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Como Caminar en Amor

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CÓMO

CAMINAR EN
AMOR

Por Kenneth E. Hagin


CÓMO CAMINAR EN AMOR
Kenneth E. Hagin

Publicado por
PUBLICACIONES CRISTIANAS IBEROAMERICANAS
LTDA.
Casa Editorial
Carrera 49 # 127D-59
PBX (57) (1) 7428852
E-mail: gerencia@[Link]
[Link]
Bogotá D.C. – Colombia

Publicado originalmente en inglés con el título:


HOW TO WALK IN LOVE
Copyright © 1983 RHEMA Bible Church
AKA Kenneth Hagin Ministries, Inc.
Todos los derechos reservados.
Impreso en Colombia
ISBN 9780892761623

A menos de que se indique de otra manera, todas


las citas bíblicas usadas han sido tomadas de la
Biblia Reina Valera 1960. Usado con permiso.
Reservados todos los derechos.

Ninguna porción o parte de esta publicación podrá


ser reproducida, procesada en algún sistema que
la pueda reproducir, o transmitida en alguna
forma o por algún medio electrónico, mecánico,
fotocopia, cinta magnetofónica u otro, excepto
para breves citas en reseñas, sin el permiso previo
de los editores.

El Escudo de la Fe es marca registrada de la Iglesia


Bíblica RHEMA y los Ministerios Kenneth Hagin
Inc., registrada en oficina de Patentes y Marcas
de los Estados Unidos, y por lo tanto, no debe ser
duplicado.
Capítulo 1

AME A SUS
ENEMIGOS
“Pero yo os digo: Amad a vuestros
enemigos, bendecid a los que os
maldicen, haced bien a los que os
aborrecen, y orad por los que os
ultrajan y os persiguen.”

MATEO 5:44
Este versículo nos dice qué orar y
por quién orar, es Jesús quien está
hablando. Nos dice: “Amad a vuestros
enem igos...”. E s fác i l a m a r a su s
amigos, ¿cierto? Claro, ellos son muy
agradables. Los enemigos no lo son.
Ellos no actúan y no nos tratan de
manera agradable, ¿cierto? ¿Notó usted
lo que Jesús dijo que hiciéramos? Amar,
bendecir, hacer bien y orar. Si usted
hace todas estas cosas, va a lograrlo.

“Pero yo os digo: Amad a vuestros


enemigos...”, primera parte del versículo.
¿Cómo puede usted hacer esto? No puede
3
hacerlo a menos de que haya nacido de
nuevo y el amor de Dios esté en usted.
El hombre natural no puede hacerlo,
le es imposible. Pero la Biblia nos dice
que el amor de Dios ha sido derramado
en nuestros corazones (no en nuestras
c a b e z a s), p or el E s p í r it u S a nto
(Romanos 5:5). ¿A qué clase de amor
se refiere? Se refiere al amor de Dios.

La Biblia también dice que Dios nos


amó cuando aún éramos Sus enemigos,
y nosotros podemos amar tal como
Dios ama porque el amor de Dios ha
sido derramado en nuestros corazones.
¡Así que ame a sus enemigos!

Continúa diciendo: “…bendecid a los


que os ma ldicen, haced bien a los
que os aborrecen...”. Si usted sabe de
alguien que lo aborrezca, encuentre
a lgo bueno que pueda hacer por
es a per son a . C ómprele u n rega lo
de cumpleaños y déselo. Envíele una
ofrenda especial.

Una mujer que predicaba la Palabra


de Dios enfrentó un inconveniente en
4
su ciudad natal. Había allí un ministro
a l que no le g usta ban las mujeres
predicadoras.

Algunas personas, debido a su educación


religiosa (no me refiero a cristianos o
neotestamentarios), no creen en mujeres
predicadoras. Y de hecho, creo que
algunos hombres particularmente no
gustan de mujeres en el ministerio.

Entonces este hombre la persiguió


hasta el punto de referirse a ella por
su nombre propio. Ella oró: “Señor, no
voy a permitir que esto me moleste,
¿qué podría hacer por él?”. Así que
tomó una ofrenda y se la envió. Se había
dado cuenta que la congregación de
este ministro estaba luchando al tratar
de cubrir las necesidades económicas
de la iglesia. Y bueno, no pasó mucho
tiempo para que él la invitase a su
iglesia, ¡a predicar en el púlpito!

¡Haga el bien! Sigamos con el pasaje:


“…haced bien a los que os aborrecen…”.
Encuentre algo que pueda hacer por
ellos, envíeles una ofrenda. ¡Aleluya!
5
Eso funciona. Además, es lo correcto y
está en la Biblia.

