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Algunas Consideraciones Sobre Participación Política Indígena en Guatemala

Participación de los pueblos indígenas de guatemala

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Algunas consideraciones sobre participación

política indígena en Guatemala


Horacio Luis María Lazzari Mathieu*

Introducción

Hipótesis de trabajo
El presente estudio parte de la siguiente hipótesis: en la República
de Guatemala la participación política de los pueblos indígenas es baja
en relación al resto de la población del país, y dicha intervención en el
proceso político local es particularmente baja en el caso de las mujeres
indígenas.
Esta hipótesis de trabajo se complementa con otra: la abstención
electoral de los pueblos indígenas guatemaltecos no está dada por
características propias de este grupo, sino por factores de índole
estructural, es decir, por la diversidad de condiciones socioeconómicas
en las que los pueblos originarios deben subsistir.
Dicho marco reconoce su origen en la desatención que los mayas,
xincas y garífunas han sufrido de parte de las diversas administraciones
a través del tiempo, y que se ha plasmado en una legislación local
que no está adaptada a la sociedad multilingüe, pluricultural y
multiétnica reconocida en los Acuerdos de Paz, lo que ha hecho difícil
la efectividad de éstos últimos sobre un derecho correspondiente a la
cultura dominante.

Justificación
Este estudio espera, de comprobarse su hipótesis y determinados
los factores que llevan a la exclusión de los indígenas en el país, poder
efectuar un aporte para elevar la participación político-electoral de
éstos.

* Argentino. Ex alumno del XXIII Curso Interdisciplinario en Derechos Humanos.


Funcionario de la Embajada de la República Argentina en Guatemala.

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Para ser más específicos, lo que se pretende es tomar algunos de los


problemas registrados en las elecciones generales llevadas a cabo en
Guatemala en 2003 y, a la luz de la experiencia, la doctrina y algunas
entrevistas con funcionarios de gobierno, formular sugerencias de
reforma legislativa que, a juicio del autor de este trabajo, constituyen
medios que harán más viable una mayor participación política indígena,
contribuyendo a una relación más armónica y justa en la diversidad.

Alcance
Debido a la extensión del trabajo, éste no pretende constituirse en
una guía extensiva de los problemas que originan la escasa participación
de los indígenas en general y de la mujer indígena en particular, sino
que buscará examinar algunas causas concretas que dificultan la
participación indígena, proponiendo para tales situaciones jurídicas y
de hecho posibles cursos de acción que gradualmente vayan haciendo
camino en la eliminación de una discriminación ancestral, sin que ello
implique que lo que se propone sea la mejor solución y, menos aún, la
única viable.

Objetivos
Por lo expuesto, en este trabajo se efectuará una evaluación de la
bibliografía disponible, utilizando datos cuantitativos cuando sean
pertinentes, pero tendrá más bien una orientación hacia métodos
cualitativos y hacia la propuesta legislativa.
Así, los objetivos del trabajo pueden resumirse en los siguientes:
1) Analizar la participación indígena en el período correspondiente a
la campaña proselitista desarrollada en 2003, previo a las elecciones
nacionales generales de noviembre de ese año.
2) Relevar la estructura jurídica del sistema electoral y de partidos
político vigente en ese momento en el país, determinar si fueron
objeto de cumplimiento y, caso contrario, las causas de dicho
incumplimiento.
3) Identificar prácticas registrados durante la campaña proselitista
y en el acto electoral que, aunque no estén reñidas con la letra de
la legislación electoral, sí van contra su espíritu y se oponen a los
objetivos de los Acuerdos de Paz, retrasando la incorporación plena
de los indígenas al sistema político guatemalteco.

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4) Ofrecer cursos de acción que contribuyan a la eliminación gradual


de los problemas registrados en los acápites 2 y 3.

1. Aproximación al tema

1.1 Concepto
Corresponde en primer lugar aclarar a qué nos referimos al hablar
de “participación política”. Ésta puede definirse como “toda actividad
de los ciudadanos dirigida a intervenir en la designación de sus
gobernantes o a influir en la formación de la política estatal”.
Dicha definición comprende acciones que buscan incidir sobre
medidas de carácter general y particular en la vida política de un país
a través de modos tan diversos como concurrir a votar, participar en
la campaña proselitista, comprometerse en actividad comunitaria o
particular y vincularse a expresiones de protesta.
Ahora bien, para entender plenamente las dificultades de la población
indígena en materia de participación política, es menester señalar la
desigual distribución de la población indígena en el país, asentándose
ésta mayoritariamente en el área rural, siendo su presencia en la ciudad
capital muy limitada. Cabe aclarar que la presencia indígena en la
segunda ciudad del país, Quetzaltenango, sí es destacable, aunque la
gran diferencia poblacional que existe entre ambas ciudades mantiene
en pie la premisa original.
Otro dato a tomar debidamente en cuenta es que el 42% de la población
del país corresponde a alguno de los 21 grupos etno-lingüísticos del
pueblo maya, al pueblo xinca o al pueblo garífuna (afrodescendiente).

1.2 Breve reseña de la participación política indígena


Como lo puede apreciar el observador interesado en la historia
política del país, los pueblos indígenas han sido víctimas desde la
conquista, pasando por la colonia, hasta llegar al período republicano

 Centro de Asesoría y Promoción Electoral, Diccionario Electoral, tomo II, IIDH,


San José de Costa Rica, 2º edición, 2000, pág. 955.
 II Misión Indígena de Observación Electoral, Informe Final Elecciones 2003,
Guatemala, 2004, pág. 101.
 El pueblo maya está integrado por los pueblos achi, akateko, awakateco, chorti,
cluj, itza, ixil, jakalteco, kanjobal, kaqchikel, kiche, mam, mopán, poqoman,
poqomchi, qeqchi, sakapulteko, sipakapense, tektiteko, tzutujil y uspanteko.

