FICHA DE EVANGELIZACIÓN
LAS PROFECIAS DE LA
LLEGADA DEL MESÍAS
EL ADVIENTO
1 Juventud y Familia Misionera
Material elaborado por la Oficina de Juventud y Familia
Misionera para México y Centroamérica.
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Juventud y Familia Misionera 2
ÍNDICE
Antes
1. ¿Por qué es tan importante este tema?
2. ¿Cuáles son las ideas clave?
3. ¿Qué necesito preparar?
Despertar
1. Lectura del Evangelio
2. Puntos de reflexión del evangelio
Responder
1. Contenido formativo
2. Actividad para niños, jóvenes y adultos
Acompañar
1. Convicciones: Actitudes concretas para vivir.
2. Decisiones: Propósito personal (positivo, concreto y medible).
3. Rincón de la oración
Material de Apoyo
Anexos
3 Juventud y Familia Misionera
Antes
¿POR QUÉ ES TAN
IMPORTANTE ESTE TEMA?
Es importante que las personas entiendan y sean conscientes, de que el Adviento
es la preparación que nos da la Iglesia para dirigir nuestra mente y corazón
hacia Aquel que ya ha venido, que vendrá y que continuamente viene para ha-
cernos experimentar su Amor y disponer nuestra alma para que todos los días
clame: ¡Ven Señor Jesús! Dios siempre nos ha buscado para compartir con nosotros
su Amor. A lo largo de la historia Él nos ha ido revelando, a través de los profetas,
su plan de salvación para que sepamos reconocer a nuestro Dios y salvador: Jesús.
¿CUÁLES SON LAS IDEAS
CLAVE?
• El Adviento es la preparación que nos da la Iglesia para dirigir nuestra men-
te y corazón hacia Cristo para que podamos experimentar su Amor y disponer
nuestra alma para recibirlo todos los días.
• A lo largo de la historia de la salvación, Dios siempre nos ha comunicado su
plan de redención a través de sus mensajeros para que podemos estar seguros de
que es Él el que guía la historia y nos busca para hacernos sus hijos y herederos
del Reino.
• Jesús nos pide estar vigilantes y atentos porque no sabemos el día ni la
hora en la que Él regresará.
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¿QUÉ NECESITO
PREPARAR?
• Estudiar el tema y preparar la plática.
• Llevar el material necesario para las actividades:
-Imprimir los calendarios y las listas de propósitos para cada persona.
- Llevar plumas o lápices para los adulto y jóvenes; y colores para los niños.
• ¡Orar! Haz una oración por todas las personas que van a estar en esta
catequesis.
Despertar
LECTURA DEL EVANGELIO
Lectura del Evangelio según San Mateo 3, 1-12:
En aquel tiempo apareció Juan el Bautista, predicando en el desierto de Judea,
y decía:“Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos está cerca”. Él es de quien
hablaba el profeta Isaías cuando dijo: “Una voz grita en el desierto: preparen el
camino del Señor, enderecen su sendero”.
Juan vestía un manto hecho con pelos de camello, y un cinturón de cuero alrede-
dor de su cintura; su comida eran saltamontes y miel silvestre. La gente de Jeru-
salén y toda la Judea y toda la región del Jordán acudían a él para ser bautizados
en el río Jordán, confesando sus pecados.
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Pero al ver que muchos fariseos y saduceos llegaban para ser bautizados, por él
les dijo: “Raza de víboras, ¿quién les ha enseñado a huir del inminente castigo
divino? Den fruto que demuestre su arrepentimiento, y no piensen que basta con
decir en su interior.
«Tenemos por padre a Abrahán»; porque yo les aseguro que de estas piedras
Dios puede hacer que nazcan hijos a Abrahán. El hacha ya está puesta a la raíz
de los árboles; ¡todo árbol que no produce buen fruto será cortado y arrojado al
fuego! Yo, por mi parte, los bautizo con agua para su conversión; pero Aquel que
viene después de mí es más poderoso que yo, y yo no soy digno de quitarle sus
sandalias. Él los bautizará con Espíritu Santo y fuego. Ya tiene en su mano el
rastrillo para separar el trigo de la paja. El trigo lo recogerá en su granero, pero
la paja la quemará en fuego que no se apaga.”
REFLEXIÓN DEL
EVANGELIO
Se nos presenta la figura austera del Precursor, que el evangelista san Mateo
introduce así: «Por aquel tiempo, Juan Bautista se presentó en el desierto
de Judea predicando: “Convertíos, porque está cerca el reino de los cie-
los”» (Mt 3, 1-2). Tenía la misión de preparar y allanar el sendero al Mesías,
exhortando al pueblo de Israel a arrepentirse de sus pecados y corregir toda
injusticia. Con palabras exigentes, Juan Bautista anunciaba el juicio inmi-
nente: «El árbol que no da fruto será talado y echado al fuego» (Mt 3, 10).
Sobre todo ponía en guardia contra la hipocresía de quien se sentía seguro
por el mero hecho de pertenecer al pueblo elegido: ante Dios —decía— na-
die tiene títulos para enorgullecerse, sino que debe dar “frutos dignos de
conversión” (Mt 3, 8).
