“La Prehistoria está en todas partes,
empezando por los seres humanos,
porque nuestra biología y nuestras
pulsiones vienen del pasado”
Juan José Millas y Juan Luis Arsuaga
HISTORIA DE
ESPAÑA
2º BACHILLERATO
UD 1 “PREHISTORIA Y PROTOHISTORIA EN LA
PENÍNSULA IBÉRICA”
UNIDAD 1.
PREHISTORIA Y PROTOHISTORIA EN LA PENÍNSULA IBÉRICA
1. LA PREHISTORIA DE LA PENÍNSULA IBÉRICA
1.1. PALEOLÍTICO
1.2. MESOLÍTICO
1.3. NEOLÍTICO
1.4. EDAD DE LOS METALES
2. PROTOHISTORIA DE LA PENÍNSULA IBÉRICA
2.1. LAS MIGRACIONES EUROPEAS
2.2. LOS PUEBLOS COLONIZADORES
2.3. TARTESOS
2.4. LAS ÁREAS ÍBERA Y CELTA
3.- ACTIVIDADES
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1.- PREHISTORIA EN LA PENÍNSULA IBÉRICA
El término
prehistoria designa
el periodo
transcurrido entre la
aparición del primer
homínido y la
invención de la
escritura. La
prehistoria en la
Península Ibérica
comenzó hace unos
dos millones de años
con la llegada de los
primeros homínidos.
A lo largo de
millones de años
estos homínidos
sufrieron una serie
de cambios físicos
que les fueron dando
su aspecto actual.
Este proceso gradual de evolución se conoce como proceso de hominización. Esos cambios físicos fueron la
adopción de la posición bípeda (gracias a una serie de cambios en la cadera, las piernas y los pies que
permitieron liberar las manos y mantener el equilibrio), la visión de casi 360º por la evolución del cuello, el pulgar
oponible y el aumento progresivo de la capacidad craneal con el consiguiente desarrollo del cerebro (lo que
implica un aumento de la inteligencia).
La Península Ibérica, entre el océano Atlántico y el Mediterráneo y entre Europa y África, ha sido un territorio
de cruce de caminos, lugar de atracción para diversos pueblos: por el sur, por el estrecho de Gibraltar, han
llegado culturas prehistóricas; desde Europa procedían los celtas o indoeuropeos y por la fachada mediterránea,
sucesivamente, fenicios, griegos, cartagineses y romanos.
RECUERDA: Términos como historia o prehistoria se escriben con minúscula, pero sus subdivisiones
(Paleolítico, Neolítico, Renacimiento, Siglo de las Luces, Edad Contemporánea, etc.) se escriben con
mayúscula.
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1.1. PALEOLÍTICO
La etapa más antigua de la Prehistoria se denomina Paleolítico, y comprende desde hace 2 millones de años
hasta el 8.000 a. C. Las sociedades paleolíticas compartieron un mismo modo de vida; los hombres y las
mujeres vivían en pequeñas comunidades dedicadas a la caza-recolección y se desplazaban en busca de los
recursos naturales (nómadas-depredadores).
Los primeros testimonios arqueológicos de homínidos en la Península se han encontrado en Atapuerca
(Burgos), en la sima de la Gran Dolina. Los investigadores llegaron a la conclusión de que los abundantes
restos correspondían al Homo antecesor, hace 900.000 años (Paleolítico inferior). Su capacidad craneal era
reducida y utilizaba utensilios simples de piedra.
En el Paleolítico medio (hace unos 200.000 años.) apareció el Homo neanderthalensis. Su capacidad craneal
era mayor, por lo que desarrolló un instrumental más variado diversificando los utensilios de piedra (lascas,
puntas de flecha, buriles, cuchillos, raspadores, etc.). También el variado uso de la madera y el hueso (Cultura
musteriense). Se le atribuye el descubrimiento del fuego (le sirve para calentarse, ahuyentar-cazar a los
animales y asar los alimentos) y realizaba rituales funerarios de enterramiento. Se han hallado restos en
Granada, Vizcaya, Gerona o Gibraltar.
En el Paleolítico superior (entre 40.000 y 8.000 a. C.) llegaron a la Península Ibérica los primeros Homo
sapiens sapines (Hombre de Cromagnon). Estos grupos humanos eran cazadores y recolectores y
practicaban una vida nómada (depredadores). Su capacidad craneal era de 1400 cm3, perfeccionaron la
industria lítica con piezas más pequeñas y afiladas y complementándola con hueso, cuerno y marfil, dando
lugar a una producción refinada y decorada (mayor especialización, por lo tanto mayor uso de la inteligencia y
aprovechamiento de la experiencia). El hombre dejó en esta etapa un arte naturalista que representaba, sobre
todo ritos propiciatorios para la caza, las principales manifestaciones se han conservado en la cornisa
cantábrica (cuevas de Altamira con sus magníficos bisontes polícromos; El Castillo; Tito Bustillo o Urtiaga,
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en la zona norte, o Parpalló, en Valencia). Además de la pintura también nace en esta etapa la escultura (restos
en Francia).
