Palacios Macal, Melinton Denilson.
201643085
Martínez Claudio, Elías Misael. 201542685
Gómez Morales, Kevin Iván. 201543714
Morales García, Velveth Blandina. 201642559
Pérez Felipe, Sergio Antonio 201641774
Sociología, grupo #1.
31 de Octubre de 2017
LAS DOCTRINAS DEL DERECHO NATURAL SEGÚN
MONTESQUIU
Son muchos las doctrinas éticas y jurídicas que hacen referencia al derecho natural en todo
tiempo, fundamentalmente, porque los autores del periodo XIX que se consideran
pertenecientes a la escuela del derecho se hallan lejos de formar un conjunto orgánico,
presentando fuertes diferencias. Son estas diferencias las que enriquecen el pensamiento
político y social de este periodo. El derecho natural es un derecho superior y anterior al
hombre o al derecho civil. Este derecho natural es un derecho que tuvo como espacio un
estado natural; también lo consideran algunos autores como un derecho divino, emanado
por un ser superior. Las doctrinas del derecho natural tuvieron por objeto determinar que
existía un derecho. El derecho natural es generalmente una forma autoritaria y dogmática
de señalar la existencia de un derecho superior e inmodificable, derivado de Dios, de la
naturaleza o del hombre, mientras la sociología del derecho pretende demostrar
experimentalmente lo que de variable y mutable tiene el orden jurídico y su inserción en el
sistema de control social.
MONTESQUIEU
Charles Louis de Secondat, Señor de la Brède y Barón de Montesquieu, fue un cronista y
pensador político francés que vivió durante la llamada Ilustración. (1689-1775) En sus
viajes por Italia, Países Bajos e Inglaterra, por este último país concibió sus ideas políticas e
histórico-jurídicas, cuya expresión y sistematización culminó en su "Espíritu de las Leyes".
Montesquieu ataca el problema de la ley en sus aspectos natural e histórico, demostrando
que lo natural y lo positivo no son forzosamente contradictorios en la legislación sino
correlativos. Es uno de los filósofos y ensayistas ilustrados más relevantes en especial por
la articulación de la teoría de la separación de poderes, que se da por descontada en los
debates modernos sobre los gobiernos y ha sido introducida en muchas constituciones a lo
largo del mundo. Su pensamiento es enmarcado dentro del espíritu crítico de la Ilustración
francesa, patente en rasgos como la tolerancia religiosa, la aspiración de libertad y su
concepto de la felicidad en el sentido cívico. Afirma que la ley es lo más importante del
Estado. Montesquieu también era tenido en alta estima en las colonias británicas en
América como un campeón de la libertad británica (aunque no de la independencia
Norteamericana). Luego de la Revolución estadounidense, las obras de Montesquieu
continuaron ejerciendo una poderosa influencia en muchos de los pensadores y fundadores
de los Estados Unidos, particularmente James Madison de Virginia, uno de los padres de la
Constitución. La filosofía de Montesquieu en el sentido que debe establecerse un gobierno
de forma tal que ningún hombre tenga miedo de otro fueron un recordatorio para Madison y
otros que un cimiento libre y estable para su nuevo gobierno nacional requería de poderes
separados claramente definidos y balanceados
Charles-Louis de Secondat, barón de Montesquieu nació en Burdeos, Francia en 1689, fue
pensador y filósofo ilustrado que creía firmemente en la teoría de la separación de poderes,
se diferenció de otros escritores de la época por su búsqueda concreta y no abstracta, lo que,
lo ha definido como uno de los mayores representantes de la ideología política occidental a
través de la historia.
Montesquieu fue quien planteó una dura crítica a las costumbres y forma de vida de los
franceses, crea una tesis sociológica y defiende que los acontecimientos del hombre no son
obra del azar, sino obra de causas determinadas.
Montesquieu sostenía que las leyes de la naturaleza, llamadas así porque derivan
únicamente de la constitución de nuestro ser. Para conocerlas bien, hay que considerar a un
hombre antes del establecimiento de las sociedades. En dicho estado, las leyes que se
reciben son las de la naturaleza. En su estado natural, el hombre, tendría la facultad de
conocer y sus primeras ideas no serían especulativas. Pensaría en la conservación. Un
hombre así, sólo sería consciente de su debilidad y su timidez ante un mundo desconocido.
