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de prioridades, de niveles de análisis, pues en caso contrarios corremos el Desde el fragor del mundo*1
riesgo de caer nuevamente en una trampa: la de la racionalidad exangüe
del orden puramente teórico que se erige en el sentido del mundo y de la
historia, abandonando así la materialidad de las luchas, la existencia real Querido Tula:
de las clases oprimidas.
Un abrazo. Tu invitación a escribir sobre la democracia me sorprendió, pues realmente
carezco de competencia “teórica” sobre el tema; y sin embargo tal vez sea
ésta la razón por la cual te escribo: estoy convencido de que urgentemente
hay que sacar tanto los grandes como los pequeños temas de manos de
los especialistas que nos agobian con un Saber cada día más abstracto y al
mismo tiempo más despótico. No hace falta una exagerada perspicacia
para comprobar que seguimos presos de nuestros mitos, casi me atrevería
a decir que nos hemos convertido en esos mitos. El mito de la Ciencia y
del Saber no son sino variantes del mito de lo general: hablamos en general,
pensamos en general y actuamos en general. ¡Qué síntoma! Síntoma, para
hablar bien, de nuestro “poco de realidad”, y para habar mal, de nuestra
inveterada ignorancia. Si te fijas en Controversia podrás comprobar la
manera en que los temas míticos son tratados como si fueran realidades;
casi sin ningún esfuerzo nos podemos imaginar sentados alrededor de
una mesa junto con los dirigentes peronistas, sindicales o militares, para
discutir en conjunto la “salida” a la actual crisis del país. Pensamos en
un espacio que tiene la consistencia de los espejismos: la economía, la
política, la educación, la democracia, etc., y al ser todo una fantasía nada
nos cuesta convertirnos en interlocutores de quienes tienen realmente la
fuerza y deciden en consecuencia. Como en realidad no sabemos qué pasa
vivimos haciendo variaciones generales sobre los grandes temas generales,
y de golpe ahí estamos, hemos vuelto a ser actores en la cámara cerrada del
texto y podemos armar y desarmar tantas alternativas como nos plazca,
pues entre nuestros proyectos y lo real media un abismo. No podemos
dejar de jugar. Y digo jugar porque lo que corre por los desfiladeros son
nuestros deseos encarnados en las imágenes fantasmagóricas de los sueños.
Me parece que tendríamos que hacer un esfuerzo por pensar este tema
de la “democracia” dejando de lado a los griegos, a Hegel, Marx, Max
Weber, etc.; en otras palabras, tratando de situarnos mucho más abajo,
en lo que alguna vez alguien llamó el “fragor del mundo”, el mundo −por
supuesto− que somos nosotros mismos.
Ante todo sería bueno que comenzáramos sincerándonos, reco-
nociendo que si algo ha caracterizado la historia de la “izquierda” es su
* “Desde el fragor del mundo”, en revista Controversia, Nº 9-10, México D. F., México, diciembre
de 1980. [N. del E.]
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profunda y constante falta de democracia. Todos sabemos que detrás de (y conste que no me refiero al sentido heideggeriano de la palabra, sino
la palabra “democracia” se oculta una carnicería: tanto la llamada “demo- a algo mucho más simple) y nos pasamos la vida “explicando”, “bajando
cracia burguesa” como la “democracia proletaria” han hecho de la violencia línea”, como mandarines ensoberbecidos. El Saber, la Ciencia, la Erudición
y la masacre su hábitat. No quiero insistir aquí sobre Lenin, Trotski, Stalin (libros y más libros) son nuestra fortaleza. Lo queramos o no somos sacer-
y tutti quanti, quienes pusieron en práctica una “democracia” que hoy dotes del poder; los “enviados” a redimir al pueblo, a darles conciencia
culmina en los “manicomios socialistas”, para no hablar de los “campos”, “revolucionaria”, conocimiento, estrategia, táctica, etc. ¿Y la democracia?
las torturas y las ejecuciones de los rusos en Hungría-Checoslovaquia- Quizás podría ser definida como la forma pacífica de situarnos a nosotros
Afganistán, de los chinos en Vietnam, los vietnamitas en Camboya y de los mismos en el vértice para después comenzar a firmar decretos o cortar
camboyanos en sí mismos. ¡Una suerte de infierno dantesco a la enésima cabezas según como vaya la cosa. ¿Pesimismo? Es posible, pero basta mirar
potencia! Pero como tenemos una conciencia con la piel bastante dura nos un poco más de cerca estas historias nuestras para comprender que se trata
desentendemos más o menos rápidamente del asunto afirmando que noso- de un simple realismo, incluso de la más baja estofa.
