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Nociones Acerca de La Ciudadania y Nacionalidad

Monografía ciudadania y nacionalidad

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FREDY A. DUARTE
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DESARROLLO

Conceptos de ciudadanía.
En la idea griega de CIUDADANÍA, tal y como la expresó Aristóteles, los
ciudadanos tenían el derecho a participar en las funciones legislativas y
judiciales de su comunidad política. O sea, el término CIUDADANO no designaba
meramente al que residía en una ciudad, sino a un miembro libre del Estado con
capacidad de gobierno, al igual que el vocablo latino Civitas (del que procede la
palabra ciudad) que tampoco se refería tan sólo a un municipio local, sino al
Estado en su conjunto.

La primera democracia existió hace 2.500 años en Atenas, la ciudad más


próspera de la antigua Grecia; pero en ella solo podían votar los hombres ricos,
es decir, no votaban ni las mujeres, ni los pobres, ni los esclavos.

Hace tan solo 300 años que la democracia empezó a extenderse por el mundo.
Primero llegó a Inglaterra; después, a Francia y a Estados Unidos de América, y
posteriormente a los demás países. En América Latina la democracia empezó a
llegar en el siglo XIX, cuando los países se independizaron de sus colonizadores

Lo contrario de una democracia es la Dictadura, que consiste en que una


persona gobierna un país —a su antojo - sin haber sido elegida entre todos—o
que se mantiene por la fuerza-; es decir, llega al poder por la fuerza y se
mantiene por la fuerza, por el fraude; y MANDA DE ACUERDO A SU VOLUNTAD,
no le importa la ley ni lo que dice la mayoría ni la minoría, sino, solo lo que el
piensa o cree que está bien o que hay que cumplir (Tiranía).

Así tenemos que CIUDADANIA puede existir solo en una democracia”, pues la
dictadura y otros regímenes autoritarios y absolutistas no admiten la
participación de los ciudadanos.

LA “CIUDADANÍA” ES LA CAPACIDAD POLÍTICA QUE ADQUIERE LA PERSONA


NACIDA EN UN ESTADO CUANDO HA CUMPLIDO LA EDAD FIJADA POR LA LEY, (Y
LOS NATURALIZADOS QUE TAMBIÉN HAYAN CUMPLIDO ESA EDAD Y ADEMÁS
HAYA TRANSCURRIDO UN TIEMPO DETERMINADO DE HABER OBTENIDO LA
NATURALIZACIÓN) DE INTERVENIR EN LOS ASUNTOS DEL ESTADO.
Recordemos que un país desde el punto de vista político vive en democracia
cuando todas las personas mayores de edad —o legalmente habilitados por la
ley- pueden decidir quién los gobernará (Presidente, Primer Ministro, Canciller) y
quién representará sus ideas e intereses en el Parlamento (Diputados,
Senadores...).

EN LA DEMOCRACIA EL GOBIERNO SE ORIGINA EN EL PUEBLO y RESIDE


EN EL PUEBLO.

A esos representantes generalmente llamamos “políticos”, estos a su vez se


organizan en diferentes “partidos políticos”. Los elegimos para que gestionen los
asuntos públicos, pues, recordemos que “la política está para solucionar los
problemas comunes de la sociedad’. Por ello se dice que “gobiernan en nombre
del pueblo”.

También recordemos que como sería imposible poner de acuerdo a varios


millones de personas sobre temas tan variados como la redacción de una ley o la
decisión de cuántos hospitales hay que construir en un país, que calle asfaltar,
etc., “votamos a unos representantes” quienes se encargan de hacerlo por
nosotros, o al menos “en nombre de la mayoría” deciden que hacer en el país o
ciudad.

Teóricamente “los electos deben cumplir sus promesas electorales”; si no lo


hacen, podemos cambiarlos por otros en las siguientes elecciones: Éste es el
mecanismo fundamental de la democracia representativa.

Para elegir a los representantes se convocan elecciones.

Hay de diferentes tipos: Generales (para elegir al presidente de un país,


parlamentarios...), Municipales (para elegir alcalde o intendente), o
regionales/departamentales (para elegir gobernador...).