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independiente, de diferentes políticas que le han negado su especificidad


a través de medidas de asimilación forzada o de eliminación y
genocidio, transformando en minoría a una mayoría.
El Estado guatemalteco se constituyó como entidad central, y
operó a través de la exclusión, imponiendo un modelo monoétnico y
monocultural, con fuerte discriminación de los indígenas en materia
de selección para los cargos de la administración pública, circunstancia
que favoreció la permanencia de los mismos como grupo subyugado.
Resquicios de estas prácticas tristemente tradicionales que han
sufrido los indígenas se extienden hasta nuestros días a través de
actitudes cotidianas particularmente fuertes en lo que se refiere al
desprecio del idioma y espiritualidad indígenas.
En este marco, la divergencia pública y la protesta de los pueblos
maya, garífuna y xinca en el país ha sido más bien escasa, registrándose
su inicio en el sentido que se le da a la palabra en la actualidad en el
decenio que va de 1944 a 1954, marcado por gobiernos que, con fuerte
respaldo popular, lograron establecer en Guatemala políticas de corte
progresista.
Sin embargo, estos grupos no nacieron con especificidad indígena,
sino que se desarrollaron en el marco de movimientos obreros
y campesinos que reivindicaban el acceso a la tierra y recursos
productivos del país, tradicionalmente en manos de la plutocracia
nacional.
En 1954 se inicia un período contrarrevolucionario que combatió
los movimientos indígenas antes referidos. Sin embargo, las bases del
movimiento social quedaron asentadas, listas para resurgir cuando las
circunstancias fueran propicias.
Así, el movimiento indígena continuó sin especificidad propia, con
un contenido particular, determinado por las necesidades de los pueblos
originarios, pero dentro de diversos continentes.
En la década de 1960, la participación indígena pasó al movimiento
insurgente, pese a las dudas generadas en un primer momento en la
dirigencia revolucionario sobre la posibilidad de la integración de los
indígenas en la dialéctica de la lucha de clases.
Durante las décadas de 1970 y 1980, el endurecimiento de las
políticas de contrainsurgencia llevó a un nuevo repliegue autoimpuesto
de las demandas étnicas, por la calificación de “subversivas” que se les

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asignó en el marco de la aplicación en América Latina de la Doctrina


de Seguridad Nacional.
Sólo con la finalización del conflicto ideológico este-oeste fue
posible empezar a ver los reclamos de los pueblos indígenas sin la
contaminación ideológica que había imperado décadas atrás.
En este marco, de 1990 a 1995, se consolidaron nuevos movimientos
indígenas, esta vez con un contenido y un continente indígena
claramente definido.
En la década del 90 se reagruparon los sectores étnicos provenientes
de movimientos revolucionarios, sociales y religiosos, imprimiéndole
a las nuevas agrupaciones indígenas características de sus formaciones
de origen.
En 1992, año del Quinto Centenario del Descubrimiento de
América, los movimientos indígenas tomaron renovada fuerza,
siendo percibidos como tales por la sociedad nacional e internacional,
realizándose el Encuentro Continental de Pueblos Indígenas, llevado a
cabo en la ciudad de Quetzaltenango.
También en 1992, Rigoberta Menchú Tum recibió el Premio Nóbel
de la Paz, galardón que sin duda llevaba implícito el reconocimiento
internacional de la legitimidad del reclamo indígena en Guatemala y
América Latina.
Merece ser especialmente destacado 1995, año en el que el gobierno
de Guatemala y la comandancia de la Unidad Revolucionaria Nacional
Guatemalteca suscribieron en México el Acuerdo sobre Identidad y
Derechos de los Pueblos Indígenas (AIDPI).
El AIDPI marca el inicio de un cambio de actitud de la sociedad
guatemalteca hacia los pueblos mayas, los que pasan de ser vistos como
minoría a ser reconocidos como la mayoría del país.
En el primer quinquenio de la década de 1990 surgió también
la Coordinación de Organizaciones del Pueblo Maya de Guatemala
(COPMAGUA), instancia que agrupaba a diversos sectores indígenas
con especificidad indígena propia.
En 1996 se suscribieron el Acuerdo de Paz Firme y Duradera y el
Acuerdo sobre el Cronograma para la Implementación, Cumplimiento
y Verificación de los Acuerdos de Paz. Este tal vez ese pueda definirse
como el momento de mayor consenso en la sociedad guatemalteca,

