Libro de Haru
Libro de Haru
Entre todos los sirvientes de Dios se encontraba alguien diferenciado entre casi todos los demás
por ser uno de los dos ángeles en todo el reino del cielo en poseer una apariencia oscura. Todos
los fieles a Dios eran seres de apariencia luminosa, pura, de grandes alas blancas y vestimentas
de colores claros y armoniosos, este no era el caso de Dasahel, el querubín que era llamado los
“los ojos de Dios”, era un ser de grandes alas negras siendo estas un par de 4, formando 8
grandes alas en total, superando incluso a los alados serafines quienes poseen solo pares de 3,
que formaban 6 alas blancas, llevaba una vestimenta negra que comenzaba con una toga unida
en su hombro izquierdo y bajaba por su cuerpo bien definido y musculoso, cubriendo solo la
mitad de su pecho dejando la otra totalmente descubierta, esta se veía interrumpida por aquel
cinturón plateado que era el comienzo de su armadura inferior que cubría por completo sus
piernas, sus brazos estaban cubiertos por dos largas cadenas que se diferenciaban una de la otra
en los colores de la mismas, siendo la cadena del brazo izquierdo una de las pocas posesiones
que el arcángel tenia de color blanco, mientras que la cadena del brazo derecho era de aquel
color negro típico en el ser celestial, dicha cadena de color oscuro se perdía al momento de llegar
a su hombro ya que se unificaba con un largo plumaje del mismo color que ella que cubría el
hombro derecho, aquellas cadenas eran cubiertas por un chal de encaje oscuro que lucía en sus
brazos y le daba cierta elegancia junto con las largas cintas que poseía, su cabellera era tan larga
que cubría toda su espalda y la misma hacia una combinación perfecta con sus alas puesto a que
compartían el mismo tono de color, en su frente llevaba tres pequeñas piedras que acompañaba
en cuanto a la pureza de su color a la cadena que este tenía en su mano izquierda, su cabeza
estaba adornada no solo por la aureola que todo ser celestial poseía sino que la misma estaba
iluminada por una luz que solo podía definir la divinidad del mismo. A pesar de toda aquella
oscuridad de sus alas y vestimenta, el arcángel Dasahel era el portador de los ojos más
bondadosos de todo el cielo, de ahí su nombre, aquellos incomparables ojos eran tan hermosos
que se decía que superaban la belleza de un serafín, eran de color dorado aún más puro que el
resplandor de todos los ángeles juntos, el rostro de Dasahel en combinación a su mirada llena
de paz era tan perfecto que muchos se preguntaban porque él no era considerado un serafín
puesto a que cumplía con todas las condiciones para serlo.
Dasahel arcángel, era diestro en las artes bélicas pudiendo manejar a la perfección el uso de la
espada, su mayor fortaleza era el amor que el mismo poseía por todos sus hermanos y aun mas
por su creador a quien consideraba perfecto. Era la mano derecha del arcángel Uriel quien
confiaba ciegamente en él, tanto era la confianza de Uriel en Dasahel que se comparaba con la
confianza que tenía Dios en Luzbel.
Ya en el cielo la paz que existía se veía interrumpida por traiciones que surgían e intenciones de
algunos rebelados para superar al creador todo poderoso, ya a que se entendía que el mismo
no merecía ese puesto, quien encabezaba aquella rebelión era el arcángel más cercano a Dios
para sorpresa de todos, Luzbel, segado por el egocentrismo entendía que merecía ser llamado
rey de reyes y estar por encima de su creador ya que se consideraba más perfecto que el mismo,
pero aquel querubín considerado la más hermosa creación en todo el reino, solo igualado por
los ojos de Dasahel, algo tenia y es que este no era tonto y sabía bien que si tomar el poder
quería necesitaba la ayuda de sus otros hermanos, ya había convencido a la tercera parte de sus
hermanos para que se unieran a él pero este quería más, buscaba convencer a los guerreros que
mostraban mayor habilidad bélica por eso puso sus ojos en el arcángel de mirada dorada.
En un momento en que ambos alados se separaban luzbel dibujaba una sonrisa en su rostro
diciendo las siguientes palabras interrumpía el acuerdo mutuo que hasta el momento ambos
habían respetado al no decir una palabra uno con el otro desde que el enfrentamiento había
comenzado – hermano de verdad como me gustaría tenerte entre mis seguidores puesto a
que tu fuerza iguala tu belleza pero tú ya has tomado tu decisión y es estar en el lado de los
débiles – terminando con esa última palabra ya Luzbel había confirmado lo que Dasahel
sospechaba y era que este no estaba solo en su locura, levantando una corneta Luzbel hace
sonora una fuerte señal de aviso que se escuchó por cada uno de los rincones del cielo, dicho
sonido era el aviso a todos sus aliados de que el momento de rebelarse ya había llegado,
miles y miles de ángeles de diferentes jerarquías levantaban su vuelo comenzando así la
épica batalla que duraría cientos de años.
Mientras Luzbel y Dasahel sin descanso alguno batallaban un tercer arcángel llego quedando
en medio de ellos clavando su espada envuelta en llamas en el suelo, que daba pruebas de
la intensidad de la pelea entre el ser de alas negras y el ser de alas blancas, los separaba
pasando a ponerse erguido mientras lo miraba girando su rostro del lado izquierdo al lado
derecho en un completo silencio, este intruso en el enfrentamiento era el arcángel Miguel.
Una vez dejado a Miguel en batalla con Luzbel, Dasahel comenzó a pelear con múltiples
ángeles que compartían el ideal del querubín traidor, eran enfrentamientos de magnitudes
inexplicables, no hubo descanso ni tregua alguna por las siguientes decenas de años.
Dasahel se vio igualado en batalla por su hermano Azkerael, quien más tarde sería conocido
como Leviatán, sus espadas parecían no cansarse de chocar mientras que sus puños también
solían encontrarse, parecían conocer a la perfección los pensamientos y la estrategia de
batalla uno del otro, en pocas palabras uno era el antagónico del otro.
- Azkerael, has caído tan bajo como para seguir los ideales enfermos de Luzbel, ¿de
verdad crees que es él quien merece estar sentado en el trono de nuestro padre? – le
decía Dasahel a su adversario en uno de los pocos momentos en que se separaban y el
sonido de sus armas chocando no se podía percibir.
