Resúmenes LITERATURA ESPAÑOLA DEL BARROCO
Resúmenes LITERATURA ESPAÑOLA DEL BARROCO
Curso 2016/2017
El siglo XVII español se caracteriza por una sensación de desencanto, decadencia, pesimismo y
crisis. En la segunda mitad del siglo XVI comienza un proceso de bancarrota nacional. La
muerte de Felipe II en 1598 inicia la etapa plenamente depresiva. La centuria que nos ocupa se
caracteriza históricamente por la sucesión de una serie de monarcas mediocres: los llamados
Austrias Menores, que gobiernan con sus validos, sistema que llevará a la pérdida de
credibilidad y poder de la monarquía.
En una primera etapa se encuentra Felipe III (1598-1621), con sus validos el Duque de Lerma y
el Duque de Uceda. Se traslada la corte de Madrid a Valladolid y se producen la paz con
Inglaterra, la Tregua de los Doce Años con los holandeses, y la expulsión de los moriscos.
La segunda etapa está protagonizada por Felipe IV (1621-1665) y su valido el Conde Duque de
Olivares, periodo con problemas en la política interior, a los que se suman los problemas
exteriores, que terminan implicando a España en la guerra de los Treinta años, la piratería en
las rutas americanas y la sublevación de los reinos de Portugal y Cataluña.
El siglo XVII está marcado por una terrible crisis económica, consecuencia de la terrible
desigualdad social y el reparto de bienes no uniforme. España pasa de ser el centro de Europa
y el país más poderoso, a perderlo todo. La política monetaria no funciona y la depreciación de
la moneda es constante.
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queda pues, dividida: en el extremo inferior se encuentra el amplio conjunto de los
marginados, y en el otro extremo, la nobleza, directamente ligada a la monarquía. En el centro
está un amplio grupo de capas, entre las que se incluye el pueblo llano, gran parte del clero y
la burguesía.
La sociedad cristiana se vio sometida a una tremenda polémica con la aparición del
protestantismo. En el siglo XV se produjo una gran crisis en la Iglesia Católica debido a los
numerosos problemas de corrupción eclesiástica y falta de piedad religiosa. La venta de
indulgencias para financiar la construcción de la Basílica de San Pedro en Roma provocó que la
cristiandad occidental se dividiese en dos, una liderada por la Iglesia Católica Romana y otra
mitad que fundó varias comunidades eclesiales propias. La importancia de literatura mística en
el Renacimiento, unida a la influencia social de las escuelas teológicas van a provocar que los
asuntos religiosos se encuentren a la orden del día en los textos literarios.
EL PENSAMIENTO BARROCO
Los descubrimientos de Copérnico y Galileo, que revelan que no todo gira alrededor de la
Tierra, contribuyen a concienciar al hombre de que es tan solo un elemento más del universo.
EL CONCEPTO DE BARROCO
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La etimología de la palabra barroco presenta problemas. Su étimo más probable parece ser el
portugués “barroco” (perla irregular, defectuosa). Durante mucho tiempo, el uso de este
término estuvo marcado por el carácter despectivo. Barroco era lo caótico, desordenado…
Fueron los estudiosos de las artes plásticas los que antes entendieron las bellezas y cualidades
de las creaciones barrocas.
El Barroco es, pues, la concepción de la realidad que tienen los hombres del siglo XVII, opuesta
al optimismo renacentista. La actitud del hombre es distinta, así como la materia a expresar.
Pero existe otra razón para la ruptura barroca con los módulos renacentistas: su agotamiento.
Los recursos pierden eficacia expresiva y todo se reitera, perdiendo su gracia.
El Barroco es una cultura común a toda Europa que presenta rasgos peculiares en cada
colectividad y en cada creador.
EL SIGLO DE ORO
El concepto de “Siglo de Oro” comienza a aplicarse en el siglo XVIII referido tan sólo al siglo
XVI, pero pronto se extiende hasta el XVII. Aunque ha habido denominaciones variadas y
tendencias a variar la cronología que abarca la etiqueta (pues muchos críticos consideran que
solamente es aplicable al siglo XVII), hoy día se acepta que el Siglo de Oro comienza en el
reinado de los Reyes Católicos y se extiende hasta el final del siglo XVII, coincidente con la
muerte de Calderón en 1681. No obstante, la Ilustración no desarrolla sus rasgos hasta
mediados del siglo XVIII en España, por lo que nos encontramos ante un período de transición
y de autores que todavía están más en la línea del Barroco.
EL MANIERISMO
Este es un concepto muy controvertido, acerca del cual los críticos no se ponen de acuerdo.
El manierismo es una actitud estética, o una concepción artística, nacida en torno a 1520, que
ya en el Barroco busca la explotación última de los recursos típicos del Renacimiento,
empleando procedimientos artísticos distorsionadores, reflejo de la inestabilidad del
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momento. Se ve una fundamental diferencia entre barroco y manierismo: la variedad barroca
que se inspira directamente en la vida y el manierismo, que es un proceso intelectual de
acumulación de materiales. El ejemplo español es Fernando de Herrera, aunque nuestro
Barroco se aleja pronto del Manierismo, yendo a distorsionar la realidad con las formas
puramente barrocas.
También surge el término Rococó, para calificar las manifestaciones artísticas de finales del
siglo XVII y comienzos del XVIII, pero de nuevo los críticos no llegan a un acuerdo sobre su
significado, que se ha definido como “reducción elegante” del Barroco.
CONTINUIDAD Y RUPTURA
El Barroco literario supone un gran cambio frente a la literatura del Renacimiento. Dicho
cambio no se plantea como una ruptura radical, sino como una evolución y transformación de
las formas renacentistas hacia una nueva necesidad expresiva. Se produce una exploración de
nuevos caminos y formas que enriquecen, transforman y complican lo existente en el
Renacimiento.
Los autores barrocos buscan con sus textos sorprender al lector utilizando múltiples y
novedosas técnicas para lograr sus objetivos. La metáfora se convierte en una de las
principales herramientas, con múltiples guiños y dobles sentidos que aparecen y reaparecen
en los textos. La exageración llevada al extremo estará a la orden del día, y también la creación
de personajes prototípicos, muestra de la sociedad de la época.
EL CONCEPTISMO
Gracián, el gran teórico del conceptismo, define en su Agudeza y arte de ingenio el concepto
como un acto del entendimiento que expresa la correspondencia que se halla entre los
objetos. Son muchos los aspectos que pueden sostener esa correspondencia, como el sonido.
En ocasiones la relación entre dos realidades es tan tenue que el poeta se ve obligado a
señalarla al margen. Las dificultades para desentrañar las correspondencias entre los objetos
fueron aplaudidas a lo largo del siglo. Los conceptistas creían que la dificultad debía estribar en
el pensamiento, no en la oscuridad de la palabra. Se trata de acumular en el discurso el mayor
número de interrelaciones.
Quevedo y otros autores cultivan un estilo grave, apretado y denso que invita al lector a la
reflexión. La creación lingüística es menor. Lo más característico es la concisión.
EL CULTERANISMO
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complicación del texto mediante perífrasis, latinismos, hipérbatos, imágenes… El culteranismo
gongorino se mueve en esa dirección de renovar el lenguaje para recuperar la realidad.
Fonéticamente, el español del siglo XVII se va pareciendo cada vez más al castellano actual. Se
fija el sistema consonántico y se produce la diferenciación del dialecto andaluz. Rasgo peculiar
del español de la época frente al actual es la reducción de los grupos cultos consonánticos,
como –ct, -pt, -mn… Las formas pronominales tienden a separarse de los verbos. Madrid fue el
centro irradiador de las normas y convenciones lingüísticas.
La lengua literaria apunta a una artificiosidad y dificultad difíciles de igualar. Rasgos generales
de la lengua literaria del Barroco son la afición a diversos tipos de zeugmas, el empleo de
aposiciones equivalentes a símiles o metáforas, tecnicismos, retruécanos, metonimia…
Sin embargo, hay que contar con otros autores cuya claridad es proverbial, no porque su obra
sea simple, sino porque el vocabulario se mueve en los límites de lo aceptable.
Frente a lo que sucedía en la Edad Media, durante el Siglo de Oro la literatura se pone cada vez
más al alcance del pueblo. En esta época, la población se hizo urbana y con este fenómeno se
produjo un acercamiento de amplios grupos a los productos culturales. El arte se dirige a un
público variopinto y el creador ha de organizar el mensaje de modo y manera que pueda ser
aprehendido por los diversos estratos. Esta dependencia del público que paga obliga a la
confluencia de obras de calidad indudable y de otras claramente dirigidas a satisfacer a un
auditorio vulgar. Hay que satisfacer a un público muy diverso.
Este arte masivo tiene una función de propaganda dirigida a configurar tipos, formar
mentalidades y agrupar masas ideológicamente.
El papel de la imprenta es muy importante, pues ayuda a la difusión de las obras y su lectura,
aunque las ediciones de los autores barrocos suele ser póstuma, porque el proceso de
publicación de una obra era largo y laborioso, pues requería la adquisición de una serie de
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privilegios. Las ediciones furtivas se sucedían. Se trataba de un negocio suculento que merecía
el riesgo de fraude.
El 80% de la población era analfabeta, por lo que la difusión oral de las obras es muy
frecuente.
En el siglo XVII, existen varios géneros prosísticos, que pueden dividirse en prosa intelectual
(historia, costumbrista, tratados religiosos, misceláneas) y prosa de ficción, también con
distintos subgéneros.
La novela pastoril, vigente en el siglo XVI, incapaz de dar expresión al mundo complejo del
hombre barroco, desaparece en el siglo XVII, en un fenómeno de progresiva decadencia. Dos
direcciones se dibujan en la novela barroca: la picaresca, aunque es cierto que corre hacia su
desintegración, y la novela cortesana o de aventuras, que muchas veces se ha contagiado de
los lances y figuras de la comedia.
El concepto de novela difiere del actual. La novela del XVII aglutina siempre muchas tendencias
diferentes, y es frecuente la mezcla de prosa y poesía.
LA GALATEA
Esta obra, la primera extensa de Cervantes, sale a la luz en 1585, aunque hay publicada una
carta del autor, fechada en 1582, en la que dice que está componiéndola. Es una
reinterpretación del género pastoril. Cervantes, por ejemplo, incluye elementos de muerte en
el mundo pastoril, en el cual todo este tipo de manifestaciones se encontraba ausente. La
novela pastoril tiene importancia como elemento que propicia el nacimiento de la novela
moderna, gracias a su preocupación, aun dentro del mundo ficticio e irreal, por la
introspección psicológica.
Consta de seis libros. La trama es tan tenue que se ha llegado a pensar que se reduce a un
simple pretexto para engarzar los abundantes poemas. En torno al tema principal se apiñan
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numerosísimos relatos secundarios, que se entrecruzan por un motivo común, al amor. Casi
todos ellos narran amores pueblerinos. Los valores de esta novela hay que buscarlos en rasgos
aislados de estilo y en algún que otro poema, y en el carácter de embrión que tienen algunos
motivos para las restantes obras de Cervantes.
En la obra, Galatea tiene que decidir entre cumplir la voluntad de su padre, que quiere casarla
con un pastor, o no aceptarla a favor de su amante, Elicio. Al final opta por esta segunda
opción y Elicio pide ayuda a sus amigos. La primera parte acaba así, en suspenso, y la segunda
no llegó a escribirse.
Algunos de los pastores lo son solo en el hábito, cosa habitual en la novela pastoril. Los críticos
han buscado quien puede encubrirse bajo los nombres de los personajes.
La filosofía de la obra está dominada por el neo-platonismo de los Diálogos de amor de León
Hebreo. También se ha señalado el influjo de La Arcadia de Sannazaro, pero solo afecta a
pequeños detalles.
Se publicaron en 1613, aunque se sabe que algunas de ellas estaban escritas con notable
anterioridad.
Cervantes, siguiendo la tradición de los novellieri o la de los cuentos tradicionales, crea una
serie de novelas que son algo más que un texto prototípico con personajes inertes. Añade el
realismo y una mayor complejidad psicológica y social. Con frecuencia el narrador es un testigo
presencial de lo que a sus propios personajes les sucede, y así se lo hace notar al lector.
Novelas idealistas: Son las menos interesantes y las más estereotipadas. Sus
protagonistas aparecen adornados de todas las gracias imaginables y son planos.
Transcurren a veces fuera de España y siguen fielmente la técnica italiana. La peripecia
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está excesivamente desarrollada y cae en lo inverosímil. Ejemplo: “El amante liberal”,
“La señora Cornelia”, “Las dos doncellas”…
“La tía fingida”: novela que se ha venido atribuyendo a Cervantes. Se suele justificar su
no inclusión en la colección de Novelas ejemplares por su tono excesivamente
desenfadado.
