Psicología: Historia Crítica y Género
Psicología: Historia Crítica y Género
historia de la
psicología
Perspectivas críticas y conceptos de
análisis
PID_00291386
Cómo�citar�este�recurso�de�aprendizaje�con�el�estilo�APA:
Jiménez Alonso, B. [Belén] y Balltondre Pla, M. [Mònica]. (2023). Una (otra) historia de la psicología: Perspectivas
críticas y conceptos de análisis (1.ª ed.) [recurso de aprendizaje textual]. Fundació Universitat Oberta de Catalunya
(FUOC).
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© FUOC • PID_00291386 Una (otra) historia de la psicología
Índice
Resumen....................................................................................................... 30
Bibliografía................................................................................................. 31
© FUOC • PID_00291386 5 Una (otra) historia de la psicología
De hecho, existen muchos manuales de historia de la psicología, tantos como Lectura recomendada
perspectivas historiográficas, intenciones y objetivos del historiador o de la
Para una reflexión sobre dife-
historiadora que los han escrito, así como maneras de entender qué es la psi- rentes posiciones historiográ-
cología (Harris, 2009). ficas, podéis consultar Her-
genhahn (2011).
cia internacional cuyos trabajos son también para nosotras fuentes de inspira-
ción: entre otros, destacamos a Laurel Furomoto (1989), Kurt Danziger (1997,
2008), Roger Smith (1997, 2007) y, de manera más reciente por su apuesta fe-
minista, Alexandra Rutherford (2021).
Entonces, ¿con qué propósito escribimos nosotras este texto sobre historia de Nota
la psicología y cuál es la unidad temática que «une» los hechos de la historia
Evidentemente, la funcion di-
que proponemos? No podemos perder de vista que se trata de un texto dirigi- dáctica del texto también im-
do al estudiantado y, por ello, al igual que otros colegas (Lafuente et al., 2017), plica ajustarse al formato de
una asignatura semestral (me-
nos hemos sentido obligadas a navegar entre la función didáctica de un ma- nos de cuatro meses) y con
carga de 6 ECTS, y de otros
nual dirigido al estudiantado y la necesidad de cuestionar de forma crítica, y condicionantes prácticos co-
mo responder al currículo ofi-
seguramente controvertida, con la forma más «clásica» de hacer historia de la cial de la asignatura y a las le-
psicología que se lleva planteando desde hace décadas dentro de los planes yes universitarias sobre la for-
mación. Así, la propuesta que
de estudio nacionales de psicología. Por ello, nos parece honesto reconocer hacemos en esta asignatura de
historia de la psicología no es
que este texto está siempre «haciendo equilibrios» entre ambas perspectivas, ni mucho menos exhaustiva:
tratando de responder en alguna medida a la expectativa de generar una trama no contiene ni los contenidos
ni todos los aspectos que nos
tradicional de antecedentes históricos de la disciplina y, al mismo tiempo, de gustaría discutir sobre nuestra
aproximación teórico-práctica.
proponer una historia que revele la complejidad de la psicología o psicologías No tiene intención de recoger
todos los personajes, teorías o
como conjuntos de teorías, metodologías y prácticas social e históricamente escuelas que clásicamente se
constituidas. El ejercicio es difícil por diversas razones. Una de las más eviden- contemplan en la historia de la
psicología (para un manual de
tes tiene que ver con que, tal y como subrayan Pickren y Rutherford (2010), este tipo, el estudiantado pue-
de consultar Sáiz, 2008).
la ventaja de las perspectivas historiográficas basadas en destacar grandes per-
sonajes y fechas, o en enumerar las escuelas de pensamiento que han caracte-
rizado el campo de la psicología, es que permiten organizar ordenadamente
el conocimiento psicológico. Plantear una historia crítica que no se limite a
especificar los personajes ni los éxitos disciplinarios que están en el «centro»
de una supuesta forma universal de psicología es todo un reto (y somos cons-
cientes de que el estudiante ajeno a la visión más crítica tendrá que esforzarse
por comprenderla).
Discontinuidad en la historia
Los análisis históricos tradicionales con frecuencia concebían la historia como una con-
tinuidad ininterrumpida de acontecimientos, una evolución lineal producto del progreso
de la razón. Los análisis históricos críticos denuncian este mito de progreso y descartan
la linealidad con la que los acontecimientos son, con frecuencia, presentados. El filósofo
francés Michel Foucault (1966), por ejemplo, subraya que es necesario atender a la ruptu-
ra, interrupción y discontinuidad de acontecimientos, así como a periodos de más corta
duración en los análisis históricos. Con ello, en lugar de elaborar una historia global que
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supone la posibilidad de encontrar una teleología y continuidad para todos los fenóme-
nos estudiados, se construiría una pluralidad de historias yuxtapuestas que permitirían
ilustrar discontinuidades y rupturas (véase Lassalle, 2015).
Esta manera de entender la historia, como forma de narrar el pasado, pero Nota
también como herramienta de construcción de conocimiento, es la que nos ha
Nuestra propuesta con pers-
llevado a comprometernos con una historia�con�perspectiva�de�género que pectiva de género se reflejará
no «invisibilice» a las mujeres ni perpetúe los sesgos de género que caracterizan tanto en la/s historia/s escogi-
da/s como en la elección de las
a la psicología como ciencia social. fuentes historiográficas, visibi-
lizando también el trabajo de
las mujeres historiadoras.