tros somos otra cosa. No obstante me permito dudar de nuestra particula- Es casi seguro que aquí aparecerá alguien con buen criterio como para
ridad democrática. Si analizamos las estructuras y las prácticas de nuestras decirme que si ya no es posible luchar por la democracia: ¿qué podemos
organizaciones de izquierda, ya se llamen PC, Montoneros, ERP, PCR o hacer? Podemos luchar por la democracia así como podemos luchar para
cualquiera de las tantas siglas que andan dando vueltas por ahí, no puede que se reflote la Atlántida. No seamos cínicos: ¡todos somos demócratas a
dejar de corrernos un “frío por la espalda” −como decía Robert Paris− si muerte! Ningún “demócrata” puede oponerse a que la gente hable, piense
los imaginamos en el poder (digo de las organizaciones de “izquierda”, lo que se le ocurra, escriba lo que piensa, etc. De lo que no estoy total-
dejando de lado al peronismo, pues éste siempre hizo gala de su estructura mente seguro es que todos los “demócratas” acepten de manera irrestricta
“verticalista” y de la preponderancia absoluta del “líder”). el derecho a la homosexualidad, a la marihuana o al LSD, el derecho al
Lo que Gramsci decía respecto de que toda organización actual prefi- nomadismo y a la vagancia. De lo que se trata es de retrotraer el problema,
gura el futuro, no sólo es cierto sino que está por debajo de lo que sucede y ante todo reconocerle su calidad de problema subjetivo (algún amigo
realmente, pues en realidad toda organización se realiza endiosada, elevada puede decir que esto es “sospechoso”, y a lo mejor es cierto, pero la verdad
al Absoluto. Basta mirar la URSS o China para ver lo que nos espera desde el es que desde este punto de vista todos nuestros discursos y nuestras formas
punto de vista de lo que hasta hoy ha sido la “democracia” de izquierda. de vida son sospechosas, ¿o nos exime de cualquier sospecha el acto de
Por otra parte: ¿es posible ignorar que vivimos de la falta real de demo- hablar?); entiendo aquí por subjetivo lo opuesto a lo general, al fuerte
cracia? Dicho de otra manera: si hubiera democracia perderíamos todo, o despotismo de la Teoría, la que apenas se articula se vuelve depredadora,
casi todo. Por eso el pueblo desconfía de nosotros. Y conste que no estoy se viste inmediatamente de “comisario del pueblo”.
hablando de que mintamos o ejerzamos la duplicidad conscientemente: Los marxistas italianos nos han acostumbrado a distinguir dos etapas
nuestro deseo de democracia para hablar, escribir, reunirnos, votar es políticas fundamentales en la Europa de nuestro siglo: la anterior y la
auténtico; pero el pueblo, me refiero al común de la gente, duda de que posterior a la crisis de los años treinta. En la primera campeaba el leni-
en realidad queramos o podamos desprendernos de los beneficios que nos nismo tratando de constituir, frente a un Estado que supuestamente habría
rinde la no-democracia (me refiero, por supuesto, a la división del trabajo condensado en sí lo político (en esto no creo, pero no me voy a detener
y a lo que Marx llamó “plusvalor”). Alguien me podrá decir que “así son aquí), una suerte de contra-Estado que repetía linealmente las “cualidades
las cosas”, y por supuesto que tendrá razón; pero es precisamente este ser del Estado” en su verticalismo, en su autoritarismo, vinculado a lo que
así de las cosas el que funda nuestra sociabilidad, nuestros estilos de socia- se llamó la “ciencia de la revolución”, etc.: el partido. Pero he aquí que a
bilidad, los que objetivamente viven de una exacerbada división del trabajo partir de los años treinta el Estado habría abandonado su forma de “polí-
que es esencialmente antidemocrática. tica concentrada”, la vieja fantasía para bobos de la llamada “autonomía de
Además somos profundamente déspotas, en muchas y principales lo político”, para difundirse desde lo alto en numerosos y precisos puntos
cosas. Nuestro presunto Saber alcanza proporciones gigantescas: sabemos del tejido social: lo que Gramsci llamó las “casamatas”. No obstante la
todo y de todo; y por esto hemos perdido la capacidad de ver y de escuchar importancia del reconocimiento, la respuesta al cambio sufrido por el
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Estado fue especular: se mantuvo la idea de partido, pero ahora se le exigió ellas nuestras vidas. Y como no faltarán quienes me traten de utópico, me
que tuviese en cuenta las “casamatas” del Estado hundidas en la “sociedad permito remitirlos a todos quienes diariamente y ante nuestros ojos ponen
civil” (la escuela, la familia, los manicomios, etc.). en juego su vida para vivir.