Juventud y Familia Misionera 6
Mientras prosigue el camino del Adviento, mientras nos preparamos para cele-
brar el Nacimiento de Cristo, resuena en nuestras comunidades esta exhortación
de Juan Bautista a la conversión. Es una invitación apremiante a abrir el corazón
y acoger al Hijo de Dios que viene a nosotros para manifestar el juicio divino. El
Padre —escribe el evangelista san Juan— no juzga a nadie, sino que ha dado al
Hijo el poder de juzgar, porque es Hijo del hombre (cf. Jn 5, 22. 27). Hoy, en el
presente, es cuando se juega nuestro destino futuro; con el comportamiento con-
creto que tenemos en esta vida decidimos nuestro destino eterno. En el ocaso de
nuestros días en la tierra, en el momento de la muerte, seremos juzgados según
nuestra semejanza o desemejanza con el Niño que está a punto de nacer en la
pobre cueva de Belén, puesto que él es el criterio de medida que Dios ha dado
a la humanidad.
El Padre celestial, que en el nacimiento de su Hijo unigénito nos manifestó su
amor misericordioso, nos llama a seguir sus pasos convirtiendo, como él, nuestra
existencia en un don de amor. Y los frutos del amor son los «frutos dignos de
conversión» a los que hacía referencia san Juan Bautista cuando, con palabras
tajantes, se dirigía a los fariseos y a los saduceos que acudían entre la multitud a
su bautismo.
Mediante el Evangelio, Juan Bautista sigue hablando a lo largo de los siglos a
todas las generaciones. Sus palabras claras y duras resultan muy saludables para
nosotros, hombres y mujeres de nuestro tiempo, en el que, por desgracia, tam-
bién el modo de vivir y percibir la Navidad muy a menudo sufre las consecuencias
de una mentalidad materialista. La “voz” del gran profeta nos pide que prepare-
mos el camino del Señor que viene, en los siertos de hoy, desiertos exteriores e
interiores, sedientos del agua viva que es Cristo. Que la Virgen María nos guíe a
una auténtica conversión del corazón, a fin de que podamos realizar las opciones
necesarias para sintonizar nuestra mentalidad con el Evangelio.
Papa Benedicto XVI, Ángelus (09-12-2007): Palabras saludables
Plaza de San Pedro Domingo 09 de diciembre del 2007.
7 Juventud y Familia Misionera
Responder
CONTENIDO FORMATIVO
El adviento es tiempo de conversión y de esperanza. La Palabra Adviento pro-
viene del latín “adventus” que significa venida o llegada. En griego la palabra es
parusía. Esta palabra aparece 24 veces en el Nuevo Testamento significa: venida,
presencia, llegada.
Vivimos en presente la espera de la primera venida del Salvador y de su regreso.
La Navidad no es un simple aniversario del nacimiento de Jesús. Es celebrar que
Dios mismo vino a vivir entre nosotros y que se hizo como nosotros. Es el Misterio
que ha marcado y sigue marcando la historia del hombre. Gracias a la liturgia,
este acontecimiento supera los límites del espacio y del tiempo, y se vuelve ac-
tual, presente. En la misa de Navidad diremos: “hoy ha nacido el Salvador”. La
liturgia al proclamar en el presente el nacimiento de Jesús nos indica que este
acontecimiento ha impregnado con la presencia real de Dios a toda la historia.
Su efecto perdura y permanece siendo una realidad hasta el día de hoy. Pero
también el Adviento es el tiempo en el que recordamos de manera especial que
seguimos esperando a Cristo en su segunda venida al final de los tiempos.
Jesús antes de ascender al Cielo nos prometió que regresaría:“Entonces verán al
Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria. Cuando empiece a
suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación” (Lc 21, 27-
28; Mc 14, 62; Mt 26, 64; Jn 14, 1-4).
También los ángeles anunciaron su regreso a los apóstoles en el momento de la
Ascensión:“Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús
que ha sido tomado de entre vosotros y llevado al cielo, volverá como lo habéis
visto marcharse al cielo”(Hch 1,11).
Así, mientras nuestros corazones se disponen a vivir el nacimiento de Cristo, la
liturgia de la Iglesia nos orienta a ver hacia nuestra meta definitiva: el encuentro
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con Cristo que vendrá en el esplendor de la gloria. Por eso, en cada Eucaristía
“anunciamos su muerte, proclamamos su resurrección, a la espera de su venida”.
La liturgia no se cansa de alentarnos poniendo en nuestros labios la proclamación
con la cual se cierra toda la Sagrada Escritura, en el último párrafo del Apocalip-
sis: “¡Ven, Señor Jesús!” (Ap 22, 20).
Esta espera alegre del Adviento es, principalmente, un tiempo de preparación.
Nos prepara para estar con Jesús. Aunque en este mundo siempre es “Adviento”,
en cuanto que Jesús resucitado viene todos los días, por medio de la Eucaristía,
para preparar su venida definitiva o escatológica al final de los tiempos (cfr. Ap 1
,8; 3, 11. 20).
