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El proceso de medición forma parte de la práctica diaria de todos los profesionales de salud; está

presente por ejemplo, en la evaluación de la capacidad funcional de los adultos mayores, en la detección
de actitudes hacia el beber problema, o en la valoración del dolor subjetivo de un paciente1,2. La
aplicación de cuestionarios o escalas generan mediciones que muchas veces determinan importantes
decisiones pronosticas y terapéuticas; sin embargo, en la mayoría de los casos se desconoce el origen y
capacidad real del instrumento para evaluar la condición bajo estudio.

Medición es simplemente el proceso de asignar valores a ciertos eventos de la realidad3. La dificultad


del proceso radica al menos en dos aspectos: que el valor represente realmente el evento que se quiere
medir, y que el evento sea expresado en toda su complejidad. En medicina, los instrumentos para
determinar la condición biológica de un paciente han experimentado tal desarrollo tecnológico, que han
logrado disminuir la incertidumbre de los resultados de una medición4. No obstante, es la medición de
salud como fenómeno psicosocial que requiere refinar la precisión de sus instrumentos, dado que el
objetivo principal en este campo de la salud es recoger, en forma válida y confiable, la percepción
subjetiva de los pacientes.

Los indicadores son instrumentos de medida que pueden ser usadas para describir y comprender como
funciona la calidad de un sistema o una actividad en concreto, en el área específica de la salud, nos
brindan información relativa a varios aspectos de la salud de la población: indicadores de dinámica
demográfica (esperanza de vida, mortalidad y natalidad, en tanto indicadores de la salud de la
población), estadísticas de morbilidad (Cantidad de personas que enferman en un lugar y un período de
tiempo determinados en relación con el total de la población) e información sobre la población con
cobertura de salud.

Intentan medir u objetivar en forma cuantitativa o cualitativa, sucesos colectivos (especialmente sucesos
biodemográficos) para así, poder respaldar acciones políticas, evaluar logros y metas. La Organización
Mundial de la Salud (OMS) los ha definido como «variables que sirven para medir los cambios”

Parámetros estadísticos de carácter universal que permiten conocer el estado de salud de los individuos
y de las comunidades de manera objetiva, a fin de poder llevar a cabo una planificación y gestión
adecuadas de las políticas y programas de atención sanitaria.
La recogida regular de información relativa a nacimientos, muertes, enfermedades, servicios de salud,
etc. en una determinada población, y su posterior análisis basándose en indicadores específicos,
permite: a) determinar cuáles son los principales problemas sanitarios; b) orientar la formulación de las
políticas sanitarias y la planificación de los programas de salud; c) detectar las primeras evidencias de los
brotes epidémicos para dar una respuesta inmediata; d) supervisar la efectividad y la cobertura de los
programas de atención sanitaria; e) asegurar que los recursos están dirigidos a las áreas con mayores
necesidades; f) indicar la disparidad entre países y entre distintos grupos socioeconómicos y étnicos en
materia de salud; y g) proveer información para la orientación de los esfuerzos científicos de
investigación.

Habitualmente, la recogida de información se realiza a través de las instituciones sanitarias, de los


informes de los agentes comunitarios de salud y los visitadores a las viviendas (vigilancia pasiva), del
acopio de información a través de estudios periódicos de población (censos) y del seguimiento de los
brotes epidémicos. Las autoridades sanitarias de una región o de un país son las responsables de
coordinar la recogida de datos y su recopilación, registro y análisis. En cuanto a los trabajadores de
salud, es importante que la información retorne a ellos después de ser procesada, y que comprendan la
importancia de estos datos para su [Link]ámetros estadísticos de carácter universal que permiten
conocer el estado de salud de los individuos y de las comunidades de manera objetiva, a fin de poder
llevar a cabo una planificación y gestión adecuadas de las políticas y programas de atención sanitaria.