En definitiva, la historia de la psicología que se propone en esta asignatura
responde al objetivo de favorecer en cada estudiante la capacidad de reflexio-
nar sobre cómo diferentes tipos de factores disciplinares y no disciplinares de
distinta índole (históricos, sociales, políticos, culturales, etc.) definen lo que la
psicología es y también cómo se practica. En último término, esta asignatura
pretende ayudar al estudiantado a reflexionar sobre sus propias concepciones
de la psicología, y sobre las prácticas y técnicas que posiblemente empleará
en su futuro ejercicio como profesional de la psicología, comprendiendo que
dicho compromiso –y las diferentes maneras y/o soluciones de ejercerlo– con-
lleva inevitablemente efectos y consecuencias.
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Con ello, queremos que cada estudiante reflexione sobre su propia compleji-
dad como sujeto y también como futuro o futura profesional, contribuyendo
con ello a encontrar un sentido al estudio de esta asignatura en su formación.
En las páginas que siguen vamos a tratar de detallar las diferentes cuestiones
apuntadas en esta introducción, comenzando por la pregunta sobre el para
qué de la historia de la psicología.
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Tal y como señalan Rosa et al. (1991), existen muchas funciones, algunas de
las cuales apuntamos a continuación:
Mientras que las dos primeras funciones podrían encajar dentro de una pers-
pectiva historiográfica de corte más presentista y la tercera en una perspecti-
va de corte historicista, lo cierto es que toda historia de la psicología tiene
algo de reflexión desde el presente (o de «racionalización del presente»; Rosa
et al., 1991, p. 408). Si, además, está incluida dentro de un plan de estudios
de Psicología, como lo es esta asignatura, la historia de la psicología también
busca formar al estudiantado en el desarrollo del espíritu crítico y de otras
competencias necesarias como futuro profesional de la psicología. Es la tercera
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Llegados a este punto, es necesario llamar la atención del estudiantado sobre Lectura recomendada
una particularidad de la psicología que posiblemente la diferencia de otras
Para una magnífica y extensa
disciplinas: la cuestión de la reflexividad y el hecho de que somos al mismo reflexión sobre la investiga-
tiempo agentes�y�objetos�de�estudio en psicología. Es decir, en cuanto que ción sobre nosotros y noso-
tras mismos, podéis consultar
seres humanos, realizamos investigación sobre nosotros y nosotras mismos. Blanco (2002).
Así lo resumen Pickren y Rutherford:
Así, estudiar la historia de la psicología también es importante, porque nos Importancia del estudio
permite reflexionar sobre las diferentes condiciones de construcción de las de la historia
teorías y prácticas psicológicas y, con ello, también cuestionar formas hege- Un ejemplo puede encontrarse
mónicas de comprensión de la naturaleza humana y de prescripción de estar en la crítica a la happycracia, o
la dictadura de la felicidad, de-
en el mundo. Si hay algo que deseamos que el estudiantado desarrolle es la nunciada por el historiador de
la psicología Edgar Cabanas y
sensibilidad para comprender y llevar a cabo una actitud crítica con respecto la socióloga Eva Illouz (2019).
al marco desde el cual piensa y ejerce la psicología. Dicho de otra manera,
deseamos que el estudiantado no olvide que «ciertas formas de observar y,
por tanto, de describir/explicar la acción […] necesitan ser a su vez observa-
das» (Blanco, 2002, p. 227). En este punto, resulta interesante mencionar la
experiencia que vivió el psicólogo social e historiador de la psicología Kurt
Danziger en una de sus visitas como docente e investigador a Indonesia en las
décadas de 1950 y 1960. Danziger (1997) cuenta en su libro Naming the mind
cómo pronto se dio cuenta de que la «psicología» enseñada por él no era la
misma que la de sus colegas indonesios, basada en la filosofía hindú con agre-
gados e reinterpretaciones javanesas. Incluso si Danziger trató de ponerse de
acuerdo con sus colegas para explicar los cursos docentes, la empresa resultó
imposible: tanto la organización de los conocimientos (por ejemplo, qué es
importante estudiar) como las prácticas que promovían (por ejemplo, cómo
estudiarlos, qué ejercicios profesionales fomentar, etc.) eran diferentes. Dan-
ziger podría haber concluido que el conocimiento psicológico indonesio y las
formas de prácticas llevadas a cabo por sus colegas eran meras especulaciones
filosóficas, una manifestación de una psicología antigua –o incluso primitiva–
«en vías de desarrollo científico» que alcanzaría quizá algún día el estatuto
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«Debo poner de relieve que la postura de mi colega indonesio no era idiosincrática. Él (1)
Ilmu djiwa era el equivalente
presentaba un conjunto coherente de ideas insertas en una tradición significativa de tex- indonesio a Psichologi. Danziger
tos y prácticas. Estas incluían varias formas de práctica de meditación y de ascetismo que (1997) explica que djiwa significa
podrían ser empleadas para producir fenómenos psicológicos específicos tan confiables «alma» o psique, e ilmu una cien-
como muchos de nuestros experimentos psicológicos, y quizá más. Los conceptos de ilmu cia o una «logía» (p. 1).
djiwa1 abarcaban estos fenómenos entre otros. Esta otra psicología no puede ser desesti-
mada como especulación de sillón; seguramente era una disciplina en el doble sentido
del término, como un cuerpo sistemático de conocimiento y de prácticas estrictamente
reguladas. Aun así, ni la organización de su conocimiento ni las prácticas que promueve
tienen mucho en común con sus homólogos en la psicología occidental.
