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Psicología: Historia Crítica y Género

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Una (otra)

historia de la
psicología
Perspectivas críticas y conceptos de
análisis
PID_00291386

Belén Jiménez Alonso


Mònica Balltondre Pla

Tiempo mínimo de dedicación recomendado: 3 horas


© FUOC • PID_00291386 Una (otra) historia de la psicología

Belén Jiménez Alonso Mònica Balltondre Pla

Doctora en Psicología. Profesora en Doctora en Psicología Social. Pro-


la Universitat Oberta de Catalunya fesora agregada de la Facultad de
(UOC) e investigadora del grupo Psicología de la Universidad Autó-
Care and Preparedness in the Net- noma de Barcelona (UAB) e investi-
work Society (CareNet) del Inter- gadora del Instituto de Historia de
net Interdisciplinary Institute (IN3). la Ciencia (IHC-UAB). Trabaja con
Ha sido investigadora visitante en perspectiva de género en el campo
la Universidad de Cambridge y en de la historia de las ciencias huma-
el Centre Alexandre-Koyré-Histoire nas y cuenta con numerosas publi-
des Sciences et des Techniques, in- caciones académicas. Ha participa-
vestigadora posdoctoral Marie Cu- do en diferentes proyectos financia-
rie en el laboratorio multidisciplinar dos y ha sido investigadora posdoc-
Cermes3 (CNRS UMR 8211) en París toral en la Fiocruz (Río de Janeiro)
y profesora ayudante en la Universi- y en el Center for Science, Techno-
dad de Niza. Actualmente, focaliza logy, Medicine and Society (CSTMS)
su investigación en cómo las nuevas de la Universidad de California, Ber-
tecnologías transforman nuestras keley.
formas de experimentar el duelo y
de enfrentarnos al final de la vida en
la sociedad digital actual.

El encargo y la creación de este recurso de aprendizaje UOC han sido coordinados


por la profesora: Belén Jiménez Alonso

Cómo�citar�este�recurso�de�aprendizaje�con�el�estilo�APA:
Jiménez Alonso, B. [Belén] y Balltondre Pla, M. [Mònica]. (2023). Una (otra) historia de la psicología: Perspectivas
críticas y conceptos de análisis (1.ª ed.) [recurso de aprendizaje textual]. Fundació Universitat Oberta de Catalunya
(FUOC).

Primera edición: febrero 2023


© de esta edición, Fundació Universitat Oberta de Catalunya (FUOC)
Av. Tibidabo, 39-43, 08035 Barcelona
Autoría: Belén Jiménez Alonso, Mònica Balltondre Pla
Producción: FUOC
Todos los derechos reservados

Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño general y la cubierta, puede ser copiada,
reproducida, almacenada o transmitida de ninguna forma, ni por ningún medio, sea este eléctrico,
mecánico, óptico, grabación, fotocopia, o cualquier otro, sin la previa autorización escrita
del titular de los derechos.
© FUOC • PID_00291386 Una (otra) historia de la psicología

Índice

1. Una historia se puede contar de muchas maneras.................... 5

2. El para qué de la historia de la psicología.................................. 9

3. Una historia crítica con perspectiva de género......................... 13

4. La construcción de categorías psicológicas y otras


posibles formas de historiar........................................................... 20

Resumen....................................................................................................... 30

Bibliografía................................................................................................. 31
© FUOC • PID_00291386 5 Una (otra) historia de la psicología

1. Una historia se puede contar de muchas maneras

Los historiadores de la psicología Wade Pickren y Alexandra Rutherford (2010)


afirman que «la historia de la psicología se puede contar de muchas maneras,
desde muchos puntos de vista y para muchos propósitos» (p. XVII).

No puede haber una única historia de la psicología, sino múltiples his-


torias de las psicologías.

De hecho, existen muchos manuales de historia de la psicología, tantos como Lectura recomendada
perspectivas historiográficas, intenciones y objetivos del historiador o de la
Para una reflexión sobre dife-
historiadora que los han escrito, así como maneras de entender qué es la psi- rentes posiciones historiográ-
cología (Harris, 2009). ficas, podéis consultar Her-
genhahn (2011).

Sin embargo, con demasiada frecuencia la historia de la psicología contada


en las asignaturas troncales de los planes de estudio del grado de Psicología
en España ha sido narrada según dos formas: bien a través de las vidas de
grandes�personajes (blancos y sin mujeres) –y de grandes fechas e hitos ins-
titucionales (creación de laboratorios, revistas, etc.)– que hicieron importan-
tes contribuciones a la disciplina (Sáiz, 2008), o bien a través de las escuelas
de�pensamiento que se han considerado más relevantes dentro de la psicolo-
gía, como el psicoanálisis, el conductismo, el cognitivismo, etc. (Leahey, 2018;
Sáiz, 2008). Además, estas historias han tenido repetidamente como objetivo
contribuir a la configuración de la identidad profesional del psicólogo o psi-
cóloga, y han subrayado desde el presente una visión de constante progreso
científico, donde la «exposición ordenada de fechas y descubrimientos […] se
usaba para elevar el presente consolidado por encima de un pasado plagado
de errores superados» (Tortosa, 1998, p. 7). Pero ¿cómo y quién decide cuáles
son esos personajes ilustres o esas escuelas que deben ser incluidas en la his-
toria de la disciplina?, ¿no debería cumplir la historia de la psicología (y de
cualquier disciplina) una función diferente a la de justificar la actual práctica
científica? En cualquier caso, cada vez hay más historiadores españoles que se
plantean estas cuestiones abiertamente y han hecho importantes esfuerzos por
desmarcarse de las perspectivas historiográficas de carácter más reconstructivo
y presentista, criticando los mitos fundacionales que reforzaban la legitimidad
de los puntos de vista contemporáneos de la disciplina psicológica (Castro et
al., 2001) y poniendo el foco de estudio en los contextos sociohistóricos pa-
ra comprender cómo el conocimiento psicológico se construye y se consume
(enfoques que podrían enmarcarse dentro del llamado construccionismo social;
Gergen, 1973). Es el caso de las propuestas más eclécticas de Florentino Blanco
(2002), Dau García Dauder (2005, 2010) y en alguna medida Enrique Lafuente
et al. (2017), quienes no han escapado de la influencia de autores de relevan-
© FUOC • PID_00291386 6 Una (otra) historia de la psicología

cia internacional cuyos trabajos son también para nosotras fuentes de inspira-
ción: entre otros, destacamos a Laurel Furomoto (1989), Kurt Danziger (1997,
2008), Roger Smith (1997, 2007) y, de manera más reciente por su apuesta fe-
minista, Alexandra Rutherford (2021).

Antes de continuar, nos gustaría advertir al estudiantado que «admitir que la


historia tiene unos fines utilitarios no supone cuestionar la calidad profesio-
nal de sus productores, sino reconocer algo consustancial a cualquier práctica
científica, su orientación hacia objetivos o metas» (Tortosa, 1998, p. 16).

Entonces, ¿con qué propósito escribimos nosotras este texto sobre historia de Nota
la psicología y cuál es la unidad temática que «une» los hechos de la historia
Evidentemente, la funcion di-
que proponemos? No podemos perder de vista que se trata de un texto dirigi- dáctica del texto también im-
do al estudiantado y, por ello, al igual que otros colegas (Lafuente et al., 2017), plica ajustarse al formato de
una asignatura semestral (me-
nos hemos sentido obligadas a navegar entre la función didáctica de un ma- nos de cuatro meses) y con
carga de 6 ECTS, y de otros
nual dirigido al estudiantado y la necesidad de cuestionar de forma crítica, y condicionantes prácticos co-
mo responder al currículo ofi-
seguramente controvertida, con la forma más «clásica» de hacer historia de la cial de la asignatura y a las le-
psicología que se lleva planteando desde hace décadas dentro de los planes yes universitarias sobre la for-
mación. Así, la propuesta que
de estudio nacionales de psicología. Por ello, nos parece honesto reconocer hacemos en esta asignatura de
historia de la psicología no es
que este texto está siempre «haciendo equilibrios» entre ambas perspectivas, ni mucho menos exhaustiva:
tratando de responder en alguna medida a la expectativa de generar una trama no contiene ni los contenidos
ni todos los aspectos que nos
tradicional de antecedentes históricos de la disciplina y, al mismo tiempo, de gustaría discutir sobre nuestra
aproximación teórico-práctica.
proponer una historia que revele la complejidad de la psicología o psicologías No tiene intención de recoger
todos los personajes, teorías o
como conjuntos de teorías, metodologías y prácticas social e históricamente escuelas que clásicamente se
constituidas. El ejercicio es difícil por diversas razones. Una de las más eviden- contemplan en la historia de la
psicología (para un manual de
tes tiene que ver con que, tal y como subrayan Pickren y Rutherford (2010), este tipo, el estudiantado pue-
de consultar Sáiz, 2008).
la ventaja de las perspectivas historiográficas basadas en destacar grandes per-
sonajes y fechas, o en enumerar las escuelas de pensamiento que han caracte-
rizado el campo de la psicología, es que permiten organizar ordenadamente
el conocimiento psicológico. Plantear una historia crítica que no se limite a
especificar los personajes ni los éxitos disciplinarios que están en el «centro»
de una supuesta forma universal de psicología es todo un reto (y somos cons-
cientes de que el estudiante ajeno a la visión más crítica tendrá que esforzarse
por comprenderla).

Como resultado de este ejercicio de «mantenerse en equilibro», y como hemos


desarrollado en otro lugar (Balltondre y Jiménez, 2023), nos decantamos por
la selección de «casos ilustrativos» que, sin embargo, hemos tratado de alguna
manera de ordenar en función de un criterio cronológico –lo cual no es sinó-
nimo de continuidad o evolución lineal de las ideas–.