la recogida regular de información relativa a nacimientos, muertes, enfermedades, servicios de salud,


etc. en una determinada población, y su posterior análisis basándose en indicadores específicos,
permite: a) determinar cuáles son los principales problemas sanitarios; b) orientar la formulación de las
políticas sanitarias y la planificación de los programas de salud; c) detectar las primeras evidencias de los
brotes epidémicos para dar una respuesta inmediata; d) supervisar la efectividad y la cobertura de los
programas de atención sanitaria; e) asegurar que los recursos están dirigidos a las áreas con mayores
necesidades; f) indicar la disparidad entre países y entre distintos grupos socioeconómicos y étnicos en
materia de salud; y g) proveer información para la orientación de los esfuerzos científicos de
investigación.

habitualmente, la recogida de información se realiza a través de las instituciones sanitarias, de los


informes de los agentes comunitarios de salud y los visitadores a las viviendas (vigilancia pasiva), del
acopio de información a través de estudios periódicos de población (censos) y del seguimiento de los
brotes epidémicos. las autoridades sanitarias de una región o de un país son las responsables de
coordinar la recogida de datos y su recopilación, registro y análisis. en cuanto a los trabajadores de
salud, es importante que la información retorne a ellos después de ser procesada, y que comprendan la
importancia de estos datos para su trabajo.
En la evaluación de las tendencias sanitarias se suelen utilizar indicadores cuantitativos convencionales,
como la esperanza de vida, la mortalidad y la morbilidad, a pesar de sus importantes limitaciones para
captar la salud en su sentido positivo (ver salud y enfermedad). En los últimos años, se han comenzado a
utilizar indicadores de carácter cualitativo que tienen en cuenta el estado funcional de la población, su
vitalidad y su calidad de vida. Este tipo de indicadores, como la esperanza de vida saludable mencionado
más adelante, han sido utilizados durante años sólo a pequeña escala, ya que problemas de
normalización y de compatibilidad de este tipo de indicadores dificultaban su utilización para la
elaboración de estadísticas a gran escala (OMS, 1998:9).

1) Esperanza de vida al nacer

La esperanza de vida al nacer es el número de años que cabe esperar que viva un recién nacido de
acuerdo con las tasas de mortalidad por edades en el momento de su nacimiento. Se trata de un
indicador básico, que está estrechamente relacionado con las condiciones sanitarias, al tiempo que
refleja también variables demográficas, influencias sociales, económicas y ambientales. Al ser uno de los
indicadores de salud que más se tienen en cuenta en el ámbito del desarrollo social y del crecimiento
económico, constituye uno de los componentes del Índice de desarrollo humano del pnud (Programa de
las Naciones Unidas para el Desarrollo).

Junto con la fecundidad y la migración, es un factor determinante del tamaño de una población, de su
composición por edades, por sexos y por etnias, y de su crecimiento (ver demografía). El indicador más
simple que mide la mortalidad es la tasa bruta o total de mortalidad, que indica el número de muertes
por 1.000 habitantes en una determinada población durante un período determinado de tiempo, por lo
general un año. Resulta útil para medir el efecto de la mortalidad sobre la tasa de crecimiento de la
población, esto es, el aumento de la población de un país en un período determinado, generalmente un
año, expresado como porcentaje de la población al comenzar el período. Pero no es efectivo para
comparar los niveles de mortalidad entre poblaciones con diferentes niveles de fertilidad o que están
muy afectadas por la migración.

Las tasas específicas de mortalidad calculan las defunciones según enfermedad, subgrupos de población
(edad, sexo, etnia, ocupación), etc. La tasa de mortalidad específica por edad expresa el número de
muertes de una edad determinada por cada 1.000 personas de la población de esa misma edad. A partir
de esta tasa, se elaboran las tablas de vida y los indicadores que se derivan de ellas, como la esperanza
de vida al nacer. Éstos proporcionan una información más sofisticada de la mortalidad, que es
ampliamente usada en los modelos de población.
La tasa de mortalidad infantil y la tasa de mortalidad de menores de cinco años son dos de las
principales tasas de mortalidad específica por edad, por lo que son detalladas a continuación:

