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Resumen de Geografía

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Resumen de Geografía – Ruffi

Paul Spicker - Definiciones De Pobreza: Doce grupos De


significados (concepto de pobreza PDF)
Introducción
Spicker comienza argumentando que el concepto de pobreza no tiene un único significado, sino
que está compuesto por una familia de significados. De acuerdo con el enfoque de
Wittgenstein, la pobreza, como muchas otras palabras, adquiere diversos significados según su
uso en diferentes contextos. Estos significados no tienen necesariamente un “núcleo esencial”, sino
que están relacionados por semejanzas familiares. Esto se traduce en una serie de grupos de
significados, donde las características de un tipo de pobreza no siempre aplican a otros.

Spicker critica el formalismo académico que busca definir la pobreza con un núcleo común, y
señala que este enfoque ignora la complejidad del término. En su lugar, ofrece doce definiciones
específicas de la pobreza, cada una de las cuales aborda un aspecto particular.

1. Pobreza como un concepto material


Este primer grupo de definiciones ve la pobreza como una carencia de bienes o servicios
necesarios. Vic George define la pobreza en términos de un núcleo de necesidades básicas
(como comida, vestido y vivienda), mientras que Baratz y Grigsby amplían esta visión al incluir el
bienestar físico y mental. A pesar de que estas perspectivas parecen contradecirse, ambas
coinciden en que la pobreza implica una carencia, aunque difieren en su origen.

Un enfoque importante es que la pobreza no se limita a una única privación, sino que está
compuesta por un patrón de privaciones a lo largo del tiempo. Esta visión es respaldada por
estudios como “Voces de los pobres”, patrocinado por el Banco Mundial, que menciona una “red de
privaciones” que afecta a las personas a lo largo de sus vidas.

2. Limitación de recursos
La pobreza también puede ser vista como una limitación de recursos. Esto implica que las
personas no tienen los medios necesarios para adquirir lo que necesitan. La ONU define la pobreza
como la condición de privación severa de necesidades humanas básicas, que incluye la
alimentación, el acceso a agua potable, servicios sanitarios, entre otros. Es importante señalar que
esta definición no se centra exclusivamente en el ingreso monetario, sino también en el acceso a
servicios esenciales.

3. Pobreza como situación económica


Uno de los enfoques más utilizados es el de la pobreza como falta de ingresos. Aquí, la pobreza
se mide en términos de un nivel de vida por debajo de un estándar establecido. Según la
Organización Internacional del Trabajo (OIT), las personas y familias son consideradas pobres
cuando su nivel de vida, medido en términos de ingresos o consumo, está por debajo de un
estándar específico. Este enfoque se encuentra muy presente en estudios como el del Banco
Mundial, que utiliza líneas de pobreza internacionales basadas en cifras arbitrarias como uno o
dos dólares diarios.

4. Desigualdad
La pobreza también puede ser entendida en términos de desigualdad. Según O’Higgins y Jenkins,
la pobreza está vinculada a la desventaja económica en comparación con otros en la sociedad.
Este enfoque, aunque útil para comprender las disparidades sociales, tiene limitaciones. Spicker
señala que no toda desigualdad implica pobreza, ya que no siempre hay una relación directa
entre la desigualdad económica y la pobreza en sí misma.
5. Posición económica
El concepto de clase social también está relacionado con la pobreza. En este contexto, la pobreza
se asocia con una posición económica en la sociedad. Según Miliband, los pobres forman parte
de la clase trabajadora, y la pobreza está estrechamente vinculada a la desigualdad de clases.
En la perspectiva weberiana, las clases se refieren a diferentes categorías económicas, y la
pobreza se ve como una clase distinguida por la exclusión o la dependencia económica.

6. Condiciones sociales
El concepto de clase social también se relaciona con las condiciones sociales de los pobres.
Aquí, la pobreza se asocia con la dependencia de asistencia social y con la exclusión
estructural de la participación en la sociedad. Según George Simmel, la pobreza en términos
sociológicos no se refiere solo a bajos ingresos, sino a aquellos que dependen de la asistencia para
subsistir. Esta dependencia, aunque poco explorada en las ciencias sociales, es un tema relevante
en la cultura popular y en los medios.

7. Carencia de seguridad básica


Otra perspectiva importante es la carencia de seguridad básica, definida como la incapacidad
para satisfacer necesidades fundamentales de forma sostenida. Wresinski define la pobreza como
una situación en la que las personas carecen de los recursos básicos para asumir
responsabilidades y disfrutar de sus derechos fundamentales. Esta privación no solo afecta las
condiciones actuales, sino también las oportunidades futuras.

8. Ausencia de titularidades
Amartya Sen argumenta que la pobreza no es simplemente una cuestión de carencia de bienes,
sino de ausencia de titularidades. Según Sen, la falta de acceso a alimentos o vivienda no se
debe a su inexistencia, sino a la incapacidad de las personas para adquirirlos. Esta definición pone
énfasis en el concepto de derechos y en la importancia de tener acceso a recursos y
oportunidades en lugar de simplemente medir la carencia material.

