CLASE DE SOCIOLOGÍA
MOVIMIENTOS
SOCIALES
ENFOQUES TEÓRICOS
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Perspectivas.
INTRODUCCIÓN:
Hasta mediados de los años sesenta del siglo XX, cuando se hablaba de los actores
políticos del cambio, se pensaba primero en los distintos partidos políticos, que por
definición eran organizaciones cuyo principal objetivo era la conquista del poder
político, y después en los grupos de presión que, a su vez, eran otro tipo de
organizaciones no propiamente políticas, como por ejemplo, una cámara
empresarial o una asociación de profesionistas que buscaban influir en el poder
político y, específicamente, en una decisión de gobierno o una política determinada
que les pudiera afectar. La crisis de los partidos políticos, la creciente
burocratización de los mismos y el hecho de que muchas demandas sociales y
cívicas no fueran retomadas por éstos debido a que contravenían a sus intereses,
llevó al surgimiento de un nuevo actor social: los movimientos sociales
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Los movimientos sociales son: agrupaciones de individuos u organizaciones
que demandan un cambio, sea en la ley, en las costumbres o en las
instituciones, incluso en el conjunto del sistema.
La finalidad de todo movimiento de este tipo es el cambio social. Como ejemplo
podemos citar, en una perspectiva de clases, al movimiento obrero, al campesino,
popular, etc., o bien, con una visión por encima de las clases, el pacifismo de los
años 60, el feminismo, el ecologismo, etcétera.
Estos movimientos sociales usualmente se dan al margen de los partidos políticos.
Si en el caso del movimiento obrero, campesino y popular hay presencia de los
partidos, en los otros movimientos sociales, como el feminista, pacifista, etc. es
evidente que los partidos políticos no participan en ellos porque pueden incluso
contravenir sus intereses. A la vez, queda claro que los movimientos sociales
expresan demandas que están más allá de las ideologías y de las
organizaciones partidistas, pues éstas son limitadas y no alcanzan a recoger el
sentir cotidiano de la ciudadanía sobre temas no directamente políticos, pero muy
importantes para la vida, como la lucha por el equilibrio ecológico, la paz, la no
violencia contra las mujeres, la dignidad étnica, etcétera.
Los movimientos sociales buscan el cambio. Éste puede ser:
Progresista o retrógrado.
Progresista, como sucede con la lucha feminista, pacifista o por la dignidad étnica,
o bien, se han dado casos en que el cambio es retrógrado, por ejemplo, el
fascismo, que estuvo acompañado de una movilización por fuera del partido nazi
que terminó en el racismo y el holocausto.
-El capitalismo y la sociedad contemporánea dan cada vez más importancia a los
movimientos sociales como medios de expresión de las demandas ciudadanas que,
al no ser directamente políticas, no son procesadas por los partidos o el sistema,
pero afectan la vida en la sociedad civil y la dignidad de las personas. Su
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importancia crece como actores del cambio social y de un cambio no sólo
económico sino también cultural.
¿Cómo explican las distintas teorías sociológicas a los movimientos
sociales?
Veamos a continuación los principales enfoques:
1-LA PERSPECTIVA DEL MATERIALISMO HISTÓRICO
Esta perspectiva clásica, fundada por Karl Marx y Federico Engels, explica el
surgimiento y desarrollo de los movimientos sociales a partir de conflictos y
tensiones que nacen de la misma estructura económica capitalista, la cual, al
generar acumulación de la riqueza en propiedad de una élite, da origen a las
condiciones para el descontento de aquellas clases sociales que están excluidas del
desarrollo social.
Las causas de fondo o estructurales que impulsan el surgimiento de todo
movimiento social son la desigual distribución de la riqueza entre las clases
sociales y la dominación de una minoría sobre la mayoría excluida.