En estas condiciones cada uno se sentiría inferior a los demás o igual, de modo que nadie
tendría razones para atacar a los otros. Y es así como la paz se convertiría en la primera ley
natural. Su debilidad abriría el paso a sus necesidades y de esa manera nacería otra ley
natural. El temor, el placer, la atracción, el conocimiento, constituiría la tercera ley natural.
Y el deseo de vivir en sociedad es la cuarta ley natural.
El estado de naturaleza, según Montesquieu, es regido por leyes naturaleza impuestas por
Dios. Todos los seres humanos están ligados a las siguientes leyes naturales:
1. Reconocimiento del creador.
2. Búsqueda de alimento.
3. Atracción hacia los semejantes (sobre todo al sexo opuesto). De esta ley surge la
última ley que es provocada por el sentimiento que es:
4. El deseo de permanecer juntos.
Al comenzar a vivir en sociedad termina la igualdad del estado de naturaleza y comienza el
estado de guerra entre los hombres. Surge la necesidad de crear leyes positivas para regular
los hechos y así se forma el derecho de gentes que se da entre los pueblos; derecho político,
que es la relación entre gobernantes y gobernados, y el derecho civil que reglamenta la
relación entre los particulares.
Existe la división de poderes en:
Poder legislativo: promulga y deroga leyes.
Poder judicial: castiga los delitos y resuelve conflictos entre particulares.
El poder ejecutivo declara la guerra, la paz, aplica leyes y mantiene el orden.
Montesquieu clasifica los gobiernos de acuerdo al clima, al número de habitantes, la
religión, las costumbres, la historia, la dimensión territorial, etcétera. Así Montesquieu
describe tres formas de gobierno fundamentales:
1. Republicano: Que es en el que el pueblo tiene todo el poder soberano.
2. Monárquico: Donde gobierna un Rey pero con sujeción a leyes.
3. Despótico: En donde el poder reside en una sola persona. Todo se rige según su
voluntad y no tiene sujeción a leyes.
El objetivo del pensamiento político de Montesquieu, expresado en el Espíritu de las leyes,
es elaborar una física de las sociedades humanas. Su modelo, tanto en contenido como
metodología, está más en la línea de lo experimental que lo especulativo. Adopta el análisis
histórico, basado en la comparación; arranca de los hechos, observando sus variaciones
para extraer de ellas leyes.
En esta obra se nos ofrece, además de la descripción de las idiosincrasias nacionales, las
diversas formas de gobierno y sus fundamentos, así como los condicionantes históricos e,
incluso, climáticos de éstos, elaboró un novedoso enfoque de las leyes, los hechos sociales
y la política: se desane la clásica oposición entre las tesis iusnaturalistas y escépticas, que
atribuían el fundamento de las leyes a la arbitrariedad de los legisladores: consideraba más
bien que las leyes proceden de relaciones necesarias derivadas de la naturaleza de las cosas
y las relaciones sociales, de forma que no sólo se opuso a la separación entre ley natural y
ley positiva sino que consideraba que son complementarias.
Cada pueblo tiene las formas de gobierno y las leyes que son propias a su idiosincrasia y
trayectoria histórica, y no existe un único baremo desde el cual juzgar la bondad o maldad
de sus corpus legislativos. A cada forma de gobierno le corresponden determinadas leyes,
pero tanto éstas como aquéllas están determinadas por factores objetivos tales como el
clima y las peculiaridades geográficas que, según él, intervienen tanto como los
condicionantes históricos en la formación de las leyes. No obstante, teniendo en cuenta
dichos factores, se puede tomar el conjunto del corpus legislativo y las formas de gobierno
como indicadores de los grados de libertad a los que ha llegado un determinado pueblo.
La filosofía política se transmuta en una filosofía moral cuando establece un ideal político
que defiende es el de la consecución de la máxima libertad aunada a la necesaria autoridad
política; rechaza abiertamente las formas de gobierno despóticas. Pero para garantizarla al
máximo, Montesquieu considera que es imprescindible la separación de poderes. Muy
influenciado por Locke, desarrolla la concepción liberalista de éste, y además de considerar
la necesidad de separar el poder ejecutivo del poder legislativo, piensa que también es
preciso separar el poder judicial. Esta separación de los tres poderes ha sido asumida y
aplicada por todos los gobiernos democráticos posteriores.
Capítulo 1. De las leyes en general.
Las leyes en su más extenso significado, son las relaciones necesarias que se derivan de la
naturaleza de las cosas; y, en este sentido, todos los seres tienen sus leyes: la divinidad el
mundo material las inteligencias superiores al hombre los brutos, los hombres. Estas reglas
son un relación establecida constantemente cada diversidad es uniformidad; cada cambio es
constancia.
