Se habla de modelo biopsicosocial con referencia al enfoque
que atiende la salud de las personas a partir de la integración
de los factores biológicos, psicológicos y sociales. Este modelo
entiende que el bienestar del hombre depende de las tres
dimensiones: no alcanza con que el individuo esté sano
físicamente.
El prefijo “bio” alude a la vida; “psico” se vincula a
la psicología (la actividad de la mente o las cuestiones del
alma); “social”, por último, es aquello vinculado a
la sociedad (la comunidad de individuos que comparten una
cultura y que interactúan entre sí). La noción de biopsicosocial,
por lo tanto, integra cuestiones biológicas, psicológicas y
sociales.
EL SER HUMANO, UN SER
BIOPSICOSOCIAL
Suele decirse que el ser humano es biopsicosocial. Su potencial
está determinado por sus características biológicas (físicas), pero
a su vez su accionar es influenciado por aspectos psicológicos
(como deseos, motivaciones e inhibiciones) y por el entorno
social (la presión que ejercen otras personas, los
condicionamientos legales, etc.). Estos tres aspectos (bio, psico y
social) no pueden escindirse, sino que constituyen un todo. La
conducta del hombre, de hecho, constituye una unidad
biopsicosocial.
LA UNIDAD DEL PACIENTE
La unidad del paciente es el conjunto formado por el espacio de la habitación, el
mobiliario y el material que utiliza el paciente durante su estancia en el centro
hospitalario. Por lo tanto, el número de unidades del paciente será igual al número de
camas que tenga el hospital.
ARREGLO DE LA UNIDAD DEL PACIENTE
La cama de un paciente debe estar tan limpia y cómoda como sea posible. Ello
requiere inspecciones frecuentes, para comprobar que las sabanas están limpias,
secas y sin arrugas. Las medidas higiénicas cubren muchas necesidades básicas que
los pacientes no pueden realizar habitualmente por sí mismos. La responsabilidad del
personal de enfermería se centra en la valoración del estado del paciente, de sus
hábitos de higiene personal y de su imagen corporal, y ha de promover la
independencia y la participación en la asistencia sanitaria. El profesional de enfermería
utiliza una considerable capacidad de discernimiento y planificación para anticiparse a
las necesidades higiénicas del paciente, se adapta a los gustos del paciente al realizar
el cuidado higiénico y se asegura de que el paciente se siente cómodo y seguro
OBJETIVOS:
* Fomentar hábitos higiénicos en del paciente.
* Crear un ambiente limpio
* Permitir la comodidad física
* Disminuir la contaminación hospitalaria
* Ofrecer seguridad desde el punto de vista bacteriológico
PROPOSITO:
Limpiar y disponer adecuadamente de los elementos que componen el mobiliario que
utiliza el paciente: cama, mesa para comer, silla y otros, así como los de uso personal.