El final del Paleolítico vino dado por un profundo cambio climático global producido hace unos 12.000 años
que supuso el final de la última glaciación, la de Würm. Las temperaturas se elevaron, grandes masas glaciares
se fundieron y ascendió el nivel de los mares. Obviamente, los grupos humanos se vieron profundamente
afectados por estos cambios (aislamiento de América y Oceánia).
1.2. MESOLÍTICO
El Mesolítico (8.000-5.000 a. C.) transcurre entre el Paleolítico y el Neolítico. Los hielos retroceden y los
hombres habitan abrigos rocosos (entrada), produciéndose una sedentarización progresiva. Este periodo se
caracteriza por la pervivencia de la economía depredadora paleolítica, pero con una cierta presión demográfica
al desaparecer los grandes herbívoros de clima frío. La forma de vida cazadora resulta cada vez más difícil para
una población en aumento. Los objetos líticos sufren un proceso de microlitización con el fin de adaptarse a
los nuevos recursos disponibles (mejor clima y nuevas especies): caza menor, pesca… y que nos anuncia una
mayor especialización en la fabricación de estos útiles.
1.3. NEOLÍTICO
Hacia el 5500 a.C. aparecen los primeros indicios de agricultura y ganadería en la Península Ibérica, iniciándose
el periodo del Neolítico. El Neolítico (5.000-3.000 a. C.) llega a España desde el Próximo Oriente a través de
dos rutas: el Mediterráneo y el norte de África. El hombre pasa de ser un cazador y recolector (características
del hombre del Paleolítico) a agricultor y ganadero. El hábitat habitual seguía siendo en cuevas, pero
aparecieron los primeros poblados, haciéndose entonces sedentarios. Aparecen los primeros intercambios
y se inventa la cerámica (para el almacenamiento y para cocinar los alimentos); También se desarrollan la
cestería y el tratamiento de tejidos. Toda esta especialización da lugar a la división del trabajo y la aparición de
diferencias sociales. Los útiles pasaron a ser de piedra pulida y enterraban a sus muertos en necrópolis. A
todo este conjunto de cambios lo conocemos por la denominación de revolución neolítica.
Precisamente en Levante, Cataluña y Andalucía es donde se han encontrado las primeras muestras de
cerámica cardial, asociada a una economía ganadera y agraria. Desde finales del IV milenio a.C. se desarrolló
la etapa final del Neolítico en la Península con la aparición en Cataluña de la cultura de los sepulcros de
fosa.
Entre el Mesolítico y el Neolítico el arte de las cuevas cantábricas desaparece y se da ahora un arte rupestre
en la zona levantina, desde Lérida hasta Albacete, en cuevas y también en abrigos. La pintura suele ser
monocroma, aparecen hombres y animales en escenas de caza, luchas de hombres con arcos, recolección o
danzas rituales asociadas a la fertilidad. Las figuras se representan de manera estilizada, perdiendo la esencia
naturalista y ganando en esquematismo. Destacan las pinturas de Cogull (Lérida), Valltorta (Castellón) y Alpera
y Minateda (Albacete). Yacimientos importantes son la Cova de l’Or (Alicante), Nerja (Málaga) o La Carigüela
(Granada).
También pertenece al periodo Neolítico el fenómeno del megalitismo, la construcción de grandes monumentos
pétreos (menhires, dólmenes, sepulcros de corredor). Los monumentos megalíticos tenían una finalidad
eminentemente funeraria.
1.4. EDAD DE LOS METALES
Hacia el año 3200 a. C. se introdujeron en la Península Ibérica nuevas técnicas mineras y metalúrgicas
destinadas al trabajo de los metales, primero el cobre y el bronce, y más tarde el hierro, permitiendo la
producción de los primeros utensilios metálicos, mucho más especializados, resistentes y eficaces. Durante el
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Calcolítico (3200-2200 a. C.) el principal metal trabajado fue el cobre, aunque también han aparecido objetos
de oro y plata (armas, adornos…) asociados a los ajuares funerarios.
En este periodo, además de la metalurgia del cobre, destacan las construcciones monumentales hechas con
grandes piedras (arquitectura megalítica) como los dólmenes y las tumbas de corredor, con finalidad funeraria.
