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Historia DL Arte

historia del arte, arte, historia
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Historia del Arte Siglos XIX y XX

Estos dos siglos, desde un punto de vista artístico, van a estar unidos a los profundos
cambios económicos, sociales y políticos que traen consigo la Revolución Industrial y
las revoluciones liberales, todas ellas protagonizadas por un grupo social que ya había
destacado durante la época anterior: la burguesía. Ésta demandará un nuevo tipo de arte
cuyos rasgos esenciales van unidos al progreso técnico, el cual unas veces será aceptado,
otras rechazado y, en ocasiones, denunciado por los nuevos creadores. En cualquier caso,
el dinamismo de los estilos, que van sucediéndose a un ritmo desconocido hasta entonces,
acabará por convertirse en un rasgo esencial del arte de nuestro tiempo, al reflejar
milimétricamente las transformaciones habidas en la realidad social y económica.
A. El siglo XIX
1. El contexto histórico y su influencia en el arte
Tras la Revolución Francesa, se instala en Francia el régimen autoritario
de Napoleón Bonaparte, cuyo ascenso político culmina en 1804, al proclamarse Emperador
de los Franceses. La universalidad de las ideas y los principios revolucionarios le llevará a
intentar forjar un imperio europeo que fracasará como proyecto personal, pero permitirá la
difusión de las ideas liberales de la Revolución por todo el continente.

Al tiempo, los movimientos nacionalistas que surgen en Europa tras el Imperio


Napoleónico, irán dando lugar a los estados nación que, durante este siglo y comienzos del
siguiente, irán componiendo el mapa del continente. Así, tras el estilo neoclásico, más
acorde con el gran proyecto imperial, llegará la exaltación de los valores, la lengua, el
pasado histórico y las tradiciones propias de las culturas nacionales, que dejarán su huella
en el arte en forma de estilos arquitectónicos de carácter historicista, como el neorrománico
o el neogótico. Por similares motivos existirá una predilección por el género histórico en
pintura y escultura, y la inspiración artística se buscará en los valores y formas de vida
medievales que, según la percepción de los viajeros de la época, aún perviven en algunas
regiones y países, especialmente en Oriente o el Norte de África.
La Arquitectura del siglo XIX.
Además del ya señalado Neoclasicismo, presente en la mayor parte de los países de Europa
como estilo predominante hasta mediados de siglo, existen dos tendencias más que irán
cobrando importancia a medida que transcurra el mismo: el historicismo y la llamada
Arquitectura del Hierro.
El Historicismo se inspira en estilos antiguos, medievales o exóticos, buscando una
espiritualidad que el arte moderno había perdido, o los valores que en la Edad Media
forjaron las diversas identidades nacionales europeas. Está íntimamente relacionado con la
estética romántica, por este lado, y con la expansión colonial y el contacto con culturas
exóticas que cautivan por su autenticidad y riqueza de formas, por otro.
Con posterioridad apareció una cierta tendencia a asignar a cada neoestilo una función
específica (neogótico para iglesias, neorrománico para colegios, neoclásico para edificios
administrativos o conmemorativos, neomudéjar en España para las plazas de toros, etc.)
Finalmente, dentro de esta misma línea estética, surgió el Eclecticismo arquitectónico, en
el que se unían elementos constructivos y decorativos de diferentes estilos en un mismo
edificio.
La Arquitectura del Hierro refleja la evolución técnica que, de la mano de la Revolución
Industrial, experimenta la construcción, con la incorporación de nuevos materiales como el
hierro o el cemento armado. En un principio, estas edificaciones no eran consideradas
arquitectura propiamente dicha, sino estructuras provisionales, debido a la ausencia en ellas
de materiales nobles.
Desde mediados de siglo, sin embargo, la arquitectura del hierro se consolidará con la
aparición del acero y el uso del cristal, lo que tuvo una gran repercusión sobre la forma y la
estructura de los edificios. En un primer momento, estos materiales fueron utilizados por
ingenieros en la construcción de los nuevos tipos de edificios surgidos con la Revolución
Industrial, como estaciones de ferrocarril, fábricas, edificios para exposiciones, etc., así
como en obras públicas como puentes o viaductos. Pero pronto se comenzaron a aplicar,
por parte de los arquitectos, en edificios tradicionales como mercados, edificios de oficinas
o viviendas.
En relación al auge que adquieren las ciudades durante esta época, cabe destacar también la
realización de grandes proyectos urbanísticos destinados a planificar el crecimiento de las
mismas en la segunda mitad de siglo. Entre ellos destacará la gran remodelación de París,
llevada a cabo por el Barón Haussmann, en tiempos de Napoleón III, y en España el gran
ensanche de Barcelona, diseñado por Ildefonso Cerdá, o el proyecto de Ciudad Lineal de
Madrid, de Arturo Soria.

