Berstein, Serge. La Cultura Politica
Berstein, Serge. La Cultura Politica
STOHTA CULTURAL
¡.
;
Orientación bibliográfica
Sobre la Revolución
Bernarcl Delochc y Jean-Michel Leniaud, La Culture des sans-
culottes, Pa!Ís-Montpellier, Presses du Languecloc, 1989. Hablar de cultura política es, desde muchos puntos de vista
Édouard Pommier, T Art de la libe11é, París, Gallimarcl, 1991. situarse en un terreno de componentes antagonistas. La histo-
ria cultural cuya fortuna es considerable desde hace algunos
Sobre el Panthéon en el siglo XIX años se sitúa en el corazón ele esa renovación profunda del
Barry Bcrgdoll, "La Panthéon/Sainte Gcnevieve au XIX" siecle. estudio ele las sociedades humanas, a partir de la convergen-
La monumentalité a l'épreuve des révolutions idéologiques", cia de las ciencias sociales en el que la Escuela ele los Annales
Le Pantbéon, symbole des révolutions, Pa!Ís, Caisse Nationale mostró el camino. Referirse a lo político es trabajar en un te-
eles Monuments Historiques, 1989, pp. 175-233. rreno sobre el cual los profetas de esta misma escuela arroja-
ron el anatema al caricaturizarlo, antes que algunos de sus
Sobre la tumba de Napoléon miembros lo ilustraran magníficamente. 1 Así, la evocación de
Micha el Paul Driskell, As Befits a Legend. Building a Tomb for la cultura política se inserta en la renovación de la historia
Napoleon, 1840-1861, Kent, Kent State University Press, política, llevada a cabo bajo la inspiración ele René Rémoncl y
Ohio-Lonclres, 1993. de la cual la Universidad de Pa!Ís-X-Nanterre y cllnstituto de
Estudios Políticos ele París fueron los lugares elegidos.' De
Sobre Saint-Denis en el siglo XIX hecho, el fenómeno ele la cultura política apareció -en el
Jean-Michel Leniaucl, Saint-Denis aux XIXe et xxe siecles, Pa- marco ele la investigación que hacen los historiadores ele lo
rís, Gallimarcl, 1995.
político, ele la explicación ele los comportamientos políticos
durante la historia- y ofreció una respuesta más satisfactoria
Sobre la política del patrimonio que todas las que se habían propuesto hasta entonces, se tra-
Fran<;oise Choay, L Allégorie du pa!rimoine, París, Le Seuil,
1992.
jean-Michel Leniaud, L 'Utopiefranr;aise, essai sur le Patrimoine, 1
Pensamos en particular en los trabajos de Fran~ois Furet sobre la Revolución
París, Menges, 1992. francesa o, más recientemente, sobre el comunismo, o en los de Marc Ferro
sobre Rusia o la Pfimera Guerra Mundial.
2
Encontraremos una exposición de las graneles líneas de esa renovación en
la obra colectiva publicada bajo la dirección de René Rémond, Pour une
bistoire politique, París, Le Seuil, 1988.
