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2 Concepto de Poder

PODER

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PODER 1190 toen estos afios hay que considerar algunas que han tenido como mira Se Ede : er Sy cece oder de C. Wrig] i Pa msnba pluralism de Be El hombre unidimensional de Herbert Mar cuse (1964), Las teorias pluralistas reciben | Scusacién de continuar considerando verda- dera una imagen de la sociedad norteameri- cana que, en la mejor de las hipotesis, ee ponde a una fase superada del desarrollo eco- hémico, social y politico de Estados Unidos, yen consecuencia de continuar presentando- Se como teorfas cientificas mientras tiene ya s6lo tuna funci6n ideolégica, que es aquella de hacer,creer a los controlados de ser todavia controladores, a los desposefdos de poseer por lo menos una parte de poder, al hombre unidimensional de tener, participando en dis- tintos grupos todos mas 0 menos influyentes de la misma manera, muchas dimensiones. En lo que se refiere a la critica de la ideolo- gia pluralista, es decir al p. como propuesta de solucién del problema tradicional de los limites del poder, puede realizarse desde dos Angulos diferentes, dependiendo de si del aso- ciacionismo pluralista se considera la facha- da dirigida contra el individualismo 0 aque- Ila dirigida contra el estatalismo. Desde el punto de vista del individuo el p. es acusado de no tener en cuenta que cada grupo social tiene una tendencia natural al endurecimien- to de sus estructuras a medida que crece el niimero de sus miembros y se extiende el espacio de sus actividades. Una sociedad apa- rentemente pluralista es en realidad policra- ta, vale decir con varios centros de poder, de los cuales cada uno hace valer sus exigencias sobre sus miembros, con la consecuencia de que el individuo en el momento en el que cree haberse liberado del estado patron se convier- te en siervo de muchos patrones. Desde el punto de vista del estado, las sociedades par- ciales, por lo menos desde que Rousseau pro- nuneié la condena de las mismas, son consi- deradas culpables de impedir la formacién de enone acl Por lo tanto de condu- ; si no son frenadas, a la disgregacin Ja tnidad del estado, Ei fendmeno ace ee do positivamente recibe la denominacién de P., juzgado negativamente recibe el nombr: denuevo feudalismo, es decir carencia de un verdadero centro de pod aap ae poder, predominio de los intereses sectoriales 0 corporativos interés general, de las tendencias cen," ¢l sobre las centripetas: no p. sing parce rismo. rticula, BILIOGRAFIA: W.E. Connolly (comp), pluratism, Nueva York, Atherton Press t RA. Dahl, Pluralist democracy in the Unite, ted tes: conflict and consent, Chicago, Rand ee 1967; R. Eisfeld, 1! pluralismo tra liberate socialismo (1972), Bolonia, 11 Mulino, 1976 4. Kornhauser, The politics of mass society, Ny va York, Free Press, 1959; Kung Chuan Hoja Political pluralism: a study in contemporary pf, tical society, Londres, Kegan Paul, 1927, 4 MacFarland, Power and leadership in plural systems, Stanford, Stanford University Press 1969; R.A. Nisbet, La conunita e to stao (1953), Milan, Edizioni di Comunita, 1957; LC. Webb (comp), Legal personality and political pluralism, Melbourne, Melbourne University Press, 1958, Para la discusion del pluralismo en Italia es fundamental P. Rescigno, Persona e comunitt, Bolonia, II Mulino, 1966. The bias op [NORBERTO BORBIO] poder LDEFINICION. En su significado més general, la palabra p. designa la capacidad 0 posibilidad de obrar, de producir efectos, y puede ser referida tanto a individuos o grupos hume- nos como a objetos o fenémenos de la nat: raleza (como en la expresién “p. calérico” 0 ““p. absorbente”). Entendido en sentido.esP= cfficamente social, esto es en relacién com le vida del hombre en sociedad, el p. se precis? y-se convierte de genérica capacidad de obr en capacidad del hombre para determina! conducta del hombre: p. del hombre sobre © hombre. El hombre no es sélo el sujeto sin? también el objeto del p. social. Es p. Soci © capacidad de un padre de impartir drdenc® a los hijos, o la de un gobierno de impatt? Ordenes a los ciudadanos; mientras 10 |0 la capacidad del hombre de controlar lanat” raleza y servirse de sus recursos. Natu mente, existen relaciones significativas el p. sobre el hombre y el p. sobre la nat leza y las cosas inanimadas: frecuente™ PODER mero es condicion del segundo, 0 vice- r ejemplo, una empresa puede elsger petroleo de una determinada porcién Si uelo terrestre porque tiene el p. de impe- ge que otros se apropien 0 usen aquella por- dign de suelo, y un gobierno esté en condicio- re de obtener ciertas concesiones de otros fobiernos porque tiene en su poder determi- oodos recursos materiales, que se convierten eninstrumentos de presién econémica o mili- tar. Sin embargo, en principio, el p. sobre el hombre es siempre distinguible del p. sobre Jas cosas. Y este ultimo, en el estudio del p. social, es relevante solo en cuanto se convier- {a en un recurso para ejercitar p. sobre el hombre. Por ello no pueden aceptarse aquellas defi- niciones que, partiendo de una que se remon- taa Hobbes, omiten este cardcter relativo e identifican el p. social con la posesi6n de ins- trumentos aptos para alcanzar los fines deseados. La definicién de Hobbes, tal como se lee al principio del capitulo décimo del Leviatén, es la siguiente: “El poder de un hom- bre. . . consiste en los medios para obtener determinada ventaja futura.'’ No de otro modo, por ejemplo, afirmé Gumplowicz que laesencia del p. “consiste en la posesién de los medios para satisfacer las necesidades humanas y disponer libremente de tales medios”. En definiciones como éstas se con- cibe al p. como algo que se posee: un objeto una sustancia, como ha sido observado, que se conserva en un recipiente. Pero no hay p. sino hay, junto al individuo (0 grupo) que lo ejerce, otro individuo (o grupo) que se ve indu- cido a comportarse del modo deseado por el primero. Ciertamente, como se acaba de sefia- lar, el p. puede ser ejercido por medio de ins- trumentos ode cosas. Si tengo dinero, puedo inducir a otro a tener determinada conducta que yo deseo, a cambio de dinero. Pero si me encuentro solo o si el otro no est dispuesto a tener aquel comportamiento por ninguna cifra de dinero, mi p. desaparece. Ello demuestra que mi p. no reside en ninguna cosa (en este caso dinero), sino en el hecho de que hay otro y que éste se ve inducido por mi a comportarse segtin mis deseos. El p. social No es una cosa, o su posesion: es una relacién entre hombres. _Debemos observar también que la expre- sién empleada antes, “p. del hombre sobre el 1191 hombre”, se entiende con mayor precisién como “p. de un hombre sobre otro hombre”. Con esta especificacion se excluye de nuestro campo de indagacién el p. que un hombre pue- de ejercer sobre si mismo. Si acaso, como ejemplo, una sefiora se impone determinada dicta para adelgazar y, a pesar de las tenta- ciones, mantiene su préposito, podemos decir que aquella sefiora ejerce un p. sobre si mis- ma. En este caso, como en casos analogos, al menos considerados por si mismos, no se tra- ta de una relacién de p. entre hombres, sino de un ejercicio de p. que empieza y termina enel Ambito, por asi decirlo, de una sola per- jientras que el p. que aqui importa ana- lizar, en relacion con el estudio de la politi- ca, es aquel que un hombre (0 grupo) tiene o ejerce sobre otro hombre (0 grupo). Como fenémeno social el p. es pues una relacién entre hombres. Y se debe inmedia- tamente afiadir que se trata de una relacion triddica. Para definir un cierto p., no basta especificar la persona o el grupo que lo retie- ne y la persona o el grupo al que estan some- tidos: hay que determinar también la esfera de actividades a la cual el p. se refiere, es decir la esfera del p. La misma persona o el mismo grupo pueden ser sometidos a varios tipos de p. relacionados con diversos campos. E] p. del médico se refiere a la salud; el del maestro se refiere principalmente al apren- dizaje del saber; el empresario influye la con- ducta de los subordinados, sobre todo en la esfera econémica y en la de la actividad pro- fesional, y un superior militar en tiempo de guerra imparte ordenes que comportan el uso de la violencia y la probabilidad de dar o reci- bir la muerte. En el ambito de una comuni- dad politica, el p. de A (por ejemplo un cierto organismo publico o un cierto grupo de pre- sion) puede referirse a la politica urbana, el p. de Ba la politica exterior en relacién con una determinada area geografica, el de Ca Ja politica de la educacion publica, y asi suce- sivamente, La esfera del p. puede ser mas o menos amplia y mas o menos claramente deli- mitada. El p. fundado en una competencia particular esta limitado al campo de la com- petencia, mientras que el p. politico y el del padre sobre el hijo se refieren generalmente auna esfera muy amplia,y la esfera de p. de Ja persona que ocupa un cargo en el ambito de una organizacién formal (por ejemplo el 1192 exo de una asociacién) se as bi i taxativo, ‘mas bien preciso ¥ : do mera del p. de un lider caris: 4 precisada de antemano tere presidente ol tes0r define de mo mientras que matico no est de a ser ilimitada. idad de en acruat, Cuando la capacidad as mom Cae oe ua fuego, elp. de simple posibilidad s¢ 120% for: sie en accion, en ejercicio del p- Asi oo. podemos distinguir entre el p. come postiay iia, op. potencial, y el p. efectivaments €/7 oto. orp, actual El p. actual es una relaciOn cate comportamientos. Consiste en cl com: portamiento de A (individuo o grupo) que tra- povde modificar Ia conducta de B (individuo ‘© grupo); en el comportamiento de B, en el eusl se concreta la modificacién de la conduc- ta querida por A, asi como en el nexo que une ‘estos dos comportamientos. Un examen més detallado del p. actual comporta por eso un anélisis de estos tres aspectos del fenémeno. =n un primer sentido se puede decir que elcomportamiento de A trata de modificar la conducta de B: A ejerce p. cuando provoca Jintencionalmente un comportamiento de B. En Ia literatura sociolégica y politologica sobre el p. se acepta ampliamente el requisi- to de a intencién. Sin embargo, algunos auto- res no lo acogen y sostienen que se puede hablar de p. siempre que un comportamien- todado provoca otro, aunque no sea de modo intencional, Tal definicién de p. parece, no obstante, demasiado amplia. Es correcto decir que el padre ejerce p. sobre el hijo cuan- do le da con éxito cierta orden, pero no pare- ce correcto decir lo mismo cuando el hijo no obedece, sino que al contrario ‘bandona la familia despues de ln orden dt padre. fe En sste segundo caso, sigue siendo cierto: is ee rtamiento del padre pro- o'sea como estado de la mente de qu; ce p. Diremos entonces que el comport sit to de A, que ejerce p., Puede estar aegis antes que a la intencién de determinar portamiento de B, objeto del p., al interes ™ walimenta por tal comportamiento, Po gt plo, las relaciones de imitacién, en oe [es falta la intencién del imitado de propos” lesiemo modelo, vuelven a ser p. lo Sion corresponde aun interés del imi (como en determinadas relaciones. ent padre e hijo), pero no si la imitacién no he ponde a un interés del imitado (come pueds Paceder en el caso de una sefiora que ve, copiada por una amiga su forma de vest, El comportamiento de B, que soporta el p esta dotado de al menos un minimo de volun- tariedad; pero nadie puede asegurar que B esté consciente de actuar en la manera desea. da por A. Por una parte, pues, se trata de un compromiso voluntario. Ello no comporta necesariamente que el comportamiento sea también “libre”, Por ejemplo, en el caso del p. coercivo B tiene el comportamiento desea- do por A solamente para evitar un mal enun- ciado: el comportamiento no es libre, pero todavia lo cumple B y, por tanto, esta dotado de un minimo de voluntariedad. Ello permi- te la distincion entre el ejercicio del p. coer citivo y el empleo directo de la fuerza 0 vie lencia (v.). En este ultimo caso A no modifica la conducta de B sino que altera directamer- te suestado fisico: lo mata, lo hiere, lo inmo- viliza, lo recluye dentro de un cierto espacio, ete, Es bien conocido que en las relaciones sociales y politicas se recurre frecuenteme?” te a la fuerza cuando no se llega a ejercet P Por otra parte, para que se tenga p. noes Pa nada necesario que B tenga intencional men: te el comportamiento querido por 4. 