Discontinuidad en la historia

Los análisis históricos tradicionales con frecuencia concebían la historia como una con-
tinuidad ininterrumpida de acontecimientos, una evolución lineal producto del progreso
de la razón. Los análisis históricos críticos denuncian este mito de progreso y descartan
la linealidad con la que los acontecimientos son, con frecuencia, presentados. El filósofo
francés Michel Foucault (1966), por ejemplo, subraya que es necesario atender a la ruptu-
ra, interrupción y discontinuidad de acontecimientos, así como a periodos de más corta
duración en los análisis históricos. Con ello, en lugar de elaborar una historia global que
© FUOC • PID_00291386 7 Una (otra) historia de la psicología

supone la posibilidad de encontrar una teleología y continuidad para todos los fenóme-
nos estudiados, se construiría una pluralidad de historias yuxtapuestas que permitirían
ilustrar discontinuidades y rupturas (véase Lassalle, 2015).

Efectivamente, somos conscientes de que seguimos en este punto hablando


desde el pensamiento hegemónico (Estados Unidos y Europa) y no mencio-
namos otras «psicologías» como las desarrolladas en Asia o África, por ejem-
plo. Por ahora, nos sentimos más legitimadas a construir una historia desde
el contexto occidentalocéntrico en el que estamos situadas, y remitimos a la
literatura existente sobre la cuestión (como, por ejemplo, los ejemplos com-
parativos empleados por Rutherford, 2021, aunque el centro sigue siendo el
eje anglosajón). En la medida de lo posible, en nuestros textos haremos refe-
rencia a otros contextos, como, por ejemplo, el asiático (gracias a los trabajos
de Takasuna, 2007 y 2020). También trataremos de mostrar una historia que
pueda incluir eventos en la «periferia», esto es, una psicología cotidiana no
disciplinaria (por ejemplo, movimientos más pequeños y críticos dentro del
campo, discursos culturales presentes en las sociedades, etc.).

Siempre que podamos, subrayaremos la importancia de las prácticas�psico-


lógicas, entendidas como formas en las que el conocimiento psicológico se
construye y produce, pero también como dispositivos que generan subjetivi-
dades. Así pues, estas prácticas son elementos constitutivos de las disciplinas
a las que dan forma y contribuyen a configurar la propia naturaleza humana.

Junto con Smith (2007) y Danziger (2006), creemos que la historia de la


psicología permite examinar los discursos sobre el ser humano, convir-
tiendo con ello el conocimiento histórico en una herramienta esencial
para la comprensión de nosotros y nosotras mismos.

Esta manera de entender la historia, como forma de narrar el pasado, pero Nota
también como herramienta de construcción de conocimiento, es la que nos ha
Nuestra propuesta con pers-
llevado a comprometernos con una historia�con�perspectiva�de�género que pectiva de género se reflejará
no «invisibilice» a las mujeres ni perpetúe los sesgos de género que caracterizan tanto en la/s historia/s escogi-
da/s como en la elección de las
a la psicología como ciencia social. fuentes historiográficas, visibi-
lizando también el trabajo de
las mujeres historiadoras.
En definitiva, la historia de la psicología que se propone en esta asignatura
responde al objetivo de favorecer en cada estudiante la capacidad de reflexio-
nar sobre cómo diferentes tipos de factores disciplinares y no disciplinares de
distinta índole (históricos, sociales, políticos, culturales, etc.) definen lo que la
psicología es y también cómo se practica. En último término, esta asignatura
pretende ayudar al estudiantado a reflexionar sobre sus propias concepciones
de la psicología, y sobre las prácticas y técnicas que posiblemente empleará
en su futuro ejercicio como profesional de la psicología, comprendiendo que
dicho compromiso –y las diferentes maneras y/o soluciones de ejercerlo– con-
lleva inevitablemente efectos y consecuencias.
© FUOC • PID_00291386 8 Una (otra) historia de la psicología

Como sugería la Escuela de Frankfurt, estamos insertos en una sociedad


donde coexisten opciones y valores diferentes, y solo nos cabe inten-
tar conjugar de forma reflexiva intereses y razones (véase, por ejemplo,
Adorno, 1973; Loredo et al., 2008).

Con ello, queremos que cada estudiante reflexione sobre su propia compleji-
dad como sujeto y también como futuro o futura profesional, contribuyendo
con ello a encontrar un sentido al estudio de esta asignatura en su formación.
En las páginas que siguen vamos a tratar de detallar las diferentes cuestiones
apuntadas en esta introducción, comenzando por la pregunta sobre el para
qué de la historia de la psicología.
© FUOC • PID_00291386 9 Una (otra) historia de la psicología

2. El para qué de la historia de la psicología

Es bastante probable que el estudiantado que está leyendo estas páginas se


haya hecho ya la pregunta sobre el porqué o el para qué de estudiar (o hacer)
historia de la psicología.

Para qué tanta historia


Si no os habéis hecho ya la pregunta sobre el para qué estudiar his-
toria de la psicología, parad un momento y tratad de responder en
un papel a esta cuestión antes de seguir leyendo.

Tal y como señalan Rosa et al. (1991), existen muchas funciones, algunas de
las cuales apuntamos a continuación:

1) Con frecuencia, la historia de la psicología se presenta en los planes de es-


tudio como una asignatura que posee una clara función formativa y prope-
déutica que pueda servir para presentar al estudiantado qué es la psicología y,
concretamente, qué es la psicología como ciencia.

2) A menudo –no siempre–, esta función también está ligada a la mencionada


justificación�del�estado�actual�de�la�disciplina, lo cual permite ordenar los
hechos que la han llevado de forma paulatina a ser lo que supuestamente es en
la actualidad. Haciendo esto, también se delimita cuáles son los conocimientos
«válidos» que deben seguir siendo estudiados hoy.

3) Otros enfoques de la historia de la psicología pretenden, tratando de refle-


xionar sobre las condiciones�sociohistóricas que posibilitaron teorías, meto-
dologías y prácticas psicológicas, «explicarnos a nosotros mismos y explicar-
nos nuestro mundo, sobre todo para ser más conscientes de cómo�la�cultura
condiciona�la�mente, nuestro proceso de pensamiento» (Rosa et al., 1991, p.
407).

Mientras que las dos primeras funciones podrían encajar dentro de una pers-
pectiva historiográfica de corte más presentista y la tercera en una perspecti-
va de corte historicista, lo cierto es que toda historia de la psicología tiene
algo de reflexión desde el presente (o de «racionalización del presente»; Rosa
et al., 1991, p. 408). Si, además, está incluida dentro de un plan de estudios
de Psicología, como lo es esta asignatura, la historia de la psicología también
busca formar al estudiantado en el desarrollo del espíritu crítico y de otras
competencias necesarias como futuro profesional de la psicología. Es la tercera
© FUOC • PID_00291386 10 Una (otra) historia de la psicología

función la que quizá ha sido menos contemplada en la historia de este tipo


de asignaturas propedéuticas, una función que, sin embargo, para nosotras es
esencial: la historia de la psicología permite explorar qué papel ha jugado el
conocimiento psicológico en «lo que la gente ha dicho y creído sobre el ser
humano» (Smith, 2007, p. 3) y las implicaciones que estas creencias han teni-
do sobre lo que la gente hace.

Estudiar la historia de la psicología es, por tanto, una manera de for-


mar al estudiantado en ser, como sugieren Pickren y Rutherford (2010),
«un consumidor y productor de conocimiento psicológico más perspi-
caz» (p. XVIII).

Llegados a este punto, es necesario llamar la atención del estudiantado sobre Lectura recomendada
una particularidad de la psicología que posiblemente la diferencia de otras
Para una magnífica y extensa
disciplinas: la cuestión de la reflexividad y el hecho de que somos al mismo reflexión sobre la investiga-
tiempo agentes�y�objetos�de�estudio en psicología. Es decir, en cuanto que ción sobre nosotros y noso-
tras mismos, podéis consultar
seres humanos, realizamos investigación sobre nosotros y nosotras mismos. Blanco (2002).
Así lo resumen Pickren y Rutherford:

«Definimos reflexividad como la fusión fundamental del agente y el objeto de estudio en


psicología de modo que (1) el conocimiento producido por los agentes y las características
de estos mismos agentes influyen en cómo responden los objetos en el momento de ser
estudiados y (2) el conocimiento producido por la psicología se aplica tanto a los agentes
de producción como a los objetos que intentan explicar. Dicho de manera más simple,
los ‘objetos’ del estudio psicológico, generalmente humanos, no son pasivos; en cambio,
interpretan activamente sus mundos, experiencias e interacciones de maneras que no
pueden ser eliminadas de su desempeño como participantes de la investigación, ya sea
de forma aislada o a lo largo del tiempo. Además, dado que los psicólogos también son
humanos, cualquier teoría del comportamiento humano que generen presumiblemente
se aplica tanto a ellos como a las personas que estudian, y sus teorías pueden reflejar, sin
darse cuenta, sus experiencias, prejuicios y creencias sobre el ser humano. A pesar de los
constantes intentos de los psicólogos por hacerlo, sigue siendo difícil separar el sujeto
del objeto» (Pickren y Rutherford, 2010, p. XIX).
© FUOC • PID_00291386 11 Una (otra) historia de la psicología

Ser sujeto y objeto a la vez


Una manera de ejemplificar fácilmente la cuestión de la reflexividad
es planteándoos vosotros y vosotras mismos las siguientes pregun-
tas. Seguramente ya estéis familiarizados o familiarizadas con algu-
na teoría psicológica sobre el ser humano. Pongamos por caso que
conocéis alguna teoría de la emoción o de la motivación como las de
William James o Abraham Maslow. Cuando habéis escuchado hablar
sobre ellas, ¿habéis reflexionado sobre cómo las mismas se aplican
a vosotros y vosotras mismos o a la gente que os rodea?, ¿creéis que
estas teorías han podido ayudaros a explicar el comportamiento –de
otros o el vuestro propio– o incluso a transformar algún aspecto del
mismo? Imaginad ahora que fuerais un investigador o investigadora
interesado en estudiar la emoción o la motivación, ¿no creéis que
probablemente enmarcaríais vuestro estudio en un marco de inves-
tigación ya conocido?

