Cebolla
Cebolla
La cebolla pertenece a la familia de las Liliáceas y proviene de la región que abarca Irán y el O. de
Paquistán. Las formas conocidas de Allium cepa L. pueden clasificarse en:
Grupo I (Var. typicum Regel): al que pertenece la cebolla común. Posee bulbos grandes,
usualmente simples, inflorescencia en umbela.
Grupo II (Var. agregatum G. Cebolla Batum): de bulbos compuestos, formados por la proliferación
de un solo bulbo, cobrizos o blancos. En la tierra el bulbo se divide en varios bulbillos, cada uno de
los cuales produce de 1 a 12 escapos. Se la suele llama "cebolla papa".
La cebolla es una planta bianual que en condiciones normales se cultiva como anual para
recolectar sus bulbos, y como bianual cuando se desea obtener semillas. También puede
consumirse su parte aérea, conocida como "verdeo". La expresión del sabor está dominada por
compuestos volátiles y no volátiles que contienen azufre y, en menor medida, por el contenido de
azúcares.
La planta presenta raíces fasciculadas, blancas, que alcanzan una profundidad de 25-30 cm en
sentido vertical y 15 cm en sentido lateral. El tallo está formado por un disco subcónico de
entrenudos muy cortos, situado en la base del bulbo. Las hojas se insertan sobre el disco y están
formadas por una vaina envolvente en la parte basal y la lámina fistulosa hueca, redonda
achatada. La vaina más externa envuelve el resto de las hojas. El conjunto de vainas envolventes
forma un bulbo tunicado de formas y colores variables, pudiendo diferenciarse:
Los escapos florales pueden medir de 0,60 a 1,50 m de altura y aparecer en número de 1 a 12 por
planta. El escapo floral forma en su extremo una cabeza cónica prolongada en una espata que se
abre librando las flores que se agrupan en umbelas. Las flores son hermafroditas y de fecundación
cruzada (polinización entomófila). El fruto es una cápsula trilocular con 1 ó 2 semillas por lóculo. La
semilla es rugosa, irregular y de color negro una vez madura. Una vez cosechadas pueden
presentar dormición, fenómeno que dura aproximadamente dos semanas
Este cultivo ocupa el segundo lugar en importancia económica en el mundo dentro de las
hortalizas, con una superficie aproximada de 1.800.000 ha y una producción de 26.300.000 tn. Los
principales países productores son: China, EEUU, India y Japón. Los principales exportadores son:
Holanda, España, EEUU, India e Italia y los importadores: Alemania, Reino Unido, Francia y
Canadá. En América Latina, los países productores son: Brasil, Colombia, Argentina y México;
representando el 7,5% del total de superficie mundial y el 14% de la producción.
En Argentina se siembran aproximadamente 15.000 ha/año con una producción de 280.000 tn/año.
El consumo está completamente abastecido por la producción nacional. Casi el 80% se destina al
consumo en fresco, a razón de 8,3 Kg/habitante/año. En los cinturones hortícolas de las grandes
ciudades, especialmente Buenos Aires y Rosario, donde se produce cebolla para verdeo.
• Santiago del Estero: Robles y La Banda • Mendoza: Luján, Maipú, Guaymallén, Junín,
• Salta: Anta y Gral. Güemes Lavalle, Las Heras, Rivadavia, San Martín y
• Córdoba: Cruz del Eje, San Javier, San Alberto, San Rafael.
La Capital, Río Cuarto y Río Primero • San Juan
• San Juan: Jáchal, Pocitos, 25 de Mayo, Rawson, • Buenos Aires: Villarino y Patagones.
Calingasta, Chimbas, Santa Lucía y Rivadavia. • Río Negro: Viedma
Es una planta resistente al frío, aunque para la formación y maduración de los bulbos requiere
temperaturas altas y fotoperiodos largos.
La temperatura mínima de germinación se acerca a los 2ºC y la óptima se aproxima a los 24ºC.
La temperatura media mensual óptima se ubica entre 13 y 24ºC, la máxima mensual en 30ºC y la
mínima mensual en 7ºC. Durante su crecimiento la cebolla tolera heladas, pero los bulbos resultan
sensibles.
Las precipitaciones y la humedad relativa elevada resultan negativas para la cosecha y curado,
afectando la conservación.
Fase de formación de bulbos: con el inicio de la bulbificación, el desarrollo del sistema vegetativo
aéreo se va paralizando y la planta inicia la movilización y acumulación de reservas en la base de
las hojas interiores que van ensanchándose. A medida que progresa la bulbificación, las hojas
nuevas (centrales) abortan sus láminas y se convierten en vainas (catáfilas) de almacenamiento.