Por ú lt imo: “…orad por los que os


u lt raja n y os persig uen”. Desde el
punto de vista natural es más fácil,
si permitimos que la carne que nos
domine, pelear con ellos y responderles,
pero aprendí hace mucho tiempo que
lo mejor en el mundo que usted puede
hacer es empezar a orar por ellos.

Tal vez alguien dirá: “Sí, pero usted


no entiende, simplemente no entiende
todo lo que ellos han hecho”.

Un ejemplo de caminar en amor es


la forma como Polly Wiggleswor th
trató a su esposo, Smith, antes de que
él llegara a ser predicador. Smith le
contó la historia a Stanley Frodsham,
y él la escribió.

Smith le dijo: “Le debo mi ministerio


a m i esposa (por supuesto, a Dios
primero). Hubo un tiempo en que mi
negocio de plomería estaba prosperando
y yo me enfrié espiritualmente. No iba
6
mucho a la iglesia, en otras palabras,
retrocedí. Cuando usted retrocede, se
vuelve cascarrabias. Entonces, le dije a
mi mujer: ‘Tú estás en la iglesia todo el
tiempo, ¡puedes mudarte para allá!’”.

Ella dijo: “Pues, no. Smith, yo no estoy


allá todo el tiempo, solo voy unas tres
veces a la semana. No te he descuidado
a ti ni a los niños, y tú lo sabes”.

Algunas personas conocen apenas


lo suficiente de la Escritura para ser
diabólicas. Smith replicó: “Pues yo sé
que la Biblia dice que el hombre es la
cabeza del hogar: ‘Esposas, obedeced
a vuestros maridos’. Así que te lo estoy
diciendo, ¡no vuelves a ir a la iglesia!”.

Polly dijo: “Mira, Smith, tú eres mi


esposo, cualquier cosa que digas aquí
en la casa se hará, pero tú no eres mi
Señor. Jesús es mi Señor y Él dijo que
debemos ir a la iglesia, así que yo voy a
ir. Adiós”. Entonces Él respondió: “¡La
próxima vez que vayas, te voy a dejar
por fuera de la casa!”. (Evidentemente,
ella no tenía llaves de la casa). Así que
la dejó por fuera.
7
Ella se sentó afuera, en la entrada,
toda la noche. A la mañana siguiente
él bajó las escaleras, abrió la puerta
y encontró a Polly arropada (debió
haber hecho frío) y acurrucada contra
la puerta. Cuando él abrió la puerta, ella
prácticamente fue a parar en la cocina.
Smith contó: “Ella se paró de un salto
sonriendo y contenta, y dijo: “Querido,
¿qué te gustaría desayunar? Ella actuó
como si nada hubiese pasado, estaba
feliz y cariñosa”.

Polly preparó el desayuno favorito de


su esposo e inmediatamente Smith
se sintió culpable, por supuesto. Más
tarde él dijo: “Si no hubiera sido por
ella, yo jamás lo habría logrado”. Él
llegó a ser un gran hombre de Dios y
fue usado poderosamente.

8
Capítulo 2

EJEMPLOS EN EL
NUEVO TESTAMENTO
Jesús es nuestro ejemplo. Note que es
Él quien está hablando en Mateo 5:44.
La Biblia nos dice que justo en la cruz,
Jesús oró por quienes lo crucificaron,
dijo: “Padre, perdónalos, porque no
saben lo que hacen” (Lucas 23:34).

Alguien dirá: “Sí, pero Él era Jesús, Él


podía hacerlo”. Pero el amor de Dios
ha sido derramado abundantemente
en nuestros corazones. ¿Ha leído lo
que Esteban, el primer mártir, dijo al
momento de su muerte?

Y apedreaban a Esteban, mientras


él invocaba y decía: Señor Jesús,
recibe mi espíritu. Y puesto de
rodillas, clamó a gran voz: Señor,
no les tomes en cuenta este pecado.
Y habiendo dicho esto, durmió.

HECHOS 7:59-60
9
Eso es amor, ¿verdad? La gente estaba
golpeándolo a muerte y él estaba orando
por ellos. ¿Fíjese en lo que Pedro dijo en
1 Pedro 3, mientras escribía a la Iglesia
bajo la inspiración del Espíritu Santo?

Finalmente, sed todos de un


m i s m o s e n t i r, c o m p a s i v o s ,
amándonos fraternalmente,
misericordiosos, amigables;
no devolviendo mal por mal, ni
maldición por maldición, sino
por el contrario, bendiciendo,
sabiendo que fuisteis llamados
para que heredaseis bendición.
Porque: el que quiere amar la
vida y ver días buenos, refrene
su lengua de mal, y sus labios no
hablen engaño.

