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Qué Es y Cómo Adquirir La Armadura de Dios

Estudios bíblicos
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¿QUÉ ES Y CÓMO ADQUIRIR LA

ARMADURA DE DIOS?
28

¿Qué es y cómo adquirir la Armadura de Dios?

“Pues el enemigo ha perseguido mi alma, ha aplastado mi


vida contra la tierra; me ha hecho morar en lugares
tenebrosos, como los que hace tiempo están muertos.”
— Salmos 143:3 (NBLA)

“Pero tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas y sigue la


justicia, la piedad, la fe, el amor, la perseverancia, la
mansedumbre. Pelea la buena batalla de la fe… Te mando
delante de Dios… que guardes el mandamiento sin mancha
ni reproche hasta la aparición de nuestro Señor Jesucristo.”
— 1 Timoteo 6:11-12a, 13-14 (RVA 2015)
En las Escrituras encontramos que en la guerra espiritual hay tres
enemigos contra los que los creyentes tienen que combatir
constantemente: La carne o naturaleza pecaminosa (Romanos
8:5, 13; Gálatas 6:8), el mundo (1 Juan 2:15), y Satanás y sus
demonios (1 Pedro 5:8; 1 Juan 3:8). Basta con ver a nuestro
alrededor, en donde usted viva, para darse cuenta de cómo estos
enemigos de la humanidad están ganando batalla tras batalla,
gracias a que toman ventaja de que el hombre, por su naturaleza,
está propenso a pecar (Romanos 5:12-19), y eso destruye su vida
espiritual, convirtiéndolo en enemigo de Dios (Romanos 8:7-8). La
carne es el primer enemigo mortal de los incrédulos (Gálatas 5:19-
21; Mateo 15:19), y puede vencer fácilmente hasta a los creyentes,
si no nos ponemos la Armadura de Dios y controlamos los impulsos
de nuestra carne.
“Al vencedor, al que guarda Mis obras hasta el fin, le
daré autoridad sobre las naciones” — Apocalipsis
2:26 (NBLA)
El siguiente enemigo es el “mundo”, que es el sistema controlado
por Satanás (Juan 12:31, 14:30, 16:11), dentro de la batalla
espiritual contra la humanidad, y está basado en mentiras, valores
engañosos e hipócritas que pueden ser: sociales, económicos, y
religiosos, que se oponen a los caminos de Dios. Este sistema
promueve tentaciones, que en conjunto con la naturaleza
pecaminosa de las personas, hace que se mantengan
transgrediendo las leyes del SEÑOR constantemente, al punto que
para las personas el vivir en iniquidad se convierte en algo normal.
También utiliza el miedo como parte del sistema, pero
normalmente es un miedo irracional, vea por ejemplo la narrativa
del virus de la pandemia; o el resultado de andar viendo una
película de terror. Satanás utiliza a las personas incrédulas, a
quienes llega a controlar, para que actúen como sus títeres, para
que la maquinaria del “mundo” funcione y esté al alcance de
todos, utiliza a estos colaboradores ilusos que no se dan cuenta
para quién trabajan, para que promuevan toda clase de pasiones
para la carne, los ojos, y la arrogancia de la vida como su armas (1
Juan 2:16), al promover: cantinas, sex shops, lectura de cartas del
Tarot, brujería, servicios de médiums clarividentes, las diferentes
religiones, sectas secretas y filosofías del hombre, la industria de la
música, cine y entretenimiento, la pornografía en internet, los
prostíbulos, traficantes de drogas, financía a los activistas pro-
aborto y de “justicia social”, etc., la lista del armamento del mundo
es demasiado larga. Y también vemos muchas víctimas en esta
guerra: suicidios, drogadicción, alcoholismo, idolatría, enfermos,
personas endemoniadas, etc., quienes se alejaron de Dios y de Su
buen camino. Satanás nunca va a decir abiertamente, “Sígueme y
terminarás en el infierno”, más bien siempre busca engañar a las
personas, disfrazando la desobediencia con justificaciones como:
“estos son tus derechos”, “las costumbres de tus padres”, “todo el
mundo lo hace”, “estas son mis raíces”, “haz lo que quieras”,
“nadie tiene por qué decirme qué hacer”, es algo “cool”, o
“elegante”, etc.

Por ejemplo, el consumidor de cocaína piensa que es “elegante”,


porque está pagando mucho dinero por la droga; quien come
langosta o cangrejo también piensa que es “elegante”, sin darse
cuenta que es una abominación (Levítico 11); quien va a cierto
concierto demoniaco piensa que es “cool”, o que está “a la moda”,
si porta símbolos de muerte o dragones en su ropa, no le ven nada
de malo, no tienen discernimiento espiritual. Pero como creyentes,
debemos de combatir los engaños del mundo, y para ello
necesitamos la Armadura de Dios (Gálatas 6:14; Romanos 12:2),
porque mientras más crecemos en la obediencia a Dios, y
estudiamos Su Palabra, Él fortalece nuestra fe, nos llena con Su
Espíritu, y nos da discernimiento, para darnos cuenta de que
estamos en medio de un campo de batalla, donde hay cada vez
más oscuridad y depravación, como en los tiempos de Lot, y
nuestro llamado es ser los soldados de Cristo Jesús que traen la luz
a este mundo.
“¿Hasta cuándo tendré conflicto en mi alma y todo el día
angustia en mi corazón? ¿Hasta cuándo será enaltecido mi
enemigo sobre mí? ¡Mira; respóndeme, oh SEÑOR, Dios
mío! Alumbra mis ojos para que no duerma de muerte. No
sea que mi enemigo diga: “¡Lo vencí!”. Mis enemigos se
alegrarán si yo resbalo. Pero yo confío en Tu misericordia;
mi corazón se alegra en Tu salvación. Cantaré al SEÑOR
porque me ha colmado de bien.” — Salmos 13:2-6 (RVA
2015)

“Tú, pues, hijo mío, fortalécete en la gracia que hay en


Cristo Jesús... Sufre penalidades conmigo, como buen
soldado de Cristo Jesús. El soldado en servicio activo no se
enreda en los negocios de la vida diaria, a fin de poder
agradar al que lo reclutó como soldado.” — 2 Timoteo
2:1, 3b-4 (NBLA)
Sin embargo, Dios no nos deja solos ni desprotegidos, sino que ha
puesto diferentes provisiones para nuestra protección, entre ellas
una armadura especial que pone a nuestra disposición. En las
Escrituras encontramos diferentes pasajes que nos hablan acerca
de esta armadura, y encontramos ejemplos de sus piezas en uso.
En esta serie de estudios veremos las diferentes piezas, con el
favor de Dios, y cómo podemos utilizarlas hoy en día.

[Jesús dice] “Si ustedes me aman, guardarán Mis


mandamientos. Entonces Yo rogaré al Padre, y Él les dará
otro Consolador para que esté con ustedes para siempre; es
decir, el Espíritu de verdad, a quien el mundo no puede
recibir, porque ni lo ve ni lo conoce, pero ustedes sí lo
conocen porque mora con ustedes y estará en ustedes. No
los dejaré huérfanos; vendré a ustedes.” — Juan 14:15-
18 (NBLA)
[Jesús dice] “Enséñenles a cumplir todas las cosas que les
he mandado. Y Yo estaré con ustedes todos los días
[siempre], [incluso] hasta el fin del mundo. Amén.”
— Mateo 28:20 (RVC)
La Armadura de Dios

“Una palabra final: sean fuertes en el Señor y en Su gran


poder. Pónganse toda la armadura de Dios para poder
mantenerse firmes contra todas las estrategias del diablo.”
— Efesios 6:10-11 (NTV)
Cabe mencionar que esta armadura es solo para los creyentes,
para quienes ya han puesto su fe en Cristo, y que han vuelto a
nacer de nuevo. De modo que, si usted ahorita no cuenta con una
armadura, necesita remediar el asunto y poner su fe en Jesucristo,
acercarse a Él, y nuestro SEÑOR le otorgará una.

[Jesús dice] “Pidan, y se les dará; busquen, y hallarán;


llamen, y se les abrirá. Porque todo el que pide, recibe; y el
que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.” — Mateo 7:7-
8 (NBLA)
En Efesios capítulo 6, el apóstol Pablo dirige su carta a hermanos
creyentes, y como un sargento dando instrucciones a su tropa, nos
exhorta a que nos “pongamos toda la armadura de Dios” (Efesios
6:10-11), debe ser nuestro atuendo espiritual que traigamos
puesto siempre, listos para la acción, esta armadura nos
mantendrá firmes contra los ataques de Satanás y del sistema de
valores inútiles del mundo, la “vanidad de vanidades” (Eclesiastés
1:2) de las que hablaba Salomón en Eclesiastés.

“Pensé entonces en lo íntimo de mi ser: «¡Anda, que voy a


probar lo que es la alegría! ¡Voy a disfrutar de lo bueno!»
¡Pero resultó que también esto es vanidad!” — Eclesiastés
2:1 (RVC)

“El que ama el dinero no se saciará de dinero, y el que ama


la abundancia no se saciará de ganancias. También esto es
vanidad.” — Eclesiastés 5:10 (NBLA)
Veamos cuáles son los componentes de la armadura que menciona
Pablo:

“Por tanto, tomen toda la armadura de Dios, para que


puedan resistir en el día malo, y habiéndolo hecho todo,
estar firmes. Estén, pues, firmes, ceñida su cintura con la
verdad, revestidos con la coraza de la justicia, y calzados
los pies con la preparación para anunciar el evangelio de la
paz. Sobre todo, tomen el escudo de la fe con el que
podrán apagar todos los dardos encendidos del maligno.
Tomen también el casco de la salvación, y la espada del
Espíritu que es la Palabra de Dios. Con toda oración y
súplica oren en todo tiempo en el Espíritu, y así, velen con
toda perseverancia y súplica por todos los santos.”
— Efesios 6:13-18 (NBLA)
“Ponernos toda la armadura” implica una acción necesaria y
directa por parte nuestra, activamente debemos traerla puesta,
todo el tiempo, de forma consciente, no podemos descuidarnos
bajo ninguna circunstancia porque el enemigo está al acecho.

“Sean de espíritu sobrio, estén alerta. Su adversario, el


diablo, anda al acecho como león rugiente, buscando a
quien devorar. Pero resístanlo firmes en la fe, sabiendo que
las mismas experiencias de sufrimiento se van cumpliendo
en sus hermanos en todo el mundo.” — 1 Pedro 5:8-
9 (NBLA)

Podemos ponernos la armadura a través de la oración, y también


al guardar Sus mandamientos, y estudiar Su Palabra, todo está
relacionado con ponérnosla y usarla en nuestra práctica diaria de
la fe como creyente. Al cumplir con Sus mandamientos recibimos
la bendición del SEÑOR, somos bienaventurados, y Dios nos ayuda
en la batalla.

[Jesús dice] “Y todo lo que pidan en oración, creyendo, lo


recibirán».” — Mateo 21:22 (NBLA)
“¡Cuán bienaventurados son los de camino perfecto, los
que andan en la ley del Señor! ¡Cuán bienaventurados
son los que guardan Sus testimonios, y con todo el corazón
lo buscan! No cometen iniquidad, sino que andan en Sus
caminos.” — Salmos 119:1-1-3 (NBLA)
“Bendito serás cuando entres, y bendito serás cuando
salgas. El Señor hará que los enemigos que se levanten
contra ti sean derrotados delante de ti; saldrán contra ti por
un camino y huirán delante de ti por siete caminos.”
— Deuteronomio 28:6-7 (NBLA)

Estos enemigos mencionados en Deuteronomio 28:7 no vemos que


estén limitados a seres humanos, si observa esto aplica
perfectamente también para combatir a los enemigos invisibles,
que son derrotados cuando traemos toda la Armadura de Dios bien
puesta. Es importante que sepamos que cada una de las partes de
la armadura apunta a Jesucristo, por lo que al portar esta
armadura estamos portando espiritualmente a Jesucristo, estamos
dentro de Él (Juan 14:20), y de ahí viene todo el poder y protección
de esta asombrosa armadura.

Sin embargo, el enemigo sabe que en el primer momento en que


el creyente se aleje de Dios y de Sus caminos, quedará desarmado
y vulnerable a sus ataques, y fácilmente perderá la batalla. y por lo
mismo, no debe ignorar las estrategias del diablo (2 Corintios
2:11). Encontramos diferentes ejemplos en las Escrituras de esta
falta momentánea de la armadura en personas creyentes, con muy
serias consecuencias: Nadab y Abiú, los hijos del Sumo Sacerdote
Aarón, cuando ofrecieron fuego extraño (Levítico 10:1),
probablemente en estado de embriaguez (Levítico 10:8-10); el rey
David cuando cayó en tentación y cometió adulterio con Betsabé
(2 Samuel 11), y en otra ocasión cuando realizó un censo (1
Crónicas 21); Sansón perdió sus fuerzas por andar descarriado con
mujeres paganas (Jueces 16), murió joven. Ananías y Safira
(Hechos 5), quienes no traían bien puesta su armadura, y cayeron
en la trampa del enemigo, mintiendo acerca de cuánto dinero
estaban aportando a la congregación.