ADVIENTO
El Año Litúrgico y el Adviento
El tiempo de Adviento es sin duda la llave del calendario litúrgico. Con el primer
domingo de Adviento comenzamos el año litúrgico. Es un itinerario que el Espíri-
tu Santo ha inspirado en la Iglesia para vivir y participar activamente en el Miste-
rio de Salvación de Cristo. La constitución sobre la liturgia del l Concilio Vaticano
II, afirma que la Iglesia:
“En el círculo del año desarrolla todo el misterio de cristo, desde la Encarnación
y la Navidad hasta la Ascensión, Pentecostés y la expectativa de la dichosa espe-
ranza y venida del Señor. Conmemorando así los misterios de la Redención, abre
las riquezas del poder santificador y de los méritos de su Señor, de tal manera
que, en cierto modo, se hacen presentes en todo tiempo para que puedan los
fieles ponerse en contacto con ellos y llenarse de la gracia de la salvación” (Sa-
crosanctum Concilium, 102).
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Durante el Adviento tendremos la gracia de experimentar, una vez más, la cerca-
nía de Aquel que nos ha creado y que tiene el control sobre el mundo y su historia.
Él ha querido cuidar de nosotros hasta llegar al culmen de su misericordia hacién-
dose hombre como nosotros. Precisamente este misterio tan grande y fascinante
del “Dios con nosotros” (Emmanuel, Mt 1,23), es lo que celebraremos en estas
semanas para prepararnos para la Navidad. Durante el tiempo de Adviento la
Iglesia nos toma de la mano y, a imagen de Nuestra Madre María, y nos ayuda a
experimentar la espera gozosa de la venida del Señor, que nos abraza con amor
para salvarnos. Al celebrar anualmente la liturgia del Adviento, la Iglesia actualiza
esta “espera” del Mesías.
Justamente el Adviento es nuestra preparación para empezar a vivir todo un año
nuevo a través de la vida y misterios de Cristo. Empezamos el año litúrgico con
este tiempo de preparación para que nuestros corazones estén listo para recibir
todas las gracias que Dios nos tiene listas para el nuevo año. Preparación, en este
sentido, significa que es un tiempo de gozosa espera y también de penitencia. El
morado en las celebraciones litúrgicas significa penitencia. Es la llamada a con-
vertirnos, a cambiar de actitud para reconocer que todo lo que tenemos y somos
es por el Amor de Dios. Pero confusamente, hay veces, que en lugar de que sea
un tiempo de sacrificio y sobriedad suele ser todo lo contrario. Comúnmente es
una época de fiestas, mucha comida, dulces, regalos y excesos. Por un lado, vivi-
mos una liturgia que nos lleva a la penitencia, pero, por otro lado, podemos vivir
como si ya hubiera nacido Cristo y nos saltamos todo este tiempo que la Iglesia
nos da para prepararnos para el nacimiento de nuestro Jesús.
Los primeros cristianos no acostumbraban celebrar el nacimiento de Cristo, con-
memoraban únicamente su muerte y resurrección. La Pascua era la única fiesta
anual y se esperaba el retorno glorioso del Señor durante esta fiesta. La esperan-
za de la segunda venida de Cristo se acrecentaba en la liturgia. Por eso aclama-
ban la oración aramea ¡Maranatha!, que encontramos en 1Cor 16, 22; en Ap 22,
20 y en la enseñanza de los primeros cristianos en el Didaje. Maranatha proviene
del arameo y se puede entender en de dos maneras:
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a. Maran atha: nuestro Señor ha venido, está presente.
b. Marana tha: ¡Señor nuestro, ven!
Las dos formas de entenderla son correctas. San Pablo escribió en griego la ora-
ción aramea que en su época era muy conocida por los primeros cristianos. El
catecismo nos dice: “La oración cristiana está marcada por el título “Señor”, ya
sea en la invitación a la oración “el Señor esté con vosotros”, o en su conclusión
“por Jesucristo nuestro Señor” o incluso en la exclamación llena de confianza y
de esperanza: Maran atha (“el Señor viene!”) o Marana tha (“¡Ven, Señor!”) (1 Co
16, 22): “¡Amén! ¡ven, Señor Jesús!” (Ap 22, 20)” (CIC, 451).
Es hasta el pontificado del Papa san León Magno (440-460 d.C.) que se comenzó
a predicar sobre la importancia del misterio del nacimiento de nuestro Salvador.
A partir de este momento poco a poco se empezó a desarrollar el pensamiento
teológico y litúrgico que dio fundamento al nuevo tiempo litúrgico. El Adviento
en los inicios del cristianismo era el tiempo de preparación para la Pascua con un
sentido escatológico. Por esto, en un primer momento, era el tiempo de la es-
pera y preparación para la segunda venida del Señor al final de los tiempos. Más
tarde, cuando la celebración de la Navidad comenzó a popularizarse se antepuso
también un tiempo de preparación parecido al que se hacía para la Pascua. Así, el
Adviento heredó de la Cuaresma un carácter penitencial para purificar nuestro
corazón para estar preparados para conmemorar la primera venida de Jesús, y al
mismo tiempo, actualizar nuestra espera para su regreso.