A mi juicio todo esto ya pasó; ya fuera correcto o incorrecto el análisis Dos últimas cosas Tula: por una parte nos veo a nosotros, los llamados
(pienso que fue incorrecto en cuanto a la respuesta organizativa que siguió intelectuales de izquierda, metidos cada vez más en el bajo mundo de la
manteniendo la instancia partido como en la época anterior) tengo casi la burguesía, ansiosos por ser reconocidos en las “comunidades” de sabios e
certeza de que todo eso duerme el sueño de los justos (y si no basta mirar investigadores burgueses, para así satisfacer nuestro inveterado narcisismo
la impotencia del Partido Comunista Italiano frente a los muchachos que y la materialidad de nuestras aspiraciones, convertidos en investigadores de
en las ciudades “rojas” se pasean por las calles fumando la mota o vestidos historia, sociología o lo que sea (¿para qué mierda sirven las investigaciones,
de niñas, o que hacen el amor en los paseos públicos). ¿Por qué? Porque lo me querés decir, si no es para cambiar un poco la vida tautológica de los
político está en vías de extinción, al menos como se lo ha concebido hasta investigadores?); y por otra parte veo “el desierto que crece”, no sólo obreros
ahora; ya no es determinado desde lo alto ni está fijo en puntos sociales y campesinos paupérrimos, sino locos, drogadictos, putos, hippies, alco-
preestablecidos, sino que más bien surge de todas partes, y esto le da un hólicos, todos hundidos en sus “territorios desfondados” sin importarles
carácter inédito: primero, porque no busca significación en una genera- nada la teoría, ni la marxista ni ninguna, ni la ciencia ni el arte, viviendo
lidad o trascendencia, vale decir que tiene un carácter absoluto que no realmente en otro mundo que no puede dejar de intranquilizarnos (¿o acaso
depende de ninguna “organización revolucionaria” (el movimiento femi- no estamos apegados a la seguridad, la tranquilidad y la calma?).
nista o de lucha por el medio ambiente, para no referirme a los enfermos No quiero sólo reconocer el Apocalipsis, que ya está aquí; pero si
mentales, a los presos, etc., no necesitan ni aceptan someterse a un poder, deseamos hallar lo habitable, que tal vez no hallaremos nunca, es preciso
cualquiera sea, que se encuentre fuera y por sobre ellos); segundo, porque comenzar dando los primeros pasos como los niños, y los primeros gritos
pone en crisis al partido volviéndolo imposible como lugar donde se deci- (como hizo Artaud, que de esto supo bastante) de un lenguaje que aún
diría el “sentido” de esos movimientos. no existe.
Nos encontramos pues frente a una democracia en acto, una demo- Lo lamento, viejo amigo, pero así me parece que están las cosas; los
cracia invisible para una óptica de partido o que se proponga como partido. discursos sobre la democracia, incluido el mío, no sirven para nada (salvo
Y hay que tener en cuenta, además, que estos fenómenos no dependen para el autoconsumo de las capillas). Y si alguien saca como conclusión de
de los teóricos ni de los políticos, pues son espontáneos y en cualquier este texto que tengo mala conciencia me daré por bien pagado; efectivamente,
momento se diluyen regresando a la vida vegetativa que es, en última la tengo; y me pregunto: ¿cómo no tenerla, en un mundo donde la derecha y
instancia, la que les permite sobrevivir: estiran y recogen sus seudópodos la “izquierda” compiten en el manejo del más siniestro despotismo?
atados sólo al deseo de cada uno. Y en este terreno de nada sirven los
discursos de los “políticos” (discursos por lo común cínicos, pues niegan sus Oscar
propios deseos, y despóticos, pues quieren que todos vivan como normas
sus propias frustraciones), ya que se trata de movimientos intersticiales, de
pliegues, de lugares que, como recuerda Paul Klee, son “inaprensibles en
su inmanencia”. Este pensar desde abajo implica la necesidad de conver-
tirnos a nosotros mismos en sujetos democráticos de hecho, de abandonar
los innobles sueños del “poder” y participar en las fuerzas que surgen
desde lo social sin dejarse aprisionar en ninguna organización, en ningún
proyecto y ninguna Teoría: la libertad y la democracia son una necesidad
aquí y ahora y no un sueño para las calendas griegas. Entender las cosas
obvias, como ser que la criatura más miserable y despojada es absoluta, o
que entre un pigmeo y A. Einstein no existe ninguna diferencia, y ajustar a