Las grandes movilizaciones sociales se llevan a cabo para exigir demandas,
principalmente económicas y políticas, de las clases excluidas. Por lo anterior, la
satisfacción plena de las mismas conlleva cambios de fondo, pues su solución
implica la modificación de desigualdad social, que es el centro del sistema,
afectando los niveles salariales, en un primer momento, y los precios de los
productos. Si el movimiento es más radical exige el cambio en los tipos de
propiedad, tal cual fueron los movimientos revolucionarios y socialistas del siglo XIX,
que terminaron creando un sistema que la propiedad privada de los medios de
producción en países como Rusia, China, Cuba, etcétera.
De acuerdo con lo anterior, la perspectiva materialista explica la movilización
social por las causas de fondo de tipo económico y estructural, y por
consiguiente exige soluciones del mismo nivel.
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Esta explicación es de corte económico porque va al fondo de las tensiones, que es
la desigual distribución de la riqueza clasista, porque en ella actúan los grupos
sociales de las clases excluidas, y radical, porque asume que la plena satisfacción
de las demandas sociales implica cambios sustanciales en la forma de producción y
distribución de la riqueza.
Así es como el materialismo histórico explica las grandes movilizaciones obreras o
bien, las de carácter campesino. En efecto, los primeros, como la clase obrera,
pueden exigir una alza de salarios organizándose en sindicatos que
pueden incluso utilizar como medio de lucha la huelga. Los trabajadores
asalariados del campo jornaleros pueden exigir una distribución distinta de la
propiedad rural, mediante una reforma agraria que elimine la propiedad latifundista.
Sí estos movimientos obreros o campesinos confluyen en el ámbito nacional y son
dirigidos por un partido socialista, se puede generar un proceso de movilización
social revolucionaria que modifique la anterior forma de dominación entre las
clases, tal como ocurrió con las grandes revoluciones socialistas del siglo XX, como
la rusa, la china y la cubana, de orientación socialista, o bien, la Revolución
mexicana y su reforma agraria, que trajo consigo grandes cambios en lo que
respecta al ambiente rural.
En síntesis, para el materialismo histórico los actores centrales de las
movilizaciones sociales son las principales clases sociales excluidas. Lo que
se cuestiona es el sistema de dominación establecido entre las clases, que se
expresa en la exclusión económica y política. Estos movimientos son la base del
proceso de cambio social, que permite ir modificando el sistema económico dentro
del mismo sistema capitalista (aumentando los salarios o reformando la propiedad
latifundista) ya sea poco a poco o en un proceso más rápido y radical que obliga a
un cambio de sistema social, pasando del capitalismo al socialismo.
Este enfoque clasista del materialismo histórico es muy importante porque resalta
los conflictos centrales derivados de la explotación y la dominación entre clases. Sin
embargo, como todo enfoque, no lo puede incluir todo. Se requiere ampliar la
perspectiva ante la complejidad de los nuevos movimientos sociales surgidos a
finales del siglo XX e inicios del XXI, donde los actores no son las clases oprimidas.
La perspectiva del materialismo histórico deja de lado otro tipo de movimientos
sociales, impulsados por grupos que no necesariamente conforman una clase social,
como el feminismo, en el cual participan mujeres de distintas clases. También
quedan excluidos los movimientos sociales que no plantean reivindicaciones
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económicas relacionadas con la distribución de la riqueza, como el ecologista, cuya
demanda es la conservación del equilibrio ecológico. Asimismo, qué tan de lado
están otros movimientos sociales que no tienen que ver con las clases explotadas y
cuyas demandas no son económicas, como el movimiento hippie de los años 60,
conformado por jóvenes que luchaban en favor de demandas culturales, como la
libertad educativa, moral y sexual.
● Se puede decir que los movimientos sociales derivados de actores distintos a
las clases, tales como las mujeres, los ecologistas y los jóvenes, entre otros,
con diversas demandas, cuyas soluciones tiene que ver más con la
educación, la moral y la cultura, son también muy significativos, pero
requieren otro tipo de explicación que el enfoque clásico del materialismo
histórico no podría contemplar.
2-LA PERSPECTIVA ESTRUCTURAL FUNCIONALISTA
Esta perspectiva, fundada por Durkheim, Parsons, Merton y Smelser, explica el
surgimiento de los movimientos sociales no con base en las clases
sociales, sino en la acción de los individuos descontentos con el sistema.