Es gracias a la liturgia, que podemos vivir en el tiempo presente el misterio del
nacimiento de Dios hecho hombre. Toda celebración litúrgica actualiza la pre-
sencia real del misterio de Cristo y prolonga la historia de la salvación. San León
Magno dijo: “…Podemos celebrar la natividad del Señor, por el cual el Verbo se
hizo carne, no solo como cosa pasadas sino como algo presente y actual…, Aun-
que haya transcurrido el orden de las acciones corporales (de Cristo)…, nosotros
adoramos continuamente el mismo parto de la Virgen que produce nuestra salva-
ción” (San León Magno, 1945 Sermón sobre la Navidad del Señor 29).
11 Juventud y Familia Misionera
Cuando celebramos la Navidad no es un simple festejo que recuerda lo que su-
cedió en el pasado. Cada Navidad hacemos presente el misterio de nuestra sal-
vación. De la misma manera, gracias a la liturgia, cuando celebramos algún sa-
cramento, estos misterios se hacen actuales y son eficaces para nosotros hoy. La
Constitución sobre la Sagrada Liturgia hace énfasis en que la obra de la salvación
de Cristo continúa en la Iglesia a través de la liturgia gracias a la acción del Es-
píritu Santo. Cristo está siempre presente en su Iglesia, sobre todo en la acción
litúrgica del misterio pascual de donde fluyen todas las gracias para nuestra re-
dención.
La Navidad es la primicia del misterio pascual. Es decir, es el inicio del misterio
central de la salvación, que culmina en la pasión, muerte y resurrección de Jesús.
Nuestro Señor, comienza a donarse a sí mismo por amor desde el primer instante
que su corazón humano empezó a latir en el seno de la Virgen María. Por esto,
la noche de Navidad está profundamente ligada a la gran vigilia Pascual. La En-
carnación y la Pascua son dos momentos claves e inseparables de la única fe en
Jesús.
Así, la celebración litúrgica de la Navidad es sobre todo la vivencia en tiempo presen-
te del misterio de nuestra redención. Para poder entender este misterio es necesario
vivir conscientemente todo el tiempo de la Navidad como la Iglesia lo presenta a
través de la liturgia. Las lecturas y las oraciones de los domingos de Adviento tienen
un sentido de “epifanía” de Dios que se hace hombre para que lo conozcamos y, a
su vez, poseen un significado profundamente escatológico. Es decir, nos dirigen a los
últimos tiempos. La liturgia de Adviento nos presenta las dos venidas, la histórica y la
venida al final de la historia, que están estrechamente relacionadas.
Juventud y Familia Misionera 12
LAS PROFECÌAS
La venida del Mesías a la tierra es un acontecimiento tan importante que Dios
quiso prepararlo durante siglos. Todas las enseñanzas de la ley de la Antigua
Alianza: ritos y sacrificios, son figuras y símbolos de lo que haría Jesús en la Nueva
y Eterna Alianza. Todo el Antiguo Testamente converge en Cristo.
En las lecturas de los domingos de Adviento entramos de lleno en cumplimiento
de las profecías que anunciaban a Jesús en el misterio de la Encarnación. Es el
misterio del adviento de quien había sido profetizado por siglos. La gran venida
y el cumplimiento de todos los anuncios del Antiguo Testamento.
Las profecías bíblicas son mensajes que Dios envió a su pueblo a través de sus
mensajeros a los que llamamos profetas. Por medio de ellos, Dios comunicó a
sus elegidos la verdad sobre Él y sobre la creación. Estas revelaciones las po-
demos encontrar en la Biblia. Todos estos mensajes, a lo largo de la historia de la
salvación, han tenido diversos objetivos y han sido de diferente índole. Algunos
mensajes fueron predicciones de situaciones futuras que ya se han cumplido y
otros de situaciones futuras que aun han de cumplirse.
El cumplimiento de las profecías que encontramos en las Escrituras nos permite
confirmar que la Biblia es realmente lo que afirma ser: la Palabra de Dios. ¿Quién
más que Dios puede predecir el futuro, cientos de años antes, y describir con de-
talle todo lo que ha de sucederle a ciertas personas, en un lugar determinado y
en una época indicada? Dios ha confirmado la autenticidad de la Biblia al anunciar
un suceso y su propósito mucho antes de su cumplimiento. Haciendo que todo
suceda de la manera en cómo Él lo había anunciado por medio de sus profetas.
Así sucedió con los anuncios del Mesías. Las profecías del Antiguo Testamento
sobre la venida de un Salvador son para nosotros de gran importancia porque:
13 Juventud y Familia Misionera
a) Demuestran que todas las cosas están sujetas a la voluntad de Dios: “Re-
cuerdenlo y medítenlo, reflexionen, rebeldes, recuerden el pasado. Desde siem-
pre yo soy Dios; no hay otro dios, ni hay nadie como yo. Desde el comienzo yo
anuncio el futuro; de antemano, lo que aún no ha sucedido. Digo: «Mi designio
se cumplirá, realizo lo que quiero»” (Isaías 46, 8-10).
b) Demuestran la autoría de Dios en los hechos de la historia: “Desde
antiguo anuncié los hechos primeros: salieron de mi boca, los proclamé, en un
instante actué y se cumplieron. Porque sé que eres obstinado… por eso te lo
anuncié desde antiguo, lo proclamé antes de que ocurriera” (Isaías 48, 3-5).
c) Establecen un criterio de verdad para identificar al Mesías y el cum-
plimiento de la promesa de redención de Dios: “que fue prometido por
sus profetas en las Escrituras Santas y se refiere a su Hijo, nacido de la estirpe
de David según la carne, constituido Hijo de Dios en poder según el Espíritu de
santidad por la resurrección de entre los muertos” (Romanos 1, 2-4).
