Diario de Saorge
Diario de Saorge
A1 24 09 96 1615
Hizo lo posible por no escribir: Tuvo necesidad de ir al baño; preparó café; se cortó
las uñas; esperó en vano que alguien viniera a su puerta; jugó una partida de solitario, pero
ganó en seguida; se dio cuenta de que no había comprado un buen cuaderno, pero encontró
un block no 3 blanco (30 hojas papel bond 60 g/m2 tamaño 154 x 216 mm) hecho en
Venezuela y no logró convencerse de que para escribir era indispensable usar papel francés;
se hurgó la nariz porque sentía una cierta sequedad molesta. Y yo mirando; sin intervenir;
sin juzgar siquiera. Muchas ideas bullían y hacían bulla en su interior, quería escribir. ¿Qué
pasaba? Era como si una orden misteriosa le prohibiera expresarse por escrito. Y yo
mirando; sin intervenir; sin juzgar.
Puedes escribir, lo mismo que hablar, para expresar tus pensamientos y sentimientos
con respecto a cuestiones prácticas inmediatas, o teóricas y remotas; también para
coordinar tus actos con los actos de los otros; incluso para contar lo que te ha ocurrido y lo
que has hecho desde que tienes memoria; nada se opone a que escribas tus planes,
proyectos, esperanzas, temores; mueve -si crees lograr mover- los afectos de los lectores
hacia lo sublime o hacia lo vil. Pero no te está permitido intentar convertir el gran silencio
en palabra, ni llenar de signos el gran vacío. Miré solamente, no intervine, no juzgué. Ese
intento es sacrílego. Respeta tu palabra. Vístela con elegancia gótica. No la metas en
camisa de once varas. No la manches en actos contra natura. Si eso fuera permitido tendría
cloaca y no ese palmo de distancia con tan gran diferencia de aroma.
B1 410 309
Tiene que haber pasado algo -dijo Iósef- algo así como un accidente, un error, un
pecado, y no me refiero a la culpa. Algo anormal. No puede ser normal que un amigo se
muera. Hasta hoy en día se me atraviesa en la garganta como una espina de pescado; ni lo
trago ni lo escupo y me duele. Yo tenía once años cuando murió. Era mi mejor amigo -digo
mejor como superlativo absoluto porque no tengo con quién compararlo; fue mi primer
amigo y era único. Después nunca he dejado que ninguna amistad crezca en mí por miedo
de que se repita ese escándalo.
Las cosas son como son -dijo ella-, tienes que aceptarlas.
No, dijo él, las cosas son como no son. El orden natural se desvió en algún
momento, el momento inicial del tiempo. Vivimos en un mundo errado. Yo le dije a mi
papá y a mi mamá y a los padres de él: No lo entierren, no se les ocurra enterrarlo porque
tendrán que enterrarme a mí también o me entierro yo mismo. Toda la aldea se conmovió.
Pasaron tres días y nadie osaba enterrarlo. Yo dormía al lado de la urna. Cuatro días.
Comenzó a heder. Cinco días. Hijo, tenemos que enterrarlo. No acepté. Dejé de contar los
días. La barriga le creció, yo le aflojé la correa del pantalón. Hormigas le entraban y salían
por la nariz. Le llenaron la boca de algodones. El hedor era insoportable. Había zamuros en
el samán del patio, algunos caminaban hasta el corredor y Marcelina los espantaba con la
escoba y con gritos. Hijo, tenemos que enterrarlo. No aceptaba. Me voy yo también. Denle
una paliza a ese muchacho para que no sea tan pendejo. Eso es lo malo del hijo único, se
vuelve toñeco y tirano. Falta de carácter también de los padres y de los amigos de los
padres y falta de gobierno. Puede desencadenarse una epidemia y todo por un muchacho
malcriado. Pero la mayoría estaba de mi parte. Que no se vaya a morir el otro también. Yo
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me despertaba a veces de noche y escuchaba ruidos en la urna. Se veía morado a la luz de
las velas. Duérmase hijito. Al fin le reventó la barriga y le salieron grandes gusanos. Está
bien, pues, entiérrenlo, y me acosté boca abajo en un rincón en e cuarto de los peroles
viejos.
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Hace pocos días todo era matices del verde. Ahora han comenzado a salir manchas
onoto, jobo, merey maduro, muérdago muerto. El paisaje parece sufrir un principio de
rubiola sui generis o alguna alergia provocada por esa luz tan transparente y clara del fuerte
sol. Las cosas casi no proyectan sombra, están rodeadas de luz. Quizás el silencio fortifica
la luz. Hace pocos días, cuando llegué, éramos unas diez personas y hablábamos mucho,
conociéndonos en desorden, estábamos en la cocina tomando café. Las voces se cruzaban,
se enredaban, se confundían. De repente callarse todos al mismo tiempo y el enorme
silencio de afuera invadir la cocina. Había estado acechando, celoso de su hegemonía.
Hubo un estremecimiento general. Nadie dijo más nada. Gobierne el señor.
El silencio robustece la tiniebla también. La obscuridad es más intensa cuando no se
oye nada.
A2 C2 510 313
El lenguaje hace violencia a la realidad.
Tratando de describir el paisaje alpino me di cuenta de que no tenía las palabras
adecuadas. Corría el riesgo de desnaturalizarlo, de convertirlo en un paisaje andino, con
desprecio de diferencias fundamentales. Y ya el andino lo había desnaturalizado con
palabras, de colores por ejemplo, más propias del llano. Pero las palabras adecuadas al
paisaje llanero ya eran violencia contra el paisaje llanero mismo: al describirlo lo reducía y
lo estructuraba de acuerdo con una convención aprendida a la cual me había acostumbrado:
lo verdadero es lo que se ha vuelto habitual.
En vez de describir el paisaje alpino mediante señalamiento de semejanzas y
diferencias con el andino en un juego de convenciones y costumbres, me pareció que
siendo todo paisaje descrito un paisaje construido, era mejor construirlo de una vez, sin
llamarse a engaño. Sin embargo, me molestó esa distancia, me molestó que el lenguaje no
pueda desposar lo real. Qué desgracia: un escritor es tanto mejor escritor cuanto más se
desentiende de lo real y más se dedica consciente y voluntariamente a inventar. El que se
cree realista es que usa lo ya inventado y acostumbrado. El científico es el que inventa con
un método pedantemente estricto.
Al aprender la lengua materna ya heredamos un mundo construido de cierta manera
y válido para nuestra comunidad. Al inventar individualmente nunca llegamos muy lejos
porque todo invento nuevo se produce y tiene sentido dentro del mundo ya inventado que
se nos da en la lengua materna. ¿Cómo será el mundo sin idioma? En primer lugar no será
mundo; porque mundo es estructuración previa del ámbito donde se inventan las cosas.
Me cuesta escribir porque quisiera vivir sin lenguaje y no puedo. Estoy condenado
al lenguaje. Me cuesta escribir porque el escribir acentúa mi pertenencia al lenguaje
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haciéndome sentir sus límites. Cuando escribo masco el freno y sangro porque me aparto de
la actitud habitual hacia el mundo y el lenguaje. A mí el escribir me hace consciente de mi
cárcel porque lo tomo en serio. Al hablar me pasaría lo mismo si no fuera por los demás. La
conversación me sitúa en la actitud corriente. Cuando escribo estoy solo. Una cárcel
compartida es menos cárcel.
Hay quienes escriben como si hablaran; a ésos no los oprime la escritura. Trataré de
escribir para ti como si estuviéramos conversando. O me encierro a crear mundillos
verbales, también para ti. El primer jabón de olor que conocí se llamaba PARA TÍ. Ese
recuerdo me deja digredir.
C3 610 1906
Persistente y con variable fuerza el viento sopla, resopla, silba, ulula, grazna, grita
en la garganta del Ruaiá. El Ruaiá le gustaría a M.P.S. "Para mí ríos como el Chama que
baja carajeando los cerros". Sólo que la garganta del Ruaiá no está formada por cerros; la
constituyen dos paredes casi verticales de roca alpina someramente vestida de pinares. En
las márgenes del río una que otra planicie estrecha, breve, intensamente habitada y
cultivada. No llueve, eso hace al viento más impresionante para mí que lo asocio con lluvia;
es como si hubiera nieve sin frío. El edificio del monasterio es tan sólido y firme que me
siento en seguridad; pero me doy cuenta de que no quiero salir a caminar como si tuviera
miedo de lobos, un miedo infantil escondido por ahí en los repliegues de la memoria. Los
lobos de los cuentos, porque otros no he conocido. Voy a salir a desafiarlos.
C4 1636
Salí. Los desafié. No vinieron. Nunca atacan de frente.
Al salir del monasterio, debajo de la voz variable del viento escuché la voz estable
del Ruaiá que subía cuchicheando desde lo profundo de la garganta, devolviéndole al viento
la habladuría aldeana de múltiples murmullos. Al acercarme a la aldea y más al entrar en
ella dejé de oír el viento. Qué extraño. Regresé y lo volví a oír. Entré de nuevo a la aldea y
nada de viento. Me puse a observar el lugar. A pesar de la creciente obscuridad vi y
comprendí: el pueblo se encuentra en un repliegue de la montaña, mientras que el
monasterio fue construido en un saliente de la montaña fuera de la aldea y más alto que ella
pero no muy lejos. La aldea está protegida, el monasterio expuesto.
C5 710
Hay una tempestad eléctrica seca. El viento ulula con variable intensidad. Un
relámpago interminable brilla largamente, disminuye sin llegar a apagarse, se intensifica de
nuevo como si un niño jugara con el reóstato de alguna lámpara celeste; debe haber dioses
niños además del que nació caminando con su maraquita cantando aguinaldo; éste arrastra
cueros por encima y detrás de las montañas; el de Nutrias por encima y detrás de las nubes;
pero nunca en seco que yo recuerde. Además, lo que la gente decía en Barinas era "están
arrastrando cueros en el cielo", nada más. Los latino-americanos que arrastran cueros en
París. Debe imaginarse en Nutrias otro llano allá arriba con llaneros y reses gigantes. Los
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vientos ruidosos de Don Fortunato durante la comida eran muy prolongados con variable
intensidad o una sucesión de vientos encadenados con diferente tamaño y fuerza. Al
invitado: "No lo tome a mal; Don Fortunato le da muestras de confianza e intimidad; lo
acepta; siéntase como de la familia". Aldebarán un toro tuerto, la Osa Mayor un lazo
abierto. Zeus tiene digestión ruidosa. ¿Será que me acepta?
D1 700
Mi primer encuentro con Saorge fue nocturno. Me encontré con que no había calles.
Caminé por escarpados pasadizos de piedra como gargantas o mangas; los más terminaban
en puertas cerradas, me devolví muchas veces; alguno daba paso a otros. Todos irregulares,
asimétricos, de desigual anchura y altura. Cuando había gradas cada una era de diferente
tamaño; en los más obscuros yo tanteaba cada paso antes de asentar el pie. Pasaba por
debajo de habitaciones, sobre mi cabeza lloraba un niño mientras yo caminaba sobre un
techo de piedra desconcertado por súbitas escaleras laterales en ascenso o descenso
curvilíneo. De repente un pozo negro sin pretil. Era fácil resbalar. No me crucé con nadie.
Excepto por el llanto de un niño no oí nada humano. Con pasos y respiros entrecortados
emergí hasta una mínima plazoleta frente a una iglesia cerrada; la plazoleta me pareció
inmensa, por varios lados ascendían o descendían gradas estrechas medio iluminadas por la
luz mestiza del alumbrado público. Escuché ruido como de aguas estancadas removidas por
bestias mudas y decidí quedarme en la vasta plazoletilla hasta el amanecer. El alumbrado
público son faroles distribuidos de manera rigurosamente irregular. No podría ser de otra
manera, pero su irregularidad no coincide con la irregularidad de los pasajes; no hay farol
en sitios de mucho cruce donde tendría que haber. Proyectan una luz mortecina que acentúa
la obscuridad en los lugares obscuros donde masas sólidas de sombra espantan al caminante
como si hubiera faroles de tiniebla. La iglesia está iluminada sólo por un lado con
reflectores situados fuera de mi vista. Desde la plazoleta hacia abajo y hacia arriba y hacia
los lados se medio vislumbran y se medio adivinan techos de lajas sobre techos de lajas,
aleros de lajas bajo aleros de lajas, fachadas que son más bien el trasero de las casas (la
palabra casa es inadecuada) porque ese pueblo se casó con la falda casi vertical de la
montaña y duerme en estrecha cópula con ella. duerme parado; pero tal vez no duerme: los
hay gozones, de quietud forzada. Por cierto, Saorge es como San Jorge dicho por un gago y
el patrón del pueblo es San Jorge; si identificamos el pueblo con su patrón tendríamos una
idea de cómo logra fijarse a la montaña-dragona. ¿O es a la inversa?
E1 710 1430
Ha llovido todo el día sin relámpago, sin trueno, sin viento. El monasterio con su
iglesia descansa sobre un plano horizontal, no como el escarpado pueblo que de no ser por
las estrechas terrazas sería vertical. Sin embargo, al examinarlo de cerca se ve que su plano
es horizontal a fuerza de muros de contención y rellenos, lo cual no le quita méritos, más
bien hace admirar el esfuerzo de los monjes que lo terminaron de construir en 1633 con el
nombre de Nuestra Señora de los Milagros. Vi un retrato de la Señora; tiene una torsión
barroca en el cuerpo, la cabeza un poco inclinada hacia la izquierda y hacia abajo pero con
los ojos alzados hacia el cielo en aire sampacú forzado; sobre su corona, en círculo
incompleto, siete estrellas; en su pecho la cruz de Jerusalem; a sus pies la luna y la
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serpiente que quiere herirla en el calcañar. Se parece un poco a la gran meretriz del
Apocalipsis que fornicó con todos los reyes de la tierra; pero no puede ser, éste es un
monasterio franciscano y Francisco más bien fue mal visto por la gran meretriz debido a su
manía de pobreza. De él dice Dante "la pobreza, viuda de su primer esposo, encontró en
este varón un amante apasionado". Pero Nuestra Señora de los Milagros no es la pobreza
tampoco. Debe ser la gran madre universal, la virgen negra, la virgen blanca, la tierra que
se virginiza después de cada invierno, la naturaleza maternal de este planeta dadora de vida,
la fuerza femenina del universo, el espíritu santo según algunas herejías.
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-Qué decimos ahora, ¿es correcto que Francisco de Asís muriera? ¿Puede ser eso
normal? Si ya incluso es un escándalo que cualquier persona muera, tanto más terrible es la
muerte de un santo. En mi pueblo dicen -y disculpa las palabras vulgares del dolor popular :
"El hombre nace chiquito y crece con gran trabajo, / después llega a grande y se muere, /
miren qué vaina, carajo", el escándalo rompe el metro del tercer verso. Que a Francisco le
apareciera un ángel y le tocara viola para consolarlo en su agonía no quita que murió.
Los hombres extraordinarios son el sabio, el poeta, el santo y el héroe. Su muerte
desanima a los hombres ordinarios, les quita la ilusión de la inmortalidad; si se la quita es
porque la tenían y creo que tal vez la siguen teniendo a pesar de la convicción lógica. El
pueblo venezolano que ha admirado sólo a los caudillos civiles o militares, variantes
degradadas del héroe, dice:
Murió Paéz murió Bolívar
murió el Mariscal Falcón
y no voy a morir yo
que soy un pobre güebón.
A mí mismo me cuesta creer en la muerte a pesar de la convicción lógica, que no es
evidencia.
-Te ruego que me disculpes, perdóname mucho, pero no entiendo tu discurso, no
logro comprender cómo visualizas la normalidad. De no haber habido ese accidente,
pecado, error, caída, ¿cómo serían las cosas?
-Y yo a mi vez te ruego, antes de responder a tu pregunta, que me digas si te parece
bien, correcto, normal morir. ¿Es justo que tú por enfermedad, vejez o accidente pierdas tu
belleza, la vista, los dientes, las ilusiones, los admiradores, la capacidad para crear, para
comprender, para recordar lo bailado, es justo que revientes ruidosamente en la soledad de
la urna y críes gusanos?
Reconozco que me sublevo contra todo eso, pero no veo manera de impedirlo;
tampoco veo cómo ves el estado perdido, ni si lo crees recuperable.
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C6E2 10 1607
Por mi ventana veo la montaña que está del otro lado del Bendolá, afluente del
Ruaiá. Amaneció con su verde falda tiznada de onoto y de tomate. Quién sabe qué habrá
comido. Ha llovido todo el día y no se le lavan las manchas.
Después de caminar por el pueblo y subir la cuesta hasta aquí, es impresionante que
todo el monasterio, con su iglesia incorporada y su patio de enfrente esté en un plano
horizontal. Es el único edificio en esas condiciones. Los monjes de principios del siglo
XVII lograron ese milagro con Nuestra Señora de los Milagros sin duda, pero también,
como he dicho, con muros de contención y rellenos, y como no había dicho, con
excavaciones. El monasterio está enclavado lateralmente en la montaña. No ocurre lo
mismo con el patio trasero que tiene ocho terrazas: la más alta supera el altar mayor de la
iglesia, se asoma uno desde arriba por los vitrales y ve, mirando hacia abajo, allá lejos, el
espacio que está detrás del altar. La más baja obliga a levantar la vista para encontrar el
nivel básico del edificio, allá arriba, sostenido por impresionante muro de piedra. Las ocho
terrazas rectas y paralelas están dedicadas a diferentes cultivos. En la más alta hay
gigantescos aljibes.
Sobre este saliente de la montaña, expuesto a todas las intemperies, cerca de un
pueblo encaramado en un repliegue, encogido y protegido, los franciscanos elevaron este
imponente monasterio claro, racional, sólido, simétrico- a primera vista.
F1 1010
Ayer, día de muchos encuentros. En la mañana, Juancho el lionés, el jardinero, muy
disgustado porque una poetiza americana residente en el monasterio había cosechado ios
tomates. Los tomates se cultivan en la sexta terraza, la que está en el mismo nivel del
monasterio, son enormes. No sé por qué arrancó tantos. Ella es de origen griego y habla
griego moderno además de inglés. Será para hacer algún plato griego.
A las once y media cuando yo salía para el ancianato a buscar el almuerzo, se
presentó un grupo de diez o doce personas, hombres y mujeres que querían hablar conmigo,
con el profesor y escritor venezolano. Los llevé al refectorio con permiso de Francette. Son
profesores en diversos pueblos de la región alpina y algunos conocen mi libro Amor y
Terror de las Palabras. Para complacerlos les hablé de mí y de los Andes. Me hicieron
muchas preguntas y me parecieron muy inteligentes. Yo también les hice preguntas. Los
miércoles no hay clase en Francia.
En la tarde fui a tomar café con Franques y Virginie a diez minutos de marcha
detrás del monasterio. A la entrada de la gran casa campesina estaba Alberto Martini, un
vecino de ellos que se presentó él mismo y estuvo hablando conmigo no menos de una hora
bajo el sol otoñal sobre una montaña y frente a otra. Tengo que contar parte de lo que me
dijo.
Luego fui a conocer la Capilla de la Santa Cruz, a pocos kilómetros de marcha
después de la casa de Franck y Virginie con quienes sí tomé café después de la inesperada
conversación con Bertó (así llaman a los Alberto aquí). Caminé por montañas trabajadas
desde hace siglos con terrazas igualitas a las de los Andes. Qué parentesco tan sorprendente
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entre Alpinos y Andinos. En la capilla, consagrada a almacenar heno, hablé con Manuel,
joven discípulo de François, el viejo campesino que vive frente a la capilla.
F2 1724
Alberto Martini (Bertó) al verme casi me asaltó. "Esa barba, esa barba, yo tuve una
barba así durante diez años; me la afeitaron en el hospital; me hacían punciones
submaxilares y ella estorbaba". Siguió con detalles sobre esa enfermedad y enfermedades
anteriores así como accidentes de cacería, la larga agonía de la madre a quien acompañó
durante muchos años y su triste vida de solterón cargado de cuarenta y nueve sobrinos y
cincuenta y siete sobrinos nietos. Pastor de profesión (profesión honorabilísima en otros
tiempos, envidiaban a la muchacha que se casaba con un pastor -dijo-, ahora ya no) se
dedica desde hace siete años a la apicultura para no dejar sus tierras, ya que sí sus rebaños
por orden médica.
Comprendí que este hombre era un discurso ambulante, incapaz de escucha y de
diálogo, pero un discurso interesante, portador de la experiencia de toda una vida, de todo
un pueblo. Comprendí que yo podía orientar el discurso, como quien maneja una máquina,
y lo dirigí por medio de preguntas estratégicas hacia los temas de mi interés. Aunque fácil
no era. El discurso se derramaba en cualquier momento hacia otras dimensiones de sí
mismo.
La cacería del jabalí. Ésta es la época permitida. Yo mismo vi grupos de hombres
con escopetas internándose en los montes. Dos peligros para un paseante solitario como yo.
Algún cazador podía herirme, sin verme, disparando hasta el sitio donde yo me movía o
movía la vegetación y había también balas perdidas. Por otra parte, un jabalí pudiera
atacarme confundiéndome con un cazador; inexperto, yo podía meterme en su madriguera o
asustar sus crías; además parece que son espontáneamente agresivos y poderosos y grandes,
suelen pesar más de cien kilos y los colmillos pueden rodear un plato sin tocarlo, dijo
Bertó. Él cazó uno de ciento sesenta y dos kilos sin tripas.
Yo no debía preocuparme, pero por exceso de prudencia era mejor entonces no
hacer paseos los miércoles, sábados y domingos, días de cacería del jabalí, ni los lunes, días
de los panaderos para cazar la liebre. Quedan los martes, jueves y viernes. En todo caso, era
bueno no internarse en la espesura, mantenerse en caminos frecuentados, con alguna casa a
la vista.
Esa montaña casi vertical que se ve enfrente con su verde falda de pinos tiznada de
onoto es fácilmente escalable, según Bertó, está llena de caminos, la frecuentan jabalíes y
cazadores. La cresta es límite con Italia. Bertó puso una cruz de diez metros de alto para
recordar la muerte de una pareja de jóvenes que se despeñó por intentar bajar de noche; él
la llevaba de la mano y no la soltó al resbalar, conjetura Bertó. Los italianos escalan la
montaña por su lado y quitan la cruz porque trae mala suerte, dicen ellos. Bertó sube con
algunos sobrinos y la vuelve a poner y ruega a los italianos que la dejen en su sitio; pero
ellos no hacen caso y la vuelven a quitar. Ayer estaba allá, yo la vi.
Bertó es creyente porque el Señor dos veces le ha salvado la vida, pero no espera, ni
exige que los demás también sean creyentes. Bertó es de derecha; por línea materna viene
de realistas que se opusieron a la revolución; pero acepta que haya izquierdistas y hasta
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comunistas. Unos pierden y otros ganan. La vida es corta para gastarla en peleas de
partidos.
Un sobrino lo contradijo en algo sobre jabalíes. Bertó se enfureció: "Cállate la jeta,
insolente, yo era ya jefe de cazadores cuando tú estabas todavía en los cojones de tu padre".
F3 2145
Deslumbrado por las terrazas llegué a la Capilla de la Santa Cruz. Es un edificio
muy alto sin puertas ni ventanas. El dibujo de base es un cuadrado prolongado en un
semicírculo que tiene un lado del cuadrado como diámetro. O un semicírculo cuyo diámetro
es lado de un cuadrado adjunto. Las paredes se continúan por arriba en bóveda.
