Estudiante: Valentina Savio
Grupo: 2GCINE_C
Profesor: Fernando González Gómez
Asignatura: Creación Fílmica y Puesta en Escena
Análisis Fílmico IRATI
El largometraje Irati, dirigido por Paul Urkijo, sumerge al espectador en el rico folclore y la mitología del País Vasco,
fusionando aspectos históricos y culturales con elementos de fantasía. Está basada en el cómic El ciclo de Irati de J. L.
Landa y J. Muñoz, ambientado en el siglo VIII, e incorpora también otras leyendas vascas y acontecimientos históricos
reales, como la batalla de Roncesvalles. La película tiene como lengua principal el euskera y el reparto está encabezado
por Eneko Sagardoy, Edurne Azkarate, Iñigo Aranbarri y Nagore Aramburu.
Sinopsis
Ambientada en el siglo VIII, se inicia cuando Ximeno, hijo del Señor del Valle, recurre a un antiguo ritual de sangre para
derrotar a las tropas de Carlomagno. Su hijo Eneko, tras el sacrifico de su padre, se ve obligado a marcharse y aprender
a ser un buen heredero educado en la fe cristiana. De adulto, a su regreso, descubre que su hogar ya no es lo que era,
que le quieren usurpar el liderazgo del Valle y que para conseguirlo deberá recuperar el profanado cuerpo de su padre,
desaparecido en su propia tumba tras un entierro que ante la nueva fe imperante (cristianismo) resulta pagano. Para
recuperarlo necesitará la ayuda de Irati, una joven con la que coincidió de niño fugazmente, que lo guiará a las
profundidades de un bosque poblado de antiguas deidades mitológicas superando dificultades, grescas y escaramuzas
varias, así como afrontando, eventualmente, su tensión sexual en un encuentro fugaz e intenso pero sin perspectiva
de futuro.
En resumen, se trata de una peli de aventuras con una ambientación histórico-fantástica-medieval, pero también de
una historia de amor, entre Eneko e Irati que provienen de realidades y creencias opuestas, cada uno con su propio
propósito y destino los cuales no se volverán a cruzar hasta el día que Eneko deja de ser el Señor del Valle y se entrega
al río. La narrativa está impregnada de misticismo y de la grandeza épica propia de una epopeya histórica.
Los versos finales de una canción en euskera, bastante coloquial, resumen con bastante precisión el tema principal:
“La sombra de un único Dios
Desgracia para miles de flores
Nunca olvides el viejo proverbio
Todo lo que tiene nombre existe”.
1. Análisis narrativo y temático
La película está ambientada en el Pirineo vascón del siglo VIII. Una época del Medievo oscura, donde
las religiones hegemónicas (el cristianismo y el islam) luchan entre sí, haciendo que las creencias
paganas vayan desapareciendo junto a arcanas deidades vinculadas a la naturaleza. Este contexto
histórico y cultural influye en la narrativa al presentar el conflicto entre la fe cristiana y las creencias
ancestrales del paganismo, lo que refleja una lucha por la identidad espiritual/cultural de los habitantes
del Valle. En los primeros minutos de película ya se nos introduce este conflicto cuando Ximeno recurre
a un antiguo ritual de sangre para derrotar al enemigo
Además de basarse en la mitología, Irati ha traído a la gran pantalla diversos personajes y
acontecimientos de la historia del País Vasco del siglo VIII. Eneko es uno de los personajes principales
de Irati, del quien se dice que fue el primer rey de Pamplona. La película nos presenta a Eneko antes de
reinar. La película comienza con la Batalla de Roncesvalles, una batalla entre vascones y francos. La
armada de Carlomagno incendió Pamplona y después fue derrotada en la batalla de Roncesvalles.
Los mitos vascos juegan un papel crucial en la trama, ofreciendo un universo místico que influye
directamente en los personajes. Irati, como personaje central, está estrechamente vinculada a la
naturaleza y a los seres sobrenaturales que pueblan estas leyendas. Los mitos no solo definen el destino
de los personajes, sino que también sirven como metáforas de sus luchas internas y externas.