Ser confrontado con mi propio exótico Doppelgänger disciplinar fue una experiencia in-
quietante. Era claramente posible delimitar el campo de los fenómenos psicológicos de
maneras muy diferentes y aun terminar con un conjunto de conceptos que parecieran
bastante naturales teniendo en cuenta el contexto cultural correspondiente. Es más, es-
tos conjuntos diferentes de conceptos podrían tener sentido práctico perfecto si se nos
permitiera elegir la propia práctica. ¿Qué implica esto para la objetividad de las categorías
con las que la psicología occidental opera? ¿Mi lista de los temas del seminario represen-
ta un ‘verdadero’ reflejo de cómo la naturaleza ha dividido el universo psicológico? Si
fuera así, la alternativa de mi colega parecería ser un reflejo totalmente distorsionado,
en el mejor de los casos. Él seguramente no pensaba eso, y tampoco sus estudiantes. Pa-
ra ser honesto, ninguno de nosotros tenía ninguna justificación empírica para hacer las
distinciones que hacíamos, o quizá ambos la teníamos. Ambos podíamos señalar ciertos
resultados prácticos, pero son resultados producidos sobre la base de las preconcepciones
con las que estamos comprometidos. Sabíamos cómo identificar cualquier cosa que se
presentara en la experiencia porque teníamos un aparato conceptual establecido que nos
habilita para hacerlo. El aparato, sin embargo, parece ser empíricamente inmodificable.
[…] Estas distinciones, plasmadas en estas hipótesis, están basadas en convenciones, no
en observaciones no distorsionadas, por lo que solo podemos ‘ver’ lo que nuestro ‘marco
de concepciones’ nos permite ver. Es difícil evitar estas reflexiones cuando somos con-
frontados con marcos alternativos en la organización del conocimiento y las prácticas
psicológicas. Ciertamente, mientras enseñaba en Indonesia, nunca pude olvidar que la
mía era solo una de las posibles psicologías» (Danziger, 1997, p. 2).
Esta constatación está en la base del estudio de Danziger sobre la construcción Discriminaciones
sociohistórica de las categorías�psicológicas. Desde luego, no esperamos que estructurales
el estudiantado desarrolle un trabajo similar al de este experimentado investi- Estudios actuales subrayan
gador, pero sí deseamos que, como Danziger, sea consciente de la importancia la necesidad de estudiar dos
discriminaciones estructura-
de observar nuestras propias formas de observar y de describir o explicar la les que recientemente se han
puesto de manifiesto: la del ca-
acción como profesionales de la psicología. Lamentablemente, ni la psicolo- pacitismo (el prejuicio social
contra las personas con disca-
gía ni su historia han sido capaces de llevar a cabo siempre este ejercicio de pacidades) y la del cuerdismo
reflexividad y recursividad, de ahí que no hayan escapado de la elaboración de (el que se ejerce sobre las per-
sonas que padecen sufrimiento
una teoría occidentalocéntrica blanca, en gran parte masculina y ligada a una psíquico, todavía llamado «lo-
cura»; véase Huertas, 2020).
determinada clase social. Por ello, y como ya hemos advertido, queremos pro-
poner una historia de la psicología más inclusiva, que explore la cuestión del
centro y de la periferia, y, sobre todo, preste atención –al menos– a la cuestión
del género y sus interseccionalidades, esto es, a los privilegios y opresiones que
puedan también derivarse de la clase social, la etnia, la religión, la orientación
sexual, la cultura, etc.
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Con esta perspectiva tratamos de pensar cómo algunas investigaciones psi- Técnicas intelectuales
cológicas del pasado produjeron resultados que justificaron determinadas de-
Siguiendo a Nicolas Rose
sigualdades sociales (por ejemplo, aquellas que afirmaban la inferioridad men- (1996), deberíamos pensar las
tal y psíquica de las mujeres, de otras razas y de clases sociales bajas). Desde este categorías de género, raza, cla-
se social, etc. no como «ideas
marco, también examinamos teorías psicológicas que justificaron la exclusión psicológicas», sino como «téc-
nicas intelectuales», esto es,
de estos colectivos en el ámbito laboral, científico, educativo y en otras esferas como tecnologías que impli-
can formas de ver y actuar,
de la vida pública, así como en la toma de decisiones políticas, por ejemplo. maneras de hacer el mun-
Se trata de entender que el género (así como la raza, la clase social, etc.) son do pensable y practicable (p.
