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Minga de Saberes y Metodologías

Cartografía de minga de saberes y metodologías

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302.

23
C 328 Cartografía social: minga de saberes y metodologías / Ángela Garcés Montoya, Clara Lucia Grisales
Montoya, Daniel Aguilar Rodríguez, Ginna Soraya Molano Granados, Julio Eduardo Mazorco Salas…
(y 4 autores más). -- Ibagué : Universidad Autónoma Latinoamericana, Universidad de Ibagué, 2024
226 páginas

ISBN digital 978-958-754-430-5

1. EXPRESIONES CULTURALES – 2. ARTE PÚBLICO - 3. EXPRESIONES CULTURALES

Universidad de Medellín Molano Granados, Julio Eduardo Mazorco Salas,


Facultad de Comunicación Leonardo Jiménez García, Luis Felipe Ortiz Clavijo,
usanchez@[Link] Sonia Marcela Rojas Campos, Víctor Hugo Jiménez
Carrera 87 No30-65, Medellín-Colombia Durango
+57 (604) 590 45 00 – +57 (604) 590 6999 © Colectivo Tierra Libre de la ciudad de Bogotá,
[Link] ilustración de cubierta

Universidad Autónoma Latinoamericana Editores académicos


Vicerrectoría de Investigaciones Ángela Garcés Montoya
Centro de Estudios con Poblaciones, Movilizaciones y Leonardo Jiménez García
Territorios – Pomote
[Link]@[Link] Corrección de estilo
Carrera 55 N° 49-51. Medellín-Colombia-Suramérica. Maria Juliana Rivera
Tel: (+57) 604 511 21 99
[Link] Diagramación y diseño
Yurilena Velásquez López
Universidad de Ibagué
Facultad de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales ISBN: 978-958-754-430-5
ediciones@[Link]
Carrera 22, calle 67, barrio Ambalá
Teléfono: +57 608 2760010
Ibagué, Tolima, Colombia
[Link]

Primera edición: abril de 2024


Libro digital
DOI: [Link]
Atribución-NoComercial-SinDerivadas
Cómo citar esta obra 4.0 Internacional (CC BY-NC-ND 4.0)
Garcés Montoya, Á y Jiménez García, L. (Ed.). Esta licencia permite compartir, copiar y redistribuir
(2024). Cartografía social: minga de saberes y el material en cualquier medio o formato bajo los
metodologías. Unaula, Ediciones Unibagué, https:// siguientes términos: Atribución: debe dar crédito de
[Link]/10.35707/9789587544305 manera adecuada, brindar un enlace a la licencia, e
indicar si se han realizado cambios. Puede hacerlo
Cartografía social: minga de saberes y en cualquier forma razonable, pero no de forma tal
metodologías que sugiera que usted o su uso tienen el apoyo de
© UNAULA la licenciante. NoComercial: no puede hacer uso del
© Universidad de Ibagué 2024 material con propósitos comerciales. SinDerivadas: si
© Ángela Garcés Montoya, Clara Lucia Grisales remezcla, transforma o crea a partir del material, no
Montoya, Daniel Aguilar Rodríguez, Ginna Soraya podrá distribuir el material modificado.
Libro resultado de investigación realizado en el marco del programa
de investigación Centro de Estudios con Poblaciones, Movilizaciones
y Territorios -POMOTE-, código 35-000036 de la convocatoria 2021,
coproducido por la Red Bien Común y los grupos de investigación
Rastro Urbano de la Universidad de Ibagué, Comunicación,
organización y política de Universidad de Medellín y Pluriverso de
la Universidad Autónoma Latinoamericana.

La Red Bien Común está integrada por la Facultad de Comunicaciones de la


Universidad de Medellín, la Unidad de Proyectos Especiales de la Universidad
de Ibagué y el Centro de Estudios con Poblaciones, Movilizaciones y Territorios
-POMOTE de la Universidad Autónoma Latinoamericana -UNAULA.
TABLA DE CONTENIDO
Presentación ······················································································ 7

Capítulo 1 - Investigar con y desde la cartografía social. Metodología


participativa y ciencia de datos ···························································· 12

Capítulo 2 - Cartografía cultural de organizaciones, rutas y galerías de graffiti y


arte urbano en Medellín ····································································· 32

Capítulo 3 - La cartografía social como alternativa de construcción de memorias


y apropiación de territorios de laderas ·················································· 80

Capítulo 4 - Tras el rastro de la subjetividad docente: sobre cómo mapearse a sí


mismo favorece la transformación de la práctica pedagógica ················ 110

Capítulo 5 - Mudanza de la comida. La cocina un territorio que se agita ··· 142

Capítulo 6 - Senderear: recorrer lo público, transitar lo privado ··············· 168

Capítulo 7 - Cartografía del rock bogotano en tres movimientos ·············· 188

Sobre los autores y autoras ···························································· 220


7

PRESENTACIÓN

La Red Bien Común -Red de Diálogo de Saberes en Comunicación y Buen


1

Vivir- fue creada en el año 2018 y se constituyó como espacio de colabora-


ción entre universidades y organizaciones sociales, en pro de la valoración y
promoción de la innovación social, desde la investigación-acción y la co-pro-
ducción de conocimientos, que permitan establecer las bases de un marco
epistémico, ético y político, del que emerjan nuevos ámbitos reflexivos para
el abordaje y reconocimiento de experiencias de comunicación, territorio y
buen vivir desde la teoría y las prácticas sociales.

Con esta orientación ético-política, las Instituciones y equipos de investiga-


ción participantes de la Red hemos desarrollado una ruta de encuentros en

1. La Red Bien Común fue fundada en el año 2018 por la Facultad de Comunicaciones de la
Universidad de Medellín, y el Centro de Estudios con Poblaciones, Movilizaciones y Territorios
-POMOTE de la Universidad Autónoma Latinoamericana-UNAULA. Para conocer más sobre el
proceso de la Red visita [Link]
ca-red-idi-bien-comun/
8 · Presentación·

diálogo de saberes bajo la modalidad de Minga de Pensamiento, con la


convicción de que es posible crear espacios de co-producción de conocimien-
to, con un horizonte teórico-metodológico y ético-político inspirado en los
pluralismos epistemológicos, el enfoque sociocrítico y las rutas de investiga-
ción propuestas desde la IAP y la Educación Popular.

La Red se constituye como espacio de colaboración entre Academia y Organiza-


ciones Sociales, orientado por principios de colaboración, intercambio y apro-
piación social de metodologías de investigación; por ello, la Red se dispone a la
construcción de agendas investigativas y de co-producción donde se reconocen
y fortalecen nuevos sentidos de la Comunicación, el Territorio y los Buenos Vivi-
res desde la perspectiva de la investigación-acción, que permite valorar las me-
todologías participativas que renuevan visiones y apropiaciones del territorio.

La Minga de pensamiento ha logrado co-producir entre los años 2020 y 2021


dos publicaciones, uno sobre Minga de saberes metodológicos. Comunica-
ción, territorio y buenos vivires (2020) y la Minga de pensamiento polifónico.
Diccionario colaborativo (2021). Estas publicaciones le han permitido tanto a
movimientos y procesos sociales como a investigadoras e investigadores del
ámbito académico reconocer nuevos sentidos, experiencias y construcciones
nocionales sobre las líneas de investigación que aborda la Red. Con el ánimo
de seguir aportando al florecimiento de la teoría y la sistematización de expe-
riencias metodológicas e investigativas presentamos el libro Cartografía So-
cial. Minga de saberes y metodologías que recoge el espíritu del diálogo
de saberes para reflexionar sobre temas recientes en los procesos y prácticas
metodológicas que exploran la cartografía social y sus ricas y diversas formas
de articulación con reflexiones sobre las formas de apropiación del territorio,
la movilización social, las pedagogías alternas, la construcción de las memo-
rias y la construcción de tejidos de identidad colectiva.

El tercer número de la colección de publicaciones de Minga es posible gracias


a la generosidad de investigadoras e investigadores académicos, activistas y
promotores de procesos sociales que trabajan con metodologías de cartogra-
fía social, que asumieron el reto de construir los capítulos que dan cuenta de
sus experiencias prácticas en ámbitos académicos y comunitarios en los que
la cartografía social ha sido el eje articulador de procesos investigativos y de
· Cartografía Social · 9

producción de conocimientos. Presentamos a continuación una síntesis de


los capítulos que integran el libro:

El capítulo 1 - Investigar con y desde la cartografía social. Metodolo-


gía participativa y ciencia de datos, presenta una valiosa conceptuali-
zación sobre la cartografía social comprendida desde las teorías conven-
cionales, y las nuevas deficiones y concepciones de la cartografía social
desde un enfoque crítico y participativo. El capítulo aporta elementos de
análisis que sitúan el valor de la cartografía social en los procesos de in-
vestigación, especialmente aquellos que siguen las rutas y los principios
metodológicos que nos plantea la Investigación-Acción Participación. Nos
presenta también unas pautas básicas sobre como se desarrollan procesos
participativos para la construcción de mapas en clave de pasado, presente
y futuro, y el lugar que ocupa la ciencia de datos en la resignificación de
metodologías de cartografía social que implican trabajar con información
aportada por las comunidades.

El capítulo 2 - Cartografía cultural de organizaciones, rutas y galerías


de graffiti y arte urbano en Medellín, explora la acción de cartografiar
los colectivos, la rutas y la producción de arte visual en la ciudad de Me-
dellín, bajo la premisa de que el territorio que recorremos y vivimos es
conocimiento práctico y guarda las relaciones socio-espaciales del graffiti
como acción, conquista, fenómeno, movimiento, vanguardia, manifesta-
ción, respuesta y sentimiento. Así que, al cartografiar el graffiti, se rescatan
las rutas como trayetos y construcción de relatos de ciudad, desde otras
visiones y narrativas a las que cuentan las oficiales o los operadores tradi-
cionales de turismo.

El capítulo 3 - La cartografía social como alternativa de construcción de


memorias y apropiación de territorios de laderas, tiene la intención de
poner en diálogo la relación entre los conceptos memoria colectiva y reivin-
dicación del derecho al territorio, promoviendo las metodologías de la car-
tografía social como dispositivo metodológico clave que permite la gene-
ración de nuevas nociones y reivindicaciones sobre el derecho al territorio
en barrios de las periferias de Medellín y el lugar que ocupa la cartografía
social participativa en la construcción y socialización de dimensiones de los
10 · Presentación ·

territorios de ladera que aún no alcanzan a ser reconocidos por los mapas
oficiales de los territorios construidos por instituciones del gobierno local.

El capítulo 4 - Tras el rastro de la subjetividad docente: sobre cómo


mapearse a sí mismo favorece la transformación de la práctica peda-
gógica, nos lleva en un hermoso viaje en clave de cartografías socio-emo-
cioles que procuran explorar la subjetividad docente y nos invitan a pro-
fundizar en el reconocimiento de las prácticas de cuidado de sí mismo
y de las comunidades promotoras de prácticas pedagógicas. El capítulo
nos propone la exploración de recursos metodológicos y simbólicos fun-
damentales para la construcción de espacios de cuidado.

El capítulo 5 - Mudanza de la comida. La cocina un territorio que se


agita, es un mágico recorrido, una exploración cartográfica a manera de
recorrido guiado por las cocinas de círculos de amigas y familiares de la
autora, como posibilidad de reconocimiento de las vidas y los relatos de
mujeres cocineras que han resistido la estigmatización del oficio, el seña-
lamiento de una actividad de poco reconocimiento en la jerarquía social, o
en muchas ocasiones, la invisibilización del sujeto y del espacio. Cocinas y
cocineras olvidadas en el tiempo.

En el capítulo 6 - Senderear: recorrer lo público, transitar lo privado,


la autora nos comparte las reflexiones más significativas que emergieron
como resultados de un ejercicio de sistematización teórica, empírica y ex-
periencial en torno a una propuesta metodológica denominada “acom-
pañar” que desarrolló en el marco de su tesis doctoral: Diferencia: episte-
mogonías y epistemovisiones desde América Latina. Una perspectiva para
pensar las Ciencias Sociales (2021), donde se exploran del concepto del
2

senderear en clave de territorio.

Y finalmente el capítulo 7 - Cartografía del rock bogotano en tres mo-


vimientos, nos presenta un recorrido histórico por el panorama del Rock

2. Este artículo recoge varias reflexiones desarrolladas en dicha tesis cuyo ejercicio central fue
argumentar que América Latina transita de la producción de conocimiento crítico a un pen-
samiento de la diferencia que se viene gestando desde los colectivos sociales y desde ciertas
corrientes de la academia. Doctorado en Ciencias Sociales, Universidad Nacional de Costa Rica.
· Cartografía Social · 11

bogotano a finales de los años 50, cuando las disqueras de música tropi-
cal, pasando por el periodo en el que el mercado anglosajón hacía un giro
significativo hacia esa música que en su momento denominaron Rock n’
Roll. Orquestas como Los Golden Boys, Carlos Román y su sonora vallenata
o los Bobby Soxers (Celnik, 2018), así como también los Daro Boys y los
Pelukas, en Bogotá, hacen unas primeras aproximaciones a esos ritmos,
pues contaban con músicos y con los instrumentos para lograr hacerlo de
una manera incipiente, mezclándolo de entrada con los ritmos propios de
la música que ya interpretaban.

Desde la Red Bien Común queremos agradecer a las autoras y autores que
generosamente se animaron a compartir los textos que hoy enriquecen el
diálogo de saberes en esta minga de saberes y experiencias en cartografía
social. Esperamos que las reflexiones, metodologías y recursos compartidos
en cada uno de los capítulos aporten al fortalecimiento del espíritu crítico que
reclaman los territorios, y que la publicación aporte al fortalecimiento de las
experiencias cartográficas que se promueven en ámbitos comunitarios y aca-
démicos en pro de la construcción de geografías críticas que visibilicen el di-
namismo de los territorios, las luchas por el derecho a la ciudad, la diversidad
de relatos y memorias y la importancia de seguir cartografiando las vivencias
comunitarias que construyen el arraigo con los lugares y con la vida misma.
12

CAPÍTULO 1
Investigar con y
desde la cartografía
social. Metodología
participativa y
ciencia de datos

Luis Felipe Ortiz Clavijo


David Leonardo Jiménez García
· Cartografía Social · 13

Palabras clave
Metodologías participativas, cartografía social, análisis de datos.

Resumen
El capítulo presenta las potencialidades metodológicas y participativas de la
cartografía social, y su aporte a la construcción de alternativas de investiga-
ción interdisciplinares y dialógicas que aportan al fortalecimiento de proce-
sos de producción de conocimiento en ámbitos académicos y comunitarios,
identificando los nuevos retos que implica para el uso de esta metodología
las nuevas tecnologías y el análisis de datos aplicado a la cartografía social
como un recurso crucial en la representación visual de fenómenos socio-terri-
toriales, aprovechando datos de múltiples fuentes para comprender y visua-
lizar las dinámicas humanas. Este proceso no solo mejora la comprensión de
dichas dinámicas, sino que también facilita la toma de decisiones y la formu-
lación de políticas basadas en evidencia.

Introducción
La cartografía social se ha erigido como un campo teórico y metodológico
indispensable para ámbitos académicos, institucionales, y comunitarios. Sus
usos abarcan la generación de espacios participativos para la concertación de
modelos y diseños de transformación urbana, la formulación y actualización
de planes de ordenamiento territorial en el caso de instituciones públicas, el
acercamiento a lecturas y comprensiones de fenómenos, realidades sociales
y dinámicas poblacionales en el caso de las ciencias sociales, y la construcción
de lecturas críticas de la realidad más asociadas a una visión de geografía
crítica y planificación territorial incluyente en el caso de los movimientos so-
ciales que reivindican una postura de soberanía o autonomía territorial.

Para cualquiera de estos ámbitos, la cartografía social es una herramienta


indispensable que permite la construcción de representaciones y análisis de
diferentes realidades sociales. A través de mapas y gráficos, se pueden visua-
lizar de manera clara y concisa aspectos como la distribución de la población,
14 · Investigar con y desde la cartografía social. Metodología participativa y ciencia de datos ·

las desigualdades socioeconómicas, la diversidad cultural, entre otros. En


este sentido, la cartografía social se convierte en un instrumento poderoso
para comprender y explicar las dinámicas sociales y espaciales que acontecen
en un territorio determinado, permitiendo identificar patrones, tendencias y
relaciones que de otra manera serían difíciles de percibir.

Además, la cartografía social no solo sirve como herramienta de análisis, sino


también como una forma de dar voz a comunidades marginadas o invisibili-
zadas. A través de la representación cartográfica, se pueden visibilizar proble-
máticas sociales, reclamar derechos y promover la participación ciudadana
en la toma de decisiones, generando procesos de empoderamiento de las co-
munidades en su espacio habitado. La cartografía social es entonces una he-
rramienta indispensable en las ciencias sociales, que nos permite compren-
der, y construir representaciones diversas de las dinámicas socio-espaciales y
su uso adecuado y ético puede contribuir significativamente al desarrollo de
sociedades más justas e inclusivas.

Veamos algunas definiciones sobre cartografía social aportadas por diversos


teóricos que han desarrollado procesos investigativos utilizando esta potente
metodología:

Habegger, S. y Mancila. I. (2006)1 aportan una definición más clásica de la


cartografía social en la que la definen como una ciencia que centra su inte-
rés en las metodologías que se utilizan para la obtención de datos sobre el
trazado del territorio, para su posterior representación técnica y artística, y
los mapas, como uno de los sistemas predominantes de comunicación de
ésta. A lo largo de los años éstos han ido evolucionando conceptualmente. La
dualidad etimológica de la cartografía, con el sufijo que puede significar sin
distinción la escritura, la pintura o el dibujo; explora el vínculo entre la grafía
(la escritura) y la gráfica (el dibujo), entre los instrumentos de tipo texto y los
documentos de tipo imagen.

1. Habegger, S. y Mancila. I. (2006): El poder de la Cartografía Social en las prácticas contrahe-


gemónicas o La Cartografía Social como estrategia para diagnosticar nuestro territori. Extraí-
do el 1 de diciembre de 2007 de: [Link]
el_poder_de_la_cartografia_social
· Cartografía Social · 15

El concepto de “mapa” representa de forma gráfica la distinción entre aquí y


allá, a través de la información nos orienta para llegar a algún lugar preciso,
y nos encamina a la acción a través de la toma de decisiones. A lo largo de la
historia, los mapas han tenido un papel importante en la orientación en terri-
torios desconocidos, en la demarcación de propiedades poniendo fronteras,
estableciendo caminos y mostrando el poder de los Estados.

El investigador Aguirre Zapata (2018) nos propone comprender la cartografía


social como un conjunto de metodologías que se diseñan e implementan
con el propósito de aportar a la construcción de un conocimiento más inte-
gral de un territorio, utilizando técnicas e instrumentos de carácter vivencial,
autorreferenciales y participativos. La implementación de estas metodologías
puede derivar en la construcción de rutas de planificación y diseño urbano
para la transformación social, o simplemente potenciar la generación de co-
nocimientos sobre el territorio que posibiliten la transformación del mismo.

En el libro Minga de Pensamiento Polifónico - Diccionario Colaborativo


(2018)2 se escribió un capítulo completo dedicado a la construcción de defi-
niciones sobre el territorio y la cartografía social desde una perspectiva más
crítica que reivindica el uso de la cartografía como herramienta de empode-
ramiento y participación comunitaria. Recuperamos algunas de estas defi-
niciones en aras de enriquecer el diálogo sobre nociones y definiciones en
relación a la cartografía social:

Se comprende la Cartografía Social como experiencias prácticas que incenti-


van la participación de las comunidades en procesos de definición colectiva
de capas y reconocimientos de trayectorias históricas de los territorios, recu-
peración colectiva de relatos de vida que aporten a la preservación de las vi-
vencias comunitarias y aporten a la construcción de la cronología histórica de
cada barrio y sector en el que se concentra el proceso cartográfico, elaboración
de mapas de los territorios por capas para recuperar las dimensiones sociales,
políticas, culturales e históricas de las comunidades. (Jiménez, 2020, p.34).

La cartografía social se expresa a través del mapa, el croquis, la maqueta como


herramienta para obtener información geográfica. Sin embargo, puede a su

2. Descargar libro en [Link]


miento-polifonico-diccionario-colaborativo/
16 · Investigar con y desde la cartografía social. Metodología participativa y ciencia de datos ·

vez ser un dispositivo de memoria colectiva, de experiencia corporal, sensitiva


y política. Y como mapa conserva la intencionalidad de transmitir un men-
saje el cual puede estar anclado a la interpretación, a la confrontación o a
la verificación de una realidad dada. Sin duda la cartografía desafía el orden
metodológico y político, pues no reconoce la realidad como algo que ya está
dado, sino que por el contrario será siempre susceptible de describir y narrar.
(Gómez, 2020, p.36).

En Latinoamérica se identifican distintas expresiones para referir estas formas


de producción de conocimiento territorial y socioespacial como cartografías
sociales, cartografías participativas, mapas mentales, planos vivos, nueva
cartografía social, mapas parlantes, etnocartografías y/o contramapas. En el
caso colombiano, las experiencias de cartografía social se han inspirado en los
postulados éticos, políticos y metodológicos de la Investigación Acción Partici-
pativa, y pueden ser comprendidas como herramientas para la acción política
en defensa de las territorialidades de distintos grupos sociales, el fortaleci-
miento de identidades colectivas y la construcción de memorias campesinas,
étnicas, urbanas y ambientales. (García, 2020, p.48)

En concordancia con las definiciones de teóricos que han estudiado la carto-


grafía social como ámbito de investigación en las ciencias sociales y como me-
todología participativa, podemos comprender la cartografía social cómo una
metodología participativa orientada a la construcción de representaciones de
los territorios, que deja como resultado la construcción de mapas subjetivos,
plurales y dinámicos que se construyen a partir de los saberes que aportan las
comunidades que habitan los territorios (cartógrafas y cartógrafos sociales).

La cartografía social desde un enfoque participativo es una metodología nue-


va y alternativa que permite a las comunidades conocer y construir un cono-
cimiento integral de su territorio para que puedan elegir una mejor manera
de vivirlo. Es una forma de investigación humanista y humanizadora. Es una
propuesta conceptual y metodológica novedosa que hace uso de instrumen-
tos técnicos y vivenciales. Este tipo de mapas (en oposición con los mapas
tradicionales que se elaboraban únicamente por los técnicos) se elaboran por
la comunidad en un proceso de planificación participativa poniendo en co-
mún el saber colectivo (horizontal) y de esta forma legitimarlo. Es un proceso
democrático de construcción de conocimiento a través de la trascripción de
la experiencia de los lugares no nombrados. Los miembros de la comunidad
· Cartografía Social · 17

analizan colectivamente los problemas sociales, en un esfuerzo por compren-


derlos y solucionarlos. Es una metáfora que parte desde una situación cono-
cida o insuficientemente conocida, a una situación más abstracta, simbólica
que salta a la vista y traduce la complejidad del entramado social.

Aunque el resultado final es la construcción de mapas en los que se plasmen


lecturas diversas sobre los territorios, se valora en el proceso participativo un
resultado pedagógico que fortalece el diálogo de saberes entre las comuni-
dades que producen las cartografías de sus propios entornos. Estos procesos
participativos que en el marco de agendas de investigación estructuradas
pueden implicar meses de trabajo de campo, son generadores de resignifi-
cación y recuperación de relatos y memorias de los territorios, de historias de
vida individuales y compartidas, que develan los sentidos del territorio que
generan una identidad de la comunidad con su espacio habitado.

Rutas de investigación desde la


cartografía social
Como ruta de investigación, el uso de la cartografía social como metodología
para comprender las realidades, dimensiones, subjetividades y conflictivida-
des de los territorios puede tener una mayor afinidad con la Investigación
Acción Participación (IAP) postulada, conceptualizada y experimentada por el
sociólogo Colombiano Orlando Fals Borda (2016). Veamos como se relacio-
nan la IAP y la cartografía social:

La Investigación-acción-participativa planteada a través de la cartografía so-


cial, es una forma de acercar a las comunidades a la comprensión de las pro-
blemáticas y realidades sociales que se viven en sus territorios, y a través de
la construcción de los mapas los actores territoriales logran construir lecturas
en clave de pasado, presente y futuro, buscando la manera de formular una
propuesta de cambio en sus entornos territoriales. Al plantearse una inves-
tigación desde el reto que implica diseñar, producir, reelaborar e interpretar
mapas, los participantes son a la vez investigadores y co-productores de sus
propias lecturas de la realidad social y la configuración de los territorios.
18 · Investigar con y desde la cartografía social. Metodología participativa y ciencia de datos ·

Si visualizamos las pautas básicas del diseño y realización de un proceso de


investigación desde la cartografía social en clave de IAP encontramos que:
- Preocupación temática: un proceso investigativo a través de la cartogra-
fía social comienza con el desarrollo de un plan de Acción en el que los ac-
tores territoriales participantes definen la agenda de análisis, contenidos,
reflexiones (capas) que se deben analizar y co-producir para construir una
lectura más integral de las realidades territoriales y así lograr implicar a la
mayor cantidad de actores comunitarios en el plan de acción y formación
que implica la realización de una cartografía social participativa.
- Plan: los actores sociales se comprometen con la agenda que implica el
desarrollo de una cartografía social participativa, entendiendo que en el
ritmo de diseñar, hacer mapas, re-elaborar mapas y producir una interpre-
tación crítica se pueden implicar meses de trabajo de campo.
- Observación y reflexión: la comunicad es consciente de que la produc-
ción de cartografías soiales participativas implica desarrollar un ritmo con-
tante de acción- reflexión sobre los resultados de la producción de los ma-
pas, procurando incorporar los espacios de análisis de los cuáles emergen
diversas reflexiones y aprendizajes sobre las dinámicas, conflictividades y
realidades de los territorios.

En los procesos de cartografía social están presentes algunos de los princi-


pios planteados desde la metodología de la I-A-P. Presentamos algunas defi-
niciones sobre estos principios:
- El principio de la acción: el conocimiento de las múltiples realidades y
dinámicas de los territorios que se produce en los procesos de cartografía
social le permite a los actores comunitarios generar acciones más acerta-
das para incidir en su propio territorio, y en gran medida la validez de este
conocimiento se origina y se puede comprobar en la acción. Se trata de
conocer la realidad para transformarla y no de investigar solamente por el
placer de conocerla. Desde luego, no se trata de cualquier tipo de acción o
activismo, se busca ante todo la acción que conduzca a la transformación
positiva de los territorios.
- El principio de la participación: se entiende como un proceso permanen-
te de construcción social que acontece en los procesos de cartografía social,
que son a su vez experiencias y propuestas de transformación territorial. La
participación debe ser activa, organizada, eficiente y decisiva. La participación
· Cartografía Social · 19

debe darse en el marco del diálogo, en todo lo que acontece en la realización


de mapas. Así mismo la participación de la comunidad debe expresarse en
todo el proceso investigativo, incluido la construcción colaborativa de las re-
flexiones e interpretación crítica de los mapas realizados.
- El principio de la sistematización: es entendida no como la simple reco-
pilación de datos generados en la realización del proceso de cartografía so-
cial, sino que además apunta a su ordenamiento, a encontrar las relaciones
entre ellos, y a descubrir la coherencia interna de los procesos instaurados
en la práctica. En este sentido la sistematización es construcción de conoci-
miento, es hacer teoría de la práctica vivida. De allí́ que la sistematización
en esta metodología debe ser un elemento fundamental para aprender la
realidad y transformarla, la sistematización permite dimensionar esos co-
nocimientos, datos, y prácticas que se evidencian en la construcción de los
mapas para hacer posible la producción de nuevos conocimientos sobre la
realidad, dimensiones, vivencias y resistencias de los territorios.

La construcción de mapas en la
cartografía social
En la cartografía social se reconoce la construcción de los mapas como la pro-
ducción de una imagen colectivizada y dinámica (Jiménez, 2017) ya que está
en constante transformación. El proceso participativo permite que los mapas
se rediseñen y se reinterpreten constantemente con cada elemento aportado
por las comunidades que participan de la construcción de las cartografías,
pero aún así, siempre estará incompleta; aún cuando ésta haya finalizado el
proceso participativo, pues los mapas no representan un resultado de investi-
gación que se cierra, son en realidad relatos y representaciones subjetivas del
territorio que pueden reabrirse, reinterpretarse, re-elaborarse en cualquier
momento por los mismos actores que lo construyeron o por otras personas.

La construcción de los mapas está orientada por los elementos iconográfi-


cos que se acuerdan en el proceso participativo y por la estructura interna
de dibujo. La norma es consensuada entre los cartógrafos sociales y tiene
como propósito central concertar las capas que orientaran la construcción de
la cartografía. Cada dimensión del territorio puede convertirse en una capa
20 · Investigar con y desde la cartografía social. Metodología participativa y ciencia de datos ·

de producción y representación del territorio. Para los colectivos sociales con


profundos arraigos territoriales, generalmente la capa base con la que se em-
piezan a construir las cartografías siempre está asociada al origen y construc-
ción histórica de los territorios. Generalmente en los procesos participativos
emergen capas asociadas a la condición de la vivienda, los equipamientos
públicos, los espacios para la interacción comunitaria, las organizaciones y
procesos sociales del territorio, las fuentes hídricas, las instituciones educati-
vas, los equipamientos de salud.

En los territorios que son más afectados por situaciones asociadas a la violen-
cia y el conflicto armado, es común que se propongan y realicen capas aso-
ciadas a la identificación de actores armados, las fronteras invisibles o zonas
de mayor conflictividad armada, y la identificación de territorios neutrales. En
aquellos territorios que representan intereses estratégicos asociados a la ex-
tracción de riquezas naturales generalmente se priorizan capas asociadas a la
identificación de iniciativas de resistencia comunitaria, el reconocimiento de
megaproyectos de transformación urbana, y la identificación de las riquezas
naturales del territorio.

En la construcción de los mapas en la cartografía social, quienes orientan


el proceso participativo deben tener muy presente la dimensión temporal
e histórica que acontece en la construcción de las capas, y los relatos que
emergen con sentidos de enunciación diversos y en líneas temporales dife-
rentes. En este sentido, es importante reconocer que en la cartografía social
pueden coproducirse mapas asociados al pasado, aquellos que permiten
reconocer cuáles han sido los orígenes, trayectorias y transformaciones que
ha vivido un territorio. Generalmente estos mapas motivan la participación
de aquellos actores comunitarios que han tenido una incidencia directa en
la fundación y desarrollo de los territorios, en una especie de diálogo inter-
generacional en el que se van hilando recuerdos, historias y vivencias de lo
acontecido en los territorios.

Los mapas del presente son fundamentales para generar comprensiones so-
bre la realidd actual de los territorios, que no deja de hilarse con la reflexión
sobre su devenir histórico, pero que centra la atención en los fenómenos,
realidades y situaciones que más le preocupan a las comunidades en el pre-
sente habitado y vivido.
· Cartografía Social · 21

En la cartografía social también pueden orientarse procesos de construc-


ción de mapas del futuro, como una posibilidad de cuestionar situaciones
de inequidad y desigualdad del presente e imaginar futuros deseados en
los que generalmente las comunidades pueden participar y constribuir
aportando sus visiones del futuro. Estas visiones generalmente se asocian
a condiciones de bienestar comunitario, garantía de derechos, condiciones
de desarrollo del territorio en materia de infraestructura, bienes y servicios,
entre otros temas que pueden representar una visión deseada del futuro
para las comunidades.

El proceso de elaboración de los mapas es una manera de plasmar la reali-


dad mediante representaciones visuales concertadas, empezando por lo más
simple para poco a poco ir creando un campo estructurado de relaciones que
posibilitan la traducción, a un mismo lenguaje, de todas las distintas versio-
nes de la realidad que empiezan a ser subjetivamente compartidas.

La construcción de las capas puede dar lugar a la producción de un mapa


complejo integrado por capas super-puestas o la construcción de muchos
mapas en los que se recogen las lecturas y representaciones de cada capa
concertada y realizada. En ambo casos, es importante que los mapas sean
elaborados sobre el suelo, o sobre una mesa alrededor de la cual puedan
ubicarse los participantes del taller. Esta disposición de los mapas propicia
el diálogo horizontal, la organización del espacio de trabajo responde a una
lógica de relación favorable al intercambio, invitando a la conversación.

El rol de los orientadores en los procesos de cartografía social es fundamental,


su atención a los detalles del diseño de los recursos metodológicos y las mane-
ras de orientar y motivar la participación de la comunidad es clave para llamar a
la creatividad activando en las y los participantes los recursos de expresión que
siempre interactúan cuando se producen mapas del territorio (la expresión
verbal, la no verbal, las representaciones visuales) son todos estos elementos
que el orientador debe tener en cuenta para conseguir que la contribución de
quienes se implican en la construcción de los mapas sea significativa. También
debe tener presente que en la construcción de los mapas se producen aportes
más conceptuales, otros más metafóricos, otros más simbólicos.

La importancia del orientador radica en la preparación misma del taller, no


en su desarrollo. Es decir, que previamente el orientador debe recoger los
22 · Investigar con y desde la cartografía social. Metodología participativa y ciencia de datos ·

insumos cartográficos a utilizar, en las escalas precisas que se van a trabajar,


y preparar las guías del taller de acuerdo al objetivo que se busque. Estas
guías consisten en formular las preguntas pertinentes sobre las que se hará
el ejercicio, de manera que se construyan en guía para el desarrollo del taller.

En la medida en que los saberes subjetivos se socializan y complementan


entre sí, se legitiman. El conocimiento del territorio en este caso, reconoce
la vivencia como punto de partida para descubrir el territorio; es a partir de
quienes lo habitan, que se construye su significación. Así como los sujetos
somos seres con historia, el territorio también la tiene, de manera que esta
historia se expresa en su configuración actual. Sus historias están conectadas,
tal como su porvenir, y todos estos elementos están presentes en la produc-
ción de cartografías sociales participativas.

El análisis de datos en la
cartografía social
En la esfera de la cartografía social, la gestión y análisis de datos representan
un proceso clave que incorpora la evaluación sistemática de vastos conjun-
tos de información, incluyendo aquellos provenientes de plataformas digi-
tales como las redes sociales. De acuerdo con Schettini y Cortazzo (2015),
este análisis no solo es esencial para la creación de representaciones visuales
que facilitan el estudio de patrones y tendencias en las interacciones y movi-
mientos humanos, sino que también permite una comprensión profunda de
las dinámicas sociales. La aplicabilidad de estas técnicas se extiende a la car-
tografía de fenómenos variados, como la difusión de movimientos sociales
(Tetamanti et al., 2012), el estudio de conflictos (Bastidas y Gonzales, 2009)
y la representación gráfica de eventos significativos (Villar Roldán y Martín
Álvarez, 2023). Estos estudios ilustran cómo una metodología avanzada en
el análisis de datos es crucial para entender las relaciones humanas en diver-
sos contextos, enfatizando su influencia en la toma de decisiones en sectores
como la política pública, la planificación urbana y la creación de estrategias
de desarrollo sostenible (Tsou, 2015).
· Cartografía Social · 23

El proceso de recolección,
análisis e interpretación de datos
Recolección de información. Los enfoques predominantes en la recolección
de datos dentro de comunidades incluyen la implementación de encuestas,
entrevistas profundizadas, observación participante y el mapeo colaborativo.
Estos métodos facilitan la adquisición de información directamente de las
comunidades afectadas, brindando indicadores esenciales o insights sobre
las percepciones y dinámicas locales. La adopción de metodologías partici-
pativas, tales como el mapeo colaborativo y la realización de talleres comuni-
tarios, no solo involucra activamente a los miembros de la comunidad en el
proceso investigativo, permitiéndoles contribuir con su conocimiento y pers-
pectiva local, sino que también enriquece la calidad y relevancia de los datos
recolectados. A pesar de los desafíos que estas técnicas presentan, como la
variabilidad en la calidad de los datos y la necesidad de establecer relacio-
nes de confianza con las comunidades, su implementación es invaluable por
promover la inclusión, el empoderamiento comunitario y la precisión en la
información recopilada.

Análisis de datos. El análisis de la información recabada abarca dimensio-


nes tanto cualitativas como cuantitativas, aplicando una gama de técnicas
analíticas. Se emplean métodos estadísticos para detectar patrones y ten-
dencias, y se realizan análisis de contenido y temáticos para la interpretación
cualitativa. La integración de tecnologías, como los Sistemas de Información
Geográfica (GIS), juega un rol crucial al permitir la organización, análisis y re-
presentación eficaz de datos espaciales. Estas herramientas no solo facilitan
la síntesis de diferentes tipos de información, sino que también posibilitan la
creación de visualizaciones que favorecen la comprensión de las dinámicas
sociales y espaciales.

Interpretación y comunicación. La fase de interpretación incluye el uso es-


tratégico de elementos como leyendas detalladas, escalas y notas aclaratorias
para garantizar la claridad de los mapas y datos cartográficos. Se organizan
talleres formativos para los usuarios finales, asegurando así la creación de
materiales con un enfoque centrado en el público objetivo. Para una comuni-
cación efectiva de los hallazgos a la comunidad y a los decisores políticos, es
crucial adoptar un enfoque inclusivo y participativo, empleando un lenguaje
24 · Investigar con y desde la cartografía social. Metodología participativa y ciencia de datos ·

accesible y formatos comprensibles. La participación comunitaria en la revi-


sión y discusión de los resultados es fundamental para asegurar interpreta-
ciones relevantes y coherentes con las realidades locales, lo cual es esencial
para el éxito y la aceptación de los proyectos de cartografía social.

Una aproximación metodológica


al proceso de análisis de datos
Para una implementación efectiva del proceso de análisis de datos en carto-
grafía social, es primordial iniciar con una definición precisa de los objetivos
del proyecto. Esto implica identificar con claridad los fenómenos socio-terri-
toriales que se desean estudiar y formular preguntas de investigación espe-
cíficas, dicho paso inicial es fundamental para orientar la selección de fuentes
de datos y metodologías de recolección de datos adecuadas, asegurando que
el enfoque de análisis esté alineado con los objetivos del estudio.

En la figura 1 se presenta un diagrama de flujo del proceso sistemático para


la implementación del análisis de datos en el ámbito de la cartografía social.
Se representa en etapas interconectadas, cada una crucial para el avance y la
integridad del análisis.

Este proceso interativo no solo promueve la precisión y la pertinencia de la


información recolectada, sino que también implica la colaboración activa de
la comunidad y los profesionales involucrados, garantizando que el análisis
de datos sea inclusivo y representativo de las dinámicas socio-territoriales en
estudio. A continuación, se detalla una descripción de cada paso:
- Objetivos: Establecimiento de las metas y preguntas clave que guiarán
todo el proceso de investigación y análisis de datos.
- Marco metodológico: Definición de la estrategia de investigación, inclu-
yendo la selección de técnicas y herramientas que se utilizarán para reco-
pilar y analizar los datos.
- Recolección de datos: Adquisición de datos relevantes mediante métodos
como encuestas, entrevistas y observaciones, ajustados a las necesidades
del proyecto.
· Cartografía Social · 25

- Limpieza de datos: Proceso de depuración para eliminar errores o incon-


sistencias en los datos recolectados, garantizando la calidad y precisión de
la información.
- Análisis de datos: Aplicación de técnicas estadísticas y de análisis espacial
para interpretar los datos y extraer patrones significativos.
- Interpretación: Comprensión y contextualización de los resultados del
análisis, traduciendo los datos en conocimiento útil y aplicable.
- Mapas y visualización: Creación de representaciones gráficas, como ma-
pas y gráficos, que ilustren los hallazgos de manera clara y accesible.
- Comunicación: Estrategias diseñadas para compartir los resultados con
la audiencia deseada, utilizando un lenguaje y formatos adecuados para
su fácil comprensión.
- Retroalimentación: Recolección de opiniones y comentarios de los acto-
res sociales involucrados para refinar y validar los resultados del análisis.
- Reflexión: Evaluación crítica del proceso completo y los resultados obte-
nidos, contemplando posibles mejoras y la aplicación de lecciones apren-
didas en futuras investigaciones.

1. Objetivos 10. Reflexión

2. Marco metodológico 9. Retroalimentación

3. Recolección datos 8. Comunicación

4. Limpieza datos 7. Mapas y visualización

5. Análisis datos 6. Interpretación

Figura 1. Proceso de análisis de datos para la cartografía social.


26 · Investigar con y desde la cartografía social. Metodología participativa y ciencia de datos ·

Selección de herramientas y
software
La selección del software adecuado es un aspecto crítico del proceso. Pro-
gramas como QGIS y ArcGIS ofrecen capacidades avanzadas para el análisis
espacial, lo que permite a los investigadores gestionar y analizar datos geo-
gráficos con precisión. Por otro lado, herramientas analíticas como R y Python
son usadas para realizar análisis estadístico.

La elección de software debe estar guiada por los requisitos específicos del
proyecto, incluyendo la naturaleza de los datos a analizar y los objetivos es-
pecíficos del análisis y la disponibilidad presupuestal. A continuación, en la
tabla 1, se presentar algunas herramientas y software con aplicabilidad en la
cartografía social.

Tabla 1. Herramientas y software para análisis de datos aplicables a la cartografía social.

Nombre del
Descripción Tipo
Software
Un sistema de información geográfica que
QGIS permite la visualización, edición y análisis de Acceso libre
datos espaciales.
Plataforma de mapeo y análisis que ofrece
ArcGIS un conjunto completo de herramientas para Pago
trabajar con datos geográficos.
Herramienta de visualización de datos que
Tableau Public permite crear y compartir mapas y gráficos Acceso libre
interactivos.
Plataforma de análisis geoespacial en la nube
Google Earth
que permite visualizar y analizar datos de Acceso libre
Engine
satélite para estudios ambientales y sociales.
Software estadístico que, junto con el paquete
ggplot2, permite realizar análisis y visua-
R Acceso libre
lizaciones avanzadas de datos, incluida la
cartografía.
· Cartografía Social · 27

Plataforma de inteligencia de ubicación basa- Pago con ver-


CARTO da en la nube que facilita el análisis espacial y sión de prueba
la visualización de datos. gratuita
Software de GIS que ofrece herramientas
MapInfo
para el mapeo y análisis espacial, dirigido a Pago
Professional
profesionales.
Herramienta de análisis de negocios que
Pago con ver-
Microsoft permite visualizar datos y compartir insights
sión de prueba
Power BI a través de reportes y dashboards, incluyendo
gratuita
capacidades de mapeo.
Sistema de información geográfica de código
Grass GIS abierto utilizado para el manejo y análisis de Acceso libre
datos geoespaciales.
Biblioteca JavaScript de código abierto para
Leaflet Acceso libre
crear mapas interactivos en aplicaciones web.
Python con
Lenguaje de programación versátil con biblio-
bibliotecas
tecas para análisis de datos, manipulación de
como Pandas,
datos geoespaciales y visualización. Permite Acceso libre
Geopandas,
realizar desde análisis estadísticos hasta la
Matplotlib, y
creación de mapas interactivos.
Folium
Plataforma colaborativa de mapeo que
permite a los usuarios contribuir y editar
OpenStreet-
datos geográficos del mundo. Humanitarian
Map (HOT Tas- Acceso libre
OpenStreetMap Team (HOT) utiliza esta herra-
king Manager)
mienta para coordinar esfuerzos de mapeo en
respuesta a crisis.
Plataforma de código abierto que permite
recopilar, visualizar y analizar información en
Ushahidi tiempo real, especialmente útil para situa- Acceso libre
ciones de emergencia, monitoreo electoral y
derechos humanos.
Fuente. Elaboración propia
28 · Investigar con y desde la cartografía social. Metodología participativa y ciencia de datos ·

A manera de conclusión
La Cartografía Social parte de reconocer en la investigación que el conoci-
miento es esencialmente un producto social y se construye en un proceso de
relación, convivencia e intercambio con los otros (entre seres sociales) y de
estos con la naturaleza. En consecuencia en el conocimiento de la realidad so-
cial, la comunidad tiene mucho que decir por lo tanto ser protagonista central
en el proceso de transformación hacia el desarrollo integral de la sociedad.

Los procesos de investigación orientados desde Cartografía Social son una


potente alternativa para construir conocimiento de manera colectiva; es un
acercamiento de la comunidad a su espacio geográfico, socio-económico, his-
tórico-cultural. La construcción de este conocimiento se logra a través de la ela-
boración colectiva de mapas, el cual desata procesos de comunicación entre
los participantes y pone en evidencia diferentes tipos de saberes que se mez-
clan para poder llegar a una imagen colectiva del territorio. Se pueden elabo-
rar mapas del pasado, el presente y del futuro así como “mapas temáticos”
que nos permitan un mayor conocimiento del entorno (mapa administrativo
e infraestructural, mapa económico, mapa ecológico, mapa red de relaciones
y mapa de conflictos).

Las metodologías de investigación orientadas desde la cartografía social per-


miten generar procesos de reflexión y producción de conocimiento con la
gente, a partir de un ejercicio de reconstrucción virtual de la realidad, enten-
dida esta como una red de relaciones múltiples, con el objetivo de producir
representaciones dinámicas de los territorios enriquecidas con los conoci-
mientos de la misma comunidad, para poco a poco ir descubriendo que el
territorio es un producto socialmente construido y, que de la calidad de las
relaciones que lo conforman, depende la calidad de la vida, el grado de vul-
nerabilidad, la autonomía y la vigencia de la democracia. Es decir, se genera
un dinámico proceso de producción de conocimiento que le da un nuevo
sentido a la realidad y permite elaborar estrategias más eficientes para la
participación y la incidencia de las comunidades sobre su propio territorio.

El análisis de datos junto a la representación cartográfica se erige como los


pilares de la cartografía social, dada su innegable habilidad para ilustrar y
desglosar las complejas interacciones sociales y territoriales de una manera
que es al mismo tiempo comprensible y detallada. No se trata únicamente
· Cartografía Social · 29

de un medio para interpretar mejor las intrincadas redes de la sociedad, sino


que estas herramientas son un poderoso vehículo para el empoderamiento
de las comunidades. A través de su capacidad para esclarecer y revelar, pro-
mueven decisiones informadas y fundamentadas en evidencia sólida.

Para que la implementación de estas metodologías en futuros emprendi-


mientos de cartografía social sea verdaderamente efectiva, es imperativo
subrayar la importancia de un enfoque participativo. Dicho enfoque debe
asegurar que la comunidad no solo colabore, sino que sea una pieza central
en cada etapa del proyecto.

La aplicación de tecnologías y herramientas debe ser pensada y diseñada te-


niendo en cuenta las habilidades y capacidades de la audiencia final, evitando
así la creación de barreras tecnológicas y promoviendo en cambio el desarro-
llo de destrezas locales en el manejo y comprensión de estas metodologías.