La convocatoria lo realiza una autoridad del estado, en el caso de Paraguay el


TRIBUNAL SUPERIOR DE JUSTICIA ELECTORAL, (TSJE).

Las personas que acuden a votar se llaman votantes o electores, y también se


utiliza el término ciudadanos para nombrarlos. Aunque la palabra ciudadanía se
aplica, de forma general, a la gente que vive en la ciudad, tiene, además, un
significado muy concreto que se refiere a que todos, como personas, tenemos
derechos y deberes por el solo hecho de vivir en un Estado democrático de ser
partícipe en los asuntos del estado (de constituir gobiernos y de tomar decisión).

Nadie nos puede quitar estos derechos, porque están amparados por la
Constitución; esta es la garantía fundamental de la democracia.

En síntesis, podemos decir que CIUDADANIA ES PARTICIPACIÓN DEL PUEBLO EN


LOS ASUNTOS DEL ESTADO.

El concepto de ciudadanía apareció en la primera Constitución liberal española


de 1812 y se extendió por toda la América española, pero es una “invención” de
los griegos, como nos rememora Fernando Savater.

“Los pioneros atenienses nunca sostuvieron que todos los seres humanos tienen
derechos políticos iguales: Lo que inventaron y establecieron es que todos los
ciudadanos atenienses tenían derechos políticos iguales. Y sabían que no todo el
mundo era ciudadano ateniense: Había que ser varón, de cierta edad, no
esclavo, nacido en la polis, entre otros.

Pero todos los que reunían esos requisitos eran políticamente iguales. Sin
embargo, el cambio de mentalidad ya fue bastante revolucionario (derechos
políticos del ciudadano), para lo que entonces había en otras organizaciones
políticas o culturas como en Persia, Egipto, China o en el México de los aztecas.
Lo de que todos los seres humanos somos iguales (al menos ante Dios) vino más
tarde, por influencia de los estoicos, epicúreos, cínicos, cristianos y otras sectas
subversivas”.

“Aun así tuvieron que pasar casi dos mil años para que se aboliera la esclavitud,
para que las mujeres pudiesen votar y ser elegidas para cargos
gubernamentales, para que una asamblea mundial de naciones aprobara una
declaración universal de derechos humanos”.

“Si aquellos viejos griegos no hubiesen dado el primer paso, el decisivo,


probablemente ahora tú no te indignarías ante las desigualdades que
consintieron en su polis... ni ante las que aún se dan entre nosotros, tanto
tiempo después!”. (Fernando Savater en Política para Amador).

Y efectivamente desde aquella determinación de los griegos de hacer elevar a


una categoría —políticos- a los seres humanos que reunían ciertos requisitos, se
han exigido diversos requerimientos para que una persona pueda ser elevado a
la categoría de “ciudadano”: Algunas veces el dinero o la fortuna de la persona,
otras veces, su raza o color de la piel, su sangre, su sexo, su creencia, etc., y hoy
día, en líneas generales “los requisitos” se limitan a la nacionalidad y a la edad
de las personas.

La ciudadanía confiere al “natural” de un país el beneficio de poder ejercer todos


los “derechos políticos”: De ser “elector” y “elegible”, desempeñar funciones
públicas, integrar partidos políticos, etc.

En cuanto a los “naturalizados”, el ejercicio de los “derechos políticos” es


limitado, solamente pueden participar en elecciones “municipales” y no pueden
desempeñar determinadas funciones públicas: Las de Presidente, Senador,
Diputado, Magistrado, Rector de la Universidad, etc.

Así como se “adquiere” la ciudadanía al cumplir cierta edad —como ejemplo a


los 18 años- y otros requisitos, la mayoría de las legislaciones establecen que
ella puede ser “suspendida” o “perderse”.

La “suspensión” priva al ciudadano el ejercicio temporal de sus derechos


políticos.

Causas de suspensión
Art. 153:

1- Por la adaptación de otra nacionalidad, salvo reciprocidad internacional;

2- Por incapacidad declarada en juicio, que impida obrar libremente y con


discernimiento,

3- Cuando la persona se hallara cumpliendo condena judicial, con pena privada


de libertad

Según nuestra Constitución, son ciudadanos:

Art. 152:

1- Toda persona de nacionalidad paraguaya natural, desde los dieciocho años de


edad, y

2- Toda persona de nacionalidad paraguaya por naturalización, después de dos


años de haberla obtenido.
Concepto de la nacionalidad.
Es el vínculo jurídico en virtud del cual una persona es miembro de un Estado.

