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Eutanasia

Concepto y etimologia.

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Eutanasia: propuesta de definición

Escrito por David Rodríguez-Arias Publicado: 26 marzo 2008


El concepto de “eutanasia”, al igual que el de “aborto” o el de “clonación”, soporta una
carga importante de connotaciones valorativas e ideológicas. Esto explica lo difícil que es
alcanzar un consenso sobre su definición. La que se propone aquí como conclusión del
breve argumento que se propone a continuación, no pretende ser definitiva, sino discutible
y revisable.
Etimológicamente, “eutanasia” procede del griego eu-thanatos, que significa buena muerte.
Ahora bien, lo que constituye una “buena muerte” depende de consideraciones subjetivas y
culturales. Actualmente, hay una tendencia a comprender que morir bien es hacerlo sin
padecer sufrimientos innecesarios, posibilitados éstos eventualmente por el mantenimiento
desproporcionado de determinadas medidas de soporte vital. Pero lo que, con mayor o
menor acierto, se denomina corrientemente “eutanasia” comprende un conjunto de
prácticas médicas –destinadas todas ellas a facilitar una buena muerte- pero que son muy
diferentes entre sí. Diferentes en el sentido de que no siempre se les acuerda el mismo
significado moral y que, de hecho, no suelen recibir el mismo trato jurídico. En España,
como en la mayoría de los países occidentales, la limitación del esfuerzo terapéutico es
legal, mientras que la inyección de un cóctel lítico está prohibida.
El conjunto de las prácticas eutanásicas se puede clasificar conforme a tres criterios. En
función de la voluntad de morir de quien fallece, se distingue la eutanasia “voluntaria”, de
la “no voluntaria” y de la “involuntaria”; en función de la intención de quien realiza el
comportamiento eutanásico, se distingue la eutanasia “directa” de la “indirecta”; por
último, bien por referencia al carácter activo u omisivo de la conducta del médico, o bien en
función de que exista o no una relación de causalidad entre esa conducta y la muerte del
paciente, se diferencia la eutanasia “activa” de la “pasiva”. Una definición y una
clasificación de las diferentes versiones de la eutanasia podrían ser las siguientes:

Eutanasia voluntaria, involuntaria y no-voluntaria- “Eutanasia Voluntaria” es aquella que se


realiza a petición expresa del paciente. - “Eutanasia Involuntaria” se refiere a la conducta
consistente en provocar la muerte de un paciente competente en contra de su voluntad
explícita o sin su consentimiento. Existe una tercera denominación de la eutanasia –la
llamada “eutanasia no-voluntaria”- que se plantea cuando no se conoce, ni se puede
conocer, si el paciente desea morir. La expresión se suele utilizar en los casos de pacientes
en estado vegetativo que, mientras pudieron, no realizaron unas directrices anticipadas en
las que hablasen de sus preferencias de tratamiento.
Eutanasia activa y pasiva: Esta clasificación tiene que ver con la modalidad de la conducta
del médico y se establece en función de que exista relación de causalidad entre esa
conducta y la muerte del paciente.- “Eutanasia activa” o “positiva” comprende las acciones
que provocan la muerte de un paciente que sufre de manera intolerable.- “Eutanasia pasiva”
u “occisiva” consiste en la omisión o suspensión de las medidas terapéuticas que prolongan
la vida de un paciente (por lo general en fase terminal).
Eutanasia directa e indirecta: Esta categorización sigue el criterio de la intención del
médico al practicar la eutanasia. - “Eutanasia Directa”: la conducta del médico tiene por
objetivo y resultado principal la muerte del paciente. Un ejemplo de ello sería la inyección
de un cóctel lítico a una persona para que muera sin sufrimiento. “Eutanasia directa” se
considera sinónimo de “eutanasia activa”. - “Eutanasia Indirecta”: se diferencia de la
directa en que la conducta del médico no busca la muerte de su paciente, sino que ésta es un
mero efecto secundario de su auténtica intención: aplacar una agonía insoportable. Un
ejemplo frecuentemente mencionado es el de los pacientes con cáncer que, llegado un
determinado momento, requieren dosis de morfina que, siendo necesarias para calmar su
dolor, resultan suficientes para provocar una depresión del sistema respiratorio y como
consecuencia la muerte. A esto es a lo que se llama eutanasia indirecta, si bien este término
es muy controvertido. Se suele defender que, en tales casos, aunque el médico causa la
muerte del paciente y era consciente de que lo haría, no es moralmente responsable de ella.
Debate:
Las distinciones eutanasia activa/pasiva y eutanasia directa/indirecta han sido criticadas
como carentes de relevancia moral por autores consecuencialistas, que entienden que lo
decisivo para valorar un comportamiento no es tanto los medios o las intenciones
empleadas, sino sus consecuencias. Para ellos, “matar” no es siempre necesariamente peor
que “dejar morir”, y “provocar intencionadamente un daño” no se diferencia
necesariamente de “no evitar ese daño habiéndolo previsto”. Por su parte, los partidarios de
una comprensión deontológica de los problemas éticos relacionados con la eutanasia,
entienden que la eutanasia activa se distingue moralmente de la pasiva y de la indirecta
porque sí conceden relevancia moral a tales distinciones. Estos desacuerdos sobre el lugar
en el que debe caer el acento del juicio moral son responsables de gran parte de los debates
sobre la eutanasia. Otra razón, es la falta de claridad sobre el tipo de eutanasia que se
discute al debatir sobre una posible despenalización. Para evitar que los debates sobre la
eutanasia sigan siendo articulados por diálogos de sordos, mi propuesta es la de restringir el
término “eutanasia” a la conducta activa y directa que tiene como resultado la muerte de un
enfermo que padece un sufrimiento insoportable, llevada a cabo a solicitud de ese paciente.
Empleando la equívoca terminología tradicional, habría que decir que el debate jurídico (no
así el bioético) sobre la eutanasia se reduce al debate sobre la eutanasia “voluntaria-activa-
directa”.

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