Así, estudiar la historia de la psicología también es importante, porque nos Importancia del estudio
permite reflexionar sobre las diferentes condiciones de construcción de las de la historia

teorías y prácticas psicológicas y, con ello, también cuestionar formas hege- Un ejemplo puede encontrarse
mónicas de comprensión de la naturaleza humana y de prescripción de estar en la crítica a la happycracia, o
la dictadura de la felicidad, de-
en el mundo. Si hay algo que deseamos que el estudiantado desarrolle es la nunciada por el historiador de
la psicología Edgar Cabanas y
sensibilidad para comprender y llevar a cabo una actitud crítica con respecto la socióloga Eva Illouz (2019).
al marco desde el cual piensa y ejerce la psicología. Dicho de otra manera,
deseamos que el estudiantado no olvide que «ciertas formas de observar y,
por tanto, de describir/explicar la acción […] necesitan ser a su vez observa-
das» (Blanco, 2002, p. 227). En este punto, resulta interesante mencionar la
experiencia que vivió el psicólogo social e historiador de la psicología Kurt
Danziger en una de sus visitas como docente e investigador a Indonesia en las
décadas de 1950 y 1960. Danziger (1997) cuenta en su libro Naming the mind
cómo pronto se dio cuenta de que la «psicología» enseñada por él no era la
misma que la de sus colegas indonesios, basada en la filosofía hindú con agre-
gados e reinterpretaciones javanesas. Incluso si Danziger trató de ponerse de
acuerdo con sus colegas para explicar los cursos docentes, la empresa resultó
imposible: tanto la organización de los conocimientos (por ejemplo, qué es
importante estudiar) como las prácticas que promovían (por ejemplo, cómo
estudiarlos, qué ejercicios profesionales fomentar, etc.) eran diferentes. Dan-
ziger podría haber concluido que el conocimiento psicológico indonesio y las
formas de prácticas llevadas a cabo por sus colegas eran meras especulaciones
filosóficas, una manifestación de una psicología antigua –o incluso primitiva–
«en vías de desarrollo científico» que alcanzaría quizá algún día el estatuto
© FUOC • PID_00291386 12 Una (otra) historia de la psicología

de «verdad científica» como lo ha alcanzado la psicología en Inglaterra. Sin


embargo, no fue aquella la reflexión a la que llegó. Así explica él mismo estas
diferentes perspectivas en la manera de entender la psicología:

«Debo poner de relieve que la postura de mi colega indonesio no era idiosincrática. Él (1)
Ilmu djiwa era el equivalente
presentaba un conjunto coherente de ideas insertas en una tradición significativa de tex- indonesio a Psichologi. Danziger
tos y prácticas. Estas incluían varias formas de práctica de meditación y de ascetismo que (1997) explica que djiwa significa
podrían ser empleadas para producir fenómenos psicológicos específicos tan confiables «alma» o psique, e ilmu una cien-
como muchos de nuestros experimentos psicológicos, y quizá más. Los conceptos de ilmu cia o una «logía» (p. 1).
djiwa1 abarcaban estos fenómenos entre otros. Esta otra psicología no puede ser desesti-
mada como especulación de sillón; seguramente era una disciplina en el doble sentido
del término, como un cuerpo sistemático de conocimiento y de prácticas estrictamente
reguladas. Aun así, ni la organización de su conocimiento ni las prácticas que promueve
tienen mucho en común con sus homólogos en la psicología occidental.

Ser confrontado con mi propio exótico Doppelgänger disciplinar fue una experiencia in-
quietante. Era claramente posible delimitar el campo de los fenómenos psicológicos de
maneras muy diferentes y aun terminar con un conjunto de conceptos que parecieran
bastante naturales teniendo en cuenta el contexto cultural correspondiente. Es más, es-
tos conjuntos diferentes de conceptos podrían tener sentido práctico perfecto si se nos
permitiera elegir la propia práctica. ¿Qué implica esto para la objetividad de las categorías
con las que la psicología occidental opera? ¿Mi lista de los temas del seminario represen-
ta un ‘verdadero’ reflejo de cómo la naturaleza ha dividido el universo psicológico? Si
fuera así, la alternativa de mi colega parecería ser un reflejo totalmente distorsionado,
en el mejor de los casos. Él seguramente no pensaba eso, y tampoco sus estudiantes. Pa-
ra ser honesto, ninguno de nosotros tenía ninguna justificación empírica para hacer las
distinciones que hacíamos, o quizá ambos la teníamos. Ambos podíamos señalar ciertos
resultados prácticos, pero son resultados producidos sobre la base de las preconcepciones
con las que estamos comprometidos. Sabíamos cómo identificar cualquier cosa que se
presentara en la experiencia porque teníamos un aparato conceptual establecido que nos
habilita para hacerlo. El aparato, sin embargo, parece ser empíricamente inmodificable.
[…] Estas distinciones, plasmadas en estas hipótesis, están basadas en convenciones, no
en observaciones no distorsionadas, por lo que solo podemos ‘ver’ lo que nuestro ‘marco
de concepciones’ nos permite ver. Es difícil evitar estas reflexiones cuando somos con-
frontados con marcos alternativos en la organización del conocimiento y las prácticas
psicológicas. Ciertamente, mientras enseñaba en Indonesia, nunca pude olvidar que la
mía era solo una de las posibles psicologías» (Danziger, 1997, p. 2).

Esta constatación está en la base del estudio de Danziger sobre la construcción Discriminaciones
sociohistórica de las categorías�psicológicas. Desde luego, no esperamos que estructurales

el estudiantado desarrolle un trabajo similar al de este experimentado investi- Estudios actuales subrayan
gador, pero sí deseamos que, como Danziger, sea consciente de la importancia la necesidad de estudiar dos
discriminaciones estructura-
de observar nuestras propias formas de observar y de describir o explicar la les que recientemente se han
puesto de manifiesto: la del ca-
acción como profesionales de la psicología. Lamentablemente, ni la psicolo- pacitismo (el prejuicio social
contra las personas con disca-
gía ni su historia han sido capaces de llevar a cabo siempre este ejercicio de pacidades) y la del cuerdismo
reflexividad y recursividad, de ahí que no hayan escapado de la elaboración de (el que se ejerce sobre las per-
sonas que padecen sufrimiento
una teoría occidentalocéntrica blanca, en gran parte masculina y ligada a una psíquico, todavía llamado «lo-
cura»; véase Huertas, 2020).
determinada clase social. Por ello, y como ya hemos advertido, queremos pro-
poner una historia de la psicología más inclusiva, que explore la cuestión del
centro y de la periferia, y, sobre todo, preste atención –al menos– a la cuestión
del género y sus interseccionalidades, esto es, a los privilegios y opresiones que
puedan también derivarse de la clase social, la etnia, la religión, la orientación
sexual, la cultura, etc.
© FUOC • PID_00291386 13 Una (otra) historia de la psicología

3. Una historia crítica con perspectiva de género

¿Qué es una historia de la psicología con perspectiva de género? Desde luego,


es una historia que trata de «visibilizar» a las mujeres (García Dauder, 2010).
Pero es mucho más que eso. Es una historia que trata de reflexionar sobre có-
mo operan las relaciones de género en la construcción social del conocimien-
to psicológico (Bosch y Mantero, 2018) y en sus aplicaciones (construcción
identitaria, efectos políticos, sociales, etc.).

Su objetivo es intentar no perpetuar los sesgos que caracterizan a la psi-


cología como ciencia social, esto es, antropocentrismo, androcentris-
mo, occidentalocentrismo, heteronormativismo, etc.

Con esta perspectiva tratamos de pensar cómo algunas investigaciones psi- Técnicas intelectuales
cológicas del pasado produjeron resultados que justificaron determinadas de-
Siguiendo a Nicolas Rose
sigualdades sociales (por ejemplo, aquellas que afirmaban la inferioridad men- (1996), deberíamos pensar las
tal y psíquica de las mujeres, de otras razas y de clases sociales bajas). Desde este categorías de género, raza, cla-
se social, etc. no como «ideas
marco, también examinamos teorías psicológicas que justificaron la exclusión psicológicas», sino como «téc-
nicas intelectuales», esto es,
de estos colectivos en el ámbito laboral, científico, educativo y en otras esferas como tecnologías que impli-
can formas de ver y actuar,
de la vida pública, así como en la toma de decisiones políticas, por ejemplo. maneras de hacer el mun-
Se trata de entender que el género (así como la raza, la clase social, etc.) son do pensable y practicable (p.
83). En Balltondre y Jiménez
categorías explicativas y analíticas claves para una reflexión rigurosa sobre la (2023), se presentarán algunos
casos históricos que permiti-
actividad científica. No solo aportan riqueza y complejidad a la historia de la rán comprender el debate su-
ciencia misma, visibilizando el papel de las mujeres y de otros colectivos en jeto-objeto, investigador-sujeto
experimental.
la producción científica, sino que permiten una reflexión sobre las discrimi-
naciones u oportunidades que ese mismo conocimiento produce para estos
colectivos. Ello tiene especial importancia en una disciplina como la psicolo-
gía, ya que:

«El género opera en psicología en múltiples niveles que interactúan dinámicamente. Los
psicólogos tienen géneros: trabajan en culturas saturadas de diversas creencias sobre el
género, toman el género como objeto de estudio directo (es decir, construyen teorías
sobre la naturaleza misma del género, cómo se desarrolla y cómo funciona), y realizan
estudios empíricos para identificar diferencias y similitudes entre géneros. Estos estudios
a menudo tienen repercusiones sociales intencionadas y no intencionadas, por lo que
retroalimentan directamente a las culturas de las que se originan. Basándose en la noción
del sistema ciencia/género tal como lo describen académicas feministas como Evelyn Fox
Keller (Keller, 1985), está claro que la psicología como disciplina y cuerpo de conocimien-
to se basa y reproduce (y solo ocasionalmente altera) el sistema de género» (Rutherford,
2021, p. 2).