La zona del falso tallo que se encuentra por encima de la base engrosada recibe el nombre de
“cuello”. Las vainas externas muy expandidas se transformarán posteriormente en las catáfilas de
protección. Finalmente se produce el ablandamiento de la zona del cuello; se vuelca en conjunto
de láminas (la planta se entrega); el bulbo alcanza su madurez y la dormición. Durante la formación
del bulbo se produce la hidrólisis de los prótidos, que se inicia en las hojas viejas, dirigiendo la
planta los aminoácido libres formados hacia la zona de reserva. Paralelamente se produce una
síntesis muy intensa de glucosa y fructosa que se van acumulando en el bulbo.
Luz: fotoperiodo: El día crítico varía entre 12 y 16 horas. La cebolla es una planta de día largo
Cada cultivar tiene una exigencia en horas de luz para iniciar el proceso de bulbificación. Además
de la longitud del día, la calidad de luz y la intensidad lumínica influyen en la bulbificación. La
misma parece ser regulada por el pigmento fitocromo. La luz roja lejana la promovería, mientras
que la roja la inhibiría. A mayor intensidad lumínica, mayor resulta la velocidad de bulbificación, el
peso seco y fresco de los bulbos.
Temperatura: Con condiciones favorables de longitud del día, se requieren temperaturas elevadas
para obtener bulbos maduros. Aunque se de la temperatura adecuada, si el fotoperiodo es inferior
al requerido por el cultivar, no bulbifica.
A igual longitud del día, cuanto más alta es la temperatura, más rápida es la bulbificación. A
diferencia de la longitud del día (conocida para cada latitud), la temperatura varía cada año,
ocasionando cambios en la fecha de cosecha cada temporada. La interacción entre longitud del día
y temperatura determina los límites de adaptación de los diferentes cultivares.
Epoca de siembra: Es la determinante del rendimiento. La época de siembra debe ser tal que
permita tener plantas en invierno lo suficientemente pequeñas para evitar la vernalización y
suficientemente grandes para sobrevivir las condiciones invernales y producir una cobertura de
hojas abundante en primavera.
La brotación se inicia con el alargamiento de las hojas generadas en el ciclo anterior; los brotes
atraviesan el bulbo emergiendo por el cuello. El bulbo se deteriora progresivamente; del pequeño
tallo cada brote emite raíces por lo que se independiza definitivamente del “bulbo madre”; el
conjunto de plantas toman el aspecto de matas. El número de brotes está en relación al tamaño del
bulbo.
Tanto las plantas en crecimiento como los bulbos son inducidos a florecer con el frío. Temperaturas
entre 9 y 12ºC son óptimas para la iniciación floral en plantas provenientes de semillas. Para
bulbos en almacenaje este valor es entre 5 y 15ºC. El número de horas necesarias con esas
temperaturas depende del tamaño de la planta o del bulbo y del cultivar utilizado, por ejemplo, para
el cv. Valcatorce son suficientes 1500 horas debajo de 15ºC. Por el contrario, temperaturas
superiores a 17ºC inhiben la iniciación de la floración. En los bulbos cada yema floral que se forma
es acompañada por una yema vegetativa. Las bajas temperaturas (inferiores a 15ºC) y los días
largos estimulan el desarrollo de las yemas florales. En contraposición, las altas temperaturas
(28ºC) y día corto pueden promover el desarrollo de yemas vegetativas originando "bulbillos
aéreos". Este último proceso se conoce como "desvernalización" y para que se produzca es
necesario una mayor cantidad de horas con altas temperaturas a medida que los primordios
florales están más desarrollados.
Las plantas deben alcanzar un tamaño mínimo para recibir el estímulo dado por las bajas
temperaturas. Para los cvares. Valcatorce INTA (día largo) y Blanca Chata INTA (día corto), se
demostró que el estado juvenil o de pre-vernalización culminaría cuando la planta alcanza un
diámetro de cuello entre 6 y 8 mm. De igual modo, los bulbos pequeños necesitan más tiempo de
vernalización.