- Jajjajajaj yo no sigo a nadie Dasahel no te equivoques, realmente me es indiferente lo
que luzbel haga o deje de hacer, yo solo estoy cansado de seguir normas a las cuales no
me quiero sujetar, Luzbel solo me dio la oportunidad de hacer lo que yo quiera y acepte-
- No eres más que otro traidor Azkerael y serás juzgado como lo que eres – decía Dasahel
para así comenzar nuevamente su enfrentamiento con su hermano.
La pelea no parecía tener fin alguno, ambos eran muy buenos en las artes bélicas y su
innovación en los movimientos de pelear eran improvisados según el enfrentamiento
seguía. Azkerael en una ocasión tomo la cinta de Dasahel colocándose detrás de él, le dio
una fuerte patada en su espalda haciendo curvear su cuerpo por el impacto mientras que
Dasahel como respuesta a su acción traslado sus manos a su espalda tomando el pie
incrustado de Azkerael en su espalda, sujetándolo con sus manos arropo todo el cuerpo de
su hermano con sus grandes alas negras quitándole la visibilidad mientras giraba su cuerpo
chocando a Azkerael violentamente contra el suelo, aquella espada plateada con el centro
de su hoja afilada de color negro perteneciente a Dasahel penetraba el hombro izquierdo
de Azkerael mientras las miradas chocaban una con la otra en el encuentro de sus rostros
siendo una de estas miradas, completamente abarcada de ira y furia mientras que la otra
aún estaba llena de paz y misericordia.
- Tu no serás quien detendrá mis ambiciones Dasahel, tú no eres nada, tú no eres nadie
en comparación a mí, eres un simple esclavo de lo que consideras correcto y tarde o
temprano veras como te decepcionaras de como vives, así como yo lo hice y llegará el
momento en que harás lo que yo hice – decía mientras su brazo tembloroso soltaba su
espalda puesto a que ya estaba completamente sometido.
- Yo nunca seré como ustedes, yo nunca seré un traidor – decía Dasahel levantándose
quedando completamente erguido mientras su espada clavada en el hombro de su
hermano lo dejaban postrado en el suelo – es el momento en que tú y los tuyos reciban
lo que merecen
Decía mientras que levantando su brazo con una completa furia se inclina dándole un fuerte
golpe en el estómago, tan fuerte que el mismo rompía por completo el suelo donde estaba
acostado traspasándolo quedaba tendido con un oscuro averno debajo de él, sujetado
únicamente de la espada que yacía en su hombro mientras era observado por Dasahel quien era
el que sujetaba el puño de la espalda notando ni una sola señal de arrepentimiento en la miraba
de Azkerael, Dasahel cerró los ojos, significando de que no habría misericordia por su acto, le
dio una fuerte patada en el mismo lugar donde había propiciado el golpe anterior sacando su
espada del hombro de su hermano mientras él caía a la oscuridad junto con los demás rebelados
que habían sido vencidos, encabezando la caída de los traidores el mismo quien había
encabezado la rebelión, Luzbel, siendo este el inicio de la larga batalla entre el bien y el mal.
Capítulo II
el nacimiento de un caído
Después de la larga batalla entre rebelados y fieles, muchos años después el reino del cielo
regreso a ser lo que era, un lugar lleno de paz y tranquilidad con la diferencia de que ahora tenía
un enemigo y este era el reino de la oscuridad, que estaba formado por todos los ángeles que
habían sido desterrados de la gracia de Dios en la pasada batalla. Grandes cambios habían traído
el enfrentamiento divino, ahora existían ángeles que custodiaban a los traidores en espera de
otro posible ataque.
Dasahel siguió siendo la mano derecha de Uriel quien ahora era el encargado de custodiar la
puerta del averno. El entrenamiento para mejorar sus habilidades de combate nunca paro
puesto a que tenía que estar preparado por si ocurría una segunda batalla.
- ¿Entrenando como siempre Dasahel? - decía el ser conocido como el arcángel de fuego,
Uriel, - a veces parece como si desearas combatir nuevamente hermano –
- Nada que ver Uriel, solo quiero estar preparado no quiero que nada me tome de
imprevisto nuevamente – así respondía Dasahel.
- Lo sé, pero eso ya paso hace mucho tiempo y los traidores nunca dejan de ser vigilados,
deberías descansar – sonreía mientras se posaba detrás de él dándole una palmada en
el hombro que no era cubierto por plumas, tomando la espada ajena la miraba con
asombro diciendo – de verdad que es una hermosa espada hermano, digna de ti, solo
espero que nunca la tengas que usar nuevamente – completaba para así finalmente
regresarle la espada a Dasahel quien la tomaba mientras sonreía haciéndole caso a lo
que su hermano sugería envainaba su espalda.
- Tu deberías ser quien entrenara sin descanso Uriel puesto a que te ha tocado ser quien
lleve las llaves del averno en donde los desterrados se encuentran, te fías mucho de tu
incomparable fuerza hermano – decía de manera que se alejaba de Uriel.
Mientras caminaba Dasahel comienza a mover de manera lenta y una forma muy elegante sus
alas levantándolas del suelo muy lentamente alejándose así cada vez mas de Uriel quien miraba
como se marchaba, comenzó un recorrido por el reino celestial mientras en su mente recordaba
con exactitud aquellos días de lucha incontrolable llegando así al lugar donde desterró a
Azkerael, aún quedaba el agujero por el cual cayó su hermano a quien ahora solo reconocía
como un desterrado puesto a que él y ninguno de los rebeldes podían ser llamados hijos de Dios.
Miraba de forma profundo con aquellos ojos dorados la oscuridad del averno preguntándose
entre el silencio que abría ahí, como sería el dominio de aquellos que osaron rebelarse y una
pregunta mayor no dejaba en paz sus pensamientos ¿Por qué fueron desterrados y simplemente
no eran eliminados? Todos sabían que ellos eran un peligro y que iban intentar levantarse
nuevamente así por qué no acabar con ese mal en vez de dejarlos existir.
Dasahel era una existencia guerrera a pesar de la bondad que transmitían sus ojos, él desarrollo
una personalidad sebera y entendía que todo sacrilegio merecía ser castigado sin misericordia
alguna, ese era su pensar.
