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La Pregunta Filosófica

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La pregunta filosófica.

Algunas características del tipo de preguntas que las hace filosóficas.

Las preguntas son más conceptuales que pragmáticas.


Zenón no hacía un estudio de la velocidad de la tortuga vs. Aquiles. Estaba
interesado en demostrar la diferencia entre el concepto “realidad” y el concepto
“apariencia”. Otro ejemplo. Si vemos una flor muerta, la pregunta filosófica no iría
a la parte práctica: ¿qué hacemos ahora que se murió la flor? ¿Sembramos otra?
Más bien la filosofía se interesaría por preguntar sobre el concepto “muerte”.
Podría luego contrastar los conceptos “vida”/ “muerte”. Podría hacer la siguiente
pregunta: ¿qué significa que algo tenga “vida”?

Las preguntas filosóficas son universales y no singulares.


Precisamente porque el interés no es pragmático sino teórico interesan los temas
en tanto universales. Por ejemplo si nos preguntamos si el ser humano es una
unión de una cosa material y una cosa inmaterial, no estamos preguntando
específicamente acerca de un ser concreto, sino de cualquier (o sea todo) ser
humano. Lo singular puede ser ocasión que invita a la reflexión, pero la reflexión
se convierte en filosófica en tanto trasciende su individualidad y se ocupa de lo
universal.

Las preguntas filosóficas buscan principios para explicar las cosas.


Cuando observamos un fenómeno suponemos que hay una causa para su
ocurrencia. Por ejemplo, observamos que llueve: suponemos que la lluvia tiene una
causa. Empezamos a estornudar y si nos ponemos a pensar, nos preguntamos ¿por
qué estoy estornudando? o ¿qué ha causado este estornudo? Ahora bien, en estos
casos estamos basando nuestras explicaciones en un principio, el principio de
causalidad, que dice que “todo tiene una causa”. De manera que cuando se
pregunta sobre algo, se está buscando un principio que permita la explicación.

Las preguntas filosóficas exploran más allá de lo obvio.


He escuchado en clase que tenemos que remitirnos a los “hechos”. Parece obvio lo
que es un “hecho”. Pero detengámonos y preguntémonos: ¿qué es un “hecho”?
¿La pizarra es un hecho? ¿La novela ‘La tía Julia y el escribidor’ es un “hecho”?
¿Hay hechos verdes? ¿Hay hechos que ya no son hechos?

Las preguntas filosóficas generan nuevas dudas y, en consecuencia,


nuevas preguntas.
Si yo empiezo preguntando si los seres humanos tenemos alma, la siguiente
pregunta que voy a generar a partir de la primera sería ¿qué es el “alma”?
(pregunta eminentemente conceptual). Podría continuar preguntando, ¿cuáles son
las características de la llamada “alma”?. Podría además preguntar si acaso los
animales también tienen “alma”.

Las preguntas filosóficas exigen rigor argumentativo.


La filosofía se caracteriza por utilizar herramientas lógicas para darle mayor rigor a
su método. Esto evita que las preguntas tengan incoherencias como preguntar si
existe el círculo cuadrado. Esa pregunta sería absurda puesto que viola el principio
de no-contradicción que sostiene que una cosa no puede ser y no-ser al mismo
tiempo, o lo que sería lo mismo en este caso, o es un círculo o es un cuadrado,
pero no puede ser las dos cosas al mismo tiempo.

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