De acuerdo con sus requerimientos fotoperiodicos para bulbificación, los cultivares pueden
agruparse en las siguientes catergorías:
Días cortos (12 horas de luz): Excel, Texas Grano, Cristal Wax, White Creole, Blanca Chata,
Angaco, Ancasti, Morada y Tontal
Días intermedios (13 horas de luz ): Cristal Grano, San Joaquín, Torrentina y Navideña INTA
Día largo (14 horas de luz): Sweet Spanish, Early Yellow Globe, Southport White Globe, Valuno y
Valcatorce (tipos Valenciana), Cobriza INTA y Antártica INTA.
La cebolla vegeta bien en suelos de consistencia media o ligera, siendo preferibles los areno-
humíferos y sin problemas de drenaje. Las variaciones bruscas de humedad en el terreno inducen
la formación de grietas en los bulbos. Es una planta medianamente tolerante a la salinidad (hasta
4mmhos/cm) y poco tolerante a la acidez del suelo (pH óptimo 5,8 a 6,5).
Las labores primarias tienen el objetivo de lograr un suelo suelto y realizar labores de
sistematización para conducción de agua de riego y el establecimiento del cultivo.
En la zona de San Juan y Mendoza, una vez finalizado el cultivo previo, es importante la
incorporación del material vegetal disponible para evitar que se pierda por procesos de destrucción
si queda en superficie. Esto determina las necesidades de roturar la tierra tempranamente. La
labranza primaria podrá retrasarse hasta momentos próximos a la siembra si la superficie se
encuentra limpia. Luego de la aradura se realizan rastreadas y se forma la cama de siembra o
camellones, aprovechando la humedad del suelo. Si las labores primarias fueron realizadas con
mucha anticipación, puede ser necesario dar humedad al perfil mediante previo surcado y riego.
En el sur de Buenos Aires, partiendo de pasturas degradadas o cultivos de verano, las labores se
inician en enero con labranza vertical y desmenuzamiento del suelo, manteniéndolo hasta la época
de siembra. Generalmente se hace una sistematización total de los lotes, posibilitando el riego en
melgas largas lo que facilita el trabajo.
El sistema de iniciación está determinado, entre otros factores, por las características de textura y
estructura del suelo. Aquellos livianos y con buena estructura permiten la iniciación del cultivo por
siembra directa. La siembra directa se usa tanto en las zonas productoras del norte como las del
sur del país. En la principal zona cebollera de San Juan (Jáchal, con 1500 ha) la implantación se
hace por siembra directa exclusivamente. El cultivo también puede ser implantado por trasplante.
Mendoza es la provincia con mayor superficie de cebolla implantada por trasplante. En los
departamentos de Lavalle, Maipú y Luján, un 50% de la superficie se realiza por este método y en
Tupungato y San Rafael, llega al 80%. En San Juan se realiza trasplante fundamentalmente en
Pocitos y Rawson (40% del total cultivado con cebolla en la provincia).
• Semilla: conviene calibrarla para que la entrega en la línea de siembra sea regular
• Distancia entre plantas: 5 cm
• Distancia entre líneas: normalmente apareadas 30-40 cm; distancia de centro a centro de
lomo: 75-90 cm), dependiendo de la mecanización. En el camellón puede realizarse la siembra
a dos o cuatro hileras. Existe, en el sur de Buenos Aires, una tendencia a la siembra en plano,
en dos hileras con una separación entre los surcos de 50 cm.
La profundidad de siembra debe ajustarse a la textura del suelo. Las siembras muy profundas
determinan gran irregularidad de emergencia de plantas. La ubicación de la semilla a escasa
profundidad ocasiona la muerte de plántulas por desidratación.
Siembra:
• Canteros en suelos que no hayan sido cultivados con liliáceas en los últimos años
• Incorporación de materia orgánica bien descompuesta
• Desinfección del suelo por calor o productos químicos permitidos
Semilla:
• Cantidad: 3 y 3,5 Kg para 1 ha de cultivo (poder germinativo sea superior al 80%)
• Puede ser conveniente calibrar la semilla
• Tratamiento sanitario con fungicidas curasemillas.
Protección de los almácigos: en las zonas frías (centro y sur de Mendoza), los plantines deben
protegerse de las bajas temperaturas invernales que retrasan su crecimiento. Los almácigos
pueden cubrirse con esteras, láminas de polietileno (sobre arcos metálicos o de madera) o fibras
de polipropileno o poliéster (mantas) que se colocan directamente sobre el suelo o los plantines.
Densidad de plantas: Para Valcatorce INTA se considera que un número adecuado oscila entre
350.000 y 500.000 plantas por ha. Es conveniente cultivar en surcos distanciados a 60 u 80 cm
entre si, con dos hileras por surco y 8 cm entre plantas.