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y marcó acaso el punto más propicio para el entendimiento e


incorporación de los pueblos indígenas a la estructura política.
En efecto, los horrores del conflicto armado interno llevaron a los
diversos actores de la sociedad local a buscar fórmulas, aún a costo
de sacrificios personales o de clase, que fueran idóneas para superar
las tradicionales antinomias que habían sido el motor perverso de un
conflicto fraticida.
Consultando diarios de la época, se puede ver cómo, por ejemplo,
el sector empresarial estaba anuente al aumento de las tasas de
recaudación tributaria para conseguir así los recursos necesarios para
llevar a buen puerto y en el tiempo programado los objetivos trazados
por los Acuerdos de Paz.
Sin embargo, pasado el tiempo, dicho consenso se fue debilitando, y
las partes fueron regresando paulatinamente a sus posiciones originales.
El miedo al conflicto armado fue desapareciendo y, por consecuencia,
fue declinando la voluntad de los actores para eliminar las causas que
habían dado origen a la contienda.
El rechazo de la sociedad guatemalteca en el plebiscito de 1999 a
la incorporación a la Constitución Política del país de las enmiendas
necesarias para dar sustento legal a documentos que eran por demás
legítimos, marcó un punto de quiebre en la hoja de ruta de los Acuerdos
de Paz, destacándose tal rechazo entre las causas más claras de la
lentitud con que han avanzado esos compromisos.
Sin embargo, y pese a los contratiempos sufridos por los Acuerdos
de Paz, éstos han constituido un punto de no retorno en lo que se refiere
a la superación de la discriminación brutal y descarada que los pueblos
indígenas sufrían antes de la suscripción de los mismos, tendiendo
puentes entre éstos y la sociedad ladina dominante.
El AIDPI ha conducido a un profundo cambio de actitud del
movimiento maya: los pueblos indígenas han dejado de ver al Estado
como una contraparte hostil, para buscar ahora su fortalecimiento, ya
que es éste el encargado de garantizar su plena ciudadanía.

 En dicha oportunidad el 81,45% de los empadronados se abstuvo. El 9,4 votó


por el “no” y el 7,5% lo hizo por el “sí”. En la ciudad capital se llevó a cabo una
fuerte campaña contra el “sí”, encabezada y financiada por sectores tradicionales
con temor a un eventual sector nativo dominante. Tampoco hubo transporte
gratuito.

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Por su parte, la administración pública también ha cambiado su


percepción de los indígenas, pasando de una visión tutelar a otra de
inclusión, lo que ha permitido que el número de funcionarios indígenas
en la administración pública haya ido en aumento.
Sin embargo, dicha incorporación también se basa en la frágil
estructura del sistema de partidos políticos imperante en Guatemala.
Habitualmente, son los partidos los que proveen los cuadros para
la administración pública, pero la volatilidad de las alianzas los ha
obligado a buscar nuevos funcionarios dentro del movimiento social.
Los funcionarios de extracción indígena deben hacer frente a las
tensiones existentes en el sistema, soportando en muchos casos las
críticas de los integrantes de sus movimientos de origen, que los ven
como cooptados, así como la desconfianza de otros funcionarios ya
establecidos en el sistema burocrático, que muchas veces los perciben
como el tributo que hay que sufragar para poder presentar una imagen
de amplitud.
Gracias a este esfuerzo, los funcionarios provenientes del mo­
vimiento indígena han logrado pernear las reivindicaciones de sus
fuerzas de origen en materia de recursos naturales, derechos de la mujer,
y otros tantos temas en los más diversos niveles de la administración
pública.
En síntesis, los Acuerdos de Paz han sido el punto de partida que
ha dinamizado cambios en la estructura del Estado, aunque dichos
cambios se han visto retrasados por diversos factores, principalmente
el rechazo a la reforma constitucional de 1999 y la falta de recursos
públicos para hacer frente a los compromisos que emanan de esos
documentos.
En buena medida, se puede decir que son los movimientos sociales
los que continúan velando por el cumplimiento de los Acuerdos de Paz,
desde fuera del Estado como instituciones de la sociedad civil, y dentro
del Estado a través de sus cuadros.
Para finalizar esta breve reseña histórica de la participación
indígena, merece destacarse que en 2006, año en el que se cumplirá la
primera década de la suscripción del Acuerdo de Paz Firme y Duradera,
se abre una nueva esperanza para los Acuerdos de Paz.
Hacia fines del 2005, fue sancionada la Ley Marco de los Acuerdos
de Paz, cuerpo legal que estableció el compromiso del Estado de
cumplir con las obligaciones que se encuentran pendientes.

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En ese mismo año fue instalado el Consejo Nacional de los Acuerdos


de Paz, ente de carácter multisectorial, que dentro de su agenda se
espera retome la reforma constitucional necesaria para llevar a la
práctica los aspectos pendientes de los Acuerdos de Paz, y la reforma
fiscal que será menester para contar con los recursos económicos
que permitan ejecutar las acciones publicas necesarias para que los
Acuerdos de Paz sean una realidad.
En otras palabras, la sanción de la Ley Marco y la instalación del
Consejo consolidan el carácter de agenda social de los Acuerdos de
Paz, calidad que venía siendo erosionada desde el rechazo a la reforma
constitucional en 1999.

2. Proceso electoral 2003


2.1 Legislación vigente
Constitución
La Constitución Política de la República de Guatemala se refiere a
aspectos de la vida de los pueblos indígenas en sus Arts. 66 a 70, 136,
143 y en el Art. transitorio 18.
El Art. 66 reconoce, aunque no con la amplitud y fuerza del AIDPI,
la presencia de los pueblos indígenas en Guatemala: “Guatemala está
formada por diversos grupos étnicos entre los que figuran los grupos
indígenas de ascendencia maya”.
A la luz de los Acuerdos de Paz, se debe destacar que el Art. 66
pone a los pueblos indígenas en situación de minoría, y que sólo
menciona al pueblo maya, sin ver la diversidad del mismo, olvidando
además a los xincas y garífunas.
Los Arts. 67 a 70 se ocupan de manera tuitiva del tema de la tierra
y del trabajo indígena.
El Art. 143, establece el español como idioma oficial, y reconoce
a los idiomas indígenas, a los que denomina “lenguas vernáculas”, el
carácter de “patrimonio cultural de la Nación”, sin darles sentido en
materia electoral.
Sí reviste una especificidad levemente mayor el Art. transitorio
18, que establece la divulgación de la Constitución en quiché, mam,
cakchiquel y kekchí.

