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ENSAYO

BREVES APORTES DE LA ECONOMIA DE LA EDUCACIÓN

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LA ECONOMIA DE LA EDUCACIÓN EN MEXICO.

I. Introducción.

Hoy observamos un claro consenso en la sociedad mexicana sobre la


necesidad de asignar mayores recursos a la educación. Prácticamente nadie
cuestiona la importancia estratégica que tiene la inversión en educación como
principal palanca para impulsar el desarrollo del país, reducir las enormes
diferencias en la distribución de la riqueza nacional y lograr mejores condiciones
de vida para todos. Desde 1993, la ley ordena aumentar el gasto en educación, el
Poder Ejecutivo Federal declara su voluntad para incrementarlo, el Poder
Legislativo le corrige el proyecto de presupuesto 2005 para asignar más recursos
al rubro. En fin, todos parecen disputarse el honor de aumentar los recursos para
la educación. En este momento en que el ensordecedor ruido político dificulta un
análisis racional de este tema, que sin duda es uno de los grandes problemas
nacionales, convendría preguntarnos: ¿Cómo ha evolucionado el gasto en
educación? ¿Quién aporta los recursos? ¿Qué dispone la ley y cómo se muestra
en el presupuesto? ¿Cuál es su importancia relativa en comparación con otros
rubros de la economía? ¿Cómo se ubica nuestro país en el contexto internacional
en cuanto al gasto en educación? ¿Cómo se aplican los recursos disponibles?

Comencemos por recordar dos conceptos que necesitaremos en adelante.


El producto interno bruto (PIB) expresa en términos monetarios el valor de toda la
actividad de una economía durante un periodo determinado, generalmente un año,
y se ha impuesto internacionalmente como la medida reina en la economía; en el
campo de la educación se aplica para medir su costo. Por otra parte, el gasto
nacional en educación resume todos los recursos asignados por el país al
sostenimiento de los servicios educativos y puede dividirse en dos fuentes, los
recursos públicos administrados por el gobierno y aquéllos que aportan
directamente los particulares para pagar la escuela de sus hijos. En términos del
PIB mexicano, la evolución del gasto nacional que ha implicado el sostenimiento
de la educación en años recientes muestra una clara y sostenida tendencia al
crecimiento, interrumpida sólo por una caída en el año 1995, que fue producto de
una de las mayores crisis económicas que ha sufrido el país. Se puede ver que en
dicho lapso el gasto nacional en educación creció en más de 40 por ciento, al
pasar de 4.7 por ciento del PIB en 1992 a 6.6 por ciento en 2001. De este modo,
en términos de su participación en el valor total de la economía mexicana, resulta
incuestionable el incremento de los recursos asignados a la educación durante la
década que analizamos.

II. Desarrollo

Antes de compararnos con otros países pasemos a analizar la composición


del gasto nacional en educación durante la década de 1992-2001. Al comparar la
contribución de los sectores público y privado en el gasto nacional para el
sostenimiento de la educación, resulta clara la primacía del primero. Aunque en
1995 se presentó una caída en el gasto público que tardaría seis años para
recuperarse, el sector público contribuyó durante la década de 1990 con un
promedio anual de poco más de 85 por ciento al gasto nacional en educación.
Pero no simplifiquemos demasiado, observemos dos aspectos complementarios
para profundizar en lo anterior. En primer lugar, debemos apuntar el evidente —
podríamos decir espectacular— crecimiento de la participación de los particulares
en el sostenimiento de la educación, que se multiplicó más de cuatro veces al
pasar de apenas 0.3 por ciento a 1.3 por ciento del PIB. En 2001, los particulares
sufragaron directamente casi 20 por ciento del gasto nacional en educación,
mientras que diez años antes lo hicieron con apenas poco más de seis por ciento.

En la década 1992-2001 el gasto privado en educación creció en 433 por


ciento, mientras que el gasto público lo hizo apenas en un modesto 20 por ciento.
Esto deja claro que el crecimiento sostenido del gasto nacional educativo como
proporción del PIB se explica en buena medida por el esfuerzo económico del
sector privado, pues fue éste quien impidió que la caída que el gasto público tuvo
en 1995 repercutiera en una caída de duración similar a nivel nacional. He aquí
una modificación estructural que constituye un parteaguas en la evolución histórica
del sostenimiento de la educación mexicana, de la que hemos sido testigos al
presenciar la expansión de las escuelas particulares y muchas veces partícipes al
enviar a ellas a nuestros hijos, a pesar de la muy discutible, y no pocas veces
discutida, calidad del servicio educativo que prestan. Desde luego que el aumento
en la participación directa de los particulares en el sostenimiento de la educación
no fue espontánea, ante la reducción del apoyo económico a la educación que se
produjo durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, los padres de familia se
vieron forzados a acudir a las escuelas particulares. Pero debemos tener cautela,
esto no resta validez a la afirmación de que la educación mexicana sigue siendo
sostenida en su gran mayor parte con recursos públicos. A pesar de las caídas y
estancamientos que se observan en el gasto público educativo durante la década
que analizamos, el estado ha aportado en promedio casi 86 centavos de cada
peso gastado en la educación mexicana, mientras que el sector privado contribuyó
directamente con apenas los 14 centavos restantes.

