Las costumbres, creencias y normas sociales que seguimos diariamente nos brindan un sentido de
orden y propósito. Pero casi nunca nos paramos a pensar cómo se forman estas estructuras y que
está detrás de nuestra percepción colectiva. Al examinar detenidamente estos fundamentos,
encontramos como están conectados los significados compartidos que construyen nuestra
comprensión del mundo y nuestra identidad social dentro de él.
La realidad social que compartimos es una creación colectiva. A diferencia de fenómenos naturales
como montañas y océanos, que existen independientemente de nosotros, la realidad social depende
de las acciones, creencias y acuerdos entre las personas. Este concepto se refiere a lo que
conocemos como la ontología social, que trata sobre cómo los seres humanos construimos y
mantenemos las estructuras y normas que guían nuestra vida en sociedad.
Diferenciar la realidad objetiva y la realidad subjetiva es importante. La realidad objetiva incluye
fenómenos que existen y tienen un efecto directo, que afectan nuestras vidas de manera concreta.
Aunque, la realidad social depende de la realidad subjetiva, hace referencia a nuestras
percepciones, creencias y emociones. Pongamos el caso, las normas de cortesía o la confianza en las
instituciones no son hechos objetivos, sino que dependen de cómo las personas los interpretan y
valoran. La realidad social se forma a partir del diálogo entre estos dos contextos. Lo que
consideramos como “real” en nuestra sociedad no es solo lo que existe físicamente, así como lo que
reconocemos colectivamente como significativo. Esta construcción no siempre es imparcial, ya que
algunas ideas y creencias se establecen sobre otras, formando lo que se podría llamar una visión
hegemónica. Estas ideas dominantes suelen establecer lo que se considera normal o correcto en una
sociedad y pueden ser tan fuertes que muchas en ocasiones, ni siquiera nos damos cuenta de su
influencia.
La construcción de la realidad social también depende de la cultura. Para que podamos
comprender y actuar en el mundo, la cultura es el conjunto de prácticas, símbolos y significados
compartidos. La cultura nos permite internalizar las normas y expectativas de nuestra sociedad, lo
que nos permite funcionar de manera predecible y coherente en nuestro ambiente social. Los
patrones de comportamiento son necesarios en esta construcción de la realidad social. Desde una
etapa temprana, aprendemos a comportarnos de cierta manera en diferentes situaciones, y estos
comportamientos se vuelven hábitos que repetimos en nuestro día a día. A través de estos hábitos,
contribuimos a mantener la realidad social tal como es. Cuando seguimos indicaciones, estamos
fortaleciendo las normas que hemos aprendido y que forman parte de nuestra sociedad. Esto
incluye la socialización que tiene un rol importante en este proceso. La socialización es el
mecanismo a través del cual los humanos aprenden y adoptan los valores, normas y prácticas de su
cultura. Desde niños, las instituciones como la familia, la escuela nos enseñan cómo comportarnos y
qué creer. De esta forma se refuerza la construcción social de la realidad.
Todo esto está vinculado a cómo funciona nuestra mente, ya que en nuestra mente es donde se
forman y solidifican estas ideas y comportamientos. A lo largo de nuestra vida, asumimos lo que nos
rodea y lo integramos en nuestra forma de ver el mundo. Pero nuestra mente no solo acepta lo que
recibe; también tiene la capacidad de cuestionar y cambiar las cosas. Si un grupo de personas
empiezan a ver el mundo de una manera diferente o a actuar de manera distinta, puede hacer que la
realidad cambie.
El concepto de la construcción social propuesto por Peter L. Berger y Thomas Luckmann en su
libro "La construcción social de la realidad". Afirman que la realidad se construye a través de la
interacción social y se mantiene a través de institucionalización y la legitimación. Las
instituciones sociales, una vez establecidas, tienden a perdurar y a perpetuar ciertas normas y
valores incluso si cambian las personas que las forman. Por su parte la legitimación, proporciona
razones y explicaciones para que aceptemos estas instituciones como parte de nuestra realidad
objetiva.
En conclusión, a lo largo de este ensayo hemos explorado que la realidad social es una creación en la
que todos participamos activamente; no es algo que permanezca inalterable. Nuestras percepciones
subjetivas y elementos objetivos la forman, y los patrones de comportamiento que seguimos todos
los días los fortalecen y mantienen. La realidad social siempre está abierta a ser transformada por
nuevas ideas y formas de actuarr..