4 pur de provocar un determinado comportamien’ to de B sin pedirlo explicitamente, ¢ incluso ocultando a B que él desea tal comportamie toy, ademés, sin que B se dé cuenta de tener Ee comportamiento deseado por A. Ello pue Gs verificarse, por ejemplo, en cies cunt ee Propaganda disfrazada. Este tipo de rele Teetgttesentemente conocida como manify Tt phot ciertamente en el ambito le poder. Hegamos finalmente a la relacion 44° *) establece entre e] iento de HeBloucent comportamiento : que, si hay p., el primer compo) iat nadia dian ——— ll PODER jo determinar4 al segundo: lo cual pue- arse también diciendo que el com- Preento de A es la causa del comporta- porta de B. Sin embargo, es necesario acla- mie Gentido segtin el cual es licito aqué uti- at fjg cin de “causa”. Ante todo, cuando lua ere a las relaciones de p. social, la se Fete causa No trae consigo una perspec- ide determinismo mecanicista. Las rela- ‘entre comportamientos son relaciones no relaciones “necesarias”. Por jista”. En segundo lugar, por lo menos en Ios de los casos, la nociGn de p. social sir mpara describir una determinada relacion reblecida entre dos comportamientos par- fioulares, sin que esto implique que la rela- Mon descrita sea un caso particular de una fey universal 0 general. En muchos casos, decir que el comportamiento a de A es causa del comportamiento b de B no implica que todas las veces en que A tenga un comporta- miento del tipo a éste sera seguido por un comportamiento del tipo b de B, ni que todas Jas-veces que B tiene un comportamiento del tipo b éste ser precedido por un comporta- miento del tipo a de A. B es inducido por A, por ejemplo, a votar por el Partido Socialis- taen una cierta contienda electoral; pero en las elecciones sucesivas B puede votar por el Partido Liberal, a pesar de que A busque toda- acirlo a votar por los socialistas, o bien puede votar por el Partido Socialista sin que aya habido intervencion de A directa en este si, pues, decir que en un ejercicio portamiento de A es causa del de ‘solo afirmar, por lo menos en , de relaciones, que a es causa de jinado. Sin embargo, otras tado ejercicio de p. puede de una ley o uniformi- ecirse, por ejemplo, , de una relacion liencia que liga a politica con el 1193 seal ee pcesiticcleoss que acabamos de niece afirmar que la Teen de Ps un tipo de causacién: en par- todavia ables i sansaeion social Queda tcitcodetve gant, asinine testeae ain coaeoae deeeee ehee aige Tee oar cane Pearman cee eee Semamnte ches condicion necesaria tdew sols the igor AGE eee s e lugar si tiene lugar el com- Portamiento de A), Oiros, considerando dema- siado rigida la primera interpretacién, entien- den el nexo causal en el sentido de que el com- portamiento de A es condicién suficiente para el comportamiento de B (si tiene lugar el com- portamiento de A, tiene lugar el de B). otros mas van en direccién opuesta, y consideran que deberia reformularse el concepto de p. de manera que se equiparara con la nocién de condicion necesaria y suficiente (el compor- tamiento de B tiene lugar si, y s6lo si, tiene lugar el de A). Considero, con Oppenheim, que entre estas tres nociones de causa convendria escoger la de condicion suficiente, que esta mayormen- te de acuerdo con la mencionada perspecti- va probabilista. Por una parte, un comporta- miento a que sea condicién necesaria (pero no suficiente) de un comportamiento b suce- sivo puede no ser un ejercicio de p. Por ejem- plo, que el funcionario municipal propuesto para ello inchuya mi nombre en las listas elec- torales es una condicién necesaria para que yo vote, e incluso para que yo vote por un determinado partido. Pero no puede decirse en verdad que el funcionario municipal haya ejercido p. sobre mi, y esto —obsérvese bien— gun en el caso de que estuviera interesado en Ja victoria electoral de aquel partido: de hecho, yo podria votar por otro partido a abs- tenerme de ello, Por otra parte, cuando un comportamiento a es condicion suficiente de tun comportamiento b sucesivo, es razonable talificar esta relacion de ejercicio de p., aun- gue a no sea condicién necesaria de b, Con las {ombas atomicas de Hiroshima y Nagasaki Petados Unidos ejercié un indudable p. sobre Japon, en el sentido de que lo indujo a ren- dice (condicién suficiente); pero no puede timarse sin mas que, sin aquellas bombas, él Japon no se habria rendido, ya que no es PODEK 1194 6 bria posible excluir del todo ae 7 Liane at Mt rerminado a rendirse de man a fo que lo habria inducido & ello un posit movimiento de otro actor (por ejemplo, ‘URSS). Concluyendo sobre el punto, pase? de por ello afirmar que en. ‘un ejercici cae Gf comportamiento a es la causa deter” te, pragmaticamente decisiva, del ore cil miento b; esto es que &S Ja condici6n * ne Gente”, no la condicion “necesaria YU Siquiera, con mayor raz6n, la condicion ‘nec: ia y suficiente”. 5 sane hecho de que entre los comportamien- tos haya un nexo causal algunos estudiosos Yeriven también la consecuencia de que la felaion de p. es asimétrica, en el sentido de Ggue, si el comportamiento de A es causa del Ge B, cl comportamiento de B noes causa del de A. Ahora bien, es cierto que muchas rela- ciones de p. tienen esta caracteristica, y por Jo tanto son unidireccionales: pero existen relaciones de p. singularizadas por un grado mayor o menor de reciprocidad. Por ejemplo, pignsese en las relaciones de p. que median entre dos partidos durante la negociacion para la formacién de un gobierno de coali- cién. Cada partido usa diversos medios para influir en la conducta del otro y en el éxito de las negociaciones, pero es claro que no pue- de menos que hacer ciertas concesiones (y en consecuencia sufrir el p. del otro partido) para arrancar, a su vez, otras concesiones (y entonces ejercer p. sobre el otro partido). IM FL poner roreNciat. El p. potencial es la capacidad de determinar los comportamien- 10S ajenos, Mientras el p. actual es una rela. cién entre comportamientos, el potencial es una relacion entre actitudes para actuar: por tuna parte A tiene la posibilidad de tener un amportamlentotendiente a maficar la con ; Por otra, si esta posibilidad es que B tenga el puesta en juego es probable ae ejercerlo, social es la general el p. linacion inten. cional o interesada de comporta, ajenos. ‘Ahora bien, gcudndo podem: existe una capacidad