El Modernismo surgirá en la última década del siglo XIX. Se trata de un estilo


decorativista, refinado y elegante, muy del gusto de la orgullosa burguesía que, en
este fin de siglo, remeda a la vieja aristocracia de otros tiempos. Las líneas son claras y
cuenta con una gran profusión de elementos decorativos, tal como vemos en la Casa Milá o
la Pedrera, de Antonio Gaudí.
La arquitectura modernista incorporará sin reparos los avances técnicos y los
nuevos materiales que ya se venían usando en la arquitectura del hierro, pero
revalorizándolos estéticamente. La luz se convierte en protagonista, entrando en el interior
por grandes ventanales con cristales muchas veces coloreados.
No existe uniformidad estética en los exteriores de los edificios modernistas, mostrando
una gran libertad de volúmenes y formas a la que solo los elementos decorativos (que no
llegan a ocultar la estructura arquitectónica) dan un sello de estilo.
En este sentido, cabe establecer dos tendencias dentro del Modernismo:
 La ondulante, que se dio principalmente en Francia, Bélgica, norte de Italia y
España (particularmente en Cataluña), se caracteriza por la profusión de elementos
ondulantes, tanto en la decoración como en las formas generales e, incluso, en la
estructura de los edificios. Sus dos grandes representantes serán Antoni Gaudí y el
Belga Víctor Horta.
 La rectilínea, que tuvo más presencia en países como Gran Bretaña, Austria y
Alemania. En ella, como su nombre indica, predomina la línea recta y la decoración
geométrica. El autor más renombrado fue el escocés Charles
R. Mackintosh (Escuela de Artes de Glasgow)