Bibliografía

Ardón, M. (1998): serie de cuadernos metodológicos de investigación parti-


cipativa. Ed: ZAMORANO IFPRI Y IDRC CRDI: Honduras
Bastidas, E. P., & Gonzales, C. A. (2009). Social cartography as a tool for con-
flict analysis and resolution: The experience of the Afro-Colombian com-
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rio Colaborativo. Colección Minga Red Bien Común. Fondo editorial Un
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30 · Investigar con y desde la cartografía social. Metodología participativa y ciencia de datos ·

Schettini, P., & Cortazzo, I. (2015). Análisis de datos cualitativos en la inves-


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Tetamanti, J. M., Escudero, B., & Carballeda, A. (2012). Cartografía social.
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Tsou, M.-H. (2015). Research challenges and opportunities in mapping
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Villar Roldán, J. J., & Martín-Álvarez, J. M. (2023). Comprendiendo la di-
námica de los conflictos en américa latina: una aproximación desde el
machine learning. Iberoamerican Business Journal, 7(1), 47–75. https://
[Link]/10.22451/5817.ibj2023.vol7.1.11076
32

CAPÍTULO 2
Cartografía cultural
de organizaciones,
rutas y galerías
de graffiti y arte
urbano en Medellín

Víctor Hugo Jiménez Durango


· Cartografía Social · 33

La difusión graffitera. Los que


están transmitiendo el camino

Introducción
Este capítulo es un análisis en interpretación sobre las organizaciones, los co-
lectivos, la rutas y la producción de arte visual contemporáneo en Medellín,
una exteriorización cartográfica de los caminos y callejeos emprendidos por las
galerías, los pasajes, los recorridos, los subsuelos, los eventos, los actores, las
visiones, las aptitudes, los conocimientos y las prácticas del graffiti como esté-
tica expandida, llena de ritmos, olores, valores, usos, prácticas, maneras y artes
de hacer, que escriben, pintan, relatan, narran, sueñan y piensan la ciudad.

En todo este proyecto se priorizó el viaje, la conversación y la recepción, la cir-


culación y las narrativas, ya que estar situados permite hablar de los trayectos,
los trazos, las organizaciones, las propuestas de escuela y sus modalidades ex-
perimentales de transmisión de conocimiento. Aquí creemos y apostamos por
la cartografía como enfoque, metodología, método y técnica de conocimiento.
34 · Cartografía cultural de organizaciones, rutas y galerías de graffiti y arte urbano en Medellín ·

Este enfoque interpretativo privilegia la escucha, la mirada y la palabra que


los guías, mediadores, acompañantes, en algunos casos escritores o artistas
del graffiti, en otros raperos, agentes o reconocidos gestores, tienen de sus
propias prácticas, así como de la autocomprensión simbólica, social y cultural
que poseen de sus barrios, las artes, sus proyectos y las experiencias de vida.

El diagnóstico, -la visualización en fichas, mapas y gráficos- es ante todo


un ejercicio cualitativo de visualización y comparación. Es una herramienta
comparativa para hacer una radiografía de lo que está pasando, para buscar
ventanas que se abren en la comprensión y explicación del espacio habitado
a través de obras de arte en espacios públicos, cuestionando las nociones
de arte y museo tradicionales y re-creando lazos comunitarios, re-existencias,
vehículos de la memoria y vínculos sociales.

Mapear conceptualmente las variables que priorizamos de este diagnóstico,


darles relaciones y movimientos, es una apuesta por las galerías como alma
de los corredores culturales que poseen los barrios más significativos de la
urbe. Se trata de reconocer los recorridos territoriales y la calle como esce-
nario pedagógico, identitario y paisaje cultural; al enaltecer y nombrar estas
rutas y sus agentes en la memoria local.

Estas iniciativas nacen de jóvenes y colectivos en sus interacciones con la co-


munidad y la ciudad que a diario viven, hay que entenderlas como formas de
creación de experiencias culturales que reclaman y se apropian del derecho a
la ciudad y a las artes en las calles. Se trata de prácticas comunitarias y artísti-
cas que, al mismo tiempo que promueven un uso político, estético y recreati-
vo del espacio urbano, interrogan de manera permanente su estatuto público.

La legitimación del graffiti como arte urbano, efímero, público y local es un


proceso latente, un movimiento que se valida en organizaciones con más de
15 años de existencia, en estos corredores culturales donde contamos con la
presencia de estas galerías a cielo abierto, en las ocho rutas de arte urbano
con más de un año de trayectoria, en los 10 procesos o agentes que exalta-
mos por llevar a cabo estos recorridos, y en la acción de más de 500 graffite-
ros, muralistas y artistas por la ciudad de Medellín y el Valle de Aburrá escri-
biendo, comunicando, expresando en las paredes y en espacios de encuentro
con niños, niñas, jóvenes y adultos e interesados en acercarse al universo del
spray, el aerosol, las paredes, los mensajes, colores y trazos.
· Cartografía Social · 35

Cartografiar es pensar, es llevar el territorio que recorremos y vivimos a for-


mas, a formalidades que nos permiten abstraernos y sacar otras conclusiones,
en la búsqueda de conocimiento práctico y de las relaciones socio-espacial
del graffiti como acción, conquista, fenómeno, movimiento, vanguardia, ma-
nifestación, respuesta y sentimiento. En este caso, el rescate de las rutas como
transeptos y construcción de relatos de ciudad, desde otras visiones y narrati-
vas a las que cuentan las oficiales o los operadores tradicionales de turismo.

El punto de partida de la cartografía cultural de las rutas de arte urbano y


graffiti es la afirmación de que el conocimiento es producto socio-espacial
de las interacciones, intercambios y convivencia entre las personas (inclui-
da la naturaleza). Como realidad y respuesta sociocultural, el entorno graffiti
propicia el protagonismo de comunidades emocionales y de sentido que se
constituyen en fuerzas dinamizadoras y transformadoras del desarrollo inte-
gral de la sociedad a través de sus espacios. En los barrios, en estos muros, en
estas caminadas, en los espacios que se habitan efímeramente late la vida y
la construcción de las manifestaciones de solidaridad y vínculo.

Las siguientes cartografías son algunas de las pieles de esas galerías que
pudimos experimentar y sacar a flote; gracias a estas rutas pasamos el um-
bral y nos instalamos más allá de lo superficial; en esa intersección entre el
espacio, el relato y las trayectorias que trazamos al pasar por los muros, las
obras o los graffitis.

Este ejercicio consiste en utilizar la elaboración de mapas, de capas, de pie-


les, de datos para dar sentido a lo que ha ocurrido y ocurre en un territorio
determinado, como una manera de comprenderse a sí mismo y comenzar
procesos de cambio a partir de esa agudeza y abstracción lograda.

“Todo mapa es un instrumento que muestra una serie de relaciones entre los
elementos registrados bajo un código explícito y con ello nos vuelve observa-
ble una configuración de la realidad. El mapa, objeto semiótico complejo, está
hecho para significar y en la medida en que significa con precisión, nos sirve
para representarnos la realidad, desde un punto de vista y desde una escala”
(Gómez y López, 2009).
36 · Cartografía cultural de organizaciones, rutas y galerías de graffiti y arte urbano en Medellín ·

Formas de organización,
galerías y rutas

Demos inicio agradeciendo las oportunidades y los cruces, que la vida nos
ponga cara a cara con Agroarte Colombia / Galería Viva, Arrieros / Elemento
Ilegal, Casa Galería / Graffitour Comuna 13, Casa Kolacho / Graffitour, Color
Tour / La Cuatro Trece / Graffitour / Ayacucho, Fundación Trash Art / Museo
Urbano de Memorias, Galería Urbana / Pictopía / Pictour, Grupo Indepen-
diente De Memoria & Ciudad, Klan Ghetto Popular / Con los pies en el barrio
/ Galería Convites, Lina Guisao y Juan Carlos Posada, La Vuelta en La Sierra,
La Sierra es otro cuento, Mama Chila Moravia Tours y la Corporación Distrito
Candelaria. Por ustedes y para las memorias de nuestros pasos en Medellín,
se hacen y dedican estas humildes elucubraciones.

En términos de organizaciones, encontramos que de las 10 experiencias que


se relatan, cinco están legalmente constituidas, una como Fundación (TrashA-
rt), una como Empresa cultural (Color Tour), una como Asociación (Agroarte
Colombia) y dos como Corporación (Casa Kolacho y Galería Urbana / Pictopía).
De éstas, tres tienen Registro Nacional de Turismo – RNT y guías certificados
o en procesos de educación para la acreditación para ejercer el turismo como
actividad comercial (Fundación TrashArt, Galería Urbana y Color Tour).

Aunque en la dinámica y vida diaria todos funcionan como colectivos, tres


de los cinco procesos que nombramos como tal, profundizan en la forma de
· Cartografía Social · 37

la afinidad que los agrupa, en este caso rescatan nociones como la de gru-
po (Zona de graffitis y Klan Ghetto Popular) y manada (Arrieros y Elemento
Ilegal), aludiendo a la construcción de comunidades de sentido críticas a las
realidades y lo establecido. Casa Galería del Graffitour Comuna 13 está en
proceso de formalización para convertirse en una empresa cultural, mientras
que Lina Guisao por el momento es una activista política influyente que hace
alianzas y convergencias con otros líderes y procesos sociales para generar
acciones colectivas.

El concepto o noción de Galería es clave para las organizaciones y las rutas


de graffiti y arte urbano que exaltamos, desde allí cuestionan y reinventa los
espacios museísticos y los lugares de los curadores. Hay una particularidad
en la forma en que se usa indistintamente la categoría Galería de una ma-
nera inclusiva y plural, pues es una noción expandida que permite gentes,
espacios, obras, selecciones, interpretaciones, calles y memorias.

Para uno de estos procesos Galería es el nombre de su corporación. Para


otro es la huella de su metodología Con los pies en el Barrio. Es también el
mensaje que escogió el Metro para ponerle al corredor donde se alojan las
obras de arte a cielo abierto. Para la Fundación TrashArt son los salones en el
espacio público donde estas exhibidas las obras de arte en gran formato. Para
varios de los colectivos, es la forma de clasificación espacial y la manera de
transferencia pedagógica, de los diferentes pasajes y paisajes que se recorren
en las caminadas, apreciando el espacio habitado y los diálogos que sugieren
murales y graffitis.

Zonas, Comunas, Barrios


Al hablar del espacio al que se integran los corredores culturales y las rutas,
es importante decir que, dentro del universo de las otras escrituras urbanas,
además de la labor consciente de las galerías y los festivales, se intenta dejar
huella e ir creando un mapa personal de firmas, piezas y obras que confor-
man una cartografía personal, cultural y virtual, extrapolando lo efímero y lo
anónimo a los registros y las fotografías.
38 · Cartografía cultural de organizaciones, rutas y galerías de graffiti y arte urbano en Medellín ·

Podemos decir que en todas las comunas de Medellín y en los municipios


que conforman el Área Metropolitana del Valle de Aburrá, existen personas
jóvenes que se autoafirman graffiteros y legitiman como derecho a la ciudad
la escritura en paredes del espacio urbano que se pretende público.

En el mapa de ubicación encontramos que en 7 de 16 comunas y en 1 de 5


corregimientos de la ciudad existen rutas de graffiti. Las comunas son la 1
Popular, 2 Santa Cruz, 8 Villa Hermosa, 9 Buenos Aires, 10 La Candelaria, 13
San Javier y 14 El Poblado.

Al cierre de estas andanzas nos dimos cuenta de que en la comuna 4 Aranjuez


se están dando pasos para gestar recorridos urbanos con énfasis en muralis-
mo y graffiti, específicamente en los barrios Moravia, San Cayetano y Palermo.

Ocupa un lugar relevante la comuna 13 San Javier dentro de los relatos y re-
conocimiento de agentes culturales con quienes interlocutamos, pues desde
hace muchos años trabajan por construir, preservar y expandir el graffiti. En
este territorio existen tres empresas culturales que fundaron y realizan el Gra-
ffitour, además está Galería Viva en el cementerio de la América, un proceso
de memoria y resistencia de Agroarte Colombia. Los recorridos se centran en
los barrios Villa Laura, Las Independencias (1 y 2), 20 de julio, San Javier No.
1, Campo Alegre (comuna 12 La América) y Salado (La Escombrera).

Luego del interés y los agentes que hay en la zona centro occidental, es en la
zona centro oriental, en la Comuna 8 Villa Hermosa, Comuna 9 Buenos Aires
· Cartografía Social · 39

y Comuna 10 La Candelaria donde se sitúan y realizan los recorridos de cuatro


de los procesos que mapeamos en este camino. Nos encontramos con Lina
Guisao y Color Tour que realizan un recorrido por el corredor de Ayacucho,
transitando por muchos barrios que se conectan por el sistema de transpor-
te del Metro, La Candelaria, Bomboná No. 1, Boston, Buenos Aires, Caicedo,
Miraflores, Alejandro Echavarría, La Sierra por nombrar varios de diferentes
unidades territoriales.

Arrieros y La Vuelta en La Sierra realizan recorridos específicos a barrios altos


y por la zona rural de Medellín. La Sierra, Golondrinas, El Faro y vereda Mata-
sano son los barrios y sectores que recorren.

En los márgenes del centro, en los alrededores y por toda la avenida La Playa
están las derivas de Zonas de graffitis, que transcurren por los barrios El Cha-
gualo, Sevilla, Prado, Villanueva, La Candelaria, Boston, Guayaquil y Colón de
la Comuna 10 La Candelaria.

Se puede compartir con 2 procesos formativos que a la vez tienen recorridos


por el territorio de la Comuna 1 Popular y la Comuna 2 Santa Cruz en la zona
nororiental, allí se encuentra el Museo Urbano de Memorias y Galería Convites
en los barrios Santo Domingo, Granizal, Bello Horizonte, Popular, entre otros.

Finalmente, en la zona suroriental, en la comuna 14 El Poblado se puede


recorrer Barrio Colombia, Astorga, Manila y Poblado centro, pues además de
las galerías que promueve Pictopía, muchos artistas, empresarios y marcas
utilizan sus paredes como lienzos de obras significativas con mensajes que
recogen, critican o movilizan sus intereses ante la ciudad.

Como conclusión podemos decir que, en el occidente, es en la comuna 13


San Javier donde sus mismos habitantes con sus estrategias de resistencia y
procesos de organización no violenta la han puesto en el lugar cultural que
ocupa. Empero, allí solo están dos de las activaciones que registramos en esta
indagación. Seis de las galerías y rutas de arte urbano que tenemos hoy se
encuentran en el lado oriental, en la zona tradicional e industrial de la ciudad
y en tres amplios sectores populares.

Territorios específicos en los que suceden movidas culturales que tienen


muchas cargas y manifestaciones materiales e inmateriales. Agrupados por
40 · Cartografía cultural de organizaciones, rutas y galerías de graffiti y arte urbano en Medellín ·

zonas y destacados por comunas, haciendo una mención a barrios en los que
se dan espacialidades otras, temporalidades disruptivas que crean un tejido
propio que escinde las maneras de organización tradicionales o clásicas al re-
tomar la calle, lo local, las experiencias y las caminadas como narrativa de ciu-
dad, espacio de intercambio y oxigenación dentro de sus espacios cotidianos.

Fundación y trayectorias

El graffiti como expresión, movimiento y fenómeno artístico tiene una tradi-


ción, que lentamente se va historiando y convirtiendo en relato. Las rutas de
graffiti y arte urbano hacen parte de esa historia, son un esfuerzo por circular
y poner sentidos al fenómeno como tal a través de las obras, sin embargo,
adolecen de ejercicios de sistematización de sus procesos, lo que nos permite
cuestionar el nivel de consolidación y la capacidad de creación de guiones
para la preservación de estas novedosas prácticas.

Esta cartografía pretende visibilizar y contribuir en algo a esta historia me-


diante la organización y caracterización de la información que cada una de
organizaciones legalmente constituidas, los colectivos y las individualidades
posee respecto a su experiencia, año de fundación y trayectoria. También nos
permite entender que, aunque muchos tienen más de 10 años en el universo
del graffiti y el arte urbano, muchos de sus recorridos como estrategia de
apropiación y de sostenibilidad apenas existen hace dos años.
· Cartografía Social · 41

Es clave comprender de manera diferenciada las temporalidades de las ru-


tas, sumándoles sus acumulados como líderes de procesos culturales, como
experiencias de entrenamiento, autogestión del conocimiento y opciones de
vida, las cuales tienen una correlación directa con la gestión comunitaria del
espacio urbano en la construcción de procesos sociales sostenibles.

En la Comuna 13 San Javier se registran las organizaciones culturales, los colec-


tivos, las artes del graffiti y de respuesta socio gráfica con más trayectoria como
procesos, galerías y rutas. Con el auge del rap y graffiti desde el año 2002, na-
cen paulatinamente 4 procesos que le apuestan desde hace dos décadas a las
artes del graffiti, a las memorias, al graffiti como elemento constitutivo de la
cultura y al movimiento Hip Hop; estamos hablando de Agroarte (2002), Casa
Kolacho (2013), Casa Galería (2016) y Color Tour -La Cuatro Trece- (2016), quie-
nes a su vez han creado estrategias de acción, resistencia y emprendimiento
como el Graffitour (2009), Color Tour (2016) y Galería Viva (2017).

En el 2007 y el 2008 aparecen procesos en la comuna 1 Popular, la comuna 8


Villa Hermosa y en la comuna 9 Buenos Aires, en barrios donde hay presencia
de las escuelas de graffiti que en las fachadas de las viviendas comenzaron a
mostrar pintas, cambios y constante transformación. Nos estamos refiriendo
a Klan Ghetto Popular (2007) y la manada Elemento Ilegal (2008) líderes de
dos rutas con un año y medio de activación, la Galería Convites y el recorrido
Arrieros, quienes cuentan con más de 10 años de experiencia organizativa.

Luego surgen en el 2010 procesos como la Corporación Galería Urbana y la


Fundación TrashArt. Ambas organizaciones con RNT y legalmente constitui-
das -desde el 2013 la Corporación y desde el 2014 la Fundación-, las cuales
realizan festivales de arte urbano con enfoques y perspectivas diferentes,
pero con alcances compartidos o similares. Pictopía si hace recorridos desde
que inicio el festival, pero es apenas durante el año 2019 que lo ven como
una unidad productiva y servicio de turismo comunitario para ofertar a visi-
tantes y extranjeros. Museo Urbano de Memorias como ruta si emerge en el
2018, con la segunda versión del festival, como unidad productiva desde el
turismo comunitario para cogestionar recursos que consoliden los proyectos
de la organización.

En sí 9 años de experiencia y dos años apostándole a los recorridos con


enfoque turístico.
42 · Cartografía cultural de organizaciones, rutas y galerías de graffiti y arte urbano en Medellín ·

Para cerrar este colofón complejo de trayectorias, experiencias organizativas,


liderazgos culturales, agentes de cambio de barrios y territorios, estrategias de
apropiación, vehículos de la memoria y formas de resistencia tenemos las in-
dividualidades, al escritor y artista visual Felipe Espinosa Carmona, al activista
e investigador Víctor Hugo Jiménez Durango y a la politóloga y activista Lina
Guisao. A los tres los une que definen su ser, hacer y quehacer como media-
dores, callejeros por naturaleza y apasionados por relatar y conocer Medellín.

Barto y Víctor tienen una experiencia organizativa de 11 años, desde cuando


se conocieron en el 2013. En todo este tiempo han llevado a cabo varias ac-
ciones e investigaciones que decantaron en la ruta Zona de graffitis, la cual
nace en el 2017, como 6 derivas por áreas de la ciudad complicadas que
permiten hablar de lo esencial, rebelde, desobediente, contestatario y tras-
cendental del graffiti en el mundo urbano.

Lina Guisao tiene una experiencia de 8 años en estas andanzas lo que no quie-
re desconocer sus saberes y procesos previos. Como ella misma lo relata, esto
comenzó bajo la inspiración de dos procesos de ciudad de recorridos: Bajo la
piel de Medellín, del cual hizo parte en sus comienzos en el 2016 y Medellín
en la Cabeza del cual fue parte por año y medio durante el 2017-2018.

“Si bien yo tenía conocimientos de la historia del barrio por mi condición de


habitante y gomosa de la historia, fue Juan Carlos Posada, quien fuera geren-
te social de la construcción del Tranvía de Ayacucho, quien hizo la transferen-
cia de conocimiento de los graffitis, así que para generar entradas extras, y
aportar al conocimiento de la ciudad por medio de una metodología de calle,
decidí juntar mi conocimiento y el que me fue transferido, para ofrecer un
recorrido reflexivo, pedagógico, de memorias, graffitis y arte urbano hace dos
años, en el 2017.”

Para cerrar esta línea de tiempo, en términos académicos y de publicaciones


específicas a nivel local, se ha producido una investigación titulada “Graffiti
en Medellín” (2012), por la Casa de las Estrategias y la Fundación Mi Sangre,
donde se presentan, a manera de reportaje denso, los graffiteros históricos y
más representativos de la urbe; se hizo en el 2013 un mapa cultural de las
escuelas de graffiti y las organizaciones que las promovían a nivel del Valle
de Aburrá titulado “La Ciudad Graffiti” (2013); apareció luego la publicación
artística e independiente de narrativas del presente, fotografía documental y
otras escrituras “Barrio Graffiti” (2017); y el portafolio Galería Medellín. Arte
· Cartografía Social · 43

Gráfico Urbano (2017) publicado por la Secretaría de la Juventud de la Alcal-


día de Medellín, en el cual aparecen los artistas y gestores más representati-
vos de Medellín. En el 2019 la mesa de articulación de graffiti y arte urbano
que sostienen varios artistas del graffiti, gestores y el Metro de Medellín pu-
blicaron el libro “Historias callejeras. Relatos de graffiti en la ciudad” escrito
por Esteban Jaramillo y Santiago Rodas, más conocidos como Josty y Señor
Ok, el cual fue entregado en el marco del primer festival Medellín se pinta de
colores en La Aurora y lanzado en la Fiesta del libro.

Integrantes y género

La edad promedio de los agentes culturales que propician las rutas por las
galerías, oscila entre los 20 y 40 años. La mayoría son menores de 28 años,
pero las personas con más experticia son adultos contemporáneos.

Dentro de las formas de organización de las rutas culturales en promedio


participan entre 4 y 7 personas, en su mayoría jóvenes que pertenecen a los
mismo barrios o comunas en donde se encuentran los procesos de compartir
experiencias en torno al hacer y pensar el arte urbano.

Las rutas que más integrantes tienen son Galería Viva con 10, Graffitour / Casa
Kolacho con 8 y Museo Urbano de Memorias con 7 personas. En un grupo inter-
medio de participantes se encuentran Casa Galería (5 personas), Galería Convites
44 · Cartografía cultural de organizaciones, rutas y galerías de graffiti y arte urbano en Medellín ·

(4 personas) y Color Tour (4 personas). En un tercer conjunto agrupamos a Arrie-


ros (3 personas) y Pictour (3 personas). Los otros, son individualidades (Ayacucho
/ Lina Guisao) o colectivos conformados por 2 personas (Zona de graffitis).

Al respecto, conviene decir que las organizaciones Fundación TrashArt, Casa


Kolacho, Agroarte, Klan Ghetto Popular y Galería urbana están constituidas
por muchos más integrantes que los que se comentan. Para efectos de este
mapeo solo nos estamos refiriendo a los agentes culturales que están implica-
dos con los procesos pedagógicos, las mediaciones o guianzas que se realizan
como recorrido pedagógico-y en varios de los casos como servicio turístico.

Ahora bien, ha sido relevante identificar la participación de las mujeres –aun-


que mínima- en estos procesos educativos en todas las rutas. Para la cultura
graffiti aquí se encuentra un fenómeno de gran importancia social, en la me-
dida que pone de manifiesto una problemática de género sobre la que el
arte urbano puede ir incidiendo mejorando las realidades poco a poco. En
lo referido a la participación de las mujeres como gestoras, productoras, pro-
gramadoras, mediadoras o guías de las rutas por las galerías, tenemos que
ocupan un lugar relevante en Galería Viva / Agroarte con 7, Casa Kolacho con
4 y el Museo Urbano de Memorias con 3 representantes.

Conviene distinguir a la líder Lina Guisao, una activista reconocida en la ciu-


dad, que tiene un recorrido por todo el sistema tranviario en términos de
memoria y arte urbano público. Mientras observamos que en las galerías y
rutas Arrieros y Zonas de graffiti no cuentan con integrantes mujeres dentro
de sus grupos.

Las otras cinco rutas cuentan con una mujer integrante dentro de sus colec-
tivos desempeñando funciones como administradoras, programadoras de
recorridos o guías. Podemos distinguir en los recorridos de Casa Kolacho y de
Ayacucho (realizados por Lina Guisao) la exploración de otras feminidades y
la presencia de su ser lésbico.

Prosiguiendo con el tema, pasemos a los integrantes hombres de los grupos


de las rutas y galerías. Tenemos que en tres de estas organizaciones hay 4
integrantes hombres: Museo Urbano de Memorias, Casa Kolacho y Casa Ga-
lería. En cinco colectivos hay 3 integrantes hombres: Galería Convites, Color
Tour, Arrieros, Pictour y Galería Viva.
· Cartografía Social · 45

Tenemos, en consecuencia, que esta reflexión sobre lo poblacional, los inte-


grantes y el género nos permite decir sobre estas organizaciones que están
compuestas por grupos pequeños de máximo 10 almas, algunos son indivi-
dualidades o colectivos de dos y tres individuos. La participación femenina
es importante, pero principalmente son los hombres los que han generado
estos tipos de apropiación y dinámica dentro del graffiti y el arte urbano a ni-
vel local. Todos ellos influenciados por las músicas, las secuelas de violencias
y conflictos violentos, los medios de comunicación, las academias y una vida
más oral, audiovisual y del hacer que escrita.

Lugares de encuentro
El Graffiti es espacio habitado. El arte urbano es espacio público. Las rutas
de graffiti y arte urbano están llenas de territorio. En esta investigación nos
dimos cuenta de que se pueden diferenciar dos formas de organización de
acuerdo con los espacios de encuentro, lo cual nos permite comenzar a pen-
sar la afirmación de las manifestaciones en las identidades locales.

A lo largo de los 10 años que llevan las rutas de graffiti y arte urbano nos
encontramos con que los espacios para recibir o terminar los recorridos más
recomendados son las sedes propias de las organizaciones, pero no siempre
fue así, como ellos mismos lo relatan, en todo este camino es clave el rol que
juegan y han jugado las infraestructuras de equipamientos de movilidad, ins-
tituciones educativas y culturales, tales como estaciones del metro, casas de
la cultura, viaductos, interconexiones viales, escaleras, andenes, entre otros.
Así mismo, han ocupado un papel central las Juntas de Acción Comunal – JAC
como facilitadoras de sus sedes físicas para el desarrollo de estas iniciativas.

Se estima así que las organizaciones más afianzadas son Casa Kolacho, Casa
Galería, Color Tours y Agroarte Colombia, todas con sede propia ubicadas en
la comuna 13 San Javier. De la misma manera, la organización Arrieros cuen-
ta con sede en articulación con la manada Elemento Ilegal en El Faro, comuna
8 Villa Hermosa. El resto las organizaciones se reúnen y utilizan las calles, los
parques, los espacios y equipamientos mencionados.

Se comprende que tener sede propia es una manera de consolidación de


las galerías y rutas de arte urbano, pero no es el único criterio para hablar
46 · Cartografía cultural de organizaciones, rutas y galerías de graffiti y arte urbano en Medellín ·

del posicionamiento o relevancia de cada uno de estos procesos estéticos


y comunitarios.

Entre la sensibilización y el
entretenimiento. Tipología de
las rutas

No es fácil tipificar procesos tan mezclados, que hacen uso de variadas he-
rramientas metodológicas como las que ofrecen las vanguardias, las produc-
ciones de significado estadounidense, las modas europeas, la investigación
acción participación, la educación popular, las identidades latinoamericanas y
las luchas del sur global. Sin embargo, es posible mostrar los rasgos principa-
les de la forma en que enmarcan los mensajes que transmiten en su recorrido,
el rol en que se sitúan, la visión que tienen del graffiti y el arte ante un umbral
cultural que también es una posibilidad de sostenibilidad y consolidación.

En las rutas no hay jerarquías; las dinámicas horizontales en las experiencias


de transmisión-aprendizaje hacen uso de metodologías basadas en pregun-
tas y pedagogías diferenciadas que apuntan a los momentos significativos y
particulares de cada ser; se trata de producir una vivencia que se basa en la
solidaridad y el respeto por la singularidad de cada persona.
· Cartografía Social · 47

A partir de las formas de ser, se le va permitiendo a los interesados que co-


nozcan el barrio, la historia del graffiti y los murales, los exponentes más re-
presentativos, para que puedan comprender estas huellas como un universo
simbólico y proyectarlo al entorno urbano de manera que contribuya a la
expansión de la ciudad graffiti.

Todas estas clasificaciones, categorías, tipologías y demás las hemos creado


nosotros desde un ámbito académico, pero no obedecen en muchos de los
casos a como suceden las cosas en la realidad. Nos sirve para visualizar, com-
parar, hacer radiografías, pero como categorías muchas escinden las dinámi-
cas y experiencias propias que se buscan con las galerías.

Todas las rutas que mapeamos autodefinen su propuesta como un recorrido


pedagógico y territorial, con una narrativa crítica reflexiva donde el arte urba-
no es central y potenciador para hablar de las memorias y los cambios que
ha tenido Medellín.

De las 10 organizaciones y las 8 galerías de las que venimos hablando, cuatro


iniciativas le apuestan al turismo comunitario, tres de estos procesos están en
trámite o ya tienen la certificación del Registro Nacional de Turismo, cuentan
con personal certificado como guías profesionales y están legalmente cons-
tituidas. En este conjunto agrupamos a Fundación Trash Art / Museo Urbano
de Memorias, Color Tour, Galería Urbana / Pictour y Arrieros.

Otra manera de ver el arraigo y fortalecimiento de estas organizaciones y las


galerías de graffiti y arte urbano como manifestaciones culturales de pedago-
gía, sostenibilidad cultural y re-existencias creativas es analizar las que tienen
espacios propios para reunirse. Aquí podríamos decir que todas las que están
en la comuna 13 tiene sede propia, más Arrieros, los demás procesos se reú-
nen y utilizan equipamientos públicos.

Para todos ellos y para sus dinámicas educativas y de sostenibilidad es pre-


ponderante el compartir los saberes que a ellos nadie les enseñó del arte ur-
bano y las otras escrituras, pues coinciden que en la actualidad en el Valle de
Aburra existe un auge de artistas y jóvenes que encuentran afinidad en escri-
bir y pintar sus pensamientos en paredes y muros que no fueron destinados
para ello, pero que se convierten en lienzos vivos, en muros parlantes de los
mensajes, los colores, los personajes o caracteres, la decoración, la rebeldía,
la contaminación, el fondo y la producción de una urbe graffitera.
48 · Cartografía cultural de organizaciones, rutas y galerías de graffiti y arte urbano en Medellín ·

Interlocutores y apuestas por la


formación de públicos

En este estado de las cosas buscamos respuestas al siguiente cuestionamiento


¿Qué hacen los colectivos en el vivir, hacer e intervenir ciudad, a través de ex-
presiones que van en crecimiento, colocando un especial énfasis en el graffiti,
los barrios, sus jóvenes, consumos y los procesos de educación no formal?

Una respuesta posible, es que las galerías y sus activaciones como rutas son
procesos de educación socio-gráfica que caminan por la organización y forma-
ción comunitaria, en una especie de trabajo social tipo organizaciones sociales
de base, en el que se siembran sueños, opciones de vida y referentes de ser
distintos a los actores tradicionales que ha dejado el conflicto social y armado.

Al analizar el rol que asume cada una de las personas que interlocuta con los
visitantes que van a conocer el espacio y comprender las obras de arte se propo-
nen tres nociones de clasificación que son: Acompañantes, Guías y Mediadores.

El acompañamiento o ser acompañante es la noción o concepto con el que


más a gusto se sienten en las organizaciones y los líderes de las rutas de las
Galerías de arte urbano.

En un segundo estadio estaría la guianza turística como práctica y forma de


situarse en el espacio y ante el otro, la cual realizan algunos de los colectivos
· Cartografía Social · 49

que la están experimentando con un enfoque comunitario de apoyo a lo local


propiciando compartir la vida del barrio.

La tercera noción o concepto desde el que se posicionan o sitúan los facilita-


dores es el de la mediación, ya que aluden desde su cuerpo y postura pro-
fesional a una crítica reflexiva a partir de contextos y preguntas problema-
tizadoras para posibilitar los intercambios y abrir los umbrales para que los
asistentes puedan interpelar a través del arte urbano lo que pasa en la ciudad.

Las palabras, conceptos o nociones más utilizadas por los mediadores, guías
y acompañantes en sus discursos cuando realizan los recorridos sin ningún
distingo del lugar que se sitúan como facilitadores son: arte, graffiti, memo-
ria, resistencia, barrio, comunidad, ciudad, identidades, manifestaciones, po-
líticas y solidaridad.

En este punto, en cuanto a cómo definen el graffiti y el arte urbano, a la for-


mación de públicos en artes visuales y narrativas del presente, a la relación
de las artes con los espacios, cada organización, incluso cada persona tiene
una concepción propia, diferente y a veces suelta de graffiti, arte urbano y
arte público. Por ello encontramos aquí la posibilidad de un análisis a través
de dos variables de confluencia que detallan el mensaje de los productores
de los recorridos: Graffiti Arte Urbano y Arte Urbano Público.
50 · Cartografía cultural de organizaciones, rutas y galerías de graffiti y arte urbano en Medellín ·

A las organizaciones, galerías y rutas que ubicamos como transmisoras y de-


fensoras del Graffiti Arte Urbano, no tienen reparos en usar ambos significa-
dos como sinónimos de una misma práctica, la cual es a la vez una expresión
personal pero también una herramienta colectiva; son procesos que conside-
ran al graffiti como maneras de apropiarse y dotar de sentido los espacios ur-
banos, a través de preguntarse por sus estados de ánimo y sentires, situados
en el contexto barrial, en pro de la formación de sujetos gráficos y críticos que
transforman sus realidades, cuestionan sus personalidades y generan accio-
nes y relatos que hacen y proyectan a la ciudad graffiti que se está haciendo,
al contribuir desde la legitimidad a una ciudad de las pintas que se proyecta
y sueña desde los territorios, las dinámicas barriales y las comunidades. Por
este camino van Galería Convites, Arrieros, Zona de Graffitis y los graffitour de
Casa Kolacho y Casa Galería.

De otra forma, los otros transitan por forjar procesos gráficos de larga duración
que fomenten, fortalezcan y proyecten a los artistas, las obras y los festivales
como Arte Urbano Público, en consonancia con una visión de incluir el graffiti
como una práctica propia de la vida urbana y una corriente de arte más, cuyas
obras comunican y cuentan, por lo que se deben mantener y preservar, cons-
truyendo con el paso del tiempo su historia. Por esta senda caminan Galería
Viva, Color Tour, Pictour, Museo Urbano de Memorias y Lina Guisao.

Para hablar de estas estructuras se identifica que pocos procesos tiene un


relato o narrativa tipo guion. Poseen un escrito -ya casi terminado- el Museo
Urbano de Memorias, Galería Viva y Color Tour, cada uno con enfoques dife-
rentes, por ejemplo, la Fundación TrashArt hace énfasis en el poblamiento, las
historias y resistencia del territorio; Galería Viva marca su derrotero desde los
hechos victimizantes, las memorias del conflicto armado y la no repetición;
mientras que Color Tour hace hincapié en la transformación de la ciudad a
través de las mega obras y el transporte urbano público.

Muchas de las organizaciones y galerías vienen consolidando su guion de


ruta para que ese trayecto tenga más consistencia, sentidos y posibilidades
como itinerario cultural. En este caso Arrieros, Galería Convites, Zona de Grafi-
tis y Galería Urbana / Pictour están confeccionando la producción del circuito,
en la actualidad trabajan en catalogar las obras, clasificar los artistas, nombrar
las galerías y definir las experiencias.
· Cartografía Social · 51

Por el contrario, Casa Galería que realiza Graffitour Comuna 13 sostiene que
hasta ahora no tienen un guion y que todas las transferencias o capacitacio-
nes a los nuevos integrantes de la organización se hacen de forma verbal en
reuniones y conversaciones; de la misma manera, Casa Kolacho opera con su
equipo de trabajo del graffitour y le están apostando a reflexionar y sistema-
tizar la experiencia. Lina Guisao tampoco tiene un guion del recorrido.

En últimas, este análisis de los roles, los mensajes, las concepciones del gra-
ffiti y el arte urbano, las maneras de transmisión, nos dilucida los discursos y
apuestas de educación de los procesos, en una mirada acerca de la problema-
tización, interpretación y comprensión del concepto de ruta, que se propicia
a partir del espacio, los agentes de la acción y las prácticas artísticas contem-
poráneas relacionales y no hegemónicas, que por medio de los relatos, na-
rraciones, posiciones y destrezas urbanas, dotan de significado a la galería
como espacio de encuentro e interpretación para el vínculo social y el lazo
comunitario, y, al mismo tiempo, tienen lugar formas de comportamiento,
ciudadanías, justicia espacial y exigibilidad de derechos.

Idilios y relacionamientos
La cartografía enlaces y relacionamientos nos acerca a que tanto se conec-
tan, se miran, se encuentran estas corporaciones, colectivos, fundaciones e
individualidades. Nos arriesgamos a decir que se conocen de nombre, de
52 · Cartografía cultural de organizaciones, rutas y galerías de graffiti y arte urbano en Medellín ·

parche y de barrio, pero no se ha hecho un recorrido a fondo, nos falta ca-


minar, compartir y aprender de los discursos y estrategias de los otros, nos
falta encontrarnos y hacer de nuestras prácticas conocimiento práctico que
aporte a nosotros, a los barrios, a la gestión económica personal y colectiva, a
profundizar lo cultural de los espacios comunitarios.

La elaboración del diagnóstico mediante entrevistas y conversaciones permi-


tió indagar por los intercambios, los reconocimientos, las coordenadas, los
nexos y relaciones entre los líderes y las rutas de graffiti, desde los cuales se
hiciera posible proponer la construcción de una red de galerías comunitarias
a cielo abierto de arte urbano.

Digamos que todos nombran al Graffitour como la ruta más emblemática y


acreditada, sin embargo, no se distingue por los procesos y líderes las orga-
nizaciones o empresas culturales que las realizan -la que más se menciona es
Casa Kolacho-, incluso se cae en un lugar común de decir que es una guianza
turística cuando sus proponentes la reivindican como un recorrido político,
estético y artístico por el territorio.

Todos los procesos reconocen el trabajo de Agroarte por la memoria, la siem-


bra y el duelo colectivo en el cementerio de La América / San Javier, así no
sepan que esta activación es conocida como Galería Viva.

Las organizaciones y galerías son visibles como apuestas por la gestión cultural,
en tanto los líderes y procesos son claves para casi todos los agentes entrevista-
dos que se mencionan en el presente capítulo.

Luego, en un segundo grupo de más mencionados siguen el Museo Urbano


de Memorias de la Fundación TrashArt, el recorrido Arrieros en el barrio El
Faro y los recorridos en Ayacucho, con 5 menciones cada uno por parte de
las organizaciones.

Es importante decir que, Museo Urbano de Memorias, Arrieros y Galería Con-


vites que están ubicados en la comuna 8, Santa Elena, la comuna 1 Popular y
la comuna 2 Santa Cruz se vienen encontrando y generando espacios de auto
referenciación que los ha venido posicionando, fortaleciendo y mostrando
como una plataforma de trabajo colaborativo.
· Cartografía Social · 53

Vale la pena también aclarar que, el recorrido que llamamos Ayacucho es


ofrecido por muchos agentes y paquetes turísticos, pero para el caso, se re-
laciona con los agentes operadores que presentamos, el realizado por Lina
Guisao como la guía de Color tour. En este mapa de relaciones los agentes
mencionan la existencia de rutas y operadores, sin embargo, no identifican
una persona o un grupo como tal.

Con tres menciones tenemos a Galería Convites de KGP y al Pictour, el recorri-


do de barrio Colombia y otros sectores de El Poblado que narra los festivales
Pictopía. Finalmente, se encuentran con algunas menciones los itinerarios de
Zona de grafitis, La sierra es otro cuento, La vuelta en La Sierra y Moravia Tours,
también se considera tener presentes para el mapeo los proyectos de recorri-
dos pedagógicos de ciudad Bajo la piel de Medellín y Medellín en la cabeza.

Cada una de estas galerías o rutas urbanas cuenta con una individualidad,
una persona líder que es el motor que articula los colectivos y los barrios.
Detrás de cada líder están sus equipos de trabajo, que tienen detrás una red
de vecinos, organizaciones, amigos y familiares que hacen posible estas rutas
por dichas galerías. Digamos pues, que este es el principal valor cultural: los
intercambios, el soporte principal de todos estos procesos colaborativos, los
cuales se definen por propiciar un discurso crítico reflexivo y una visión que
cuestiona lo que pasa en la casa, la esquina, la calle y la ciudad.

Esta cartografía de las relaciones, los flujos y las correspondencias permite


visualizar y llamar la atención sobre:

El graffiti como una práctica, saber no sabido y esencia que permite ser expli-
cado e interpretado, pero no regularizado, ya que es un potenciador y reme-
morador de acciones colectivas que dan identidad al territorio. Es un lugar
para el debate, la reflexión, la definición, la indagación y la experimentación
de conceptos individual y colectivamente como cultura, arte urbano, política,
público, privado y comunicación.

Los lugares políticos y culturales que generan en los barrios dichas galerías
y rutas, lo que facilita la construcción de vínculos y afectos, la articulación de
metodologías, escuelas de formación, luchas y resistencias, en camino a pro-
yectos de cogestión y sostenimiento desde las opciones de vida y la cultura.
54 · Cartografía cultural de organizaciones, rutas y galerías de graffiti y arte urbano en Medellín ·

El espacio colectivo que teje la investigación artística y espacial consciente-


mente, para la expresión y la representación del poder, de los relatos y discur-
sos que se están tejiendo, donde la creación artística-cultural se constituye en
el medio articulador y relacional que encuentra, reúne, muestra, comunica y
que luego recibe, encuentra nuevamente y que luego vuelve a comunicar los
procesos del arte urbano.

Valdría la pena ensayar una posible red o trabajo colaborativo de las gale-
rías y rutas de arte urbano. Desde la Secretaría de Juventud, la Secretaría
de Cultura o la Subsecretaría de Turismo es indispensable que se fomente
el encuentro entre dichas organizaciones, la formación a estos formadores,
guías, mediadores y acompañantes, buscando potenciar estas experiencias
procurando que superen situaciones difíciles que atraviesan.

Con el diseño de esta red de galerías de arte urbano y graffiti se pretende


generar un dialogo de saberes para identificar problemas, visibilizar intere-
ses comunes y aspiraciones compartidas a escala barrial, zonal, local y muni-
cipal que permita el intercambio comunicativo y la creación de vínculos que
potencien, dinamicen y refuercen el sentido de identidad de los espacios
para compartir estas obras de arte contemporáneo como manifestación y
patrimonio público.

Se trata de sondear las artes de hacer, los saberes y las posibilidades reales
de construir en red, lo cual permita mejorar las interacciones y el reconoci-
miento como personas, colectivos y comunidades de sentido, ya que la es-
cala barrial en la vivencia territorial genera nichos definidos a la gestión de
los murales y las escrituras otras en sus territorios, que se pueden visualizar
como una respuesta en movimiento, transformación y construcción de una
ciudad otra, cuando los exponemos y revelamos en la dimensión de una
ciudad red, compacta e interconectada.

Estados de consolidación
La cultura vista desde sus actores sociales es el eje fundamental de las políti-
cas culturales y de los patrimonios. Se crearon tres categorías para catalogar
· Cartografía Social · 55

a las organizaciones y galerías de graffiti y arte urbano que participaron en la


investigación que son: Posicionadas, Estables y En construcción.

Con la tipología se puede describir cómo construyen desde sus procesos


pedagógicos y de mediación, efectos positivos en sus comunidades, dere-
cho a la ciudad, prácticas a favor del espacio público, justicia espacial, arte e
historia urbana.

Las tres iniciativas de organización como manifestaciones culturales de peda-


gogía y sostenibilidad cultural en la categoría de “Posicionadas”, cuentan con
procesos de largo aliento, metodologías definidas, visiones de futuro sobre su
organización, sede propia y capacidad de consolidar sus procesos como pa-
trimonio vivo y respuesta organizacional de sus comunidades barriales son
Galería Viva /Agroarte, Casa Galería / Graffitour C 13 y Casa Kolacho / Graffitour.

Las tres galerías que nombramos en la categoría de “Estables”, muestran un


proceso de constitución formal sólido ya que están legalmente constituidas,
tienen guías especializados, hablan de turismo comunitario, aun cuando no
cuenten con sede propia. Estamos exaltando la labor y las visiones del Museo
Urbano de Memorias, Pictour y Color Tour.

Los cuatro grupos de afinidad situados en la categoría de “En construcción”,


se caracterizan por tener mecánicas y formas de convocatoria aleatorias, es-
tar abiertos a todas las posibilidades y alianzas, no contar con sedes propias,
realizar recorridos reflexivos más que guías turísticas, estar interesados en
públicos como jóvenes, organizaciones sociales, estudiantes y familias más
que en visitantes y extranjeros. Dichos procesos también los articula que se
han desarrollado en las dinámicas del conflicto social armado de los barrios,
y a partir de los intereses que los individuos tienen en este contexto particu-
lar que habitan, lo cual son dos factores que amenazan o pueden desarticu-
lar en cualquier momento los trayectos que han emprendido. Situamos en
este conjunto a Galería Convites, Arrieros, Zona de graffitis y la ruta de Lina
Guisao por Ayacucho.

El intento de dar pistas del momento que atraviesan estos grupos, las galerías,
las rutas y los barrios tiene el objetivo de proponer una visualización que per-
mita generar solidaridades y cooperación entre ellos mismos, y una atención
56 · Cartografía cultural de organizaciones, rutas y galerías de graffiti y arte urbano en Medellín ·

por parte de las entidades, secretarías, concejeros y empresas del municipio.


Se trata de que organizaciones no gubernamentales, organizaciones Hip Hop,
fundaciones y entes institucionales conozcan un panorama expansivo de las
situaciones, los retos y la inventiva de estos procesos para mantenerse vivos,
con el propósito de que se contribuyan a la preservación de las formas del arte
urbano y a la multiplicación de las formas de resistencia creativas.

Sostenibilidad y maneras
de financiación
Ninguna de las organizaciones y rutas que han hecho parte de la investi-
gación tienen asegurada su continuidad en términos económicos. En este
mapa hemos querido referirnos a este ítem, tan difícil, el cual superan con
intuición, cogestión e ingenio los gestores de las galerías.

En cuanto valor del tour, solo los graffitour de Casa Kolacho, Casa Galería y
Color Tour tienen definidos y estipulados unos precios por persona, los cuales
puede ser negociables en la medida en que sean grupos de más de 5 perso-
nas. El resto de las rutas siempre define la tarifa de acuerdo con el número de
asistentes, el tipo de público y las expectativas con el recorrido.