Eso significa que el género afecta a la psicología como ciencia y también a la


historia de la disciplina que, durante mucho tiempo, ha estado reproducien-
do un conocimiento que contenía sesgos de género. Ahora bien, ¿qué�es�el
género?:
© FUOC • PID_00291386 14 Una (otra) historia de la psicología

«Stoller propuso el término identidad de género como la autocomprensión psicológica y


la conciencia de uno mismo como hombre o mujer, mientras que el rol de género fue la
toma de conciencia de las expectativas comportamentales y sociales asociadas a la perte-
nencia a un género. […] De acuerdo con Germon (2009), esto permitió a Stoller separar
lo psicológico (identidad de género) de lo cultural (rol de género) y luego enfocarse en lo
psicológico […]. La separación conceptual de Stoller de la identidad y el rol de género del
sexo biológico se volvió muy útil para la posterior teorización feminista en psicología. Al
trazar una línea clara entre el sexo como fenómeno biológico y corporal y el género como
fenómeno psicológico y social, las psicólogas feministas pudieron analizar las desigual-
dades sociales y políticas entre hombres y mujeres en términos libres del determinismo
biológico que se había utilizado de manera tan generalizada para justificar las diferencias
de sexo a principios de siglo […]. Sin embargo, la desvinculación del género del cuerpo
estableció la dicotomía demasiado simplista de ‘sexo es igual a biología’ y ‘género es igual
a cultura’, una dicotomía que ha resultado difícil de sostener […]. Algunas académicas de
estudios científicos feministas han señalado que la biología del sexo no es impermeable
a la influencia de las concepciones culturales del género. Es decir, las teorías biológicas
(genéticas, hormonales, reproductivas) están impregnadas de concepciones culturales de
género» (Rutherford, 2021, p. 5).

Determinación sexual

Nos parece interesante mencionar la obra de la filósofa estadounidense Judith Butler,


conocida principalmente por sus trabajos sobre la teoría queer, la cual postula que la
sexualidad y el género no están determinados exclusivamente por el sexo biológico, sino
por su entorno socioeconómico y la historia vital del individuo. Entre otros aspectos,
Butler subraya que el lenguaje es esencial en la producción y reproducción del género,
de ahí la importancia de prestar atención al mismo.

Además, estudios recientes de biólogas feministas cuestionan que el sexo pueda consi-
derarse un a priori biológico claro al nacer. Existen múltiples niveles de determinación
sexual (anatómica, glandular, gonadal, hormonal, cromosómica, etc.), que no necesaria-
mente concuerdan entre sí, lo que hace que definir el sexo «verdadero» de alguien sea
problemático (Fausto-Sterling, 2000; Barral, 2010). La construcción social y cultural del
sexo biológico pone en cuestión la distinción entre el sexo (supuestamente biológico) y
el género (supuestamente social y construido) (Jordanova, 1993), por eso, muchos femi-
nismos prefieren hablar de «sistema sexo/género».

En estas líneas proponemos una primera aproximación al concepto, pero los Ley 17/2015
estudios sobre género son numerosos, y las perspectivas teóricoprácticas sobre
En Cataluña es «obligatorio in-
el mismo, diversas, incluyendo aquellas teorías que han venido a cuestionar corporar la perspectiva de gé-
la visión androcéntrica de los estudios psicológicos, esto es, aquellos que han nero transversalmente en to-
dos los grados universitarios y
apuntado los sesgos existentes sobre las mujeres dentro de la ciencia psicológi- másteres, siguiendo el artículo
28 de la Ley de igualdad efec-
ca. Las primeras críticas aparecen ligadas en buena medida a la reivindicación tiva entre mujeres y hombres
(Ley 17/2015). Esta ley exige
del derecho al voto de las mujeres, pero es sobre todo a partir de la década incluir en el currículo de gra-
de 1970, cuando «se incrementa el interés por el estudio de las mujeres y se dos y posgrados la promoción
de la perspectiva de género de
produce un reconocimiento paulatino de la perspectiva de género dentro de una manera transversal, e in-
cluir la contribución de las mu-
la disciplina psicológica» (Barberà y Cala, 2008, p. 28). Quizá le sorprenda al jeres a lo largo de la historia en
estudiantado que el debate en torno a la cuestión del género está presente en todos los ámbitos de conoci-
miento y en la actividad aca-
la psicología desde hace décadas –la lucha política por la igualdad entre hom- démica e investigadora (AQU
Catalunya, 2018)» (Balltondre,
bres y mujeres comienza como mínimo en el siglo XIX– y, sin embargo, no es 2020, p. 5).
hasta hace pocos años que esta perspectiva se ha empezado a introducir como
materia que atender en los planes de estudio. Este hecho podríamos interpre-
tarlo como un síntoma más de la empresa difícil y a cuentagotas que supone
introducir cambios reales y efectivos sobre la cuestión.
© FUOC • PID_00291386 15 Una (otra) historia de la psicología

El óvulo como bella durmiente


Para ejemplificar cómo las teorías biológicas están impregnadas de
concepciones culturales de género, leed el siguiente texto y respon-
ded después a las preguntas propuestas.

«Convencionalmente, los espermatozoides se han entendido como


“activos”, “enérgicos”, “autopropagados”, cualidades que le permi-
tían “traspasar la membrana del óvulo” y “penetrar el óvulo”. Mien-
tras que el óvulo “era transportado”, “barrido” o meramente “se des-
lizaba” por las trompas de Falopio hasta que era “penetrado” y “fer-
tilizado” por el esperma. Los detalles técnicos que elaboraban esta
imagen hasta hace poco eran consistentes: se daban explicaciones
mecánicas y químicas de cómo el esperma se movía, de su adhesión a
la membrana celular del óvulo y de su habilidad para fusionarse con
ella. La actividad del óvulo, presupuesta como no existente, no ge-
neraba investigación. Solo muy recientemente esta imagen ha cam-
biado y con este cambio, también ha cambiado el estudio técnico de
las dinámicas moleculares de fertilización. Dos investigadores, Ge-
rald y Helen Schatten, dieron cuenta de este cambio de forma cons-
ciente en 1983:

“Esta forma clásica de contarlo, vigente durante décadas, ha enfati-


zado el papel del esperma y ha relegado al óvulo al papel de bella
durmiente […] el óvulo es central en este drama, sin duda, pero su
función es tan pasiva como el personaje de la princesa de los herma-
nos Grimm. Ahora está empezando a verse claramente que el óvu-
lo no es solo una gran esfera con una yema interior en la cual el es-
perma penetra para crear una nueva vida. Más bien, investigación
reciente muestra la casi herética visión de que el óvulo y el esperma
son compañeros activos mutuos” (Schatten y Schatten, 1983, p. 29).

Y, de hecho, la mayoría de investigaciones recientes en la materia


muestran la actividad del óvulo para producir las proteínas o molé-
culas necesarias para la adhesión y penetración. Al menos una equi-
dad nominal (¿y quién, en 1993, puede pedir más?) parece haber lle-
gado a las más recientes ediciones del The molecular biology of the cell,
donde la “fertilización” es descrita como un proceso donde óvulo y
esperma “se encuentran uno al otro y se fusionan”.

Para los historiadores de la ciencia, esta recapitulación puede que


traiga más preguntas que respuestas, pero una cuestión es crítica:
¿cuál es la relación entre el cambio metafórico en estos relatos, el
desarrollo de nuevos procedimientos técnicos para representar los
mecanismos de fertilización y la adopción actual de la igualdad, al
© FUOC • PID_00291386 16 Una (otra) historia de la psicología

menos nominal, de género en la cultural en general? Si nada más,


rastrear las metáforas de género en esta literatura nos ofrece un sitio
ideal donde, con un análisis más extensivo, podemos apreciar mejor
y tal vez averiguar las complejas líneas de influencia e interacción
entre las normas culturales, la metáfora y el desarrollo técnico» (Ke-
ller, 1995, p. 34).

Aquí os dejamos unas cuestiones para reflexionar:

1. ¿Cuál es la forma convencional de explicar la reproducción a la


que se refiere la epistemóloga Evelyn Fox Keller? Indicad qué valores
se le atribuían al esperma (masculino) y cuáles al óvulo (femenino).

2. ¿Qué consecuencias científicas (o de otro tipo) creéis que tiene


esta forma de explicarlo para la producción de conocimiento sobre
el tema?

3. Reflexionad y argumentad por qué son importantes las metáforas,


el lenguaje y los relatos que se usan en ciencia para su desarrollo.

4. Y a la inversa, considerad esta cuestión: ¿hasta qué punto puede


esta forma de ver la interacción óvulo-esperma afectar a nuestra for-
ma de entender las relaciones de género sin darnos cuenta?

También es relevante resaltar que:

«[Los estudios sobre el género han mostrado] no solo que la ciencia es una actividad social
imbuida de dinámicas de género que incluyen disparidades de género, sexismo, andro-
centrismo y culturas de masculinidad, sino que los métodos científicos, las prácticas, los
modelos, las teorías y las identidades están profundamente marcadas por el género (Ha-
raway, 1989; Keller, 1985; Martin, 1991; Merchant, 1980; Milam y Nye, 2015; Schiebin-
ger, 1993). Gran parte de este trabajo examina cómo el género de la ciencia puede ayudar
a explicar la exclusión histórica de las mujeres de muchos dominios científicos […] [Y]
utiliza el análisis histórico crítico para mostrar cómo la psicología se ha construido como
una empresa masculina dentro de un marco androcéntrico que típicamente ha proble-
matizado y patologizado a las mujeres, la feminidad y la idoneidad de las mujeres para la
ciencia. En resumen, los historiadores o historiadoras han demostrado cómo la ciencia
psicológica, al igual que otras ciencias, se ha construido como una empresa masculina
a la que los participantes potenciales debían adaptarse para lograr el reconocimiento y
el éxito. La psicología es también un campo de las ciencias sociales que, a lo largo de su
historia, ha teorizado directamente el género (Rutherford, 2019). Es decir, además de uti-
lizar el género como una ‘variable’ en la investigación psicológica (a menudo de manera
bastante problemática), los psicólogos han elaborado modelos tanto conceptuales como
empíricos sobre la naturaleza misma del género, su estado ontológico, su desarrollo y,
con cierta menor frecuencia que sus colegas antropólogos e historiadores, sus variaciones
a lo largo del tiempo y las culturas. En resumen, el género mismo ha sido objeto de teo-
rización psicológica» (Rutherford, 2021, pp. 21-22).
© FUOC • PID_00291386 17 Una (otra) historia de la psicología

