INDICE
- INTRODUCCION
- ANTECEDENTES DE LA REFORMA AGRARIA
- OBJETIVOS PRINCIPALES
- PROBLEMAS DE LA REFORMA AGRARIA
- DESARROLLO RURAL
- CONSECUENCIAS DE LA REFORMA AGRARIA
- CLONCLUSION
Introducción.
La reforma agraria es un proceso social, político y económico que
tiene como objetivo la redistribución de la tierra y la riqueza, con el
fin de mejorar las condiciones de vida de los agricultores y
trabajadores rurales, así como promover el desarrollo económico y
social de las regiones rurales.
Hace cuarenta y nueve años, en 1969, se inició en el Perú una
reforma agraria y fue una de las más radicales de América del Sur,
se inició en 1969 y culminó formalmente en 1991 El 21 de mayo el
gobierno de Fernando Belaunde promulgó la Ley de Reforma
Agraria. Esta Ley venía precedida por movimientos campesinos de
tomas de tierras, particularmente en el valle de La Convención
(Cusco), donde la Junta Militar de 1962 decretó una reforma agraria
que afectó solo a las haciendas de esa provincia. Durante su
campaña Belaunde había prometido una reforma agraria y en
varios departamentos, como Cerro de Pasco, las comunidades
campesinas habían procedido a recuperar tierras que consideraban
que habían sido usurpadas por las haciendas ganaderas. La Ley, sin
embargo, no tuvo un alcance profundo, pues en el Congreso la
oposición aprista y odrista (APRA-UNO) recortó el proyecto de ley
de tal manera que esta no pudo cumplir con sus objetivos de
transformar y democratizar el régimen de propiedad agraria.
ANTECEDENTES DE LA REFORMA AGRARIA
La reforma agraria se origina en la Revolución Francesa, cuando las
tierras de la nobleza y la iglesia fueron confiscadas y vendidas a
campesinos pobres. En el siglo XX, varios países adoptaron políticas
de reforma agraria, especialmente en América Latina, para
combatir la desigualdad social y mejorar la productividad agrícola.
La reforma agraria en América Latina En América Latina, la reforma
agraria comenzó en la década de 1940, como respuesta a la crisis
económica y social causada por la dependencia de la agricultura de
las exportaciones y la falta de oportunidades económicas para la
población rural.
Sin lugar a dudas, una de las medidas más populares tomadas por
el Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada en el Perú, ha sido
la dación de la Ley de Reforma Agraria. Sólo la toma de la
International Petroleum Company, realizada en 1968, podría
competir en popularidad y en el apoyo obtenido en el país, con la
dación de la ley que cambiaba radicalmente la estructura
agraria peruana. En el Perú, por más de dos décadas se había
incrementado paulatinamente, no sólo la discusión sobre reforma
agraria, sino también se había promulgado y discutido una serie de
decretos, leyes y proyectos que en una u otra forma apuntaban a
una reforma del agro 1 . Sin embargo, poco se había materializado
en términos de reparto efectivo de tierras. Durante el gobierno de
Odría, en la década del 40, se promulgó un primer decreto,
declarando que el Estado tenía la capacidad de expropiar las tierras
que no estuvieran trabajadas. Sin embargo, nada se hizo para que
la situación cambiase realmente, aun a este nivel incipiente de
reforma. Fue durante la campaña presidencial para el período
1956-1962 en el que el tema de Reforma Agraria fue uno de los
más mencionados y donde los candidatos necesariamente tenían
que tomar una posición al respecto. La Reforma Agraria Boliviana
jugó un rol importante en este sentido, al ser un proceso que se
llevaba a cabo muy cerca de nuestras fronteras, en una situación
rural muy semejante a la de ciertas regiones de nuestro Ande.
.
OBJETIVOS PRINCIPALES
La redistribución de la tierra: para ayudar a los campesinos que no
tenían acceso a tierras productivas. - La modernización de la
agricultura: para aumentar la productividad y mejorar los ingresos
de los agricultores. - La democratización del acceso a los recursos
naturales: para garantizar que los recursos naturales fueran
utilizados de manera equilibrada y sostenible.
