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Concepto de Libertad en Ética

Ética espero q les sirva

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UNIVERSIDAD NACIONAL DE ASUNCIÓN

FACULTAD DE CIENCIAS ECONÓMICAS. SEDE PARAGUARÍ.


CONTADURÍA PÚBLICA. RESUMEN UNIDAD III

CONCEPTO DE LIBERTAD
La libertad es el tema vertebral de la ética. En sentido amplio se refiere a la facultad
de moverse de acuerdo con las propias fuerzas y posibilidades. Sin embargo, la ética
estudia la libertad como la capacidad de elegir; es decir, como el medio por el cual el ser
humano se traza metas y configura su proyecto de vida esforzándose por alcanzar los fines
deseados.
La libertad es entonces la capacidad de querer algo, de obrar consciente y
voluntariamente. Surge cuando el ser humano comienza a actuar de manera consciente y
toma decisiones en forma autónoma. El tema de la libertad tiene una decisiva importancia
en la Ética, ya que, si no es factible hablar de libertad, la moral queda prácticamente
anulada y con ella la Ética.
Aunque la libertad es el clima donde respira la Ética, se presenta un problema
sumamente difícil, escabros: ¿acaso existe la libertad? ¿qué es la libertad? ¿cómo es
posible hablar de libertad en un mundo donde todo está determinado? Las doctrinas que
tratan de responder estas interrogantes son fundamentalmente el determinismo, el
indeterminismo y el fatalismo.

Determinismo
El determinismo parte del principio de que todos los acontecimientos están
causados, tienen un antecedente. Según el determinismo, los mundos natural y humano
están regidos por el principio de causalidad (a toda causa corresponde necesariamente un
efecto). Un acontecimiento es un cambio o persistencia de estado o posición, estar
causado significa que los acontecimientos están de tal manera conectados con algún
acontecimiento precedente que, si éste no hubiera ocurrido, aquél tampoco sucedería, es
decir, dado A, necesariamente debe ocurrir B.
Las consecuencias del determinismo en la Ética son peligrosas; pues si todo está
determinado, entonces la responsabilidad moral y el control de los actos quedan anulados,
no son posibles. No hay culpa ni mérito alguno en el individuo que no puede dejar de hacer
lo que hace. Si se acepta plenamente la teoría determinista en la Ética, entonces el
individuo no actúa responsablemente.

Indeterminismo
Esta corriente es opuesta al determinismo. Si el determinismo, como ya se vio,
enseña que todo está determinado, el indeterminismo niega rotundamente esta
determinación; pues hay algún acontecimiento B que no está conectado con un
acontecimiento A tan íntimamente que, dado A, necesariamente deba ocurrir B.
En Ética, el indeterminismo adopta la forma de un liberalismo, según el cual no hay
nada necesario, el hombre puede actuar en forma totalmente distinta de cómo lo hace,
incluso puede obrar en contra de su propio carácter y convicciones si así lo desea. Esta
corriente surge como una reacción en contra del determinismo, pero lo cierto es que
coincide con él, toda vez que niega la conducta libre, voluntaria y responsable.
Si bien el indeterminismo elimina la causa, en su lugar habla del azar, de lo
indeterminado. Sostiene que el hombre actúa sin control alguno, por impulsos
incontenibles, que no se sabe de dónde provienen o a qué causa obedecen.

Fatalismo
Más radical que el determinismo es el fatalismo. Esta doctrina afirma que en
definitiva el hombre no es libre, puesto que su comportamiento está escrito de antemano
por un destino. Los griegos llamaban Moira al destino inexorable, que mueve la voluntad
de los hombres como si éstos fueran títeres movidos al capricho de los dioses o del hado.
Una persona fatalista es la que piensa que lo que le sucede ha de suceder
necesariamente y que es incapaz de evitarlo. En el fatalismo, el hombre se encuentra
desamparado, lo único que puede hacer es esperar a que el destino ocurra. Se quejan de
las fallas del mundo, que designan como mala fortuna y apenas piensan en el destino, que
dispensa arbitrariamente tanto lo uno como lo otro.