En Irati se presentan personajes de la mitología vasca como ‘Mari’ (personificación de la madre
naturaleza, madre de todas/os y máxima divinidad), ‘Aker’ (espíritu en forma de macho cabrío, guardián
de los animales), ‘Sugaar’ (marido de Mari y deidad con forma de serpiente), ‘Lamiak’ (mujeres con
patas de ser acuático, como las sirenas o las ninfas), ‘Gentilak’ (habitantes gigantes del País Vasco antes
del cristianismo), ‘Basajaun’ (protector del bosque), ‘Zezengorri’ (dios en forma de toro, protector de la
morada de Mari), ‘Tartalo’ (cíclope que habita en cuevas). Estos, entre otros, son personajes con los
que Urkijo nos permite conocer la mitología vasca poniendo en valor la relación de la sociedad vasca
con la naturaleza y sus creencias más antiguas.
Cuevas, montañas, bosques, ríos, tenían connotaciones mágicas para los habitantes de esa tierra.
También el día y la noche, el sol y la luna, la luz y la oscuridad, el universo. Naturaleza y vida se
entremezclan en la mitología; seres humanos y personajes fantásticos, animales y plantas crean una
cosmología propia, que ha llegado hasta nuestros días en forma de leyendas.
Irati refleja la lucha por mantener la identidad cultural vasca frente a las imposiciones externas. Los
rituales paganos y las leyendas ancestrales son una forma de resistencia cultural, que los personajes
intentan preservar. Como muchas otras culturas, la mitología vasca se basa en los cuatro elementos que
hay en la naturaleza: el fuego, la tierra, el aire y el agua. Pero la tierra es el centro de todo; de hecho el
personaje más importante es Mari, diosa de la tierra, capaz de adaptar cualquier forma y con varios
refugios a lo largo de todo el País Vasco.
“Todo lo que tienen nombre existe” es el lema de la película. La mitología de cualquier lugar, es la
manera en la que los hombres entendían el mundo que les rodeaba. Los antepasados vascos convivían
con estas creencias mitológicas y las usaban para responder a las preguntas existenciales. Todo
fenómeno o elemento de su entorno era sagrado y todo tenía nombre.
“Izena duen guztia, bada” (todo lo que tiene nombre existe). En el momento en el que damos nombre
a algo comienza a tener vida y por lo tanto somos capaces de representarlo en nuestras mentes.
La esencia de una obra como esta radica en su mensaje sobre la relevancia de las historias y, en
particular, de las raíces. Así, Irati se manifiesta como un homenaje a los orígenes, impregnado de lirismo
y, a la vez, de reivindicación. Esta verdad nos alcanza a través del lenguaje mismo, un euskera con un
matiz antiguo que no solo nos lleva a épocas pasadas, sino que también nos recuerda la importancia de
apoyarnos en nuestra cultura, leyendas y arte.
El arco de Eneko sigue una trayectoria de transformación marcada por la lucha entre sus raíces cristianas y el poder de
las antiguas creencias paganas. Al principio de la película, Eneko está definido por su herencia noble y cristiana. Su
objetivo es claro: recuperar el liderazgo de su tierra y cumplir con el legado de su padre. Sin embargo, este sentido de
deber está entrelazado con una visión rígida del mundo que le ha sido impuesta desde la religión cristiana,
desconectándolo de las fuerzas ancestrales de la tierra que habita.
A medida que avanza la trama, y especialmente tras reencontrarse con Irati, Eneko comienza a experimentar una crisis
interna. Su visión del mundo se ve desafiada por las creencias paganas y por el poder místico que Irati encarna. Lo que
al principio percibía como supersticiones o herejías se revela como una verdad mucho más profunda, una verdad ligada
a sus propios orígenes y al lugar que lo rodea. Este proceso lo lleva a cuestionar su identidad, descubriendo que las
antiguas creencias que había rechazado también forman parte de su linaje.