1 PEDRO 3:8-10

Note l a bend ic ión que él d ice que


usted puede heredar (versículo 9). La
misma palabra en el griego traducida
como “compasivos” en el versículo 8,
puede a su vez ser traducida como
“misericordiosos”, así: “…sed todos
10
de un mismo sentir, misericordiosos…”.
Recuerde que él dijo que no fuéramos
a devolver mal por mal. El versículo 11
continúa: “Apártese del mal, y haga el
bien; busque la paz y sígala”.

Esto me ha f uncionado con m is


parientes. Una vez, mientras yo estaba
ocupado llevando a cabo dos servicios
por día en una ciudad grande, vino a
verme mi hermano Dub. Él se ofreció a
hacerse cargo por mí de unos asuntos
familiares en otra ciudad y yo acepté.

Cuando regresó a verme, me informó


que no le fue posible terminar la
gestión porque algunos familiares
desconfiaron de sus intenciones y lo
trataron mal. De hecho, lo maldijeron.
D u b me d ijo: “¡No vaya s a l lá , te
golpearán!”. Yo le respondí: “Dub,
bendito seas, tú eres apenas un bebé
en Cristo, no sabes cómo manejarlos”.
Insistió: “¡Es mejor que no vayas!”. Yo
dije: “Tengo que ir a atender ese asunto.
Mayor es el que está en mí. Aquel que
está en mí es más grande que el diablo
que está en ellos. El Señor que está
11
en mí es más grande que el odio que
está en ellos. ¡Mayor! ¡Mayor! Tú
simplemente todavía no sabes cómo
poner esto a funcionar”.

E ntonc e s f u i a a q uel l a c iud a d ,


inmediatamente una pariente escuchó
de mi visita me llamó afuera para
hablar. Nunca lo olvidaré. Yo salí y me
paré en unos escalones en la parte de
atrás de donde estábamos. Esta mujer
vino hacia mí gritando palabras que
salían como agua saliendo de un grifo.
A la fecha no recuerdo mucho de lo que
ella dijo, no le presté mucha atención.

Se me acercó. Yo estaba parado dos


escalones arriba de ella mirándola
hacia abajo. Ella me miró a la cara,
sus ojos estaban en llamas. Estaba
prácticamente maldiciendo: “Nadie
nos va a ganar en nada”, gritaba; “¡se
lo aseguro!”. Y siguió hablándome del
mismo modo.

Yo jamás dije una palabra. Me hablaba


suavemente a mí mismo, ahí parado y
meditaba: “Mayor es el que está en mí,
12
el amor que está en mí es Mayor que
el odio, la codicia y el egoísmo que
está en ella”. Luego pensé lo siguiente:
“Bueno, esa pobre mujer no puede
dejar de actuar de esa manera, yo sé que
está actuando horrible, pero no puede
dejar de actuar así, tiene la naturaleza
del diablo en ella”.

Ella seguía y seguía. Imagino que una


mirada de compasión cruzó por mi
rostro, pero jamás dije una palabra.
De repente, ella me miró a la cara y se
detuvo. Su boca se movía, pero no salía
ninguna palabra. Agarró mi mano, la
besó, se arrodilló y dijo: “Oh, Dios mío,
Ken, pon tu mano sobre mi cabeza y
ora. Oh, necesito oración. Oh, Dios mío,
¡todos necesitamos oración! ¡Pon tu
mano sobre mi cabeza!”.

Yo jamás dije una palabra. Solo la


miraba y la amaba. Usted puede ver
el amor. Nunca dije: “Te amo” o “Jesús
te ama”. Solo la miré con compasión y
piedad. (Creo que algunas veces una
mirada puede ser más poderosa que
las palabras). Esa mirada la ablandó.
13
Logré llevar a cabo la transacción entre
mis familiares y los que habían sido los
más difíciles, estuvieron más amables
que nunca.

Mayor Él es. ¡Mayor, mayor!

14
Capítulo 3

RECOMPENSAS
DEL AMOR
Estoy en mi año 59 de salud divina, no
estoy jactándome en mí mismo, me
estoy jactando en Jesús. Desde luego,
no me opongo a la ciencia médica,
gracias a Dios por la medicina y gracia
a Dios por los médicos, especialmente
por los médicos cristianos.