Libertad y necesidad
Ni el determinismo en su forma más radical ni mucho menos el indeterminismo
logran explicar la libertad, que es la base de la Ética. La actividad libre es aquella que no
está impedida ni forzada. Decir que los actos no están impedidos ni impuestos no implica
negar que estén determinados. No puede negarse que existe la causa, que los hechos
obedecen a una causa, que están determinados. Sin embargo, dentro de la determinación
de los actos, es necesaria la libertad.
La solución del problema de la libertad no consiste en eliminar la determinación
(necesidad); sino el conciliarla, en hacerla asequible con la libertad y dar lugar así a una
conciliación entre necesidad y libertad. Friedrich Hegel (1770-1831) expuso por primera
vez las relaciones existentes entre libertad y necesidad. Según este filósofo, la libertad es
la comprensión de la necesidad. La libertad no consiste en una soñada independencia
respecto a las leyes naturales; sino en el reconocimiento de esas leyes y en la posibilidad
de hacerlas obrar según un plan para determinados fines.
La libertad consiste en el dominio sobre nosotros mismos y sobre la naturaleza
exterior y el paso de la necesidad a la libertad se realiza cuando el hombre se hace
consciente y dueño de la naturaleza.
Límites y obstáculos de la libertad
Ya se ha visto la enorme importancia que el problema de la libertad tiene en la
Ética; pues si no se concibe al ser humano como libre para decidir y actuar, no tendría
ningún sentido hablar de un comportamiento moral.
El concepto de libertad entraña dos aspectos: la libertad de querer y la libertad de
actuar; muchas veces algo que se quiere no puede ser realizado por múltiples
circunstancias. Tanto la libertad de querer (voluntad) como la libertad de actuar (tener los
medios necesarios para llevar a cabo la acción) pueden encontrar obstáculos a su paso.
Según Aristóteles, las acciones libres o voluntarias son aquellas que se realizan sin
coacción alguna. Coartar significa estorbar, limitar o impedir la libertad de alguien. Esta
coacción puede ser interna (temores, pasiones, deseos irresistibles, falta de voluntad) y
externa (provenientes de agente externos al individuo como las amenazas, castigos,
chatajes).

Libertad in situ o libertad situada


En términos generales, no se puede hablar de una “libertad absoluta”; esto es, de
una libertad plena y total, completamente indeterminada y carente de obstáculos o
condicionamientos. Esta libertad absoluta es prácticamente inexistente.
En realidad, los seres humanos eligen cuando reaccionan ante diversas situaciones
como una respuesta propia de su carácter, sus ideas, sus convicciones y del medio histórico
social en

que se encuentran inmersos. En la medida en que la persona conoce más la realidad que
la rodea, más se ensancha y reafirma su libertad. De esta manera, la libertad viene siendo
la conciencia interior de todas las causas que determinan a los seres humanos.
Mientras el hombre no conoce la necesidad, lo que acontece necesariamente
independiente de su voluntad, es gobernado por ella; en cambio cuando la conoce y
controla adecuadamente, puede dirigir conscientemente sus acciones.

Tipos de condicionamientos
Se puede señalar dos tipos de condicionamientos que permiten situar o delimitar
los actos de los seres humanos: los condicionamientos subjetivos se refiere a factores
psicológicos como ser los traumas, las herencias, la genética, los deseos incontrolables y
los condicionamientos objetivos que son de carácter social conformados por factores
sociales, económicos y políticos. Un ejemplo de una libertad in situ o libertad condicionada
es cuando una persona compra un producto influida por la publicidad que se da a través
de los medios de comunicación.