ARREGLO DE CAMA CON PACIENTE
Cuidados básicos en el sueño y el descanso
Introducción
Dormir es una necesidad básica de los seres humanos. El sueño nocturno y los pequeños
descansos diurnos permiten a las personas recuperar sus energías. Cuando dormimos no
somos conscientes del mundo que nos rodea, pero durante este periodo de tiempo
ocurren gran cantidad de procesos fisiológicos que son esenciales para mantenernos
saludables. En las personas que padecen un proceso de enfermedad, la necesidad de
descanso y sueño aumenta ya que implica un gasto extra de energía. Además, el ritmo
de trabajo de los hospitales y sus condiciones ambientales (ruido, iluminación,
temperatura, etc.) dificultan el descanso de los pacientes. Los objetivos de este tema son
definir el sueño y descanso, como parte fundamental de los cuidados de enfermería,
conocer los factores que afectan al adecuado descanso de los pacientes, describir los
métodos de valoración del sueño y establecer los cuidados de enfermería para asegurar
un adecuado descanso. 1. Descanso y sueño. Conceptos El descanso y el sueño son
esenciales para la salud y básicos para la calidad de vida. Sin sueño ni descanso nuestra
capacidad de concentración y de participar en las actividades cotidianas disminuye, a la
vez que aumenta la irritabilidad. A continuación definiremos estos conceptos. 1.1. El
descanso El diccionario de la Real Academia Española define descansar como «cesar en
el trabajo, reparar las fuerzas con la quietud» o «tener algún alivio en las
preocupaciones». Descansar supone disminuir la actividad física y mental, que permite
a las personas prepararse para continuar con sus actividades cotidianas, pero para
descansar se requiere tranquilidad y silencio que permitan liberar la ansiedad y relajar el
cuerpo. Descansar puede implicar el sueño, o no. Cada persona tiene una necesidad de
descanso y hábitos para descansar, otorgándole un significado diferente. A pesar de
ello, existen seis situaciones que la mayoría de personas asocian a un inadecuado
descanso y que los profesionales de enfermería deben tener en cuenta: a) Pierden el
control de la situación. b) Se sienten rechazadas. c) No entienden lo que está pasando. d)
Presentan molestias e irritaciones. e) Se sienten dependientes para realizar actividades
básicas. f) Se sienten inseguras. No saben si recibirán ayuda cuando la necesiten. 1.2. El
sueño El sueño puede considerarse un proceso universal (común en todas las personas)
que conlleva una alteración de la conciencia y del estado funcional (disminución de la
actividad física), que ocurre de forma cíclica (se repite periódicamente) y es reversible
(ante estímulos externos o al finalizar el proceso). 1.2.1. Funciones del sueño La
Sociedad Española de Medicina Oral del Sueño afirma en su página web que en la
actualidad no puede afirmarse cuál es la finalidad fisiológica del sueño, aunque existen
varias teorías al respecto: a) Conservación de la energía: durante el sueño disminuye la
actividad física y, por tanto, el consumo de O2 y nutrientes, lo que permite que el
organismo recupere sus reservas de energía, como un mecanismo de homeostasis
similar a la hibernación. b) Función reparadora: la falta de sueño produce irritabilidad,
disminución del rendimiento intelectual, problemas de memoria y agotamiento. Los que
apoya esta teoría, afirman que el sueño sirve para restablecer la actividad física y
cerebral del organismo. c) Función de protección: Desde un punto de vista preventivo,
se podría decir que el sueño permite al organismo prepararse para la actividad física y
mental en el siguiente ciclo de vigilia. Esta teoría está ligada a la anterior, aunque con
otro punto de vista. d) Consolidación de la memoria: durante la fase rem del sueño, se
ha detectado una mayor actividad cerebral en las áreas de la memoria y las emociones.
1.2.2. Fases del sueño Los ritmos circadianos de nuestro organismo son los que
determinan el ciclo vigilia-sueño, a través la interacción de diferentes sistemas
neuroquímicos del snc y la producción y liberación de hormonas, afectando a diferentes
aparatos y sistemas de nuestro organismo. A su vez, el sueño consta de dos etapas:
a) Sueño no rem (nrem): Es lo que se conoce como sueño reparador y está dividido
en cuatro etapas progresivas, desde que estamos despiertos hasta el sueño
profundo. 1. fase i y ii: la persona empieza a adormilarse y alcanza un sueño
ligero. Las dos etapas suelen durar alrededor de 30 minutos y es fácil despertar a
la persona con estímulos externos. 2. fase iii y iv: las funciones vitales empiezan
a disminuir y aumenta el nivel de relajación muscular hasta llegar al sueño más
profundo. Estas dos etapas suele durar entre 30 y 60 minutos. b) Sueño rem
(Rapid Eye Movement): Durante esta fase la persona continua profundamente
dormida, aunque el cerebro permanece activo durante unos 10-20 minutos. En
ella, se produce una pérdida del tono muscular, movimientos rápidos de los ojos,
cambios en la tensión arterial y la frecuencia cardiaca. Estas etapas siguen un
patrón cíclico, con una duración entre 70 y 110 minutos, de modo que en un
periodo de 7-8 horas de descanso, se repiten entre 4 y 6 veces. El sueño suele
interrumpirse tras la fase rem, y en caso de no sea así, el ciclo debe volver a
empezar desde la primera fase nrem, dificultando que el sueño cumpla con sus
funciones (figura 15). Figura 15. Etapas del sueño. Fuente: Elaboración propia
1.2.3. Factores que afectan la calidad del sueño Las necesidades de sueño varían
en cada persona en función de diferentes factores como la edad, las condiciones
ambientales o las rutinas de trabajo. En general podemos clasificar estos factores
como: 1. Factores psicológicos: la ansiedad, la depresión o el estrés alteran la
liberación de hormonas como la adrenalina y provocan alteraciones de las fases
rem y nrem.