“Pero Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron sus


respectivos incensarios, y después de poner fuego en ellos
y echar incienso sobre él, ofrecieron delante del Señor
fuego extraño, que Él no les había ordenado. Y de la
presencia del Señor salió fuego que los consumió, y
murieron delante del Señor.” — Levítico 10:1-2 (NBLA)
Al salir a la calle, no sabemos con qué nos vamos a encontrar,
apenas la semana pasada, mi esposa regresó de sus compras
agobiada, me dijo que al tratar de evangelizar a una trabajadora
de una tienda, ésta se puso a la defensiva y le dijo que “no dejaría
el catolicismo” y que “respetara sus creencias”, también confesó
que su hijo es satanista, y que ella “respetaba sus decisiones”
porque ya “está grandecito”, al parecer ella no veía el peligro de
que su hijo rindiera culto al diablo. Luego mi esposa fue al metro
para regresar a casa, ahí vio a una pareja (de unos 50-60 años)
que estaban sentados en una banca (ellos se veían normal, no
parecía haber nada fuera de lo ordinario en ellos) entonces ella
sintió que debía acercarse a ellos para tratar de evangelizarlos, y
se acercó a la señora ofreciéndole un Evangelio de Juan, la mujer
primero se quedó en silencio viéndola fijamente, luego le dijo casi
llorando “es que yo me quiero suicidar, ahorita me quería tirar a
las vías del tren”, y le dijo que precisamente iban rumbo al hospital
por lo mal que ella se sentía, dijo sentirse muy angustiada, mi
esposa trató de consolarla y de evangelizarla, le explicó que esos
problemas no los pueden arreglar los doctores, sino Cristo. Pienso
que el SEÑOR nos pone en la sección donde podemos ser más
útiles dentro del campo de batalla, según nuestras capacidades.

“En cuanto a Dios, Su camino es perfecto; acrisolada es la


Palabra del Señor; Él es escudo a todos los que a Él se
acogen. Pues ¿quién es Dios, fuera del Señor? ¿Y quién es
Roca, sino solo nuestro Dios? Dios es mi fortaleza poderosa,
y el que pone al íntegro en Su camino. Él hace mis pies
como de ciervas, y me afirma en mis alturas. Él adiestra
mis manos para la batalla, y mis brazos para tensar el arco
de bronce. Tú me has dado también el escudo de Tu
salvación, y Tu ayuda me engrandece. Ensanchas mis pasos
debajo de mí, y mis pies no han resbalado.” — 2 Samuel
22:31-37 (NBLA)
A través de todos los estudios que hemos publicado en estos años, es
nuestra intención que sean para equipar espiritualmente a nuestros
lectores, para que salgan victoriosos de la batalla con la guía y poder de
nuestro SEÑOR. Es posible que usted nunca haya escuchado acerca de
la armadura de Dios, o bien que esté muy familiarizado con ella, nuestra
intención es que estos estudios le resulten edificantes de cualquier
forma.

“Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” — Filipenses


4:13 (NBLA)
El buen soldado acata órdenes

Cuando una persona se convierte en un creyente vuelto a nacer, su


relación con Jesucristo empieza a cambiar radicalmente todo su mundo
físico, espiritual, mental y emocional, al ser una nueva creación. El
creyente se convierte en un ciudadano en el Reino de Dios (Filipenses
3:20), somos hijos de Dios (Romanos 8:16-17; 1 Juan 3:1), y soldados
para la gloria de Jesús (2 Timoteo 2:3-4). Si el nuevo creyente no se
interesa en la guerra espiritual, va a ser un soldado mediocre que sufrirá
ataques sin precedente por parte del enemigo. El libro de Efesios es el
manual que todo creyente debe de utilizar para esta batalla que no
podemos evitar. Observe que al principio del capítulo 6 de Efesios, Pablo
está hablando acerca de la obediencia que debe haber en el hogar, de
los hijos a los padres (Efesios 6:1-3), también de los sirvientes para con
sus amos (Efesios 6:5-8), o lo que equivaldría a nuestros jefes en el
mundo corporativo de hoy en día. También da instrucciones para
quienes están en puestos de poder: como los padres para que críen a
sus hijos en la instrucción del SEÑOR (Efesios 6:4), y los amos (Efesios
6:9), para que también recuerden que tenemos un Amo en el Cielo. Este
preámbulo de obediencia antecede a que luego Pablo hable en términos
militares acerca de la armadura. Un buen soldado necesita acatar
órdenes y ser obediente a sus superiores, es la regla más básica en
cualquier entrenamiento militar, y la obediencia debe ser aprendida
desde el hogar, con la educación de los padres. Nosotros debemos
obedecer a nuestro Dios, recordemos que el Señor Jesucristo también es
llamado el Señor de los Ejércitos Celestiales, y Él está al frente de la
batalla, necesitamos escuchar Su voz y seguir Sus instrucciones. Cuando
David se enfrentó al filisteo, el gigante Goliat (1 Samuel 17:4), él llevaba
bien puesta su armadura espiritual, de hecho, la armadura física que le
había prestado el rey Saúl no la quiso, le pareció pesada e innecesaria.
“David le respondió al filisteo: —Tú vienes contra mí con
espada, lanza y jabalina, pero yo vengo contra ti en nombre
del Señor de los Ejércitos Celestiales, el Dios de los ejércitos
de Israel, a quien tú has desafiado.” — 1 Samuel 17:45
(NTV)
“Saúl vistió a David con sus ropas militares, le puso un
casco de bronce en la cabeza y lo cubrió con una armadura.
David se ciñó la espada sobre sus ropas militares y trató de
caminar, pues no se las había probado antes. Entonces
David dijo a Saúl: «No puedo caminar con esto, pues no
tengo experiencia con ellas». David se las quitó, y tomando
su cayado [vara de pastor] en la mano, escogió del arroyo
cinco piedras lisas y las puso en el saco de pastor que traía,
en el zurrón, y con la honda en la mano se acercó al
filisteo.” — 1 Samuel 17:38-40 (NBLA)
De hecho, David se encontraba en el campo de batalla en obediencia a
las instrucciones de su padre Isaí, quien lo envió para que les llevara
alimento a sus hermanos mayores y para saber cómo estaban (1 Samuel
17:17-23). Goliat a pesar de su tremenda estatura y armadura física (1
Samuel 17:4-7), no pudo hacerle frente a David, ya que espiritualmente
estaba completamente desarmado y sin ninguna armadura. Pienso que
esta historia es una analogía, en donde Goliat representa al diablo, al
enemigo, quien ya fue vencido por Cristo en la cruz, y que se encuentra
desarmado, el enemigo solo trae una pistola vacía, sin balas, y así anda
amenazando, y tan solo se puede valer de engaños y mentiras para
tratar de atemorizar a las personas. Las personas que aún viven en la
oscuridad son presa fácil de estos engaños, pero los creyentes hemos
sido equipados con ojos para ver y oídos para escuchar, y el Espíritu de
Dios nos guía hacia toda la verdad. David representa a los creyentes y
es un ejemplo de fe, la fe es una importante pieza de la armadura
espiritual, nuestro escudo. Y así como David en sus salmos pedía ayuda
al SEÑOR para que lo librara de sus enemigos espirituales, así nosotros
tenemos que hacer lo mismo porque el enemigo es cruel y no tiene
misericordia, por lo que tenemos que estar siempre alertas.
“Mira mis enemigos, que son muchos, y con odio violento
me detestan. Guarda mi alma y líbrame; no sea yo
avergonzado, porque en Ti me refugio.” — Salmos 25:19-
20 (NBLA)
Identificar al enemigo
Satanás sigue engañando a la gente con sus mentiras.
Es alarmante saber que, de acuerdo a estadísticas recientes, entre el 56-
65% de los cristianos en los Estados Unidos, no creen que Satanás
exista, y siendo el tercer enemigo, y el más peligroso en esta guerra
espiritual, vemos lo exitoso que resultan sus engaños, ya que ha
neutralizado las defensas de más de la mitad de los miembros de la
iglesia, quienes no solo “no creen” que tienen un enemigo despiadado,
bien organizado y disciplinado, sino que, como soldados en la primera
línea de defensa, no están preparados para defenderse de los ataques
de las fuerzas de la oscuridad. Por eso Pablo en su carta a los efesios,
antes de explicarles las diferentes piezas de la armadura, primero les
ayuda a identificar bien al enemigo. Primero, aclara que nuestros
enemigos no son los humanos de carne y sangre que vemos, por más
malvados que sean, porque son como marionetas que están siendo
controladas por nuestros verdaderos enemigos, que son invisibles
(Efesios 2:2). Dios quiere salvar incluso a estos humanos malvados, así
que nosotros debemos de tratar de compartirles el Evangelio, utilizando
nuestro calzado de la armadura, para que obtengan su salvación, y que
se transformen en poderosos aliados que conocen el territorio enemigo.
“Para que Satanás no tome ventaja sobre nosotros, pues no
ignoramos sus planes.” — 2 Corintios 2:11 (NBLA)
“Me has armado de fuerza para la batalla; has sometido a
mis enemigos debajo de mis pies.” — Salmos 18:39 (NTV)
Las fuerzas demoniacas están lideradas por Satanás (Juan
12:31, 14:30, 16:11), quien tiene a sus generales llamados,
“principados” o príncipes, (Romanos 8:38; Efesios 3:10; Colosenses
1:16, 2:15) del griego ἀρχάς – arjás, que significa principio, origen,
primer lugar, magistrado, y nos habla de que son los ángeles caídos más
poderosos que ocupan estás posiciones de poder desde el principio, son
también “los primeros” en la estructura de mando, con el poder y
responsabilidad sobre naciones o imperios completos, como el príncipe
de Persia (Daniel 10:13) y el príncipe de Grecia (Daniel 10:20), y
seguramente hay uno en el país en el que usted vive. Además, hay otros
principados que están encargados de las estructuras políticas, de
educación, entretenimiento, etc., que trabajan en las estrategias de
engaño global con el objetivo de destruir a todos los humanos que
puedan, para que no lleguen a conocer la verdad y aceptar a Jesucristo
(2 Corintios 4:3-4). Además, son los que dirigen legiones de demonios
para combatir a los ángeles fieles al SEÑOR, dentro de la batalla
angelical invisible para nosotros. Por su parte, Miguel es un arcángel
poderoso dentro de los Ejércitos Celestiales (Judas 1:9; Apocalipsis 12:7),
encargado de la nación de Israel (Daniel 10:21), es su príncipe.

“Entonces me dijo: Daniel, no temas; porque desde el


primer día en que aplicaste tu corazón a entender y a
humillarte en la presencia de tu Dios, fueron oídas tus
palabras; y a causa de tus palabras yo he venido. Mas el
príncipe del reino de Persia se me opuso durante veintiún
días; pero he aquí que Miguel, uno de los principales
príncipes, vino para ayudarme, y quedé allí con los reyes de
Persia.” — Daniel 10:12-13 (RVR 1977)
“Él me dijo: “¿Sabes por qué he venido a ti? Ahora tengo
que volver para pelear contra el príncipe de Persia; al
terminar con él, el príncipe de Grecia vendrá. Pero yo te
declararé lo que está escrito en el libro de la verdad: nadie
me ayuda contra ellos, sino Miguel vuestro príncipe.””
— Daniel 10:20-21 (RVR 1995)