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Ley electoral y de partidos políticos y su reglamento


La Ley Electoral y de Partido Políticos se ocupa de la materia en
sus Arts. 180, 181, 218, y 231.
Los Arts. 180 y 181 se refieren a las Juntas Receptoras de Votos
y su integración. En el Art. 181 se establece que “Cada Junta
Receptora de Votos estará integrada por tres miembros titulares que
serán nombrados por la Junta Electoral Municipal correspondiente y
quienes desempeñarán los cargos de Presidente, Secretario y Vocal
respectivamente, debiéndose integrar a más tardar, quince días antes
de la fecha de la elección correspondiente”.
Como se ve, no se indica que los miembros del cuerpo deban
pertenecer a las etnias del lugar, ni que deban hablar el idioma de
quienes asistirán al acto cívico para lograr ser un auxilio efectivo para
los votantes.
El Art. 56 del Reglamento a la Ley Electoral y de Partidos Políticos,
tampoco se refiere al tema: “Cada junta electoral municipal integrará
las juntas receptoras de votos de su municipio con ciudadanos alfabetos
vecinos del mismo, y de preferencia con quienes tengan experiencia en
anteriores elecciones”.
En este caso no sólo no se hace referencia a la participación de
indígenas, sino que el hecho de dar preferencia a quienes ya hayan
participado en comicios anteriores, pese a la intención de agilizar el
acto electoral, termina siendo otro elemento que refuerza la tradicional
exclusión de los indígenas en Guatemala.
El Art. 218 de la Ley se refiere a las papeletas a utilizar para
recibir la voluntad de los electores: “Las papeletas electorales que
se utilizarán en cada mesa de votación se prepararán conforme al
reglamento, debiéndose imprimir la cantidad necesaria. El Tribunal
Supremo Electoral, juntamente con los fiscales nacionales de los
partidos políticos, y comités cívicos electorales, aprobarán por mayoría
absoluta de votos de los presentes, el modelo de papeletas a utilizarse
para la emisión del voto. Asimismo, podrán vigilar el procedimiento
de elaboración de las mismas”.
Pese a que este artículo fue reformado en 2004, no hay referencias
a la inclusión de idiomas indígenas en las papeletas.
Sí hubo avances en lo que se refiere a la instalación de las
Juntas Receptoras de Votos, abandonando la tradicional norma que

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ordenaba el establecimiento de las mismas solamente en las cabeceras


municipales.
Dicha práctica, que encontraba como fundamento limitar la presión
que los terratenientes ejercían sobre sus empleados, evitando que el
voto fuera forzado, terminó limitando la participación política que se
buscaba proteger.
Afortunadamente, con la reforma de 2004, el Art. 231 quedó
redactado así: “Es obligación de las juntas electorales municipales
instalar las juntas receptoras de votos en las cabeceras municipales,
aldeas, caseríos, cantones u otros lugares donde existan más de
quinientos empadronados; en caso de existir núcleos poblacionales con
menos de quinientos empadronados, el Tribunal Supremo Electoral
deberá instalar las mesas de votación en la aldea, caserío, cantón o lugar
que facilite la afluencia y conjuntar el número establecido”.
El Art. 136, inc. a), se refiere al derecho de los ciudadanos a
inscribirse en el Registro de Ciudadanos, por lo que se necesita
una activa participación del ciudadano para quedar integrado en los
padrones.

2.2 Condiciones de vida de los pueblos indígenas


Como señala el Informe Final de la II Misión Indígena de
Observación Electoral (II MIOE), “la información sobre Índice
de Desarrollo Humano (IDH) por departamento muestra que éste
tiene valores bastante desiguales y que tiende a tener una relación
estrecha con dos características de la población: ruralidad y población
indígena”.
El informe también expresa que en los departamentos de nor-
occidente, en promedio con un 75% de población indígena, es el lugar
al que el Estado le asigna el menor gasto público, permitiendo así que
las condiciones de vida de los indígenas de esos lugares continúen
deteriorándose.
Como lo indica el informe 2001 de la Misión de Verificación de
las Naciones Unidas en Guatemala (MINUGUA), “los compromisos

 II Misión Indígena de Observación Electoral, Informe Final Elecciones 2003,


Guatemala, 2004, pág. 10.

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relativos a los pueblos indígenas están entre los que registran mayor
incumplimiento”.
Para que los derechos postulados en el AIDPI sean una realidad,
es necesario tomar medidas tendientes a mejorar el IDH de los
pueblos indígenas a través de acciones que eleven su situación laboral,
educacional, de salud, vivienda, etc.