83). En Balltondre y Jiménez
categorías explicativas y analíticas claves para una reflexión rigurosa sobre la (2023), se presentarán algunos
casos históricos que permiti-
actividad científica. No solo aportan riqueza y complejidad a la historia de la rán comprender el debate su-
ciencia misma, visibilizando el papel de las mujeres y de otros colectivos en jeto-objeto, investigador-sujeto
experimental.
la producción científica, sino que permiten una reflexión sobre las discrimi-
naciones u oportunidades que ese mismo conocimiento produce para estos
colectivos. Ello tiene especial importancia en una disciplina como la psicolo-
gía, ya que:
«El género opera en psicología en múltiples niveles que interactúan dinámicamente. Los
psicólogos tienen géneros: trabajan en culturas saturadas de diversas creencias sobre el
género, toman el género como objeto de estudio directo (es decir, construyen teorías
sobre la naturaleza misma del género, cómo se desarrolla y cómo funciona), y realizan
estudios empíricos para identificar diferencias y similitudes entre géneros. Estos estudios
a menudo tienen repercusiones sociales intencionadas y no intencionadas, por lo que
retroalimentan directamente a las culturas de las que se originan. Basándose en la noción
del sistema ciencia/género tal como lo describen académicas feministas como Evelyn Fox
Keller (Keller, 1985), está claro que la psicología como disciplina y cuerpo de conocimien-
to se basa y reproduce (y solo ocasionalmente altera) el sistema de género» (Rutherford,
2021, p. 2).
Determinación sexual
Además, estudios recientes de biólogas feministas cuestionan que el sexo pueda consi-
derarse un a priori biológico claro al nacer. Existen múltiples niveles de determinación
sexual (anatómica, glandular, gonadal, hormonal, cromosómica, etc.), que no necesaria-
mente concuerdan entre sí, lo que hace que definir el sexo «verdadero» de alguien sea
problemático (Fausto-Sterling, 2000; Barral, 2010). La construcción social y cultural del
sexo biológico pone en cuestión la distinción entre el sexo (supuestamente biológico) y
el género (supuestamente social y construido) (Jordanova, 1993), por eso, muchos femi-
nismos prefieren hablar de «sistema sexo/género».
En estas líneas proponemos una primera aproximación al concepto, pero los Ley 17/2015
estudios sobre género son numerosos, y las perspectivas teóricoprácticas sobre
En Cataluña es «obligatorio in-
el mismo, diversas, incluyendo aquellas teorías que han venido a cuestionar corporar la perspectiva de gé-
la visión androcéntrica de los estudios psicológicos, esto es, aquellos que han nero transversalmente en to-
dos los grados universitarios y
apuntado los sesgos existentes sobre las mujeres dentro de la ciencia psicológi- másteres, siguiendo el artículo
28 de la Ley de igualdad efec-
ca. Las primeras críticas aparecen ligadas en buena medida a la reivindicación tiva entre mujeres y hombres
(Ley 17/2015). Esta ley exige
del derecho al voto de las mujeres, pero es sobre todo a partir de la década incluir en el currículo de gra-
de 1970, cuando «se incrementa el interés por el estudio de las mujeres y se dos y posgrados la promoción
de la perspectiva de género de
produce un reconocimiento paulatino de la perspectiva de género dentro de una manera transversal, e in-
cluir la contribución de las mu-
la disciplina psicológica» (Barberà y Cala, 2008, p. 28). Quizá le sorprenda al jeres a lo largo de la historia en
estudiantado que el debate en torno a la cuestión del género está presente en todos los ámbitos de conoci-
miento y en la actividad aca-
la psicología desde hace décadas –la lucha política por la igualdad entre hom- démica e investigadora (AQU
Catalunya, 2018)» (Balltondre,
bres y mujeres comienza como mínimo en el siglo XIX– y, sin embargo, no es 2020, p. 5).
hasta hace pocos años que esta perspectiva se ha empezado a introducir como
materia que atender en los planes de estudio. Este hecho podríamos interpre-
tarlo como un síntoma más de la empresa difícil y a cuentagotas que supone
introducir cambios reales y efectivos sobre la cuestión.
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«[Los estudios sobre el género han mostrado] no solo que la ciencia es una actividad social
imbuida de dinámicas de género que incluyen disparidades de género, sexismo, andro-
centrismo y culturas de masculinidad, sino que los métodos científicos, las prácticas, los
modelos, las teorías y las identidades están profundamente marcadas por el género (Ha-
raway, 1989; Keller, 1985; Martin, 1991; Merchant, 1980; Milam y Nye, 2015; Schiebin-
ger, 1993). Gran parte de este trabajo examina cómo el género de la ciencia puede ayudar
a explicar la exclusión histórica de las mujeres de muchos dominios científicos […] [Y]
utiliza el análisis histórico crítico para mostrar cómo la psicología se ha construido como
una empresa masculina dentro de un marco androcéntrico que típicamente ha proble-
matizado y patologizado a las mujeres, la feminidad y la idoneidad de las mujeres para la
ciencia. En resumen, los historiadores o historiadoras han demostrado cómo la ciencia
psicológica, al igual que otras ciencias, se ha construido como una empresa masculina
a la que los participantes potenciales debían adaptarse para lograr el reconocimiento y
el éxito. La psicología es también un campo de las ciencias sociales que, a lo largo de su
historia, ha teorizado directamente el género (Rutherford, 2019). Es decir, además de uti-
lizar el género como una ‘variable’ en la investigación psicológica (a menudo de manera
bastante problemática), los psicólogos han elaborado modelos tanto conceptuales como
empíricos sobre la naturaleza misma del género, su estado ontológico, su desarrollo y,
con cierta menor frecuencia que sus colegas antropólogos e historiadores, sus variaciones
a lo largo del tiempo y las culturas. En resumen, el género mismo ha sido objeto de teo-
rización psicológica» (Rutherford, 2021, pp. 21-22).
