Inteligencia Emocional
El término inteligencia emocional lo acuñó en 1995 por el psicólogo y
periodista estadounidense Daniel Goleman e hizo fortuna. Sus ideas están
sintetizadas en Libros que nunca te arrepentirás de haber leído si eres jefe.
Al menos tan valiosas como las aptitudes exclusivamente cognitivas como
el razonamiento analítico o la experiencia técnica son las que combinan el
pensamiento y la emoción: las competencias emocionales. Los aprendizajes de
Daniel Goleman sobre la Inteligencia Emocional son muy significativos. La
diferencia entre los directivos sobresalientes y los mediocres se encuentra en el
ámbito de las competencias emocionales.
Nuestra inteligencia emocional determina la capacidad potencial de que
dispondremos para el aprendizaje de habilidades prácticas basadas en uno de
los siguientes cinco elementos: la conciencia de uno mismo, la motivación,
el autocontrol, la empatía y la capacidad de relación.
Daniel Goleman, un psicólogo que popularizó el concepto, identifica cinco
componentes principales:
1. Autoconciencia: Reconocer nuestras propias emociones y cómo estas
afectan nuestro comportamiento.
Se trata de una facultad clave en tres competencias:
• Conciencia emocional: La capacidad de reconocer el modo en que
nuestras emociones afectan a nuestras acciones y la capacidad de utilizar
nuestros valores como guía en el proceso de toma de decisiones.
• Valoración adecuada de uno mismo: El reconocimiento sincero de
nuestros puntos fuertes y de nuestras debilidades, la visión clara de los
puntos que debemos fortalecer y la capacidad de aprender de la
experiencia.
• Confianza en uno mismo: El coraje que se deriva de la certeza en
nuestras capacidades, valores y objetivos.
2. Autoregulación: La habilidad de manejar nuestras emociones de manera
saludable y constructiva.
capacidad de controlar nuestros impulsos y sentimientos conflictivos- constituye
el núcleo esencial de cinco competencias:
• Autocontrol: Gestionar adecuadamente nuestras emociones y nuestros
impulsos conflictivos.
• Confiabilidad: Ser honrado y sincero.
• Integridad: Cumplir responsablemente con nuestras obligaciones.
• Adaptabilidad: Afrontar los cambios y los nuevos desafíos con la
adecuada flexibilidad.
• Innovación: Permanecer abierto a nuevas ideas, perspectivas e
información.
3. Motivación: Usar nuestras emociones para alcanzar metas y mantener una
actitud positiva.
Los trabajadores ‘estrella’ se caracterizan por tres competencias
motivacionales:
• Logro: El impulso que nos lleva a mejorar o sobresalir.
• Compromiso: La capacidad de asumir la visión y los objetivos de la
organización o el grupo.
• Iniciativa y optimismo: Competencias que movilizan a las personas para
aprovechar las oportunidades y superar los contratiempos.
4. Empatía: Comprender y compartir los sentimientos de los demás.
Las diferencias en nuestro grado de dominio de las habilidades sobre las que
descansa nuestra conciencia social determinan las correspondientes
diferencias en las competencias laborales que dependen de la empatía. Entre
ellas cabe destacar:
• Comprensión de los demás: Experimentar los sentimientos y las
perspectivas de los demás e interesarse activamente por sus
preocupaciones.
• Orientación hacia el servicio: Anticiparse, reconocer y satisfacer las
necesidades de los clientes.
• Desarrollo de los demás: Darse cuenta de las necesidades de desarrollo
de los demás y contribuir a su satisfacción.
• Aprovechamiento de la diversidad: Servirse de la diversidad para
aprovechar las oportunidades que se presenten.
5. Habilidades sociales: La capacidad de interactuar de manera efectiva con
los demás.
La capacidad de relación es la habilidad social de movilizar adecuadamente las
emociones de los demás. Necesita de varias competencias, como:
• Influencia: Esgrimir tácticas eficaces de persuasión.
• Comunicación: Enviar mensajes claros y convincentes.
• Gestión de los conflictos: Negociar y resolver los desacuerdos.
• Liderazgo: Inspirar y orientar.
• Catalizadores del cambio: Iniciar, promover o controlar los cambios.
Habilidades como estas son fundamentales para cualquiera que quiera
desarrollarse como directivo y consolidar una carrera profesional de éxito. Y una
formación orientada a estas habilidades como un MBA o una Maestría en
Recursos Humanos, te permite adquirir las competencias necesarias para ello.