[3881
1389]
LA CL'LTlj!\A l'OÚTICA
t-ar~1. de la tesis 111arxista ele una explicación detern1inista dada su enfoque:í El objetivo era mostrar que la cultura política
por la sociología, de la tesis idealista por la adhesión a una constituía un conjunto coherente cuyos elen1entos están en
doctrina política o de las múltiples tesis avanzadas por los so- relación estrecha unos con otros y que pcnniten definir una
ciólogos del comportamiento, incluidos los psicoanalistas. Es forma de identidad del individuo que se asume como tal. Aun-
forzoso constatar que el historiador, al aplicar a situaciones q_ue el conjunto es hotnogéneo, los con1ponentes son diver-
políticas precisas esos patrones de análisis, se ve dirigido a sos y clese1nbocan en una visión dclrnundo con1partida, en la
concluir que éstas no le pern1iten considerar, salvo de n1ancra cual entran en simbiosis un subsuelo filosófico o doctrinal, la
parcial, fenómenos complejos que intenta comprender. y si la maymia de las veces expresado en forma de una vulgata acce-
cultura política responde Inejor a su espera, es precisan1ente sible a muchos, una lectura común y normativa del pasado
porque no es una llave 1naestra, .sino un fcnóincno de múlti- histórico que connota, positiva o negativamente, los grandes
~les parárnetro.s que no conduce a una explicación unívoca, periodos del pasado, una visión institucional que traduce en
smo que permite adaptarse a lo complejo de los comporta- el plano de las organizaciones políticas del Estado los datos
n1ientos hlllnanos. filosóficos o históricos anteriores, una concepción de la socie-
dad ideal tal y como la ven los poseedores de esta cultura y,
para expresar el todo, un discurso codificado en el cual el
¿Qué es la cultura política? vocabulario empleado, las palabras clave, las fórmulas
repetitivas contienen significado, rnientras que ritos y sín1bo-
Puesto que la noción es compleja, su definición no puede ser los desempeñan en el nivel del gesto y de la representación
simple. Podemos admitir con ]can-Pra11<;ois Sirinelli, que se visual el mismo papel significante.
trata de "una especie de código y de un conjunto de referentes, La escenificación de una de las culturas dominantes del últi-
formalizados dentro de un partido o más ampliamente difusos mo siglo fue objeto de la obra colectiva Le Modele républicain 5
en el interior de una Familia o de una tradición políticas".' De en los cuales los autores constataban que la cultura republica-
esta definición retendremos dos hechos fundamentales: por un na se inscribía en la línea filosólka de las Luces y del positivis-
lado, la importancia del papel de las representaciones en la mo, se adjudicaba la herencia histórica idealizada de la revo-
definición de una cultura política que hace de ésta algo distin- lución francesa, sacando la conclusión institucional de la
to a una ideología o a un conjunto de tradiciones; y, por otro adecuación total de esas referencias con un régünen de tipo
lado, el carácter plural de las culturas políticas en un momento parlan1entario, que pregonaba una sociedad de progreso gra-
dado de la historia y en un país determinado. dual dentro de la cual la acción del Estado, combinada con el
Resulta evidente, sin embargo, que es i111posible arribar a mérito de los individuos, debía llevar a la creación de un mun-
una definición global, nccesarian1ente abstracta, y que es in- do de pequeños propietarios dueños de sus instru1ncntos de
dispensable examinar el contenido de la noción si queremos trabajo o a una generación cuyo n1olor sería la escuela, y final-
utilizar y probar a fondo su eficiencia explicativa. No volvere- JTiente encontraba, para expresarse, un vocabulario en el cual
mos a hablar sobre los detalles de ese contenido que fue ob- el ténnino "ciudadanos", los "grandes ancestros", los "inmor-
jeto en su tiempo de una proposición que permitía delirnitar
1 Serge Bcrstein "L'hisloricn ct la culture politique", Vin¡!,tiéne sü]cle. Revue
:, Es la definición que se propone enjean-Fran~:ois Sirinelli, dir., Histoire des d'histoire, núm. 35, julio-septiembre 1992, pp. 67~77.
droites, t 2, Cultures, París, Gallimard, 1992, pp. lii-IV. 5 Sergc Berstein y Odilc Rudelle, dir., Le Modele ré[Link], París, PüF, 1992 .