Los planes de una nueva creación se expandía en los cielos, era la creación de la tierra, todo
parecía ser perfecto, era una maravilla, todos en el reino celebraban con alegría una vez Dios
dio forma a su idea o así era hasta que llego el hombre, un ser en apariencia muy parecida a los
ángeles y al mismo creador, puesto a su gran parecido a aquellos seres divinos la duda de que si
era lo correcto nació en uno de todos los fieles, en Dasahel, Dasahel definitivamente no estaba
de acuerdo en la creación de aquel ser no divino puesto a que entendía que no merecía tener la
apariencia de ellos, lo consideraba inferior y no merecedor de aquel privilegio, aquellos
pensamientos comenzaron a llenar de dudas al arcángel puesto a que su creador, el ser que no
cometía error alguno y era perfecto en todo sentido, estaba denigrando a su entender a todos
los divinos con aquella creación no perfecta. La arrogancia comenzó a invadir la personalidad
del arcángel de la mirada más pura.
Una vez todo creado y el hombre viviendo de forma libre en el nuevo paraíso creado, Dasahel
no dejaba de ver como un error la existencia de aquel personaje nuevo, era una especie frágil,
tan dependiente de lo que lo rodeaba, sin fuerza alguna, el arcángel entendía que estaba en el
mismo nivel que aquellas bestias recién nacidas y se seguía preguntando ¿por qué aun así Dios
le había dado aquella forma? Entre más lo pensaba más se convencía que hasta el mismo padre
podría cometer errores.
Queriendo zacear las dudas que tenía, aprovecho el privilegio que no todos tenían y que él pocas
veces había utilizado y este era el requerir una audiencia con el padre. Sorprendido por aquella
petición Uriel se acercó a Dasahel en la entrada del santo trono y dijo.
- Hermano. ¿A qué se debe que quieras hablar con nuestro padre?, tu un ser que siempre
se ha mantenido al margen hoy demandas una audiencia, es que ¿acaso ha pasado algo
que yo no sepa?
- No ha pasado nada Uriel – respondía el arcángel en un tono serio y cortante para luego
continuar – es que ¿acaso no puedo hablar con mi padre? O para que eso pase primero
se tiene que producir alguna desgracia
Uriel percibió algo extraño en la manera en que su hermano le había respondido, nunca había
sentido aquel tono en Dasahel y justo cuando estaba a punto de preguntar qué pasaba con él,
aquellas grandes puertas de color del oro más puro, pero aun así no se comparaban con el color
de los ojos de Dasahel, se abrían para sorpresa de los presentes en el momento, dejando a la
vistas aquellas largas escaleras y ascendían hasta el puesto más alto en todo el cielo y que
terminaban en el divino trono de la existencia que nunca dejaba su lugar, y que era imposible
visualizar puesto a que la luz y la pureza en la cúspide del camino eran tan grande que aria
percibir la luz aunque no fueran videntes. Acto seguidos todos los celestiales que se encontraban
presentes en el momento sin titubeo alguno se inclinaron, dejando una rodilla levantada
mientras la otra se encontraba apoyada en el suelo, las cabezas no se levantaron y las miradas
permanecían fijas hacia el piso donde lo más que podían ver era su propio pie.
Aquella era la señal de que Dios aceptaba la petición de su hijo y le permitía acercarse a él.
Dasahel acto seguido se levantaba, alzando la vista hacia las escaleras que en pocas ocasiones
había recorrido empezando la marcha de una manera lenta, mostrando elegancia y firmeza en
cada uno de los pasos que daba pasando por el lado de Uriel que se mantenía arrodillado con
los ojos cerrados aun pensando en la extraña actitud de su hermano y queriendo descartar la
idea de que quizás aquel ser que era su mano derecha y el más querido entre todos sus
hermanos para él se estuviera corrompiendo. El sonido de las pisadas de Dasahel se alejaban
cada vez más de su hermano, pero se acercaban a la presencia del padre y así fue hasta el
momento en que se detiene para nuevamente ponerse de rodillas ante la más pura presencia
de todas.
- Dasahel – se escucha decir en una tonalidad tranquila y armoniosa, de una voz gruesa,
pero a la vez sutil, que con tan sola escucharla exigía respeto y admiración sin contar
con la paz que daba el percibir aquel sonido en los oídos de cualquier existencia creada
- Hijo mío, ¿por qué me has llamado?
- Padre – decía al momento de escuchar su pregunta – hoy he venido ante ti con dudas,
¿Por qué has creado aquel ser tan imperfecto si nos tienes a nosotros? Es que acaso
nosotros no somos dignos y ahora estas buscando nuevos hijos o es que acaso – decía
frenando sus palabras antes de continuar para levantar la vista mirando directamente
hacia el fuerte resplandor cambiando en un tono de voz que ya no se sentía de dudas si
no de prepotencia, diciendo – acaso después de la guerra entre los desterrados y
nosotros, tienes miedo de que nuevamente nos levantemos ante ti ¿temes de nuestro
poder padre? Y por eso has creado a una criatura que nunca se podría revelar contra
tuya
- Dasahel, ¿Por qué esas dudas atormentan tu cabeza?, si tu preocupación es que mi
preferencia ante tus nuevos hermanos sea mayor que a ustedes, ve tranquilo hijo mío,
puesto a que para mí todos mis hijos son iguales, y más aún, los nuevos nacidos
necesitaran de la protección de ustedes sus hermanos mayores.
Aquellas palabras más que calmar los pensamientos de Dasahel aumentaron el descontento por
palabras como “sus nuevos hermanos” debido a que aquellos seres no perfectos estaban en el
mismo lugar que el ante los ojos de su padre. Dasahel sin decir nuevamente una palabra giro
dentro de su mismo eje pasando ahora a descender por el camino que antes había recorrido
para llegar ante su padre, aunque trataba de ocultarlo la expresión de su rostro reflejaba
molestia y descontento. Las puertas que antes se abrieron para permitir su entrada ahora se
abrían nuevamente para despedirlo, pasando por el medio de estas se encontraba con un
arrodillado Uriel que estaba en espera de su regrese levantándose una vez las puertas eran
cerradas.
- Hermano ¿está todo bien? – preguntaba Uriel una vez frente a su hermano quien aún
no dejaba de preocuparlo
- Todo está bien Uriel, pero ahora solo quiero estar solo espero tener tu comprensión –
decía Dasahel aun con un rostro descontento al momento que agita cada una de sus alas
mientras caminaba levantando el vuelo de manear lenta alejándose de aquel lugar
dejando a todo mundo atrás.
