HISTORIA ANTIGUA DE ESPAÑA
COMENTARIO
DE UN
MAPA
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LORENZO ANDREU CERVERA
HISTORIA ANTIGUA DE ESPAÑA
PERIODO HISTÓRICO REFLEJADO EN EL MAPA Y ÁMBITO GEOGRÁFICO.
El ejercicio propuesto es analizar un mapa económico en el que se muestran las áreas de
influencia de las colonias griegas y fenicias en el Mediterráneo y el Mar Negro, marcando los
puntos geográficos donde se asientan las colonias más importantes de cada una de estas dos
civilizaciones (en rojo las griegas y en verde las fenicias) en la segunda etapa de colonizaciones,
del 750-550 a.C.
El mapa muestra el espacio físico que corresponde a todo el Mediterráneo y el Mar Negro
de este a oeste (desde la Península Ibérica hasta Asia Menor), resaltando las costas europeas, Asia
Menor y el norte del continente africano, pero solo la península será el objeto de nuestro análisis.
Marcada en un color pardo, observamos la costa del Mediterráneo y el Mar Negro, indicando las
zonas de influencia helénica, marcando a su vez con un punto rojo las colonias principales. De la
misma forma, coloreado de verde, encontramos el área de influencia fenicia y con un punto verde
se indican los principales asentamientos.
En el ámbito peninsular, el área de influencia griega discurre desde la costa próxima a los
Pirineos hasta Alicante. Los asentamientos principales son Rhodes (Roses), Emporion
(Ampúries), en el área de la costa catalana, Hemeroscopion (Denia) y Artemision (Sagunto) en el
litoral valenciano y Mainaké (Vélez-Málaga).
Las zonas de control fenicio son la costa sur del Mediterráneo, Ibiza, la zona del litoral
atlántico y las cuencas andaluzas del Guadalquivir y el Guadiana. Los asentamientos más
importantes son Gades (Cádiz), Ebuses (Ibiza), Malaca (Málaga), Kainé, Abdera (Adra), Sexi
(Almuñecar) y Lucentum (Alicante). Del mismo modo, marca las distintas zonas del interior de
la península pertenecientes al reino de Tartessos, que contactaban con dos pueblos peninsulares,
celtíberos e íberos.
CONTEXTUALIZACIÓN HISTÓRICA Y CRONOLOGÍA.
Los fenicios iniciaron su colonización entre finales del siglo X y mediados del siglo IX
antes de Cristo. Este acontecimiento se divide en dos partes: el periodo fenicio (siglos X-VI a.C.)
y el periodo cartaginés (siglos VI-III a.C.). Entre los diferentes motivos que alentaron a los
fenicios a establecerse en las costas mediterránea y atlántica de la península Ibérica, fue la
búsqueda de materias primas, en su mayoría metales, su propia conformación geográfica y el
creciente aumento poblacional de sus principales urbes. Los fenicios estaban asentados en la
angosta banda de la costa sirio-palestina, donde se asentaban las ciudades de Sidón, Tiro y Biblos.
Las escasas tierras de labranza para el sustento de una ciudadanía en alza y la constante amenaza
de Imperio Asirio determinaron con toda probabilidad el movimiento migratorio en la búsqueda
de nuevas tierras donde poder establecerse. El periodo que se registra en el mapa es el
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correspondiente con el periodo cartaginés (siglos VI-III a.C.) que se caracterizó por la caída de
Tiro y el apogeo de Cartago, que se alzará como poder político, militar y económico,
transformándose en una potencia marítima.
La colonización griega se inició en el siglo IX debido a la formación de las propias polis
griegas. Se distinguen dos periodos conocidos como la primera (siglos IX-VIII a.C.) y la segunda
oleada colonizadora (siglos VII-III). En la primera fase de colonización se vieron afectadas Sicilia
y el sur de Italia y fue llevada a cabo por griegos eubeos, impulsados por la búsqueda de estaño y
cobre para la obtención del bronce. Las principales colonias fueron Cumas, Naxos, Pitecusa,
Leontios, Ctrania, Regio, Himera y Zancle. Con esta red de colonias consiguieron controlar el
estrecho de Mesina y, como consecuencia, el mar Tirreno.