Manejo y tecnología
Fertilización:
• Azúfre: importante en cebollas pungentes por constituir compuestos aromáticos. Los suelos
con bajos contenidos en este elemento pueden determinar baja calidad, por falta de pungencia.
Sería suficiente utilizar sulfato de amonio como fuente nitrogenada para corregir la deficiencia.
En el caso de cultivarse cebollas dulces, los suelos deben contener bajos contenidos de
azúfre.
Control de malezas: con frecuencia implica una elevada proporción del costo de producción del
cultivo. Las cebollas tienen un sistema radical limitado y sus hojas nunca cubren completamente el
suelo, por lo que son malas competidoras con las malezas. Esto es más acentuado durante la
primera etapa del cultivo, dado que las plantas de cebolla crecen más lentamente que las malezas.
Si se logra controlar a tiempo este primer flujo de malezas, los controles posteriores resultarán más
sencillos. La eliminación de las malezas puede hacerse en forma manual, mecánica o química. El
control manual se realiza cuando las malezas son pequeñas. De lo contrario, al arrancarlas, puede
dañarse el sistema radical de las cebollas. El control mecánico es posible sólo entre las líneas de
plantación y debe hacerse con herramientas poco profundas que no dañen las raíces del cultivo.
Dentro de las líneas, las malezas deben ser eliminadas en forma manual o química. El control
químico está ampliamente difundido entre los productores por su rapidez y mayor economía, sin
embargo, se requieren aplicaciones repetidas y con distintos productos, a lo largo del ciclo del
cultivo, para controlar todo el espectro de malezas que se presenta. Además, debe combinarse su
uso con otras prácticas de manejo como rotaciones de cultivo, siembras tempranas, fertilización
localizada y formas de control manual y mecánico.
Herbicidas: para su aplicación el terreno debe estar bien nivelado, con surcos de riego profundos y
bien formados y las semillas uniformemente tapadas con unos 2 cm de tierra. Los herbicidas
recomendados son: pendimetalín (E 33%): 2 a 3 l/ha (solo en almácigos sembrados en líneas, sin
que quede en contacto con éstas). Se aplican inmediatamente despueés de sembrar, con el suelo
húmedo. En suelos livianos deben usarse dosis menores. Después de la aplicación no debe
regarse en exceso. Estos herbicidas controlan la germinación de la mayoría de las malezas
durante 6 a 8 semanas. Luego puede ser necesario carpir.
Cuando las cebollas alcanzan el estado de 2º ó 3º hoja verdadera, se pueden aplicar: Oxadiazón
(E 25%): 2 a 2,5 l/ha, Linurón (PM 50%): 0,8 a 1 kg/ha, Oxifluorfén (E 24%): 0,6 a 0,7 l/ha, Ioxinil (E
33,25%): 1,5 a 2 l/ha, Bromoximil (E 36%): 1 a 1,3 l/ha. En general, las gramíneas germinan hacia
el final del ciclo de los almácigos y no afectan a los plantines. Si es necesario eliminarlas, puede
aplicarse: Setoxidim (E 18,4%): 2 l/ha + 2 l/ha de un aceite mineral no fitotóxico o cletodim (E 24%):
0,280 a 0,560 l/ha.
Control en trasplante: como se efectúa en setiembre - octubre, es una época propicia para la
germinación y crecimiento de numerosas malezas. Los herbicidas se aplican entre 7 y 14 días
luego del trasplante y con suelo húmedo y no debe regarse en exceso luego de la aplicación. En
suelos sueltos las dosis de aplicación deben ser menores a las indicadas. Pueden usarse los
herbicidas indicados para la etapa de almácigo, entre otros. Aproximadamente 6 semanas después
del trasplante se escardilla, para eliminar las malezas resistentes y remover la superficie del suelo.
La competencia de las malezas se extiende desde los 28 hasta los 85 días post-transplante. Para
Control en siembra directa: se utilizan los mismos productos que para almácigo pero, como el
cultivo permanece en el campo alrededor de 7 meses, deben aplicarse distintas medidas de
control. En esta siembra el periodo de competencia dura desde la 6ª semana hasta la 21ª semana
(15 semanas en total).