Por allí cerca se afanaba un joven muy alto, muy delgado, muy rubio, ojos muy
azules, pelo muy amarillo descendiendo en greñas, ropas muy rústicas. Me dirigí a él y me
presenté: mi nombre, mi dirección y que había venido a conocer la famosa Capilla de la
Santa Cruz pero que estaba cerrada, que si él sabía cuándo estaría abierta. Pero si está
abierta, me dijo, venga y se la muestro. Por el lado opuesto al semicírculo no tiene pared
sino una reja. A mitad de cuadrado sí hay pared con puerta cerrada. Abrió la reja y se quedó
un rato allí para decirme su nombre, Manuel, y no sabía de dónde lo habían sacado sus
padres normandos. Allí había carretillas y arados, palos y picos, otros instrumentos de
trabajo agrícola, todos como hace mil años o más: habían sido hechos por herreros. No
dependemos de la civilización industrial, o en grado mínimo, no indispensable ni vital.
Abrió la puerta. Dos niveles; en el más alto, heno en grandes cantidades; entre dos pacas de
heno se entreveía, pegado a la pared, un cuadro; en la penumbra apenas pude distinguir una
cruz en posición oblicua y unos hombres que la estaban levantando o descendiendo. En el
nivel donde estábamos parados había cajones llenos de cebollas, tomates, manzanas,
huevos.
Ha disminuido el culto religioso en estas tierras, dije yo, donde antes se rezaba
ahora se guardan instrumentos y productos agrícolas.
No, dijo Manuel, más bien ha aumentado. Tenía aspecto de Cristo, de hippy, de
malandro, de drogadicto, de loco. Este sitio fue para mí una revelación. Yo vine de
vacaciones a pasear por los Alpes y conocer el antiguo camino de Niza al Piemonte. Llegué
hasta este sitio y comprendí como en un relámpago que mi vida en París era falsa y falso
todo lo que yo pudiera hacer ahí en lo futuro. Comparé a este campesino solitario, Francois,
con los profesores de la Sorbone, con los decanos, con el rector, con la gente notable de la
capital y todos ellos ante él me parecieron marionetas manejadas por dementes, fantoches,
peleles, papagallos. Abandoné alegremente los estudios de derecho y me vine para acá. Le
supliqué a Francois que me aceptara como aprendiz de campesino, como alumno, como
discípulo, como sirviente, como esclavo. El trabajo es duro pero saludable. Encontré
maestro y compañera, tengo un hijo. Llevo cinco años con Francois y me parece que antes
no había vivido; era una sombra, el sueño de una sombra. Ahora siento el espesor y la
intensidad de vivir en lo real y verdadero.
Eso dijo Manuel con mucho más detalle, y yo comenté para mis adentros ¿por qué
será que siempre los bichos raros me cogen confianza rapidito?
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El prosiguió, y ya me tuteaba familiarmente: La religión estaba degradada, esos
rezos mecánicos, esos curas politizados, esas relaciones todas basadas en intereses no
espirituales, la iglesia como lugar de tráfico de influencia y como centro de negociación.
Ahora en cambio, aquí por lo menos, en este sitio milagroso, yo respiro la presencia de
Dios. Dime si no tiene que ser más agradable para Él tener y cuidar en su templo estos
instrumentos y frutos del trabajo. Tienes que conocer a Francois; está ordeñando, no tarda.
No tardó. Hablale duro me dijo Manuel, es un poco sordo. Le hablé duro para
saludarlo y presentarme. Me miró a los ojos con una especie de picardía que me hizo sentir
en casa, entre los míos, sonrió y me dijo:
Entra a tomarte un aguardientico conmigo. De mil amores, dije yo.
Una verdadera casa de campesino. Podía ser en La Pedregosa o en Mucuchíes. Al
entrar conocí a la compañera de Manuel que estaba hirviendo agua para hacer té de menta.
"Este es el aguardientico de nosotros".
Me tocó hablar con Remí, el niño de dos años. Hablé con él largamente en español.
Los niños de dos años hablan todos los idiomas, son anteriores a Babel. Me despedí y
quedé en volver. Sentí que había recibido una gran bendición.
G 1 1110 1 5 5 0
Asco. Me volvió a dar asco. Hace tiempo no me pasaba esto y no tenía por qué
pasarme en esta bella tarde de inicio de otoño, es como si me diera asco ante una mesa
suculentamente servida. No puede ser más bello el paisaje y sin embargo no quiero verlo;
tampoco quiero ver ningún otro paisaje. Me da asco también lo que oigo: ese silencio
ricamente adornado con el murmullo del Bendolá, los chillidos de insectos monótonos y el
cuchicheo de la brisa en las higueras y los olivos del jardín; pero tampoco añoro otros
ruidos, ni música alguna, ni voces.
Con repugnancia retiro mi atención del paisaje y su sonoro silencio; entonces, con
los ojos cerrados, percibo mi propia respiración, los latidos del corazón, el roce de la ropa,
la presión sobre la silla, y me da asco mi cuerpo. El asco se acentúa al imaginar las
funciones del aparato digestivo, el quimo y el quilo, el bolo fecal; del aparato urinario, esos
riñones ahí limpiando la sangre y echando desperdicios en la vejiga; el comercio de los
alvéolos pulmonares; la pálida linfa. Y no es porque me parezca sucio o feo todo eso; no sé,
me da asco.
Retiro mi atención del cuerpo, como quien apresura el paso para dejar atrás pronto
una letrina desaseada, y me encuentro ante mi mundo afectivo, mis apegos emocionales y
querencias, mis sentimientos, los amores incoercibles, aquel anhelo obscuro que nadie ni
nada ha podido apagar, y me da asco, una especie de grima violenta, una fobia como la de
esas personas que no pueden tolerar el roce viscoso y frío de una serpiente. Y no es que
quiera cambiarlos, tener otros afectos, no. Es que en su totalidad y cualquiera que puedan
ser o llegar a ser o haber sido, me dan asco. Tengo que irme. Me voy. Adiós.
Ahora me encuentro con los recuerdos. Mucho me ha ocurrido, mucho he creído
hacer desde que tengo memoria. Esas experiencias me han marcado, io sé, y al mismo
tiempo han permitido que se manifieste algo mío en ocasión de ellas, algo no producido por
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ellas, algo propio e innato; pero me dan asco, y de tal manera, que no las reconozco como
mías, me son extrañas como si las hubiera vivido otro. Mi biografía me resulta
intercambiable con cualquier otra biografía y la rechazo como rechazaría cualquier otra.
Que todas esas tonterías, que todas esas variantes insubstanciales del mismo cuento
insubstancial estén lejos de mi vista. Me da asco la vida que he vivido y cualquier otra vida
que hubiera podido vivir. Me da asco vivir.
Abandono la identidad de la memoria por una urgente y compulsiva necesidad de
limpieza y me encuentro en el mundo de los pensamientos.
H 1 1210 3 3 0
Yo tengo una chacarita donde guardo mi platica que está siempre disponible cuando
yo la necesito. Es de cuero muy flexible con media luna impartible; me conserva lo sonante
al par que lo hace visible. De uno, dos y cinco cuento, con las diez llego a ciento, me
quedan las más pequeñas para pasar algún puente. De francos es la reseña, de bolívares ni
sueñes pues para una chacarita Bolívar se volvió leña. A mal haya Juan Vicente
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Mi celda está en una esquina o rincón del segundo piso. Por dos lados tengo
ventana, hacia el sureste y hacia el suroeste. Por los otros dos lados hay filas de celdas, pero
entre mi celda y cada una de esas dos filas hay una separación del tamaño de una celda. La
única entrada visible del monasterio está en la esquina norte, de modo que mi celda es la
más alejada de la entrada y la más aislada. También es la más alejada de los baños y de las
escaleras. Por arriba está el techo y por debajo el refectorio que está vacío de noche y la
mayor parte del día: ya no se come allí;
los escritores entran de vez en cuando para ver el mural con Nuestra Señora de los
Milagros o mirar por las grandes ventanas: Todas las líneas de fuerza del monasterio
convergen hacia esta celda, la no 7, hacia el mediodía, y yo recibo los primeros rayos del sol
y los últimos. Escribo con la cara hacia Mérida de Venezuela. Mi celda está también en el
lugar más alejado del suelo; ésta es la parte donde hubo que rellenar más para que la planta
del monasterio fuera horizontal. Cuando saco la cabeza por la ventana del suroeste veo el
suelo allá lejos. Cuando salgo al corredor, caminando hacia el sureste llego a una puerta
que está a ras del suelo y corresponde a la tercera terraza contándola de arriba a abajo. Por
cierto, bajé por ese lado hasta la quinta terraza que está cubierta de una troja donde se
enredan los zarcillos de la vid, cuelgan los racimos y el pámpano a la rosa se alia, caminé
hasta el final, donde hay un altar y descubrí en él una virgen caída; la levanté, la enderecé y
la coloqué de tal manera que mirara desde el este. Creo que me lo agradeció. Tal vez por
eso, cuando yo me siento en posición faraónica mirando hacia el norte (del norte viene el
mal) percibo lo que piensan, sienten, dicen y hacen los demás residentes; sólo uno a la vez,
no escojo, y sólo mientras no juzgo; tan pronto como opino internamente sobre su conducta
desaparece, y en todo caso tengo que purificarme con abluciones después de la recepción.
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D 2 1 3 1 0 1206
Saorge tiene forma de luna creciente. La punta de su cuerno izquierdo es el
monasterio. La punta de su cuerno derecho es la escuela, un edificio magnífico no de piedra
sino de concreto armado separado del pueblo tanto como el monasterio pero no en subida.
Podría verse a Saorge como una metáfora de Francia. Construida en la Edad Media con
grandísima dificultad -qué admirables arquitectos y albañiles, qué admirables trabajadores
de la piedra- con una iglesia en el centro y un monasterio desafiando la intemperie en el
extremo izquierdo, edificó en siglos recientes la escuela laica en su extremo derecho. Las
casas más espaciosas y los pasadizos más amplios están en la parte baja, cerca de los
campos cultivados y del río Ruaiá. Ruaiá, onomatopeya del flujo del tiempo. En la parte
más alta, colindando con el cielo, está el cementerio. Las sementeras, abajo; el cementerio,
arriba. Francia siempre ha honrado a sus muertos.
El río que escucho cuando bajo hacia el pueblo y en el pueblo de noche tarde es el
Ruaiá, muy parecido al Chama; pero el que oigo por mi ventana desde la parte trasera del
monasterio es el Bendolá muy parecido al río de La Pedregosa. El Bendolá se vierte en el
Ruaiá como el de La Pedregosa en el Chama. El Ruaiá, el río caudaloso más corto de
Francia.
H2 1 6 2 3
Ha habido una disminución de la religiosidad en estos parajes, le dije a Jean-
Jacques, un gran monasterio sin monjes, dedicado a otros fines. No me parece, respondió,
yo diría más bien que la religiosidad representada por la iglesia y por los monjes se
degradó, perdió su oriente, se dirige a fines profanos y va siendo substituida por una
espiritualidad más alta y auténtica representada por los científicos, los artistas y los
filósofos. Estamos ante la presencia creciente y poderosa de esta espiritualidad nueva y es
justo que escritores y poetas releven a los monjes. Y sin regla. La regla no impidió que
hubiera falsos monjes y, en algunos casos, en mayoría y hasta en totalidad. Damos
confianza al individuo; que elabore su propia regla, que aproveche a su manera la
oportunidad de aislamiento protegido para abrir cauce a su creatividad.
E 4 1652
La decadencia religiosa de este monasterio comenzó en 1794, cuando los monjes
huyeron como conejos, por túneles secretos, ante la llegada de los soldados de la revolución
francesa. En 1824 se lo devolvieron a los franciscanos hasta que en 1903 los sacó la ley
sobre congregaciones. Fue abrigo para colonias vacacionales y, del 40 al 45, cuartel para
soldados italianos y alemanes. El Estado lo compró en 1961; los franciscanos volvieron del
69 al 88 cuando los últimos se retiraron por vejez. Actualmente lo administran los servicios
del Ministerio de la Cultura.
H3 1930
El lugar de la filosofía, de las letras y de las ciencias en nuestro tiempo es la
universidad. La participación de esas disciplinas en la formación de profesionales les da
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derecho a cultivarse a sí mismas y hasta obligación. Además pueden y deben difundirse
hacia el público en general para prestigiarse con su servicio y para atraer talentos de relevo,
pues las cosas humanas perviven por relanzamiento generacional, por golpes eyacúlatenos
reproductivos.
Sin embargo, tiene razón Jean-Jacques: hace falta que haya tiempos y lugares de
aislamiento y recogimiento monacal sin otra ocupación ni preocupación que el trabajo
creador.
No sé si el lugar del arte sea la universidad. Tendría que haber facultades de música,
artes plásticas, artes escénicas, cinematografía, ¿para formar qué profesionales? ¿Puede uno
graduarse de artista y ejercer? A menos que se tratara de profesiones técnicas en esos
campos. Formar profesionales de ese tipo y participar en la formación de otros
profesionales de otras disciplinas daría derecho de residencia a los artistas en la universidad
con igual jerarquía que científicos, letrados y filósofos. ¿Pero qué signos de reconocimiento
para el artista y qué condiciones académicas? Además, suele ocurrir que ciertos artistas no
quieran trabajar en docencia ni llenar requisitos académicos. ¿Quedarían por ahí a la
intemperie compitiendo con da Vinci y con Bach sin adecuado sostén económico?
Algunas universidades han fundado tales facultades y tienden a quitarle el piso a las
escuelas de arte o a absorberlas, asumiendo los problemas que acabo de insinuar.
No sé qué decir con firmeza. Mi sentimiento es que el verdadero filósofo, el
verdadero científico, el verdadero artista no caben dentro de ningún orden; hay algo en
ellos de esencialmente subversivo. La filosofía, las letras, las ciencias han encontrado
acomodo en las universidades por el servicio que prestan a profesiones e intereses de la
sociedad en tanto que administradoras de una herencia y de una disciplina, no en tanto que
incubadoras de genio; éste casi siempre queda mal parado, por lo menos en un principio.
Me parece notar en el mundo occidental moderno una tendencia a prescindir de los
grandes creadores por nacer y a burocratizar la administración de las "actividades
creadoras" sobre la base de una mediocridad subvencionada con centros de decisión
influidos por las ideologías dominantes. Tal vez no pueda ser de otra manera. El creador
verdadero no puede nunca ser querido porque desordena e intranquiliza. Déjenme dormir.
H 4 1 4 1 0 926
Recuerdo una colección de libros llamada "¿De qué vivía él?" O "ella", según fuese
el caso. Era el resultado de investigaciones sobre las finanzas de escritores, poetas y demás
artistas. Baudelaire, por ejemplo, Dostoyevski, Rodin, Leonardo, Miguel Ángel, Platón.
Actualmente viven a sueldo de la universidad y otras institutiones estatales o privadas, de
investigación o docencia. ¿Puede decirse que la universidad es la casa de la filosofía, de la
ciencia y de las letras? Sin duda. Hacer docencia no es un alquiler desagradable que deban
pagar; las cosas humanas se perpetúan en el tartamudear de las generaciones por docencia
aprendizaje.
Más difícil sería decir lo mismo de las artes. La universidad teoriza sobre el arte,
hace historia del arte y estética; pero no pareciera justo, adecuado esperar de ella que
hiciera arte. O acaso tengo una idea romántica del artista como persona excepcional,
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dotada, por nacimiento, de poderes carismáticos que legitiman un comercio secreto y
exclusivo con lo divino y lo demoníaco.
El Estado reconoce como deber suyo apoyar a los artistas. Si bien algunos son como
Stravinski, que trabajaba con horario de jornalero, y puede pagárseles un sueldo tarifando
su producción promedio, otros en cambio son como Beethoven, para poner otro ejemplo
extremo, que trabajaba por grandes ráfagas de inspiración tormentosa, y habría que pagarles
a destajo poniéndole precio a cada producción.
Por otra parte, puede ocurrir y ha ocurrido que la universidad se limite a formar
profesionales -en tal caso necesariamente malos- y predomine en ella internamente la lucha
por el poder burocrático y hasta la función burocrática misma se desvirtúe y se corrompa en
esa lucha. Al llegar a ese punto, el Estado, si no puede corregir tal estado de cosas tendría
que fundar otras instituciones que sí sean casa de la filosofía, de las letras y de las ciencias.
Esto ya ha ocurrido en algunos países. O la empresa privada fundará universidades
verdaderas. Esto también ha ocurrido.
En la historia reciente de la universidad venezolana ha ocurrido lo siguiente: grupos
políticos partidistas lucharon por tomar el poder y lo tomaron en desmedro de los valores
académicos y con degradación escandalosa de todas las funciones universitarias.
Legitimaron esa toma como medio para hacer en la nación una revolución social y
económica. El ideal revolucionario justificaba todos los atropellos porque en un futuro, que
estaba a la vuelta de la esquina, se reconstituiría todo con predominio de la igualdad y la
justicia. Dime, alma mía, si pudiéramos conspirar con Él, ¿no destruiríamos todo este orden
de cosas para reconstruirlo más cerca de los deseos del corazón?
No hubo revolución. Pero los revolucionarios se quedaron con el poder universitario
ya no legitimado, pero vigente de hecho y lo mantienen a sangre y fuego en caóticas
contiendas internas y sórdidas negociaciones, como parásitos de exagerada multiplicación.
I1 1 8 0 2
Los científicos, letrados y filósofos auténticos, no los que fungen o fingen de tales
apoyados por el poder dominante, ¿qué podrían hacer si decidieran no vivir más bajo la
axila apestosa de la universidad, qué podrían hacer sin medios de fortuna para vivir y
ejercer su vocación? Sobre todo considerando que el Estado no parece interesarse por el
trabajo de sus pensadores y científicos, parece no necesitarlos. Hablo de Venezuela. ¿Los
necesita la empresa privada? ¿Podrían ejercer sus disciplinas como profesiones liberales?
Sobre todo considerando que sus investigaciones no pueden estar atadas a la aplicación
concreta e inmediata en la solución de problemas sociales o personales.
Conozco una experiencia hecha en Venezuela como única en el mundo, creo. Un
joven, recién graduado con honores en una universidad europea, regresó a su país.
Entusiasmado por sus estudios, no había pensado cómo haría para ganarse la vida. Había
pasado de la categoría de estudiante a la de desempleado. Averiguó que sólo podía
conseguir trabajo como profesor; pero esa profesión nunca le gustó. Entonces se le ocurrió
la gran idea: trabajar como filósofo según el modelo de las profesiones liberales mejor
reputadas en Venezuela, la de médico, la de abogado y la de ingeniero.
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Prefirió la de médico. Alquiló un local en Caracas, en un gran edificio donde había
un centro comercial, consultorios médicos y odontológicos, bufetes de abogados, oficinas
de ingeniería. Contrató e instruyó a una secretaria. Puso un letrero Perucho de la Mancha,
filósofo, consultas de 5 a 7 p.m. de lunes a viernes. Con ayuda de los familiares y amigos
que le habían dado o prestado dinero para los gastos iniciales de instalación, se hizo una
publicidad discreta en medios distinguidos.
Podía acudir a él toda persona que tuviera "inquietudes filosóficas" y estuviera
dispuesta a pagar la primera consulta.
El modus operandi era así: Se elaboraba una historia filosófica del paciente que
incluía, además de la identificación, datos lo más precisos posible sobre libros leídos,
cursos tomados en el campo filosófico, nivel de educación, actividades desplegadas,
ocupación actual, nivel económico y social, relaciones afectivas pasadas y presentes.
Luego se pasaba a considerar las "inquietudes filosóficas" con riguroso cuidado,
pues podía tratarse de otro tipo de inquietudes, de orden más bien psicológico por ejemplo
y aun psiquiátrico, o tal vez relacionadas con la digestión o la situación laboral o ambas
cosas juntas, o restos de la educación religiosa, o problemas quizá ideológicos como efecto
de adoctrinamiento político, o deseo de ser más "culto" para brillar en sociedad y hacerse
amar, o el impacto de literatos mediocres metidos a intelectuales de periódico.
La tercera operación se bifurcaba. Si ninguna de las inquietudes era filosófica se le
aplicaba un tratamiento para inducirle esas experiencias y enseñarlo a distinguirlas de las
otras. Si tenía de entrada experiencias claramente filosóficas o había seguido con éxito el
tratamiento que acabamos de mencionar, se le ordenaban lecturas adecuadas a su caso
particular y la redacción de textos en respuesta a preguntas elaboradas especialmente para
él por el filósofo.
Al salir de cada entrevista, la secretaria o enfermera filosófica le cobraba una suma
igual a la que cobraba un médico y le vendía los materiales impresos o fotocopiados que el
filósofo hubiera ordenado. Lo anotaba para la próxima cita y le daba un teléfono para casos
de urgencia que ella atendería a cualquier hora. Por eso era, además de secretaria,
enfermera filosófica. Perucho de la Mancha -debo reconocerlo- se distinguió en la
formación de esa muchacha y sentó las bases para una futura escuela de enfermería
filosófica o como se llamara más tarde, cuando se independizara del modelo médico.
El número de entrevistas necesarias para cada fase del tratamiento dependía del caso
particular. La tercera fase regularizaba una actividad que tendría como resultado la salud
filosófica del inquieto.
La experiencia central era la toma de consciencia de la diferencia transcendental.
E5C7
Los movimientos de tierra, las excavaciones, los muros de contención y los rellenos
que se hicieron para que el monasterio quedara en un plano horizontal único facilitaron la
construcción de espacios y túneles secretos. Además, observé que la forma externa de la
edificación no corresponde exactamente a la forma interna; por ejemplo, entre un espacio
interno y otro, donde la disposición de las habitaciones no es simétrica, y en los entrepisos,
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debería haber otros espacios de acuerdo con las medidas exteriores y no los hay; no puedo
creer que haya muros de separación con cuatro metros de espesor. Hay también cuartos
herméticamente cerrados, con puertas condenadas, y áticos obscuros repletos de enigmática
parafernalia, habitados por murciélagos y ratas. Debajo de la sexta terraza, contando de
arriba a abajo, hay dieciocho cámaras ocultas y tapiadas con piedra, discernibles por la
arcada que pareciera al ingenuo no de entrada a la cámara oculta sino sólo de sostén de la
terraza. El piso del altar mayor suena hueco. Entre el techo en arcos visto desde adentro y el
tejado de lajas o más bien el lajado ¿qué hay?
El silencio diurno se enguirlanda de gorjeos, zumba en abejorros, patina sobre
susurros de río; pero el nocturno tiene cara de jabalí onírico, collares de pesadilla y sangra
en quejidos inexplicables herido por enemigos desconocidos, ambiguos y astutos.
D3 2 0 1 5
Si quieres te acompaño para que nos hagamos más amigos, me dijo Karim cuando
yo estaba a punto de explorar el pasaje llamado Travesía de los diablos azules. Encantado.
Subimos la empinada "travesía". Yo dije que pensaba regresar al monasterio por el camino
de Repentia. También por ahí te acompaño. Seguimos subiendo. En una de las curvas se
detuvo y se quedó un rato pensando como si le costara decidirse. Por fin: Mira esto. Quitó
una loza al lado del camino. Asómate. Era un túnel irregular como para andarlo en cuatro
patas. Todo el subsuelo está perforado por pasajes subterráneos desde la Edad Media;
forman una red laberíntica. Desembocan en lugares boscosos fuera del pueblo, por el lado
del río y por arriba, por el lado de la montaña. En el interior hay salas enormes como para
contener tres mil hombres armados. El pueblo estaba fortificado con torres y almenas. Era
casi inexpugnable; pero aun si era tomado, la población podría huir por los túneles, y los
hombres armados sorprender de noche a los ocupantes mediante salidas inesperadas y
mortíferas. El ejército de Napoleón Bonaparte tardó un año en tomar el pueblo, puerta sur
de los Alpes, guardián de la ruta al Piemonte; y eso porque un baquiano les indicó un
camino por arriba. La red de pasadizos subterráneos, en tiempos recientes, ha sido utilizada
en parte para el servicio moderno de aguas blancas y negras; el resto se mantiene cerrado lo
mismo que las grandes salas subterráneas, hazaña de la albañilería medieval. Sin embargo,
se puede entrar clandestinamente, corriendo todos los riesgos.