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Todos estos aspectos, apuntados por Rutherford (2021), muestran bien la si- Crítica de Carol Gilligan
tuación complicada en la que se encuentra la psicología, en la medida en que
Un ejemplo paradigmático de
no solo es una ciencia cuyas teorías y prácticas tienen un género, sino que la crítica al desarrollo de teo-
además ha teorizado sobre el mismo (una cuestión que ilustra a la perfección rías desde un punto de vista
masculino es la realizada por
el problema de la fusión agente-objeto de estudio en psicología y la comple- la psicóloga americana Carol
Gilligan (1982) en su trabajo
jidad de la reflexividad señaladas con anterioridad). Por ello, como señalan In a Different Voice: Psychologi-
cal Theory and Women’s Deve-
Barberà y Cala: lopment. En el mismo, Gilligan
critica la escala de desarrollo
moral de su colega Lawrence
«Es importante para la historia de la psicología rescatar esas aportaciones y dar mayor Kohlberg, según la cual las ni-
visibilidad […] social a las mujeres que participaron en ellas por razones humanitarias y de ñas alcanzan un nivel de desa-
justicia social. Pero, dicho reconocimiento histórico ha servido, también, para reflexionar rrollo moral más bajo que los
sobre el peso de la subjetividad en la construcción de la ciencia, para conocer mejor cómo niños. Gilligan sostiene que,
se elaboran las identidades masculinas y femeninas en cuanto categorías asimétricas y contrariamente a la ética basa-
acerca de la jerarquía de poder que se establece, a menudo, en las relaciones entre los da en la justicia instaurada por
hombres y las mujeres» (Barberà y Cala, 2008, p. 31). la sociedad patriarcal, las mu-
jeres abogan por una ética del
cuidado basada en las relacio-
Ahora bien, ¿qué significa hacer una historia que integre un análisis con pers- nes entre los individuos.
«Es una manera de pensar críticamente sobre cómo nuestros sesgos de género, ideologías
y suposiciones influyen en las ciencias. Nos permite cuestionar cosas que, de otra mane-
ra, asumiríamos como ciertas y nos obliga a considerar cómo nuestras suposiciones sobre
género afectan a la manera en que investigamos. Uno no va por el mundo topándose
con datos. En realidad, creamos estos datos haciendo preguntas de una forma particular,
a grupos particulares de personas, en circunstancias particulares. Esto no significa que
los conocimientos que creamos en psicología sean inválidos, pero sí significa que están
forjados desde nuestro contexto y nuestras suposiciones […]. El análisis con perspectiva
de género nos hace considerar la relación entre género e investigación. Eso significa pre-
guntarse cómo las normas de género pudieron haber influenciado en cosas como: ¿qué
tipo de preguntas se hicieron durante la investigación?, ¿cómo se diseñó el estudio?, ¿có-
mo se interpretaron los resultados? […]. ¿De qué manera la influencia del género exclu-
ye sistemáticamente a ciertas personas de la carrera de psicología? ¿O excluye a ciertas
personas de ser estudiadas? ¿O las excluye de los beneficios de la investigación psicoló-
gica? ¿O qué efecto tienen las ideas acerca del género en nuestra investigación, nuestras
teorías y la manera en que aplicamos la psicología al mundo? ¿Cómo podemos usar esta
información para que la psicología, las psicólogas y los psicólogos sean más efectivos e
igualitarios en cuanto al género?» (Psychsfeministvoices, 2017).
© FUOC • PID_00291386 18 Una (otra) historia de la psicología
Lectura recomendada
Fuente: https://www.xataka.com/inteligencia-artificial/famosa-ilusion-optica-pato-conejo-como-interpreta-
inteligencia-artificial-que-consecuencias-tiene-eso
Ved también
Atendiendo a la definición de análisis�con�perspectiva�de�género, una
historia de la psicología con perspectiva de género es aquella que con- Recordad lo que hemos indi-
cado más arriba de la mano
tribuye a mostrar cómo la ciencia psicológica está constituida a partir de Danziger (2008) y Smith
(2007).
de sesgos de género –lo que incluye otras categorías sociales, como las
de raza, clase social, orientación sexual, religión, capacitismo, cultura,
etc.– que afectan a su objeto de estudio y, por tanto, a nosotros y noso-
tras mismos.
© FUOC • PID_00291386 19 Una (otra) historia de la psicología
Nishi acuñó muchas otras palabras japonesas para dar sentido al co-
nocimiento occidental, como razón, comprensión, inducción y reduc-
ción. Entre ellas, cuatro palabras fueron especialmente importantes
para comprender la psicología: sujeto (shukan), objeto (kyakkan), fi-
losofía (tetsugaku) y el término mismo psicología, que es shinrigaku
(los mismos caracteres chinos denotan psicología en China también).
Sin embargo, Nishi se aferró a seirigaku, que literalmente significa el
aprendizaje de la naturaleza y los principios, como la traducción le-
gítima de la psicología. Sin embargo, como seirigaku se usaba a me-
nudo como sinónimo de neoconfucianismo en el siglo XIX, y la pa-
labra japonesa para fisiología también se pronunciaba seirigaku, la
palabra no se adoptó como significado de psicología para evitar con-
fusiones.