Debajo de los principados están las “autoridades” que vienen del


griego ἐξουσίας – exousías, que significa tener el poder de elección, la
libertad de hacer lo que a uno le plazca (esta es la primer ley de los
satanistas), el signo de la autoridad de la realeza, y se refiere a los
líderes poderosos y potentados espirituales en el rango angelical con el
poder de tomar las decisiones judiciales, incluso se cree que tienen
influencias sobre las fuerzas de la naturaleza, poseen autoridad o
influencia sobre un estado, provincia o territorio de un país. Debajo de
las autoridades están los “gobernantes de las tinieblas”, del
griego κοσμοκράτορας– cosmocrátoras, que significa señor del mundo o
de esta era, estos ángeles caídos, ocupan el nivel de los sargentos en el
ejército, son los encargados del orden y la implementación de los planes
demoniacos, y evitar que se conozca el Evangelio en su área de control.
Los gobernantes de las tinieblas tienen a su cargo legiones de demonios,
y los entrenan disciplinándolos para formar parte de las tropas de
ataque haciendo el trabajo sucio de las fuerzas de las tinieblas. Y por
último están los “espíritus de maldad” que viene del griego πονηρίας
– ponerás, que describe a alguien que tiene una intención maléfica, que
no solo quieren causar daño, sino que quieren destruir violentamente a
alguien. Estos espíritus son entrenados por los cosmocrátoras quienes
además los proveen con armamento y ordenes para el ataque
coordinado en lugares celestiales, donde estos espíritus acusan a las
personas en la corte celestial (Efesios 2:2; Apocalipsis 12:10), o para
ataques individuales como especialistas causando un pecado en
específico como infundir incredulidad, orgullo, idolatría, malicia, envidia,
ira, odio, miedo, enfermedad, perversión sexual, etc., y estos son los
demonios de los que se hablan en la Biblia durante el ministerio de
Jesús. El Señor ya nos había dado a entender que no todos los espíritus
de maldad son iguales, hay unos más malvados que otros (Mateo 12:43-
45), y hay cierto tipo que solo pueden ser expulsados con ayuno y
oración (Marcos 9:28-29). Las Escrituras nos advierten que si no
tenemos la protección de la Armadura de Dios, estaremos expuestos a
los ataques violentos de estas fuerzas de la oscuridad que están
organizadas, disciplinadas y motivadas para causarnos el mayor daño
posible, como el del ladrón que ataca a Sus ovejas porque: “El ladrón
solo viene para robar, matar y destruir” (Juan 10:10a)
“Por lo demás, fortalézcanse en el Señor y en el poder de
Su fuerza.” — Efesios 6:10 (NBLA)
“Porque nuestra lucha no es contra sangre ni carne, sino
contra principados, contra autoridades, contra los
gobernantes de estas tinieblas, contra espíritus de maldad
en los lugares celestiales. Por esta causa, tomen toda la
armadura de Dios para que puedan resistir en el día malo y,
después de haberlo logrado todo, quedar firmes.” — Efesios
6:12-13 (RVA 2015)
Quizás usted piense que a usted no le interesa estar en ninguna batalla,
porque es un pacifista, pero aunque no lo crea, usted ya forma parte de
esta batalla espiritual, y no hay forma de escapar, esconderse o desertar
de ella. Porque no hay forma de esconderse de estos tres enemigos
crueles y despiadados (la carne, el mundo y Satanás). Le puedo
asegurar que, sin la protección de la Armadura de Dios, Satanás no va a
titubear un segundo en matarlo física y espiritualmente sin ningún
remordimiento, ya que es un asesino desde el principio (Juan 8:44). De
hecho, póngase a pensar en todas las veces que Dios lo salvó de morir
antes de que usted se convirtiera en creyente, con ello se puede dar una
noción de lo feroz de la batalla, y de los intentos contra su vida que ya
ha realizado el enemigo. Por lo que es importante que cambie su actitud
pacifista o indiferente, y no subestime al enemigo, ármese como dijo
Pablo con la Armadura de Dios. Deje atrás su zona de confort al
mantener un “perfil bajo”, viviendo como “agente secreto”, sin que
nadie se entere que usted es cristiano, ya que, si le preguntan a sus
compañeros de trabajo, o a sus amistades, nadie podría decir que usted
es cristiano, pasando desapercibido, como cualquier otra persona del
mundo, porque no ha tratado de evangelizar a nadie, y tampoco habla
acerca de Cristo ni de temas bíblicos con ellos. Todo esto solo es como
meter la cabeza en la arena como el avestruz, y negar la realidad. Es
como estar en el campo de guerra y querer permanecer en el
campamento, lejos del frente de batalla, sin embargo, el ejército
enemigo se especializa en atacar estos campamentos primero, en donde
las personas se sentían más seguras pero en realidad son muy
vulnerables. Es mejor estar bien preparados en todo momento, y si
usted sí anda más activo en el campo de batalla, quizás anda
evangelizando en las calles, en las prisiones, o anda como misionero, ahí
puede sentir más la intensidad la batalla.
“Tú, pues, hijo mío, fortalécete en la gracia que hay en
Cristo Jesús. Y lo que has oído de mí en la presencia de
muchos testigos, eso encarga a hombres fieles que sean
capaces de enseñar también a otros. Sufre penalidades
conmigo, como buen soldado de Cristo Jesús. El soldado en
servicio activo no se enreda en los negocios de la vida
diaria, a fin de poder agradar al que lo reclutó como
soldado.” — 2 Timoteo 2:1-4 (NBLA)
“Hijos míos, ustedes son de Dios y han vencido a los falsos
profetas, porque mayor es Aquel que está en ustedes que
el que está en el mundo.” — 1 Juan 4:4 (NBLA)
En nuestro siguiente artículo hablaremos acerca de la primera de las
piezas de la Armadura de Dios que menciona el apóstol Pablo, el
cinturón de la verdad.

LA ARMADURA DE DIOS: EL
CINTURÓN DE LA VERDAD (PARTE
2)
27 MARZO, 2022 RAFAEL BELTRAN
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La Armadura De Dios: El Cinturón De La


Verdad (Parte 2)
En el artículo anterior hablamos acerca del campo de batalla espiritual
en el que vivimos, identificamos a tres enemigos a los que nos
enfrentamos, y hablamos de la poderosa armadura espiritual que nos
brinda Dios con la que podemos derrotar a nuestros enemigos. Pero
también vimos que, por ignorancia, algunos creyentes no aprovechan
esta protección; y que los problemas visibles en nuestra sociedad son
solo síntomas de lo que necesitamos arreglar en el ámbito espiritual.
Ahora veremos la primera pieza de la “Armadura de Dios” que obtiene
su poder de la verdad, y también veremos la vulnerabilidad que tiene.
El día malo
Antes de pasar a ver la primera pieza de la armadura, quisiera traer a su
atención Efesios 6:13 en donde el apóstol Pablo menciona el “día malo”,
para el cual necesitamos especialmente traer puesta toda nuestra
armadura para poder resistir los ataques del enemigo en ese día. Con la
finalidad de permanecer firmes y no ser derrotados.
“Por tanto, tomen toda la armadura de Dios, para que
puedan resistir en el día malo, y habiéndolo hecho todo,
estar firmes.” — Efesios 6:13 (NBLA)
La Biblia nos da el ejemplo de Job quien realmente experimentó un “día
malo”, cuando en el mismo día le robaron su ganado, su medio de
transporte (sus camellos), murieron tres diferentes equipos de sus
trabajadores, se murieron sus ovejas, y murieron todos sus hijos (Job
1:13-22). Sin embargo, Job traía muy bien puesta su armadura, y a pesar
de todas esas tragedias inesperadas, pudo mantenerse firme ante este
ataque coordinado del diablo. Veamos lo que dijo Job luego de enterarse
de tantas calamidades:

“Entonces Job se levantó, rasgó su manto, se rasuró la


cabeza, y postrándose en tierra, adoró, y dijo: «Desnudo
salí del vientre de mi madre y desnudo volveré allá. El
Señor dio y el Señor quitó; Bendito sea el nombre del
Señor». En todo esto Job no pecó ni culpó a Dios.” — Job
1:20-22 (NBLA)
Así como Job, nosotros también podríamos experimentar un “día
malo”, al ser víctimas de un ataque coordinado por parte de
Satanás, quien es un enemigo sin piedad, que siempre está listo
para dar golpes bajos. Así que no se extrañe si de repente le
empezaran a suceder cosas raras: las cosas se descomponen,
viene la oscuridad, hay opresión, suceden cosas malas, no se trata
tan solo de tener malos pensamientos o dudas, sino de un ataque
para confundir, oprimir, dispersar, provocar miedo, enojo y
frustración. Cuando este ataque ocurre, uno puede intentar correr
o esconderse, esperando que pase el mal momento, pero eso no
funciona, en una batalla espiritual; una mejor alternativa para que
pase más rápido el problema, es alabar fuertemente al SEÑOR,
aferrarnos a Él, pedirles a otros creyentes que hagan oración por
usted, estudiar más las Escrituras para encontrar consuelo,
reprender al enemigo, alzar nuestro escudo de la fe, y escuchar al
Espíritu de Dios para que nos guíe. Con ello, nos mantenemos
firmes y creceremos más fuertes en la fe.

“Hijo mío, no se aparten estas cosas de tus ojos; guarda la


prudencia y la discreción, y serán vida para tu alma y
adorno para tu cuello. Entonces andarás con seguridad por
tu camino, y tu pie no tropezará. Cuando te acuestes no
tendrás temor, sí, te acostarás y será dulce tu sueño.”
— Proverbios 3:21-24 (NBLA)
“Te amo, oh Jehová, fortaleza mía. Jehová, roca mía y
castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en Él
confiaré; mi escudo, y la fuerza de mi salvación, mi alto
refugio. Invocaré a Jehová, quien es digno de ser alabado, y
seré salvo de mis enemigos. Me rodearon ligaduras de
muerte, y torrentes de perversidad me atemorizaron.
Ligaduras del Seol me rodearon, me tendieron lazos de
muerte. En mi angustia invoqué a Jehová, y clamé a mi
Dios. Él oyó mi voz desde Su templo, y mi clamor llegó
delante de Él, a Sus oídos.” — Salmos 18:1b-6 (RVR 1960)
Cuando Satanás entró al cuarto en donde se estaba llevando a cabo la
llamada Última Cena, y luego entró en Judas Iscariote (Lucas 22:3; Juan
13:27), ninguno de los discípulos se dio cuenta, solo Jesús estaba al
tanto de los movimientos del enemigo, y este evento formó parte de un
ataque diabólico coordinado, en el que Cristo fue traicionado, luego
torturado y crucificado, y los apóstoles se dispersaron, y Pedro temeroso
llegó hasta negar que conocía al Señor.
“Entonces Jesús les dijo: —Todos os escandalizaréis de Mí
esta noche, pues escrito está: “Heriré al pastor y las ovejas
serán dispersadas.”” — Marcos 14:27 (RVR 1995)
“Y abandonando a Jesús, todos huyeron. Cierto joven seguía
a Jesús, vestido solo con una sábana sobre su cuerpo
desnudo; y lo prendieron; pero él, dejando la sábana,
escapó desnudo.” — Marcos 14:50-52 (NBLA)
Por ello, es bien importante traer la armadura de Dios bien puesta todos
los días, todo el tiempo, porque no sabemos cuando tengamos que
enfrentar un “día malo”. Sin embargo, también tenemos reconfortantes
promesas por parte del SEÑOR para los días malos.

“Bienaventurado el que piensa en el pobre; en el día del


mal el Señor lo librará. El Señor lo protegerá y lo mantendrá
con vida, y será bienaventurado sobre la tierra. Tú no lo
entregarás a la voluntad de sus enemigos.” — Salmos 41:1-
2 (NBLA)
“El Señor conoce los días de los íntegros, y su herencia será
perpetua. No serán avergonzados en el tiempo malo, y en
días de hambre se saciarán.” — Salmos 37:18-19 (NBLA)
El Cinturón de la Verdad
“Por tanto, manténganse firmes y fajados con el cinturón
de la verdad, revestidos con la coraza de justicia” — Efesios
6:14 (RVC)

Es fácil ver por qué el “cinturón de la verdad” es la primer pieza


mencionada de la armadura, porque la principal arma que utiliza el
enemigo en sus ataques es la mentira y el engaño, de hecho, Jesús
llama al diablo: “El padre de la mentira”. En cualquier momento que
estemos siendo atacados por Satanás, el mundo o nuestra naturaleza
pecaminosa, podemos estar seguros que la mentira o el engaño están
presentes de alguna forma. Un principio básico en la batalla espiritual es
tener un conocimiento bíblico de los enemigos a los que nos
enfrentamos. Por ello, no hay una mejor arma para interceptar cualquier
ataque enemigo que la verdad.