Karim me acompañó hasta el monasterio. Le mostré el claustro con las ingenuas
pinturas murales que representan escenas de la vida de San Francisco y el pozo del patio
central, pozo que es entrada de subterráneos, más modestos sin duda que los de Saorge,
pero no menos fascinantes y más cercanos a mi cotidianidad y cotinoctidad. No la llevé más
adentro porque está prohibido.
F41710 1 5 5 6
Virginie iba a hacer diligencias en Ventimiglia y Mentón. Ofreció llevarme en su
carro. Acepté porque necesitaba ir a la farmacia y al banco y comprar zapatos de montaña;
en Saorge no hay ni farmacia, ni banco, ni zapatería; además porque así aprovechaba de
conocer mejor esa región. La familia de Virginie está en Saorge desde el año 1080.
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Qué cerca está el Mediterráneo. Así y todo no me gusta venir, prefiero la montaña.
El mar me parece bonito, pero de lejos; de cerca me da una sensación de inseguridad. Una
vez Franques y yo, con los niños, fuimos a Córcega en un velero de un amigo de él. Al
regresar, el amigo, que era dueño, capitán y piloto del velero, se enfermó, se mareó como
un perro, en alta mar. A veces hasta los marinos se marean. Franques tuvo que pilotear,
Franques, hombre de montaña que navegaba por primera vez en su vida. Veinticuatro
horas. Y hubo una tempestad.
Cuando regresamos le pedí a Franques que me contara en detalle esa aventura. Todo
muy angustioso pero hubo dos momentos de terror: Cuando comenzó la tormenta, pero me
alivié al comprobar que las grandes olas no se tragaban el velero, flotaba después de cada
embate. Cuando vi en la madrugada las luces de un barco grande que se movía en
trayectoria de choque con el velero, pero me alivié cuando el capitán, consultado de
urgencia, logró abrir un ojo, mirar y declarar que ese barco grande pasaría mucho antes que
nosotros por el cruce de las trayectorias.
La Galia cisalpina y la Galia transalpina decía Julio César. Sigue siendo una región
cultural por encima y por debajo de las fronteras políticas. El dialecto es medio francés,
medio italiano con variaciones cuantitativas en el vocabulario según las subregiones. No
recuerdo que Julio César haya dicho la Galia alpina. Esta es la Galia alpina. Los hombres
ligados a ella tienen una robustez, una fuerza, una dignidad que no se encuentran en las
poblaciones aluvionales. Lo mismo puede decirse de los costeños o de los llaneros. No me
siento bien en los caminos del mar. Prefiero los caminos de cabra. Para mí el llano abierto y
un caballo. No me saquen del desierto.
J 1 [Link]
En la subida al monasterio. Buenas noches, me dicen que eres venezolano; yo soy
colombiano, me llamo Gabriel. Vagó mucho por muchas ciudades extranjeras. Cuando
llegó a Saorge sintió que había llegado. Compró una ruina en las afueras. La ha estado
restaurando, ya es habitable; pero tiene alquilada una casita en la subida del monasterio;
vive con su esposa y una niña. Habla francés con muchas palabras españolas y español con
muchas palabras francesas. Es muy delgado y muy alto y muy pálido y muy derecho, como
si se hubiera tragado un paraguas. Es de Bogotá. Tengo muchos familiares allá, tal vez
vuelva algún día. Es renegado, se diría, de una de las veinte familias de Cundinamarca que
gobiernan a Colombia.
Ulises se fue de Itaca para participar en una guerra; terminada la guerra se perdió en
el mar; conoció las ciudades y las costumbres de muchos hombres; lo aprisionaron
hechiceras sin poder dominarlo; escapó de las sirenas; luchó contra monstruos divinos, y
durante todo ese tiempo y en todas esas aventuras nunca se olvidó de Itaca donde lo
esperaban su mujer, su hijo y sus fieles servidores. Logró volver.
Abraham se fue de Ur en Caldea, con su mujer atravesó desiertos, selvas, ríos; se
enfrentó a pueblos de dudosa palabra; en Egipto se hizo pasar por hermano de su mujer,
para escapar a la violencia de los que la codiciaban, y durante todo ese tiempo y en todas
esas aventuras nunca se acordó de Ur en Caldea. Pensaba siempre en una tierra que le
habían prometido.
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Barrabás estaba preso cuando juzgaron a un tal Jesús de Nazaret. Era costumbre
soltar a un preso y en esa ocasión era él o Jesús. La multitud presente pidió la libertad de
Barrabás porque querían la muerte de Jesús. Barrabás se fue, erró, vagó. No recordaba
ninguna patria lejana donde alguien lo esperaba. Ninguna tierra le había sido prometida.
Estaba vivo por una coyuntura que no dependió de él. Y en todas partes era extranjero.
J2K1 1 8 1 0 1 0 4 3
Caín debió recorrer el mundo con una gran culpa encima. Pero una marca en la
frente impedía que lo mataran los hombres del sexto día. Parece evidente que hubo dos
creaciones del hombre: la del sexto día con la orden de crecer y multiplicarse y poblar la
tierra. La del octavo día con la orden de nombrar los seres del mundo y pastorearlos. La
soledad y el desarraigo, la extranjería de Caín. Hubieran querido matarlo y no podían, pero
se mantenían a distancia de él, el proscrito, el maldito, el criminal. Mientras tanto la sangre
de Abel clamaba desde la tierra. Reparación, expiación, venganza, compensación,
equilibrio, ¿perdón acaso?
Durante varias noches seguidas he soñado con franciscanos asesinados. Son cinco
en el sueño, cinco de siete. Les ponen una trampa; es un lugar de roca desnuda en la falda
vertical de una montaña con hoyos no profundos intercomunicados por dentro, tan grandes
que permiten estar de pie en ellos y caminar de uno a otro; el suelo es resbaladizo, resulta
fácil caer al abismo. Pero no es por caída que mueren. Los veo con claridad, sus caras me
son ya familiares así como sus rasgos de carácter. Su muerte fue decretada y ejecutada por
el abad y el jefe civil. Les encomendaron una misión en los hoyos de la montaña. Creo que
los monjes sabían lo que se tramaba y aceptaron.
Un monje no debe ligarse a un sitio, no debe encariñarse con un lugar ni con las
cosas que estén allí. El amor por los entes pudiera alejarlo del Ente supremo. Además debe
ser universal, fluido, aplicable en cualquier momento a un objeto distinto, no debe fijarse ni
solidificarse ni arraigarse. Desarraigo monacal voluntario -o tal vez transarraigo, arraigo en
el cielo, árbol invertido, flores y frutos para la tierra desde raíces aéreas.
K2 1 5 1 9
El origen de los monasterios del mundo occidental es conocido históricamente y
comprensible en su justificación. Los esfuerzos que hacemos por orientarnos
espiritualmente, por saber quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos, son débiles
en sí y están además disminuidos, interrumpidos, postergados, desvirtuados por los
intereses de la vida ordinaria. El poder, la plata y el placer succionan como vampiros la
energía del hombre común que se deja atraer, seducir, hipnotizar por ellos. El monasterio
crea condiciones favorables al estudio, la meditación, la búsqueda, el experimento, el
trabajo en colaboración fraternal, porque tres votos lo inician: obedencia, pobreza, castidad.
El tiempo-vida se gasta en peleas de poder, en negocios para enriquecerse, en actividades
eróticas. Los tres votos producen un ahorro inmenso de energía. Luego la regla: un
ordenamiento de la utilización del tiempo, en la distribución del quehacer cotidiano; mil
pequeñas decisiones que no hay que tomar. Autonomía económica mediante el trabajo
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agropecuario y artesanal. Aislamiento del devenir social y político; comunicación con el
exterior sólo para ayudar y, a veces, para pedir ayuda.
Imaginé que durante la meditación y la oración se alcanzaban grandes
comprensiones, revelaciones, visiones. Nunca se me ocurrió que un monasterio era el lugar
más adecuado para atesorar, aumentar y transmitir un conocimiento secreto. No pensé que
los novicios podían ser gradualmente iniciados en cuestiones totalmente distintas de las
imaginadas por el vulgo, mientras se mantenía la más alta respetabilidad ante las instancias
externas de poder: el estado y la iglesia.
Soy tan ingenuo que ni siquiera llegué a pensar en la posibilidad de que el
monasterio sirviera a perfección para la práctica de vicios abominados y prohibidos por la
sociedad. Mucho menos, ni de lejos, ni de lejísimo, sospeché que era el lugar más adecuado
para mantener una religión pagana, clandestinamente, "camouflageada", disimulada,
disfrazada con los símbolos externos de la religión dominante. Cuando oí por primera vez
que la Santa mejicana, la poetiza, organizaba orgías en la parte alta del convento donde era
abadesa, me quedé con la boca abierta, admirando la enormidad de la imaginación malsana
de la gente. Cuando me dijeron que en Monserrate se transmitían los misterios de la magia,
de la alquimia y de la cabala, volteé la cara para disimular una sonrisa de incredulidad y
burla.
Ahora resulta que, en Saorge, varias personas me han dicho que el último maestro
de este monasterio era sacerdote celta y tenía las más altas iniciaciones templarías. Ahora
soy menos ingenuo y creo que esto, aun como hipótesis, me ayudará a comprender ciertas
pinturas murales. También tendría que utilizar otras hipótesis para interpretar otras pinturas.
Son muchas las pinturas, hubo un desenfreno de la figuración, un delirio pictórico.
E6L1 2000
Los escondrijos pequeños son innumerables. Podrían servir para ocultar dinero,
joyas, documentos, armas. Recorriendo de nuevo las terrazas llegué al altar donde enderecé
a una virgencita caída. Esta vez observé que había caído de un pequeño pedestal. La volví a
colocar sobre su pedestal. Es como de catorce años, tiene las palmas de las manos unidas
sobre el pecho y porta una gran corona. Dos palomas vuelan a sus pies. Sobre el altar noté
una masa blancuzca y alargada como de mármol o de yeso o de cerámica pintada, no sé, ya
estaba obscureciendo. De repente, con sorpresa, caí en cuenta de que tenía forma humana;
un cuerpo humano desde la cintura hasta los tobillos. ¿Y eso? Hacia la derecha, sobre el
altar, un enorme crucifijo sin crucificado. ¿Será posible? Sí. En el suelo, debajo del altar vi
los pies. En un tiesto de flores, por el lado izquierdo, el cuerpo de Cristo de la cintura para
arriba, como sembrado en la tierra del tiesto, con florecitas a los lados. Los brazos
extendidos sobre una cruz faltante y la cara retorcida por el dolor, intacta la corona de
espinas. La falta de cruz convertía los brazos extendidos en un ademán de indignación,
mientras la boca parecía proferir airadas maldiciones. ¿Quién por qué cuándo perpetró aquí
ese rito de sacrilegio y con qué infernales blasfemias?
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PX 1 8 1 2 2 3 4 5
El cielo me cuenta tus estados de ánimo
me habla de tu fiera alegría
de tus exaltaciones y esplendores
me deslumhra con las noticias de tu ingenio.
El cielo me cuenta tus estados de ánimo
me dice cuándo sufres cuándo te encierras
en hondos grises cuándo desesperas
en dónde se esconden tus ojos para soñar
cómo y por qué abandonas los brillos y fulgores.
El cielo me cuenta tus estados de ánimo
me hace escuchar los pasos de tu mente
por los matices de la meditación
desde los desconciertos y las quejas
desde las rebeldes protestas la subversión
hasta la paz profunda la quietud
de las suaves comprensiones
la calma la bonanza.
Yo le agradezco al cielo esos mensajes
pero le guardo rencor por no ser tú
deseo que lo quiebre lo haga trizas
lo disperse lo anule lo aniquile
la tempestad de tu presencia.
D4 2 3 3 8
En los poblados vecinos de Saorge había en la Edad Media un señor feudal y
siervos. Pero Saorge nunca tuvo señor, fue siempre villa libre organizada por estamentos y
gobernada por comuna. Los penitentes negros eran nobles, los blancos eran campesinos y
los rojos comerciantes. ¿De qué color serían los albañiles? Esta noche, tarde, pasando frente
a la capilla de los penitentes negros oí cantos de coro. La puerta estaba cerrada. Me quedé
afuera oyendo. Alegres cantos antiguos, tan frescos como acabados de componer. Mañana
me toca inaugurar una biblioteca ahí mismo.
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D 5 1 9 1 0 1027
Desde el monasterio no se ve ninguna separación entre las casas de Saorge. Se ve
una sola casa, compleja y múltiple, una joya minuciosamente labrada, una joya que brilla al
sol de otoño con todos los matices de la piedra alpina. Se diría que no fue hecha para ser
habitada sino para ser mirada, para ser explorada con los ojos penetrando en sus
hendiduras, recovecos, vanos, concavidades, huecos, hiriéndose en sus perfiles, ángulos,
bordes, almenas, ventanales, retirándose a mucha distancia, acercándose de nuevo, girando,
revoloteando, desde el río, desde el cielo, desde la vertiente opuesta, desde la escuela, y
luego otra vez desde el monasterio, con la inquietud, la perplejidad, la revelación de
maravilla que dio a su hijita algún cíclope orfebre, monstruo delicado, artista de la piedra,
en un mundo no humano.
D6 2010 2001
En la capilla de los penitentes negros se ha conservado el altar con una estatua de la
virgen, el pulpito y la mesa de la misa. Pero ahora es una biblioteca. La nave está ocupada
por mesas de lectura y sillas. En la mesa de la misa se llevan las cuentas de los libros, se
tienen los archivos. Lo que inauguramos fue un nuevo servicio de la biblioteca y la
adquisición de una nueva bibliotecaria. Las mesas de lectura estaban cubiertas de platos
típicos de la región. Discurso de los alcaldes, el del pueblo y uno visitante. Discurso mío.
Lectura de un capítulo de Amor y Terror de las Palabras. Permiso para comer, beber y
conversar. Gente muy distinguida los saorgianos y muy culta.
A veces creo que nadie me lee. Tuve la satisfacción de hablar con personas que
habían leído de verdad Amor y Terror de las Palabras en la traducción francesa. Los
comentarios, preguntas y citas de pasajes me llegaron al alma.
El alcalde de Saorge me prometió mostrarme el interior de la capilla de los
penitentes blancos. Me intriga y me fascina esa capilla. Toda de piedra. Enclavada detrás de
la iglesia central del pueblo y más alta que ella. A menudo voy a ver la fachada desde
estrechos pasadizos; está siempre cerrada. Me cautiva la majestad antigua de esa gran
puerta presidida por los símbolos de Santiago. Toda negra y hermosa, siempre cerrada
como escondiendo un secreto mensaje destinado a mí sólito. Se va a decepcionar, me dijo
el alcalde, ahí no hay nada, está cerrada porque no tenemos fondos para restaurarla como
obra de arte y por miedo de que se derrumbe sobre alguien. ¿Después de tantos siglos?
¿Acaso eran profanos los que desbastaron la piedra bruta y trazaron los planos del edificio?
E7 2 1 2 1
El blasón de los franciscanos está dividido en cinco campos. Arriba a mi izquierda:
el brazo izquierdo desnudo de Cristo y el brazo derecho con hábito de Francisco cruzados
con las palmas estigmatizadas, hacia el frente; una cruz sube de entre los dos; nubes abajo.
Arriba y a mi derecha: las cinco heridas de Cristo estilizadas cada una como una raja
horizontal con tres gotas de sangre largas y tiesas hacia abajo, y dispuestas como el cinco
del dominó. Abajo y a mi izquierda: un corazón herido y llameante. Abajo a mi derecha:
una cabeza de serafín decapitado con siete alas; cosa curiosa, normalmente son seis, pero
éste tiene una séptima por el lado del corte. Abajo y en el medio: la cruz de Jerusalem que
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viene siendo una cruz normal con cuatro cruces más, una en cada ángulo de la primera;
indica que los franciscanos asumieron la custodia del santo sepulcro por orden del Papa.
Encima de todo hay una enorme corona y a los lados unas ramas como de café y caña, pero
no puede ser.
Con respecto al monasterio, un experto me dijo: No se quede ahí; vaya y visite
otros; éste es apenas un ejemplo de la arquitectura monástica del período barroco en el
Piemonte y en Liguria. Me acordé de Platón, el crecimiento del amor: pasar de un cuerpo a
muchos cuerpos, de cuerpos a almas, de almas a paisajes, de paisajes a territorios, de
territorios a canciones, de canciones a ideas, de ideas a ideales, de ideales al rayo de
tiniebla que nos deje ciegos para todo lo visible, pensable, imaginable, mensurable, en la
infinitud de la nada divina.
Pero seguí en éste. La pasión por la pintura. Veinticinco frescos en las galerías del
claustro, veinticinco escenas de la vida del santo. Me impresionaron mucho algunas de esas
pinturas ingenuas. El santo le saca los demonios a una endemoniada; ella está sentada en el
suelo y le salen de la boca como perritos alados. Un serafín calvo y desnudo que tiene dos
alas en la cabeza, dos amarradas a los brazos y dos en las caderas, en vuelo inseguro, le
comunica al santo los estigmas de parte a parte; regordete en esa pintura y cachetón, lleva
un mandil triangular con la visera levantada. El santo le dice a un rey musulmán "No quiero
tu dinero sino tu alma". El santo resucita un niño en una mesa de comer bien puesta y
aderezada con manjares. Un ángel le da un concierto a Francisco agonizante y él dice
"Basta, estoy colmado".
La pasión por la gnomónica (arte de hacer relojes de sol) es una extensión de la
pasión por la pintura; pues, apartando el estilo, todo es pintura en un reloj de sol, y hay
once. Tienen inscripciones como "Para mí el sol, para ti el estudio", números y signos del
zodíaco aries-libra, cáncer-capricornio. El que está en el campanario conserva su gnomon o
estilo, una delgada varilla de hierro que marca las horas del día y los meses del año
proyectando una línea de sombra sobre el muro marcado: Uno es babilonio, otro italiano,
otro clásico...
E8 K 3 2110 712
Durante trabajos de restauración se descubrieron pinturas murales en casi todas las
celdas. Están rodeadas de cuadrados, rectángulos u óvalos dibujados. Pocas se ven
completas; al quitar las capas de estuco que las cubrían se cayeron partes importantes. En
una grande rectangular se ve a la virgen coronada que, al abrir los brazos, abre el vestido
desde la cintura hasta los pies, como un gigantesco escote invertido, y mostraría toda su
desnudez si no fuera por un muchachito bastante crecido y bien vestido que la cubre con su
cuerpo desde los pies hasta más arriba del ombligo; la expresión de la cara con los ojos
bajos y el gesto de los brazos con las palmas hacia delante es como si dijera "Eso es lo que
hay debajo de las faldas de una mujer, ¿qué otra cosa se habían imaginado?"
Sólo tres colores: verde, rojo y amarillo. Se ven a menudo emblemas de la muerte
inequívoca: calaveras, fémures y tibias. Retratos de San Francisco y la Virgen. Pero otras
pinturas dan mucho que pensar: el Señor con el trasero grande y redondeado, cuerpos
desnudos, figuras en relación ambigua. Hay que completar con la imaginación los pedazos
faltantes. Se ve un monje inclinado hacia delante y otro detrás de él sacando la parte baja
22
del cuerpo hasta unirla con el otro, en el punto de encuentro la pintura está dañada, pero se
entreve un ángel que trata de separarlos; el monje colocado detrás levanta los ojos y los
brazos al cielo sin apartarse del otro. Figuras que se abrazan y unen las bocas. Una mano
especialmente audaz. Es imposible contener la imaginación.
¿En algún momento un abad libertino autorizó la sodomía y organizó orgías? En un
lugar impenetrable, sin supervisión externa, con gobierno monárquico, cualquier cosa pudo
ocurrir. El novicio hace voto de obediencia. ¿Proyecto yo gratuitamente pensamientos
malsanos o me da pie la realidad ambigua de esos frescos? Y eso que callo lo más
interesante de las pinturas, y de la imaginación.
Me confirmó Jean-Jacques que el último abad, el padre Pol de León Rolland, era un
vergatario. Todo un humanista, me dijo, se ganó el respeto del pueblo, de los intelectuales y
del gobierno.
¿Cómo se oyó en los monasterios europeos del siglo XVII en adelante ese grito
renacencista llamando desde el siglo XIV, clamando, aconsejando con doble voz "cubrid el
gran abismo con placeres" o "cubrid el gran abismo con virtudes"? ¿Se creyó acaso ver el
gran abismo?
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Pero bueno, si insistes en decir que somos ignorantes, corruptibles y mortales por
una catástrofe olvidada y si por primera naturaleza somos inmortales, perfectos y sabios, y
si tú piensas (o deseas) que ese estado inicial es recuperable, yo debo decir que me parece
insoportable. Si yo fuera inmortal, perfecta y sabia, si no tuviera nada que temer, nada que
lograr, nada que buscar, si supiera todo, me fastidiaría enormemente, creo incluso que me
suicidaría.
¿Qué palabras saltan el cerco de tus dientes? Olvidémonos de nosotros mismos por
un momento. Hay alguien de quien se dice que es omnisciente, omnipotente, omnibueno,
según tu manera de ver, él se fastidiaría enormemente, habría tenido toda la eternidad para
fastidiarse, por lo tanto tal vez se habría suicidado. ¿Te atreverías a decir eso, mujer
blasfema?
No lo había pensado, pero ahora que lo dices y me lo preguntas, yo respondo: Sí, y
además tal vez ya se suicidó.
No sabes lo que dices, si eso fuera cierto todo el universo sería el cadáver de Dios
descomponiéndose y nosotros unos gusanitos, fragmentos minúsculos de lo que fue
consciencia plena. Si eso fuera cierto, tendríamos una tarea tremenda ante nosotros, la de
resucitar a Dios.
La tendrás tú, Iósef, porque yo me complazco en este hervidero de helmintos
agonizantes y en lo posible no acepto responsabilidades.
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Los muchos mitos de dios asesinados, sacrificados, despedazamos ¿serán relatos
deformados, textos corruptos de las primeras noticias sobre el suicidio de Dios?
F5 2 2 1 0 2325
Ayer estuve en el liceo de Breil, invitado por los profesores de francés. Ellos habían
hecho a sus alumnos dictados de Amor y Terror de las Palabras y habían sacado para ellos
copias fotostáticas de algunas páginas. Hablaron conmigo largamente, me hicieron muchas
preguntas sobre las ideas y las experiencias referidas en el libro así como sobre la manera
de expresarlas. Fue para mí algo nuevo, sin precedentes. Me extrañó que fuera en una
ciudad alpina de Francia donde por primera vez un grupo de adolescentes me contaran sus
impresiones sobre un libro mío.
Hoy en Niza me invitaron los profesores de español. El interés de los estudiantes se
dirigió más bien hacia Venezuela y Latinoamérica, hacia nuestra situación cultural y
nuestras relaciones con Europa y el resto del mundo. Por el Discurso salvaje. Ante esos
adolescentes interesados en mi obra, reflexioné para mis adentros sobre el extraño e
impredecible destino del trabajo intelectual. No sabe uno para quién trabaja.
C8 D7 F6 2 3 1 0 1823
Esa montaña tan escarpada, casi vertical, que está frente a mi ventana y que se alza
desde el río Bendolá, la escalé hoy. Tuve la experiencia del paraíso terrenal. No hubo
pasado para mí, ni futuro. Los perros de la muerte desaparecieron totalmente de mi vista.
Por un día, paradoja, viví la inmortalidad y la eternidad.
