Problemática de la educación secundaria
Los jóvenes como sujetos de derecho.
Paradigma de derecho vs paradigma tutelar.
Con la reforma de 1994, nuestro país adopta con rango constitucional La convención
sobre los derechos del niño. Según este paradigma, (jurídicamente la categoría de niñez
culmina o alcanza hasta los 18 años de edad) son concebidos como sujeto de derecho, y
a la vez, otros específicos que protegen a los sectores más vulnerables de la población.
En este sentido, es que podemos afirmar que los niños y niñas son sujetos de doble
protección.
La sanción de la ley de protección integral de los derechos de los niños, niñas y
adolescentes, en el 2005, dejó definitivamente atrás el paradigma tutelar, aquel que
concebía a los niños como seres incompletos, incapaces y por tanto, objeto de tutela de
los adultos.
Hasta entonces la ley de patronato consideraba a niños y niñas como seres menores,
que requerían la tutela de los adultos hasta que alcanzan la madurez y completarán su
formación como seres humanos.
¿ Y por la escuela como andamos?
Nuestro país adopta en la práctica, en la vida cotidiana, ambos enfoques.
Una escuela donde los adultos somos los que sabemos lo que los jóvenes necesitan y
estos tienen poco protagonismo en la toma de decisiones, una escuela en la que aún
apelamos al argumento monárquico para hacer valer nuestra autoridad.
Se impulsó la conformación y el funcionamiento de órganos de participación tales como
las asambleas, las ruedas de convivencia o los consejos de convivencia; se han
reconocido los centros de estudiantes como órganos de representación sectorial.
Participar es un derecho.
Según los principales instrumentos de Derechos Humanos que nuestro país tiene rango
constitucional, nuestra legislación nacional y jurisdiccional, la resolución 93/09 acordada
en el seno del Consejo Federal de educación la participación de los jóvenes es un
derecho.
La vida escolar es, sin dudas, un asunto qué afecta al niño, por lo que el derecho a
expresar libremente su opinión y a que ésta sea tenida en cuenta rige también para este
ámbito.
La ley 26892 establece la responsabilidad del Ministerio de Educación de promover
normativas que "impulsen modos de organización institucional que garanticen la
participación de los alumnos en diferentes ámbitos y asuntos de la vida institucional de
la escuela según la especificidad de cada nivel y modalidad".
Una escuela permeable a los intereses e inquietudes de los jóvenes.
Habilitar la palabra a quiénes protagonizan los aprendizajes conmueve las prácticas
docentes e institucionales, nos interpela sobre nuestros quehaceres cotidianos, sobre
los modos habituales de enseñar, sobre las concepciones de enseñanza y aprendizaje;
nos interroga sobre las representaciones que construimos acerca de los jóvenes de hoy
permitiéndose revisar estereotipos y conflictos.
La participación como modo de construcción de la autoridad.
A menudo pensamos que abrir la participación a niños y jóvenes menoscaba la
autoridad docente. Habilitar la palabra a niños y jóvenes nos interpela en el modo en el
que nos posicionamos como adultos, que la autoridad no viene dada por el solo hecho
de ocupar un cargo, de poseer un título, sino que se construye en las relaciones que se
establecen cotidianamente con los estudiantes.
La participación como reconocimiento
La participación en la vida escolar es una excelente oportunidad para que todos y cada
uno de los jóvenes pueda ser reconocido por un rasgo que lo singularice. Lo que resulta
fundamental para acompañar el proceso de búsqueda identitaria de la etapa de la vida
que nuestros estudiantes atraviesan.
Al involucrarse en una experiencia colectiva, donde todos son igualmente necesarios, se
vuelve posible que todos y cada uno sean reconocidos por un rasgo singular único e
irrepetible. De este modo, al ser y sentirse parte se fortalecen los vínculos con los pares
y con los adultos de la escuela, afianzándose el sentido de pertenencia.
La democracia está basada en la confianza. La democracia es una confianza
institucionalizada en las capacidades de las personas para tomar decisiones colectivas.
Participación y acompañamiento de las trayectorias.
Abrir al juego de la participación facilita un mejor conocimiento de los grupos y de los
estudiantes y, en consecuencia, una mirada focalizada en la escolaridad y en los
procesos de aprendizaje de todos y cada uno de ellos.
Al dar lugar a la voz de todos y cada uno, habilitamos la construcción de una mirada
integral sobre la escolaridad de cada joven. Esta mirada es requisito para la elaboración
de estrategias de intervención, el seguimiento del rendimiento académico en las
asignaturas y el apoyo a los aprendizajes, la atención a situaciones particulares o
generales que pudieran afectar interrumpiendo las trayectorias.
Ley de protección integral de los derechos de las niñas, niños y adolescentes. Ley 26.061
ARTICULO 3° — INTERES SUPERIOR. A los efectos de la presente ley se entiende
por interés superior de la niña, niño y adolescente la máxima satisfacción, integral y
simultánea de los derechos y garantías reconocidos en esta ley.
Debiéndose respetar:
a) Su condición de sujeto de derecho;
b) El derecho de las niñas, niños y adolescentes a ser oídos y que su opinión sea tenida en
cuenta;
c) El respeto al pleno desarrollo personal de sus derechos en su medio familiar, social y
cultural;
d) Su edad, grado de madurez, capacidad de discernimiento y demás condiciones
personales;
e) El equilibrio entre los derechos y garantías de las niñas, niños y adolescentes y las
exigencias del bien común;
f) Su centro de vida. Se entiende por centro de vida el lugar donde las niñas, niños y
adolescentes hubiesen transcurrido en condiciones legítimas la mayor parte de su
existencia.
