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Los Filósofos Medievales

LOS FILÓSOFOS MEDIEVALES
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BIBLIOTEC]! AUTORES CRISTANOS Declarada de interés;acional 409 ESTA COLECCION SE PUBLICA BAJO LOS {URIGIOS ¥ ALTA DIRECCION DE LA UNIVERSIDAD PONTIFIGA E SALAMANCA La couISiON DE DICH roNTICH UNE Hfoab ENCANGADA DE LA INMEDUCA RA GION COW LA BAC ESTA INTEGRADA ENEL Go 1979 POR Los SERORES SIGHENTS: PResiDeNTE: Emmo. y Rvdmo. Sr. Dr. Vicente ENiQUEY TARANCON, Cardenal Arzobispo de Madrid-Alcalé y GraiCanciller de la Universidad Pontifcia Vicepresmmenre: ‘Imo, Sr. Dr. [ban Uys Aczmar LuyéN, Rector Magifico. Vocates: Dr. ALronso Orca Chrmona, Vicerrector Aeadémico; Dr. Rican BuAzqued, Decan\ de la Fa ultad de Teologia; Dr. Juan Sancrez ¥ SAvcnEz, De- tcano de la Facultad de Derecho Cas6nico; Ux. saNvet Careio Manrinez, Decano de la Facultad de Ciencias Po- liticas y Sociologia; Dr, SATURNINO ALVAREZ TURIENZO, Decano de la Facultad de Filosofia; Dr. José Cnoz Reta, Decano de la Facultad de Filologia Biblica Trilinsite; Dr, JUAN ANToNtO CapEzas SaNDaVAL, Decar de la Fa- cultad de Ciencias de la Educacién; Dr. Gznario PASTOR Ranos, Decano de la Facultad de Psicologia; Dr. ROMAN Skncurz CHanoso, Secretario General de la Usiversidad Pontificia Secuerato: Director del Departamento de Publica ciones. LA EDITORIAL CATOLICA, — Apanrano 46¢ MADRID « MC! LOs FILOSOFOS MEDIEVALES SELECCION DE TEXTOS POR CLEMENTE FERNANDEZ, S. 1 PROFESOR DE FILOSOFIA EN 1A UNIVERSIDAD COMILLAS I FILOSOFIA PATRISTICA FILOSOFIA ARABE Y JUDIA BIBLIOTECA DE AUTORES CRISTIANOS MADRID , MCNLXXIX SAN JUSTINO (F 160-165) COnnas. rrmncreanes: ‘Archoya Snip yptonaniy rps “Avzviay thy eaaBt (Apologia en favor de los crtstianos a Antonino, Pio) (Apologia 1] GBS), Arte kp pay gle ap Ponies (Apologia en favor de los eristenos al Senado Romano) [Apologia 11] (BGS) ee Teyana Stes (Dillogo com oda Trifén) (135/160?) ‘ Enrci6n crrapa: D. Rurz Bueno, Padres apologetas griegas (s.n). Intyoducciones, texto. griego, versién’espafiola y notss: Sun Justino: Didiogo con Trifén (BAC 71979) Bun1sooRaria cmenat: D. Ruxz Busvo, oc. Tntroduecién al Diogo con Trion poSL-2, G, Ancuanaauts, Justin: Dialogue avec Tripbon ‘ice Wee aduction frangise introduction, notes et index (Textes et Documents, Vil, 11,2 wok (Put 1909). Kuss sins «Di Tog geten Tripbo» ct-10jqund.Platons « mad 2 Vase Wanaka, Le christsniome 2 la philosopbie..: Kyriacon 1 p2052135 Conan. “Elénents dentbropologie dans les ceueres de Saint Tustin: Rev. fang. de Lorthod. 5 (1973) 84 317337. Wansorsen, Antike Philosophie tm Until der Rircbenviter (Mnchen 1973); Orvo, oc, pA ne10; p.6 ntaT, Dislogo con Trifén 5 ra el problema de si hay un solo Dios o hay muchos, ni si tienen o no providencia de cada uno de nosotros, pues opi- nan que semejante conocimiento no contribuye para nada a nuestra felicidad. Es més, intentan persuadirnos que del uni- verso en general y hasta de los géneros y especies se cuida Dios, pero ya no ni de mi ni de ti ni de las cosas particula- res; “pues de cuidarse, no le estariamos suplicando dia y no- che. Ahora, no es dificil comprender el blanco a que tiran esas teorias. Los que as{ opinan, aspiran a la inmunidad, a la libertad de palabra y de obra, a hacer y decir Jo que les dé la gana, sin temer castigo ni esperar premio alguno de parte de Dios. ¢Cémo, en efecto, lo esperan quienes -afirman que yo y ta hemos de volver a vivir vida igual a la presente, sin ue nos hayamos hecho ni mejores ni peores? Otros, dando por supuesto que el alma es inmortal ¢ incorpérea, opinan que ni aun obrando el mal han de sufrir castigo alguno, como quiera que lo incorpéreo es impasibie, y «¢, pues el alma ¢s inmortal, no necesitan ya para nada de ic. Entonces él, sonriendo, cortésmente: —¥.ti—me dijo—, gqué opinas sobre esto, que idea tie- nes de Dios y cuél es tu filosofia? Dinoslo. 3 2. —Si=respondi—, yo te voy a decir lo que a mf pa- rece claro, La filosofia, efectivamente, es en realidad el ma- yor de los bienes, y el mds precioso ante Dios, al cual ella Bs la sola que nos conduce y-recomienda. Y santos, a la ver- dad, son aquellos que a la filosofia consagran su inteligencia ‘Ahora, qué sea en definitiva la filosofia y por qué les fue enviada a los hombres, cosa es que se le escapa al vulgo de las gentes; pues en otro caso, siendo como es ella ciencia tuna, no habrfa platénicos, ni estoicos, ni petipatéticos, ni te6- ticos, ni pitagdricos. Quiero explicaros por qué ha venido a te- ner muchas cabezas. El caso fue que a los primeros que a clla se dedicaron y que en su profesién se hicieron famosos, Jes siguieron otros que ya no hicieron investigacién alguna sobre la verdad, sino que, llevados de la admiracién de la onstaneia, del dominio de si y de la rareza de las doctrinas de sus maestros, slo tuvieron por verdad lo que cada uno habia aprendido de aquéllos; luego, transmitiendo a sus su- 39 Hininsm, Philoropbie snd Christentum. Eine Interpretation der Einlet tung’ um Disiog. Justine. Acta. theologiea Danica, 1X (Kopenhaguen 1966) plz. HOrt0, o¢, pS mt2 y 3; Bavaro, o<., p32 y 34; Worrson, The Philo: sophy of the Church Fathers p72 6 San Justino cesores doctrinas semejantes a las primitivas, cada escuela tomé el nombre del que fue padre de su doctrina 4 Yo mismo, en mis comienzos, deseando también tra tar con alguno de étos, me puse en manos dé un estoico Pasé con él bastante tiempo; pero déndome cuenta que nada adelantaba en el conocimiento de Dios, sobre el que tam- poco él sabia palabra ni decia ser necesario tal conocimiento, me separé de él y me fui a otro, un peripatético, hombre agu. do, segtin él creia. Este me soporté bien los primeros dias; Peto pronto me indicd que habfamos de sefialar honoratios, a fin de que nuestro trato no resultara sin provecho. Yo le abandoné por esta causa, pues ni filésofo me parecfa en abso- Tuto. 5 Pero mi alma me seguia bullendo por ofr lo que es peculiar y mas excelente en la filosofiay por esto me dirigi 4 un pitagérico, reputado en extremo, hombre que tenia muy altos pensamientos sobre su propia sabiduria. Apenas me puse al habla con él, con intencién de hacerme oyente y discfpulo suyo: —iMuy bien!