Los caminos han sido hechos y rehechos desde la Edad Media. Son como los
caminos que hay en las montañas de La Pedregosa en Mérida, pero sostenidos con muros
de contención y colocación estratégica de piedras. Sin embargo son peligrosos: hay piedras
pequeñas y redondeadas que ruedan al pisarlas y producen caídas espectaculares con
esguinces, porrazos, fracturas y muertes; hay piedras grandes y lisas que se vuelven
resbalosas por la humedad y los musgos con resultados similares. Como es otoño, se cubren
de una alfombra multicolor, cobre, oro y plata, y tú te sientes príncipe de cuentos de hada
con pies privilegiados. Pero la alfombra es engañosa y traidora: encubre las piedras que
producen el efecto patín y las que producen el efecto tobogán. El camino es la serpiente del
paraíso; si no te engaña, el paraíso es tuyo. Cuida cada pisada y conocerás la gloria.
En un recodo del camino, Theo se metió conmigo entre las breñas, apartamos ramas
espinosas y ya al borde del abismo me dijo ¡Mira! Saorge con el monasterio en un extremo
y la escuela en el otro, brillando bajo el sol, reverberando antiguas canciones apagadas,
desafiando los siglos con esplendores góticos, escondiendo tres mil guerreros fantasmales
en su vientre de piedra.
Irene sirvió una frugal comida sobre la hierba; hablamos todo el tiempo de
Schwedenborg, de su Reino animal y de su Libro del Cielo y del Infierno. Aceptamos sin
porqué la escandalosa belleza del otoño. Por una vez fuimos como los dioses del Edén. Eva,
¿dónde está Adán? ¿Somos hijos suyos o de Satán?
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Saorge, reducida a cuatrocientos habitantes después de tener cuatro mil, está
formado por cuatro grupos diferentes y a veces mutuamente hostiles, pero sin llegar a la
guerra de todos contra todos. La sangre no llega al Ruaiá, ni siquiera al Bendolá. Primero,
los más antiguos habitantes que pueden rastrear sus ancestros hasta la Edad Media.
Segundo, los inmigrantes italianos que se han asentado y arraigado durante dos
generaciones por lo menos. Tercero, los que han comprado propiedades para pasar aquí
parte del año. Cuarto, los jóvenes desempleados que no pueden vivir en las grandes
ciudades con el dinero de la seguridad social o sienten el llamado de la naturaleza.
Irene y Theo son del tercer grupo. Desde hace veinte años pasan aquí la primavera y
el otoño, seis meses. El resto del año en Suiza, patria de Theo, y en Aisacia, patria de Irene.
También hay una pequeña población flotante formada por turistas franceses y
extranjeros que vienen todo el tiempo, pero especialmente en verano, a ver esta maravilla.
La decadencia de Saorge comenzó con el fin de la Segunda Guerra Mundial. En los
bellísimos alrededores hay muchas ruinas de fincas abandonadas y se conservan solas las
terrazas agrícolas, exactamente iguales a las que hicieron los indios en los Andes. Elena y
su hermano Iósef están aquí porque no les gustan las ciudades grandes ni la naturaleza
salvaje, sino la naturaleza abandonada por el hombre después de haber sido humanizada.
Efectivamente, hay un encanto particular en esos campos y montañas donde se encuentran
ruinas de piedra y restos de cultivos; pero ambos, Elena y Iósef, son raros aunque no fuera
sino por el incesto.
Todos los habitantes se conocen exhaustivamente. El grito de un hombre en un
extremo se oye en el otro. Un niño cualquiera es reconocido inmediatamente por todos en la
calle como el hijo de fulano y fulana. La ciudad ideal de los griegos. A mí me saben ya
todos la vida y milagros.
Los ya establecidos por muchas generaciones desprecian a los nuevos o desconfían,
temen perder lo ya logrado con mucho esfuerzo. Olvidan que ellos también fueron
inmigrantes. Todos los hombres son migrantes. En América, los indios, los europeos y los
negros son inmigrantes. Allí no hubo hominización. Pero en Europa también son
inmigrantes; esta cultura fue formada por olas sucesivas de inmigrantes que venían de Asia.
Pero en Asia también todos eran inmigrantes africanos. Y en África, si fue allí donde se
produjo la hominización o la creación edénica, no han dejado de migrar ni un día.
Curioso el destino migratorio de los europeos y los avatares de su expansión.
Fueron al Medio Oriente con el pretexto de las cruzadas y fundaron reinos, pero fueron
totalmente expulsados en cosa de dos siglos y medio; quizás el rechazo de los judíos de
Israel por parte de los árabes no es por judíos sino por europeos. Los árabes también
trataron de apoderarse de Europa y no pudieron. Tablas. Musulmanes balcánicos, turcos
musulmanes en Alemania, árabes musulmanes en Francia a cambio de judíos europeos en
Israel. No hay equilibrio. ¿O sí?
Los europeos se apoderaron de África. Están siendo expulsados, pronto no quedará
ni uno. Los europeos se apoderaron de la India y de gran parte de China. Fueron
expulsados. Se apoderaron de Viet-Nam. Fueron expulsados.
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Se apoderaron de América, Australia y Nueva Zelandia y ahí están. Su campo
auténtico y exitoso de expansión ha sido América, Australia y Nueva Zelandia. Los indios
pujando en vano, nada consiguen, los están convirtiendo en folklore, en espectáculo
turístico, en pasto de antropólogos, o absorbiendo por el mestizaje dominante. Los negros
de América pujando en vano. Sólo les queda abierta la posibilidad de dejar de ser negros,
por aniquilamiento o por mestizaje. Porque culturalmente ya están asimilados a pesar del
candomblé y la santería; las formas de mediumnidad y espiritismo que practican son
europeas, Alan Cardec, León Dénis, Joaquín Trincado. Las iglesias bautistas y
pentecostales como alternativas para el catolicismo. Lo que a la primera se le pasa, la
segunda lo repasa. Si no lo agarra el chingo, lo agarra el sin nariz. ¿Y a dónde van los
europeos cada vez que por guerra o por crisis económica o por epidemias se les ponen las
papas duras en Europa (las papas importadas de América)? A América, de ahí no los sacan,
porque son ellos mismos los que están ahí.
¿Y nosotros los de América, Australia y Nueva Zelandia? Siempre un poco medio
edípicos y medio eléctricos con la madre patria o el padre matrio.
Saorgiano, sé generoso con los inmigrantes franceses; esto no es Algeria ni Viet-
Nam.
E9 B5 9 5 7 1 6 1 5
La puerta del monasterio es obscura de noche. Cuando regreso tarde tengo que
buscar a tientas el hueco de la cerradura y mientras tanto tengo la sensación de hacer algo
obsceno. Una vez Elena quiso prender un yesquero para ayudarme; absurdamente se lo
impedí como si pudiera quemarse las partes íntimas.
Todos los días a las cinco de la mañana veo por mi ventana la estrella del perro,
Sirio, como un hueco de cerradura, luminoso en el negrísimo cielo, pero no tengo llave. O
tal vez sí, pero no sé meterla.
La pregunta de Plotino ¿Por qué el uno se diversifica o se divide o se multiplica?
¿Por qué no se queda uno? es el tema de una investigación filosófica; pero me parece sentir
en ella un reproche, un lamento. Vivimos en la nostalgia secreta del uno; lo que llaman
amor pudiera ser la ilusión momentánea de volver a integrar el uno, dura mientras no se
hace evidente la presencia del otro, del distinto. Por eso el mensaje central de Cristo, antes
de que lo pervirtieran las iglesias, el mensaje único quizás, es: reconoce que hay otro y
acéptalo. No se recupera la unidad, pero se logra una composición que se le aproxima, un
second best, una sobria lucidez entre la resignación y la esperanza.
Hago constar, sin embargo, que veo la nostalgia del uno contrariada por la pasión de
la multiplicidad, de lo diverso, de lo dividido y en guerra. No tienes donde reposar la
cabeza.
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Deja que las palabras jueguen por ahí. Sólo como un juego aceptan el silencio y el
vacío unirse a la palabra. En el sendero del paraíso había huellas de jabalí y marcas de
cazadores. Frágil es mi princesa y vulnerable, pero está a salvo en un sueño. El alcalde de
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Breil me recibió solemnemente. Se vistió de negro. Se puso en la solapa la insignia de la
Legión de Honor. Estuvo en la guerra de Argelia. Mandó a abrir la biblioteca fuera de
horario y puso a trabajar todo el personal para que me explicaran el funcionamiento. Se
sacó fotos conmigo. Me mostró su escritorio, me contó su vida, me acompañó a recorrer las
calles. Todo el mundo lo conoce, aun los niños pequeños. Se ocupa de lo más mínimo, una
alcantarilla dañada, un tiesto de flores quebrado, y de lo más grande; tiene que conseguir
financiamiento para arreglar la fachada de la iglesia que está quebrada por el medio de
arriba a abajo, quebrado también, en lo más alto, el triángulo radiante de los pitagóricos con
su ojo abierto en el medio, también quebrado.
A San Francisco de Asís, ü poverello, le hubiera gustado este monasterio tan
desprovisto de toda comodidad moderna, a pesar de que él no quiso que se fundara una
orden, ni que se construyeran monasterios, ni que se organizaran jerárquicamente sus
seguidores, ni que se dividieran sus "dominios" en provincias. Por eso nos fustiga con su
cordón todos los años por el cuatro de octubre. Sin embargo redactó una regla y ayudó a
fundar las clarisas, la orden de las damas pobres. Escribió el primer poema conocido de la
lengua italiana, en dialecto umbrío, aquel que se llama Cántico di Frate Solé, que dice entre
otras cosas (memoria no me falles): "Alabado seas tú, mi Señor, con todas tus criaturas,
especialmente el hermano sol que hace el día y por quien tú nos alumbras, él es bello y
radiante con gran esplendor; de ti, Altísimo, trae significación". Casi nadie sabe que los
siguientes grandes hombres eran franciscanos, seguidores tardíos e indirectos del pobrecito:
San Buenaventura, Guillermo de Occam (el de la navaja), Duns Escoto (el guía de los más
antiguos filósofos de Venezuela), San Antonio de Padua, Roger Bacon. - Muchos
franciscanos de esta región han ido a Latinoamérica y en particular a Venezuela, y yo que
creía que eso era monopolio de los españoles. Los propios peninsulares dicen que su
producto más grande de exportación es curas y monjas.
A4 F9 2 6 1 0 2 2 3 6
La señora Beloeil me llevó muy gentilmente a conocer las bibliotecas de la región y
en particular a la central de Niza donde ella es directora y desde donde organiza, asesora,
ayuda y gobierna a las otras. Hay un interés muy grande por aumentar y superar el servicio
bibliotecario a la comunidad. Los locales son ultramodernos y la información está
computarizada. Me impresionó la atención dada a los niños, hay secciones especiales para
ellos, con muebles y materiales adecuados. Los primeros contactos del niño con los libros y
la biblioteca son decisivos para su interés posterior. Se procura que sean placenteros, sin
coacción, permisivos. La biblioteca los va siguiendo en su crecimiento con suministros
correspondientes al grado de maduración y los acompaña hasta la edad madura. En vez de
luchar contra las incitaciones que alejan de la lectura, intensifican los encantos de ésta. Esto
sucedió ayer y hoy. Anoche como intermedio entre las visitas a bibliotecas, fui recibido
muy cordialmente en la gran biblioteca de Cannes, donde su director, José Cucurullo, ante
un público de personas muy distinguidas, hizo la mejor presentación hasta ahora de mis
libros Amor y Terror de las Palabras y Discurso salvaje para introducir un debate en el
cual respondí muy interesantes preguntas del público presente. Me sentí comprendido y
útil. Me nació un gran respeto por la gente de Cannes y en particular por José Cucurullo.
Después de la reunión, tuve el honor y el placer de pernoctar en la casa del artista Jean-
Marc Costantino y de su esposa Cristina. Me sentí en familia.
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Está de moda la palabra "mediateca" para designar una biblioteca que, además de
libros, ofrece casetes de música y de video, C.D. Rom, películas, juegos de inteligencia,
microfilm, fotocopias, asesoramiento técnico, investigación desde la casa por Minitel. La
mediateca de Cannes, donde di mi conferencia conversada anoche, tiene otras cuatro
bibliotecas anexas que se comunican mediante computadoras desde diversos puntos de la
ciudad.
Me dieron de comer cuscús y carne de jabalí.
A5 2 7 1 0 822
Durante la visita de las bibliotecas, todo el tiempo me acompañó el recuerdo de un
hombre importante para mí: el bibliotecario de la biblioteca pública de Barquisimeto a
mediados de los años cuarenta. Nunca supe su nombre. Era alto, delgado, entrado en años,
canoso, muy erguido, severo, silencioso. Inspiraba respeto y un cierto temor aunque nunca
amenazaba ni regañaba ni castigaba. Tenía un gran libro donde anotaba a los lectores y los
libros o revistas o periódicos solicitados y, al final, el tiempo empleado para la lectura.
Miraba por encima de los anteojos. Caminaba con grandes pasos lentos para buscar la obra
y llevarla al sitio asignado donde el lector esperaba.
Todos los días después de clase y todo el día cuando no había clase, yo me iba a la
biblioteca a leer. La quietud y el silencio del lugar me permitían oír con claridad las voces
de los libros. A veces se levantaban de las páginas ruidosos vendavales, algarabías, el
estrépito de multitudes vociferantes, el griterío de soldados facinerozos que entraban a saco
en ciudades vencidas. Yo levantaba la vista para ver si el bibliotecario se molestaba con
tanta bulla. Veía su cara en Caronte, Solón, Licurgo y los jueces del Hades, Minos Eaco,
Radamante. Todavía la veo. Ella preside mi idea de lo que es una actividad científica,
filosófica, literaria y tengo que esconderme de ella cuando hago travesuras verbales.
Durante mi conferencia y discusión en la mediateca de Cannes, el recuerdo de ese
hombre fue tan intenso que rompí el orden del discurso para hablar de él y se me aguaron
los ojos. Me gustaría saber quién era, cómo se llamaba, cómo llegó a ese trabajo, cómo
murió y rendirle pleitesía.
D9 1038
La escuela está casi pegada a una colina de piedra que tiene forma de pezón. Es una
colina prohibida. Contiene ruinas de un castillo. El castillo de San Jorge. No ha habido
manera de que yo suba ahí, todas las entradas están cerradas y no he oído ninguna razón
suficiente para explicar la prohibición. Todo en Saorge es símbolo, pero no he podido
descifrar éste.
D10 F 10 1 0 4 0
Hoy hubo cambio de hora. Fui a buscar mi almuerzo al ancianato y resulta que era
demasiado temprano. Una hora más temprano. El ancianato es un enorme edificio de seis
pisos situado entre el pueblo y el monasterio. Allí sirven de comer por precio módico a los
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escritores residentes, pero no en una sala; entregan una vianda o portavianda como la que
usaban en Barinas para llevar de comer a los presos; muy sofisticada porque mantiene la
temperatura como si fuera un termo, pero en esencia es lo mismo y en existencia también es
lo mismo, pero menos bueno porque no cierra bien y no cumple con mantener la
temperatura, además tiende a desarmarse, hay que cargarla en una bolsa plástica. La cocina
está en el tercer piso; encontré una manera de salir por el cuarto y no por la planta baja, de
modo que me ahorro cuatro niveles de subida. Debo explicar que la entrada del monasterio
está por encima, muy por encima del techo del ancianato. El solo hecho de ir a buscar la
comida garantiza una buena dosis de ejercicio físico diario. Estoy adelgazando.
Con motivo del cambio de hora, estuve hablando con uno de los ancianos. Yo lo
había notado y observado. Muy delgado y con las piernas y los brazos muy largos, se
parece al finfin o sinfín de la ciudad de Nutrias. Cuando yo me siento en una silla como la
de él, apoyo los pies en el suelo manteniendo los muslos en contacto con la silla; pero a él
las rodillas le quedan a la altura de la boca del estómago y las manos pueden tocar el suelo
mientras el espinazo se dobla en U cuando pone el periódico en el suelo para leerlo con la
cabeza entre las batatas.
El fue quien me dirigió la palabra. Se irguió en su silla y me dijo: "No fumé, no bebí
aguardiente, no comí en exceso, no me trasnoche, no cometí abusos sexuales, hice
ejercicios físicos calculados para fortificar ei cuerpo y la salud. Resultado: tengo ya quince
años en este ancianato sin sufrir ninguna enfermedad, pero con pérdida total de la memoria
reciente, defecto de la vista y del oído, imposibilidad para concentrarme en nada. No me
valen las vitaminas ni los oligoelementos ni los medicamentos geriátricos porque la edad
avanzada me ha desgastado el cerebro. Me cansé de los libros, de la televisión, de las
películas, de los paseos dirigidos, de mí mismo. Me aburro horriblemente. Pero no puedo
suicidarme y la muerte no me llega rápido, tarda y seguirá tardando según los médicos,
prolongándome una vida sin alicientes; me voy pareciendo al mítico esposo de la Aurora.
Todo por haber vivido sanamente. Pero Usted mírese en este espejo y no sea pendejo:
fume, beba aguardiente, coma en exceso, trasnóchese, cometa abusos sexuales mientras
encuentre con quién, no haga ejercicios, no cuide su salud. La muerte es atenta y dulce con
los que desprecian la salud, cruel con los que se quieren saludables".
El discurso me pareció extraño pero coherente y ya iba a responderle cuando me di
cuenta de que no me hablaba a mí ni a nadie. De repente me miró y dijo "¿Quién es Ud.?
¿Qué hace aquí?" Pero yo ya me había parado y caminaba hacia la cocina para buscar mi
vianda.
I 2 1443
El paso de luna ha coincidido con un cambio en el tiempo. Ahora no brilla el sol,
pero tampoco llueve, ni sopla el viento, ni relampaguea, ni truena, ni hay tempestad. Sólo
hay bruma. Las montañas lejanas desaparecen, de las cercanas apenas queda el perfil a
veces incompleto, la de enfrente se pone borrosa y por partes se borra. Un friíto soportable
y el silencio espeso palpitando sin cesar en algún insecto invisible y lejano. Tiempo
propicio para recordar lo que Perucho de la Mancha proponía a sus inquietos pacientes
como fundamental en la filosofía: hacerse consciente de la diferencia transcendental. ¿Qué
es la diferencia transcendental? le pregunté en diferentes ocasiones. Nunca me respondió
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directamente. Hablaba primero de otras diferencias. La que existe por ejemplo entre
cualquier cosa y la ciencia que se ocupa de ella. No es lo mismo la vida que la biología. No
es lo mismo la psiquis que la psicología. No es lo mismo la tierra que la geología. No es lo
mismo los astros que la astronomía. Se extendía en la descripción de esas diferencias y no
salía de ellas si yo no insistía. Entonces daba un segundo paso, pero sólo para hablar de otra
diferencia que no era la transcendental pero parecía como si le hiciera falta aclararla antes
de llegar al grano.
Esa diferencia previa, o de previa consideración, era la diferencia entre sujeto y
objeto. Se demoraba en la explicación, multiplicaba los ejemplos. La primera vez me
disgusté, me pareció que me consideraba tan estúpido como para confundir mi propia
persona con las cosas de mi conocimiento y así se lo dije. No, me respondió, pero podrías
confundir tu propia persona contigo mismo como sujeto. Tu propia persona es un objeto.
Me sentí abiertamento ofendido y así se lo dije. No se inmutó. Tú puedes estudiar tu propia
persona, ponerla ante ti y observarla. Puedes dar cuenta de tu cuerpo, de tus sentimientos,
de tus ideas, de tus costumbres e inclinaciones. Tu propia persona puede convertirse en
objeto para ti mismo. Tuve que admitirlo.
Se entusiasmó: Todo lo que puedes poner ante ti se convierte en objeto por ese
mismo hecho. Objeto es todo lo que pones frente a ti o se presenta frente a ti.
Entonces todo es objeto, dije yo.
Piensa antes de hablar, estúpido. Me dejé insultar porque me sentí realmente
estúpido. No me puedo poner a mí mismo frente a mí; si lo intento me divido, por una
parte, en una imagen de mí mismo construida artificialmente, y por otra parte quedo yo
mismo siempre sujeto inobjetivable.
Eso es la diferencia transcendental, gritó, la que hay entre tú y el resultado de
cualquier intento de objetivarte.
En otras ocasiones le volví a preguntar sobre la diferencia transcendental para
alborotarle la lengua, creo que no he llegado a dar la debida importancia, a calibrar la
transcendencia de esa diferencia, no la he vivido, sólo la he medio comprendido.
Por cierto que ya Perucho de la Mancha no se ocupa de los inquietos. Un día llegó
un director de un ministerio. Quiero que lea este trabajo y me corrija los errores de
ortografía, de redacción, de lógica, de estilo y me haga, si lo juzga útil, sugerencias en
cuanto al fondo del proyecto. Aceptó. El director de ministerio le pagó una suma
respetable, quedó muy contento con el trabajo, volvió con otro y lo recomendó a sus
colegas. Enorme clientela. Ahora Perucho da empleo a varios filósofos, alquiló un gran
espacio en el edificio y atiende sin embargo a algunos inquietos millonarios los viernes por
la tarde. Es muy cariñoso conmigo, me invita a cenar en restaurantes de primera y
hablamos de la diferencia transcendental.
F 11 2710 1 8 5 8
La luz de la luna no logra atravesar la bruma, pero se difunde en ella y le da un
pequeño resplandor que basta para poder distinguir los bordes del camino. En la cocina, a la
hora del café, que es cualquier hora escogida para tomar café, he coincidido varias veces
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con Iósef que se enreda en largas conversaciones con una escritora francesa que ha residido
aquí durante cierto tiempo. No he intervenido en las conversaciones pero las recuerdo. Ella
es una dama muy elegante, delgada y rubia, distinguida y delicada en sus modales, discreta,
manos finas, toda de negro hasta los pies vestida. He leído tres de sus libros. Leí primero
uno calificado de erótico. No me pareció erótico en absoluto, ni mucho menos
pornográfico. Es tal su arte que aun en los pasajes más obscenos logra superar lo carnal y
elevarse a sutiles niveles de vivencia. Por ejemplo, ella cuenta cómo logró producir en su
amante un orgasmo anal durante el acto, introduciendo por ese vaso el dedo medio de la
mano derecha y profundizando en espiral hasta sentir los espasmos; el amante debe
descubrir su lado femenino; pero luego revela que el amante tenía culebrilla en fase muy
avanzada (enfermedad llamada zona en francés por producirse en la cintura) y declara que
en alguna parte del amante, tal vez en la nuca o entre los dos omoplatos, hay un hombre.
Sentir una emoción erótica en esas condiciones es como sentirla presenciando la
extirpación quirúrgica de un cáncer vaginal. Habría que ser tan perverso como un autor de
teatro tipo Shakespeare.
A6 2 9 1 0 1710
Niza. Me invitaron los filósofos. Reunión en el Departamento de Filosofía. Me
presentó un físico teórico y epistemólogo amigo, Jean-Marc. Su libro El ejercicio del
pensamiento y la práctica de la ciencia, aparece esta semana en Gallimard. Niza.
Trescientos mil habitantes. Universidad de treinta mil alumnos con veinticinco años de
edad, no los alumnos sino la universidad. Entre Italia y Francia. Ha pertenecido
sucesivamente a ambos países o al Piemonte o a Saboya. Entre el mar y la montaña. Se
puede vivir en los Alpes al lado de la nieve y bajarse a mediodía para bañarse en el mar. Ha
tenido momentos de pertenencia débil. Los rusos trataron de adquirirla junto con toda la
Costa de Azur para tener pie sobre el Mediterráneo. Los rusos la aman; los zaristas primero,
incluyendo al zar mismo; construyeron allí una de las más bellas iglesias ortodoxas; los
comunistas después; los jerarcas rojas no se conformaban con Crimea; y ahora los capitanes
de la mafia moscovita y los nuevos ricos del nuevo régimen. Le gustó a Nietzsche, a
Chagall, a Matisse.