2. Factores socioculturales: los estilos de vida, la alimentación, el consumo de
determinadas sustancias como alcohol o tabaco, o los ritmos de trabajo (trabajo a
turnos, periodos de exámenes, etc.) producen alteraciones del ciclo vigilia-
sueño, afectando a la calidad del sueño. 3. Factores ambientales: ventilación,
iluminación, olores, ruido, tener o no compañero o el tipo de cama son factores
que pueden afectar a la calidad del sueño. 4. Factores biofisiológicos: las
necesidades de sueño varían en función de determinados factores como la edad
(tabla 8), y se pueden verse alterados por otros como realizar ejercicio físico, la
alimentación, el estado de salud (dolor crónico), presencia de terminadas
patologías (enfermedad respiratoria, úlcera gástrica, etc.) o el consumo de
medicamentos (diuréticos, antidepresivos, betabloqueantes, etc.).
Horas de sueño Neonatos 16 Lactantes 14 Preescolar 12 Escolares 8-12
Adolescentes 8-9 Adulto 6-8 Edad avanzada 4-8 Tabla 8. Horas de sueño según
edad. Fuente: Elaboración propia
La hospitalización y su repercusión en el sueño La hospitalización supone en sí
misma una alteración de los ritmos circadianos, asociándose a una alteración de
un sueño que no es protector ni reparador. La calidad del sueño influye en una
mejor y rápida recuperación de la causa que motiva los ingresos hospitalarios
(Aguilera, Díaz y Sánchez, 2012). La alteración del sueño en los pacientes
hospitalizados tiene consecuencias psicológicas y físicas, tal y como han
observado Young et al. (2008) en su trabajo. Por una parte, puede aumentar los
niveles de ansiedad, modificando el estado de ánimo y el humor, e incluso
provocar delirium. Por otra parte, puede elevar la tensión arterial, alterar la
ventilación, el sistema inmunitario o la diabetes mellitus. Además, las
alteraciones del sueño se asocian a un mayor riesgo de caídas en el anciano
(Stone et al., 2008) y peor calidad de vida (Léger et al., 2012). Los pacientes
hospitalizados son más propensos que la población general a padecer trastornos
del sueño, principalmente el insomnio agudo (dificultad para iniciar
La hospitalización y su repercusión en el sueño La hospitalización supone en sí
misma una alteración de los ritmos circadianos, asociándose a una alteración de
un sueño que no es protector ni reparador. La calidad del sueño influye en una
mejor y rápida recuperación de la causa que motiva los ingresos hospitalarios
(Aguilera, Díaz y Sánchez, 2012). La alteración del sueño en los pacientes
hospitalizados tiene consecuencias psicológicas y físicas, tal y como han
observado Young et al. (2008) en su trabajo. Por una parte, puede aumentar los
niveles de ansiedad, modificando el estado de ánimo y el humor, e incluso
provocar delirium. Por otra parte, puede elevar la tensión arterial, alterar la
ventilación, el sistema inmunitario o la diabetes mellitus. Además, las
alteraciones del sueño se asocian a un mayor riesgo de caídas en el anciano
(Stone et al., 2008) y peor calidad de vida (Léger et al., 2012). Los pacientes
hospitalizados son más propensos que la población general a padecer trastornos
del sueño, principalmente el insomnio agudo (dificultad para iniciar
y mantener el sueño). Mientas que la prevalencia de insomnio en la población
general oscila entre el 10 y el 30 %, Vico-Romero et al. (2014), han observado
una prevalencia global de insomnio del 42 % al estudiar una muestra de 299
pacientes en el Hospital de Mataró, coincidiendo con los resultados obtenidos en
otros estudios internacionales, en los que la prevalencia de insomnio oscila entre
30 y 45 % (Venlateshiah y Collop, 2012; Meissner et al., 1998), pudiendo
aumentar en determinadas patologías como los accidentes cerebro-vasculares
hasta el 78 % (Pasic et al., 2011). En este punto, cabe preguntarse qué factores
son lo que alteran el sueño de los pacientes ingresados en los hospitales. 2.3.