—me dijo—; gya has cursado misica, as- tronomia y geometria? gO es que te imaginas vas a contem- plar alguna de aquellas realidades que contribuyen a la feli idad, sin aprender primero esas ciencias que han de despren- der al alma de lo sensible y prepararla para lo inteligible, de ‘modo que pueda ver lo bello en si y lo que es en si bueno? Hizome un largo panegtrico de aquellas ciencias, me las presenté como necesarias, y, confeséndole yo que las ignora- ba, me despidié. Como es natural, me molest haber fraca- sado en mi esperanza, mas que mas que yo crefa que aquel hombre sabia algo. Por otra parte, considerando el tiempo gue tendria que gastar en aquellas disciplinas, no pude su- frir diferitlo para tan largo plazo. 6 Estando asi perplejo, me decidf, por fin, a tratar también con los platénicos, pues gozaban también de mucha fama. Justamente, por aquellos dias habia Ilegado a nuestra ciudad un hombre inteligente, una eminencia entre los plat6- nicos, y con éste tenfa yo largas conversaciones y adelanta- ba y cada dia hacta progresos notables. La consideracién de lo incorpéteo me exaltaba sobremanera; la contemplacién de Jas ideas daba alas a mi inteligencia; ‘me imaginaba haber 4 Orre, oc, pS m8, 6 Orro, oe, p9 ALO y 11; pl0 nta3 y 14 Didlogo con Trifén 7 me hecho sabio en un santiamén, y mi necedad me hacta es- perar que de un momento a otro iba yo a contemplar al mis- mo Dios. Porgue tal es el blanco de la filosoffa de Platén. 7 3, Con esta disposicién de énimo, determiné un dia henchirme de abundante soledad y evitar toda huella de hom- bres, por lo que marché a cierto paraje no lejano del mar. Cerca ya de aquel sitio, en que habia yo de encontrarme a mis solas, me iba siguiendo, a poca distancia, un anciano, de as- ppecto no despreciable, que daba sefias de poseer blando y ve- nerable carécter. Volvime yo, me paré, y clavé fijamente en 41 mis miradas. Y él entonces: — (Ap 2,23), la que penetra nuestros repliegues y nues. ttos secretos.y la que de manera manifiesta nos alimenta y conserva (PG 7,1030; S.C. 100 P.618-623). Capituto XX 531. No se puede conocer, pues, ya que es imposible medir al Padve. Per. 32 Onse, 0, 9.37. BP Lamon, oc, p385406; Sewn, oc, pase 33 Onae, o.c., p.41-63.67, ® . a Dios en su grandeza, ‘0 en su amor—que es Contra tas herejtas 3 al que nos conduce a Dios por el Verbo—, los que le obe- decen aprenden en todo tiempo que existe un Dios tan gran- de que por s{ mismo dispuso y creé, ordené y mantiene todas las cosas, y entre ellas a nosoiros y este nuestro mundo. Tam- bién nosotros, pues, con todo lo que hay en el mundo, hemos sido hechos (PG 7,1032; S.C. 100 p.624). Capiruto XXXVII 54 1. Conestas palabras...: fener eee yer a tus hijos, y tt no quisiste! » (Mt 23,37), puso bien de Fmuaiticero la adtigaa ley’ la Mier del hombre. Dios, en efecto, Jo hizo libre, poseyendo desde ef principio, lo mismo que su propia alma, el dominio de sus actos, para que siguie- ra voluntariamente los designios divinos, y ‘no por coaccién del mismo Dios. Porque Dios no coacciona, sino que siempre Ie asiste con buen designio, Por eso brinda a todos un plan leno de bondad, pero ha puesto en el hombre la facultad de eleccién, Jo mismo que en los dngeles—pues también és- tos son seres racionales—, de suerte que los que obedecie- sen alcanzasen con toda justicia el bien, don de Dios, pero conservado por ellos, mientras que los que no obedeciesen justamente serfan privados de ese bien y recibirfan la pena merecida, Dios, en su bondad, les otogs el bien; ellos, en lu war de guardarlo cuidadosamente y estimarlo en su valor, des- pica es-sobcsate bonded. far babe rechazado, pues, y como tepudiado ese bien, incurrirén con toda razén en el justo juicio de Dios, como lo atestigua el apéstol San Pablo en su carta a los Romanos... Si, por el contrario, por naturaleza unos hubiesen Bis ees fine sic aloe alia serian_dignos de alabanza, por el hecho de ser buenos, pues asf habrian sido hechos, ni éstos reprensibles, pues ‘también ellos ha brian sido cteados asi. Pero, de hecho, todos son iguales por naturaleza y tienen potestad de retener y de practicar el bien 0 de perderlo o de no hacerlo. Por CR entre los canes juiciosos—y mucho més ante Dios—, los primeros son elo- alae y son acreedores a la buena fama de haber hecho el bien y perseverado en él, mientras que los otros son acu- 54.55 Onut, o.¢,, pAS5176, 54 Onne, oc, p.133.171s, 55 Onae, oc. p.l7iss 36 San Treneo sados y sufren el castigo merecido, por haber epudiado la justicia y el bien (PG 7,1099; S.C. 100 p99), LIBRO V Capiruto VI 56 6. Por las manos del Padre, esto es, por el Hijo y el Espiritu, es hecho el hombre, y no una sola parte de él, a imagen de Dios. Ahora bien: el alma y el espiritu pueden ser partes del hombre, pero de ninguna manera el hombre: el hombre perfecto es la mezcla y unién del alma que recibe al espiritu, y que ha sido mezelada con la came modelada a imagen de Dios... Porque si se quita la sustancia de la came, es decir, de la obra modelada, y si se considera tan slo el espfritu, ya no se tendré al hombre espiritual, sino al espiritu del hombre o al espfritu de Dios. Por el contrario, cuando ese espiritu, mezclindose con el alma, se une a la obra modelada, por esa efusién del Espiritu, se hace el hom- bre espiritual y perfecto; ése es el que ha sido hecho a ima- gen y semejanza de Dios. Pero si al alma le falta el espéritu, entonces ese hombre, quedando en realidad de verdad ani. mal y carnal, seté imperfecto, Mevando, si, en su cuerpo la imagen de Dios, pero sin haber recibido ‘la semejanza por medio del Espiritu. 37 A su vez, como ese ser es imperfecto, ast también, si se quita la imagen y se rechaza la obra modelada, ya no se tiene al hombre, sino a una parte suya, como ya hemos dicho, o alguna otra cosa distinta del hombre. Porque. la carne modelada, de por sf, no es el hombre perfecto, sino el cuerpo del hombre y una parte del hombre; ni el alma, tampoco, de por si es el hombre, sino el alma del hombre, y una parte del hombre, Tampoco el espfritu es el hombre, ya que se le llama espiritu y no hombre: es la mezcla y. la unin de esas tres cosas lo que constituye al hombre perfec. to... (PG 7,1137A-1138B; S.C. 153 P.72). 3658 Onne, 06. 