-Mira, Jean-Marc, no tengo dificultad para comprender los dialectos que he oído o
leído por aquí; son como variantes del latín. Es más, cuando hablo español, mi lengua
materna, tengo la impresión también de hablar latín en una fase actual de su cambio
histórico.
-¿Quieres decir que cuando hablas francés o italiano, tienes la impresión también de
hablar latín en otra fase actual de su cambio histórico, como si el latín se hubiera
ramificado en dialectos y las lenguas romances fueran esos dialectos?
-Sí, exactamente. Veo además que la importancia de esos dialectos, lo que hace que
se les llame lenguas, viene de la literatura producida en ellos y del consecuente poder de los
países que los hablan. Por eso pienso que la mejor manera de cuidarlos es mediante el
estudio del latín. Conociendo el latín clásico y su historia posterior se puede, desde arriba,
desde el pasado, llegar verticalmente a todos los idiomas o dialectos en que se ha
ramificado.
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-Claro que sí, José Manuel, y lo mismo podría decirse del germano antiguo como
clave para el inglés, el alemán, el sueco, el noruego y demás lenguas germánicas.
-Y del eslavo antiguo, ¿no Jean-Marc? para el ruso, el polaco, el búlgaro, el checo,
el ucraniano, y demás lenguas eslavas.
-Pero esas tres lenguas madres, a su vez, pueden entenderse como variantes o
dialectos del indoeuropeo, reconstruido o construido por los lingüistas alemanes, de tal
manera que remontándose a él se puede descender a todas esas lenguas lo mismo que al
griego antiguo, al persa clásico, al sánscrito, que también son indoeuropeos, y a todas sus
ramificaciones actuales.
Estábamos comiendo al aire libre en un restaurante situado en el mercado de las
flores, cours Saleya. En torno a nosotros había también, sentados o paseándose, gente de
todos los países de Europa. Jean-Marc sirvió más vino.
-Casi estás diciendo que si los europeos aprendiéramos todos el indoeuropeo de los
lingüistas podríamos descender a casi todas las lenguas de Europa y comprenderlas. Así,
resolveríamos científicamente los problemas del multilingüismo. Podríamos imponer el
indoeuropeo como lengua común de Europa, como nuestra lengua oficial de Comunidad
europea. Quedarían por
fuera sólo el vasco, el húngaro, el finlandés y algún otro que no recuerdo ahora;
pero sus hablantes entrarían en el juego fácilmente porque su condición de minoría los ha
ya obligado a ser bilingües.
-Bueno, no estaba insinuando eso conscientemente, pero ahora que lo dices, la idea
me parece fascinante. Sin embargo, no sólo habría que aprender indoeuropeo, sino todos los
cambios fonéticos y estructurales sobre la base de leyes conocidas y acontecimientos
conjeturados. Toda la población de Europa tendría que tener profundos conocimientos de
lingüística para descender hasta cada lengua particular y entenderla. Más bien sería cosa de
ascender desde la propia hasta la abuela sin bajarse después.
Estábamos terminando el plato de resistencia, como llaman los franceses el plato
principal, cuando quizás simultáneamente comenzamos a avizorar otro camino.
-Para las lenguas romances, José Manuel, pienso lo siguiente: en vez de aprender
latín, pero sin descartar esa posibilidad, yo soy tan amante del latín como tú, en vez de
aprender latín, se podría inventar un estudio que consistiera en aprender a entender la
lengua hermana, mediante el reconocimiento científico de las diferencias, cosa que se
puede lograr rápidamente, sin intentar hablarla hasta una segunda etapa un poco más
complicada porque al hablar otra lengua, aunque sea muy cercana, hay que cambiar hábitos
fonéticos y mentales muy profundamente arraigados.
-Si a eso vamos, se podría prescindir de la segunda etapa. Cada uno habla su lengua
y el otro la entiende. Bastaría hablar solamente una lengua cualquiera de las tres familias
lingüísticas dominantes en Europa y así el estudio se reduciría a menudo a una. Los
conocimientos científicos de la lingüística no tendrían que ser muy profundos para
reconocer la lengua hermana de la hablada. Hasta un recetario bastaría.
Ya íbamos por el postre. Pedí café. El mesonero me preguntó si lo quería noisette;
yo no entendí. Ni Jean-Marc, que es nacido y criado aquí.
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C9 3010 555
Terminado el paso de luna, ha regresado el buen tiempo. De día sol fuerte. De noche
claro de luna y ese cielo tan furiosamente negro con pequeños hoyos de luz intensa,
inexorable. La armadura de Héctor era negra con tachuelas de plata y Hornero dice que él
cuando quebró las puertas de los griegos: irrumpió, semejante a la noche. Las noches de
Troya debieron ser como ésta. Frente a mí de nuevo, por un lado la estrella del perro,
estrella doble; por el este, Venus trono dorado, Afrodita calipigia. Pronto va a amanecer y
el este, debajo de Afrodita poiquilótrona, se incendiará de múltiple esplendor. Elogia Safo
el asiento y las asentaderas de la diosa. Por el norte, las estrellas que no se bañan en el mar
de los griegos, la gran osa de siete bueyes, y la polar que me hace pensar en siete amigos y
en sartenes. A los buenos guerreros Afrodita les prometía el beso cataglotismático, garganta
profunda. ¿No he combatido yo bien mis combates? Neptalí me llamaron.
Inmortal Afrodita calipigia hija de Zeus tejedora de engaños voluble diosa tornátil
ojo te suplico no me doblegues con dolores no me amanses con sufrimientos el corazón
déjame arder erguido déjame salvaje la pasión déjame consumir la carne en llama viva
sobre tu altar deja sólo ceniza y dispérsala ceniza para el color de tus alondras feliz ceniza
de mortal.
C10 B6
Si hay algo, hay Dios.
El árbol emblemático del otoño en esta región es el sumac. Crece entre los pinares,
pero también en las praderas y en las faldas casi desnudas de algunas montañas. Es el
primero que se ruboriza con los cuentos del otoño y el que alcanza matices más intensos del
rojo y los mantiene. La gente mete sus hojas en los libros o las pone de adorno sobre las
mesas. Se desnudará sin duda, pero no ha comenzado a desvertirse.
En Venezuela el almendrón disfruta de una otoñización permanente. Siempre le
están naciendo nuevas hojas verdes mientras las viejas se tiñen en forma desigual con todos
los colores del otoño y luego caen para esterarle el suelo a la princesa que en cualquier
momento llega. También allá las recoge la gente para meterlas en libros y ponerlas de
adorno sobre las mesas. El almendrón resume entre nosotros tres estaciones y las vuelve
simultáneas pues a la cuarta no llega nunca; no le gusta desnudarse completo, es muy
púdico y muy friolento.
Ante el lujo y la pompa de este día soleado, resulta difícil pensar en el gran abismo.
Diversos, múltiples y polícromos, los seres comunican una sensación de tranquilidad y
firmeza, de ti me van mil cosas refiriendo, y no quedan balbuciendo nada. Nos anuncian
que se perderán en la llanura helada del invierno, dan testimonio de la muerte, es cierto,
pero con renuencia y bajo protesta. Afirman más que nunca las fuerzas de la vida. Al borde
del adiós prometen renacer.
¿Por qué hay algo, en vez de pura nada? preguntaba Leibniz. La existencia de
cualquier cosa, de cualquier pensamiento da testimonio de una fuerza capaz de oponerse a
la nada. Si a esa fuerza la llamamos Dios, resulta poderoso el argumento más pequeño
jamás formulado para probar la existencia de Dios: si hay algo, hay Dios. La formulación
es de Leibniz y vale, aun para un dios transitorio: Todo esto, pensando que la nada no
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necesita hacer ningún esfuerzo, es nada; mientras que los seres corren peligro de dejar de
ser; como si se mantuvieran siempre en equilibrio inestable al borde de la nada, como los
que agitan los brazos al borde de un precipicio para no caer. ¿Corre la nada peligro de ser?
Dios está siempre cayendo hacia la nada y siempre levantándose. Somos parte de
Dios. El temor es que seamos como las hojas de los árboles, caemos con la caída de Dios y
otros hombres nacen, otros, distintos de nosotros; el temor es que dejemos de ser aunque
nazcan otros como nosotros, pero no nosotros. Señor Dios: concédeme renacer como yo
mismo y que me acuerde. También quiero acordarme de las ocasiones anteriores en que fui
hoja de Dios, si es que lo fui.
Le critican a Goethe haber dicho: Gris es toda ciencia; verde, empero, el árbol
dorado de la vida. ¿Es verde o dorado? le preguntan con sorna. Los que así maltratan a
Goethe no conocen el almendrón, árbol dorado y verde a un tiempo. ¿Pero, puede una hoja
de almendrón arrastrada por el viento, deshecha en humus, volver a nacer verde y
acordarse? A menos que cada hoja tenga un alma inmortal que encarna en las nuevas hojas.
Señor, si tú te acuerdas de ti mismo en ese deslizarse hacia la nada y resurgir de
ella, permite que en mí también, parte tuya, respire la memoria.
La memoria de Dios es, quizás lo que lo hace inmortal. Más memorioso es el
almendrón que el sumac. El sumac olvida en invierno y vuelve a recordar en primavera. El
almendrón recuerda todo el tiempo. Entre tus abrevituaturas y miniaturas, Señor, prefiero al
almendrón. Quiero esterar el suelo para que me huelle la princesa calipigia y me revuelva
las mil minuciosas memorias de su paso.
I3 C11 340
Dos visitantes tengo diariamente. Cuando abro la ventana del este para ver el lucero
de la mañana no ha llegado todavía el primero; pero cuando sale el sol se aparece. Es una
lagartija pequeña; se queda mirándome un rato largo, cuello palpitante. Cómo sube desde el
suelo hasta el segundo piso, cómo pasa a la parte superior de la pizarra lisa que sirve de
apoyacodo. Yo espero que se despida antes de poner ahí el cuaderno donde anoto los
mensajes del día y recupero los nombres de las cosas del mundo. A veces viene con un
pequeñín. ¿Hijo? Sin duda me trae un mensaje, pero no sé descifrarlo. Cabeza, tronco,
cinco extremidades. Culebra con patas. En mi infancia veía lagartijas paseándose por la
pared y en particular una llamada largarrabo porque dejaba tras de sí la serpenteante cola
cuando huía, como para distraer al enemigo. Dicen que le vuelve a crecer. Vi en la India
muchas lagartijas en las casas viejas y en las ruinas. Iguana pequeña. Mínimo dinosaurio, al
cual ya no le cuadra la raíz diño que quiere decir terrible. Jeroglífico de una escritura
misteriosa. La escritura del mundo. El mundo, un texto jeroglífico. Champolión descifró la
escritura egipcia con la ayuda invalorable de la piedra de rosseta bilingüe. Hrosni descifró
la lengua hitita a partir de una sola palabra conocida. Los físicos, los biólogos, los
químicos, los matemáticos y, entre ellos, detrás de ellos, sobre ellos, después de ellos, antes
que ellos, los filósofos, tratando de descifrar esa escritura. Destino singular el del hombre,
enfrentado con una inteligencia limitada a ilimitados enigmas. Reducido a hipótesis,
teorías, opiniones. Me parece que si yo lograra entender una lagartija, esta lagartija, habría
entendido todas las cosas. Pero pareciera que nos toca avanzar indefinidamente como quien
va despertando hacia nuevas comprensiones que resultan ilusorias y dan lugar a otras que se
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rompen para ampliarse y aparecer insuficientes al pasar el tiempo. Ante esta lagartija que
me visita y ocupa el lugar donde pongo mi cuaderno para nombrar las cosas del mundo,
siento una perplejidad respetuosa, el anuncio de alguna explosión dentro de mí.
El otro visitante, asiduo visitante, es un abejorro o moscardón. Cuando cerca del
mediodía abro la ventana del sur para airear la habitación, entra en tromba zumbando
escandalosamente, se detiene en el aire zumbando, se lanza en cualquier dirección
zumbando; descansa un rato en la pared y luego recomienza sus alocados vuelos de
impredecible trayectoria. No me deja escribir, es como si me criticara y quisiera obligarme
a abandonar una actividad en su opinión inútil. Yo me defiendo: ¿Y para qué sirve ese
ruidoso vuelo tuyo? Yo escribo así como tú vuelas y zumbas. Además yo no brinco sobre la
gente para obligarlos a oírme. Me lee quien quiere. Se reconcilia conmigo, se va y me deja
trabajar. Pero al día siguiente vuelve. A veces me dedico a observarlo; tengo que ubicarme
en un rincón, con el occipital contra el ángulo de la pared, porque se desplaza tan rápido
que no puedo verlo y tiende a situarse detrás de mí. Hoy me pareció que no es un crítico
sino un mensajero, pero no logro descifrar el mensaje, no alcanzo ni siquiera a recibirlo.
¿Me dice algo sobre mí, sobre mi vida, sobre mi trabajo, para ayudarme a salir del paso?
¿me da información sobre el universo todo y su sentido? Si él puede portar esos mensajes,
yo también debería portarlos. Si escuchara mis voces interiores tal vez distinguiera entre la
algarabía babélica alguna voz divina, así como jugando al escondite en Sabaneta de
Barinas, entre los matorrales distinguía una mano, una trenza o un ojo y gritaba: Ya te vi,
Manuela, ya te vi.
Comprendo. El significado de esos dos visitantes no me puede ser entregado por mi
consciencia ordinaria que sabe sacar cuentas, calcular medios para fines, acompañar a las
ciencias positivas como única forma legítima de conocimiento, juzgar de acuerdo con
patrones, medir riesgos y ventajas, contabilizar placeres y dolores con intención de
ganancia. No. Mi consciencia tendría que ampliarse, alterarse, romperse y convertirse en
otra.
Tal vez la mirada sola de la lagartija, sin pensamientos. Tal vez el zumbar del
moscardón, sin juicios. Tal vez: ¡Ya te vi, Manuela ya te vi!
A7 1111 8 5 6
Cuando iba en el tren hacia Niza para encontrarme con los filósofos de la
universidad, me llamó la atención un hombre que me resultaba extraño por lo familiar.
Todos eran extraños, pero él irradiaba un algo de conocido. Francés sin duda, lo oí dar
explicaciones a una señora sobre itinerarios. Se sentó a mi lado y como vio que yo leía unos
sonetos de Góngora en edición bilingüe me hizo un comentario sobre esa traducción de
Philippe Jacottet. Español sin duda el hombre, criado en Francia, hijo de republicanos
refugiados, pensé. Pero en eso lo llamaron en alemán unos jóvenes que se habían quedado
de pie con sus sacos de viaje al hombro y yo preguntándome por qué no se los quitaban.
Cuando él respondió, no me quedó duda: era alemán. El vagón en que estábamos era
italiano porque los piemonteses del oeste atraviesan esta región para ir a Niza o a
Ventimiglia. Lo llamaban para que él explicara al controlador por qué no tenían pasaje -él
tampoco- y se lo vendieran sin multarlos. Él explicó en italiano el asunto al controlador y se
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me transparentó que el italiano era sin duda su lengua materna. Se trataba de soldados de la
Legión Extranjera, volviendo de prisa a sus obligaciones en África.
Cuando se resolvió el problema me atreví a decirle que no tenía aspecto de
legionario y que hasta donde yo sabía la Legión Extranjera se había acabado hace tiempo.
Respuesta: La Legión Extranjera seguía existiendo, pero en forma modificada; ya no eran
ni mercenarios ni instrumentos imperiales. Él no tenía deberes militares en la Legión; lo
habían puesto de traductor ya por varios años, viendo que él había aprendido diecisiete
dialectos africanos y podía ayudar en las comunicaciones.
No pude reprimir ni ocultar mi asombro. ¿Pero Ud. de dónde es, cuál es su lengua
materna? No tengo, porque no tuve madre. Le pedí explicaciones disculpándome
fuertemente, porque en Venezuela es un insulto decirle a alguien que no tiene madre; él
parecía insultarse a sí mismo, y yo temía confirmar su insulto involuntariamente. Pero no
tuvo inconveniente en contarme su vida.
Era expósito. Había sido abandonado, probablemente por extranjeros, en una aldea
de Suiza. Recogido por la policía y enviado a un orfelinato, creció bajo la esmerada
atención de un equipo de expertos en criar niños. No hubo una persona sola que lo
atendiera todo el tiempo; lo atendían según horario personas que hablaban francés o alemán
o italiano o una variante del dialecto suizo.
El está completamente satisfecho de la crianza y de la educación que recibió, y
eternamente agradecido. Piensa que se salvó del hogar tradicional. El hogar tradicional,
según él, ata al infante a una tradición, a una cultura, a un idioma, a un lugar, a las
peculiaridades afectivas de los padres, mientras que él fue atendido por un personal
especialmente entrenado para ese trabajo sobre sólidas bases científicas. Con ese personal
no desarrolló vínculos emocionales, más bien con la institución y con el Estado suizo, o
mejor aun con lo que hay de más racional en la humanidad.
Hacer depender de esa crianza y de esa educación la facilidad que tuvo desde
pequeño para aprender idiomas. El hogar tradicional amarra a un idioma solo y a veces a
dos en caso de bilingüismo y excepcionalmente a tres, pero él no estaba amarrado a
ninguno, pues el amarre es emocional y afectivo mientras que él aprendió a hablar como se
aprende a contar o a andar en bicicleta. Hay niños prodigio en matemáticas y en música;
podría haberlos con más frecuencia en idiomas si la educación fuera científica.
Yo lo interrumpí. Me pareció que aquello no podía sostenerse en pie y así se lo dije.
¿Por qué todos los niños expósitos criados en orfelinatos suizos no son políglotas? Me
interrumpió él a mí. Porque se interesaron por otras cosas. No forcé la discusión sobre ese
punto, pasé a otro. En música y en matemáticas puede haber niños prodigios porque son
disciplinas ligadas a la estructura de la razón humana; no los hay en historia y geografía por
ejemplo, porque esos conocimientos dependen de la experiencia externa. Igual los idiomas.
Pasan de tres mil; si estuvieran ligados a la estructura de la razón humana no serían muchos
sino uno solo, como una es ella. Me miró con desprecio y me informó con
condescendencia: Una misma estructura puede revestir mil formas externas. Al no estar
apegado a una forma en particular, se puede pasar fácilmente a todas desde cualquiera
sobre la base de la estructura única. Además, se puede ver cómo se pasa de la estructura
única a cualquiera de sus formas históricas. Me pareció pedante e ingenuo. Porque a Ud. le
ha sido fácil aprender unas cuantas lenguas viene a negar la realidad de Babel. No se
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molestó en absoluto. Me explicó: Ese mito afirma la existencia de una sola lengua de la
humanidad, como uno solo es el canto del ruiseñor. El mito indica también que esa lengua
sigue existiendo pero revestida de las formas que los diferentes pueblos le han ido dando
como resultado de su experiencia histórica. Los ruiseñores no pueden hacer eso. Es cosa de
hombres variar la forma externa de su "canto". Pero todos los idiomas por diferentes que
sean unos de otros se sostienen sobre el idioma único, oculto en cada hombre. Toda la
historia es un largo camino ramificado en todas direcciones para llegar a la unión final con
reencuentro de lo fundamental único abandonado al comienzo. Quizás sea ese fin la
madurez de la tierra, el momento en que la humanidad, con su naturaleza verbal
restablecida en una sola forma, pueda hablar con las humanidades hermanas de otros
planetas.
Me di cuenta de que el hombre desvariaba. Esa educación sin madre tenía sus
peligros. Y decidí llevarle la corriente. Pregunté: ¿Las humanidades hermanas de otros
planetas tendrían lenguas diferentes de la terrestre? Respuesta. Sí. Pregunta: ¿Puedo pensar
que todas esas lenguas de diferentes humanidades son formas externas de un idioma único
de todas las especies inteligentes del universo? Respuesta: Ud. es más inteligente de lo que
aparenta. Pregunta: Cuando todas las humanidades reencuentren la estructura verbal única y
la usen desnuda, sin variantes externas formales, ¿estarían maduras, estaría maduro el
universo para hablar con Dios? Respuesta: Ud. como que no ha pensado nunca en el gran
abismo, en la nada. Yo: No entiendo. Él: Ud. como que no logra ver que el universo es ese
idioma único, esa red verbal originaria que campea sobre el gran abismo. Yo: ¿Y nosotros
qué somos? Él: Ud. como que no alcanza a comprender que la consciencia unida al verbo
se separó de él y se rompió fragmentándose en pequeñas formas especulares, en espejos
deformantes del verbo único. Yo (recordando las conversaciones entre Iósefy Elena, su
hermana incestuosa): ¿Dios se suicidó? Él: Es una forma grosera pero adecuada de decirlo.
Yo: El que aprende idiomas así como Ud., basándose en la estructura única y buscándola,
¿estaría, según eso, trabajando en la resurrección de Dios? Él: Es una forma grosera pero
adecuada de decirlo.
Llegado a este punto, yo comprendí que el hombre deliraba. He oído de psiquiatras
que el loco puede ir intensificando un estado de ánimo, una idea, sobre todo si alguien le da
cuerda, hasta estallar en actos violentos. También he oído de los mismos psiquiatras que
otra persona, aquejada del mismo mal en forma leve, puede elevarse también a intensos
delirios, estimulado por aquél. Como me estaba imaginando el universo como una red
verbal en forma de hamaca sobre la nada, y con las cabuyeras en la nada y yo como un
espejito deformante despegado de ella y acercándome con millones de otros para convertir
la hamaca en algo parecido al traje de luces del torero en cuanto a los brillos, y como estaba
sintiendo un poco de vértigo, me pareció prudente cambiar de tema y le pregunté cómo se
dice hijo de puta en los diecisiete dialectos africanos, mientras me prometía a mí mismo en
silencio recomendar, como en efecto lo hago, a todo el que quiera exponer un hijo, que no
se le ocurra exponerlo en Suiza.
Para fortificar el cambio de tema le pregunté por qué se había metido a la Legión
Extranjera y no se había quedado en Suiza. Me dijo que Suiza es un paraíso para los niños y
para los ancianos, pero un infierno frío, muy cerca de las alas del diablo, para el adulto
emprendedor y aventurero. Tanto más si se trataba de la aventura suprema. Estaba
regresando a su tema; pero, por fortuna, en ese momento llegamos a, Niza y cada quien
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debió coger por su camino. Él al África, donde hay muchas vidas que salvar. Yo al
Departamento de Filosofía de Niza donde el jefe es husserliano.
G2 A8 3 1 1 0 700
Asco. Me volvió a dar. Es algo parecido a la náusea y al vértigo. Habiendo
rechazado el mundo de los sentidos, el del cuerpo, el de los afectos, me replegué hacia el
mundo de los pensamientos y entonces todos los pensamientos también me resultaron
repelentes como cuando dos imanes se aproximan por el lado positivo. Me repugnaron y
nada era más importante que alejarse de ellos. Huir. ¿Pero hacia dónde? No importaba.
Salté hacia atrás sin ver. Cualquier cosa menos pensar. De repente me encontré en las redes
abstractas del lenguaje. Palabras vacías, conchas de palabras, conectadas y movidas por
reglas sintácticas. Fantasmas de sentido. Lenguaje, gran araña dispuesta a atrapar cualquier
contenido en su tela de ilusoria coherencia. Asco potenciado al infinito. ¡ Socorro! Que no
me atrape. Ya atrapado. Patalear y patalear. Huir. Tal vez sí escapar. Adiós.