Factores que influyen en la calidad del sueño durante la hospitalización Existen
varios estudios que han tratado de conocer qué factores son lo que realmente
más afectan a la calidad del sueño en los pacientes hospitalizados. De acuerdo
con Aguilera, Díaz y Sánchez (2009), podemos resumirlos del siguiente modo:
a) La existencia de una patología previa de sueño. b) El consumo habitual de
sedantes. c) El nivel de ansiedad de los pacientes durante la hospitalización. d)
Variables ambientales en la sala de atención, entre los que se encuentran ruidos
molestos, iluminación inadecuada, falta de comodidad del inmobiliario, etc. e)
La causa de la hospitalización que incide en la presencia de alteraciones del
sueño, especialmente en aquellas patologías que se cursan con dolor desde
moderado a severo. Otros estudios realizados por profesionales de enfermería
añaden a esta lista otros factores como la presencia de pirosis o reflujo
gastroesofágico, incapacidad funcional al ingreso y sensación de sobrecarga para
el cuidador, que provocan elevados niveles de angustia (Vico-Romero et al.,
2014). Albella Vallverdú et al. (2013) encontraron que el 43,2 % de pacientes
que eran portadores de algún tipo de dispositivo presentaban bastantes o muchas
molestias para dormir, además de que al 12,4 % le habían despertado las
enfermeras durante su actividad, presentando dificultades para volverse a dormir
el 53,1 %. Los factores que afectan a la calidad del sueño durante la
hospitalización también se han estudiado desde la perspectiva de los
profesionales en nuestro entorno (Medina Cordero, Feria Lorenzo y Oscoz
Muñoa, 2009), coincidiendo en gran parte con los factores reportados por los
pacientes (tabla 9). Parece evidente que durante la hospitalización, los pacientes
se ven sometidos a nuevas reglas y horarios, que pueden no coincidir con los de
su reloj biológico, sin olvidar que no están allí voluntariamente, sino por una
enfermedad o problema de salud que les genera ansiedad, en el mejor de los
casos. Por otra parte, los ritmos de trabajo, las condiciones de la habitación, los
compañeros de habitación, las visitas de familiares, etc., son factores con un
elevado potencial para alterar el ritmo de vigilia-descanso y la calidad del sueño.
El profesional de enfermería debe minimizar dichos factores para que los
pacientes no modifiquen su patrón habitual de sueño y de esta manera facilitar el
descanso nocturno.