Eneko, por tanto, pasa de ser un joven noble inseguro y obediente a las normas cristianas, a un hombre que reconoce
que la sabiduría ancestral no puede ser ignorada ni erradicada. Su evolución implica una integración de ambas
cosmovisiones, cristiana y pagana, que reflejan su lucha por comprender su papel en un mundo en transición. Al final,
no solo acepta el poder de lo pagano, sino que se da cuenta de que su propio destino está intrínsecamente ligado a
esta dualidad.
El crecimiento del personaje está entrelazado a su relación con Irati. En la pelicula se plasma un enfrentamiento entre
lo racional y lo emocional que, no solo encontramos en los propios elementos técnicos de la película, sino en sus
protagonistas. Mientras que Eneko parece ser un reflejo de lo sistémico (lo racional, sociedad, humano, cristiano,
apolineo, olimpico, rectitud, disciplina) Irati supone una representación de lo diverso (matriarcal, natural, visceral,
pagano) que, a lo largo de la historia, se ha visto obligada a ser marginal. Eneko se convierte en un símbolo de
reconciliación entre dos formas de ver el mundo, una figura que trasciende la mera obediencia a la fe cristiana para
abrazar la complejidad de su herencia cultural.
Irati representa la conexión profunda con la naturaleza, el misticismo y las antiguas creencias paganas. En la película,
Mari habla de ella como su hija y la define como una “mezcla de magia carne y hueso”. Es un personaje aisaldo, salvaje
y destinado a la soledad profunda.
Toda la película se puede entender como un amor a la tierra, siendo el personaje de la protagonista una metáfora del
propio bosque, que termina tomando su nombre. Las afrentas del villano no solo son hacia el reinado del protagonista
sino hacia la integridad del propio bosque de Irati. Irati no es simplemente un personaje que habita el mundo mágico;
ella es una manifestación del alma del pueblo vasco, de su conexión inquebrantable con la naturaleza y las fuerzas que
en ella moran. La forma en que ella vive, respeta y entiende el entorno refleja una identidad cultural que ha existido
durante siglos, pero que ahora se encuentra amenazada. Su conocimiento de los rituales, sus diálogos con las entidades
sobrenaturales y su capacidad para mediar entre el mundo de los hombres y el de los dioses es un recordatorio
constante de que, en la película, la naturaleza y la cultura vasca están entrelazadas de una manera casi inseparable.
En primera instancia la película parece tratar la dicotomía existente entre el paganismo y el cristianismo, pero termina
por desarrollar un tema más profundo como la identidad cultural, el destino y la relación entre los humanos y la
naturaleza. Estos temas se desarrollan en paralelo a la trama de aventuras, subrayando la importancia de las creencias
y cómo moldean las decisiones y los destinos de los personajes.
Irati consigue trasladar lo particular (lo local de la mitología vasca) a una dimensión universal donde cualquier
espectador (como yo, que soy Uruguaya) puede sentirse identificado. Esto es resultado de tratar temas
universales como la memoria, el olvido, la muerte, el honor, el destino, la fe, el amor y, especialmente, la relación entre
la identidad y las raíces y la importancia de preservar aquello que un día existió.
Se destaca en la película un tema vinculado a la ecología. También además de la identidad, destacaría la importancia
que se le da a lo raro, lo diferente, las distintas expresiones artísticas. Hoy en día vemos como se globaliza todo, y como
grandes entidades instalan líneas hegemónicas, absorbiendo individualidades y homogeneizando todo. La película
intenta dejar el mensaje de que la belleza está en lo diferente, en lo diverso.
2. Análisis visual y estilístico
Se utilizaron los paisajes vascos de manera efectiva, con tomas amplias de montañas, bosques y ríos
que refuerzan el tono épico y místico. Estos escenarios naturales no solo realzan la belleza del entorno,
sino que también crean una atmósfera de aislamiento y misterio que coincide con la trama fantástica.
La dirección de fotografía resulta maravillosa gracias a su fundamentación en la naturaleza.