Recuerdo que antes de saber que había


otras personas que creían en sanidad
divina (los pentecostales, entre otros)
yo era bautista, había visto la oración
de fe en Marcos 11:23-24 en mi lecho de
enfermedad. La oré hacia mí mismo y
fui sanado.

Una noche, estaba de visita en casa de


otros buenos bautistas. (Esto fue en
los años 30, época en que los médicos
iban a las casas donde los llamaban). El
jefe del hogar se había enfermado, pero
cuando fui a visitarlos no sabía que
15
estaba enfermo. Cuando llegué, encontré
que ya habían llamado al médico para
que fuera.

Él era un buen médico bautista y era


salvo, pero no sabía nada acerca del
bautismo del Espíritu Santo y muy poco
acerca de sanidad divina. Antes de que
él llegara, la familia me pidió que orara.
Aunque yo solo era un adolescente, ellos
sabían que era predicador, así que oré.

Esta era la época de la Depresión y


la familia estaba muy preocupada. El
sostén de la casa estaba enfermo y
parecía que podía ser algo bastante
ser io. É l ten ía u n empleo, se er a
afor tunado si se tenía un empleo
en esos días de la Depresión. Las calles
estaban llenas de hombres por ahí
desempleados, sin hacer nada.

Creo que el diablo puso pensamientos


en la familia de que iban a perder
todo lo que tenían, pasarían hambre y
tendrían que pedir ayuda.

Cuando llegó el médico creo que él pudo


ver la preocupación en sus rostros. Lo
16
primero que hizo, antes de examinar al
hombre, fue tomarlo de la mano y decir:
“Querido hermano (eran miembros de
la misma iglesia), mira al Señor, relájate
y mira al Señor. Él es el Sanador, yo no.
Voy a hacer lo que pueda para ayudarte,
pero Él es el Gran Médico”.

Al decir tranquilamente estas palabras,


pareció que todo el ambiente de la
ha bit ación ca m bió y la m irada de
ansiedad en los rostros de los familiares
parecía desaparecer a medida que
descansaban en el Señor. El hombre se
recuperó en dos o tres días.

Este médico cristiano tenía alrededor


de 70 años, fue tan sereno y gentil, y
habló con tal conf ianza: “¡Mira al
Señor! Descansa en Él. Haremos lo
que podamos, pero el Señor es el Gran
Sanador. Él puede obrar cuando nadie
más puede”. Estas fueron las palabras
de este médico bautista. Con los años
él se había dado cuenta de todo esto y
podía hablar con seguridad. Esto trajo
paz, descanso y confianza a la familia.
17
Creo en los buenos médicos, especialmente
en médicos cristianos. Si yo necesitara
un médico lo buscaría, pero desde 1933
no he tenido, ni siquiera, un dolor de
cabeza. El último que tuve fue en agosto
de 1933 y no he tomado más que una
aspirina en 60 años. Pero si necesitara
ir al médico, iría.

Durante los últimos años, he enviado


a algunas personas al médico y yo
mismo he pagado sus cuentas. Incluso
les compré sus medicinas porque me di
cuenta de que las necesitaban.

No se sienta condenado. Para empezar,


si usted ha tenido que ir al médico
puede no haber sabido lo que yo sabía.
Pero sé que si usted va a caminar con
salud, va a tener que caminar cerca a
Dios, va a tener que hacer lo que Él dice
en Su Palabra y caminar en amor. Le
mostraré cómo lo aprendí.

La escritura que me sacó del lecho de


enfermedad fue Marcos 11:24.
18
Por tanto, os digo que todo lo
que pidiereis orando, creed que
lo recibiréis, y os vendrá.

MARCOS 11:24

El versículo siguiente empieza así:


“Y cuando estéis orando, perdonad,
s i t e né i s a l go c ont r a a l g u no...”
(Marcos 11:25).

Como ve, usted t iene que a ma r a


sus enemigos, bendecir a quienes lo
maldicen, hacer el bien a quienes no le
hacen el bien. No está caminando en
perdón a menos que haga todo esto. Y
Dios no solo perdona, Él también olvida.

Cualquier cantidad de veces he sido


tentado a no perdonar, como cualquier
otra persona, pero me rehúso a permitir
que el más mínimo rencor, la más
mínima señal de enemistad, de amargura,
e s t é e n m í. D e he c ho, s i l a ge nt e
empieza a hablar de mí, yo empiezo
a orar por ellos. Me levanto por la
m a ñ a n a y d i go: “D io s , b e nd ic e a l
querido hermano fulano de tal. No sé
19
qué quiso decir con lo que dijo, eso es
entre Tú y él, pero sé que Tú quieres
bendecirlo. Oro para que su ministerio
sea bendecido, para que Tú le des guía
y dirección divinas, para que Tú lo uses
y hagas de él una bendición para otros”.
No deseo ver caer a ningún ministro,
¿y usted?