Narra las aventuras de Auristela y Periandro, que al final resultan ser Persiles y Segismunda, en
su larga peregrinación. Las primeras peripecias se sitúan en una geografía fantástica con muy
escasos elementos reales. Al llegar a la zona mediterránea, tan familiar para el autor, el tono
cambia y el novelista echa mano de sus recuerdos. En la primera parte se mezclan la fantasía y
noticias más o menos fidedignas. En la segunda, el autor se mueve en el terreno de lo real.
Los protagonistas son figuras planas, cuyo peregrinaje es una progresión vital. En la acción
central se insertan una serie de relatos breves, que son un tesoro de humor y agudeza
psicológica.
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El lenguaje está cuidadísimo, pero esto no basta para disimular la fácil y trivial inverosimilitud
de las historias.
Nace en Madrid en 1562. Hacia 1580 empieza a ser conocido como poeta. Es posible que
estudiara en la universidad de Salamanca. Empezó sus amores con Elena Osorio, que terminan
escandalosamente con una ruptura, aderezada por Lope con libelos, que le acarrean cuatro
años de destierro. Se casa con Isabel de Urbina y marcha con ella a Valencia.
Después su vida se complica en amores y conflictos. Alguna crisis religiosa le hace ingresar en
una congregación, y se ordena sacerdote el año en que imprime las Rimas sacras. Su pasión
última es Marta de Nevares. Los años de senectud son melancólicos. Enfermo, con problemas
económicos y envejecido, muere en 1635.
Es sin duda el literato que más ha escrito en la historia del mundo, y abarcó todos los géneros,
con el genial acierto de hallar una fórmula teatral capaz de concentrar la atención de todo el
cuerpo social.
LA ARCADIA (1598)
Se inserta en la larga tradición de la novela pastoril. Cada uno de los pastores es trasunto de
los amigos de Lope en el palacio del duque de Alba. Posiblemente lo mejor del libro esté en sus
versos. Se ha destacado el sentimiento del paisaje que anima en el libro, estilizado y refinado.
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El autor define su obra como prosas y versos al Niño Dios. Aflora el tema del desengaño y
parece anunciarse la crisis religiosa que desembocó en la ordenación del poeta. Son mejores
los versos. La sencillez y la ingenuidad del tema y del planteamiento dan vida al libro: la fuerte
emoción infantil que envuelve la fiesta de Navidad, la raíz folclórica de todos los temas… El
primer destinatario de esta novela era su hijo predilecto.
Las novelas incluidas en La Filomena y La Circe son un intento de cultivar el género. Por
acercarse más a las dimensiones y a la concisión propia del teatro, nuestro poeta se
desenvuelve con mayor soltura. Estas novelas son novelas cortas de impulso cervantino y aire
italiano, caracterizadas por su variedad, ejemplaridad y originalidad.
LA DOROTEA (1632)
El poeta nos presenta los amores de dos jóvenes, don Fernando y Dorotea. Una alcahueta
convence a la madre de Dorotea para que acepte a otro amante para su hija. Despechado, don
Fernando se va a Sevilla, aunque al final vuelve y se reanudan las relaciones. La pasión de los
amantes se ve acosada por los mil obstáculos que surgen de la situación irregular en que viven.
Finalmente sobreviene la ruptura. La acción se cierra con la muerte del segundo amante y de
la alcahueta.
La novela es el final de una larga tradición temática, que se inicia en los romances juveniles y
narra, distorsionados y poetizados, sus amores. Lope, ya viejo, se consuela de muchas
amarguras con la rememoración de sus años juveniles, poniendo una indulgente ironía en el
recuerdo de las locuras de antaño. Las relaciones con Elena Osorio prestan la materia a la
acción central. Los amores con Marta de Nevares sirven de trasfondo a esa acción y aparecen
en muchos de los poemas insertos en la obra. Así, la obra está cargada de autobiografismo.
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La obra es una acción en prosa que es menos acción que comentario de acciones. La obra se ha
denominado acción en prosa por ser una mezcla de lo real y la tradición literaria pincelada con
toques de amor e ironía. Se describen acontecimientos, que el lector sabe falsos. Juega
constantemente con la literatura dentro de la literatura.
Tirso de Molina es un autor fundamentalmente conocido por su obra dramática, pero también
escribió dos obras en prosa: Los cigarrales de Toledo y Deleitar aprovechando.
Los cigarrales de Toledo (1624, aunque se considera que se compuso mucho antes), de
carácter profano, recoge una serie de fábulas, cuentos, versos, relato cómico, relato amoroso,
de caballerías y tres comedias. Un grupo de amigos se reúnen en un cigarral, un paisaje
bucólico, y charlan alegremente. Todas las novelitas tienen un inconfundible sabor
boccacciesco.
Hemos de subrayar el valor de una de estas novelitas: Los tres maridos burlados. Gira en torno
a la disputa entre tres damas por un diamante. Se lo quedará aquella que sea capaz de urdir un
engaño más ingenioso para su marido. En vista de que las tres rivalizan en astucia, se reparten
el trofeo. El relato es muy gracioso.
La narrativa barroca castellana es una mezcla de muchos elementos, pero se distinguen varios
tipos de novelas:
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evolución del sentimiento amoroso. La mujer deja de ser un objeto pasivo e impera
una menor austeridad en las relaciones entre damas y caballeros. Hay dos direcciones
en la concepción del sentimiento amoroso por parte de la novela italiana: el amor
casto e idealizado que casi siempre acaba rindiéndose a la tentación, y el amor
sensual. Junto a los protagonistas pululan otros personajes que se mueven en su
mismo ambiente. Hay ausencia de los individuos de baja estofa. A una con el amor
reina en estas novelas otro sentimiento esencial: el honor. A pesar de la gran dosis de
fantasía novelesca que hay entre sus ingredientes, constituyen en buena medida un
documento social. A través de ella accedemos a las costumbres, gustos e ideas de un
ambiente social concreto. En la novela italiana predominan el artificio y la convención.
El modelo inmediato de estas producciones serán las obras de los grandes novelistas
italianos, como Boccaccio. Muchas veces nuestros autores caen incluso en el plagio.
B. Novela de tipo histórico: la temática está basada en algún episodio susceptible de ser
novelado.
C. Novela picaresca.
D. Novela pastoril.
Escribe una gran cantidad de novelas agrupadas por colecciones al estilo boccacciesco, y sigue
modelos tópicos. En ellas priva el amor y la aventura, y se atiene a las directrices marcadas por
los italianos. Su puesto al servicio de los nobles en situación de mecenazgo hace que su
producción sea toda para el ámbito cortesano y carezca de originalidad. Algunas son:
Jornadas alegres: Se apoyan en la tópica ficción de reunir algunos relatos que alivien el
ocio del viajero.
Fiestas del jardín: Hay aquí un crimen pasional que da pie a todos los cuentos. En ellas
se analiza sobre todo la psicología femenina.
Escribe una serie de novelas breves en las que se mezclan los cuadros de costumbres y el
relato cortesan. No faltan tampoco los matices picarescos, jocosos y satíricos. Son libros llenos
de ingenio y buen humor que trazan el perfil de la vida madrileña de la época. Su estilo se ha
calificado de conceptismo jocoso, utilizando los chistes y juegos lingüísticos con gran soltura.
Entre sus obras destaca Don Diego de Noche, de 1623. Relata nueve aventuras acaecida cada
una de ellas en una noche distinta. Destacan por la gracia y habilidad con que están unidas.
Está sazonado con un magnífico epistolario satírico y jocoso, y con un magnífico epistolario
satírico y jocoso, que se intercala entre la segunda y la tercera noche. Los temas de estas
cartas son con frecuencia chuscos. Abundan los versos mezclados con la prosa.
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Hay que distinguir en este escritor de vida azarosa una doble faceta: la de historiador y la de
novelista. Alguna obra suya es:
Varia fortuna del soldado Píndaro: de 1626. Es una mezcla de novela picaresca y de
aventuras. Usa la técnica autobiográfica. Se mezclan las escenas del hampa con los
fenómenos sobrenaturales. Sigue el gusto por lo truculento y morboso. Los episodios
secundarios se integran bien en las vivencias del protagonista. Se ha atenuado el
desencanto.
Como historiador nos interesa la Historia de los sucesos de Aragón (1622), que intenta arrojar
luz sobre la enigmática figura de Antonio Pérez. Brinda su apoyo al monarca, si bien no exime
de culpa a algunos de sus más diversos colaboradores. No es raro que al redactar sus obras
históricas Céspedes cruce su actividad de novelista y nos brinde algunos episodios ajenos a la
estricta crónica.
En las últimas obras del género, las del siglo XVII, se da mayor cabida a la imaginación. La
recreación del mundo pastoril se hace con una intención exclusivamente artística. La novela
pastoril del siglo XVII presenta la apertura a la influencia italiana. Se abre también a la
trascendencia religiosa.
De la novela morisca la pieza de Mateo Alemán es el caso más significativo. Cercano a este
campo están los relatos de cautivos.
La novela bizantina alcanza su cima más alta con el Persiles de Cervantes, si bien los esquemas
de las complicadas peripecias propios del género impregnan las tramas de las novelas
cortesanas.
NARRATIVA AUTOBIOGRÁFICA
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Es una composición próxima a la picaresca. Las dos más interesantes son la Vida del capitán
Alonso de Contreras y los Comentarios del desengañado de sí mismo, de Diego Duque de
Estrada.
El Lazarillo de Tormes inicia una corriente narrativa cuya continuación es la picaresca. No cabe
dudar de la filiación de la novela barroca y su punto de origen en el Lazarillo y tampoco cabe
pasar por alto las diferencias.
Tras el Guzmán, que retoma el tono del Lazarillo, la atracción de la fantasía lucianesca se hace
irresistible. La figura clave en este proceso es Quevedo. El buscón transforma el género y lo
reconvierte en una sarta de tipos y escenas ridículas.
El interés se centra a veces en la realidad descrita. En esos casos, la picaresca deriva hacia el
costumbrismo. El protagonista es simplemente un testigo impasible, que se limita a describir la
realidad que le rodea.
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Mateo Alemán nació en Sevilla en 1547. Su padre obtuvo plaza en una cárcel, por lo que entró
en contacto desde una edad muy temprana con el inframundo de la delincuencia. Estas
primeras experiencias jamás se borraron de su mente. Era de origen converso, lo que ayuda a
explicar en buena medida la amargura, el pesimismo y el resentimiento que rezuma su obra.
Recibe una esmerada instrucción. Comienza la carrera de medicina, pero no la ejerció nunca ni
ostentó el título. Son los médicos uno de los sectores sociales más ridiculizados en su obra.
Una vez en libertad, se marcha a la corte donde alterna su tarea administrativa con negocios
diversos que revelan su carácter aventurero. Va a Méjico. No se sabe con exactitud la fecha de
su muerte.
EL GUZMÁN DE ALFARACHE
La primera parte del Guzmán se edita en 1599, y la segunda en 1604. Cada una de ellas incluye
tres libros.
Nos cuenta la historia de Guzmán, un pícaro que procede de una familia humilde, de la que
deja de depender muy pronto, y emprende un viaje lleno de aventuras azarosas, castigos,
desengaños amorosos… Siendo un galeote condenado se arrepiente de su vida pasada y se
convierte. Al final obtiene la libertad.
El tiempo real es el momento final, cuando el protagonista está condenado a galeras. Lo que
cuenta el galeote Guzmán no es la vida objetiva del pícaro, sino el recuerdo que tiene de esta
en un momento dado. Hay dos tiempos distintos: uno, el propio de la acción que desarrollan.
Otro, el del momento en que se narran en el Guzmán.
El autor trata de justificar desde una estética realista la aparición de narraciones secundarias.
En ocasiones se insertan dentro de la acción central, haciendo que las cuente uno de los
personajes con el fin de entretener a los demás. Estos relatos están tan estrechamente
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vinculados a la acción central del cuento y son tan sumamente breves que el lector no pierde
de vista nunca la trama en la que se incrustan. Las novelas cortas tienen la evidente finalidad
de relajar la atención del lector, sin preocupaciones morales. Existe otro tipo de narraciones
más breves con que sí se pretende ofrecer una ejemplificación de la enseñanza moral. Hay
todavía un tercer tipo de cuentecillos muy breves, que vienen a divertir, a agilizar la narración,
explicando curiosidades y anécdotas.
La estructura principal viene dada por la evolución moral del protagonista. Los diversos
episodios van a dejar huella en el alma del pícaro y a determinar su evolución moral regresiva.