El hombre como ser físico, lo mismo que los demás cuerpos, está gobernado por leyes
invariables. Como ser inteligente, viola sin cesar las leyes que ha establecido Dios, y varía
las que ha establecido él mismo; hace falta que se conduzca y, sin embargo, es un ser
limitado; está sujeto a la ignorancia y al error, como todas las inteligencias finitas; incluso
pierde los débiles conocimientos que posee. Como criatura sensible se encuentra sometido
a mil pasiones; semejante ser podía olvidar a Dios en todo instante. Dios se lo recuerda por
las leyes de la religión; semejante ser podía olvidarse en todo instante de sí mismo; los
filósofos le han recordado por las leyes de la moral: hecho para vivir en sociedad podía
olvidar a los demás; los legisladores le han hecho entrar en sus deberes por las leyes
políticas y civiles.
Capítulo 2. De las leyes de la naturaleza.
Anteriores a todas estas leyes son las leyes de la naturaleza, llamadas así porque derivan
únicamente de la constitución de nuestro ser. Para conocerlas bien, hay que considerar a un
hombre antes del establecimiento de las sociedades. En semejante estado, las leyes que
reciben serán las de la naturaleza.
La ley que imprimiendo en nosotros la idea de un creador nos lleva hacia él es la primera
por su importancia pero no por el orden. El hombre en su estado natural tendría la facultad
de conocer, pero no conocimientos. Es claro que sus primeras ideas no serían ideas
especulativas. Pensaría en la conservación Un hombre así sólo sería consciente, al principio
de su debilidad; su timidez sería extremada. En estas condiciones cada uno se sentiría
inferior a los demás o, todo lo más, igual, de modo que nadie intentaría atacar a otro. La paz
sería, pues, la primera ley natural.
Al sentimiento de su debilidad uniría el sentimiento de sus necesidades, y, así, otra ley
natural sería la que le inspirase la búsqueda de alimentos. el temor el placer la atracción el
conocimiento constituiría la tercera. Y el deseo de vivir en sociedad es la cuarta ley natural.
Capítulo 3. De las leyes positivas.
Tan pronto como los hombres se hallan en sociedad, pierden el sentimiento de su debilidad;
cesa la igualdad que existía entre ellos, y comienza el estado de guerra.
Cada sociedad particular llega a sentir su fuerza, lo que produce un estado de guerra de
nación a nación. Los particulares, en cada sociedad, comienzan a sentir su fuerza; buscan
volver a su favor las principales ventajas de esta sociedad, lo que constituye entre ellos un
estado de guerra.
Estas dos clases de estados de guerra establecen las leyes entre los hombres. Considerados
habitantes de tan gran planeta, en el que es necesario que haya diversos pueblos, tienen
leyes en las relaciones que estos pueblos tienen entre sí; y es el Derecho de gentes.
Considerado como viviendo en una sociedad que debe ser mantenida, tiene leyes en las
relaciones que tienen los que gobiernan con los gobernados; y es el Derecho político. Las
tienen también en las relaciones que todos los ciudadanos tienen entre sí; y es el Derecho
civil. Una sociedad no podría subsistir sin un gobierno. La reunión de todas las fuerzas
particulares forma lo que se llama un Estado político.
Las fuerzas particulares no pueden reunirse sin que se reúnan todas las voluntades. La
reunión de estas voluntades es lo que se llama estado civil.
La ley, en general, es la razón humana en cuanto gobierna a todos los pueblos de la tierra;
las leyes políticas y civiles de cada nación no deben ser más que los casos particulares a los
que se aplica la razón humana. Por ello, dichas leyes deben ser adecuadas al pueblo para el
que fueron dictadas Deben adaptarse a los caracteres físicos del país, al clima a la calidad
del terreno, a su situación, a su tamaño, al género de vida Deben adaptarse al grado de
libertad que permita la constitución, a la región inclinaciones riqueza costumbres maneras.
El equilibrio político: división de poderes.
En cada Estado hay tres clases de poderes: el legislativo, el de las cosas pertenecientes al
derecho de gentes, y el ejecutivo de las que pertenecen al civil.Por el primero, el príncipe o
magistrado hace las leyes para cierto tiempo o para siempre, y corrige o deroga las que
están hechas.