En el bosque, se nota la intención de transmitir, a nivel visual, colores naturales y realistas. Las
decisiones de color y de luz están claramente determinadas por la época y por la estación del año en
que sucede la historia, que por los colores cálidos del follaje se podría decir que es final de verano o
comienzos del otoño. La naturaleza es una gran protagonista de la película. El ocaso del verano y su
transición al otoño puede representar el devenir de las creencias paganas y el debilitamiento de Mari.
Por otro lado, el mundo cristiano del castillo crea el contraste con el resto de la película a través del
color, el vestuario y la luz, en los tonos de las piedras, la construcción de la fortificación. El mundo de
Mari es en tonos rojos, buscando la conexión con la sangre.
Las criaturas mitológicas forman parte de una especie de realismo mágico, fundiendose con la propia
naturaleza, en medio de la niebla. Asumo que motivados mas por una restriccón presupuestal que por
desiciones artísticas, se aporta romanticismo y se tiende a sugerir más que a enseñar cuestiones más
artificiosas.
Para las batallas la cámara se ve bastante baja, se usan poco planos y se apoya en un plano secuencia
para conseguir que se vea con bastante cercanía, de forma bastante inmerisva. Los planos generales
o más abiertos son usados en momentos que la historia demanda más épica y grandiosidad.
El diseño de vestuario y decorados medievales, junto con efectos especiales prácticos y digitales,
contribuyen a la creación de un mundo fantástico arraigado en la historia. Los detalles en la armadura,
los trajes y los rituales reflejan una rica investigación en la cultura medieval y el folclore vasco.
La película destaca las tensiones entre lo pagano y lo cristiano mediante símbolos visuales, como cruces
cristianas frente a los antiguos ídolos paganos, o el contraste entre paisajes naturales exuberantes y
las construcciones eclesiásticas frías. Estas imágenes refuerzan la dualidad entre ambas creencias y los
conflictos internos de los personajes.
Los tonos oscuros, terrosos y verdes predominan en la paleta visual, conectando a los personajes y la
trama con la naturaleza.
Se refleja un viaje del verde de la primera parte al rojo más propio de la sangre y de ese útero que
representa la cueva en la que habita la diosa Mari, pasando, por supuesto, por el dorado con el que se
identifica el cristianismo y la frialdad.
Hay una paleta de color donde el azul corresponde a lo cristiano y civilización humana, mientras que
nos acercamos a lo pagano a través del rojo, en las pinturas rupestres, las profundidades iluminadas
por el fuego o el vestido de la propia Mari, en relación a la sangre y el útero materno.
Se pueden apreciar más referencias pictóricas que cinematográficas. La composición en general tiene
estilo por momento romántico, donde se puede apreciar mucho bucolismo, y por otros momentos el
tenebrismo y el barroco donde se juega mucho con la oscuridad y la pareidolia principalmente en las
escenas de la cueva.
Los cambios en la iluminación, como el uso de sombras en escenas más místicas o violentas, ayudan a
resaltar los estados emocionales de los personajes y las tensiones espirituales. El planteamiento de luz
es muy interesante y casi en su totalidad es un diseño de luz natural. Podemos apreciar muchos
contrastes, sombras, contraluces que aportan un aire expresionista que parece ser sello del director.
3. Análisis del sonido y la música
La música, con elementos épicos y místicos, contribuye enormemente a la atmósfera de Irati. Los temas musicales
evocan tanto la grandiosidad de las leyendas como la solemnidad de los conflictos personales.
El uso de instrumentos tan poco habituales como la nyckelharpa o el rabel aportan un matiz que se acopla a
protagonistas y escenas con mucha presición. Se combina un sonido de carácter naturalista con una música que
eleva lo terrenal a lo fantástico a través de melodías memorables y llenas de personalidad, aunque con ecos de otras
conocidas.