Evolución de los estilos pictóricos durante el siglo XIX


La pintura neoclásica alcanzará su culminación en la obra de Jacques-Louis David, quien
sienta las bases de un academicismo que impondrá un respeto riguroso a las normas, tanto
en los temas como en las composiciones, y que aún tendrá un largo recorrido con sus
discípulos Gros o Ingres.
Contemporáneo de David, Francisco de Goya representará, por el contrario, una
línea estética muy diferente, experimentando con las formas y el color hasta abrir nuevos
caminos en el arte que le han llevado a ser considerado el gran precursor de la pintura
contemporánea.
Pronto se verá cómo la senda iniciada por Goya será la más productiva desde un punto de
vista artístico, influyendo ya desde las primeras décadas del siglo sobre los pintores
adscritos al movimiento y a las ideas del Romanticismo, para terminar haciéndolo también
sobre los iniciadores del movimiento pictórico más revolucionario del siglo: el
Impresionismo. Y todo ello, pasando por la época realista, en la que géneros tan diversos
como el paisaje o la realidad social, se comenzarán a ver desde una nueva óptica, que
entronca más con la visión del mundo que tiene un pintor como Goya que con la tradición
pictórica occidental.
Siguiendo un orden aproximadamente cronológico, exponemos a continuación los
principales estilos y tendencias pictóricas que marcan la evolución de este arte a lo largo del
siglo.
La pintura romántica
Si el ideario del movimiento romántico, nacido en Alemania, Francia y Gran Bretaña a
finales del siglo XVIII, va a exaltar los sentimientos por encima de la razón,
la libertad por encima de la norma y la naturaleza en todo su esplendor por encima del ser
humano, la pintura será el medio idóneo para expresar con imágenes dichas ideas. Además,
surge el interés por la historia nacional que, mezclado con las leyendas y mitos
originarios, serán fuente de inspiración para los pintores. Todo ello frente al normativismo
académico y la filiación imperial del neoclasicismo, con quien deberá compartir escenarios
artísticos hasta mediados de siglo, cuando ambos cederán frente al empuje de nuevas
formas de entender el arte.
Hacia mediados de siglo, el Romanticismo fue cediendo en su impulso inicial frente a otras
propuestas artísticas que, o bien eran más comprometidas con la realidad social que se iba
conformando a medida que se desarrollaba la Revolución Industrial, o bien más
innovadoras.
cabe mencionar el mantenimiento, durante la mayor parte del siglo, de una pintura
academicista que, sin aportar innovaciones y con un carácter en ocasiones repetitivo,
producía, no obstante, cuadros de una elevadísima calidad.
El Impresionismo
Podemos establecer el inicio de este movimiento pictórico en el año 1874, cuando un grupo
de pintores reúnen una serie de obras para realizar una exposición colectiva independiente
en un local de París. Uno de los críticos más afamados del momento, Louis LeRoy, fue
especialmente duro con la técnica empleada por la mayor parte de dichos pintores, a los que
denominó «impresionistas» utilizando de forma peyorativa el título de uno de los cuadros
de la exposición «Impresion, soleil levant».
Así pues, la aparición de la fotografía en la primera mitad de siglo, había liberado a la
pintura de la fiel reproducción de la realidad, y para los impresionistas y los pintores del
siglo siguiente, esto suponía la posibilidad de plantearse nuevos objetivos, esto es, de
obtener, a partir de medios estrictamente pictóricos, resultados que no puedan obtenerse de
ninguna otra manera.
Esto llevó al surgimiento de nuevas corrientes y artistas, más o menos ligados al
Impresionismo o derivados de él que, como el Puntillismo o los pintores
postimpresionistas, empleaban técnicas novedosas y abrían nuevas fronteras al arte.
La escultura en el siglo XIX
La escultura va a alcanzar en el siglo XIX un auge desconocido gracias a que todos los
espacios y rincones de pueblos, villas, ciudades y cementerios, se poblaron de estatuas.
Formaban parte de monumentos conmemorativos y edificios emblemáticos, así como de las
tumbas y otros monumentos funerarios.
No obstante, a diferencia de lo que ocurrió con la pintura, las innovaciones formales fueron
escasas, y cuando las hubo, estuvieron subordinadas a los movimientos pictóricos del
momento.
Autores como el francés Jean Baptiste Carpeaux y el belga Constantin Meunier hunden
claramente sus raíces en el academicismo, pero evolucionan hacia interpretaciones más
libres de las normas académicas, especialmente en el caso del belga.
Tendrá que llegar Auguste Rodin (1840-1917) para que la escultura conozca una auténtica
revolución formal que la adentrará en el siglo XX. Está considerado como el escultor más
importante e influyente desde Bernini, aunque en su obra aparecen claras influencias tanto
contemporáneas, que recibe del Impresionismo y se manifiestan sobre todo en el acabado
irregular de sus estatuas, como antiguas, a destacar las que recibe de la escultura de Miguel
Ángel, en su tratamiento del cuerpo humano o en el valor expresivo de las
figuras inacabadas.