1390] .J
r L39lJ
PARA U~A HISTOlUA CULTUilAL L\ CULTLIKA POLÍTICA
tales principios" o el "progreso" eran palabras clave mientras el estado actual ele las cosas, la ecología o la corriente feminis-
que el gorro frigio, la bandera tricolor, el canto de La Marsellesa, ta no poseen cultura política constituida, no más que el cen-
la representación de l\1arianne, tan finan1cnte anali;:acla por trisn1o, y que no existe cultura política europea. Lo cual no
Maurice Aghulon, 6 establecían un lenguaje simbólico adecua- promete, por ahora, a esas corrientes más que un precario por-
do para los datos principales de esta cultura política. Es decir, la venir. como veren1os al examinar las funciones de la cultura
cultura política supone a la vez "una lectura común del pasado" política.
y una "proyeccción hacia el futuro vivida en grupo". 7
Esta proposición ele guía de lectura de lo político a través
ele la cultura política sólo tendría interés si ofrece una posibi- ¿Cultura política o culturas políticas?
lidad de comprender mejor la naturaleza y el alcance ele los
fenómenos que supuestamente reporta. Sin ello, ésta sería un Tal como aparece a los ojos ele los historiadores, la noción ele
término más, añadido sin ningún beneficio a la jerga técnica cultura política está entonces estrechamente relacionada con
ele los historiadores. La revista Vingtieme siecle intentó esta la cultura global ele una sociedad, sin por eso confundirse to-
verificación experimental al proponer en un número especial' talmente con ella, puesto que su campo ele aplicación se refie-
a una quincena ele historiadores y ele politólogos que aplica- re exclusivamente a lo político. No podría haber entonces an-
ran esta noción al estudio ele las graneles familias políticas ele tinomia, ya que la cultura política como la cultura misma se
la Francia contemporánea (el comunismo, el gaullismo, el inscribe en el turco ele las normas y de los valores que deter-
centrismo, el socialismo, el Frente Nacional), pero también a minan la representación que una sociedad se hace ele ella mis-
sensihiliclacles filsóficas o religiosas (la cultura laica, el catoli- ma ele su pasado ele su futuro. Ahora bien, esta noción utili-
cisln0)1 a corrientes nuevas que aparecieron en el campo de zada ampliament~ por los politólogos americanos de la escuela
la política (la ecología o las mujeres), a especificidades infra "clcsarrollista," 10 fue vivamente criticada al punto de que, el
o su pranacionales (la cultura política del Norte o ele Aquitania o día ele hoy, la ciencia política la rechaza completamenten
la Europa frente a la cultura política francesa). Lo fecundo ele Observemos, sin embargo, que la crítica se dirige sobre dos
los resultados sorprende. No confirman únicamente la vali- puntos totalmente ajenos a la cultura política tal como la ven
dez ele la guía de lectura al aportar una prueba más a lo que los historiadores: en primer lugar, la idea de que existiría una
evidentemente ya se podía suponer por intuición, o deducir cultura política nacional propia de cada pueblo y, en conse-
de estudios anteriores, 9 sino que permiten asegurar que, en cuencia, transmitida por herencia de generación en genera-
6
ción; en segundo lugar, la presuposición ele una jerarquía ele
Maurice Agulhon, M(trianne au pouvuir, l'ímagerie et la [Link]
républicaínes de 1880 U 1914, París, Flanunarion, 1989. esas culturas políticas nacionales que implica las vías de la
7
Jcan-Fran<;;:ois Sirinelli, "Pour une histoire des cultures politíques'', Voyages modernización, es decir, que alinea las culturas políticas ele las
en histoire. Mélanges ofjóts aPaul Gerbod, Bcsan<;on, Annales littéraires de diversas naciones sobre las normas y los valores ele las clemo-
l'université ele Bcsans;on, 1995.
8
Vingtii3me sii!cle. Revue d'histoire, núm. 41, octubre-diciembre 1994, número -----~~-
especial "La Culture politiqueen France depuis de Gaul1e''. 10 Véase en particular, Lucian W. Pye, Sydney Yerba (eds.), Pulitical Culture
9 Pensamos en particular en la importancia de una cultura política sólidamente
and Political Development, Princeton 1Jniversity Press, 1969 (Studies in
constituida, la del comunismo y la de la deslumbrante demostración que Political Dcvclopment, 5).
había hecho Marc Lazar en su libro Maisons roup,es. Les Partis communistes 11
Para el debate y la crítica de la noción de cultura política, véase Bertrand
fran((ais et italien de la lihérations ¿¡ nos jours, París, Aubicr, J 992. Badie, Culture et Politique, París, Econornica, 1983.