Ciñéndonos al mapa, muestra el ciclo de la segunda oleada de colonias. Durante esta fase
aumento el área de influencia llegando al Mar Negro, las costas del norte del continente africano,
el litoral mediterráneo galo, la Península Ibérica y las ínsulas de Cerdeña y Córcega. Las apoikias
más importantes de esta fase de expansión fueron en Asia Menor, Mileto, Focea y Megara. Las
causas principales de esta segunda oleada fueron probablemente causadas por la falta de tierras
de cultivo para poder alimentar a las ciudades en continuo crecimiento, la condensación de las
tierras alrededor de los terratenientes aristocráticos, la migración por causas políticas, la propia
idiosincrasia de la geografía griega o la exigüidad de materias primas para el acrecentamiento de
su industria metalúrgica.
A partir del siglo VI a.C., aunque pudo ser antes, ambas civilizaciones coinciden en la
Península Ibérica, asignándose diferentes zonas de influencia comercial e interactuando ambas y
con la población autóctona, principalmente en el área de los tartesios por intereses comerciales.
El expansionismo fenicio fue programado y organizado por los gobiernos de las principales urbes,
destacando a Tiro por parte de los fenicios y a Cartago por el lado púnico. Esta situación
migratoria asentó a pobladores fenicios por todo el litoral mediterráneo y sur del área atlántica de
manera planificada, en función de la necesidad y la posibilidad de obtener diferentes recursos
según la zona. Los fenicios asentados en territorio de la península, al contrario que los helenos,
eran más numerosas y estables ocupando áreas independientes de los asentamientos indígenas o
ubicándose en poblamientos existentes formando nuevas zonas diferenciadas.
Los colonos fenicios eran todos del mismo origen, por lo que compartían el tipo de
organización social, tenían las mismas características culturales, practicaban la misma religión,
escritura y lengua. Estas características y rasgos comunes permitieron establecer una amplia zona
de influencia en la península con numerosas colonias de carácter permanente, favoreciendo el
intercambio de población entre ellas.
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Principalmente, estos asentamientos se produjeron por motivos económicos, eran lugares
idóneos para el comercio y/o las actividades agrarias. Dependiendo de la actividad principal que
se llevara a cabo, se establecieron en dos tipos de enclaves diferentes, en la zona costera que
favorecía el comercio marítimo y en las zonas más al interior, próximas a los ríos Guadalquivir y
Guadiana por su fertilidad haciéndolas propicias para el cultivo y la ganadería, así como para la
explotación minera. Al mismo tiempo, la navegabilidad de ambos cauces fluviales favorecía tanto
la comunicación como el comercio interior y a su vez el transporte de materiales desde el interior
al mar para su comercio por el Mediterráneo.
Las zonas costeras de Málaga, Granada y Almería fueron enclaves para el establecimiento
de colonias como las de Chorreras, Almuñecar, Toscanos o Morro de la Mezquita. Durante el
periodo cartaginés, a partir del sexto siglo antes de Cristo, las pequeñas colonias se fueron
convirtiendo en grandes urbes siendo ejemplo de ellos emplazamientos como Sexi, Malaca o
Abdera. Se dedicaron a la exportación de materias como la plata, el cobre, oro, estaño, plomo,
alfarería, pieles, ebanistería, productos de orfebrería, etc. Estos asentamientos fenicios tenían una
configuración urbanística de influencia oriental con calles estrechas y grandes almacenes. Por lo
general estaban amuralladas, construidas con adobe. Eran pequeños asentamientos de unos 1000-
1500 habitantes, con viviendas de diferente tipología y almacenes grandes de hasta veinte metros
y diversas alturas. Con el avance del periodo de los cartagineses, las pequeñas colonias fenicias
irán perdiendo su actividad y surgirán grandes ciudades bajo el influjo de Cartago y serán
gobernadas por la aristocracia cartaginesa. Se fundarían colonias que servirían de apoyo a las
grandes ciudades en las rutas de su comercio marítimo, como en el caso de Ebusus.