La banda sonora refleja los conflictos y temas planeatdos a nivel narrativo. A lo largo del score el cristianismo, el
paganismo, lo esotérico y lo dramático combaten por imponerse en el territorio musical resultando en un
conglomerado radical y deliberadamente caótico que enfatiza la lucha del bien contra el mal, de la luz por sobrevivir
a la oscuridad y de la vida intentando imponerse a la muerte. Todo ello con músicas orgánicas, de la tierra, enraizadas
en el lugar, en sus colores y en su época. Hay abundancia de voces y coros, cánticos sacros y una exquisita delicadeza
en lo instrumental (el tema de Irati se escucha con viento de madera mientras que el de Eneko se escucha en viento
metal).
Eneko, el joven protagonista, cuenta para sí con un tema musical que le dota de ímpetu y carácter, también de
profundidad y calado dramático, en tanto Irati, la protagonista, tiene para sí otro que es a la vez de gran belleza pero
con no pocos aires de tristeza. Ambos temas evolucionan a la par que sus personajes y son las músicas más humanas
y vivas, pero se topan con muchas dificultades para poder eclosionar, presionados y también acosados por la
multitud de las músicas arcaicas, poderosas y rígidas, que les rodean,y que son hieráticas, más de oscuridades que de
luces. Eneko, de hecho, parece perder su tema, quedando más expuesto, pero se acoge al de Irati, quien lo comparte
con él formando así una unión más sólida y resistente que permite que el tema musical, y con él ambos personajes,
logren llegar a destino abriéndose camino. Eneko se transforma, y su tema musical se va difuminando como sus
antiguas creencias y el tema de Irati gana presencia. Ambos temas comienzan con las mismas notas, el de él baja y el
de Irati sube.
Es una banda sonora que permite viajar hacia delante, que eleva la película a un nivel superior de trascendencia y
profundidad, y que resalta sentimientos que los dos protagonistas reprimen, aportando al conjunto una belleza a
ratos muy turbadora.
La música también ayuda a contextualizar en la época y el lugar. Tiene un poder inmersivo. También por momentos
contribuye al caos y al conflicto. Como función principal, diría que el score pretende intensificar lo que está pasando;
subrayar la acción y la emoción propia de la épica.
Los efectos sonoros, desde los susurros del viento en los paisajes naturales hasta los momentos de silencio durante
los rituales, intensifican la tensión dramática. Los diálogos también se usan cuidadosamente para reforzar el
misticismo y las creencias de los personajes, con momentos de silencio que elevan el suspense. Los susurros aportan
un aura de brujería o hechizos que con otros efectos resulta más bien experimental, telúrico. Se usan instrumentos
exóticos que contribuyen al tono y le dan profundidad. Los entornos naturales estan llenos de texturas y el consigue
un mundo sonoro muy rico.
La inclusión de cantos tradicionales vascos y sonidos propios del folclore conecta de manera directa la narrativa con
la herencia cultural de la región. Estos elementos musicales tradicionales son un eco de las creencias paganas que
luchan por sobrevivir en un mundo cristianizado. Por ejemplo, se esucha una versión del Canto de la Sibila (o algo
muy parecido) que se escucha en latín, después en latin y euskera, también solo en euskera; es bastante interesante.
4. Análisis de género y estilo
Irati puede considerarse una película épica debido a su escala, ambientación histórica y uso de leyendas mitológicas.
Dialoga con las convenciones del cine fantástico a través de su tratamiento de la magia, las criaturas sobrenaturales y
los poderes místicos que envuelven a los personajes.
En Irati, la figura femenina es representada a través de su protagonista de una manera que resalta su conexión
profunda con la naturaleza y su dimensión mitológica. Irati no es solo un personaje central; es una manifestación del
poder femenino que refleja los misterios ancestrales de su entorno. Irati encarna el arquetipo de la mujer fuerte y
sabia, capaz de navegar entre el mundo humano y el sobrenatural. Su relación con la tierra es fundamental, ya que no
solo habita en ella, sino que es parte de su esencia.
Al tratar con leyendas vascas, Irati se inscribe en una tradición cinematográfica que adapta mitos y tradiciones
regionales. Este enfoque no solo refuerza la identidad cultural de la película, sino que también la coloca en una
conversación global sobre la preservación de las tradiciones a través del cine.