Frecuentemente, la gente no sabe lo


que está haciendo. Jesús dijo de quienes
lo crucificaron: “Perdónalos porque no
saben lo que hacen”.

Cuando estaba en segundo grado, vivía


enojado con todo el mundo, sentía
que me habían engañado en la vida.
Nuest ro hoga r est a ba d iv id ido. Mi
hermano mayor, Dub, tuvo que irse a
vivir con unos familiares, y yo vivía
con otros. No nos veíamos muy seguido.

Él y yo hicimos un pacto cuando él tenía


11 años y yo 9, que cuando creciéramos
mataríamos a nuestro padre por lo
que él le había hecho a nuestra madre.
Sa bíamos que en ese momento no
podíamos hacerlo, pero sabíamos que
20
podíamos hacerlo cuando creciéramos.
De haberlo hecho, eso no habría resuelto
nada, pero teníamos la intención hacerlo.

Lo único que salvó a mi papá de ser


asesinado fue que yo fui salvo. Entonces
convencí a Dub para que no lo hiciera.

No podía defenderme a mí mismo


como lo hacía Dub. Él era grande, a
los 16 años ya medía más o menos
1,83 metros y no soportaba nada de
nadie. Vi a Dub, cuando tenía 17 años,
enfrentarse a cuatro hombres adultos
a la vez y golpear a los cuatro en mi
pueblo natal, McKinney, Texas.

A m b o s c r e c i mo s c on u n a me nt e
torcida y con un gran resentimiento.
Si alguien de la familia ofendía a
D u b, él le s p e g a b a . Yo no p o d í a
sobresaltarme por nada porque tenía
una afección cardíaca. Si me ofendían,
me decía a mí mismo: “Bien, eso es
todo, nunca más les volveré a hablar”.
Los eliminaba de mi lista y les aplicaba
el castigo del silencio. Les daba la
espalda o, incluso, cruzaba la calle a
21
la mitad de la cuadra con tal de evitar
encontrármelos.

Pero luego, estando paralizado, nací


de nuevo. La Biblia dice: “...el amor
de Dios ha sido derramado en nuestros
corazones por el Espíritu Santo...”
(Romanos 5:5).

No muchas semanas después que fui


sanado, cuando tenía 17 años, uno de
mis familiares me hizo una injusticia.
Recuerdo que me dije a mí mismo
cua ndo esto suced ió: “¡Les da ré el
viejo tratamiento, no les hablaré ni
tendré nada más que ver con ellos!”.
(Todavía no había renovado mi mente
con la Palabra de Dios).

Al día siguiente de que dije eso estaba


caminando por el centro de la ciudad
en la zona comercial y vi a esta persona
venir hacia mí, por mi mente cruzó este
pensamiento: “Miraré la vitrina de este
almacén y le daré la espalda”. Y luego
este otro: “Cruzaré la calle a mitad de la
cuadra para no encontrármelo”.
22
Pero entonces algo se levantó en mi
interior. La Biblia dice: “…el amor de
Cristo nos constriñe...” (2 Corintios
5:14). Ese amor estaba en mi espíritu.
No tenía que dejar que esa situación
me dominara, pude haber dejado que
mi razonamiento natural y la carne me
dominaran, pero gracias a Dios dejé que
ese amor se levantara en mi interior.

En lugar de ponerme en contra de los


que venían, fui a encontrármelos en
medio de la calle. Les extendí mi mano
y los saludé, y les dije que los amaba.
Dije con lágrimas: “Estoy orando por
ustedes y quiero que sepan esto: ‘Si de
algo les ayuda, me pondría de rodillas
acá mismo en la calle y besaría sus
pies’”. Cuando dije eso, empezaron a
llorar: “¡Oh, Dios mío! ¡Oh, Dios mío!
¡Ohh! ¡Perdóname, perdóname, cometí
una injusticia contigo! ¡Perdóname, no
debí haber dicho lo que dije!”.

El amor nunca falla. Desde ese momento


comencé a caminar en amor.

Para tener comunión con Dios, cami-


23
nar con Dios, caminar en el reino de
Dios y caminar en el Espíritu, debemos
caminar en amor divino, porque la Biblia
dice que Dios es amor. Caminar en amor
se refiere a caminar en el Espíritu, ya
que el amor es fruto del Espíritu.