[392] [393]
LA enTuRA POLÍTICA
cracias liberales de Occidente, que deberían representar el referencias y posibles futuros no son en nada sen1ejantes: la
modelo terminado de la modernización de las sociedades, cultura política socialista sueña con una revolución proleta-
Es evidente que la segunda idea, que implica un juicio de ria que desetnbocaría en el nacüniento de una sociedad sin
valor, es ajena al enfoque histórico que trata de conocer y clases; la cultura política nacionalista preconiza la creación
comprender, no de expresar un juicio ni ele definir una direc- ele un Estado autoritario) eventualmente tnonarquista, que se
ción al sentido de la historia. La primera, en cambio, merece basaría en las comunidades naturales; la cultura política ca-
un exatnen. La idea es a la vez seductora y poco satisfactoria. tólica busca las vías de una realización del cristianistno en la
No es absurdo pensar que, puesto que la cultura política es ciudad a través de organizaciones políticas diversas y en oca-
solidaria con la cultura global de una sociedad, se puedan dis- siones opuestas. Pero ninguna de esas culturas antagonistas
cernir norn1as y valores comunes que expresarían los ele la del modelo republicano está a salvo de la influencia de ésta
comunidad nacional, al rncnos en su mayoría. Así, aunque de y todas deben, más o n1enos, recurrir a sus principios. El
manera menos evidente, la cultura ele élite es distinta de la socialismo se ve forzado a conjugar socialismo y república, y
cultura ele masas (y los desarrollistas estadounidenses lo reco- lo logra, mal que bien, a través ele la síntesis jauresiana de la
nocen sin problemas), incluso si la diferencia está más en la cual se puede decir, simplificando la cosa, que se adhiere en
expresión que en el fondo cultural. Por otra parte, está claro lo inmediato a la cultura republicana, para remitir al socialis-
que la historia de un país como Francia desmiente ampliamente mo hacia el fururo. 13 La cultura republicana favorece la emer-
la idea según la cual el debate político se limitaría a los proce- gencia dentro de la nebulosa católica de una democracia cris-
sos de gestión de una sociedad cuyas normas y organización tiana que conserva algunos de esos principios, pero no la
son incuestionables. Es el proyecto global de ésta el que, hasta totaliclac!H Finalmente, el propio nacionalismo, en su ver-
una época reciente, constituyó el objeto mismo de las luchas sión barresiana, acepta una parte ele la herencia republicana,
partidarias. a diferencia ele la corriente maurasiana que funda su identi-
Para los historiadores queda claro que dentro de una mis- dad en el rechazo global de ésta.
ma nación existe una pluralidad ele culturas políticas, pero con Esta ósmosis entre culturas políticas originalmente muy ale-
zonas cubiertas que corresponden al área ele los valores com- jadas entre ellas implica que, lejos ele constituir un dato fijo,
partidos. Si, en un momento dado de la historia, esta área de sinónin1o de tradición política, estamos en presencia de un
valores co1npartidos se [Link] hastanle an1plia, tenen1os en- fenómeno evolutivo que corresponde a un momento dado de
tonces una cultura política dominante que modifica más o la historia cuyo nacimiento es identificable, del que se puede
rnenos a la mayoría de las otras culturas políticas contemporá- constatar el periodo de elaboración y seguir su evolución en
neas. Podemos así admitir que en el primer tercio del siglo XX, el tiempo.
la cultura política republicana desempeñó un papel dominan- J
te) al definir un conjunto de referencias que fueron evocadas
más arriba. Esta cultura política dominante explica la foltlma
~
del Partido Radical que se identifica ampliamente con ella 12 n Alain Bergounioux, ''Socialisme ct République", en Scrge Berstein y Odile
Sin en1bargo, junto a ésta, existen otras culturas políticas cuyas Rudellc, dir., Le ModiJ!e répuhlicain, op. cit.
