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Altruismo y Empatía en la Pastoral

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Algunas sugerencias prácticas para la praxis pastoral en

situaciones de crisis y duelo


Psic. Plinio Sepúlveda S.
El altruismo y el gozo
El altruismo es una excelente estrategia adaptativa para manejar las angustias, crisis y duelos
tanto personales como ajenas. Según la RAE el altruismo se define como “la diligencia en
procurar el bien ajeno aun a costa del propio”. Según el DSM IV (Manual Diagnóstico y
Estadístico de los Trastornos Mentales, 1994) precisa que el altruismo es un mecanismo
adaptativo en el campo de la salud mental. Clarifica que “la persona se enfrenta a los
conflictos emocionales y amenazas de origen interno o externo dedicándose a satisfacer las
necesidades de los demás. El individuo obtiene una gratificación de tipo vicaria”. Este
mecanismo adaptativo genera doble felicidad o gozo (en el otro y en sí mismo). La alegría
vicaria se refiere a experimentar gozo a través de la experiencia o logros de otra persona, en
lugar de nuestras propias experiencias o logros directos. Referenciando al Padre Alberto
Hurtado, el altruismo consiste en “hacer bien el bien y pasarlo bien”. Revisemos cómo
acompañar con altruismo al que sufre con sus angustias de la mejor manera posible que
podamos.

Cuidar en forma altruista presupone ‘el amor a sí mismo’. Tal como lo ordena el mandamiento
bíblico “amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay incompatibilidad entre estos dos
amores. Son complementarios y se refuerzan mutuamente.

El amor a sí mismo y los cuidados personales


El psicólogo social Erich Fromm, en su clásico ensayo “El Arte de Amar” (Fromm, pág. 64, 1956)
nos señala que el ’amor a sí mismo’ tiene cuatro afluentes: el autocuidado, el autorrespeto, la
autorresponsabilidad y el autoconocimiento. Si traducimos al contexto de la praxis pastoral,
podemos extraer entonces cuatro sugerencias:

A. El autocuidado: cuida de tu estado físico, de la consciencia de tus propias


emociones, mantén una buena red de relaciones o una apropiada comunidad de
apoyo. ¿Cómo estás físicamente?, ¿Quién te cuida? ¿Cuál es tu refugio personal?
B. El autorrespeto: sé asertivo para establecer límites apropiados y tener la libertad
para decir No. Esto significa que respondes al llamado al servicio pastoral por
autodeterminación, no por obligación ni culpa. ¿Cuán fiel eres a ti mismo en tu
voluntariado? ¿Es tu voluntad de servicio? o ¿es tu incapacidad para decir No
(servilismo)?
C. La autorresponsabilidad: ¿cuán resuelto tienes tus propios duelos y crisis? ¿Estás
preparado para enfrentar tu propia muerte antes de acompañar a un afligido por la
pérdida de un ser querido? ¿Eres pastor sin ser oveja? ¿a quién muestra tus
vulnerabilidades?

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D. El autoconocimiento: El famoso oráculo de Delfos: “conócete a ti mismo” implica
comprender tus propias emociones, pensamientos, valores, fortalezas y
debilidades. ¿Qué sabes de ti mismo que te moviliza hacia el servicio a los demás?

La empatía y sus derivados


Ponerse en el lugar del otro es clave en la praxis pastoral de ayuda. Para el filósofo judío
Emmanuel Levinas “ver el rostro del afligido” implica reconocer su humanidad y su
vulnerabilidad. El rostro humano señala la humanidad más directa del otro. Esta experiencia
del ‘cara a cara’ es fundamental para el desarrollo de la empatía, la compasión y la misericordia
en el acompañamiento pastoral. Conviene distinguir la empatía de la compasión y la
misericordia. La empatía se refiere a la inteligencia interpersonal para comprender y explorar
los sentimientos del interlocutor; mientras que la compasión implica sentir empatía por el otro
y, además, tomar medidas concretas para aliviar su sufrimiento. Naturalmente, la praxis
pastoral está más cercana a la compasión y la misericordia (en el latín, “poner el corazón en el
infortunio o la miseria del otro”).