9. Exclusión
La exclusión social ha sido un concepto predominante en las discusiones sobre pobreza en
Europa. La pobreza se ve como una forma de exclusión de la vida social normal, no solo en
términos de ingresos, sino también en aspectos como la salud, la educación y el acceso a
servicios. La Comunidad Europea define la pobreza como la exclusión resultante de la limitación
de recursos materiales, culturales y sociales.

10. Pobreza como un juicio moral


Finalmente, la pobreza también puede ser entendida como un juicio moral. Esto significa que se
considera a las personas pobres cuando sus condiciones materiales son moralmente
inaceptables. Según Piachaud, la pobreza implica un juicio moral y un imperativo de que se
debe hacer algo al respecto. Este enfoque resalta que la pobreza no es solo una condición material,
sino una cuestión de normas sociales y valores compartidos.

Conclusión
La pobreza es un concepto compuesto y multidimensional que abarca una amplia gama de
significados. Estas definiciones no son mutuamente excluyentes, y pueden aplicarse
simultáneamente a diferentes aspectos de la vida de las personas. Según Alcock, la tarea principal
es entender cómo estas diferentes visiones de la pobreza se superponen y se relacionan entre sí, y
cuáles son las implicaciones de los diferentes enfoques.

El método de las Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI


PDF)
El método de las Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI) surge en el marco de las políticas
de cooperación internacional de los años setenta, ampliando el concepto de pobreza desde una
visión de subsistencia hacia un enfoque multidimensional. En lugar de enfocarse únicamente en
aspectos económicos, este método considera un conjunto más amplio de satisfactores que
incluyen tanto necesidades biológicas básicas como el acceso a servicios como agua potable,
educación y salud.

El NBI se ubica dentro de las metodologías que adoptan una visión absoluta de la pobreza,
midiendo de forma directa las condiciones de vida a través de indicadores censales que reflejan
la satisfacción o insatisfacción de necesidades fundamentales en los hogares. Esta visión permite la
construcción de “mapas de pobreza” que identifican geográficamente las carencias,
aprovechando la capacidad de desagregación que proporciona la información censal. De esta
manera, el NBI permite una identificación directa de los pobres más allá de los ingresos,
mostrando privaciones específicas que afectan a los hogares.

El INDEC define como pobre a un hogar por NBI si presenta al menos una de las siguientes
carencias:
• NBI1: Vivienda inadecuada (inquilinato, vivienda precaria u otra).
• NBI2: Viviendas sin cuarto de baño.
• NBI3: Hacinamiento crítico (más de tres personas por cuarto).
• NBI4: Hogares con niños en edad escolar (6-12 años) que no asisten a la escuela.
• NBI5: Hogares con alta dependencia económica (cuatro o más personas por miembro
ocupado y el jefe de hogar con bajo nivel educativo).

Aplicación en América Latina


El método NBI fue utilizado por primera vez en América Latina a través de los “mapas de
pobreza extrema” elaborados en Chile en los años 70, que midieron condiciones de vivienda,
hacinamiento y otros factores. Sin embargo, la primera gran aplicación del método NBI en la región
fue llevada a cabo por el INDEC en Argentina con la asesoría de la CEPAL y Oscar Altimir.
Utilizando los datos del Censo de Población de 1980, se identificaron y caracterizaron hogares
pobres desagregados por provincias, departamentos, tamaño de localidades y distritos, con los
resultados publicados en “La pobreza en Argentina” (1984). Esta metodología se replicó en el
Censo de 1991 en el informe “Perfil de los hogares y de la población con NBI” (1996).

A partir de esta experiencia en Argentina, el método fue adoptado por otros países como
Colombia y Uruguay. En Colombia, el enfoque se basó en la experiencia argentina, mientras que
en Uruguay se aplicó en colaboración con la CEPAL y Rubén Katzman, utilizando datos del Censo
de Población y Vivienda (1988).

Ventajas del método NBI


Durante las décadas de los 80 y 90, se realizaron importantes avances teóricos y metodológicos en
la medición de la pobreza, destacando varias ventajas del método NBI:
1. Es una herramienta clave para la formulación y gestión de políticas sociales
(Giusti, 1988).
2. Permite la desagregación geográfica de los niveles socioeconómicos (Boltvinik,
1990).
3. Es altamente eficiente en su aplicación por su simple administración y bajo costo, ya
que se basa en los censos de población (Katzman, 1996).
4. Utiliza el hogar como unidad de análisis, lo que permite conocer mejor las
características de los hogares pobres en comparación con otros hogares (Álvarez, 2002).
5. Facilita la comparabilidad espacial e histórica, utilizando indicadores basados en
censos (Katzman, 1995).

