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Autonomía y Consentimiento Informado en Medicina

Análisis de caso

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ACTIVIDAD 4:

Estudio de caso

Fecha: 06/10/2024
Nombre del alumno: Luis Gustavo Díaz Reyes
Nombre del docente: Rosa Gómez Pérez

Análisis de caso.

La autonomía es uno de los principios fundamentales de la bioética, que significa el


derecho y la capacidad de las personas de tomar decisiones sobre su propia vida y
su cuerpo de manera libre y voluntaria, sin coerción ni interferencias indebidas, este
concepto está relacionado con el concepto de autodeterminación, que es aquel que
otorga a las personas la capacidad de decidir lo que creen que es mejor para ellas,
en función de sus valores, creencias y deseos. La autonomía no es solo un principio
ético, sino también un derecho reconocido en muchos sistemas jurídicos a nivel
internacional, porque se basa en la protección de la dignidad humana y el respeto
a la persona; respetar la autonomía del paciente en medicina significa que los
pacientes tienen derecho a conocer su estado de salud y los tratamientos
disponibles, y a aceptar o rechazar intervenciones médicas.

El ejercicio de la autonomía está estrechamente relacionado con el concepto de


consentimiento informado, que establece que todas las decisiones médicas deben
basarse en una comprensión adecuada de las circunstancias del paciente, las
opciones disponibles y las posibles consecuencias de la decisión, “el
consentimiento informado es el proceso mediante el cual un paciente toma una
decisión independiente sobre un tratamiento propuesto después de recibir
información completa, comprensible y actualizada ” (Hoffman, 2014). Esto enfatiza
la importancia de una comunicación efectiva entre los proveedores de atención
médica y los pacientes, permitiendo que estos tomen decisiones que reflejen sus
verdaderos deseos y expectativas. El principio de autonomía no se limita a las
decisiones médicas, también puede aplicarse a otras áreas de la vida, como la
educación, el trabajo y las relaciones interpersonales.

En la práctica médica y de atención sanitaria, “la autonomía se materializa a través


del proceso de consentimiento informado, donde los profesionales de la salud deben
proporcionar información adecuada sobre diagnósticos, tratamientos y
procedimientos, permitiendo a los pacientes tomar decisiones conscientes y
voluntarias” (Gillon, 1994). Este proceso no solo garantiza el respeto por las
preferencias individuales, sino que también fortalece la relación médico-paciente,
fomentando una colaboración basada en el entendimiento mutuo y la confianza. Por
ende, la autonomía no solo es un derecho fundamental, sino también un
componente esencial para la práctica ética en el cuidado de la salud, asegurando
que las decisiones médicas respeten y reflejen las creencias y valores de cada
persona involucrada.

Es importante destacar que el ejercicio de la autonomía no es absoluto, ya que


puede variar en función de factores como la edad, la capacidad cognitiva, las leyes
y normas aplicables y el contexto cultural. Por ejemplo, los menores de edad o las
personas con discapacidades cognitivas pueden tener limitaciones para ejercer
plenamente su autonomía, y a menudo requieren la intervención de un tutor o
representante legal para proteger sus intereses. “Si bien la autonomía es un derecho
fundamental, en determinadas situaciones el ejercicio de la autonomía puede verse
limitado cuando un individuo carece de la capacidad para comprender o evaluar
adecuadamente las consecuencias de sus decisiones” (Daniels, 2019). A pesar de
estas limitaciones, el principio de autonomía sigue siendo importante para
garantizar la equidad y el respeto en las interacciones sociales y profesionales.

El caso que se va a resaltar en este análisis es el caso de Brooks, el cual nos plantea
conflictos éticos y legales en la intersección de los derechos del paciente, en
particular la autonomía, y las decisiones médicas para preservar la vida a toda
costa. En este caso, el paciente era un testigo de Jehová que necesitaba atención
médica de emergencia para una úlcera péptica, como ya se conoce los testigos de
Jehová rechazan las transfusiones de sangre basándose en su interpretación de la
Biblia, por ende, el paciente le dijo repetidamente al médico que rechazaba las
transfusiones de sangre y firmó un formulario de divulgación legal declarando
expresamente su negativa. Sin embargo, el médico, sin informar al paciente ni a su
familia, solicitó una orden judicial para donar sangre, sin el consentimiento del
paciente, aquí se nos muestra claramente una violación del principio de autonomía,
ya que la paciente tomó una decisión informada y consciente sobre el tratamiento
que estaba dispuesta a aceptar en función de sus creencias religiosas, la negativa
de la paciente a recibir una transfusión de sangre fue una expresión directa de su
autonomía, y el médico hizo caso omiso de ello y procedió a realizar la transfusión
sin el consentimiento de la paciente.