¿Qué es la empatía? Es la capacidad para entender profundamente la perspectiva y la


experiencia emocional del otro. Se expresa concretamente en la exploración o en el sondeo
psicológico del otro. La escucha activa consiste en hacer preguntas facilitadoras (heurísticas).
A diferencia de la escucha pasiva que busca no interrumpir el discurso de mi interlocutor. La
empatía tiene tres niveles de expresión:

A. Exploración o sondeo psicológico. La exploración permite profundizar en la


comprensión de la persona con la que se está interactuando y crear un ambiente
de apertura y confianza donde se puedan compartir emociones y pensamientos
más íntimos. Consiste en hacer preguntas facilitadoras o ‘heurísticas’ que
permiten comprender al otro. En este proceso aparece la escucha activa. El arte de
hacer buenas preguntas es clave para comprender a los demás. ¿Cuáles son tus
preguntas favoritas que abren el corazón del otro?
B. Sintonía emocional: es la capacidad de captar y comprender las emociones del
otro de manera empática, reflejando una respuesta emocional similar o
relacionada al que sufre. ¿Puedes reflejar los sentimientos del otro? ¿Conoces esas
emociones? ¿Tienen nombres esas emociones?
C. La implicación: La implicación se refiere a la capacidad de comprometerse
activamente con la experiencia emocional del otro y responder de manera sensible
y adecuada al rostro del afligido. Se acerca a la compasión.

La compasión
La palabra compasión deriva del latín “compassio” y significa “sufrir juntos”. La compasión es
un sentimiento de empatía y solidaridad hacia los demás, especialmente hacia aquellos que
están sufriendo o están en dificultades. Implica sentir la angustia o el dolor de otra persona y
desear aliviarlo de alguna manera. La compasión va más allá de simplemente sentir lástima
por alguien; implica un impulso activo para ayudar y apoyar a quienes lo necesitan. En la
Parábola del Buen Samaritano, el compasivo es aquel a quién se le “removieron las entrañas”

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al ver al hombre herido y fue a prestarle socorro. Chris Irons define la compasión como “la
sensibilidad al sufrimiento de uno mismo y al de los demás, junto a la motivación de aliviarlo y
prevenirlo”. Irons señala que existen tres flujos de la compasión:

A. La compasión que fluye de ti hacia otra persona (compasión por los otros).
B. Estar abierto a recibir compasión de otra persona (compasión desde los otros).
¿Cuán dispuesto estás a recibir apoyo externo?
C. Ser compasivo contigo mismo (autocompasión). Cuando cometes errores puedes
cambiar la “autocrítica” por la “autocorrección compasiva”.

Los mecanismos desadaptativos o peligros de la hiper-empatía: la simpatía y otros


Existen algunos peligros o mecanismos desadaptativos para aquellos que son voluntarios o
facilitadores pastorales. Todas las partes del psiquismo humano tienen sombras o partes
oscuras. El servicio pastoral también lo tiene. Es mejor conocer los peligros y tentaciones que
tienen los facilitadores pastorales.

A. La hiper-empatía: en la actualidad hay bastante consciencia sobre como el exceso de


empatía puede ser un tremendo problema en las relaciones humanas. Una
manifestación insana del exceso de empatía es el “mesianismo”. El "mesianismo" en
el contexto de las relaciones de ayuda se refiere a una actitud en el que una persona
que ayuda a otro afligido asume un papel de salvador. El ‘mesías’ es el facilitador que
busca ayudar intentando resolver los problemas del otro. Este enfoque puede surgir de
una combinación de una buena intención, con una dosis de arrogancia (narcisismo, un
deseo implícito de sentirse poderoso o necesario). La tentación es salvar al otro desde
mi ego. Sin embargo, esta propuesta relacional trae problemas: quita el poder al
afligido, crea dependencia y asistencialismo, además, es una falta de respeto a la
autonomía y dignidad del que sufre. El ayudado se incomoda de que sientan lástima
por su situación o puede sentirse menospreciado. Es conveniente una propuesta
relacional de acompañamiento más que de ayuda (compañero es aquel que comparte
el pan; en el latín “com panis”). Se acompaña mejor a un afligido desde una relación
de simetría, como dos seres vulnerables que se acompañan comiendo juntos. La
propuesta cristiana es imitar a Cristo sirviendo desde la igualdad y simetría existencial,
desde el alma y evitando el ego. El propósito final de toda relación de ayuda es ofrecer
apoyo externo para conseguir “el autoapoyo”.
B. La simpatía: en lenguaje coloquial, ser simpático, significa ser agradable socialmente.
Sin embargo, el concepto técnico de la simpatía es “contagio emocional”. Consiste en
una fusión emocional con el que sufre. Provoca una sobre identificación con el
sufrimiento del otro. También existe el peligro de evitar el conflicto por miedo a causar
más dolor, se pierde la objetividad por exceso de emotividad, y produce desgaste
emocional al facilitador.
C. La apatía: otro peligro es la apatía emocional que dificulta la conexión con el otro. La
persona que sufre se puede sentir ignorada. El voluntario pastoral puede estar
centrado en el servicio operativo sin “ver el rostro del afligido”.

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