0, p2831; E. Kusnns, Die Antbopoloaie des bl, Ire neeas (Minstee 1854) 5657 Onae, oc, 20296975; Caunsor, Bulletin abit. des doctrines Rev, se phil. thiol 34 (1970) p52 37 One, ‘oe, 2029.69.75. Contra tas berejtas Capfruco IX 58 No entienden que tres cosas constituyen, como he- mos demostrado, al hombre perfecto: la carne, el alma y el espiritu. Una de cllas salva y forma: el espititu; otra es salvada y formada: la carne; la tercera, en fin, se halla entre las otras dos: el alma, que unas veces sigue al esp rita y es levantada por él, y otras, dejéndose persuadir por la came, cae en las concupiscencias terrenas. Todos aquellos que no tienen Jo que salva y forma para In vida sen, en con secuencia, carne y recibirin el nombre de «carne y sangre>, F (PG 7,1144B; S.C. 153 ya que no poseen el Espiritu de Dios. p.106). . 58 Onse, 0€,, p:75.128s.1385. 466.483 TERTULIANO (155/160.220) Ones oaniceaiss ve mnenés suos6mico: Ad ationes (197 Apolotecam (ih; De tetimanio srnue UST)“ Adeaaas Mou seer a), Be atte ror, (0 Ads Hae tem (207212), DE warns euretione CIO 21, Be anise iS Adversus Praxean (2132). ‘i f i Epicioves urmuizapas: Tertulliani opera, pars I, opera catholica, Corpus Christianorum, series latina, I (Turnholti 1954): Apologeticunt, cura et studio E, Dexxers, p.85171; De testimonio animec, cura et studio R, Wittens, p.175-183; Adversus Hermogenem, cara ct studio Ac, Krorwann, 397-435; Adversus Marcionem, id, pAGL726, Trad, del editor, Q. S. F., Tertullini opera, pars Il, opera. montanistica, Corpus Christianorum, series latina, II (Turnholti 1954): De aniina, cura et studio J. H. Waszivk, p.781-869; De carnis resurrectione, cura et studio J, G. Pa. Bortzrrs, p.921-1012; Adversus Praxean, casa et studio Ac.’Knormany et E. Evans, p.1139-1205. Trad. del editor Brusoes, cox: 1. Yacomorn, La flocfc di Terulony (Urbina 1970) blogs, p, 34.345), B Raruls“Lenalien oy loos Kev. ae. reli 30 (1996) 4243, HA Woutsow, fhe phlosopby othe Church Fathers (Cambridge, Nass, 1956) p317392; A. Lantaron, Tes tullen et la philosophic, ow la recberebe d'une positon pure: Men Heke 7 (1950) 139.180; "T. Dy Barns, Tertulion, A. bistoneal and littsery stady (Oxford 1971); B, B. Wanttetp, Studies in Tertullan und dopee, fing, seprint of the 1930 ed. (New York 1910); J.B, Wastainc, fer lullien, Apologétique, Commentaie snalytique, geaiimatiel et histories (Litge'1919), In, Tertulien. Apologetique: Tete Gubli ot nese ee 1a collaboration “de “A. Severs. (Pars, Les Belles ‘Lettres 1929); G. Buctun, Tertullian. Apologeticum (Munchen 1952), G. Scustowes., Der Apologet Tertulian in seinem Verbalinis cu den giecbischmcbey Philosophie (Leipzig 19101}, J. HL. Waszine, Toe Toeatse ageine Her ‘mogenes (London 1956); J. Livstus, Ober Tertullian Sebrift wider Pre seat: Jahrb, fr deutsch. Theol. 3 (1868); A, Knovnann, Tertalons Ad. versus Praxeam (Tabingen 1907); L. RoseNweyEe, Ousestiones tnd: tae ad lbram Adversus Prascam pertinentes (Stasbotg 1909), E, Beans, Tertulian’s "Treatise Against Prances' (London 1948) (The Test cok with an Introd, and comment.}; Th, L. Vernoeven, Studien over Testa liane Adversus Praxeam (Ansterdam” 1948}; P. ‘Siuscatco, Riccbe sal De resurectione di Tertuliano (Roma 1966);}. He Waszite Tee talliani de ‘Anima, ed, with Introd, and comment) (Atnstenion 1941s Ib, Tertuliant De Anima, mit Einleitung, Obersess und. Komnetio: (Amsterdam 1953); C. Monéscutss, Reminicence apuleiane nel De cites 4 Tevtalian?: Nagi 20 (0968) lossy I. Keni Teen. Criicbe lewusctsein und. siche Forderungen. Reprogranhy Nachle. der: Ae Diisseldor? 1940 (Hildesheim 1973}. “PE * Apologético APOLOGETICO 59 XVIL1. Lo que adoramos es el Dios tinico, que sacé de la nada a toda esta mole y aparato de los elementos corpora- les con el imperio de su palabra, con su raz6n ordenadora, con su fuerza omnipotente, para esplendor de su Majestad; de ahi que los griegos impusieron el nombre de xéapo¢ (ornamento) al mundo. Es invisible, aunque se le vea; no comprensible, aunque por la gracia se obtenga alguna repre- sentacién de’él; es inabarcable, aunque se le alcance por las facultades humanas; por eso es verdadero y tan excelso; lo que comtinmente se puede ver, abarcar y estimar, es. infe- rior a los ojos que lo contemplan, a las manos que lo to- can, a los sentidos que Io alcanzan, En cambio, Io que es in menso es conocido sélo de sf mismo. Esto es lo que hace a Dios estimable: el que no sufra estimacién; asf, la excelsi- tud de su grandeza refleja y lo encubre a la vez a los hom- bres como oscurecido. Y en eso esté el delito de los que no quieren reconocer a quien no pueden ignorar, 60 eQuergis que comprobemos esto por sus obras tan numerosas y excelentes que nos conservan, nos deleitan y aun nos aterran, por el testimonio del alma misma? Esta, aun optimida por Ia cércel del cuerpo, aun asediada por ma. las costumbres, aun debilitada por las pasiones y la concu- piscencia, esclavizada por el servicio a dioses falsos, cuando recapacita como despertando de la embriaguez, 0 del suefio, co de una enfermedad, y recobra Ja salud, invoca a Dios, con ese tinico nombre, porque el auténtico es uno solo, En la boca de todos estin las expresiones: Dios grande, Dios bue- tno, y «que Dios nos lo conceda». Y también lo proclaman como juez en estas expresiones: «Dios lo ve, a Dios Jo con- fio; Dios me lo pagar». ;Oh testimonio del alma natural- mente cristiana! Al proferir todas estas expresiones no mira al Capitolio, sino al cielo, Pues saben dénde esté la morada del Dios vivo; de él y de alli ha descendido (Corp. Christ. series Lat. I, p.117s). 