Lentamente la soberbia consumía al querubín que solía ser uno de los más justos, pero a su
entender aun lo era, Dasahel no quería cuestionar a Dios y mucho menos estar por encima de
él, ya que su ideología era la de que nada puede estar por encima de la cabeza del padre, pero,
que él y sus hermanos estén al mismo nivel que algo banal le parecía sumamente insultante. Su
incomodidad y mal genio no pasaba con el tiempo, si no que era todo lo contrario, aumentaba
según veía como el amor de su padre por el hombre aumentaba, pero se mantenía en un estado
neutral hasta que algo inesperado paso.
Luzbel había escapado del averno al cual fue arrojado junto a todos sus colaboradores, esto
automáticamente puso a todos los ángeles y divinos en alerta, pero para sorpresa de ellos este
no subió hasta los cielos si no que alcanzo su límite en la tierra, en aquel paraíso terrenal que
había creado Dios. Los ángeles miraban intrigado la acción de su hermano caído, pero no podían
hacer nada ya que no se les permitía estar en cuerpo presente en aquellos lares, solamente
como espíritu, y de esa manera no podrían hacer nada en contra del rebelado. Dasahel desde la
cima del precipicio miraba atento como el traidor hacia sus movimientos en contra del hombre,
a pesar de la preocupación de todos sus hermanos Dasahel por el contrario mostro una
indetectable sonrisa de satisfacción debido a que no creía como eran las manos de un desertor
las que demostrarían que tenía razón todo este tiempo en que el hombre nunca debió ser
creado. Como era de esperar la mente débil del hombre no pudo encontrar de la astucia del que
en su momento fue considerado como el más hermoso arcángel de todos, cayendo en tentación
y desobedeciendo de forma directa las ordenes de Dios.
- Por fin existe algo bueno Luzbel, tu inútil existencia al final ha tenido algún valor
Dijo en voz baja mientras se daba la vuelta ofreciendo la espalda a lo que el precipicio del cielo
le mostraba caminando en una marcha lenta el rostro del querubín mostro lo que hacía tiempo
no mostraba, satisfacción y alegría, a causa de que sabía que traería como consecuencia el acto
profano del hombro.
Como era de esperar la ira de Dios se hizo sentir en el hombre, el cual fue desterrado del paraíso
hacia el camino de la muerte y como era un ser tan frágil Dasahel sabía que aquella abominación
no resistiría el castigo divino y de esta manera se corregiría el error que nunca debió haber
ocurrido.
El arcángel no dejaba de ir día tras día a ver el sufrimiento y la desesperación del irrespetuoso
desde el cielo, deseando con desespero el momento en que cayera muerto y así dar un respiro
de alivio, ya que la existencia que lo perturbaba dejaría de existir.
El deseo de Dasahel se vio interrumpido cuando el error del hombre fue perdonado por la
misericordia de su padre. Cuando está a punto de morir para asombro de todos en el cielo, Dios,
decide ayudar al hombre en su agonía debido a su arrepentimiento derramando una cortina de
lluvia sobre él, calmando su sed le perdona la vida, pero no salió ileso de su desobediencia ya
que ahora tenía que fortalecerse y ser el quien obtenga sus propios alimentos para su
sobrevivencia.
Esta inesperada acción lleno de frustración a Dasahel quien se aproximó ante las puertas de su
padre exigiendo verle con un fuerte tono cargado de furia que casi empañaban aquellos ojos
misericordiosos y bondadosos.
- ¡Dasahel!! ¿Que osadía es esta? Como osas llegar a las puertas de nuestro padre con tal
nivel de insolencia – decía un exaltado Uriel quien estaba en medio de las puertas
cerradas, mirando de manera fija a los ojos de su irreconocible hermano quien le
contesta
- Lo ha perdonado Uriel, nuestro padre ha perdonado a aquella criatura impura de su
transgresión, ¿cómo quieres que este calmado? Si miles de nuestros hermanos fueron
desechados a la oscuridad por su desobediencia sin derecho a ser perdonados y esa
miserable creación ha sido absuelta, ¿Es que acaso tienen mayor privilegio que nosotros
ante los ojos de nuestro padre?
- A esos que hoy llamas hermanos antes lo solías llamar traidores, recuerda esos no son
nuestros hermanos, lo dejaron de ser al momento de seguir a Luzbel quien se creía
mejor que nuestro padre y fue el quien precisamente quien condeno a nuestros nuevos
hermanos – respondía Uriel sin cambiar la expresión de seriedad de su rostro – todo lo
que haga nuestro padre está bien, el no comete errores o ¿acaso no era eso lo que con
orgullo decías?
- No lo decía Uriel, lo digo, pero ¿por qué tantos beneficios con ellos? Es lo que quiero
que nuestro padre me explique, eso es lo único que quiero saber
Esas eran las palabras de Dasahel al momento de comenzar su andar hacia las puertas pasando
por el lado de Uriel hasta parar justo al frente de la dorada de gran tamaño
- Padre, permíteme verte y hablar contigo, saca mis dudas y contesta a mis preguntas por
favor
gritaba el arcángel sin respuesta alguna, las puertas en ningún momento abrieron y un ya
desesperado Dasahel opto para ser él mismo quien abriría las puertas. Levantando sus manos
encadenadas las coloco en cada una de las puertas aplicando fuerza con toda intención de abrir
la puerta, mientras su exigencia no era respondida, Uriel se colocó detrás de él con su espada
levantada y recargada en el hombro emplumado de Dasahel mientras al momento decía.