H Jcan-Dominiquc Durand, L'Europe de la démocratie chrétienne, Bruselas,
12
Véase, sobre este punto, Scrge Derstein, I!istoire du Partí Radical, París,
1 Complexe, 1995;)ean--Maric Mayeur, Des partis cathuliques á la démocralie
chrétienne, X!X"-XX" siiJcle, París, Armand Colin, 1980; Pierre Lctamendia,
Imprenta de la Fundación )Jacional de las Ciencias Políticas, 1980-1982. J.a Démocratie chrétienne, París, PUf, 1977.
[394]
i
1 \395]
:1
PAHA UNA HISTORIA c:TJLTURAL LA CULTURA POLÍTICA
Un fenómeno evolutivo tantc ele una cultura política del socialismo moderno muy dis-
tinto del marxismo, es forzoso constatar que sólo da lugar a
¿Có:no Y por qué nace una cultura política' Lo complejo del una transformación ele la cultura política socialista (y aún muy
fenomeno rmphca que su nacimiento no puede ser fortuito 0 parcialmente) con el nacimiento del PS en Épinay en 1971 y
accidental, sino que corresponde a las respuestas aportadas a que está lejos ele haber conquistado, hoy en día, esa corriente
una sociedad frente a los grandes problemas y a las grandes de opinión.
cnsrs ele su historia, respuestas lo suficientemente fundadas En otras palabras, se necesitaron al menos dos generacio-
como para inscribirse en un largo tiempo y trascender las ge- nes para que una idea nueva que aportara una respuesta fun-
neraclones. dada en los problemas ele la sociedad penetrara en las mentes
Durante la gran crisis ele legitimidad que marcaron los años en forma de un conjunto ele representaciones de carácter nor-
1789-1815, nacen las culturas políticas republicana y tradicio- mativo y terminara pareciéndole evidente a un grupo impor-
nahsta que representan las respuestas antagonistas en ese tante ele ciudadanos.
amplio derrumbe. La revolución industrial del siglo XIX dará No menos que la duración, los vectores por los cuales pasa
luz al socialismo y a su antagonista, el liberalismo conserva- la integración de esta cultura política merecen nuestra aten-
dor, mientras que las profundas transformaciones de las técni- ción. Constatemos sin sorpresa que esos canales son precisa-
cas Y de los modos de vida de los años 1875-1890 permitirán mente los de la socialización política tradicional. En primer
la expansión ele las corrientes apoyadas en la democracia di- lugar, la familia en la que el niño recibe, más o menos directa-
recta de las masas, desde entonces integradas al juego políti- mente, un conjunto de norn1as, de valores, de reflexiones que
co, que son el nacionalismo y el socialismo renovado de fines constituyen su primer bagaje político, que él conservará du-
del siglo XIX. Las dificultades de adaptación ele la religión rante su vida o rechazará al volverse adulto. Después la escue-
catohca en el mundo moderno están en el origen de la cultura la, el liceo, la unhrersidad transmiten, a menudo de manera
demócrata cristiana. La gran crisis nacional de 1940-1945 es la indirecta, las referencias admitidas por la mayoría del cuerpo
que da una oportunidad al gaullismo, etc. social y que apoyan o contradicen la aportación ele la familia.