Ejemplos en la península son el dolmen de Ardaitz, en Navarra y los dólmenes de Viera, El Romeral y
Menga, en Antequera. El más importante es el yacimiento de los Millares (Almeria), que da nombre a la
cultura de Los Millares. El poblado de Los Millares presentaba una sólida arquitectura defensiva con muralla
y torreones. En el interior del asentamiento se han encontrado los restos de un taller metalúrgico y diversos
almacenes y lugares de procesado de alimentos. Al final de este periodo y durante buena parte de la Edad del
Bronce, se desarrolló la cultura del vaso campaniforme, vinculada al comercio del metal. Recibe este nombre
por la fabricación de recipientes de cerámica en forma de campana invertida y con decoración incisa (incisiones
en el barro aún tierno). Del calcolítico también son las pinturas rupestres esquemáticas de Peña Escrita, en
Fuencaliente (Ciudad Real).
Durante la Edad del Bronce (2200-1000 a. C.) se introdujo la metalurgia del bronce, una aleación entre cobre
y estaño, más resistente y duradero que el cobre. En esta época destacó la cultura de El Argar, en el sudeste
peninsular, que sucedió a la de los Millares. Esta cultura se caracterizó por su rito funerario, con enterramientos
debajo de las casas y ajuares espectaculares, con armas y adornos muy elaborados en metales preciosos. Con
El Argar aparecieron las primeras ciudades de la Península, así como las desigualdades sociales. En
Mallorca y Menorca destacó la cultura talayótica, sus principales construcciones son las taulas, con una
función religiosa; las navetas, con un uso funerario, y los talayots o torres defensivas. En Castilla-La Mancha
destaca la Cultura de las Motillas, considerada como el asentamiento humano organizado más antiguo de la
Península capaz de captar agua subterránea, y uno de los más antiguos del continente europeo.
La Edad del Hierro se inició en la Península hacia el año 1.000 a. C. y coincidió con la llegada de los
pueblos procedentes de Europa central (indoeuropeos). Los pueblos indoeuropeos, los celtas,
introdujeron la cultura de los campos de urnas, con necrópolis en las que enterraban las cenizas de
los difuntos depositadas en urnas de cerámica.
La Edad del Hierro trae, además, una serie de novedades importantes como la introducción del uso del hierro,
la utilización del torno de alfarero para la fabricación cerámica que produce la estandarización de las piezas o
la aparición de los primeros textos escritos en lengua íbera, aún sin descifrar, que hacen que esta etapa se
conozca también con el término de protohistoria. Además, aparecen los primeros textos que hablan
supuestamente de la Península Ibérica, como la Biblia, en la que se hace referencia al reino de Tartessos o
los textos griegos, que nos permiten conocer el nombre de los pueblos prerromanos que habitaban el territorio.
2. PROTOHISTORIA DE LA PENÍNSULA IBÉRICA
Como decíamos, durante este periodo, las sociedades que vivían en la Península recibieron la influencia
decisiva de pueblos indoeuropeos procedentes de Europa central (celtas), pero también de los fenicios, griegos
y cartagineses, tres pueblos originarios del Mediterráneo oriental. Estos pueblos influyeron en la configuración
de las culturas tartesia, ibera y celta.
2.1. LAS MIGRACIONES INDOEUROPEAS
A finales del segundo milenio a.C. empiezan a llegar a la Península, a través de los Pirineos, sucesivas oleadas
de población procedentes de Europa central. Estos grupos compartían una lengua de origen indoeuropeo y
algunas características culturales, como el rito funerario de la cremación o la metalurgia del hierro, que
introdujeron en la Península. Las primeras zonas donde se asentaron fueron Cataluña, el valle del Ebro y la
Meseta.
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El ritual funerario que practicaban los pueblos indoeuropeos era la incineración del cadáver; luego depositaban
las cenizas en urnas que enterraban en necrópolis, por lo que se les conoce como la cultura de los campos
de urnas.
Los indoeuropeos conocían la metalurgia del hierro, que supuso un avance muy significativo, ya que el hierro
es más resistente y duradero que el cobre o el bronce, y además se encontraba en mayor cantidad en la
Península.