En términos de cine histórico, la película tiene una clara voluntad de reconstrucción de época, no solo en su
ambientación, vestuario y escenografía, sino también en su representación de las tensiones sociales y religiosas de la
Alta Edad Media. La llegada del cristianismo y su lucha por imponerse sobre las creencias paganas es un tema
recurrente en las producciones históricas, donde se utiliza el conflicto religioso como un reflejo de cambios más
amplios en la sociedad, como la consolidación del poder político o la redefinición de las identidades culturales.
Respecto al universo mítico y folclórico la película se alinea con un tipo de cine que utiliza las leyendas regionales como
medio para explorar la identidad cultural y las raíces de un pueblo, similar a lo que otras películas han hecho con los
mitos celtas, nórdicos o eslavos. Al tomar elementos del folklore vasco —como sus deidades, ritos ancestrales y la
comunión con la naturaleza— y darles vida a través de una narrativa cinematográfica moderna, la película no solo está
preservando estos relatos antiguos, sino que los está recontextualizando para una audiencia contemporánea. En lugar
de presentar el paganismo como algo exótico o ajeno, lo muestra como parte de un legado cultural que aún tiene
relevancia y que influye en las decisiones y en la identidad de los personajes. A través de su enfoque en las fuerzas
sobrenaturales y los rituales, la película presenta la mitología vasca como algo inseparable de la historia de su pueblo.
Los mitos no son simplemente decorativos; son las fuerzas que moldean el mundo en el que los personajes viven,
condicionando sus acciones y decisiones, de la misma manera que el folklore ha dado forma a la identidad vasca a lo
largo de los siglos.
5. Análisis cultural y simbólico
La película presenta un conflicto directo entre el cristianismo, que busca erradicar las creencias paganas, y el
paganismo, que lucha por sobrevivir. Este choque afecta a los personajes, especialmente a Eneko, que debe decidir
entre las expectativas cristianas y el legado pagano de su tierra.
De entrada señalemos que esta película reúne buena parte de los paradigmas y elementos simbólicos de un
nacionalismo cultural vasco volcado en la recuperación del paganismo de sus ancestros. así encontramos una dialéctica
entre cristianismo y paganismo, idénticos personajes históricos, dispares roles de sexos, el mismo contexto de los
remotos orígenes del reino de Pamplona como primitivo solar del pueblo vasco en un cambio de ciclo histórico…
Irati, libérrima e indómita, encarna la personalidad pagana de un pueblo en su agónico encuentro con un cristianismo
que asumirá superficialmente. Una circunstancia así entendida, en el film, cuando Eneko coloca por delante de una
imagen de la Virgen María y en su base un eguzkilore, símbolo omnipresente en la película, así como su observador
mudo, un macho cabrío blanco (y no negro, tal y como lo retratara Goya en uno de sus célebres cuadros y que en la
nueva mitología vasca se le denomina Akerbeltz).
La interacción entre el paganismo y el cristianismo está en el centro del conflicto narrativo y afecta profundamente a
los personajes, moldeando tanto sus decisiones como sus trayectorias personales. La película presenta esta dualidad
como una lucha no solo religiosa, sino también cultural y espiritual, que influye en la identidad y el destino de quienes
habitan este mundo.
El paganismo y el cristianismo coexisten en tensión, no como simples sistemas de creencias opuestos, sino como
fuerzas que compiten por dominar el alma de los personajes y el territorio en el que se desarrolla la historia. El
cristianismo, con su estructura rígida y su deseo de imponer una única verdad, busca erradicar las antiguas tradiciones,
tildándolas de supersticiones o incluso herejía. Sin embargo, el paganismo, representado a través de los mitos vascos,
los rituales y la relación íntima con la naturaleza, sigue presente, latente, resistiendo esa dominación total.