Ningún ser humano puede dejar de pertenecer a una colectividad, sea por su
origen, sea por su residencia, sea por ambas circunstancias.

Cuando se dice que ciertas personas “carecen de nacionalidad”, se quiere


significar que no pueden comprobar o acreditar el lugar de su nacimiento (jus
soli), ni el de sus padres (jus sanguinis), o porque fue despojado de su
nacionalidad (apátrida).

Todas las personas que han nacido en el mismo Estado tienen la misma
nacionalidad. Por ejemplo, los nacidos en Paraguay o los que llevan muchos años
viviendo ahí tienen la nacionalidad paraguaya, y los que han nacido o llevan
muchos años en Japón, la nacionalidad japonesa.

También podemos decir que son ciudadanos de Paraguay o de Japón.... Aunque


la ciudadanía como hemos referido requiere otros requisitos a más de la
nacionalidad - por ejemplo la edad.

Nacionalidad viene a ser el vínculo jurídico que une a la persona con el estado....
y su adquisición depende de la legislación interna.

En cambio, el concepto de nacionalismo es distinto: Se refiere a una manera de


pensar que defiende una nación o una región por encima de todo, incluso por
encima de las personas.

Los efectos que la nacionalidad tiene en el Derecho Público interno e


internacional, son esenciales para la organización del Estado así como para la
vida de las personas.

De la nacionalidad depende el ejercicio de numerosos “derechos” y el


cumplimiento de distintos “deberes’ confiere derechos políticos, determina la
ciudadanía, habilita para el ejercicio de funciones públicas, impone la obligación
del servicio militar, otorga protección diplomática, etc.

La nacionalidad “de origen” o “adquirida”


Nacionalidad. En la doctrina se sostiene que, cuando decimos, los hombres que
forman una Nación, tienen una nacionalidad común, son nacionales; y la tienen
espontáneamente, a título de miembros que han nacido dentro de ese grupo
social o sociedad.

Tal nacionalidad no depende de lo que la constitución o la ley de cada Estado


establecen, sino de la realidad social. Es la nacionalidad sociológica que se
adquiere espontáneamente sin sujeción a ninguna regulación jurídica.

Sin embargo, la Nacionalidad de las personas está regulada por el derecho


positivo de los Estados, cuando - por ejemplo – la Constitución o las leyes dicen:
“son nacionales los nacidos en el territorio del Estado”.

Al respecto, todos sabemos que el derecho positivo de los Estados adjudica a los
hombres una nacionalidad, y que para eso adopta sistemas distintos y opuestos:
unos otorgan la nacionalidad según el lugar donde se nace (Jus soli); otros según
la nacionalidad de los padres (Jus sanguinis), por lo que resulta fácil comprender
que esta nacionalidad depende del derecho estatal (Constitución y leyes), que se
lo considera artificial o imperativa y no espontánea (No es la nacionalidad
sociológica que se adquiere espontáneamente sin sujeción a ninguna regulación
jurídica).

Por consiguiente, esta nacionalidad, su estudio se encuadra al derecho


constitucional positivo de cada Estado, y no dentro del estudio de la ciencia
política.

Para no confundirse con la nacionalidad a secas; la llamaremos “nacionalidad


política”, y la conceptuaremos como la situación jurídica de un hombre frente al
Estado que le otorga dicha nacionalidad.

En síntesis:

a) la nacionalidad en sentido sociológico, o nacionalidad a secas, es un vínculo


espontáneo que une a un hombre con una nación, y que le hace ser miembro o
parte de ella;

b) la nacionalidad “política” es artificial, depende de lo que el derecho positivo


de cada Estado establece (la Constitución y las leyes), y vincula a un hombre con
un Estado (B. Campos).

La nacionalidad “de origen” es la que el Estado atribuye a toda persona en el


momento de nacer. La nacionalidad “adquirida” es la que toda persona puede
obtener más tarde, ya sea “cambiando” su nacionalidad “de origen” por otra
mediante la “naturalización”, o a consecuencia de modificaciones territoriales de
un Estado.