Porq~e surgen osadas e innovadoras, esas respuestas tar-
Vienen después las influencias adquiridas en los diversos gru-
dan en rmponerse. De la nueva solución que proponen a su pos donde los ciudadanos deben vivir. El ejército tuvo durante
transformación en corriente estructurada que da nacimiento a mucho tiempo un papel importante, que tiende a disminuir
una cultura política normativa el plazo puede ser muy largo. con la brevedad del servicio militar, el número reducido ele
Pasaron tres cuartos de siglo entre el nacimiento de la idea jóvenes a los que ahora se dirige y las formas civiles que tien-
republicana y la implantación en la sociedad ele una cultura de a adoptar para los estudiantes. Por el contrario, el medio de
política republicana verdaderamente coherente.1s Hará falta trabajo sigue teniendo un papel esencial, incluso si la
medio siglo para que la conjunción ele las ideas soliclaristas y sinclicalización, que antes representaba un factor importante
ele las exrgencras de justicia social del socialismo den vida a de la socialización política, no tiene ahora más que un efecto
una cultura política de izquierda cuya ala social sea el Estado- marginal. Ocurre lo mismo con la pertenencia a partidos polí-
providencia. Si se considera al mendesismo como represen- ticos, fenómeno que siempre fue minoritario en Francia y que
aún tiende a serlo. En oposición a esto, no se debe subestimar
1
~_serge Berstein, "La culture républicaine", en Serge Berstein y Odile Rudelle
el papel ele los medios, en particular audiovisuales, en esta
drr., Le Modele républicain, op. cit. ' difusión de representaciones normadas que representa una
[396] [397]
PAilA U~A Hl.'iTOHIA Cl:LTU\AL LA CULTIHIA POLÍTICA
cultura política. Sin duda es necesario cuidarse de ver las co- una sociedad de pequenos propietarios independientes que
sas de rnanera en exceso sin1plista. Ninguno Ue esos vectores cu1npliría las [Link] de la Revolución francesa, debe cons-
de la socialización política procede a través de adoctrinamiento. tatar que este sueño está en total inadecuación con la evolu-
Por el momento, su multiplicidad prohíbe pensar que una in- ción económica. Así, sin renunciar a él formahnente, encuen-
fluencia exclusiva se ejerce sobre un individuo determinado. tra en la solidaridad una estrategia de sustitución, mejor
La acción es variada, a veces contradictoria, y la cmnposición adaptada al hecho principal de la concentración industrial y al
ele int1uencias termina por dar al ser humano una cultura po- desarrollo del asalariado, y que insiste ahora sobre la necesi-
lítica, que es más un resultado que una mensaje unívoco. Ésta dad del Estado, a nombre del cuasicontrato que ata al indivi-
se adquiere dentro del clima cultural en el cual está inmerso duo con la cadena de las generaciones y a la sociedad de su
cada individuo por la difusión de temas, modelos, normas, tiempo, exigiendo de los más ricos que lleven a cabo, por medio
n1odos de razonarniento que, de tanto repetirse, tenninan sien- de la fiscalidad, su deber social en favor de los más pobres y de
do interiorizados y que lo vuelven sensible a la recepción de los más desprovistos. Una lógica social que debía conducir, al
ideas o a la adopción de compor1amientos congruentes. Que final de la Segunda Guerra Mundial, a la creación del Estado-
lo cultural prepare ahora el terreno político constituye una providencia que, aunque nunca se asu1nió cotno solidarista,
evidencia de la cual algunos sacaron estrategias. La observa- cumplió con toda evidencia ese papel. A falta de adaptación,
ción de que la dominación cultural de la izquierda desde la una cultura política no puede más que conocer una declina-
Liberación constituía un obstáculo para la penetración en la opi- ción ineluctable. La esclerosis de la cultura comunista, apega-
nión de las ideas ele derecha condujo en los anos setenta a la da a un modelo obrerista del siglo XIX y a una lectura dogmá-
creación del GRECE, la "Nueva Derecha" fijando así un objeti- tica del marxismo, muy alejada de la realidad de las sociedades
vo "meta político", el de preparar por medio de una conquista evolucionadas del siglo XX producto del crecimiento, tiene
cultural de los espíritus el terreno de una futura conquista mucho que ver con su pérdida ele int1uencia y, por tanto, en la
política. 16 declinación del Partido Comunista. En otros términos, incluso
La cultura política elaborada y difundida así, a escala de las si las representaciones difieren de la realidad objetiva, no pue-
generaciones, de ninguna 111ancra es un fenó1ncno inn1óvil. Es den estar en contradicción con ella, a riesgo de perder toda
un cuerpo vivo que sigue evolucionando, que se nutre, se credibilidad y desaparecer.
