que genera

nuevas formas de coordinación entre los participantes. El proceso de Nadia se dio dentro del

espacio de supervisión directa, lo que amplió la multiplicidad de voces participantes, pues

tanto supervisora como mis dos compañeros hicieron parte activa del proceso, dentro y detrás

del consultorio.

Poner la mirada en lo que le me ocurrió como terapeuta, generó un posicionamiento

desde un lugar más cuidadoso y responsable en la relación que se construyó con las mujeres.

Además, siguiendo a Anderson (1997) se abre a maneras posibles de ser y actuar en el

mundo, potenciando la creatividad y autonomía de las personas. Igualmente, reconoce las

diferencias y no tiene pretensiones jerarquizadas con respecto a la ayuda que alguien nos

pide. Es decir, se reconoce que hay una relación asimétrica, pero no desde el lugar de

observador-observado, sino, desde un lugar que posibilita el reconocimiento de distintos

saberes y, por tanto, da lugar a la emergencia de nuevas construcciones. De esta forma, parte

de mi apuesta fue reconocer que las consultantes estaban participando en esta investigación y

139
constantemente fuimos construyendo reflexiones en torno a la misma, para finalizar con un

espacio grupal de “devolución” - o reflexión - en torno a los resultados.

El CMM permitió reconocer el entramado de posibilidades que se tejieron en las

conversaciones terapéuticas, como punto de conexión de otras conversaciones tanto internas

como externas del sistema consultante. Lo que implico generar nuevos significados a través

de las conversaciones. Sin duda, los procesos terapéuticos no fueron lineales y tuvieron

momentos de estancamiento. Hay que reconocer que la maternidad tampoco fue el tema

central durante todos los procesos, pero permitió generar comprensiones profundas en torno a

la subjetividad de las mujeres. Y como apuesta, la terapia nos permitió confiar en la

posibilidad de co construir otros mundos posibles.

Limitaciones y futuras investigaciones

No se encontraron mayores limitaciones en el desarrollo de la investigación, puesto

que las participantes fueron consistentes en su proceso terapéutico. Únicamente una

consultante no estuvo presente del todo durante su proceso terapéutico debido al manejo de

tiempos con su contexto laboral y finalmente, se decidió no incluirla en la investigación. Se

identifica como limitación que los contextos laborales no permitieron que la consultante

continuara en el proceso, ya que tenía disposición y motivación para continuar. Esto invita a

pensar en cómo este contexto limita la asistencia a procesos en pro de la salud mental de las

mujeres.

Para futuras investigaciones, el ejercicio de reflexión de resultados de manera grupal con las

consultantes invita a pensar en la importancia de conversar sobre maternidad de manera

colectiva para cuestionar las formas solitarias e individuales que se inscriben en la forma de

vivir la maternidad.

140
9. Conclusiones

Las conclusiones más relevantes para esta investigación pueden desarrollarse en dos

niveles: desde lo investigativo y desde lo psicoterapéutico, debido al carácter clínico-

investigativo. Por una parte, la metodología implementada permitió generar comprensiones y

reflexiones en torno a la manera en que se inscriben los discursos y narrativas dan cuenta de

las inscripciones micropolíticas en la identidad y emocionalidad de las madres. Ya que el

CMM permitió reconocer la convergencia de las dinámicas culturales, relacionales y del self

inmersos en la conversación terapéutica en torno a la forma de vivir la maternidad. Además,

como parte del proceso y de la posibilidad que ofreció la metodología, fue importante

reconocer los propios guiones y conversaciones internas de la terapeuta dentro del

acompañamiento. Esto permitió comprender cómo se coordina el significado en las acciones

y conversaciones cotidianas que a su vez tienen lugar en el espacio terapéutico.

A nivel terapéutico, esta investigación permitió reconocer el malestar emocional asociado

a la maternidad y comprender que dicho malestar también estaba asociado a dinámicas

culturales y patriarcales en las que ellas llevaban toda la carga y, por lo tanto, su identidad se

veía desdibujada. Implicó también ver los malestares emocionales en contexto, como

mensajeros de lo que estaba sucediendo dentro de sus sistemas familiares. La culpa estuvo

presente en todas las mujeres y la comprensión de las narrativas micropolíticas permitió que

disminuyera significativamente. Igualmente, las consultantes lograron reconocer que la

tristeza, la rabia, la confusión y demás sensaciones y emociones eran parte de ellas y al

escucharlas, podían tomar decisiones y poner límites. Al generar estas comprensiones, el

malestar emocional disminuyó significativamente y las relaciones con su familia mejoraron.