Por ser dinamizadores y difusores de los procesos, los líderes no tienen una
retribución económica como un salario; solo reciben dinero cuando hacen
una salida, púes de lo recolectado se les entrega un aporte.

Todos consideran que los recorridos son una estrategia de sostenibilidad y


cogestión de sus propuestas organizativas que debe servir para financiar sus
proyectos, dignificar el trabajo, posibilitar empleo en opciones de vida cultu-
rales y retribuirle por las obras a los artistas, pero sin caer en ideas o sofismas
de emprendimiento que alimentan la precariedad.
· Cartografía Social · 57

A mano alzada

Para terminar este capítulo, se quiere hacer mención del poder de la cartogra-
fía para poner de acuerdo y comunicar a los interlocutores y el investigador
facilitador, animador de esta guía y panorama expandido, en el tránsito de
crear estas memorias movilizadoras de manera colaborativa.

Como vimos anteriormente, en muchas de las organizaciones que cuentan


con rutas de arte urbano, está en construcción los derroteros o guiones de
las experiencias que se brindan a visitantes; algunos cuentan con otras na-
rrativas de sus prácticas, especialmente a través del vídeo y el documental,
en los que se motivan o informa de las propuestas de mediación cultural
y sostenibilidad. En las redes sociales se puede buscar con facilidad infor-
mación fotográfica y volantes de difusión de todas las rutas, de muchas hay
vídeos en YouTube, también se encuentran fácilmente artículos de prensa y
algunos de las organizaciones han hechos sus propias producciones audio-
visuales. Todas las rutas tienen maneras de presencia e intersección por me-
dio del ciberespacio, es decir; hay una comunicación entre estas apuestas
de la calle y el internet.

Al indagar por apuntes gráficos, visuales, mapas conceptuales, cartografías


o instrumentos de formalización del territorio, las galerías, los barrios, las
obras, los artistas, no se cuentan con tales herramientas en la mayoría de las
rutas, por lo que desde la investigación acción los encuentros con los agentes
comenzaron o terminaron con la realización de un apunte gráfico del espacio
58 · Cartografía cultural de organizaciones, rutas y galerías de graffiti y arte urbano en Medellín ·

del recorrido, los barrios, los artistas y aspectos que más se destacaban en ese
instante preciso en que se cuestionan y se hacen evidentes muchas posibili-
dades desde la visualización y la sistematización.

Los mapas elaborados por A.K.A. e Isaac sobre Galería Viva acuden a la cir-
cularidad, a la espiral de la vida y la muerte, a trazos sueltos y a la forma
estructural del camposanto para ubicar en estaciones sensoras la manera del
recorrido y las obras con sus artistas. Ambos salen del cementerio e integran
la calle y el parqueadero de la institución educativa donde se encuentran los
memoriales como espacio vital del proceso.

Al pensar de esta forma el recorrido construimos un conjunto, un resumen,


una conclusión que se va tejiendo al vaivén de datos sobre el espacio que
activamos. El cementerio parroquial de Las Américas fue mandado a construir
en 1898. Para 1939 es un terreno con un cerramiento de tapia. En 1953 se
inicia la reforma del camposanto por el arquitecto Gustavo Moreno. Luego,
en 1975 el lugar ya contaba con la estructura y el edificio que vemos en la
actualidad. En el 2005 el cementerio tiene que ser ampliado debido al au-
mento de muertes en la comuna. Este lugar de memoria y ritual tiene más de
120 años de historia.

Las preguntas por cuáles son las estaciones que definen el recorrido, las obras
más significativas que se interpretan con los asistentes y las memorias de los
barrios en donde se ubican, permiten también multiplicidad de miradas.

Los planos que se proponen del Graffitour por Perrograff y Ciro, de Casa Ga-
lería y Casa Kolacho, dimensionan la comuna 13 San Javier como el espacio
vital en el que se produce por medio de caminadas el reconocimiento artísti-
co, estético y político de los agentes y el territorio.

En el mapa de Casa Galería encontramos un trazo de las dos formas de hacer


la ruta, subiendo o bajando, las vías, los equipamientos referentes y las es-
taciones claves. En el apunte gráfico de Casa Kolacho, se marca los lugares
significativos y obras como los sitios de al menos 10 estaciones sensoras.
· Cartografía Social · 59

Imagen 1. Apunte gráfico Galería Viva. Con enfoque en las obras y artistas más
representativos. Realizado por Isaac. 2019.

Imagen 2. Apunte gráfico Galería Viva. Con enfoque en los barrios, algunos artistas y obras. Se
sugieren las estaciones significativas del recorrido por el recinto. Realizado por A.K.A. 2019.

Ambas casas comparten que ubican en sus gráficas a la estación del Metro
San Javier, el cementerio de la América donde está la ruta Galería Viva y el in-
greso al viaducto Media ladera del barrio Las Independencias por el histórico
sector conocido como El Plan del Che. Les diferencia las obras que relatan y
60 · Cartografía cultural de organizaciones, rutas y galerías de graffiti y arte urbano en Medellín ·

destacan. Los acerca la concepción crítica hacia la infraestructura pública y que


cuentan con sedes propias que son centros culturales, laboratorios de crea-
ción y gestión. Los mantiene unidos que son los creadores de esta estrategia
de recreación de los vínculos en una de las zonas más violentas de la ciudad.

Muchos dicen que para qué una guía o acompañante, que el Graffitour se
hace solo utilizando el sistema de transporte masivo de la ciudad. En estos
mapas se intuye lo que no es evidente con solo irse a apreciar y caminar por
los sectores de los barrios como paseante, la posibilidad de compartir con
agentes autorizados del graffiti y el rap de Medellín, que hacen un arte a
pulso desde sus formas de organización; es una oportunidad de comprender
una narrativa propia, que se ha ido construyendo desde lo local, al generar
conocimiento de sus experiencias y saberes, revindicando los líderes, las co-
munidades y las resistencias.

Imagen 3. Cartografía de la ruta Graffitour Comuna 13 / Casa Galería. Énfasis en estaciones,


artistas y circuitos posibles del recorrido. Realizado por Perrograff. 2019.

Para Nino, artista local y productor de campo del festival Pictopía, la galería
Barrio Colombia y Astorga, la más importante del Pictour, cuenta con cinco
pasajes (carreras) que son: la calle del MAMM, la calle de la ganga, la calle de
la fresca, la calle underground “Sub Way” y la calle Pictopía “Disney World”.
· Cartografía Social · 61

Imagen 4. Cartografía de la ruta Graffitour. Énfasis en barrios, estaciones, artistas y obras


significativas. Realizado por Ciro. 2019.

En el gráfico que fue confeccionando de la ruta encontramos una fuerza,


una potencia, una pedagogía que explotar en los discursos y conversaciones
cuando se realizan los recorridos. Quizás en estas zonas de la comuna 14 El
Poblado es donde se encuentran una diversidad de murales en gran formato
de artistas internacionales, por lo que podrían aprovecharlo para hacer más
contundente y cotidiano las caminadas.

Acéptese entonces que el mapa conceptual apuesta como el Pictopía a trans-


formar con colores, relatos y prácticas espacios públicos, convirtiendo los
muros en historias parlantes y las calles en sitios para la interacción social, la
diversidad y el encuentro de culturas.
62 · Cartografía cultural de organizaciones, rutas y galerías de graffiti y arte urbano en Medellín ·

Imagen 5. Cartografía de las galerías del Pictour. Se destacan algunos artistas. Realizado por
Nino. 2019.

Arrieros es una organización social y cultural de turismo comunitario, unos


espacios delimitados y una ruta que se realiza por el barrio. En los mapas
realizados por los agentes salta a la vista una forma espacial del territorio
que contrasta con que el barrio como tal no esté reconocido por las instancias
administrativas y gubernamentales.

En los trazos la gente, las casas, las escaleras, el café, la pala y la rata ubican
los espacios de encuentro que coinciden con los lugares más significativos
de la ruta: la estación de los buses, la tienda, la casa de doña Libia, la sede
de Elemento Ilegal La Guarida, la sede comunitaria en La Capilla, el depósi-
to, entre otros. Al respecto conviene decir que este proyecto solo destaca del
itinerario la parte urbana dentro de este entorno rural en que se encuentra el
territorio, para decir, que el recorrido es más completo y tiene incluido sen-
derismo hasta el cerro Pan de Azúcar, piedra Galana y la laguna de Guarne en
el corregimiento de Santa Elena, vereda Matasano.

Arrieros es una ruta muralista, transversalizada por el territorio marginal ante


la ciudad que se aleja de lo meramente estético, por ello no se trata de pintar
lo que me da la gana sino de compartir, de diálogos y de construcción de
comunidad a partir de estos actos.
· Cartografía Social · 63

Imagen 6. Cartografía de la ruta Arrieros con enfoque cultural. Resalta artistas y obras
representativas en el barrio. Realizado por Balam. 2019.

Imagen [Link]ía de la ruta Arrieros con enfoque territorial. Representa los barrios y las
estaciones realizadas. Realizada por Osquin. 2019
64 · Cartografía cultural de organizaciones, rutas y galerías de graffiti y arte urbano en Medellín ·

Los recorridos por Ayacucho siguieron un mapa que elaboró y publicó el Me-
tro en el año 2016 y un esquema realizado por Chavo de Color Tour.

En la cartografía Ayacucho te quiero mucho se ubican 27 obras de arte: es-


culturas, instalaciones, impresión en gran formato y muralismo, las cuales se
han convertido en referente y símbolo de los barrios por donde atraviesa el
sistema tranviario. En el apunte gráfico de Color Tour se destacan estaciones,
lugares a visitar, obras de arte relevantes y equipamientos claves como la
iglesia de San José y la cancha de Miraflores.

Ambos mapas son muy importantes pues nos ubican en esta nueva geogra-
fía que trae una obra de infraestructura pública, permitiendo referenciar los
nombres de artistas, técnicas y años de realización de las obras ampliando el
panorama local del arte urbano y de la historia del transporte público.

Algunas de las estaciones sensoras son el café-bar Málaga, la estación San


Antonio, la plazuela de San Ignacio, el Palacio Botero que queda al lado de
la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús en Buenos Aires, los bares de música
Porro y el puente de La Toma, Mercados del Tranvía, el bar Sol de oriente, Las
Mellizas, la cancha de futbol de Miraflores, la estación Oriente, la estación
Villa Sierra y el sector del templo en el barrio La Sierra.

Imagen 8. Mapa de la galería a cielo abierto Ayacucho. Realizado por el Metro. 2016.

Ciudad
# Artista Técnica Título obra Año
origen
Arte urbano /
1. AKS Crews Medellín Diversidad 2015
Muralismo
· Cartografía Social · 65

Colectivo La Mosaico de Buenos Aires-Mi-


2. Medellín 2015
Vanda cerámica raflores
Arte urbano /
3. Duorone Italia Vida 2015
Muralismo
4. Fredy Álzate Medellín Escultura Esfera pública 2015
Jaba (Didier Are urbano / El vuelo de las
5. Cali 2015
Jaba Mathieu) Muralismo aras
Historia de
Cerámica
6 Jorge Rojas Medellín transporte en 2015
impresa
Antioquia.
Julio Aristizá- Arte urbano /
7 Medellín Memoria y barrio 2015
bal Muralismo
8 Oliver Ehmig Medellín Fotografía Rostros 2015
Arte urbano / Fernando Gon-
9 Toxicómano Bogotá 2015
Esténcil zález
Arte urbano /
10 Yurika Bogotá Silletero 2015
Muralismo
A tres manos
estudio Ce-
Somos primave-
11. roker, Deimos Bogotá Grafiti 2016
ra de colores
y Mugre
Diamante
12. AKS Crew Medellín Grafiti Crepúsculo 2016
Interven-
ción mixta.
Alejandro El centro visto
13. Medellín Muralismo 2016
Paucar con otros ojos
e impresión
Ink jet
Carlos Arturo
14. Medellín Mosaico Presencias 2016
Tobón Arango
Colectivo
15. Medellín Muralismo Metamorfosis 2016
Emetea
66 · Cartografía cultural de organizaciones, rutas y galerías de graffiti y arte urbano en Medellín ·

Colectivo
16. Medellín Fotografía Huellas 2016
Huellas
Mixta. Acrílico,
laca, estén-
17. Deúniti Medellín Requetecicla 2016
cil, papel
impreso.
Gabriel Botero
18. Medellín Escultura Babel 2016
Serna
Greña Crew
19. (Santiago Medellín Muralismo Tiempo 2016
Rodas)
20. Gris One Bogotá Grafiti Transición 2016
José Julián La solidez de las
21. Medellín Escultura 2016
Agudelo Mora certezas
Juan Fernando
22. Medellín Fotografía Sin título 2016
Ospina
Juan Pablo
23. Medellín Fotografía Refragmentos 2016
Gómez
Silleteros: me-
24. Ledania Bogotá Neorruralismo moria, sustento, 2016
transporte y vida.
Santa Elena
25. Luigi Baquero Medellín Fotografía 2016
tierra de color.
26. Natalia Botero Medellín Fotografía Al sol, al viento 2016
Verónica Mora-
Muralismo.
les García Luis
27. Medellín Pintura y Homenaje 2016
Felipe Vásquez
aerosol
Martínez
Arte urbano /
28. DjLu Bogotá Minorías 2017
Esténcil
· Cartografía Social · 67

Muralismo.
Nuka / Geovan- Copaca-
29. Pintura y Curanderos 2017
ni Acevedo bana
aerosol
Arte urbano /
30. Arlex Campos Medellín 2017
Muralismo
Arte urbano /
31. Jomag Medellín 2017
Muralismo
Arte urbano /
32. Señor ok Medellín 2017
Muralismo

Imagen 9. Cartografía de la ruta Ayacucho. Se hace énfasis en los barrios y estaciones


sensoras. Realizado por Chavo. 2019.
68 · Cartografía cultural de organizaciones, rutas y galerías de graffiti y arte urbano en Medellín ·

Los mapas de la ruta Zona de graffitis tienen más tiempo de elaboración. El


primero es el resultado de un capítulo del libro Barrio Graffiti, son las marcas
de las seis derivas en un ejercicio sociográfico de ubicación de los itinerarios
en la comuna 10 La Candelaria.

El propiamente de la deriva Barranquilla, se acordó dibujar previamente


con Barto. Es un gráfico de las referencias espaciales, los equipamientos, las
obras, los artistas y crews representativas de esta deriva, la más importante en
términos de historia y graffiti raíz, para los mediadores de este circuito, para
quienes el arte en la calle es una opción de vida donde están presentes expe-
riencias rebeldes y saberes populares que se van tejiendo en dichos espacios
donde sucede cada pintada. Lo real del graffiti se viene modificando con las
tecnologías que permiten narrar un arte a pulso el cual se construye desde la
multiplicidad, la explosión del color, la autogestión, el trabajo colaborativo y
la conciencia de la calle como espacio de debate público-político.

Imagen 10. Cartografía de la Ruta Zonas de Graffitis. Se presentan las 6 derivas. Realizado por
Alexis Quintero y Víctor Jiménez. 2017.
· Cartografía Social · 69

Imagen 11. Cartografía de la Zona de Graffitis Barranquilla. Hace énfasis en referentes


espaciales y crews de graffiti. Realizado por Felipe Carmona Espinoza - Barto. 2019.
70 · Cartografía cultural de organizaciones, rutas y galerías de graffiti y arte urbano en Medellín ·

Imagen 12. Cartografía de la ruta por la Galería Convites. Se destacan las estaciones que
se realizan y los procesos de las organizaciones Museo Urbano de Memorias, JAC Santo
Domingo Savio No. 1, Casa de la Cultura de El Popular, Corporación El Megáfono, BarberArt.
· Cartografía Social · 71

Imagen 13. Cartografía de la ruta por la Galería Convites. Se destacan títulos de obras de arte
del recorrido pintadas por el colectivo. Realizado por Jackgo. 2019.

Los apuntes gráficos de Jackgo sobre la Galería Convites visibilizan las hue-
llas de las acciones del proceso / metodología Con los pies en el barrio, las
canchas y esquinas donde se han hecho los eventos, de la misma manera que
reconoce las organizaciones sociales y aliados del Klan Ghetto Popular en los
sectores de la zona nororiental.

Es muy acertado que en las ilustraciones se refleje lo fluido de las escaleras


y vías por donde pasa el recorrido, en el movimiento que marcan como un
ascenso y descenso producido por la interconexión vial entre las estaciones.

La ruta comienza en la estación del Metrocable Santo Domingo hasta la estación


Popular. Es una bajada por calles, callejones y cuadras haciendo paradas por lo
menos en seis lugares y miradores. Esto se acompaña de dos intervenciones
artísticas y una visita a la casa de la cultura o a una organización comunitaria.

Continuaremos la exploración, esta manera de navegar entre pensamien-


tos, gráficos y sentidos con el Museo Urbano de Memorias de la Fundación
TrashArt, en sus cartografías, nos presentan las galerías La Independiente, Mi
72 · Cartografía cultural de organizaciones, rutas y galerías de graffiti y arte urbano en Medellín ·

Territorio y Otras voces, obras representativas de cada uno de estos paisajes


urbanos y algunos equipamientos como la institución educativa, el cerro tu-
tela de Santo Domingo y el templo católico.

En el mapa elaborado de manera digital se destacan algunos miradores,


cuadros monumentales del paisaje desde Santo Domingo de Medellín,
mientras que se ubican los tres recorridos en que se puede realizar la ruta
del Museo, que son:
- Los Miradores: pasar por la Galería La Independiente, con un hermoso
panorama de 3 miradores donde se puede visibilizar el Valle de aburra en
su zona norte, finalizando en la Galería Mi Territorio, con una duración de
2.5 horas.
- Las Memorias: es un pasar por la piel las historias narradas a color que
nos presentan una cara del territorio, pero también las voces de otras la-
titudes, atravesando por las Galerías Mi territorio y Otras voces, con una
duración de 2.5 Horas.
- Un día en el Museo: es una experiencia donde pasaras por las 3 Gale-
rías del Museo Urbano de Memorias, con visitas a organizaciones y ali-
mentación más suvenir. Tiene una duración de 5 horas mínimo.

En esta ruta se nos presenta otra cara del barrio, una forma propia de narrar,
representar, hacer resistencia y generar procesos de identidad en el territo-
rio; también se reflexiona sobre deconstruir y formular nuevas miradas que
subviertan las realidades que se habitan. Como Museo no tiene paredes sino
espacio público lleno de comunidad: de vida; sus galerías están en casas y
equipamientos afectadas por la realidad; los facilitadores son personas re-
conocidas que inspiran tranquilidad al ser referentes para los pelaos de los
combos, la gente de la Casa de la Cultura, la señora de la tienda y la vecina
del mural en la esquina.
· Cartografía Social · 73

Galería la independiente

Galería mi territorio
Recorrido un día en el mueso
Recorrido de las memorias

Recorrido de los miradores

Baños

Miradores
Galería otras voces
Zona de alimentación
hidratacion

Punto de encuentro

Imagen 14. Mapa de los tres recorridos de la ruta. Realizado por la Fundación Trash Art. 2019.

Imagen 15. Cartografía de las galerías del Museo Urbano de Memorias. Realizado por David
Ocampo. 2019.
74 · Cartografía cultural de organizaciones, rutas y galerías de graffiti y arte urbano en Medellín ·

A modo de conclusión
Para finalizar podemos decir que una mirada atenta a las rutas de graffiti y
arte urbano permite narrar y construir otras visiones, historias de Medellín
y el Valle de Aburrá, en las cuales se hace evidente el protagonismo de las
juventudes, los colectivos de Hip Hop, las culturas musicales urbanas, las
otras escrituras, los gestores culturales y graffiteros, que ante una ciudad de
servicios proponen y practican la cogestión, invención y recursividad para con
el pincel, el aerosol, el color, la palabra, los cuerpos y los pies transformar la
ciudad, presentarse a la sociedad y dejarse ver como protagonistas, contri-
buyendo a crear oportunidades de ser, y disminuyendo con sus acciones y
prácticas los efectos negativos de las violencias barriales en la convivencia.

El presente análisis básico del diagnóstico explorar la riqueza contenida en


las experiencias que podemos adquirir cuando realizamos una caminada so-
bre artes visuales y construcción social del hábitat en el marco de la relación
narrativa-consumo-ciudad. De esta manera se pretende visibilizar la forma
cómo construyen de manera informal relatos de donde viven y de sus pro-
pias identidades, sus maneras de expresarse a través de la cultura gráfica y
musical, cuyos efectos positivos en las comunidades no solo contrarrestan las
consabidas tensiones y conflictos que a diario viven, sino que también pro-
mueven un derecho a la ciudad, una defensa del espacio público, a la justicia
espacial y a las artes urbanas como practicas vivas, manifestaciones culturales
y patrimonios de todos.

Un abrazo desde las calles del graffiti. Una admiración inmensa. Que hospi-
talidad y disposición en todas las caminadas por las pieles y re-existencias
de Medellín. Un profundo respeto para todas aquellas personas que están
corriendo el riesgo de vivir y transmitir este camino.
· Cartografía Social · 75

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politana Unidad Xochimilco México. Disponible a octubre de 2015 en
[Link]
Graffiti: el arte como campo de lucha. Maribel Cristina Cardona López;
Alexandra Uran Carmona. Medellín: [s. n.], 2011.
Juventud, Música e Identidad. Hip Hop en Medellín. Ángela Garcés Monto-
ya. Revista Universidad de Antioquia. 2011.
Letra joven, letra urbana. Claudia Kozak. En: Novedades Educativas. Vol. 20,
No. 206, Feb. 2008. p. 24-27.
La ciudad según la pared. Luis Liévano. En: Número (Bogotá). No. 53, Jun.-
Ago. 2007. p. I-V (Separata).
Ron, Alex. (2007). Quito: una ciudad de grafitis. Editorial El Conejo.
80

CAPÍTULO 3
La cartografía social
como alternativa
de construcción de
memorias y
apropiación de
territorios de ladera

Leonardo Jiménez García


Ángela Garcés Montoya
· Cartografía Social · 81

“El espacio no es un lugar pasivo en donde simplemente


suceden las relaciones sociales, sino que es una posibilidad de
resistencia y de transformación.”
Jairo Maya. Cartógrafo Comunitario de la Comuna 8 de Medellín.

Palabras claves
Cartografía social y comunitaria, Derecho al territorio, Memoria.

Resumen
El capítulo tiene la intención de poner en diálogo la relación entre los concep-
tos memoria colectiva y reivindicación del derecho al territorio, promoviendo
las metodologías de la cartografía social como dispositivo metodológico cla-
ve que permite la generación de nuevas nociones y reivindicaciones sobre
los territorios. Es relevante también considerar el contexto de referencia, fo-
calizado en las tensiones y disputas por el derecho al territorio en barrios de
las periferias de Medellín.

Las localidades de las periferias o bordes urbano-rurales de la ciudad de Me-


dellín han sido, en la última década, escenario de profundas hibridaciones
sociales, políticas y culturales que surgieron como resultado de las dinámicas
aceleradas de poblamiento y ocupación de las laderas, como consecuencia
de la migración de familias del campo a la ciudad, en la mayoría de los casos
a causa del conflicto armado. Los nuevos vecinos y vecinas han traído consigo
sus memorias, sus dolores, sus prácticas culturales, sus tradiciones orales, y
principalmente su convicción plena en la reivindicación de condiciones de
equidad y justicia, su derecho a habitar, apropiar y transformar ese lugar que
eligieron para volver a comenzar. Estos procesos de resignificación del terri-
torio, promovidos por las y los habitantes históricos y recientes de los barrios
82 · Cartografía social como alternativas de construcción de memorias y apropiación de territorios ·

periféricos, han dado lugar a la construcción de metodologías participativas


y de diálogo de saberes que tejen nuevos sentidos y proyectan dimensiones
del territorio e interacciones sociales que aún no alcanzan a abarcar las po-
líticas institucionales de planeación urbana del territorio. Estas experiencias
de diálogo de saberes han sido apropiadas por comunidades y por actores
académicos desde las metodologías de la cartografía social, permitiendo la
construcción y difusión de nuevas miradas sobre el territorio que proyectan
imaginarios, propuestas y escenarios de tensión que afronta la ciudad de
Medellín en la perspectiva del derecho al territorio, el reconocimiento de las
dimensiones del buen vivir y el valor de las memorias locales.

El contexto
Medellín
Medellín es la capital del departamento de Antioquia, compuesta por 16 co-
munas en la zona urbana, que a su vez cuentan con 249 barrios urbanos ofi-
1

ciales, y 5 corregimientos en la zona rural. Los barrios que se suele nombrar


“populares” están en las zonas 1 Oriental, 2 Noroccidental, 3 Centro-oriental
y 4 Centro-occidental, en especial la Comuna 13. A pesar de que no se trata
de zonas homogéneas, así como tampoco lo son las comunas y los barrios
que las componen, comparten ciertos rasgos que en gran parte caracterizan
las formas de vida de quienes las habitan. Estos barrios, que solidariamente
nacen como asentamientos informales, son poblados sobre todo por familias
que fueron desarraigadas de las zonas rurales o de aquellas áreas en las que
el conflicto armado ha sido más agudo.

Como en el resto de las ciudades colombianas, en Medellín también se cla-


sifican las zonas residenciales a través de una organización en estratos so-
cio-económicos, determinados por la fachada de la vivienda, los materiales
de construcción del techo y las condiciones de la vía frente a la casa. Esta
clasificación permite regular el cobro de los servicios públicos, ya que son
los estratos más bajos, del 1 al 3, los que suelen estar en los barrios “popu-

1. La Comuna es la unidad administrativa con la que se divide el área urbana de las ciudades
medio-grandes deColombia y que agrupa barrios o sectores.
· Cartografía Social · 83

lares”, contando con muy pocos beneficios en los subsidios en los servicios
de agua, gas y luz, mientras que los estratos más altos pagan un sobrecoste.
Además, se permite orientar la planeación de la inversión pública, realizar
programas sociales, orientar el ordenamiento territorial etc. Sin embargo, tal
clasificación puede beneficiar y al mismo tiempo perjudicar a aquellas perso-
nas con menos recursos que viven en los estratos más bajos: el aumento de
la inversión municipal en estos barrios muchas veces supone mejoras de la
infraestructura del servicio público, lo cual se corresponde con ascender de
estrato, consecuentemente con la reducción de los subsidios y, por lo tanto,
de la capacidad económica de las familias.

Las características que comparten los barrios “populares”, como se menciona-


ba anteriormente, pueden agruparse según:
- Naturaleza física y legal: hacinamiento, precariedad de las viviendas que
solitamente proceden de la auto-construcción, precariedad o ausencia de
los servicios públicos
- Naturaleza socio-económica: altas tasas de desempleo y subempleo,
pobreza, bajos niveles de educación, altos grados de analfabetismo, alto
número de procreación, problemas de nutrición y de salud.
- Naturaleza relacional: familias disfuncionales, violencia intrafamiliar y tal
vez de vecindario.

Formas históricas de poblamiento


de las laderas en Medellín
Al pensar en las formas de poblamiento de Medellín durante el siglo XX y sus
efectos recientes, en los nuevos modos de estar juntos, es necesario conside-
rar varios elementos propios de las ciudades latinoamericanas, que viven un
desplazamiento del campo a la ciudad que va más allá de lo cuantitativo, al
considerar la “aparición de una trama cultural urbana heterogénea, esto es;
formada por una enorme diversidad de estilos de vivir, modos de habitar, di-
versidad de estructuras del sentir y del narrar, pero muy fuerte y densamente
comunicadas”. (Martín-Barbero, 1996:46). Martín-Barbero nos deja avizorar
la compleja trama existente en las márgenes urbanas, cuando se quiere pen-
sar en la relación ciudad, margen urbana. Veamos ese complejo entramado.
84 · Cartografía social como alternativas de construcción de memorias y apropiación de territorios ·

El primer lugar se reconoce que en Colombia, la violencia urbana tiene una


continuidad en el tiempo y, particularmente, la ciudad de Medellín, es reco-
nocida hacia finales de la década de los 80 como una de las más violentas
del mundo, teniendo en cuenta, el número de personas asesinadas de ma-
nera violenta y la existencia de un fuerte clima de inseguridad, expresado
en atracos, asaltos a mano armada, ajustes de cuentas, riñas callejeras, entre
otras, considerando los habitantes de los barrios de las laderas como acto-
res violentos. Si bien esta situación ha tenido variaciones significativas en
la última década, entre ellas la baja considerable en la tasa de homicidios,
sigue siendo preponderante el lugar que se otorga a este indicador sobre
otros fenómenos sociales relevantes en la conflictividad urbana, como el caso
del desplazamiento forzado.

Así, al pensar las formas de población de Medellín con énfasis en sus márge-
nes urbanas, resulta imprescindible considerar las condiciones del desplaza-
miento forzado que sufre gran parte de la población colombiana ante la vio-
lencia armada en los territorios rurales, que llevó a millones de campesinos a
abandonar sus tierras y asentarse en las ciudades. El desplazamiento forzado ,
2

sufrido entre regiones de Antioquia, y el desplazamiento intraurbano entre


barrios y comunas de Medellín, genera necesidades vitales y existenciales.
El desplazamiento a su vez, tiene un impacto en las identidades colectivas;
obliga a abandonar no sólo las pertenencias y la vivienda, también implica
una ruptura con las relaciones y los afectos construidos históricamente con el
entorno y con los próximos, lo que constituye la ruptura de tejidos sociales.
Por todo ello, el desplazamiento forzado desestructura mundos sociales y
provoca el descalabro de creencias, valores, prácticas y estilos de vida .
3

En Medellín, las zonas receptoras de población desplazada se ubican en las


laderas de la ciudad, principalmente en los bordes de montaña de las zonas
oriental y occidental. (Colombia, 1993) Así, durante las décadas de 1970 y

2. Reubicación sin protocolo claro por parte de los gobiernos locales que implica la reubicación
de familias de un barrio a otro, generalmente como consecuencia del desarrollo de grandes
obras de infraestructura o movilidad urbana.
3. Este contexto de vida asociado al desplazamiento forzado con especial énfasis en los trayec-
tos vitales que afectan a los y las jóvenes víctimas de desplazamiento, es tratado y analizado
en el documental “Con la casa al hombro”, realizado por la Corporación Pasolini en Medellín.
· Cartografía Social · 85

1980 las laderas de Medellín recibieron un alto número de pobladores que


bajo la práctica de la invasión, piratería y toma espontánea de tierras comien-
zan a ocupar la ciudad de forma informal, por ello, la población desplazada
logra un asentamiento precario (sin agua potable, energía, saneamiento,
salud, ni educación).

Para los años noventa, cuando se creía estabilizado el proceso de crecimiento


de la ciudad, llegaron nuevos desarraigados del campo. Provenían de diferen-
tes regiones de Antioquia y de otros departamentos del país, donde las guerri-
llas y los paramilitares iniciaban una larga y cruenta disputa por los territorios,
los recursos naturales y control social sobre la población civil. Los primeros
asentamientos de estas familias desplazadas en la ciudad se localizaron en la
zona nororiental en 1992. Posteriormente, se localizaron asentamientos en la
zona centro occidental, especialmente en barrios de la comuna 13. Es signifi-
cativo el período 1996-1998 por el aumento de asentamientos nucleados y
por la aparición de asentamientos dispersos de población por desplazamien-
to rural-urbano e interurbano. Según Naranjo (2005), el acumulado histórico
1992-2004, muestra la existencia en la ciudad de 52 asentamientos nucleados
de invasión, 11 pequeños asentamientos nucleados en barrios establecidos y
asentamientos dispersos, en 64 barrios de la ciudad. (Sánchez, 2008: 176)

En este contexto es pertinente la pregunta por el derecho a la ciudad para


poblaciones que han sido desplazadas, despojadas en medio del conflicto
armado y que llegan a construir ciudad, en las fronteras urbanas. Una vez en
la ciudad de Medellín, estas poblaciones se ven abocadas a desplazamientos
intraurbanos a causa de los megaproyectos urbanísticos o dinámicas violen-
tas que las someten al desarraigo, a la inestabilidad, al “rodar” vulnerando su
derecho a permanecer en un lugar.

Hoy, muchas de los barrios constituidos culturalmente en las laderas de Me-


dellín, han sido el resultado de luchas sociales abanderadas por familias des-
arraigadas que llegaron desde inicios de los años 90, toda vez que se han vis-
to sometidos a vivir en condiciones precarias de habitabilidad e inseguridad
en los territorios de llegada donde son estigmatizados y poco reconocidos.
Sus procesos sociales y sus luchas interpelan y nutren la discusión y análisis
de conceptos como ciudades para la vida y urbanismo para la vida, que par-
ten de una concepción de ciudad ideal al servicio del ciudadano, de la cual
lejos está la mayoría de la población que habita en Medellín.
86 · Cartografía social como alternativas de construcción de memorias y apropiación de territorios ·

La Comuna 8 de Medellín
La Comuna 8 de Medellín se ubica en la zona centro-oriental, y es habitada
por el 6% de la población de la ciudad. La población total de la Comuna 8 es
de 152.430 habitantes, de los cuales el 0,68% viven en estrato 0 (Inquilina-
tos), el 44,89 % viven en estrato 1 (Bajo bajo), el 40,24 % viven en estrato
2 (Bajo), el 14,16 % viven en estrato 3 (Medio bajo), y el 0,03 % viven en
estrato 4 (Medio). El 4,5% de la población es afrodescendiente, y un 0.30%
se reconoce como población indígena. 12.000 personas se reconocen en su
condición de familias desplazadas por el conflicto armado en las regiones, y
más de 6.000 personas en 5 de los barrios de la ladera de la Comuna 8 aún
no cuentan con sistema de alcantarillado y agua potable .
4

En 2016 la Comuna 8 se colocó sexta entre las comunas con peores condi-
ciones de vida, como indica el Índice Multidimensional de Condiciones de
Vida . Es un territorio habitado principalmente por comunidades desplaza-
5

das, sobre todo por el recrudecimiento del conflicto armado que obligó gran
parte de la población de las zonas rurales a asentarse en las laderas de la zona
centro-oriental de Medellín, ya ocupadas en las décadas anteriores por pobla-
ción campesina en búsqueda de mejores condiciones de vida. El Plan de Or-
denamiento Territorial (POT) de Medellín considera la Comuna 8 un territorio
con fuerte ocupación informal: de los 34 barrios que la componen, sólo 18
están reconocidos por la Alcaldía. El contraste entre zonas urbanas y rurales
de la ciudad se da en este “borde urbano”, que manifiesta la expansión urba-
na a costa de la biodiversidad y riqueza ambiental de las laderas de Medellín.
Y es en este borde urbano donde se concentra la población más vulnerable.
Estos barrios no reconocidos, por su situación de irregularidad, son más ex-
puestos a la violencia urbanística del Estado, puesto que el POT los considera
como “focos de violencia urbana”, cuya erradicación se basa en modelos de
crecimiento vertical basados en lógicas de proyectos definidas por técnicos
expertos. Los megaproyectos generan una perpetuación del desplazamiento
intraurbano, además de la ruptura del tejido social del territorio, provocando
pérdida de identidad y desarraigo de las comunidades.

4. Reporte Oficial oficina de datos y censos poblacionales de la Nación-SISBEN. Agosto de 2016.


5. Alcaldía de Medellín. (2017). Ficha Informativa Comuna 8 Villa Hermosa. Consultable en ht-
tps://[Link]/irj/go/km/docs/pccdesign/medellin/Temas/PlaneacionMunicipal/
IndicadoresEstadisticas/2017/Shared%20Content/Comuna8%20Villa%[Link]
· Cartografía Social · 87

Ilustración: Archivo Corporación para la Comunicación Ciudad Comuna - Año 2014.

A pesar de ser considerada tradicionalmente como escenario del conflicto


armado y social colombiano, de violencia, desigualdad y vulneración de los
derechos humanos, la Comuna 8 es un territorio muy rico en procesos y movi-
mientos sociales. Gracias a los procesos de participación y movilización social
promovidos por las organizaciones sociales, la población logra un alto nivel
de empoderamiento social, que desencadena debates políticos que visibilizan
contradicciones y tensiones de las dos caras de Medellín: la ciudad innovadora,
tecnológica y turística frente a la ciudad que emerge de las laderas, invisible a
la planeación estatal donde la población, víctima de los procesos de desarrollo
urbanístico, reivindica el derecho al territorio y la vida digna en barrios que las
mismas comunidades desplazadas han construido solidariamente.

A esta paradoja también se suman otras contradicciones: la parte centro-me-


ridional de la ciudad tiene una estructura urbana de calidad aceptable, sin
embargo sufre de una segmentación espacial que segrega la mayoría de la
población lejos de los equipamientos colectivos de calidad, en zonas defini-
das de alto riesgo o muy deterioradas; Medellín es identificada como una
ciudad de grandes avances en planeación urbana y en su plataforma compe-
titiva, pero se reconocen grandes desequilibrios sociales; es una ciudad que
expresa su vitalidad a través del sentido de pertenencia y en la calidez de su
gente, al mismo tiempo se caracteriza por altos índices de criminalidad y vio-
lencia. Los y las pobladoras de los barrios de la ladera reivindican los derechos
humanos, la seguridad humana y la vida digna, exigiendo a las instituciones
el reconocimiento de los asentamientos informales como territorios legales,
88 · Cartografía social como alternativas de construcción de memorias y apropiación de territorios ·

cuya población merece ser consultada y considerada a la hora de planificar


sus espacios. Es decir, se exige la reconfiguración de la noción de “borde ur-
bano”, que desde las Administraciones Municipales ha sido asumido como si-
nónimo de zona de conflicto para la planificación urbana, incapaz de dimen-
sionar la producción social y simbólica del territorio, hacia una noción más
inclusiva que defina la ciudad en materia de derechos humanos, desarrollo y
planeación participativa de todas las comunidades que la habitan.

La cartografía social
implementada en
barrios de laderas
La construcción metodológica de las experiencias de
cartografía social realizadas en barrios de las periferias
de la Comuna 8 de Medellín
Las metodologías de Cartografía Social implementadas en los barrios de las
laderas de la Comuna 8 de Medellín tienen la intencionalidad de aportar al
reconocimiento de territorios históricamente marginados y construir de ma-
nera colaborativa las dimensiones de los barrios que han sido el resultado
de luchas sociales históricas de sus pobladores. Cada cartografía representa
la posibilidad de que las comunidades reivindiquen el derecho a la ciudad y
el territorio, y los mapas expresan la visión de una ciudad que contradice los
postulados de innovación, desarrollo y modernidad con los que se vende el
modelo de ciudad de Medellín ante el mundo.

La cartografía social se construye de forma participativa y se implementa


gracias al desarrollo de talleres autogestionados por los actores territoriales
organizados, fundamentados en el diálogo de saberes, por ello los procesos
de análisis buscan avanzar en la recuperación de sentidos sociales y comuni-
tarios bajo las siguientes premisas:
- Definición Colectiva de capas de análisis que aporten al reconocimiento
de los legados históricos y las memorias locales de los territorios.
· Cartografía Social · 89

- Construcción colectiva de relatos de vida que recuperan la vivencia y


aporten a la construcción de la cronología histórica de cada barrio y sector,
buscando la superación de los relatos hegemónicos y el posicionamiento
de narraciones diversas sobre el habitar en la ciudad.
- Elaboración de mapas de los territorios que reconozcan las dimensiones
sociales, políticas, culturales e históricas de las comunidades que han sido
invisibilizadas por los discursos del desarrollo urbanístico, la innovación y
la competitividad.
- Construir y conservar la memoria de la construcción histórica autogestio-
nada de los territorios
- Difundir las cartografías y los procesos de reflexión que generan para que
la ciudadanía conozca otra realidad y otras visiones de lo que es realmente
Medellín.

Atribuyendo al territorio un significado que va más allá del espacio físico y


asumiéndolo como un espacio dinámico, plural y subjetivo, la Cartografía so-
cial se propone como una herramienta metodológica para el conocimiento in-
tegral del territorio abordando su espacio geográfico, social, económico, his-
tórico, cultural y subjetivo, a partir de la participación y el compromiso social.
Este conocimiento se construye de manera colaborativa entre movimientos
sociales a través la elaboración colectiva, horizontal y participativa de mapas,
6

a partir de un diálogo entre las personas participantes, poniendo en valor y


articulando diferentes tipos de saberes, en una reivindicación colectiva que
tiene como eje articulador producir visiones propias sobre el territorio.

Más que mapas de conceptos, las cartografías sociales son representaciones


subjetivas de los tránsitos y las vivencias de los sujetos. El diálogo que se des-
ata en el proceso contribuye a la construcción identitaria y a la consolidación
del sentido de pertenencia; las personas participantes se acercan al territorio,
amplían su conocimiento para poder decidir una mejor forma de vivirlo y ha-
bitarlo; por lo tanto, potencian las posibilidades de gestión comunitaria, que
hasta entonces estaban en las manos de los “planificadores institucionales”
que concentraban este conocimiento.

6. Comités de vivienda, Juntas de Acción Comunal, agrupamientos de vecinos, organizaciones


sociales de base.
90 · Cartografía social como alternativas de construcción de memorias y apropiación de territorios ·

La comunidad construye, a partir de profundos arraigos de identidad con sus


barrios, su propio mapa del territorio en un proceso por fases, en las cuales
cada participante elabora las dimensiones del territorio por capas, empezan-
do por la configuración histórica y por los lugares de referencia. Es decir, la
Cartografía social se convierte en un proceso de activaciones de memoria que
potencia las elaboraciones propias sobre los territorios.

Gráfica1: Digitalización de mapa cartográfico de poblamiento histórico realizado por líderes


sociales y fundadores del barrio La Sierra de la Comuna 8 de Medellín. Año de realización 2018.

De esta forma, se reconocen las dimensiones sociales, históricas, culturales,


políticas y organizativas del territorio de cada comunidad; asimismo se per-
miten la recuperación y la puesta en valor de los relatos orales que afloran en
la construcción de estos mapas. Los recuerdos de las personas participantes
se traducen en convenciones y símbolos, que van construyendo la mirada
colectiva sobre el territorio. Esta mirada difiere de la hegemónica, que quiere
vender la ciudad en términos de innovación, desarrollo y modernidad, según
el patrón capitalista y neoliberal, en el cual no caben las personas que cons-
truyeron y lucharon por su barrio. Es decir, la Cartografía social pone en pri-
mer plano un tipo de planificación participativa, basada en el saber colectivo
y horizontal, reivindicando así el derecho a la ciudad y al territorio.
· Cartografía Social · 91

“Cuando llegué, el barrio estaba muy mal, muy empobrecido. Sufrimos mu-
cho por el agua, la tomábamos del pozo de la iglesia a través de mangueras.
Las calles eran caminos barriales, tremendos en invierno.” “Me recuerdo cuan-
do pavimentaron la 23. Eso era pura tierra y piedra. De la tienda de Juan hasta
los tubos. Cuando se inauguró, la gente se quedó en la calle hasta la 1 de la
mañana. Caminaban y caminaban, iban con bicicleta y todo.”

En el año de 1985 llega la electricidad al barrio. Cuentan que cuando vinie-


ron los instaladores, ellos contaban que no necesitaban llevar coca para el
almuerzo, ni para el desayuno. Decían que la gente del barrio era muy soli-
daria. Los trabajadores quedaban asustados por la presencia de los conejos y
pollos en las calles. Cuentan que eran sorprendido porque nadie robaba los
animales. Aquí las casas siempre tienen las puertas abiertas, igual si tienes
el último modelo de televisión. Hay mucha confianza entre la gente en el
barrio”. Relato de Magdalena Morales. Habitante del barrio 13 de Noviembre
desde el año 1982 .
7

La co-creación de estos mapas comunitarios del territorio representan para


quienes los realizan un ejercicio ritual que permite re-significar y re-enunciar
el pasado, en una expresión y manifestación de relatos e historias de vida
que dan otro sentido a la relación del territorio con quienes los habitan. El re-
sultado es que las comunidades fortalecen en su imaginario una percepción
colectivizada y dinámica del territorio, que se transforma con cada elemento
aportado por las personas participantes.

Asimismo, un mapa construido a través de la cartografía social se diferencia de


uno tradicional porque, mientras éste está normado y legitimado por el saber
técnico-académico o gubernamental de quienes lo realizan, el mapa colectivo
está legitimado por el consenso de las personas que lo construyeron. Pues-
to que estas relaciones, acciones y objetos son cambiantes, se construye un
mapa vivo, dinámico y en transformación permanentemente con los aportes
de los actores territoriales que lo leen, lo retroalimentan y lo re-inventan.

Las redes y las organizaciones territoriales adoptan, apropiación, asumen la


cartografía social como una herramienta que aporta al fortalecimiento de
procesos de empoderamiento social ciudadano, superando así las visiones

7. Taller de recuperación de relatos de las memorias de la fundación del barrio 13 de Noviem-


bre realizado en octubre del año 2018.
92 · Cartografía social como alternativas de construcción de memorias y apropiación de territorios ·

individualistas. Las cartografías realizadas contienen en sí la posibilidad de


reconstituir el poder colectivo (debilitado por el conflicto armado y social y
por las políticas de planificación urbana vertical), a través de la estimulación
del sentido de apropiación del territorio y la exigibilidad de derechos.

“El barrio del Pacífico se ha construido por toda una población de desplaza-
dos. Se empezó con 4 personas. Nos ayudaron mucho otras organizaciones
sociales de la comuna en capitación de derechos, de liderazgo. Nos forma-
mos para romper con las dificultades que teníamos como desplazados para
formar un hogar en comunidad. Empezamos a tener la junta de acción comu-
nal y el barrio se construyó con convites con el esfuerzo solidario de toda la
comunidad.” Relato de Ezequiel García líder fundador Barrio El Pacífico.

Gráfica2: Digitalización de mapa cartográfico de poblamiento histórico realizado por líderes


sociales y fundadores del barrio El Faro de Medellín. Año de realización 2017.
· Cartografía Social · 93

La Cartografía social permite abordar, desde otra perspectiva, problemáticas


sociales y en materia de derechos humanos, reconocer las fortalezas y las de-
bilidades relacionadas al territorio y buscar soluciones adecuadas. Al ser un
ejercicio de memoria colectiva que en la difícil época de la globalización de-
vuelve su importancia a la relación espacio-tiempo como categoría vinculada
al recuerdo de vidas, objetos y relaciones humanas, se facilita un acercamien-
to a problemáticas sociales desde el componente territorial, vivenciado por
los actores que lo habitan y lleno de experiencias y conocimientos cotidianos,
que son la clave para construir el nuevo conocimiento y emprender acciones
transformadoras. Por medio de la memoria y del recuerdo se manifiestan las
acciones realizadas en el pasado, materializadas en objetos que se vinculan a
los sujetos y al territorio. La Cartografía social permite captar estos elementos
para abordar las problemáticas del presente desde múltiples dimensiones.