3) Tasa de mortalidad infantil

Esta tasa indica el número de recién nacidos que mueren durante el primer año de vida por cada mil
nacidos vivos. La mortalidad infantil incluye la mortalidad neonatal, referida a las muertes ocurridas
durante las cuatro primeras semanas de vida, generalmente debidas a causas relacionadas con el parto
y por lo tanto resultantes de cuidados prenatales y obstétricos inadecuados. Las muertes neonatales son
responsables de los dos tercios de las muertes infantiles en los países en vías de desarrollo,
principalmente por la falta de prestaciones médicas.

4) Tasa de mortalidad de niños menores de cinco años

La tasa de mortalidad de niños menores de cinco años (TMM5) o tasa de mortalidad en la niñez se
define como la probabilidad de morir entre el nacimiento y los cinco años de edad, expresada por cada
1.000 nacidos vivos. Desde el punto de vista de UNICEF, este indicador no sólo refleja el nivel y los
cambios del estado de bienestar de la infancia, sino también el grado de progreso económico y
desarrollo humano. La razón es que este indicador mide los resultados finales del proceso de desarrollo,
en vez de factores intermedios tales como el nivel de escolarización, la disponibilidad de calorías per
cápita y el número de médicos por 1.000 habitantes, et

Este término describe la cantidad de enfermedad que experimenta una población. Los dos principales
indicadores de morbilidad son la incidencia y la prevalencia. La incidencia refleja los cambios al medir la
aparición y la velocidad de expansión de una enfermedad en una población. Se mide utilizando la tasa
de incidencia, que se define como el número de casos nuevos de una enfermedad específica,
diagnosticados o notificados en un período definido, dividido entre el número de personas de una
población determinada en la cual surgieron dichos casos. Por lo general se expresa en términos de casos
por 1.000 o por 100.000 habitantes por año. Esta tasa puede ser específica según edad, sexo o cualquier
otra subdivisión de la población.

6) Carga global de morbilidad


Con el objeto de cuantificar la pérdida total de vida saludable a consecuencia de la mortalidad
prematura y la morbilidad por diferentes enfermedades y lesiones,

Las estadísticas de salud son cifras que resumen la información relacionada con la salud. Investigadores
y expertos de agencias y organizaciones de gobierno, privadas y sin fines de lucro recopilan estadísticas
de salud y las utilizan para aprender sobre salud pública y atención médica. Algunos de los tipos de
estadísticas incluyen:

Cuántas personas en el país tienen una enfermedad o cuántas personas la contrajeron en un


determinado período de tiempo

Cuántas personas de cierto grupo tienen una enfermedad. Los grupos pueden basarse en ubicación,
raza, grupo étnico, sexo, edad, profesión, nivel de ingresos o nivel de educación. Esto puede ayudar a
identificar disparidades de la salud

Si un tratamiento es seguro y efectivo

Cuántas personas nacieron y murieron, las que se conocen como estadísticas vitales

Cuántas personas tienen acceso y usan la atención médica

La calidad y eficiencia de nuestro sistema de salud

Costos de atención médica, incluyendo cuánto paga el gobierno, los empleadores y las personas por la
atención médica. Puede incluir cómo la mala salud puede afectar económicamente al país

El impacto de los programas y políticas gubernamentales en la salud

Factores de riesgo para diferentes enfermedades. Por ejemplo, cómo la contaminación del aire puede
aumentar el riesgo de enfermedades pulmonares

Formas de reducir el riesgo de enfermedades, como hacer ejercicio y perder peso para reducir el riesgo
de diabetes tipo 2

Los números en un gráfico o en un cuadro pueden parecer sencillos, pero no siempre es así. Es
importante ser crítico y considerar la fuente. Si es necesario, haga preguntas que le ayuden a
comprender las estadísticas y lo que están mostrando.