Por ser una obra de moralidad a contrario, el comentario a la acción se hace imprescindible
para explicar los malos ejemplos, de modo que se ajusten a la interpretación moral que se
pretende dar. Los sermones morales son consustanciales a nuestra novela, no algo añadido a
posteriori.
El radical pesimismo se vierte en una dura crítica que recae sobre personajes representativos
de los diversos grupos sociales. El galeote nos ofrece sus experiencias negativas con el hombre.
El pícaro se mueve siempre en un mundo que le es hostil. La vida es concebida por él como
una lucha sin tregua. No obstante, se puede apreciar una curiosa contradicción en la actitud
del autor, ya que, si bien es cierto que critica duramente a los diversos oficios, no lo es menos
que se observa en él una clarísima voluntad de integración en la estructura social. No menos
integradora es su actitud de continuo elogio a la iglesia y sus representantes.
El lenguaje es intenso, detallista, de gran exuberancia verbal y riqueza léxica. Se advierte una
gran cantidad de recursos retóricos, como construcciones antitéticas. No se expresa de
idéntica forma en las digresiones morales que en el relato propiamente picaresco, más llano y
coloquial. Su estilo no resulta demasiado fácil al lector, dada la tendencia a la construcción de
frases muy largas y el gran número de discursos morales. No es una obra amena.
El gran valor de la obra está en que es un complejo y rico reflejo de la época, del mundo
barroco.
En 1602 aparece en Valencia, a nombre de Mateo Luján de Sayavedra, una falsa segunda parte
del Guzmán. Causó un grave mal a Alemán, ya que se vio obligado a alterar la parte del libro
que ya tenía elaborada. Parece dar a entender que tuvo algún tipo de contacto con el falso
autor y que, incluso, le dio a conocer sus ideas acerca del desarrollo de la segunda parte.
La diferencia entre ambos textos salta a la vista. El apócrifo falla sobre todo en la fusión del
relato picaresco con las disquisiciones morales.
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la vida y cómo es encarcelado, escapando más tarde e ingresando en una orden
religiosa para escapar de sus delitos. Destaca en el relato el gran número de refranes y
frases tradicionales. Hay una considerable crítica social, explícita o implícita. No faltan
las sentencias moralizantes que sirven a la finalidad didáctica del libro. Contrastan con
la marcada irreverencia del protagonista y de la historia que nos cuenta. El perfil
psicológico de Honofre está muy bien trazado, así como el de la sociedad.
Vida del escudero Marcos de Obregón, de Vicente Espinel: 1618. Marcos de Obregón
se concibe como un recuerdo de las andanzas del autor, cuando ya han quedado muy
lejos en el tiempo. Esto no impide que se mezclen en ella muchos episodios novelescos
y que se evite la alusión a otros que en aquel momento Espinel no quiso tener en
cuenta. Marcos de Obregón evoca un pasado lejano, el que corresponde a su estancia
en casa de un médico, lo que da pie a una serie de regocijadas aventuras. Cuando ya
está completamente adaptado, el médico se tiene que ir y se queda solo. Tras una
serie de aventuras, se refugia en una ermita. Allí encuentra a un ermitaño a quien le
cuenta su vida desde el principio. Así pues, ha cambiado la técnica narrativa porque
asistimos a una conversación. Lo que ocurre es que la presencia del interlocutor
apenas se advierte. Solo sirve para justificar el relato de las cuitas de Marcos. El tiempo
no presenta una sucesión lineal. La segunda relación prosigue con el relato de sus
aventuras. La tercera relación respeta la misma estructura. Termina con el retorno de
Marcos a Ronda. A lo largo de la biografía se insertan algunos relatos secundarios que
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pueden considerarse como pequeñas novelas independientes. El pícaro se halla
implicado en ellas. Junto a sus aventuras, más o menos picarescas, se nos habla de sus
contactos con otros sectores sociales más refinados. Nunca penetra en profundidad en
las lacras morales de la vida de los bajos fondos. La visión que esta obra nos ofrece del
mundo no es pesimista, sino risueña y optimista. No obstante, no se puede rechazar
de plano su vinculación a la picaresca. Abundan las disertaciones sobre temas morales.
Nos ofrece una prosa clara.
Segunda parte del Lazarillo de Tormes, de H. de Luna: 1620. El autor finge escribir el
libro para desmentir todas las falsedades que se contienen en la prolongación de 1555.
Vuelve al realismo del modelo, si bien con un tono mucho más bronco y la sátira más
mordaz. Se sirve del habitual recurso literario de hacer creer al lector que los hechos
que narra no los inventa él, sino que los extrae de una crónica. Hay un fragmento de la
obra en que se aparta de la concepción realista y verosímil del relato e introduce unos
elementos fantásticos. El protagonista queda convertido en el pícaro genérico, sin
individualidad o carácter distintivo. El principal destinatario de la sátira es el clero. Los
ataques son de una violencia inaudita, muy distante del tratamiento que se da al tema
en las demás novelas picarescas. Otra nota discordante en el ámbito del género
picaresco es el tono obsceno y descarado que tienen algunas aventuras. En lo que sí se
asemeja al modelo es en la ausencia de digresiones morales. Su prosa es también
sencilla y ágil.
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santos, citas bíblicas… Es una novela hecha para transmitirnos una enseñanza moral.
Tiene mucho de libro de devoción. Lo más interesante son los cuentos y anécdotas que
el autor va intercalando a cada paso para ejemplificar sus enseñanzas.
Las novelas de Castillo Solórzano: Es autor de obras picarescas en las que se insertan
muchos elementos que proceden de la novela italiana cortesana. La finalidad
moralizante ha quedado atrás. Se inicia en el género con Las harpías de Madrid y
coche de las estafas (1631), que no se atiene a la fórmula autobiográfica. Otras obras
son: La niña de los embustes. Teresa de Manzanares, Aventuras del bachiller Trapaza
(1637) y La garduña de Sevilla y anzuelo de las bolsas (1642).
Francisco de Quevedo y Villegas nace en Madrid en 1580. Pertenece a una familia cristiano-
vieja. Cuando es todavía un niño empieza a familiarizarse ya con el ambiente palaciego. Ha
adquirido una sólida formación humanística y filosófica.
Estudia teología y recibe órdenes, pero luego abandona el sacerdocio para regresar a Madrid.
Son años difíciles en la política española. El talento literario de nuestro autor está ya en sazón.
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Su situación económica es bastante apurada. Inicia su amistad con el duque de Osuna.
Intervendrá en las misiones más delicadas de la enrevesada política italiana del momento.
En 1639 es detenido sin motivo y se le encierra. Las durísimas condiciones a que se vio
sometido durante los cuatro años de prisión deterioraron su salud. Aun así seguía
interesándose por la marcha de la política. Pudo recuperar la libertad y murió en 1645.
Su carácter parece estar regido por una permanente esquizofrenia. Encontramos en él desde la
más apasionada exaltación hasta la degradación más nauseabunda o grotesca. Se compaginan
en su personalidad el filósofo grave, el poeta amatorio, el moralista ceñudo… Queremos
subrayar la insatisfacción vital que descubren los textos quevedescos.
OBRA DE QUEVEDO
La presencia de la muerte y la irreparable fugacidad del tiempo son temas obsesivos en toda su
obra. La religiosidad está ausente en la mayor parte de los textos quevedescos sobre la
muerte. La muerte como desenlace es una liberación. Pero esa acción liberadora tiene
también un tono marcadamente negativo, pues la muerte no da lugar a un paraíso, sino que es
el último desengaño.
Quevedo, más moralista que político en sus escritos, pretende una restauración de la sociedad
estamental, pero depurada de sus corrupciones actuales. Es un programa idealista que el
propio Quevedo desoía en que vida pública.
Son todos ellos obras de juventud en las que ya se advierten las grandes dotes satíricas del
autor y su dominio prodigioso de la lengua. Tras el aparente desenfado se advierte una sátira
de costumbres, que no siempre puede ocultar su gravedad en medio de la burla. Destacan:
Vida de Cortes y oficios entretenidos en ella: Por él desfila una auténtica galería de
tipos humanos que tienen su asiento en la corte.
Libro de todas las cosas y otras muchas más: es una especie de enciclopedia burlesca y
dirigida a los entrometidos y habladores. Ofrece unas 28 proposiciones o deseos
descabellados y una tabla con otras tantas soluciones. Incluye una serie de
observaciones sobre la quiromancia y un formulario sobre distintas ciencias y artes.
Gracias y desgracias del ojo del culo: es una enumeración de los pros y los contras de
tan esencial parte del organismo humano.
Las indulgencias concedidas a los devotos de monjas: es una enumeración de los
distintos tipos de gracias burlescas a que son acreedores los que cortejan a las monjas.
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Epístolas del caballero de la Tenaza: conjunto de cartas divertidas. Se dirige a todos
aquellos que sufren el asedio de sus amantes para proponerles unos ejercicios para
salvar su bolsa de tan afiladas garras. Es una exaltación de la tacañería.
Premáticas y aranceles generales: sirviéndose de las frases hechas y el formulismo de
las pragmáticas, saca a colación con inmejorable vena satírica una serie de costumbres
y usos sociales, reales o ficticios, que aparecen como ridículos. Cada uno de ellos es
acreedor a una condena no menos jocosa. En torno a este texto se ha planteado un
curioso problema, ya que una parte de él está incluida en el Guzmán.
La culta latiniparla: sátira literaria y lingüística.
La Perinola: Sátira literaria y lingüística.
LOS SUEÑOS
Los primeros debieron componerse entre 1606 y 1610. En torno a 1629 Quevedo preparó una
nueva redacción, eliminando las alusiones poco respetuosas a la religión y los clérigos. Muchos
motivos cristianos fueron sustituidos por otros paganos.
El lenguaje no puede ser más expresivo e hiriente. Están entroncados con una serie de
precedentes literarios, como son Luciano de Samosata, las Danzas de la muerte, Dante… Toma
algún motivo de los grandes satíricos latinos. La intención última de esta obra es de índole
moral: mostrar lacras sociales y reprender vicios.
En 1606-1607. El autor se queda dormido y sueña con la llegada del postrer día.
Hay dos partes distintas: la resurrección de los muertos y el juicio final. Quevedo no ahorra los
detalles macabros. El humor estalla cuando vemos las reacciones de los diversos tipos.
Comienza el desfile de gremios. Casi todos van a parar al infierno, ya que sus intentos de
justificación han sido vanos. Solo hay algunos casos aislados de salvación. Una vez en el
Averno, cada uno de los condenados es castigado con aquello en lo que más había pecado. Al
final el autor se despierta con sus propias carcajadas.
El alguacil endemoniado
1605-1608.
21
El autor entra en una iglesia donde un clérigo está exorcizando a un hombre endemoniado.
Toma la palabra el espíritu que lo posee y se inicia el relato entre el espíritu maligno, el clérigo
y el autor. Es así como el espíritu parlanchín empieza a trazar una caricatura de diversos tipos
humanos. Especial atención merece el fragmento que hace referencia a los reyes: el tono se
vuelve más severo para expresar los múltiples pecados que estos cometen. Quizá para evitar
problemas intercaló luego un elogio de Felipe III. Al final el diablo deja de contar los pecados
de cada uno para dirigir una arenga moralizante. El clérigo lo obliga a enmudecer.
En este diálogo, el diablo muestra las flaquezas humanas y dice verdades amargas. Abundan
los equívocos. Hay una divertida alusión a los atributos populares del diablo, que provocan la
indignación del respetable espíritu.
De 1608.
Se inicia el cuadro con la visión alegórica de dos caminos. Al ver la dificultad con que se avanza
por la parte derecha, el autor abandona la senda del bien y se pasa a la de la izquierda, por la
cual se va bien. Súbitamente el sendero va a parar al infierno. Hay en esta parte un ritmo
gradualmente acelerado. Comienza entonces el recorrido dantesco del autor entre los diversos
condenados. Sus víctimas aparecen agrupadas por gremios. Los propios diablos sirven de guía
al autor y le van explicando por qué causa está allí cada grupo de atormentados. Hay algún
personaje individualizado. Hay también una ridiculización de la nobleza. Se nos facilitan
algunas descripciones del reino de las tinieblas, pero todas son vagas e imprecisas.
De nuevo volvemos a encontrar grupos de condenados, pero ahora más que por oficios están
reunidos por actitudes morales. Comienzan a aparecer los nombres propios. Termina el cuadro
con la visita al camarín de Lucifer, que está decorado con diversos tipos de condenados. El
autor sale del infierno espantado y alecciona al lector para que evite que su conducta lo
arrastre a tan nefasta morada.