tal? Ante sita que A tenga a su disposici gos que pueden llegar a ser empleagy ejercer p. Los recursos de este tipo song ® Gheplesttalriqeza, la fuera lame y el conocimiento, el prestigio,lalegiimge? je popularidad, la amistad y otras rela! cercanas con personas que tienen ung Gién alta de p., y ast sucesivamente. poh pasta. La susodicha capacidad de 4 depends también de la habilidad con la cual estaes Goadisiones dé‘convertir en p. los recuse que tiene a su disposicidn. No todos los oe bres ricos tienen la misma habilidad de emplear los recursos econémicos para ejer. cer p., y una favorita puede mostrar habil- Gad para emplear con fines de p. su relacién intima con el monarca, que no encuentra parang6n con otras figuras femeninas que han gozado de posicion andloga. Esta habili dad puede referirse no sdlo a la utilizacién de un solo recurso sino también a la combi nacién del empleo de varios de ellos, y, enel caso de que A sea un grupo, la cohesién y la coordinacién del grupo mismo. Asi, en les relaciones internacionales los poderes rec procos de dos gobiernos pueden no ser pro- porcionales a los recursos (humanos, econo micos, militares, etc.) que los dos gobiernos tienen, respectivamente, a disposiciOn, ya se porque uno de los dos gobiernos est4 dotade de mayor habilidad en la utilizacion de u recurso muy importante o en el empleo com binado de varios recursos, o bien porque U™? de los dos gobiernos se caracteriza por une do mayor de cohesién y por una coordinacio® mis eficaz. Por otra parte el hecho de que A esté dots do de recursos y de habilidades aun en maxk mo grado no es suficiente para hacer We tenga p. sobre B. A puede ser riquisimeY pe embargo no tener p. sobre el paupérim™? 5 Tespecto de ciertos comportamientos oe segundo no esta dispuesto a sostenet Hy, comportamientos por ningiin precio. A gamente, un hombre que dispone de 10s ™ acct medios de violencia no Hert sobretun hombre inerme respecto de U2 Ia iportamiento si el undo prefie! muerte ant Ricca jent© les que tener tal ‘comportam Hientog 0S decir todo att tte in do la de cu to be a « u & a Q 9 g A L q y q t f t LP AERELELILLS ee a Ss oer es PODER, | martir que rechaza renegar de psel <0 cnspirador que rechaza la reve- fsi080 te. nombres de sus compafieros. Se Otjudablemente, de casos excepciona- we tienen el valor de poner en evi- pero a1 p, potencial, como el actual, es dencie U6 entre hombre: una relacién que una Tela, sia los recursos de A ya su habi- learlos no corresponde la dispo- ip de dejarse influir. Esta disposi- toes, Ia probabilidad de que B ten- ion —2810 © miento querido por A— depen- et! ‘ima instancia de la escala de valo- i i 'B. Si los instrumentos usados para es (6 “_| p. tienen un empleo generalizado diem jerto 4mbito social, como puede ser tio del dinero, en aquel ambito habré tam- lg una disposicion més o menos generali- ita adejarse influir respecto de ciertas esfe- yas de actividad. Segtin esta suposicion, si obtener sus fines A no tiene necesidad Jemodo especifico del comportamiento de B (camo ocurreen el caso del martir 0 del cons- pirador) sino del cofnportamiento de B o de CodeDode E..., su probabilidad de tener éxito dependera de la escala de valores pre- suleciente en el ambito social en el que se mueve. Sobre la base de los conceptos desarrolla- dos en el andlisis del p. potencial se pueden individualizar las relaciones de p. estabiliza- do, que son particularmente importantes en Ha arotial y politica. El p. esta estabiliza- cuando a una alta probabilidad de que B cumpla con continuidad los comportamien- tosdeseados por A corresponde una alta pro- babilidad de que A cumpla con continuidad acciones dirigidas a ejercer p. sobre B. El p. ? se traduce frecuentemente en tmarelacion de mando y obediencia, y puede Vato no estar acompafiado por un aparato trativo encargado de llevar a térmi- Aolos peccstos de} detentador del p. (como AAAS tespectivamente, en el caso del p. de mee yen el del p. del padre sobre el hijo). lisensr £1. estabilizado puede basarse en jo stasteristicas personales del detentador ng SomPetencia, Ia fascinacién, el caris- Sc) osino puede basarse en el papel del ine PX Pesabilsace Poder. Cuando la relacion de de se articula en una pluralidad Pareles clay Mente Rene ramente definidos y estable- los entre ellos, se habla de 1195 seguro de p. institucionalizado. Un gobierno, un partido politico, una administracion publi- ca, un ejército, acttian siempre, en la socie- dad actual, con base en una mas 0 menos com- pleja institucionalizacién del poder. IV. EL PAPEL DEAS PERCEFCIONES SOCIALES ¥ DE LAS. ExPECTATIVAS, De todo lo que se ha dicho has- ta ahora resulta evidente que el p. no deriva simplemente de la posesion o del uso de cier- tos recursos sino también de la existencia de determinadas actitudes de los sujetos impli- cados en la relacién: actitudes que se refie- rena los recursos y su empleo, y mds en gene- ral al p. Entre estas actitudes estan las per- cepciones y las expectativas que se refieren al p. Las percepciones o immdgenes sociales del p. ejercen una influencia sobre los fenomenos, del p. real. La imagen que un individao 0 un grupo se hacen de Ja distribucién del p. en el Ambito social al que pertenecen, contribuye a determinar su comportamiento con relacion al p. En esta perspectiva la reputacién del p. constituye un posible recurso del p. efectivo. A puede ejercitar un p. que excede los recur- sos efectivos que tiene a disposicion (y su voluntad y habilidad de transformarlas en p.) si los que sufren su p. estiman que A tenga mas p. de cuanto lo justifiquen sus recursos (y de su voluntad y habilidad de transformar- las en p.). En una confrontacién o en una negociacién internacional, si el gobierno A cree que el gobierno B tiene un p. mayor que el propio, tendra la tendencia a sufrir, de hecho, un mayor p. por parte del gobierno B, aunque una estimacion correcta de los recur- sos disponibles repectivamente por ambos gobiernos podria llevar a un resultado mas favorable para el gobierno A. En lo que se refiere a las expectativas se debe decir, en general, que en un determina- do ambito de p. el comportamiento de cada actor (partido, grupo de presion, gobierno, etc.) es determinado en parte por las previ- siones del actor relativas