Por el segundo, hace la paz o la guerra, envía o recibe embajadores, establece la seguridad
y previene las invasiones; y por el tercero, castiga los crímenes o decide las contiendas de
los particulares. Este último se llamará poder judicial; y el otro simplemente poder
ejecutivo del Estado.
La libertad política, en un ciudadano, es la tranquilidad de espíritu que proviene de la
opinión que cada uno tiene de su seguridad; y para que se goce de ella, es preciso que sea
tal el gobierno que ningún ciudadano tenga motivo de temer a otro.
Cuando los poderes legislativo y ejecutivo se hallan reunidos en una misma persona
entonces no hay libertad, porque es de temer que hagan leyes tiránicas para ejecutarlas del
mismo modo.
Así sucede también cuando el poder judicial no está separado del poder legislativo y
ejecutivo. Estando unido al primero, el imperio sobre la vida y la libertad de los ciudadanos
sería arbitrario, por ser uno mismo el juez y el legislador y, estando unido al segundo, sería
tiránico, por cuanto gozaría el juez de la fuerza misma que un agresor.
En estado en que un hombre solo o una corporación administrasen los tres poderes todo se
perdería enteramente.
El poder judicial no debe confiarse a un senado permanente y sí a personas elegidas entre el
pueblo en determinadas épocas del año, de modo prescrito por las leyes, para formar un
tribunal que dure solamente el tiempo que requiera la necesidad.
De este modo el poder de juzgar, tan terrible en manos del hombre, no estando sujeto a una
clase determinada, ni perteneciente exclusivamente a una profesión se hace, por decirlo así,
nulo e invisible. Y como los jueces no están presentes de continuo, lo que se teme es la
magistratura y no se teme a los magistrados.
Y es necesario también que en las grandes acusaciones el criminal, unido con la ley, pueda
elegir sus jueces, o cuando menos recusar un número tan grande de ellos que los que resten
se consideren elegidos por él.
Sobre la libertad.
No hay palabra que haya recibido significados más diferentes y que haya impresionado más
a los espíritus de tantas maneras como la de la libertad. Los uno la han tomado por la
libertad de deponer a aquel al que habían dado un poder tiránico; los otros, por la facultad
de elegir aquel a quien debían obedecer; otros, por el derecho a estar armados y a poder
ejercer la violencia; aquéllos, por el privilegio de no ser gobernados más que por un hombre
de su nación o por sus propias leyes. Algunos han unido ese nombre a una forma de
gobierno y lo han excluido de los otros. En fin, cada uno ha llamado libertad al gobierno
que era más conforme con sus costumbres y sus inclinaciones; y como, en una república, no
siempre se tiene ante los ojos y de una manera tan presente los instrumentos de los males
que se deploran, y también las leyes parecen hablar más y los ejecutores de la ley hablar
menos, se les pone ordinariamente en las repúblicas y se la excluye de las monarquías. En
fin, como en las democracias el pueblo parece hacer poco más o menos lo que quiere, se ha
puesto la libertad en ese tipo de gobierno y se ha confundido el poder del pueblo con la
libertad del pueblo.
Es cierto que en las democracias el pueblo parece hacer lo que quiere; pero la libertad
política no consiste en hacer lo que se quiera. En un Estado, es decir, en una sociedad en la
que haya leyes, la libertad no puede consistir más que en poder hacer lo que se debe querer
y no verse obligado a hacer aquello que no se debe querer.
Hay que entender claramente lo que es la independencia y lo que es la libertad. La libertad
es el derecho de hacer lo que las leyes permiten; y si un ciudadano pudiera hacer lo que
prohíben, ya no habría libertad, porque los otros tendrían ese mismo poder.
La democracia y la aristocracia no son estados libres de por sí. La libertad política no se
halla más que en los gobiernos moderados cuando no se abusa de su poder; pero es una
experiencia eterna que todo hombre que tiene poder se ve inclinado a abusar de él; y así lo
hace hasta que encuentra algún límite. ¿Quién lo diría? Hasta la virtud necesita límites.
Para que no se pueda abusar del poder, es preciso que, por la disposición de las cosas, el
poder detenga al poder.
CONCLUSION.
El derecho natural es un derecho que existe por el simple hecho de la naturaleza de la
sociedad y de la evolución de la misma, con el paso del tiempo se han seguido las mismas
normas naturales que se originaron en los inicios de la sociedad, sin embargo siempre han
sufrido modificaciones para adaptarlas en la actualidad, por ejemplo en la antigüedad
siempre existía un jefe de la tribu y en nuestra actualidad lo conocemos como presidente o
gobernante.