Cuando nacemos de nuevo, Dios viene


a ser nuestro Padre. Él es un Dios de
amor. Yo soy un hijo de amor de un
Dios de amor. Soy nacido de Dios y Dios
es amor, entonces soy nacido de amor.
La naturaleza de Dios está en mí, y la
naturaleza de Dios es amor.

No podemos decir que no tenemos Su


amor divino ya que la Biblia dice que lo
tenemos. Todo el mundo en la familia
de Dios lo tiene, si no, no son de la
familia. Ahora, puede ser que no lo
ejerciten, pero lo tienen.

El primer fruto de este espíritu humano


recreado, nacido de nuevo, de acuerdo
con la Biblia, es amor. Jesús dijo en Juan
[Link] “En esto conocerán todos que
sois mis discípulos, si tuviereis amor
los unos con los otros”. En el versículo
24
34, Él dice: “…como yo os he amado,
que también os améis unos a otros ...”.
Él nos amó cuando todavía no éramos
amables, Él nos amó cuando todavía
éramos pecadores y Él nos amó cuando
todavía éramos sus enemigos.

A hora piense en que si Dios nos


amó con ese gran amor cuando todavía
éramos pecadores, ¡imagínese cómo
ama Él a sus hijos! ¡Gloria a Dios!

El único mandamiento que Jesús nos


dio fue el mandamiento del amor, y
Él puso el amor de Dios en nuestros
corazones. Como vimos, Romanos
5:5 dice: “… el amor de Dios ha sido
derramado en nuestros corazones por
el Espíritu Santo ...”.

Sin embargo, pienso que este asunto


del a mor e s t á m a l e nt e nd ido.
Frecuentemente, cuando usted habla
acerca del amor, la gente piensa en
el amor humano natural. Hoy escuchamos
muc ho a c e r c a del a mor hu m a no
natural, pero en todo este mundo no
hay ningún amor como el amor de Dios.
25
El amor humano natural es egoísta.
He escuchado personas que dicen que
el amor de una madre es semejante al
amor de Dios, yo mismo lo creía cuando
caminaba más en el reino del alma que
en el reino del espíritu, pero descubrí
que eso no es verdad. Por regla general,
el amor de una madre es un amor
natural y es egoísta: “Mi bebé”. “Oh,
amo a mis hijos”. “Yo los amo”.

¿Ha notado usted que las suegras


rara vez tienen problemas con los
yer nos? Usua l mente, el problem a
siempre es con las nueras. Verá, esa
madre es egoísta. Ese es su muchacho
y ella no cree que haya una mujer lo
suficientemente buena en el mundo
para “mi muchacho”. (Y esto sucede
aún con gente nacida de nuevo, llena
del Espíritu).

La razón por la que las suegras tienen


problemas con sus nueras es porque
no siempre caminan en amor; esto es,
en amor divino. El amor de Dios está
e n nue s t r o s c or a z one s . D eb e mo s
permitir que ese amor nos domine. Si
aprendiéramos a caminar en amor
y permitiéramos que el amor nos
domine, esto haría una gran diferencia
en nuestras vidas. Sanaría todos los
males en nuestros hogares.

Voy a decir algo que es duro, pero que


es cierto: esta clase de amor nunca ha
estado en un juicio de divorcio y nunca
lo estará. Fue el amor humano natural
el que estuvo allá.

Dios quiere que crezcamos. Gracias a


Dios podemos crecer en amor, ya que
el amor es un fruto y el fruto crece.
Most ra ndo el espír it u cor rec to y
amando a la gente usted recogerá
ricas recompensas.
Capítulo 4

EL AMOR ES EL
MEJOR CAMINO
Hace algún tiempo estuve en una
reunión de ministros. Los líderes
má s sobresa l ientes del Eva ngel io
Completo y ministros de la nación
estuvieron allí. Enseñé durante unos
30 a 45 minutos sobre el tema de la
fe y lue go le s p e r m it í h a c e r me
preguntas sobre este tema durante otra
hora y media.

Después de finalizar, ministro tras


ministro vinieron a mí y me abrazaron
diciendo a llantos: “Hermano Hagin,
quiero que usted me perdone. ¡Dios
mío! Yo creo todo exactamente como
usted lo cree, estoy totalmente d e
acuerdo con usted. El problema fue
que escuché algunas cosas de tercera
o cuarta mano y su mensaje me fue
tergiversado”.

