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La Sumisa

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F. M.

DOSTOYEVSKI

La sumisa
Relato fantástico

Traducción del ruso


de Juan Luis Abollado
Título de la edición original: Кроткая
Traducción del ruso: Juan Luis Abollado

Publicado por
Galaxia Gutenberg, S.L.
Av. Diagonal, 361, 2.º 1.ª
08037-Barcelona
[email protected]
www.galaxiagutenberg.com

Primera edición: octubre de 2022

© de la traducción: herederos de Juan Luis Abollado, 2022


© Galaxia Gutenberg, S.L., 2022

Preimpresión: Maria Garcia


Impresión y encuadernación: Romanyà-Valls
Pl. Verdaguer, 1 Capellades-Barcelona
Depósito legal: B 12855-2022
ISBN: 978-84-19075-78-9

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública


o transformación de esta obra sólo puede realizarse con la autorización
de sus titulares, aparte de las excepciones previstas por la ley.
Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos)
si necesita fotocopiar o escanear fragmentos de esta obra
(www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 45)
Aclaración preliminar

Pido a los lectores me disculpen si esta vez


les ofrezco sólo un relato breve en lugar del
«Diario» en su forma habitual. Pero este
trabajo me ha absorbido en realidad gran
parte del mes. En todo caso, les ruego sean
condescendientes.
Aplico al relato el nombre de «fantásti-
co» a pesar de considerarlo real en alto gra-
do. Sin embargo, algo hay verdaderamente
fantástico en su forma, y considero necesa-
rio aclararlo previamente.
El caso es que no se trata ni de un relato ni
de unas memorias. Imagínense a un marido
que tiene ante sí, sobre la mesa, a su esposa,
la cual se ha suicidado arrojándose por la
ventana. El marido se encuentra aún aturdi-
do, todavía no ha tenido tiempo de concen-
7
trarse. Va y viene por las habitaciones de su
casa esforzándose por hacerse cargo de lo
ocurrido, por «fijar su pensamiento en un
punto». Además, es un hipocondríaco empe-
dernido, de los que hablan con ellos mismos.
También en ese momento está hablando
solo, cuenta lo sucedido, se lo aclara. A pesar
de la aparente trabazón de su discurso, se
contradice varias veces a sí mismo, tanto por
lo que respecta a la lógica como a los senti-
mientos. Se justifica, la acusa a ella y se sume
en explicaciones tangenciales en las que
la vulgaridad de ideas y afectos se junta a la
hondura de pensamiento. Poco a poco va
aclarando lo ocurrido y concentrando «los
pensamientos en un punto». Varios de los re-
cuerdos evocados le llevan por fin a la ver-
dad, la cual, quiera o no, eleva su entendi-
miento y su corazón. Al final cambia incluso
el tono del relato, si se compara con el desor-
den del comienzo. El desdichado descubre la
verdad bastante clara y de perfiles concretos,
por lo menos para sí mismo.
Este es el tema. Claro, el desarrollo del
relato dura varias horas, con desviaciones e
interferencias, y de manera confusa, pues
8
ese hombre a veces se habla a sí mismo y
otras parece que se dirige a un oyente invisi-
ble, a un juez. Así ocurre siempre en la reali-
dad. Si fuera posible oírle y hacer que un
taquígrafo anotara sus palabras, el relato
obtenido sería algo más deshilvanado que el
mío, algo menos acabado; pero, según lo
que se me alcanza, la ordenación psicológi-
ca sería, quizá, la misma. Llamo «fantásti-
co» al presente relato precisamente porque
presupongo la existencia de un taquígrafo
que lo anota todo (después yo retoco lo es-
crito). Reiteradamente artificios semejan-
tes se han admitido en la literatura. Victor
Hugo, por ejemplo, en su obra maestra El
último día de un condenado a muerte, re-
curre casi al mismo procedimiento, y si bien
no presenta a ningún taquígrafo, admite un
hecho todavía más inverosímil al suponer
que el condenado a muerte puede escribir
sus memorias (y tiene tiempo para ello) no
sólo durante su último día, sino incluso du-
rante la última hora y, literalmente, durante
sus últimos minutos. Pero sin haber admiti-
do semejante fantasía, no existiría la obra,
la más real y veraz de cuantas ha escrito.
9

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