Críticas y limitaciones del método NBI


A pesar de sus ventajas, el NBI ha recibido varias críticas, entre las que destacan:
• La sobrerrepresentación de las carencias habitacionales en la medición de la
pobreza (Giusti, 1988; INDEC, 1995), lo que sesga los resultados hacia estas privaciones.
• Los censos limitan la selección de indicadores, lo que restringe la capacidad del
método para reflejar todas las dimensiones de la pobreza (Boltvinik, 1990).
• El número de pobres identificados depende de la cantidad de indicadores utilizados, lo
que afecta la precisión del método (Boltvinik, 1992).
• La selección de indicadores está generalmente reducida a bienes básicos (como
vivienda) y servicios públicos (agua corriente), dejando de lado otras necesidades como salud,
educación y transporte.
• No refleja la pauperización social que ha afectado a la población en décadas
recientes, debido al carácter estructural de las carencias identificadas y a la insuficiente
consideración de los ingresos (Beccaria y Minujín, 1985; Katzman, 1996).
• El NBI trata la pobreza como un fenómeno homogéneo, sin diferenciar grados de
satisfacción de necesidades ni reconocer matices entre pobres y no pobres (INDEC, 1995).
• Al basarse en datos censales, la periodicidad de los censos plantea problemas para
análisis actualizados y continuos.

Propuestas de mejora y nuevas metodologías


Debido a las críticas recibidas, se han propuesto modificaciones al método NBI, como la
adaptación de sus indicadores (INE, 1994) y la consideración de nuevas dimensiones de pobreza
(Katzman, 1996). En Argentina, el INDEC ha reconocido estas limitaciones y ha optado por dos
enfoques complementarios a partir del Censo de 2001: mantener el NBI para permitir la
comparabilidad histórica, y desarrollar una nueva metodología, el Índice de Privación
Material de los Hogares (IPMH), que busca superar las deficiencias del enfoque tradicional.

La medicion de la pobreza y la indigencia en Argentina –


INDEC (Linea de pobreza y indigencia PDF)
Introducción
El INDEC reanudó en 2016 la elaboración y difusión de los indicadores de pobreza e indigencia
en Argentina, con el objetivo de recuperar la calidad de las estadísticas nacionales. Los primeros
resultados de esta nueva etapa, basados en las metodologías de Línea de Pobreza (LP) y Línea
de Indigencia (LI), fueron publicados en informes a partir de septiembre de ese mismo año.

El documento profundiza en aspectos conceptuales y metodológicos que incluyen el uso de


Encuestas de Gastos de los Hogares (ENGHo) y sus implicancias en la determinación de las
canastas que permiten cuantificar estos fenómenos.<

Concepto de Pobreza e Indigencia


La metodología utilizada por el INDEC se basa en un enfoque de medición indirecta, conocido
como el método de “línea”. En este, la Línea de Indigencia (LI) evalúa si los hogares tienen
ingresos suficientes para cubrir una Canasta Básica Alimentaria (CBA), que satisface los
mínimos requerimientos nutricionales. Los hogares que no alcanzan este umbral se consideran
indigentes.

Por otro lado, la Línea de Pobreza (LP) se obtiene al sumar a la CBA el costo de otros bienes y
servicios no alimentarios, conformando así la Canasta Básica Total (CBT). De esta manera, la
pobreza se evalúa comparando los ingresos del hogar con el valor de la CBT.

Avances Metodológicos Adoptados en 2016


El INDEC realizó varios avances en 2016 para actualizar las canastas utilizadas. Entre ellos se
encuentran:

• Incorporación de las CBA regionales, basadas en los hábitos de consumo específicos


de cada región, y no solo del Gran Buenos Aires.
• Actualización del Coeficiente de Engel (CdE), que es la relación entre los gastos
alimentarios y los gastos totales. Esta actualización se realizó tomando como base la ENGHo
2004/05.
Este cambio permite reflejar mejor los patrones de consumo alimentario y no alimentario de la
población. Para calcular la CBT, se multiplica el valor de la CBA por la inversa del CdE (ICE),
ajustando los gastos de alimentos con otros bienes y servicios.

Línea de Indigencia (LI)


La Canasta Básica Alimentaria (CBA) es el conjunto de alimentos que satisface los
requerimientos nutricionales mínimos, y se valoriza según los precios del Índice de Precios al
Consumidor (IPC). El contenido de la CBA varía entre regiones para reflejar las diferencias en el
consumo alimentario.

Desde 2016, se ha adoptado una metodología que utiliza precios medios regionales, calculados
a partir del IPC de cada región. Las líneas de indigencia se determinan para cada región, haciendo
que las mediciones sean más precisas y específicas.

Línea de Pobreza (LP)


La Canasta Básica Total (CBT) incluye tanto los gastos alimentarios como los no alimentarios,
como vestimenta, transporte, educación, salud, entre otros. Para calcularla, se usa el Coeficiente
de Engel, que permite ajustar el gasto total según los cambios en los precios relativos de los
alimentos.