Se suceden los cuadros más o menos rápidos, las escenas más detalladas y brevísimas
alusiones. La fábula tiene una mayor extensión. Se producen la censura de la sociedad
española, las reflexiones morales y filosóficas y el humor macabro.
De 1610.
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La técnica del relato consiste en mostrarnos sistemáticamente la cara y la cruz de la moneda.
Primero vemos la apariencia engañosa. Luego, la decepcionante realidad. Cambia aquí la
estructura del relato, que pierde su carácter itinerante y pasa a mostrarnos la conducta de los
personajes.
Sueño de la Muerte
El autor se queda dormido y entra en la estancia una curiosa comitiva. Tras este aparatoso
cortejo hace su aparición la Muerte. Aquí la Muerte está adornada con todos los emblemas de
los vivos.
La Parca viene a por él, pero no para matarlo, sino para llevarle a hacer una visita a los
difuntos. En su boca pone Quevedo los paradójicos razonamientos sobre la esencia de la vida
humana. Es aquí la Muerte la que alecciona a los humano. El autor y la dama descienden al
reino de los muertos y se establece el tribunal de ultratumba. Comienza el desfile de
personajes, que se suceden rápida e ininterrumpidamente.
No vamos a ver representantes de los diversos oficios, sino personajes proverbiales sacados
del refranero español. Todos van a protestar de las aberraciones que sufren de parte de los
hombres, que les atribuyen las más absurdas acciones y características. Aparece algún
personaje real, que da pie a la sátira social de la España de su tiempo. La caracterización de
algunos de estos famosos individuos es una maravilla. La agilidad del relato es digna.
En 1627.
Hay una mayor profundidad del pensamiento filosófico y político. Se entrelazan los rasgos
satíricos de con los de tipo doctrinal. Predominan en estas páginas los personajes históricos. El
estoicismo quevedesco se hace patente en muchos momentos.
La acción nos sitúa en el infierno, donde se han colado los tres personajes que van a servir de
unión de los diversos episodios. Lucifer va con ellos y se organiza un gran estrépito entre los
condenados. Sigue una serie de personajes distintos y el desfile de personajes históricos. Todo
este maremágnum, esperpéntico y abigarrado, termina con una pragmática que Lucifer dirige
a sus secuaces para que desempeñen bien su oficio.
El texto no tiene una estructura fija, sino que se limita a ensartar diversos cuadros. Solo los
tres personajes que le dan título aparecen de forma constante, pero su intervención no es lo
suficientemente importante para dar trabazón a los diversos materiales. El contraste entre
unos episodios densos y filosóficos y otros simplemente esperpénticos, es notable.
En 1635, aunque no se publicó hasta 1650 por las alusiones satíricas a personajes ilustres de la
época.
23
La obra descansa sobre el motivo del mundo al revés, de raíces clásicas. Hay en ella una
sucesión de tipos y figuras que nos muestran un auténtico cuadro de costumbres de la
sociedad madrileña sin que falten las alusiones a la política europea. Comienza con una
fantasía mitológica. Luego el escenario de la acción se traslada a la tierra.
Pululan en este texto los tipos habituales en la fauna quevedesca. En torno a la mitad del libro
los cuadros comienzan a ser de tema político. En ellos se analiza la situación española y
europea en general. Se muestran las vergüenzas de todos. Se ridiculizan actitudes y se
denuncian excesos.
No solo el mundo de los humanos es puesto en solfa. También deja mucho que desear el de
los dioses, personajes grotescos e indisciplinados que sufren una total desmitificación.
EL BUSCÓN
Se edita por primera vez en 1626, pero su composición es muy anterior, en torno a 1604. No
obstante, es evidente que durante todo ese tiempo había circulado en manuscritos.
Quevedo destruye la estructura novelesca reduciéndola a una serie de cuadros en los que se
nos dan otras tantas visiones de la vida contemporánea. No se va a ahondar aquí en la
intimidad del personaje y en su evolución psicológica. La presencia del protagonista es lo único
que sirve de elemento de enlace entre los diversos cuadros. El desarrollo lineal de la trama no
se ve interrumpido por digresiones, y mucho menos por relatos secundarios. Se divide en tres
libros:
Primer libro: conocemos al segoviano Pablo, que entra al servicio de don Diego
Coronel. Quevedo plasma aquí algunos de sus recuerdos juveniles. Termina lo que
podríamos llamar el periodo de inocencia del protagonista y de inicia en la picardía.
Asistimos a sus primeras fechorías.
Libro segundo: Pablo topa con una serie de individuos estrafalarios que sirven a
Quevedo para satirizar a tipos de la época. En el camino se encuentra con un
personaje que le enseña mil medios no honrados de abrirse camino en la corte.
Comienza así su aprendizaje en la vida buscona.
Tercer libro: Se inicia con su llegada a Madrid. Las primeras escenas se van a
desarrollar en un círculo de pícaros y estafadores. Tras una serie de actos delictivos,
van a parar a la cárcel. Una vez solo, le acontecen varias aventuras. Pablo asume su
fracaso y abandona sus aspiraciones caballerescas. Más tarde decide pasar a las Indias.
Pero no hay compasión para el pícaro y termina el libro con una de las pocas frases
moralizantes que en él se pueden encontrar.
Pablo es un personaje vacío cuya única función es dar pie a que con sus aventuras podamos
ser testigos de un mundo en descomposición. El autor no plantea ningún debate dialéctico
entre el honor y el anti-honor de Pablos, sino que se parte de su deshonor como algo
irreversible. Quevedo en ningún momento se siente solidario con él. Lo va hundiendo en una
24
degradación cada vez mayor. Este tratamiento desde fuera que da Quevedo al protagonista se
hace extensivo a todos los demás personajes. El autor no se compadece de los dolores
humanos que describe.
Pablos es el único personaje que se mantiene en toda la novela. Los demás aparecen y
desaparecen con sus episodios respectivos.
Su lenguaje conceptista, ingenioso y demoledor sirve a las mil maravillas a este proceso de
desintegración de la realidad. Quevedo no se detiene en digresiones morales.
A lo largo de toda su vida, Quevedo se interesó por el devenir político español que tan de cerca
conoció, y plasmó su pensamiento en una abundante producción literaria, que abarca obras de
muy distinta índole: desde tratados doctrinales con disquisiciones teóricas, hasta folletos
dictados por las circunstancias del momento.
España defendida y los tiempos de ahora: ses un escrito según el cual todo lo español
es bueno y la culpa de lo malo la tienen los envidiosos extranjeros. Se nos descubren
además las características físicas de España, su riqueza y su fertilidad y se remonta a la
historia antigua. También se tratan cuestiones lingüísticas. Se analizan las costumbres
españolas.
Política de Dios y gobierno de Cristo: Expone en este tratado su concepto del perfecto
monarca cristiano apoyándose en la autoridad de los Evangelios y en el modelo de
Cristo. Recurre también a la literatura clásica, a los Santos Padres, a la Escolástica y al
humanismo. Concibe la figura del monarca como pieza clave. Su poder es de origen
divino y debe emplearlo para servir al pueblo. Aunque le reconoce poderes soberanos,
no acepta en modo alguno la tiranía, ya que su autoridad está basada en un pacto con
el pueblo. Quevedo no se propone solo teorizar en torno al poder político, sino
también incidir de forma muy directa sobre la situación española del momento. Quizá
peca de una cierta pesadez. El lenguaje no presenta los habituales recursos
conceptistas de su obra satírica: está mucho más próximo al tono oratorio y aforístico.
Mundo caduco y desvaríos de la edad: Lo más importante son sus reflexiones acerca de
la política veneciana.
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Lince de Italia a zahorí español: Da cuenta de todas sus experiencias políticas
adquiridas en el contacto con los italianos. Se pasa revista a las diversas repúblicas y su
actitud respecto a España.
Grandes anales de quince días: se escribe a raíz de la muerte de Felipe III. Se nos habla
aquí de los importantes acontecimientos que conmovieron la política española en el
cambio de reinado. Quevedo acoge esperanzado la venida del nuevo monarca y su
valido, que más tarde habrían de defraudarle.
El chitón de las tarabillas: el tono de este escrito está más próximo al de las obras
satíricas. Hay en él muy serias alusiones a la política monetaria.
Vida de Marco Bruto: El texto es en realidad una glosa de la biografía de Marco Bruto
hecha por Plutarco en las Vidas paralelas, que Quevedo traduce. Su análisis rebasa los
límites de la historia romana para proyectarse sobre los sucesos de la España
contemporánea, pero el centro de su atención lo constituyen los dos protagonistas de
la obra: César y Bruto. En el estilo se advierten todas las modulaciones propias de la
oratoria más depurada.
En sus obras filosóficas Quevedo se muestra entusiasta defensor del estoicismo senequista,
pasado por el tamiz de la doctrina cristiana. Sus obras ascéticas revelan una importante faceta
de la moral quevedesca, guiadas por la autoridad de las Sagradas Escrituras, la literatura
patrística y las obras de Séneca. Quevedo exhorta al desprecio de las riquezas mundanas y la
ambición de poder. El pensamiento de la muerte debe guiar nuestra vida, convertida en un
espinoso camino.
Virtud militante contra las cuatro pestes del mundo y cuatro fantasmas de la vida: Es
una diatriba contra los vicios, apoyada en la autoridad de multitud de textos sagrados.
La segunda parte, que adopta la forma de cartas dirigidas a distintos personajes, nos
enseña a superar con la ayuda de la moral estoica y el cristianismo el pecado.
26
Vidas de santos: Vida de San Pablo apóstol, donde no se limita a mostrarnos la figura
del apóstol en su faceta religiosa, sino que estudia también sus implicaciones
históricas. Hay asimismo reflexiones políticas y filosóficas.
Otras obras religiosas: Sobre las palabras que dijo Cristo a su Santísima Madre en las
bodas de Caná de Galilea.
En el relato lucianesco se nos cuentan una serie de casos, a menudo con intervención de la
fantasía, que relegan a un segundo plano la evolución personal del protagonista. Este no es
más que un testigo privilegiado de los hechos que relata. Se busca constantemente el efecto
ingenioso.
Los antojos de la mejor vista: El protagonista acaba de llegar a Sevilla y conoce a un hombre
que le sirve de guía. Ambos conocen al licenciado Desengaño, que tiene unos extraños
anteojos que le permiten ver el mundo tal como es en realidad, sin la engañosa capa de la
hipocresía. Así contemplamos las atrocidades y sinsentidos que se producen a diario, con la
sátira a las diversas clases sociales. Construye juegos de palabras y frases ingeniosas.
Idéntica identidad persigue su otra novela Mesón del mundo, en la que el autor es testigo de
toda clase de mentiras, con la sátira de diversos tipos que pasan por una posada.
Los juegos de palabras son la esencia de muchas secuencias. Las imágenes son muy atrevidas
y, a veces, de difícil comprensión. En su relato hay un jugueteo conceptual donde predomina lo
sorprendente. La palabra se hace opaca, llama la atención en sí misma y no la dirige hacia el
mundo reflejado.
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Juan de Zabaleta: El día de fiesta por la mañana y El día de fiesta por la tarde.
Francisco Santos.
Remiro de Navarra.
Siente una temprana vocación religiosa y a los 18 años ingresa en la Compañía. Con su
vocación literaria comienza una interminable batalla con la Compañía, ya que nunca sometió
sus libros a la aprobación de esta. La reacción de los jesuitas no se hizo esperar, solicitando el
traslado de Gracián. Las cosas no pasaron a mayores y el autor pudo seguir adelante con su
empresa literaria. Desarrolló su actividad literaria bajo el patrocinio de Lastanosa. Los
problemas con sus superiores son cada vez más angustiosos. Se le llevó a Tarragona, donde
murió en 1658.
Son breves tratados, cuyas máximas pretenden forjar el tipo de hombre ideal.
El héroe
28
Sale a la luz en 1637. Los ejemplares más antiguos que conservamos son de 1639. Contamos
con un manuscrito autógrafo, que contiene una primera redacción de la obra, notablemente
distinta de la que publicó.
En la obra nos habla de las distintas cualidades que deben asistir al hombre ideal, que sabe
triunfar en el trato social. Incita a la prudencia y a la discreción, ponderando el ingenio, la
inteligencia y el buen gusto. La obra tiene también implicaciones políticas y se alude con
frecuencia a la figura del rey. La obra presenta la convivencia humana como unas relaciones de
poder. En esa lucha cualquier hombre ha de ejercitar su capacidad de dominio sobre los demás
y ha de evitar a toda costa ser dominado. Refleja clara y puntualmente el estado de tensión en
que vive el hombre barroco.
Gran parte de los ejemplos que utiliza están tomados de otros autores, fundamentalmente de
Plutarco y Erasmo.
1640.