Se buscaba El establecimiento de una agricultura organizada a base
del esfuerzo asociativo de los agricultores. e. La creación de nuevos
mercados a través de una justa distribución del ingreso que
incremente el poder adquisitivo de la población marginada.
En efecto, el proyecto de Velasco pretendía redistribuir la
propiedad de la tierra y, en consecuencia, eliminar los rezagos del
viejo orden colonial y sus subsecuentes formas indirectas de
explotación con el fin de que la tierra sea para quien la trabaje.
PROBLEMAS DE LA REFORMA AGRARIA
La reforma agraria peruana resultó radical en términos de
redistribución de tierras, pero esa no fue una condición suficiente
para lograr el desarrollo rural. La reforma agraria ha dejado de ser
en el Perú un tema de agenda política y social. El fracaso de las
empresas asociativas CAP y SAIS y su posterior parcelación en
unidades familiares consolidaron un campo con abrumadora
mayoría de pequeña agricultura. Sin embargo, el Estado no ha
realizado mayores esfuerzos para que esta sea viable en un
contexto de liberalización de los mercados. Antes bien, las políticas
neoliberales se han orientado a estimular una agricultura que
requiere de inversiones imposibles de lograr no solo por la pequeña
sino también por gran parte de la mediana agricultura, y a orientar
la producción hacia los mercados externos. Ello ha estimulado
también una concentración, todavía moderada, de la propiedad de
la tierra, particularmente en la costa, así como una concentración
de la inversión. Hay un proceso de consolidación de una nueva
polarización, basada en la combinación de tierras y capitales.
Mientras lo anterior sucede básicamente en la costa, una parte
importante del gasto público orientado a las áreas rurales de las
otras regiones selva y sierra tiene por propósito principal aliviar la
pobreza con transferencias antes que contribuir a la
implementación de una estrategia de desarrollo rural, con lo que
ayudaría a consolidar las grandes distancias en el desarrollo
socioeconómico interregional. Buena parte del “problema de la
tierra” en el Perú está hoy referido más a las amenazas a los
derechos sobre los recursos de las poblaciones rurales pobres que a
problemas propiamente redistributivos. Las tierras comunales
están amenazadas por los denuncios de grandes empresas mineras
y por las externalidades ambientales negativas; las de las
poblaciones nativas, por intereses madereros, petroleros y
mineros, pero también por inmigrantes en busca, ellos mismos, de
mejorar su suerte; las de los pequeños agricultores, por las reglas
implacables de un mercado en el que están involucrados en
inferioridad de condiciones. En este contexto, el desarrollo rural es
un objetivo inalcanzable
DESARROLLO RURAL
Establecer la conexión entre la reforma agraria y el desarrollo rural
es una preocupación relativamente reciente. Las reformas agrarias
de la segunda mitad del siglo pasado buscaron, es cierto, una
distribución más equitativa de la tierra, pero respondieron sobre
todo a una estrategia de desarrollo urbano-industrial, en relación
con la cual al sector agrario le correspondía una posición
subordinada, como proveedor de alimentos baratos el principal
bien salario para las ciudades, como generador de divisas (gracias a
la comercialización externa de productos de exportación hoy
llamados tradicionales), como abastecedor de insumos para la
industria, y también como mercado de los bienes industriales. EL
SESGO URBANO DE LAS POLÍTICAS AGRARIAS Desde la década de
1980 las políticas agrarias consolidaron el ya referido “sesgo
urbano”, cuya manifestación más marcada fue el estímulo, con
subsidios. Al inicio de la reforma agraria (1969) el valor FOB de las
importaciones agropecuarias fue de 77,2 millones de dólares. Seis
años después (1975) este monto aumentó en 450 por ciento (345,7
millones de dólares). De manera menos pronunciada, el valor de las
importaciones continuaría creciendo, y en 1990 fue de 487 millones