“Así fue expulsado el gran dragón, que es la serpiente


antigua que se llama Diablo y Satanás, y que engaña a todo
el mundo. Él y sus ángeles fueron arrojados a la tierra.”
— Apocalipsis 12:9 (RVC)
[Jesús dice] “Ustedes son de su padre el diablo y quieren
hacer los deseos de su padre. Él fue un asesino desde el
principio, y no se ha mantenido en la verdad porque no hay
verdad en él. Cuando habla mentira, habla de su propia
naturaleza, porque es mentiroso y el padre de la mentira.”
— Juan 8:44 (NBLA)

La verdad solo la encontramos en Cristo, quien es el Camino, la Verdad y


la Vida, en Su Palabra que es la Verdad (Juan 17:17, 1:14). Una ventaja
que tenemos como creyentes es que podemos hacer que nuestro
“cinturón de la verdad” se vaya haciendo cada vez más poderoso a
través de diferentes estrategias: 1) Estudiando las Escrituras e
internalizando en nuestros corazones sus enseñanzas (Salmos
119:11; Tito 1:1-2); 2) Mediante la oración, al pedirle al Espíritu Santo
que nos revele la verdad, y evitando cualquier forma en la que podamos
estar siendo engañados por las mentiras del enemigo (Salmos 25:5; Juan
16:13); 3) Obedeciendo los mandamientos de Dios (1 Juan 2:4; 2
Timoteo 2:15; Salmos 86:11, 119:142, 119:151); 4) Madurando nuestra
fe y vida como cristiano (Efesios 4:13-15; 1 Juan 1:6); 5) Cuando
producimos frutos como miembros de la iglesia (1 Timoteo 3:14-
15; Efesios 5:8-10; Colosenses 1:5-6; 2 Timoteo 2:15); 6) Al evangelizar
a otras personas compartiendo la verdad del Evangelio (Salmos 119:42-
43; Efesios 1:13; Colosenses 1:5); 7) Cuando adoramos al SEÑOR en
espíritu y en verdad (Juan 4:23-24; Salmos 145:18).
“Jesús le dijo: «Yo Soy el camino, la verdad y la vida; nadie
viene al Padre sino por Mí.” — Juan 14:6 (NBLA)
“El que dice: «Yo lo conozco», pero no guarda Sus
mandamientos, el tal es mentiroso y la verdad no está en
él.” — 1 Juan 2:4 (RVR 1955)
Como mencionamos anteriormente, todos los componentes de la
armadura apuntan a Cristo, y el cinturón en este caso, apunta a que Él
que es la verdad, en Él no hay mentira (Números 23:19; 1 Samuel
15:29; Hebreos 6:17-18; Tito 1:2). En muchos comentarios que he visto
tratan de describir la armadura de la que habla Pablo proyectando la
imagen de la armadura que usaba un soldado romano pagano, pero creo
que esta es una pobre comparación cuando consideramos lo poderosa e
impenetrable que es la armadura de Dios para la batalla espiritual. Si
quisiera comparar al cinturón a algo con atributos físicos, utilizaría el
ejemplo del baticinturón de Batman, que le provee a este superhéroe
ficticio de toda clase de armamento, herramientas y artefactos
necesarios para combatir el crimen y derrotar a todos los criminales y
adversarios a los que se enfrenta, y sin él, queda desarmado, se volvería
como cualquier otra persona. Si esto le parece impresionante,
permítame decirle que el “cinturón de la verdad” es miles de veces
mejor, y agradezcamos a Dios por esta protección, porque en la guerra
espiritual, nuestros enemigos son terribles, despiadados y crueles. Ahora
bien, las Escrituras nos hablan específicamente de un cinturón o faja
distintivo, que formaba parte, tanto del atuendo de los sacerdotes
levíticos, como de las vestiduras de los profetas como Elías y Juan el
Bautista, y lo utilizaban para sostener en su lugar el resto de su atuendo,
o como lo llama Pablo, su armadura. Estas vestiduras distintivas tienen
un significado simbólico, como veremos a continuación. En el oriente
medio se usaba (incluso hasta hoy en día) que los hombres utilizaran
túnicas largas con una faja o cinturón por encima, el cual les servía no
solo para que su atuendo se mantuviera firme en su lugar, sino además
para alistarse para la acción, para el servicio, ya fuera para trabajar,
para viajar, o para correr. Les servía para levantarse la parte larga de su
túnica y meterla dentro del cinto, dándoles mayor facilidad para
moverse, como en el caso del profeta Elías, para correr.
“Entonces el Señor le dio una fuerza extraordinaria a Elías,
quien se sujetó el manto con el cinturón y corrió delante
del carro de Acab todo el camino, hasta la entrada de
Jezreel.” — 1 Reyes 18:46 (NTV)
“Pues te cubrirá con Sus plumas y bajo Sus alas hallarás
refugio. ¡Su verdad será tu escudo y tu baluarte!”— Salmos
91:4 (NVI)
El Espíritu Santo es quien nos da entendimiento, y discernimiento, y nos
muestra la verdad de la Palabra de Dios, y cómo aplicarla en nuestra
vida. Sin Él, es imposible que podamos ponernos el cinturón de la
verdad, porque para empezar no podríamos entender la verdad en la
Biblia, como nos lo explica el apóstol Pablo en 1 Corintios 2:6-15. El
Espíritu Santo es nuestro aliado más importante para que tengamos
puesto el “cinturón de la verdad”, ya que guía nuestros pensamientos,
acciones y actitudes para que estén de acuerdo con la Palabra de Dios.
La mejor forma de mantener a nuestros enemigos fuera de nuestras
vidas es mantener al Espíritu Santo dentro de nuestras vidas, es decir,
estar en Cristo.
“Por lo tanto, sométanse a Dios; opongan resistencia al
diablo, y él huirá de ustedes.” — Santiago 4:7 (RVC)
El Cinturón Simboliza estar Preparados
para el Servicio
Juan el Bautista fue el profeta designado por Dios para preparar el
camino de Jesús el Mesías.
¿Por qué las Escrituras nos especifican que Elías se sujetó sus vestiduras
con el cinturón en preparación para correr? ¿Y por qué además sabemos
que Juan El Bautista (quien vino con el espíritu y poder de Elías, Lucas
1:17) portaba unas vestiduras muy similares a las de Elías? Entendemos
que es precisamente por el simbolismo de su atuendo, recuerde que no
hay ningún dato arbitrario en las Escrituras.
“Juan estaba vestido de pelo de camello, tenía un cinto de
cuero alrededor de su cintura, y su comida era langostas y
miel silvestre.” — Mateo 3:4 (RVR 1995)
Bastó con describirle al rey Ocozías, el atuendo del profeta Elías para
que inmediatamente supiera de quién se trataba.

“Entonces el rey les preguntó: —¿Cómo era el hombre que


encontrasteis y os dijo tales palabras? —Uno que tenía un
vestido de pelo y un cinturón de cuero ceñido a su
cintura —respondieron ellos.—¡Es Elías, el tisbita! —
exclamó el rey—” — 2 Reyes 1:7-8 (RVR 1995)
El cinturón de cuero (o de piel) era lo más humilde que se podía portar,
era el cinturón de los pobres, y hasta donde entendemos, eran ásperos e
incómodos. La vestidura del profeta era una señal de humildad, de
lamentación por los pecados del pueblo y sus consecuencias, tenía un
ministerio de proclamar el arrepentimiento a las personas.
Generalmente los israelitas utilizaban fajas o cinturones de material
suave como el lino o algodón, y éstos a menudo eran costosos. Bajo la
faja, utilizaban una o dos túnicas largas o camisas, y sobre éstas a veces
vestían una capa. Elías solamente tenía su cinturón de cuero, su
vestidura de pelo y su manto. El traer el cinturón bien ajustado o
ceñido (en algunas traducciones bíblicas dicen “ceñirse los lomos o la
cintura”) nos indica el estar listo, preparado para el servicio. Dios
le indicó a Job que se alistara para contestar sus preguntas ajustándose
bien el cinturón (Job 38:3, 40:7). También al profeta Jeremías le dijo algo
similar, en preparación para que fuera a proclamar la Palabra del
SEÑOR.
“Ahora cíñete la cintura como un hombre: Yo te preguntaré
y tú me contestarás.” — Job 38:3 (RVR 1995)
“Tú, pues, ciñe tu cintura, levántate y háblales todo cuanto
te mande. No te amedrentes delante de ellos, para que Yo
no te amedrente en su presencia.” — Jeremías 1:17 (RVR
1995)
Por otro lado, tenemos la faja del sumo sacerdote, la cual era de lino fino
entrelazado (Éxodo 28:8) con oro, azul, púrpura y escarlata. La faja o
cinturón también son un símbolo de fuerza, actividad y poder (Job
12:18; Isaías 45:5; 1 Reyes 20:11).
“Yo Soy Jehová y no hay ningún otro. No hay Dios fuera de
Mí. Yo te ceñiré, aunque tú no me has conocido” — Isaías
45:5 (RVR 1995)
Cuando los israelitas se preparaban para celebrar la primera Pascua,
durante la noche de la Décima Plaga, en preparación para su éxodo de
Egipto, Dios les indicó que durante la cena trajeran sus cinturones bien
ajustados, listos para salir, que trajeran puestas sus sandalias, ya que
usualmente andaban descalzos dentro de la casa, entre otras
indicaciones, todo esto les indicaba que debían estarse listos para salir.

“Así lo habrán de comer: con sus cintos ceñidos, puestas


las sandalias en sus pies y con su bastón en la mano. Lo
comerán apresuradamente; es la Pascua del SEÑOR.”
— Éxodo 12:11 (RVA 2015)
En un pasaje alusivo (Lucas 12:35) a la Parábola de las Diez Vírgenes
(Mateo 25:1-13), nuestro Señor Jesucristo nos da la encomienda de no
solo traer nuestras lámparas encendidas, esto es, estar llenos del
Espíritu Santo, sino además de traer bien ajustados nuestros cinturones,
la expresión de estar alertas, listos para el servicio, preparados para la
acción. Adicionalmente, el apóstol Pedro expande este símbolo de estar
bien fajado, y nos exhorta a que no solo debemos limitarnos a ceñirnos
la cintura, sino que también debemos de estar listos para la acción
mentalmente, es decir que nuestra actitud mental debe de estar
siempre enfocada en incrementar nuestra santidad (1 Pedro 1:13-21).
[Jesús dice] “Tened vuestra cintura ceñida y vuestras
lámparas encendidas” — Lucas 12:35 (RVR 1995)
[Pedro dice] “Por tanto, ceñid vuestro entendimiento para
la acción; sed sobrios en espíritu, poned vuestra esperanza
completamente en la gracia que se os traerá en la
revelación de Jesucristo.” — 1 Pedro 1:13 (LBLA)
Nosotros debemos conscientemente traer siempre puestos nuestros
“cinturones de la verdad”, las 24 horas del día, estemos despiertos o
soñando, como parte de nuestra armadura de protección. El cinturón nos
permitirá estar listos en todo momento, estar alertas, porque el diablo se
dedica a engañar, y con el cinturón tendremos el discernimiento para
identificar sus mentiras y artimañas satánicas, y no caer en ninguna de
sus trampas (Salmos 91:3). Por eso, Satanás odia encarar a los
creyentes que traen puesto el “cinturón de la verdad”. Y enfoca sus
ataques en los incrédulos, y en creyentes que no traen puesto el
“cinturón de la verdad”, para ver si los puede convencer para que crean
algo que no es verdad, y en lugar de resultar victoriosos, pueden caer
presa del miedo y hasta pueden llegar a dudar de su posición en Cristo.
Debemos pedirle a diario al SEÑOR que nos guíe hacia toda la verdad, y
que nos muestre cualquier forma en la que podamos estar siendo
engañados por las mentiras de Satanás. También debemos pedirle en
oración que nos ayude a hablar y a vivir en la verdad.

“Por tanto, dejando a un lado la falsedad, hablen verdad


cada cual con su prójimo, porque somos miembros los unos
de los otros.” — Efesios 4:25 (NBLA)
Cuando Jesús se preparaba para lavarles los pies a Sus discípulos,
primero se fajó con una toalla alrededor de Su cintura, dándonos un
ejemplo a cada creyente de que debemos estar listos para el servicio de
Su reino.

“Se levantó de la cena, se quitó Su manto y, tomando una


toalla, se la sujetó a la cintura; luego puso agua en un
recipiente y comenzó a lavar los pies de los discípulos, para
luego secárselos con la toalla que llevaba en la cintura.”
— Juan 13:4-5 (RVC)
“Entonces, cuando acabó de lavarles los pies, tomó Su
manto, y sentándose a la mesa otra vez, les dijo: «¿Saben
lo que les he hecho? Ustedes me llaman Maestro y Señor; y
tienen razón, porque lo soy. Pues si Yo, el Señor y el
Maestro, les lavé los pies, ustedes también deben lavarse
los pies unos a otros. Porque les he dado ejemplo, para que
como Yo les he hecho, también ustedes lo hagan.” — Juan
13:12-15 (NBLA)
También encontramos mención de otros cinturones espirituales en las
Escrituras, como el de los ángeles (Daniel 10:5) y como parte de las
vestiduras del Mesías en Isaías 11:5. El Mesías es la Verdad (Juan 14:6) y
encontramos que Su cinturón está compuesto por rectitud
(justicia, Salmos 145:17) y fidelidad, Él es un Rey justo y fiel, y
necesitamos aferrarnos a Él.
“Y será la justicia cinto de sus lomos, y la fidelidad ceñidor
de sus riñones.” — Isaías 11:5 (RVA)
“Alcé mis ojos y miré, y vi un varón vestido de lino y ceñida
su cintura con oro de Ufaz.” — Daniel 10:5 (RVR 1995)
¿Podemos perder la Protección del
Cinturón de la Verdad?