Todos estos aspectos, apuntados por Rutherford (2021), muestran bien la si- Crítica de Carol Gilligan
tuación complicada en la que se encuentra la psicología, en la medida en que
Un ejemplo paradigmático de
no solo es una ciencia cuyas teorías y prácticas tienen un género, sino que la crítica al desarrollo de teo-
además ha teorizado sobre el mismo (una cuestión que ilustra a la perfección rías desde un punto de vista
masculino es la realizada por
el problema de la fusión agente-objeto de estudio en psicología y la comple- la psicóloga americana Carol
Gilligan (1982) en su trabajo
jidad de la reflexividad señaladas con anterioridad). Por ello, como señalan In a Different Voice: Psychologi-
cal Theory and Women’s Deve-
Barberà y Cala: lopment. En el mismo, Gilligan
critica la escala de desarrollo
moral de su colega Lawrence
«Es importante para la historia de la psicología rescatar esas aportaciones y dar mayor Kohlberg, según la cual las ni-
visibilidad […] social a las mujeres que participaron en ellas por razones humanitarias y de ñas alcanzan un nivel de desa-
justicia social. Pero, dicho reconocimiento histórico ha servido, también, para reflexionar rrollo moral más bajo que los
sobre el peso de la subjetividad en la construcción de la ciencia, para conocer mejor cómo niños. Gilligan sostiene que,
se elaboran las identidades masculinas y femeninas en cuanto categorías asimétricas y contrariamente a la ética basa-
acerca de la jerarquía de poder que se establece, a menudo, en las relaciones entre los da en la justicia instaurada por
hombres y las mujeres» (Barberà y Cala, 2008, p. 31). la sociedad patriarcal, las mu-
jeres abogan por una ética del
cuidado basada en las relacio-
Ahora bien, ¿qué significa hacer una historia que integre un análisis con pers- nes entre los individuos.

pectiva de género? Veamos la definición propuesta por el grupo de investiga-


ción Psychology’s Feminist Voices (PFV), liderado por Alexandra Rutherford.
En el primer vídeo de su serie «El género importa», explican qué es un «análisis
con perspectiva de género»:

«Es una manera de pensar críticamente sobre cómo nuestros sesgos de género, ideologías
y suposiciones influyen en las ciencias. Nos permite cuestionar cosas que, de otra mane-
ra, asumiríamos como ciertas y nos obliga a considerar cómo nuestras suposiciones sobre
género afectan a la manera en que investigamos. Uno no va por el mundo topándose
con datos. En realidad, creamos estos datos haciendo preguntas de una forma particular,
a grupos particulares de personas, en circunstancias particulares. Esto no significa que
los conocimientos que creamos en psicología sean inválidos, pero sí significa que están
forjados desde nuestro contexto y nuestras suposiciones […]. El análisis con perspectiva
de género nos hace considerar la relación entre género e investigación. Eso significa pre-
guntarse cómo las normas de género pudieron haber influenciado en cosas como: ¿qué
tipo de preguntas se hicieron durante la investigación?, ¿cómo se diseñó el estudio?, ¿có-
mo se interpretaron los resultados? […]. ¿De qué manera la influencia del género exclu-
ye sistemáticamente a ciertas personas de la carrera de psicología? ¿O excluye a ciertas
personas de ser estudiadas? ¿O las excluye de los beneficios de la investigación psicoló-
gica? ¿O qué efecto tienen las ideas acerca del género en nuestra investigación, nuestras
teorías y la manera en que aplicamos la psicología al mundo? ¿Cómo podemos usar esta
información para que la psicología, las psicólogas y los psicólogos sean más efectivos e
igualitarios en cuanto al género?» (Psychsfeministvoices, 2017).
© FUOC • PID_00291386 18 Una (otra) historia de la psicología

Lectura recomendada

La «verdad» no está ahí fuera Podéis consultar el excelente


trabajo de Loredo (2008) so-
bre la relación entre psicolo-
Para ayudaros a pensar la idea de que «uno no va por el mundo to- gía y epistemología.
pándose con datos», os proponemos que observéis este dibujo. Ano-
tad en un papel cuál es la primera imagen que veis, antes de seguir
leyendo.

Fuente: https://www.xataka.com/inteligencia-artificial/famosa-ilusion-optica-pato-conejo-como-interpreta-
inteligencia-artificial-que-consecuencias-tiene-eso

Quizá hayáis reconocido que se trata de una «figura reversible», co-


mo las que empleaba el filósofo de la ciencia Norwood R. Hanson
(citado en Loredo, 2008) para explicar la llamada «carga teórica» de
la observación. Hanson afirmaba que no hay algo que podríamos
considerar hechos perceptivos puros (esperándonos ahí fuera «en la
realidad» para ser descubiertos), sino que están filtrados por nuestras
ideas preconcebidas. Así, lo que vemos y percibimos no es lo que
reciben nuestros sentidos, sino una reorganización de la experiencia
filtrada por nuestras ideas preexistentes. Dicho de otra manera, toda
observación y análisis están cargados de teoría.

Ved también
Atendiendo a la definición de análisis�con�perspectiva�de�género, una
historia de la psicología con perspectiva de género es aquella que con- Recordad lo que hemos indi-
cado más arriba de la mano
tribuye a mostrar cómo la ciencia psicológica está constituida a partir de Danziger (2008) y Smith
(2007).
de sesgos de género –lo que incluye otras categorías sociales, como las
de raza, clase social, orientación sexual, religión, capacitismo, cultura,
etc.– que afectan a su objeto de estudio y, por tanto, a nosotros y noso-
tras mismos.
© FUOC • PID_00291386 19 Una (otra) historia de la psicología

Por ejemplo, diversos historiadores han mostrado cómo la invisibilidad histó-


rica de las mujeres en la ciencia estuvo ligada no solo a la percepción de que
eran deficientes en objetividad (Oreskes, 1996), sino a que su trabajo científi-
co fue oscurecido por una «ideología masculina del heroísmo científico» que
enfatizaba que el verdadero científico era «un hombre que tenía las cualidades
morales que le permitían dedicarse por completo a la ciencia, sin distraerse
con las preocupaciones cotidianas del matrimonio, la familia y otras caracte-
rísticas de la vida doméstica» (Rutherford, 2021, p. 3).

En definitiva, una historia de la psicología con perspectiva de género nos ayu-


da a reflexionar sobre las condiciones sociohistóricas que posibilitaron cate-
gorías, teorías, metodologías y prácticas psicológicas, las cuales estuvieron y
están mediadas por la cuestión de género. Este último aspecto nos lleva a otro
asunto que analizaremos a continuación: cómo las categorías psicológicas em-
pleadas dentro de la psicología no solo poseen una historia, sino que pueden
también estar cargadas de género.
© FUOC • PID_00291386 20 Una (otra) historia de la psicología

4. La construcción de categorías psicológicas y otras


posibles formas de historiar

Diversos historiadores de la psicología, en especial Danziger (1990) y Smith


(2007), han elaborado excelentes trabajos historiográficos sobre cómo las ca-
tegorías psicológicas que empleamos en psicología (emoción, memoria, per-
sonalidad, etc., incluyendo el propio término psicología) tienen una historia.
No son, entonces, categorías «naturales» que estén en la naturaleza esperando
a ser descubiertas, sino que son entidades históricas y sociales. Así lo explica
Danziger:

«Podemos solo comunicar (y probablemente solo hacer) observaciones empíricas apli-


cando una red de categorías preexistentes. Toda descripción empírica es una exposición
que ha sido organizada en términos de ciertas categorías generales. Estas categorías defi-
nen qué es lo que está siendo observado […]. Aunque los psicólogos son convencionales
en la definición de sus conceptos teóricos, actúan como un naturalista inocente respecto
de los dominios que sus teorías tienen la intención de explicar. Tienden a proceder como
si las categorías corrientes representaran clases naturales, como si las distinciones expre-
sadas en sus categorías básicas reflejaran fielmente las divisiones naturales entre los fe-
nómenos psicológicos. Los debates psicológicos típicamente asumen que hay realmente
una clase distintiva de entidad allí fuera que se corresponde exactamente con aquello a
lo que nos referimos como una ‘actitud’, por ejemplo, y que es naturalmente diferente en
su clase de otros tipos de entidades allí fuera para las cuales tenemos diferentes categorías
de nombres, como ‘motivos’ y ‘emociones’ […]. Para sacar a la luz este nivel oculto de
la teoría, para hacerlo visible, necesitamos un análisis del discurso del que las categorías
psicológicas obtienen su sentido. Pero es difícil llevar adelante este análisis si no se reco-
noce una característica fundamental de este discurso, a saber, que es una construcción
histórica. Todas las categorías psicológicas han cambiado su significado a lo largo de la
historia, y el discurso del cual eran parte también. Para alcanzar una comprensión de
estas categorías en uso común en este momento, necesitamos verlas en una perspectiva
histórica. Cuando volvemos al origen histórico de estas categorías, solemos descubrir que
lo que más tarde se volvió oculto y dado por sentado aún permanece abierto y es cues-
tionable. También descubrimos algunas de las razones por las que fue introducida una
nueva categoría y por quién» (Danziger, 1997, pp. 7-9).

(Dejar de) Ser indivisible


Leed el siguiente texto con atención y reflexionad sobre qué conse-
cuencias puede tener el empleo de diferentes categorías, tanto en el
desarrollo del conocimiento científico como de la comprensión que
tengamos de nosotros y nosotras mismos:

«Fue alrededor de la época de la Restauración Meiji (1867-1868)


cuando el gobierno japonés adoptó un sistema de vida occidenta-
lizado y la psicología era un concepto completamente nuevo para
los japoneses. Fue el momento de pasar de la era Edo (1603-1867) a
la era Meiji (1868-1912), una revolución virtual en la que el shogu-
nato Tokugawa fue reemplazado por el sistema del emperador. Lue-
go de la renuncia a la política de puertas cerradas que duró más de
doscientos años (hasta mediados del siglo XIX), el nuevo gobierno
© FUOC • PID_00291386 21 Una (otra) historia de la psicología

comenzó a importar conocimientos y técnicas de Estados Unidos y


países europeos. El cambio drástico en la vida de los ciudadanos ja-
poneses generalmente se denominó civilización (bunmei-kaika), y la
gente comenzó a usar ropa y sombreros occidentales, usar lámparas
eléctricas y leer periódicos.