Los impactos en la implementación de las


metodologías de cartografía social en barrios
de laderas
Los procesos de cartografía social comunitaria que se promueven en los ba-
rrios de la periferia de la Comuna 8 de Medellín- que aún no tienen el reco-
nocimiento legal en el POT - representan un esfuerzo por activar el diálogo y
8

el valor de los saberes populares existentes en los territorios. Por ello, resulta
clave valorar como la implementación de las metodologías de cartografía so-
cial permite redimensionar las diversas formas de apropiación del territorio y
fomentar la reflexión permanente sobre los derechos humanos, sobre el mo-
delo de desarrollo de la ciudad, acrecentando el interés en las comunidades
por el contexto social, político y cultural de sus propios territorios.

Las experiencias formativas, y de recuperación de las memorias de los terri-


torios desde la cartografía social permiten recoger y ordenar los acumula-
dos metodológicos, pedagógicos y organizativos que conforman el tejido
social y aportan a la consolidación y circulación de mapas de imaginarios y
representaciones sociales de la Comuna 8 de Medellín que no hacen parte

8. Plan de Ordenamiento Territorial para Medellín vigencia 2015-2025.


94 · Cartografía social como alternativas de construcción de memorias y apropiación de territorios ·

de las representaciones cartográficas hegemónicas. La sistematización de las


cartografías constituye en el desarrollo de la metodología un repositorio de
conocimientos sociales gestados en el corazón mismo de las comunidades.

Las reivindicaciones del territorio emergen a partir de la construcción de las


cartografías como construcción subjetiva de sus habitantes, resaltando el va-
lor de las memorias locales, y aportando a la preservación de los relatos de las
luchas sociales históricas llevadas a cabo por las y los pobladores de los ba-
rrios en pro de una vida digna en las laderas. La realización de las cartografías
permite la co-producción conocimientos sobre el territorio y pone en diálogo
los saberes locales, desde una visión más integral que abraza las dimensio-
nes simbólicas, históricas y políticas de cada barrio y sector mapeado. Los
procesos participativos promovidos desde la cartografía social le permiten a
la comunidad participante crear un mapa bien distinto al de la planeación
oficial. En el mapa comunitario construido por líderes sociales de los barrios
de las periferias de la Comuna 8 de Medellín (Entre los años 2014 y 2019) los
actores territoriales visibilizan la existencia de 34 barrios, mientras el mapa
político-administrativo institucional registra la existencia de 18 barrios entre
los años 2000 al 2021.

Las cartografías sociales han sido utilizadas en los procesos organizativos del
territorio para reconstruir y reconocer los constantes procesos de des-territo-
rialización y re-territorialización principalmente de comunidades campesinas
que fueron desarraigadas de sus territorios de orígen a causa del conflicto
armado, y se vieron obligas a huir de la guerra emprendiendo como destino
la ciudad. Las cartografías se presentan como un instrumento, o metodología
que construye el acceso a ese conocimiento que traen a cuestas las comu-
nidades desarraigadas: historias de dolor, de renuncias, de vulneración de
derechos, pero también historias de esperanza y de alegría por encontrar un
lugar para volver a comenzar .
9

9. Ver el documental sobre relatos del desarraigo y construcción de nuevas identidades en


territorios de la ladera: Colores y Sabores de mi Comuna. Una producción de Corporación para
la Comunicación Ciudad Comuna. Dirigida por Leonardo Jiménez García. Año 2011. Ver docu-
mental en [Link]
· Cartografía Social · 95

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Imagen: Mapa comunitario realizado con habitantes de los barrios de las periferias de
la Comuna 8 entre los años 2014 al 2021. Archivo Corporación para la Comunicación
10
Ciudad Comuna .

10. El mapa político administrativo de la Administración Municipal – con su última actualiza-


ción que data de la década de los 80- pretende estructurar el Plan de Ordenamiento territorial
vigente y contempla la delimitación de 18 barrios en el Mapa de la comuna 8. Por su parte las
comunidades que habitan el Borde Urbano Rural, en articulación con procesos sociales y or-
ganizativos de todos los barrios de la Comuna 8, construyeron entre los años 2014 al 2021 un
Mapa comunitario, a través de procesos de concertación del Plan Local de Desarrollo un mapa
político del territorio. El resultado de este ejercicio abierto a la participación de las comunida-
des que conforman los asentamientos de los bordes es la construcción de un mapa político
con arraigo e identidad comunitaria, en el que las comunidades visibilizan 34 barrios con
delimitación territorial, con historia, con construcciones sociales y procesos de participación
cultural y social, con censos poblacionales desarrollados de manera participativa.
96 · Cartografía social como alternativas de construcción de memorias y apropiación de territorios ·

La noción de territorio y derecho al territorio que se


construyen desde la cartografía social
El territorio está en constante movimiento, las subjetividades de sus pobla-
dores determinan sus dinámicas, sus sentidos, representaciones e imagi-
narios trascienden la realidad objetiva. Las expresiones organizativas en la
Comuna 8 de Medellín (mesas, redes, colectivos de participación ciudada-
na) introducen cambios en los territorios que se traducen en nuevos tejidos
de redes para la participación, la movilización social, y la resistencia a los
modos de dominación que conlleva la planeación urbana institucional. El
territorio es el lugar donde la identidad y la pertenencia son constituidas
como fundamentos de la cohesión social, ya que éste es habitado por la
memoria y la experiencia de sus habitantes. Cada sujeto es un mar de sabe-
res que se han acumulado desde la experiencia vital del habitar, construir,
apropiar y coexistir con otros en ese lugar que reconocemos como sector,
barrio, comuna y ciudad. Las cartografías producidas permiten reafirmar la
existencia y la potencia de estas expresiones de tejido social.

Las cartografías sociales permiten diferentes formas de reconocer, recuperar


y ordenar los conocimientos territoriales. En este aspecto sobresale la posibi-
lidad de acceder al territorio incorporando elementos fácticos, pero también
subjetivos. Desde esta perspectiva, lo subjetivo implica la acción y la repre-
sentación de los actores sociales atravesados por circunstancias históricas,
culturales y económicas. Las cartografías tienen la posibilidad de expresar
confrontaciones, contradicciones, consensos y soluciones, pero son supre-
mamente poderosas si se realizan con comunidades empoderadas; es decir
colectividades de sujetos que comparten una identidad con el territorio, que
han reconocido que hay políticas o violencias que les oprimen y que han
identificado escenarios de reivindicación comunes.

La cartografía social, además, permite reconocer y diferenciar las territoriali-


dades, es decir las identidades, que habitan, describen y reivindican un terri-
torio las formas de apropiación o territorialización (Escobar, 2014) que hacen
de él. Cuando se rescata la mirada de las personas que habitan el territorio y
se desarrollan otras perspectivas que lo representan, se están cuestionando
todas aquellas imágenes estereotipadas, o territorialidades impuestas (Gi-
ménez, 2005), definidas por las instituciones y los grupos de poder, que se
· Cartografía Social · 97

asignan a estos territorios ocultando visiones más críticas de la marginalidad


y las raíces de la exclusión social.

Muy al contrario, la cartografía social permite a las territorialidades propias


(Giménez, 2005), representadas por la comunidad (incluyendo niños y
niñas), que a pesar de su situación de exclusión defienden, construyen y
representan su territorio a partir de la cotidianidad, poniendo en valor las
memorias y los saberes locales, posibilitando la construcción de un pluri-
verso narrativo (Escobar, 2014) donde caben muchas versiones posibles del
mismo presente. Con los ejercicios de cartografía se hace evidente que el
“desarrollo” impuesto desde la institucionalidad no promueve condiciones
de equidad y justicia social para los territorios más vulnerables, sino que
beneficia los gremios turísticos, comerciales y empresariales. La expresión
de territorialidades propias que se da a través de los ejercicios de cartografía
hace que el territorio se conciba no sólo como un espacio físico, sino como
un espacio construido desde lo social y, por ello, dinámico, cambiante, y en
continua evolución. Asimismo, se exterioriza una forma de apropiación terri-
torial que responde a una lógica simbólico-cultural, más que utilitaria-fun-
cional (Giménez, 2005). Esto se debe a que, con la cartografía social, se deja
de ver el territorio sólo como recurso, mercancía generadora de renta, medio
de subsistencia, refugio y abrigo, para llenarlo de otros elementos: historia,
tradición, memoria, medio ambiente, identidad.

La cartografía social como dispositivo de memoria


Puesto que se ha se ha mencionado la capacidad de la cartografía de hacer
aflorar las memorias situadas y los saberes locales, esta herramienta puede
considerarse también como un dispositivo de memoria cuyos usos pueden
ser políticos y para la construcción de paz territorial.

Como dispositivo de memoria, la cartografía social desempeña un papel im-


portante para la recuperación y la construcción de memoria. Es a través de la
memoria que se manifiestan aquellas acciones realizadas en el pasado, ma-
terializadas en objetos que vinculan el territorio a sus habitantes. Recordar
cómo se construyó el barrio, las luchas comunitarias, las problemáticas que
lo afectan, la cotidianidad son los elementos que alimentan el proceso y son
un producto de la memoria de quienes lo están realizando. El conocimiento
98 · Cartografía social como alternativas de construcción de memorias y apropiación de territorios ·

sobre el territorio hunde sus raíces en la memoria de su pobladores y pobla-


doras y se manifiesta a través de la elaboración horizontal y colectiva de los
mapas. Una vez que esta memoria se rescata y se plasma en los mapa que
amplían el significado del territorio, se puede resistir a los relatos funcionales
al poder, que relatan los barrios de las laderas como lugares violentos, de
pobreza y de informalidad de las formas de habitar, relato que justifica la
intervención estatal a través de la represión militar y el desarrollo urbano que
responde al patrón neoliberal de producción de la ciudad, que se manifiesta
en las grandes obras de los megaproyectos. La cartografía permite sacar a la
luz relatos positivos de vida y dignidad y denunciando que más que desarro-
llo e innovación se necesita igualdad y justicia social.

Si se considera que los territorios de las laderas de Medellín históricamente


han sido escenario de violencia y desigualdad debido al conflicto armado y
social, la memoria desempeña el papel de dispositivo de paz porque permite
ampliar la dimensión preventiva de las garantías de no repetición : el con-
11

flicto armado ha sacado la gente de sus territorios; una vez desplazada, esa
misma gente pudo construir nuevamente un proyecto de vida y ahora las
instituciones vuelven a desplazarla repetidamente con sus megaproyectos,
que apuntan a una ciudad desarrollada, turística e innovadora. La memoria
permite sentar el precedente de las garantías de no repetición, no sólo por
parte de los actores no reconocidos, sino también por parte de los legales que
actúan en las instituciones, y eso se puede expresar de forma tangible en los
mapas producidos por la comunidad.

La cartografía como un dispositivo para la construcción


de miradas críticas del territorio
Las cartografías como dispositivos de intervención abren nuevos escenarios
aportando una mirada diversa y compleja de lo territorial, que tiene la virtud

11. Las Garantías de No Repetición comprenden las dimensiones preventiva y reparadora y, por
lo tanto, se consideran tanto formas de reparación a las víctimas como principios generales de
responsabilidad internacional de los Estados. A diferencia de las medidas de restitución, indem-
nización, rehabilitación y satisfacción las garantías de no repetición tienen el objetivo de que
no se repitan la vulneración de derechos de las víctimas y, al mismo tiempo, eliminar y superar
las causas estructurales de esta vulneración. (Unidad para las víctimas, Gobierno de Colombia)
· Cartografía Social · 99

de poder conjugar la palabra, la observación, y la construcción colectiva a tra-


vés de las representaciones de imaginarios y tejidos de memoria que se plas-
man en mapas, produciendo diferentes formas de intercambio, retroalimen-
tación y representación que dejan como resultado la construcción de nociones
del territorio que son más coherentes con la realidad misma de los territorios,
y que rescatan de la frialdad de las representaciones hegemónicas los valores
históricos, simbólicos y culturales que emergen del conocimiento local.

Esquema visiones sobre la apropiación del territorio

Concepto Visión institucional Vision comunitaria


Las comunidades construyen
el perfil de investigador y
Obediencia, sometimien-
planeador comunitario del
to de las comunidades
territorio, construyendo en un
Apropiación social a la planificación del
diálogo de saberes una nueva
del territorio territorio impuesta por
concepción del territorio de la
los “expertos” de la
cual se apropian y entorno a la
planeación.
cual emprenden procesos de
interlocución pública.
Construcción de procesos
autónomos de organización
y participación, asamblearios
y horizontales, basados en la
Construcción de construcción de acuerdos de
instancias y procesos de base política que orientan el
Organización participación verticales, accionar de los colectivos, con
y participación con liderazgos marcados, respeto a las autonomías, recu-
comunitaria y con formas organi- perando formas ancestrales de
zativas apegadas a la organización como los cabildos,
normatividad. las mesas abiertas, con proce-
sos de autogestión pensados
para su sostenibilidad, sin
injerencia de actores políticos
de la institucionalidad.
100 · Cartografía social como alternativas de construcción de memorias y apropiación de territorios ·

-Garantía de los derechos


fundamentales
Implementación de polí-
-Construcción social del hábitat
ticas represivas, militaris-
tas o asistencialistas para
Seguridad -Reivindicación de la vida
“contener” la situación de
Humana digna
conflicto social y armado
en los barrios del borde
- Construcción de procesos de
urbano rural
convivencia que construyen
nuevas visiones de la seguri-
dad en comunidad
Esquema autoría de Ángela Garcés Montoya y Leonardo Jiménez Garcia.

El esquema de visiones sobre la apropiación del territorio nos propone una


interesante síntesis sobre las diversas formas de comprender la noción de
intervención en el territorio de la Comuna 8, reconociendo las orillas de la
perspectiva de la intervención en el territorio que asume la institucionalidad
y las concepciones de intervención que reconocen las comunidades.

Es interesante rescatar las reflexiones en torno a las diferencias que existen en-
tre los conceptos de marginalidad, apropiación territorial y límites urbanos-ru-
rales. Ya que en ellos subyace una subvaloración de los bordes urbanos al con-
siderarlos lugares liminares que no logran integrarse a la ciudad. La noción
de borde urbano promovida por la Administración Municipal como zona de
conflicto para la planificación urbana (técnica y racional), no alcanza a dimen-
sionar la importancia de los procesos organizativos asociados a las formas de
“producción del territorio” existentes en los barrios de las laderas, que recla-
man la inclusión, como poblaciones legítimas y socialmente constituidas, que
merecen ser consultados y considerados en la planificación de sus espacios.

Una evidencia clara de las tensiones y desencuentros entre las visiones del
territorio – las de la institucionalidad y las de los procesos sociales- la halla-
mos en la precariedad del mapa político-administrativo del territorio de la
12

Comuna 8 de Medellín, en el cual solo se reconoce la delimitación de barrios

12. Es el Mapa político administrativo que levantan los expertos en planificación urbana, con-
siderado el mapa oficial que se rige por el Plan de Ordenamiento Territorial.
· Cartografía Social · 101

legalmente constituídos. Se yuxtapone a esta cartografía institucional el


mapa comunitario , construído por las comunidades como resultado de sus
13

procesos de apropiación del territorio.

Este ejercicio orientado desde las metodologías de cartografía social trans-


ciende los parámetros del ordenamiento territorial planteados por el Depar-
tamento Administrativo de Planeación de la ciudad y se construye desde la
perspectiva de las comunidades, reconociendo y recuperando importantes
nociones que constituyen la columna vertebral de la concepción del derecho
a la ciudad que comparten los movimientos sociales en el territorio, apor-
tando para la reconfiguración de su cartografía las categorías de vida digna,
derecho a la vivienda, derecho al agua potable, reconocimiento de legados
inmateriales, reconocimiento de procesos de participación y organización so-
cial, entre otras dimensiones.

Esquema paralelo entre visión de la cartografía institucional y visión de


la cartografía social comunitaria
14

Los mapas hegemónicos La cartografía social


En la Cartografía Social se desliga de
esa neutralidad y objetividad. El mapa
El mapa tradicional carece de ese
es subjetivo y comunitario. Es un mapa
pasaje, siendo legitimado según quien
festivo y aparentemente caótico, por-
lo construya, por un saber técnico -
que es dinámico y vive; en contrapar-
académico, o gubernamental.
tida al solitario mapa de los Institutos
Geográficos.
El mapa tradicional nace normado El social lo hace consensuado
Mientras que el tradicional es obrado
El social es horizontal
de modo vertical

13. Ver edición especial del periódico Visión 8 Memoria del Mapa político de las comunidades
de la Comuna 8: [Link]
14. Reflexión sobre las visiones sobre la cartografía social y el análisis comparativo del mapa
institucional vs el mapa comunitario del territorio de la Comuna 8. Taller de Cartografía Social.
Taller con líderes de barrios de las laderas de la Comuna 8 de Medellín. Año 2016
102 · Cartografía social como alternativas de construcción de memorias y apropiación de territorios ·

El mapa se transforma en un texto


Los mapas son herméticos, determinis- inacabado y abierto que habla de un
tas, archivos cerrados, cifrados. espacio compuesto por acciones y
objetos en conflicto
La Cartografía Social hace un recorrido
Los mapas son superficiales, no leen desde adentro hacia afuera, buscando
ni reconocen las conflictividades, no analizar los conflictos estructurales
recuperar los legados históricos. del territorio y reconocer sus legados
sociales.
El propósito de los mapas esta sujeto Las cartografías buscan rescatar di-
a intereses de control, contención, y mensiones sociales y simbólicas, ganar
especulación con el suelo urbano, el vision compartida sobre el territorio,
posicionamiento de una visión hom- diversificar y amplificar lecturas y re-
génea de la planeación y el desarrollo flexiones sobre el diseño y el desarrollo
urbano. urbano.
Los mapas saccrifican o invisibilizan las
características rurales de los barrios de Defensa de las formas de vida rural en
la ladera, incertando cada vez más a los barrios de las laderas, exaltación de
las formas de vida rural en las lógicas prácticas campesinas y relación rutual
de la ciudad desde la estrategia de la con la tierra.
gentrificación.
Desconocimiento de saberes y Reivindicación de los saberes sociales
conocimientos comunitarios sobre el y experienciales históricos sobre el
territorio. territorio.
Esquema autoría de Ángela Garcés Montoya y Leonardo Jiménez Garcia.

El esquema paralelo de visiones sobre la cartografía social nos clarifica las


postulados y lugares que determinan la manera de concebir la construcción
del mapa desde la institucionalidad y las alternativas que construyen las co-
munidades para resistirse a la lógica de dominación y control que persiste en
la manera de producir el territorio desde la institucionalidad.

A manera de conclusiones
La implementación de los procesos formativos y de interacción comunitaria
en la Comuna 8 de Medellín desde las metodologías de cartografía social
· Cartografía Social · 103

en diálogo de saberes para la apropiación y resignificación del territorio,


15

permiten reflexionar sobre la ciudad como construcción social dinámica, en


la que coexisten múltiples modos del ser y existir que interpelan, reclaman el
derecho a habitar como práctica política para el reconocimiento y la inclusión.

Mostrar la cuidad como una construcción social que se va transformando des-


de las necesidades y demandas de las poblaciones excluidas en medio de
múltiples conflictos: territoriales, armados o de violencia. La cartografía social
establece un vínculo que le permite a los actores comunitarios reafirmar su
identidad con el territorio y proponer acciones que les empoderan de sus
derechos, proponiendo formas de resistencia que buscan la visibilización e
inclusión de las comunidades, teniendo como eje sus demandas ante la ins-
titucionalidad el derecho a permanecer en los territorios que habitan y en los
que se han forjado sus procesos sociales.

Las experiencias de empoderamiento y exigibilidad de derechos desatadas


con los procesos de cartografía yle permiten a los actores sociales comunita-
rios implicados en la realización de las cartografías asumir procesos de mo-
vilización social y empoderamiento político para la exigibilidad del derecho
a la ciudad. Esta visión de compromiso social expresada en formas de orga-
nización de base para la incidencia en la opinión pública se acerca a la idea
de reivindicación de derechos expresada en el texto de David Harvey sobre El
Derecho a la Ciudad :
16

“El derecho a la ciudad es mucho más que la libertad de acceso a recursos


urbanos: se trata del derecho a cambiarnos a nosotros mismos cambiando
la ciudad. Es, además, un derecho común antes que individual, ya que esta
transformación depende inevitablemente del ejercicio de un poder colectivo
para remodelar los procesos de urbanización”

15. Ver Garcés & Jiménez, 2016. Metodologías en Diálogo de Saberes para la Apropiación
del Territorio. Resultado de la Investigación Prácticas de Comunicación para la Movilización y
el Cambio Social. Diálogo con 2 colectivos de Comunicación. Una investigación realizada por
Universidad de Medellín, Corporación Pasolini en Medellín y Corporación para la Comunica-
ción Ciudad Comuna con el apoyo de Colciencias. 2013, 2016. [Link]
na/docs/cartillaweb_metodologias_en_dialogo
16. Harvey, David. El Derecho a la Ciudad. PP 23
104 · Cartografía social como alternativas de construcción de memorias y apropiación de territorios ·

Tras una década de lectura permanente de las visiones gubernamentales


sobre la política de urbanización y poblamiento urbano, y la consolidación
de postulados políticos y demandas de las comunidades organizadas de la
Comuna 8 en relación al derecho a la ciudad, se logra una caracterización
sobre las nefastas consecuencias del modelo de planificación urbana imple-
mentado en las Comunas de Medellín, que conlleva a un acelerado proceso
de destrucción de las visiones creativas sobre el territorio; nos referimos a la
memoria histórica y cultural, lo simbólico, el tejido social comunitario, las his-
torias de solidaridad que han permitido la construcción física de los barrios,
(Jiménez, 2015) y que han desposeído a las masas (Harvey, 2003) de todo
derecho a la ciudad.

Es importante resaltar que en la cartografía social son visibles las experiencias


de vida de aquellas poblaciones que persisten en sus luchas sociales por la
construcción social, cultural y material del territorio. De este reconocimiento
del valor social que asumen los actores comunitarios con su territorio, siempre
se destaca en los diálogos y en los espacios de reflexión colectiva el valor de la
memoria. En la cartografía social y comunitaria la memoria se presenta como
el principal recurso para garantizar la preservación, protección y transmisión
de las historias solidarias y de organización popular que dieron origen y vida
comunitaria a los territorios.

En los procesos dialógicos hemos denominado estas orientaciones sobre la


memoria de los territorios –con el fin de ir ordenando el mapa de conceptos
que se construyen en la colectividad– como memorias localizadas, es decir:
recuperar o encontrar la memoria, situar la memoria, promover su auto narra-
ción situada (García Gutiérrez, 2009, pp. 85).

De estos procesos de auto-narración y reconocimiento de memorias localiza-


das y territorializadas, surgen potenciales historia de vida y de comunidad que
alimentan la narración de documentales; también son visibles los trabajos
colaborativos de construcción de memorias que se convierten en potentes
procesos de sistematización y generación de nuevas acciones participativas
comunitarias. En este panorama de expropiación y enajenación de la memo-
ria, el encuentro de las comunidades para compartir los relatos y las vivencias,
para re-tejer las memorias locales destruidas por los relatos oficiales (hege-
mónicos) se convierte en un acto liberador; veamos algunas narraciones que
recuperan el sentido de “producir territorio” (Oslender, 2002):
· Cartografía Social · 105

Estas narraciones son una evidencia de la expresión contestataria de las


comunidades que habitan los bordes urbanos de Medellín, donde es
preciso cuestionar e ir desmontando “la verdad” de ese relato oficial de
ciudad, que ha sido impuesto por décadas sobre las periferias. Por ello, es
relevante mantener y recuperar un encuentro sobre las Memorias Com-
partidas, espacios donde los actores comunitarios emprenden sus propios
caminos, dejan que fluyan sus historias, en una especie de terapia repara-
dora para la comunidad las comunidades.
Resulta interesante rescatar las reflexiones en torno a las diferencias
que existen entre los conceptos de marginalidad, apropiación territorial
y límites urbanos-rurales. Ya que en ellos subyace una subvaloración de
los bordes urbanos al considerarlos lugares liminares que no logran in-
tegrarse a la ciudad. De un lado encontramos en los estudios de Marisela
Svampa (2004), una resignificación de la condición de marginalidad ur-
bana, al rescatar la fuerza de las redes sociales de intercambio recíproco,
consideradas el elemento estructurante, más significativo en la barriada,
que permite a los marginados migrar desde el campo, asentarse en la
ciudad, moverse, conseguir un techo y sobrevivir. Sus estudios resaltan
la emergencia de renovadas relaciones comunitarias, donde las relacio-
nes y vínculos familiares y de compadrazgo, basadas en la solidaridad y
la reciprocidad, dibujan un mundo en que la confianza es la clave en las
relaciones sociales, a tal punto que en un mundo sin estado ni partidos
ni asociaciones “la red de intercambio reciproco constituye la comunidad
efectiva del marginado urbano”.

A su vez, Larissa Lomnitz en su obra Cómo sobreviven los marginados (1989),


resalta la importancia de las redes familiares y vecinas en la configuración de
la barriada, pero también resalta que en contextos de marginalidad la con-
sanguinidad no es un factor determinante en la reciprocidad, sino que por
el contrario la proximidad geográfica es capaz de entablar verdaderos flujos
de continuidad en las relaciones entre los actores. Para Lomnitz, “las redes
otorgan un apoyo emocional y moral al individuo marginado, y centralizan su
vida cultural, frente a la virtual ausencia de cualquier otro tipo de participa-
ción organizada en la vida de la ciudad o la nación. Podemos afirmar, por lo
tanto, que la red de intercambio recíproco constituye la comunidad efectiva
del marginado urbano, en las barriadas latinoamericanas” (1989:.223)
106 · Cartografía social como alternativas de construcción de memorias y apropiación de territorios ·

Al considerar la novedad que subyace en las luchas sociales de los últimos 15-
20 años en contexto sociales territorializados, tanto urbanos como rurales, Raúl
Zibechi (2008) resalta la importancia del territorio en la constitución de las rela-
ciones sociales que resignifican la noción de “movimiento social”. Zibechi consi-
dera que hay que ingresar al análisis de los movimientos desde otro lugar: (…)
no ya desde las formas de organización y los repertorios de la movilización, sino
las relaciones sociales y los territorios, o sea los flujos y las circulaciones y no las
estructuras. En este tipo de análisis sobresalen en los movimientos nuevos con-
ceptos como autonomía, cultura y comunidad. Entendiendo que los territorios
están vinculados a sujetos que los instituyen, los marcan, los señalan sobre la
base de las relaciones sociales que portan”. (2008: 50)

Por ello, resulta tan oportuna la reflexión sobre el sentido de habitar la mar-
gen de Bell Hooks, ella dice: “Yo estoy situada en el margen. Hago una dis-
tinción clara entre la marginalidad impuesta por las estructuras opresivas y
la marginalidad que uno elige como lugar de resistencia - como localización
de una apertura y posibilidad radical. Este lugar de resistencia se forma con-
tinuamente en esta cultura segregada de oposición que es nuestra respuesta
crítica a la dominación. Llegamos a este espacio a través del sufrimiento y
el dolor, a través de la lucha. Nos transformamos, individualmente, colecti-
vamente, cuando creamos un espacio creativo radical que afirma y sostiene
nuestra subjetividad, que nos da una nueva posición desde la que articular
nuestro sentido del mundo”.
· Cartografía Social · 107

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110

CAPÍTULO 4
Tras el rastro de la
subjetividad docente:
sobre cómo mapearse
a sí mismo favorece
la transformación
de la práctica
pedagógica

Ginna Soraya Molano Granados


Julio Eduardo Mazorco Salas
· Cartografía Social · 111

Presentación
Este capítulo hace parte de un proyecto de transformación de prácticas peda-
gógicas con docentes a partir de metodologías de cartografía en un vínculo
con enfoques de investigación acción educativa y pedagógica. Este es una
segunda exploración a partir del libro publicado como “Cartografías socioe-
mocionales”, una invitación a darle un lugar (simbólico) a las emociones del
docente en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Allí, se propusieron algu-
nos ejercicios para volcar la atención y la mirada sobre las emociones, una
manera de darse cuenta. Seguido a este darse cuenta, como una estrategia
para develar concepciones subyacentes en el proceso de identificación que
cada uno como profesor atraviesa, cabe preguntarse ¿qué hacer con las reve-
laciones provenientes de dicha toma de conciencia? ¿Cómo hacerse cargo de
estas, guía la transformación de las prácticas pedagógicas propias?

En estas líneas se invita a una vivencia, donde cada docente aprende haciendo,
a través de una inmersión en sí mismos, por ello encontrará un conjunto de
elementos para que, desde sus alegrías, malestares o preocupaciones sobre
su rol docente, pueda encontrar rutas posibles para hacerse cargo de ellos y
ellas. De esta manera, puede afirmarse que es una ruta de autoconocimiento,
112 · Tras el rastro de la subjetividad docente ·

el de sus formas de ser y hacer en el aula, y caminos de comprensión, aprendi-


zaje o transformación; o bien una ruta de cartográfica sobre la subjetividad de
docentes en la experiencia de enseñar y de aprender.

Esta segunda publicación presenta algunas exploraciones en los procesos de


observación, indagación e investigación sobre la práctica docente a partir de
procesos de mapeo. En esta construcción es fundamental tener presente la
comprensión del profesor en sus diversas facetas humanas y dimensiones
del territorio, por tanto, emergen inquietudes relevantes para dar vía a dicho
proceso, entre ellas, ¿Cómo influye nuestra historia de vida? ¿nuestra visión
de mundo? ¿mis esquemas construidos a lo largo de mi formación, en todo
mi camino como profe? Interrogantes como estos ya hacen parte de las preo-
cupaciones en los estudios sobre educación

Esta propuesta toma la metáfora del viaje para resaltar la curiosidad por el
conocimiento como un propósito compartido de quienes revisamos constan-
temente nuestros procesos de vida. Un viaje emerge de distintas motivacio-
nes, sin embargo, su riqueza está en el recorrido, en lo andado y los lugares
visitados, muchas veces los destinos se tornan en pausas para el descanso y
continuar. Para este viaje hacia la práctica pedagógica, se propone una ruta
con un tono introspectivo y puesto en la subjetividad, de manera que plantea
al practicante ciertos retos sobre la observación hacia sí mismo.

La ruta propuesta parte de volver la mirada sobre las prácticas propias y los te-
rritorios de enseñanza-aprendizaje, por ello se busca incorporar medios para
tomar apuntes de la cotidianidad en la que cada uno se desenvuelve. De esta
manera, la bitácora se presenta como una forma de ejercitarse en la mirada
reflexiva, en tanto, la escritura y el garabateo constituyen prácticas de aten-
ción y distanciamiento sobre las situaciones, que, al ser elaboradas en pala-
bras o dibujos, plantean interrogantes sobre cómo ser contadas y qué contar,
así, se cultiva la conciencia narratológica. Dicha ruta se detiene y hace estacio-
nes reflexivas sobre la conformación del escenario de enseñanza-aprendizaje
desde el territorio espacial y simbólico y las condiciones generadas para tejer
las relaciones que lo hacen posible.

¡Feliz viaje!
· Cartografía Social · 113

Introducción
El colectivo de Profesores Cuidadores parte de considerar la categoría socioe-
mocional, ante todo como una práctica socioemocional. Esto es, un hacer so-
bre el ser, un hacer orientado a la subjetividad docente, el cual se ejercita, se
pone en práctica y establece sus posibilidades de ser y de transformar-ser en
la vida cotidiana y las relaciones consigo mismo y con los demás, del ejercicio
de profesores y profesoras en sus realidades educativas particulares.

De este modo, la práctica, genera una relación circular con el saber, pues, al
ser en acción, en ejercicio emerge conocimiento que modifica el saber y del
saber se instruye la práctica, es decir, se alimentan mutuamente. Esta rela-
ción circular ejerce una acción directa sobre las preconcepciones del sujeto,
en este caso del docente, abriendo líneas de fuga para nuevas subjetivida-
des, nuevas formas de identidad docente y una nueva práctica.

Esta particularidad de la noción de práctica que trabaja Foucault, permite


pensarla como una forma de gobierno de sí mismo, una forma de ocuparse
de sí mismo como sujeto atravesado por distintos campos que le sujetan,
como la historia, las relaciones con sigo mismo y con los demás y los propios
comportamientos; esta conciencia de ser sujeto-de estos distintos campos
abre la posibilidad para construir un nuevo saber y una nueva práctica do-
cente, que actualice la subjetividad docente, es decir, una nueva ética para los
profes que vincula la relación consigo mismo y con los demás en un ejercicio
de mapeo y cuidado.

De igual manera, la práctica socioemocional requiere del ejercicio de prácti-


cas de conocimiento y cuidado de sí. Es por esto que procuramos fortalecerlas
con el darse cuenta -awareness - de las emociones puestas sobre sí mismo y
las relaciones cotidianas; y al darse cuenta, es importante el hacerse cargo
de lo que aquellas emociones construyen en las interacciones de enseñanza
y de aprendizaje, y la posibilidad de cuidar de sí y de los y las estudiantes en
los procesos de formación.

Estas prácticas requieren a su vez de distintos saberes, competencias, ejer-


cicios, tal como ocurre en el aprendizaje y desarrollo de destrezas con un
instrumento musical o, en el deporte para ejercitar el cuerpo físico. Sirven
114 · Tras el rastro de la subjetividad docente ·

de lugar de entrenamiento de sí mismo como seres senti-pensantes. A partir


de las investigaciones desarrolladas hemos encontrado un posible lugar de
entrenamiento para la práctica socioemocional docente en la investigación
acción educativa y pedagógica y los procesos de mapeo.

Este enfoque de investigación recoge distintos componentes que sirven de


sostén en el tiempo para los procesos de transformación de la subjetividad
docente. Del cual, hacen parte, el cultivo de la observación, la reflexión, el
diálogo, el diseño, la implementación y la evaluación de nuevas narrativas y
formas de ser docente. De esta manera, la práctica investigativa de mapear la
experiencia propia, se convierte en el gimnasio para favorecer la transforma-
ción de la práctica pedagógica.

El posicionamiento del que partimos conjuga los siguientes referentes:


- La noción de subjetividad y práctica de sí (Michel Foucault)
- Los estudios sobre saber y práctica pedagógica e investigación acción
pedagógica de Bernardo Restrepo y colaboradores.
- Las corrientes de aprendizaje experiencial y constructivista (Jhon Dewey,
Wilfred Carr)
- Los enfoques alternativos en educación (Pablo Freire, María Acaso)
- Las propuestas reflexivas y transformadoras sobre la práctica docente (Es-
tanislao Zuleta, Donald Schön, Jacques Ranciere)
- Los estudios sobre identidad docente (Ana Anijovich)
- Las propuestas metodológicas de la IAP, IAE, IAPe (Stephen Kemmis, Do-
nald Schön, Bernardo Restrepo).

La propuesta de transformación de las prácticas pedagógicas se funda en el


conocimiento de sí mismo en el contexto, por ello se nutre de la alteridad
para darle miradas y perspectivas a las situaciones, y en concordancia, cerrar
la brecha existente entre teoría y práctica. La ruta que encontrará se concibe
como un tránsito entre procesos de observación, reflexión, experimentación y
evaluación, componentes de la investigación acción educativa y pedagógica.

El primer componente, observación, se encuentra ligado a “Cartografías


Emocionales”, amplía las estrategias para darse cuenta, y las concentra en
· Cartografía Social · 115

el desarrollo de un dispositivo favorecedor del escenario de cambio, pues


ejercita en el volver sobre las vivencias de manera consciente, invita a darle
vía a la curiosidad en la búsqueda de posibilidades de cambio, por ello, se
convierte en una manera de hacerse cargo de la emocionalidad.

El siguiente componente busca visualizar revelaciones sobre la normalización


de prácticas pedagógicas deteniéndose en ellas. Para abordar la reflexión se
brindan elementos y estrategias que permitan hacer visible lo invisible. De
la mano de la reflexión, está la búsqueda del conocimiento por la propia ex-
periencia y la apertura al aprendizaje como forma de vida a través de experi-
mentación, de esta manera el espacio del aula se torna como territorio.

Para dar conclusión a este proceso, se atribuyen valores a los hallazgos, los
cuales brindarán elementos para el re-enmarcamiento de la práctica pedagó-
gica, por ello, el componente final es evaluación. Es por ello que en esta ruta
de transformación y cambio en las prácticas pedagógicas presentamos este
material didáctico de Cartografías pedagógicas.

Ruta propuesta
1. Observación:
Bitácora.
2. Reflexión:
a. Emocionario.
b. El docente que soy.
3. Experimentación:
a. investigando-experimentando en el territorio pedagógico.
b. Territorios pedagógicos: conformación del espacio propio para los proce-
sos de enseñanza-aprendizaje. Mi espacio-mi cuerpo-mi territorio.
c. Territorios pedagógicos: representaciones de los estudiantes en el espa-
cio de enseñanza-aprendizaje.
4. Evaluación:
La mirada del otro: invitando a un amig@ y el estudiante como actor educativo.
116 · Tras el rastro de la subjetividad docente ·

Mapeando se aprende la vida

¿Cuántos años a bordo de mí ser docente?


Objetivo: Cultivar prácticas de observación sobre uno mismo

Dispositivo: La bitácora

Luego de un tiempo de practicar cualquier actividad, los seres vivos nos vol-
vemos expertos en ello, contamos con sistemas y subsistemas que apren-
den. Al aprender cualquier cosa, al comienzo puede o no generar dificultad,
pero para aquel que sigue practicando aumentan los niveles de dominio
de la práctica, al punto de ya no pensar en lo que se hace sino solo hacer.
Cada movimiento se automatiza y perfecciona, al ganar dominio podemos
ocupar más atención en nuevos retos o dejar de notar detalles de lo que
antes tomaba tiempo realizar.

Así mismo sucede con la respiración, aprender a caminar, montar en cicla,


cocinar, practicar cualquier deporte o cualquier otra actividad. La observación
· Cartografía Social · 117

es una herramienta de cultivo permanente de la identidad. Esta abre las posi-


bilidades de vernos en situación, observarnos, entendernos y revisar aquellas
dimensiones del ser y hacer docente que hemos dejado de notar en el paso
del tiempo. En el viaje, observar nos deja ver detalles del camino, ya sea para
volver de nuevo, para mirar de nuevo, para ir a otro lugar, para no volver. Y la
bitácora será el dispositivo propuesto para el viaje. Para llevar la observación
a procesos sistematizados y reflexivos de construcción de saber sobre el viaje
de ser docente. La observación, la consideramos una práctica de sí, una herra-
mienta de cultivo permanente de la identidad.

La bitácora es un cuaderno empleado en la navegación en el que se regis-


tran y anotan los detalles del viaje, se señalan las coordenadas a seguir para
tomar rumbo, las precipitaciones climáticas y cómo las sortea la tripulación.
De igual manera, se escriben las novedades de la tripulación, es decir, toda
la información que permita conocer cómo fue el viaje. En este sentido se trae
la bitácora a este proceso, se incorpora como un dispositivo de observación,
registro y reflexión sobre el proceso.

Para comenzar, dese cuenta de sus inquietudes y de sus propias ideas


de su práctica docente:

¡Puede que ya se haya planteado algunas de estas preguntas, hace mucho


o hace poco, permítase volver a repasar, recordar, o repensar sus distintos
sentidos y significados de su quehacer!

Algunas preguntas a tener en cuenta para elaborar el Diario de campo:


Observaciones generales:
- ¿Qué cosas me llaman la atención?
- ¿Por qué considero que eso me llama la atención?
- ¿Qué pensamientos, juicios u opiniones me generan?
- ¿Qué sensaciones me genera?
Preguntas específicas:
- Para mí ¿Por qué es importante la educación?
- Para mí, ¿Qué es ser docente?
118 · Tras el rastro de la subjetividad docente ·

- ¿Cómo llegué a ser profe? ¿Qué motivaciones se han perdido y cuá-


les se han creado?
- ¿Qué estilo docente tengo?
- Para mi ¿Qué es ser estudiante?
- En mi historia de vida y estudios, de dónde vienen esas ideas.

*Estas preguntas pueden volverlas un instrumento de registro, una matriz,


una cartografía corporal u otro. Formas de hacer seguimiento y reconocer su
integralidad como ser humano en la docencia.

Registre pensamientos, emociones, sensaciones, aprendizajes, guiones de


clase, retos, dificultades, miedos, y más… sobre su propia práctica docente y
el escenario del aula de clase.

Si se desea comenzar la observación y registro, a continuación, encontra-


rá sugerencias para guiar el desarrollo personal de la bitácora, se concibe
como un cuaderno o libreta que se mantiene a la mano para tomar apuntes
de lo observado.

Las siguientes son apenas sugerencias para arrancar, usarlas si encuentra


sentido, modifíquelas y cree sus propias herramientas de observación y re-
gistro. Verá cómo estas herramientas se vinculan con los procesos reflexivos,
los experimentos que se permita hacer en el aula y sus aprendizajes.

Esta primera matriz de observación invita a llevar registros de momentos


específicos, número de sesiones de clase, situaciones de clase, las interpre-
taciones que yo hago de esas situaciones y las preguntas que me surgen de
ellas. Por ejemplo, en la sesión 1 de inicio de clases, observo lo que pasa, la
edad de los estudiantes, sus silencios, su bulla, sus dudas, sus maneras de
vestir y de estar. Por ejemplo, interpreto que su silencio se debe a la timidez
del primer día. Y finalmente me hago preguntas sobre lo que vi y sobre lo que
interpreté, si puede ser diferente, o si se debe a otro motivo, o si puedo hacer
algún cambio para que esa situación se modifique etc .
· Cartografía Social · 119
120 · Tras el rastro de la subjetividad docente ·
· Cartografía Social · 121

El docente que soy


“una es más auténtica cuanto más se parece a lo que ha soñado de sí misma”
(Participación en clase. Docente. 2020)

Objetivo: Repensar el trayecto como docente

Dispositivo: La bitácora

Como docentes todos tenemos una historia que contar. Nuestras primeras
experiencias acompañando clases, las personas que han aportado a esos pro-
cesos, las diferencias que hemos tenido con algunos otros profes. Cada una
de esas experiencias han aportado a nuestro trayecto como docentes, pues,
de una u otra forma nos han influenciado en lo que hacemos ahora.

En este momento, en donde hemos comenzado un caminar en la reflexión de


nuestra propia práctica, es importante repensarnos en todos esos movimien-
tos que hemos pasado como profes. Volver a recordar personas, situaciones,
sentimientos, pensamientos. Esta actividad va a estar en tres momentos, pri-
mero en volver a traer al presente a profes de su vida, segundo se comienza la
indagación por esos profes que se recordaron, y tercero, repensar la práctica
a raíz de lo reflexionado.

Durante este trayecto, puede que varios profes hayan pasado por nuestro
camino. Tómese un momento para recordar y amistar sus profes del pasado.
1- Repase en su memoria aquellos docentes que considera, fueron sig-
nificativos para su aprendizaje y para su vida, así como aquellos que no
recuerda con gratitud o que recuerda asociados con emociones como la
rabia, el miedo o la tristeza.
2- Vamos a plasmar en un diagrama, dibujo, gráfico, cuento u otro; esos
dos tipos de docentes arquetípicos, recogiendo elementos de todos los
profes de su historia que aún recuerde y clasificándolas en cada tipo de
docente. Ubique características, valores, cómo se relacionaban con los
estudiantes, tipos de clase que impartía, ejemplos de clase, expresiones,
reacciones, formas de vestir, elementos pedagógicos y todo aquello que
venga a su memoria.
122 · Tras el rastro de la subjetividad docente ·

3- A partir del ejercicio de memoria y su diagrama o dibujo, etc. reviselo re-


flexivamente y pregúntese: (¡esto también lo puede registrar en la bitácora!)
- ¿De qué me doy cuenta?
- ¿Se siente identificado con algunas de las cosas descritas de cada
tipo de docente? Si es así, escriba qué cosas, revisé cuales fueron
decididas y cuales sólo están presentes sin saber por qué, reflexione
sobre por qué cree que se identifica con eso y porqué fue o ha sido
importante en algún momento. Sin juzgarse, entendiendo que cada
uno como profe tiene procesos de formación diferentes, y ahora que
estamos siendo conscientes de nuestras prácticas, es lo que nos per-
mite generar esos caminos de aprendizaje pedagógico.
- Si no se siente identificado, también revise por qué no.
- De los elementos que usted ha encarnado de cada perfil, cuáles
siente coherentes con su perspectiva de la docencia, lo hacen sentir
orgulloso y quisiera conservar, cuáles ya no le ayudan en la actualidad
¿Cuáles quisiera ajustar o cambiar?
(!Experimente! en un apartado más adelante encontrará ejemplos de
hacia dónde seguir)

El rememorar estos profes nos vincula de nuevo con una reflexión sobre las
influencias que hemos tenido a lo largo de nuestro camino docente. Traerlos
de vuelta nos recuerda experiencias que nos permiten identificarnos con el
docente que somos ahora, y aún más, del que queremos seguir construyendo.

Ahora le invitamos a que con esos cuestionamientos puedan surgir esos as-
pectos que quisiera observar de su práctica, y para esto, se recomienda volver
al punto de Observando al observador, en donde se le plantean una serie de
matrices que ayudan a esos procesos de indagación de su propia práctica…
Descúbrase en esa observación de sí mismo, a veces por nuestras mismas ru-
tinas pasamos por alto situaciones, palabras expresadas, miradas, sentires…
Permítase explorar un poco, y revise cada semana sus observaciones ¿Que ha
visto ahora que antes no sabía? ¿Cómo definiría el docente que ha construido
hasta ahora a partir de sus observaciones?

*Para curiosos: escriba 2 cartas, una que les dirige a todos los profes que no re-
cuerda con agrado, y exprese todo lo pendiente, todo lo que no fue fácil, lo que
· Cartografía Social · 123

le molesto e incluso el daño causado, y si se lo permite y esta listo, exprese su


perdón. Y una carta a los docentes que recuerde significativamente donde les
agradezca lo aprendido y les desee y se desee lo mejor. Algunas corrientes en
psicología dicen que el inconsciente no conoce tiempo ni espacio, estas cartas
no son para ser entregadas, estos relatos son para hacer historia personal, para
acercarnos más a la comprensión de quienes somos cuando somos docentes.

Mi emocionario
Diccionario emocional
Objetivo: Mapear las emociones propias que emergen en diversas situacio-
nes en los ámbitos educativos y pedagógicos

Dispositivo: Bitácora

Mi emocionario es un ejercicio que toma su nombre del libro que lo inspi-


ró, “Emocionario: di lo que sientes”, un texto cuyo propósito es aportar en la
formación emocional en la niñez. Apela a una idea de universalidad, pues el
diccionario es un texto de referencia al que nos remitimos para recordar los
acuerdos sociales sobre las palabras.
124 · Tras el rastro de la subjetividad docente ·

Sin embargo, los adultos ya hemos consolidado formas emocionales, por


ello, resulta pertinente indagar en dichas configuraciones, ¿de qué signifi-
cados están cargadas las emociones? ¿con qué palabras asociamos las emo-
ciones que empleamos? ¿qué papel tienen en nuestra vida? ¿Cuáles son las
que constituyen nuestra cotidianidad, nuestro repertorio día a día? ¿De qué
están llenas las palabras de las emociones que usamos? y en caso de no tener
las palabras, ¿cómo son las reacciones, respuestas o manifestaciones de las
emociones en nuestra vida?