Si otra vez tomamos el ejemplo de la armadura romana, vemos que si el


soldado no se ceñía su cinturón, el resto de la armadura quedaba suelta,
además no tenía dónde poner su espada, por lo que quedaba totalmente
vulnerable si salía al campo de batalla. Si llegó a ver la serie de
televisión de Batman de los 60’s con Adam West, se mostró en algunos
programas que una de las peores cosas que le podía pasar a Batman era
que alguno de sus enemigos le quitara su baticinturón, porque ahí traía
todo su armamento. Y se preguntará ¿podrá un creyente perder su
cinturón?
“Si proceden con hostilidad contra Mí y no quieren
obedecerme, aumentaré la plaga sobre ustedes siete veces
conforme a sus pecados… ”Y si con estas cosas no se
enmiendan ante Mí, sino que proceden con hostilidad
contra Mí, entonces Yo procederé con hostilidad contra
ustedes; y Yo mismo los heriré siete veces por sus
pecados.” — Levítico 26:21, 23-24 (NBLA)
Como vimos, la armadura de Dios es tan poderosa que nuestros
enemigos no pueden vencernos en ningún ataque directo, ya que su
armamento no es comparable al poder de Jesucristo. Pero la armadura sí
tiene un punto débil, y el enemigo constantemente trata de atacarnos
explotando esta vulnerabilidad. El problema radica en que los creyentes
mismos se quiten, o pierdan momentáneamente, toda la armadura de
Dios. Y es en estos instantes, que nuestros enemigos pueden atacar
despiadadamente, y no hay defensa alguna, hasta que el creyente
mismo se vuelva a armar. Lo único que puede causar que un creyente
se quite la armadura es cuando comete un pecado, transgresión o
iniquidad, eso automáticamente lo desarma por completo, y permanece
de esta manera hasta que no pida perdón por sus pecados y regrese a
estar bajo la protección del SEÑOR. Podemos ver un ejemplo de esto con
el rey Saúl, quien al desobedecer los mandatos del SEÑOR, el Espíritu
Santo lo abandonó, y luego de esto incluso sufrió ataques de un
demonio, pero ni con esto, Saúl buscó arrepentirse, y lamentablemente
continuó por el mal camino.
“Entre tanto, el Espíritu del Señor se había apartado de
Saúl, y un espíritu maligno, enviado por el Señor, lo
atormentaba. Por eso, los que estaban a su servicio le
dijeron:—Como usted ve, señor nuestro, un espíritu maligno
de parte de Dios lo está atormentando a usted.” — 1
Samuel 16:14-15 (DHH)
Por eso es crucial que los creyentes conozcan todas las leyes del SEÑOR
descritas en la Biblia y no las transgredan. Y en caso de que lo hagan,
inmediatamente pidan perdón a Dios para que los perdone, y
restablezca toda Su armadura en el creyente. Por lo que, nuestros
enemigos constantemente están buscando las debilidades de cada
creyente, para tentarlos a que pequen y queden desprotegidos a sus
ataques coordinados. Por eso, cuando nuestra fe es atacada, y
empezamos a creer las mentiras como las de la evolución, como lo
vimos en nuestro artículo de ¿Había Dinosaurios en el Arca de Noé?
(Parte 1), la verdad de las Escrituras se desvanece, y empezamos a
poner nuestra fe en doctrinas de hombres, que es cuando nuestro
“cinturón de la verdad” se nos afloja, o hasta se llega a perder, si la
persona llega hasta la apostasía.
“Hijitos míos, les escribo estas cosas para que no pequen. Y
si alguien peca, tenemos Abogado para con el Padre, a
Jesucristo el Justo.” — 1 Juan 2:1 (NBLA)
“Bienaventurado el hombre que persevera bajo la prueba,
porque una vez que ha sido aprobado, recibirá la corona de
la vida que el Señor ha prometido a los que lo aman.”
— Santiago 1:12 (NBLA)
Para concluir, los dejo con esta porción del Salmo 18, en este Salmo
vemos que el SEÑOR es quien nos protege, y también quien nos prepara
y fortalece para la batalla.

“Pues Tú me has ceñido con fuerza para la batalla; has


subyugado debajo de mí a los que contra mí se levantaron.”
— Salmos 18:39 (NBLA)
En el siguiente artículo hablaremos, con el favor de Dios, acerca de la
siguiente pieza de la armadura mencionada por Pablo: la coraza de la
justicia o rectitud.

LA ARMADURA DE DIOS: LA
CORAZA DE LA JUSTICIA O
RECTITUD (PARTE 3)
16 ABRIL, 2022 RAFAEL BELTRAN

16

La Armadura De Dios: La Coraza De La Justicia


o Rectitud (Parte 3)

En el artículo anterior vimos que en la batalla espiritual necesitamos


traer siempre bien puesto el cinturón de la verdad, para no dejarnos
engañar, tener discernimiento, y estar siempre listos para el servicio
activo. Ahora veremos qué es la justicia de Dios y cómo está relacionada
con la coraza de rectitud. Veremos la importancia de que la coraza
proteja nuestro corazón, y que Jesucristo trae puesta esta misma coraza
para vencer a Sus enemigos. Veremos el poder de la coraza en la batalla
espiritual y cómo los creyentes pueden afectar el correcto
funcionamiento de la coraza.
La Diferencia entre la Justicia de Dios y la
Humana
“Toda la Escritura es inspirada por Dios y es útil para la
enseñanza, para la reprensión, para la corrección, para la
instrucción en justicia.” — 2 Timoteo 3:16 (RVA-2015)
Para entender el poder de la coraza de justicia o rectitud, primero
debemos de entender las diferencias entre la justicia de Dios y la del
hombre, ya que son muy diferentes. Porque el hombre es un pecador
por naturaleza, por nacimiento (Efesios 2:3), y por práctica, y debido a
esto, la justicia que se genera en el pensamiento humano está
deformada y corrupta. La justicia humana se limita a la percepción de
las obras que hacen las personas, y se basa en estándares de justicia
humanos, los cuales varían mucho según la cultura donde vivan, las
leyes de ese país, y cómo fueron educados sus habitantes. Por ejemplo,
en India es considerado un crimen matar a una vaca, mientras que en
países de occidente no es ningún crimen. Con ello las personas
establecen sus propios marcos de referencia en cuanto a qué está bien y
qué está mal, sin tomar en cuenta lo que Dios dice al respecto en cada
caso. El apóstol Pablo nos explica en Romanos 10:3 que el mundo no se
somete a la justicia de Dios, y establece la suya propia. Las personas se
comportan como en los tiempos de los Jueces de Israel, en donde cada
quien hacía lo que le parecía bueno ante sus propios ojos (Jueces
17:6, 21:25). Y en base a esto, juzgan a las personas que cometen
crímenes, como Hitler, como personas “malas”, y toman como
“personas justas y buenas” a la mayoría, sin considerar que las personas
siguen siendo pecadoras por la naturaleza pecaminosa de su corazón, el
cual es especialmente problemático en los incrédulos, siendo una fuente
de maldad continua para quienes aún no han vuelto a nacer de nuevo.
[Jesús dice] “El hombre bueno saca cosas buenas del buen
tesoro de su corazón; el hombre malo saca cosas malas de
su mal tesoro.” — Mateo 12:35 (RVC)
“Pues desconociendo la justicia de Dios y procurando
establecer la suya propia, no se sometieron a la justicia de
Dios.” — Romanos 10:3 (NBLA)
La mayoría de las personas piensan que el juicio de Dios es como un
examen de la escuela, en donde la persona que tenga más obras buenas
que malas en su vida puede pasar la prueba, inclusive de “panzazo”, e ir
al cielo. Sin embargo, esta “justicia” prevalente en el mundo, está muy
alejada de la verdadera justicia de Dios. En Gálatas 2:21, vemos que las
personas piensan que siguiendo las leyes de Dios alcanzarán a ser justos
y se ganarán su salvación, pero lo único que consiguen es hacer nula la
gracia de Dios. Porque esta supuesta “bondad humana” se convierte en
una trampa, al hacer creer a las personas que son justas y buenas ante
sus propios ojos, de hecho pregúntele a cualquier persona si se
considera a sí misma una buena persona, y la mayoría le responderá
que sí, porque “trata de hacer lo bueno”. El problema de esta forma de
pensar orgullosa de las personas, es que no se dan cuenta, o bien, no
quiere aceptar, que en realidad son pecadoras, y que necesitan a
un Salvador, Jesucristo, y tampoco quieren darse cuenta de la realidad:
que si no se arrepienten acabarán en el infierno. No soportan la sana
doctrina, prefiriendo creer las mentiras que van de acuerdo a sus malos
actos (2 Timoteo 4:3) y que les permiten seguir en las tinieblas, en lugar
de buscar la luz y la verdad que los haría libres (Juan 8:32).
[Jesús dice] “Y ésta es la condenación: que la luz vino al
mundo, pero los hombres amaron más las tinieblas que la
luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que
hace lo malo, aborrece la luz y no se acerca a la luz, para
que sus obras no sean reprendidas. Pero el que practica la
verdad viene a la luz, para que sea evidente que sus obras
son hechas en Dios.»” — Juan 3:19-21 (RVC)
Piense en lo siguiente: Si usted pudiera ser justo ante Dios por sus
buenas obras, entonces ¿Por qué tuvo que morir Jesús en la cruz? Puede
revisar nuestro artículo ¿Por qué necesitamos a un Salvador?.
“No hago nula la gracia de Dios, porque si la justicia viene
por medio de la ley, entonces Cristo murió en vano.”
— Gálatas 2:21 (NBLA)
“Déjenme hacerles una pregunta: ¿recibieron al Espíritu
Santo por obedecer la ley de Moisés? ¡Claro que
no! Recibieron al Espíritu porque creyeron el mensaje que
escucharon acerca de Cristo.” — Gálatas 3:2 (NTV)
¿Qué es la justicia de Dios?
Para entender la justicia de Dios, primero necesita que el Espíritu de
Conocimiento y de Entendimiento le revelen que la única forma en la
que usted puede llegar a ser justo, es cuando Dios lo salva y lo convierte
en una nueva creación (puede ver Zacarías 3, en donde vemos el
momento de la salvación de Josué), y esto solo se consigue cuando
usted pone toda su fe en el Señor Jesucristo. Quien a su vez le da 4
cosas:
1. Él cambia lo que usted es, lo hace una nueva creatura (no una “buena
persona”), con una nueva naturaleza en su corazón, y deja de tener la
naturaleza pecaminosa que lo hacía pecador (2 Corintios 5:17).
[El Señor dice] “’Además, les daré un corazón nuevo y
pondré un espíritu nuevo dentro de ustedes; quitaré de su
carne el corazón de piedra y les daré un corazón de carne.”
— Ezequiel 36:26 (NBLA)
2. Dios le envía a Su Espíritu, quien lo ayuda a cumplir cuidadosamente
Sus mandamientos, y a su vez el Espíritu le da dones o regalos para el
servicio.
[El Señor dice] “Pondré dentro de ustedes Mi Espíritu y haré
que anden en Mis estatutos, y que cumplan
cuidadosamente Mis ordenanzas.” — Ezequiel 36:27 (NBLA)
3. Nos perdona lo que hayamos hecho, dicho o pensado, Su sangre nos
limpia de todo pecado.
“Vengan ahora. Vamos a resolver este asunto—dice el
Señor—. Aunque sus pecados sean como la escarlata, Yo
los haré tan blancos como la nieve. Aunque sean rojos
como el carmesí, Yo los haré tan blancos como la lana.”
— Isaías 1:18 (NTV)
“Porque como están de altos los cielos sobre la tierra, así es
de grande Su misericordia para los que le temen. Como
está de lejos el oriente del occidente, así alejó de nosotros
nuestras transgresiones.” — Salmos 103:11-12 (NBLA)
4. Dios le atribuye a usted la justicia de Jesús, que incluye Su vida sin
pecados, Su trabajo en la cruz.
“Y Su nombre será: “El Señor es nuestra justicia”. En ese
día Judá estará a salvo, e Israel vivirá seguro.” —Jeremías
23:6 (NTV)
“Mas al que no obra, sino cree en Aquel que justifica al
impío, la fe le es contada por justicia. Como también David
dice ser bienaventurado el hombre al cual Dios atribuye
justicia sin las obras.” — Romanos 4:5-6 (JBS)
Jesús nos explica cómo funciona la justicia de Dios en Juan 16:8, y si lo
comparamos con una corte judicial de la justicia humana: Primero tiene
a un criminal, su juicio, y si es culpable, un castigo. Pero con Dios el
orden es diferente: El apóstol Juan nos explica que primero está el
“pecado”, luego la “justicia”, y después el “juicio”. Dios ha puesto la
justicia entre el pecado y el juicio. Dios interpuso la preciosa sangre de
Cristo, entre el pecador y su juicio, y como resultado, el creyente vuelto
a nacer es declarado justo ante Dios, y recibe ropas nuevas y limpias, y
su naturaleza pecaminosa, y sus pecados no solo son perdonados, sino
que son olvidados por Dios (Isaías 43:25), y el creyente recibe vida
eterna. Pero si la persona rechaza a Jesús, como su Salvador, quien es Él
que puede darle la justicia de Dios, no habrá justicia entre el pecado y el
juicio, y la persona irá directamente al juicio por sus pecados, y recibirá
sentencia, será declarada culpable, porque morirá en sus pecados y
terminará en el lago de fuego (Apocalipsis 20:12-15).
[Jesús dice] “Y cuando Él venga [el Espíritu Santo],
convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. de
pecado, porque no creen en Mí” — Juan 16:8-9 (NBLA)
[Jesús dice] “Por eso les dije que morirán en sus
pecados; porque si no creen que Yo soy, morirán en sus
pecados.” — Juan 8:24 (NBLA)
En el siguiente versículo, en Juan 16:9, “de pecado, porque no creen
en Mí”, Jesús nos explica que el mayor pecado que una persona puede
cometer es: “El no creer en Dios”. La incredulidad de una persona la
condenará para siempre. Esta persona no pasará la eternidad en el
infierno porque robó un pan o dijo una mentira, porque eso sería injusto,
más bien, el incrédulo terminará en el infierno porque rechazó la justicia
de Dios. Y así como los creyentes utilizan constantemente la justicia o
rectitud de Dios como un medio para parecerse a Jesús, los incrédulos
que utilizan la justicia del mundo, sin darse cuenta, se están moviendo
en la dirección opuesta, y llegan a parecerse a Satanás, y si no se
arrepienten, es entonces cuando se irán al infierno, el cual originalmente
fue preparado para el diablo y sus incrédulos seguidores que tienen la
imagen de Satanás (Mateo 25:41).
“Miren, hermanos, que no haya en ninguno de ustedes un
corazón malo de incredulidad que se aparte del Dios vivo.”
— Hebreos 3:12 (RVA-2015)
“El que cree en Él no es condenado; pero el que no cree, ya
ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del
unigénito Hijo de Dios.” — Juan 3:18 (NBLA)
Jesucristo es nuestra Coraza de Justicia o
de Rectitud
La justicia o rectitud de Jesucristo la recibimos, o se nos es imputada,
desde el día en que nos convertimos en creyentes vueltos a nacer, y se
dice que estamos justificados (Gálatas 2:16), así que legalmente se
realiza un intercambio, todos nuestros pecados se le imputan a Cristo, y
Él a cambio, por Su amor a nosotros, nos da o imputa Su justicia por Su
gracia, y a partir de ese momento, nosotros somos considerados como
justos ante Dios. Al ponernos la coraza de rectitud diariamente, significa
que estamos recordando esta maravillosa verdad cada día. Por lo que la
rectitud que nos da Jesucristo no está limitada solamente durante el
juicio final, tenemos el mandamiento de utilizarla todos los días de
nuestra vida como parte de la Armadura de Dios. El apóstol Pablo la
llama la “coraza de justicia o de rectitud” y nos menciona esta
importante pieza de nuestra armadura espiritual en Efesios 6:14.
“Estad, pues, firmes, ceñida vuestra cintura con la
verdad, vestidos con la coraza de justicia ” — Efesios
6:14 (RVR 1995)
Cuando el apóstol Pablo nos dice a los creyentes que nos vistamos con
la coraza de rectitud, deberíamos sentirnos privilegiados, porque está
haciendo referencia a la misma poderosa coraza que el Mesías se está
poniendo en el pasaje de Isaías 59. Él es el brazo de salvación de Dios,
quien está al mando de los Ejércitos Celestiales, y Pablo nos revela que
la coraza de rectitud que el SEÑOR nos brinda, es la misma que Él está
utilizando, así que mientras la traigamos puesta, tendremos el poder de
la justicia del Todopoderoso, y son nuestros enemigos los que nos deben
de temer a los creyentes.