2.3 Los pueblos indígenas en la agenda de los


partidos políticos
La oferta de los partidos políticos para los pueblos indígenas en
las elecciones 2003 fue escasa. La compleja problemática indígena
fue tratada de manera parcial y en algunos aspectos puntuales por
los partidos, sin propuestas concretas en materia de tierra, racismo o
inclusión de la mujer indígena.
A continuación se detallan las propuestas de las fuerzas políticas
que sí se ocuparon del tema:
URNG
La Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG), partido
que llevaba en su fórmula electoral a un Vicepresidente indígena,
contenía en su plataforma una propuesta de reforma educativa centrada
en el reconocimiento del carácter multicultural y pluriétnico del país
GANA
La Gran Alianza Nacional (GANA), conglomerado formado por el
Partido Patriota, el Movimiento Reformador y el Partido Solidaridad
Nacional, se reunió con representantes de las comunidades lingüísticas
del país en Tecpán, Departamento de Chimaltenango.
En dicha reunión se suscribió la llamada “Declaración de Iximché”,
en la que se destacaba el rol de la diversidad cultural del país en la
construcción de una plataforma desde la cual se pueda encarar de
manera conjunta los problemas que aquejan al país; revitalizar la
implementación del AIDPI; promover la incorporación de indígenas
a los cuadros del servicio civil del Estado, incluyendo al Servicio
Exterior; fortalecer la capacidad institucional de los entes que trabajar
de manera cercana a la población, como las alcaldías indígenas, las
municipalidades, los consejos de desarrollo y las gobernaciones
 MINUGUA, Los pueblos indígenas de Guatemala: la superación de la
discriminación en el marco de los Acuerdos de Paz, Guatemala, 2001, pág. 7.

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departamentales; respeto de los sitios sagrados; priorizar políticas


de Estado contra el racismo y la discriminación, a través de la
concientización de todos los niveles del Estado, con particular énfasis
en la educación formal; invertir en materia de servicios de salud,
y prestación de los servicios de justicia en idiomas mayas; mayor
inversión pública en educación bilingüe; promover la inclusión del
derecho de las comunidades indígenas en el marco jurídico del
Estado guatemalteco, aceptando la validez el derecho consuetudinario
indígena, y su reconocimiento por los aportes a una cultura de justicia
basada en la resolución pacífica, pronta y local de los conflictos, en el
resarcimiento de las víctimas y la efectiva reincorporación social de
los transgresores.
UNE
La Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), proponía la promoción
el desarrollo cultural, la convivencia democrática como base de la
interculturalidad; garantizar la plena inclusión de las etnias; garantizar
la libertad de culto; y fomentar el reconocimiento de la realidad
pluricultural, multiétnica y multilingüe como medio de reafirmar el
orgullo nacional.

2.4 Convocatoria y recepción del sufragio


El Tribunal Supremo Electoral (TSE) efectuó sus comunicados en 12
idiomas de uso en Guatemala entre los indígenas y afrodescendientes.
Sin embargo, “en la mayoría de radiodifusoras de la capital y de
los departamentos fue notoria la falta de información en idiomas
mayas”.
En la tercera declaración de la II MIOE, se puso de manifestó “la
dificultad de la ciudadanía, especialmente de mujeres y hombres que
viven en las áreas rurales, en su mayoría indígena, que no tuvieron
acceso a medios de transporte para llegar a los centros de votación.
Todo lo contrario al caso de la capital, donde sí se contó con servicio
de transporte gratuito”.
Como lo señaló la II MIOE, se destacan como los principales
problemas el “monolingüismo, analfabetismo, desconocimiento del
sistema electoral, discriminación contra los ancianos, las mujeres,

 Misión Indígena de Observación Electoral, Informe Final Elecciones 2003,


Guatemala, 2004, pág. 43.

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particularmente las mujeres mayas, por ser pobres, por ser indígenas
y cargar hijos”.
Las juntas receptoras de votos estuvieron conformadas por mayoría
de personas ladinas, aún en regiones de clara mayoría indígena.
La situación se hace particularmente sensible en el caso de las
mujeres mayas, a las que se les asignan roles de apoyo, más que de
conducción: “La participación de la mujer maya en mi departamento
fue escasa, no vi a una sola mujer como presidenta de mesa, mucho
menos como candidata a alcaldesa o diputada. Estaban como
secretarias, vocales, fiscales o alguaciles de las juntas, siempre en
cargos menores”.
Como también subraya el informe ya citado, la razón de tal
discriminación, más allá de los componentes culturales de la sociedad
guatemalteca, es que es una elección estructurada para alfabetos de una
sociedad monolingüística.
La II MIOE destaca en su segunda declaración:
En muchas comunidades y pueblos, con fuerte presencia indígena,
ubicados en los departamentos de Alta y Baja Verapaz, Quetzaltenango,
Totonicapán, San Marcos, Sololá, Quiché y Huehuetenango, entre
muchos otros casos, la falta de delegados electorales con dominio del
idioma local impidió una orientación efectiva y causó desinformación
y lentitud al proceso, pérdida de tiempo y tediosas colas de hombres y
mujeres mayas, lo cual constituye una falta de respeto para los votantes
cuya existencia debe ser valorada en su justa dimensión, por cuanto
enriquece y potencializa nuestras diversas expresiones de participación
política.
En igual sentido, en informe presentado por los consultores Boneo
y Torres-Rivas al TSE indica que “hay previsiones en la administración
electoral que ayudan al ciudadano… trámites fáciles y directos para
identificarse y para depositar el voto, boletas bien impresas, cortesía
explícita del personal que administra el acto del sufragio”10 (el
destacado no es de los autores).

 Ibid., pág. 35.


 Ibid., pág. 36, comentario referente al departamento de Huehuetenango.
10 Horacio Boneo & Edelberto Torres-Rivas, ¿Por qué no votan los guatemaltecos?:
Estudio de participación y abstención electoral, Guatemala, 2001, pág. 44.