SALUD INDIVIDUAL:
El estado de salud que posee cada individuo dependerá en gran medida de los tipos de
comportamientos que efectúe éste. Podemos definir comportamiento como la descripción de la
interacción con las personas y el ambiente. En este caso nos referimos al comportamiento de salud, es
decir, a las acciones o formas de actuar y reaccionar que afectan a la salud personal y comunitaria. El
único responsable y que puede modificar los comportamientos de riesgo (una acción que incrementa la
incidencia de enfermedades y accidentes, amenaza la salud personal y la de otros, y ayuda a destruir el
ambiente) hacia unos comportamientos saludables de bienestar/positivos (una acción que ayuda a
prevenir la enfermedad y accidente, y promueve la salud individual y colectiva y/o mejora la calidad del
ambiente) es el propio individuo y nadie más. Este es el que decide como cuidarse y si desea mantener
una buena salud. La motivación en última instancia es intrínseca, es decir, que se deriva del mismo
individuo. De esta explicación, la salud como responsabilidad individual deriva los siguientes principios:

• Cada uno de nosotros determina en gran manera la calidad de nuestra salud.

• Nadie más puede regular nuestros hábitos personales de vida.

• Buena salud no es unos asuntos de buena suerte o destino, sino de buenos hábitos.

• El comportamiento individual que afecta nuestra salud es el factor más importante para el desarrollo
de enfermedades principales y menores.

La persona tiene derecho a una selección de profesionales de la salud que le brinden acceso suficiente a
la atención en salud apropiada y de alta calidad.

Pero así como nosotros tenemos derecho a una atención médica de calidad también tenemos que
cuidar nuestra salud por medio de las siguientes directrices:

- Responsabilizarse de maximizar los hábitos saludables como el ejercicio, no fumar y consumir una dieta
saludable.

- Involucrarse en decisiones específicas de atención médica.

- Trabajar de manera colaboradora con los médicos en el desarrollo y cumplimiento de los planes de
tratamiento acordados.

- Revelar la información relevante y comunicar con claridad los deseos y las necesidades.

- Utilizar el proceso de queja y apelación interno del plan para orientar las preocupaciones que puedan
aparecer.
- Evitar diseminar la enfermedad deliberadamente.

- Reconocer la realidad de los riesgos y los límites de la medicina y la falibilidad humana del profesional
médico.

- Ser consciente de la obligación del médico de ser razonablemente eficiente y equitativo al suministrar
atención a otros pacientes y la comunidad.

salud/enfermedad en poblaciones en su carácter de proceso social; investiga la producción y


distribución de las enfermedades en la sociedad como procesos de producción y reproducción social;
procura comprender, finalmente, las formas con que la sociedad identifica sus necesidades y problemas
de salud, busca su explicación y se organiza para enfrentarlos 24.

Lo anterior permite afirmar que la salud colectiva es un campo en construcción, con capacidad de
innovación y redimensionamiento del campo de la salud, que puede aportar sus avances a la superación
de la crisis de la salud pública en la región de las Américas.

El diseño y construcción de un instrumento de medición en salud constituye un proceso complejo en el


que confluyen múltiples disciplinas y metodologías, en particular si el propósito es construir escalas de
medida. En su fase inicial el aporte de los métodos cualitativos de investigación es fundamental para
obtener un mayor acercamiento a los atributos del objeto de estudio; es así como entrevistas y grupos
focales con la población objetivo, incrementan el universo de ítems al construir un instrumento de
medición21. Por otra parte, las herramientas estadísticas evidencian la validez y consistencia del
constructo y sus propiedades a través del análisis tanto de los ítems, como de su interacción en el
conjunto del instrumento. Sin embargo, el uso de técnicas cualitativas y estadísticas debe ser apropiado
al tipo de medición que el clínico desea realizar, y a la naturaleza del constructo que desea conocer. Un
instrumento de medición es válido y confiable cuando es pertinente a la cultura que le dio origen, es
amigable y comprensible para quienes lo responden, y demuestra cumplir con los estándares
estadísticos adecuados al tipo de medición, y a los supuestos que fundamentan su construcción.

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