Los resultados indican que, con el tiempo, el gasto en alimentos ha disminuido en comparación con
otros gastos. Por ejemplo, la participación del gasto en transporte y vivienda ha aumentado, lo
que se refleja en la ENGHo. Esta disminución en el gasto alimentario ha incrementado la diferencia
entre la Línea de Indigencia y la Línea de Pobreza.

Actualización Metodológica y Efectos


La actualización de la metodología implicó cambios importantes en la CBT y en el cálculo del ICE
para cada región. Esto permitió una mejor adaptación de las líneas de pobreza a las realidades
regionales.

El INDEC calculó que la actualización metodológica llevó a un incremento promedio del 32% en el
valor de la CBT para el año 2006, mientras que la CBA aumentó un 9,9%. Esto se traduce en un
impacto significativo en los resultados de pobreza e indigencia.

Incidencia de la Pobreza y la Indigencia


La actualización metodológica tuvo efectos sobre la medición de la pobreza y la indigencia. Para
2006, la proporción de personas consideradas pobres aumentó en 11,6 puntos porcentuales en
comparación con las mediciones anteriores, debido a los cambios en los patrones de consumo. Por
otro lado, la incidencia de la indigencia subió un promedio de 1,8 puntos porcentuales.

Síntesis de la Estrategia de Medición Adoptada


El documento concluye destacando los principales avances metodológicos:
• Incorporación de CBA regionales.
• Valorización de la CBA con precios medios.
• Uso de ICE específicos para cada región.

Estos cambios mejoran la precisión en la medición de la pobreza e indigencia en Argentina,


reflejando mejor las realidades socioeconómicas de cada región y los cambios en los hábitos de
consumo.
Indicadores de privación en los hogares en base a datos
censales – Direccion de Estadistica (IPMH PDF)
Introducción
Existen múltiples enfoques metodológicos para medir la pobreza. El Banco Mundial, por ejemplo,
incorpora no solo la privación material, sino también el bajo nivel educativo, la falta de acceso a
la salud y los datos de consumo de encuestas a hogares. Estos últimos reflejan mejor el bienestar
a largo plazo que solo medir los ingresos.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) usa el método del
ingreso basado en la línea de pobreza, que se calcula con el costo de una canasta básica de
alimentos que cubre las necesidades nutricionales. Además, incluye una estimación de los
recursos necesarios para cubrir las necesidades no alimentarias, como vestimenta y vivienda. En
este contexto, la indigencia es definida como pobreza extrema, donde los ingresos del hogar no
son suficientes ni para cubrir las necesidades alimentarias básicas.

La Organización de Naciones Unidas (ONU) mide la pobreza desde una perspectiva de


desarrollo humano, considerando tres indicadores clave: esperanza de vida, nivel educativo
e ingreso (medido por el Producto Bruto Interno per cápita). Estos indicadores, junto con aspectos
como los derechos humanos y el crecimiento económico, se utilizan para calcular el Índice de
Desarrollo Humano (IDH). En esta perspectiva, la pobreza es vista como la privación de
opciones esenciales, como vivir una vida larga y saludable, disfrutar de una buena calidad de
vida, y hacerlo en libertad.

Limitaciones de la Metodología de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI)


En América Latina, las primeras mediciones de pobreza con datos censales se realizaron con la
metodología de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI), introducida en Argentina en el
Censo de 1980. Sin embargo, con la aparición de nuevas formas de pobreza en la década de
1990, esta metodología comenzó a mostrar limitaciones:
• Carácter dicotómico: Los hogares son clasificados como pobres o no pobres, sin
matices.
• Considera la pobreza como un fenómeno homogéneo.
• Solo dos de los cinco indicadores utilizados (vivienda y condiciones sanitarias) son
aplicables a todos los hogares. Los otros indicadores requieren una estructura mínima del hogar
para ser medidos.

Entre los indicadores del NBI se encuentran:


1. NBI-Hacinamiento: Hogares con más de tres personas por cuarto.
2. NBI-Viviendas: Hogares que viven en viviendas inadecuadas.
3. NBI-Retrete: Hogares sin retrete adecuado.
4. NBI-Escolaridad: Hogares con niños en edad escolar (6-12 años) que no asisten a la
escuela.
5. NBI-Subsistencia: Hogares con cuatro o más personas por miembro ocupado, donde
el jefe de hogar tiene bajo nivel educativo.

Estas limitaciones del método NBI excluyen a algunos hogares que podrían considerarse pobres,
pero que no cumplen con los criterios específicos.

Índice de Privación Material de los Hogares (IPMH)


En 2001, el INDEC introdujo el Índice de Privación Material de los Hogares (IPMH), basado
en datos del Censo Nacional de Población, Familia y Hogares. Este índice permite identificar
diferentes tipos de pobreza y distinguir su intensidad y gravedad. Además, muestra si la pobreza
en una región es homogénea o heterogénea.