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El estudio antes citado también destaca las dificultades lingüísticas


presentes: “Las dificultades para comprender el español son un
impedimento relativo, tanto como el deficiente manejo de símbolos
y conductas de tipo moderno/occidental que privan en el ambiente
político”11.
Asimismo, el informe indica que la composición de las juntas
electorales municipales y juntas de recepción de votos no tuvo carácter
multiétnico.
El estudio de Boneo y Torres-Rivas revela que el grado de
analfabetismo es mayor entre los hombres y mujeres indígenas, siendo
mayores las diferencias cuando se compara entre mujeres indígenas y
ladinas que cuando dicho paralelo se establece entre hombres indígenas
y ladinos.
El trabajo también muestra que mientras que la participación de
mujeres alfabetas y hombres analfabetos tiene niveles de abstención
similares a los de la población general, y mientras los hombres alfabetos
presentan un nivel de abstención 15% inferior al de la población
general, la abstención de las mujeres analfabetas es casi un 50%
superior al promedio general.
Así las cosas, el estudio indica que “el núcleo duro de la abstención
está constituido por mujeres analfabetas e indígenas”12.
Como el mismo informe señala, las mujeres entrevistadas expresaron
que “la política es cosa ajena a ellas, pues eso es para los hombres”.
En efecto, muchas mujeres indígenas carecen de documentos, o no
están inscriptas, o no van a votar porque su responsabilidad es ocuparse
de los quehaceres domésticos, definidas estas responsabilidades en
el marco de una sociedad tradicional con fuerte influencia del varón
blanco mestizo.
Para dar otro ejemplo, el estudio en cuestión indica que el transporte
y la distancia a los centros receptores de votos es sólo un elemento
marginal a la hora de explicar la abstención electoral, pero que dichos
factores operan con fuerza en dos casos, a saber, cuando la distancia
constituye un factor objetivo de importancia o insalvable, y en el caso
de las mujeres indígenas, alfabetas o no.

11 Ibid., pág. 84
12 Ibid., pág. 94.

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2.5 Movilización de cuadros indígenas


Pese a estas circunstancias adversas, el pueblo maya ha ido ganando
espacios en materia política, tanto en lo que se refiere al derecho de
elegir como en lo referente a ser elegidos.
En las elecciones del 2003 dos candidatos indígenas se postularon
para el Ejecutivo Nacional: Rigoberto Quemé Chay, por la coalición
liderada por la Alianza Nueva Nación (ANN), y Pablo Ceto, candidato
a la Vicepresidencia por la URNG.
Lamentablemente, por diversos factores la candidatura de Quemé
Chay, quien ya había mostrado capacidad de conducción como Alcalde
de Quetzaltenango, no llegó a consolidarse, retirándose de la contienda
en agosto de 2003 por diferencias con un sector de la ANN.
También fue significativa la participación de indígenas en la disputa
para el Congreso: el 30% de los candidatos fueron hombres indígenas
y el 4% mujeres indígenas.
Finalmente, en el ámbito municipal fueron elegidos 118 alcaldes
indígenas, lo que representa el 35,65% del total de los cargos en
pugna.
También merecen ser destacada la participación de los indígenas
en el proceso electoral. De especial interés resulta el Encuentro
Nacional celebrado en mayo de 2003 en Iximché, Departamento de
Chimaltenango.
En Iximché, representantes de 18 comunidades lingüísticas de los
pueblos maya, xinca y garífuna se reunieron con delegados indígenas
de 14 partidos políticos y 6 comités cívicos, con el fin de establecer un
proceso que permita una mejora en su participación.
Entre las conclusiones se destaca la importancia de los líderes
políticos indígenas como motores de la inserción de la cosmovisión
maya en la realidad nacional y para el impulso del cumplimiento de
los Acuerdos de Paz, en particular el AIDPI.
Asimismo, merece destacarse la marcha efectuada el 26 de
noviembre del 2003, al término de la cual se entregó a los candidatos
a la Primera Magistratura un extenso petitorio que abarcaba aspectos
referentes al desarrollo cultural y socioeconómico del pueblo
maya, para lo cual se proponían reformas legislativas, judiciales,
medioambientales, en el plano internacional y, por supuesto, en el
ámbito político doméstico.

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Como puede verse, en los últimos años la participación política


de los indígenas han venido en aumento, con mayor peso en sus
comunidades que en el ámbito nacional. Sin embargo, la participación
del grueso de la población indígena no ha seguido el mismo ritmo de
crecimiento que la de sus líderes y sectores más movilizados, y es aquí
donde este trabajo pretende centrarse.

2.6 Recapitulación
Pese a los espacios ganados por los indígenas en el gobierno
municipal, en el ámbito nacional la participación indígena es
minoritaria, destacando la exclusión que opera en el sistema político-
electoral contra los pueblos originarios.
Esta realidad se mostró con especial fuerza en el caso de la mujer
indígena, quien fue la gran excluida en el discurso y plataforma de los
partidos políticos y, naturalmente, en lo que se refiere a designación
interna en cargos de relevancia.
Así, para el período 2004-2008 fueron elegidos, por lista nacional
como por departamentos, tan solo 15 diputados indígenas, entre los
cuales sólo se cuenta una mujer indígena.