Mi emocionario pretende tomar conciencia de las emociones que nos atra-


viesan en distintas situaciones en el espacio de enseñanza-aprendizaje. Indu-
ce al docente en su repertorio propio de emociones, a reconocer y aceptar su
momento presente con el propósito de hacerse cargo de su emocionalidad
en las relaciones con humanos y no humanos en la cotidianidad de su aula.
Está compuesto por tres momentos, en el primero se busca desarrollar la mi-
rada de observador sobre sí mismo; seguido de estrategias de registro; por
último, darle lugar a la curiosidad y a la reflexión sobre lo vivido y registrado;
y por supuesto la reflexión debe ir acompañada de la acción.

En primer lugar, piense en distintos momentos del proceso pedagógico, tam-


bién en los momentos de los ambientes en los que se desenvuelve como
profe. Por ejemplo, en clase, en la sala de profesores, en reuniones, y demás
de su cotidianidad. Escoja algunas situaciones en las que desea realizar la
observación, pueden diferenciarse por el propósito:
- Hábitos y rutinas en el aula
- Planeación de actividades
- Interacciones habituales con otras personas, tales como: el saludo,
formas comunicativas con los estudiantes.
- Momentos de clase: antes, durante y/o después

En segundo lugar, después de escoger las situaciones, tome su bitácora, ano-


te en ella, use algunas de las tablas de registro recomendadas o cree las su-
yas. Programe bien las sesiones en las que llevará registro, busque el punto
medio entre el rol de docente y el rol de observador, y si no logra registrar en
vivo y en directo durante la clase, no deje pasar mucho tiempo, hágalo ape-
nas acabe o a más tardar en la noche. La memoria nos juega malas pasadas
en estos casos.
· Cartografía Social · 125

En tercer momento, luego de registrar, unas horas o días después, permítase


volver a leer su bitácora, observe ¿De qué se da cuenta? ¿Qué le llama la
atención? ¿Qué se repite? ¿Qué le parece significativo? y ¿Qué no le parece
tan importante?, pregúntese por qué, cree nuevas preguntas, haga cambios
en las formas de registro si lo necesita y reflexione de nuevo.

Ganar comprensión sobre lo que sentimos en cada situación del aula permite
que se actúe acorde a ella. En la justa medida de la palabra, el pensamiento,
la emoción y la acción. Es una manera de conocernos a nosotros mismos para
poder cuidarnos. Identificando la vivencia de cada momento podemos luego
prepararnos o disponernos para la situación.

Adicionalmente se irá viendo que la reflexión no necesariamente pasa des-


pués, sino que, en la práctica misma de mapear, se cultiva la observación, la
reflexión y las posibilidades de cambio.

Recuerde que usted puede definir las situaciones sobre las que quiera com-
prender o transformar.

Ajuste el tiempo para registrar, una sola observación es poca, pero que no
se nos pase todo el calendario académico sólo observando. Ajusta la agen-
da para ir construyendo ciclos de observación, reflexión y cambio en cada
momento escolar y claro, acorde a sus tiempos que seguro están apretados.

¡Ánimo!

Y las cosas de las que se dé cuenta, disfrute las que le gustan y las que sienta
que le generan malestar, ¡vaya al apartado de experimentación! y ensaye
algunos cambios!

Cada cierto tiempo podrá volver a mirar qué ha pasado.


126 · Tras el rastro de la subjetividad docente ·

Investigando-experimentando
en el territorio pedagógico
Con pequeños experimentos se hacen grandes cambios
En el transcurso de nuestro camino pedagógico hemos pasado por diversos
procesos de observación, seguimiento y reflexión desde nuestras formas
de pensar, sentir y actuar en nuestro ser docente. Es decir, que hemos tra-
bajado en darnos cuenta o tomar conciencia de nuestros escenarios educa-
tivos. Como se ha dicho, el pensamiento y la acción deben ir de la mano. Y
la reflexión puede favorecernos acciones de comprensión o transformación
de la práctica docente.

Con pequeños experimentos se hacen grandes cambios. Estos buscan, que


luego de observar y reflexionar, de darnos cuenta de dinámicas complejas y
detalles de nuestros escenarios de enseñanza, emprendamos una ruta para
hacernos cargo de lo que nos dimos cuenta, es decir, para amistarnos, reno-
var, innovar elementos de nuestro ser y hacer de profes que nos está llaman-
do la atención por algún motivo, ¡Es poner en práctica los aprendizajes!
· Cartografía Social · 127

Esta actividad está dividida en diferentes momentos: 1. Cuestionamientos


sobre la práctica (si ha realizado los ejercicios de observación y reflexión pre-
vios parta de allí, sino acá está el proceso completo), 2. Diseño de un experi-
mento y 3. Reflexión y evaluación.

1- Para esta primera parte del ejercicio es importante comenzar con esos
cuestionamientos que hemos tenido en nuestra práctica,
- Puede hacer una tabla en la que enliste situaciones, momentos de su
práctica docente, y califique de 1 a 10 con cuáles se siente más estresado.
- Puede preguntarse
- ¿Por qué cosas no quisiera ser recordado como docente?
- ¿Qué necesito yo para ser el docente que quiero ser?
- ¿Qué quiero cambiar, conocer, mejorar en mi práctica para acercar-
me al docente que quiero ser?

De la tabla de registro, de sus bitácoras o de las preguntas, identifique un


tema, un momento, un ámbito etc. que tomará como punto de partida para
experimentar.

2- En el segundo momento vamos a comenzar nuestro propio diseño para


cambiar o conocer esas prácticas. Para esto es importante que una vez es-
cogido con lo que queremos experimentar (sean elementos relacionales,
pedagógicos didácticos):
1. Defina un posible propósito del experimento, una posible idea de cambio.
2. Escriba paso a paso qué va a realizar para cambiar o conocer la práctica
que haya pensado.
3. Ejecute durante una semana el experimento. (El tiempo puede determi-
narlo dependiendo de sus ritmos y tiempos, pero es importante que sea un
periodo corto para poder hacer procesos de realimentación constantes. Re-
cuerde los ciclos para construir una práctica: observación, reflexión y cambio).
4. Documente su proceso de ejecución. (Para este aspecto le invitamos
a ver las matrices de Observando al observador. Diséñela acorde a sus
necesidades de registro).
128 · Tras el rastro de la subjetividad docente ·

Este aspecto es importante porque es lo que va a permitir el registro ade-


cuado de la práctica que deseamos conocer o cambiar. Tenga en cuenta que
durante el ejercicio puede evidenciar aspectos que de pronto en su registro
no tenía, por tal motivo, le recomendamos que tenga un apartado de “va-
rios”, en donde pueda escribir libremente esas cosas que en otra parte de su
diseño no encajaba.

Como último momento encontramos el proceso de reflexión y evaluación.


Una vez terminado el tiempo estipulado, revise lo documentado ¿Hay algo
nuevo? ¿Algo que se haya dado cuenta? Dependiendo de lo que evidencie
en su registro, revise y modifique según sea el caso. Trate de profundizar esa
observación, le invitamos a que sea una constante en su práctica esa ruta
de transformación, cuando se sienta conectado con dicha práctica, invítese
a explorar aún más, por ejemplo, si su observación se guío por procesos pe-
dagógicos, por qué no comenzar a relacionarlos con ejercicio didácticos, e
incluso socioemocionales…

Todo este proceso de experimentación puede aportarle una visión más abier-
ta de su práctica pedagógica. La relación que tenemos como docentes en la
institución donde trabajemos, con el estudiantado, con los padres de familia,
con los otros profes e incluso con nosotros mismos y nuestra cotidianidad, va
a influir en nuestro trayecto del docente que quiero ser, y que pretende ser
cuidador de otros. Si no comenzamos con esa consciencia de transformación,
va a ser difícil que nuestro cultivo crezca, o siguiendo la metáfora del viaje,
podemos ser un viajero que se queda andando en círculos, pues es más fácil
transitar lo conocido (y en el apartado de Evaluación, tenemos algunas suge-
rencias para profundizar).

Le invitamos a que siga este camino de experimentación de su práctica con


la investigación de su territorio pedagógico, esto le permitirá seguir constru-
yendo su camino desde sus sentires y experiencias. ¡Y recuerde, no se trata
de cambiar el sistema educativo, sino de, desde sus pasiones y posibilida-
des dejar huella!, así como no todo es hacer hacer y hacer. A continuación,
en los territorios pedagógicos se presentan dispositivos de cartografía para
comprender y transformar.

*** Recuerde siempre los principios éticos, la autonomía, la beneficen-


cia, no maleficencia y justicia en todo proceso que le involucre y del que
· Cartografía Social · 129

hagan parte otros. Que todo intento sea voluntario, informado, en bene-
ficio de la enseñanza, de ninguna manera en perjuicio de alguien y justo
con los actores involucrados.

Territorios pedagógicos:
conformación del espacio propio
para los procesos de enseñanza-
aprendizaje. Mi espacio-mi
cuerpo-mi territorio
Este ejercicio busca identificar elementos de la configuración de los espacios
de enseñanza-aprendizaje y relaciones de significación en ellos, para reco-
nocer la forma en que cada uno como docente habita el territorio de ense-
ñanza-aprendizaje, y las formaciones que dispone para los estudiantes en él.

A veces ayuda centrar la mirada en lo más cercano, en este caso el cuerpo


propio, el lugar en el que se encarna la experiencia misma. Reconocer el
130 · Tras el rastro de la subjetividad docente ·

lugar físico y simbólico que cada quien ocupa en el fenómeno educativo, y


así entender ¿Qué compone mi cuerpo territorio en el aula?

Pensando en el territorio
Al territorio se le atribuyen dos dimensiones, una relacionada con su aspecto
físico y espacio de gobernanza, regulada socialmente e institucionalizada,
y la otra de carácter simbólico, de construcción social fundada en prácticas
sociales que dotan de significados y conceden las dimensiones a lo que se
denomina territorio.

En este caso, se trata de trasladar la noción de territorio al lugar donde acon-


tecen la enseñanza-aprendizaje.

1- Mi cuerpo. Esta exploración se sugiere en el número 1 de esta serie, “Cartogra-


fías Socioemocionales” (Mazorco-Salas, Molano-Granados y Rojas León. 2021):
- Una versión simplificada puede ser la siguiente: Realiza una cartografía
de tu silueta en medio del aula de clase, ubica en ella cada componente
del docente que eres, cuerpo, emociones, pensamientos, ejemplos, he-
rramientas didácticas, expresiones corporales y verbales, principios, va-
lores y otros aspectos que hagan parte de su universo físico y simbólico
del aula de clase.

2- El salón-territorio. Mapeando el aula-territorio: ¿qué puede ser conocido y


transformado en mi aula?
- Haga un croquis que represente su aula de clase-salón, identifique las
zonas u objetos más y menos relevantes del aula.
- En el croquis indique elementos como:
- Su ubicación y la ubicación de los estudiantes
- Las rutas por las que usted pasa o permanece durante una clase.
- Los movimientos de los estudiantes
- Las zonas de aula de mayor concurrencia de estudiantes
- Las zonas del salón que nadie ocupa
· Cartografía Social · 131

- Las zonas de aula que le generan incomodidad y las que le generan se-
guridad y agrado.
- Emociones asociadas al aula, tanto las suyas, como las emociones acor-
des a la zona del aula, momentos y espacios de ansiedad, alegría, incomo-
didad, rabia, orgullo, etc.
- U otra información que pueda ubicar

Utilice esa información como detonante de su curiosidad, analice sus regis-


tros y haga nuevas observaciones y profundice a partir de lo encontrado.

Recuerde volver sobre sus registros y reflexionar sobre aprendizajes de lo vi-


vido. Registre nuevas dudas. ¿Y preguntes qué puedo hacer con eso? ¿Para
qué me sirve este aprendizaje?, ¿Qué me dice de mí mismo y de mis formas
de ser profe? ¿Me pasa en otros momentos de la vida?

Además, siempre podrá revisar esta información como punto de partida para
experimentos con el espacio de aula y empezar el diseño de ambientes de
aprendizaje. ¿Cómo sería rediseñar el aula? ¿Cómo sería cambiar de zona en la
que se encuentra como profe?, que tal si visitamos las zonas de incomodan des-
de la mirada curiosa de observadores, y en la virtualidad ¿qué podemos hacer?

3- La casa-oficina-salón-territorio
- Cartografía de su espacio de trabajo (actual)
- En un cuaderno dibuje o diagrame su espacio de trabajo actual. Tenga
en cuenta:
- Observar el espacio
- Recorrerlo
- Plasme lo que se encuentra en el momento, registre objetos, activi-
dades y cómo se distribuyen en el espacio.
- Identifique estímulos externos (Vecinos, vendedores ambulantes,
mascotas, etc.)
- Lugares anfibios, de día oficina ¿y de noche?
- ¿Cuándo no está trabajando qué emociones asocia a ese lugar?
132 · Tras el rastro de la subjetividad docente ·

- ¿Qué emociones del aula me llevo para la casa y qué emociones de


la casa me impregnan en el aula?

La cartografía, por ser un mapeo de territorio obedece siempre a condiciones de


tiempo y espacio, de manera que pueden cambiar con el paso del tiempo y la
transformación de los símbolos del aula de clase. De modo que son herramien-
tas, para el mapa y la maleta de viaje. De cuando en cuando vale la pena usarla.

Territorios pedagógicos:
representaciones de los
estudiantes en el espacio de
enseñanza-aprendizaje

Objetivo: Reconocer las concepciones que se tienen sobre los estudiantes y


su comportamiento en los espacios de enseñanza-aprendizaje.

Dispositivo: Cartografía
· Cartografía Social · 133

*La verdad es que enseñarle al que ya sabe o ya tiene las capacidades es bello
y gratificante. La verdad es que el esfuerzo docente es para tod@s, un pequeño
dilema oculto en la práctica docente, los “buenos” y los “malos” estudiantes.

En nuestro trayecto como docentes, vivimos diversas experiencias que depen-


den de los contextos en los que estemos. Sin embargo, existen juicios frente
a la distribución de los estudiantes en un ambiente de enseñanza-aprendiza-
je que acompañan muchas veces esas experiencias, independiente del lugar
donde nos encontremos; son como unas preconcepciones. Esta carga que
podría ser como un secreto a voces, es donde se señalan estudiantes, lugares
y hasta relaciones que afectan la práctica y la reflexión como proceso. Cuando
nos dejamos llevar por esas ideas, tendemos a seguir repitiendo un ciclo pe-
dagógico, que no ha profundizado en su forma de vislumbrar las situaciones.

Dicen que de acuerdo a la idea que tenemos de alguien, nos relacionamos


con aquel o aquella. Lo importante en este proceso es poder reconocer el tipo
de relación que se tiene con los estudiantes, y revisar si este contribuye o no
y en qué medida con un proceso de formación integral.

1- Con la herramienta de su preferencia mapee y reflexione sobre:


- ¿Qué características tiene el estudiante que considero “buen estudiante”?
- ¿Por qué cree que ese estudiante ha logrado ser “buen estudiante”?
*(haga una lista o gráfico multicausal, recuerde que indagamos en fenó-
menos sociales y por lo mismo complejos)
- ¿Qué características tiene el estudiante que considero “mal estudiante”?
- ¿Por qué cree que ese estudiante ha logrado ser “mal estudiante”? *
- En mi historia de vida escolar como docente, ¿De dónde viene mi idea de
que esas características hacen a un buen o mal estudiante? ¿Por qué creo
eso? ¿de dónde lo aprendí?

2- Ahora vuelque la mirada sobre usted (apóyese en la cartografía del


aula-territorio):
- Registre en su bitácora o en una cartografía del aula, durante varias
sesiones de clase, con quienes de sus estudiantes interactúa más y con
quienes menos.
134 · Tras el rastro de la subjetividad docente ·

- Observe de qué manera se relaciona con unos y otros.


- Observe con quienes pasa más o menos tiempo.
- Póngale cuidado a las emociones que unos y otros le generan, pueden
ser muy sutiles y está bien sea lo que sienta, es un elemento a conocer y
comprender.
- Registre sus propios comportamientos y reacciones con los distintos ti-
pos de estudiante.
- Recuerde siempre preguntarse ¿De qué me doy cuenta?

3- Una ñapa para hacer memoria “recordar es vivir”

Busque un momento de descanso, respire y haga memoria.


- ¿Cómo era usted cómo estudiante? ¿qué tenía del buen y del mal
estudiante?
- ¿Porqué fue el estudiante que fue?
- ¿En qué tuvo facilidades y dificultades?
- ¿Qué y quienes le ayudaron a superarlas? ¿Cómo lo hicieron?
- ¿Podría su ser estudiante recomendarle algo para su ser docente en la
actualidad? ¿Qué le diría él a usted?
- Observe si sus recuerdos tienen o no, que ver con la manera como se
relaciona con sus estudiantes en la actualidad. ¿De qué se da cuenta?

*La clave es la apertura, la empatía, la comprensión de sí mismo y de los otros


y otras que le acompañan en el proceso de enseñar, los que aprenden.
· Cartografía Social · 135

Evaluación: ¿Cómo saber para


dónde seguir?
Como en la vida siempre habrá dudas de lo que hacemos. Permitiese evaluar,
¡ojo! no es criticarse, ajusticiarse o calificarse. Es evaluar, valorar lo que ha
hecho para aprender de ello. Para valorar lo que hace sólo requiere de obser-
vación, registro, reflexión y perspectivas sobre lo hecho.

*Para profundizar, dele una mirada a 2 enfoques. 1-. la evaluación formativa,


que, como sentido de la evaluación, nos recuerda que uno de los propósitos
es mejorar lo que hacemos. 2- la sistematización de experiencias, como ruta
para construir memoria y extraer aprendizajes sobre el proceso.

La manera como percibimos es siempre parcial, es decir siempre vemos algo


desde nuestro propio ángulo y algunas veces logramos ver una situación des-
de un par de puntos de vista. Dialogar con otros puntos de vista sobre las pro-
cesos de enseñanza permite, tanto enriquecer la comprensión sobre lo que
se esté indagando, como, favorecer la toma de perspectiva sobre la situación.
Ver las cosas desde otro ángulo, ver las cosas por donde no se habían visto,
136 · Tras el rastro de la subjetividad docente ·

ver las cosas desde la distancia o la cercanía, cambia el marco de tu propia


percepción, la manera de sentirse y las posibilidades de acción.

¡El fenómeno educativo, como fenómeno social y complejo requiere a menu-


do voces aliadas, la vinculación de otros actores educativos ayudará!

Siendo así, aceptemos dos últimas insinuaciones:

Invitando a un amigo: cómo la observación de otro puede ayudarnos. (reco-


mendaciones para vincular la mirada de otr@ a mi clase. ¡da sustico!

Como en la vida, una buena opinión de un amigo nos puede ayudar a enten-
der y abordar las situaciones más complejas de la vida.

Por ello sugerimos que cada cierto tiempo se lleve la práctica ancestral de
hacer amigos, a los asuntos de la enseñanza, de la pedagogía, la didáctica y
el sentido mismo de la educación.

¿Esto qué implica? Michel Foucault en sus indagaciones sobre las prácticas
de sí de la Grecia antigua, da cuenta que la práctica de escribir cartas entre
amigos tenía un sentido social significativo en torno al amor, la amistad y
el reflexionar con otros. Hoy en día el medio ha cambiado, pero la finalidad
persiste, esto es, el cultivo de prácticas de conocimiento y cuidado de sí. Que
en pedagogía puede ser entendida como una posible ruta de construcción
de sentido colectivo del ser y hacer docente. De modo que:
- ¡Si le sirven las cartas, adelante!, escríbale a un amigo, preferiblemente
un profe cercano, e inicie un diálogo sobre sus percepciones, opiniones,
dudas, alegrías, angustias, aciertos y desaciertos de sus clases. Si no le
sirve, llame, invite un tinto (ya sea vino o café) o una cerveza y cultive es-
pacios en los que ejercite y ponga en diálogo los detalles de su quehacer
docente. Inscríbase en grupos de redes sociales con intereses educativos y
pedagógicos. Construya redes de preocu-pasiones similares.
- ¡Si se anima, vaya un paso más allá! con un profe de confianza, invítelo
como observador a sus clases, ya sean virtuales o presenciales. Invitelo NO
para que sea critico, invitelo como un observador, para que le ayude a ver
o entender aspectos de sus clases. por ejemplo: antes conversen sobre el
sentido de la visita, hagan acuerdos de respeto y reconocimiento mutuo,
· Cartografía Social · 137

clarifiquen los roles y propósitos. Además, orientarlo para que le ayude


a observar elementos de su interés investigativo, las interacciones, las
formas de evaluación, la distribución del aula, etc. Y brinde a su invitado
algunos instrumentos o matrices de registro y cartografía como los suge-
ridos anteriormente o adapte y cree los más adecuados para su ambiente
de enseñanza. Finalmente vuelve al punto anterior, y utilicen esta visita
para compartir un buen tinto.

Recuerde: cuéntele a sus estudiantes sobre el ejercicio y de quien se trata


el invitado como manifestación de cuidado del espacio compartido. ¡No se
preocupe que la mayoría no buscará interactuar mucho!

Y ¿los estudiantes qué pensarán, qué sentirán, qué propondrían?: vinculan-


do la voz de un actor del proceso educativo.

En la construcción de la experiencia de enseñanza y de aprendizaje hay distin-


tos actores involucrados, en el aula de clase al menos están los estudiantes y
el profesor. Sin contar con las condiciones de virtualidad donde se interactúa
con más de un actor. Los enfoques pedagógicos de orientación constructivis-
ta han destacado el giro hacía el estudiante como centro de los procesos de
enseñanza y de aprendizaje. Esto tiene muchas implicaciones pedagógicas,
didácticas y del mismo sistema educativo y sus particularidades. De manera
que se hace relevante vincular la voz de nuestros compañeros de aula, las
y los estudiantes. ¡Hagámosles preguntas! ¡Entendamos un poco de ell@s!
138 · Tras el rastro de la subjetividad docente ·

Válgase de distintos instrumentos, explore qué pueda ser más pertinente,


haga encuestas, entrevistas, talleres, grupos focales, ejercicios de cartogra-
fía, indagación narrativa u otras herramientas con las que pueda acercarse a
la voz de sus estudiantes.

Algunas recomendaciones para la aplicación de instrumentos con los estudiantes:


- Así sean indagaciones preliminares, considere siempre los criterios éticos
en el manejo de la información, cuéntele a sus estudiantes el propósito
de aprendizaje asociado al instrumento que decida usar, que sean siem-
pre anónimas, que no traigan ningún perjuicio su participación, que sean
siempre voluntarias.
- Evite hacerlo asociado a alguna nota.
- Trabaje mucho en la formulación de preguntas abiertas que permitan
que los estudiantes se expresen sobre los temas que sean de su interés.
Si no tiene muy claro qué preguntarle a sus estudiantes, puede empezar
con preguntas generales, por ejemplo puede preguntar sobre lo que han
aprendido, lo que más y lo que menos les gusta, y vaya dejándose llevar
por sus preguntas de interés, percepciones y sentimientos en la evaluación,
aprendizajes sobre algo específico, opiniones sobre el uso de medios vir-
tuales en la enseñanza, concepciones sobre algún tema tratado o por tratar,
nuevos tópicos o herramientas para la clase, trabajo en grupo, cartografías
del aula, contexto del estudio en la virtualidad de los estudiantes en pande-
mia y.. y… y… recuerde el aula es un territorio por explorar y re-descubrir.

Las respuestas seguro generarán emociones, de alguna manera se requiere


de algo de valentía, algo de apertura y algo de curiosidad para adelantar este
proceso. Recuerde que ellos tienen ángulos distintos para percibir y seguro
aprenderemos algo. Asegúrese de leerlas todas, identifique temas comu-
nes, revise si la pregunta le sirvió para lo que quería conocer y ratifique o
construya nuevas preguntas. Tenga a la mano su bitácora o lugar de registro,
permítase anotar cómo se siente, qué piensa, qué emociones le aparecen al
interactuar con la voz de sus estudiantes. Finalmente observe que le dice su
intuición y ¡decídase a seguir aprendiendo!

*En investigación cualitativa hay diversos enfoques de análisis de informa-


ción en los que podrían profundizar.
· Cartografía Social · 139

** Estas actividades vuélvalas un hábito, deles constancia y lugar, incorpó-


relas y contágielas con otros profes… que se construya la práctica de ser un
profesor cuidador que se conoce, se cuida para conocer y cuidar a otros, mien-
tras aprendemos juntos.

Y…
Todo re-encuadre o re-enmarcamiento sucede como producto emergente de
un proceso de aproximaciones sucesivas a lo que se está conociendo, regis-
tros, miradas diversas, reflexiones, y no dejemos a un lado los impulsos bási-
cos de la sospecha de que algo puede cambiar, la curiosidad para emprender
el camino de búsqueda, la valentía de pasar todas las resistencias o miedos
y la confianza de que se llegará a algún lugar -comprensión, una perspectiva
distinta, construcción de nuevos sentidos para la experiencia, una manera
distinta de ver, sentir y actuar respecto a algo-.

Este no es un camino seguro con una única llegada, este es un camino que
a medida que se camina, se hace camino. Y para el camino, la mochila con lo
que nos pueda servir, el mapa y la práctica de mapeo y nosotros mismos con
la apertura para conocernos.
140 · Tras el rastro de la subjetividad docente ·

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· Cartografía Social · 141

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142

CAPÍTULO 5
Mudanza de la
comida- la cocina un
territorio que se agita

Clara Lucia Grisales Montoya


· Cartografía Social · 143

Primer movimiento: la entrada


al territorio de la cocina
Cuando hablamos de un territorio, buscamos la manera cómo este se con-
figura, dónde se ubica su centralidad, qué tipo de relaciones se tejen para
señalar el adentro y el afuera, lo cual constituye su identidad, además de su
condición sedentaria o nómada, porque el espacio en la conformación del
territorio se mueve tanto como los sujetos que le dan sentido, o se fija, pues
siendo una denominación planteada desde el espacio, éste podría pensarse
estático, sin embargo, el territorio está contenido en relación a los sujetos,
quienes le dispensan su existencia y designación cultural.

Con esta manera de concebir el territorio, abordamos la cocina, pues su dispo-


sición le confiere los atributos mencionados anteriormente, un espacio que
representa el soporte para el estar, y darle lugar al tiempo en el que el sujeto
acontece. La cocina es entonces un espacio socialmente construido, en el que
opera la transformación de los alimentos; su distribución y ordenamiento,

Cocina de Eliza, Necoclí. Registro visual realizado por Dora Vargas, 2021.
144 · Mudanza de la comida- la cocina un territorio que se agita ·

dependerá de las lógicas en las que una cultura establezca su relación con
la comida, así pues nuestro recorrido por este territorio se hará teniendo en
cuenta esta lógica cultural que la ordena y le da sentido, y desde la cual abri-
remos una lectura de sus convenciones cartográficas para dar cuenta de su
alcance, limites, jerarquizaciones, atendiendo así a un discurso que se teje
en la cocina y la hace poseedora de un lugar protagónico en el orden social.

Este recorrido que propongo hacer, será guiado por las visitas a las cocinas
de mis amigas, vecinas, tías, abuelas, todas ellas mujeres cocineras que han
resistido la estigmatización del oficio, el señalamiento de una actividad de
poco reconocimiento en la jerarquía social, o en muchas ocasiones, la invisi-
bilización del sujeto y del espacio. Cocinas y cocineras olvidadas en el tiempo.

La mirada que propongo realizar en este espacio la hago fundamentalmen-


te como cocinera que soy, con formación antropológica, alguien que sale
de la tras escena de las epistemologías, donde se supone que hay brujas y
no científicas, de la cocina a la academia, como maestra, como mujer que
produce conocimiento.

Del fondo de la casa, de la oscuridad donde no llega la luz de una racionali-


dad lógica, surge una voz interior, intima, afectiva para reconocer memorias
de amasijos, de sabores y olores, que nos propone un conocimiento con pro-
piedades organolépticas para sabernos inmersas. Acudimos a una forma de
encarnar el conocimiento, y siendo la cocina un lugar en el que se produce,
en ella he alimentado mi curiosidad, y mi capacidad de transformación de la
materia. Este texto es una construcción en primera persona, generando una
revisión a mi propia experiencia, acercándome a la manera de vivir la ciencia
en la cocina, de trasegar ese universo de sentidos, esa emocionalidad que
suscita formas de comprender el mundo y de ubicarse en él.

Este es el espacio donde siendo cocinera he podido asumir mi condición de


científica. Aupada plenamente cuando el resultado ha sido además de pla-
centero, sanador, artístico, articulador social, cosmético, entre muchas otras
dimensiones que con la comida he podido abordar, y como consecuencia
ofrendar. Los encuentros con otras cocineras, las cocinadas junto a ellas, nues-
tras conversaciones de todos los temas, porque ninguno queda exento del
gusto de la cocina, el más dulce, el más amargo, el más ácido, el más sabroso,
preguntas, consejos, cotejos y comparaciones de las técnicas empleadas, han
· Cartografía Social · 145

servido de faro para la propagación de una feliz idea sobre la comida al centro
del pensamiento, en la formación científica y académica.

Pensar la cocina como un laboratorio, esa es una manera de entender el


espacio de ensayos y pruebas, que lo constituye. Para ser rigurosos con la
historia, es posible afirmar que “las primeras cocinas desarrolladas por los
seres humanos son los primeros ejemplos paradigmáticos de laboratorios,
en su sentido estricto de manejo de un ambiente controlado para manipular
y experimentar con elementos variables” (Martínez Ramírez, 2017, pág. 64).

Usando herramientas, metáforas, construcciones desde la cocina como labo-


ratorio, esta se convierte en aula y las palabras se sirven. En la conformación
de la cocina precisaremos cómo esta se ordena, pensando en su disposición,
los accesos que en ella se proponen y por supuesto su visibilidad, sobre todo
en los espacios domésticos que me son próximos, que son los sitios donde se
encuentran mis amigas y compañeras de cocina.

Desde historias de cocina, cuya protagonista mujer es la gran madre o la


abuela, podremos recoger y reconocer maneras de nombrar, lenguajes y re-
latos que habilitan nuestra vida para comprender la carga significativa que
trae la comida, no solo como base nutricional, sino como soporte de nuestro
andamiaje cultural. Cada geografía, cada región, cada territorio reconoce su
propio acervo, una manera de relacionarse entre lo crudo y lo cocido , entre la
1

naturaleza y la cultura. Artefactos que nos proponen un uso y una disposición


frente a un orden social, que logra evidenciar la complejidad de nuestras for-
mas más refinadas de tejer comunidad.

Palabras de abuelas, que traen voces antiguas, recetas o relatos, geografías


del mestizaje como llevar la olla en golin golin, (un palo atravesado que
se lleva entre dos, como un columpio en el Chocó); el zinyak (la forma de
cocina que adquiere el fuego al centro, en nuestro sur amazónico); el cucayo
o pegao de arroz en el caldero (para la Costa Atlántica); la sarapa o fiambre
para los trabajadores del campo o para los paseos; la boda en el pacífico
(una manera de reunir el convite para hacer nuestro encuentro divertido,
es la misma vaca, así llamada al interior del país, donde cada uno aporta, es
una forma de cooperación).

1. Por citar Lèvi-Strauss, C. (2008), en uno de los textos de referencia más importantes para
comprender la humanización que trae consigo la comida.
146 · Mudanza de la comida- la cocina un territorio que se agita ·

Palabras que pueblan como el maíz, el arroz, cacao, panela y que son enrutan-
tes, se convierten en hipertexto, a través de ellas abrimos mundos, son una
ventana para encontrar extensiones sembradas como ciudades de maíz, de
arroz, etc., así como también encontramos desgastes del suelo, movimientos
industriales para producir pienso para los animales, medicamentos, combusti-
bles, cosméticos, patentes. Y todo lo anterior tiene asidero en la cocina, un uni-
verso de sentidos que compone la realidad social en la que estamos inmersos,
que requerimos pensar y ordenar para proponer como ruta de conocimiento.

Ingresar a la cocina puede ser el pase a un recorrido por uno de los museos
más interesantes de nuestro desarrollo tecnológico civilizatorio, y cuya cura-
duría se prepara y cocina conforme a los gustos con los que hemos ido dán-
dole forma a ese amasijo entre religión-ciencia-vida social: la humanización.
Cuantos de nosotros reconocemos en la memoria de nuestras cocinas lo que
significa la piedra, pues no es una piedra cualquiera, ella puede aportar más
de un uso, por tanto, más de un significado, se convierte en un artefacto cen-
tral, que incluso se llega a heredar, podría constituir parte del ajuar de una
mujer en el matrimonio. “Mija, cuide la piedra, como esa no hay, su papá me
la consiguió en el rio Sinú, y no hay otra así” . Y en efecto no había otra así,
2

se amansaba, se domesticaba, la piedra se convertía en una extensión de la


mano para muchos usos en la cocina, otros artefactos nos muestran historias
y nos proponen relacionamientos diferentes en la casa y la comunidad, tal es
el caso de pilones, trillos, maceradores, ollas brujas, (hubo un tiempo don-
de la olla bruja almacenaba la cocina, porque a su interior se daba guarda
al utensilio más importante para aguantar tanto el calor, para preservar las
altas temperaturas y el recipiente de contención de líquidos para las sopas,
caldos y pucheros. La olla o cocina bruja, así conocida, es una especie de caja
térmica. Una manera más moderna de nombrar sería una olla arrocera, por
lo menos en lo que se refiere a su tecnología); neveras africanas (dos vasijas
cerámicas, una contenida en la otra, y en el espacio intermedio arena que
debe permanecer mojada para conservar una temperatura fresca, la cual se
preserva porque el barro humedecido le da refugio al frio para mantener el
agua y la leche fresca); la máquina de moler, y una larga lista de utensilios,
una museografía digna de una curaduría que efectivamente hemos reprodu-
cido para generar acciones educativas desde la cocina.

2. Relato de Abuela cordobesa en conversaciones de cocina, 2017.


· Cartografía Social · 147

Convenimos entonces, en que esto mencionado soporta mucho conoci-


miento, pero con todo y ello, la mujer de la cocina ha sido tratada con tal
ignorancia y desprestigio, cuando no con olvido y abandono, y a fuerza de
ser invisibles nosotras mismas ignoramos la fuerza de lo que controlamos. El
amasijo humano no alcanzó, para que la presencia de la mujer se incorporara
en el pacto formulado en principio entre religión y ciencia para mantener
3

el orden social, nos incluye como objetos, pero no como sujetos del mismo.
A expensas de nuestra propia formula social donde somos nosotras las que
conservamos la materialización del pacto para que tenga soporte cultural,
pero no como protagonistas ni en lo religioso ni en la ciencia, somos en todo
caso el receptáculo del mismo.

La cocina se configura alrededor de los instrumentos y desarrollos técnicos


utilizados para la transformación de alimentos, pero existe también una posi-
ción relevante en su estructura frente al sujeto que cocina, es decir, la cocina
no se establece en un espacio definido de acuerdo a los artefactos, sino en
función de la cocinera/o.

Hacemos lecturas de la manera cómo tradicionalmente se ha organizado la


cocina en la estructura cultural y en el orden social, para lograr un escenario
con una trama de sentido sociocultural que establece su centro de acuerdo
a un orden sagrado, representado en la relevancia e importancia con la que
una comunidad le confiere un significado al espacio consagrado a la comida.

Segundo movimiento:
transcribir la narrativa de la
tras escena de la cocina y de su
protagonista la cocinera
Cuando se transita por la cocina, se ocupa un lugar que para todos es habi-
tual, está en la memoria y nos permite reconocernos, pero al ocuparnos de

3. Un pacto entre religión y ciencia que encontramos ampliamente desarrollado en Harari


(2017)
148 · Mudanza de la comida- la cocina un territorio que se agita ·

nuestros saberes, no advertimos la importancia que tienen estos acumulados


que nos llegan de la cocina porque materialmente no son reconocidos como
tal, parecen ocupar un lugar en nuestro universo de forma natural; se escapa
la mayoría de las veces a nuestra curiosidad, a nuestra necesidad de indagar,
incluso cuando pensamos el conocimiento, solemos tomar distancia de la co-
cina, algunos comentarios descuidados, o tendríamos que decir malintencio-
nados, mejor no meternos en esas suspicacias, ven en la cocina un territorio
inculto, contrario a todo conocimiento.

La escuela puede ser el punto de fuga de la cocina, prepararse es no quedarse


como cocinera/o, a menos eso sí, que se pretenda una posición privilegiada
en lo que se denomina el arte culinario, en cuyo caso no se propone el esce-
nario doméstico feminizado, sino por el contrario, aquí inicia la masculiniza-
ción de un oficio, que habrá de reconocer el papel subalterno de las mujeres:
las cocineras, y con ellas sus cocinas. Es así como se retoma la denominada
ciencia gastronómica, puesta de moda en 1749, que no pretende mostrar la
cocina doméstica, sino aquella en la que los hombres han tenido incidencia,
y una fuerte representación, una cocina de estilismos y pública de gran for-
mato para palacios, hoteles y banquetes, que se sirve de las cocineras en el
movimiento interno de las cocinas, pero bajo la tutela masculina, y que nos
precisa bajo este término

“palabra que se extiende en los primeros años del siglo XIX como consecuen-
cia de la publicación de un largo poema de Berchoux (1800) con ese título .
4

Grimond de La Reynière puede escribir ya en 1808: “[…] la ciencia gastronó-


mica se ha puesto de moda, y todos han querido participar de ella; ha pasado
de las cocinas y de las tiendas a los salones, a las bibliotecas, incluso a los
teatros; y no perdemos esperanza de ver pronto una cátedra de gastronomía
establecerse en nuestros liceos […]”. Quince años más tarde la gastronomía
abandona su condición de literatura gourmande para convertirse en una fuer-
za que trabaja en el cuerpo social, puesto que es ella la que “hace que se
mueva el vasto engranaje de los negocios”” (Boudan, 2008, pág. 264)

Pero nuevamente en las cocinas, y bajo la tutela de las mujeres, veamos


cómo se desarrolla el escenario. La cocina como destino manifiesto, sin salida

4. La gastronomía: o los placeres de la mesa, trad. De José de Urcullu, Valencia: Librerías Pa-
rís-Valencia, (1997). Citado por Boudan (2008)
· Cartografía Social · 149

a una manera de ser-mujer. La mujer, quien se encuentra entre los grupos de


cazadores y recolectores, como la custodia de semillas y aquella que se que-
da al cuidado y conservación de lo doméstico, donde ha de tener un amplio
desarrollo la agricultura, al servicio de la casa para estabilizar el grupo social
en un territorio. No es entonces gratis su representación en la cocina, y más
allá, en el control del alimento. Por eso los cambios de estación que significan
momentos importantes en la producción alimentaria, tendrán que ver direc-
tamente con su papel en la vida social, y en ello el control y conocimiento que
se deja a una fuerza que no es la del guerrero, sino el manejo de un conoci-
miento místico, que requiere la observación detenida de la naturaleza, como
una fuerza intima para la reproducción, aquí aparece la bruja.

Devenir mujer, no implica sustentar los razonamientos de una mujer subal-


ternizada como modelo hegemónico de una identidad que la contiene, es
pensar la decodificación de aquello que ha regido su mundo, fluir entre múl-
tiples conexiones, pues aquello que se opone a la identidad es lo nómada,
la posibilidad de fluir, comprender las maneras como la realidad conecta. La
cocina conviene en ser una materialidad de vínculos que nos implican, por
ser un lugar de transformación que incorporamos de acuerdo con las reglas
establecidas por las ingestas determinadas culturalmente, pero que ha sido
proscrito del deseo, para ser señalado como un depósito, es el espacio donde
la casa se agota, donde se interrumpe la vida, para darle cabida a la descom-
posición de la materia.

La narrativa del espacio doméstico de la cocina, es cerrada, hermética, con las


contradicciones de la intimidad protegida vs las vergüenzas escondidas, olo-
res y vapores, unos exquisitos, otros putrefactos, en maduración o simplemen-
te transformados en la identidad de un saber cultural en tensión con la exposi-
ción de lo que yace como materia orgánica, y nos muestra la naturaleza animal
que nos plantea el orden biológico al que necesariamente estamos anclados.

La cocina desaparece al carroñero que históricamente hemos sido, dejamos


de comer la materia en descomposición directamente expuesta para mate-
rializar el triunfo de la violencia sacrificial que da lugar a la cadena alimen-
ticia, por la conservación y transformación que consagra la carne de nuestra
victima animal en un juego de reglas rituales que propone el contenido ci-
vilizatorio de nuestra humanización. Tal reserva genera un ocultamiento al
espacio donde el drama de la cultura se vive directamente. La cocina es el
150 · Mudanza de la comida- la cocina un territorio que se agita ·

lugar donde la transformación se da descarnadamente, por usar un término


que considero apropiado a tal propósito. Y sí, es en la cocina, donde tiene
lugar este paso de la naturaleza a la cultura. Es la cocinera, como su protago-
nista, quien se encarga de materializar esta transformación, en sus manos se
produce la alquimia, y bajo su potestad inicia el orden cultural.

Las relaciones sociales domésticas de nuestra parcela cultural, implicada


con la occidentalización de un mundo ordenado bajo un orden patriarcal,
ha mantenido durante mucho tiempo la cocina en una especie de depósito
cerrado, pues la transformación del alimento y las múltiples elaboraciones
productos de recetas que en ella se producen, se plantean más como una ru-
tina. En este laboratorio la materia sigue el curso de su desaparición, por efec-
tos de un cuerpo que engulle y expulsa esta materia orgánica en desecho.
La funcionalidad del alimento bajo rutinas marcadas por la ingesta, parecen
mantener el desprecio por el espacio que materializa la transformación, asu-
miéndolo más específicamente como un contenedor digestivo o biodigestor
que cierra herméticamente las materias en descomposición, razón por la que
su ubicación ha quedado reservada al último recinto de la casa.

Nadie podría negar el poder transformador de la cocina y su importancia para


la vida social, sin embargo, cabe señalar que es justamente en este espacio
donde tenemos mayor consciencia de nuestra animalidad perfumada. La co-
cina conserva la identidad animal del humano, por tanto, hallase allí la ver-
güenza oculta para los sapiens que han pretendido conquistar la naturaleza
poseídos por el deseo infinito de ser dioses, y superar lo que consideran un
pasado no reconocido, porque sapiens no solo pretender ser dios , sino que
5

pretende no ser, ni haber sido animal.

Para la mayoría de grupos sociales, ingresar a la cocina está reservado solo


a quienes se identifican como parte del mismo, ya sea por relaciones de pa-
rentesco, alianza o relaciones de asociación colaborativa estable; como quien

5. “Mientras que la revolución agrícola dio origen a las religiones teístas, la revolución cientí-
fica dio origen a las religiones humanistas, en las que los humanos sustituyeron a los dioses.
Mientras que los teístas adoran a theos (“dios” en griego), los humanistas adoran a los huma-
nos. La idea fundacional de religiones humanistas como el liberalismo, el comunismo y el
nazismo es que Homo sapiens posee alguna esencia única y sagrada, que es el origen de todo
sentido y autoridad en el universo. Cuanto ocurre en el cosmos se juzga bueno o malo según
su impacto en Homo sapiens. (Harari, 2017, pág. 115)
· Cartografía Social · 151

dice, los extraños no caben en la cocina. La cocina es pues, un espacio de


vinculo social, y lo es también lo que en ella se produce; las ingestas dan
paso a las formas de alianza y asociación, que bien pueden ampliar el vínculo
social, y generar nuevas alianzas, nuevas asociaciones. En caso de reyertas
y conflictos, sentarse a la mesa con el enemigo y compartir la comida, será
siempre una forma de reducir las tensiones y establecer pactos de no agre-
sión. La comida entre enemigos se produce para cerrar la guerra, es un guiño
a la paz. La comida se nos propone como una manera de reescribir la historia
que no es a partir de la guerra si no de lo que nos constituye.

Entre grupos culturales diversos como los que corresponden a los pueblos
Wayúu, U’wa, Emberá, Kogi, Nasa, los Tikuna, Witotos, Ika (Arhuacos) Misak,
Zenúes, los Natagaimas y Coyaimas, entre muchos otros de los que habitan
nuestra geografía colombiana, cocinar hace parte del universo femenino, tal
como lo ha sido para nuestras cocinas mestizas, y las cocinas afrodescendien-
tes ubicadas a lo largo de las costas Pacífica y Atlántica. Una muestra de hos-
pitalidad y proximidad con el grupo familiar doméstico, se advierte cuando
se puede tener acceso a la cocina, llegar a ella es penetrar en el corazón de la
estructura familiar, y de la vida social. Con ello también se establece una apro-
ximación a las mujeres del grupo, pues la mayoría de las veces las relaciones
con extraños deben ser cruzadas inicialmente con los hombres, tener acceso a
las mujeres es un estadio de la relación social con la comunidad más próximo.

Se presume la custodia del grupo social a través de las mujeres, y con ello, la
cocina como el espacio donde regularmente se encuentran ellas, ha quedado
blindada de la observación de los extraños. Las reglas de la comensalía están
asociadas a la identidad de un pueblo, tal como lo señalábamos, pero esto
no es algo que pueda ser leído exclusivamente con pueblos originarios, o
campesinos; estas normas de la hospitalidad y acceso al ámbito doméstico,
se mantienen en nuestras ciudades, hacen parte de las dinámicas recono-
cidas de las formas de socialización, pero también hay que decir que han
ido cambiando aceleradamente porque la comida ya no pertenece solo al
espacio doméstico, cada vez es algo que se hace más en el ámbito público,
en espacios donde el mercado tiene una mayor influencia y disposiciones
distintas de la vida social.
152 · Mudanza de la comida- la cocina un territorio que se agita ·

Tercer movimiento: revelar


el desalojo de la cocina y
el desplazamiento forzoso
de la cocinera
Las transformaciones alimentarias en nuestra sociedad, son algo que no
hemos pensado aun de manera consciente, se han ido dando y operando
en nosotros cambios drásticos, pero no razonados con la debida atención. Es
menester que hablemos de la comida como ordenadora social. El rol de la
mujer en este espacio, las reservas y condiciones que se han asumido como
parte del entramado cultural, frente a las nuevas formas de pensar el ser mu-
jer, eso que hemos nombrado como el devenir mujer, una manera de ser
conscientes de nuestra manera de estar y de asumir, no solo roles impuestos
por tradición, sino aquellos que hemos elegido, en apariencia, libremente, y
ya tendremos ocasión de volver a este supuesto de libertad.

No solo ser identificadas con los espacios oscuros que protegen la identidad
humana de su animalidad, sabernos a plena luz del día animales, que partici-
pan de la cadena alimentaria y que para ello ejercen violencia y muerte sobre
otros seres, aunque transformen y refinen las formas de la comida para llegar
a una mesa que en apariencia nos distancia del pasado carroñero, carnívoro y
que se propone lo crudo de verduras y frutas con un efecto transformado por
la comensalía en los dispositivos al servicio de la humanización, para sentirse
en otro plano de la conquista civilizatoria que nos distancia de la animalidad.