59.60 J.P. Warrzino, Tertllien, Apolosétique, Texte éubli et traduit avec In collaboration de A. Sevenens (Les Belles Lettres, Paris 1923); To, Ter lullien. Avolosétiaue, Commentsire analytique. grammatical et historiaue (Lisee 1919); C! Becuse, ‘Terallten Apologeticum (Minchen 1959) ph & QUIS, Anima natrter cron: Hxuos Jah 18 (1930) 40 Tertutiano SOBRE EL TESTIMONIO DEL ALMA Carfruto I 61 Quiero invocar un nuevo testimonio, un testimonio ms notorio que todas las literaturas, més vatiado que todas Jas ciencias, més difundido que todos los libros, superior al hombre entero, es decir, a todo lo que encierra el hombre, Comparece, pues, joh alma! Si eres ser divino y eterno, como piensan muchos filésofos, tanto menos serés capaz de men- tir; si no eres divina, a fuer de mortal, como quiere vinica. mente Epicuro, entonces no deberias mentir. Ya hayas caido del cielo, ya hayas sido concebida por la tierra, ya constes de niimeros o de dtomos, sea que hubieses empezado a existir con el cuerpo, o le fueres agregada después, tengas el origen y el modo de existir que tengas, ti haces al hombre set tacional y capaz en el grado més alto de sentir y de pensar Pero no apelo a ti, alma, que, formada en las escuclas, ejer- citada en las bibliotecas, vomitas la sabidurfa que has conse- guido en las academias'y pérticos de la Atica. A ti apelo, alma simple, ruda, inculia e ignorante; a ti, tal cual la po. seen los que no tienen mds que a ti; a ti, que toda proce- des de Ia calle, de la plaza y del taller. ‘Tu ignorancia ne. cesito, ya que nadie se fia de la médica ciencia que puedas presentar. Reclamo lo que aportas al hombre contigo, lo hayas aprendido por ti misma o recibido de tu autor. Que yo sepa, no eres ctistiana; se hace uno ctistiano, no se nace tal. Sin embargo, los cristianos reclaman ahora tu testimonio: extraia, depén contra los tuyos, para que los que nos odian y desprecian se arrepientan por obra tuya de una doctrina de Ja cual eres cémplice. Carfrozo IL 62. Se indisponen con nosotros porque predicamos un tinico Dios a quien conviene este nombre, de quien todo Pto- cede, a quien todo esté sujeto, Profiere tu testimonio, si es ése tu sentir. ;Tantas veces, dentro y fuera de casa, te he- mos ofdo exclamar paladinamente y con una libertad que ‘no nos es dada a nosotros: «Lo que Dios disponga», « jsi Dios 61.62 1, Forscurn, Die natirliche Gottererkenntnis bei Tertllien: Zeitscht. £ kathol, Theol. 5 (1827) 1-34; 217231; Vecemorzt, Le filsofia df Tertalens 223-25, Contra Marcién a quiere»! Con estas exclamaciones ti proclamas la existencia de un ser a quien atribuyes todo poder, a cuya voluntad te sometes, al propio tiempo que, cuando llamas por sus nom- bres a Satumno, a Jpiter, a Marte y a Minerva, nieges la existencia de esos otros dioses. Llamando sélo a é&e con el nombre de Dios, das a entender que El es el tinico Dios, de suerte que al darles algunas veces a esos otros el nombre de Dios, parece que se lo das como de prestado. Tampoco se te escapa la naturaleza de ese Dios que predicamos: «Dios es bueno», «Dios es benefactor», sueles decir. Y el hombre, en cambio, malo, como reprochando indirectamente y pot 10- deo del lenguaje, por la proposicién contraria, que el hombre es malo porque se aleja del Dios bueno. Lo mismo, la ex clamacién: «|Que Dios te bendiga! », que, en el Dios de la bondad y de Ja benignidad, es la cifra de todas las bendi nes de Dios, sacramento augusto de toda nuestra manera de vivir, la pronuncias con la espontaneidad que le cuadra a un cristiano. Y cuando conviertes en maldicién la bendicién de Dios, proclamas, al invocar su nombre, que su. omnipotencia se cierme sobre’ nosotros... (Corpus Christ., series latina 1, p.l7s.). CONTRA MARCION LIBRO I Carfruxo II 63. Dos dioses presenta el del Ponto *, como dos Sym- plégadas de su naufragio: el que no puede negat, es decir, el Creador, el nuestro, y el que no puede probar, es decir, cl suyo, tomando ocasién para su deplorable invencién de Ja naturaleza del Sefior, que propuso aquel ejemplo del é- bol bueno y del abo! malo no a propésito de Ia. divinidad, sino de los hombres: que ni el drbol bueno produce malos frutos, esto es, el espiritu 0 Ia fe buena no produce malas obras, ni el malo, buenas. Pues desfalleciendo, como muchos en nuestros dias, sobre todo los herejes, ante el problema del mal—cudl es su origen—, y con los sentidos embotados a fuerza de la vehemencia exagerada de su cutiosidad, al ver + Musica, 63-69'F, Momor, Le problome du Diew unique ebez Tertllien: Rev. scene. relig. 4 (1970) 937342; Veccomm, oc, p212314) 15344 2 Tertuliano esta expresién del Creador: Yo soy el que hago las_cosas malas, con la misma presuneién con que pensé que El era el autor del mal, y por otros argumentos que convencen de Jo mismo a todos los perezosos, con la misma, aplicando al Creador lo del érbol malo que da frutos malds, pensé que tenia que existir otros dios que estuviese representado por el drbol bueno que da frutos buenos. Y asi, como encontran- do en Cristo otra indole de la sola y pura benignidad, di- versa de Ja del Creador, con toda facilidad ha encontrado una revelacién de nuevo y extraio tipo de divinidad en Cristo; y asf, con un fermento pequefio, ha venido a corrom- per toda Ja masa de la fe con Ja levatura herética, Conté con tun tal Cerdén, que diese cuenta del escéndalo: dos ciegos han podido més fécilmente pensar que han visto a dos dio- ses. Ya que slo uno de ellos no habla sido capaz de ver a uno del todo: una ‘nica luz aparece a los ojos legaiosos como dos, 64 Asi que, a uno de los dos dioses, cuya existencia se vela forzado a reconocer, lo anulé, atribuyéndole todo el mal; al otro, que se empefiaba én establecer artificiosamente, lo hizo existir a titulo de ordenar el bien. Vamos a hacer ver, por nuestras respuestas, cémo fue estableciendo las naturale. vas de esos dos dioses. La disputa se centra, pues, sobre el niimero; si se puede sostener Ia existencia de dos dioses, podria, si_acaso, parecer una licencia poética y pictérica, pero, lisa’ y lanamente, es herética. La fe cristiana lo declara tetminantemente: si Dios ‘AO €s tinico, no existe; tenemos por mas digno el que simple- mente no exista algo, sino ha de existir como debe. Y para que puedas saber que Dios debe ser tinico, pregunta qué es Dios; no lo encontrarés con otra manera de ser. En cuanto es dado a la condicién humana el dar una definicién sobre ios, hago de El esta definicién que todo el mundo acep- tard: Dios es un ser supremo, eterno, no nacido, sin prin- cipio, sin fin, Eso es lo que hay que atribuir a esa eter. nidad que constituye a Dios en un ser supremo, pues la eter- nidad en El consiste precisamente en eso y en otros seme- jantes atributos: que sea Dios un ser supremo, excelente en su esencia, en su inteligencia, en su fuerza, en su poder. 