Pero ¿cuándo los japoneses se encontraron por primera vez con la


psicología? La palabra japonesa actual para psicología es shinrigaku,
que fue acuñada por Amane Nishi (1829-1897), uno de los prime-
ros eruditos japoneses que introdujo la filosofía occidental en Japón.
Desde 1862 hasta 1865, Nishi fue a los Países Bajos y estudió dere-
cho, economía y filosofía en la Universidad de Leiden. Después de
regresar a Japón, tradujo al japonés el libro Filosofía mental (1857)
de Joseph Haven; la primera de las tres partes se publicó en 1875.
Según la nota a pie de página de la primera página, tituló la versión
japonesa Shinrigaku, una abreviatura de shinri jo no tetsugaku (literal-
mente “filosofía mental”) (Haven, 1875).

Nishi acuñó muchas otras palabras japonesas para dar sentido al co-
nocimiento occidental, como razón, comprensión, inducción y reduc-
ción. Entre ellas, cuatro palabras fueron especialmente importantes
para comprender la psicología: sujeto (shukan), objeto (kyakkan), fi-
losofía (tetsugaku) y el término mismo psicología, que es shinrigaku
(los mismos caracteres chinos denotan psicología en China también).
Sin embargo, Nishi se aferró a seirigaku, que literalmente significa el
aprendizaje de la naturaleza y los principios, como la traducción le-
gítima de la psicología. Sin embargo, como seirigaku se usaba a me-
nudo como sinónimo de neoconfucianismo en el siglo XIX, y la pa-
labra japonesa para fisiología también se pronunciaba seirigaku, la
palabra no se adoptó como significado de psicología para evitar con-
fusiones.

El ego (jiga) y el yo (jiko) existían antes de la Restauración Meiji (Su-


zuki, 2005), pero debido a que estas palabras se derivaron del budis-
mo, las connotaciones de las palabras eran ligeramente diferentes de
la forma en que los psicólogos japoneses las usan en el discurso psi-
cológico actual. Daisetz Suzuki (1870-1966), uno de los budistas zen
internacionales modernos, señaló que ‘la división es una caracterís-
tica del intelecto’ (Suzuki, 1997), y ha habido un dualismo como la
división sujeto/objeto en el punto de vista occidental, en contraste
con la filosofía oriental cuyas características consisten en una indi-
visibilidad. El estado mental más elevado en el budismo a menudo se
expresa como estar ‘en un estado espiritual de desinterés’ (muga-no-
kyochi). Hay, por supuesto, una distinción física entre uno mismo
y los demás, aunque el mundo que una persona ve no es diferente
del mundo que ven los demás. Estas diferencias culturales se han
estudiado en el contexto de la psicología cultural (por ejemplo, in-
© FUOC • PID_00291386 22 Una (otra) historia de la psicología

terpretación independiente del yo en Estados Unidos frente a inter-


pretación interdependiente en Japón) (Kitayama y Miyamoto, 2000;
Markus y Kitayama, 1991)» (Takasuna, 2007, pp. 84-85).

Tal y como indica Danziger (1997), tenemos acuerdos sobre los conceptos y El vocabulario psicológico
categorías que estamos investigando, ya que solo así podemos hacer contri-
El lenguaje es un factor cla-
buciones empíricas. Pero estas categorías psicológicas tienen una historia o, ve de nuestro ensamblaje co-
también podríamos decir, están «cargadas» de historias. Al darlas por sentadas, mo sujetos psicológicos (Rose,
1996). Solo podemos esbozar
como si correspondieran fielmente a una realidad existente –como si fueran nuestras emociones, formular
nuestras intenciones u organi-
objetos naturales encontrados «en la realidad»– con independencia del len- zar nuestros pensamientos a
través de un léxico, una gra-
guaje, las teorías, las metodologías y las prácticas que empleamos para estu- mática, una sintaxis y una se-
diarlas, olvidamos que se trata de un acuerdo y, por tanto, tenemos menos mántica que los constituyen y
que forma parte de los objetos
probabilidad de corregirlas. psicológicos mismos (memo-
ria, emoción, intención, pensa-
miento, etc. son algunos ejem-
Además, como indica Danziger: plos de estos objetos de estu-
dio que se han ido transfor-
mando a lo largo de la histo-
«Las categorías psicológicas tienen una dimensión política porque no son puramente ria). De este modo, tenemos
un vocabulario psicológico que
descriptivas, sino también normativas. Adoptar una clasificación particular de un fenó-
tiene una historia, de ahí que
meno psicológico, e implícitamente rechazar otras posibles clasificaciones alternativas, digamos que las categorías psi-
significa establecer una determinada forma de reconocimiento del otro y de su indivi- cológicas están «cargadas» de
dualidad. Lo que sea que la gente es, lo que sea que la gente haga, serán solo reconocidos historias.
en las formas prescritas por algún sistema de clasificación. Por ejemplo, en el sistema
occidental que prevalece, se espera que todo el mundo tenga motivos privados, actitudes
sociales y una determinada inteligencia. En principio, los individuos podrían decir que
esas categorías no representan sus experiencias, pero las presiones sociales y científicas
hacen que prácticamente nadie lo haga. Para la mayoría de las personas, el sistema dis-
cursivo que prevalece es inescapable y los motivos, actitudes, inteligencia, etc., son las
formas en que ellos experimentan su propia subjetividad» (Danziger, 1997, p. 185).

Estas categorizaciones que la psicología ha construido funcionan en nuestra


vida cotidiana y son también normativas en otro sentido: son transmisoras
de�juicios�sociales. Por ejemplo, como nos sugiere Danziger (1997), la inteli-
gencia constituye un criterio para juzgar a alguien, la reificación de motivacio-
nes ofrece todo un vocabulario para expresar aprobación o desaprobación de
determinados cursos de acción, etc. Y, por supuesto, estas categorías también
actúan en contextos formales con autoridad de ciencia (por ejemplo, cuando
en un establecimiento educativo el profesor o profesora o profesional de la
psicología aconseja sobre las oportunidades de un escolar o cuando los publi-
cistas buscan maneras de influenciar a los consumidores).

Para comprender mejor esta cuestión, pongamos un ejemplo extraído del tra- Lectura recomendada
bajo de Danziger sobre la categoría psicológica «memoria». Danziger (2008)
Véase el estudio de Draaisma
explica que la historia ha ofrecido un campo muy rico para la creación de me- (2000) sobre las metáforas de
táforas sobre la memoria. Concretamente, desde tiempos de los filósofos grie- la memoria.

gos Aristóteles y Platón, una de las formas en que la memoria ha sido concebi-
da es como un «almacén» donde se puede guardar y recuperar la información.
© FUOC • PID_00291386 23 Una (otra) historia de la psicología

Esta metáfora ha sido reforzada en el siglo XX con el desarrollo computacional La memoria como almacén
y todo un lenguaje basado en el almacenamiento del ordenador. Ahora, ¿dón-
La concepción de la memoria
de se encuentra este almacén?, ¿se trata de un espacio realmente físico dentro como almacén o programas de
de la cabeza de un individuo?, ¿podemos localizar la memoria (por ejemplo, procesamiento de información
ha generado asunciones y difi-
en el cerebro) con independencia de otras funciones psicológicas?, ¿cómo re- cultades. Por ejemplo, ¿cómo
explicar con este modelo que
cuperamos los recuerdos de este almacén?, ¿lo almacenado existe en forma de podamos reconocer una com-
posición musical incluso si esta
una versión definitiva explícitamente formulada?, etc. La manera cómo con- no es exactamente tocada de
cebimos la memoria y las asunciones que tomamos sobre ella pueden y suelen la misma manera y, por tan-
to, distinta de la que supuesta-
conducir nuestra investigación. Así, es interesante ver, por ejemplo, que los mente se almacenó en nuestro
cerebro? O también: ¿dónde
desarrollos tecnológicos que sostienen los nuevos modelos informáticos de los está el «homúnculo» al que re-
procesos cognitivos sobre la base de los principios neuronales han posibilitado mite un supuesto procesador
central que dirige y controla
alternativas para pensar y cuestionar algunas de estas asunciones, como, por toda la actividad de memoria?
ejemplo, la supuesta interpretación localizacionista a la hora de entender la
memoria. La metáfora del almacén interpretada de forma literal llevaba a los
investigadores o investigadoras a buscar una ubicación particular de dicho al-
macén en el cerebro, así como los mecanismos neuronales en los que descan-
saban dichos procesos de almacenamiento y recuperación de la información.