Responsabilidad moral y libertad


Al igual que la libertad, la responsabilidad, entendida como la facultad de asumir
los propios actos y responder por éstos, es un concepto clave de la Ética. Estas dos
nociones están íntimamente correlacionadas que si el ser humano no es libre, no podrá
ser moralmente responsable de su conducta. En efecto, para poder ser responsable ante
es necesario estar en completa posibilidad de tomar decisiones y actuar conforme a éstas
y que las acciones, efectivamente provengan de la voluntad de los seres humanos.
Según el determinismo, las acciones humanas se hallan limitadas por los medios
que circunda a las personas, ya sean biológicos o genéticos; y según el fatalismo, los
acontecimientos tenía que suceder porque de ante mano estaba escrito o planeado por
un destino o fuerza que regula de manera fatal el acontecer humano.
Como doctrina opuesta al determinismo y al fatalismo, aparece la ética
existencialista de Jean-Paul Sartre (1905-1980), y sostiene que el hombre está “condenado
a ser libre” y por lo tanto lleva el peso del mundo sobre sus espaldas, libre de fuerzas
externas o voluntades extra-humanas. Siendo el hombre totalmente libre, su
responsabilidad es abrumadora, porque las acciones que realiza hacen que haya un
mundo.
Según Sartre el hombre, antes que todo, existe, se encuentra a sí mismo, surge en
el mundo y se define a sí mismo después. El hombre solo tiene sentido por el proyecto de
vida, como ser absolutamente libre que construye o proyecta. La responsabilidad le
compete, existencialmente hablando, como seres concretos y libres. Lo que me sucede,
me sucede por mí y no podrá ni afectarme, ni sublevarme, ni resignarme.

Autonomía y heteronomía moral


La vida moral está conformada por una serie de normas, de imperativos, mandatos
que regulan la vida social y que se expresan como acciones que las personas deberían
realizar tales como: “debes respetar a tus padres”, “debes ser honesto”, “debes hacer el
mayor bien para el mayor número de gente”. Si bien estas normas se presentan como
obligatorias, cabe preguntar cuál es el origen o la fuente de esa obligatoriedad. ¿Quién las
hace obligatorias? ¿Es el propio individuo o agentes que operan fuera de él?
En el primer caso está la moral autónoma que sostiene que las decisiones del ser
humano derivan de su propia voluntad y que ésta no se encuentra determinada por
impulsos o influencias externas como presiones sociales (modas, propagandas, consignas,
manipulaciones)

En la moral autónoma, el ser humano se autolegisla, de acuerdo con una ley subjetiva o
universal llamada imperativo categórico que manda a los seres humanos obrar de acuerdo
con su propia voluntad pero elevando sus acciones a una máxima de universal observancia.
En el segundo caso está la norma heterónoma que surge cuando la voluntad está
limitada por hechos, ideas o mandatos exteriores a la propia voluntad. En el ámbito de la
moral heterónoma, la vigencia de un precepto moral proviene de un mandato externo ya
sea divino, propio de una ética religiosa; o ya sea humano, como podría ser el derivado de
una política autoritaria o dictatorial o de una moral prejuiciosa, cerrada o dogmática.
Diferentes manifestaciones de libertad
Sin duda, la libertad es una valiosa conquista del hombre contemporáneo. Siendo
una libertad situada en el tiempo y en el espacio, ha sido resultado de un complejo
desarrollo histórico. La conquista de la libertad ha sido como un “termómetro” para medir
o sopesar el avance de las sociedades, sus aproximaciones o retrocesos en la realización
de la democracia y en las diferentes manifestaciones en que se puede plasmar o concretar
la libertad, tales como la libertad de expresión, libertad de creencias, libertad de
manifestarse, libertad de prensa, de investigación, de docencia, etc.
La lucha por la libertad ha sido larga y penosa, remite al sacrificio, proezas e
inmolaciones de muchos seres que pugnaron por hacer factibles las diversas
manifestaciones de la libertad. Estas libertades permiten a cada cual desarrollarse o
emanciparse de acuerdo con sus metas e ideales: libertad política que permite ejercer los
derechos ciudadanos como votar y elegir libremente a los gobernantes; libertad de prensa
y de expresión que permite opinar y expresarse libremente, oral y por escrito; libertad de
asociación gracias a la cual las personas se pueden unir a grupos vanguardistas o
progresistas para exigir derechos y reivindicaciones; libertad de cátedra y docencia que
permite a los profesores transmitir libremente sus enseñanzas en beneficio del alumnado
de acuerdo con los fines de las instituciones educativas; libertad de investigación por la
cual los científicos e investigadores de las diversas áreas del saber no son coartados o
frenados para desarrollar y dar a conocer sus hallazgos y aportaciones.

Resumen del libro: Ética. Introducción a su problemática y su historia. Gustavo Escobar


Valenzuela. 7ª Ed. Ed. Mc Graw Hill. 2003.

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