Medina Cordero, Feria Lorenzo y Oscoz Muñoa (2009) afirman, en su estudio sobre los
conocimientos del sueño y cuidados en profesionales de enfermería, que «enfermería
considera el descanso como un proceso de vital importancia dentro del concepto salud-
enfermedad», aunque concluyen que «el abordaje de los cuidados básicos en el descanso es
primordial desde el punto de vista enfermero, y la formación básica en este sentido ha de
acometerse, desde el punto de vista institucional». El primer paso para establecer los cuidados
requeridos por los pacientes para mejorar la calidad del sueño consiste en hacer una valoración
de este. Valoración del sueño En el caso de las unidades de hospitalización, la valoración de la
calidad del sueño permitirá a los profesionales de enfermería detectar qué pacientes no
descansan de forma adecuada y qué factores son los que alteran la calidad del sueño, para
establecer intervenciones en ese sentido. Es importante tener presente que hay mucha
variabilidad en las necesidades de sueño y descanso entre las personas. La valoración de la
calidad del sueño puede realizarse de forma subjetiva, a través de la entrevista con el paciente,
la observación de determinados signos y síntomas y el uso de índices o cuestionarios; o bien de
forma objetiva, a través de pruebas diagnósticas más complejas, como la polisomnografía, que
se realizan por indicación médica. a) Entrevista, signos y síntomas y escalas para valorar la
calidad del sueño Durante la entrevista con el paciente podemos obtener información muy
relevante sobre su estado de ánimo, nivel de descanso o calidad del sueño. Para ello, es
necesario que se orienten las preguntas de la entrevista hacia (Bello, 2010): 1. La cantidad y
calidad del sueño y del descanso deben evaluarse sobre la base de: a) Edad. b) Los patrones
usuales de descanso y sueño y su posible modificación durante el ingreso hospitalario: i.
Cantidad de horas, tiempo de conciliación, siestas diurnas, despertares nocturnos y posibilidad
de conciliar el sueño nuevamente. ii. Calidad del sueño y si está deteriorada, pesadillas, uso de
medios para facilitar el sueño (lectura, radio, etc.). iii. Condiciones del entorno que dificultan el
sueño (ruido, iluminación, temperatura, adaptación de la cama, colchón, almohada o ropa). c)
El estado de salud: i. Esta información también puede obtenerse de la historia clínica.
Problemas de incontinencia, hipertiroidismo, trastornos del sueño previos, enfermedades de
salud mental, consumos de sustancias (tabaco, alcohol, drogas) o medicación que puede
alterar el ciclo del sueño (tabla 10). d) El nivel de tensión actual. i. Nivel de ansiedad. ii. Nivel de
dolor. iii. Problemas familiares, preocupación por la enfermedad o por los procedimientos a
realizar, miedo por el desenlace, etc. Esta información debe obtenerse con cautela, ya que
puede estar relacionada con aspectos personales o familiares del paciente. 2. Observar a los
pacientes para buscar signos y síntomas de privación del sueño: a) Cambios en el
comportamiento: dificultad de concentración, confusión, irritabilidad, apatía. b) Signos físicos:
nistagmus leve, temblor de manos, ptosis parpebral, enrojecimiento de la esclerótica,
expresión vacía, ojeras, bostezos frecuentes, cambios en la postura, cefaleas. c) Quejas
verbales de no sentirse bien descansado. 3. Escalas para medir la calidad del sueño: Existen
diferentes escalas para medir la calidad del sueño, aunque deben utilizarse con cautela en
pacientes con deterioro cognitivo o que consumen sustancias o fármacos que pueden alterar el
ciclo del sueño. Entre ellas encontramos: a) Subjective Evaluation of Sleep Tool. b) Índice de la
calidad del sueño de Pittsburg. c) Escala Atenas de Insomio (validada por Nenclares y Jiménez,
2005). d) Cuestionario de Oviedo del sueño (disponible en url: http://www.juntade
andalucia.es/servicioandaluzdesalud/library/plantillas/externa.asp?pag=/
contenidos/gestioncalidad/CuestEnf/PT5_CuestOviedo_Suenio.pdf).