Después de esto, uno de nuestros


estudiantes dijo: “Mi madre me aca-
29
ba de llamar y me contó que nuestro
pastor se puso de pie el domingo por
la mañana y dijo: ‘Hermanos, debo
d i s c u lp a r me y t e n go q ue h a c e rlo
públicamente, porque llamé a alguien
por su nombre públicamente. Dije que
ese mensaje de fe era completamente
er róneo y mencioné el nom bre de
Kenneth Hagin. Pero desde que lo vi
y ha blé con él, qu iero que todo el
mundo sepa que yo creo exactamente
en lo que él cree. Quiero animarlos
para que lean sus libros y quiero
pedirles que me perdonen”.

Les diré a lgo: el amor es el mejor


camino. Muchas veces la gente no
quiere equivocarse, simplemente saben
actuar de otra manera. Así que no voy
estar frustrado por ello y perder la
bend ic ión. Nu nc a he ten ido a lg ú n
problema con otros ministros. Los amo
y no hablo de ellos. Si alguien viene
y me habla de un ministro, yo digo:
“Bueno, vamos a orar por él”. No voy
a estar por ahí llevando y trayendo
chismes. Alguien dirá: “¿Y qué pasa
si es verdad?”. Aun así, no lo haré,

30
porque el los pueden ha berse
equivocado. ¿ Q u i é n d e n o s o t r o s
n o h a s e h a equivocado? ¿Sabe de
alguien que no lo haya hecho? Tal vez
ellos se han enderezado después de
haber fallado.

Si yo fuera por ahí llevando y trayendo


chismes acerca de ellos, esto arruinaría
sus m in ister ios. Me rehúso a hacer
eso, me niego a contar chismes. Mis
oídos no son canecas de basura y no
voy a permitirle a nadie que vierta
basura en mi oído. Si usted lo permite
esto afectará su salud.

Por eso nunca tengo problemas con


otros ministros. Puede que ellos tengan
algo contra mí, pero si así es, no lo sé.

Recuerdo una iglesia que pastoreé.


La iglesia estaba llena y rebosando
cuando la dejé. La bendición de Dios
estaba en ese lugar. Mi suegro estuvo
visitando esta iglesia y cuando regresó
me preguntó: “¿Qué ha sucedido?”. Yo
dije: “No sé, ¿por qué?”. Él dijo: “Fuimos
allá de visita el domingo por la noche.

31
Conté, incluyéndome con mi esposa,
40 personas, con predicador y todo el
mundo, solo unos pocos sentados al
frente. El recinto solía estar lleno”. Le
dije: “No sé qué pasó”.

Pocos días después, tuve que ir a ese


pueblo por asuntos de negocios. No
visité a ningún miembro de la iglesia
porque sabía que la iglesia estaba
teniendo problemas (muchas veces
me daban las cuatro de la mañana de
rodillas orando por ese pastor).

Pensé en manejar hasta la casa del


pastor porque sabía que si el pastor
me veía dando vueltas por el pueblo,
él podía pensar que yo había estado
visitando a algunos de los miembros
de la iglesia.

Llegué en mi carro y él salió. Le dije


que había ido por algunos negocios
al pueblo y pensé que me gustaría ir a
saludarlo. Le pregunté cómo iban las
cosas, pero él estaba enojado y dijo:
“¡Las cosas no están bien!”, y empezó
a culparme por todos sus problemas.
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Él dijo que la gente no estaba pagando
sus diezmos y creía que ellos me estaba
dando el dinero a mí: “Usted ha estado
v in iendo por acá a recolec t a r los
diezmos y a crear problemas”, dijo.
¡Vaya, estaba furioso! Incluso extendió
su mano, la metió al carro y me agarró
por la corbata. Creí que me iba a sacar
del carro.

Esto fue durante la Segunda Guerra


Mundial. Había tenido un problema
con una llanta y había acabado de
conseguir una nueva. La llave inglesa
estaba exactamente debajo del asiento
del conductor. Estuve tentado… ¡Dios
mío, estuve tentado! Llegué a extender
mi mano y a agarrar la llave. Entonces
imaginé los t it ulares: “Pastor del
Eva ngel io Completo golpea a ot ro
pastor del Evangelio Completo en la
cabeza” (o quizás hasta lo mató).

Entonces, dije con lágrimas: “Querido


he r m a no, q ue r ido he r m a no, D io s
es mi eterno testigo de que anteayer a
las cuatro de la mañana estuve orando
por usted con mis rodillas descubiertas
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sobre el piso frío. Estuve postrado sobre
mi rostro diciendo: ‘Dios, bendice a mi
querido hermano fulano de tal’. Sé que
aquí existen problemas, yo pastoreé
esta iglesia”.

Cada vez que yo abría mi boca, él


saltaba como si le hubiera pegado con
un látigo.