La colonización en la península por parte de los griegos cuenta con pocos asentamientos,
algunos se conocen a través de autores como Estrabón, pues no se han encontrado evidencias
arqueológicas como es el caso de Manike. Los helenos se establecieron en la costa de la península,
creando emporios comerciales para el comercio con las poblaciones indígenas peninsulares. Las
polis griegas se construían siguiendo los mismos fundamentos y patrones de las metrópolis del
Egeo, importando todos los aspectos de su civilización y su cultura. La organización política se
desconoce en las colonias peninsulares, pero se puede presuponer que estaría copada por una élite
comercial. A diferencia de los colonizadores fenicios que planificaban su proceso de expansión,
los griegos no lo hacían de esta forma. Los relatos mitológicos griegos cuentan que Coleo de
Samos, durante su travesía hacia Egipto, es desviado de su trayecto por los vientos que lo
transportaron más allá de las columnas de Hércules. Los helenos realizaban salidas para sondear
la idoneidad de los territorios para su instalación u obtención de los materiales que necesitaban y
no con el afán de permanecer permanentemente en la zona. Las primeras exploraciones se
realizaron bordeando las costas insulares y continentales, buscando lugares costeros fácilmente
defendibles o ideales para la explotación agrícola. Una vez instalado el emporión, permanecían
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en él un grupo reducido de griegos, que se encargaban de las transacciones comerciales con los
habitantes de la zona. Se dedicaban a la exportación de vajillas, objetos de cobre, aceites,
cerámicas, tejidos, entre otros materiales, e importaban metales como el hierro o el cobre. Las
tierras que eran aptas para su explotación agrícola se sembraban principalmente de trigo, carente
en su Grecia de origen. Con el transcurso del tiempo, estos asentamientos fueron ampliando su
área de influencia, estableciendo nuevos emporios. Los ocupantes griegos no establecieron
núcleos poblacionales permanentes en el occidente mediterráneo, organizándose en torno a los
emporios comerciales. Los asentamientos se disponían cerca de poblaciones íberas con las que
mantenían una buena coexistencia. El emporión era una construcción portuaria con función
comercial. Por lo general, de trazado octogonal y calles alineadas, de perímetro pequeño
protegidas por muros de piedra y una entrada principal con torres defensivas. El interior se
contenía una cisterna pública, el ágora y los templos, los edificios de almacenaje se disponía cerca
del puerto. Las existentes en Iberia estaban habitadas por unas 3500 personas y solían tener una
extensión de unas cuatro hectáreas. De entre las colonias de la península destacaron Rhodes y
Emporion (575 a.C.), aunque se han hallado restos arqueológicos dispersos por toda la costa
mediterránea de cerámicas, testimonio del constante comercio griego.
PRINCIPALES NÚCLEOS MENCIONADOS Y TIPO DE OCUPACIÓN AL QUE
CORRESPONDEN.
Las colonias de fenicios que se representan en el mapa son Kaine, Malaka, Gades,
Abdera, Sexi, Ebusus y Lucentum. Sexi se fundó en el siglo VIII a.C. y servía como colonia de
llegadas de más colonos fenicios. Su necrópolis sitúa el asentamiento púnico en los siglos IV-III
a.C. y era una factoria. Tiro fundaría la colonia de Gades no antes del 800 a.C., y los vestigios
arqueológicos la sitúan como el primer asentamiento fenicio. Estaba localizada en un enclave
característicamente fenicio: establecida en una isla cerca de los estuarios de los ríos Guadiana y
Guadalquivir. Era una zona portuaria para el control de la navegación hacia el Mediterráneo
Central, el norte de África y la propia Tiro. Importaba y exportaban materiales manufacturados y
materias primas. Ebusus sería la segunda colonia fenicia, situada en la isla de Ibiza en el siglo
VIII a.C. En época fenicia estaba bajo el paraguas de Gades haciendo la función de escala en los
viajes comerciales por el Mediterráneo, en el siglo V durante el dominio cartaginés sufrió una
importante transformación. Malaka era una colonia fenicio-púnica cuya fundación data del siglo
VI a.C. con una situación geoestratégicamente relevante. Su puerto controlaba el paso del
estrecho. En ella se producían salazones, se tenía acceso a yacimientos mineros interiores y se
hallaba en la ruta hacia Tarteso y Gadir. Adquirirá importancia en época púnica, cerrando el
comercio griego a través del estrecho. Abdera se fundará en el siglo VII a.C., situada entre
Cartagena y Málaga, de gran importancia comercial, convirtiéndose en un gran asentamiento en
la era púnica.