Cuando las cebollas tienen 2 a 3 hojas verdaderas: Oxadiazón (E 25%): 2 a 2,5 l/ha
Linurón (PM 50%): 0,8 a 1 kg/ha
Oxifluorfén (E 24%): 0,6 a 0,7 l/ha
Ioxinil (E 33,25%): 1,5 a 2 l/ha
Bromoximil (E 36%): 1 a 1,3 l/ha
Cosecha
No todas las plantas maduran al mismo tiempo pero se indica iniciar la cosecha cuando el 30 al
50% de las plantas muestran su parte aérea volcada. Si los bulbos son cosechados
anticipadamente pueden continuar el crecimiento de las hojas, pueden demorar más en secarse,
resultar con el cuello abierto, arrugados y blandos; afectando la sanidad y el rendimiento final,
además de dificultar la conservación del producto. Demorar hasta alcanzar la maduración total
(100% de plantas curvadas) lleva a una mayor pérdida de catáfilas de protección y mayor
incidencia de enfermedades en almacenamiento.
En general la cosecha se realiza con una escasa diferenciación entre tareas de precosecha y
cosecha y con gran demanda de mano de obra (25 a 30 jornales para arrancar, acordonar y tapar
una producción de 45.000 kg/ha). Antes de la cosecha se procede a suprimir los riegos, esto se
realiza al iniciarse la "entrega del cultivo" (10% de amarilleo y vuelco de las hojas o de cuellos de
plantas blandos). La cosecha puede ser:
a) Parcialmente mecanizada: se pasa un pie de pato o reja sin vertedera para descalzar las
plantas; posteriormente se junta en forma manual, dejando cordones de modo tal que los
bulbos queden protegidos de la acción directa del sol; así se cumple el curado (7 a 15 días) y
luego se procede al almacenamiento.
Acondicionamiento
Descolado: eliminación de las raíces, restos de partes aéreas, catáfilas sueltas y parte de la tierra
adherida. Puede realizarse en forma manual o mecánica en el campo.
Curado: proceso de secado de las catáfilas externas del bulbo, lo cual le da mayor protección
contra daños físicos, penetración de patógenos y pérdida de agua. Durante este periodo, se debe
lograr una pérdida entre 3 y 5% del peso inicial de los bulbos. Cuando se realiza el curado
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Departamento de Tecnología
Producción Vegetal III (Horticultura)
conservando la parte aérea (láminas), hay una pérdida de peso mayor durante los primeros días,
debido a la mayor transpiración. Posteriormente, hay una migración de sólidos solubles desde las
láminas al bulbo, que compensa las pérdidas anteriores y suple las diferencias que existirían
respecto a relizar el curado de los bulbos sin las láminas.
No es necesario cuando las cebollas se destinan al consumo inmediato. Sin embargo, resulta
conveniente realizar un secado a campo. Inmediatamente después de la recolección, se realiza el
oreado para eliminar el exceso de humedad de los bulbos.
En las condiciones climáticas de Mendoza, esta etapa se cumple en 48 a 72 horas, mientras que
en el sur de Buenos Aires puede implicar 5 a 8 días. Las plantas se acordonan en el campo de
manera que el follaje de unas tape los bulbos de otras, para evitar el escaldado de los mismos por
altas temperaturas y la fuerte luminosidad. Para este proceso se requieren temperaturas entre 25 y
30ºC y humedad relativa próxima al 60%. Temperaturas bajas no permiten buen desarrollo del
color en las escamas exteriores y humedad más elevada (superiores al 70%) ocasiona
decoloración y predisposición al ataque de enfermedades. El curado puede cumplirse en el surco o
parcialmente en él y completarse durante el almacenaje. Si las condiciones ambientales no
permiten realizar el curado a campo, debe recurrirse al curado artificial. Un buen curado debe
resultar en un producto sin olores extraños ni manchas sobre el follaje, que debe permanecer
flexible y de color pajizo. El falso tallo, a la altura del cuello, debe presentar un diámetro reducido.
Un sobrecurado implica mayores pérdidas de peso y desprendimiento de las catáfilas externas,
que se vuelven quebradizas.
Corte del follaje: para evitar mayores pérdidas de peso y pudrición por respiración y transpiración.
El corte generalmente se efectúa en forma manual, con tijera o cuchillo.
Selección: de los bulbos que se destinen a la conservación, aunque ésta sea muy breve. Deben
presentar la forma, color, firmeza y tamaño típicos de la variedad; excluyéndose aquellos fuera de
tipo, dobles, brotados o dañados.
Tareas como cepillado, selección por tamaño y calidad y embalaje pueden realizarse antes de la
conservación, sobre todo si los bulbos van a ser almacenados en cámara frigorífica o galpón, o
después de ella, como paso previo a la comercialización.