Tal y como indica Danziger (1997), tenemos acuerdos sobre los conceptos y El vocabulario psicológico
categorías que estamos investigando, ya que solo así podemos hacer contri-
El lenguaje es un factor cla-
buciones empíricas. Pero estas categorías psicológicas tienen una historia o, ve de nuestro ensamblaje co-
también podríamos decir, están «cargadas» de historias. Al darlas por sentadas, mo sujetos psicológicos (Rose,
1996). Solo podemos esbozar
como si correspondieran fielmente a una realidad existente –como si fueran nuestras emociones, formular
nuestras intenciones u organi-
objetos naturales encontrados «en la realidad»– con independencia del len- zar nuestros pensamientos a
través de un léxico, una gra-
guaje, las teorías, las metodologías y las prácticas que empleamos para estu- mática, una sintaxis y una se-
diarlas, olvidamos que se trata de un acuerdo y, por tanto, tenemos menos mántica que los constituyen y
que forma parte de los objetos
probabilidad de corregirlas. psicológicos mismos (memo-
ria, emoción, intención, pensa-
miento, etc. son algunos ejem-
Además, como indica Danziger: plos de estos objetos de estu-
dio que se han ido transfor-
mando a lo largo de la histo-
«Las categorías psicológicas tienen una dimensión política porque no son puramente ria). De este modo, tenemos
un vocabulario psicológico que
descriptivas, sino también normativas. Adoptar una clasificación particular de un fenó-
tiene una historia, de ahí que
meno psicológico, e implícitamente rechazar otras posibles clasificaciones alternativas, digamos que las categorías psi-
significa establecer una determinada forma de reconocimiento del otro y de su indivi- cológicas están «cargadas» de
dualidad. Lo que sea que la gente es, lo que sea que la gente haga, serán solo reconocidos historias.
en las formas prescritas por algún sistema de clasificación. Por ejemplo, en el sistema
occidental que prevalece, se espera que todo el mundo tenga motivos privados, actitudes
sociales y una determinada inteligencia. En principio, los individuos podrían decir que
esas categorías no representan sus experiencias, pero las presiones sociales y científicas
hacen que prácticamente nadie lo haga. Para la mayoría de las personas, el sistema dis-
cursivo que prevalece es inescapable y los motivos, actitudes, inteligencia, etc., son las
formas en que ellos experimentan su propia subjetividad» (Danziger, 1997, p. 185).
Para comprender mejor esta cuestión, pongamos un ejemplo extraído del tra- Lectura recomendada
bajo de Danziger sobre la categoría psicológica «memoria». Danziger (2008)
Véase el estudio de Draaisma
explica que la historia ha ofrecido un campo muy rico para la creación de me- (2000) sobre las metáforas de
táforas sobre la memoria. Concretamente, desde tiempos de los filósofos grie- la memoria.
gos Aristóteles y Platón, una de las formas en que la memoria ha sido concebi-
da es como un «almacén» donde se puede guardar y recuperar la información.
© FUOC • PID_00291386 23 Una (otra) historia de la psicología
Esta metáfora ha sido reforzada en el siglo XX con el desarrollo computacional La memoria como almacén
y todo un lenguaje basado en el almacenamiento del ordenador. Ahora, ¿dón-
La concepción de la memoria
de se encuentra este almacén?, ¿se trata de un espacio realmente físico dentro como almacén o programas de
de la cabeza de un individuo?, ¿podemos localizar la memoria (por ejemplo, procesamiento de información
ha generado asunciones y difi-
en el cerebro) con independencia de otras funciones psicológicas?, ¿cómo re- cultades. Por ejemplo, ¿cómo
explicar con este modelo que
cuperamos los recuerdos de este almacén?, ¿lo almacenado existe en forma de podamos reconocer una com-
posición musical incluso si esta
una versión definitiva explícitamente formulada?, etc. La manera cómo con- no es exactamente tocada de
cebimos la memoria y las asunciones que tomamos sobre ella pueden y suelen la misma manera y, por tan-
to, distinta de la que supuesta-
conducir nuestra investigación. Así, es interesante ver, por ejemplo, que los mente se almacenó en nuestro
cerebro? O también: ¿dónde
desarrollos tecnológicos que sostienen los nuevos modelos informáticos de los está el «homúnculo» al que re-
procesos cognitivos sobre la base de los principios neuronales han posibilitado mite un supuesto procesador
central que dirige y controla
alternativas para pensar y cuestionar algunas de estas asunciones, como, por toda la actividad de memoria?
ejemplo, la supuesta interpretación localizacionista a la hora de entender la
memoria. La metáfora del almacén interpretada de forma literal llevaba a los
investigadores o investigadoras a buscar una ubicación particular de dicho al-
macén en el cerebro, así como los mecanismos neuronales en los que descan-
saban dichos procesos de almacenamiento y recuperación de la información.