Fuente: elaboración propia a partir de Pfeifer y Scheier (1999, p. 507)

Este ejemplo nos ayuda a resaltar la importancia del lenguaje y las redes se-
mánticas donde se insertan las categorías psicológicas que empleamos en la
ciencia, pero también la estrecha conexión con las tecnologías y las prácticas
que desarrollamos para estudiarlas. Siguiendo con el ejemplo de la memoria,
la metáfora del almacén posibilita y, al mismo tiempo, es transformada por la
aparición de los ordenadores. Estos son dispositivos físicos de almacenamien-
to de información que, además, permiten «procesarla» y resolver problemas
lógicos o computacionales. Así lo explica Danziger:

«Las máquinas lógicas combinaron la pasión moderna por la instanciación física con el
interés mucho más antiguo por la representación simbólica. El contenido de su “proce-
samiento” podría recibir una interpretación simbólica consistente por parte del usuario
humano que teclea el input o lee el output de estas máquinas, pero, al mismo tiempo, eran
dispositivos físicos cuyas operaciones dependían completamente de la aplicación de la
tecnología apropiada. Como metáforas de los procesos cognitivos humanos, las máqui-
© FUOC • PID_00291386 24 Una (otra) historia de la psicología

nas lógicas tenían un estatus peculiar. Siempre hubo una fuerte tentación de considerar
que sus operaciones no proporcionaban simplemente una analogía, sino una simulación
de la cognición humana […]. Para realizar sus tareas computacionales, las computado-
ras debían tener cierta capacidad para almacenar instrucciones en forma de información
electrónica. Al principio, no se hacía referencia a tal almacenamiento como “memoria”, y
en algunos idiomas eso todavía no es una práctica común. Sin embargo, en 1945, el ma-
temático emigrado Von Neumann desarrolló una analogía altamente especulativa entre
las computadoras digitales y los cerebros en el curso de la cual dotó a las computadoras
con lo que él llamó una “memoria”, un componente de almacenamiento que les permi-
tía “recordar”. Su uso de “memoria” con referencia a las computadoras fue estrictamente
metafórico, ya que no tenía pruebas sólidas para respaldar la analogía entre el almace-
namiento de la computadora y la memoria biológica, pero claramente pretendía que la
analogía se tomara en serio como una hipótesis de trabajo que guiaría la investigación
futura. Creía que el almacenamiento informático y la memoria biológica eran real y pro-
fundamente similares […]. Una de las razones por las que la terminología de Von Neu-
mann se hizo popular fue que encajaba con un nuevo enfoque de las relaciones hom-
bre-máquina que había comenzado durante la Segunda Guerra Mundial y se estableció
firmemente durante la transición posterior a la Guerra Fría. La mecanización progresiva
de las tareas militares, especialmente en las fuerzas estadounidenses, condujo a un com-
pleto entrelazamiento de las funciones humanas y mecánicas, y a la formación de los
llamados sistemas hombre-máquina. El desarrollo y la mejora técnica de tales sistemas
requerían que se usaran términos similares en referencia a las funciones de humanos y
máquinas. A medida que las computadoras digitales se convirtieron en una parte vital de
los sistemas hombre-máquina y se hicieron cargo de algunas de las funciones previamen-
te humanas, la analogía entre las capacidades de los humanos y las computadoras se vol-
vió cada vez más convincente. La memoria, en el sentido de retención de “información”,
fue un ejemplo obvio de estas capacidades compartidas» (Danziger, 2008, pp. 48-49).

La cita de Danziger (2008) es extensa, pero muy ilustrativa de cómo el lengua-


je empleado en la labor científica condiciona y posibilita determinadas for-
mas de entender el objeto de estudio. Además, Danziger explica muy bien la
importancia de las condiciones sociohistóricas, incluyendo las económicas y
políticas –en este caso, la explosión de la Segunda Guerra Mundial y el desa-
rrollo militar que la acompañó–, en la construcción de las teorías científicas.
Asimismo, ilustra el impacto que tiene una tecnología como el ordenador en
la forma de conceptualizar la mente.

Huelga decir que esta concepción de la memoria como un proceso de mani-


pulación de símbolos –que tiene lugar en la cabeza de los sujetos y está basada
en las etapas de codificación, almacenamiento y recuperación de la informa-
ción– va a guiar las prácticas psicológicas y, con ello, el comportamiento y la
experiencia de los sujetos mismos. En este sentido, dicha concepción guiará
el diseño de experimentos para estudiarla (por ejemplo, aprendizaje de listas
de palabras), así como también la puesta en marcha de prácticas profesionales
(por ejemplo, la búsqueda de técnicas de rehabilitación cognitiva basadas en
la estimulación y la práctica repetitiva de tareas cognitivas para hacer frente
a déficits amnésicos). Por supuesto, esta concepción de la memoria está muy
presente en nuestra vida cotidiana y condiciona nuestra forma de entender-
nos a nosotros mismos, de ahí las expresiones corrientes de tener «una idea
en mente» o una «imagen mental» de algo, o tener «todavía que procesarlo»,
refiriéndonos a un problema o percance.

Sin embargo, esta concepción como manipulación simbólica en la cabeza fue


cuestionada a finales del siglo XX desde los estudios basados en el embodiment
y el situatedness (literalmente, ‘encarnación’ y ‘situacionalidad’, de forma res-
pectiva). Desde esta nueva perspectiva ecológica, la memoria sirve para la ac-
© FUOC • PID_00291386 25 Una (otra) historia de la psicología

ción y ello implica la acción corporal, así como el uso de otras herramientas
externas, por lo que la memoria no podría reducirse tan solo a un mero pro-
ceso cognitivo. Así lo explican Pfeifer y Scheier:

«Números de teléfono o contraseñas no se recuperan, sino que son conductas de hablar,


escribir o marcar que ocurren en el contexto de otros procesos perceptuales y motores. Se
puede establecer este contexto sentándonos frente al teclado, visualizando un teléfono,
etc.» (Scheier, 1999, p. 510).

Es decir, el contexto y la forma en que una información se corresponde con


la forma en que se recuerda serían elementos esenciales de este enfoque de la
memoria. La memoria no estaría solo «dentro» del individuo, sino también
«fuera» en el contexto. Este cambio teórico es lo que está en la base del actual
desarrollo de la robótica basada en inteligencia artificial, donde no (solo) se
diseñan programas de ordenador, sino también máquinas físicas que pueden
experimentar y actuar en su entorno ambiental (tienen sensores, sistemas mo-
tores, etc.).

Micrófonos, altavoces y nuevas


experiencias psicológicas
Para pensar el impacto que las tecnologías y las prácticas pueden te-
ner en los objetos de estudio, queremos que el estudiantado piense
en la siguiente situación, donde se discute cómo el micrófono y la
amplificación de la música interpretada por la voz humana –algo que
probablemente llevaría a una nueva experiencia de escucha– trans-
formó la historia de la música y dio lugar a nuevas subjetividades –
nuevas maneras de entendernos a nosotros y nosotras mismos–, tan-
to la del cantante como ídolo de masas como la del oyente como fan.

«En términos pop, la importancia del micrófono no fue que permi-


tiera a la gente cantar fuerte, sino que permitiera cantar suave. El
impacto inmediato del micrófono eléctrico significó nuevas técnicas
vocales (canturreo, torch singing) y nuevos tipos de cantantes cuya
habilidad era la técnica del micrófono en lugar del control del dia-
fragma. Rápidamente, los mejores cantantes (especialmente Frank
Sinatra y Billie Holiday) se dieron cuenta de que podían cantar con
una nueva intimidad expresiva. Un tono que anteriormente solo se
escuchaba en una conversación privada, ahora podía reproducirse
públicamente. Por supuesto, el centro de estas nuevas conversacio-
nes íntimas fueron las declaraciones de amor y las insinuaciones de
deseo. Los oyentes ahora podían fingir que conocían al cantante,
que el cantante entendía o, al menos, expresaba sus propios senti-
mientos. Esto trajo un nuevo tipo de emotividad y erotismo al pop,
un erotismo más evidente en el surgimiento de las jóvenes admira-
© FUOC • PID_00291386 26 Una (otra) historia de la psicología

doras de Frank Sinatra (que prefiguraron los enamoramientos ado-


lescentes por venir) y, por lo tanto, un nuevo tipo de estrellato: el o
la cantante pop como ídolo» (Frith, 2007, pp. 97-98).

Tomemos ahora otro ejemplo de categoría psicológica, el de «emoción», in- Las redes semánticas de
cluyendo la cuestión del género. El excelente trabajo del historiador Thomas pasión y emoción

Dixon (2003) muestra el desarrollo histórico de esta categoría y cómo en el Incluso si pasión y emoción pa-
siglo XIX se desprendió de las connotaciones religiosas prevalecientes de las recen remitir a una «misma»
realidad humana, ambas están
pasiones y los efectos del alma para quedar ligada a una nueva red semántica insertadas en redes semánticas
muy diferentes. Las palabras
que remite a las ideas de «adaptación» y «supervivencia». Es decir, la categoría pasión y afección pertenecían a
una red de palabras como del
de «pasión», propia del ámbito de la filosofía moral, se va transformando pro-
alma, conciencia, caída, pecado,
gresivamente en la de «emoción» y quedan ligadas en el siglo XIX, debido fun- gracia, espíritu, Satanás, volun-
tad, menor apetito, etc., mien-
damentalmente a la secularización del pensamiento y el rechazo de las creen- tras que la palabra emoción es
parte de una red de términos
cias religiosas tradicionales, al ámbito de la ciencia natural. En gran medida como psicología, ley, observa-
gracias a las tesis evolucionistas del periodo, se va a considerar que la conducta ción, evolución, organismo, ce-
rebro, nervios, expresión, com-
emocional, principalmente expresiva, tiene un valor y una función adaptati- portamiento, vísceras, etc.
va para la supervivencia. Es en este contexto, como subraya la historiadora
Shields (2007), cuando se va a utilizar «la especulación sobre la naturaleza de
Lecturas recomendadas
la emoción y la regulación de la emoción para describir y, por lo tanto, definir
la diferencia entre mujeres y hombres, y entre razas y clases sociales» (p. 93). Dixon (2008) y Jiménez
(2005).

La psicología de la emoción

Es interesante subrayar que si consultamos los manuales clásicos de psicología de la emo-


ción (véase, por ejemplo, el de Fernández-Abascal, 2010), solemos encontrar un capítulo
introductorio sobre la historia de la «disciplina». Se trata de un capítulo justificacionista,
como hemos comentado con anterioridad, que responde en alguna medida a la necesi-
dad de establecer el «mito fundacional» de la psicología de la emoción y la existencia de
un solo enfoque para su estudio. Aun si Aristóteles y los orígenes filosóficos son mencio-
nados, se suele indicar que el estudio riguroso y científico de la emoción comienza en
el siglo XIX de la mano del británico Charles Darwin (La expresión de las emociones en el
hombre y los animales, 1872) y del estadounidense William James (¿Qué es una emoción?,
1884; Principios de psicología, 1890) (véase Jiménez, 2012).