Esta dicotomía afecta profundamente al protagonista, Eneko, cuya evolución está marcada por su relación con ambos
mundos. Criado bajo los preceptos cristianos, su identidad inicial está enraizada en el deber de seguir el camino de la
fe, la nobleza y la conquista de poder, acorde a su linaje y su tiempo. Sin embargo, su encuentro con el mundo pagano
y, sobre todo, con Irati, lo obliga a confrontar la rigidez de su creencia cristiana con la realidad de unas fuerzas
ancestrales que no puede ignorar ni descartar como simples supersticiones. Esta confrontación interna hace que Eneko
se cuestione sus creencias más profundas y, finalmente, su lugar en el mundo.
La relación entre Eneko e Irati es el principal vehículo para explorar esta interacción entre paganismo y cristianismo.
Mientras que Eneko representa inicialmente el mundo cristiano y racional, Irati encarna lo mágico, lo inexplicable, lo
salvaje y lo pagano. La atracción entre ambos no es solo romántica, sino también simbólica de esa intersección entre
dos formas de entender el mundo. A través de ella, Eneko es confrontado con la idea de que la verdad no está
únicamente en la cruz que porta, sino también en las raíces profundas de la tierra que lo sostiene, en los mitos y dioses
antiguos que todavía tienen poder sobre su destino.
El dilema que enfrentan los personajes a menudo se expresa en las decisiones que deben tomar, entre seguir los
dictados de una fe que les ha sido impuesta o escuchar las voces del pasado que les hablan desde su propia cultura.
Eneko, en particular, enfrenta momentos críticos donde debe decidir entre la lealtad a su dios cristiano o a las fuerzas
paganas que le ofrecen una verdad distinta, más antigua y conectada con su entorno. En estos momentos, la película
sugiere que ambos sistemas de creencias, aunque en conflicto, están de alguna manera entrelazados en el tejido de la
vida de los personajes, y que la verdadera batalla no es solo entre el cristianismo y el paganismo, sino dentro de cada
uno de ellos.
A lo largo de la película, este conflicto también se traduce en las decisiones de poder y liderazgo. El cristianismo trae
consigo una nueva forma de gobierno y orden, mientras que el paganismo, con sus rituales y su conexión con la
naturaleza, ofrece otra forma de autoridad, una que es fluida, adaptada a los ciclos naturales y menos controlada por
estructuras humanas. La película sugiere que los personajes, especialmente aquellos en posiciones de liderazgo, no
pueden simplemente ignorar una de estas fuerzas si desean sobrevivir en este mundo. Así, el conflicto no solo es
espiritual o cultural, sino también político.
La película se configura como un relato profundamente arraigado en la lucha por la identidad cultural y
la preservación de las tradiciones del pueblo vasco, presentando esta tensión a través de su trama, sus
personajes y la simbología que permea todo el universo narrativo. En un contexto medieval donde el
cristianismo avanza como fuerza dominante, Irati pone en escena la resistencia de las creencias paganas
ancestrales, representadas por los mitos, los rituales y el estrecho vínculo con la naturaleza, que son
elementos intrínsecos a la identidad vasca.
Uno de los principales conflictos en la película es el choque entre dos cosmovisiones: la del cristianismo,
que impone su fe y sus estructuras, y la de las creencias paganas, profundamente conectadas con la
tierra y los antiguos dioses. A través de este enfrentamiento religioso, se refleja una lucha mucho más
profunda: la de la supervivencia de la cultura autóctona frente a la invasión de una ideología foránea.
A lo largo de la trama, la lucha por la identidad vasca se manifiesta en la forma en que el cristianismo
intenta erradicar las creencias paganas, considerándolas herejías o supersticiones primitivas. Sin
embargo, lo que para el cristianismo es oscuridad y barbarie, para el pueblo vasco representa sus raíces
y su sabiduría ancestral. Esto se ve claramente en la representación visual de los símbolos: mientras la
cruz cristiana y los elementos litúrgicos se presentan como ajenos al paisaje, los iconos paganos —los
bosques, las cuevas sagradas, los animales— parecen fundirse naturalmente con el entorno, como si
fuesen parte del mismo espíritu de la tierra.