Conservación: Los cultivares tempranos sólo pueden conservarse por una o dos semanas, los
intermedios alrededor de 30 días y los tardíos por períodos mayores que pueden oscilar entre 1 y 8
meses. Los criterios para determinar la capacidad de conservación son: la incidencia de
enfermedades, el grado de brotación, la pérdida de peso y la apariencia del producto. La
temperatura es la herramienta principal para controlar la incidencia de enfermedades de
postcosecha. El almacenamiento requiere una temperatura de 0ºC y 65 a 70% de humedad relativa
para encontrarse en condiciones óptimas. Humedad superior al 70% promueve la formación de
raíces e inferior al 50% puede causar un excesivo desecamiento de catáfilas que se separan del
bulbo dejando expuesta la parte interna. Temperaturas entre 25 y 35ºC pueden ser usadas para
retardar la brotación de los bulbos. Deben evitarse temperaturas intermedias, entre 5 y 25ºC que
favorecen la producción de hojas. La conservación puede hacerse a campo en "ballenas" u
"hornitos", en galpones o en cámaras frigoríficas.
Empaque: El inicio de este proceso está determinado por las características de cada sistema
productivo pero puede considerarse que comienza con el descolado (manual, mecánico, en el
campo, en la línea de empaque). A partir de ahí, el producto ingresa a la línea de empaque y es
sometido a distintos procesos: cepillado, calibrado, selección, envasado, identificación y paletizado.
La cebolla se comercializa en bolsas tejidas de malla abierta de 25 Kg de peso neto, con una
tolerancia de 4%. El valor económico de la producción no solo tiene en cuenta el rendimiento y la
calidad, sino también la proporción de tamaños que se obtienen dado las diferencias de precio. La
demanda se inclina por el tamaño mediano, de 5 a 7 cm de diámetro transversal.
Mejoramiento
Objetivos del mejoramiento: alta productividad, uniformidad de bulbos respecto a color, forma y
tamaño, buena conservación, resistencia al brotado y a la floración prematura, mayor contenido de
sólidos totales en materiales para deshidratado e incorporación de resistencia a enfermedades y
plagas.
Métodos de mejoramiento: La cebolla es una planta alógama que pierde mucho vigor tras varias
autofecundaciones, reflejándose la homocigosis en una fuerte reducción del peso de bulbos, la
aparición de plantas de bajo porte, con tallos florales demasiado delgados, inflorescencias con muy
pocas flores o sin ellas y deficiente energía germinativa de la semilla. No resulta aconsejable la
realización de más de dos autofecundaciones sucesivas. El procedimiento más común en la
mejora genética de plantas alógamas es la selección masal pero se está también generalizando la
producción de híbridos, utilizando mecanismos genéticos de androesterilidad citoplasmática-
genética.
Producción de semilla:
Método semilla-bulbo-semilla: adecuado para obtener semilla básica y prebásica debido a que
en él se puede realizar selección de bulbos. Se basa en la obtención de bulbos durante el primer
año los que luego de una selección son plantados al año siguiente para que florezcan y produzcan
semilla. Cada bulbo puede emitir 3 a 10 tallos florales.
Método semilla-a-semilla: Produce buen rendimiento por hectárea y es más económico que el
tradicional a través de bulbos madres. Se basa en lograr la floración de las plantas por la
acumulación de horas de frío, sembrando variedades fuera de la época normal de siembra. Se
utiliza con éxito en Mendoza y San Juan. La siembra se realiza en verano, para llegar al otoño con
plantas de 25 cm de largo y 5 a 8 cm de grosor. Los problemas a considerar son el alto consumo
de agua y problemas con malezas. La plantación debe ser muy densa ya que cada planta emite un
único escapo floral (a lo sumo dos), alcanzando a 250.000 a 500.000 plantas/ha.
Para producir semilla fiscalizada debe utilizarse semilla básica (producida por el sistema semilla-
bulbo-semilla). La obtenida por el método semilla-a-semilla no puede ser utilizada para obtener
semilla nuevamente.
Procesado de la semilla: cosecha (5 a 10% de las umbelas con frutos maduros), trilla, secado,
limpieza, tratamientos sanitarios, conservación y envasado.
Rendimiento de semilla: Está directamente relacionado con el número de umbelas por unidad de
superficie y el tamaño de las umbelas. En general, el rendimiento puede ser mayor cuando se
trabaja con el método semilla-a-semilla, fundamentalmente porque permite un mayor número de
plantas por unidad de superficie. El rendimiento puede oscilar entre 600 y 1300 Kg/ha.
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