La obra sigue un esquema antropomórfico, ya que sus diversas partes, cinco en total, se
corresponden con algunas del cuerpo humano.
El discreto
1646. Se divide en 25 partes, en las que se habla de las cualidades que debe tener el hombre
discreto, capaz de triunfar en el trato social. Se concentra en todas aquellas prendas que
permiten brillar en sociedad, especialmente el genio y el ingenio. Abundan las alusiones a la
guerra de Cataluña, problema en el que se muestra con una actitud tolerante. No es difícil
encontrar alguna censura a la rígida política llevada a cabo por Felipe IV.
La estructura se presenta bajo las formas más variadas: cartas, discursos, diálogos…
Los diálogos que aparecen en el libro tienen como interlocutores a diversos amigos
pertenecientes al círculo de Lastanosa.
Se imprime en 1647, pero esta edición se perdió y la primera que ha llegado a nosotros es de
1653.
29
sintetizándolo de acuerdo con un plan distinto. Es un verdadero tratado en el que se desvela la
táctica que debe seguir el hombre prudente.
El autor juega con la ambivalencia de las palabras para obtener expresiones inteligentes y
brillantes, y manifiesta su agudeza conceptista mediante el equilibrio de lo concreto y lo
abstracto.
Solo en esta obra toca Gracián la temática religiosa. Se edita en 1655, con la autorización de la
Compañía.
Trata acerca del sacramento de la Eucaristía. Utiliza fragmentos de las Sagradas Escrituras que
adapta al tema. Es a todas luces un libro de devoción. Su estilo está influido por la oratoria
sagrada. Intenta reducir sus artificios, aunque no está ausente el juego de paralelismo y
contrastes.
1648.
Aunque el propio Gracián deja bien sentado que no era una retórica, se la suele calificar de
retórica conceptista y culterana a la vez.
Gracián emprende un análisis de la agudeza de los conceptos, que es la más brillante expresión
de la inteligencia. Estudia minuciosamente las diversas figuras, en especial las que implican un
proceso metafórico o un juego conceptual. La exposición teórica está sazonada con multitud
de ejemplos: aunque muestra preferencia por los autores españoles también recurre a latinos,
italianos y portugueses.
En rigor esta obra es más una colección de ejemplos de poemas y una ponderación elogiosa de
los mismos que un análisis de estos. Cada discurso empieza con la definición del tipo de
concepto que pretende estudiar, y a continuación se inicia el desfile de ejemplos y modelos
que responden a cada variante.
EL CRITICÓN
Esta obra aparece dividida en tres partes, que aparecen en años sucesivos: 1651, 1653 y 1657.
Cada una de estas partes se divide en varias crisis. El significado que tiene aquí la palabra es
sinónimo de juicio, censura:
Primera parte: Critilo naufraga y es acogido por un joven salvaje, Andrenio. Critilo le
enseña a articular el lenguaje humano y se cuentan mutuamente sus experiencias de
la vida. Emprenden un viaje en busca de la amada de Critilo y llegan a Madrid. En su
peregrinación topan con una serie de personajes que les brindan enseñanzas. En todo
momento se contraponen dos conductas, dos maneras de enfocar la vida: la del
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hombre natural que se guía por el instinto, y la del hombre producto de una
civilización.
Segunda parte: viajes y aventuras.
Tercera parte: más viajes y aventuras.
Junto a los escenarios reales aparecen los lugares de ficción, poblados por personajes
simbólicos. A la alegoría central se superponen otras muchas, así como fábulas y apólogos.
Presenta una estructura itinerante. Pertenece al grupo de las llamadas novelas iniciáticas
porque a lo largo de ella los personajes van abriéndose al mundo, inician un aprendizaje.
En sus andanzas, los protagonistas topan con un conjunto de personajes que les permiten
conocer los engaños y dobleces de la vida, para demostrar que en el mundo reinan la
hipocresía y la falsedad. Contra el engaño y la malicia de la sociedad solo cabe la prudencia.
Posiblemente hay que buscar las raíces del texto en la evolución íntima de Gracián. No
olvidemos que en la segunda parte se alude a experiencias autobiográficas.
Todos los motivos literarios se enfocan única y exclusivamente con vistas a la lección moral.
Abundan en la obra las reminiscencias y citas de autores clásicos, como Cicerón, Séneca…
Otros muchos autores desfilan por sus páginas, como Quevedo. Coincide en algunos puntos
con Descartes. Hay que buscar también fuentes bíblicas y espirituales.
Nos encontramos con un nuevo modo de narrar, exigido por la índole del relato, que adopta
un estilo más ameno.
PROSA HISTÓRICA
Hay un hecho esencial que salta a la vista y contrasta fuertemente con el panorama histórico
del siglo XVI: la ausencia de historias generales de amplio contenido.
Aunque han pasado los momentos álgidos del género, todavía contamos con algunos cronistas
de Indias.
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Francisco Manuel de Melo (1611-1667): dentro del campo de la historiografía es autor
de Epanáphoras de varia historia portuguesa (1660) e Historia de los movimientos y
separación de Cataluña y de la guerra entre Felipe IV y la Diputación General de aquel
Principado, conocida como Guerra de Cataluña (1645).
Francisco de Moncada (1586-1635): Expedición de los catalanes y aragoneses contra
turcos y griegos (1623), y Vida de Severino Boecio (1642).
El Inca Garcilaso de la Vega (1539-1616): es autor de tres obras de tema americano, La
Florida del Inca o Historia del adelantado Hernando de Soto (1605), y los Comentarios
reales (1609), que dan lugar a una ampliación en Historia general del Perú (1617).
Antonio de Solís: Historia de la conquista, población y progresos de la América
Septentrional conocida por el nombre de Nueva España, cuyo título más divulgado es
Historia de la conquista de Méjico (1684).
Carlos Coloma: Guerra de los Estados Bajos.
Luis Cabrera de Córdoba: Felipe II Rey de España.
Francisco de Quevedo: Grandes anales de quince días. Historia de muchos siglos que
pasaron en un mes.
Bartolomé Leonardo de Argensola: La conquista de las Islas Molucas.
Lope de Vega: El triunfo de la fe en los reinos del Japón.
DIÁLOGOS Y MISCELÁNEAS
Importancia del género del diálogo como continuación del siglo XVI.
-El viaje entretenido, de Agustín de Rojas Villandrando (1603): obra miscelánea que toma la
forma del diálogo. Trata de la historia de unos personajes que viajan juntos y para distraerse se
ponen a hablar unos con otros, tocando temas muy variados y contando anécdotas, a menudo
acerca de los lugares que pasan.
-El pasajero, de Cristóbal Suárez de Figueroa (1617): cuenta el viaje de cuatro jóvenes, cada
uno representando un estrato social, que para hacerse más ameno el viaje deciden entablar
conversación.
La bancarrota política, social y económica a que se ve abocada España en el siglo XVII hace que
prolifere la figura del arbitrista, que plantea en sus escritos las causas de la decadencia
española e intenta buscar soluciones. De 1640 a 1650 lo que más preocupa es la reforma
monetaria. El declive económico es evidente y hay que luchar a toda costa contra la inflación y
el alza de precios.
Desde el punto de vista literario, es evidente que la aridez y especificidad de los temas
tratados en estos memoriales no es lo más adecuado para los alardes estilísticos. Es de gran
valía la agudeza de las reflexiones acerca de los problemas españoles.
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Sancho de Moncada: Restauración política de España.
Miguel Caxa de Leruela: Restauración de la abundancia de España.
Francisco Martínez de Mata: Memorial a razón de la despoblación y pobreza de España
y su remedio.
Cristóbal Pérez de Herrera.
Saavedra Fajardo es quien en sus Empresas políticas lleva a la cúspide el género emblemático.
Este género es fruto de las condiciones históricas de la época.
Nace en Murcia, en el seno de una familia hidalga de buena posición. Se inicia en la carrera
eclesiástica, pero no llega a recibir las órdenes mayores. Ya desde muy joven se orienta en el
camino de la diplomacia. Reside en Roma. En todo momento supo afrontar la delicada misión
de defender los intereses de España en una situación que cada vez era más crítica. Intervino en
algunos acontecimientos clave de la política del siglo XVII, con una incansable actividad en la
Europa central en sus años de plenitud y madurez. Finalmente, regresa a España.
Todo parece indicar que no era un hombre de trato fácil, sino impetuoso y altivo, con mucho
pesimismo.
Tras unos breves escarceos en el campo de la poesía, de escaso valor, se inicia en lo que será
su gran obra, fruto de su actividad como político y diplomático.
República literaria
La obra se inscribe en la tradición lucianesca, pero sin su espíritu anti-religioso. Es una sátira
contra los estudios teóricos y científicos y contra el mundo de las letras. Se muestra partidario
de la acción práctica.
En la obra, el autor se queda dormido. Es arrebatado del sueño y conducido a una ciudad
fantástica. Su guía le anuncia que se hallan en la República literaria. Allí conoce a las grandes
figuras de la antigüedad y de los tiempos modernos.
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Las fuentes son numerosas: corriente erasmista, Platón, Luciano… La obra es burlesca, pero
carente de cinismo. La lengua literaria está pura de toda afectación y contagio. Hay algunas
máximas pueriles entre sus muchas agudezas.
Empresas políticas
Para su lección magistral elige la forma del emblema o empresa. El emblema se sirve de la
plasmación gráfica de una figura alegórica, cuyo significado se glosa, dando cabida así al
contenido doctrinal. Saavedra lo acompaña también de un lema en latín. En vez de perderse
en observaciones morales de carácter general, alude de manera concreta a la formación del
príncipe. La obra es de una extraordinaria densidad filosófica, con un tono rigurosamente
reflexivo. El resultado es un verdadero tratado de filosofía de la política.
Las fuentes son numerosas: Tácito, Séneca, la Biblia, una larga tradición medieval de literatura
moral… Toma mucho material de sus múltiples lecturas, pero lo reelabora en función de sus
propósitos.
De carácter doctrinal, hace acopio de las ideas esenciales de Aristóteles y Santo Tomás sobre
materia política. Ofrece la figura del Rey Católico como modelo de gobernantes.
Locuras de Europa
Este polémico opúsculo se gesta a raíz de los acontecimientos diplomáticos del momento.
Adopta la técnica del diálogo lucianesco para exponer en toda su profundidad la situación
política de Europa. Los interlocutores del diálogo son Luciano y Mercurio, que vuelve de su
viaje a la tierra extrañado de las grandes locuras que allí se cometen, y se las explica a Luciano.
Se centra sobre todo en la actuación de los franceses y analiza la actitud política adoptada por
los holandeses.
Predomina su interés por el contenido. Es una obra densa y apretada, sin adornos, que
requiere información acerca de la política europea del momento.
Luis Alfonso de Carvallo: Su obra más interesante es una poética preceptiva titulada
Cisne de Apolo, de las excelencias y dignidad y todo lo que al Arte Poético pertenece
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(1602). Se nos da la definición de la poesía, se centra en la versificación castellana,
habla de los géneros…
Francisco Cascales: Tiene algunas obras de historia local, pero lo más interesante de su
producción son las Tablas poéticas y las Cartas filológicas, estudios de estética
literaria. Las Tablas poéticas emplea el diálogo platónico como forma de expresión. Su
finalidad va a ser proporcionar una serie de preceptos que les sirvan a los poetas
españoles para aprovechar mejor su ingenio y escribir con arte. Las Cartas filológicas
es una colección de epístolas. El nombre de filológicas debe interpretarse en la
acepción de miscelánea y enciclopedia que tenía en aquellos tiempos. Se advierte la
decadencia del humanismo español al que le falta la originalidad que tuvo en sus
comienzos.
Jusepe Antonio González de Salas: Es autor de una preceptiva aristotélica: Nueva idea
de la Tragedia Antigua o Ilustración última al libro singular de Poética de Aristóteles
Stagirita (1633). Es el único que tiene un conocimiento directo de la Poética en su
versión original griega. La exposición de sus doctrinas se ve turbada por lo confuso y
pesado de su estilo. Es un gran entusiasta de la comedia y en torno a ella giran la
mayor parte de sus apreciaciones. La obra se limita a comentar la Poética de
Aristóteles haciendo escasas apreciaciones críticas.
Gonzalo Correas: una obra suya es Trilingüe de tres artes de las tres lenguas
Castellanas, Latina y Griega: (1630). Se propone hacer un estudio conjunto de las tres,
partiendo de la base de que todas las lenguas tienen en común los elementos
esenciales y que solo varía el léxico. Ortografía Kastellana nueva y perfeta: (1630).
Propone unas nuevas normas para una ortografía fonética, en la que las grafías se
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corresponden directamente con la pronunciación. Prescinde de la ortografía
latinizante.