Las profecías sobre el Salvador son conocidas como profecías mesiánicas. Mesías
es una palabra hebrea que significa Ungido. La unción, en el Antiguo Testamento,
consistía en derramar aceite sobre la cabeza de una persona para consagrarla al
servicio de Dios como sacerdote o rey. En griego, Mesías se traduce por Christós,
de donde viene la palabra en español Cristo. La figura del Mesías aparece en el
Antiguo Testamento como consecuencia de la necesidad de salvación que
tiene el pueblo de Israel. En el Evangelio, el ángel le dice a San José: “y
le pondrás por nombre Jesús: porque Él salvará a su pueblo de
sus pecados” (Mt. 1, 20-21) La palabra Jesús significa en
hebreo salvador, o Dios salva. El Mesías, por tanto, es el
que salva de los pecados por que, siguiendo las profecías,
el sería ungido por el Espíritu:
Juventud y Familia Misionera 14
“El Espíritu del Señor, Dios, está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. Me ha en-
viado para dar la buena noticia a los pobres, para curar los corazones desgarrados,
proclamar la amnistía a los cautivos, y a los prisioneros la libertad” (Is 61, 1-1).
Cuando llamamos a Jesús “Jesucristo” lo proclamamos como el Mesías, el Ungido
de Dios, la persona en la que se cumplen las profecías mesiánicas. Es Nuestro
Salvador Profeta, Sacerdote y Rey por el poder del Espíritu de Dios (Is 42, 1; Lc
3, 22; Lc 4, 18; Hch 10, 38).
Dios fue revelando paulatinamente las profecías del Mesías a su pueblo. Algunas
de ellas describían la forma en como Jesús sería nuestro Salvador. Otras hablaban
de su vida, obra y mensaje. A lo largo de la historia, Dios fue revelando más y más
detalles sobre Jesús. Se han llegado a descubrir más de 300 profecías sobre el
Mesías en el Antiguo Testamento. Dios quería que todos tuvieran la posibilidad
de reconocer al Jesús cuando viniera.
El arzobispo Fultón Sheen en su libro La vida de Cristo nos dice:
“La historia está llena de hombres que pretendieron venir de Dios, o que eran dioses,
o portadores de mensajes de parte de Dios, tales como: Buda, Mahoma, Confucio,
Lao-tse y millares de otros, y cada uno de ellos tiene derecho a que se le escuche y
considere... Es preciso que haya algunas pruebas permanentes que puedan aplicarse
a todos los hombres, a todas las civilizaciones y a todas las épocas, por medio de las
cuales sea posible decidir si alguno de esos hombres que se presentaron con seme-
jantes pretensiones, o acaso todos ellos, están justificados en lo que pretenden. Estas
pruebas son dedos clases: la razón y la historia. La razón, porque es algo que todo el
mundo posee, incluso los que carecen de fe; la historia, porque todo el mundo la vive
y precisa saber algo de ella.
La razón nos dice que, si alguno de esos hombres vino realmente de Dios, lo mínimo
que Dios hubiese podido hacer para apoyar su pretensión habría sido preanunciar su
venida...Si Dios envió a alguien de parte de sí mismo, o si Él mismo vino con un
15 Juventud y Familia Misionera
mensaje de importancia vital para todos los hombres, parece razonable que primero
hiciera saber a los hombres cuándo vendría su mensajero, cuándo nacería, dónde
viviría, la doctrina que enseñaría, los enemigos que suscitaría, el programa que adop-
taría para el futuro y la clase de muerte que le estaba destinada. Según la medida en
que el mensajero se acomodara a estos anuncios, se podría juzgar la validez de sus
pretensiones. Además, la razón nos asegura que, si Dios no hizo tal cosa, nada podría
evitar que algún impostor apareciese en la historia y dijera: «vengo de Dios», o «se
me ha aparecido un ángel en el desierto y me ha dado este mensaje». En tales casos
no existiría ningún medio objetivo, histórico, de probar al mensajero. Sólo podríamos
atenernos a su palabra, y, por supuesto, podría ser que se tratase de un impostor.