Esto significa que incluso, en momentos en los que aparecen de nuevo estos sentimientos, ya

no se sienten culpables y pueden relacionarse desde un lugar más compasivo consigo mismas.

141
Finalmente, la metodología y las características de la investigación permitieron dar un

espacio a mis propios guiones de vida, de manera que las preguntas e intervenciones

realizadas dentro del espacio venían de aproximaciones teóricas, pero también, de apuestas

políticas y personales. La mirada feminista fue importante como eje transversal de los

espacios de consulta, para ampliar las comprensiones emergentes. La herramienta de los

diarios de consulta me invitó a una constante reflexión en torno a las preguntas, los silencios,

las intervenciones y las reacciones que emergían en mí durante el proceso de

acompañamiento. La conversación terapéutica, tuvo entonces un impacto en la co-

construcción de narrativas alternativas en torno a la maternidad, y sin duda, en torno al

proceso de autonomía y emancipación de los sistemas consultantes.

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11. Anexo 1

Consentimiento informado

El presente estudio tiene como objetivo abordar la forma en que las mujeres viven la
maternidad y cómo esto influye en sus vidas. Consiste en identificar algunas fuentes de
incomodidades relacionadas a este tema, dentro de las sesiones de psicoterapia, por lo que no
habrá espacios distintos a la terapia. Las participantes son mujeres que sean madres, mayores
de edad.

Su participación en este estudio es completamente voluntaria y usted puede negarse a


participar o decidir retirarse en cualquier momento, sin que tenga consecuencias, por lo que
podrá continuar con su proceso de psicoterapia.

La participación en este estudio implica hablar sobre eventos y situaciones que pueden
generar emociones y recuerdos incómodos que serán trabajados en la terapia. Puede sentirse
con total tranquilidad de comentarme sobre estas emociones e incomodidades para poder
trabajar juntas.

Se espera que a lo largo del proceso terapéutico que hace parte de la investigación, se
disminuya la incomodidad relacionada a su ejercicio de maternidad y así, favorecer su
desarrollo personal.

Este proyecto se acoge a la ley 1581 de 2012 (Hábeas Data) que aplica para el tratamiento de
datos personales. Toda la información que se obtenga en el estudio será confidencial y sólo
será usada con fines académicos. Para garantizar la confidencialidad nos aseguramos que su
identidad permanezca anónima, mantendremos los cuestionarios, registros y grabaciones de
las sesiones en un sitio seguro dentro de Consultores en Psicología. La historia clínica se que
registra quedará guardada en el programa SAHI, perteneciente al Hospital San Ignacio. Las
participantes serán identificadas por un código de manera que las transcripciones y
grabaciones no se asociarán con sus nombres sino con los códigos asignados. Así, se guardará
el secreto profesional de acuerdo con la Ley 1090 que rige la profesión de psicología. La
confidencialidad también será preservada en cualquier publicación o presentación que se
realice para dar a conocer a la comunidad científica los resultados de esta investigación.

151
Si usted tiene alguna pregunta acerca de este estudio puede contactar a la investigadora
Paloma Ruiz al correo [email protected], o a la docente Mariana Pinillos a su
correo electrónico [email protected]

Participar en este estudio no tiene ningún costo económico adicional al pago de las consultas
regulares por psicología que usted ha solicitado. Se planea que su participación en el estudio
corresponda a uno o dos semestres académicos.

No se espera que el estudio tenga un efecto nocivo sobre su salud, pero si llega a sentir algún
malestar emocional, es importante que lo manifieste en las sesiones psicoterapéuticas para
que juntas podamos encontrarle solución.

En este documento indica que usted ha leído y comprendido los objetivos, procedimientos,
riesgos y beneficios de participar en este estudio y confirma que usted:

• Ha recibido la información de parte de Paloma Ruiz García y se le ha informado


acerca de los riesgos y beneficios de participar.
• Se le ha permitido expresar todas sus observaciones y ha aclarado todas las dudas y
preguntas que he planteado respecto a los fines, métodos, ventajas, inconvenientes y
pronóstico de participar en el estudio.
• Que la decisión de retirarse no tendrá ninguna consecuencia en su permanencia en la
institución, ni a nivel de su proceso psicoterapéutico.
• Que usted entiende sus derechos y participa de forma voluntaria en este estudio.
• Se me ha proporcionado una copia de este documento.

Al firmar este documento doy mi consentimiento voluntario para mi participación en el


estudio sobre maternidad y malestar emocional y acepto que las sesiones sean grabadas con
fines académicos e investigativos.

Firma: ______________________

Nombre: ____________________

Cédula: _____________________

152

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