PROSA RELIGIOSA
El Barroco español es uno de los momentos más felices, plenos y variados de la poesía
universal. En el campo de la lírica es obvio que es precisamente la decadencia del país la que
nutre y estimula la creatividad.
Parte del desarrollo de la lírica se debe a la institución del mecenazgo. El interés nobiliario por
rodearse de escritores evidencia una cierta consideración social por la literatura. El mecenazgo
posibilitó creaciones apasionantes, pero generó también una poesía dedicada exclusivamente
a cantar las fiestas cortesanas o pequeños incidentes de la vida palaciega. Multitud de
academias, patrocinadas por magnates, se convierten en centros de polémica y producción
literaria.
De entre la nobleza salen algunos líricos eminentes, como Felipe IV. También la iglesia propicia
la creación lírica.
En los poetas que ahora nos ocupan influye una herencia variopinta, culta y popular, nacional e
italiana. Casi todos los creadores participan de este conjunto de tendencias. Las imágenes y
motivos petrarquistas persisten.
La lírica tradicional continúa su vida a través de las letrillas y villancicos que glosan canciones
populares o a través de fieles imitaciones cultas. El romancero nuevo es la prolongación de los
viejos romances medievales. Aparece el Romancero general en 1600. Se trata de una obra
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colectiva que muy pronto se incorporó al acervo popular y pasó a vivir en variantes en una
transmisión oral paralela e independiente de sus reimpresiones en libros o pliegos sueltos.
Los moldes italianistas perduran también. Mil poetas siguen cultivando la lírica amorosa
dentro del neo-platonismo petrarquesco.
Las principales características temático-estilísticas de la poesía del siglo XVII pueden resumirse
en:
Las dificultades para ordenar la caterva de poetas barrocos son extremas. Los más de ellos
cultivan los diversos géneros, tonos y modas que aparecen en su tiempo. Tres criterios pueden
ayudarnos a una ordenación: la sucesión generacional, la oposición entre llanos y cultos, y el
criterio regional.
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CRITERIO GENERACIONAL
Discípulos directos e involuntarios de estos son los nacidos en torno a 1580. La aparición de los
grandes poemas gongorinos determina un bandazo generacional a favor o en contra de la
nueva poesía. Estos autores acostumbran a presentar una faceta netamente petrarquista junto
a poemas que pretenden imitar o ridiculizar a Góngora, entre estos Quevedo.
LLANOS Y CULTOS
CRITERIO GEOGRÁFICO
POETAS ANTEQUERANO-GRANADINOS
Pedro de Espinosa
La poesía profana tiene a su vez tres aspectos distintos: el amoroso, el mitológico y el burlesco.
En ellos es evidente la presencia de los esquemas correlativos, característicos del manierismo.
La poesía mitológica está representada por la Fábula del Genil. Entre la poesía burlesca destaca
un soneto en burla de los argumentos caballerescos.
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Muchos de los poemas religiosos son de carácter devoto, dedicados a santos y a diversas
advocaciones marianas: Romancillo a Nuestra Señora de Archidona… Mucho más importante
es la poesía espiritual: Salmo a la perfección de la naturaleza, obra de Dios…
Carrillo tiene en su breve obra tonos diversos. Defensor de una poesía culta en su Libro de la
erudición poética, no desdeña los metros y géneros castellanos. Estos poemas y escritos en
endecasílabos tratan en su mayoría de amores. Otros sonetos se alejan del mundo exterior,
galante o sensual, y llevan a Carrillo por una vía de reflexión sobre la inconsistencia de lo
existente.
La Fábula de Acis y Galatea nos presenta el relato de sus desdichados amores en boca de
Galatea. Tiene un sentido trágico.
POETAS SEVILLANOS
El grupo de poetas sevillanos de principios del siglo XVII está unido por lazos de amistad, por la
común lectura de Horacio, por la moral estoico-epicúrea del Barroco… Tienen un ideal de vida
basado en la serenidad y la reflexión moral.
Juan de Arguijo: La mayor parte de los poemas conservados de Arquijo son sonetos. Tiene
afición a los motivos clásicos y arqueológicos, así como una perfección formal en sus versos. La
mitología ocupa muchos de ellos. El tema de las ruinas es una constante de la que participan
todos los poetas del Barroco sevillano. Lo mismo ocurre con los sonetos morales. Por lo
común, una fría perfección es la tónica dominante. Las canciones, las epístolas en versos
esdrújulos, las silvas tienen menos prestancia y valor. El tema religioso, en su aspecto más
externo, es el más prodigado en estas composiciones dedicadas a conmemorar festividades. Es
también autor de unos cuentos o apotegmas breves.
Francisco de Medrano: En 1617 se editó un volumen con los Remedios de amor de Pedro
Venegas de Saavedra, que contenía los versos de Medrano. El modelo fundamental de
Medrano es Horacio, al que adapta y acomoda al siglo XVII español. Lo que Medrano propugna
es una naturalidad culta, la naturaleza vista a través del epicureísmo horaciano. Se dividen sus
sonetos en cultos, petrarquistas, sentenciosos, espirituales y apasionados. La reflexión
filosófica y moral parece que sigue un proceso de ensombrecimiento. Los sonetos apasionados
están dedicados a Amarilis, un tormentoso amor del poeta. No faltan los sonetos religiosos.
Las odas siguen a Horacio. En ocasiones, se trata de traducciones casi literales. Otras veces se
funden varias odas o se injertan motivos de una en el desarrollo de otra. También luce en sus
versos un epicureísmo.
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Rodrigo Caro: Nos ha dejado libros eruditos, pero más interés tienen sus Días geniales o
lúdicos, seis diálogos en que aparece su afición al folclore y a las costumbres populares. El
único poema sobresaliente de Caro es la Canción a las ruinas de Itálica. El poema es una
meditación sobre el tema del Ubi sunt?.
Otros poetas
POETAS ARAGONESES
La afición a los clásicos, el equilibrio formal y el didactismo son las características de esta
escuela. Sin embargo, en Aragón también encontramos las tendencias generales de la poesía
del Barroco, algo frenadas.
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lo moralizante sin captar el cinismo y los sarcasmos del modelo. Sus sátiras solo llegan a una
descripción graciosa, y en ocasiones grotesca, de comportamientos sociales. Nunca
encontraremos en ella ataques personales ni críticas contra la organización social del mundo.
La vida ajetreada de la corte se contrasta con la tranquilidad del campo. Tiene canciones y
traducciones de Horacio.
Nace en Córdoba en 1561. La familia paterna era de la nobleza urbana de provincias. La rama
materna se halla ligada a la Iglesia por intereses económicos. La juventud de Góngora
transcurre en ese ambiente próspero de medio provinciano con influencia en la vida local. Se
decide que herede las rentas eclesiásticas y toma órdenes menores. Todo parece indicar que
su vocación religiosa es inexistente y que se trata de un modus vivendi.
La situación económica es precaria, con deudas continuas. Busca el favor de Olivares, que
nunca consigue con claridad. En 1626 cae enfermo y vuelve a Córdoba, donde muere al año
siguiente.
Su vida sigue la misma curva descendente que el conjunto de la monarquía española del
periodo. Góngora es una persona inestable, con necesidad de protagonismo, escindido entre
lo sublime y lo chocarrero. Lope y Quevedo fueron sus enemigos más importantes.
Góngora no vio en vida impresas sus poesías. Sus poemas se leían manuscritos. A partir de su
muerte van surgiendo ediciones. El problema de la edición definitiva de las obras de Góngora
no está todavía resuelto.
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El conjunto de la obra de Góngora comprende cerca de unas 400 de composiciones: romances,
letrillas, poesías de arte menor, de arte mayor y sonetos.
Sus poemas destacan por su oscuridad. Parece ser que Góngora tuvo una etapa inicial que
respondería a una poesía clara, más popular, compuesta de romances y letrillas de fácil
entendimiento, y una segunda etapa de poemas oscuros, ininteligibles. Sin embargo, no hay un
límite definido entre ambas etapas. Habría, en cambio, dos Góngoras en otro sentido: en el del
contraste entre la fuga de la realidad hacia una idealización estetizante, y la inclinación hacia
los aspectos y pinturas infrarreales. Tampoco esta distinción tiene mucha solidez.
La elaboración excesiva del lenguaje comienza en el mismo plano fonético, explorando los
recursos musicales del lenguaje. Los fenómenos aliterativos son esenciales. Otro aspecto es la
implantación de los vocablos peregrinos y extravagantes tomados del latín o del italiano, los
cultismos. Y ya habían sido usados por los poetas anteriores, pero con menor intuición poética,
rara vez atravesando los límites de la literatura. Los gongorinos han sido aceptados por la
lengua común.
Las imágenes y metáforas son muy variadas. La poesía de Góngora es poesía sensorial, que
observa y comunica el mundo y los objetos, con sus colores, sonidos y brillos.
Romances
Dentro del auge del romancero nuevo, Góngora cultiva los romances moriscos, pastoriles,
históricos, burlescos y líricos.
El romancero morisco de Góngora idealiza la figura del moro, presentado como caballero
galante y valeroso. Más realistas podrían considerarse los romances de piratas o de cautivos.
Romances más propiamente moriscos son otros en que se muestra más cercano a los rasgos
definitorios del género: historia de amor contrariado, retrato del protagonista, colorido
vestuario, recuerdo de combates y cautivos, léxico significativo del tema…
Los romances jocosos o burlescos incluyen ejemplares paródicos de los mismos géneros que
cultiva en serio, como los romances dedicados a Hero y Leandro y Píramo y Tisbe.
Letrillas
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Compuso letrillas satíricas, burlescas, sacras, amorosas y líricas. De todas son dominantes las
satíricas y burlescas, que toman a menudo la forma de sátira de estados y oficios, unificados
por un estribillo irónico. En estas piezas se trasluce inconformismo y denuncia de los males de
la corte.
SONETOS
Dentro de los sonetos encontramos algunos de tipo amoroso, centrados en torno a la figura de
la dama como ejemplar de belleza sobrehumana y lejana. La descripción femenina entra en los
cánones renacentistas, entre los que se introducen algunas precisiones. Los elementos
suntuarios, la luz, los colores…, sirven a la expresión de este código amoroso, que a veces
reelabora tópicos como el carpe diem.
El tema del Polifemo procede de las Metamorfosis de Ovidio. El monstruo está enamorado de
Galatea, y mata a su rival, Acis, que es amado por Galatea. Galatea convierte a su amado en
río. Nos encontramos así con el contraste entre la fealdad de Polifemo y la belleza de Galatea.
El contraste es el recurso fundamental en la obra.
Nos encontramos con todos los recursos del Góngora culto: hipérbaton, sintaxis compleja,
incisos, aposiciones, construcciones absolutas… El léxico busca la sonoridad y el color, tanto el
brillante como el oscuro. Está escrito en octavas.
LAS SOLEDADES
Las Soledades, que se presentan en principio como poesía bucólica, lírica, carecen de la
claridad de este tipo de poesía, y tienen un estilo más propio de la poesía épica.
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poéticamente una realidad mediocre añadiéndole toda clase de evocaciones espléndidas pero
exteriores, sino que es esa misma realidad donde encuentra su emoción estética.
OTROS POEMAS
Otro de los grandes poemas es el panegírico al duque de Lerma. Es obra cortesana, inacabada
a la caída del privado.
La poesía de Góngora produjo una vasta serie de influencias. Dentro de esa influencia
aparecen unos nombres principales, seguidores decididos de la nueva poesía, y otros en los
que la condición culta distinta de la gongorina estricta se concilia con la influencia clara del
cordobés.
Una tercera categoría la componen aquellos ingenios que, aplicando los recursos gongorinos,
se centran sobre todo en la poesía burlesca, lo que les permite la auto-ironía y la broma sobre
los propios mecanismos expresivos del culteranismo.
En vida solo vieron la luz media docena de sus poesías. Las Obras se editaron póstumas en
1629. Después se han ido publicando sus sátiras. Las Obras son el corpus fundamental. Su
poesía se ha clasificado en:
Poesía amorosa: Los poemas amorosos de juventud son bastante pobres, de influencia
petrarquista. Esta influencia seguirá en la poesía amorosa de madurez. Lo
característico del poemario amoroso es la tensión dolorosa que provoca la aspiración a
un amor imposible. La técnica de la antítesis y juegos de contrarios llega al extremo.
Los de tema amoroso de signo gongorino muestran mayor adaptación a moldes
tópicos.
Fábulas mitológicas: Fábula de Faetón. La fuente argumental son las Metamorfosis
ovidianas, que amplía desmesuradamente. Destaca la presencia del tema de la honra.
El sentido último del mito es un aviso de prudencia.