- Para con esto Dasahel no quiero ni pensar que te atreverás a desafiar la voluntad de
nuestro padre, tu quien siempre has sido justo entre los justos y obediente entre los
obedientes no mereces ser desterrado y además no quiero perder nuevamente un
hermano
- No lo entiendes Uriel, no te das cuenta – contesta Dasahel cayendo de rodillas ante las
titánicas puertas mientras su rostro cubierto por su largo pelo de color negro no dejaba
ver las lágrimas que brotaban de unos ojos que nunca habían llorado – nuestro padre
nos ha cambiado
Uriel al percibir que su hermano solo estaba confundido retira su espada del hombro de Dasahel
guardándola en su funda nuevamente caminando hasta colocarse a un lado de él se inclina
colocando su mano en el mismo hombro que hacia apena un instante recargaba su espada para
decir las siguientes palabras
- Si nuestro padre nos ha cambiado ¿Por qué es a nosotros quienes tiene aquí bajo su
cálido manto? Te lo has preguntado Dasahel
En silencio y escuchando aquellas palabras toma la decisión de levantarse mientras aun el rastro
de las lágrimas desfilaba por su rostro, caminaba en sentido contrario a las puertas y a su
hermano levantando el vuelo en un completo silencio que no era interrumpido en ningún
momento. Se refugió en su ya habitual lugar a ver como aquel humano cada día era más y más
feliz y como a su vez se multiplicaba.
Sin poder apaciguar su frustración intentaba buscar refugio en las palabras de Uriel, más la
inquietud de saber por qué aquella creación tenia tanto privilegio ante la presencia de su padre
que un día Dasahel decide bajar en forma material a la tierra para ver de cerca el
comportamiento del humano observándole desde las lejanías de una montaña rocosa. La
presencia divina del arcángel de color negro al momento de pisar por primera vez la tierra del
suelo, hace que automáticamente la misma se llene de vida mientras que de forma serena y
tranquila examina las actitudes del hombre las cuales no le parecía extraordinarias ni nada que
se le asemeje. En su momento todo parecía normal y ni siquiera por estar tan cerca de los
humanos pudo percibir lo que su padre veía en ellos.
Cuando estaba a punto de regresar a los altos jardines sin respuesta alguna, toda la tierra que
su presencia le había dado vida repentinamente comenzaba a morir, las plantas se sacaban hasta
un punto que los alrededores estaban más muertos que como él lo había encontrado.
- Como has estado Dasahel – su modo de hablar era perturbador, con tan solo escucharlo
se podía percibir la desesperación materializada, era un tono tan siniestro y amargo que,
sin dudas, si un humano lo llegara a escuchar moriría de manera inmediata tan solo por
escucharlo.
- Así que ahora esta es tu forma – respondía Dasahel dejando entendido que sabía quién
era el ser presente ante él – Luzbel para alguien que gozaba de ser el arcángel más
hermoso de todo, tus actos no te han dejado buena cara
La oscuridad desaparecía del rostro del arcángel caído mostrando una apariencia
completamente deforme, así como como la sombra de lo que anteriormente parecían ser alas.
Su exagerada y larga lengua lamia los labios que cubrían aquellos afilados dientes que ni el
animal más carnívoro tenia, todo su cuerpo estaba cubierto por un largo manto oscuro, pero no
dejaba visualizar algo más que no sea el rostro terrorífico que tenía.
- Imagino que te refieres a esta cara, Dasahel – decía en el mismo tono de voz que antes.
- No me importa que cara tengas Luzbel, pero si me importa que me vengas a molestar –
decía mientras su mirada seria no dejaba de verle mientras su siniestra en ningún
momento se apartaba del mango de su espada.
- No tienes por qué alterarte hermano
- ¡yo no soy tu hermano!! – respondió en forma inmediata Dasahel – lo deje de ser en el
momento que nos traicionarte
- Entonces si no soy tu hermano ¿que soy?
- Tu solo eres una abominación que no debería estar aquí
- Entonces creo que ya somos dos lo que no deberíamos estar aquí ¿no lo crees Dasahel?
– respondía luzbel
Tras ese último comentario Dasahel desnuda su espada con la intención de cortar a la mitad el
cuerpo sin forma presente delante de él, pero en el momento en que el filo de su espada a
centímetros de tocarlo estaba el mismo desaparece volviéndose una cortina de neblina oscura,
materializándose justo detrás del agresivo representante de la justicia quien lo mira de reojo
clavando su espada en la tierra para apoyarse levantando su pierna derecha buscando asestar
un golpe en su rostro pero el mismo es frustrado cuando el ser oscuro desaparece por segunda
vez. Dasahel termina completando la vuelta quedando arrodillado frente a su espada al sentir
nuevamente detrás de él la presencia de Luzbel toma con fuerza su espalda girando en su mismo
eje mientras la espada lleva un rumbo sin demora hacia el cuello de su oponente, cuando está
casi ejecutado el golpe, el ser oscuro saca su antigua espada oculta bajo su manto de sombras
bloqueando el ataque del arcángel mientras que nuevamente hay un encuentro entre aquella
mirada dorada y aquellos ojos malditos.
Se giraba dándole la espalda al ser cubierto de sombras caminando nuevamente con la vista a
los humanos que no percibieron en lo más mínimo el resumido enfrentamiento entre los no
terrenales
- Son tan insignificante que ni siquiera se dieron cuenta de esto – decía Dasahel en voz
baja mientras que Luzbel se colocaba justo a su lado.
- En eso al menos estamos de acuerdo Dasahel. Si estás aquí, imagino que es porque no
estás conforme con la existencia de esas plagas a la que nuestro
- No te atrevas a llamarlo padre en mi presencia traidor – cortaba Dasahel las palabras de
Luzbel mientras lo miraba de reojo.
- A la que tu padre ha perdonado después de su sacrilegio
- Su sacrilegio se debió a ti, así que no tienes ningún derecho en juzgarlos
- Puede ser gracias a mí, pero aun así lo cometieron o ¿acaso los que me siguieron en la
rebelión no lo hicieron por mi influencia y aun así no fueron perdonados?, creo que tu
padre ahora tiene nuevos favoritos Dasahel
- Lo que haga o deje de hacer mi padre es algo que a ti ya no te incumbe
- Quizás a mí no, pero sé que a ti si mi querido hermano – decía con una voz seductora
pero aún se percibía el mismo tono siniestro que al comienzo
- Lo que me interesa a mí tampoco es de tu interés Luzbel – decía tomando nuevamente
su espada en señal amenazante – mejor vete Luzbel no me apetece ver tu inmundo
rostro y seguir percibiendo tu nefasta presencia
- Ya me voy hermano, pero antes de irme de verdad tú crees tu propia mentira de que
estás de acuerdo con la existencia de esos miserables, si yo fuera tu aria algo al respecto
Mientras Luzbel hablaba, Dasahel nuevamente levanto su espada desnudándola por segunda
vez buscando cortar y de esa manera callar de una buena vez las palabras de incitador, pero en
momento que lo iba a cortar desaparece por tercera vez mientras se escuchan ya por ultimo las
palabras que decían.