Con esta prueba podemos tener una idea de la veracidad de todos estos hombres. Y
en esta fase preliminar Cristo acredita su misión más que los otros. Sócrates no tuvo
a nadie que predijera su nacimiento. Buda no tuvo a nadie que preanunciase su veni-
da y su mensaje, o dijera el día en que había de sentarse debajo del árbol. Confucio
no tuvo registrado por escrito en ningún sitio el nombre de su madre y el del lugar
donde había de nacer, ni tampoco ninguno de estos nombres fue dado a los hombres
siglos antes de que él viniera al mundo, de suerte que, al llegar, la gente conociera
que procedía de Dios. Pero en el caso de Cristo fue diferente. Debido a las profecías
contenidas en el Antiguo Testamento, su venida no resultó un suceso inesperado. No
hubo predicciones acerca de Buda, Confucio, Lao-tse, Mahoma o cualquier otro; pero
sí acerca de Cristo. Otros vinieron simplemente y dijeron: «Aquí estoy, creed en mí.»
Éstos, por tanto, eran solamente hombres en medio de hombres, y no lo divino en
lo humano. Cristo fue el único que se destacó de esta línea diciendo: «Investigad los
escritos del pueblo judío y la historia escrita de los babilonios, persas, griegos y roma-
nos.» De momento, podemos considerar los escritos paganos, e incluso el Antiguo
Testamento, sólo como documentos históricos, no como libros inspirados.
Es cierto que las profecías del Antiguo Testamento pueden entenderse mejor a la
luz de su cumplimiento. El lenguaje de la profecía no posee la exactitud de las mate-
máticas. Con todo, si uno investiga las diversas corrientes mesiánicas en el Antiguo
Testamento y compara el resultado final de tal estudio con la vida y la obra de Cris-
to, ¿podrá dudar de que las antiguas predicciones señalan a Jesús y el reino que Él
Juventud y Familia Misionera 16
estableció? La promesa que Dios hizo a los patriarcas de que por medio de ellos
serían bendecidas todas las naciones de la tierra; la predicción de que la tribu de
Judá tendría la preeminencia entre las otras tribus hebreas, hasta que viniera aquel
a quien todas las naciones obedecerían; el hecho extraño, aunque innegable, de
que en la Biblia de los judíos de Alejandría, la versión de los Setenta, se encuentra
claramente profetizado el nacimiento virginal del Mesías; la profecía de Isaías 53
acerca del varón de dolores, el Siervo del Señor, que entregará su vida como ex-
piación por las ofensas de su pueblo; las perspectivas del reino glorioso, perdura-
ble, de la casa de David... ¿en quién, si no en Cristo, han hallado su cumplimiento
estas profecías? Ya desde un punto de vista histórico solamente, encontramos en
Cristo una singularidad que le coloca aparte de todos los demás fundadores de
religiones mundiales. Y una vez tuvo efecto históricamente el cumplimiento de es-
tas profecías en la persona de Cristo, no sólo cesaron todas las profecías en Israel,
sino que se produjo una discontinuidad de sacrificios una vez que fue sacrificado
el verdadero Cordero pascual” (Sheen, 1996. P. 1-2).
Las palabras del Venerable Fulton Sheen son valiosísimas para nosotros hoy en
día. Debemos tener la certeza histórica de que Jesús no es alguien que llegó de
la nada autoproclamándose Dios. Jesús es la única persona histórica de la que se
habló siglos y siglos antes de su nacimiento. Dios preparó al mundo para la llega-
da de su Hijo por más de mil años anunciando cómo iba a ser su nacimiento, vida
y sacrificio. Todas estas profecías las cumplió en su totalidad Jesucristo. Por esto,
la liturgia del Adviento se centra en las profecías que fueron documentadas años
antes del nacimiento de Jesús para que nosotros también creamos en “Aquel que
ha de venir” y las proclamemos a todos los demás.
Así, hemos podido apreciar la vida de Jesús a la luz de estas
predicciones, y deducir de ahí que Él es en realidad el Salvador
prometido. De esta manera nos resulta mucho más fácil entender,
quién es Jesús y por qué vino. Estas profecías exponen, ante los
hombres de todas las épocas, la vida de Jesús en el pasado, pre-
sente y futuro.
17 Juventud y Familia Misionera
Por otra parte, gracias a descripción detallada de las profecías en la Biblia pode-
mos saber que Dios es fiel a sus promesas. Porque se ha ido cumpliendo paso a
paso lo que han predicho. Así como se cumplieron las profecías sobre la primera
venida de Jesús, del mismo modo se han de cumplir las profecías sobre el futuro.
El Adviento es el momento para prepararnos y estar listos para el cumplimiento
de las profesias de Dios. No sólo para la primera de la venida de Jesús en la En-
carnación y su nacimiento, sino para su segunda venida y el cumplimiento final de
todas las profecías.
Juventud y Familia Misionera 18
ACTIVIDAD PARA NIÑOS
JÓVENES Y ADULTOS
“Calendario de Adviento”
Objetivo:
Que las personas se preparen y profundicen en el misterio de la “Venida de Cristo”
por medio de un calendario en el que cada uno de los participantes se proponga
propósitos concretos que lo ayude a preparar su corazón para vivir el nacimiento
de Cristo en sus vidas.