La película también utiliza los mitos y leyendas vascas como un reflejo del deseo de preservar una forma
de vida que, aunque amenazada, sigue siendo poderosa. Los seres sobrenaturales que habitan el mundo
de Irati —desde dioses antiguos hasta fuerzas de la naturaleza— son mucho más que criaturas de
fantasía: son la personificación de una cosmovisión y un conocimiento que, si bien opuestos al
cristianismo, son vitales para la identidad del pueblo. Es como si la película dijera que, para entender
realmente al pueblo vasco, es necesario entender estos mitos, no como simples cuentos, sino como
parte fundamental de su cultura y su visión del mundo.
La tensión que experimenta Eneko, el protagonista masculino, es otro reflejo de esta lucha por la
identidad cultural. Aunque él ha sido criado bajo el cristianismo y busca cumplir con su deber como
noble y heredero de una nueva era, su viaje en la película es también un viaje hacia la comprensión de
sus propias raíces. A medida que se adentra en el mundo de Irati, debe reconciliar las enseñanzas de su
fe con las verdades que encuentra en los antiguos rituales, lo que simboliza la dificultad de mantener la
identidad cultural frente a la influencia de fuerzas externas.
La película aborda el concepto de destino a través de la figura de Irati y los mitos vascos. Los personajes
se enfrentan a un sentido de fatalismo, donde sus elecciones parecen estar predeterminadas por fuerzas
más allá de su control. También alcanza notable relevancia la norma «sangre por sangre», varias veces
presentes en la película; usada como venganza así también como tributo a tratos paganos.
Se aborda el destino y el fatalismo desde una visión matriarcal y preindoeuropea, donde la cultura vasca
no se centra en un "ser" estático como en la cultura griega, sino en la energía (indar, adur) y en una
concepción cíclica de la vida y la muerte, gobernada por la Madre Tierra (Mari). La vida y la muerte son
vistas como procesos interconectados de transmutación, no lineales, sino cíclicos y regidos por fuerzas
más allá del control humano, lo que inevitablemente señala un carácter fatalista de la existencia. Es decir,
en la mitología vasca, la muerte y el renacimiento están profundamente ligados, con un enfoque en el
retorno al útero materno o a la Madre Tierra tras la muerte como símbolo de transformación y
renacimiento.
La historia sigue a personajes que están constantemente enfrentados con su destino y del cual no
pueden huir ya que está marcado por fuerzas más grandes que ellos, sean estas los dioses o las propias
leyes inmutables de la naturaleza. Esta noción de fatalismo está presente en cómo los personajes se
enfrentan a eventos predestinados, donde la lucha parece fútil frente a un orden cósmico más allá de su
control.
La película refleja la noción de que los humanos son parte de un ciclo mayor, donde el fin de la vida es simplemente
un regreso al comienzo.
Los rituales y símbolos juegan un papel fundamental en Irati, desde los sacrificios hasta los conjuros paganos. Estos
elementos no solo dan profundidad al universo místico de la película, sino que también sirven como metáforas para
los conflictos internos de los personajes pero por sobre todo abren un puente entre humanos y deidades donde la
magia existe. Estos elementos profundizan en la dualidad entre el cristianismo y el paganismo, sirven como
mecanismos narrativos para el desarrollo de los personajes y sus conflictos, y refuerzan el vínculo entre el ser humano
y lo sobrenatural, destacando la complejidad y riqueza del folklore vasco medieval.
Bibliografía consultada:
LA MITOLOGÍA VASCA EN LA ACTUALIDAD – Luis Garagalza
MITOLOGÍA DE NUESTRA CULTURA (HERMENEUTICA VASCA) – Andres Ortiz-Osés
Entrevistas a Paul Urkijo:
Academia de Cine
Europa Press
HALABEDITARRAK
Webs:
https://www.iratifilm.com/es/
https://www.noticiasdegipuzkoa.eus/cultura/2022/10/29/critica-irati-paul-urkijo-ritual-6170305.html
https://www.deia.eus/cine-y-series/2023/02/16/paul-urkijo-dirige-irati-senor-6454862.html