Hemos de hablar de una supuesta libertad, pues aquello que es agenciado


principalmente por el mercado, habrá de ser pasado varias veces por tami-
zajes que propongan preguntas que encubren realidades convenientes a
sistemas económicos. En el caso de la cocina, la comida y la cocinera, esta
trilogía en conexión es una forma de comprender un sistema cultural. En
apariencia la libertad del sistema buscaría despojar la conexión existente de
sentido, es una manera de entender las transformaciones que trae consigo
la modernidad, una libertad que se direcciona hacia el manejo del tiempo
libre, que permite un ejercicio desenfadado de prácticas y tareas de las que
nos despojamos para habilitar un tiempo dedicado a las acciones deseadas.
· Cartografía Social · 153

La comida se libera de la casa y se puede conseguir elaborada, transformada


en restaurantes, cadenas de supermercado o ser llevada a casa ya lista, con
lo que la cocina solo se convierte en un espacio de pequeñas intervenciones
para calentar, refrigerar, y la mayor parte de las veces disponemos de apara-
tos eléctricos o electrónicos para que hagan esta labor por nosotros. De esta
manera la cocinera tampoco es necesaria, pues además de ser suplantada en
primera instancia por dispositivos técnicos, también lo es por omisión del es-
pacio donde tenía lugar su ejercicio. Así pues, ella como cocinera podrá estar
al servicio de un restaurante o de una venta de alimentos precocidos, maqui-
lados y hará parte de una cadena de montaje donde su papel es subsidiario.

La secuencia tiene un efecto transformador interesante, la mujer relevada de


su papel como cocinera doméstica ya puede cobrar por su oficio, pero debe-
mos indicar que siendo este un oficio considerado menor en las jerarquías
laborales, le será pagado un tiempo intensivo con una baja remuneración
por cocinar múltiples preparaciones, sin llegar a tener relación directa con
los comensales, y su tiempo se habrá liberado porque su situación ahora es
laboral, y recibe una remuneración por su actividad. La cocinera entra a for-
mar parte de la cadena productiva aunque su salario sea bajo, pero así tendrá
la ilusión de poder tener dinero para pagar por su tiempo libre, y pensar en
disfrutar una comida que le guste, pagada por ella, que la mayoría de las
veces sufrirá las críticas que le harán añorar su propia sazón, o sazones más
domésticas, ya que su posibilidad de compra de comida, la mayoría de las
veces, será en sitios de maquilación de esta, o en cadenas de restaurantes
de producción masiva, o comidas callejeras. Entre otras consideraciones que
pueden presentarse al liberar el tiempo de la cocinera, es que puede comprar
preparaciones ya listas, y el tiempo designado a la comensalía se propone
como mínimo, aunque en la mayoría de ocasiones, no satisface el gusto de
los comensales, siendo la propia cocinera, la más crítica frente a estos sabo-
res, pero acomodándose a la nueva situación que se supone le reporta tiem-
po libre y satisfacción.

La cocinera se ha liberado de la cocina, y esta se ha liberado de la comida en


su proceso de transformación, y toda la cadena de relaciones que sustentaba
una determinada lógica social se ha visto alterada. La mujer siente entonces
que se ha liberado de un espacio que la constreñía, porque ahora su tiempo
pertenece a los escenarios laborales donde es remunerada, y podrá trabajar
con un salario mínimo, ¿pero habrá valido la pena? porque todo indica que
154 · Mudanza de la comida- la cocina un territorio que se agita ·

se ha liberado del espacio que la sometía. Veámoslo a la luz de los procesos


de industrialización, que si bien Boudan (2008), nos lo propone para Ingla-
terra, podemos darle alcance a este análisis en nuestras realidades urbanas,
aunque con temporalidades más recientes:

“En el rápido crecimiento del proletariado y en la miseria de las ciudades in-


dustriales inglesas existe un factor de desafecto popular que se suma a la
nueva función moral de las mujeres, liderada por las clases más acomodadas,
un desafecto que es anterior a la industrialización de la alimentación y del
que esta no es responsable, ya que este sector fue uno de los últimos en verse
afectado por el movimiento general de mecanización (lo que ocurrió, sobre
todo, después de 1850)… fue también esta ruptura de la transmisión de la
cultura popular -a causa de la emigración rural y de la pauperización- la que
precipitó el desinterés culinario, para dejar sitio en las ciudades del siglo XIX a
“una ignorancia alimentaria y culinaria increíble”” (Boudan, 2008, pág. 365)

Ni que decir de las mujeres con niveles formativos profesionales, que en su


mayoría pertenecen a la clase media de las ciudades de nuestro país. Estas
mujeres gozarán de la libertad de asumir sus vidas profesionales, y poder
igualar en el mercado laboral a los hombres, pero, sin embargo, al no poder
hacerse cargo de la elaboración de su alimento, deberán pagar por él, o coci-
nar para llevarlo al trabajo, porque puede resultar costoso comer diario fuera
de casa, o no resultar del todo satisfactorio, ni para el gusto ni para la salud.

De tal suerte que, liberar la comida, la cocina y a la cocinera, no parece un


hecho tan real, por el contrario se ha presionado a la mujer a que mire con
enojo y desdén este espacio considerándolo reducido ante sus aspiracio-
nes, y a cambio se le han pintado escenarios de realización que densifican
su dedicación laboral, teniendo que seguir asumiendo la cocina pero bajo
un cierto espejismo, que le propone una apariencia de escape, aun cuando
sigue siendo responsable de la alimentación de todos aquellos con quienes
vive. Lo que pasa es que en realidad no abandona la cocina, transforma su
relación con ella, duplicando su ritmo y reduciendo los tiempos de cocción,
porque ha encontrado en los precocidos un apoyo importante, así como con
algunas preparaciones que ofrece el mercado a costos competitivos, hacien-
do uso de ingredientes de bajo valor nutricional y con altos rendimientos que
le proponen al paladar un resumen de lo que significa comer, una variedad
que parece amplia pero que sabe a lo mismo, y que en su mayoría se hace
· Cartografía Social · 155

a partir de cereales como trigo y maíz, o de la soja por su alta asimilación


proteica y su buen rendimiento. La variedad del mercado se consigue a partir
de los mismos elementos desagregados para ampliar la oferta, de tal suerte
que nuestras comidas hoy más que nunca están llenas de maíz y soja en pri-
mer lugar, y trigo muy por debajo de los niveles de las dos anteriores, pero
igualmente superados los niveles promedios especificados para el consumo
humano, y que evolutivamente, como especie, podemos asimilar.

La dinámica de la cocina es afectada para dar la idea de una libertad que


nos plantea que otros son los que se encargan de lo que al parecer nadie se
quiere encargar. Pero no parece que sea la cocina un problema que nadie
quiera afrontar, por el contrario, la desidia, rechazo, frustración y enojo que
ha causado para las mujeres, la subvaloración del papel que allí han cumpli-
do, siendo las portadoras de un conocimiento ancestral que no se reconoce,
fungiendo como responsables directas de este espacio que no ha merecido
la suficiente gratitud de sus grupos sociales, ha terminado por llevarlas a la
salida paulatina de este espacio, reportando un vacío que no han demorado
en ocupar las grandes empresas productoras de alimentos, y que cada vez
más, se ha transformado en la respuesta suplantadora de las dinámicas de
las cocinas domésticas, con alimentos listos para servir.

El rechazo de las mujeres por el oficio de cocineras permanentes, ha gene-


rado un renglón importante para la economía y para las grandes empresas
productoras de alimento, quienes han visto en esta pérdida de valor de la
cocina para la cocinera, una oportunidad de profesionalizar y especializar la
cocina como práctica que asume una narrativa diferente, desprovista del rit-
mo doméstico y acentuada en la lógica privada del mundo empresarial.

Es menester observar que las presiones que se ejercen sobre la transforma-


ción de las mujeres instándolas a liberarse de lo que las ha condenado a
una dependencia patriarcal, no ha sido realmente un razonamiento emanci-
patorio, pues el enojo ha nublado lo que podría ser una llave maestra, que
muchos hombres han ido asumiendo a la par con las grandes empresas, al
comprender que la cocina no puede quedarse sola, y que si bien sus protago-
nistas ceden su papel, en hora buena, encontrarán un reemplazo que conoce
muy bien los alcances del poder que allí se cuece. Flaco favor entonces nos
hemos hecho al considerar que era la cocina la que nos condenaba, y no las
lógicas sociales que han desdeñado todo lo que hemos tocado.
156 · Mudanza de la comida- la cocina un territorio que se agita ·

El sometimiento de la mujer tiene como corolario desvirtuar lo que ella pro-


duce. No es pues cambiar la cocina por otra faena mientras como sujetos no
haya un reconocimiento, es hacer visible lo que ella ha realizado porque es
así como se muestra la fuerza y capacidad que allí han empeñado. Así lo cien-
tífico no tiene más peso que la cocina para el conocimiento, lo que realmente
ha sucedido es un asunto de representantes; habremos de invertir la relación
para que no sea la propia mujer quien desconozca la importancia de lo que
ha realizado. Es por eso que la mujer hoy requiere recrear los espacios donde
ha dado sentido a su vida, para pensarlos en una lógica diferente y otorgarles
la grandeza que no les ha sido concedida, de esta manera se asigna así mis-
ma su grandeza como protagonista.

Las mujeres nos hemos ido saliendo de la cocina, pero esto no solo es el
abandono de un espacio, sino de una tradición, de una fuerza, que no hemos
reparado en su grandeza, hemos dejado el espacio porque se nos convirtió
en verdugo, le hemos abandonado para que ingresen nuevos dueños con
una visión tecnocrática, y una forma del mercado que no se traduce en afec-
to sino en negocios, en industrialización. Pero hemos de advertir que cada
vez menos tenemos manejo de lo que comemos, cada vez más es un asunto
ajeno, controlado por grandes empresas dedicadas a la producción en masa.

Alimento en masa con la justificación de multiplicación de los panes, como


una fuerza milagrosa que pretende dar de comer a toda la población mun-
dial, pero que realmente produce para acumular, y generar controles pobla-
cionales en el terreno de lo político, pues en el terreno de los milagros, ya no
hay mesías salvadores sino grandes fuerzas económicas que se reservan la
lógica en la que debe funcionar el mundo. Una realidad alimentada por un
sistema económico todo poderoso, donde la cocina básica como acción pri-
maria de la protección del colectivo próximo, cada vez pierde más espacio, y
se ha ido desterrando de lo doméstico para entrar en la dinámica globalizada
de quienes comercian con todo.
· Cartografía Social · 157

Cuarto movimiento: el efecto


Matilda -la mujer sin ciencia-
En nuestra sociedad comer en la calle no ha sido una tradición, pero ha ido
ganando terreno, las nuevas generaciones ven la comida como algo que no
se controla en el espacio doméstico, sino en los restaurantes o con comidas
precocidas, listas para calentar y servir. No es una exageración plantear que
un niño/a en etapa escolar que haya habitado su corta vida en la ciudad, aun-
que también hay adolescentes que entran en este presupuesto, considera el
supermercado el productor natural de los productos que consume. Probable-
mente a su corta edad no conozca el árbol de las naranjas de donde proviene
el jugo que se toma, pero más distante del árbol, es el reconocimiento del
sabor de la fruta frente al jugo de su procedencia, o que, al reconocer entre la
fruta y el jugo procesado, prefiera el sabor del jugo procesado.

Una de las discusiones que recuerdo cuando era joven que sosteníamos en-
tre amigas, habida cuenta de que todas sabíamos de donde procedía origi-
nalmente la leche, era si preferíamos el sabor de la leche pasteurizada o de
la leche recién ordeñada, en mi generación los vítores se los llevó la pasteu-
rización, y de eso hace ya unas cuantas decenas, ahora podríamos agregar
un sabor de ultrapasteurización (leche uperizada, sometida a temperaturas
de 138°C durante unos breves segundo para conservarla por mucho tiempo
a temperatura ambiente mientras el envase esté cerrado) y sondear las pre-
ferencias de las actuales generaciones frente al sabor que consideran de su
preferencia al ingerir leche.

Sí el supermercado pretende suplantar la procedencia territorial de la comida,


no hay que ir muy lejos en la propia arquitectura actual de nuestras casas o
apartamentos. Hoy la variación del espacio de la cocina ha cambiado en su dise-
ño y en el lugar que ocupa en la casa, se amplían otros espacios en detrimento
de la cocina. Hay que reconocer que una de estas transformaciones fundamen-
tales, ha sido el integrar a la cocinera/o a los espacios de mayor socialización,
pues la cocina era un espacio muy importante de socialización pero reservado
para la intimidad, para la clandestinidad de lo doméstico, la integración a esos
otros espacios estriba en su visibilidad, en ser escuchada, pero esto tiene que
ver, cada vez más, con los usos de una cocina recreativa, no cotidianizada, y una
ocupación cada vez más masculinizada en su protagonismo social.
158 · Mudanza de la comida- la cocina un territorio que se agita ·

Hoy el tiempo de ocupación frente a la comida en lo doméstico, está marcado


por la propia estructura de la cocina como un espacio habilitado para la últi-
ma etapa de un procesamiento del que ya las grandes empresas alimentarias
se han encargado previamente, de tal suerte que todo está listo para calentar
y servir, de una manera que comprendemos como fácil, sin muchas compli-
caciones. Lo que no podemos realmente ver a través de los alimentos así con-
sumidos, es el costo que realmente estamos pagando por agotar fuentes de
agua, desnutrir suelos o secarlos; los pueblos y personas que se empobrecen
en esta maquilación del alimento procesado, de la conexión que perdemos
con la comida como base social desde que se cosecha hasta que se cocina, lo
que implica perder el rostro de quienes producen la comida, y por ello hemos
de reconocerla como comida sin rostro.

Pero volvamos por un momento a eso que ha significado la comida, es una


educación sentimental, es decir, educa los sentidos. Convenimos en que
esta manera de comprender la comida ha ido cediendo su paso a la virtuali-
zación de un escenario que distribuye el tiempo con las formas ligeras que
no me implican, donde la comida es un producto y la cocina un procesador,
con lo cual no hay espacio para la vida social, pues lo que llega contenido
en ella no me permite visibilizar a los sujetos que intervienen en su elabo-
ración, presume de marca, como la síntesis del tiempo, del espacio, como la
desaparición del sujeto.

Y de esta manera, continuemos con la mujer como el sujeto que tradicional-


mente ha ocupado el espacio de la cocina, para acompañar esta transformación
de su participación en este escenario, y de paso comprender las transformacio-
nes que ha sufrido la cocina. Podríamos con ello indicar que las descripciones
de la cocina, no deberían obviar los efectos recibidos por quienes a ella se con-
sagran, como una forma ignominiosa de no aludir a su presencia porque son
parte de la naturalización de las formas, se presume paisaje cuando una coci-
nera encuentra una formula, acude a técnicas, o resalta sabores y aprovecha
materiales, tal puede ser la importancia de la cocina de rescate, donde nada se
pierde, no hay basura de sobras, porque nada sobra, y esto sí que lo saben las
abuelas, las matronas, cocinar para aprovechar, aunque no supieran de discur-
sos ambientales, muchas cocineras comprenden el valor de cada ingrediente,
lo tazan y lo cuidan, así mismo lo consagran para que nada sea desperdicio. De
una abuela esperamos consejos alimentarios que consideramos oportunos y
precisos, pero no reconocemos en ellos ningún asomo de ciencia.
· Cartografía Social · 159

Pero tal como lo veníamos manifestando, no se pueden obviar los efectos


que reciben quienes han sido históricamente sus protagonistas, porque
cuando de historia de la cocina se habla, aparecen grandes chefs asociados
a palacios, recetarios de ilustres monjes, literatos, intelectuales, las historias
domésticas y de cocineras, en su mayoría son ilustración de un estilo menor,
ubicándonos así en lo que bien pudiera ser el efecto Mateo, divulgado por
el sociólogo Robert King Merton, en 1968, quien retomando la parábola de
Mateo se sirve de lo descrito por su esposa, una brillante socióloga, Harriet
6

Zuckerman, pero cuya brillantez no pudo sobrepasar la época de ocultamien-


to femenino, y más aún, sería ella quien recoge los datos y da vida al análisis
que sustenta Merton, lo hace a través de la sustentación de su tesis en 1965,
pero ninguno de los dos, logra evidenciar lo que serían las desigualdades
de género, solo 25 años más tarde Margaret W. Rossiter , expone los sucesos
7

que le dan luz al efecto Mateo, como una muestra palpable de la premedi-
tada ignorancia sobre el papel de la mujer en la ciencia, y cómo la fuerza
que pesa sobre el talento del esposo, iría en detrimento del ocultamiento
de quien no fuera reconocida, la mujer, una tragedia en todo el sentido de la
palabra, para quien describe su propia situación de olvido.

Aquí tenemos pues uno de esos efectos sobre las cocineras, que, no siendo
famosas, su labor enriquece a quienes ya fama cargan, para hacerlos más
grandes. Sin embargo, los efectos no se detienen. No contentos con servir a la
fama de quien ya lo es, otro fenómeno redunda sobre la cocina y la cocinera, y
este es el efecto Matilda, que se reconoce como un olvido consciente y siste-
mático de la mujer, como creadora de ciencia e investigadora, reconocido así
por la activista en pro de los derechos de las mujeres, Matilda Joslyn Gage, y
es a partir de 1993, por la misma Rossiter, que se evidencia este efecto como
una continuidad o consecuencia del efecto Mateo. Lo cierto del caso es, que,
para efectos de la cocina, lo que la cocinera hace se niega sistemáticamente,
ergo se niega la cocina como espacio científico.

6. “Quítenle el talento para dárselo al que tiene diez, porque a quien tiene, se le dará y tendrá
de más, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene”. Mateo 25: 14-30, La parábola de
los talentos.
7. El efecto Mateo y Matilda puede encontrarse de manera ampliamente desarrollado en (Mar-
tinez Mazaga, 2014).
160 · Mudanza de la comida- la cocina un territorio que se agita ·

Para nuestra vida un espacio tan habitual como la cocina, y tan próximo, es
la más de las veces, un lugar del que se quiere escapar, porque quedarse
en él, es asistir a una condena, que solo el cuerpo sacrificado de la mujer
puede asumir, así las cosas, las mujeres tan cercanas al sacrificio, no por
elección, sino por pura imposición, asumimos el destino de las cocinas y he-
redamos un espacio que poca curiosidad suele despertar. Pero esta condena
pronto señala amaneceres en libertad, cuando por efectos de la alquimia
necesariamente nos hallamos frente a un lugar que en definitivas no tiene
para nada condiciones de presidio, por el contrario, sus olores, colores, sa-
bores, imágenes, es decir, las condiciones organolépticas de la comida, nos
pondrán los pies en la tierra para reconocernos por entero, y saber que la
materia que nos constituye se debe a la comida que ingerimos, es así como
comida y cuerpo hacen de la cocinera una bruja, porque las buenas formas
de la ciencia ya están ocupadas masculinamente y oficiar de sabias para las
mujeres es asunto de brujería.

Y tal es la condición brujeril, que los artefactos, tan usados por las cocineras,
al encontrarse en el laboratorio, bastante parecido a una cocina, se transfor-
man en tecnologías de punta. Pasamos entonces de los conocimientos her-
bolarios y botánicos para la cocina, usados para las curaciones, el manejo de
materiales viscosos para salsas y gelatinizaciones, a una serie de disciplinas
que en distancia con la cocina toman un acento refinado para darle lugar al
conocimiento científico y tecnológico, reconocemos entonces rutinas médi-
cas, químicas, físicas, y tantas otras, que tienen su base en la cocina, pero que
al buscarles una mejor cuna, han mejorado su aspecto para distanciarse de
la matriz, que contiene el prejuicio de una pretendida debilidad femenina.

Quienes están en la cocina son cocineras; cocina y cocinera son acepciones fe-
meninas de la ocupación de una condición subalterna, para quienes no es po-
sible el reconocimiento científico, aunque sus procedimientos se deriven de la
observación, la experimentación, la capacidad de elaborar técnicas adecuadas
para el manejo de sus productos, ellas con mucho llegarán a ser reconocidas
como excelentes amas de casa, y es en el camino de la cocinera donde preten-
demos hacer el zoom para colar nuestra mirada con la intención de resignificar
no solo el espacio de la cocina, sino al sujeto allí presente: la cocinera.

Es decir, se trata de resignificar lo doméstico y lo femenino, porque no es


posible asumir las maneras más pomposas de excluir nuevamente a las
· Cartografía Social · 161

mujeres de un saber, cuando se pretende un escenario para chef, gourmet,


baristas, enólogo, sommelier, parrilleros, y otros tantos títulos derivados
del arte culinario de la comida francesa, también excluyente en su posición
geográfica que se ubica jerárquicamente, y que nos plantea una cocina se-
lecta, con la distinción de un paladar civilizado, exquisito. Francia deja de
ser una ubicación geográfica para convertirse en un atributo de la comida, y
en general la comida europea se convierte en la estructura culinaria para el
mundo. Se desconoce con ello las comidas vernáculas, las construcciones de
los pueblos en sus recetas.

Tal es la fuerza de la cocina francesa que destaca la guía Michelín como la


orientación de la buena cocina para los viajeros que llegaban a Francia, y
hoy son la guía internacional para valorar la alta cocina. Esta guía empieza
a publicarse en 1900 para ofrecer información y valoraciones críticas sobre
los restaurantes, hoteles y demás establecimientos culinarios de Francia y,
posteriormente, de otros países. Ha logrado ser famosa y establecer los pa-
rámetros de la alta cocina en el mundo, concediendo como reconocimientos
estrellas que califican las cocinas analizadas, según sea su calificación se les
concede una estrella, hasta un máximo de tres. Con el tiempo, la adjudica-
ción de estrellas comportaba para el local fama y prestigio, así como distin-
ción profesional para su chef, que con tres estrellas llegaba a la cúspide de
su carrera. Hemos de indicar que este reconocimiento tiene más registros
de hombres que de mujeres en toda su historia, hasta el 2018 el reporte re-
presentaba un 9,2% de quienes han adquirido una estrella Michelin desde
el nacimiento de esta guía.

En este orden, puede pensarse el fenómeno del eurocentrismo epistémico


en la cocina en los discursos que enaltecen la tradición francesa como la ma-
dre de toda la cocina.

El ocultamiento que adquieren las comidas cotidianas es proporcional al


ocultamiento cultural por las reservas contenidas en un mundo que se de-
signa como civilizado, afectando el paladar del planeta y las formas de la co-
cina-mundo, para entregar una unidad hegemónica que transforma el gusto
en función de la eficiencia productiva de los territorios donde se produce la
comida selecta, comer bien, para los estándares universales se transforma en
una condición costosa, siendo distante los centros de producción del alimen-
to de los lugares de transformación, sobre las vergüenzas construidas de las
162 · Mudanza de la comida- la cocina un territorio que se agita ·

comidas propias, se empobrece el lenguaje de referencia de la comida para


darle sentido a lo casero y local como sinónimo de empobrecido. Lo básico
y simple constituye defectos de la producción alimentaria para un planeta
que configura el sabor en los tenedores y manteles del estilismo europeo, o
lo que podríamos indicar de mejor manera como colonización del paladar.

Es por ello que reconocemos en la cocina un campo en disputa desde las


visiones públicas y privadas, donde las presiones que se ejercen contra ella,
atraviesan la dignidad de los pueblos, la autonomía y emancipación de las
decisiones por lo que comemos, que conciernen a la distancia por lo que co-
sechamos, y a la necesidad de pensarnos por qué comemos lo que comemos,
así como el gusto que pretendemos espontaneo, individual y subjetivo.

La cocina se ve como un centro de producción y no de pensamiento. Se ob-


serva lo que en ella se hace, y no se precisan los razonamientos de lo que
allí tiene cabida en construcción de conocimiento. En este tópico, la cocina
se ubica como un aprendizaje técnico, vinculado a las artes y oficios, es una
educación terciaria, técnica, vocacional, donde es el campo operativo el que
da lugar al planteamiento educativo, no pasa por una construcción teórica
que requiera un desarrollo complejo para ubicarlo en la episteme de una
disciplina en sí misma.

“Para evitar las dicotomías, que recrean exclusiones, una nueva propuesta
epistemológica exige que la comida sea analizada en el proceso, como ecolo-
gía de saberes, del modo que propone Boaventura de Sousa Santos (2007). O
sea, un abordaje en el que la comida, los saberes que circulan en las cocinas
no sean meros objetos de estudio, sino una forma de dar contenido a la co-
mida, rescatando saberes acerca de los procesos identitarios, sobre las luchas
por los derechos. Este abordaje requiere una racionalidad más amplia, donde
los olores y sabores tengan su lugar” (Gimeno & Castaño, 2015).
· Cartografía Social · 163

Un último movimiento -Acto


para ratificar la ocupación
de la cocina-
La cocina se basa en la relación entre comida-cocinera/o-espacio, donde se
dispone toda la energía transformadora para producir vida social. Frente al
individuo está el alimento, pero en su comunión con otros se dispone la co-
mida. El término comer (y comida, comensal, comensalía) proviene del latín
comedere, el prefijo com (con), alude, a compañía, aunque la manera como
se ha asumido es devorar (comer todo). Pero sí el prefijo nos da la pauta de lo
que aquí se produce, debemos indicar que la terminación edere es alimen-
tación, que, si para unos es llegar al tope de la alimentación, bien podríamos
apegarnos a la raíz, y con ello indicar como lo dice Sebastián Covarrubias
en el Tesoro de la Lengua Castellana (1995), la formación a partir del prefijo
debe señalarnos la importancia de no alimentarnos solos. Y es así como la
comida logra su expresión más auténtica, como una comunión, un encuentro
con otros para alimentarnos, lo que implica su estructura cultural y el orden
social que ella representa.

Si el alimento nos centra como individuos para la satisfacción de necesida-


des básicas, hemos de coincidir en su importancia primordial como fuente
de energía que nos genera soporte y nos propone un reconocimiento básico
del ser. Del alimento a la comida, debemos fijar el razonamiento como un
acto con otros, no podremos eludir entonces el compromiso que ello entraña,
pues se trata de salir fuera de sí para saberse en relación, y con ello atribuir a
la comida toda la existencia social que nos soporta.

Es con el alimento que podemos pensar en la vida propia, como si de un ana-


coreta se tratara, cuya base se sustenta en el aislamiento. Alimento y cuerpo
como relación del acto primario para la sobrevivencia, sin que ello implique
los órdenes que se tejen para elegir el alimento, las maneras cómo se obtiene,
la necesaria cooperación con otros para obtenerlo, lo que hace de esta situa-
ción la transformación significativa hacia la comida como fundamento social.
Pasamos entonces de la necesidad urgente del individuo de engullir para sa-
ber de sí, a las implicaciones que tiene la consecución del alimento, que de
manera evolutiva se ha soportado en el grupo, con lo cual el individuo dispone
164 · Mudanza de la comida- la cocina un territorio que se agita ·

una salida de sí, que le proporciona una transformación frente al sentido del
alimento, y con ello produce nuevamente su entrada, que nos lleva irremedia-
blemente a la comida como poblamiento cultural del individuo, al digerir ya
no solo la base material de cada alimento sino su significado social.

Entendido lo anterior como una elaboración de nuestra dinámica social, la


cocina será entonces el espacio que le da forma a nuestra cultura para llevar-
nos de la necesidad primaria del alimento como individuos, al razonamiento
de nuestra consciencia social en la comida. Es por ello que resulta importante
describir su distribución, pensar las maneras cómo se ordena, y para ello po-
demos ir contando a través de nuestra entradas y salidas a los espacios co-
munes de nuestra cotidianidad, como son las vecindades, casas de parientes,
amigas/os, nuestros propios lugares, la manera cómo se distribuyen estos
espacios, sin que los determine el diseño funcional de la arquitectura o la
propia disposición que le da forma a la casa, pues la cocina se saldrá con la
suya, o mejor podríamos indicarlo de la siguiente manera, ninguna cocina se
escapa a los conocimientos y alcances de sus cocineras/os.

Mi viaje espiritual por la cocina, abre preguntas vitales, razonamientos in-


sondables, y no es por demás mencionar que la comida no podrá constituir
algo bueno en la tradición judeocristiana, pues supone una tentación unida
al sexo y al poder, que debe ser fustigada, reprimida, por eso no halla camino
posible en la comida que se entienda como un viaje digno en el terreno de
la conciencia. Su materialidad banal encuentra muchas veces el camino del
mal, en consecuencia, es mejor asumir que todo está hecho a conveniencia
de las formas divinas, y estas formas hay que reproducirlas, para no dejarse
penetrar por preguntas que nos guían a lugares inciertos. Razón suficiente
para desmaterializar la comida y reemplazar su valor por la abstracción del
alimento del alma, lo cual constituye un ejercicio discursivo en el orden ritual.

La cocina hoy debemos pensarla como el residuo de un mundo rural que


todavía persiste ante la industrialización que se reclama urbana y en expan-
sión. Lo que tendríamos entonces que imaginar es cómo será nuestra rela-
ción futura con el alimento, qué tipo de cultura alimentaria industrial nos
proporcionará los desarrollos de nuestra base social.

El cambio en la cocina ha implicado cambio en la estructura familiar, tan rea-


cia a cambiar. El ama de casa como dadora de comida cambia su dedicación
· Cartografía Social · 165

por ser obrera, profesional, etc., en detrimento de la comida doméstica de la


cual era su obligada tributaria. Hoy asistimos a la negación de la cocina por
efectos de la negación a la imagen tipo de mujer abnegada. La narrativa que
acoge la cocina en la modernidad es antifeminista.

Cabe señalar entonces, que, de este paso por la cocina, debemos colegir que
es un terreno aún inexplorado, aunque la transformación de su estructura
hoy sea inminente, y el acceso al alimento nos proponga otras lógicas en su
organización, e incluso, en la manera como este se concibe desde las lógicas
de procesamiento en la industria alimentaria y en las formas de distribución
por las cadenas de grandes extensiones de supermercado.

Reconocer, la cocina como un espacio que produce conocimiento, nos hace


pensar en que no se puede agotar aún un lugar que no ha tenido pleno reco-
nocimiento, y donde la mujer ha generado grandes contribuciones, pasando
por una desaparición forzosa que termine sepultando la historia sin que se
haya conocido siquiera los aportes que hemos hecho de manera protagónica
al conocimiento, la ciencia y la humanización de nuestra especie.

Y, por último, la distribución de la cocina como espacio concreto de la comida,


no puede alejarse de lo que constituye su centralidad para darle funcionali-
dad a un espacio desde una perspectiva territorial que reconoce la importan-
cia del sujeto que le da forma a través de las relaciones que reconoce como
esenciales en la transformación alimentaria desde el ordenamiento social.
166 · Mudanza de la comida- la cocina un territorio que se agita ·

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168

CAPÍTULO 6
Senderear:
recorrer lo público,
transitar lo privado

Sonia Marsela Rojas Campos


· Cartografía Social · 169

El presente texto es un ejercicio de sistematización teórica, empírica y expe-


riencial en torno a una propuesta metodológica denominada “acompañar”
que desarrollé en el marco de mi tesis doctoral: Diferencia: epistemogonías y
epistemovisiones desde América Latina. Una perspectiva para pensar las Cien-
cias Sociales (2021).
1

La investigación que da lugar a este texto se llevó a cabo en la convergencia


de distintas experiencias de colectivos sociales en Colombia y Costa Rica. Co-
lectivos diversos, con luchas distintas que, en el proceso de acompañamien-
to, permitieron emerger apuestas políticas, prácticas pedagógicas y formas
colectivas de producción de conocimiento que desde las epistemologías críti-
cas derivan, como lo defiendo en la tesis, a un pensamiento de la diferencia.

Según el Diccionario de la Real Academia Española, acompañar significa por


lo menos cinco cosas:

“1) Estar o ir en compañía de otra u otras personas.

2) Juntar o agregar algo a otra cosa.

3) Existir junto a otra o simultáneamente con ella.

4) Existir o hallarse en una persona.

5) Participar en los sentimientos de alguien”.

Justamente construir una relación a partir de estar en compañía con los colec-
tivos fue la apuesta general metodológica que orientó la investigación. Así, de
estar o ir en compañía con algunas personas, poco a poco la relación devino
en coexistencia: existir con los otros, las otras y les otres hasta lograr partici-
par en sus sentimientos, historias, sensaciones, saberes. Acompañar, ir junto a
otro/a/e y construir con él/ella/elle caminos, preguntas, reflexiones y acciones.

En el marco de este proceso de coexistencia descubrí que mi apuesta me-


todológica transversal fue el tejido. Saberes previos propios y colectivos,

1. Este artículo recoge varias reflexiones desarrolladas en dicha tesis cuyo ejercicio central fue
argumentar que América Latina transita de la producción de conocimiento crítico a un pen-
samiento de la diferencia que se viene gestando desde los colectivos sociales y desde ciertas
corrientes de la academia. Doctorado en Ciencias Sociales, Universidad Nacional de Costa Rica.
170 · Senderear: recorrer lo público, transitar lo privado ·

experiencias, vivencias, insumos y distintas herramientas me permitieron


dar forma a mis reflexiones. Yo no sabía tejer, y aunque muchas veces hice
intentos por aprender, fue en un taller con Fortaleza de la Montaña (uno de
los colectivos que participaron en este trabajo) que aprendí, no solo a crear
puntadas sino el sentido colectivo que tiene el tejido. En el 2019 me encon-
tré con Elvira Espejo, teórica y artista boliviana, y entendí que tejer, además
de una práctica ancestral y colectiva, es un saber sobre la vida, la organización
social y comunitaria, sobre las definiciones que nos constituyen como sujetos
y sobre las relaciones entre lo humano y lo no humano. Así pues decidí tejer
mi experiencia de investigación.

Tejer y acompañar implicaron un ejercicio riguroso de experimentación y


construcción de la misma metodología y del proceso de investigación que
llevó a explorar, en métodos que se iban haciendo y conceptualizando en el
mismo ejercicio de investigación. En tal sentido, lo que sigue a continuación
es la reflexión de lo que significó comprender y resignificar la idea de terri-
torio y, por lo tanto, comprender el caminar como metodología para recono-
cerlo. Las luchas y acciones de los seis colectivos me propusieron la práctica
del recorrer y transitar para dar cuenta del espacio amplio de la región, el
municipio, el país así como el espacio íntimo de la casa. En ambos, lo público
y lo privado se tensionan, conviven para reconfigurarse y constituirse en par-
te de la lucha territorial.

Colectivos que caminan en


territorios diferentes
Para iniciar este recorrido, presento a continuación los seis colectivos con
quienes viví esta experiencia de investigación. No es una caracterización, sino
más bien un contexto de los sujetos que nos involucramos en este trabajo.
En tal sentido, presento la manera como los mismos colectivos enuncian su
trabajo, con el fin de tener un referente para comprender los procesos y re-
flexiones derivadas de sus prácticas y saberes Como mencioné anteriormen-
te, este trabajo se tejió con seis colectivos: tres de Costa Rica (Astradomes,
Colectiva caminando y Swio Alar) y tres de Colombia (Concupaz, Fortaleza de
la montaña e IBI Tekoa).
· Cartografía Social · 171

Astradomes es una organización de mujeres trabajadoras del servicio domés-


tico que luchan por el reconocimiento de su trabajo y el logro de condiciones
dignas para realizarlo. Sus integrantes, mujeres en su mayoría migrantes,
han construido como dinámica de trabajo el acompañamiento tanto a muje-
res en Costa Rica como a procesos de otros países y, en tal sentido, además de
trabajar al interior de Costa Rica con instituciones, colectivos y organizaciones
distintas, recorren el continente latinoamericano compartiendo sus logros,
poniendo en común sus aprendizajes, mientras se acercan a las experiencias
de otras organizaciones y colectivos.

En su página de Facebook, la Colectiva Caminando indica que: “Somos una


colectiva feminista que busca por medio del arte y las caminatas performá-
ticas generar espacios de crítica, denuncia, reflexión y sororidad” (Facebook,
Colectiva Caminando, 2018). Ellas realizan apuestas performáticas en San
José y otras regiones del país y también se vinculan con grupos distintos
de poesía, danza, teatro y radio alternativa con quienes acuerdan actividades
conjuntas de formación, movilización o circulación de conocimientos. Si bien
su sede central es San José, la Colectica se desplaza a diferentes regiones del
país y en ese caminar proponen reflexiones sobre la violencia contra las mu-
jeres pero también sobre formas nuevas de resistir y reexistir con el cuerpo,
el arte y la comunicación.

Swio Alar se nombra como “una organización de y para hombres trans en


el país. Buscamos como colectivo luchar por el reconocimiento y el ejercicio
pleno de nuestros derechos humanos con objetivos políticos, educativos y
de acompañamiento” ((Facebook, Swio Alar, sf). Ellos también pertenecen a
una red extensa que involucran a otros colectivos trans (hombres y mujeres),
feministas, nuevas masculinidades entre otros, y que, desde la academia, la
poesía, la comunicación y la incidencia en las políticas públicas llegan a mu-
chas partes de la capital y del país.

Los tres colectivos tienen en común una pregunta por el género y la manera
como se despliegan violencias cotidianas, privadas y públicas que encuen-
tran interpelaciones fuertes desde epistemologías y prácticas del encuentro,
del recorrido y del acompañamiento.

De otro lado, en Colombia me acompañé con IBI-Tekoa, colectivo que trabaja


por la promoción de hábitos amables con la Naturaleza, a través de activi-
172 · Senderear: recorrer lo público, transitar lo privado ·

dades culturales, artísticas, educativas, rituales, entre otras. El Festival a la


mama que se celebra anualmente y la Feria del Trueque constituyen las más
visibles y públicas actividades que se concentran en Sopó, Cundinamarca,
pero que convocan a colectivos de todo el país e incluso de otros lugares de
América Latina.

Las Zonas de reserva campesina son una figura legal en Colombia, que se lo-
gró después de una larga y constante lucha. Corcunpaz (Corporación Cuna de
Paz) aprovechó esa figura para mantener una historia de organización social
campesina de más de 30 años en el municipio de Cabrea. Jóvenes y adultos
llevan a cabo acciones en defensa del campesinado y de uno de los páramos
más grandes del mundo: El Sumapaz.

Finalmente, Fortaleza de la Montaña, es una asociación comunitaria juvenil


que trabaja en iniciativas y alternativas que propenden por el fortalecimiento
del tejido social y la defensa de su territorio de montaña andina y páramo:
“a través de intercambios de conocimientos tradicionales con conocimientos
científicos y un ejercicio pedagógico-gráfico intergeneracional” (Asociación
Comunitaria Fortaleza de la Montaña, Página oficial, 2018). El Festival del
Guaque y un trabajo sostenido de formación a jóvenes de últimos grados
de los colegios de Gusca, lugar en donde concentran sus acciones, así como
su activa participación en escenarios de discusión en torno a megaproyectos
extractivistas les ha permitido un trabajo mancomunado con distintas insti-
tuciones y colectivos del país.

Estos tres colectivos tienen en común la recuperación de la memoria de un


pasado campesino y ancestral así como la defensa por los territorios.

Recorrer: conocer el territorio


con los pies
En contravía del discurso moderno en torno a la razón como eje fundamental
del conocimiento –y que se ubica en la cabeza–, para muchos colectivos, en el
cuerpo y todos sus sentidos está la posibilidad de conocer: en los pies que ha-
bilitan el desplazamiento físico dentro de un espacio, y en otros órganos que
permiten recorrer los significados, símbolos e historias construidas en y para
· Cartografía Social · 173

esos espacios. Ahora bien estos recorridos tienen diversas lógicas y objetivos
dependiendo de los colectivos y sus apuestas pero coinciden en una pedago-
gía del caminar y el transitar territorios que se ensanchan y se resignifican.

La primera entrada a esta pedagogía la encontré en los colectivos que tienen


luchas territoriales para quienes la manera de conocer es, como ellos/as mis-
mos/as lo dicen, con los pies, caminándolo.

Los recorridos los hemos pensado no por la división política/administrativa


sino por… cuencas que organizan al territorio en una lógica vital que es la
del agua como principio, como columna vertebral que nos acerca a las con-
cepciones que podamos llegar a tener. Porque es vital para nosotros mostrar y
reconocer esos cuerpos de agua desde el páramo, desde las quebradas, desde
las cuencas (….) Allí nos encontramos con las personas que han tenido sus
propias reflexiones y sus propias vivencias del territorio desde esa relación
con el agua, principalmente pero también con otros….otros actores del terri-
torio”. (Fortaleza de la Montaña, Jornada de planeación recorrido a las fincas,
abril 14 de 2018)

Hay que empezar el trabajo yendo a las casas de los campesinos, el trabajo
no es completo si ustedes no caminan el territorio (risas), bueno hay lugares
que toca ir en moto por lo lejos y por lo montañoso, pero… pero lo que quiero
decir es que hay que ir a buscar a los campesinos y conversar con ellos en su
propio espacio, subir la montaña, embarrarse los pies. Ahí es en donde están
los verdaderos insumos para entender el territorio” (Comunicación personal,
recorrido hacia las fincas, abril 11 de 2019)

Sentir el territorio mientras se camina: ver el cambio de paisajes y colores,


percibir el frío o la tibieza del aire, escuchar los silencios y las bullas, olfatear
los aromas de las flores o la boñiga, trepar las altas montañas o atravesar
pequeñas quebradas, perder el aire subiendo la montaña o resbalarse en el
lodo son, para los integrantes de los colectivos con apuestas en los territorios,
la mejor manera de estudiarlo, entenderlo y comprenderlo.

Según Susana Barrera (2000), mapear los territorios ha sido una actividad
casi tan antigua como la misma humanidad; en maderos, trozos de papel y
otras superficies, el hombre ha tratado de plasmar referentes para moverse
en la tierra, en el mar o en el cielo. El mapa como instrumento de poder ha
estado al lado de emperadores, reyes y gobernantes de todos los tiempos y
174 · Senderear: recorrer lo público, transitar lo privado ·

el qué y cómo se representa el territorio se ha ido modificando a través de la


historia con el propósito de lograr la mayor precisión posible de los mismos.
También los procesos de colonización de las Américas así como el expansio-
nismo económico y político del capitalismo, contaron con la cartografía como
una importante herramienta de representación de los territorios. Sin embar-
go, la rigurosidad y cientificidad que otorgó a esta disciplina un aurea de
objetividad y neutralidad ha sido muy cuestionada en los últimos años.

La crítica que desde las ciencias sociales emergió para interpelar el conoci-
miento científico e instrumental como único, universal, objetivo y verdade-
ro, también llegó a la geografía y a la cartografía. Así, de la materialización
y objetivización que se hizo de los territorios como espacios que se podían
mapear y cuyas convenciones universales permitían su caracterización, se
ha girado a la idea de los territorios como espacio de relaciones que vincula
componentes físicos, vivenciales, históricos y simbólicos que dotan de senti-
do la manera como se les define.

El territorio entonces no es preexistente a la cultura y a las relaciones sociales


sino que es una construcción; es decir, que el territorio se produce. Según
Raffestin (2011) y Capel (2016), esa producción es el resultado de la con-
vergencia de prácticas sociales diversas (de producción, de acción política,
de circulación, de comunicación, etc.) y de actores también diversos que se
disputan no solo la posesión sino el significado de ese espacio simbólico. El
territorio es entonces histórico, se transforma y se modifica como producto
de esas múltiples relaciones afectando y cambiando también a quienes lo
habitan. El territorio produce y es producido en interdependencia con fuerzas
de diversa índole: naturales, sociales, políticas, productivas, culturales, etc.

En línea con esta misma lógica, mapear no significa solo dar cuenta de las
condiciones materiales de los territorios, sino que implica un reconocimien-
to, una resignificación de la historia y de los procesos que lo han configurado.
Frente a políticas desarrollistas que solo ven recursos, los habitantes de un
territorio ven tradición, legado, usurpación, lucha, vida, destrucción y muchas
otras cosas que materializan formas concretas de vivir y de relacionarse. Des-
de esta mirada, el territorio es un ser vivo o como lo define Arturo Escobar es
una “condición de posibilidad” que se define por las formas de relación que
se establecen entre humanos y no humanos
· Cartografía Social · 175

El territorio se concibe más que como una base material para la reproduc-
ción de la comunidad humana y sus prácticas (para el caso de comunidades
afrodescendientes en Colombia, véase Escobar, 2010a). Para poder captar ese
algo más, es crucial atender a las diferencias ontológicas. Cuando se habla de
la montaña como ancestro o como entidad sintiente, se está referenciando
una relación social, no una relación de sujeto a objeto. Cada relación social
con no-humanos puede tener sus protocolos específicos, pero no son (o son
solo) relaciones instrumentales y de uso (Escobar, 2012, p. 13).

Así las cosas, entendiendo el territorio como sujeto viviente, resulta más claro
por qué no se puede dar cuenta de él solo a través de una representación, de
un mapa, sino que su comprensión debe pasar por el cuerpo, por los senti-
dos, por los pies. Los colectivos con luchas atadas a los territorios iniciaron su
diálogo conmigo después de hacer una larga caminata, en la que se hablaba
poco pero se conocía mucho.

Lo anterior tenía varias implicaciones: percibir el territorio con todos los sen-
tidos y aprender así lo que significa para quienes viven en él; reconocer en
el recorrido los cambios, las afectaciones, las dimensiones y los aspectos ma-
teriales y simbólicos que lo componen; reflexionar, conceptualizar, expresar
el territorio a partir de la experiencia. No solo los campos, veredas, calles o
senderos, sino las propias casas, fincas, de quienes los habitan hacen par-
te de estos recorridos. Para dar solo algunos ejemplos, con Fortaleza de la
Montaña tuve caminatas de hasta cuatro horas seguidas, en medio de espe-
sas neblinas propias de las madrugadas en zona de páramos, porque debía
acompañar a los lecheros desde su ordeño hasta llevar su producto al centro
de acopio. Con Corcunpaz tuve jornadas también muy largas para llegar a
escuelas perdidas entre la espesa montaña y así comprender las travesías de
niños/niñas y jóvenes para acceder a la educación; con IBI-Tekoa recorrí las
veredas y realicé la caminata ecológica hacia el Monte Pionono para sentir
a “la Pachamama”; con la Colectiva Caminando, fui a varias de sus apuestas
en las calles de San José y viajé hasta Hojancha para dimensionar y ver su
trabajo; con Astradomes, fui a las casas de algunas de las integrantes de la
organización, estuve en la sede y participé en varias de sus actividades en
diferentes puntos de la ciudad.