O1 8 3 0
Sirio. Betelgeuse, Rígel. Aldebarán. Camino de Santiago. Leche. Camino de la
leche. Vía láctea. A las cinco de la mañana el perro sale de detrás de la montaña y sigue al
cazador. Van a cazar el jabalí. El camino está cubierto de estrellas rotas, lo que queda de las
castañas que el jabalí devora. Ciento sesenta kilos sin las tripas. Días alciónicos. Las siete
cabrillas. La estrella polar, un toro tuerto. La osa es un lazo abierto. En el camino hay
hoyos y tierra revuelta por el jabalí. Se rasca en los grandes árboles y les arranca la corteza.
En la ingle el colmillo. Hasta el riñon. Qué médicos tan buenos. Ustedes tienen el toro;
nosotros el jabalí. Han vuelto los lobos. Se habían extinguido en esta región. Deben venir
de Italia. Tende pasó a Francia después de la Segunda Guerra Mundial porque Italia perdió.
Pero en otros tiempos había sido francesa. Los rusos querían comprar a Niza. Niza, Nícaia,
Ñique, Victoria de los griegos. Suelta esa ciudad con su ristra de aldeas. Yo reconozco esas
constelaciones pero no recuerdo los nombres. Alpes, arco terciario, dispara hacia la estrella
polar. Garibaldi era de Niza. Yo vivo en Tende pero vengo a Saorge a menudo porque me
casé con la hija del carnicero cuando la vida era dura. Casiopeia es la única que conoces por
la W de Westminster y de William. ¿Fráulein en vez de Mademoiselle? ¿Por qué no
citoyenne? No seas impaciente, espera que me ponga la vaselina, es cosa de un momento.
Arturo es un oso pequeño. Are turus de Arctus. No tienes más que seguir en la dirección
indicada por la cola de la osa y encontrarás a Arturo; pero Chrétien de Troyes creía que
Arturo es por ars artis, por la retórica que sustituye a la pelea con espadas, por el niño que
abandona a la madre después de matarla y se va con el padre. La esgrima es metáfora de la
retórica. Me da grima. Canis maior. Orion. Aldebarán. Muchas veces en su historia, Niza,
con su ristra de destellantes aldeas, no perteneció a ningún estado grande. Pertenecía y
luego no pertenecía. Uniones poco firmes. Firme Liguria, sólo Liguria. Pero Liguria no es
un Estado político sino un estado de ánimo. Ariadna abandonada por Teseo pero querida
por Dionisio. Madre soltera. Los visitantes extraterrestres la juzgaron propicia y adecuada.
El meato es también camino de la leche. Lactoducto. Eres polvo de estrella y en estrella te
convertirás, dijo Fausto Izcaray. La pequeña nave extraterrestre llegó de noche al
monasterio de Saorge el día en que nació Schwedenborg. Siempre sirve un monasterio para
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todo lo que es secreto. El tercer planeta de Sirio II. Mis estrellas a lo lejos tenían un dulce
fru-frú y yo las escuchaba sentado al borde de los caminos, un pie contra mi corazón.
Pequeño río, estás reflejando el rostro y los senos de la princesa; frena tu corriente para que
tanta belleza no llegue en desorden al dios del líquido elemento. En toro quisiera
convertirme para raptarte con astucia cuando vayas a ver si la rosa que se abrió esta mañana
conserva todavía ese blanco y carmín de doña Elvira. Conservó en la boca el semen de su
amante para entregárselo en un beso a la mujer amada. Vía láctea. Mientras caminaban por
el camino de Santiago desde la torre de Santiago en París hacia la catedral de Santiago de
Compostela, hacían un segundo viaje simultáneo por la leche que Heracles le arrancó a
Hera, y un tercero por su propia columna vertebral. Debajo del altar mayor de Nuestra
Señora de los Milagros un túnel secreto conecta el monasterio con las salas subterráneas de
Saorge donde tres mil guerreros esperan el año dos mil veinte para incendiar el mundo. Por
ese túnel pasaron los extraterrestres. Cinco monjes los guiaron. Pertenencia poco firme de
Niza a estados grandes. Con un brazo abraza a Córcega, con el otro acaricia a Genova, su
hermana. Los gemelos tuvieron relaciones sexuales ya en el vientre de la madre y cuando
nacieron ya tenían progenie. Eva, ¿dónde está Adán? ¿Somos hijos suyos o de Satán? El
cíclope labró a Saorge en plena roca por amor a su hija pequeña, labró a Saorge con
cinceles de cuarzo. La pequeña se hirió un dedito en las aristas y lloró; de ahí vienen esas
manchas amarillas, verdes y rojizas. Pertenencia poco firme de Niza a estados grandes,
ciudad mostrenca y libre, madre soltera. Los rusos quisieron comprarla para tener sede
sobre el Mediterráneo. Rey persa, no debiste invadir a Grecia, fue hybris, tu destino era
vivir tierra adentro. Pero Niza los sedujo. Y ahí se la pasan metidos, aquerenciados,
arrochelados, entregándole su plata y su leche. Camino de Santiago, camino trastornado,
hollado y hoyado por jabalí, montones de estrellas, conchas de castañas que devoró el
jabalí. Saldremos a las cinco de la mañana. Con el perro. Madrugada alciónica. Sirio,
Betelgeuse, Rigel, Aldebarán, Arturo.
K5 1 1 1 1 1 1 1
Momentos importantes en la vida de San Francisco de Asís.
[Link] en un pesebre, imitando a Jesús desde los pañales (1182).
2. El Cristo de San Damián le ordena levantar la iglesia que está en ruinas. "Hace
falta un signo para afirmar la fe, y tú serás ese signo. Anda, significa" (1206).
3. Se desnuda ante su padre "por amor de Jesús" en presencia del obispo de Asís
(1206). Renuncia de esa manera a la herencia paterna.
4. Al igual que Moisés, recibe del cielo la ley que debe practicar junto con su
rebaño. Regla de los hermanos menores.
5. Al igual que Cristo, manda a sus hijos de dos en dos a predicar el evangelio entre
los peligros.
6. Inocencio III aprueba la regla de los hermanos menores porque en un sueño vio la
basílica de Letrán, tambaleante, sostenida por Francisco.
7. Al igual que Elias, aparece ante los suyos en visión sobre un carro de fuego.
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8. Ve a la Virgen del Apocalipsis. "Eres toda bella y la mancha original no está en
ti".
9. Recibe a Clara en la orden (1212), le corta el pelo y le entrega el cordón, signo de
pobreza. Clara lo sigue, pues, acompañada de otras doncellas que, por su virtud,
resplandecen como estrellas.
10. Se encuentra con San Dominico (1215). "Hijo, eres amado por estos tus
servidores, quienes sabremos, con la ayuda de nuestro héroe, hacerte amar de muchos".
11. Deciden reunirse cada tres años, dividir la orden en provincias y enviar
misioneros al extranjero (1217). Dios, en esa ocasión, libró a cinco mil personas de sus
penas.
12. Volvió manso como un cordero al lobo de Gubio, flagelo terrible del Señor.
13. Se encuentra con el sultán de Alejandría en Egipto (Quinta Cruzada). "Cualquier
otro regalo es bolsería, quiero tu alma".
14. Jesús le entrega por escrito la indulgencia plenaria a perpetuidad, pues venció la
tentación de Portionculo e hizo el milagro de las rosas.
15. Ordena a los espíritus malos que abandonen una mujer poseída y ellos salen
junto con la orden en forma de lagartijas aladas con cabeza de perro. Otras poseídas hacen
cola.
16. En Portionculo, mientras cena con las clarisas, el amor prende un fuego que
incendia el techo.
17. Jesús le habla y le garantiza apoyo para la orden.
18. Resucita a un niño quemado, interrumpiendo la cena por un momento.
19. La virgen le da permiso para que abrace al niño Jesús. Se lo presta por un ratito.
20. Recibe los estigmas. Manos, pies, costado (17 de septiembre, 1224).
21. Un ángel le toca música celestial para reconfortarlo en su enfermedad y él dice:
"Dulce martirio, basta, basta, me muero".
22. Muere en Portionculo bendiciendo la ciudad de Asís. El alma santa deja el
cuerpo y vuela al cielo (1226).
23. Portando largos cirios, llevan el cuerpo a Asís y lo entierran en triunfo, con
alegría y llanto.
Murió joven, desgastado por el amor, los éxtasis y el hambre.
B7 1 4 2 5
-En realidad no comprendo hacia dónde se dirige Ud., Iósef, con tantos rodeos. Es
como si temiera hacer críticas abiertamente y se valiera de subterfugios que, en lo que a mí
respecta, son innecesarios. Formule sus críticas y escuche mis comentarios, no acostumbro
darme por ofendida tratándose de mi obra.
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-No son críticas, mi estimada señora, son observaciones o percepciones de su
persona que he creído obtener en la lectura atenta de sus libros y quiero confirmar. En
realidad se reducen a dos y no conciernen la calidad artística de sus novelas, que admiro
mucho, sino sus convicciones personales, no formuladas explícitamente pero
omnipresentes, creo, en toda la obra.
-Por favor, dígalas, Iósef.
-Gracias por su venia. En cuanto a la primera: parece Ud. dar por sabido que en los
asuntos humanos nada hay de valor universal permanente, que los grandes descubrimientos
y las grandes creaciones del hombre pueden padecer rechazo y olvido por parte del hombre
mismo.
Iósef es impasible. Nunca lo veo ponerse bravo o quejarse. Tampoco lo he visto
comer o beber, ni caminar. Pareciera el sostén carnal de un espíritu impersonal que anima
al cuerpo como su médium de necesidades humanas mínimas. Cuando se indigna, la
indignación es retórica y forma parte de un procedimiento erístico para dominar el
adversario verbal o hacerlo parecer perdedor ante los demás. Ella en cambio es inquieta y
nerviosa, le tiembla el labio superior cuando se emociona y parece siempre a punto de
perder la paciencia y salir de sus casillas. Debe tener orgasmos ruidosos, si a eso llega.
-Perdone que lo interrumpa, Iósef, pero no es una cosa lo que acaba de decir, son
dos diferentes. Que el hombre pueda rechazar y olvidar sus grandes descubrimientos y
creaciones es una cosa. Una cosa probada por la historia; no hace falta que la discutamos.
Frente a nosotros están cayendo en el olvido obras maravillosas; el mundo se está
plebeyizando, prefiere el arte vulgar y los artilugios tecnológicos. Que nada tenga valor
universal y permanente es otra cosa. Doble además, pues esos calificativos pueden aplicarse
separadamente en fuerza unilateral; pero que a nada puedan aplicarse ambos conjuntamente
es lo que sí corresponde a mi convicción.
La conversación se volvía cada vez más pedante, estaba en vías de ser una aburrida
discusión de insidiosa intención.
-No querrá Ud. decir, estimada señora, que la Riada, la Divina Comedia, e\Arte de
la Fuga, el Jardín de las Delicias...
-Ya están olvidados. Unos cuantos expertos dedicados a cuidarlos no garantizan
nada. También hay y habrá coleccionistas de estampillas y de cacharros; pero el curso
grande de la historia seguirá otros rumbos y unos maníacos marginales no pondrán marcas
definitorias.
En vano doraba el sol las rosas del jardín, en vano humeaba mi oloroso café. No,
gracias.
-Me escandaliza Ud., una ilustre dama, diciendo esas cosas. No llegará al extremo
de decir también que la química, la física, la biología y las matemáticas, además de poder
ser rechazadas y olvidadas, no tienen valor universal y permanente, pues los rumbos de la
historia que Ud. parece aludir se basan en ellas.
Ella tuvo en la cara esa mueca de algunas amas de casa cuando machucan una
cucaracha con el pie.
41
-Esas ciencias son un tipo de conocimiento entre otros. Fundamentan una tecnología
ahora en auge y en boga con peligro de producir una catástrofe ecológica. Puede haber, ha
habido, habrá otras ciencias fundamentando otras tecnologías; no hay verdad absoluta.
Además sabemos de culturas no tecnológicas. ¿No ha oído Ud. hablar de shamanes, magos,
videntes?
Yo estaba ya terminando mi cafecito, me retiré a la inglesa y ni se dieron cuenta. No
tienen ni una pisca de humor.
D11 1 1 1 1748
Fui al pueblo a comprar frutas para el desayuno. En el pueblo hay dos bodegas, una
carnicería, una librería, un bar, una oficina de correo y dos locales que son a la vez bares y
restaurantes. No hay bancos ni farmacias. Las bodegas venden frutas. Todo es más caro que
en París. Hay agricultura, pero de subsistencia para quienes la practican, lo demás es
importado, menos las aceitunas y el aceite de oliva. Saorge es el límite de los olivares; más
arriba, en Tende por ejemplo, no hay.
Me di cuenta de algo sorprendente: Saorge es una aldea amplia. La impresión inicial
de estrechez laberíntica se desvanece en pocas semanas. Es como cuando uno está
aprendiendo una lengua extranjera en el país extranjero donde todo el mundo la habla. Al
principio la gente parece hablar muy de prisa; luego parece hablar más poco a poco hasta
que se "normaliza". Hay una calle desahogada que atraviesa el pueblo de punta a punta, una
sola, se ramifica y subramifica en las cuatro direcciones y al final como al principio se
vuelve a encontrar consigo misma y se unifica. El acostumbramiento, pues, por una parte.
Pero, por otra parte, el descubrimiento de que esos callejones estrechos, torturados,
divididos, cubiertos, pontiformes, ascendentes, descendentes a menudo obscuros aun de
día, conducen a habitaciones bien aireadas y bien iluminadas con bellas ventanas que
enmarcan el cambiante paisaje en cuadros de gran valor artístico espontáneo y casual. Las
casas tienen varias entradas a diferentes niveles y desde direcciones diversas; ofrecen el
placer infantil de entrar y salir como jugando al escondite, y la maravilla de perspectivas
diversas que multiplican la visión. Amada, en Saorge te puedo amar mejor.
B8 2 1 1 930
Cuando regresé del pueblo entré a la cocina comedor para lavar las frutas. Allí
estaba todavía Iósef enfrascado en la misma discusión con la escritora. Estaban llegando a
la segunda crítica, objeción, observación, percepción, suposición -con lo puntillosos que se
habían vuelto no sé cuál es el término correcto- de Iósef con respecto a los supuestos no
formulados que subyacen en el trabajo novelístico de la escritora pseudo-erótica. (Eché el
resto).
-U.d. parece suponer, estimada señora, que todo ocurre de manera ineluctable, que
cuando creemos actuar por cuenta propia, sólo hacemos un papel pre-determinado, pre-
escrito, que la libertad es una ilusión subjetiva, que todos nuestros pensamientos, palabras,
sentimientos y obras pueden ser rastreados hasta descubrir su mecanicidad inexorable.
Pero, permítame llamar su atención, cuando Ud. procede a esos rastreos hace gala de una
42
libertad de análisis y de una penetración sagaz que difícilmente se compaginan con la tesis
determinista, si es que Ud. la supone.
-Sí la supongo. Sólo así se hace comprensible la conducta humana. Sólo así tienen
coherencia los personajes de las novelas. Si se supone la libertad, todo se desordena y nada
tiene sentido; además, se cometería la inmensa injusticia de responsabilizar a las personas y
a los personajes por sus actos, lo cual es absurdo. Nadie sabe de verdad por qué hace lo que
hace. La culpa y el mérito son ilusiones subjectivas. La decisión libre es un error de
percepción. Sólo el novelista, si es muy bueno, como yo quiero ser, llega a poner en claro la
cadena causal que explica todo acto humano. El personaje es caja blanca para la caja negra
de la persona. ¿O acaso no comprende Ud. eso, Iósef?
-Señora, yo no quiero entrar en problemas de crítica literaria y teoría de la ficción.
Lo que veo claramente es que Ud. está postulando, tal vez sin darse cuenta, dos niveles:
uno en que las cosas suceden inevitablemente y otro en que son vistas. ¿Es el segundo
libre?
-No. Todo el mundo ve por fragmentos y obscuramente; pero algunas personas
están condenadas a ver más que a actuar o a ver solamente o a ver y decir. Yo pertenezco a
este último género de condenados.
-¿Por qué no da un paso más, mi estimada, y reconoce que se puede intervenir a
partir de la visión? Piense en la aplicación tecnológica de la ciencia, en la llamada sabiduría
de la vida, o sea en el diseño y la ejecución de conductas sobre la base de conocimientos.
Lo ineluctable visto permite diversas intervenciones entre las cuales es posible escoger
libremente de acuerdo con valores.
-Ay, Iósef, Ud. mismo lo acaba de decir: escoger libremente de acuerdo con valores.
Si es de acuerdo con valores no es libre. Los valores determinan, son parte del gran
mecanismo.
-¿Y qué me dice del acto gratuito y del azar?
Ya la escritora había abierto la boca, tenía un puente en mal estado, para responder
cuando Jean-Marc, que también andaba por ahí, los interrumpió para preguntar:
-¿Uds. no saben nada de cuántica?
Aquello era demasiado para mí. Me retiré discretamente hacia el jardín y formé un
ramillete de seis flores: ojo del sol, encaje de luna, plexo del Señor, idea de la Virgen,
sangre de tierra, manto de amor, todas silvestres y todas con la preposición de en el
nombre.
Volví a entrar y le di el ramillete a la escritora pseudo-erótica, interrumpiéndola. Me
dijo gracias con mecánica cortesía y lo puso sobre la mesa, para explayarse sobre los
límites del constructivismo, sobre indeterminación, estados de la materia y partículas
elementales. Esta vez sí me retiré de verdad. A mi papá no. le gustaban las mujeres
bachilleras. Son como los animales amaestrados, decía. Se les olvida ser animales.
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F12 1 7 2 7
Las dos muchachas más lindas del pueblo se llaman Gael. Las dos tienen veintiún
años, las dos estudian en Niza, las dos tienen empate. Pero una va a ser profesora, la otra
enfermera. La profesora es ya etnógrafa y etnóloga. La enfermera es ya lingüista, habla
español, inglés y árabe además, claro, de francés. Las dos tienen mucho roce y saben
comportarse en sociedad. Tienen buen juicio y mucho tacto.
La niña más inteligente, más desparpajada, más dueña del lenguaje y más teatral se
llama Melania (negrura) aunque es deslumbrantemente rubia.
Las veo y no me veo.
I4 1748
O ves hacia afuera o intentas verte. Ver el alma es ver hacia afuera. Alma sensitiva,
alma volitiva, alma racional, todas son externas, tan externas como las piedras. Verte es ver
al que ve en ti. No lo lograrás. Pero puedes tomar consciencia de ti mismo mientras miras
hacia afuera. No te dejes atrapar totalmente por las cosas. Es inevitable que te atrapen
porque existes para ellas. Gravitas hacia ellas. Pero intenta darte cuenta de tu condición.
Deja leche para el becerro.
Los maestros de las escuelas sutiles enseñan a vivir sin identificarse con la vida, a
conocer sin identificarse con lo conocido, a amar sin identificarse con lo amado; enseñan el
desapego.
En algunos monasterios, el confesor estaba atento para observar si el monje se
apegaba a algo, a un árbol, por ejemplo, a un hermano, a un paisaje visto a cierta hora. Si
ése era el caso, el monje era trasladado inmediatamente a otro monasterio. Se debe amar los
entes todos, pero sin apego, deslizándose del uno al otro; debió apegarse a Dios solamente
y no a una criatura en particular, o a un pensamiento o a una preocupación, o a un dolor o a
un placer.
Se cuenta de un abad que viajaba a pie con un novicio enseñándole la doctrina del
desapego. Llegaron a un río. Una mujer temía vadearlo. El abad la cargó en sus brazos
hasta el otro lado. Siguieron camino después de despedirse de ella. Al cabo de varias horas
de marcha por parajes cambiantes, el novicio dijo: Maestro, hemos jurado no tocar mujer y
tú llevaste a una en tus brazos; explícame. ¿Cómo, dijo el maestro, todavía estás en el río,
no lo has pasado?
La doctrina del desapego tiene que ver con no dejarse atrapar totalmente por las
cosas a fin de sentirse a sí mismo, sentirse existir mientras la consciencia se dirige hacia las
cosas porque ésa es su naturaleza. Si intenta dirigirse hacia sí misma, se divide en dos: una
que es objeto de observación y por lo tanto ya no es consciencia, y otra que sigue libre. El
desapego es una astucia. Se supone que la consciencia podría pasar a través de sí misma
hacia Dios; pero se supone mal. Dios no es un objeto ni un lugar; es como yo, si es que es.
Es como tú cuando no te convierto en objeto, cuando estoy ante ti con temor y temblor, en
angustia, y tú de igual manera ante mí.
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K6 3 1 1 943
Han llegado a mis manos las confesiones de un monje afónico. Quedó sin voz
durante varias semanas por una gripe pasmada. Se confesaba por escrito y el sacerdote le
respondía oralmente pues el monje no era sordo. Lo que le respondía se infiere de lo
escrito.
No podía concentrarse en sus oraciones ni meditar en calma porque lo torturaba una
durísima erección acompañada de deseos sensuales. Decidió poner su caso ante la
Santísima Virgen, representada en su celda por la imagen de una niña de catorce años. Vio
entonces claramente que la virgen se levantaba la falda y le decía "Pónmela en esta
chacarita". Parece que así lo hizo, no sé cómo, y a partir de entonces tenía fantasías eróticas
con todas las imágenes de la virgen que veía, no sólo con la de su celda. Las confesiones
dan a entender, con estupor, que las fantasías se extendieron hasta las imágenes del
crucificado, indefenso en su situación. No queda claro si el monje afónico y cachondo fue
expulsado del monasterio, pero hay una nota del confesor al abad recomendando trabajos
duros, baños fríos, reducción de la comida a pan duro y agua, tratamiento urgente de la
garganta por médico competente. Esto último me parece impertinente o enigmático.
Exagerada la observación final: si se expulsara a los monjes por fantasías eróticas
sacrilegas, no habría monasterios en el mundo.
I 5 1028
"Yo" en español está formado por la semiconsonante o semivocal y, que representa
la ambigüedad de la vida cotidiana, y la o vocal de lo profundo y del encierro; va, pues, de
lo público a lo secreto. En los casos oblicuos y el adjetivo mi me conmigo, viene de lo
misterioso a lo patente. En inglés es un lamento. En francés es lo escondido. En italiano va
de lo claro a lo obscuro pero con énfasis y detenimiento en lo claro. En griego y latín busca
lo hondo. En ruso pasa de lo cotidiano a lo elevado. En hebreo viene de lo elevado a lo
cotidiano a través de lo desconocido. En chino se mueve de lo obscuro a lo más obscuro.
No sigo para no tener que inventarle explicación a los ocho del japonés.
Yo, en todo caso, soy atraído por las cosas. Voy hacia ellas con atención
concentrada y voluntaria cuando estudio e investigo; con atención capturada cuando me
apasiona algún objeto, narración, idea; con atención flotante cuando deambulo por ahí
distraídamente halado de un punto a otro por sucesivas y breves motivaciones. Pero en todo
caso e inevitablemente voy hacia ellas. Existo, estoy fuera de las cosas, soy con variable
intensidad. Pero me vampirizan las cosas, y muchos yoes parásitos, pues mi propia
condición de yo es insegura. Digo yo quiero, y no soy yo, es un deseo que me devora y
usurpa mi nombre; digo yo pienso y nunca soy yo, es una línea de pensamiento que me
devora y usurpa mi nombre para brillar al sol de la consciencia;
digo te amo y es un bastardo en mí, un miserable subordinado que se sienta en mi
trono, usurpa mi nombre y me devora para prestigiarse ante ti, no le hagas caso.