a las acciones futu- ras de los otros actores y a la evolucién de a situacion en su conjunto. Pero el fenéme- no en el cual el papel de las expectativas es mas claramente evidente esta dado por las telaciones de p. que obran a través del meca- nismo de las reacciones previstas. El p. acttia de este modo cuando B modifica su conduc- ta, en el sentido deseado por A, sin una inter- vencién directa de A sino porque B prevé que A adoptaria reacciones desagradables para él sino modificase su conducta. Naturalmente, para que haya p. se necesita que 4, aun no provocando intencionalmente el comporta- miento de B, alimente un interés hacia tal comportamiento. Por ejemplo, un gobierno sufre el p. de ciertos sectores agricolas influ- yentes, aun sin la intervencidn directa de estos ultimos, si al adoptar la propia politica agricola tiene en cuenta las reacciones de aquellos agricultores y formula un programa que no daha sus intereses. Como ha observa- do Carl J. Friedrich, que fue el primero en dar relevancia a este aspecto del p., el mecanis- mo de las reacciones previstas constituye un potente factor de conservacién, puesto que es mucho més facil “valorar y por tanto cono- cer las preferencias de un individuo o de un ‘grupo con relacién al estado de cosas existen- te que conocer sus preferencias con relacion aun posible estado de cosas futuro y por ello eventual’. Este modo de obrar del p. hace ambiguas muchas situaciones concretas. Por ejemplo, el hecho de que las disposiciones tomadas por un gobierno en materia indus- trial encuentren notable eco en los compor- tamientos de los empresarios de esa sociedad politica puede querer decir que el gobierno tiene un gran p. sobre ellos, pero puede tam- bién significar, por el contrario, que los empresarios tienen un gran p. sobre el gobier- no, consistente en la capacidad de impedir —a través del mecanismo de las reacciones pre- vistas— que sean tomadas disposiciones que pongan en peligro sus intereses. No estamos, sin embargo, privados de instrumentos para desembrollar la madeja. En primer lugar podemos hacer un mapa de los intereses de Jos actores del sistema y buscar la individua- lizacion por este camino de las conductas a las cuales se pueden anclar las previsiones de Jas reacciones y las consecuentes relaciones de p. En segundo lugar, debe tenerse presen- te que la ambigiiedad depende del estado de equilibrio de la situacién: si surgen conflic. tos relevantes entre los actores se hace Posi- ble averiguar la orientacién fundamental de su voluntad y, por tanto, la direccién preva. leciente en la que actiia el poder. V. MODOS DE ETERCICIO Y CoNFLICTIVIDAD DEL PODER Los modos especificos en que los recursos pueden ser usados para ejercer modos de ejercicio del p., son nui" Slog de la persuasion hasta la manipyite dee de la amenaza de un castigo haste ¢) dey sa de una recompensa. Algunos gai P'Ome fieren hablar de p. s6lo cuando la ders Pe cién de los comportamientos leuen daen la coercion. En este sentidose fies a veces entre p. ¢ “influencia”. pery tue bra influencia es empleada con uci? nificados.diversos, ya sea en o> comtin o bien en el lenguaje técnica E rnumerosos los casos en los que se en} término p. para denotar relaciones no oe a citivas: se puede hablar por ejemplo deo basado en la persuasion. La verdad es que este punto, el problema definitorio cacc") riesgo de convertirse en tna simple cuesig, de palabras. Mas alla de los términos empl dos, lo que importa es formular una fla nocién de la determinacion intencional ing resada de la conducta ajena e individualizar dentro de este genus la species particularmen te importante de la determinacion de la con ducta ajena basada en la coercién, La coer. cién puede ser definida como un alto grado de constriccién (0 amenaza de privaciones) Ella implica que las alternativas de compor- tamiento a las que se enfrenta B (que la sure) son alteradas por las amenazas de sanciones de A (que la ejerce) de tal modo que el com- Portamiento que este ultimo desea del prime ro termina por aparecer delante de B como Ia alternativa menos penosa. Es el caso del asaltado que cede la bolsa para salvar la vida. En el concepto de coercidn se puede hacer entrar también un alto grado de incentivacién (0 promesa de ventajas). En este sentido sufre coercién, por ejemplo, el individuo que, para salir de un estado de extrema indigencis, acepta cumplir un trabajo peligroso 0 degr=- dante, Mas alla de la etiqueta terminologice hay, sin embargo, una diferencia entre el mero y el segundo caso, pues es el ladrén e que pone al asaltado en la situacién de cedet ala amenaza, mientras que no se puede ase Surar que el instigador sea el que ponga al ins- tigado en el estado de inferioridad que lo fuer za a ceder a la promesa. e El problema de la conflictividad del p. He ne que ver, al menos en parte, con los mode especificos a través de los cuales se deter™ na la conducta ajena. ¢Las relaciones d€ P: fun, PODER jamente relaciones de antagoni sonneeerede hablar de conflicto ensre Ia muntad de A y la de B refiriéndose al mo- wrioen el que inicia la tentativa de ejer- mp. sobre BO oo al momento en . B tiene el comportamiento desead. oeaen el momento inicial o en el momen. {o final del ejercicio del p. Ahora bien, que fgyaun conflicto inicial entre la voluntad de mia voluntad de Besta implicito en la defi- ‘vin del pB habria actuado de otra mane- diferente a la que esta obligado a seguir vA. Bl problema que interesa es el de saber F pay necesariamente un conflicto entre la deAyla Ba también en el momen- yofinal. Planteada de esta manera, la pregun- Bee Mexarrexpricsta neyativa: la con. flictividad 0 no conflictividad depende del modo de ejercicio del p. Consideremos por ejemplo un ejercicio de p. basado en la per- suasin por un lado, y un ejercicio de p. basa- doen la amenaza de castigo por el otro. En oo. re Seen Bhabria tenido en intervencién de A— un comportamiento (que llamamos a) diferente pn aed (b) que tiene como con- seouencia de tal intervencién. Pero en el caso del p. de persuasion, B, después de la inter- vencién de A, prefiere él mismo b en vez de 4,y, teniendo b, se comporta como desea com- bs En otras palabras, B atribuye mayor ‘Ber al comportamiento que tiene después (Gleinteryencién