65 Conviniendo en esto todos—pues nadie negaré que Dios es algo supremo y excelente, mis que el que sea capaz de decir, por el contratio, que Dios es algo infimo en la ex Contra Marcién a cala de los setes, negando asi a Dios al quitarle lo que le es propio como Dios—, geual seré la manera de ser de ese set supremo excelente? Esta: que nada se le pueda igualar, es decir, que no exista otro ser supremo excelente, ya que si existe 1o igualaré, y si lo iguala, ya no serd el ser supremo excelente, al destruirse Ja condicién y, por ast decitlo, la ley que no consiente que nada iguale a lo que es supremo exce- lente, Luego el ser supremo excelente tiene que ser tinico, lo cual seté no teniendo igual, para que no deje de ser el supremo excelente. Luego no existirs de otra manera de como posee el ser, es decir, siendo absolutamente tinico. 66 Por tanto, por ser Dios el ser supremo excelente, con razén hemos dictaminado: Dios, si no es tnico, no existe, ‘no como si dudisemos de que Dios existe, diciendo: «si no es tinico, no existe, sino en el sentido de que a aquel de quien estamos seguros que existe lo definimos diciendo que, si no es es0, no es Dios, a saber, el ser supremo excelente, Ahora bien, el ser supremo excelente tiene que ser tinico; pues también Dios seré tinico, no siendo Dios més que siendo el ser supremo excelente, ni siendo el ser supremo exce- Iente ms que no teniendo igual, ni careciendo de igual més que si es tinico, Cualquier otro dios que se forje, no habré otra forma de sostenerlo como Dios més que atribuyéndole el modo de ser propio de la divinidad, que es el de ser tanto eterno como el ser supremo excelente, ¢Cémo, entonces, po- drdn coexistir dos seres supremos excelentes, cuando el ser algo supremo excelente consiste precisamente en eso, en no tener igual, y el no tener igual es cosa que compete a un solo ser y no puede darse de ninguna manera en dos? 67 Hasta aqui parece como si Marcidn pusiese dos seres iguales. Pues, cuando defendemos que hay que creer que Dios, el ser supremo excelente, es tinico, excluyendo de él el tenet un igual; hemos estado hablando de dos iguales, dejando bien claro que no puede haber dos seres iguales en Ja naturaleza del ser supremo y, por tanto, dos dioses, bien sabedores, por otra parte, dé que Marcién pone dos dioses desiguales, y uno como juez, cruel, poderoso en la guerra; al otro, como mmisericordioso, apacible y exclusivamente bueno y excelente, Examinemos también esta otra parte de la alternativa y vea- mos si al menos la diversidad consiente Ja existencia de dos dioses, ya que no la ha dado la igualdad. 68 Aqui también nos viene en ayuda la misma regla del 44 Tertuliano ser supremo excelente, ya que pone en seguro la manera de ser toda de la divinidad. En efecto, arguyendo de su misma concesién y como aceptando lo que el adversatio me ofrece, al no negar al Dios creador, me asiste toda razén para de- clararle que no hay lugar a'diversidad entre aquellos a los que, una vez que ha reconocido como dioses, no puede ha- cerlos diversos; no porque aun entre los hombres no pueda haber quienes ‘sean diversos bajo una misma denominacién, sino porque no habré que llamar dios, ni creer que Io sea, @ quien no sea el ser supremo excelente. Asi, al verse pre. cisado a reconocer como ser supremo excelente a quien no aiega Ia condicién de dios, no se puede admitir que al ser supremo le atribuya alguna suerte de disminucién, en vittud de la cual esté sujeto al otro ser supremo. Pues deja de serlo si esté sujeto. Y no es propio de Dios el decaer de su es tado, esto es, de su condicién de ser supremo. Pues aun en ese dios més principal podré peligrar su condicién de set supremo, si puede decaer en el creador. 69 Asi, cuando se proclama a dos dioses como dos seres supremos, por fuerza ninguno de los dos puede ser o mayor que el otro, o menor, ni més sublime més inferior: tendré que negar que es ser supremo ese que dice que es menor. Al admitirlos como Dios, los has admitido a ambos como dos seres supremos. Y as{ nada quitars al uno ni pondrés en el otro. Admitiendo la divinidad has negado la diversidad (Cor. pus Christ., seties latina I, p.442-447). Capiruzo TIL 70 Una vez que nos disponemos a tratar de Dios en cuanto que es conocido, si se nos pregunta de qué manera lo €s, tendremos que comenzar por sus obras, que son anteriores al hombre. De esa manera, descubierta al punto junto con El mismo su bondad, y una vez establecida ésta como base in- destructible, nos podra sugerir alguna pauta para apreciar el orden de lo que sigui6. 7A Los discfpulos de Marcién, una vez conocida Ia bon- dad de nuestro Dios, la podrin reconocer digna de la divi. nidad por 1os mismos titulos por los cuales hemos demos. trado antes nosotros que faltaba en su dios. En primer li gar, el objeto mismo de su conocimiento no lo encontré Dios en otro ser fuera de El, sino que lo cteé por s{ mismo. Esa Contra Marciée 63 fue la primera efusién de Ia bondad de Dios, que no quiso pemmanecer eternamente desconocido, es decir, que no exis- tiese ningdin ser que le pudiese conocer. ¢Qué bien hay, en efecto, comparable al conocimiento y goce de Dios? Y, aun- que ese bien no aparecia todavfa como tal, por no existir guien lo pudiese apreciar, Dios s{ conocia de antemano el bien que habfa de aparecer, y por eso confié a su infinita bondad la misién de prepatar Ja aparicién de tal bien, que no tuvo nada de repentina, ni de precipitada, ni algo que se pare- ciese a una bondad fortuita o jactanciosa, com si empezara a existir en el momento en que comenz6 a actuar. Si es ver- dad gue ella constituyé el comienzo de todo en el momento fen que comenz6 a actuar, ella misma, al actuar, no tuvo co- mienzo. Una vez que constituyé el comienzo de todo, surgié Ja sucesién temporal, para cuya determinacién y distincién fue- ron colocados los astros y las lumbreras celestes: «Servirén, para (sefialer) los tiempos, los meses y los afios» (Gén 1,14). Por tanto, no tuvo tiempo antes de que existiera el tiempo la que hizo que existiera el tiempo, ni la que hizo el comienzo, tuvo comienzo antes de que existiera el comienzo. 