El IPMH identifica formas de pobreza más estructurales o permanentes, relacionadas con bienes
duraderos que requieren ahorro prolongado (privación patrimonial), y formas de privación de
recursos corrientes, que son más variables y están ligadas a fluctuaciones económicas o
laborales.

Las categorías del IPMH son:


1. Hogares sin privación.
2. Hogares con privación solo de recursos corrientes.
3. Hogares con privación patrimonial (carencia estructural).
4. Hogares con privación convergente (privación de recursos corrientes y
patrimonial).

Los hogares con privación patrimonial son aquellos que habitan en viviendas con piso de
tierra, techos inadecuados (chapa, fibrocemento, cartón, etc.), o que carecen de inodoro con
descarga de agua. Los hogares con privación de recursos corrientes se identifican mediante
un indicador que relaciona los años de educación formal aprobados por los ocupados, jubilados o
pensionados, con la cantidad de miembros del hogar.

Conclusión
El IPMH se constituye en una herramienta importante para medir la pobreza multidimensional
en Argentina, superando las limitaciones del enfoque de NBI al permitir captar la diversidad de
situaciones de privación que afectan a los hogares. Al considerar tanto las privaciones
estructurales como las fluctuaciones económicas, proporciona una visión más completa y
detallada de la pobreza en distintas áreas geográficas, lo que resulta crucial para el diseño de
políticas sociales más efectivas.

Gabriel Kessler – Desigualdad (Kessler WORD)


Contexto de la Desigualdad en Argentina
Según datos oficiales del primer semestre de 2020, 4 de cada 10 argentinos vivían en situación
de pobreza, y de estas personas, una se encontraba en condiciones de indigencia. Esta realidad
muestra una brecha significativa de ingresos: el promedio de ingresos entre el decil 1 (los más
pobres) y el decil 10 (los más ricos) era 21 veces mayor. Sin embargo, esta cifra no refleja la
realidad completa, ya que ni los grupos más pobres ni las élites más concentradas son capturadas
completamente por las encuestas regulares.

Con la pandemia de Covid-19, la situación se agravó, incrementando las brechas sociales y


evidenciando las limitaciones de los índices tradicionales como los de Gini, Atkinson o Kuznets.
Estas medidas no logran capturar la complejidad y la urgencia de la desigualdad en Argentina y la
región.

La Producción Social de la Desigualdad


Kessler argumenta que la pobreza y la desigualdad no son accidentes ni simples distorsiones
económicas. Ambas son producciones sociales, resultado de cómo las sociedades estructuran
sus instituciones y narrativas. Esto implica que la desigualdad se construye tanto a nivel material
como simbólico, y está directamente vinculada a cómo los gobiernos y las instituciones públicas
abordan la cuestión social.

A pesar de los intentos de algunos sectores neoliberales de minimizar el problema de la


desigualdad, existe un consenso técnico e intelectual en América Latina que identifica a la
desigualdad social como uno de los mayores obstáculos para el desarrollo humano
sostenible.

Impacto de la Desigualdad en la Vida Cotidiana


La desigualdad en Argentina tiene múltiples facetas, afectando desde el acceso a la vivienda
hasta la educación y la salud. Por ejemplo, 3 de cada 10 personas viven en asentamientos
precarios o viviendas sociales, mientras que 4 de cada 10 no tienen acceso a cloacas, y entre 1 y
2 de cada 10 carecen de acceso a agua potable. Estas carencias están geográficamente
concentradas, lo que crea una brecha en el acceso a derechos básicos.

La educación también refleja las desigualdades. Aunque la escolaridad es obligatoria en Argentina


desde el siglo XIX, no todos asisten a las mismas escuelas. Las familias de mayores recursos
inscriben a sus hijos en escuelas privadas, mientras que las familias de bajos ingresos suelen
enviar a sus hijos a escuelas públicas de menor prestigio. Además, la jornada escolar también es
desigual, ya que las familias más acomodadas suelen optar por la doble jornada para sus hijos,
lo que incrementa las oportunidades educativas.

Las diferencias en la disponibilidad de tiempo también evidencian la desigualdad. Las personas


de clase baja dedican más tiempo a tareas del hogar y al desplazamiento, mientras que las clases
media y alta pueden comprar tiempo contratando servicio doméstico. Esta brecha se refleja en la
salud: los sectores empobrecidos dedican menos tiempo a actividades recreativas y de cuidado
personal.

Desigualdad y Salud
La salud es otra dimensión afectada por la desigualdad. Mientras que 9 de cada 10 personas de
clase alta tienen cobertura médica, 6 de cada 10 pobres no tienen acceso a servicios de salud.
Aunque todos pueden enfermarse, los pobres dependen de hospitales públicos, lo que implica
largas esperas y menor acceso a controles preventivos. La desigualdad en salud es más visible
en el contexto de la pandemia de Covid-19, donde la mortalidad ha sido mayor entre los sectores
más pobres debido a la prevalencia de enfermedades como la hipertensión y la diabetes.