Desarrollo:
Se le dará a cada participante un calendario y un lápiz, pluma o colores para que
cada uno elija los propósitos que va cumplir durante el tiempo el Adviento. A los
adultos y jóvenes se le dará el calendario del anexo 1 y a los niños el calendario
del Anexo 2. También se proporciona una lista de ejemplos de propósitos para
adulto y jóvenes en el anexo 3 y una lista para niños en el anexo 4.
Materiales:
• Calendarios y las listas de propósitos para cada persona.
• Colores, plumas, etc...
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Acompañar
CONVICCIONES: Actitudes
concretas para vivir.
¿A qué convicción llegaron?
• Hoy es tiempo de conversión y de comprender que toda mi vida debe ser un
“adviento”, una espera vigilante de la venida definitiva de Cristo.
• Dios me ama y ha querido estar conmigo desde la eternidad. Todos los
días sale a mi encuentro en la Eucaristía.
• Dios es fiel a sus promesas y la historia de la humanidad es prueba de su fi-
delidad.
• Soy profeta del amor de Cristo, hoy es el momento de anunciar al mundo la
llegada del Mesías evangelizando y dando testimonio de mi fe.
• Estar vigilante significa cuidar y permanecer en vida de gracia.
DECISIONES: Propósito
personal.
¿Cómo voy a vivir mis convicciones en mi vida diaria?
• Intentaré ir a Misa o visitar a Jesús Eucaristía con más frecuencia según las
posibilidades de mi parroquia o capilla.
Juventud y Familia Misionera 20
• Realizaré una obra de misericordia (dar de comer al hambriento, dar de
beber al sediento, vestir al desnudo, acoger al extranjero, visitar y cuidar
a los enfermos, visitar a los presos, enterrar a los difuntos, dar buen consejo
al que lo necesita, enseñar al que no sabe, corregir al que está en error,
consolar al triste, perdonar las ofensas, soportar con paciencia los defect-
os de los demás, rogar a Dios por los vivos y los muertos) una vez por se-
mana durante el Adviento.
• Acudiré a confesión por lo menos una vez al mes o cuando el párroco se
encuentre en mi comunidad.
RINCÓN DE LA ORACIÓN
Se recomienda terminar la catequesis con una oración esponta-
nea para dar gracias a Dios por la oportunidad de conocerlo y
amarlo mejor. Hay que buscar un lugar que ayude a las personas
a entrar en oración como puede ser una capilla o un lugar sin
ruido.
Señor Jesús, en este tiempo de Adviento te rogamos que nos
concedas un corazón vigilante, lleno de esperanza y amor por
tu venida. Inflama nuestros corazones Espíritu Santo, para que
llenos de valentía, permanezcamos alertas y volcados en amor
hacia nuestro prójimo, esperando tu llegada.
Amén.
21 Juventud y Familia Misionera
Material
MATERIAL DE APOYO
CATEQUIZIS 11 | EL NACIMIENTO DE JESÚS | Juan Manuel Cotelo
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Anexo I
Calendario de Adviento
para adultos y jóvenes
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Anexo II
Calendario de Adviento
para niños
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Anexo III
Lista de propósitos para
adultos y jóvenes
1. Dediquen tiempo a rezar. Comprométanse, ya sea individualmente o en familia, a
dedicar un tiempo de oración cada día o cada semana. Consideren explorar una de
las oraciones católicas tradicionales cada semana, como el Rosario, la Lectio Divina,
la Oración del Examen o la Oración de la mañana o la noche.
2. Comprométanse con la bondad. Esta época del año puede ser estresante y a
menudo somos nuestros peores enemigos. Asuman el compromiso de ser ama-
bles con los desconocidos, con su familia y con ustedes mismos. Recuerden que
¡tanto amó Dios al mundo, que envió a su Hijo! ¡Difundan el amor!
3. Saquen la corona de Adviento y enciendan las velas. No se preocupen si no tie-
nenvelas nuevas si son del color equivocado. Enciendan una vela cada noche y den
gracias a Dios por la luz que vence las tinieblas.
4. Pidan perdón y perdonen a los que los hayan ofendido.
5. ¡Elijan la vida! Donen dinero o artículos a organizaciones que prestan servicios a
mujeres embarazadas o a familias y niños. ¡Recen para que todos elijan la vida!
6. Armen el pesebre. Cuenten la historia del nacimiento de Jesús mientras juntos
arman el pesebre. Para mayor diversión, mantengan al bebé Jesús fuera de su cuna
y dejen que el miembro más pequeño de la familia lo coloque en el pesebre en la
mañana de Navidad.
7. Practiquen la gratitud. Cada noche, durante la cena o antes de ir a la cama,
hagan una lista de 1 a 3 cosas por las que estén agradecidos. Digan una oración de
agradecimiento.
25 Juventud y Familia Misionera
8. Donar para ayudar. Tómense tiempo para limpiar, ordenar y sacar de artículos
que ya no necesitan en su casa. Donen artículos que ya no necesiten, pero que les
sirvan a otros.
9. Vayan a confesarse. Despejen el desorden de su corazón y mente sanando su
relación con Dios a través del Sacramento de la Reconciliación.