72. Asf, no habiendo tenido comienzo y no estando sujeta a la medida del tiempo, hay que pensar de ella que tiene una du- racién inmensa o infinita, y no se la puede imaginar como algo que ha tenido un comienzo repentino, accidental, 0 por su impulso extraio: no hay fundamento alguno para pensar de ella semejante cosa o apariencia alguna temporal; por el contrario, hay que considerarla como eterna, consustancial con Dios perpetuamente, y, por lo mismo, digna de El... LIBRO IIL Captruto V 73. Si, pues, hay en Dios esas dos potestades, en vir tud'de las cuales ni podo ni debi6 sobrevenitle algin mal al hombre, y, sin embargo, le sobreviene, pongimonos a con- siderar también Ia manera de ser del hombre, no sea que haya sobrevenido por ello lo que por Dios no ‘pudo sobrevenis. Y encuentro al hombre creado por Dios, libre y duefio de su atbitrio, siendo en ese estado la mayor imagen y semejan- za que en el hombre puede haber de Dios. Pues no es por Jas lineas corporales, sino por la sustancia que ha recibido 6 Tertuliano de Dios el alma, como el hombre ha sido sellado a imagen de Dios, dotado de libertad y dominio de sf. Una confirma- cién de ese estado se halla en la ley misma que Dios esta- blecié. No se podria poner una ley al que no tuviese en su mano el obedecerla, ni se conminarfa la muerte a su trans- eign a éta nose atbuye a la libertad del hombre. Yast, en las Teyes que después dio el Creador, en las que propone ante el hombre el bien y el mal, la vida y la muette, el evden todo dispuesto por Dios por preceptos, llamadas, amenazas y consejos, se verd que todo presupone ia obediencia o la des obediencia del hombre libre y que obra por propia voluntad Capfruto XIV 74 Pata todo te sale al paso el mismo Dios: hiriendo, pero también sanando; causando la muerte y también dando Ja vida; humillando, pero también exaltando; haciendo males y causando la paz, de suerte que también en este punto puede dar una respuesta’a los herejes. Ahi lo tenemos, dicen, que él se declara autor de los males, al decit: «Yo soy el que pro- duzco los males», Aferréndose a la comunidad de nombre, que confunde en su ambigiiedad a dos especies de mal, ya’ que males se aman los delitos y las penas, dicen con insistencia que se entiende que él es autor de los males, de suerte que haya que declararle autor de la malicia. Pero nosotros, haciendo la distincién de ambas formas, separando los males de delito y los males de castigo, los males de culpa y los males de pena, asig. namos a cada uno de ellos su correspondiente autor: de los males de pecado y culpa, al diablo, y de los males de castigo y pena, a Dios creador. La primera clase es obra de la malicia; la segunda, de la justicia, que hace existir los males de decisién judicial contra los males del delito. El creador, pues, se pro- clama autor en los males que son competencia del Juez. Ma- Jes que, desde luego, son males para aquellos a quienes se in- fligen, pero bienes con nombre bien ganado en cuanto que son justos, y defienden a los buenos, y castigan los delitos, y, en ese orden, son dignos de Dios... Contra Préxeas a CONTRA PRAXEAS Capiruto V 75 Antes de todas las cosas existia sélo Dios. El era para s{ su universo, su lugar y todas las cosas. Existia solo, porque no hhabia nada fuera de El. Aunque, a decir verdad, ‘ni siquiera entonces estaba solo, ya que tenia consigo algo de su propio ser, es decir, su razén. Porque Dios es un ser racional, y la azn estaba primero en El, y de El se derivé a todas las co sas. Esa razén es el conocimiento que tiene de si mismo. Los griegos lo Ilaman 2syac, que es el término que corresponde al nuestro de sermo; por eso ya se ha hecho usual entre nos- otros el decir, por simplificar, que en el principio la Palabra estaba en Dios, cuando de por si debfa considerarse 1a razén como anterior, ya que Dios no hablé desde el principio, y, sin embargo, estaba dotado de razén aun antes del principio, y la palabra misma, al provenir de la raz6n, la manifiesta como an- terior a ella y fundamento suyo. Peto éste es un punto sin im- portancia, ya gue, si bien Dios no habia emitido todavia su Palabra, sin embatgo, tenfa ya dentro de s{ con la raz6n y en la razén, pensando y disponiendo sin hablar, lo que después habia de expresar con su Palabra. 76 Cuanto pensaba y disponia en su razén, convertia en palabra, ya que lo hacia por palabras. Para que lo entiendas més facilmente, ponte a reconocerlo en ti mismo, que estés hecho a imagen y semejanza de Dios: también ti, que eres ani- mal racional, tienes en ti mismo raz6n; ya que no sélo has sido hecho por un artifice dotado de raz6n, sino has recibido la vida participando de su naturaleza, Recapacita cémo eso mis- mo sucede en tu interior cuando en silencio estés dando vuel- tas a algo en tu raz6n: la azn se te presenta en palabras cualquier intento de pensamiento, y a cualquier movimiento de la conciencia. Cuanto piensas, Io piensas en palabras; cualquier movimiento de conciencia que tienes, lo tienes por la razén. Inevitablemente te pones a expresar eso en tu interior, y al ha- blar vienes a hacer a tu palabra tu interlocutor, y en ella, esté 75:76 J, Livswus, Ofer Tertulisns Scbrift wider Praveass Jahrb, f, Deutsch ‘Theol. 3 (1848), Tie. Vesuouvin, Studien over Tertulia’s Adverrus Praxea (Amsterdam 1948); , Evans, Tertulione Treatise “Avant Presets, Text with an" Intod. and. Commentary’ (London 1948), L.. Rospossvan. Quaestiones Lertaltanae a Libram Adverius Praveen perinentes (Strxcavarg 1903); Woursex, The philasopby of tbe Church Fathers, p82; E. Bullum, Logos stoicien, Verbe chréien, raison cartésienne: Exod. phil. at. (Patis 1955) p.100-177 8 Tertuliano Ja raz6n misma por la que pensando hablas con aquella por la cual hablando piensas. De esta suerte, la misma palabra viene ser como un segundo ser por el cual hablas pensando, y pien- sas hablando: en sf misma, la palabra es algo distinto de ti iCon cusnto mayor plenitud sucederd en Dios, de quien ti te consideras imagen y semejanza, eso de que, aun cuando esté callado, tenga raz6n, y en la raz6n, la Palabra! Entonces, pue- do sin temeridad alguna concebir que Dios, aun antes de la creacién del Universo, no existia solo, ya que tenia en si mis- mo la razén, y en la razdn, su Palabra, que producird como un segundo ser procedente de El por su actividad interior (Corpus Christ, series lat. II p.1159ss). CONTRA HERMOGENES Capiruzo VIII 77 Al sostener que Dios hizo todas las cosas de la mate- ria, antepone la materia a Dios, y le hace inferior a ella. Si se sirvié de ella para producir los seres del mundo, la materia, por su parte, aparece como superior, al suministrarle los ma. teriales para su accién, y, por lo mismo, Dios parece haber estado sujeto a Ja materia, pues que