En todos los casos, desplazarme a los espacios en que se llevan a cabo las acti-
vidades me permitió sintonizarme con sus territorios, reconocerlos, percibirlos
176 · Senderear: recorrer lo público, transitar lo privado ·

y generar unas sensibilidades en torno a ellos. Muchos de estos asuntos no los


entendí en su momento, sino en escenarios diferentes o incluso en la organiza-
ción y sistematización de los audios. Particularmente, con Siwo Alar y Astrado-
mes, no había realizado esta reflexión porque no recorrí con ellos ningún terri-
torio específico como parte de la investigación; sin embargo, en la revisión de
mis diarios de campo y de las grabaciones me di cuenta que el encuentro con
Carmen en la sede de Astradomes, con Rosita en su casa o en algunos de los
2

eventos de la Asociación, así como mi llegada a la casa de Jean para encontrar-


3

me con Siwo Alar, me permitieron, como extranjera, familiarizarme y reconocer


lugares de San José que no habría conocido e incorporado a mi experiencia de
no haberme desplazado a ellos. Esta relación con el espacio me ayudó a redi-
mensionar, por ejemplo, el tamaño de San José que, en principio, me parecía
pequeño, pero también a darme licencias de cómo y por dónde moverme, no
solo para encontrarme con los grupos, sino para mis momentos de ocio en la
ciudad. Esta idea de “caminar” es central para algunos de estos colectivos que
han hecho una conceptualización –para decirlo en lenguaje académico– de lo
que ello significa:

Caminar el territorio es fundamental. No es lo mismo que trabajarlo y habitar-


lo. Caminar es una relación directa con la naturaleza. También hay un vínculo
con la memoria. Al caminar se trabaja, entiende, y defiende la tierra y se hace
por amor, no porque toca, sino porque sinceramente nace. Si no se camina ni
se trabaja, es muy difícil entender el territorio. Para nosotros, hacerlo es parte
del trabajo que hacemos con los nuevos integrantes, pero también con los
y las investigadoras y se ha convertido en fundamental para el trabajo que
hacemos con los chicos de servicio social del estudiantado . Los viste en la
4

2. Rosita es la fundadora de Astradomes y a pesar de su avanzada edad sigue activa en la Aso-


ciación. Carmen es la actual presidenta dada su larga trayectoria en la Asociación.
3. Jean junto con Mike y Tomás son los fundadores de Swio Alar.
4. Como parte del Programa Alianza para el Progreso (1972), en Colombia se implementó el
Programa Nacional de Alfabetización, que buscaba abolir el analfabetismo en personas ma-
yores que nunca habían accedido al sistema educativo. Además de personal capacitado en la
educación para adultos, se vinculó a jóvenes de último grado de educación básica (grado 11)
para acompañar este proceso. Cuando se alcanzaron las metas de alfabetización, este acom-
pañamiento de los llamados “estudiantes de 11” se convirtió en el servicio social del estu-
diantado, el cual consiste en una actividad obligatoria de mínimo 80 horas, que debe hacerse
en una comunidad, organización, institución o proyecto social y es requisito para graduarse
(Resolución 4210 de 1992) y ratificado en la Ley 115 o Ley General de Educación (1994).
· Cartografía Social · 177

salida, puede que lleguen con pereza a cumplir, pero después de terminada
la jornada es como si hubieran descubierto algo, están diferentes y nosotros
aprovechamos esa sensibilidad que abre esas caminatas, para ponerlos en
otras sintonías con el territorio. (Fortaleza de la Montaña, comunicación per-
sonal, Prada, octubre 17 de 2019)

Una actividad obligada es la caminata al Pionono. No solo conlleva la idea


de reconocer el paisaje y ponerse en relación con la Pachamama, sino que
es un medio, diría yo, un medio de entender, de aprender, de… disponer la
mente para el aprendizaje. Solo con discursos y con conferencias no es po-
sible generar sensibilidades, es vital caminar, subir, sentir el frio y el viento
de la montaña. Caminar es como…. un aprendizaje en sí mismo. (IBI-Tekoa,
comunicación personal, Juan Carlos, junio 17 de 2018)

Para la Colectiva Caminando y para los tres grupos que trabajan en torno a
luchas por el territorio, “caminar” es además un medio, un método de apren-
dizaje que vincula las sensaciones –lo que se percibe a través de los sentidos–
y los ejercicios de racionalizar, reflexionar, verbalizar el territorio.

Cuando pensamos en el nombre de Colectiva Caminando, usamos el caminar


como metáfora y realidad. De un lado, alude a nuestros caminos y tránsitos
para entendernos mujeres empoderadas y liberadas de experiencias de abu-
so pero de otro significa ocupar los espacios con nuestros cuerpos, recorrerlos.
Estar en la calle, incomodar con nuestras caminatas, con las consignas, con
los atuendos; apropiarnos de lo público para expresar lo privado. (Colectiva
Caminando, comunicación personal, octubre 13 de 2017)

Muchos jóvenes no conocen en donde viven. Cuando hacemos los recorri-


dos con los chicos de servicio social del estudiantado, les preguntamos cosas
como si saben en dónde queda la finca de la señora Anita, si saben cuál es la
zona de mayor producción de leche, si identifican la ruta de la lana, en fin…
pero muchos solo conocen el pueblo y si acaso el camino a la finca de sus
padres o familiares… Con decirle que conocen más la ruta a los rumbeaderos
de La Calera en Bogotá . Por eso, una de las primeras actividades que tenemos
5

es la caminata, son varias caminatas que no solo nos permiten reconocer eso

5. La Calera es un municipio cercano a Bogotá y paso obligado antes de llegar a Guasca. Por su
ubicación, se ha constituido en un mirador y, por lo tanto, un sitio turístico de Bogotá en torno
al cual se han configurado una serie de bares y sitios para bailar (rumbeaderos) muy costosos.
178 · Senderear: recorrer lo público, transitar lo privado ·

que está en los mapas, sino particularmente a sus pobladores. En los pies se
comprende el territorio porque ellos nos llevan a explorarlo y con el olfato, la
vista y el oído nos apropiamos de él. (Fortaleza de la montaña, comunicación
personal, recorrido por fincas, mayo 5 de 2018)

Una de las premisas de Fals Borda en torno al sentipensar se sustentó en reco-


rrer los espacios y los territorios. Los campesinos caminaban, navegaban con
el sociólogo y le mostraban los lugares, lo que hacían en ellos, al tiempo le
decían lo que pensaban de la vida y su entorno. Mientras se recorría, los agri-
cultores o pescadores sabían si estaba o no preparada la tierra para trabajarla,
si el mar estaba “picao”, si iba a llover… Todo esto lo sabían porque “olían la
lluvia” o “sentían la furia de las olas”. De hecho, Fals Borda reconoce que el
concepto de sentipensar se deriva de esta práctica de los campesinos, quienes
van reflexionando a medida que realizan sus labores y caminan sus territorios.

Transitar: la casa como vínculo


entre lo público y lo privado
La idea de desplazarse y recorrer no solo tiene que ver con los grandes territo-
rios ya mencionados, sino que involucra otros espacios. Como vimos anterior-
mente, el concepto del territorio como sujeto viviente ha implicado ampliar
su comprensión. En países como Colombia, en los cuales la guerra genera-
lizada ha acabado con la vida de miles de personas, se levantaron voces en
torno a generar nuevos espacios de protección. La escuela como territorio de
paz logró en muchos casos acuerdos para que en ella no entrara la guerra,
sino por el contrario, facilitara diálogos y espacios de convivencia.

En las décadas de 1970 y 1980 se hizo famosa la consigna: “La Escuela Es


Territorio De Paz”. De hecho, en los lugares más visibles de instituciones edu-
cativas en campos o ciudades, se colocaron vallas o se pintaron murales que
anunciaban una campaña en favor de la escuela como un territorio neutral en
medio de la guerra. Como campaña, el gesto visible al público anunciaba el
reclamo generalizado de respetar el Derecho Internacional Humanitario, y se
colocaba allí, con la intención de hacer un llamado a quienes participaban de
la guerra, para que no involucraran los espacios interiores de las escuelas en
los actos de confrontación. (Ávila, 2019, p. 29)
· Cartografía Social · 179

Las escuelas significaron un nuevo territorio simbólico que salvaguardaban


la vida y permitían un escenario de negociación. Un territorio dentro de otro
territorio que albergaba la diferencia, pero también la tradición de homoge-
nización de la educación occidental. Un espacio de silencios y de violencias
sutiles que se desvanecían ante la crueldad de la guerra pero que podían ser
igualmente devastadoras para sus habitantes. Así, entre la tensión de huir de
la violencia política y las llamadas micro violencias de la escuela, se constituyó
un nuevo campo de estudio: la escuela como territorio, con sus fronteras físi-
cas y simbólicas, sus usos, sus dinámicas y sus relaciones internas y externas.

En una orilla muy diferente, la evidencia de un fenómeno llamado femicidio


(en Costa Rica, y feminicidio en otras partes de Latinoamérica) ponía de ma-
nifiesto que la casa, el hogar, se había convertido en un territorio de violencia
para las mujeres y para las niñas y los niños. Los índices de violencia dentro
de la familia alarmaron a la sociedad y se puso en debate público la existen-
cia de una especie de “tierra de nadie” gobernada por conductas patriarcales
y machistas, que perpetuaban abusos y asesinatos.

Inspiradas en la expansión del concepto de territorio, los movimientos femi-


nistas empezaron a poner en el debate público el hogar, la casa, la familia
como un territorio íntimo y privado que requería ser intervenido cultural y
socialmente para transformarlo. Así, la función principal de protección y re-
fugio asignada a la vivienda/casa y que Hanna Arendt (2001) denominara
“fenómeno pre-político, característico de la organización de lo privado” (p.
45), quedaba expuesta y cuestionada por prácticas autoritarias, casi siempre
de los padres o de los hombres de la casa hacia las mujeres o los/as más
chicos. También en su interior se reconocieron dinámicas, fronteras, prácticas
que dialogaban con el espacio más general. En ese marco se propuso pensar
en la constitución histórica, simbólica y cultural de ese territorio privado.

Con los dos ejemplos anteriores, se puede apreciar que el concepto de te-
rritorio se expande y permite encontrar relaciones entre lo micro y lo macro,
entre lo público y lo privado, entre lo local y lo global. Justamente, estas di-
ferentes formas en que se lee el territorio se hicieron palpables, en los seis
colectivos que participaron en esta investigación, para quienes el espacio de
la casa, de un lado, y el del cuerpo, de otro, se constituyen en territorios que
también se pueden recorrer.
180 · Senderear: recorrer lo público, transitar lo privado ·

Se trata de construir formas nuevas de relacionarnos, cómo a pesar del can-


sancio, del hambre, de lo que genera cada una de estas actividades no per-
demos la afectividad, la alegría, la vitalidad. Es una forma de estar individual,
colectiva y políticamente. Una forma diferente de acompañarse que no se
exige que se siga a alguien, que no es olvidar a las personas, colocar a una
colectividad que puede ser muy bello, muy hermosa, pero poner la colectivi-
dad por encima de las personas, de los intereses individuales… no es eso de
“le debes a la colectiva”. Construimos lugares seguros, lugares en los que se
discute y se activan dolores y que se dicen cosas, ¿verdad?, pero sientes que
no se va contra ti, es ante todo un lugar que te protege, un lugar seguro. Y
esto no es que ya está o estaba porque lo pensamos y ya, se hizo un espacio
seguro, No. Eso también se construye. Son espacios en los que hay espacio
para actividades individuales pero también colectivas y ambas se llevan con
el mismo compromiso. Somos cercanas, como hermanas y no es que nos vea-
mos seguido pero se construyen esos sentimientos, esos lazos. En casa de
Meli, en la de Laura, o en la sala de ensayo nos acuerpamos, nos encontramos,
nos pensamos. (Colectiva Caminando, reunión grupo, octubre 13 de 2017)

En este caso, la propuesta tiene que ver con reconocer su casa: espacio íntimo
y público a la vez, porque allí viven la vida cotidiana con sus familias, sus pare-
jas, sus amistades, pero también se abren al encuentro con sus pares, con sus
cómplices, con quienes comparten sus luchas. El territorio es tan grande como
la ciudad imaginada de la que me hablan desde el sofá de sus casas o como
el pueblo o país que dejaron y sobre los cuales se tienen recuerdos y apegos;
también puede ser tan pequeño como su casa, esa que se transforma o adecúa
para recibir, ensayar, conversar, acoger, aprender, administrar, respirar o sen-
cillamente abrazar y escuchar. Aquí no tuve largas caminatas pero sí extensas
jornadas de conversación, de preparación de guiones, de revisión de compu-
tadores, de compartir cenas, de alistar materiales y de conexiones solidarias.

Así como recorrer el territorio con los pies se constituye en metodología para
comprenderlo, aquí también se transitan las vidas. Son maneras de hacer
que generan cercanías, solidaridades y complicidades. Más que los pies, en
este transitar los territorios del cuerpo y del espacio íntimo/público son los
ojos, los oídos, el olfato y hasta el gusto los que dan cuenta de discursos, ex-
periencias, actitudes pero también de dolores, frustraciones, alegrías, triun-
fos, cicatrices, tensiones. En este caso habitar la casa y reconocerla es también
recorrer el territorio:
· Cartografía Social · 181

Después de un desconocido viaje desde el centro de Sopó, llego a la “La Bo-


hemia”, lugar de encuentro con Natalia…. Una vez Natalia me abre la puerta,
me conduce hasta la habitación en donde vive con su hija y su compañero,
justo a mano izquierda. En el quicio de la puerta hay un letrero con el símbolo
de IBI-Tekoa “Aldea de la Tierra”. El cuarto es pequeño y a su interior hay otro
cuarto que funge como closet. Hay tres muebles en la habitación: una cama
doble, un tocador y una cómoda pequeña. Se ve por todo el cuarto, ropa de la
niña y sobre el tocador los pañales ecológicos a los cuales dirijo mi atención
tan pronto como los veo. Natalia me enseña uno de ellos: tiene la forma de
un pañal solo que el lugar de absorción es removible pues se trata de una
tela parecida a la toalla que cubre una buena parte del pañal y que se cambia
para lavarse una vez ha sido usado. En esta época de lluvia, me dice Natalia,
representan un pequeño inconveniente pues demoran en secar y si no tienes
suficientes, pues te quedas sin pañales. Esa es la razón por la cual tanto la
ropa como los pañales de Violeta invaden el cuarto.

Saliendo del cuarto y manteniendo el camino a mano derecha de la finca,


encontramos un tendedero que está ocupado en su totalidad por ropa de la
niña. Siguiendo esta dirección, Natalia me lleva a conocer la bodega en don-
de han venido guardando todas las cosas que les regalan para reciclar: llan-
tas, cartón, las botellas plásticas, madera vieja, varillas y rieles de metal, ropa
usada, muebles en mal estado, en fin lo que yo llamaría chécheres. Contigua
a la bodega está la huerta, en la que se ven claramente tres espacios grandes
uno de verduras, otro de maíz negro y otro de plantas aromáticas. Desde aquí,
Natalia me enseña en donde está el espacio para el abono orgánico. (IBI-Te-
koa, diario de campo, septiembre 14 de 2018)

Carmen me lleva hasta la casa de Rosita, quien me está esperando. Es una


casa de dos pisos, grande a mi vista. Entramos y Rosita me recibe con mucha
amabilidad, me invita a sentarme en el comedor me ofrece un café y luego se
dispone a que hablemos… –¡Ay Dios mío! La historia mía es muy larga– y con
esa frase comenzamos una charla de más de dos horas.

Al terminar me lleva a un cuarto que, según sus palabras, funciona como


una oficina secundaria de Astradomes. Como Rosita, por su edad, no siem-
pre puede ir hasta la sede, su sala, comedor y este cuarto se vuelven sitios
para reunirse con las afiliadas más comprometidas. En esta casa se definen
eventos, participaciones, actividades y viajes. El cuarto que me enseña efec-
tivamente luce como oficina, se ven unos trofeos sobre los cuales pregunto.
Son reconocimientos a Rosita de los que ella se siente muy orgullosa. La casa
182 · Senderear: recorrer lo público, transitar lo privado ·

es entonces un híbrido entre lo privado: Rosita, sus hijos, su vida sencilla de


mujer mayor, y lo público: las asociadas con quienes planean la siguiente ca-
pacitación, el siguiente paso de la organización. (Astradomes, Comunicación
personal, Rosita, noviembre 29 de 2017)

En los dos casos anteriores es muy claro como la vida personal (privada) abre
espacio para la del colectivo (lo público); entre pañales y trofeos emergen
materiales y dinámicas de lo que se hace con la comunidad o con los inte-
grantes del grupo. No hay una línea tajante que divida los dos escenarios,
quizás porque en realidad no existe, o por lo menos no para quienes han
encontrado con el colectivo una apuesta para la vida.

Aunque esto pueda parecer obvio, no lo es tanto, porque en los colectivos


con organización más formal o más institucionalizada, el lugar de los en-
cuentros es la sede, el centro de operaciones. La sede propone una lógica
diferente de relación centrada en la información, en muchos casos marcan-
do distancia y jerarquías. Por ejemplo, el acercamiento a los sindicatos suele
hacerse a través de sus directivas, en sus oficinas (desde las más sencillas
hasta algunas más lujosas); las cabezas visibles del sindicato permiten o no
el encuentro con otras personas de este y se constituyen en el puente para
lograr ese contacto, el cual, generalmente, suele llevarse a cabo en la sede.
Estas dinámicas de organización más verticales que, en mi opinión incorpo-
ran lógicas de la organización social moderna (jerárquica, institucionalizada,
controladora, etc.) también dan cuenta de la manera como se establecen las
relaciones, la división de los espacios y por lo tanto de como se entienden los
territorios. Por el contrario, los colectivos a los que aludo en esta investiga-
ción, entienden su hacer distanciándose e interpelando esas formas de orga-
nización tradicionales y se vuelcan a formas más horizontales que privilegian
el encuentro antes que la autoridad.

Mostrar los cambios de los cuerpos o sus cicatrices, hablar de las heridas o
experiencias funestas, discutir y reflexionar en torno a un proyecto o una ac-
tividad, construir posturas, agitar la palabra o los silencios son otras maneras
de recorrer el territorio; en este caso, uno que pareciera más pequeño y limi-
tado, pero que en realidad es tan amplio y complejo como cada experiencia
de vida y como cada actividad que se desarrolla. Se mueven mesas para abrir
espacios, se adecúan sillas o cojines y se improvisan meriendas para pasar
6
· Cartografía Social · 183

las jornadas de trabajo y generar las condiciones del recorrido, ese que inicia
con una historia o con una idea.

Llevo conversando más de dos horas con Mike, Tomás y Jean y les digo que
debo salir ya, pues tenía otro compromiso. Ellos me invitan a quedarme, pues
hoy es una reunión del grupo, vienen varios chicos a tomar birras. Yo lo dudo,
pero decido llamar para cancelar mi compromiso. En un instante, la mesa del
comedor se corre contra una de las paredes, se sacan más sillas que se dispo-
nen a izquierda y derecha del sofá, la compañera de Jean saca una bandeja
con pasabocas y Mike dice que en la nevera hay cerveza fría. Yo ayudo en lo
que veo que puedo. Alcabo de un rato -ya eran como las 8 de la noche-, llega
un chico con su compañera y se saludan muy amistosamente con Jean y Mike,
luego me presentan. Después fueron llegando más personas algunas solas,
otras en compañía, hasta que sumaron unas diez. Se aplaudían el hecho de
que habían subido de peso, tenían barba, perdían cintura y comentaban so-
bre cómo les estaba yendo con sus hormonas. Debo decir que me perdí en
muchos momentos de la conversación, hay un lenguaje, unas convenciones
que son tan propias no solo del grupo, sino que están atadas a su vivencia per-
sonal que no logro entender… supongo que será un tema de conversación
con el grupo. (Siwo Alar, reunión del grupo, noviembre 6 de 2017)

Después de un viaje de 20 minutos en moto y montaña arriba, llegué a la


finca de don Delio. Él me hizo sentar en una especie de comedor externo
en el que había una silla de mimbre y una mesa cuadrada de madera que
daba contra la pared. Allí comenzamos la entrevista. Mientras conversamos,
doña María (esposa de don Delio), ha estado barriendo, alimentando gallinas
que recorren el espacio, ella entra y sale de la cocina. Al cabo de una hora
aproximadamente, la señora María nos alcanza aguadepanela caliente con
queso y una mogolla campesina , ella nos dice que la tomemos ya porque
está –“Apenas para el frío” – (…) Cuando terminamos, don Delio nos enseña
algunas partes de la finca: donde tienen dos vacas, un huerto y unos cultivos
de fríjol. Steven me dice que es importante estar en su casa porque él ya no
sale al pueblo, pero que esa casa es histórica, pues fue la primera que tuvo
teléfono y, por eso, en tiempos de la lucha campesina con Juan de la Cruz,
era un sitio estratégico para avisar de llegada de políticos o de guerrilla. La
casa se configuró como una especie de centro de comunicaciones que sirvió

6. En Costa Rica, meriendas, picaritas o snacks; en Colombia, mecato, pasabocas o refrigerios.


Se refieren a alimentos ligeros que se ingieren entre comidas para calmar el hambre.
184 · Senderear: recorrer lo público, transitar lo privado ·

a la lucha campesina (Corcunpaz, comunicación personal, recorrido hacia las


fincas, abril 11 de 2019)

Transitar la vida, recorrer las experiencias como un saber/hacer que se ha


constituido en un modus operandi de los colectivos, el cual no se lleva a cabo
exactamente de la misma manera, pero que se entiende fundamental para
acoger y para la cohesión del grupo. Recibir en la casa es un sinónimo de
recibir en la vida y, por lo tanto, de estar dispuesto a tejer relaciones que van
más allá de lo instrumental. Abrir las puertas de la casa es abrir las puertas a
la intimidad, y eso significa configurar afectos que autorizan para recorrer la
vida misma de quienes hacen parte del colectivo. En otra investigación cono-
cí a TransColombia, en donde la casa de una de las fundadoras era refugio,
protección y “aula” de aprendizaje, pues en ella se llevaban a cabo ciertas
acciones con seguridad y sin miedo a ser lastimadas (maquillarse, entaco-
narse, aplicarse las inyecciones, supervisar la pérdida de cintura), mientras
se aprendía a salir a la calle. La casa permitía el cambio corporal paulatino y
con él los inicios de nuevos caminos. Con estas experiencias se borran o se
resignifican los límites y las fronteras entre lo que está adentro y lo que está
afuera porque

(…) el territorio no es algo anterior o exterior a la sociedad. Territorio es


espacio apropiado, espacio hecho cosa propia, en definitiva el territorio es
instituido por sujetos y grupos sociales que se afirman por medio de el. Así,
hay, siempre, territorio y territorialidad, o sea, procesos sociales de territoria-
lización. En un mismo territorio hay, siempre, múltiples territorialidades. Sin
embargo, el territorio tiende a naturalizar las relaciones sociales y de poder,
pues se hace refugio, lugar donde cada cual se siente en casa, aunque en una
sociedad dividida. (Porto-Gonçalves, 2009, p. 127)

En Fortaleza de la Montaña se dan algunos matices a esta comprensión de


la casa como territorio pues, algunos de sus integrantes llevan a cabo cier-
tas actividades del colectivo en espacios de su vivienda. Por ejemplo, en la
casa de Víctor, se hizo el taller de globalización y preparación de chicha tra-
dicional; en la casa de Andrea, en el último piso en un cuarto en obra gris,
funcionan las reuniones semanales de los sábados y a este espacio le llaman
la Guacacueva (Guasca y cueva en clara alusión a la Baticueva de Batman).
Este cuarto del último piso y el antepatio de la casa de Víctor sirven a estos
propósitos de reunión, manteniendo una diferencia entre el espacio privado
· Cartografía Social · 185

(de las familias que lo habitan) y el público (como aula o salón de reuniones),
aunque es evidente que niños/as, abuelos, padres y madres se “asoman”
para ver qué están haciendo e incluso se vinculan a algunas actividades de
las que allí se planean.

Sin embargo, el espacio habitado (que ellos/as traducen constantemente


como la finca) es un referente de suma importancia para el trabajo de For-
taleza. Desde el comienzo fueron insistentes en que debía ir a la casa de los
campesinos para conocerlos, tomar bebidas calientes en sus comedores o
mientras se recorre el huerto; ir a la finca tiene un carácter profundamente
pedagógico. De hecho, entre las actividades que Fortaleza desarrolla con las
y los chicos del servicio social del estudiantado, están las salidas a las fincas
y huertos del municipio, para propiciar el encuentro de los estudiantes de
secundaria con sus maestros: los campesinos.

La entrevista era con doña Cristela, pero al poco tiempo de iniciar llegaron
don José y don Pablo, quienes se disponían a clasificar papas, pero se unieron
a la conversación. La casa es muy grande y tiene la organización de las casas
campesinas antiguas: un patio central en torno al cual se disponen muchas
habitaciones, en este caso seis, y se ve una cocina y un baño. La mesa que está
en el centro es rectangular y muy grande. En ella hay parte de los germinados
que están explorando y trabajando. En el suelo, a mano izquierda y sobre cos-
tales, hay tendidas un montón de papas, que servirán como semillas que han
estado rescatando. Así, la casa es lugar de encuentro y de trabajo tanto de la
organización como de doña Cristela y sus hijos.

La casa de doña Cristela es uno de los espacios que Fortaleza visita con los
estudiantes de servicio social del estudiantado, allí ella y su hija mayor reci-
ben a estos chicos y les enseñan a reconocer algunas de las semillas que han
rescatado y también les enseñan sobre el proceso del germinado. La casa está
dispuesta para ver el proceso y aprender cómo se lleva a cabo este proceso.
(Fortaleza de la Montaña, comunicación personal, Cristela, campesina que
tiene proyecto de germinados, septiembre 23 2018)

Sumado a lo anterior, Fortaleza buscaba con ilusión un espacio al que se re-


ferían como “la casa”, para concentrar muchas de las actividades que hacían.
Efectivamente, negociaron en las afueras del pueblo una casa en ruinas, que
me llevaron a conocer, para que me conectara con este que se constituía en
su nuevo proyecto, su nuevo sueño compartido. Efectivamente se llevaron a
186 · Senderear: recorrer lo público, transitar lo privado ·

cabo mingas para recuperarla. No se trata solo de un espacio físico, se trata


del lugar en el que esperan que confluya su diversidad: la oficina de asesoría
contable que tienen dos de sus integrantes para que no paguen arriendo en
el local del pueblo, el espacio de encuentro de Fortaleza la Guacacueva), la
tienda campesina que han consolidado con la comunidad, un espacio para
eventos culturales y un “hotel” para recibir a los parches que vienen a visitar-
los para apoyar actividades. Un territorio de acción política y de resistencia
pública por y para el territorio.

En las ciudades pensar en el territorio es una tarea urgente. En ellas, tanto


su organización como ritmo de vida nos han despojado de la capacidad de
sentir el territorio, de habitarlo y de apropiarlo; por ello, la casa se constitu-
ye en un escenario importante para recuperarlo, para devolverlo al cuerpo,
particularmente cuando se entiende como espacio político y de construcción
de lo público. En lo rural todo es territorio producido y que produce, tensión
permanente entre quienes lo viven relacionalmente y quienes lo usan y lo
objetivizan. Ahora bien, tanto en lo rural como en lo urbano, sea el territorio
extenso y amplio que vincula lo humano y lo no humano o sea la casa que
vincula la experiencia y el cuerpo, la propuesta es sentipensarlo: recorrerlo y
transitarlo con los pies y con los sentidos.

En definitiva los colectivos sociales contemporáneos que producen conoci-


miento de la diferencia y desde la diferencia, invitan a senderear el territorio
“echar por los caminos, trochas sendas o calzadas extraordinarias en la ma-
nera de actuar, discurrir y obrar.” (Diccionario de la Real Academia Española,
Edición 2020). Senderear implica la acción, el fluir (discurrir) y el obrar; es
decir, nos lleva a la idea del movimiento por “calzadas extraordinarias” que
mueven también el pensamiento. Senderear como sentipensar: apropiar el
mundo con los sentidos a partir de recorrerlo, de sentirlo, de vivirlo.
· Cartografía Social · 187

Bibliografía
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dagógico y el Proyecto Educativo y Pedagógico Alternativo. En: J. Olim-
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Raffestin, C. (2011). Por una geografía del poder. Yanga Villa Gómez Veláz-
quez (trad.). México: El Colegio de Michoacán
188

CAPÍTULO 7
Cartografía del
rock bogotano en
tres movimientos1

Daniel Aguilar Rodríguez

1. El presente trabajo no habría sido posible sin la colaboración de los estudiantes de Co-
municación social de la Universidad Externado de Colombia que participaron de la práctica
investigativa llamada Cartografía Social del Rock Bogotano entre 2018 y 2021. Especial agra-
decimiento por su incansable compromiso en el proyecto.
· Cartografía Social · 189

Resumen
Durante un período de tres años, se adelantó el proyecto de investigación
“Cartografía del Rock en Tres Movimientos”, con el fin de mirar la relación del
rock desde cuatro categorías básicas (creación, gestión, consumos e identida-
des) en la ciudad de Bogotá.

Los tres movimientos que son señalados en el título responden a tres mo-
mentos históricos en los que el rock adquirió cierta relevancia en la vida de
la ciudad. El primero de ellos, su llegada en la década de 1960 y su desapa-
rición mediática a mediados de los 70. El segundo movimiento referencia
el surgimiento del llamado rock en español y la emergencia de una escena
conformada, principalmente, por jóvenes de clases altas. Finalmente, el ter-
cer movimiento se centra en la década de 1990 en donde hubo una gran
explosión de bandas, conciertos, sellos independientes y por supuesto las
audiencias, en tanto consumidores, hicieron de este un momento histórico
para la ciudad.

En la elaboración del proyecto se llevaron a cabo entrevistas a profundidad


con 55 personas, entre las que se encuentran músicos, gestores y seguidores
de las bandas nacionales, siguiendo un muestreo por bola de nieve, el cual
permitió establecer de manera puntual la relación entre el rock y la ciudad de
Santafé de Bogotá y representarla en unos mapas que dan cuenta de dichos
espacios y momentos.

Preludio (Pianissimo)
El rock aparece en el panorama colombiano a finales de los años 50, cuando
las disqueras de música tropical se dan cuenta de que el mercado anglosajón
hacía un giro significativo hacia esa música que en su momento denomina-
ron Rock n’ Roll. Orquestas como Los Golden Boys, Carlos Román y su sonora
vallenata o los Bobby Soxers (Celnik, 2018), así como también los Daro Boys
y los Pelukas, en Bogotá, hacen unas primeras aproximaciones a esos ritmos,
pues contaban con músicos y con los instrumentos para lograr hacerlo de
una manera incipiente, mezclándolo de entrada con los ritmos propios de la
música que ya interpretaban.
190 · Cartografía del rock bogotano en tres movimientos ·

Sin embargo, llega a Bogotá por medio de la radio, que ya empezaba a desti-
nar espacios para la audiencia juvenil. Espacios en donde se emitía la música
que los jóvenes de otros países escuchaban y seguían. Nombres como Elvis
Presley, Chuck Berry o Little Richard se hicieron conocidos por el público ca-
pitalino. Sin embargo, la estocada final la darían los Beatles, cuya influencia
determinó enormemente la consolidación de las primeras bandas de jóve-
nes dedicadas al rock n’ roll. Así aparecen bandas como los Yetis (Medellín),
los Speakers y los Flippers, estas últimas de Bogotá, como agrupaciones que
emulaban la estética y la interpretación musical del cuarteto de Liverpool.

Lo que en principio se asumió por parte de los sectores más conservadores


de la sociedad como una manifestación pasajera de la rebeldía de los jóve-
nes se quedó en el país y, específicamente, en Bogotá. Se estableció en unos
puntos muy concretos para el encuentro de los jóvenes que ya comenzaban a
identificarse como “modernos”, por su gusto por la música de guitarras eléc-
tricas e iniciaban su coqueteo estético con colores que la fría ciudad no estaba
acostumbrada a ver ni vestir.

Bogotá era como una ciudad en blanco y negro. Todo el mundo vestía de ne-
gro, azul, gris o café, súper aburridos. Pero cuando llegaron los jóvenes mo-
dernos, trajeron los colores y fue un cambio maravilloso.
Tania Moreno, comunicación personal, marzo de 2018

Durante los siguientes años, el rock n’ roll tomó relevancia en la radio y la


incipiente televisión nacional. Se crearon espacios destinados específica-
mente para los jóvenes y su gusto por la nueva música (Celnick, 2018). Se
hizo, incluso, una gira a nivel nacional que llevó a los artistas del momento a
la mayor cantidad de ciudades del país, consolidando así una escena que se
fue fortaleciendo.

[…] era un hermano de Botero, quien organizó las giras llamadas MILO A
GOGÓ. Y llegaban todos los jóvenes de la ciudad que llegáramos. Si en el
coliseo cabían dos mil personas, afuera quedan otras 5 mil que no alcanzaban
a entrar. Eso fue la locura.
Jorge “K-Che” LaTorre, Roadie de Los Speakers, comunicación Personal, abril
de 2018.
· Cartografía Social · 191

Sin embargo, a mediados de la década de 1970 el auge de la salsa, y poste-


riormente del merengue, condujo a que los espacios mediáticos destinados
al rock fuesen desapareciendo para dar paso a los ritmos tropicales que toma-
ban cada vez más fuerza.

A principios de la década de 1980, con la aparición del canal MTV, la músi-


ca rock tuvo una revitalización a nivel mundial, pues venía acompañada del
videoclip (Roncallo, Uribe y Goyeneche, 2016), fortaleciendo así su difusión
televisiva a nivel mundial. El impacto llegó a Colombia, en donde empezaron
a aparecer, nuevamente, bandas muy influenciadas por la escena rock elec-
trónica que tenía alto impacto comercial. Sin embargo, de manera simultá-
nea, otros géneros derivados del rock hacían presencia en diferentes sectores
y localidades del escenario urbano. Es así como Bogotá comienza a ver cómo
en el norte de su territorio aparecen algunas bandas de sonido más pop
electrónico, mientras que en el sur y nororiente emergen el punk y el metal
como manifestaciones de esos otros jóvenes que no se sentían identificados,
necesariamente, con la música que se emitía por radio y TV. Los circuitos co-
merciales underground toman una enorme relevancia en la configuración de
dichos grupos juveniles y sus gustos musicales.

Lo anterior permitió que muchos jóvenes de diferentes sectores socioeconó-


micos pudiesen no sólo acceder a la música rock como artículo de consumo,
sino empezar a crearla desde sus propios contextos y experiencias de vida.

Con la llegada de la década de 1990 nos encontramos con una juventud for-
talecida y de alguna manera enamorada de sí misma como sujeto político. El
logro del movimiento estudiantil en la inclusión de una séptima papeleta que
condujo a la creación de la Asamblea Nacional Constituyente y a la redacción de
la Constitución de 1991 levantó la moral de los jóvenes que parecían tener espe-
ranzas en el país y en sí mismos (Roncallo, Aguilar y Uribe, 2021; Duran, 2021).

Los noventa trajeron consigo la proliferación de almacenes de instrumentos y


de música, la generación de espacios comunes para prácticas y, por supuesto,
la emergencia de escenarios que iban desde pequeños bares de barrio hasta
grandes espacios abiertos como la media torta o Rock al Parque. Estos espa-
cios permitieron la visibilización de unos jóvenes músicos y sus seguidores,
agenciando sus subjetividades en la ciudad por medio de los rituales y per-
formances del rock.
192 · Cartografía del rock bogotano en tres movimientos ·

A continuación, se intentará dar cuenta de la relación, en algunos casos de


amor y en otros de odio, pero en todo caso muy fuerte y estrecha, entre el
rock, los rockeros y la ciudad de Bogotá: sus lugares de creación, de consu-
mo y los puntos de encuentro entre quienes hacen y quienes les siguen.
Puntos que además no habrían sido posibles si no existiese la figura de per-
sonas que apostaron parte de su tiempo y dinero a hacer posible que esas
letras y esos acordes se hicieran visibles y se convirtieran, por qué no, en
objetos de consumo.

¿Por qué una cartografía?


La década de 1990 fue importante para los estudios del rock. El estallido de
artistas, géneros y demás fue global, por lo que en diferentes escenarios aca-
démicos se dieron a la tarea de comprender lo que estaba sucediendo.

En Colombia se dieron avances importantes entre los cuales se identifica los


trabajos de Jose Fernando Serrano (1995; 1997), influenciados, en buena
medida por el trabajo adelantado por de Garay (1989). Entonces, el estu-
dio del rock estaba centrado principalmente en el concepto de Identidades,
muy cercana a la configuración de grupos subculturales o tribus urbanas, de
acuerdo con la lectura propuesta por Michel Mafessoli (1988).

Sin embargo, la mayoría de los estudios académicos del rock, en relación con
las identidades, proveían una mirada quizás demasiado taxonómica, descrip-
tiva, como si se tratase de una lectura aplicable a los diferentes grupos juve-
niles, determinada por el género, y no por contextos culturales particulares.
El tema de la territorialidad juega un papel importante, pero como elemento
identitario en donde se llevan a cabo las actividades performáticas grupales,
mas no se acercan a la relación que se establece, en términos de generación
de sentidos, con la ciudad.

Así pues, el presente trabajo surge con la intención primera de compren-


der la manera como el rock y lo que se deriva de este (en términos estéti-
cos, de consumos o de gestión) establece una relación con la ciudad que
se transforma con los diferentes momentos históricos, sociales y según la
oferta de géneros. Por lo anterior, se tomaron, inicialmente, tres categorías
· Cartografía Social · 193

fundamentales a través de las cuales se pretende ver la relación de la gente


del rock con la ciudad de Bogotá.
Creación, es la categoría en donde se ubican los músicos y se desarrollan los
procesos relacionados con la composición de la música y la configuración de
bandas como sujeto colectivo que se manifiesta de manera performativa.
Gestión, es la categoría que permite ver, comprender y analizar la movili-
zación de recursos, procesos y actividades relacionadas con hacer visible
la creación artística. En esta se encuentran los representantes artísticos,
los gestores culturales, los administradores o manejadores de espacios de
conciertos, publicistas, entre otros que no necesariamente hacen parte de
las bandas, pero contribuyen a convertir la creación de estas en un produc-
to de consumo desde diferentes niveles.
Audiencias, es la categoría en donde se ubican las personas que siguen a las
bandas, adquieren sus productos, asisten a las presentaciones y son, final-
mente, quienes establecen su relación con estas por medio del consumo.

El trabajo se fundamentó en el desarrollo de una metodología cualitativa que


permitió, por medio de entrevistas a profundidad realizadas a 55 personas,
ubicar las categorías anteriormente planteadas en los mapas correspondien-
tes a la ciudad de Bogotá en los tres momentos (movimientos) anteriormente
expuestos.

Se determinó un sistema de muestreo por bola de nieve que alcanzó su nivel


de saturación de la información al alcanzar las 55 entrevistas, las cuales que-
daron organizadas de la siguiente manera.
- 30 músicos
- 10 gestores (managers, publicistas, diseñadores)
- 15 seguidores (audiencia)

Teniendo en cuenta que los estudios previos habían hecho particular hinca-
pié en la configuración de identidades en la década de 1990, en esta ocasión
decidió dejarse de lado esta categoría y ver si aparecía, eventualmente, como
categoría emergente en las entrevistas. En efecto, como se verá más adelante,
la información recolectada en estas señaló la importancia de la configuración
de elementos identitarios, pero, al provenir de los participantes, se elimina el
194 · Cartografía del rock bogotano en tres movimientos ·

aspecto taxonómico con el que se les clasificaba anteriormente, como si ser


seguidor de un género en particular fuese equivalente, en el lenguaje propio
de la biología, a pertenecer a una especie o phylum particular.

Según lo anterior, se presenta en la Tabla 1, a manera de ejercicio de opera-


cionalización, los elementos a través de los cuales se harían visibles las cate-
gorías en su relación con el espacio geográfico de la ciudad.

Categoría Definición Relación con la ciudad


Procesos relacionados con la Lugares de ensayo
composición de la música y la
Creación
configuración de banda como Estudios de grabación
sujeto colectivo
Representación de artistas
Movilización de recursos, procesos para conciertos
Gestión y actividades relacionadas con
Almacenes de instrumentos
hacer visible la creación artística
Fábricas de instrumentos
Personas que siguen a las bandas, Lugares de conciertos
adquieren sus productos, asisten
Comercio formal de música
a las presentaciones y son, final-
Público
mente, quienes establecen su
relación con estas por medio del Comercio pirata de música
consumo
Pertenencia a grupo de personas
con una conciencia colectiva,
Identidades comportamientos semejantes y Lugares de encuentro
sentidos configurados de manera
común.
Tabla 1 / Fuente: elaboración propia

En torno a la cartografía, como metodología, existe una tradición cercana a


la Investigación Acción Participativa, la cual se entiende como una “metodo-
logía participativa y colaborativa de investigación que invita a la reflexión,
organización y acción alrededor de un espacio físico y social específico”
(Vélez, Rátiva y Varela, 2012, p. 62) construida de manera dialógica con los
participantes (Andrade y Santamaría, 1997), siguiendo la lógica de trabajo
propuesta por Orlando Fals Borda. Sin embargo, en este caso particular, si
· Cartografía Social · 195

bien el abordaje fue participativo, en la medida en que se le solicitaba a los


participantes enfatizar en los lugares, la construcción de los mapas se hizo a
posteriori, según la información recolectada en las entrevistas.

De acuerdo con Zúñiga (2003), las cartografías, en tanto “mapas de poder”,


ofrecen herramientas importantes para la comprensión de fenómenos y de
comportamientos de sujetos sociales, dinámicas, acciones y contradiccio-
nes, entre otras. Se constituye en una herramienta clave para visualizar el
desarrollo de unas problemáticas particulares en un contexto dado como, por
ejemplo, permitirnos ver a través del mapa de la ciudad de Bogotá en tres
diferentes momentos, la manera en la que se configuran formas de ser joven
en relación con el rock, su participación en los espacios de la ciudad, y la po-
sibilidad de hacerse visibles en sus preocupaciones y anhelos, en sus formas
de ser colectivas y el desarrollo de hábitus de clase particulares (Bourdieu,
2012). En síntesis, se espera ver el proceso de la configuración de una pobla-
ción joven, en relación con el espacio, en los momentos enunciados.

En este caso particular se asume la definición que Mancilla y Habegger


(2018) hacen de la cartografía, cuando la formulan como “[…] la ciencia que
estudia los procedimientos en obtención de datos sobre el trazado del terri-
torio, para su posterior representación técnica y artística, y los mapas, como
uno de los sistemas predominantes de comunicación de ésta” (p. 3). Es decir,
la herramienta que nos permite de manera sistemática conectar una infor-
mación organizada por categorías, en su relación con el mapa de Bogotá para
finalmente comprender una problemática y su desarrollo en el tiempo.

David-Bravo (2019) realizó un trabajo muy profundo sobre el punk en la ciu-


dad de Medellín, tomando como referencia el barrio Castilla, documento en
donde permite ver claramente la manera en la que en diferentes épocas el
movimiento punk se ha ido acoplando con la ciudad, dando cuenta, además,
de la configuración no sólo de un grupo identitario particular, sino de unas
subjetividades políticas muy fuertemente arraigadas en los sectores popula-
res, que tienen manifestaciones estéticas visibles que marcan las calles de la
ciudad. Por otra parte, Buitrago, Castro, Martínez y Moreno (2012), quienes
trabajaron con los movimientos de metaleros y hip hoppers en Bogotá, plan-
tean como comunidades de sentido con una espacialidad particular en una
situación de coexistencia en una localidad al sur de la ciudad de Bogotá.
196 · Cartografía del rock bogotano en tres movimientos ·

Finalmente, existen referentes importantes en torno a la música y su cone-


xión con el espacio geográfico sin que ello signifique un trabajo cartográfico
en el sentido estricto de la palabra, pero cuyo desarrollo lleva consigo la cone-
xión con la ciudad de manera esencial y cuyo impacto ha sido determinante
para la elaboración del presente documento. Es el caso del extenso trabajo
adelantado en la ciudad de Medellín y su relación con el hip hop, por ejem-
plo, en donde la música se constituye en un elemento clave para identificar
formas de ejercicio de la ciudadanía (Garcés, 2010; 2018) que conducen a
la configuración de sujetos políticos los cuales se hacen partícipes de la es-
fera pública usando la cultura del hip hop como herramienta de expresión y
ejercicio de resistencia (Garcés, 2017; Garcés y Acosta, 2022), en donde se
plantean de entrada categorías clave para la comprensión de las diferentes
prácticas que emergen en relación con la creación, gestión y consumo de un
tipo de música particular.

Primer movimiento (In Crescendo)


Poco imaginaron los millonarios capitalinos de finales del siglo XIX que
ese oasis en donde lograron alejarse del hacinamiento y el roce con la po-
breza rampante y al cual bautizaron con el llamativo nombre de Chapinero
(Aguilar, 2013, p. 39), como una especie de solar en el cual resguardaron su
clase en actitud conservadora, habría de convertirse, poco más medio siglo
después, en el epicentro de una de las transformaciones más significativas
que tuvo Bogotá desde su fundación en 1538. Jamás imaginaron que la
plazoleta de la iglesia de Nuestra Señora de Lourdes viese aparecer colores
en la ciudad, acompañados del estridente ruido de unas guitarras eléctricas,
un consonante bajo y el martillar trepidante de una batería. Por supuesto,
jamás pasó por su pensamiento que habría una cosa llamada rock n ´roll y
que llegaría para quedarse.

Colombia no fue impermeable al fenómeno del rock que inició en Estados


Unidos en la década de 1950, proveniente del lugar de encuentro de una po-
blación afrodescendiente empobrecida y una blanca desclasada por la crisis
de 1929. Ese ritmo de blues campirano y acelerado, acompañado de ampli-
ficadores, daba cuenta de la emergencia de unos sujetos que hasta entonces
· Cartografía Social · 197

habían sido ignorados. Unos sujetos que aparecen para decir acá estamos,
existimos, pensamos y sentimos. Sujetos a quienes que Rossana Reguillo
(2003) definiría como productos de la posguerra: los jóvenes.

Desde sus primeras apariciones en la radio y tras la proyección de la película


Rock Around the Clock en el teatro El Cid en pleno centro histórico de la ciu-
dad (Calle 22 con 9), la cual terminó con un enfrentamiento entre jóvenes y
policía, el rock y todo lo que viene con este se fue tomando Bogotá, estable-
ciendo una estrecha relación con la ciudad: por momentos armónica, en otros
conflictiva, pero una relación fuerte que perdura en el tiempo y deja marcas
en la memoria de quienes han hecho rock y quienes lo han consumido.

Si bien en su camino por el mundo, acelerado por la incipiente televisión


y una fuerte presencia de la radio comercial, el rock encuentra eco y rápida
aceptación en un público británico de clase obrera (Bellón, 2007). Sin embar-
go, no tiene el mismo aterrizaje en América Latina y, específicamente, en Co-
lombia. Los primeros pasos los dio en la radio y en el cine que llegaba con ro-
mánticas y superficiales historias de amor adolescente usadas como pretexto
para presentar a los artistas del momento en el mercado norteamericano.

En esa época había dos tipos de jóvenes: por un lado, estaban los chicos tra-
dicionales, muy conservadores y muy bien puestecitos; por el otro lado está-
bamos los jóvenes a quienes nos gustaba la música moderna. Porque en esa
época no le decíamos rock, ni nada por el estilo…era música moderna.
Tania Moreno, comunicación Personal, marzo de 2018.