Este ejemplo nos ayuda a resaltar la importancia del lenguaje y las redes se-
mánticas donde se insertan las categorías psicológicas que empleamos en la
ciencia, pero también la estrecha conexión con las tecnologías y las prácticas
que desarrollamos para estudiarlas. Siguiendo con el ejemplo de la memoria,
la metáfora del almacén posibilita y, al mismo tiempo, es transformada por la
aparición de los ordenadores. Estos son dispositivos físicos de almacenamien-
to de información que, además, permiten «procesarla» y resolver problemas
lógicos o computacionales. Así lo explica Danziger:
«Las máquinas lógicas combinaron la pasión moderna por la instanciación física con el
interés mucho más antiguo por la representación simbólica. El contenido de su “proce-
samiento” podría recibir una interpretación simbólica consistente por parte del usuario
humano que teclea el input o lee el output de estas máquinas, pero, al mismo tiempo, eran
dispositivos físicos cuyas operaciones dependían completamente de la aplicación de la
tecnología apropiada. Como metáforas de los procesos cognitivos humanos, las máqui-
© FUOC • PID_00291386 24 Una (otra) historia de la psicología
nas lógicas tenían un estatus peculiar. Siempre hubo una fuerte tentación de considerar
que sus operaciones no proporcionaban simplemente una analogía, sino una simulación
de la cognición humana […]. Para realizar sus tareas computacionales, las computado-
ras debían tener cierta capacidad para almacenar instrucciones en forma de información
electrónica. Al principio, no se hacía referencia a tal almacenamiento como “memoria”, y
en algunos idiomas eso todavía no es una práctica común. Sin embargo, en 1945, el ma-
temático emigrado Von Neumann desarrolló una analogía altamente especulativa entre
las computadoras digitales y los cerebros en el curso de la cual dotó a las computadoras
con lo que él llamó una “memoria”, un componente de almacenamiento que les permi-
tía “recordar”. Su uso de “memoria” con referencia a las computadoras fue estrictamente
metafórico, ya que no tenía pruebas sólidas para respaldar la analogía entre el almace-
namiento de la computadora y la memoria biológica, pero claramente pretendía que la
analogía se tomara en serio como una hipótesis de trabajo que guiaría la investigación
futura. Creía que el almacenamiento informático y la memoria biológica eran real y pro-
fundamente similares […]. Una de las razones por las que la terminología de Von Neu-
mann se hizo popular fue que encajaba con un nuevo enfoque de las relaciones hom-
bre-máquina que había comenzado durante la Segunda Guerra Mundial y se estableció
firmemente durante la transición posterior a la Guerra Fría. La mecanización progresiva
de las tareas militares, especialmente en las fuerzas estadounidenses, condujo a un com-
pleto entrelazamiento de las funciones humanas y mecánicas, y a la formación de los
llamados sistemas hombre-máquina. El desarrollo y la mejora técnica de tales sistemas
requerían que se usaran términos similares en referencia a las funciones de humanos y
máquinas. A medida que las computadoras digitales se convirtieron en una parte vital de
los sistemas hombre-máquina y se hicieron cargo de algunas de las funciones previamen-
te humanas, la analogía entre las capacidades de los humanos y las computadoras se vol-
vió cada vez más convincente. La memoria, en el sentido de retención de “información”,
fue un ejemplo obvio de estas capacidades compartidas» (Danziger, 2008, pp. 48-49).
ción y ello implica la acción corporal, así como el uso de otras herramientas
externas, por lo que la memoria no podría reducirse tan solo a un mero pro-
ceso cognitivo. Así lo explican Pfeifer y Scheier:
Tomemos ahora otro ejemplo de categoría psicológica, el de «emoción», in- Las redes semánticas de
cluyendo la cuestión del género. El excelente trabajo del historiador Thomas pasión y emoción
Dixon (2003) muestra el desarrollo histórico de esta categoría y cómo en el Incluso si pasión y emoción pa-
siglo XIX se desprendió de las connotaciones religiosas prevalecientes de las recen remitir a una «misma»
realidad humana, ambas están
pasiones y los efectos del alma para quedar ligada a una nueva red semántica insertadas en redes semánticas
muy diferentes. Las palabras
que remite a las ideas de «adaptación» y «supervivencia». Es decir, la categoría pasión y afección pertenecían a
una red de palabras como del
de «pasión», propia del ámbito de la filosofía moral, se va transformando pro-
alma, conciencia, caída, pecado,
gresivamente en la de «emoción» y quedan ligadas en el siglo XIX, debido fun- gracia, espíritu, Satanás, volun-
tad, menor apetito, etc., mien-
damentalmente a la secularización del pensamiento y el rechazo de las creen- tras que la palabra emoción es
parte de una red de términos
cias religiosas tradicionales, al ámbito de la ciencia natural. En gran medida como psicología, ley, observa-
gracias a las tesis evolucionistas del periodo, se va a considerar que la conducta ción, evolución, organismo, ce-
rebro, nervios, expresión, com-
emocional, principalmente expresiva, tiene un valor y una función adaptati- portamiento, vísceras, etc.
va para la supervivencia. Es en este contexto, como subraya la historiadora
Shields (2007), cuando se va a utilizar «la especulación sobre la naturaleza de
Lecturas recomendadas
la emoción y la regulación de la emoción para describir y, por lo tanto, definir
la diferencia entre mujeres y hombres, y entre razas y clases sociales» (p. 93). Dixon (2008) y Jiménez
(2005).
La psicología de la emoción
«La idea de la complementariedad es que cada sexo tiene un intelecto y un carácter in-
natos y distintivos con sus propias fortalezas y limitaciones, y que las debilidades de cada
sexo se compensan con las correspondientes fortalezas del otro. Con el advenimiento
de la teoría de la evolución a mediados del siglo XIX, la variación pasó a ser vista como
la fuente del progreso evolutivo, y el principio de complementariedad se convirtió en
un recurso explicativo útil. La complementariedad podría explicar cómo puede ser que
el avance evolutivo ocurra sin alterar la estabilidad y continuidad de la especie […]. No
hace falta decir que las listas de rasgos asignados a cada sexo […] se basaron en gran
medida en lo que ya se creía que era cierto sobre las mujeres y los hombres. Es decir, los
atributos asignados a cada sexo eran esencialmente variaciones de imágenes populares
ya evidenciadas en la cultura popular» (Shields, 2007, p. 94).