En silencio enfundo su espalda mientras les daba la espalda a los humanos que desde aquellas
montañas rocosas casi no se podían diferenciar, pasó a caminar con aquella elegancia única,
mientras que todo lo contaminado por la esencia de Luzbel regresaba nuevamente a la vida.
Mirando el cielo Dasahel levanta el vuelo agitando sus alas ascendiendo nuevamente al hogar
que había abandonado para satisfacer y aclarar sus preguntas, una vez llega a al borde del
precipicio desde donde solía ver la vida avanzar del hombre, mucha fue su sorpresa por lo que
encontró.
Todo un ejército de ángeles esperaba su llegada con espada en mano encabezados por Miguel
quien se mantenía delante de todo el ejercito que en forma de U rodeaban a Dasahel, su espalda
se mantenía con la punta pegada al suelo mientras sus dos manos estaban colocadas en el pomo
de la espada, mirando con completa seriedad a Dasahel, Miguel separo sus labios para
pronunciar las siguientes palabras
- Que hacías en el mundo del hombre Dasahel, si sabes que tenemos prohibido descender
a aquellas tierras
Dasahel mirando cómo estaba completamente rodeado por los ángeles guerreros de Miguel, le
contestaba mientras miraba de un lado a otro terminando justo en el centro donde Arcángel
estaba posicionado
- Mmmmm ¿y para hacerme esa pregunta has tenido que traer a todo tu ejercito
hermano? – contestaba mientras permanecía estático en el lugar donde había
aterrizado
- No, traje este ejército para llevarte ante nuestro padre para que te juzgue por tu
desobediencia y rebeldía al desobedecerlo para saciar tu capricho
- ¡jajajajajjajajajajaja!! – una fuerte carcajada salía de los labios de Dasahel al momento
en que Miguel le explicaba con era su intención respondiendo de una manera eufórica
– así que yo si merezco ser castigado por desobedecer a nuestro padre ¡dime Miguel !!,
acaso yo seré arrojado a la oscuridad con los traidores porque simplemente baje al
mundo terrenal
la tensión era cada vez mayor en el escenario donde aquel drama se llevaba a cabo, mientras
que Miguel se mantenía implacable en aquella postura firme solo escuchando los comentarios
de Dasahel
- ¿Tu serás quien me destierre? porque desde ahora te aseguro que ese será el castigo
que tendrá nuestro padre, ¡Mi Padre!! Hacia mi
- Tu eres quien te estas juzgando Dasahel, a ti no se te ha condenado a nada aun, pero
tus actos no serán pasados por alto de eso puedes estar seguro y si no lo estas pues yo
te lo are entender
- ¿Tu Miguel? No me hagas reír – agachando la cabeza, levantando su diestra, la pasaba
por su rostro subiéndola por su frente, recogía los mechones de su largo pelo que
bloqueaban la mitad de los laterales de su mirada, echando su pelo hacia atrás – da la
casualidad que para que nuestro padre quiera hablar conmigo – comenzaba a levantar
la cabeza de manera lenta mientras seguía hablando – tengo que desobedecerlo
primero, porque hasta donde recuerdo no tenía tiempo para mí la última vez que se lo
pedí
terminando con esa frase fulminaba a Miguel con la mirada en una expresión de profundo
desprecio, pero lo más sorprendente de todo no fueron las palabras de Dasahel si no que, su
principal característica había cambiado, aquellos únicos ojos ya no mostraban la bondad que
desde siempre había estado ahí, eran unos ojos completamente corrompidos que, aunque se
mostraban dorados aun, ya no permanecía aquella esencia armoniosa en ellos.
Sin desperdiciar más tiempo Dasahel desenfunda su espalda con su mano derecha mirando una
segunda vez a su alrededor hacia un breve comentario que se entendía como sugerencia.
- Si de verdad quieren juzgarme como un vulgar traidor tenían que haber venido más de
ustedes, los que has traído no serán suficiente Miguel
Decía mientras se impulsaba con su pierna izquierda la cual apoyaba con fuerza en el piso para
ganar aquel impuso con dirección a Miguel, quien mientras se acercaba Dasahel a su posición
cerraba por un momento sus ojos mostrando decepción por parte de su hermano que hasta
aquel momento siempre fue honrado, pero al momento de abrir sus ojos nuevamente la
expresión de sus ojos eran las de un ser dispuesto hacer lo que tuviera que hacer para cumplir
con su rol. Al momento en que Dasahel se acercaba cada vez más a Miguel aquella espada con
punta en dirección al suelo, como si tuviera viva propia, se envuelve en una fuerte llamarada
que cubría toda la hoja desde el suelo hasta el mango levantando una gran cantidad de polvo
que cubre por completo tanto a Miguel como al enfurecido Dasahel mientras que se escucha un
fuerte choque de metal, el cual daba como referencia que la batalla había comenzado.
Mientras las alas de los que se encontraban dentro de la cortina de polvo dispersaba la tierra
levantada, ya se podía hacer visible la acción que se llevaba a cabo que daba como resultado el
poder ver como las espadas que se habían encontrado dejando como rastro aquel inconfundible
sonido no era la de Miguel y la de Dasahel si no que era la de Dasahel y Uriel, quien se había
interpuesto en medio de los dos arcángeles, mirando como su querido hermano estaba
completamente desenfrenado le decía mientras aguantaba el golpe de su espalda con la de el
Le gritaba Uriel, mientras que Miguel aprovechando el bloqueo de la espada del arcángel de 8
alas salto por encima de Uriel levantando su espada llameante por encima de su hombro con
intenciones de atacar al expuesto Dasahel.