de A que al comportamien- quehabria tenido en ausencia de tal inter- Yencién: en consecuencia podemos decir que thay eonflicto de voluntad entre A y B. Por , en el caso del p. basado en la = +s lun castigo, B, después de la inter- ene contintia prefiriendo a en lugar rm hen el segundo comportamiento ne fiere no tanto al primero, sino A(@e) En Menos el castigo amenazado por hi otras palabras, B atribuye menor cs meen que tiene después tg aintervencién de A que al comportamien- mioeria tenido en ausencia de tal inter- © egy St Consecuencia, podemos decir que eg tn de p. hay un conflicto de re Ay B, stg dee de antagonismo de las rela- nflictos He wede derivar, antes que de los Voluntad que he enumerado ape- '@spectos del p. Por ejemplo, en 1197 la relacion de “manipulaci diatamen te og etiUlaciéano surge inme un conflicto potencial on nay Por regia, cuando Hoe oeteit, que se hace actual sido manipure guetta de que su conducta ha de derivar del simple heche ato Pu Ci6n: del juicio nee note de la manipula- de B delenit Reeativo y del esentimiento $e arate de Ia operscign manipulaoria de instigacion que he seco del grado extremo Actividad de la relacion acdc nace an hecho de que B se siente herido y mutre resen nech ido y nutre resen- Pie Cee entre sus eatisthetde quesd anc ventaja de estas Gelhecho de que d sac venta de esta situ eee Oe — El resentimiento fruto de Ia desigualdad de recursos es, junto con gonismo de las voluntades, la segun- da y principal matriz de la conflictividad del p. Puede hallarse también en las relaciones de manipulacién y de instigacién moderada y en general en todas las relaciones de p., especialmente las estabilizadas, puesto que toda forma de p. es regularmente la expresion de una desigualdad de recursos. Y en cuanto ésta es sentida mayormente por el sujeto pasi- vo como un peso molesto 0 como un ultraje infame, tanto més la relacién de p. tiende a crear un antagonismo de actitudes y a prepa- rar un conflicto abierto. Sin embargo, debemos subrayar que esta segunda matriz de la conflictividad del p. ~que consiste en la desigualdad de recursos y en el consiguiente resentimiento social— constituye una causa s6lo potencial de con- flicto, En primer lugar, en efecto, la desigual- dad de recursos, que esta en la base de una relacién de p. continuado y asimétrico, pue- de no ser vista por quienes estan sometidos Sip_ En segundo lugar, puede suceder que se gon cuenta de la desigualdad de recursos, Gero que al mismo tiempo la acepten como Per ¥legitima sobre la base de una deter- Justa ¥ idectrina polttica 0 social. En tercer Tegar, aungue la desigualdad de recursos se Heerba de hecho y seconsidere injusta, pe perciba thibuida a sujetos 0 a entidades dis- oe ete de los que detentan el p. Y, finalmen- tints de suceder queel sentido de injusticia te Paesentimiento social —aunque dirigidos ode restos detentadores de p.— resulten Conte dos por los oprimides 0 por lo menos suprimymboguen en un conflicto abierto. 1198 ‘VILA MEDICION DEL PopER. Una vez peacaip el concepto de p. podemos aplicarlo a la reali- dadeacialy Yer cudndo existe, de hecho, una relacion de p. Pero, con relacién a los fen6- menos reales, tenemos tambien necesidad de comparar entre sus diversas relaciones de p. y de saber si una relaci6n de p. es, al menos grosso modo, mayor o menor que otra. Se plantea asi el problema de la medicion de p- Un modo de medir el p. es el de determinar las diferentes dimensiones que puede tener Ta conducta que es su objeto. En este sentido una primera dimension del p. esta dada por la probabilidad de que el comportamiento deseado se verifique: cuanto mas es probable que B reaccione positivamente a los manda- tos y alas directivas de A, tanto mayor es el p.de A sobre B, Una segunda dimension esta constituida por el numero de hombres some- tidos al p. Hay poderes que se dirigen a una sola persona y poderes que conciernen a millares o millones de hombres. Una tercera dimension consiste en la que he llamado la esfera del p. Con base en la escala de valores prevaleciente en una cierta cultura se puede decir que un p. que concierne a una cierta ‘esfera tiene un peso mayor o menor que otro concerniente a una esfera diferente: por ejem- plo, en nuestra cultura el p. de un gran modis- to sobre el modo de vestir es ciertamente menor que el p. que concierne a la vida y la muerte, como puede ser en ciertas situacio- nes el p. politico. Una cuarta dimension del p. esta dada por el grado de modificacién de Ja conducta de B (0 de B, C, D...) que A pue- de provocar dentro de una cierta esfera de actividades. Por ejemplo, dos grupos de pre- sion tienen ambos un cierto p. sobre el gobier- noenel campo de la educacion publica, pero uno de ellos tiene la capacidad de influir mayormente que el otro. Una quinta dimen- sin puede estar constituida, ademas, por el grado en el que el p. de A restringe las alter- nativas de comportamiento que quedan abier- tas para B. A este acercamiento para la medicién del P., que concentra la atencién sobre la entidad de los efectos provocados en B, se le ha obje- tado que, para medir el p. de modo adecua- do, hay que tener en cuenta también sus “‘cos- tos’ (los costos en los cuales incurre A para tratar de ejercer p. sobre B), asi como su “fuerza” (los costos en los cuales incurriria PODER B si rechazare seguir ¢| deseado por A). Y no in setPoRan otro planteamiento del probjen “ due “ta las posibilidades de medicign qey™Gues dimensiones del p. mencionada, ‘adas Dorie te, Se debe agregar, en fin, S 20tetionm hechas también pruebas de’, si, métodos para la medicién de la aeacion de del p. entre los miembros de un tin votacion cuando la decision depos mlté de sivamente de la votacién misma nt® Sh el grado de concentracion del (att actores que forman parte de vq wt! politico. Sistema VII. EL, PODER EN EL ESTUDIO DE LA Po p. es uno de los fendmenos més dine ena vida social. Se puede decir que noe: te practicamente relacién social en la cual se esté presente, de alguna manera, la influen cia voluntaria de un individuo o de un grup sobre la conducta de otro individuo o grupo Por ello no debe causar sorpresa el hecho de que el concepto de p. haya sido empleado para interpretar los mas diversos aspectos de la sociedad: desde los pequetios