III. CONCLUSIONES

A pesar de que de ninguna manera puede considerarse menor el esfuerzo


económico que ha hecho nuestro país para sostener la educación, seguimos
estando lejos de los países desarrollados, grupo al que México debe pertenecer
por sus condiciones de bienestar social y no sólo por su membresía en la OCDE.
En un mundo en que la importancia de la información, la ciencia y la tecnología ha
dejado de ser cuestión de mera retórica para convertirse en una realidad
insoslayable, México se encuentra en un perverso círculo vicioso: el bajo nivel
educativo de la población nos impide competir en condiciones favorables en la
economía mundial; en consecuencia, no podemos generar el crecimiento que
aporte los recursos necesarios para mejorar cuantitativa y cualitativamente nuestro
sistema educativo, lo que nos regresa al principio, pues sin una población
suficientemente educada no podemos competir en el mundo globalizado. Los
países que en las últimas décadas han alcanzado el desarrollo lograron romper
este círculo vicioso apostando por la inversión en educación, a pesar de las
múltiples e ingentes necesidades de su población. No es sensato esperar a que la
economía mejore para disponer de mayores recursos, por difícil que resulte
posponer otras necesidades sociales, los recursos para la educación deben tener
el carácter de máxima prioridad. Pero no basta con aumentar significativamente
los recursos para la educación. Consideramos que también es indispensable una
política de estado que, concurrentemente al incremento de recursos, aplique sin
reservas dos líneas de estrategia. En primer lugar, a principios del tercer milenio
queda claro que no es posible que las grandes necesidades sociales, la educación
incluida, sean sostenidas únicamente con fondos públicos. Sin reducir en forma
alguna la obligación (de carácter constitucional en México) que tiene el Estado de
sostener la parte fundamental del sistema educativo, la participación de los
particulares deberá mantener la tendencia a crecer que hemos visto en este
estudio. Pero un liberalismo irracional que reduce el control del Estado ha
demostrado que puede convertir a la educación privada en un negocio que
sacrifica la calidad en aras del lucro desmedido. El gobierno debe buscar
alternativas para apoyar económicamente a las instituciones educativas privadas,
siempre que éstas se sometan a evaluaciones sistemáticas de la calidad del
servicio educativo que prestan. En segundo lugar, en lo relativo a la aplicación de
los recursos, el gobierno no puede seguir permitiendo que el gasto corriente —
principalmente el pago de salarios, que constituye su parte sustantiva— deje al
sistema educativo prácticamente sin recursos para el mantenimiento y el gasto de
capital. Aunque no discutiríamos el hecho de que el profesor es el elemento
central, también se requieren instalaciones, equipamiento, material didáctico y
mantenimiento para que el sistema educativo funcione con niveles de calidad
competitivos internacionalmente. En cierta plática en que se discutía la necesidad
de invertir en estos rubros, un profesor afirmaba que en México los educadores se
habían distinguido por su heroísmo, al ser capaces de llevar a cabo el proceso
educativo debajo de cobertizos o incluso a la sombra de un árbol. Sin dejar de
reconocer la enorme contribución que hicieron los maestros en nuestra gesta
educativa.

IV. BIBLIOGRAFÍA

DOF, 2004, Decreto de presupuesto de egresos de la federación para el ejercicio fiscal 2005, Diario Oficial
de la Federación, 20 de diciembre de 2004, México.
FRESÁN, Magdalena y David Torres, 2000, “Tendencias en el financiamiento de las instituciones de
educación superior públicas”, en Revista de la Educación Superior, vol. XXIX, núm. 113.
OCE, 2001, El PIB y la educación, Observatorio Ciudadano de la Educación, Comunicado 62, México.
OECD, 2004, Education at a glance: OECD indicators 2004, Organisation for Economic Co-operation and
Development,enhttp://www.oecd.org/document/70,2340,en_2649_201185_33712135_1_1_1_1,00.html
. SSA, 2001,
Gasto público en salud 1999-2001: síntesis ejecutiva, Secretaría de Salud, en
http://www.salud.gob.mx/apps/htdocs/sicuentas/publicaciones/gasto_p.pdf.
UNESCO, 1997, Clasificación internacional normalizada de la educación, Organización de las Naciones
Unidas para el Educación, la Ciencia y la Cultura, Documento 29 C/20, París.

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