enriquece de múltiples aportaciones, las de otras culturas po- Pero la evolución de las culturas políticas no proviene úni-
líticas, mientras que éstas parecen aportar las respuestas co- carnente de una necesaria adaptación a circunstancias necesa-
rrectas a los problemas del momento, los de la evolución de la riamente cambiantes. Viene también de la int1uencia que pue-
coyuntura que modifica las ideas y los temas, ya que ninguna den ejercer las culturas políticas vecinas en la medida en que
cultura política puede sobrevivir hasta el final a una contradic- éstas parecen aportar respuestas fundadas en problemas que las
ción demasiado fuerte con las realidades. sociedades encuentran en un mornento dado de su evolución.
La cultura política republicana, que a finales del siglo XIX Así, a partir de los años setenta, la cultura socialista conoce
sitúa su ideal social en el culto de lo "pequeno", sonando con una verdadera crisis, unida a la ineficacia dc1nostrada de la
economía ele los países del Este y a las dificultades del Estado-
16
Anne-Marie Duranton-Crabol, Vt::,-ages de la Nouvel!e Droite. Le GRECF. et
providencia, enfrentado a la recesión o al débil crecimiento
son bisloire, París, Imprenta de la Fundación Nacioml de las Ciencias Políticas, económico que no pennite obtener el excedente necesario para
1988_ el financiamiento de la protección social. Vc1nos entonces li-
[398j [399]
PARA T;NA HISTORIA CULTl:RAt
LA ClJLTL'RA POLÍTICA
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un acto del ser profundo, no es ni impulsivo ni irracionaL Sim- ti·ancesa, la creencia en el progreso, la prioridad del individuo
plemente, y cada quien es consciente de esto, la interiorización y la defensa ele sus derechos, el régimen parlamentario, la
de las razones de un comportamiento tern1ina creando voluntad de reforma social constituyen un conjunto coherente
auto1natisrnos que no son más que el carnina corto del proce- y hotnogéneo que guiará, durante su vida, su con1portatnien-
dimiento racional realizado con anterioridad. to político. A partir del final de los años veinte llega al frente
¿Si la cultura política termina formando parte integral del ser
humano, esto signitka que, después de cierta edad, se vuelve
intangible' Sin ir hasta allá podemos al menos admitir que, una
tl ele la escena una generación que ha vivido, en las trincheras o
en la retaguardia, el trauma de la Primera Guerra Mundial y
que) por reacción a ésta) repudiará an1pliamente la cultura
¡:
vez alcanzada la madurez, es ditkil cuestionarla, salvo por un republicana en beneficio de dos elementos clave que comlu-
traumatismo grave. Podemos considerar que la derrota de 1940,
el fenómeno de la deportación durante la Segunda Guerra l cirán su acción y que son el pacifismo y el rcalisrno. 21 Aristide
Briancl es el inspirador, y esa corriente está ilustrada por hon1-
Mundial o, de manera rnenos dramática, el n1ovimiento de tnayo bres como joscph Caillaux, Pierre Laval o Maree! Déat, que no
1968 para los universitarios o para los intelectuales, en la medi- tienen por cierto la mlstna edad, pero que parecen haber rcci-
da en que cuestionan las identidades, provocaron efectivamen-
te la mutación, el abandono de culturas políticas sólidamente "
0
Sobre el fenómeno de generación, véase la utilización que hizo Jean-
instaladas o la adhesión a nuevas formas de culturas políticas. Fran<;ois Sirinelli, G'énération intel!ectuelle, París, fay:ucl, 19RR. Consú[Link]
igualmente el nümero especial Les Génératirms, Vingtii:rnP süJcle. Revu.e
d'I:JisLoire, núm. 22, abril 1989.