Cuidados para favorecer la calidad del sueño A pesar de que Enfermería considera que un
adecuado reposo es necesario durante la hospitalización, se conoce qué factores son los que
afectan principalmente a la calidad del sueño y las consecuencias de que los pacientes no
descansen adecuadamente, pero existe poca evidencia, centrada en las unidades de
hospitalización, sobre cuáles serían las mejores intervenciones de enfermería para mejorar la
calidad del sueño de los pacientes. Según Medina Cordero et al. (2009), para los profesionales
de enfermería, los procedimientos que favorecen el sueño son principalmente el control del
dolor, seguido del control de los estímulos ambientales, crear un entorno seguro y otras que
podrían agruparse como higiene del sueño. El protocolo sobre cuidados para propiciar el
reposo y el sueño del enfermo del Hospital Gregorio Marañón (2010) establece que estos
procedimientos son: 1. Promover medidas de confort: a) Adecuar la ropa de cama a las
necesidades del paciente. b) Vestir al paciente con ropa cómoda. c) Cuando el paciente sea
dependiente, asegurarse de que esté limpio, seco y sin arrugas en las sábanas. d) Colocar a los
pacientes adecuadamente para favorecer la relajación muscular, proporcionando dispositivos
de apoyo y protegiendo las zonas de presión, asegurándose que el paciente está cómodo (si el
paciente está consciente y orientado preguntarle directamente). e) En pacientes con dolor,
administrar la analgesia pautada por el médico, si es posible, 30 minutos antes de acostarse. f)
En pacientes con problemas respiratorios, administrar los medicamentos broncodilatadores
prescritos por el médico, si es posible al menos una hora antes de irse a dormir, si no está
contraindicado, y colocar al paciente en una posición que favorezca la ventilación según sus
necesidades (posición Fowler o semi-Fowler). 2. Crear un ambiente que haga sentirse al
paciente seguro: a) Situar la cama en la posición más baja posible, después de la realización de
cualquier procedimiento. b) Emplear barras laterales si está indicado, o el paciente lo pide. c)
Colocar, si se puede, el timbre de llamada de forma que no se desplace, dejándolo al alcance
del paciente (ejemplo: sujetándolo a la almohada o barandilla). d) Dejar al alcance de la mano
del paciente lo que pueda necesitar durante la noche (luz, servilletas, vaso con agua, botella de
orina, etc.). e) Explicar al paciente portador de sistemas intravenosos, drenajes u otros
dispositivos, como moverse y colocarse en la cama para que estos funcionen adecuadamente.
f) Proporcionar una longitud de tubo (sueros, drenajes, oxígeno, etc.) suficiente, para que el
paciente pueda moverse con comodidad y seguridad. g) Mantener despejado el acceso al
cuarto de baño, con el fin de evitar caídas. h) Siempre que sea posible y el paciente esté de
acuerdo, recomendar que le acompañe un familiar, si esto favorece el sentirse seguro. 3. Crear
un ambiente relajado: a) Si el paciente está de acuerdo, cerrar las cortinas o persianas de las
ventanas si las hubiese, cuando se le acueste, para evitar que entre luz de la calle. b) Correr las
cortinas entre pacientes si así lo requieren, para preservar su intimidad. c) Apagar la luz de la
habitación, utilizando la luz testigo. Cuando se requiera entrar, utilizar la luz del aseo
entreabriendo la puerta. Encender la luz de la cabecera cuando sea imprescindible, y la general
sólo si la situación lo requiere. d) Cerrar la puerta de la habitación si al paciente no le importa,
tras crear un ambiente seguro, para favorecer la intimidad, disminuir ruidos y luz. Si el paciente
requiere una estrecha vigilancia, valorar dejar la puerta abierta parcial o totalmente, primando
siempre la seguridad. e) Cumplir horarios de televisores y radios con sonido ambiente.
Recomendar a los pacientes el uso de dispositivos de escucha individual. f) Suspender las
llamadas sonoras de teléfono móvil (cuando este se permita), dentro de la habitación, en el
mismo horario que la televisión y la radio. g) Mantener el volumen de conversación lo más bajo
posible, tanto con los pacientes como entre profesionales. h) El personal debe utilizar el
calzado suministrado en el Hospital, o en su defecto con suela de goma, para que el ruido al
caminar esté amortiguado. i) Los horarios de medicación, siempre que sea factible, estarán
adaptados para interrumpir lo menos posible el sueño, al menos en seis horas consecutivas. j)
Apagar las luces de los pasillos cuando no sean imprescindibles, y aquellas que no sea posible
apagar y puedan llegar a alguna habitación con pacientes, atenuarlas lo máximo posible.