necesité de su entidad. Todo el que usa de algo, necesita de ello, ya que nadie se li bra de depender de aquello cuyo uso necesita, como nadie se libra de ser inferior a aquel del cual se sirve en algo. Y todo el que ofrece algo suyo para que otto Se sitva de ello, es supe- rior a aquel a quien se lo brinda. Asi, pues, la materia no ne- cesité de Dios, sino que se ofrecié a Dios, que la necesitaba; la rica y Ja abundante en recursos y la generosa, al que seria, pienso yo, menor, ¢ invélido, e incapaz de producir de la nada cuanto quisiete. Y le hizo un gran beneficio a Dios: el de tener algo por lo que fuese conocido Dios y ser llamado omni- potente; sdlo que ya no seria omnipotente si no contaba tam- bién con Ia potencia de producir de la nada a todas las cosas ¥ también a sf misma se confirié algo Ia materia: el poder ser reconocida como igual a Dios, es mds, su auxiliar; sélo que el tinico que la conocié fue Hermégenes y los filésofos patriar- cas de los heréticos. Pues hasta ahora fue desconocida de los profetas v de los apéstoles, y pienso que también de Cristo (Corp. Christ., ser. lat. I p.403). TJ, H. Waste, The rave asinst Hemozene (London 1856 THA. Woutson, The phlonphy of the Chuck Papen 9) Contra Hermégenes ” Carfruno IX 78 Ni puede decir que Dios usé de la materia como se- fior para producir las cosas del mundo} el Sefior no pudo estar en plano de igualdad con ella. Mas tal vez se sirvié de ella como de prestado, no teniendo dominio sobre ella, ya que, siendo mala, tuvo que servirse de ella, a causa de su flaco poder, por el cual no era capaz de servirse de la nada, y no por la potestad que habia tenido sobre ella, si hubiese sido su seiior; sabiéndola mala, la habria antes convertido en buena, como duefio y como bueno, de suerte que ast se sirviese de una cosa buena y no de una cosa mala. Pero como habia sido bue- fo, pero no sefior, por eso dejé ver la necesidad en que se ha- Ilaba de someterse a la condicién de la materia, pues se sirvi de ella siendo de esa indole, que habria corregido, caso de set su sefior. 79 Esa es la respuesta que hay que dar a Hermégenes cuando sostiene que Dios se sirvié de la materia como sefior y de una cosa no suya, es decir, no producida por El. Enton- ‘es el mal proviene de El, ya que es, si no autor del mal, pues no lo produce, al menos el que lo permite, ya que es su sefior. Y si la materia, a fuer de mala, no es del mismo Dios, luego se sirvid de algo ajeno o prestado, porque la necesitaba, o aun también injustamente, por imponerse por la fuerza a ella; ésas son las maneras de tomar las cosas ajenas: por el derecho, por el beneficio, por la fuerza; es decir, por el dominio, el prés- tamo o la violencia. En defecto del dominio, que escoja Her- mégenes qué es Jo que cuadra a Dios: El hizo todas las cosas de la materia, 0 de prestado, 0 por la violencia; no habia preferido Dios no hacer nada absolutamente a hacer algo de prestado 0 por la violencia y, encima, sitviéndose de una cosa mala? (ibid., p.404), Cariruro X 80 Y, aun en el caso de que Ja materia fuese en sumo grado buena, gno deberfa haber tenido por indigno de st el servirse de algo ajeno, aunque ello fuese bueno? Fatuidad grande habria sido, pues, el producir el mundo para su gloria, de suerte que apareciese como deudor de otro ser, y, por cier- to, no bueno. Entonces—teplica—ghabia de hacerlo de la nada, de suerte que con ello se le imputasen a El también los 50 Tertuliano males? Gran ceguera, a fe mia, la de los herejes en este modo de argitir, al pretender, o Ia creencia en otro dios bueno y ex- celente, por pensar que el creador es autor del mal, o la coexis- tencia de la materia con el creador, para asi detivar el mal de Ja materia y no del creador, siendo as{ que ninguno de esos dioses salga incdlume en esta cuestidn, ya que no dejaré de aparecer como autor del mal aquel, quienquiera que sea, que, aunque no haya producido el mal, ‘consintié que lo produjese alguien del modo que fuese, 81 Vea, pues, Hermégenes, atendiendo a la distincién que antes hicimos sobre ef mal, que no ha conseguido nada con semejante ataque. Pues est4 bien claro que, si no como autor del mal, si que aparece Dios como quien lo ha consen- tido, ya que consintié con esa su tan gran bondad antes de la produccién del mundo el mal de la materia, que, como bueno y enemigo del mal, debfa haber corregido. Pues, o pudo corre- gitla y no quiso, 0 quiso, pero no pudo, como Dios impotente. Si pudo y no quiso, resulta El también malo, por haber favo. recido al mal, y ast culpable de que contribuyé a la existencia de aquello que, por mucho que no lo produjo, no impidié que no existiese, pues, si no le hubiese querido, no habria legado a existir. gY qué cosa mas indigna que es0? Si quiso que exis- tiese Io que El no quiso haber hecho, obré en contra de sf mismo, ya que, por una parte, quiso lo que no quiso haber hecho, y por otra, no quiso haber hecho lo que quiso que existiese, Como bueno, quiso que existiese, y como malo, no quiso haberlo hecho. Lo que, al no hacerlo, lo juzeé malo, consintiéndolo, lo proclamé bueno, Consintiendo el mal por el bien, y no suprimiéndolo, se revela su fautor: mal, si lo hizo voluntariamente; vergonzosamente, si lo hizo por necesi- dad, Dios seré o siervo del mal o su amigo, ya que admitié trato con el mal de Ja materia, més atin, obré sirviéndose del mal (ibid., p.405), Carfroto XVIL 82 La condicidn de un tinico Dios impone esta regla: nico, porque solo El, y solo, porque nada con El. Con lo que ser también el primero, ya que todo esté después de El; y todo después de El, porque todo procede de El; y todo pro- 82 J. Mower, Le probléme du Diew unique cher Tertulien: Rev. scene relig. 