La Discriminación como Factor de Desigualdad


Kessler también aborda la relación entre desigualdad y discriminación. Los sectores pobres no
solo enfrentan discriminación por su nivel socioeconómico, sino también por su sexo, edad u
orientación sexual. La discriminación institucional, como los abusos de autoridad y las
humillaciones por parte de las fuerzas de seguridad, es una realidad cotidiana para las personas
más vulnerables.

El Hambre y la Pobreza en Argentina


El documento refuta la idea de que el hambre no existe en Argentina. Aunque los medios tienden a
asociar el hambre con zonas remotas o con otras regiones del mundo, Kessler destaca que 1 de
cada 6 familias de bajos ingresos en Argentina experimenta inseguridad alimentaria, y en
algunas de estas familias los niños han pasado un día entero sin comer por falta de recursos.

La pobreza extrema en Argentina tiene un rostro muy visible, y afecta de manera desigual a las
diferentes generaciones dentro de una misma familia. Los adultos suelen ser los primeros en
reducir su ingesta de alimentos, priorizando a los niños. Sin embargo, cuando las condiciones
son extremas, incluso los niños terminan sufriendo las consecuencias del hambre.

Políticas contra la Desigualdad


El gobierno ha implementado políticas orientadas a combatir la pobreza infantil, como la
Asignación Universal por Hijo (AUH), que se convirtió en una herramienta clave para reducir la
indigencia entre niños y adolescentes. Sin embargo, su capacidad para reducir la pobreza
general ha sido limitada por problemas de financiamiento y ajustes insuficientes en el monto de
las transferencias. Entre 2016 y 2018, la AUH perdió el 25% de su poder de compra, afectando
gravemente a las familias beneficiarias.

Obstáculos y Desafíos
Uno de los mayores desafíos para reducir la desigualdad en Argentina es la estructura
impositiva regresiva. A pesar de los intentos por mejorar la distribución de ingresos, la carga
fiscal sigue afectando desproporcionadamente a los sectores de menores ingresos, mientras que
las élites económicas, que concentran gran parte de la riqueza, continúan beneficiándose del
sesgo regresivo del sistema tributario.
Otro desafío es el mercado de la tierra. La alta concentración de la propiedad agraria y la
expansión de los agronegocios ha dejado a campesinos y pueblos originarios sin acceso a la tierra,
agravando la desigualdad en las zonas rurales.

Conclusión
Gabriel Kessler subraya que la desigualdad en Argentina no es solo una cuestión de ingresos, sino
de acceso desigual a derechos fundamentales como la salud, la educación y la vivienda. Las
políticas de transferencias han tenido un impacto positivo, pero son insuficientes si no se
acompañan de cambios estructurales más profundos. La redistribución del poder es clave para
superar la desigualdad, y esto requiere un enfoque integral que incluya reformas impositivas y una
regulación más equitativa del acceso a los recursos, como la tierra.

1% ¿alcanza con combatir a los super ricos? – Mariana


Heredia (Heredia PDF)
Heredia analiza en profundidad el concepto del “1%” como símbolo de la desigualdad global y su
uso en el debate social, económico y político contemporáneo. Desde la obra de Thomas Piketty,
que resurgió la discusión sobre la concentración de la riqueza, hasta movimientos como Occupy
Wall Street, el “1%” se ha convertido en una categoría que representa a los súper ricos y el
poder que ejercen sobre el resto de la sociedad. Este término ha servido para simplificar el análisis
de las desigualdades, generando una polarización entre el “1%” y el “99%”, pero presenta ciertas
limitaciones que Mariana Heredia subraya en su texto.

Heredia explora los orígenes del 1% en los estudios de Piketty, quien, en su análisis de la riqueza y
las desigualdades, distingue entre los “perceptores de altos ingresos” (ubicados en el 1%) y
las “clases medias altas”. Piketty argumenta que la concentración de la riqueza en el 1% se
debe a que los rendimientos del capital tienden a crecer más rápidamente que los ingresos
derivados del trabajo, una dinámica que él describe con la fórmula r > g (el rendimiento del capital
es mayor que el crecimiento económico). Esta tendencia perpetúa la riqueza heredada y amplía las
brechas de desigualdad.

El análisis de Heredia destaca que, a pesar de la popularización del “1%” como un marcador de
los súper ricos, este enfoque tiene limitaciones. Según la autora, el uso excesivo del “1%” como
símbolo puede llevar a una simplificación extrema de las desigualdades, ignorando factores como
las trayectorias de vida de los ricos, la complejidad de sus fortunas y las diversas formas en
que ejercen poder. La heterogeneidad dentro del “1%” es significativa: algunos individuos
transforman industrias enteras (como Jeff Bezos con Amazon), mientras que otros heredan su
riqueza sin un papel activo en la economía.