Así, aunque existía una preocupación social y política por establecer la igual-
dad de derechos y obligaciones entre la ciudadanía, lo cierto es que a lo largo
del siglo XIX, la necesidad de redefinir a los hombres y las mujeres como sexos
biológicamente distintos y complementarios llevó a instaurar la existencia de
diferencias supuestamente naturales entre ambos, siendo la emoción y la ra-
zón expresiones diferentes para cada sexo (Laqueur, 1990; Balltondre y Jimé-
nez, 2023). Aquí, la fisiología reproductiva femenina va a estar, como afirma
Shields (2007), en el centro de la mayoría de las explicaciones del desarrollo
del carácter cognitivo y emocional distintivo de las mujeres:
«Se creía que la razón y la emoción se expresaban de manera diferente para cada sexo
debido a las diferencias ‘naturales’ subyacentes. De acuerdo con el marco de complemen-
tariedad, las fortalezas de un sexo con respecto a la razón y la emoción compensaban
las debilidades del otro, con ambos sexos aparentemente formando un todo perfecto.
Las capacidades de razonamiento femenino o de las mujeres se describieron como intui-
tivas, prácticas, preocupadas por lo específico y, por lo tanto, muy adecuadas para la vida
doméstica y la crianza. La razón masculina o de los hombres, por el contrario, era más
probable que se describiera en términos de una capacidad de objetividad y abstracción,
por lo que se adaptaba mejor para proyectos más amplios en los que se necesitaba pen-
samiento creativo o imparcialidad. La racionalidad y la inteligencia eran, pues, atribu-
tos de ambos sexos, pero capacidades separadas no significaban capacidades iguales: las
capacidades cognitivas más valoradas eran una prerrogativa masculina. Por ejemplo, se
consideraba que las mujeres no eran aptas para el trabajo científico, pero se consideraba
que la ciencia de la observación (astronomía y especialmente la botánica) estaba física e
intelectualmente a su alcance […]. De manera similar, la versión masculina de la emoción
contrasta con la femenina. En su forma femenina, la emoción se representaba como una
sensibilidad un tanto inestable de los sentimientos hacia uno mismo y hacia los demás.
La emoción masculina, por el contrario, se describió como una fuerza apasionante evi-
dente en el impulso de lograr, crear y dominar» (Shields, 2007, p. 97).
Tal y como indica también Shields (2007), ya entonces varias psicólogas esta- Lectura recomendada
dounidenses, como, por ejemplo, Mary Whiton Calkins (1896), criticaron el
Podéis consultar un artículo
sexismo del modelo de complementariedad. Sin embargo, a pesar de las crí- de revisión sobre la emocio-
ticas y el peso que el modelo tuvo en la interpretación de las diferencias de nalidad y el género en Kret y
Gelder (2012).
género, lo cierto es que las creencias sobre las conexiones entre emocionabi-
lidad y género persistieron. Y, de hecho, «al igual que en el siglo XIX, incluso
hoy en día las nociones de género y emoción de la cultura popular se introdu-
cen acríticamente en la psicología científica de la emoción» (Shields, 2007, p.
105). Numerosas investigaciones actuales intentan poner a prueba la premisa
de que las mujeres son más emocionales que los hombres en experimentos de
laboratorio. Se discute si la diferencia radica solo en la expresión emocional
o es cognitiva, en qué tipo de emociones se dan estas diferencias, cómo pue-
den explicarse, hasta qué punto son biológicas o la cultura las moldea, etc.,
y para ello se usan técnicas de neuroimagen y otras tecnologías disponibles
en la actualidad.
En definitiva, los dos ejemplos de categorías psicológicas que aquí hemos pre-
sentado (memoria, emoción) nos permiten ver las condiciones sociohistóricas
que posibilitaron su construcción: no se tratan, por tanto, de categorías psico-
lógicas «naturales»; su significado ha ido cambiando a lo largo de la historia y
de la mano de las teorías, metodologías, tecnologías y prácticas empleadas.
© FUOC • PID_00291386 30 Una (otra) historia de la psicología
Resumen
Con todo lo discutido a lo largo de este texto sobre la historia o las historias de
la o las psicologías, proponemos al estudiantado otra manera de mirar la asig-
natura: no tanto como un espacio para revisar los antecedentes del pasado que
han hecho de la psicología una ciencia, sino más bien como una herramienta
–podríamos calificarla incluso de «metodológica»– para reflexionar sobre (la
historia de) las categorías psicológicas y sobre las condiciones que posibilita-
ron los conocimientos psicológicos en determinados contextos sociohistóri-
cos. Más concretamente, esto debería posibilitar al estudiantado cuestionar los
sesgos de género que invisibilizan a las mujeres o también a otros grupos tra-
dicionalmente marginados, como son los psicólogos y psicólogas de minorías
étnicas. Con ello, no solo se conseguiría hacer de cada estudiante un profesio-
nal más perspicaz y crítico, sino también una persona más comprometida con
la pluralidad y la diversidad de los seres humanos en la sociedad actual (García
Dauder, 2016) y con capacidad para transformar su realidad (Pujal, 2015).
© FUOC • PID_00291386 31 Una (otra) historia de la psicología
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