El siglo XX
El arte del siglo XX se halla en sus inicios caracterizado por la aparición de un fenómeno
que permanecerá vigente como eje de la renovación y de la actividad artística: la
vanguardia, noción nueva en el devenir artístico y que por tanto se liga íntimamente
al arte de este período. En las últimas décadas del siglo XIX se había producido un
fenómeno desconocido hasta entonces: el enfrentamiento entre la modernidad y
la tradición, esto es, entre la renovación y las imposiciones del academicismo y el gusto
oficial. Así, las distintas tendencias plásticas irrumpieron como tendencias autosuficientes y
excluyentes con la pretensión de convertirse en hegemonías, lo que se convertirá desde
entonces en una constante

Vanguardia
En un término tan amplio como el de "vanguardia" (Vanguardismo), se hace necesario
acotar su amplio ámbito de aplicación. En la perspectiva histórica nos permite adentrarnos
en el concepto de "vanguardia" desde su concepción como todo un conjunto de
movimientos artísticos, o "ismos", que surgen entre finales del siglo XIX y a lo largo del
siglo XX y XXI como reacción a un orden previo, una realidad establecida. Esta realidad se
aplica a todos los ámbitos de la actividad humana (la política, la sociedad, la cultura, las
ideologías, etc.) y su línea temporal es tan extensa, abarcando más de un siglo y medio, que
los cambios producidos durante el período han propiciado la evolución ininterrumpida de
las reacciones artísticas, el surgimiento de unos movimientos y la desaparición de otros. La
vanguardia nace gracias a un grupo minoritario, selecto y exclusivo ( la élite), reaccionario
normalmente con uno o varios líderes o precursores. La vanguardia es ante todo
experimentació[Link] eso las vanguardias se suceden con mucha rapidez, y adoptan gran
disparidad de posturas. No pretende hacerse de una obra de arte sino hacer propuestas,
explorar caminos. En ese sentido todos los medios expresivos son válidos, todas las
técnicas, todos los materiales, incluso los objetos de la vida cotidiana (collage). Los artistas
quieren acabar con un arte elitista, sacar el arte de los museos, de las academias y hacerlo
algo vivo, en contacto con hombres de toda condición, implicándose en los movimientos
sociales y políticos del mundo que les rodea. Los medios de comunicación permiten el
acceso al arte y a la cultura de todas las clases sociales, no solo a través del cartel, sino
también a través de la fotografía, el cine o la prensa. Si el arte medieval era religioso, el
renacentista o barroco aristocrático, y el del siglo XIX burgués, ahora surge un arte
destinado a las masas. A través de los manifiestos los artistas exponen y justifican su
postura vital y artística,. En ellos participan no solo pintores sino también escritores, y en
muchas ocasiones sus obras solo se entienden a la luz de esos manifestos.
El cine en la época de las vanguardias
En términos de la historiografía artística tradicional, "las vanguardias" se refieren a un
fenómeno generalizado principalmente en la cultura europea de principios del siglo XX.
Este fenómeno se manifiesta de un modo rupturista, es decir, discontinuo con respecto a la
tradición, pero como todo otro producto cultural también establece continuidades
manifiestas. El cine en particular, que hacia la primera década del siglo XX se presenta
como un artefacto productor de imágenes, pero que a diferencia de las bellas artes, no posee
una clara autonomía lingüística, será para las vanguardias un gran campo de
experimentación plástica, ya que su propia materialidad técnica lleva por sí sola el sello de
"lo moderno". Sin embargo, esta "novedad técnica, era en sus primeros tiempos un
espectáculo despreciable" (Aumont, 2011:91) ya que se encontraba más cerca del polvo de
las ferias proletarias dominicales que de la altura de la artes nobles, que para la época eran
fundamentalmnte el teatro y la novela. Es por este motivo que el cine comienza a
hacerse narrativo y construye las distintas posibilidades de su lenguaje. Una de las tantas
posibilidades abiertas por ese entonces será la que a la postre se convertirá en su
forma hegemónica y paradigmática, el llamado "cine clásico" o modo de representación
institucional que surge en Hollywood en 1915 con El Nacimiento de una
Nación de [Link]. En esta misma sintonía, pocos años antes, surgía
en Francia la Societyé du Film d'Art, institución cuya ambición era "reaccionar contra el
aspecto popular y mecácino de los films".

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