Poesía moral de desengaño: El cancionero del desengaño se compone de sonetos,
poemas en metro castellano y un poema largo, el único de tema no mitológico del
conde. Hay una posición cercana al beatus ille y un senequismo a ultranza. Con la lucha
entre ira y pasión por un lado y desengaño y sabiduría por otro tiende al abandono del
gongorismo para ligarse al horacianismo. Predomina la resignación, los juicios
amargos.
Poesía satírica: La sátira del conde es sátira política, se coloca en el entramado de las
rencillas políticas de la corte. Lo que caracteriza al conde es el ceñimiento a la
dimensión personal, con nombres y apellidos. Rasgo estilístico definido es el
conceptismo burlesco basado en todo tipo de juegos mentales y verbales.
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La temática de los poemas de influjo gongorino pertenece al ámbito cortesano de los elogios,
lamentaciones funerales y otras poesías de circunstancias. Subgénero importante es el de los
sonetos sacros, entre los que destacan los dedicados a la canonización de diversos santos,
culturizados con abundante material mitológico.
En sus Rimas, expone su perspectiva poética, que comenta también en otros lugares, como en
el Discurso poético. Escribe poesía de circunstancias, poesía moral, composiciones de tipo
amatorio, poemas satíricos. Arremetió en dura polémica contra Góngora.
El Orfeo es la obra que lo instala en la estética gongorina y marinista, con aire culterano. Narra
aquí los sucesos recogidos en la fábula ovidiana. Los episodios del mito se prestan a
numerosos pasajes descriptivos.
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crueldad de la amada. Los romances pastoriles presentan el mundo tópico en que los
pastores son máscaras poéticas de galanes cortesanos en el ámbito idealizado de la
pastoral. La poesía moral consigue dar un tono más personal, en la preocupación por
la arbitrariedad de la muerte y el deseo de hallar un significado a la fragilidad humana.
También destinó poemas a celebrar sucesos circunstanciales y académicos.
OTROS POETAS
El romance lo cultivó desde sus primeros poemas hasta La Dorotea. En los romances de
juventud poetiza episodios de sus amores con Elena Osorio e Isabel de Urbina. Aparecieron en
las Flores de poetas ilustres de Pedro de Espinosa, en las dos partes del Romancero General, de
1600 y 1604. Adoptan la ficción pastoril y la morisca. La creación lopiana se mueve
esencialmente en los terrenos de la ficción poetizada, con el colorido, los juegos de antítesis, la
riqueza de descripciones, idealización, plasticidad visual y ritmo musical, que hicieron que
algunas piezas vivieran en forma de literatura tradicional.
El romancero morisco presenta al amante desdeñado y vencido. Otros versos versan sobre el
destierro, las despedidas y la separación.
Los romances de madurez desarrollan nuevas vías: religiosa, filosófica y elegíaca. La reflexión
vital alcanza resonancias de más hondura espiritual, reflejo de las sucesivas crisis en la vida del
poeta. En el Romancero espiritual se releva la necesidad de asirse a valores más trascendentes.
Algunos romances de este Romancero espiritual estaban ya publicados en las Rimas sacras y
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en Los pastores de Belén. Los temas principales son la confesión y la Pasión de Cristo,
insistiendo en los rasgos crueles y patéticos.
En La Dorotea se puede hallar un muestrario de romances diversos, así como en sus obras
dramáticas.
LAS RIMAS
Los sonetos son la parte nuclear del libro y pertenecen a la tradición petrarquista. En ellos
desarrolla una historia amorosa con múltiples matices sentimentales. Desgrana Lope episodios
de alta emoción, y se traslucen connotaciones eróticas de gran intensidad en algunos poemas.
A l lado del predominante tema amoroso hay otras variedades: sonetos mitológicos, de tema
histórico y bíblico, morales de desengaño, de circunstancias, referencias a personajes reales…
En 1612, Lope sufre una crisis espiritual que lo lleva a ingresar en una orden religiosa, y publica
cuatro poemas en un libro titulado Cuatro soliloquios, expresión de una religiosidad emotiva,
que se debate entre sentimientos de culpa y de arrepentimiento. También aparecen Los
pastores de Belén, con numerosos poemas navideños.
En 1614 se ordena sacerdote y aparecen las Rimas sacras, recopilación de la poesía religiosa
escrita en los años anteriores. Recoge aquí muchas composiciones dedicadas a santos y a
fiestas de circunstancias, y algunos sonetos muy notables, que adoptando las formas de la
poesía profana, expresan una religiosidad de gran emoción.
LA FILOMENA Y LA CIRCE
En 1624 publica La Circe con otras rimas y prosas. La influencia gongorina se manifiesta en
episodios concretos y en el preciosismo culterano de la generalidad del poema.
LOS SONETOS
Los sonetos los inserta en sus piezas dramáticas, desde sonetos que resultan claves en el
contexto hasta otros que semejan adornos circunstanciales.
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POESÍA ÉPICA
En sus poemas épico-narrativos intenta imitar a los grandes poetas épicos del Renacimiento y
a los italianos, como Ariosto.
La melancolía de los años finales, con las tragedias familiares, el sentimiento de culpa por sus
amores y las crisis religiosas y de conciencia, hace desembocar a Lope en una poesía de hondo
valor emocional, con una actitud de repaso vital y reflexión al borde de la despedida.
Escribe entonces La Dorotea (1632), obra de conjunto en la que se incluyen diversos poemas,
con una serenidad emocional y una melancolía resignada, junto a la finura formal.
También forman parte de la poesía de vejez las Rimas humanas y divinas del Licenciado Tomé
de Burguillos, ya de 1634. Contiene sonetos, una canción épico-burlesca (La gatomaquia),
cinco composiciones a varios temas, dos églogas pastoriles, un villancico, cuatro poemas al
Niño de la cruz y tres romances. Conjunto complejo en el que se percibe crítica, autocrítica,
desengaño y humor.
La parte central son los sonetos satírico-burlescos, a menudo parodias de tópicos líricos.
Jugando al seudónimo con el nombre de Burguillos, hace aquí Lope poesía humorística, y en su
parodia de convenciones líricas destaca la escritura de un cancionero petrarquista a una
plebeya.
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Muchos de los libros publicados por Lope contienen poesías, tanto en forma de colecciones
como insertos en obras misceláneas y teatrales. Destacan La Vega del Parnaso, El laurel de
Apolo, La Arcadia, Triunfos divinos…
EL CONDE DE SALINAS: Nació en 1564 y murió en 1630. Su obra actúa como puente
entre la poesía de mediados del siglo XVI y la de principios del XVII. Los poemas
amorosos muestran una entonación neoplatónica. No tiene muchos poemas de tema
religioso. Escribió también poemas de tipo tradicional, glosas o redondillas.
PEDRO LIÑÁN DE RIAZA: Nació en torno a 1558 y muere en 1607. Su poesía recorre
distintas facetas: poesía oficial, sentenciosa, satírico-burlesca, costumbrista y
romances. Es autor del soneto “La condición humana”, del “Loor de las fregonas”…
ANTONIO ENRÍQUEZ GÓMEZ: Escribió poesía, que reunió en Academias morales de las
musas, volumen misceláneo, en el que también publica cuatro comedias. Sus poemas
son predominantemente de tipo moral.
FRANCISCO LÓPEZ DE ZÁRATE: Nace hacia 1580. Reunió sus obras en Poesías varias y
Obras varias. Se observan dos etapas en su producción: a la primera pertenecen los
poemas de juventud, generalmente de tipo bucólico, de petrarquismo amoroso, con
alguna fabula mitológica y un poema descriptivo, además de poesías circunstanciales,
heroicas, académicas y religiosas. En la segunda continúan estas modalidades y
predominan el desengaño, los temas morales y la desaparición de las composiciones
amorosas y bucólicas.
JOSÉ DE VALDIVIELSO: Escribió un corpus de poesía religiosa. Publica su Romancero
espiritual. Se hicieron también famosos sus autos sacramentales. Otras obras son la
Vida de San José, Sagrario de Toledo...
FRANCISCO DE BORJA Y ARAGÓN, PRÍNCIPE DE ESQUILACHE: Nace en 1580 y muere en
1658. Se subraya la claridad de sus obras y el rechazo a la poesía oscura de los nuevos
poetas. Entre sus obras hay que citar Nápoles recuperada por el rey Don Alfonso,
poema heroico, Los tres tabernáculos y soliloquios del alma y las Obras en verso.
Practica la poesía de signo renacentista. Intenta los sonetos amorosos y otros temas
variados, como poemas de circunstancias, morales, amatorias, mitológicas…
Pedro de Medina Medinilla: Égloga en la muerte de doña Isabel de Urbina.
Baltasar Elisio de Medinilla: Descripción de Buenavista.
El Conde de Rebolledo: (1597-1676). Dejó escritas numerosas obras de variada índole,
como Discurso de la Hermosura y del Amor o Selva militar y política. Se subraya, a
pesar de la tendencia al estilo llano de la escuela lopesca, la influencia gongorina.
Alonso de Ledesma: nace en 1562 y muere en 1663. Es poeta conceptista pero falto de
coherencia en sus agudezas. La mayor parte de sus composiciones son de tipo religioso
y moral. Su obra más conocida es Conceptos espirituales.
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TEMA 9.- LA POESÍA IV: QUEVEDO. OTRAS MODALIDADES
POÉTICAS
EDICIONES Y TRANSMISIÓN DE SU OBRA
ESTILO LITERARIO
La poesía de Quevedo expresa unas preocupaciones y actitudes que son universales, pero no
deja tampoco de ser universal en otra medida la transmisión de una experiencia cultural, la del
poeta, que se comunica con sus lectores mediante la manipulación de un lenguaje en el que se
encuentra fijada la vida de una sociedad en un momento específico de su historia.
El prestigio de los modelos encauzaba la creación. Ciertos contenidos solo podían ser
expresados con un lenguaje literario determinado y dentro del ámbito de géneros específicos.
La voz de Quevedo se va a adaptar así a los cánones dictados para cada género.
Quevedo, que criticó sarcásticamente el léxico afectado de los cultos en diversos escritos,
gongoriza con cultismos e hipérbatos en su poesía. Lo que domina en Quevedo es sin embargo
el lenguaje poético conceptista.
Imitar modelos consagrados artísticamente era práctica corriente en el Siglo de Oro. En los
textos de Quevedo esto se convierte en ejercicio fascinante, porque el crear a partir de un
modelo se ensambla con su crear a partir del lenguaje, rasgo característico de su poesía y
prosa. Muchas veces Quevedo concebía fragmentariamente y sus obras eran el resultado de
ensartar piezas sueltas, llevando a cabo un ejercicio de amplificatio, combinado esto con el
trabajo de la imitación en la unidad más o menos cerrada de un poema.
CLASIFICACIÓN DE SU OBRA
Los poemas que continúan la tradición petrarquista y recrean motivos y tópicos del
discurso amoroso renacentista.
Los poemas que rehacen motivos y tópicos de raigambre ética, comunes al discurso
religioso cristiano y a las corrientes neo-estoicas de la filosofía moral en el
Renacimiento.
Los poemas que recrean figuras y situaciones más características del discurso satírico.
POEMAS AMOROSOS
En los poemas amorosos, Quevedo se mueve dentro del código amoroso vigente. La misoginia
estará en la sátira, pero no en los poemas amorosos.
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La poesía amorosa de Quevedo se inserta en la tradición del Cancionero de Petrarca. Quevedo
revitaliza sus motivos y códigos de manera personal. El marco semántico central de esta lírica
amorosa parece de raigambre neo-platónica, pues el neo-platonismo acogió elementos de la
poesía cortés y del petrarquismo.
Quevedo imita activamente la poesía de Petrarca. Además de una serie de poemas dirigidos a
figuras femeninas diversas, Quevedo compuso un breve cancionero dedicado a Lisi, en el que
se recrea la ficción de una pasión mantenida a lo largo de muchos años. En este corpus el
amante expresa su amor intelectual-platónico.
La poesía moral y la satírica de Quevedo son especies complementarias en su relación con los
contextos filosóficos y religiosos de la época. Su propósito es corregir las costumbres del
hombre. Por ello se auto-definen como respuesta a circunstancias o conductas de individuos
particulares, y a veces los límites entre las dos modalidades se estrechan. Las diferencias se
dan en el estilo. La poesía moral debía escribirse en estilo grave, tono admonitorio y falta de lo
cómico. El discurso satírico permitía el uso del estilo humilde y recursos de comicidad.