de dólares.5 Cuando se ejecutó la reforma agraria no había escasez
de fuerza laboral para las actividades urbanas pujantes, pues el
proceso migratorio del campo a la ciudad ya se había instalado,
como respuesta al acelerado crecimiento demográfico.6 Antes
bien, debía desviarse la corriente migratoria del campo a la ciudad,
para evitar, como ya se mencionó al inicio, el crecimiento de
precarias barriadas rebautizadas luego como “pueblos jóvenes”
alrededor de las ciudades mayores, en particular Lima. Esa fue una
de las principales funciones de la “conquista del oriente”, expresión
del presidente Belaunde para designar su política de estímulo a la
migración campesina hacia la selva alta, que debería ofrecer un
escape a la presión demográfica. No podían preverse todavía las
consecuencias negativas de tal política, pobremente planificada: los
conflictos de los nuevos colonos con la población asentada en las
áreas supuestamente vacías; la depredación de los recursos
naturales (suelos, flora, fauna); la expansión de cultivos destinados
al uso ilegal, particularmente de la coca. El modelo urbano-
industrial fue paulatinamente abandonado luego del Gobierno
Militar y reemplazado por otro en el que el motor de la economía
pasó a ser, como en tantas otras ocasiones en la historia del país, el
sector primario exportador. Se mantuvo el sesgo urbano de las
políticas agrarias, dada la mayor sensibilidad de los gobiernos a la
presión de la población urbana contra el alza del costo de vida que
a la rural. Durante toda la década de 1990 la tendencia de los
precios de los productos agrícolas fue a la baja, en beneficio de los
consumidores pero en perjuicio de los productores. UNA NUEVA
POLÍTICA AGRARIA Lo nuevo fue que desde inicios de la década de
1990 las exportaciones de productos agrícolas “no tradicionales” se
sumaron a las exportaciones mineras, Primer compendio el
crecimiento demográfico alcanzó su pico, con una tasa anual de
entre 2,75 por ciento y 2,92. El éxito del sector agroexportador
chileno impulsó a los gobiernos pos reforma agraria y a potenciales
inversionistas a tomar partido por las excelentes condiciones
naturales de la costa peruana para cultivos comerciales de
contrastación (en relación con el hemisferio norte), y por las
ingentes inversiones públicas en infraestructura vial y de riego
acumuladas en esa región a lo largo de décadas (en marcado
contraste con las otras dos regiones del país, la sierra y la selva, que
se mantienen absolutamente descapitalizadas). Las condiciones
institucionales para tal giro de la agricultura costeña fueron
generándose durante las décadas de 1980 y 1990. Uno de los
cambios más importantes fue el desmontaje de la legislación
realizado por la reforma agraria, que imponía severas restricciones
al mercado de tierras y a las inversiones corporativas.7 En general,
la adopción por los gobiernos de turno de las reformas
estructurales neoliberales, anunciada ya desde el regreso a la
democracia política en 1980 pero particularmente militante
durante la década del presidente Fujimori (1990-2000), facilitó el
fortalecimiento de un significativo sector moderno agroexportador
que es, sin duda, el que más sobresale por su dinamismo en el
sector agrario. A la vanguardia tecnológica y de la gestión moderna
en el mundo rural peruano, la inversión por unidad de superficie en
estas nuevas empresas agrarias es definitivamente más alta que en
la agricultura orientada al mercado interno. Sin embargo, este
sector agroexportador “no tradicional” no ocupa ni 10 por ciento
de las tierras agrícolas de la costa y comprende apenas 1,5 por
ciento de las tierras de cultivo del país (mientras que más de 4,5
por ciento del área total en producción está cubierta por los
cultivos de exportación “tradicionales”).8 Aun si se expandiese al
doble, la agricultura de exportación difícilmente se convertirá en el
factor que arrastre al conjunto del sector agrario a una mayor
eficiencia productiva. Esto resulta más cierto si pasamos de los