Artículo 15: Derecho a la educación. Las niñas, niños y adolescentes tienen derecho a la
educación pública y gratuita, atendiendo a su desarrolló integral, su preparación para el
ejercicio de la ciudadanía, su formación para la convivencia democrática y el trabajo,
respetando su identidad cultural y lengua de origen, su libertad de creación y el desarrollo
máximo de sus competencias individuales; fortaleciendo los valores de solidaridad, respeto por
los derechos humanos, tolerancia, identidad cultural y conservación del ambiente.
Tienen derecho al acceso y permanencia en un establecimiento educativo cercano a su
residencia. En el caso de carecer de documentación que acredite su identidad, se los deberá
inscribir provisoriamente, debiendo los Organismos del Estado arbitrar los medios
destinados a la entrega urgente de este documento.
Por ninguna causa se podrá restringir el acceso a la educación debiendo entregar la certificación
o diploma correspondiente. Las niñas, niños y adolescentes con capacidades
especiales tienen todos los derechos y garantías consagrados y reconocidos por esta ley,
además de los inherentes a su condición específica.
Los Organismos del Estado, la familia y la sociedad deben asegurarles el pleno desarrollo de su
personalidad hasta el máximo de sus potencialidades, así como el goce de una vida plena y
digna.
MINISTERIO DE EDUCACIÓN , CIENCIA Y TECNOLOGÍA DE LA NACIÓN. DIRECCIÓN NACIONAL
DE GESTIÓN CURRICULAR Y FORMACIÓN DOCENTE. ÁREA DE DESARROLLO PROFESIONAL
DOCENTE.
DE LOS JÓVENES VIEJOS A LA JUVENILIZACIÓN DEL MUNDO. JÓVENES, JUVENILISMO
CULTURAL Y ADULTISMO POLÍTICO. SERGIO BALARDINI.
No podemos pensar al sujeto sin estructura o aislado de la estructura, así como tampoco
podemos pensar las estructuras genéricas sin considerar los sujetos. Hay que contrastar las
tareas que las sociedades les demandan a los sujetos en tanto imaginados desde la perspectiva
de distintos grupos de edad. Eso significa considerarlos como un producto socio-histórico,
relacional y dinámico.
En consecuencia, es importante pensar lo juvenil en términos de trayectoria de vida. Aquel que
no es pura transición, sino que se halla en una etapa vital, que transita hacía otras etapas,pero
que es una etapa en sí misma. La adolescencia y la juventud son un momento que, por otra
parte, ya no tiene límites o fronteras tan claras, sino más bien borrosas y porosas, es decir,
permeables.
Los cambios o los modos de vida y en las prácticas de los jóvenes y de los adultos deben ser
considerados y analizados de un modo relacional. Porque hay una reconfiguración de las
sociedades y de las prácticas sociales que implican cambios muy vertiginosos. Por otra parte,
son omnipresentes, cambios que se representan en todos los ámbitos de la vida y no en forma
aislada. Pero, al mismo tiempo, son provisionales, porque están en una permanente dinámica
de transformación y, por lo tanto, se puede intervenir sobre ellos para intentar producir alguna
orientación.
Se produce la pérdida de centralidad de la escuela como lugar de producción de juventud en el
sentido que antes se la ubicaba como el sitio excluyente que debía ser atravesado para que los
jóvenes llegaran a adquirir una cierta conducta juvenil, y fueran definidos como adolescentes.
Hoy la escuela es un lugar que recibe una heterogeneidad de estudiantes, de alumnos, que
provienen de diferentes ámbitos, y uno puede advertir que hay espacios de producción de
culturas juveniles vinculados a los medios, por un lado, y a una cultura de la calle, por otro, que
ingresan también a la escuela y surge el ruido. Los estudiantes no se identifican como
estudiantes sino como jóvenes, que desempeñan, entre otros el rol de estudiantes. Pero
que son mucho más que estudiantes.
Ha cambiado la concepción y la imagen de esa figura única de autoridad que no podía
ser cuestionada, que decía que se debía hacer y que no, encarnada en aquella figura
paterna autoritaria.
Las familias son nuevas lógicas de construcción de la escena de autoridad y de ejercicio
de la toma de decisiones, que poco y nada tienen que ver con el modelo clásico,
patriarcal y autoritario anterior. Las transformaciones al interior de la familia también se
relacionan con los lugares donde la mujer comienza. Esta nueva familia genera por
supuesto mecanismos de reconocimiento, de códigos, de producción de autoridad y de
toma de decisiones que es en muchos casos, sino disruptivo, al menos diferente a
aquello que disponen las instituciones tradicionales.
Los medios de comunicación han cambiado y se han constituido en una agencia de
socialización privilegiada, con notas nuevas que deben ser consideradas. Se da la
aparente paradoja de reconocerlos como "sujetos de consumo" y, a la vez, como objetos
de la mirada de los adultos, lo que incluye el diseño de campañas de mercado
orientadas a esta franja de edad temprana. Entonces son objetos y sujetos al mismo
tiempo. Cada vez más, quienes toman las decisiones en relación a su consumo son los
propios niños y adolescentes.
Por otra parte, tenemos la presencia invasiva de las nuevas tecnologías y el diferente
posicionamiento de las generaciones en relación a ellas.
Las políticas del cuerpo de los adolescentes y jóvenes son muy diferentes a las políticas
del cuerpo de los adultos.
Otra cuestión a considerar, es la relación de los jóvenes con el mundo de la política y con
las concepciones desde las que participan cuando lo hacen, mucho más vinculados,
concepciones de ética que de moral. Con todo respeto, el modelo de participación
política de los adultos, implicaba un elemento moral y de sufrimiento cuando se llevaba
adelante. Estaba "bien participar" y era "buena" la persona que lo hacía. Los jóvenes, en
cambio, hoy participan desde un lugar más vinculado a la ética y con elementos de
divertimento y fiesta.