3. Conclusiones
Como se pudo ir viendo durante el desarrollo del trabajo, Guatemala
presenta diversas dificultades a la participación política de los pueblos
indígenas.
Dicha situación responde a factores de orden histórico, fundadas en
una visión etnocéntrica de una supuesta “cultura superior” y que han
constituido un círculo vicioso entre pobreza y exclusión, impidiendo la
plena incorporación de los pueblos originarios al sistema político.
Por ello, la solución de fondo a la escasa participación electoral
de los pueblos indígenas pasa por la mejora de las condiciones en que
éstos desarrollan su vida, es decir, mejoras en salud, educación, justicia,
vivienda, etc., para lo que resulta necesario el pleno reconocimiento de
la existencia de una sociedad multiénica, multicultural y multilingüe.
Sin embargo, tal tarea es de esperar demande bastante tiempo y
recursos, por lo que vale la pena pensar en alternativas de solución a
problemas puntuales, que si bien no determinarán un cambio radical
en lo que se refiere a la situación de opresión histórica que han vivido

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los indígenas, sí constituyen aportes a la mejora de la calidad de su


ciudadanía.

3.1 Bases para la propuesta


El votar lleva implícitos costos para el votante, que están dados por
los gastos que debe afrontar para presentarse en los lugares designados
para efectuar los empadronamientos, centros de votación, las tasas
que debe abonar por la confección de los documentos que habilitarán
a la persona para la vida cívica, así como el costo de oportunidad que
representa abandonar sus actividades particulares para ocuparse de los
asuntos públicos.
Estas acotaciones son particularmente ciertas en el caso de
los requisitos necesarios para la inscripción en los registros
correspondientes, llegando a ser crítico en el caso de los pueblos
indígenas si se tienen en cuenta los niveles de pobreza y pobreza
extrema registrados en las áreas rurales del país.
Esta situación no contribuye a que la población excluida tenga
actitudes de largo plazo, entre las que se encuentra la participación
política, dado que su cotidianeidad conspira contra su compromiso
político.
Por ello es que el presente trabajo pretende efectuar algunas
propuestas de reforma legislativa que lleven a reducir los costos de la
participación política de los pueblos indígenas.
La propuesta también encuentra sus bases jurídico-políticas en
diversas fuentes.
El AIDPI fue suscrito en México D.F. el 31 de marzo de 1995. En
sus considerandos el documento reconoce que los pueblos indígenas
han sido sometidos a discriminación y que dicha realidad ha afectado y
“sigue afectando profundamente a dichos pueblos, negándoles el pleno
ejercicio de sus derechos y participación política, y entorpeciendo la
configuración de una unidad nacional que refleje, en su justa medida
con su plenitud de valores, la rica fisonomía plural de Guatemala”.
En el capítulo IV del Acuerdo, se establece que el gobierno
propondría una Reforma Constitucional que tenga por objeto reconocer
el carácter Guatemala como nación multiétnica, pluricultural y
multilingüe. Como se dijo, dicha reforma constitucional fracasó, pero
la legitimidad y necesidad de tal cambio sigue vigente.

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El AIDPI también señala “el papel que corresponde a las


autoridades de las comunidades, constituidas de acuerdo a sus normas
consuetudinarias, en el manejo de sus asuntos”.
El Acuerdo también señala que “los pueblos indígenas han sido
marginados en la toma de decisiones en la vida política del país,
haciéndoles extremadamente difícil, si no imposible, su participación
para la libre y completa expresión de sus demandas y la defensa de sus
derechos”.
En el mismo sentido, y como respuesta a esta situación, se expresa
que “es necesario institucionalizar la representación de los pueblos
indígenas en los niveles local, regional y nacional, y asegurar su libre
participación en el proceso de toma de decisión en los distintos ámbitos
de la vida nacional”, como así también que el gobierno se comprometa
a promover las reformas legales e institucionales que faciliten, normen
y garanticen tal participación.
Asimismo, la Corte Interamericana de Derechos Humanos se
ha expedido sobre la violación de derechos políticos (Art. 23 de la
Convención Americana de Derechos Humanos) en el Caso Yatama vs.
Nicaragua.
La jurisprudencia de la Corte en este campo es reducida en
comparación con otros derechos que reiteradamente se han alegado
como violados en la mayoría de los casos sometidos al Tribunal:
derecho a la vida, a la libertad, al debido proceso, al acceso a la justicia,
a la propiedad, etc.
Sin embargo, dicha sentencia sirve como orientación en el presente
trabajo. En el caso “Yatama” la Corte indicó que Nicaragua no adoptó
medidas legislativas o de otro carácter que fuesen necesarias para hacer
efectivos los derechos electorales del reclamante, especialmente no
previó “normas en la ley electoral, en orden a facilitar la participación
política de las organizaciones indígenas en los procesos electorales (…)
de acuerdo al derecho consuetudinario, los valores, usos y costumbres
de los pueblos indígenas…”.
Así, lo que nos interesa en este caso es que la Corte ordenó a
Nicaragua que adopte, en un plazo razonable, las medidas necesarias
para que los integrantes de las comunidades indígenas y étnicas puedan
participar en los procesos electorales en forma efectiva y tomando en
cuenta sus tradiciones, usos y costumbres.

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Es decir, la Corte estableció la necesidad de que el Estado como


medidas conducentes a garantizar la efectiva participación política de
los pueblos indígenas, no resultando suficiente que el Estado se abstenga
de actos que dificulten tal participación.