estimados por superficie a los estimados por número de predios. La
inmensa mayoría de predios difícilmente podrá “engancharse” con
éxito a un mercado internacional exigente y competitivo, dada su
pequeña escala, el bajo nivel del capital humano, la escasa
infraestructura productiva, la falta de servicios financieros y no
financieros y, sobre todo, porque orienta su producción .Los
mercados regionales y nacional, algo que parecen olvidar muchos
de los promotores de la agro exportación. La modernización de la
agricultura peruana tomó, pues, una senda excluyente. El ya magro
apoyo estatal a la pequeña agricultura comercial, canalizada
básicamente a través de créditos e insumos subsidiados y algunos
programas menores de extensión agrícola y apoyo a la
comercialización, fue suprimido a inicios de 1990 y no se lo
reemplazó por la iniciativa privada, como prometía el discurso
oficial de la época. La mediana agricultura orientada al mercado
interno también fue afectada por una política agraria centrada —a
veces embelesada en promover las exportaciones. Los campesinos
que mantienen una agricultura de subsistencia han sido
marginados de toda pretensión de desarrollo, y se los ha convertido
en objeto de los llamados “programas sociales”, es decir, de
transferencias de recursos destinados al consumo, supuestamente
temporales por ser compensatorios de los efectos empobrecedores
de la política neoliberal (pero que se convierten en permanentes,
por ser también permanentes los efectos empobrecedores de esa
política, y por los intereses creados de ejecutores y beneficiarios).
Transferencias que, a fin de cuentas, tienden a debilitar la
democracia, transformando a ciudadanos en clientes del Gobierno
de turno, como quedó tan claro en el régimen autoritario de
Alberto Fujimori.
CONCECUENCIAS DE LA REFORMA AGRARIA
Las consecuencias de la reforma agraria es un área de
investigación más incipiente. La gran dificultad es atribuir el
efecto causal de la reforma y separarlo de otras políticas
que ocurren al mismo tiempo. Sin embargo, hay algunos
resultados y regularidades llamativas. En el plano político,
sabemos que las expropiaciones afectaron la elección
presidencial en 1970, disminuyendo levemente los votos
por la izquierda y aumentando los votos por la Democracia
Cristiana, parte de los objetivos políticos de la reforma. En
el plano económico, los datos sugieren que no hubo ni la
redistribución de tierras al campesinado, ni el aumento de
producción agrícola esperado. Por ejemplo, el índice Gini de
tenencia de la tierra es casi igual hoy que antes del
comienzo de la reforma. Además, el turbulento contexto de
los 1970s terminó y deshizo parcialmente la reforma,
limitando sus efectos económicos (positivos o negativos) de
largo plazo.
CONCLUSION
La reforma agraria fue un proceso conflictivo, ya que algunos
campesinos y trabajadores rurales se resistieron a las políticas
gubernamentales, mientras que los terratenientes y los
propietarios de grandes extensiones de tierra se opusieron a la
intervención gubernamental en su propiedad privada.
Consecuencias de la reforma agraria La reforma agraria tuvo
impactos positivos y negativos en la región. Algunos de los
resultados positivos incluyen el aumento de la producción agrícola,
la reducción de la pobreza rural y la mejora de la seguridad
alimentaria. Sin embargo, también hubo consecuencias negativas,
como la falta de capacitación de los nuevos propietarios de tierras,
la concentración de la propiedad de la tierra en manos de los
grupos más ricos y la disminución de la inversión privada en la
agricultura. En conclusion, la reforma agraria es una política
importante que ha ayudado a mejorar las condiciones de vida de
los campesinos y trabajadores rurales en América Latina. Si bien el
proceso ha sido conflictivo, ha tenido un impacto positivo en la
producción agrícola y la seguridad alimentaria. Es importante seguir
trabajando en políticas públicas que garanticen el acceso equitativo
a la tierra y los recursos naturales en la región.