DOCTORADO EN EDUCACIÓN
Primer cuatrimestre
“ACTIVIDADES REALIZADAS EN CLASE”
Asignatura: PROCESOS SOCIALES Y
CULTURALES DE LA EDUCACIÓN
“¿ES LA CULTURA UNA NOCIÓN DE ESTATUS?”
Sesión: 27/04/2024
Asesor: Dr. LEONEL PONCE MÁRTÍNEZ
Alumno: Selene Salazar Sánchez
Etimológicamente la palabra cultura proviene del latín que significa “cultivar”, “labrar” o
“cuidar” y hace referencia a cultivar el conocimiento y la educación, en el sentido de la capacidad
intelectual que adquiere un pueblo o civilización. Hoy en día entendemos que la cultura es el resultado
de la acumulación de experiencias y de la adaptación a diferentes circunstancias, que tuvo una
población durante un largo período, por ende, es la cultura la que garantiza la supervivencia del grupo
social. La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO)
definió a la cultura como “el conjunto de los rasgos distintivos espirituales y materiales, intelectuales y
afectivos que caracterizan a una sociedad o a un grupo social y que abarca, además de las artes y las
letras, los modos de vida, las maneras de vivir juntos, los sistemas de valores, las tradiciones y las
creencias”.
La cultura se caracteriza por ser aprendida, compartida y dinámica, es decir, que se adapta al
contexto con el objetivo de garantizar la supervivencia del grupo social. La cultura no es algo instintivo
o natural del ser humano, sino que es producto del aprendizaje que incorpora durante toda la vida. Es
una capacidad que lo diferencia del resto de los animales. La forma de vida en comunidad hace posible
la continuidad de la cultura. Existe una amplia diversidad cultural como tantas sociedades o países
hay en el mundo, es decir, las diferentes culturas pueden convivir.
Si bien existen diversas culturas muy diferentes entre sí, todas comparten elementos como los
símbolos, el idioma y el lenguaje, la idiosincrasia, el sistema de creencias, los valores, las leyes, las
costumbres, el avance de la tecnología que impacta en el desarrollo de la vida cotidiana.
La cuestión de la identidad cultural, de la cual forman parte la dimensión individual y de clase de los
educandos cuyo respeto es absolutamente fundamental en la práctica educativa progresista, es un
problema que no puede ser desdeñado. Tiene que ver directamente con la asunción de nosotros por
nosotros mismos. Esto es lo que el puro adiestramiento del profesor no hace, pues se pierde y lo pierde
en la estrecha y pragmática visión del proceso.
En los últimos años el ser humano ha desarrollado nuevas habilidades y tecnologías que
implicaron un avance acelerado en la evolución cultural a nivel mundial, como el Internet y las redes
sociales. No es acertado desconocer que la realidad actual es multicultural, aunque se atraviese por
un predominio globalizante bastante agudo o se privilegie románticamente encuentros conceptuales,
empresariales y pedago-antropológicos, que ignoran o descuidan ingenuamente el dominio de clase.
Esto es, se incita a comprender la interculturalidad, desde el enfoque que se opone tanto al
determinismo idealista o conceptual, como a la promoción romántica de encuentros, que descuidan la
importancia de las relaciones desde la praxis, por tanto, desde la vivencia misma de diversos conflictos
de poder o dominación históricamente afincados. En esa perspectiva, los proyectos educativos deben
relativizar los enfoques demasiado etnocentristas y culturalistas, y priorizar el hecho de que una real
interculturalidad requiere integrase dentro de un proyecto político contra hegemónico, también, con
conciencia de clase. No se propone el socialismo ni la social democracia, se invita a no considerar la
interculturalidad y la democracia fuera de las estrategias de dominación transnacional. Tampoco es
concebible desconocer que el multiculturalismo y la interculturalidad también fueron bandera de lucha
de movimientos contra hegemónicos, pero que el tiempo histórico exige superar fronteras de todo tipo,
sin desmerecer las especificidades, pero sin obviar estrategias conforme el contexto histórico de lucha
política, que deben incursionar en la emancipación para el escenario global.
Por todo lo anterior considero, a manera personal, que la cultura de cada individuo si le da cierto
estatus social ya que se refleja en las formas de pensar y concebir el mundo, las formas de actuar, y
los objetos materiales que, en su conjunto, dan forma al modo de vida de la sociedad en la que vive,
proporcionándole características propias llegando hasta el tipo de educación que recibe y trasmite. Se
cree que mientras más culta es una sociedad, más firmes son sus principios democráticos, y es
también la cultura, la que proporciona en gran medida los contenidos de la educación, esos que no
son meros conocimientos ni puro adiestramiento en técnicas y habilidades, sino esos que llevan dentro
de sí valores, hábitos y costumbres; las metas de una sociedad. Educar, en un sentido esencial, es
educar desde la cultura y hacia la cultura, porque es en ella donde se forjan los valores constitutivos y
permanentes. La cultura es lo digno de reconocimiento y de resguardo, lo que constituye el cimiento
irrenunciable de nuestra vida nacional, aquello que constituye nuestra identidad como nación, pero
también como seres humanos dentro de una “escala de identidades” que acepta múltiples
pertenencias. La cultura es condición del éxito educacional, porque sin ella la educación no cumple
cabalmente sus objetivos. La incultura reduce la eficacia de la acción educativa y, al contrario, un
mayor nivel cultural permite un mejor aprovechamiento de los recursos y métodos pedagógicos. La
cultura no es viable sin la educación, pero la educación no es viable sin la cultura. El desarrollo cultural
permite transformar la educación en un proceso que dura toda la vida y que no se limita a la escolaridad
formal. Es equivocada y añeja esa idea de la educación que se limita a la enseñanza pre-básica,
básica, media y universitaria, y se olvida de lo que ha señalado la Unesco, que la educación es un
proceso permanente, frente a lo cual las instituciones públicas deben encontrar respuestas prácticas,
eficientes y válidas. La cultura, el reforzamiento de los valores humanistas dentro de una sociedad, es
la única garantía de que en ella se consolide el sentido de igualdad y solidaridad entre los ciudadanos,
que se respeten los derechos humanos, que la vida se llene de belleza e imaginación, que se
introduzca una mayor igualdad de oportunidades, que la convivencia genere paz y prosperidad.
BIBLIOGRAFIA
FREIRE, Paulo. (1999): Cartas a quien pretenda enseñar. 5™ edición, siglo XXI editores, S.A. de C.V.,
México.
DIETZ GUNTHER. Multiculturalismo, Interculturalidad y Educación: una aproximación antropológica.
Universidad de Granada. España. 2003. Pg. 16.
DELORS, J. La educación encierra un tesoro. Madrid: Unesco-Santillana, 1996.
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