Levantando la vista y tras ver las intenciones de Miguel, Dasahel toma la funda de su espada con
su siniestra y en cuestión de miles segundos, entierra la funda en el piso para poder apoyarse
mientras su espada se encontraba cruzada con la de Uriel. Dasahel sosteniéndose con su mano
izquierda en la funda clavada en el piso levanta sus dos pies colocándolos en el pecho de Uriel
aplicando una fuerza considerable ejercía tal presión en el pecho de su hermano que el mismo
era lanzado a varios metros de distancia mientras que con su espada ya libre del agarre de la
espada de Uriel bloqueaba el ataque de Miguel mientras no le quitaba los ojos de encima, con
dos de sus alas cubría el rostro de Miguel para interrumpir su visibilidad mientras sus pies
entraban en contacto con el suelo nuevamente, tomando la funda que aún continuaba clavaba
con su zurda, la sacaba de aquel agujero proporcionando un golpe en el costado derecho de
Miguel, el cual hace curvear el cuerpo del arcángel golpeado, en la misma dirección del golpe,
dando una vuelta dentro de su mismo eje Dasahel levanta su pierna derecha proporcionado de
forma subsiguiente al golpe antes dado por su funda, un patada en el mismo lugar donde
proporciono el daño anterior, lanzando a Miguel también a varios metros de distancia.
Deteniendo su ruta hacia los ángeles armados que observaban la pelea, Miguel se incorporaba
nuevamente mirando aun erguido Dasahel que no le prestaba la más mínima atención, sino más
bien, esta atención era robada únicamente por Uriel que estaba parado a varios metros, pero
justo en el frente del arcángel rebelde.
- Aún sigo pensando en que deberían buscar más ángeles para que los ayuden porque
con ustedes no bastara para detenerme y lo saben
- Hermano tu que siempre fuiste justo y dedicado en proteger a los tuyos hoy te alzas en
contra de lo que tanto quieres – le reclamaba Uriel.
- Nunca he dejado de ser justo, más si hoy estoy en esta situación es porque nuestro
padre nos ha humillado y yo soy el único que ha sido capaz de notarlo. ¿Cómo ustedes
pueden estar tranquilo sabiendo que eso a lo que ustedes llaman hermano no es más
que una abominación?, yo protejo todo lo creado, pero me reúso a reconocer que un
error es una creación
- La única abominación que mis ojos ven ahora mismo eres tu Dasahel – decía Miguel
mientras por un momento llamo la atención del acusado el cual lo miro de reojo.
- Nadie a pedido tu opinión Miguel y no es de mi importancia lo que veas o dejes de ver
– respondía de manera cortante Dasahel
- Hermano mío aún no es tarde para que seas perdonado, déjame llevarte ante nuestro
padre, déjame estar a tu lado y si es necesario recibir contigo un castigo compartido por
el hecho de que no me di cuenta o, mejor dicho, no quise ver lo mucho que sufrías en
soledad – le decía Uriel a Dasahel entristecido por pensar que si se hubiera dado cuenta
a tiempo esto no habría llegado a tales niveles.
- Yo no seré juzgado y no abra ser que me juzgue
Eran estas las palabras de un completo cambiado Dasahel, que sin pensarlo dos veces agito sus
alas en marcha hacia la posición de su hermano levantando su espada en contra de Uriel, quien
convencido de que su hermano había caído no le quedo más que alzar su espalda chocándola
nuevamente con la de Dasahel, mientras que todos los ángeles que hasta el momento solo
habían sido espectadores levantaron vuelo agitando todos sus alas y en dirección hacia la
posición de Dasahel, que se encontraba golpeando espada con espada contra Uriel. Los ángeles
lo atacaban en toda dirección, pero como el buen guerrero que era este no se dejaba sorprender
pasando de la defensiva a la ofensiva en cuestión de pestañeos. Miguel lo intento sorprender
por la espalda pero Dasahel coloco su mano en el cuello de uno de los ángeles que tenía más
próximo apretando el mismo lo coloco entre el medio de Miguel y él, utilizándolo de escudo
haciendo que la espada en llamas de Miguel chocara con la armadura dorada del ángel,
lanzándoselo luego, levantaba su espada en su lado izquierdo mientras la punta señalaba hacia
abajo y su pomo sostenido por su diestra quedaba a la altura de sus cejas, cubriéndose del
ataque de Uriel, Dasahel utiliza su mano izquierda colocándola en el cuerpo de la espada para
ejercer presión hacia arriba y levantar el cuerpo de Uriel, una vez levantado Uriel queda
posicionado con el frente hacia Dasahel quien lo toma por el cuello apretándolo, enredando sus
cadenas en el mismo pasando a chocarlo de frente contra el suelo, aprovechando coloca su pie
derecho en la cabeza de Uriel para impulsarse, hundiendo aún más el rostro de su hermano
contra el piso, mientras esta en el aire enreda su cadena blanca perteneciente a su siniestra en
la empuñadura de su espada para así lanzarla hacia uno de los ángeles que le iba atacar de frente
clavándosela en su ala derecha provocando que pierda el control cayendo en automático, jala
fuertemente la espada incrustada en el ángel que descendía con la cadena que había enredado
en el mango regresándola a su mano derecha para de esa manera seguir defendiéndose y
atacando a los que iban en contra de él.
La batalla parecía no tener fin, sin importar los ataques combinado de los ángeles Dasahel seguía
mostrando una resistencia admirable, siendo golpeado en múltiples ocasiones sus respuestas
eran impecables, golpe tras golpe, se mantenía en pie para continuar con sus ataques, una de
sus alas ya estaba dañada, parte de su vestimenta estaba estropeada el metal de su armadura
inferior estaba rasgado pero su voluntad de lucha no disminuía en lo más mínimo, muchos de
los ángeles que lo habían atacado yacían abatidos en el suelo aquella imagen era un recuerdo
vivo de aquella épica batalla que se vivió hace muchos años atrás en el cielo.
- De verdad tuvimos que llegar a esto Dasahel – decía Uriel en un breve lapso donde se
separaron las espadas, dándose cuenta de que ya eran pocos los ángeles que quedaban
en pie de lucha.
- Yo no pedí esto, ustedes me traicionaron a mi – respondía Dasahel.
- Tu solo serias juzgado por tus actos de arrogancia, pero ahora serás juzgado por más
que eso Dasahel, no lo vez, a cuantos más de tus hermanos tienes que eliminar para
darte cuenta de que sigues los mismos pasos que luzbel
Aquellas palabras de golpe marcaron los pensamientos de Dasahel quien por un breve momento
observo como era su propia espada la causante de eliminar a ciento de sus hermanos a los que
tanto quería y adoraba, pero antes de reaccionar fue sorprendido por un ángel quien llego a
cortar parte de su pecho despertando nuevamente la ira de Dasahel quien clava su espada en el
tórax de aquel quien le había rasgado el pecho, colocando sus piernas en las rodillas del mismo
tomaba sus alas cada una con una de sus manos, ejerciendo presión desprendía sus alas
mientras rompía sus rodillas por la fuerza que ejercía aquel movimiento puesto a que estaba
apoyado en ellas, antes de que aquellas alas tocaran el piso, Dasahel colocaba su mano izquierda
en la cabeza del herido de gravedad clavándola de golpe contra el suelo, era tanta la presión que
este ejerció que literalmente destrozo el cráneo del ángel, aquello fue una escena brutal,
mientras apretaba el cuello de un cuerpo que ya no tenía cabeza saco su espada arrojando al
vacío lo que quedaba del ya inerte ángel.