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Los principales emporios griegos de la península fueron Rhodas, Emporion,
Artemision, Hemoroscopion y Mainaké. Emporion, es considerado el primer asentamiento
helénico de la península, fue fundada en el 575 a.C. por los focios de Massalia, enclave portuario
y comercial que tuvo funciones de puerto de parada y aprovisionamiento de comerciantes griegos.
Estaba situado cerca de un asentamiento autóctono, Ullastret. Estaba constituido por dos
asentamientos: Palaiopolis, la primera en fundarse, y Neapolis. Rhodas se fundó en el siglo VI
a.C. por rodios, pasando posteriormente al dominio focense originario de Massalia. Mainake,
próxima a Málaga, y Hemeroskopeion, cerca de Valencia, son dos colonias que en la actualidad
se siguen discutiendo sus ubicaciones exactas.
TARTESO EN EL CONTEXTO DE LOS CONTACTOS CON GENTES FORÁNEAS.
Los asentamientos fenicios peninsulares y su interacción con los indígenas de la península fue
intensa y numerosa, su resultado fue un cambio cultural de los asentamientos locales, sobre todo
en los tartesios, aportando cambios socioculturales y en la economía que derivarán en la aparición
de nuevas comunidades. Los cambios más importantes se produjeron en los modos de producción,
la tecnología y los hábitos de consumo. Los primeros fenicios se asentaron en Tartessos, en
Andalucía occidental, por sus ventajas agropecuarias y mineras y unas excelentes vías de
comunicación fluviales y marítimas. La importación de nuevos bienes conllevó una revolución
de la organización política y social de los tartesios. Estos cambios se propiciaron por la entrada
del torno de alfarero, el alfabeto fenicio, nuevos hornos de cocción, cambios en la extracción de
metales, el comercio, la orfebrería, el floreciente comercio y la transmisión de nuevos cultos
funerarios y religiosos. La comunidad tartésica pasó a estar jerarquizada atendiendo a los nuevos
roles de la población.
Aunque los fenicios tuvieron una clara influencia sobre Tartessos, la griega no se puede
desdeñar, creando los helenos barrios propios dentro de los asentamientos fenicios. Este hecho
implicaría una situación de estrecha relación entre las tres poblaciones. Las evidencias
arqueológicas los corroboran, habiéndose encontrado en Los Cabezos o la ría de Huelva artefactos
de manufactura griega y a su vez restos íberos en Grecia. Los tartesios fueron una sociedad
claramente influenciada por griegos y fenicios.
BIBLIOGRAFÍA.
MALUQUER DE MOTES, J., (1955). El proceso histórico de las poblaciones peninsulares. Editorial
Zephyrus, Vol. 6, pp 241-255.
ALVAR, J. y BLÁZQUEZ, J. M. (1993). Los enigmas de Tartessos. Catedra Editorial, Madrid.
PEREA YÉBENES, S. y ALONSO ALONSO, M. A. (2023). HISTORIA ANTIGUA DE LA PENÍNSULA
IBÉRICA: desde la fundación de Gadir hasta la muerte de Alejandro Severo. Editorial UNED, Madrid, pp
13-64.
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