En efecto, los visualiza como la expresión de inconformidades que aparecen primero
en algunos individuos y después se van extendiendo a otros, hasta formar grupos
de inconformes.
Para este enfoque, las causas de la movilización social no tienen que ver con la
economía o la dominación, sino con:
a) El grado en que se logra integrar o no a las personas al sistema
social. Un movimiento social puede surgir primero por una insuficiente
integración social de los individuos inconformes; es decir, porque la familia,
los amigos, la escuela, etc, no cumplieron con su papel de integración. Las
causas son variables, por ejemplo, pertenecer a una familia divorciada o
separada; exclusión por parte de amigos o compañeros, o falta de acceso a la
educación. Si el sistema social no logra incluir a todas las personas, es claro
que los marginados actuarán, por ese solo hecho, de una manera distinta. Si
las tasas de desintegración crecen, entonces los individuos que actúan de
modo distinto serán cada vez más y viceversa. En la medida que las personas
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sean integradas, su comportamiento será normal y aceptado. La solución
aquí es garantizar el funcionamiento de las instituciones de socialización e
integración; esto es, procurar que las familias no se divorcian, los grupos de
amigos sean abiertos y no discriminen y las escuelas permitan el acceso de
todas las personas. En otras palabras, el comportamiento desviado o
marginal disminuye si las instituciones están funcionando. Este es el caso de
las personas que tienen comportamientos desviados o criminales, que
rompen con el orden establecido.
b) El grado de aceptación o rebelión ante las normas y reglas
establecidas. Otra causa de los movimientos sociales es que aunque las
personas hayan sido integradas por las instituciones y vivan con posibilidad
de acceder a la escuela, en familias estables y con aceptación por los grupos
de amigos, ya no compartan o estén en desacuerdo con los valores y normas
establecidas, alas que consideran anticuadas u obsoletas. Un ejemplo son los
jóvenes que critican el papel autoritario del padre en la familia, o las metas
de estudiar, casarse y trabajar sólo por dinero, o bien, los propósitos de su
país al hacer la guerra, o incluso las formas de vestirse, la actitud ante el
sexo, etc. Todos estos son valores que pueden ser cuestionados, tal y como
ocurrió en el movimiento juvenil de los años 60.
Estos grupos exigen el establecimiento de valores y normas distintas:
trabajar para vivir y no vivir para trabajar; solidaridad ante el individualismo
del mercado; leyes que limiten las acciones autoritarias de los padres, por
ejemplo, en relación con la violencia doméstica, etc.
Como se observa, esta explicación no tiene que ver con la estructura
económica desigual o con las clases sociales excluidas, sino con el menor y
mayor funcionamiento de las normas sociales y las instituciones encargadas
de transmitirlas a las personas; así, se supone que el actor es un individuo o
un grupo de personas insuficientemente integradas al sistema o inconformes
con la validez o vigencia de aquel conjunto normativo.
La perspectiva individualista del estructural- funcionalismo ha llevado a
reducir los movimientos sociales al despliegue de "comportamientos
desviados", o bien, de "comportamientos inconformes", que son
distintos.
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En el caso del "comportamiento desviado", se refiere a personas que no
cuestionan la norma o la ley, sino que simplemente se apartan de su
cumplimiento. De esta manera, alguien que rompe las costumbres (norma
moral) tiene un comportamiento desviado y atenta contra el orden
establecido. Pero el comportamiento desviado no sólo se da al romper una
norma en el ámbito de la moral, sino también en el terreno de la ley. En el
ámbito jurídico, una conducta que rompe la ley respaldada por la autoridad
del Estado se considera un crimen.
Las personas que rompen una regla moral o violan una norma jurídica son las
que se apartan del sistema moral o legal establecido, según sea el caso. Si
ellos atraen a otras personas y forman un grupo, estamos ante una conducta
desviada en el ámbito de un pequeño grupo social: una secta que se revela
ante las reglas religiosas, un grupo de jóvenes rebeldes ante una norma
moral, como las reglas sobre el buen comportamiento, una pandilla que roba,
etc. En todos estos ejemplos estamos ante una falta de aplicación o
cumplimiento de las reglas; no cumplir con su aplicación genera conflictos.