[El SEÑOR] “Vio que no había nadie, y se asombró de que


no hubiera quien intercediera. Entonces Su brazo le trajo
salvación, y Su justicia lo sostuvo. Se puso la justicia como
coraza, y el casco de salvación en Su cabeza…” — Isaías
59:16-17a (NBLA)
Otro aspecto que aprendemos de la coraza de rectitud del Mesías es que
Él tiene el poder de interceder por Su iglesia, ya que sabemos que Cristo
es nuestro Sumo Sacerdote (Hebreos 2:17, 3:1, 4:14-15, 9:11) y Él
intercede por nosotros ante el Padre y limpia nuestros pecados para que
aparezcamos como justos ante Él (Juan 14:16-17; Romanos 8:1-
2, 34; Hebreos 7:25). La función del Sumo Sacerdote Aarón (y sus
descendientes después de él), cuando se presentaba ante Dios, era para
hacer intercesión por los israelitas, con ello, tenemos la imagen de la
coraza de rectitud utilizada por el Sumo Sacerdote, descrita en Éxodo
28:15-30, la cual está sobre su corazón (Éxodo 28:29-30) y es llamada
“pectoral del juicio” en hebreo ‫ – ֹחֶׁש ן ִמ ְׁש ָּפ ט‬joshén mishpát, ya que además
contenía el Urim y Tumím, que daban a conocer los juicios del SEÑOR.
También encontramos otros ejemplos como Moisés, quien, utilizando su
coraza de rectitud, hizo una oración de intercesión para que el pueblo de
Israel no fuera destruido (Deuteronomio 9:25-27; Santiago 5:16), y
gracias a la rectitud en la que Samuel caminaba, se pudo poner la
coraza de rectitud, e intercedió por Israel, y fueron victoriosos ante los
filisteos en 1 Samuel 7:5.
“Porque Cristo no entró en un lugar santísimo hecho de
manos, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para
presentarse ahora delante de Dios a nuestro favor.”
— Hebreos 9:24 (RVA 2015)
Como vimos, cada pieza de la armadura apunta a Cristo, por eso cuando
nos ponemos la coraza de rectitud, estamos adoptando la rectitud de
Jesucristo para nuestra vida, y lo demostramos con el estilo de vida que
llevamos, haciendo lo que es agradable ante los ojos de Dios, y dejamos
en el pasado nuestra propia rectitud o justicia humana, que es de una
calidad muy inferior en la batalla espiritual, por lo que el SEÑOR se
convierte en nuestra rectitud (Jeremías 23:6; 1 Corintios 1:30; 2
Corintios 5:21).
“En aquellos días Judá estará a salvo y Jerusalén morará
segura, y este es el nombre con el cual será llamada: el
Señor es nuestra justicia”.” — Jeremías 33:16 (NBLA)
“Y ser hallado en Él; sin pretender una justicia mía,
derivada de la ley, sino la que es por la fe en Cristo; la
justicia que proviene de Dios por la fe.” — Filipenses
3:9 (RVA 2015)
Y es solo con la ayuda del Espíritu Santo, quien imparte la justicia de
Cristo dentro de nosotros (Filipenses 2:13). La justicia impartida se
refiere a la justicia que Dios pone en nuestras vidas, para que podamos
mejorar nuestra justicia o rectitud, al apegarnos y cumplir con los
mandamientos del SEÑOR, Sus leyes, y Sus estatutos. Nuestra rectitud
se manifiesta en nuestro comportamiento, en lo que pensamos, decimos
y hacemos. Y lo mejor es que al hacer lo que al SEÑOR le agrada, Él nos
premia, no solo permitiendo que nos pongamos la armadura de Dios,
sino con Sus bendiciones: En Deuteronomio 28, vemos que la obediencia
a los mandatos de Dios, o sea la rectitud, trae bendiciones no solo al
creyente, esté donde esté (Deuteronomio 28:3), sino también a sus
posesiones (Deuteronomio 28:4-5) incluyendo a sus animales. Y por lo
que entendemos, también quienes los rodean se pueden ver
beneficiados, como vimos en Génesis 7:1-3 – Noé Termina La
Construcción Del Arca, la rectitud de Noé (Génesis 6:9) ayudó a que su
familia también se salvara, también vimos el ejemplo del egipcio Potifar,
cuya casa recibió bendiciones gracias a José (Génesis 39:5). Sin
embargo, hay quienes a pesar de estar cercanos a un creyente justo, se
pierden de las bendiciones, como los yernos de Lot (Génesis 19:14), los
hijos del profeta Samuel (1 Samuel 8:1-3), Judas Iscariote quien traicionó
a Cristo, entre otros ejemplos.
“Porque Dios es el que produce en ustedes tanto el querer
como el hacer para cumplir su buena voluntad.”
— Filipenses 2:13 (RVA-2015)
“Dios enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado
condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley
fuera cumplida en nosotros, que no andamos conforme a la
carne, sino conforme al Espíritu.” — Romanos 8:3b-4 (JBS)
La Coraza de Rectitud protege el Corazón
Podríamos decir que la coraza de rectitud es la pieza principal de
defensa de la armadura, porque está diseñada para proteger un área de
extrema vulnerabilidad: El corazón del creyente. Satanás ataca los
corazones de las personas de diferentes maneras: puede ser con
películas, imágenes, canciones, personas que le den malos consejos,
malos pensamientos que le llegan de repente, etc., todo para darle
sugerencias de que haga algo malo ante los ojos del SEÑOR, de hecho,
lo incita a que haga lo opuesto a lo que dice la Palabra de Dios, y le
tiende trampas para que caiga en pecado. El apóstol Pablo en Efesios
6:16 llama a estos ataques las “flechas encendidas del maligno”, y por
ello tanto la coraza de rectitud como el escudo de la fe nos defienden.
Por ejemplo, cuando Caín mató a Abel, primero tuvo el mal pensamiento
de hacerlo, y permitió que eso controlara sus acciones, a pesar de que
Dios le había advertido que el pecado estaba a la puerta. Puede ver para
su referencia nuestro artículo El Décimo Mandamiento: Vigilemos
Nuestra Mente.
“«¿Por qué estás tan enojado? —preguntó el Señor a Caín
—. ¿Por qué te ves tan decaído? Serás aceptado si haces lo
correcto, pero si te niegas a hacer lo correcto, entonces,
¡ten cuidado! El pecado está a la puerta, al acecho y
ansioso por controlarte; pero tú debes dominarlo y ser su
amo».” — Génesis 4:6-7 (NTV)
“Tienden sus trampas los que quieren matarme; maquinan
mi ruina los que buscan mi mal y todo el día urden
engaños.” — Salmos 38:12 (NVI)
“Huye, pues, de las pasiones juveniles y sigue la justicia, la
fe, el amor y la paz, con los que invocan al Señor con un
corazón puro.” — 2 Timoteo 2:22 (NBLA)
La palabra griega que utiliza Pablo en Efesios 6:14 para “coraza”
es θώραξ – tórax, que es un tipo de armadura que cubre el cuerpo desde
el cuello hasta los muslos, y consistía de dos partes, una que cubre el
frente y la otra la espalda. Podía estar hecha de anillos metálicos
entrelazados para formar una cota de malla, o de pequeñas placas de
metal, aseguradas juntas como escamas para darle flexibilidad, ligereza
y una fuerza extraordinaria para proteger los órganos vitales del
guerrero como el corazón, pulmones, estómago, hígado, e intestinos
contra ataques de espadas, lanzas o flechas, porque una herida a estos
órganos con estas armas representaba una muerte segura. Un ejemplo
de esta coraza es la pesada cota de malla que usó Goliat el filisteo (1
Samuel 17:5). Nehemías nos menciona que, durante la reedificación de
las paredes de Jerusalén, los hombres que protegían a los trabajadores
traían puesta una coraza como parte de su armadura (Nehemías 4:16).
“Por encima de todo, guarda tu corazón; porque de él mana
la vida.” — Proverbios 4:23 (RVR 1977)
La condición del corazón determina la rectitud en la vida de la persona,
sus acciones y forma de proceder. Si el corazón es puro, mantendrá una
vida pura, pero si se ha permitido la corrupción del corazón, entonces
llevará una vida de pecado, fuera de la voluntad de Dios. Aquí el corazón
es comparado con una fuente. Físicamente es el órgano central del
cuerpo de donde fluye la sangre hasta las extremidades más remotas
del cuerpo; espiritualmente es el centro de nuestras emociones y
conciencia. Por ello ni siquiera debemos permitir malos pensamientos,
sino traerlos cautivos en obediencia a Dios (2 Corintios 10:5).
[Jesús dice] “Pero lo que sale de la boca proviene del
corazón, y eso es lo que contamina al hombre. Porque del
corazón provienen malos
pensamientos, homicidios, adulterios, fornicaciones, robos,
falsos testimonios y calumnias.” — Mateo 15:18-19 (NBLA)
[Jesús dice] “El hombre bueno, del buen tesoro de su
corazón saca lo que es bueno; y el hombre malo, del mal
tesoro saca lo que es malo; porque de la abundancia del
corazón habla su boca.” — Lucas 6:45 (NBLA)
“Seis cosas hay que el Señor odia, y siete son abominación
para Él: Ojos soberbios, lengua mentirosa, manos que
derraman sangre inocente, un corazón que trama planes
perversos, pies que corren rápidamente hacia el mal, un
testigo falso que dice mentiras, y el que siembra discordia
entre hermanos.” — Proverbios 6:16-19 (NBLA)
En nuestro siguiente artículo concluiremos con el estudio de la Coraza
de Rectitud, veremos la coraza en acción cuando estamos en medio de
la batalla espiritual, veremos también a qué se refiere Pablo con la
coraza de fe y amor, y qué le pasa a la coraza de los creyentes que
tienen una falta de rectitud.