Sin embargo, soy como el hígado de Prometeo, el buitre de lo real me devora pero
yo sigo estando, sigo siendo, precario y todo, pero ahí. Aun devorado sigo siendo. ¿Qué
pasaría si yo, en todo ese agite y tejemaneje, trajín y ajetreo, conservara mi presencia?
¿Crecería? Claro que sí. Por eso me dedico a observar ese drama caótico sin intervenir. Me
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devoran, pero yo miro y al mirar crezco. Espero alcanzar tamaño suficiente para poder
hablar con Dios y participar de su firmeza, con todo y seguir aquí, quizás como fragmento
suyo.
Si hubo suicidio, despedazamiento, corrupción, podredumbre, busco los otros
pedazos, tal vez limpiándonos y uniéndonos por interalimentación lo podamos reconstituir.
Tal vez ya hay pedazos muy grandes reunidos por otros más diligentes que yo. El amor es
nostalgia del Dios uno, nostalgia sentida por sus pedazos dispersos. Dispersos y devorados
por la parte tenebrosa del cadáver. Pedazos dispersos que pueden resistir los procesos
digestivos de la nada. Pedazo es un decir, el lenguaje pervierte mi sentido.
C12 1650
El bello día se embrumó. El sol intentó mantener la claridad y, entrando por hoyos
entre las nubes, las pintó de rosado; pero por poco tiempo. La bruma se espesó. Sólo queda
una luz difusa, azulosa tornando a gris pizarra.
B9 1742
Eres el único río que yo no cambiaría por el mar.
Eres el único sonido que yo no cambiaría por el silencio.
Eres lo único finito que yo prefiero a lo infinito.
Eres lo único humano que prefiero a lo divino.
Eres lo único mortal que prefiero a la inmortalidad.
No te quiero por tu belleza, aunque sin ella yo no podría justificar el universo.
No te quiero por el placer que nos damos el uno al otro, aunque sin él la vida es
muerte.
No te quiero por nuestras interminables conversaciones afectuosas, aunque sin ellas
no le veo sentido a la palabra.
No te quiero por los recuerdos de otras vidas que se suman a ésta y alimentan la
gracia del encuentro, aunque sin ellos yo no tendría identidad ni tú tampoco; hijos somos de
la memoria.
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F13 4111 516
Iósef me había prestado tres novelas de la escritora que siempre discute con él y que
es muy amiga de su hermana y esposa Elena. De la primera dije que es pseudo-erótica. Las
otras dos presentan personajes que más bien son portadores de discursos. Sus características
personales, hasta su aspecto físico y sus costumbres existen en función de los discursos que
portan. Me gustaron mucho; estoy cansado de los personajes que quieren ser personas.
Como me he convertido casi en jardinero fui al jardín, corté una rosa enorme llamada reina
blanca y se la di a la novelista junto con mis opiniones sobre las novelas. Esta vez me oyó
atentamente. Hablamos en la terraza del fumadero junto a la obscura copa del olivo. Me
pareció tierna y cariñosa, tal vez sensual; pero le miré los largos dedos, especialmente el
medio, las largas uñas bien cuidadas, los anillos de mucho brillo con grande piedra y me
despedí prudentemente.
C13 5 1 1 907
El silencio es una gran bestia lenta como las perezas del Parque Ayacucho de
Barquisimeto. Ocupa todo el valle del Bendolá y se está comiendo sonidos que antes
permitía. Ya no se oyen los cantos de muchos pájaros ni las voces de mucha gente. Queda
el grito de algunas aves de rapiña, uno que otro relincho o rebuzno y el llamado
impertinente del gallo que lo pican como chinches.
Está comiendo mucho el silencio, devora también el ruido de disputas familiares.
Necesita alimentarse bien, acumular grasa, pronto comenzará a hibernar. Si hubiera traído
mi violín le puyaría la barriga.
E11 2 3 5 5
Las pinturas obscenas chocan en un monasterio del siglo XVII porque no
corresponden al estilo artístico de la época; pero no porque estén en un monasterio. Era
frecuente en siglos anteriores representar los pecados en detalle para indicar luego que
serían castigados severamente. Escenas creadas por la más encendida lujuria podían
evocarse para rechazarlas. También era lícito pintar las tentaciones del aspirante a santo
entre las cuales figuran los cuadros del cuerpo humano desnudo y del placer sensual. Pero
todo esto es apto para niños en comparación con las imágenes de diablos, monstruos y
suplicios infernales.
A pocos kilómetros de Saorge, en las afueras de La Brigue, hay una capilla dedicada
a la Virgen de las Fuentes. Las paredes de la nave, que sólo interrumpen la pequeña puerta
de entrada y una sola ventana, están totalmente cubiertas de pinturas murales, donde son
incontables los penes con sus testículos, las tetas, los papos, los traseros, las más
abominables monstruosidades y las más brutales formas de violencia y tortura que se
pueden imaginar. Todo el espacio está ocupado, no queda sitio para un clavo. Y eso en una
capilla donde se decía la misa para familias con sus niños y adolescentes, donde se impartía
la enseñanza evangélica. La capilla es del siglo doce, las pinturas del quince, fueron
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inauguradas el doce de octubre de mil cuatrocientos noventa y dos, cuando Rodrigo de
Triana gritaba ¡ tierra! y el almirante salía a ver su viejo mundo.
Menos asombro todavía producen los frescos obscenos del monasterio de Saorge
cuando se piensa también en Jerónimo Bosch del mismo siglo quince en que Canavesio
decoró la capilla de Nuestra Señora de las Fuentes y en Brueghel el Viejo, del dieciséis.
Menos aun si se recuerda a Dante casi un siglo antes, a comienzos del catorce.
La imaginación erótica y terrible del mundo occidental ha ido disminuyendo hasta
perder por completo el encanto pecaminoso y el horror infernal de otros tiempos. ¿La
realidad ha superado a la imaginación?
Los frescos de este monasterio pueden mostrarse a los niños, con el único
inconveniente de suscitar preguntas de incómoda respuesta. No así las pinturas murales de
Nuestra Señora de las Fuentes.
C14 1519
El valle del Bendolá se ha ido llenando de vellones blancos, ya no se distingue nada.
Las montañas se cubren de algodones ligeramente manchados de sangre. El pueblo joya no
esplende, no irradia; ha recogido sus fulgores, ha escondido sus quilates.
El día está tan gris y tan frío que hay que usar luz artificial y calefacción. Volvió
como de costumbre la lagartija. Se quedó más tiempo del acostumbrado. Cuando me di
vuelta para atender al moscardón, entró y fue a dar al aparato de calefacción, se quemó las
patas y al intentar escapar cayó en la parte más caliente y se achicharró. No me dio tiempo
de auxiliarla. El moscardón, mientras tanto, se metió en el plato de la luz y se carbonizó.
Una forma de iluminación en Francia: un plato llano boca abajo en el suelo con un tubo
vertical de un metro ochenta que lo une por el centro a otro plato, hondo éste, boca arriba,
donde está el poderoso tubito de neón que produce una luz indirecta graduable con reóstato.
El plato de arriba se calienta como una sartén. Ahí se carbonizó el moscardón.
C15 1612
Hay una conifera que amarillea en otoño. Se llama méléze. No le sé el nombre en
español. Se le caen las agujas y forman en el suelo una mullida alfombra; no espinan; me
parece que hasta pudieran dar calor a quien se hundiere en ellas. La madera de méléze es
muy estimada, el tronco muy recto y duro. Sirve para columnas y vigas resistentes y
durables. La carretera al Valle de los Milagros por Casterino está alfombrada con las
inofensivas espinas de méléze.
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hijo despedazado. Monasterio de mil escondrijos como tu rostro. Monasterio de inocente
obscenidad. Nuestra Señora de los Milagros, Nuestra Señora de las siete estrellas, Nuestra
Señora de la Culebra, Nuestra Señora de la falda abierta, Nuestra Señora de las dos
palomas. Acrópolis, colina fortificada, colina del vértigo, colina sinóptica. Iglesia del
órgano italiano, iglesia del parvís festivo, iglesia de los músicos. Capilla blanca de los
penitentes negros. Capilla negra de los penitentes blancos. Capilla verde de los penitentes
rojos. Capilla ardiente. Capilla de la Santa Cruz. Capilla vacía del monasterio. Iglesia de
Nuestra Señora de los Milagros, iglesia del túnel bajo el altar mayor, iglesia de la terraza
inaccesible, iglesia de los ángeles cuello cortado, iglesia de la sacristía misteriosa. Calle
real, bodega, correo, carnicería, bar, baja y sube. Calle del capricho, baja, sube, tuerce, baja,
dobla, desdobla. Restaurante de la sala suspendida sobre el abismo. Restaurante del puente
pequeño y la candela de leña. Plaza de la soledad abrevada en gran fuente. Plaza negra de
las cuatro incógnitas seductoras. Plaza enorme de la primera noche. Plaza de la patria. Plaza
del maestro y del teléfono. Plaza del alcalde. Campanario amarillo. Campanario negro.
Campanario verde. Campanario blanco. Encrucijada de niños. Encrucijada de los
subversivos. Encrucijada de los orientalistas. Encrucijada de los fantasmas perezosos.
Encrucijada del silencio. Encrucijada de las damas severas. Cuesta de la acrópolis. Cuesta
de los visitantes motorizados. Cuesta del cementerio. Cuesta del monasterio. Cuesta de la
Madona del Poggio. Cuesta del ancianato. Cuesta de los arrepentidos. Cuesta de los que
van al río. La otra bodega. La librería de Cairos. Ancianato. Retrete cerca del ancianato.
Retrete sórdido del centro. Retrete del terminal. Gael y Gael. José y Cristina. Daniel y
Lidia. Irene y Teo. Rene. Franques y Virginia. Flavia y Félix. Melania. Osenda y Francette.
Saíd. Jorge el guerrillero. Juan el lionés. Francois, Manuel, Manuela y Manuelito. Gabriel,
Leonora y Lola. Bernardo. Alberto Bertó. La novia de Corto Maltese. Juan Lobo. La casa
de las ventanas verdes. La casa de la gran pared amarilla. La casa de las arcadas. La casa de
las ventanas españolas. La casa de los grandes jardines colgantes. Salida hacia carreteras
del este y del oeste. Bajada a pie del sur. Subida a pie del norte. Lanzas de piedra clavadas
frente a la vega del Ruaiá. Lanzas de piedra disparadas hacia el cielo. Estatuizado impulso.
Movimiento arrancado del tiempo.
Ciudad pequeña. Icono grande. Icono jeroglífico. Descifra descifrador. No por
casualidad estás aquí, ni por conveniencia. Descifra.
C16 1009
Pájaros revolotean y pían devorando abejas y mariposas. El gavilán vuela en
círculos.
B10 1111 11
Le pregunté a Iósef si al luchar por la utopía no luchamos por un infierno frío donde
la gente enloquece o se suicida de fastidio. Me respondió que él prefería morir de locura y
de fastidio, y no de miseria, hambre, enfermedad, injusticia.
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K7 1833
Volví a soñar con los cinco franciscanos asesinados. Me son familiares al igual que
las personas mejor conocidas. Veo nítidamente sus rostros cuando vivos, su manera de
gesticular, de sonreír. El porte y el plantaje. Luego veo también el momento de la muerte.
Murieron de pie, con el aliento cortado por alguna liga invisible anudada al cuello o por una
parálisis de los centros respiratorios.
Como después del paso de la luna nueva volvió el buen tiempo, hice una excursión
al otro lado del Ruaiá, frente a Saorge. Por cierto que en la cima de esa montaña y
dominando la aldea a través del valle, se encuentran los restos misteriosos del Castillo A
Malamorte cuyas bases datan de la época romana. Vista desde allá abajo, la aldea impone
adoración meditativa, como un mándala. Me puse a explorar el pie de la montaña, no osé
escalarla. La roca presenta muchas irregularidades, concavidades, grutas, cuevas, obscuras
penetraciones, salientes. No hay caminos donde estuve ni huellas humanas. Atraído por la
facilidad de la subida en un sitio con vegetación pequeña, me monté aprovechando huecos
y prominencias de la roca hasta llegar a unas cavernas no profundas, más bien como
grandes nichos naturales intercomunicados. Una de ellas sí se profundizaba en hoyo
horizontal indiscernible. Con estupor, con incredulidad, reconocí el paraje visto en sueños
donde murieron los monjes. Sentí miedo de lo sobrenatural, me senté en un rincón sobre
una piedra para tranquilizarme y reflexionar. Entonces me di cuenta de que había huesos en
el suelo, huesos humanos. Calaveras, tibias, vértebras, costillas, fémures en desorden,
¿habrá aquí el equivalente de los zamuros? y restos de tela podrida y de sandalias. Allá
arriba ardía la belleza de Saorge. La escuela y el monasterio estaban totalmente
inexpresivos; pero los contrafuertes del pueblo y los sólidos muros apoyados en ellos
parecían hacerme señas. Se me ocurrió que debía ir inmediatamente a la alcaldía, buscar
autoridades competentes. No es cosa de esta cultura dejar insepultos cadáveres humanos.
Aun después de muchos años caben averiguaciones policiales y ritos funerarios.
He oído de espeleólogos que la tierra, nuestro planeta, está perforado en todas
direcciones por túneles naturales, cuevas intercomunicadas que permitirían intenso tránsito
subterráneo por todo el mundo si no fuera por la alta probabilidad de perderse o despeñarse
y por la presencia, en ciertas épocas del año, de esporas mortíferas. Ambos inconvenientes
son remediables. Pensaba todo esto para calmarme por distracción; pero escogí mal el tema.
La imagen de la corteza terrestre perforada en todas direcciones me inquietó aun más.
Además de los peligros conocidos, qué de monstruos, endriagos y demonios no habría en
esa laberíntica obscuridad. Pensé en Nuestra Señora de las Fuentes, en su santuario erigido
sobre siete fuentes que brotan de la tierra irregularmente y que provienen seguramente de
ríos que transitan cavernas profundas. Ayúdame virgencita. Yo quepo en tu corazón con
todas mis blasfemias. Ayúdame. Decidí bajar. Entonces el miedo se me convirtió en terror
porque no encontré los huecos y prominencias que me habían posibilitado la subida. Terror,
pero no pánico. Sudando frío, me las arreglé para bajar agarrándome de los arbustos para
detener la caída y buscando con los pies anfractuosidades que me dieran su inseguro apoyo.
Sólo raspones, rasguños y porrazos me costó la bajada.
Quise marcar el sitio para guiar a los policías. Era cosa de poner piedras y palos en
forma llamativa. Pero no pude ubicar la subi da. Me alejé para ver si desde la orilla del río
podía distinguir esas cavernas, como grandes nichos, intercomunicadas. Pero la roca se
mostró homogénea con algunos girones de vegetación. Tampoco pude ubicar el sitio donde
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había bajado, lo perdí buscando la subida. Temí haber soñado todo eso. Decidí no
contárselo a nadie y esta página no la voy a mostrar. Dudarían de mi veracidad o de mi
cordura y, en todo caso, de mi valor.
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La cima misma de la colina no está ocupada todavía por el cementerio. Me monté
en lo más alto y vi el pueblo más allá del campo santo y los estrechos valles vecinos y los
desfiladeros. Todas las montañas que rodean a las más cercanas están ya cubiertas de nieve.
Unas pocas semanas y nos cubrirá a nosotros también: Pero no. Gabriel me dijo: Cuando el
otoño es frío el invierno es leve y a la viz conversa.
Bajando hice abluciones. Al llegar al centro del pueblo me abordó un hombre muy
parecido a mí. ¿Ud. es el escritor que ha aparecido en los periódicos de Niza? Quiero
conocerlo. Y se presentó. Sacerdote católico con libertad de rito. Puede practicar cualquier
religión cristiana. La ortodoxa le gusta. Su profesión actual es ermitaño. Vive en una ermita
solitaria por allá lejos, pero está en el pueblo porque su corazón enfermo no aguanta el frío
del invierno. En eso estábamos cuando llegó la escritora amiga de Iósefy nos invitó a comer
estilo americano, cada quien paga lo suyo. El ermitaño se excusó. Yo acepté.
(Interrumpí la narración para comerme una pera y un yogurt en la ventana, con las
luces apagadas para no atraer insectos pero también por otra razón que no logro traer con
claridad a la consciencia. Obscuridad absoluta y silencio. Aldebarán y las Pléyades ya altos
en el oriente. ¿Por qué no sale la luna? Me pareció sentir un enorme brazo peludo, como de
gorila, que me iba a ahorcar desde atrás. Me pareció oír un quejido lejano. Escuché con
atención. Era la nariz mía, un poco tapada por el frío; hacía sonar levemente la inspiración
y en el silencio resonaba como un lamento reiterado rítmicamente a lo lejos. Al brazo de
gorila no le encontré explicación. Prendí la luz. Continúo el relato.)
Mientras caminábamos hacia el restaurante suspendido sobre el vacío y su jardín
colgante, ah, Babilonia, esto es zona sísmica, yo me preparaba para una mesa y sobremesa
llena de libre albedrío y determinación, libertad y esclavitud, relatividad de los valores y su
vigencia absoluta, aparición y desaparición de partículas elementales por neutralidad y
polaridad, spin, no ubicación de la partícula, Espinosa, el burro de Buridan, el fatum
mahomedanum, el suicidio de Dios entendido como big bang. Pero no hubo nada de eso.
Será exclusividad de Iósef. En cambio me contó su vida. Heterogéneo ancestraje. Lengua
materna, el francés, como patria un poco sísmica y con estratos subterráneos bárbaros.
Indiferencia ante la muerte provocada de la madre, alegría de hacerla cremar y esparcir sus
cenizas en lugares desérticos. Amor tierno por una perra cuya muerte lo sumió en profundo
dolor sólo comparable a la del hijo -Dios lo guarde-único otro ser amado. La muerte
provocada del amante y su reparto entre los aldeanos bajo la forma de estofado en
celebración navideña. El amante figuraba como viajero empedernido ante las gentes,
¿cuándo volverá? El muy taimado.
Consulta: Si una confesión general bajo la forma de novela podía atraer
averiguaciones policiales. Respuesta: Los policías no leen novelas confesionales sino
policiales. Consulta: ¿No se escandalizaría la hija al saberse no amada por una madre
asesina? Respuesta: La herencia crea simpatía. Pregunta: ¿Los aldeanos vomitarían al
averiguar lo comido? Respuesta: Los aldeanos no leen literatas y si acaso ya pa qué dijo la
lora. Pregunta: ¿Valdrá la pena haber hecho todo esto para tener material de primera mano,
de mano propia en una novela viva? Sí. Por el inmenso valor literario que sin duda tendrá la
obra.
52
Me pareció que ella había hecho esas cosas y las contaba por coquetería. Pero no me
hizo efecto. Debe hacerle efecto a los dramaturgos perversos tipo Shakespeare, aunque ya
es cosa muy gastada por el uso y el abuso.
La comida había sido cocinada con leña y había levísima ceniza en el aire. El
estafado estaba ligeramente ácido y el vino tenía olor a perra en celo. Pregunta del
mesonero: ¿Un licorcillo hecho por la hija de la patrona? Respuesta: Hoy no, gracias.
E12 744
El silencio del monasterio es delicado y susceptible en extremo. El ruido de una
nariz fañosa resuena y repercute de lejos. La pluma sobre el papel parece rasgar telas de
raso a cuchillada limpia. Cuánto más una caminata por los corredores a medianoche. Nada
nocturno podían hacer los monjes que escapara a la atención de los demás. Las orgías, si las
hubo, debieron ser de participación total. Nada nocturno pueden hacer los escritores
residentes que escape a la molestia de los otros. Ahora bien, el baño común único me queda
a setenta metros de corredor frente a las puertas hipersensitivas de catorce celdas. De algo
me sirve la infancia en la ciudad de Nutrias. Improvisé una bacinilla para la orinada de las
tres de la madrugada. Un frasco grande de mayonesa o de mermelada. Aun así hay que
dirigir el chorro de tal manera que no haga chuá ni espuma. Al estallar, las mínimas gotitas
de la espuma pueden despertar al más lejano durmiente. No sé como harán las mujeres.
Como está de moda la urinoterapia, probé un poquito por curiosidad teniendo cuidado de
tragar suavemente. En eso sonó de repente el teléfono como si destrozaran cien tiendas de
cristales con bolas colgantes de demolición. Número equivocado. Disculpe.
F15 830
Yo también soy sacerdote, le dije al ermitaño, mejor dicho pontífice. Hago puente
entre el cielo y la tierra, entre los opuestos, entre lo sagrado y lo profano. Reconcilio lo
inconciliable. Yo también tengo libertad de rito; puedo compartir la religiosidad de
cualquier pueblo, no sólo del cristiano; puedo acampanar el impulso místico de cualquier
hombre. Puedo entender y practicar los ritos existentes y diseñar otros. He recibido las
ordenaciones regulares y las irregulares. Por vía genética, por vía cultural y por gestión
personal. El sol y la luna me iniciaron. La tierra me nutre y no me duele el corazón. En lo
que digo no hay orgullo ni arrogancia; describo el trabajo más humilde que conozco. Tan
humilde que está bajo el umbral de percepción de los muchos.
53
H6 900
En Francia hubo una verdadera revolución, tan verdadera que irradió sobre toda la
tierra. Venezuela nació republicana. Sin embargo, observo en ambos países algo así como
una nostalgia de la monarquía. A pesar de la alternancia democrática y las elecciones, los
políticos tienden a eternizarse en sus cargos. En ambos países gobiernan partidos, iglesias,
universidades, departamentos, cámaras, empresas públicas, los mismos dirigentes que
gobernaban en mi infancia. Sólo la muerte los ha separado de posiciones que según la
ideología dominante y las leyes deberían ser rotativas. Ancianos decrépitos con historias
podridas, mal de Parkinson y cáncer en el culo se aferran al poder, y los demás se lo
permiten, se lo ruegan incluso. Será que la naturaleza humana es contraria a la república y a
la democracia. Será que algunos hombres nacieron para gobernar y otros para ser
gobernados.
H7 955
Soy experto en dolores. Distingo dos tipos. Primero, los que la carne hereda,
enumerados no exhaustivamente por Shakespeare en el monólogo de Hamiet ser o no ser.
Segundo, los que conciernen la vida de la comunidad, la vida colectiva; vergüenza ajena, y
propia a la vez, pero con posibilidad de eludir la responsabilidad individual. Entre estos
últimos, me duele siempre que Venezuela sea una amiba política. La mano sucia de los
políticos penetra minuciosamente todas las actividades. Llega hasta donde el cepillo no
toca. Todos los caminos, todos, tienen alcabalas partidistas. Las pandillas son
omnipresentes como dios, un dios múltiple que hierve como una gusanera. Hace falta otro
poder que no sea el de esa infame ralea. Veo con gusto y deseo la formación de otros
poderes, por esta razón y no por ideología liberal. Que un grupo de agricultores y criadores
se vuelva poderoso y convierta en sirvientes a sueldo mínimo a los politiqueros. Que un
grupo de industriales multimillonarios los ponga en su puesto de lacayos serviles. Que haya
donde ir, a quien recurrir para escapar de sus desmanes. Que se acabe ese afrentoso
monoteísmo.
Un embajador mejicano, destituido de su cargo por diferencias con el presidente,
quedó en la carraplana y se suicidó. Dejó una nota que vale por mil tratados de sociología:
Vivir fuera del presupuesto nacional es vivir en el error.
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gris y una muía rucia. ¿Cómo se llega desde el Uno hasta esta muía rucia? A veces un
pastor de ovejas apacienta por allí su rebaño y yo escucho los discretos cencerros que no
inquietan a la gran bestia perezosa. Se los ha estado comiendo - la bestia a los cencerros-
preparando hibernación. El monasterio tiene pesebre para setenta ovejas, rediles pequeños
para las crías y espacio para el heno.