Se incluyen en la poesía moral aquellos poemas que, despojados de una actitud propiamente
crítica, reflexionan sobre el sentido de la existencia humana. Se señala la influencia de las ideas
neo-estoicas en la obra doctrinal de Quevedo. La renovación de estas ideas en el Renacimiento
había contribuido al establecimiento de una ética secular, que combinaba principios
doctrinales clásicos y cristianos.
Una pieza clave en este campo de la poesía moral es la Epístola satírica y censoria, dirigida a
Olivares, a quien le expresa la confianza en su poder regenerador. En la vertiente propiamente
religiosa destaca el Heráclito cristiano, que viene a ser una especie de cancionero religioso o
libro de oraciones poéticas donde el poeta canta sus arrepentimientos.
Las marcas del estilo satírico son la presencia de palabras y expresiones idiomáticas de la
lengua coloquial y vulgar y la producción de burlas o humor. El discurso satírico de Quevedo se
caracteriza por los mismos mecanismos de producción de conceptos. El concepto se construye
sobre juegos de palabras o metáforas. El propósito es producir risa. La fórmula más frecuente
es desarrollar una serie de ingeniosas relaciones para degradar al objeto descrito.
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En esta poesía se dan todas las variedades de la parodia: de versos aislados de autores
contemporáneos, de versos del romancero… La parodia es arma satírica para la denuncia de la
nueva poesía, que Quevedo atacó. Entra en el campo de la parodia la reducción cómica de
fábulas, el subgénero amoroso y temas mitológicos.
OTROS POEMAS
POESÍA ÉPICA
POESÍA JOCOSA
Una importante masa de la poesía del XVII está formada por composiciones jocosas, en la línea
del conceptismo burlesco, muchas de ellas escritas para ser leídas en reuniones de Academia y
recogidas luego en distintos volúmenes o libros misceláneos.
Algunos nombres significativos (que no cimas de la poesía barroca como Quevedo o Góngora)
en este panorama son:
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composiciones aparecen tópicos, personajes y temas habituales en la literatura jocosa
del XVII, como la mitología, supersticiones, judíos…
Jacinto Alonso Maluenda: de él solo conocemos tres libros jocosos, entre ellos La
cosquilla del gusto. Se centra sobre todo en el motivo de la mujer pedigüeña y su
rapacidad, aunque también aparecen las figuras ridículas. La influencia quevediana es
muy acusada.
Francisco Bernardo de Quirós: incluye en su libro Obras… y aventuras de don Fruela
algunas poesías jocosas. El poema más interesante es la parodia del Polifemo y
Galatea gongorino.
Jerónimo de Cáncer: se mueve entre los polos de la influencia de Góngora y Quevedo.
Escribió jácaras y parodias mitológicas, como las fábulas burlescas de Atalanta, Ío y
Júpiter, además de letrillas y décimas satíricas.
POESÍA ERÓTICA
Esta poesía tuvo su mayor abundancia entre 1580 y 1620, descendiendo a partir de este
momento.
Un sector de la poesía erótica responde a las formas métricas cultas. En otras ocasiones, se
vierte en las formas de arte menor con aire popular. Hay poemas amorosos, obscenos, burlas
picantes, el tema del sueño erótico… En el terreno temático hay poesías de galanes, donde se
observa la actitud de la mujer ante el amor, otras que tratan de la fuerza del deseo, los gustos
del amor…
A diferencia de países como Francia y sobre todo Italia, donde las escritoras fueron un
fenómeno culturalmente conocido y tolerado en el siglo XVI, en España resultaba una rareza
exótica.
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LA NORMALIZACIÓN DE LA ESCRITURA FEMENINA
Muchas de las autoras solo escribieron un breve poema, pero, a diferencia de lo que sucedía
antes ese poema ahora se imprimía, podía darse a la luz pública; y este proceso no se limitaba
a algunas mujeres escogidas, sino que era capaz de integrar a muchas.
Las celebraciones públicas del Siglo de Oro se solían componer de muchos actos. La mayoría
estaban relacionados con la religión, pero también los había de carácter más lúdico, como eran
los certámenes o justas poéticas. Consistían en hacer una convocatoria pública a los escritores
para que presentaran a concurso un poema que cumpliera con los requisitos que en tema y
formas métricas se establecían de antemano. El ámbito del certamen era siempre oral. Sin
embargo, lo más habitual era que una vez celebrado, todo el festejo se recogiera por escrito.
No siempre se publicaba todo y a veces el certamen podía ser suprimido. En todo caso, entre
estos poemas son muchos los que se deben a una mano femenina.
Las primeras justas fueron celebradas en Sevilla entre 1531 y 1534 y su número se incrementa
paulatinamente a lo largo del siglo XVI. La primera mujer es una monja en una justa de
Barcelona, en 1601. A partir de entonces y hasta 1650, más o menos, la presencia de mujeres
poetas es casi constante y en aumento. A partir de 1650 irán desapareciendo de las justas
poéticas.
Durante el siglo XVI y los primeros decenios del XVII lo normal es que las mujeres pidan
disculpas por su estilo, justifiquen su audacia y expliquen las razones que las han llevado a
escribir, siempre dentro de una moralidad intachable y por una buena causa.
Mª de Zayas fue una mujer que había nacido en torno a 1590, que convivió desde su infancia
con una tradición de escritura femenina. Ahora bien, el asunto no estuvo exento de tensiones,
porque las críticas no desaparecieron y, de hecho, los años en que la escritoras son más
visibles es cuando surge el mote quevediano de la “culta latiniparla” o cuando aparece en la
comedia el personaje de la mujer sabia o pedante.
En torno a 1600 publican obras devotas o morales consideradas más propias de mujeres; a
partir de los años veinte y treinta los géneros se amplían y ya hay teatro, novelas o tratados
educativos. Algunas presentan sus creaciones en competencia directa con las obras escritas
por hombres, con las que se codean en igualdad de condiciones.
Escritoras nacidas antes de 1580, cuya obra se publica entre 1600 y 1610.
Nacidas entre 1590 y 1605 aproximadamente. Se trata de la promoción que
representa en toda su amplitud a las escritoras del Siglo de Oro, sus obras comienza a
aparecer a partir de los años 30.
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Nacidas en torno al decenio 1620-30, publican sus obras después de 1650.
Nacidas a partir de 1650, sus obras se difunden en el último cuarto. Son pocas autoras
y muestran que la escritura femenina ha perdido impulso, no existe un relevo en la
literatura profana y los temas son casi exclusivamente religiosos.
La paulatina apropiación del derecho a escribir y a publicar que se venía produciendo eclosiona
en este momento. Las autoras no escriben para sí mismas ni para un círculo reducido, sino
porque lo desean.
Desde el punto de vista literario, la equiparación autorial con los hombres se manifiesta en
varios aspectos. Los tópicos de la justificación en los preliminares a sus obras aunque siguen
aludiendo a la propia condición femenina, no están ligados exclusivamente a ese hecho. Con
esta seguridad son capaces de abordar una significativa variedad de géneros, sin coartadas
morales. Si bien es cierto que no introducen modificaciones en las estructuras genéricas, sí lo
hacen en los temas.
Las poetas Leonor de la Cueva, Violante do Céo y Marcia Belisarda introducen la posición
femenina del emisor de una forma evidente y retratan sus sentimientos amorosos; Luisa María
de Padilla, aun sin romper con la ideología conservadora propia de la tratadística, en sus
consejos de comportamiento para la aristocracia concede a las mujeres un espacio propio de
gobierno y exige para ellas el respeto de sus maridos. Donde más claramente se advierten los
puntos de vista femeninos es en la ficción, a fin de convertir sus obras en un vehículo de
expresión de sus aspiraciones de género.
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En cuanto a sus obras, siguen planteando los mismos temas que preocupaban a las mujeres y
los tratan desde su punto de vista, ya sea en la ficción, en la tratadística o en la poesía.
En todo caso, son cinco las autoras de este grupo, de las que solo tres dan sus obras a la
imprenta: Juana Josefa de Meneses, sor Juana Inés de la Cruz y Mariana Sallent. Mientras que
el genio literario de sor Juana Inés se atrevió con todos los géneros, Sallent solo es autora de
una biografía de Santa Clara en verso y Meneses, Condesa de Ericeira, solo publicó en vida un
poema en octavas en torno a los tópicos barrocos del desengaño, no obstante parece que
escribió otras obras, hoy perdidas. El verso narrativo y el tema religioso de lectura sencilla son
las notas dominantes de este tiempo de ocaso.
A pesar de ser mucho más abundante y leída en su tiempo la literatura religiosa, nos
limitaremos a la literatura profana. En general se puede constatar que no hay escritoras que
inventen nuevos géneros o formas escribir. Lo más frecuente son escritoras que utilizan los
moldes genéricos conocidos, pero modulan sus convenciones en lo relativo a los temas para
disentir o matizar el mensaje masculino. Sus obras respetan las convenciones del género, pero
proponen una visión de los mismos acordes con un punto de vista femenino y su visión del
mundo.
LA POESÍA
La poesía amorosa fue el subgénero que más dificultades planteó a las mujeres, ya que exigía
reacomodar los tópicos del discurso masculino. Sin duda se trataba de un territorio cuyo
discurso era de difícil adquisición, entre otras cosas porque la exhibición de sentimientos en la
dama podía resultar deshonroso al identificar la voz emisora de la poeta con el sujeto real de la
emisión.
Una de sus vías se hallaba en la égloga, y la prolongación parcial de su universo en los libros de
pastores supuso un modelo para la participación de las mujeres en el diálogo amoroso, pues
las protagonistas reales de estas obras son las mujeres, que encuentran su expresión al
proyectarse el poeta en la voz femenina.
Así, mientras que en los años finales del XVI y principios del siglo siguiente predominan las
poetas religiosas, poco tiempo después se dan la mano lo social y lo literario posibilitando la
aparición de poesía amorosa escrita por mujeres: María de Zayas, Leonor de la Cueva, Violante
do Ceo, Marcia Belisarda y Catalina Clara Ramírez de Guzmán.
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Aunque muchas de las autoras tiene poemas en que acusan a los hombres, se quejan o les
afean sus faltas, fue Catalina Clara Ramírez de Guzmán quien se dedicó con especial gusto y
atención a la poesía satírica.
LA PROSA
Luisa María de Padilla, Condesa de Aranda, es un caso excepcional, porque compuso cuatro
tratados dedicados a la educación de los nobles y a la reforma de sus costumbres y uno sobre
la castidad. En cierto modo podríamos considerar que sus obras son una proyección ampliada
de la función social de las mujeres educadas: la transmisión de esos conocimientos a sus hijos.
El destinatario se ha ampliado más allá de los muros de su casa, pero la funcionalidad última se
mantiene.
La novela cortesana fue un género extremadamente comercial. Fueron tres las escritoras que
cultivaran el género en su vertiente profana: M.ª de Zayas, Mariana de Carvajal y Leonor de
Meneses.
María de Zayas fue una escritora que podríamos llamar “de oficio”, relacionada con los círculos
literarios de Madrid en los años veinte y treinta, en los que tiene un reconocido prestigio. La
característica más sobresaliente de sus obras narrativas es que en ellas el marco no es un mero
recurso para dar pie a los relatos, sino que tiene su propia trama narrativa y las novelas se
subordinan a esta trama, apoyándola o ejemplificándola. Es asimismo muy relevante el papel
que asumen las mujeres. En ocasiones, Zayas, en particular en los prejuicios de clase, se
muestra muy conservadora.
EL TEATRO
Nos han llegado pocas obras dramáticas de autoría femenina, pero en la mayoría los casos no
sabemos si fueron representadas o si fueron escritas con intención inmediata de situarlas en el
circuito comercial. Solo en el caso de la sevillana Ana Caro existe documentación que atestigua
que cobró por escribir piezas de encargo y otras que fueron representadas.
La mayor parte de las obras son comedias: El conde Partinuplés de Ana Caro es de tipo
caballeresco, La firmeza en el ausencia de Leonor de la Cueva es una comedia sobre el tema
del honor y La traición en la amistad de María de Zayas o Valor agravio y mujer de Ana Caro
son comedias de tipo urbano.
Estas obras revelan una voluntad por parte de sus autoras de convertirlas en vehículos de
expresión de sus opiniones sobre determinados temas que afectaban a la mujer, respetando
las convenciones del género.
La mayor parte de las veces, como era tópico en la comedia, la conclusión es el matrimonio.
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Al situarse en los años finales del siglo XVII, se observa que la efervescencia creadora de la
generación de María de Zayas no llegó a crear una auténtica tradición de escritura femenina.
En las galerías de mujeres ilustres de la primera mitad del siglo XVIII, cuando se trata de las
mujeres sabias, volveremos a encontrar casi los mismos nombres anquilosados que había
consagrado la tradición del siglo XVI, aureolados por su condición de excepcionales.
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