“Él nos salvó, no por las obras de justicia que nosotros


hubiéramos hecho, sino según Su misericordia; por medio
del lavamiento de la regeneración y de la renovación del
Espíritu Santo que Él derramó sobre
nosotros abundantemente por medio de Jesucristo nuestro
Salvador. Y esto para que, justificados por Su gracia,
seamos hechos herederos conforme a la esperanza de la
vida eterna.” — Tito 3:5-7 (RVA-2015)
LA ARMADURA DE DIOS: LA
CORAZA DE LA JUSTICIA O
RECTITUD (PARTE 4)
23 ABRIL, 2022 RAFAEL BELTRAN
17

La Armadura de Dios: La Coraza de la Justicia o


Rectitud (Parte 4)
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En el artículo anterior vimos que la justicia de Dios es muy superior a la


del hombre, y que la coraza de rectitud que nos otorga el SEÑOR no
solamente es la misma que utiliza el Mesías, sino que su poder procede
de la justicia de Jesucristo, por lo que, si traemos esta pieza de la
armadura bien puesta, y llevamos una vida recta, apegada a los
mandatos del SEÑOR, ninguno de nuestros enemigos puede penetrar
esta coraza de rectitud, ni dañar nuestro corazón. Ahora veremos la
coraza en acción durante la batalla espiritual, veremos ejemplos que nos
muestran las Escrituras, y cómo por medio de la fe y del amor, el
creyente manifiesta el poder de su coraza, también veremos lo que pasa
con la coraza cuando hay una falta de rectitud en el creyente.
La Coraza de Rectitud en la Batalla
Espiritual
La coraza de rectitud crea una barrera de protección espiritual alrededor
del creyente, es posible que se trate de la barrera de protección que
Dios había puesto alrededor de Job, su familia y sus bienes, y que
Satanás no podía penetrar (Job 1:9-10). Por esto, la rectitud tiene un
lugar de importancia excepcional en la batalla espiritual del creyente,
porque derrota absolutamente cualquier ataque de Satanás. Las
principales armas del enemigo son las mentiras, acusaciones y
tentaciones, que desmoralizan y hacen pecar a las personas, pero estas
armas no tienen ninguna oportunidad contra la rectitud o justicia,
porque esto, es uno de los atributos de Dios (Salmos
48:10, 119:137, 145:17; Jeremías 23:6). Además, encontramos
en Salmos 5:12, que una bendición por rectitud (o justicia) es
precisamente ser rodeado por el escudo de Dios, esta bendición engloba
lo que es la “coraza de rectitud”.
“Satanás respondió al Señor: «¿Acaso teme Job a Dios de
balde? ¿No has hecho Tú una valla alrededor de él, de su
casa y de todo lo que tiene, por todos lados? Has bendecido
el trabajo de sus manos y sus posesiones han aumentado
en la tierra.” — Job 1:9-10 (NBLA)
“Dios es mi escudo; Él salva a los rectos de corazón. Dios es
un juez justo, siempre [todos los días] enojado con la gente
malvada.” — Salmos 7:10-11 (RVC)
Observe que Satanás no le podía hacer nada a Job, dado que contaba
con ese muro de protección espiritual que el Señor había puesto
alrededor de él, por todos lados, todas estas bendiciones las recibía Job
porque traía su coraza de rectitud bien puesta, porque cumplía con los
mandatos del Señor, así que recibía todas estas bendiciones por su
obediencia (Deuteronomio 28).

“Porque Tú, oh Señor, bendices al justo, como con un


escudo lo rodeas de Tu favor.” — Salmos 5:12 (NBLA)
“Como los montes rodean a Jerusalén, así el Señor rodea a
Su pueblo desde ahora y para siempre.” — Salmos
125:2 (NBLA)
“El ángel del Señor acampa alrededor de los que le temen,
y los rescata.” — Salmos 34:7 (NBLA)
Cabe mencionar que, incluso cuando una persona haga lo correcto,
según la Palabra de Dios, sufrirá persecuciones (Juan 16:33; Romanos
8:35; 2 Corintios 12:10; 2 Timoteo 3:11-12) y encontrará oposición, por
ello, necesitamos tener nuestra mirada fija en el SEÑOR y seguirlo sin
desviarnos. Cuando el rey de Aram descubrió que el profeta Eliseo
frustraba todos sus planes de ataque sorpresa, envió a un gran ejército
para apresarlo (2 Reyes 6:8-14) , cuando el siervo de Eliseo se dio
cuenta de que estaban rodeados, se asustó y le avisó al profeta, quien
sabía que contaban con una protección espiritual superior y que no
había nada de qué preocuparse.

“Y cuando el que servía al hombre de Dios se levantó


temprano y salió, vio que un ejército con caballos y carros
rodeaba la ciudad. Y su criado le dijo: «¡Ah, señor mío! ¿Qué
haremos?». Y él respondió: «No temas, porque los que
están con nosotros son más que los que están con
ellos». Eliseo entonces oró, y dijo: «Oh Señor, te ruego que
abras sus ojos para que vea». Y el Señor abrió los ojos del
criado, y miró que el monte estaba lleno de caballos y
carros de fuego alrededor de Eliseo.” — 2 Reyes 6:15-
17 (NBLA)
Eliseo no tan solo traía su armadura espiritual muy bien puesta, sino que
el SEÑOR además, lo proveyó con todo un ejército celestial para
resguardarlo contra el ataque enemigo. Y si observa, Eliseo no
permaneció pasivo, sacó sus armas espirituales para el ataque ofensivo:
hizo oración, y con ello, los oponentes recibieron una ceguera y
confusión espiritual, de tal forma, que sus oponentes terminaron en
Samaria.

“Cuando descendieron hacia él los arameos, Eliseo oró al


Señor, y dijo: «Te ruego que hieras a esta gente con
ceguera». Y Él los hirió con ceguera conforme a la palabra
de Eliseo. Entonces Eliseo les dijo: «Este no es el camino, ni
es esta la ciudad; síganme y yo los guiaré al hombre que
buscan». Y los llevó a Samaria. Cuando llegaron a Samaria,
dijo Eliseo: «Oh Señor, abre los ojos de estos para que
vean». Y el Señor abrió sus ojos y vieron que estaban en
medio de Samaria.” — 2 Reyes 6:18-20 (NBLA)
Con ello, Eliseo no tan solo evitó un ataque, sino que los derrotó de una
forma muy eficaz, ya que, se llevó a los soldados enemigos sin que ellos
se dieran cuenta, como prisioneros hasta Samaria, y se los entregó al
rey de Israel, quien, al recibir el consejo de Eliseo, supo que debía
alimentar al ejército enemigo y enviarlos de regreso a su casa. Y luego
de este incidente, sus enemigos ya no volvieron a intentar otro ataque.

“Al verlos, el rey de Israel dijo a Eliseo: «¿Los mato, padre


mío? ¿Los mato?». Y él respondió: «No los mates. ¿Matarías
a los que has tomado cautivos con tu espada y con tu arco?
Pon delante de ellos pan y agua para que coman y beban y
se vuelvan a su señor». Entonces les preparó un gran
banquete; y después que comieron y bebieron, los despidió,
y se volvieron a su señor. Y las bandas armadas de
arameos no volvieron a entrar más en la tierra de Israel.”
— 2 Reyes 6:21-23 (NBLA)
¿Se dio cuenta que aquí Eliseo utilizó su espada espiritual? Nuestra
espada es la Palabra de Dios, esta pieza de la armadura la estudiaremos
más adelante, con el favor de Dios. Aquí puede apreciar un ejemplo de
cómo se usa la espada de la armadura dentro del campo de batalla:
Cuando el rey de Israel le pidió consejo a Eliseo para saber qué hacer
con el ejército enemigo, lejos de matarlos, como sugirió el rey, Eliseo le
dijo que los alimentara y los enviara de regreso a casa. ¿Cómo supo
Eliseo qué hacer? Porque eso es precisamente lo que dice la Palabra de
Dios que hagamos con nuestros enemigos (Proverbios 25:21; Isaías
58:6-12; Romanos 12:19-21; Mateo 25:34-46):
“Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer pan, y si tiene
sed, dale a beber agua” — Proverbios 25:21 (NBLA)
[Jesús dice] “Mas yo os digo: Amad á vuestros
enemigos, bendecid á los que os maldicen, haced bien á los
que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os
persiguen” — Mateo 5:44 (RVA)
Eliseo al usar su arsenal de oración y su espada, y llevar a cabo lo que
dicen las Escrituras que hagamos, con su obediencia se demostró una
vez más la rectitud de Eliseo, por lo que pudo resistir en el día malo, el
ataque coordinado del enemigo.

La coraza de rectitud nos protege al darnos seguridad, confianza y valor


cuando Satanás nos lanza sus dardos con acusaciones de nuestras
fallas, que nos pueden desmoralizar, pero sabemos que nuestro valor es
en Cristo, no en nosotros (Efesios 4:24). La coraza de rectitud también
nos ayuda a rechazar nuestra propia rectitud, justicia, o virtud, que solo
nos llevan a pensar que somos buenas personas y volvernos así
orgullosos, siendo ésta una de las principales razones por las que los
incrédulos no se arrepienten ni buscan a un salvador, necesitamos
permanecer humildes dentro del servicio a Dios, siguiendo el ejemplo de
Moisés (Números 12:3). La coraza de rectitud también es un recordatorio
diario de que la rectitud que debemos de utilizar para nuestra batalla
espiritual es la del SEÑOR, no la nuestra, esto significa que sigamos a
Jesús, Sus Mandamientos, a nuestro Buen Pastor (Juan 10:11), quien nos
guía por el Buen Camino, y que nos dice que tomemos nuestra cruz para
seguirlo.
“Luz resplandece en las tinieblas para el que es recto; él es
clemente, compasivo y justo. No temerá recibir malas
noticias; su corazón está firme, confiado en el Señor. Su
corazón está seguro, no temerá, hasta que vea vencidos a
sus adversarios.” — Salmos 112:4-8 (NBLA)
“Llamando Jesús a la multitud y a Sus discípulos, les dijo:
«Si alguien quiere venir conmigo, niéguese a sí mismo,
tome su cruz, y sígame.” — Marcos 8:34 (NBLA)
La rectitud nos ayuda a seguir a nuestro Buen Pastor, y evita que nos
desviemos a la derecha o a la izquierda, al estar con Él, estamos bajo Su
protección y Sus cuidados, y así podemos salir victoriosos de la batalla
física o espiritual.

“Bienaventurados los que guardan el juicio, los que


practican la justicia en todo tiempo.” — Salmos
106:3 (NBLA)
“Pues los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne
con sus pasiones y deseos.” — Gálatas 5:24 (NBLA)
El SEÑOR nos da tres ejemplos de personas rectas (o justas), en Ezequiel
14:14: Noé, Daniel y Job, ellos fueron grandes hombres de fe, obedientes
a los mandatos del SEÑOR. Y podemos ver que la coraza de rectitud de
Noé le permitió construir el Arca aún y con toda adversidad de sus
contemporáneos, porque él hizo todo tal y como Dios se lo ordenó, su
rectitud le permitió interceder por su familia, y así ocho personas se
salvaron del Diluvio. De la misma forma, nosotros también podemos
confiar que nuestra coraza de rectitud nos protegerá contra los ataques
espirituales que enfrentamos diariamente cuando estamos haciendo la
labor del SEÑOR. Puede ver más detalles acerca de la justicia de Noé en
nuestro artículo Génesis 6:9-10: La Justicia de Dios. De Daniel, sabemos
que su rectitud hizo que lo arrojaran al foso de los leones, pero su coraza
de rectitud lo protegió y no fue tocado por ninguno de los leones
hambrientos (Daniel 6). De la misma forma, nuestra coraza de rectitud
nos protege de los ataques, persecuciones, mentiras y tribulaciones que
el mundo está haciendo contra los creyentes para alejarlos de su fe,
pero sus ataques se les revertirán (1 Pedro 3:14). Por otro lado, las
Escrituras describen a Job como un hombre único en toda la tierra, por
su coraza de rectitud (Job 1:8), quien luego que pasó ese periodo de
prueba al ser atacado directamente por Satanás, fue recompensado por
Dios, más allá de lo que tenía originalmente (Job 42:10). Así será para
nosotros, si nos mantenemos victoriosos hasta el final, trayendo bien
puesta nuestra coraza de rectitud, recibiremos la recompensa de estar
con Jesucristo en el reino de Dios.
“«Hijo de hombre, si un país peca contra Mí cometiendo
infidelidad, y Yo extiendo Mi mano contra él, destruyo su
provisión de pan y envío hambre contra él y corto de él
hombres y animales, y aunque estos tres hombres, Noé,
Daniel y Job, estuvieran en medio de ese país, solo ellos se
salvarían a sí mismos por su justicia», declara el Señor
Dios.” — Ezequiel 14:13-14 (NBLA)
“Y el Señor dijo a Satanás: «¿Te has fijado en Mi siervo Job?
Porque no hay ninguno como él sobre la tierra; es un
hombre intachable y recto, temeroso de Dios y apartado del
mal».” — Job 1:8 (NBLA)
Durante el Sermón del Monte, Jesús nos da una guía práctica de cómo
llevar una vida de rectitud (Mateo 5-7), una vida agradable ante los ojos
de Dios.