Volvió la lagartija. El moscardón volvió. Resucitaron.
O2 1648
Ensayo la escritura total. El que escribe circunscribe, traza un círculo para acotar lo
que quiere decir, excluyendo lo no pertinente. Teme perder la coherencia facilitada por el
límite. Pero yo quiero borrar fronteras, dar paso a todo el que se presente, a todo lo que se
presente. Correr el riesgo del sinsentido y el disparate. Que se mezclen cosas heterogéneas,
que no se siga ninguna línea de acción dominadora, que si alguna coherencia hay, no sea
producida por mí, fabricada, elaborada, sino actuante en el fondo de mí y de las cosas.
Desdeño el orden superficial construido, quiero encontrar el orden real, la ley de Dios.
Espero que se transparente, que brille en el caos y le dé sentido. No sea yo quien la
obscurezca para mí mismo con leyecitas artificiales.
I6 1748
El mundo ciertamente es vampírico. Atrae hacia sí a la consciencia todo el tiempo.
Y la consciencia consiente. Le cuesta un mundo ser autoconsciente. Le cuesta el mundo.
¿Será que la consciencia, nosotros, existimos para ser pasto de las cosas? ¿Y pasto los unos
de los otros? En este segundo caso, debo decir: Cuando yo te veo a los ojos y tú me ves a
los ojos, se produce una tendencia a no vernos, a conversar sobre cualquier cosa, los ojos
miran sin ver, la mirada se dirige a lo conversado. Si vencemos esa tendencia, otra la
substituye, la de convertirnos en objetos, en cosas, bellas tal vez, admirables, queridas, pero
cosas al fin. Si vencemos esa tendencia, viene algo así como una lucha para ver quién es
más fuerte que el otro, quién logra mantener la mirada y hacer que el otro retire los ojos y
se someta hipnóticamente. Si abandonamos esa lucha, podríamos desviarnos hacia las
caricias y el coito, amada, que en tal caso servirían de escape y fuga, y no es así como
queremos querernos. Si rechazamos ese cobarde desvío y aceptamos estar presentes tú ante
mí, yo ante ti, ocurre la terrible maravilla. Nada más incómodo e insoportable al comienzo,
pero luego, quizás. Una vez lo logramos; por eso somos fuertes. Volvamos a fortalecernos,
niña de mis ojos. Es como resucitar a Dios.
A9 1211 942
A menudo me hago reproches por no haber leído lo suficiente en mi vida y por no
dedicar más tiempo a la lectura en el presente. Me agobian los muchos libros clásicos que
no leí y los que aparecen ahora en grandes cantidades sin que haya forma humana de leerlos
todos. Qué largos son los libros y qué corta la vida.
De repente caigo en cuenta de lo monstruoso de esos reproches y lamentos. Desde
pequeño en bibliotecas; durante la adolescencia leyendo en vez de vivir como mis más
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vitales compañeros; todo el tiempo disponible de adulto pasado entre libros, escribiendo
libros además. Y todavía me acerco a mí mismo con reproches y lamentos. Acabáramos.
Un dios muy exigente el libro; pide entrega total y aun dándosela se muestra insatisfecho,
desdeñoso y dispuesto a castigar. Parece un dios cristiano: "Todas tus buenas obras, aun si
logras concentrarte exclusivamente en las mejores, son trapos sucios, toallas hediondas de
menstruación, condones usados, ante la presencia del Señor".
Estoy ahito de ese culto infructuoso. Le voy a poner una vela al diablo de los libros.
Para mentarle la madre al libro hay que comenzar por la escritura. ¿Qué beneficio
ha traído al hombre la escritura? ¿Para qué amarrar las palabras a dibujos, para qué
paralizar los pensamientos en cárceles gráficas, para qué congelar los sentimientos en frías
neveras de papel? ¡Meter los recuerdos en relicarios de tinta! ¿por qué no dejarlos en el
viento, su ámbito natural, para que el viento haga con ellos lo que hace con las hojas de
otoño? ¿Para qué conservarlos? Siempre habrá otros muy parecidos. Todo lo que la
escritura guarda es comparable a la empresa de guardar las hojas de otoño, empresa absurda
además de perjudicial porque le quita abono al porvenir.
Y que la escritura permite conservar el conocimiento científico sin lo cual no se
podría aumentar y estaríamos siempre comenzando. Qué tanto interés en el conocimiento
científico que no ha servido para conocer la verdad y en cambio sí para fundamentar una
tecnología que amenaza con acabarnos a todos. Además, ¿cuál es el problema de estar
siempre comenzando? ¡Ojalá el amor se quedara siempre en sus comienzos!
Y lo peor es que tengo que pedir perdón por haber dicho estas blasfemias. No debo
morder la mano que me da de comer.
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La mirada de la sacerdotisa es penetrante y panorámica. Ve a la izquierda y a la
derecha y hacia la calle sin desplazarse. Observa las manos de los feligreses y penetra las
intenciones secretas de sus corazones. Su palabra es indiscutible e indiscutida. Impone
respeto y reverencia. Su gran trabajo ceremonial nutre a los feligreses y aumenta la gloria
del Señor incrementando su poder.
El sacerdote ejerce su autoridad y su servicio desde el misterio. Su diligencia
conecta con todos los lugares del mundo. Asegura la comunicación entre las partes del
Señor, garantiza la circulación de su sangre.
La sacerdotisa y el sacerdote no hacen ritos carentes de sentido, repetición absurda
de actos que en épocas antiguas tuvieron contenido. Lo que hacen es indispensable para la
conservación, continuidad y aumento de la vida de los feligreses y del dios.
D14 1800
Tuve un sueño. ¿Una pesadilla? Una yegua de la noche, un opresivo espectro
nocturno. Sueño alpino. Me sentí duro por fuera, hueco por dentro, pétreo, muy alto,
inmóvil. Dividido y subdividido en partes unidas. Perforado, horadado, articulado;
caprichosa colmena de roca. Desbastado para formar espacios laberínticos. Traté de
moverme y no pude. Estaba pegado, integrado a una montaña. Como un fósil. Dentro de mi
complicado interior y en comunicación con el exterior por agujeros, aberturas, canales,
había una substancia blanda, móvil, viscosa, resbalosa, viviente con vida inquieta,
segmentada en unidades coordinadas que se atraían y repelían alternativamente. Tenía yo
los pies clavados en el suelo cerca de un sitio donde fluía agua corriente y de mí fluían
hacia ella fluidos diversos. Yo no podía gobernar los movimientos de esa blanda masa, pero
agudicé la percepción interna y comprendí que eran muchos seres humanos, parejas de
ancianos tomando remedios para la memoria, los gases, la respiración, niños estrenando
alegrías y dolores, jóvenes explorando los caminos del sentimiento y la pasión, hombres y
mujeres trabajando, artesanía, política, educación, comercio, agricultura. Se derramaban
hacia afuera, volvían a entrar. Eran muchos y uno. ¿En qué me había convertido? ¿Qué
metamorfosis era ésa? ¿Qué extraño caracol era yo? Sobre mi cabeza todos los muertos
agitaban pensamientos, recuerdos, proyectos, susurraban sugerencias. A mis pies cinco
franciscanos asesinados hablaban desde sus huesos insepultos sobre guerras siderales,
conspiraciones extraterrestres, secreta connivencia del abad con los invasores. En la barriga
muerte y renacimiento incesantes. En el pecho escuela, leyes, tradición. En la cabeza ideas
y más ideas, información, sabiduría y locura en las voces susurrantes de inanes figurillas.
Desde la parte vacía de mis entrañas donde aguardan sin ocupar especio tres mil guerreros
fantasmales, grité, desde lo profundo clamé, desde el horro pregunté ¿quién soy? ¿Por qué
soy así? ¿Para que existo? Pero ninguna voz salió de mí. Seguí paralizado. Sólo se oían las
habladurías del Ruaiá para ruborizar las hojas indefensas. Que la hija del cíclope ponga su
oreja sobre mí, como sobre una caracola, y me escuche.
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F16 L2 1911 535
La poetisa greco-americana se ofreció para cantar, bailar y declamar poemas. Le
gustaban los músicos. Sus poemas trataban sobre cómo enamoró Orfeo a Eurídice.
Primero la invitó a un trigal listo para la cosecha. Tu pelo son espigas de trigo
agavilladas.
Mi pelo es negro, Orfeo,
Muchacha tonta, me refiero a tus pensamientos en conjunto, a la forma en que se
ordenan, a su belleza alimenticia, no al color.
En la segunda cita la llevó al mar.
Tus ojos son el mar de múltiples murmullos, cada murmullo un camino, cada
camino un mundo.
Tengo ojos negros, Orfeo, y mudos.
Muchacha tonta, me refiero a la amplitud y profundidad de tu consciencia.
L3 1911 1000
Ya no pudo verla más, sino por partes. Los pies en el monte. Los senos entre
rebaños de cabras. El ombligo en Bizancio. La había cantado por partes. Con su lengua
serpiente la había descuartizado.
M2 1911 11
Semele: Quiero verte en toda tu gloria y majestad. Estoy cansada de verte en formas
animales.
Zeus: Nadie puede verme y no morir.
Semele: Quiero verte en directo.
Zeus: Ya que insistes.
Semele se quemó. Estaba preñada. Zeus salvó al feto y lo tuvo metido en su muslo
derecho hasta que cumplió los nueve meses de vida intra-uterina. El muslo, un útero. Nació
Dionisio. Con tantas ocupaciones, Zeus no podía atenderlo debidamente. Se lo encargó a
los titanes: Cuídenlo, críenlo y mucho cuidado con hacerle daño. Es mi hijo, mi heredero,
mi sucesor. Pero los titanes no pudieron aguantar ese olor que tienen las carnes de los niños
y lo mataron, se lo repartieron, se lo comieron. Al tiempo vino Zeus. ¿Dónde? ¡Ah! Sacó su
rayo, fulminó a los titanes, los volvió picadillo. De ese picadillo salieron los humanos.
Mucho de titán. Poco de Dionisio, y semidigerido además. Tarea de los humanos: sacar de
sí lo dionisíaco, limpiarlo, reunirlo hasta reconstituir al niño dios. Mientras tanto están sin
dios, perturbados por la herencia titánica. Zeus se murió hace tiempo, su trono está vacío,
pero sus rayos no se oxidan. Esperan la mano de Dionisio. Afánate, pequeño mortal.
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F17 1911 12
Un baterista, un bajista, un guitarrista, un aparato de sonido. En el bar restaurante
del pequeño puente. La poetisa bailó y cantó: levantó los dos brazos, inclinó la cabeza hacia
la izquierda. Los ojos cerrados, una sonrisa de placer. Bailó de la cintura hacia abajo, nada
más. Cantó sin abrir la boca, sólo sonidos guturales más o menos nasalizados.
M3
Como yo te quiero a ti sola, odio a todas las demás mujeres. Como tú te moriste tan
inoportunamente, mis discípulos deben prescindir de mujer. Pero todos los hombres eran
discípulos de Orfeo y todos le obedecieron. Entonces las mujeres se indignaron, se
confabularon, conspiraron, lo buscaron, lo encontraron cuando salió solo de las puertas del
Hades, lo rodearon, lo golpearon, lo hirieron, lo zajaron, lo tundieron, lo descuartizaron,
halándolo en todas direcciones, lo desgarraron con dientes y uñas, lo dividieron y se
dispersaron para dispersar los pedazos. No sea que se reúnan. La cabeza, toda desfigurada,
flotó en el río, y cantaba mientras la corriente se dirigía hacia el mar de múltiples
murmullos.
P1 2011 107
La realidad es para mí un vino demasiado fuerte. Un poco me basta para
embriagarme. Déjame verte sólo unos momentos. Te digiero difícilmente como a un
veneno casi mortal.
H8 2011 653
Creo haber descubierto una institución francesa desconocida en Venezuela: los
benévolos. Se llama así a las personas que hacen un trabajo para la comunidad sin recibir ni
esperar remuneración económica. Son jubilados o gente con bienes de fortuna que no
necesitan trabajar para vivir, amas de casa desocupadas y a veces hasta muy ocupadas.
Personas benévolas hay en Venezuela, pero digo que en Francia son una institución porque
ocupan puestos de trabajo en la comunidad de manera estable y oficial. Los motiva el deseo
de ser útiles, tal vez también el deseo de sentirse importantes. Imagino que intentarán poner
condiciones, imponer sus puntos de vista, componer grupos de poder, proponerse en las
elecciones, deponer a sus enemigos personales, disponer actividades más allá de su alcance
legal, suponerse superiores. Pero no necesariamente, no siempre, no de manera decisoria.
En general me ha parecido de gran utilidad y beneficio. He observado el trabajo de esas
personas en las bibliotecas, la organización de fiestas tradicionales, las comunicaciones, el
auxilio en actividades de protección ambiental y enfrentamiento de urgencias inesperadas.
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Es verdad, dijo Iósef, si vemos en el universo el cadáver de un dios no estamos
forzados a suponer que se suicidó. También pudo morir de muerte natural. Basta concebir
un dios mortal, llamando dios a todo lo que se pueda sostener en vez de nada. En mis
conversaciones con Elena, lo que ha llevado a la idea del suicidio es, por una parte, mi
sospecha de un accidente terrible, mi sentir todo como degradándose y corrompiéndose,
como un cadáver; por otra parte, la ocurrencia de Elena: lo insoportable de la perfección. Y
algo más: hemos supuesto una dificultad de dios para aniquilarse de un solo golpe y por lo
tanto su persistencia cadavérica después del suicidio.
Elena estaba por ahí y escuchaba distraídamente. Ella tiene las manos y las muñecas
muy finas, delgadas, delicadas; lo mismo los pies y los tobillos. En cambio ha crecido
enormemente en la mitad del cuerpo, no tiene cintura, es un balón. Además, es pálida, con
grandes ojos saltones. Me hace pensar en el amigo muerto de Iósef, al que no dejaba
enterrar. La veo, es absurdo esto, la veo como un cadáver a punto de estallar y me pregunto
si Iósef no la habrá amado como substituto de su amigo muerto, detenido en la última
esperanza, en el minuto antes de reventar. Ella es hermana de él, pero sólo por parte de
padre y no la conoció en la infancia.
En nuestro contexto, continuó Iósef-tenía siempre los ojos enrojecidos como si
acabara de llorar y miraba a su hermana con perversa lujuria-, en nuestro contexto, concebir
dos dioses no es necesariamente politeísmo. Un Dios único puede dividirse en dos para
facilitar el suicidio, o en más de dos, depende de cómo imaginemos el acto.
Le pidió a su hermana que dejara el trajín y se sentara quieta a su lado. Ella lo
complació y él siguió hablando con la mano puesta sobre la pierna de ella. Seguí pensando
que reemplazaba al amigo muerto.
Jean-Marc estaba oyendo y dijo: No sé por qué, Iósef, separas tanto entre la nada y
Dios. Continuamente desaparecen partículas elementales por neutralización; continuamente
aparecen partículas elementales por polarización. Si creemos que todo está hecho de
partículas elementales, entonces debemos aceptar que la nada es Dios en neutro y el
universo es Dios polarizado. Dios se está continuamente suicidando -para utilizar tu
lenguaje- y está continuamente renaciendo.
Iósef no aceptó esa interpretación. Quitó la mano de la pierna de su hermana para
accionar. Dejas por fuera la consciencia, Jean-Marc, la consciencia que no puede ser
partícula elemental ni objeto alguno. Me recordó a Perucho de la Mancha. Debes pensar en
un dios consciente fastidiado por su propia perfección.
Yo objeté, pensando en Perucho de la Mancha. La consciencia tiene que estar
dirigida hacia algo. Si no hay nada tampoco hay consciencia. Para suicidarse tendría que
aniquilar todo. El cadáver es algo, es el enorme universo, mientras lo tenga no puede morir.
No, dijo Iósef, pero puede agonizar, partido en incontables pedazos y pedacitos, sin
unidad después del golpe suicida; nosotros somos, según esto, algunos de esos pedacitos,
espejeando interminablemente, imperfectamente, torcidamente, las partes que nos queden
más cerca, ensayando unidades ficticias, inútil nostalgia del uno, vana teofilia.
Le había puesto la mano a Elena en la nuca. Mientras hablaba la mano se movía
según el oleaje de las palabras y la jamaqueaba. Ella se levantó arrecha. Mi tío Juan José
solía decir que la ira en las mujeres es con frecuencia una forma de excitación sexual. Por
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eso "arrecha" quiere decir cachonda y enojada. Por eso de una mujer malhumorada se dice
que le hace falta un güebo. Por eso expertos amadores aconsejan molestar a la mujer antes
del acto para que se ponga brava y por lo tanto cachonda. No sé si Iósef la preparaba así
para ejercicios eróticos, pero de que estaba brava estaba brava. Me tienen ya fastidiada con
esos cuentos. No sólo la perfección es fastidiosa. Se fue a grandes pasos. Parecía una
bomba de cumpleaños a punto de reventar. Iósef la siguió. ¿Estaba ya preparada?
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A10 2211 1014
¿Babel es el suicidio del verbo, análogo al suicidio de Dios, o un verbicidio,
análogo al deicidio? El de la cruz fue decididamente un verbicidio. Para que se cumplieran
las palabras del profeta cuando dijo: Barinas será Pedraza, Pedraza será Barinas -y el
palacio del marqués cagadero del que pasa, del gobernador de turno. ¿Regresarán todas las
lenguas al lenguaje? ¿Al tercer día? Un segundo es como mil años ante la presencia del
Señor. ¿Cuántos segundos hay en tres días, Dr. Zabroski? 259.200 segundos, 259.200.000
años. Cuando haya transcurrido ese lapso, volveremos a antes de Babel. León de Greif dijo:
Vendo mi vida, juego mi vida, cambio mi vida, por una copa de jengibre, por una pipa de
espuma de mar; de todos modos la llevo perdida. ¿Volverán las obscuras golondrinas y
refrenarán el vuelo? Estamos a un paso de los tangos y de las rancheras. A un paso ya en el
interior. Y esa mezcla es abominable.
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F19 2411 255
Lo vi claramente. Estaba en la ventana de su celda mirando hacia el este, donde ya
se asomaba el sol naciente, cuando algo en el huerto le llamó la atención. Era alguien que
caminaba descalzo sobre la hierba húmeda. Con ese frío. El rocío, aun visto desde esa
ventana del piso superior, esplendía plata fulgurante, oro, perla preciosa. Observó al
caminante. Era Iósef. Aveces se agachaba, pasaba la palma de la mano derecha sobre la
hierba y luego sobre la parte izquierda de la cabeza y de la cara, con especial masaje en la
sien. Después pasaba la mano izquierda sobre la hierba y luego sobre la parte derecha de la
cabeza y de la cara. Sintió gran curiosidad, y yo mirando, sin intervenir, sin juzgar. Iósef
levantó la vista, lo vio y lo saludó con un movimiento de la mano; él se sintió descubierto,
hubiera preferido pasar inadvertido, ver sin ser visto. Decidió bajar a la cocina; para esperar
que Iósef entrara y hablar con él. De todas maneras iba a bajar más tarde a preparar café. Y
yo mirando.
-¿Qué es eso tan raro que estabas haciendo en el patio?
-¿Te refieres al mantram? preguntó Iósef mientras se secábalos pies con una toalla.
-¿Cuál mantram? Me refiero a la caminata descalzo, a las agachadas, a los pases de
manos.
-¿Cómo? ¿Es posible que no conozcas esas prácticas antiguas para fortalecer y
prolongar la salud y la vida? Y yo que te creía iniciado.
-¿Iniciado en qué? Explícame si quieres. No haces más que preguntar en vez de
responder.
Mientras preparaba café, él en una greca, Iósef hirviendo agua para echarlo
directamente sobre el polvo de café en una taza, Iósef comenzó a explicar.
Yo mirando, escuchando, sin intervenir, sin juzgar. Pero en un momento de la
explicación a mí me pareció que él no preguntaba con fuerza, lo juzgué timorato. Al
juzgarlo no pude seguir viendo ni oyendo; me hundí en él y pregunté desde su corazón, con
vehemencia.
-¿Qué es eso de la alquimia?
-Muy sencillo. El plomo son las emociones negativas. El atanor es el plexo solar. El
oro es una substancia que sirve para inmortalizar el alma, mejor dicho para construir un
alma inmortal. La transmutación del plomo en oro se hace con fuego y con rocío de la
siguiente manera.
En eso llegó de viaje la poetisa, saludó con besos fríos, puso sobre la mesa sus
abrigos, paraguas, sombreros, cámaras fotográficas, chacaritas, cajitas, cajetas, toallas
higiénicas, dio las gracias por el café que le estábamos preparando y prometió tomar de los
dos para que no nos pusiéramos celosos. Había decidido volver al monasterio después de
cada recital. Aquí hay más espacio.
Yo me quemaba en el plomo líquido del plexo solar y no sabía transmutar. Iósef, en
cambio, tenía un halo resplandeciente en la cabeza y sonreía con la beatitud de los santos.
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En otra ocasión me dijo: Cuando sabes transmutar, lo que hace falta a veces es el plomo.
Por eso aquello de "Bendecid a vuestros enemigos". Te disparan plomo gratis.
F22 2511 5 5 5
Iósef me desconcierta. A veces da la impresión de saberlo todo, y a veces parece
ignorar lo más elemental. Pregunta con ingenuidad y se asombra de las respuestas como si
por primera vez percibiera lo obvio. Esto último sobre todo cuando habla con Elena.
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Se alimenta dividiéndose en multitud de partes ignorantes de su origen. Ella queda
en un centro lúcido, sus fragmentos separados se dividen cada vez más y buscan su origen
en medio de grandes sufrimientos. Han de convertir el dolor de soledad y desamparo, de
ignorancia y confusión, de encierro y desarraigo, en luz para el reencuentro. Con ese
esfuerzo crecen individualmente y se multiplican para mayor gloria de la divinidad de la
cual son partes separadas. Al llegar a ella la engordan y la fortalecen. Ella inmediatamente
se vuelve a partir y envía sus fragmentos a la obscuridad con la orden de regresar. Con todo
nuestro dolor, la divinidad se muere de risa, está comiendo. Pero somos ella y nos conviene
todo el proceso. Esperamos disfrutar por un tiempo la plenitud y la gracia antes de
recomenzar.
Sabes preguntar y oír. Te falta aprender a no preguntar, a no oír, a encerrarte en ti
mismo donde está Ella.
P2 2511 629
Cuando te veo, princesa, mi tajada de pan tiene miel por los dos lados.
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nave se había levantado. Pero los de Nutrias ya estaban despiertos. Hubo estampida de
caballos, bramido y confusión en los potreros, grisapa de marranos, pavos y gallinas,
dispersión de garzas, arrendajos, tucusitos. Hombres, mujeres y niños salían a ver ese
portento prodigio milagro encanto maravilla y se quedaban con la boca abierta de asombro
y admiración. No hubo terror.
Ahora vamos a los Andes, dijo Saorge. En un dos por tres, con suavidad y buen
tiempo llegamos a La Pedregosa. Saorge se ubicó contra la montaña del Indio, del otro lado
del río en un lugar desierto, parecido a su sede original. Hizo algunos ajustes y se
estabilizó. A lo lejos se veía la gente señalando con el dedo y llamando a los otros. Los de
Saorge ya estaban levantados y observaban con incredulidad los cambios de paisaje, no
demasiado grandes pero notables. Los deslumhró el color de la vegetación. De dónde
habrían salido esos grupos de casas en el valle y esas otras casas dispersas sobre los cerros.
Y esas flores. Ya no era otoño. Todos tuvieron un mismo pensamiento: habían abusado del
vino nuevo; pero habían aprendido a aceptar los sueños cuando son bellos y comenzaron a
bajar a conversar con los nativos y nativas de esa región.
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