Por otra parte, no sólo existe el comportamiento desviado sino también el
"comportamiento inconforme", que es aquel que está en desacuerdo
no sólo con el cumplimiento, sino también con la misma costumbre
en el ámbito moral o la ley en el terreno jurídico, y que considera
necesario sustituirla por otra nueva. El comportamiento inconforme
ataca la norma en sí, el fin y los valores para la que fue creada, y propone un
cambio tanto de normas como de los valores que la motivan. En este caso, no
estar de acuerdo con la regla o costumbre moral que se considera obsoleta, o
con una ley que se observa incompleta o injusta, justifica la búsqueda de
nuevas normas, y por supuesto esto genera conflicto.
Podemos poner como ejemplo el movimiento contra la exclusión de las
mujeres del derecho al voto, que pugnaba por nuevas leyes, o bien, el
movimiento contra la discriminación racial, que buscaba también establecer
nuevas leyes que permitieron la equidad en el acceso a la educación,
tránsito, vivienda y otros beneficios de las personas de color.
-Al final hay un proceso de mejoramiento de las instituciones y las normas que
permite la evolución del sistema social.
Los grupos con comportamiento desviado o inconforme terminan señalando qué es
lo que ya no funciona y qué debe cambiarse, pero gradualmente y dentro del
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sistema. El cambio social se produce cuando hay una transformación de normas y
leyes paulatina que permite ir mejorando el funcionamiento de la familia, la escuela,
el trabajo, etc., y modificando su calidad al cambiar los valores que le dan
significado para las personas.
Esta perspectiva nos permite conocer las movilizaciones y protestas individuales y
grupales que no cuestionan todo el sistema, sino sólo algunas de sus instituciones o
las reglas con las cuales funciona. Es decir, hurgamos en lo que no funciona,
proponemos un cambio pequeño y continuamos sin ver un cambio total de todas las
instituciones y reglas. Es un cambio pequeño y gradual dentro del sistema y no uno
total.
3-LA PERSPECTIVA CRÍTICA.
Cómo se puede apreciar, los movimientos sociales terminan siendo portadores de
proyectos de cambio social, ya sea de uno de tipo económico y total, impulsado por
las clases sociales oprimidas, como señala el materialismo histórico, o bien, de un
cambio moral, jurídico y gradual, llevado a cabo por individuos y grupos
inconformes, según el estructural-funcionalismo.
De este modo, la conceptualización sobre movimientos sociales se enfrentaba a
finales del siglo XX con enfoques que oscilaban en darle prioridad a los siguientes
temas:
a) Si el actor o promotor del cambio era la clase social o los individuos y grupos
inconformes.
b) Si los cambios serán estructurales y económicos, o culturales (morales y
jurídicos).
c) Si los cambios eran radicales (todo el sistema) y reformistas (pequeñas
reformas a la ley o modificación gradual de una costumbre).
Ante este reto, surge una visión crítica de ambos enfoques, en la cual participan
Jürgen Habermas, Alan Touraine y Melucci, quienes con perspectivas propias
buscan superar las anteriores limitaciones de análisis.
Habermas por ejemplo, sigue la idea de que los movimientos sociales tienen que
estudiarse en el marco de los fenómenos de la dominación entre clases, pero ahora
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de un capitalismo tardío que, ante el desarrollo del consumismo, hace necesario
incluir los aspectos no sólo económicos sino también culturales de la
dominación. Con esta perspectiva, Habermas reconoce que en el capitalismo de
hoy, los temas de la moral, la ética, las identidades culturales, entre otros, son
importantes y por lo tanto deben tomarse en cuenta en los estudios de los
movimientos sociales. Por ejemplo, un asalariado hoy en día tiene que enfrentar los
temas del consumo, y de su identidad. El enfoque de Habermas nos remite a
entender que actualmente la clase obrera, los asalariados, son un colectivo social
más complejo cultural y moralmente hablando.