[Jesús dice] “No piensen que he venido para poner fin a la


ley o a los profetas; no he venido para poner fin, sino para
cumplir. Porque en verdad les digo que hasta que pasen el
cielo y la tierra, no se perderá ni la letra más pequeña ni
una tilde de la ley hasta que toda se cumpla. Cualquiera,
pues, que anule uno solo de estos mandamientos, aun de
los más pequeños, y así lo enseñe a otros, será llamado
muy pequeño en el reino de los cielos; pero cualquiera que
los guarde y los enseñe, este será llamado grande en el
reino de los cielos. Porque les digo a ustedes que si su
justicia no supera la de los escribas y fariseos, no entrarán
en el reino de los cielos.” — Mateo 5:17-20 (NBLA)
Nuestro Señor Jesucristo nos explica un aspecto importantísimo en la
batalla espiritual, cuando les revela el significado de la Parábola del
Sembrador a Sus discípulos: Nos dice que el diablo es capaz de quitar la
Palabra de Dios del corazón de la persona donde fue sembrada, y si esta
persona es incrédula, eso puede representar la diferencia entre la vida y
la muerte, lo que equivale a que esa persona pierda la batalla más
importante: la de su alma, y muera en sus pecados en el Juicio Final. Por
eso, es crucial tener bien puesta la coraza de rectitud todo el tiempo, ya
que, como vimos en el artículo anterior, es la pieza de la armadura que
protege nuestro corazón de los ataques enemigos, de lo contrario el
corazón del creyente está expuesto a que el diablo le robe la Palabra de
Dios, que es lo que fortalece toda la coraza, y este ataque acabará
afectando el funcionamiento del resto de la Armadura.
[Jesús dice] “La parábola significa lo siguiente: La semilla es
la palabra de Dios. Las semillas junto al camino son los que
oyen, pero que luego viene el diablo y les quita del corazón
la palabra, para que no crean y se salven.” — Lucas 8:11-
12 (RVC)
Pienso que durante nuestras vidas el Señor nos envía a diferentes
mensajeros Suyos con el mismo mensaje de arrepentimiento, de
acercarnos a Él, y que de esta forma recibimos diferentes semillas a lo
largo de nuestras vidas, sin embargo, no sabemos cuándo se llegue al
límite y se terminen las oportunidades para quienes continúan
rechazando el mensaje.

“El que me rechaza y no recibe Mis palabras, tiene quien lo


juzgue; la palabra que he hablado, esa lo juzgará en el día
final.” — Juan 12:48 (NBLA)
“El que los escucha a ustedes, me escucha a Mí. El que los
rechaza a ustedes, me rechaza a Mí; y el que me rechaza a
Mí, rechaza al que me envió.” — Lucas 10:16 (RVC)
La Coraza de Fe y Amor
En Marcos 12:41-44 Jesús describe cómo la viuda pobre había dado más que todos
los demás.

En 1 Tesalonicenses 5:8, el apóstol Pablo ahora compara la coraza


espiritual de rectitud o justicia con “fe y amor”. Un estudio superficial
podría llevarnos a pensar que son 2 piezas de la armadura diferentes,
pero Pablo ahora nos está explicando que la fe y el amor son las mejores
expresiones resultantes de la rectitud imputada e impartida por Dios. Ya
que la rectitud imputada al creyente para su justificación es “fe
trabajada por amor” (Romanos 4:3, 22-24, Gálatas 5:6). Empieza con la
justificación y continúa con la nueva vida de obediencia del creyente. La
fe y el amor son la rectitud obrando en la vida del creyente. Dios espera
que las obras justas fluyan de nuestras vidas (Ezequiel 18:5-9; Lucas
17:7-10). La fe es la motivación, y el amor mostrado en nuestras
acciones, perfeccionan nuestra rectitud. La fe de Abraham le fue
contada como rectitud (o justicia).
“Pero puesto que nosotros somos del día, seamos
sobrios, habiéndonos puesto la coraza de la fe y del amor, y
por casco la esperanza de la salvación.” — 1
Tesalonicenses 5:8 (NBLA)
“Porque ¿qué dice la Escritura? «Y creyó Abraham a Dios, y
le fue contado por justicia».” — Romanos 4:3 (NBLA)
“Pero el hombre que es justo, y practica el derecho y la
justicia, no come en los santuarios de los montes ni levanta
sus ojos a los ídolos de la casa de Israel. No deshonra a la
mujer de su prójimo, ni se acerca a una mujer durante su
menstruación. Ese hombre no oprime a nadie, sino que
devuelve al deudor su prenda; no comete robo, sino que da
su pan al hambriento y cubre con ropa al desnudo. No
presta dinero a interés ni exige con usura, retrae su mano
de la maldad y hace juicio verdadero entre hombre y
hombre. También anda en Mis estatutos y Mis ordenanzas
obrando fielmente, ese hombre es justo; ciertamente
vivirá», declara el Señor Dios.” — Ezequiel 18:5-9 (NBLA)
La rectitud que es de Dios por fe, es la defensa principal del alma contra
los ataques de Satanás. Nos resguarda de los golpes mortales. Y si
acaso, el enemigo trajera contra nosotros antiguos pecados, a esto
podemos decir que es Dios quien justifica (1 Juan 1:9), por tanto ¿quién
nos puede condenar? Las flechas del maligno no pueden penetrar esta
armadura, ya que:
“Todo el que permanece en Él, no peca. Todo el que peca,
ni lo ha visto ni lo ha conocido. Hijos míos, que nadie los
engañe. El que practica la justicia es justo, así como Él es
justo.” — 1 Juan 3:6-7 (NBLA)
“Porque los ojos del Señor están sobre los justos, y sus
oídos están atentos a sus oraciones. Pero el rostro del Señor
está contra aquellos que hacen el mal.” — 1 Pedro
3:12 (RVA 2015)
Lo completo del perdón por ofensas pasadas y la integridad de carácter,
pertenecen a la vida justificada, y están entrelazadas en una coraza
impenetrable. La rectitud que tenemos ante Dios mediante la fe en
Cristo (Romanos 3:22), es nuestra cubierta, y con ella, estamos seguros
contra todos los ataques del mal (Romanos 8:38-39).
“Esta es la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo
para todos los que creen. Pues no hay distinción”
— Romanos 3:22 (RVA 2015)
“Porque en él la justicia de Dios se descubre de fe en fe.
Como está escrito: Mas el justo vivirá por la fe.”
— Romanos 1:17 (JBS)
La falta de rectitud
Como vimos, dependemos del SEÑOR para alcanzar la victoria en la
batalla espiritual (Proverbios 12:28), pero los creyentes tienen que
participar en la batalla, no limitarse a ser cristianos pasivos que no dan
fruto, o peor aún, tener una falta de rectitud, que los dejará expuestos a
los ataques del enemigo. Imagine a un soldado que está en el ejército,
con el mejor armamento del mundo, y tiene a su disposición las armas
más modernas, la mejor protección en su uniforme, las mejores bombas,
etc., pero que, cuando enfrenta al enemigo, no utiliza nada de su
armamento. Este soldado, con su pasividad, es fácil que sea derrotado, e
inclusive puede llegar a morir (Proverbios 13:6). Lo mismo pasaría con
un soldado que trajera una armadura defectuosa, o con alguna parte del
cuerpo expuesta. El enemigo fácilmente encontraría algún punto débil
para derrotarlo. Como el rey Acab de Israel, quien recibió una herida
mortal con una flecha que se incrustó entre las uniones de su armadura
(1 Reyes 22:34), de forma similar, un cristiano que piense que trae bien
puesta la armadura, puede ser herido si hay un defecto en su carácter,
una falta de rectitud, algún punto de su comportamiento que no está
resguardando, ese sería el punto de vulnerabilidad que el enemigo
buscaría atacar. Si observa, la falta de rectitud, también traducido como
injusticia, es pecado, es maldad, y puede generar una fortificación o
fortaleza espiritual negativa (llamada stronghold en inglés), se
convertiría en una prisión espiritual que puede mantener atrapado a un
creyente, alejado de la voluntad de Dios. Estas prisiones mantienen al
cristiano atrapado en malos comportamientos, como por ejemplo
diferentes adicciones, ya sea a fármacos, o algún otro
químico, alcoholismo, a centros de apuestas, pornografía, videojuegos u
obras infructíferas, avaricia por el dinero, etc.; la tolerancia a estos
hábitos traen consigo aspectos emocionales negativos como el enojo, la
depresión, frustración, preocupación, miedo, falta de motivación,
problemas matrimoniales o en relaciones personales, etc. Observe que
no se trata de personas incrédulas, sino de cristianos creyentes que no
se apegan por completo al estilo de vida que es agradable ante los ojos
del SEÑOR, que se salen en algún aspecto de sus vidas del buen camino.
Se trata de los “cristianos carnales” a los que se refería el apóstol Pablo
(Romanos 6:19; 1 Corintios 3:1-3), cada vez que pecamos actuamos de
forma “carnal”.
“Porque los que viven conforme a la carne, ponen la mente
en las cosas de la carne, pero los que viven conforme al
Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque la mente puesta
en la carne es muerte, pero la mente puesta en el Espíritu
es vida y paz.” — Romanos 8:5-6 (NBLA)
“Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la
carne. (Porque las armas de nuestra milicia no son carnales,
sino poderosas de parte de Dios para la destrucción de
fortalezas)” — 2 Corintios 10:3-4 (JBS)
[Jesús dice] “Velen y oren para que no entren en tentación;
el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil».” — Mateo
26:41 (NBLA)
Cuando éramos incrédulos participábamos en obras de la oscuridad,
vestíamos ropas de oscuridad, y ahora que hemos recibido la salvación
del SEÑOR, Su luz, debemos quitarnos y dejar atrás esas ropas de
oscuridad, esa ropa sucia, y ponernos la armadura de Dios, también
llamada aquí la armadura de luz.

“La noche está muy avanzada y ya se acerca el día. Por


eso, dejemos a un lado las obras de la oscuridad y
pongámonos la armadura de la luz.” — Romanos
13:12 (NVI)
“No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque
¿qué asociación tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué
comunión la luz con las tinieblas?” — 2 Corintios 6:14 (RVR
1977)
La verdadera armadura y armas del creyente, es su comportamiento
cristiano. “Todo lo que es verdadero, todo lo digno, todo lo justo,
todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buena
reputación…” (Filipenses 4:8) estas son piezas de la armadura, y
necesitamos usarlas. La forma de vaciar el corazón de pecado y de la
rectitud carnal, es llenarlo con la rectitud de Jesucristo. La obediencia a
los mandamientos de Dios requiere que nos esforcemos continuamente
(Proverbios 21:3), en un proceso de santificación. Debemos quitarnos las
ropas sucias que aún pudiéramos traer puestas, las acciones de
oscuridad de nuestra antigua naturaleza pecaminosa, y ponernos a
Cristo (Romanos 13:14; Gálatas 3:27). Caminemos de forma santa y
recta para honrar y dar gloria a Dios, y con esto derrotaremos a la carne,
al mundo y a Satanás, gracias a nuestro Señor Jesucristo (Filipenses
1:11).
“Ni presenten los miembros de su cuerpo al pecado como
instrumentos de iniquidad, sino preséntense ustedes
mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y sus
miembros a Dios como instrumentos de justicia.”
— Romanos 6:13 (NBLA)
“En palabra de verdad, en poder de Dios, con armas de
justicia para la mano derecha y para la izquierda” — 2
Corintios 6:7 (RVR 1977)
Toda la existencia de uno depende del resultado de esta batalla
espiritual contra las fuerzas del mal, y en ella sólo se puede triunfar en
el SEÑOR y en el poder de Su fuerza. Dios nos protege con Su armadura,
y hasta ahora hemos visto dos partes: El cinturón de la verdad, con el
que ciñe nuestras cinturas con poder (Salmos 18:32) y con alegría
(Salmos 30:11); y la coraza de rectitud, con la que protege nuestro
corazón cuando caminamos en Sus sendas. Con el favor de Dios, en
nuestro siguiente artículo continuaremos estudiando otra de las piezas
de la Armadura de Dios: El Calzado Evangelizador (Santiago 3:18).
“Pero busquen primero Su reino y Su justicia, y todas estas
cosas les serán añadidas.” — Mateo 6:33 (NBLA)
“Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia,
pues ellos serán saciados.” — Mateo 5:6 (NBLA)

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