Shields (2007) ha examinado la representación de la psicología científica bri-


tánica y estadounidense de la masculinidad y la feminidad a fines del siglo XIX,
y ha concluido que las supuestas diferencias en la emoción y la razón fueron
esenciales para justificar, con base evolutiva, las jerarquías sociales existentes
y el mantenimiento del poder:

«La emoción fuerte se identificó con la masculinidad heterosexual y la supuesta mejor


capacidad de los hombres para aprovechar el poder de la emoción al servicio de la razón.
La emoción ‘femenina’ fue retratada como una emotividad comparativamente ineficaz,
un subproducto de la fisiología reproductiva femenina y la necesidad evolutiva de ser
atractiva para los hombres» (Shields, 2007, p. 92).

Shields (2007) explica cómo se pasó a partir de la Ilustración de la creencia en la


inferioridad general de las mujeres en casi todas las capacidades (intelectuales,
perceptivas y morales) a la noción de que las facultades mentales y morales de
cada sexo son complementarias:
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«La idea de la complementariedad es que cada sexo tiene un intelecto y un carácter in-
natos y distintivos con sus propias fortalezas y limitaciones, y que las debilidades de cada
sexo se compensan con las correspondientes fortalezas del otro. Con el advenimiento
de la teoría de la evolución a mediados del siglo XIX, la variación pasó a ser vista como
la fuente del progreso evolutivo, y el principio de complementariedad se convirtió en
un recurso explicativo útil. La complementariedad podría explicar cómo puede ser que
el avance evolutivo ocurra sin alterar la estabilidad y continuidad de la especie […]. No
hace falta decir que las listas de rasgos asignados a cada sexo […] se basaron en gran
medida en lo que ya se creía que era cierto sobre las mujeres y los hombres. Es decir, los
atributos asignados a cada sexo eran esencialmente variaciones de imágenes populares
ya evidenciadas en la cultura popular» (Shields, 2007, p. 94).

Así, aunque existía una preocupación social y política por establecer la igual-
dad de derechos y obligaciones entre la ciudadanía, lo cierto es que a lo largo
del siglo XIX, la necesidad de redefinir a los hombres y las mujeres como sexos
biológicamente distintos y complementarios llevó a instaurar la existencia de
diferencias supuestamente naturales entre ambos, siendo la emoción y la ra-
zón expresiones diferentes para cada sexo (Laqueur, 1990; Balltondre y Jimé-
nez, 2023). Aquí, la fisiología reproductiva femenina va a estar, como afirma
Shields (2007), en el centro de la mayoría de las explicaciones del desarrollo
del carácter cognitivo y emocional distintivo de las mujeres:

«Se creía que la razón y la emoción se expresaban de manera diferente para cada sexo
debido a las diferencias ‘naturales’ subyacentes. De acuerdo con el marco de complemen-
tariedad, las fortalezas de un sexo con respecto a la razón y la emoción compensaban
las debilidades del otro, con ambos sexos aparentemente formando un todo perfecto.
Las capacidades de razonamiento femenino o de las mujeres se describieron como intui-
tivas, prácticas, preocupadas por lo específico y, por lo tanto, muy adecuadas para la vida
doméstica y la crianza. La razón masculina o de los hombres, por el contrario, era más
probable que se describiera en términos de una capacidad de objetividad y abstracción,
por lo que se adaptaba mejor para proyectos más amplios en los que se necesitaba pen-
samiento creativo o imparcialidad. La racionalidad y la inteligencia eran, pues, atribu-
tos de ambos sexos, pero capacidades separadas no significaban capacidades iguales: las
capacidades cognitivas más valoradas eran una prerrogativa masculina. Por ejemplo, se
consideraba que las mujeres no eran aptas para el trabajo científico, pero se consideraba
que la ciencia de la observación (astronomía y especialmente la botánica) estaba física e
intelectualmente a su alcance […]. De manera similar, la versión masculina de la emoción
contrasta con la femenina. En su forma femenina, la emoción se representaba como una
sensibilidad un tanto inestable de los sentimientos hacia uno mismo y hacia los demás.
La emoción masculina, por el contrario, se describió como una fuerza apasionante evi-
dente en el impulso de lograr, crear y dominar» (Shields, 2007, p. 97).

Shields (2007) analiza los textos de algunos de los pensadores evolucionistas


más importantes de la época, como el británico Herbert Spencer (1902), y des-
taca cómo ya entonces está presente la idea de que las mujeres no pueden al-
canzar estadios superiores de desarrollo moral, descubriéndose su deficiencia
emocional en «la más abstracta de las emociones, el sentimiento de justicia,
el sentimiento que regula la conducta independientemente de los vínculos
personales y los gustos o aversiones que sienten por los individuos» (Spencer,
1902, p. 341; en Shields, 2007, p. 101).
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Estadísticas «científicas y serias» sobre la


diferenciación sexual
A continuación, os presentamos diversos extractos de un artículo
científico publicado en la prestigiosa revista de medicina del primer
tercio del siglo XX España Médica, por el reconocido ginecólogo cata-
lán Joan Mascaró. Entonces, los ginecólogos eran considerados vo-
ces autorizadas en materia femenina respecto tanto de los cuerpos
de las mujeres como de su «psicología»:

«Esta diferenciación vetusta de ambos sexos viene afirmada por el


papel respectivo de los mismos en la vida. El hombre en la vida tra-
baja y piensa; la mujer inspira, halaga y cuida. Al primero le cupo la
pujanza como dotación; a la segunda, la ternura y el donaire. Cuá-
jase la vida masculina en la deducción e inducción intelectiva; en
la mujer, en la intuición afectivo-sentimental, y mientras el primero
se aferra a lo arduo y trabajoso, corre la segunda en pos de lo sutil,
bonito y agradable. […]

El predominio de la vida afectivo-emotiva en la mujer viene compro-


bado incluso por la patología mental; mientras en el hombre predo-
minan, según estadísticas científicas y serias, los trastornos mentales
discursivos de tipo paranoico, en la mujer abundan los de tipo afec-
tivo-emotivo, delirios maníacodepresivos, histerismo, etcétera. […]

Las mujeres son altamente imaginativas. Se comprende que así sea,


pues todo ser emotivo tiene necesidad de evadirse de la realidad pro-
saica y monótona para dirigirse hacia un mundo ideal, lleno de en-
sueños; inversamente, en los ensueños encuentran los imaginativos
un rico yantar para sus sentimientos. Por imaginativa tiene la mujer
tendencias a la fabulación. […]

Para poner fin a la tarea emprendida, séanos permitido transcribir de


Nóvoa-Santos los siguientes caracteres femeninos: predominio de la
vida afectiva, labilidad sentimental, fragilidad volitiva, carácter versátil,
caprichoso, irresoluto, tendencia a la fabulación, tendencia a no separar
agudamente el mundo real del imaginativo, acusada sugestibilidad, escaso
poder de abstracción y de síntesis. Estos once postulados se resumen en
uno, que es la síntesis de la feminidad, el camino que conduce hacia
el arcano insondeable del alma femenina: EMOTIVIDAD» (Mascaró,
1935, pp. 3-8).
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¿Podéis identificar cómo opera en esta fuente primaria la comple-


mentariedad de la que habla Shields? Imaginad los «equivalentes
contrarios» que estaban definiendo la psicología del hombre en ese
momento. ¿Qué consecuencias sociales creéis que podrían acarrear
tales descripciones en la época?

Tal y como indica también Shields (2007), ya entonces varias psicólogas esta- Lectura recomendada
dounidenses, como, por ejemplo, Mary Whiton Calkins (1896), criticaron el
Podéis consultar un artículo
sexismo del modelo de complementariedad. Sin embargo, a pesar de las crí- de revisión sobre la emocio-
ticas y el peso que el modelo tuvo en la interpretación de las diferencias de nalidad y el género en Kret y
Gelder (2012).
género, lo cierto es que las creencias sobre las conexiones entre emocionabi-
lidad y género persistieron. Y, de hecho, «al igual que en el siglo XIX, incluso
hoy en día las nociones de género y emoción de la cultura popular se introdu-
cen acríticamente en la psicología científica de la emoción» (Shields, 2007, p.
105). Numerosas investigaciones actuales intentan poner a prueba la premisa
de que las mujeres son más emocionales que los hombres en experimentos de
laboratorio. Se discute si la diferencia radica solo en la expresión emocional
o es cognitiva, en qué tipo de emociones se dan estas diferencias, cómo pue-
den explicarse, hasta qué punto son biológicas o la cultura las moldea, etc.,
y para ello se usan técnicas de neuroimagen y otras tecnologías disponibles
en la actualidad.

En definitiva, los dos ejemplos de categorías psicológicas que aquí hemos pre-
sentado (memoria, emoción) nos permiten ver las condiciones sociohistóricas
que posibilitaron su construcción: no se tratan, por tanto, de categorías psico-
lógicas «naturales»; su significado ha ido cambiando a lo largo de la historia y
de la mano de las teorías, metodologías, tecnologías y prácticas empleadas.
© FUOC • PID_00291386 30 Una (otra) historia de la psicología

Resumen

Con todo lo discutido a lo largo de este texto sobre la historia o las historias de
la o las psicologías, proponemos al estudiantado otra manera de mirar la asig-
natura: no tanto como un espacio para revisar los antecedentes del pasado que
han hecho de la psicología una ciencia, sino más bien como una herramienta
–podríamos calificarla incluso de «metodológica»– para reflexionar sobre (la
historia de) las categorías psicológicas y sobre las condiciones que posibilita-
ron los conocimientos psicológicos en determinados contextos sociohistóri-
cos. Más concretamente, esto debería posibilitar al estudiantado cuestionar los
sesgos de género que invisibilizan a las mujeres o también a otros grupos tra-
dicionalmente marginados, como son los psicólogos y psicólogas de minorías
étnicas. Con ello, no solo se conseguiría hacer de cada estudiante un profesio-
nal más perspicaz y crítico, sino también una persona más comprometida con
la pluralidad y la diversidad de los seres humanos en la sociedad actual (García
Dauder, 2016) y con capacidad para transformar su realidad (Pujal, 2015).
© FUOC • PID_00291386 31 Una (otra) historia de la psicología

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