grupos hastala empresa productiva, desde la familia hasia las relaciones entre las clases sociales. Sin ‘embargo, el campo en el cual el p. adquiere el papel mas importante es el de la politica, y en relacion con los fenémenos politicos el p. ha sido investigado y analizado con le mayor continuidad y con la mayor riquezade métodos y de resultados. Esto es valido pat la larga tradicion de la filosofia politica, com> lo es también para las ciencias sociales co” temporéneas, a partir del andlisis ya cési que del p. hizo Max Weber. Para Weber, las relaciones 4 MS obediencia mas o menos continuas e061 po, que se hallan tipicamente en la ret, politica, tienden a basarse no solamet fundamentos materiales o en la Pure SP, bre de obedecer que tienen los someney tn también y principalmente en un eset veg fundamento de legitimidad. De step Ne mo, que es frecuentemente design jin6 palabra autoridad (y.), Weber indi fig, tres tipos ‘“‘puros”: el p. legal, el P. as nal y el p. carismatico. El p. legal 4M edad cialmente caracteristico de |8 % jegiti moderna, se funda en la creenci®.°P deft midad de ordenamientos estatuidos @ le mandato ¥ adguiere 1 politica, liticose fo con le . PODER nexpresamenteel Pape del d ae ter inca ienes pre: Deacoe. aie reudadanos" o los Masociader nc (os pien el due manda. El aparato admin t es el de la bi Lacon ta del p. es olde la burocracia, watieeara jerérauica de superiosés ye dos, en la cual las 6 saartidas POF “funcionarios” deity cae especificas. El p. tradicional s¢ pasa en la creencia del cardcter sacro del p. qristente “desde siempre”. La fuente dale gs pues, la “tradicion”, que impone tambien tinculos al contenido de los mandatos eel Ncefior” imparte a los “stibditos”. En el mabe jomés puro de p. tradicional el aparato adm. nistrativo es de tipo patriarcal, y esta ee puesto de “servidores” ligados personalmente alsenor. El p. carismdtico, en fin, se basa en jasumisi6n afectiva a la persona del jefe y al cardcter sacro, la fuerza heroica, el valor tjemplar 0 la potencia del espiritu y del dis- curso que lo distinguen de manera excepcio- nal. La fuente del p. se conecta con lo que es nuevo, que no ha existido jamas y por ello el pitiende a no soportar vinculos predetermi- nados. El que manda es tipicamente el “guia” por ejemplo, el profeta, el héroe guerrero, el gran demagogo) y aquellos que le prestan obe- diencia son los “discfpulos”. E] aparato admi- es escogido sobre la base del caris- y de la entrega personal, y no constituye ‘ni una burocracia ni un aparato de servidores. Después de Weber, el interés de los estu- diosos por el p. se ha acentuado cada vez més. Hacia el concepto de p. se ha dirigido en par- : de las principales corrientes que lado vida a la ciencia politica. Esta ri it¢, que ha tenido su mayor represen- ld Lasswell, se contrapuso a las ites teorfas juridicas y filosdficas sra el concepto de estado, y se con- | andlisis de la politica en el estudio como fenémeno empiricamente obser tuna parte, Lasswell vio en el p. el ento caracteristico del aspecto politico | Sociedad, y construyd un elaborado ‘conceptual para el estudio de los Social. de p. en el cuadro de toda Ia vida al. Por otro Jado, utilizando conceptos Ps hee, de origen freudiano, Lasswell 6 las relaciones que existen entre P- 1199) que le parecié funda- erate ia sobre objetos pili - eae términos de Soteree pb 2d Ia sere og? privados reprimidos,y ana- cos de la pers “jada por los aspectos neuréti- Tavide aietsonalidad ena participacion en Come: litiea y sobre sus diferentes formas, cotos Cine atitadoro a de organizador. De tds catidios lasswelianos tomaron el pun- Boecrtida ls posteriores investigaciones ited malidad autoritaria (v. autori- Bintrecs ral ee Na un importante intento cd eatelieos eoria politica general basa- ncepto de p. ha sido Ievado a cabo get lea Parsons. Determinando en la eee vos, la funcién proy iad tsi ance ad el Ambito del fereranansiento cod Seen ‘ iento complejo de la sociedad, Parsons define el p., en el sentido Fee one a cack to de las obligaciones “ lad ee eae Fe dee aeaTc clei. orl cues obligaciones estan legitimadas por su coesen- cialidad con los fines colectivos, y por lo tan- to pueden ser impuestas con sanciones nega- tivas, sea cual fuere el agente social que las aplica”’. En esta perspectiva, el p., aun con- servando su fundamental connotacion rela- cional, se convierte no obstante en una pro- piedad del sistema; se vuelve, precisamente, en el “medio circulante” politico, andlogo a Ia moneda en economia, anclado por una par- teen la institucionalizaci6n y en la legitima- {i6n de la autoridad, y por la otra en la post- bilidad efectiva del recurso a la amenaza y, por lo menos como recurso extremo, al uso de la violencia -Actualmente el pes considerado como una de as variables fundamentales en todos los de ores de estudio dela politica. Ello es vali see ior ejemplo, para cl andlisis de las buro- do Pes y.mas en general, de las organizacio- cracifonde [a estructura jerdrquica més 0 mes ve acentuada y las diversas formas que bila puede asumir pone” naturalmente en pri- ever plano el fendmeno del p.i en el estudio metas relaciones internacionales, donde el PODER 1200 ‘oncep' ., cuando no es considerado eae cone tie interpretativo privilegia- do, aporta de todos modos un criterio de ene lisis del cual no se puede prescindit, y en © estudio de los sistemas politicos nacionales y locales, en donde el estudio del p. desert foca en el de la naturaleza y composicion de ae élites politicas (v. élites, teoria de las) y de las relaciones que median entre las élites y los otros sectores de la poblacidn. En este ‘altimo campo hay s6lo poquisimas investiga- ciones empiricas dirigidas a estudiar la dis- tribucién del p. en el nivel del sistema politi- co nacional. Existen, en cambio, numerosas investigaciones orientadas al estudio de la dis- tribucién del p. en el nivel de la comunidad politica local. Socidlogos y politdlogos, espe- cialmente en Estados Unidos, han elaborado técnicas de investigacion mas o menos com- plejas para especificar donde reside predom nantemente el p., quién manda en esta 0 aque- la ciudad. ¥ a estos estudios debemos refe- rirnos para examinar los principales métodos de investigacion empirica del p. que