Entonces él empezó a llorar: “¡Dios


m ío, he r m a no H a g i n ! ¡D io s m ío,
querido hermano! ¡Querido hermano,
perdóneme! Yo…yo…yo sabía que todo
lo que dije no era cor recto, tenía
que culpar a alguien por mi fracaso.
Simplemente no lo manejé correctamente,
no hice bien, sé que no lo hice. He
sacado corriendo a la mitad de las
personas, he dividido la iglesia. Usted
fue un éxito y yo no, y le estaba echando
la culpa, perdóneme. ¿Me perdonará?”.
Yo d ije: “C l a ro, lo perdono”. Nos
abrazamos el uno al otro.

¿No es eso mejor que pelear? Él es mi


amigo hasta el día de hoy y yo el de él.
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Queridos amigos, sé por experiencia
propia que si ustedes van a caminar en
sanidad, van a tener que caminar en
amor y orar por los que los ultrajan y
los persiguen. Ore por ellos, esa es
l a m e j o r f o r m a e n e l mu n d o d e
superar problemas.

Sí, algunas veces he llegado al punto


en que he querido dejar que la carne
me domine. Como dije, quise golpear a
ese predicador en la cabeza cuando me
acusó de robar. Pero no dejaré que la
carne me domine.

Observe que la Escritura dice en 1


Pedro [Link] “No devolviendo mal por
mal, ni maldición por maldición…”.
Si ellos lo maldicen, usted no los
maldiga, “…sino por el contrario,
b e n d i c i e n d o … ”. B e n d i c i e n d o ,
bendiciendo, bendiciendo, bendiciendo.

Recuerdo a un evangelista que estuvo


con nosotros una vez. Dios lo bendiga.
¡En el poco tiempo que él estuvo, creó
más problemas de los que el diablo pudo
haber creado! (El diablo había estado
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trabajando en mi iglesia por dos años y
no tuvo éxito, pero ese predicador tuvo
éxito en dos semanas).

No debió ha ber hecho eso, no era


asunto suyo, pero salía durante el día,
visitaba a los miembros de la iglesia,
hablaba con ellos y trataba de averiguar
todo lo que pudiera para empezar
problemas.

Yo fui tentado, sí que lo fui, a vengarme


de él. Algo me dijo: “Si yo fuera usted,
no tom a r ía ot r a of rend a pa r a él.
Espere hasta el domingo por la noche
y diga: ‘Esta es la ofrenda del hermano
fulano de tal’, pase la canasta y no diga
mucho, de tal forma que él no obtenga
casi nada”. Si lo ve, eso sería mal por
mal y maldición por maldición.

Yo dije: “Justamente por eso, Satanás,


voy a tomar una ofrenda para él todas
las noches”. ¡Y lo hice! Le di el doble, lo
bendije. Cuando el diablo vino a mí otra
vez, le dije: “¡Si usted no se calla, voy a
tomar dos ofrendas por noche para el
evangelista!”.
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Él se calló inmediatamente, no quería
que ningún predicador tuviera dos
ofrendas por noche. De modo que el
eva ngel ist a se f ue contento, y yo
preferí que fuera de esa manera.

Eso tiene algo que ver con oración y


algo que ver con fe. ¿Por quién va a orar?
¿Por todos los hermanos que sabe que
lo tratan bien? No, “orad por los que
os ultrajan y os persiguen” (Mateo
5:44) ¿Lo está haciendo? Si comienza a
hacerlo, eso le ayudará en otras áreas.

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Oración para recibir a Jesús
como Salvador

Amado Padre Celestial, vengo a ti en el


nombre de Jesús. Tu Palabra dice en Juan
[Link] “al que a mí viene, no le hecho fuera”. Yo
sé que no me echarás fuera, sino que me
aceptarás y te doy gracias por ello.

Tu palabra dice en Romanos [Link]


“Porque todo aquel que invocare el nombre
del Señor, será salvo”. Por esto hoy
invoco tu nombre y así seré salvo.
Romanos 10:9-10 dice: “que si confesares
con tu boca que Jesús es el Señor, y
creyeres en tu corazón que Dios le levantó
de los muertos, serás salvo. Porque con el
corazón se cree para justicia, pero con la boca se
confiesa para salvación”.

Creo en mi corazón que Jesucristo es el


Hijo de Dios. Creo que fue resucitado
de los muertos para mi justificación. Lo
confieso ahora como mi Señor y lo creo
en mi corazón. ¡Ahora mismo he sido
hecho la justicia de Dios en Cristo y
soy salvo!

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