2.2. LOS PUEBLOS COLONIZADORES
El primer milenio a.C. en la Península estuvo marcada por la llegada de varios pueblos originarios del este del
Mediterráneo. Fundaron colonias en el área meridional de la Península.
a) La colonización fenicia
Los fenicios fueron el primer pueblo mediterráneo que llegó a la Península. Su primera colonia fue Gadir (Cádiz),
la ciudad más antigua de Europa occidental. Su objetivo era el comercio con los pueblos indígenas, por ello se
limitaron a establecer vínculos comerciales con estos territorios y no los conquistaron. Los fenicios obtenían
principalmente plata, plomo y oro. Se los adquirían a los indígenas de Tartesos a cambio de joyas, telas,
cerámicas, etc. Se cree que introdujeron el cultivo de la vid y el olivo para producir vino y aceite, e impulsaron
el torno de alfarero, la pesca y la salazón del atún, nuevas creencias religiosas, sistemas de escritura y modelos
de planificación urbana.
b) La colonización griega
Los griegos se establecieron en el nordeste de la Península Ibérica, concretamente el litoral mediterráneo, a
partir del siglo VI a. C. Las primeras colonias griegas fueron Emporion (Ampurias) y Rhode (Rosas) en Gerona.
Como las colonias fenicias, las griegas se fundaron con una finalidad comercial. Se establecieron, sobre todo,
en la costa, donde construyeron puertos desde los que exportaban los productos que intercambiaban con los
indígenas iberos, principalmente cereales que intercambiaban por productos manufacturados (cerámicas,
objetos de lujo, …).
c) La colonización cartaginesa
En el siglo VI a. C. las colonias fenicias entraron en declive (invasiones mesopotámicas) y el control
de sus colonias pasó a mano de Cartago, una ciudad del norte de África (antigua colonia fenicia). A
partir del siglo III a. C. los cartagineses, para frenar el avance romano, se vieron obligados a mantener
una presencia militar importante en las colonias de la Península Ibérica, por lo que pasaron a controlar
grandes extensiones de territorio del sur peninsular e implantaron el pago de impuestos a los
indígenas. Fundaron la ciudad de Cartago Nova (Cartagena) y Ebussum (Ibiza). A finales del s. III a.C.
se enfrentaron a Roma en la II Guerra Púnica.
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2.3. TARTESOS
La llegada de los fenicios supuso un estímulo muy importante para las sociedades indígenas que habitaban el
suroeste peninsular, en las que aparecieron élites que basaban su poder en el control del comercio con los
fenicios. Estas impulsaron aún más el desarrollo de la minería destinada al intercambio con los fenicios. Así,
entre los siglos X y VI a.C., en el Bajo Guadalquivir se desarrolla una cultura conocida como Tartessos.
Tartessos aparece citada en varias fuentes: por los hebreos de la Biblia, por los fenicios, los griegos y romanos.
Todas hablan de una tierra fértil (agricultura y ganadería) y rica en minerales. Parece que conocían el torno
alfarero (influencia fenicia), la metalurgia de la plata y una orfebrería muy desarrollada. Cuando los fenicios
entran en declive, los tartesios, a pesar de entrar en contacto con los griegos y cartagineses, fueron
desapareciendo.
2.4. LAS ÁREAS IBERA Y CELTA
Las influencias de los pueblos indoeuropeos y mediterráneos en la Península Ibérica provocaron que, a partir
del siglo VI a.C. se formaran dos grandes áreas culturales y lingüísticas: la ibera y la celta.
El área ibera: los pueblos iberos habitaron el este y sur de la Península entre los siglos VI y II a.C. La influencia
de fenicios y griegos propició que adoptaran rasgos en innovaciones de estos pueblos, como el uso de la
moneda o la escritura. Se organizaban en tribus lideradas por un caudillo. Se asentaban en lugares elevados y
amurallados. Su base económica era la agricultura y la ganadería; también se dedicaban a la minería y las
labores artesanales (tejidos, cerámica, joyas,…). Desarrollaron una intensa actividad comercial con los pueblos
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colonizadores. Entre sus manifestaciones artísticas destacan la Dama de Elche o la Dama de Baza, la dama
oferente del Cerro de los Santos, el toro androcéfalo (bicha) de Balazote o el monumento funerario turriforme
de Pozo Moro.
El área celta: habitaron la zona del centro, el oeste y la franja cantábrica entre los siglos V y I a.C., mezclándose
con la población autóctona. Se organizaban en tribus lideradas también por caudillos, en poblados elevados y
amurallados. Eran ganaderos, aunque también practicaban la agricultura. Trabajan el bronce y el hierro para
fabricar herramientas y armas. Estamos ante los galaicos, astures, cántabros, vacceos, lusitanos…En el área
de contacto entre los celtas e iberos del centro peninsular (la Meseta) se desarrolló la cultura celtibera. Los
celtíberos incorporaban rasgos de la cultura ibérica a su raíz celta. Practicaban la incineración de los
cadáveres, enterrados en campos de urnas.
3.- ACTIVIDADES
1.- Haz un análisis formal de esta figura.