Además, el enfoque en el “1%” tiende a eclipsar otros aspectos críticos de la desigualdad. Por
ejemplo, Heredia señala que hay poco consenso sobre dónde trazar la línea para determinar
quién pertenece al “1%” en diferentes contextos nacionales. En Argentina, el “1%” podría incluir
tanto a los súper ricos como a los sectores de altos ingresos que, aunque no están en la cúspide, se
benefician considerablemente del sistema económico.

Heredia también examina las deficiencias de los datos que sustentan el análisis del “1%”. La
información sobre los ricos proviene de fuentes heterogéneas y, a menudo, opacas, como los datos
fiscales, bancarios o informes de revistas como Forbes, que no capturan la totalidad de la riqueza
escondida en paraísos fiscales. Esta falta de transparencia hace que sea difícil comprender
plenamente el impacto del “1%” en las economías nacionales.

El documento también aborda las implicaciones de concentrarse exclusivamente en el “1%”. Según


Heredia, esta obsesión puede llevar a una “pereza intelectual”, donde se evita un análisis más
profundo y matizado de las desigualdades, y se cae en un discurso moralizador que simplifica las
soluciones a problemas complejos. En lugar de enfocarse solo en gravar a los súper ricos, Heredia
sugiere que se deben fortalecer las instituciones públicas, promover la justicia fiscal, y crear
mecanismos para reducir la impunidad de las élites económicas.
En conclusión, aunque el concepto del “1%” ha sido útil para llamar la atención sobre la
desigualdad, Heredia argumenta que es crucial no perder de vista la complejidad estructural
de las desigualdades sociales y económicas. La solución no radica únicamente en redistribuir la
riqueza de los más ricos, sino en crear un sistema más equitativo y eficiente, que ataque las raíces
profundas de la inequidad y fortalezca las instituciones públicas.

Segregación residencial en la región metropolitana de


Buenos Aires - Suárez, Ana Lourdes (SRSE RMBA PDF)
El texto aborda la segregación residencial en la Región Metropolitana de Buenos Aires
(RMBA), planteando que este fenómeno profundiza las desigualdades socioeconómicas y debilita
la cohesión social. El estudio, realizado por Ana Lourdes Suárez, expone cómo la distribución
desigual del espacio urbano contribuye a la concentración de la pobreza y a la falta de integración
de ciertos territorios en la estructura urbana, lo que reduce el acceso a servicios, infraestructuras y
oportunidades laborales y educativas.

La segregación residencial es descrita como la separación de grupos sociales en el espacio


urbano, lo cual agrava la pobreza y perpetúa la exclusión. Esta segregación tiene dos dimensiones
principales: por un lado, la concentración territorial de la pobreza, donde los hogares pobres
se agrupan en zonas con pocos recursos y posibilidades de mejorar; por otro, la inadecuada
integración de estas áreas a la trama urbana, lo que limita su acceso a los bienes y servicios de la
ciudad.

Uno de los factores que ha intensificado esta segregación es el crecimiento de los barrios
cerrados, que reflejan una lógica de autosegregación por parte de los sectores de altos ingresos.
Paralelamente, los sectores más pobres, excluidos del mercado inmobiliario formal, se ven
obligados a asentarse en villas y asentamientos precarios. Estos dos extremos, los barrios
cerrados y las villas, son los polos que caracterizan la fragmentación socioespacial de la RMBA.
La autora menciona que las políticas urbanas implementadas en las últimas décadas no han
logrado frenar este proceso.

El mercado inmobiliario ha jugado un rol central en esta dinámica, especialmente desde los años
90, cuando la especulación inmobiliaria promovió un modelo de desarrollo urbano que favoreció
a los sectores de mayores ingresos, a menudo en detrimento de los más pobres. Las
urbanizaciones cerradas no solo representan un espacio físico segregado, sino que también
consolidan una separación social, alimentando un sentimiento de intolerancia hacia los problemas
de la ciudad abierta.

La falta de accesibilidad y conectividad en los territorios segregados agrava la situación. Zonas


alejadas de los centros urbanos y con malas conexiones de transporte limitan las posibilidades de
acceso al trabajo y a servicios esenciales como la educación y la salud. Esta falta de conectividad
genera un desajuste entre los lugares de residencia y los lugares de trabajo, conocido como
mismatch, lo que incrementa los costos y tiempos de desplazamiento, dificultando la inserción
laboral de las poblaciones más vulnerables.

Una de las consecuencias más perniciosas de la segregación urbana es el debilitamiento del


capital social en las comunidades pobres. Al vivir en entornos homogéneos y aislados, los
residentes de estos barrios ven reducidas sus oportunidades de interactuar con personas que
puedan ofrecerles recursos valiosos, como empleos o información. Este aislamiento social
contribuye a la reproducción de la pobreza, ya que los habitantes de estas zonas no pueden
acceder a los mismos canales de movilidad social que los de áreas más integradas.