han sido adoptados hasta el presente. ‘VIL METODOS DE INVESTIGACION EmpiRica. Un. pri- mer método de investigacién usado, sin embargo, sélo como instrumento secundario en las investigaciones més recientes, es el metodo posicional. Este consiste en identifi- car las personas mas importantes en aquellos gue tienen una posicion formal de vértice en Jas jerarquias publicas y privadas mas impor- tantes de la comunidad, El mayor valor de esta técnica es su gran simplicidad: basta ave- riguar quién ocupa formalmente ciertas posi- ae pee establecer quién detenta el mayor a isamente en esta sit licic i- detambien el fundamental defer dal eee do: no es para nada seguro que el p. efecti corresponda a la posici ee Posicion ocupada formal. mente. Junto a las estructuras de p. formal mente reconocidas puede haber, y normal. mentehay, estructuras de p. infornlon ns Suen ra moma de ayor © menor. Por ello el método no eecae ocupantes de los cargos ms diversas organizaciones " Slevado, diversos sectores instituciong Otro método de investigacign » usado preferentemente por Jog US ha el estimativo. Este se funda ese, 040s el juicio de algunos miembrocnclieg dad estudiada que, por las hase nes que desempefian, son consign’ oi nos conocedores dela vida poli st°S bie comunidad misma. En otrae paiat investigador que adopta este mans fia en las “estimaciones” expresadca <<" cierto numero de “jueces” que el af particularmenteconfiables: los podcnn la comunidad son las personas que lo...” ces” consideran como tales. Este método relativamente econémico y de facil aplicas: Ha sido sometido a numerosas y imiltiples criticas, pero la mas importante y mas radi. cal objeta que el método no indaga el pete tivo sino solamente el p. estimado. Este lt. mo puede o no corresponder al p. real y, mien tras se mantiene en el 4mbito de la técnica estimativa, no es posible establecer la medi da de tal correspondencia, Mas bien, éesée el momento en que las estimaciones o perce> ciones sociales del p. son un posible recurso del p., el método puede ser wtilizado parals averiguacion de este recurso, y, en tal cas, Este se endereza no hacia las “estimacionss de un cierto numero de “jueces”, sino hats las de individuos y grupos que participan ms © menos activamente en el proceso éel P Como técnica general hallar Ia distribucioe del p. en la comunidad, el método estima debe en cambio dar lugar a otros instrune? tos més pertinentes que sean caPre investigar el p. de una manera mas 7% La estimativa desciende, asi, al 7a"€0 ica de refuerzoy de integracion. Ene tido se ha mostrado particularment® oe iE a especificar si y en qué medida x80", comunidad fenémenos de p- ct! na relaciones de p. que no son visibles Tay Manera abierta puesto que se delavil® “detras de bastidores” de la escen2 °° publi ee Un tercer método de investi8aeiOn Jogo sido empleado sobre todo por los PO! xs es el decisional. Este se basa et 18° rie: ion o en la reconstruccion de los mientos efectivos que se manifies! tica ¢; aces ulto, €s!° en él PODER proceso decisional pablico, Para determinar Pigles son las Personas importantes algunos Givestigadores se limitan a considerar la par- Heipacién activa en el proceso de decision; pero mas frecuentemente se procede a la Petecificacion de los hombres que prevalecen ‘enel proceso decisional, o bien porque obtie- que sea tomada una decision apreciada bien porque impiden que sca tomada una Gecisiom inapreciada. Se trata, obviamente, de én metodo mucho menos simple y econémi- ti que los precedentes, y por ello puede ser Snpleado solamente para estudiar algunas decisiones 0 algunos sectores decisionales gue el investigador juzga “importantes” o ‘aves. El grandisimo valor de esta técni caesté/en investigar al p. en su efectivo desen- yolvimiento, Sin embargo también se han di gido numerosas criticas al método decisio- tual, dos de las cuales son particularmente incisivas. La primera critica afirma que el estudio de pocos sectores decisionales, por cuanto son considerados “importantes” por él investigador, no se puede reconstruir en modo confiable la distribucién general del p. onla comunidad. Ello es tanto mas cierto si, como sostiene la segunda critica, el proceso decisional piblico es la sede no de todo el p. sino solamente de una parte. Ejerce p., en efecto, quien propugna con éxito una cierta decision, y ejerce p. quien impide que sea tomada una decision propuesta; pero también ejerce p. quien condiciona desde el exterior todo el proceso decisional ¢ impide, por ejem- plo, que ciertas decisiones no sélo no sean tomadas sino que ni siquiera sean propues- tas. En otras palabras, el proceso decisional no tiene lugar en el vacio sino dentro de un determinado contexto organizativo, hecho de instituciones, reglas del juego y valores domi- hantes, que preseleccionan las propuestas dmisibles en el proceso de decision ¢ impri- ‘men una orientacion general a la accién publi- a. Y la delimitacién y la orientacion general I proceso decisional, a su vez, se apoyan en. una Cae de otros centros de p. te », religioso, etc.) que condicionan de ‘modo relativamente estable al gobierno local. ra bien, estos condicionamientos estruc- iatales, que son una parte decisiva del p. en dg gmunidad, escapan por completo al méto- decisional. Estas criticas dan indudable- mente en el blanco y Ilevan a la conclusion 1201 de que el método decisional, aun constituyen- do una técnica indispensable para estudiar el P. que se manifiesta en el proceso de dec no puede hallar por sf solo la distribuc general del poder. Por tanto, si bien su fertilidad relativa es muy diversa, ninguno de los métodos de investigacién hasta ahora adoptados es capaz de especificar de modo suficientemente con- fiable la distribucién conjunta del p. en la comunidad (0, en general, en un sistema poli- tico). Ello parece indicar que, para estudiar empiricamente el p., no es necesario utilizar simplemente cualesquiera de los métodos mencionados sino usar un arco articulado de técnicas de investigacién orientadas al reco- nocimiento no sélo de los dinamismos del pro- ceso decisional sino también de los poderes estructurales que condicionan tales dinamis- mos en mayor o menor medida. BIBLIOGRAFIA: B. 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