j
19
Es la demostración que intentamos en [Link] obra PdouardHerriot otJ la ~~ Jean-Pran<;oi.s Sirinelh, Génératicm intellec!ue!le, ojJ. cit. El repudio del
Répuhlique en jx;:mnne, París, Imprenta de la Fundación ~acional ele las idealismo republicano está descrito enjcan [Link], Une xénération rért!iste,
Ciencia.:; Políticas, 1985. Parí.::, Valois, 1928.
r4o21 11 r4o3J
PAHA Iil\'A IIISTORIA CL;LTLTRAL LA CULTURA POLÍTICA
bido la misma lección de las experiencias vividas y que desa- tonces un lugar particular. No es sino uno ele los elen1entos de
n·ollan una cultura política sin tabúes y sin fronteras, a la usan- la cultura de una sociedad determinada, el que ataüe a los fe-
za de los sobrevivientes de la gran masacre. Por oposición a nómenos políticos. Pero, al mismo tiempo, revela uno de los
esta "generación realista" que se ilustrará con la resignación a mayores intereses de la historia cultural, el de comprender las
la derrota ele 1940, vemos nacer después una nueva cultura motivaciones de los actos de los hombres en un momento ele su
política marcada por un retorno al ideal patriótico, a la volun- historia por referencia al sistema de valores, ele normas, ele
tad de renovación económica y social, a la reunión ele los fran- creencias que comparten, en función de su lectura del pasa-
ceses que marca una nueva cultura republicana cuyo princi- do, de sus aspiraciones para el futuro, de sus representaciones
pal vector será el gaullismo 22 de la sociedad, del lugar que ocupan y de la imagen que tie-
Para el historiador, el interés por identificar esta cultura nen de la felicidad. Todos éstos son elementos que dependen
política es doble. Permite, en primer lugar a través del discur- del ser profundo, que varían en función de la sociedad en la
so, la argumentación y la gestualidad, encontrar las raíces y las cual están elaborados y que permiten comprender mejor las
tlliaciones ele los individuos, restituirlos en la coherencia ele razones ele actos políticos que aparecen así ele maneras distin-
sus comportamientos gracias al descubrimiento ele sus moti- tas y no sólo como epifenómenos.
vaciones; en resumen, permite establecer una lógica a partir
de un conjunto de parámetros solidarios que retienen al hom-
bre por una adhesión profunda ahí donde la explicación ele la
sociología, del interés, ele la adhesión razonada a un progra-
ma se muestra insuficiente porque es parcial, determinista y,
para acabar pronto, superficial. Pero, en segundo lugar, pa-
sando ele la dimensión individual a la colectiva de la cultura
política, ésta proporciona una clave que permite comprender
la cohesión de los grupos organizados alrededor de esta cultu-
ra. Factor ele comunión de sus miembros, los hace participar
colectivamente de una visión común del mundo , de una lectu-
ra compartida del pasado, en una perspectiva idéntica ele futu-
ro, de normas, de creencias, de valores que contituyen un
patrimonio indivisible y les proporciona, para expresar todo
eso, un vocabulario, símbolos, gestos, incluso canciones que
constituyen un verdadero ritual. 23
En el seno ele esa nueva atención que ahora le dan los his-
toriadores al fenómeno cultural, la cultura política ocupa en-
22
Serge Berstein, "La V République: un nouveau modele républicain?", en
Serge Berstein y Odile Rudelle, dir., Le AiodiHe républicain, op. cit.
2
:'! Serge [Link], "Rites et rituels politiques", en Jean-Fran(ois Sirinelli, dir.,
1404] 14051