Los primeros en comenzar a explorar con el sonido del rock en instrumentos


armados de manera casera eran jóvenes con recursos, de familias acomoda-
das de la capital, que entendieron rápidamente la movida mediática que se
fue consolidando en la radio ante la creciente demanda por parte de una
nueva audiencia: público que entendía las letras o tenía acceso a la costo-
sa música de los almacenes de discos. Teniendo en cuenta que las primeras
agrupaciones se organizaban entre amigos de colegio o vecinos del barrio,
los lugares en donde se llevaba la creación de la banda eran las casas de los
músicos, principalmente la casa del baterista, por claras razones logísticas y
de movilidad del instrumento.
198 · Cartografía del rock bogotano en tres movimientos ·

Yo me atrevería a decir que el rock en Colombia nació en la sala de mi casa,


en el barrio Pasadena. Cuando mi hermano ensayaba con sus amigos [The
Speakers], la cuadra se paralizaba porque eso era como un concierto
Jorge “K-Che” LaTorre, comunicación personal, mayo de 2018.

Para entonces, la ciudad de Bogotá no contaba, tampoco, con una gran canti-
dad de almacenes para proveer a los incipientes músicos del rock n’ roll con
las herramientas necesarias. Aparte de la Casa Conti, ubicada en el sector de
Chapinero, o los tradicionales Luthieres que antaño se ubicaban en la llama-
da calle de las Mandolinas (Carrera 1 con Calle 12) en el barrio la Candelaria,
no había muchas opciones para quienes optaban por los nuevos sonidos.

Primero se metían micrófonos dentro de las guitarras de palo. De esos peque-


ños que se conectaban al equipo de sonido. Luego aprendimos a hacerlos,
entonces nos robábamos los micrófonos de los teléfonos y se mandaba cortar
los cuerpos de las guitarras eléctricas en la fábrica de muebles que tenía el
papá de uno de los miembros de la banda. Así se hicieron esas primeras gui-
tarras eléctricas (algunos tenían plata para mandarlas a hacer en la calle de las
Mandolinas), luego hubo dinero para poder traer unas de verdad, como las
que usaban los Beatles, pasando la frontera con Venezuela a lomo de mula,
para que no cobraran la importación.
Jorge “K-Che” LaTorre, comunicación personal, mayo de 2018.

Los primeros conciertos se organizaron en el café La Gioconda, entonces ubi-


cado en el pasaje Libertador, cerca de la iglesia de Lourdes, en el sector de
Chapinero, en donde se abrió un espacio a la incipiente banda The Speakers
para que tocara ante un público adolescente, cuyo consumo consistía en he-
lados y bebidas soda, principalmente.

Es justamente en ese sector en donde empiezan a presentarse los encuen-


tros de adolescentes, teniendo en cuenta que entonces la carrera 13 era el
principal sector comercial de la ciudad y contaba con una gran cantidad de
cafés y teatros de cine como el Royal, Astor y Aladdino, en donde eventual-
mente se organizaron los matinales juveniles.

Los chicos llegaban al teatro, veían la presentación de alguna banda de Bogo-


tá, que no eran muchas, y luego veían la película para adolescentes.
Tania Moreno, comunicación personal, marzo de 2018.
· Cartografía Social · 199

La proyección de películas cuyo eje central era el rock n’ roll, teniendo como
excusa algún amor adolescente, resultó determinante en la configuración de
un público joven, cautivo ante las pocas opciones diferentes. Público que,
además, comienza a gravitar en torno a la música y lo que ello implica: la
ropa, incorporación de nuevos habitus y capital simbólico propios del perte-
necer a una juventud autodenominada moderna.

La aparición de la discoteca La Bomba, en la actual calle 60, consolida a Cha-


pinero como el lugar de la escena rocanrolera bogotana. Se convierte en el
primer espacio destinado para ese tipo de música, con presentaciones en
vivo, algunas de otras ciudades o incluso del extranjero, que además contaba
con una tarima giratoria que era el epítome de la modernidad en su momen-
to. Es en La Bomba en donde las bandas profesionalizan su sonido ante un
público con una mayor capacidad adquisitiva y más exigente.

Posteriormente aparecieron otros espacios similares, pero no contaron con la


misma trascendencia histórica que tuvo La Bomba y su relación con el estre-
llado de bandas como Los Speakers o Los Flippers.

La emergencia del movimiento hippie a mediados de la década del 60 tuvo


como manifestación la congregación de jóvenes en el parque Julio Flórez,
ubicado en la carrera 7 con calle 60, actualmente conocido como el Parque
de los Hippies. Los jóvenes encuentran en las coloridas expresiones artísticas
que acompañaban la música rock la forma de interpelar al entorno conserva-
dor como el capitalino. La poesía con tintes nadaístas, las ropas holgadas y,
sobre todo, los cabellos largos se convierten en manifestaciones estéticas de
resistencia en torno a las cuales comienzan a generarse procesos identitarios
que posteriormente condujeron a la organización de comunas fundamenta-
das en el principio del amor libre y el respeto por la naturaleza.

Chapinero se convierte, pues, en el epicentro de la movida juvenil, y en los


pasajes comerciales de las calles 61 y 62 aparecen las primeras boutiques
destinadas para el consumidor juvenil. Los afiches de bandas de rock, de pe-
lículas de cine, pantalones de jean bota de campana y camisas de terlenka se
convierten en los artículos propios de quienes se identificaban como diferen-
tes en un entorno en donde la diferencia era señalada y castigada.
200 · Cartografía del rock bogotano en tres movimientos ·

Uno debía tener cuidado en la calle, porque si la policía lo veía a uno con el
pelo largo, no faltaba el tombo que lo parara y le cortara el pelo.
Jorge “K-che” LaTorre, comunicación personal, abril de 2018.

Junto con la emergencia del hipismo se descentraliza la escena rockera, has-


ta entonces focalizada en Chapinero, y tiene visos en el centro de la ciudad
en donde se realizan conciertos públicos, en el Parque Nacional, el de la In-
dependencia o en la llamada Media Torta, ubicada esta última en el sector
histórico de la Candelaria. La organización de los conciertos demandó la apa-
rición de un sector de personas que comprendieran bien las necesidades de
los músicos y de los escenarios con el fin de que el público obtuviese el mejor
producto posible. Aparecen entonces los organizadores de conciertos como
los primeros gestores del rock.

¿Qué por qué me dio por invertir todos mis ahorros en un concierto de rock?...
Se es joven y estúpido, ¿sabes?
Tania Moreno, comunicación personal, marzo de 2018.

Un aspecto interesante que trae la llegada de la década de 1970 es que, en


el ámbito creativo, la ciudad comienza a aparecer en algunas letras del rock,
bien sea por medio de canciones dedicadas específicamente a ella, como
personaje o por medio de guiños particulares hechos a espacios o modismos
propios del lenguaje capitalino.
Cuando interrumpan las carreras
Y pienses que te llevarán
Tienes que hacerles muchas señas y,
De pronto, hasta te empacará,
Como una lata de sardinas
En un bus de Bogotá
Blues del bus, Banda Nueva (1973)

A mediados de la década de 1970, la televisión y la radio ya no ponían


igual atención a su difusión. Los almacenes de discos seguían siendo costo-
sos, por lo que grabar la música rock que sonaba en las emisoras resultaba
cada vez más difícil. Es el momento en que la venta de “música pirata” se
2
· Cartografía Social · 201

fortalece en las llamadas casetas de la calle 19, en pleno centro histórico


de la ciudad de Bogotá.

Figura 1. Croquis Bogotá 1960 / Fuente: elaboración propia

Fueron precisamente estos comerciantes quienes continuaron vendiendo


discos o reproducciones de estos en cassettes para un público cada vez me-
nor, pero muy fiel. Un público que a pesar de la ausencia del rock en los
espacios mediáticos comerciales seguía el desarrollo de lo que sucedía en
Inglaterra y Estados Unidos. Un público reducido que fue testigo remoto del
nacimiento del metal y del punk.

No se puede afirmar que el rock desapareció del todo del escenario bogotano
en la década de 1970, sino que su exposición se reduce, al igual que su con-
sumo, quedando en unos pocos, pero fieles seguidores que construyeron sus
colecciones de música en cassettes adornados por ellos mismos, emulando
el arte de las portadas originales. Un público que además provenía de secto-
res más populares de la ciudad como el barrio Restrepo, Tunjuelito, Suba o
Kennedy. Sectores en donde, como se verá más adelante, se consolidaron los
movimientos punkeros y metaleros de la ciudad de Bogotá.

2. Se entiende por música pirata los diferentes formatos no formales de copia y distribución
de música.
202 · Cartografía del rock bogotano en tres movimientos ·

Segundo movimiento
(Allegro ma non troppo)
La llegada de la década de 1980 impactó el mundo mediático con la apari-
ción de MTV en 1981. La música en inglés tomaba un nuevo aire, en este caso
apoyada por el videoclip. La generación de tecnologías permitió generar un
nuevo lenguaje audiovisual en torno a la música. Ante el auge que ello trajo
consigo, aparece en Bogotá, en marzo de 1982, la emisora 88.9 La Super
Estación, especializada en la música que se estaba produciendo en Estados
Unidos y Europa.

Comienzan a aparecer en la muy reducida escena del rock bogotano, ban-


das como Compañía Ilimitada, que venían activos desde finales de la década
de 1970. Con ellos aparecen Pasaporte, Le Kaffage y Distrito Especial, entre
otras pocas. Bandas, todas estas con una fuerte influencia de lo que estaba
pasando en términos musicales y estéticos en Inglaterra y los Estados Unidos,
principalmente.

Los sonidos electrónicos de los teclados, tomando relevancia junto a las gui-
tarras eléctricas, comienzan a hacerse en los pocos espacios mediáticos exis-
tentes. Sin embargo, la llegada de la primera ola del llamado rock en español
(que trajo bandas argentinas y españolas, principalmente) abrió la puerta de
entrada al rock nacional. Negocios como la Pizza Nostra comienzan a produ-
cir pequeños discos sencillos de 72rpm en donde los jóvenes de entonces
comienzan a conocer las pocas bandas de carácter comercial que había en la
ciudad de Bogotá.

Los lugares del rock ya no eran exclusivos de la localidad de Chapinero, sino


que se hacen presentes en Unicentro, el primer gran centro comercial cons-
truido en el país (1976), en donde se congregaban jóvenes de toda la ciudad,
atraídos por la novedad del espacio, los cines, los juegos de maquinitas y las
pizzerías en donde se podía ver tocar a una banda en vivo.

Por otro lado, los jóvenes que nunca dejaron de consumir rock, a pesar de su
desaparición del panorama comercial formal, desarrollaron nichos ubicados
en sectores específicos de la ciudad. Como se mencionaba anteriormente,
· Cartografía Social · 203

aparecen los “parches” metaleros en los sectores de Tunjuelito, Suba y Ken-


nedy, mientras que los punkeros lograron convertir el barrio Restrepo en uno
de sus sitios de concentración.

Es así como inicia la emergencia de bandas de punk y metal a mediados de


los años 80 en la ciudad de Bogotá, cuyo circuito de conciertos era completa-
mente diferentes al de las bandas con sonido más comercial ubicadas al nor-
te de la ciudad. Aparecen bandas como Darkness que, si bien es del munici-
pio vecino, Soacha, entran por el sur de la ciudad, encontrando en Tunjuelito
y Kennedy buena parte de su público seguidor. Por otra parte, en el Restrepo
aparece La Pestilencia, epítome del movimiento punkero y de la resistencia
desde las letras del rock.

Al aparecer más bandas, la presencia de Bogotá en las composiciones se hace


más visible, tanto en las letras como en los videoclips, los cuales ya se conver-
tían en un elemento fundamental para la visibilización de las agrupaciones,
en especial de aquellas más orientadas al pop rock. Hay canciones como Río
Bogotá (Sociedad Anónima, 1989) la cual señala la relación de los habitantes
de la ciudad con el río que lleva su nombre. Así mismo se encuentra Igor
y Penélope (Pasaporte, 1988) o En la calle (Compañía Ilimitada, 1988), en
donde la historia del video se desarrolla en la ciudad de Bogotá. Finalmente,
se encuentran letras sobre lo que significaba ser joven en un país en donde la
represión ha sido una práctica constante, como en Causa Nacional (Sociedad
Anónima, 1989).
Nos fuimos a bañar un día al río Bogotá
Mi novia me tenía aburrido, porque se quería bañar.
Fuimos con los amigos al lugar
Y cuál fue la sorpresa al encontrar tal barrial
Todo el mundo tira la basura
Al río Bogotá
Río Bogotá, Sociedad anónima (1989)

La década de 1980 trajo consigo la aparición de una mayor cantidad de alma-


cenes de música que importaban o construían instrumentos. Las bandas con
sonido y orientación más comercial contaban con mejores guitarras, baterías
204 · Cartografía del rock bogotano en tres movimientos ·

y teclados, muchos de ellos importados y con precios elevados que para la


gran mayoría de la población de músicos rockeros resultaba imposible de
asumir. Compañía Ilimitada, Pasaporte o Le Kafagge, por ejemplo, contaban
con sintetizadores o baterías electrónicas que eran muy difíciles de conseguir
en Bogotá y cuyo costo era casi imposible de asumir por la gran mayoría. Por
otra parte, los luthieres de la tradicional Calle de las Mandolinas, en el barrio
la Candelaria, ya habían logrado cierta experticia en la construcción de gui-
tarras y bajos eléctricos, mientras que fábricas como El Clarín, especializada
en instrumentos para bandas marciales de colegios, había desarrollado su
propia marca de baterías, localizada en el sector de Teusaquillo y con unos
precios radicalmente diferentes a las de almacenes como Ortizo, que ya se
consolidaba como el importador de instrumentos por excelencia.

Figura 2. Croquis Bogotá 1980 / Fuente: elaboración propia

Como se observa en la figura 2, la mayor concentración de actividades co-


merciales y creativas relacionadas con el rock en la ciudad de Bogotá se con-
centran en las localidades de Chapinero, Santafé y Candelaria, siendo estas
últimas dos de las localidades más importantes del llamado centro histórico
de la ciudad. Resulta igualmente interesante ver la manera como el circuito
alterno de Metal y punk se va haciendo cada vez más presente en las locali-
dades periféricas de Bogotá.
· Cartografía Social · 205

Finalmente, en 1988 se celebra el llamado Concierto de Conciertos, al cual


fueron invitadas las más famosas bandas de rock en español de diferentes paí-
ses. Algunas pocas bandas de la escena comercial nacional, como Pasaporte y
Compañía Ilimitada, tuvieron la oportunidad de compartir escenario con ellos.
Sin embargo, más que el performance, cuya calidad fue deplorable compara-
do con los estándares actuales, la relevancia del concierto tiene que ver con
que es el primer momento en el que, desde el gobierno distrital, se reconoce
la existencia de un público rockero creciente y ávido de música, así como tam-
bién de bandas que empezaban a producir su propio material de calidad. Así
pues, el Concierto de Conciertos se traduce en la legitimación de esos jóvenes,
en tanto sujetos, por parte de una instancia tomadora de decisiones.

Tercer movimiento (Fortissimo)


Los 90 llegaron con todo el poder. La caída del muro de Berlín en 1989 y el
fraccionamiento de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), am-
bos eventos televisados a nivel mundial significaban, en principio, el fin de la
Guerra Fría que había dividido el mundo en dos polos. En América Latina, los
discursos neoliberales comenzaron a divagar por todas las naciones, vendien-
do el simulacro de la disminución del tamaño (intervención) del Estado en
pro de la supuesta eficiencia del sector privado. “¡Que se abran los mercados
regionales!” se convirtió en la consigna de los nuevos dirigentes políticos.

Dichos procesos llegan a Colombia acompañados de una dirigencia estudian-


til que logra posicionar el debate en torno a la Constitución y la necesidad de
reformarla para dar paso a una que se encuentre acorde con los tiempos y
con el Estado social de Derecho que se supone es Colombia. EL movimiento
estudiantil por la Séptima Papeleta logra movilizar a la población en clave
de la renovación de la carta magna y dio paso a la Asamblea Nacional Cons-
tituyente, que se convirtió, en su momento, en el epítome de la participación
ciudadana y la población sintió que, en efecto, había entrado al futuro.

El impacto de opinión generado por el movimiento estudiantil trajo consigo un


enamoramiento, narcisista quizás, de los jóvenes que entonces creyeron que
tenían un poder especial, un poder de incidencia política fuerte que trascendía
las tradicionales manifestaciones a piedra, típicas de la universidad pública.
206 · Cartografía del rock bogotano en tres movimientos ·

Cuando veíamos en las noticias lo que estaba pasando con la Constitución era
genial. Sentíamos que éramos capaces de todo y había que escribir sobre eso.
Gregorio Marchan, baterista de Morfonia, comunicación personal, mayo de
2018.

Las bandas que lograron emerger en la década de 1980 tienen reconoci-


miento por parte de los jóvenes, quienes ya las ven como profesionales por
su trayectoria artística. Compañía Ilimitada y Distrito Especial, desde el lado
comercial, y La Pestilencia y Darkness, por cuenta del circuito punkero y meta-
lero, ya eran bandas legendarias con las que se esperaba compartir escenario.

A nosotros esa música de Compañía Ilimitada no nos gustaba. Pero la Pesti-


lencia sí porque tenía letras brutales y decían cosas que a nosotros nos pare-
cían bacanas y muy valientes.
Juan Carlos Rojas, bajista de 1280 almas, comunicación personal, abril de
2018.

El impacto generado por el Concierto de Conciertos, la sensación de que todo


era posible y, por supuesto, la aparición de muchos almacenes de instrumen-
tos, la mayoría ubicados en Chapinero en la carrera 7 entre calles 54 y 60 o en
la carrera 9 entre calles 20 y 25, en pleno sector de los Mártires (Ver Figura 3)
permitió la emergencia de nuevas bandas, con influencias disímiles entre sí y
con todas las intenciones de darse a conocer. De igual manera, es importante
recalcar el papel que jugaron las casetas de venta informal de música en el
centro histórico, en la calle 19, en donde el cliente accedía a la música de
manera más económica.

Cuando aparecieron todos esos almacenes de la 7ma fue maravilloso porque


se conseguían cosas mejores y más baratas. Eso fue ayudando a profesiona-
lizar el sonido.
Doni Rubiano, cantante de Obra Negra y periodista cultural, comunicación
personal, abril de 2009.
· Cartografía Social · 207

Figura 3. Comercio del Rock en Bogotá / Fuente: elaboración propia

A principios de la década comienzan a aparecer bares en la zona de La Cande-


laria, en el centro histórico de la ciudad, que se convierten en epicentro de la
actividad musical. Barbarie es, quizás, uno de los sitios más recordados como
espacio para el rock bogotano. De igual manera, en la localidad de Chapine-
ro aparecen bares que concentraron la atención del público juvenil, el cual
se interesaba en los emergentes sonidos que el rock ofrecía. Surgen varios
géneros cuya difícil clasificación hacía que se les etiquetara de manera muy
general: rock alternativo, grunge, étnico y sonido Manchester, entre otros.
Muchas de estas bandas encontraron en los bares del centro de la ciudad y
de Chapinero la ventana perfecta de exposición de su música y la posibilidad
de configurar un público propio. Bares como TVG (Te Veo Grave), Flor Histeria,
Chapinero Mutante, Kalimán y Transilvania fueron determinantes en la con-
solidación de la escena “chapineruna” del rock bogotano.
208 · Cartografía del rock bogotano en tres movimientos ·

Figura 4. Croquis de Bogotá 1990 / Fuente: elaboración propia

Los diferentes géneros del rock comienzan a hacerse visibles, como se obser-
va en la figura 4, no sólo en los lugares de conciertos, sino en las zonas de
encuentro o concentración de “parches” de jóvenes que compartían el gusto
por los mismos artistas y manifestación estética de dichos gustos. La ropa, los
colores e, incluso, la generación de elementos simbólicos propios como los
logos de las bandas que comenzaban a hacerse visibles por medio de graffitis
en las calles o de tatuajes en la piel de algunos seguidores, dan cuenta de
la configuración de esas identidades colectivas, como si se tratase de unos
nuevos habitus generados por estas clases emergentes de jóvenes que tras-
cendían sus semejanzas y construían sus identidades.

Por supuesto, ello tuvo un impacto en el paisaje social de Bogotá, que pasó
de tener un Parque de los Hippies a ver cómo los punks “podridos”3 se ubica-
ban en Lourdes, los metaleros en Suba y en el sur, los alternativos al norte de
Chapinero, los skinheads en el Parque Nacional y los “gomelos” de la música
electrónica en el norte de la ciudad, por el sector de Usaquén. Como se puede
apreciar en la Figura 5, muchos de estos grupos coincidieron espacialmente

3. Se autodenominaban “podridos”, pues asumieron el punk como estilo de vida y en muchos


casos vivían en condiciones extremas de pobreza en las calles. Por supuesto, las condiciones
de higiene no eran las mejores, lo que generaba rechazo por parte de la población adulta y
más conservadora.
· Cartografía Social · 209

en algunas de las localidades de la ciudad, lo que generó, en algunos casos,


enfrentamientos territoriales por concepto de diferencias políticas (como
en el caso de los skinheads), estéticas y/o musicales, como en el caso de los
metaleros y los punkeros. La gráfica hace una aproximación al peso de cada
grupo identitario en los diferentes lugares.

Figura 5. Distribución de grupos identitarios, década de 1990 / Fuente: elaboración propia

La escena rockera en Bogotá fue tomando cada vez más fuerza y ganando
terreno. El momento culmen es en 1994 cuando se anuncia que al siguien-
te año se celebraría la primera edición de Rock al Parque como espacio del
Distrito para visibilizar a los artistas jóvenes y satisfacer las expectativas de un
creciente y demandante público. Lo que ello significó, sobre todas las cosas,
fue el reconocimiento del público y la legitimación de los artistas rockeros
(Roncallo, Aguilar y Uribe, 2021, Durán, 2021)

Rock al Parque permitió, además, que las bandas se fueran profesionalizando,


porque si íbamos a tocar en un escenario tan grande e imponente, con un
sonido increíble, teníamos que ensayar mucho y tener, por lo menos, unos
instrumentos decentes.
Donny Rubiano, cantante de Obra Negra y periodista cultural, comunica-
ción personal, abril de 20094.

4. Esta entrevista con Donny Rubiano fue la primera que se realizó, poco antes de su muerte.
Y es la razón que inspiró el desarrollo del proyecto que se realizó, finalmente, desde 2017.
210 · Cartografía del rock bogotano en tres movimientos ·

Sin embargo, cabe aclarar que escenarios como Rock al Parque no fueron de-
seados por todos los músicos, bandas y públicos. Algunos sectores radicales
del punk y el metal, que vieron en estos escenarios la presencia de mecanis-
mos estatales de control, prefirieron mantenerse al margen, llevando a cabo
la generación de un circuito alterno cuya base fueron los discursos y prácticas
de resistencia, realizados en bares u otros espacios alternativos como par-
queaderos o lotes abandonados al suroriente de la ciudad, en las localidades
de Antonio Nariño y Usme, principalmente.

Si uno quería escuchar rock pesado y buen metal tocaba ir al sur, que era en
donde estaban las bandas y la gente.
Fernando Melgarejo, cantante de Navarra, comunicación personal, abril de
2019.

La creciente oferta de espacios, tanto en el sector de bares como en los espa-


cios públicos generó una gran visibilidad del rock bogotano y de su creciente
audiencia, lo que llevó a que la oficina distrital destinada para los eventos
culturales empezara a tener más en cuenta la escena rockera, ayudando a su
consolidación y reconocimiento en la ciudad. Comienza a hacerse, entonces,
uso recurrente de la Media Torta, teatro público y de acceso libre ubicado en
el sector histórico de la ciudad, en la localidad de Santafé, para hacer con-
ciertos de rock con diferentes temáticas y géneros, incluyendo a la entonces
emergente escena hip-hopper que se formaba en la ciudad. De alguna ma-
nera, se apuntaba a que estos conciertos condujeran a una coexistencia más
pacífica entre los jóvenes seguidores de los diferentes movimientos.

Ante la creciente e inevitable competencia con otras bandas por lograr un


espacio en los lugares destinados para conciertos, los músicos vieron la ne-
cesidad de mejorar su interpretación, la calidad de sus instrumentos y, por su-
puesto, empezar a generar un performance. Es decir, pensar en una puesta en
escena, por sencilla que fuera, que brindara al público un sentido de novedad.

Cuando armamos la banda, desde el principio decidimos cómo nos queríamos


ver y cuál era el concepto que íbamos a manejar en el escenario. Que la gente
que fuera a vernos, realmente se interesara por la música y por lo que veía.
Zetha, baterista fundador de Koyi K Utho, comunicación personal,
septiembre de 2019.
· Cartografía Social · 211

En la misma lógica, se hizo necesaria la inclusión de una persona que se en-


cargara de las relaciones públicas de la banda, de conseguir presentaciones
pagadas y, sobre todo, de proteger los intereses de los músicos, pero que
garantizara que su creación se convirtiese en el producto que sería vendido
en términos de presentaciones o de grabaciones. Es así como la figura de la
o el representante comienza a tomar relevancia como aquella persona que
gestiona en nombre de los músicos. En principio, dicha representación se dio
de manera orgánica, por sentido de amistad entre amigos y fue ejecutado, en
buena medida, por mujeres.

Cuando comencé fue más como por ayudar a unos amigos, porque conocía a
los dueños de algunos bares. Comenzamos a hacer cosas chéveres y cuando
nos dimos cuenta estábamos grabando, viajando y estaba representando a
otras bandas.
María Clara Espinel, representante de artistas, comunicación Personal,
febrero de 2020.

Finalmente, uno de los resultados interesantes que tuvo el reconocimiento


de los jóvenes artistas y su público por parte del gobierno distrital, aparte de
Rock al Parque, fue la inauguración de la Escuela de Tejedores de Sociedad,
promovida por el Departamento de Acción Comunal, perteneciente a la Al-
caldía Mayor de Bogotá, y por algunos de los artistas con mayor trayectoria,
quienes trabajaron en la localidad de Fontibón para la formación de artistas,
músicos, compositores y sonidistas, de donde salieron, eventualmente, ta-
lentos muy importantes y reconocidos de la ciudad de Bogotá, como Porno-
motora y Nawal.

Yo iba a un lugar cerca al Salitre Plaza, no me acuerdo la dirección, pero es la


calle que lo saca a uno el taxi [sic] del terminal de transporte.
Andrés Ocampo, guitarrista de Nawal, comunicación personal, enero de
2023.

De igual manera, este tipo de escuela se convirtió en el germen para otras


que iniciarían con propuestas similares como la Escuela de Rock para la Con-
vivencia en Suba, o la Escuela de Rock y Metal de Ciudad Bolívar, que traba-
jaron durante la primera década del siglo XXI formando jóvenes músicos en
sectores populares de la ciudad.
212 · Cartografía del rock bogotano en tres movimientos ·

De grabar y otros demonios


Para cualquier artista que crea y produce música propia, la grabación se con-
vierte en el objetivo principal de su ejercicio. No sólo porque significa la po-
sibilidad de hacer visible su arte y venderlo, sino también porque significa el
registro y la memoria de un momento específico de la vida.

Personas como Ricardo Rodríguez, antiguo bajista de la banda los Mugres,


se forma como ingeniero en Estados Unidos y regresa a Colombia para abrir,
en la década de 1980, Audio 8, el primer estudio de grabación especializado
en música rock. De manera simultánea aparecen otros estudios con ofertas
similares, como el de Germán Antón, o el de Arturo Astudillo y Guillermo No-
riega, estos dos últimos de los Flipperes, quienes comienzan a producir a las
bandas emergentes.

Los dos primeros estudios estaban ubicados en el barrio San Luis, localidad
de Teusaquillo, y devienen escenarios fundamentales para la configuración
del sonido de las bandas de las décadas siguientes, pues se convirtieron en
una posibilidad accesible para los músicos que, de otra manera, no podrían
financiar la producción de sus Demos o LPs, aparte de los grandes estudios
como Ingeson o Sonovisión, adscritos a reconocidas casas disqueras.

A finales de la década de 1990 aparece 59 Estudio, en la localidad de Cha-


pinero, como un espacio creado por Pablo Holguín en el cual las bandas
tuviesen la posibilidad de tener concentrados todos los servicios posibles y
necesarios para su producción artística. Aparecen así las primeras salas de
ensayo pensadas para tal fin, con un sonido entero y de alta calidad al que
accedían los músicos de todas partes de la ciudad, de diferentes géneros, por
una módica suma. De manera simultánea ofrecía el servicio de grabación a
costos muy económicos, lo que hizo que muchas bandas de rock terminaran
el siglo XX grabando sus demos y maquetas con un sonido de alta calidad,
consolidando así a Chapinero como el epicentro del latir rockero en Bogotá.

Así pues, se pasó de las bandas de colegio o barrio que ensayaban en la sala
de la casa del baterista a bandas con proyectos más estructurados en lo crea-
tivo que buscaban el desarrollo profesional de su creación y, por supuesto,
de la gestión de esta. Lugares como 59 Estudio se convirtieron en la norma,
iniciado el nuevo siglo, funcionando como sitios de ensayo, pero también
· Cartografía Social · 213

como centros de información y gestión primaria de las actividades performá-


ticas de las bandas.

Nosotros nos conocimos en el colegio y quisimos armar una banda. Todos


escogieron instrumento y cuando me tocó a mí, dije que el bajo… pero yo no
tenía idea de qué era un bajo ni nada. Luego, al entrar a la universidad sí for-
malizamos bien la cosa y empezamos a darle en serio. Pero igual, estábamos
aprendiendo en el proceso.
Juan Carlos Rojas, bajista de las 1280 Almas, comunicación personal, mayo
de 2019.

Buena parte del sonido característico del llamado rock alternativo fue gra-
bado en Audio 8, en donde los músicos aprendieron a capturar y mezclar su
música. De igual manera, servía como enlace con la compañía norteameri-
cana que masterizaba las grabaciones de las bandas que luego serían pren-
sadas en formato CD. Estas producciones no superaban las mil copias, por
claras restricciones económicas y su alcance dependía, realmente, del sector
informal de la venta de música de la calle 19, que los pirateaba en forma de
casetes y ampliaba así el espectro de compradores.

Yo me emocioné mucho cuando estaba caminando por la calle 19 un día y vi


un casete pirateado de Mujer Sola, el demo que habíamos grabado. Eso fue
casi tan emocionante como cuando sonamos la primera vez en Cuatro Canales.
Anthar Kharana, cantante de Sagrada Escritura, comunicación personal,
enero de 2018.

Y así, sin más, la explosión de música que inicia en 1990 con una juventud
enamorada de sí misma se fue diluyendo, poco a poco, a medida que fueron
desapareciendo los bares, apareciendo las salas ensayo y los músicos que
antes tocaban a cambio de una cerveza fueron absorbidos, en muchos casos,
por el sistema al que temían y criticaban.
Y tantos rockeros muertos
Manchas tristes de video
Dejamos ya de ser ciertos
O solo somos más feos
Rockeros Muertos, 1280 Almas (2012)
214 · Cartografía del rock bogotano en tres movimientos ·

Conclusiones (Diminuendo)
Cuando Jorge Luis Borges dijo “ser colombiano es un acto de fe” no conocía
lo que significa ser un músico de rock en este país. Desde su arribo en la
década de 1960, el rock se instala en un sector muy particular de la sociedad.
A diferencia de su origen pobre y mestizo en el sur de Estados Unidos, en
Bogotá, particularmente, es abrazado por los sectores altos de la juventud,
por unas clases media alta y alta que tenían, por un lado, el capital cultural
para comprender la música que llegaba de afuera y, por otro, los recursos
económicos para aventurarse a seguir dicha ruta.

En principio, los actos de creación obedecieron, más bien, a un proceso de


mímesis, por medio del cual se imitaban los grandes artistas y las caracte-
rísticas propias de su performance. De alguna manera Bogotá, su clima gris
y lluvioso y sus barrios de corte inglés se convirtieron en perfecto escenario
para emular a los Beatles o a los Rolling Stones.

Los ensayos que se hacían en casas tenían como resultado final las presen-
taciones en Chapinero, principalmente en el sector cercano a la Iglesia de
Lourdes, en donde quedaba el principal centro de comercio para las clases
media alta y alta de la ciudad. Los teatros y cafés se convirtieron en espacios
de encuentro en torno a las incipientes bandas que además de imitar empe-
zaban a traducir las letras y a componer sus propias líricas.

Con la llegada de los 80 y el renacer del rock en dos frentes simultáneos: el


pop rock comercial, por un lado, y el metal y el punk surgían por el otro, la
música rock deja de lado su condición de clase acomodada y adquiere un
matiz más popular tanto en la creación como en el consumo por parte de las
audiencias. Ello se refleja no sólo en la aparición de muchas bandas de estos
géneros, sino en el tipo de música que hacían y las letras que componían,
las cuales ya se centraban de manera más directa en el contexto nacional.
Es evidente la manera como las letras de muchas de las bandas se conectan
con el espacio urbano de Bogotá, bien sea como escenario, como personaje
o como enunciado. En la década de 1990 podría afirmarse que gran parte de
las bandas tenían una o más canciones en donde la ciudad era referenciada.

A medida que se fue profesionalizando el sonido por la aparición de espa-


cios como los estudios de grabación y la posibilidad de acceder a mejores
· Cartografía Social · 215

instrumentos aparece, también, la preocupación sobre el performance artís-


tico. Es decir, los músicos que ven en el rock un espacio de expresión artísti-
ca y política ven la necesidad de pensar en el producto que se ofrece al pú-
blico, más allá de lo sonoro. En la década del 80, para las bandas de pop rock
comienza a ser relevante la indumentaria y el uso de luces, lo que implica
un trabajo más coordinado entre músicos y equipo gestor y de producción a
fin de lograr una mayor calidad en el performance.

Es a finales de la década de 1990 que las bandas de rock, especialmente


aquellas denominadas como rock alternativo, comienzan a explorar juegos
de luces y proyecciones sobre lo que se hacía en el escenario. Es decir, que
el concierto pasa de ser un encuentro entre músicos y el público que va a
escuchar para dar paso a una experiencia que involucre otros sentidos. Ello
hizo que las presentaciones fuesen, claramente, más costosas de realizar y
precisaban de unos mínimos que los tradicionales bares de rock bogotano
no estaban en condición de suplir.

Es en la década del 90 en donde la figura de los representantes toma mayor


fuerza, teniendo en cuenta dos frentes específicos: por un lado, la gestión de un
performance cada vez más profesional y, por otro lado, la grabación en estudio
para la captura de las nuevas producciones. Por el mismo período es el actuar
de quienes asumen el rol de representantes de las bandas, principalmente
mujeres jóvenes, lograron activar un circuito de giras a nivel nacional, conso-
lidando el nombre de algunas de las bandas más allá del territorio bogotano.

Un elemento importante en términos de la gestión, entendiéndola como la


movilización de los recursos disponibles para el desarrollo de una empresa,
consiste en el aumento de la oferta de instrumentos en la ciudad. Se pasó de
tocar con instrumentos eléctricos construidos de manera artesanal o impor-
tados por familiares que vivían en el exterior a toda una red de comercio que
importaba instrumentos de diferentes gamas y precios, lo que permitió la
mejora en la ejecución por parte de los músicos. Una particularidad que tiene
Bogotá es que casi todo el comercio se encuentra segmentado por zonas de
la ciudad. De esta manera, al estar ubicados la mayoría de los almacenes en
un mismo sector, la competencia con precios resultaba ser de gran ventaja
para los músicos, en especial para aquellos que iniciaban o para aquellos que
no contaban con una capacidad económica fuerte para asumir los costos de
instrumentos de gama alta.
216 · Cartografía del rock bogotano en tres movimientos ·

La consolidación de un público o audiencias va de la mano con la configu-


ración de grupos identitarios. Resulta evidente que en la década de 1960 la
división entre jóvenes se daba entre quienes eran modernos y quienes no, al
no haber una mayor oferta musical. La división mundial que se mantenía en-
tre Beatles y Rolling Stones no era copiada de manera igual entre las bandas
nacionales, que más bien trabajaban de manera conjunta para lograr salir
avante ante las precarias condiciones del momento.

Con la llegada de la década de 1980 la cosa cambia radicalmente por varios


motivos: en primer lugar, el hacer o consumir rock ya no tiene un sentido
de clase en sí mismo, pues el metal y el punk logran insertarse en espacios
antes complejos para el pop rock comercial. En segundo lugar, las letras en
los diferentes géneros comienzan a diseñar una marcada diferencia en tér-
minos del uso poético del lenguaje, siendo el metal y el punk más crudos y
directos en las letras y su contenido, muy políticamente orientados contra el
sistema. De igual manera, las manifestaciones estéticas comienzan a marcar
una diferencia clara entre unos y otros: la forma de vestirse, de comportarse
en grupo, de bailar e incluso la forma de hablar se convierten en expresiones
de unos habitus de clase emergentes entre jóvenes.

En términos políticos es posible ver cómo el rock aparece para hacer visibles
a los jóvenes, no solo en Colombia, sino en el mundo (Roncallo, Aguilar y
Uribe, 2021) y su desarrollo a lo largo de las décadas permite ver cómo se va
consolidando esa juventud en relación con el espacio urbano. Es como si a
medida que pasaba el tiempo, el rock fuera diseminándose por los diferentes
barrios y localidades de Bogotá, despertando a las personas, ofreciéndoles
una forma otra de ver y dialogar el mundo. Para 1980, los jóvenes adquieren
una relevancia comercial mayor que la que podía existir veinte años atrás.
Aparecen los centros comerciales, las heladerías, los juegos de maquinitas
de arcade y, por supuesto, las pizzerías como lugar de concentración. Pero es
desde 1990, en donde estos jóvenes se vuelven vocales respecto a su sentir
político y asumen un liderazgo notable en sus líricas y en lo performativo,
desde donde se dialoga, debate o interpela el contexto cotidiano en que se
desenvolvían.

El evidente aumento en la oferta musical y estética en la década de 1990 forta-


leció la configuración de identidades colectivas que se reconocen e identifican
a sí mismas como sujetos políticos que desde sus canciones establecen un
· Cartografía Social · 217

diálogo, un debate o interpelan el contexto nacional y distrital. Rock al Parque


y sus sucedáneos, incluyendo aquellos que emergen como opuestos a este,
se convierten en espacios en donde músicos y audiencias ejercitan su ciuda-
danía de manera activa, más allá del voto secreto o la conversación política
de cafetín. Es por ello por lo que, a finales de los 90, resultase absolutamente
normal que en un Rock al arque decenas de miles de jóvenes de diferentes
grupos identitarios, con indumentarias disímiles entre sí, coreasen Fango (La
Pestilencia, 1989) o Soledad Criminal (1280 Almas, 1992) y cuando Fernando
del Castillo levantaba su puño izquierdo en el aire cientos de miles de almas
5

respondía con igual ademán y gritando al unísono: “¡Alegría!”.

5. Cantante y letrista de las 1280 Almas.


218 · Cartografía del rock bogotano en tres movimientos ·

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220

Sobre los
autores y autoras
· Cartografía Social · 221

Ángela Garcés Montoya


Docente-Investigadora en la Facultad de Comunicación - Universidad de Me-
dellín. Integrante del grupo de investigación Comunicación, Organización
y Política. Experiencia investigativa en los campos de culturas juveniles, co-
lectivos juveniles de comunicación y participación política juvenil. Libros re-
cientes: Memorias Sonoras: Mujeres en el rap (co-autora, 2023), Diálogo de
saberes en Colectivos de Comunicación (Editora, 2020), Diálogo de saberes,
memorias y territorios (Editora, 2019).
También integra la Red de investigación Comunicación y Buen Vivir que pro-
mueve la divulgación y apropiación de conocimiento de forma colaborativa y
con divulgación libre, caso del Cartografía social (co-editora, 2023) Dicciona-
rio Polifónico: Comunicación, Territorios y Buen Vivir (co-editora, 2020); Min-
ga de saberes metodológicos (co-autora, 2020). Cartilla Diálogo de saberes
en comunicación (co-editora, 2016).
agarces@[Link]

Clara Lucia Grisales Montoya


Siendo cocinera me hice antropóloga, y como era de esperarse, ambos razo-
namientos sobre la vida me hicieron maestra. Como cocinera ejerzo de “cien-
tífica”, y sin hijos de intermediarios ya busco el reconocimiento de abuela,
para ejercer una mirada ancestral y con sabiduría, como lo demanda la co-
cina. Soy la hija de Jesús, un excelente cocinero, un hombre sabio que mez-
claba con sabor su conocimiento de los suelos, las cosechas, la política y la
economía, de su mano aprendí sobre la riqueza que contienen los territorios
para convertirlos en platos. Soy hija de Lety, de maneras finas y refinamien-
tos que solo el arte puede consagrar, pues si la pobreza se imponía, en suerte
tocaba la creatividad, de tal virtud que cada comensalía era una ofrenda a la
dignidad. Lo que luce de mi nombre es la claridad, sin yema y a punto de
nieve, esa soy yo: Clara Lucia Grisales.

Daniel Aguilar Rodríguez


Doctor en Sociología de Kansas State University ([Link] /2008), Magister en
Sociología de la Universidad Nacional de Colombia (2003) y Comunicador So-
cial de la Universidad Externado de Colombia (1997). Docente universitario
222 · Sobre los autores y autoras ·

desde 1997. Investigador desde 2003. Actualmente me desempeño como


coordinador de la Maestría en Comunicación Creativa y Medios Emergentes
de la Universidad Externado de Colombia. Además de la vida académica, he
trabajado como consultor en procesos de investigación y sistematización de
diferentes tipos de experiencias para organizaciones nacionales e internacio-
nales. Baterista de rock y músico activo de este género.
[Link]@[Link]

Ginna Soraya Molano Granados


Maestra en Artes plásticas y Maestrante en Historia de la Universidad Nacio-
nal de Colombia. Catedrática de la Universidad del Tolima. Investigadora del
grupo Rastro Urbano de la Universidad de Ibagué. Está formada en muñeco-
terapia y es artista creadora. Cofundadora del Colectivo Profesores Cuidado-
res. Investigadora en procesos de cartografías participativas, metodologías
de diseño e investigación-creación.
profesorescuidadores@[Link] ORCID: 0000-0001-8263-8128.
“Soy una agente cultural orientada a los procesos de transformación social a
través del arte, como espacio de agencia para el ejercicio ciudadano. Como
pedagoga me enfoco en la construcción de un saber pedagógico acorde a las
prácticas sociales y culturales de las comunidades, integrando los saberes e
intereses propios de las personas en sus diversos contextos”.

Julio Eduardo Mazorco Salas


Filósofo, psicólogo, Magíster en Educación de la Universidad de los Andes y
Magíster en Salud Mental Comunitaria de la Universidad del Bosque. Docto-
rante en Desarrollo Local y Cooperación Internacional de la Politécnica de Va-
lencia. Docente investigador de la Universidad de Ibagué y el grupo MYSCO.
Cofundador del Colectivo Profesores Cuidadores. Investigador en promoción
de la salud con enfoques participativos y emancipatorios, diseño de ambien-
tes saludables y formación de docentes. Formado en respiración, grupo y
contacto terapéutico, Diplomado en terapia Gestalt.
[Link]@[Link] ORCID: 0000-0002-2008-4382.
· Cartografía Social · 223

“Entre las búsquedas académicas y de vida encontré que la educación es un


sistema que posibilita procesos de transformación social. En el auto-conoci-
miento aprendí que un sujeto saludable internamente, es un sujeto que cons-
truye relaciones saludables. Estos procesos favorecieron que viera la docencia
como una práctica de transformación social y la formación de docentes como
una prioridad. Creo que los procesos de aprendizaje aún cargan con mucha
violencia naturalizada, creo que, sin querer queriendo, todos y todas contribui-
mos a ello y podemos contribuir a construirnos como profesores cuidadores.”

Leonardo Jiménez García


Comunicador Audiovisual, Magister en Educación y Derechos Humanos. Di-
rector del Centro de Estudios con Poblaciones, Movilizaciones y Territorios
-POMOTE y coordinador del Grupo de Investigación Pluriverso de la Univer-
sidad Autónoma Latinoamericana. Integrante e investigador de la Red Bien
Común en las líneas de Comunicación, Memorias, Territorios, Sistematización
de Experiencias. Publicaciones recientes: Construyendo paz desde los Territo-
rios (2024), Memorias Sonoras. Relatos de Mujeres en el Rap (2023), Plura-
lismos Epistemológicos. Nuevos desafíos de la investigación y la sistemati-
zación de Experiencias (2022) Minga del Pensamiento Pedagógico (2020) y
Minga de Saberes Metodológicos (2020).
leojiga@[Link] - [Link]

Luis Felipe Ortiz Clavijo


Miembro del grupo de investigación pluriverso, Centro de estudios POMOTE,
universidad autónoma latinoamericana -UNAULA-. Magister en Ingeniería -
Analítica Universidad Nacional de Colombia sede Medellín. Magister en Estu-
dios de Ciencia, Tecnología, Sociedad e Innovación del Instituto Tecnológico
Metropolitano de Medellín. Ingeniero Industrial de UNAULA.
[Link]@[Link] - [Link]
224 · Sobre los autores y autoras ·

Sonia Marsel Rojas Campos


Sí, Marsela con S, no con C…. aunque por muchos años peleé con ello, el
tiempo me hizo ver que se trataba de mi marca personal y lo que constituiría
mi pregunta y ejercicio de investigación permanente: la diferencia, la diver-
sidad, lo no homogéneo….
Hija de madre boyacense y padre bogotano, humildes trabajadores con
quienes aprendí que la honestidad y la constancia en el trabajo permiten
alcanzar grandes cosas. Seguramente por ello, inicié con una formación
tecnológica y, muchos años después, logré un doctorado. Con campesinos,
docentes, jóvenes, mujeres, comunidad LGTBI y población con discapacidad
aprendí la complejidad y belleza de la vida así como la posibilidad de apostar
por la configuración de muchos mundos posibles. Me gusta caminar, recorrer
y transitar por calles, paisajes, vidas, experiencias y saberes.

Víctor Hugo Jiménez Durango


Estudió historia de la Universidad Nacional de Colombia – Sede Medellín.
Es estudiante de la maestría en Ciencias de la Información con énfasis en
Memoria y sociedad en la Escuela de Bibliotecología de la UdeA. Dentro de
sus publicaciones y trabajos sobre el tema, en el 2013 llevó a cabo la inves-
tigación artística Ciudad Graffiti. Jóvenes, músicas, consumos y escuelas de
graffiti; en el 2015 realizó un estado del arte de la cuestión de la escena del
graffiti a nivel local; en el 2017 publica con Lina Ríos el libro Barrio Graffiti so-
bre narrativas del presente, otras escrituras, fotografía documental y visuali-
dades urbanas; y en el 2019 hace una investigación sobre las pieles, galerías
y rutas de arte urbano con las que cuenta Medellín.
[Link]

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