El sistema del “ius soli”.


Según el cual el lugar de nacimiento confiere la nacionalidad.

Es adoptado por aquellos países que reciben inmigrantes (como son la mayoría
de los países americanos), porque les permite declarar “nacionales” a los hijos
de extranjeros, por el hecho de su nacimiento en el territorio del Estado.
Además, evita situaciones de confusión.

El sistema de “ius sanguini”.


Según el cual el niño tiene la nacionalidad de sus padres cualquiera sea el lugar
de su nacimiento.

El hijo del alemán, francés o italiano nacido en el Paraguay o en el Congo, es


alemán, francés o italiano. Prevalece entre los países europeos cuyos habitantes
“emigran” en gran cantidad, como una forma de seguir vinculado al emigrante
con su país de origen.

El sistema mixto.
El tercer sistema llamado “mixto es una combinación de los dos anteriores, y en
realidad es el que predomina en casi todos los Estados, pues los otros sistemas
no se hallan establecidos en forma “absoluta” y “exclusiva”.

Paraguay adopta el sistema “mixto”, equilibrando el “Jus Soli” con el “Jus


Sanguinis”. Nuestra Constitución de 1992, según lo dispuesto en su Artículo 146
De la nacionalidad natural” señala que: Son de nacionalidad paraguaya natural:

1. las personas nacidas en el territorio de la República;

2. los hijos de madre o padre paraguayo quienes, hallándose uno o ambos al


servicio de la República, nazcan en el extranjero;

3. los hijos de madre o padre paraguayo nacidos en el extranjero, cuando


aquellos se radiquen en la República en forma permanente, y

4. los infantes de padres ignorados, recogidos en el territorio de la República.


La formalización del derecho consagrado en el inciso 3 se efectuará por simple
declaración del interesado, cuando, este sea mayor de dieciocho años.

Si no los hubiese cumplido aún, la declaración de su representante legal tendrá


validez hasta dicha edad, quedando sujeta a ratificación por el interesado.

Normalmente, los países europeos o colonialistas optan por el principio del jus
sanguinis para aumentar sus identidades nacionales en los territorios exteriores
ocupados, en cambio, los países americanos, como producto de la conquista,
prefirieron el jus solis para defender sus identidades nacionales.

Del Artículo Constitucional se deduce que el Paraguay acepta ambos principios


de pertenencia para reconocer la nacionalidad paraguaya natural.

El inciso 1 y el 4 adscriben al jus solis, y el inciso 3 al jus sanguinis.

Con la única diferencia que en los incisos primero y cuarto, la nacionalidad, se


adquiere en forma automática y en el caso del inciso tercero hace falta un
trámite especial ante la Corte Suprema de Justicia.

El inciso 2, es especial, porque le otorga la nacionalidad natural a los hijos de


madre o padre paraguayos hallándose uno o ambos, al servicio de la República,
nacidos en el extranjero, sin necesidad de trámite burocrático alguno ante la
Corte Suprema de Justicia.

Además, nuestra CN establece en su Art. 147: Ningún paraguayo natural será


privado de su nacionalidad pero podrá renunciar voluntariamente a ella.

Art. 150: Los paraguayos naturalizados pierden la nacionalidad en virtud de


ausencia injustificada de la República por más de tres años, declarada
judicialmente, o por la adquisición voluntaria de otra nacionalidad.

La persona que pierde la nacionalidad se convierte en una “apátrida’ individuo


“sin patria”, situación que le puede acarrear serias dificultades: No podrá
obtener pasaporte, generalmente no es admitido en otros países, en la vida civil
no podrá ejercer sus derechos.

Al respecto cabe señalar que el Art. 15 de la Declaración Universal de los


Derechos Humanos (1948) se proclama: “Toda persona tiene derecho a una
nacionalidad’; ahora bien ¿en el caso del “apátrida”, quién la concede?.
La solución parece que no está prevista, pues, solamente se prohíbe, significa
que a la nacionalidad podemos renunciar u optar por otra, pero que El estado no
puede privarnos fuera de esos casos la privación arbitraria, pero al proclamar
que todos tenemos derecho a la nacionalidad.

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