3.2 Propuestas
A continuación se proponen algunas acciones que, vista la
experiencia electoral 2003, considerados los antecedentes jurídico-
políticos, y teniendo en cuenta la filosofía que inspira el respeto de la
persona humana en la actualidad, resultan a criterio del autor, elementos
de contribución limitada pero clara al aumento de la participación de
los indígenas en el proceso político local.
i) Idioma de las boletas electorales. Las boletas electorales, como se
dijo, se imprimen en español, dificultando a los votantes indígenas la
identificación del partido de su elección, lo que en muchas ocasiones
lleva a las fuerzas políticas a buscar la identificación del símbolo
partidario antes que el nombre del mismo o del candidato.
Por ello, resulta apropiada la incorporación de los idiomas mayas,
xinca y garífuna a las boletas. Si bien es cierto que la cantidad
de idiomas existentes en el país traería complicaciones de orden
práctico, se podría iniciar el proyecto con la incorporaciones de
dos o tres de los idiomas con más hablantes, a fin de determinar el
grado de efectividad de tal incorporación.
ii) Empadronamiento automático al llegar a la mayoría de edad.
La necesidad de que los ciudadanos se inscriban en el Registro de
Electores impone a los futuros electores un costo que dificulta la
participación política de los mismos.
Por ello se sugiere que, aún manteniendo el carácter voluntario
de voto (punto que debido a la extensión del presente trabajo no
resultaría adecuado tratar), se produzca la inscripción automática
del ciudadano al llegar a la mayoría de edad.
Tal propuesta ve ahora aumentar su factibilidad desde la sanción de
la Ley del Registro Nacional de las Personas y la institucionalización
del Documento Personal de Identificación que reemplazará a la
Cédula de Vecindad.
iii) Ajuste de la Ley Electoral y de Partidos Políticos a la realidad
multiétnica y multilingüe del país. La legislación electoral
debe ser adaptada para fomentar la participación de los pueblos

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originarios del país, facilitando la recepción del sufragio de los


indígenas a través de la incorporación de integrantes de los pueblos
mayas, xinca y garífuna en las mesas receptoras de votos de las
zonas con clara mayoría de tales etnias.
La composición de mesas con al menos un hombre o mujer indígena
daría a los votantes confianza al momento de emitir su sufragio,
amén de disponer de una persona que brindaría orientación al
votante en su propio idioma, dándole un sentido de pertenencia e
identificación con el proceso electoral, creando así confianza en el
votante indígena para la próxima elección.
iv) Instrucción al personal electoral sobre la necesidad de trato
amigable con los votantes. Como lo destacó la II MIOE, el
ejercicio de observación “permitió constatar por experiencia propia
los niveles de discriminación racial que los pueblos indígenas deben
enfrentar en estos procesos de ejercicio democrático: maltrato en
las mesas, falta de orientación en idiomas mayas, falta de pluralidad
del TSE en la conformación de las juntas y mesas electorales,
discriminación en las filas de votantes, etcétera”.
Dicha situación nos lleva a pensar en la necesidad de que se integre
en la capacitación que reciben los ciudadanos que integrarán las
mesas receptoras un módulo en el que se destaque la importancia de
un trato acorde y respetuoso hacia los hombres y mujeres indígenas
que asisten al acto electoral, con particular énfasis en el apoyo a la
mujer indígena.
v) Garantizar la gratuidad del transporte. Si bien como lo explica
el estudio de Boneo y Torres-Rivas, el transporte sólo determina
la participación electoral en circunstancias específicas, resulta
necesario a criterio del autor, que se garantice transporte gratuito
en el interior, del mismo modo como se asegura en los centros
urbanos.
Dicho aporte, por menor que pudiera ser, potenciaría a los otros,
fortaleciendo la cadena de elementos que llevan a la población
a participar. En otras palabras, así como la abstención electoral
reconoce múltiples factores, una estrategia de fomento de la
participación requiere fuerzas de la misma magnitud que actúen
en sentido positivo, afirmando al ciudadano en el compromiso
político.

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Bibliografía
Centro de Asesoría y Promoción Electoral, Diccionario Electoral,
Tomo II, IIDH, San José de Costa Rica, 2º edición, 2000.
Comisión para el Esclarecimiento Histórico, Guatemala. Memoria del
Silencio, Guatemala, 1999.
Horacio Boneo & Edelberto Torres-Rivas, ¿Por qué no votan los
guatemaltecos?: Estudio de participación y abstención electoral,
Guatemala, 2001.
Misión de Verificación de las Naciones Unidas en Guatemala, Los
pueblos indígenas de Guatemala: la superación de la discriminación
en el marco de los Acuerdos de Paz, Guatemala, 2001.
Misión de Verificación de las Naciones Unidas en Guatemala, Informe
del Secretario General de las NacionesUnidas sobre la Verificación
de los Acuerdos de Paz de Guatemala , Guatemala, 2004.
Misión Indígena de Observación Electoral, Informe Final Elecciones
2003, Guatemala, 2004.
Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los
Derechos Humanos, Informe del Relator Especial sobre la situación de
los derechos humanos y las libertades fundamentales de los indígenas,
ECOSOC, 2003.

Textos legales
Constitución Política de la República de Guatemala.
Ley Electoral y de Partidos Políticos (Decr. 1-85 y sus modi–
ficatorias).
Reglamento a la Ley Electoral y de Partidos Políticos (Acuerdo Nro.
181-87 del TSE).
Ley del Registro Nacional de las Personas (Decr. Nro. 90-2005),
vigencia a partir del 21 de febrero del 2006.
Acuerdo sobre Identidad y Derechos de los Pueblos Indígenas, México
D.F., 31 de marzo de 1995.
Acuerdo sobre reformas constitucionales y régimen electoral,
Estocolmo, 7 de diciembre de 1996.

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Otras fuentes
Entrevistas con Lic. Saría Acevedo e Ing. Francisco Val, funcionarios
responsables del seguimiento de la agenda pública de la Secretaría de
la Paz de la República de Guatemala.

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