El estudio de Suárez se basa en tres metodologías para medir la segregación en la RMBA: la


evolución de los polos de segregación (villas y barrios cerrados), el grado de conectividad de los
hogares con la trama urbana, y el análisis de índices de segregación como el de disimilitud y el
de aislamiento. Estos índices permiten cuantificar la distribución desigual de los grupos sociales
en el espacio urbano y el grado de contacto que los distintos grupos tienen entre sí.

Los resultados indican que la segregación territorial en Buenos Aires no ha disminuido


significativamente desde los años 90, y que las disparidades en el acceso a servicios básicos
como la salud y la educación persisten. En particular, la segregación por acceso a la cobertura de
salud ha aumentado, reflejando el impacto negativo del empleo precario sobre los sectores más
vulnerables. Asimismo, el tipo de vivienda es otro factor clave que incide en la segregación, ya
que los hogares más pobres tienden a concentrarse en áreas con viviendas deficitarias.

La autora concluye que la segregación residencial tiene efectos profundamente negativos sobre el
bienestar social, ya que refuerza las desigualdades y dificulta la inclusión urbana de los sectores
más desfavorecidos. Si bien se han implementado políticas habitacionales desde 2003, estas no
han logrado detener el avance de la segregación, lo que perpetúa la pobreza y la exclusión.

En conclusión, el estudio de Suárez revela que la segregación residencial en Buenos Aires es un


fenómeno complejo que está profundamente arraigado en las dinámicas económicas y sociales de
la ciudad. Para revertir esta tendencia, es necesario adoptar políticas más integrales que aborden
tanto la inclusión social como la equidad en el acceso a los servicios urbanos, garantizando
que todos los ciudadanos tengan las mismas oportunidades de mejorar sus condiciones de vida.

Segregación residencial socioeconómica: ¿qué es?, ¿cómo se


mide?, ¿qué está pasando?, ¿importa? - Jorge Rodríguez
Vignoli – (Rodríguez Vignoli solo inciso 2 PDF)
El capítulo 2 del documento aborda el concepto de segregación residencial, partiendo de una
revisión de definiciones anteriores y luego proponiendo una nueva forma de entender este
fenómeno. Se presenta una diferenciación entre dos formas de segregación: social y geográfica.
La segregación social implica la ausencia de interacción entre grupos sociales, mientras que la
segregación geográfica refiere a la distribución desigual de dichos grupos en el espacio físico.
Aunque estas formas no siempre están correlacionadas, suelen estar conectadas en la práctica.

En el contexto de la segregación residencial, los estudios anglosajones, particularmente en


Estados Unidos, han estado históricamente centrados en la segregación racial. Sin embargo, en
América Latina, la atención se ha enfocado más en las relaciones territoriales entre estratos
socioeconómicos. Sabatini (1999) destaca que, en esta región, la segregación residencial se ha
convertido casi en sinónimo de polarización social o exclusión, lo que lleva a perder de vista su
componente espacial.

Se definen tres dimensiones principales de la segregación residencial según Sabatini:


1. La tendencia de un grupo a concentrarse en ciertas áreas.
2. La formación de áreas homogéneas socialmente.
3. La percepción subjetiva de las dimensiones objetivas anteriores.

Estas dimensiones se pueden superponer, pero también es útil diferenciarlas. La primera se refiere
a la concentración espacial de un grupo, independientemente de la presencia de otros grupos en
el área. La segunda se refiere a la falta de mezcla social en ciertas áreas, lo que puede dificultar la
interacción entre grupos.

La escala de análisis es crucial en el estudio de la segregación, ya que dependiendo de si se


observa una zona a nivel general o más detalladamente, la percepción de segregación puede
cambiar. La misma área puede parecer segregada a nivel macro pero no a nivel micro, o viceversa.
Esto lleva a una discusión sobre el papel de la homogeneidad interna y la heterogeneidad
entre áreas.

Otro punto clave es la relación entre segregación espacial y distancia física. Aunque la
distancia no siempre se menciona en las definiciones tradicionales, es relevante para entender
cómo se manifiesta la segregación en términos de separación entre grupos. La distancia puede ser
física, pero también social o cultural. Se introducen ejemplos visuales para ilustrar cómo la
segregación puede variar dependiendo de la escala en que se analice.

Finalmente, se propone una definición operativa de segregación residencial basada en la


localización de las unidades sociodemográficas en el territorio. La segregación residencial sería
la proporción de la variación de un atributo social que se explica por la ubicación de los individuos
o familias dentro de un espacio urbano.

Este enfoque de la segregación socioeconómica es particularmente adecuado para el estudio de


ciudades en América Latina, donde las diferencias socioeconómicas tienden a expresarse de
manera clara en el espacio urbano.

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