Desde la perspectiva del médico, su decisión parece haberse basado en la


obligación ética de hacer el bien y preservar la vida del paciente, para muchos
profesionales de la salud, la prioridad es prevenir la muerte cuando existen medidas
para salvar la vida, como las transfusiones de sangre, en situaciones crónicas, el
médico pudo haber pensado que preservar la vida del paciente era más importante
que respetar su autonomía, ya que, en su opinión , salvar la vida de sus paciente
es más importante.

Aunque hay que aclarar que este enfoque es incompatible con el respeto a la
autonomía del paciente y el reconocimiento de que las personas tienen derecho a
tomar decisiones sobre sus propios cuerpos y su tratamiento, incluso si esas
decisiones pueden parecer irrazonables o peligrosas para los demás. La
Constitución de los Estados Unidos, protege la libertad religiosa y des pupes de este
caso desempeñó un papel central para su resolución. La Corte Suprema de Illinois
sostuvo que la Primera Enmienda protege el derecho absoluto de cada persona a
la creencia y la práctica religiosa, mientras estas decisiones mantuvieran sus
limitaciones, es decir, que no pongan en peligro salud, bienestar o la moral pública.
En este caso, el tribunal concluyó que el ejercicio de las creencias religiosas por
parte del paciente no representaba un peligro inmediato para la sociedad en su
conjunto, por lo que los derechos del paciente debían respetarse incluso si resultaba
en su muerte.

El caso Brooks ilustra vívidamente la tensión que puede surgir entre los derechos
del paciente y las responsabilidades del proveedor de atención médica,
especialmente cuando las decisiones médicas entran en conflicto con las creencias
religiosas o las preferencias personales. En este caso, la paciente declaró
claramente que rechazaba una transfusión de sangre debido a sus creencias como
testigo de Jehová, a pesar de su consentimiento explícito y firmado, el médico
realizó la transfusión en virtud del principio de caridad e hizo caso omiso de los
deseos de la paciente; este acto no solo hizo caso omiso de sus creencias, sino que
también violó la ley, como lo ha reconocido la Corte Suprema de Illinois de que “la
autodeterminación en asuntos médicos es un ejercicio legítimo de la libertad
individual y el derecho a la libertad religiosa” (García, 2017).

Este caso reafirma que la autonomía del paciente debe primar, especialmente en
decisiones importantes sobre el cuerpo y las creencias personales de un individuo,
a menos que supongan un peligro claro y presente para la sociedad en su conjunto.
El médico debe informar adecuadamente al paciente y a la familia sobre todas las
opciones de tratamiento, respetando sus decisiones y manteniendo una
comunicación abierta y honesta. En el caso mencionado, la decisión del médico de
actuar sin informar ni consultar al paciente o a la familia no solo violó la ética médica,
sino que también socavó la confianza esencial para la relación entre el paciente y
el proveedor de atención médica.

“El respeto a la autonomía y el consentimiento informado es esencial para que los


pacientes se sientan empoderados y respetados en el proceso de toma de
decisiones médicas” (Montoya, 2020). Ignorar estos principios pone en peligro la
relación de confianza entre médicos y pacientes y corre el riesgo de crear una
percepción de paternalismo en la profesión médica, es decir, nos da a entender que
es importante destacar el valor de la comunicación en la relación médico-paciente.
REFERENCIAS:

• Daniels, N. (2019). Just Health: Meeting Health Needs Fairly. Cambridge


University Press.
• Hoffmann, D. E., Schwartz, J., & DeRenzo, E. G. (2014). The ethics and
legality of medical decision making by and for patients with limited decision-
making capacity. The Journal of Law, Medicine & Ethics, 42(2), 272-289.
• García, R. (2017). La autonomía del paciente y el derecho a decidir sobre su
vida. Revista Latinoamericana de Bioética, 17(1), 48-55.
[Link]
• Montoya, L. (2020). Consentimiento informado y autonomía en la práctica
médica. Medicina y Ética, 31(2), 98-105.
[Link]
• P, A. R. (2004g). Autonomía del paciente - ejemplo de los Testigos de
Jehová. Medwave, 4(8). [Link]
• AUTONOMÍA DEL PACIENTE: LOS TESTIGOS DE JEHOVÁ Y LA
ELECCIÓN DE ALTERNATIVAS A LA TRANSFUSIÓN. (2006). Scielo.
Recuperado 6 de octubre de 2024, de
[Link]
75262006000400011#:~:text=Ejemplo%20de%20casos%20judiciales%20d
onde%20se%20ha%20sostenido%20la%20autonom%C3%ADa
• Autonomía del paciente y responsabilidad penal médica. (2011). Scielo.
Recuperado 6 de octubre de 2024, de
[Link]
68512011000200009&script=sci_arttext&tlng=pt
• Lima, J. S., Lima, J. G. S. R., Lima, S. I. S. R., De Lima Alves, H. K., &
Rodríguez, W. F. (2022). Directivas anticipadas de voluntad: autonomía del
paciente y seguridad profesional. Revista Bioética, 30(4), 769-779.
[Link]

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