44 (1970) 337362, Sobre la resurreccién del cuerpo 3 cede de El, porque lo produjo de Ja nada, de suerte que la misma Escritura lo hace constar: «¢Quién’conoce los planes de Dios? di Tetulieno (Roma 196 52 Tertuliano también es del cuerpo, como lo es el vivir. Pues bien, si todo est sujeto al alma por intermedio del cuerpo, esté sujeto tam- bién todo al cuerpo. Si se usa de algo, necesatiamente se esté unido a ello. Asf, el cuerpo, al ser por destino natural servidor del alma, resulta participe de su misma suerte y coheredera, Si lo es de los bienes temporales, gpor qué no de los eternos? (Corp. Christ., ser. lat. II p.930). SOBRE EL ALMA Cariruto XVIT 85 Debemos tocar también Ia conocida cuestién de los cinco sentidos, de Ja que ya ofmos hablar en nuestros prime: ros estudios, ya que de ella sacan también algtin partido los hetejes. Son la vista, el ofdo, el olfato, el gusto y el tacto, La fidelidad de estos sentidos la atacan con cierta dureza los aca- démicos y, segiin algunos, también Heréclito y Diocles y Em- pédocles, y con toda certeza Plat6n, que declara al conocimien- to sensible irracional y unido estrechamente a la opinién. Asf, se moteja de falsedad a la vista por afirmar que el remo sumer gido en el agua esta torcido o roto, en contra de lo que sabe- mos de que est entero; por presentar como redonda a una torre cuadrada vista de lejos; por alterar el aspecto de un pér- tico que es completamente igual presenténdole como més pe- quefio en los extremos; por juntar el cielo que se cierne tan alto, con el mar. Asimismo, se acusa de falsedad al ofdo, por ejemplo, cuando pensamos que es un trueno, y es el ruido de un carro, o cuando empieza a ofrse el rumor del trueno y cree- mos que el ruido procede de un carro, También se acusa al ol- fato y al gusto, porque los mismos perfumes y los mismos vi nos ilegan a despreciarse con el uso, Y lo mismo, el tacto: tuna misma superficie, a las manos parece éspera; a los pies, suave; y en los bafios, la misma agua caliente al principio se siente casi hirviendo, después, como templada. 86 Asi—dicen—nos engafian los sentidos al proferir nuestros juicios. Los estoicos, més modetados, no acusan de 85.93 J. H, Wasznse, Tertuliznd «De animan, ed. with Introd. and Com iment, (Amsterdam 1947); Tn, Tertullian! «De eniiean, mit Bileiteng, berets ‘und Kommentar (Amsterdam’ 1933); Gessue, Die Seclenlebre Tevulligns (Pa Gerborg 1893), F. Suk, Die Seclen- und. Erkennntlebre Tertullions und die Sioa (Wien 1937); C. Monsscamnt, Reminiscenze apulciane. mel «De enimas Tertullino?: Maia 20 (1968) 19s Sobre el alma 3B falsedad a todos los sentidos, ni siempre. Los epictireos, con- secuentes consigo mismos, defienden que Ia verdad s¢” halla por igual en todos y siempre, pero lo explican de otra manera. Dicen, en efecto, que no engafian los sentidos, sino la opinién. El sentido, segiin ellos, no hace mis que ser afectado, no juz- ga; la que juzga es el alma. Con eso, han cortado y separado tanto la opinién de los sentidos, como los sentidos del alma ¢De dénde trae su origen la opinién, sino de los sentidos? Si Ia vista no ve a la torre como redonda, no hay opinién sobre su circularidad. gY de dénde procede el sentido, si no es del alma? El cuerpo sin alma sera un cuerpo sin sensacién. Asi, el sentido procede del alma, y la opinién, del sentido, y todo eso es el alma, Por lo demés, se presenta como una explicacién muy razonable que hay algo que hace que los sentidos presen- ten algo de manera distinta de como es en realidad. Si, pues, puede ser comunicado algo que no hay en Ia realidad, ¢por qué no va a poder ser es0 por algo que no esté en los sentidos, sino en unas causas que intervienen por ellos? 87 Esas causas serd bien fécil el conocerlas, En efecto, Ja causa de que el remo sumergido aparezca como torcido 0 roto, es el agua; una vez sacado del agua, aparece el remo en- tero. La poca densidad de la sustancia que hace de espejo al recibir la Iuz, al ser movida por el golpe que recibe, hace vi- brar Ia imagen y as{ altera Ja linea recta, Asimismo, el que la torre presente una forma engafiosa, se debe evidentemente al medio: Ja igualdad del aire que la rodea, al envolver con la misma luz sus éngulos, difumina las aristas, Y 1o mismo, la uni- formidad de un pértico se agudiza hacia el final porque la vista, confinada en un espacio cerrado, se debilita a medida que se extiende. Ast el cielo se junta con la tierra donde ter- mina la vista: ésta distingue y separa en la medida en que est en vigor. 88. Y al ofdo, equé le podré engafar sino la semejanza de sonidos? Y, si con el transcurso del tiempo el perfume exha- Ia menos fragancia y el vino pierde sabor y los bafios se sien- ten menos calientes, la fuerza primera se encuentra casi inte- gramente en todos. ¥ por lo que hace a las manos y a los pies, con razén no concuerdan en Ia sensacién que tienen, fuerte o suave, los unos, miembros finos, los otros, endurecidos por el uso. 89. Asi, en esta explicacién, ningéin fallo de los sentidos deja de tener su causa. Y si hay causas que engafian a los sen- 4 Tertuliano tidos, y por ellos a nuestros juicios u opiniones, entonces no hhabré ue poner la falsedad en los sentidos, que no hacen més gue seguir o reaccionar a esas causas, ni en los juicios u opi: niones, que se forman segdin los datos que dan los sentidos, influenciados por las causas. Los Jocos ven en unas personas 2 otras, como Orestes a su madre en su hermana y Ayax a Ulises en su rebafio; como Atamas a unas bestias en sus hijos 2A quién achacaremos ese engafio, a los ojos, 0 a Ia locura? A Tos que amarillean por exceso de bilis, todo sabe amargo. ¢De quién es la culpa, del gusto o de Ia (mala) salud? Todos los sentidos estén expuestos con el tiempo a deterioro 0 a en- torpecimiento, de suerte que no hay lugar a que la falsedad sea en ellos una propiedad inherente. 90 Més atin: ni siquiera a esas causas hay que achacar- les ese delito de falsedad, Pues si esos fenémenos suceden con- forme a razén, la razén no merece que se la moteje de false- dad. Lo que tiene que suceder como sucede, no es un engatio. Entonces, si aun las mismas causas quedan exoneradas de fal- sedad, cufnto mis los sentidos, a los cuales preceden las causas libremente, ya que la rafz de Ia verdad, de la felicidad y de la integridad de los sentidos hay que ponerla en que n0 trans miten otro mensaje que el que la raz6n les impone, que hace que ellos presenten algo de manera distinta de como esté en las cosas. 91 eQué haces, insolente Academia? Echas por tierra todo fundamento, turbas todo el orden de la naturaleza, haces ciega a la Providencia misma divina, que confia a unos falaces sentidos la misin de ir por delante en nuestro empefio de en- tender, distribuir y disfrutar de sus obras. O es que no son ellos 1os que gobiernan como auxiliares nuestro vivir?

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