10. ¡Celebren las festividades! San Nicolás (6 de diciembre), San Juan Diego (9 de
diciembre), Santa Lucía (13 de diciembre) y San Juan de la Cruz (14 de diciembre)
tienen festividades durante el Adviento. Dediquen tiempo a aprender sobre estos
santos y a celebrarlos.
11. Quédense quietos. Encuentren tiempo para estar quietos y en silencio, aun-
que sólo sean cinco minutos. Reflexionen sobre el gran amor que Dios tiene por
ustedes.
12. ¡Celebren a María! Dediquen tiempo a honrar a María en la Solemnidad de la
Inmaculada Concepción (8 de diciembre), el Día de Nuestra Señora de Loreto (11 de
diciembre) o el Día de Nuestra Señora de Guadalupe No olviden a (12 de diciembre).
13. No olviden a San José. En su honor, Patrono de los Trabajadores, asegúrense
hoy de mostrar bondad a los trabajadores, especialmente a aquellos que trabajan
en comercios, hospitales, seguridad pública y medicina.
14. Hagan una lista de compras. Mientras planifican el horneado o la comida de
Navidad, añadan algunos artículos extra para donarlos a un banco de alimentos u
organización que alimente a los necesitados.
15. Sirvan a los demás. Ayuden a un ser querido a decorar. Ofrézcanse para cui-
dar niños o para dar un descanso a los cuidadores. Sirvan café o comida a aquellos
que tienen hambre. Hagan una donación a una organización de ayuda.
Juventud y Familia Misionera 26
16. Vayan a caminar. José y María y Los Reyes Magos viajaron hasta Belén por el
Niño Jesús. Salgan y reflexionen sobre su propio camino hacia Dios.
17. Celebren la novena de Navidad, que comienza el 16 de diciembre y finaliza el
24 de diciembre.
18. Esta época del año puede ser especialmente difícil para aquellos que están de
duelo. Envíen una tarjeta o carta a aquellos que por primera vez pasan la Navidad sin
un ser querido. Recen por aquellos que murieron y por todos los que los aman.
19. ¡Canten villancicos! Compartan la alegría de esta época del año cantando
villancicos en un hogar de ancianos u otro centro asistencial o en su vecindario.
20. ¡Recuerden que Jesús es la Luz del mundo! Disfruten la noche a la luz de las
velas. Recuerden que Jesús es la luz que vence las tinieblas.
21. Agradezcan a aquellos que ofrecen ayudan. Dejen bocadillos o bebidas enva-
sadas previamente para los trabajadores públicos del vecindario.
22. Miren una película o lean un libro sobre el nacimiento de Cristo.
23. ¡Miren las estrellas! Los pastores y los Reyes Magos experimentaron aconte-
cimientos celestiales en la historia de la Natividad. Salgan y contemplen el cielo de
la noche, dando gracias por el regalo de la creación.
24. ¡Regocijo para el mundo! Pongan algo de música. Preparen un banquete.
¡Alégrense! ¡Dios está con nosotros! Vengan, vamos a adorarlo.
25. Reserven uno o dos regalos para abrirlos en la Solemnidad de la Epifanía o
Día de Los Reyes Magos, que celebra a los Reyes Magos rindiendo homenaje al
Niño Jesús, ofreciendo regalos de oro, incienso y mirra.
26. Dejen que el cielo y la naturaleza canten. Busquen maneras de pasar unas
vacaciones sencillas. Traten de imitar la vida sencilla de la Sagrada Familia de
Nazaret.
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Anexo III
Lista de propósitos para
niños
1. Ayudaré en casa en aquello que más me cueste trabajo.
2. Rezaré en familia por la paz del mundo.
3. Ofreceré mi día por los niños que no tienen papás ni una casa donde vivir.
4. Obedeceré a mis papás y maestros con alegría.
5. Compartiré mi almuerzo con una sonrisa a quien le haga falta.ijan la vida!
6. Hoy cumpliré con toda mi tarea sin quejarme.
7. Ayudaré a mis hermanos en algo que necesiten.
8. Ofreceré un sacrificio por los sacerdotes.
9. Rezaré por el Papa.
10. Daré gracias a Dios por todo lo que me ha dado.
11. Llevaré a cabo un sacrificio.
12. Leeré algún pasaje del Evangelio.
13. Ofreceré una comunión espiritual a Jesús por los que no lo aman.
14. Comeré lo que me sirvan aunque no me guste.
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15. En lugar de ver la televisión ayudaré a mi mamá en lo que necesite.
16. Imitaré a Jesús en su perdón cuando alguien me moleste.
17. Pediré por los que tienen hambre.
18. Rezaré un Ave María para demostrarle a la Virgen cuanto la amo.
19. Hoy no pelearé con mis hermanos.
20. Saludaré con cariño a toda persona que me encuentre.
21. Hoy le pediré a la Santísima virgen por mi país.
22. Hoy cumpliré todas mis tareas y obligaciones sin quejarme.
23. Leeré el nacimiento de Jesús en el Evangelio de S. Lucas 2, 1-20.
24. Abriré mi corazón a Jesús para que nazca en él.
25. Compartiré algo con los demás.
26. Pediré perdón al que he ofendido en el pasado y perdonaré a los que me han
ofendido a mí.
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