Esa escena fue verdaderamente cruel, ninguno de los ahí presente podía creer lo que acababan
de ver, pero el impacto en Uriel fue aún mayor puesto a que nunca imagino que su hermano
más querido, aquel que era su mano derecha seria capaza de cometer un acto tan atroz como
ese que acababa de presencial.
Uriel dejo caer su espada puesto a que pelear a muerto con Dasahel era ya demasiado para el
dejándose caer de rodillas solo miraba como su Dasahel se dirigía hacia el dispuesto atacarlo
con toda la ira que poseía, cerrando los ojos resignado acabar con esto de una buena vez, Miguel
levantando el vuelo intento ir lo más rápido que podía a proteger a Uriel pero este se encontraba
a una distancia demasiado separada de él y sería imposible llegar antes que Dasahel, como
intento desesperado lanzo su ardiente espada pero ya Dasahel estaba demasiado cerca de Uriel.
- Sé que este no eres tu Dasahel, solo espero que regreses hacer lo que un día fuiste
Decía Uriel mientras cerraba los ojos mientras una lagrima recorría su mejilla izquierda solo
esperando su el último golpe de su hermano.
Uriel lentamente abre los ojos y para su sorpresa encuentra aun Dasahel tumbado en el suelo y
delante de él se encontraba de pie un ser que muy pocas veces se dejó ver por alguien que no
sea Dios, este ser alado era Metatron el príncipe de los serafines, líder de todos los ángeles y la
mano izquierda de Dios. Este serafín estaba en la cúspide de todos los divinos superados
únicamente por Dios, en su momento solo Luzbel era el ángel que estaba por encima de él, este
arcángel era el único en superar a Dasahel en todo el reino en cuanto a la cantidad de alas ya
que este poseía 72 en total siento 36 pares de unas hermosas alas blancas, que combinaban con
la pureza de su presencia.
- Dasahel estoy aquí porque tu castigo ya ha sido dictado, tus actos de ira, soberbia, celos
y crueldad solo puede ser pagado con el exilio en el averno por toda la eternidad
Con estas palabras se marcaba el fin de la permanecía de Dasahel en el reino de los cielos,
paradójicamente siendo declarado un desterrado como aquellos seres con los cuales combatió
en una lucha por cientos de años, había caído esa era su realidad ahora.
No conforme con lo que Metatron decía Dasahel se volvió a levantar mirándole a los ojos
contesto.
- Mira a tu alrededor Metatron, todos esos que ahora yacen en el suelo que pisas han
intentado llevarme ante nuestro padre, ¿Cuántos crees tú que van a necesitar para
desterrarme aquel lugar inmundo, impuro y despreciable?
Mientras sonreía Dasahel sin pensarlo dos veces inicio el ataque ahora hacia Metatron quien no
portaba espada alguna, pero este comenzó agitar sus cada una de sus 72 alas mientras abría sus
ojos que hasta el momento permanecían cerrados revelando una pureza casi tan pura como la
que tenía Dasahel en los ojos de él antes de que todo pasara. Las ráfagas de viento eran tan
fuertes que lentamente hacían retroceder a Dasahel en dirección hacia el averno que lo
esperaba, su resistencia fue rígida pero los movimientos las alas de Metatron eran cada vez
mayores y cada vez generaban más y más fuerza sobre Dasahel.
Clavando su espada en el suelo pensó utilizarla como ancla para evitar que las fuertes ráfagas
de viento lo tumbaran, pero de lo que no se había dado cuenta es de que descuido su defensa
por completo. De pronto el viento dejo de soplar pero ya era demasiado tarde para que Dasahel
reaccionara varios ángeles clavaron sus espadas en todas y cada una de sus alas dañándolas de
manera severa, Miguel quien hasta el momento había esperado la oportunidad ideal no
desaprovecho está dándole un fuerte rodillazo en el rostro haciendo que Dasahel levantara su
rostro hacia arriba el cual era cubierto por las manos de Miguel pegándole fuertemente el
cráneo en el piso, algo parecido como lo que había hecho Dasahel a su última víctima, tomando
su espada llameante hizo un segundo corte en su pecho por encima del corte que le había hecho
su hermano, levantándolo por su larga cabellera negra lo miraba a los ojos esperando ver la
bondad que alguna vez miro pero en aquellos ojos ya eso no existía, solo quedaba un color
dorado en ellos que no tenían nada de especial, lo arrojó al suelo nuevamente. Completamente
abatido Dasahel intento tomar su espada nuevamente pero ya estaba debilitado, era un ser que
pudo pelear por siglos sin parar, pero por alguna razón esta batalla lo había debilitado, tomando
su espada aún estaba en pie de lucha y cuando intento pelear nuevamente Metatron tomo su
rostro mientras Dasahel lo miraba sorprendido por su velocidad la cual no le dio tiempo ni de
reaccionar, la presión ejercida por Metatron sobre Dasahel fue tanta que de un solo movimiento
este fue disparado hacia el averno que ya esperaba por él.
Mientras caía todo lastimado, Dasahel comenzó a pensar en todo lo que había hecho y por
alguna razón las palabras que aquella vez le dijo Azkerael antes de que él lo desterrada se
cruzaron por su mente “eres un simple esclavo de lo que consideras correcto y tarde o temprano
veras como te decepcionaras de como vives, así como yo lo hice y llegará el momento en que
harás lo que yo hice”. Mientras seguía cayendo Dasahel logro ver como Uriel se acercó al borde
del acantilado y vio por última vez como su hermano derramo una última lagrima por él,
mientras se perdía en la oscuridad del averno en voz baja Dasahel logro comentar.
- perdón Uriel
Capitulo III
La Llegada