Alain Touraine es más directo y señala que los conflictos del capitalismo
contemporáneo ya no son tan radicales como antes. El nuevo capitalismo ha
desplazado las movilizaciones de clases explotadas que exigen cambios sociales
radicales, de tal manera que lo que motiva hoy a la gente son temas como el
feminismo, la ecología, el origen étnico, las identidades religiosas
(musulmanes, cristianos, etc.) entre otros. Estos asuntos son temas sensibles y
poseen mayor o menor grado de significación para distintas clases sociales.
En el mismo sentido Melucci establece que los nuevos movimientos sociales, en la
época del capitalismo post socialista, se dirigen hacia campos de interés distintos a
los conflictos centrales de la sociedad (explotación, dominación de clase). En la
actualidad, este interés se desplaza a múltiples valores y posee mayor carga
cultural; de la misma manera, aborda las preocupaciones de la gente por sus
necesidades individuales, la realización personal y el derecho a la felicidad en el
marco de búsquedas diversas y diferenciadas de los estilos de vida.
Definitivamente, para Melucci lo que hoy mueve a la sociedad y la impulsa a
cuestionar al sistema es el significado de la vida, los valores con los que se evalúa
la misma, la identidad de la persona y la manera cómo se comunican estos
significados entre los individuos.
Para Melucci, los movimientos sociales generan nuevos valores y reglas
sociales: tolerancia, pluralidad, respeto al individuo, etc., que permiten
construir nuevas visiones de la vida y de la sociedad. Así, los movimientos sociales
son generadores de un conjunto de visiones y valores distintos a los establecidos, y
por ello son agentes de innovación y transformación social. Para lograr esto cuentan
con diferentes formas de organización, demandas innovadoras, formas de presión y
difusión nuevas, en las que las personas participan directamente, se informan,
hablan y toman los asuntos colectivos con interés personal. Es decir, en los
movimientos sociales se democratizan la discusión y la acción ante temas
colectivos.
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Por lo anterior, los movimientos sociales deben recuperar su lugar como actores de
la innovación cultural y de la acción democrática en nuestros días, pues impulsan
valores y visiones nuevos, gracias a la activa participación de los individuos en
busca de una mejor sociedad.
Desde esta perspectiva crítica, podemos extraer la siguiente definición: un
movimiento social es una expresión de inconformidad por parte de un
grupo de personas, cuyas demandas reflejan el sentir ciudadano real
sobre una ley o una política determinada; en este sentido, su objetivo es
mejorarla o anularla debido a sus repercusiones sobre las personas.
Los movimientos sociales expresan esta inconformidad del ciudadano tal cual,
desde un punto de vista ajeno a los intereses de los partidos y del gobierno. Se
organizan de modo espontáneo y directo, propiciando una amplia participación de
las personas, y por ello hacen posible la vida democrática; asimismo, pueden
adoptar formas más jerárquicas y organizadas. Sin embargo, en ambas se hace
realidad el anhelo de la participación democrática. Estos movimientos no buscan
alcanzar el poder ni mucho menos suplantarlo, sino influir en las decisiones públicas
para beneficio de los ciudadanos, sin importar clase social o ideología.
Los movimientos sociales propician en su desarrollo un sentido de identificación
grupal entre sus miembros generando identidades colectivas, es decir, un
sentimiento de pertenencia a un grupo que busca colectivamente la innovación o la
anulación de una política o una ley, y en ese proceso de participación desarrollan
valores nuevos como la solidaridad, el respeto, el pluralismo, la tolerancia, etc., más
allá de las ideologías y de la clase social de los interesados. Los ejemplos más
significativos son: el movimiento juvenil anti-bélico de los años 60 en el mundo, el
movimiento feminista, el movimiento ecológico y las movilizaciones por los
derechos civiles de la raza de color en Estados Unidos. En el caso de México,
encontramos movimientos feministas por el derecho a la identidad sexual,
ecologistas, contra la inseguridad, contra la corrupción, etcétera.