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Confirmación

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SACRAMENTO DE LA CONFIRMACIÓN

I. NOCIÓN
• La confirmación es el sacramento que da el Espíritu Santo para
enraizarnos más profundamente en la filiación divina, incorporarnos
más firmemente a Cristo, hacer más sólido nuestro vínculo con la
Iglesia, asociarnos todavía más a su misión y ayudarnos a dar
testimonio de la fe cristiana por la palabra acompañada de las obras
(Catecismo, 1316).
• Por implicar perfección y consumación de la gracia y el carácter del
bautismo, este sacramento forma parte de la iniciación cristiana.
• Confirmar significa afirmar o consolidar, y por ello la confirmación
lleva a su plenitud lo que en el bautismo era sólo inicio.
Particularmente luego de la recepción de este sacramento, la misión
del cristiano será más activa que pasiva, en consideración de dicha
plenitud: misión eminentemente apostólica, donde se continúa de
algún modo la gracia de Pentecostés.
• Por esta razón, sólo los confirmados pueden ser padrinos de
bautismo, o recibir las sagradas órdenes.
• La confirmación es para nosotros lo que Pentecostés fue para
los Apóstoles.
• Luego de haber dado Jesucristo el Espíritu Santo a los
Apóstoles (cfr. Jn 20,22), éstos permanecían tímidos,
ignorantes e imperfectos. Dios procede por grados en la
comunicación de sus dones.
• Los Apóstoles tenían ya el Espíritu Santo, pero no habían
recibido aún la fortaleza para confesar la fe y transmitirla: ésta
la recibieron el día de Pentecostés. También nosotros
recibimos por primera vez al Espíritu Santo en el bautismo,
recibiendo luego, la plenitud de sus dones, en la confirmación.
II. LA CONFIRMACIÓN, SACRAMENTO DE LA NUEVA LEY
• Este sacramento, como todos los otros, fue instituido por
Jesucristo, pues sólo Dios puede vincular la gracia a un signo
externo.
• Sin embargo, no consta en la Sagrada Escritura el momento
preciso de la institución; aunque repetidas predicciones de los
profetas relativas a una amplia difusión del Espíritu divino en
los tiempos mesiánicos (cf. Is 58,11; Ez 47,1; Jl 2,28, etc.), el
reiterado anuncio por parte de Cristo de una nueva venida del
Espíritu Santo para completar su obra, y la misma acción de
los Apóstoles hacen constar la institución de un sacramento
distinto del bautismo.
• Así, por ejemplo, los Hechos de los Apóstoles nos refieren que,
habiendo sido enviados Pedro y Juan a los samaritanos, hicieron
oración por ellos a fin de que recibiesen el Espíritu Santo porque
aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que
solamente estaban bautizados en el nombre del Señor Jesús.
• Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo
(Hech 8,14; véase también Hech 19,6; Heb 6,2).
• Es claro que, desde el primer momento de la predicación
apostólica, se confería este sacramento, instituido por Jesucristo.
• Por no aparecer explícitamente el momento de la institución
de la confirmación, los protestantes rechazaron este
sacramento como carente de fundamento bíblico.
• Contra ellos, el Concilio de Trento hizo la siguiente
declaración: Si alguno dijere que la confirmación de los
bautizados es ceremonia ociosa y no verdadero y propio
sacramento, sea anatema.
• Santo Tomás enseña que Cristo instituyó el sacramento
prometiendo que se verificaría luego de su Resurrección y
Ascensión a los cielos, esto es, después que el Espíritu Santo
viniera sobre los Apóstoles el día de Pentecostés, pues sólo
entonces recibirían la plenitud del Espíritu (cfr. S. Th. III, q.
72, a. 1, ad. 1).
III. EL SIGNO EXTERNO DE LA CONFIRMACIÓN
• Al administrar la confirmación, la Iglesia repite esencialmente
la sencilla ceremonia que relatan los Hechos de los Apóstoles
(19,1-6), añadiendo algunos ritos que hacen más comprensible
la recepción del Espíritu Santo y los efectos sobrenaturales que
produce en el alma.
• Así lo expresa, por ejemplo, la siguiente oración que antecede a
las palabras de la forma: “Oremos, hermanos, a Dios Padre
Todo poderoso, y pidámosle que derrame el Espíritu Santo
sobre estos hijos de adopción, que renacieron ya a la vida
eterna en el bautismo, para que los fortalezca con la abundancia
de sus dones, los consagre con su unción espiritual, y haga de
ellos imagen perfecta de Jesucristo”.
• 1. La materia
• La materia de la confirmación es la unción con el crisma en la
frente, a la que se añade la imposición de las manos del Obispo.
• Por crisma se entiende la mezcla de aceite de oliva y de bálsamo,
consagrada por el obispo el día de Jueves Santo. Se entiende por
bálsamo el líquido aromático que fluye de ciertos árboles y que
contiene aceite esencial, resina y ácido benzoico o cinámico.
• La materia de la confirmación, aceite, usado desde la antigüedad
para fortalecer los músculos de los gladiadores, es símbolo de
fuerza y plenitud.
• El confirmado podrá con el sacramento cumplir con valentía su
misión apostólica. El bálsamo, que perfuma el aceite y lo libra de la
corrupción, denota el buen olor de la virtud y la preservación de los
vicios.
• El rito esencial es la crismación en la frente, no la imposición de las
manos.
• 2. La forma
• La forma de la confirmación consiste en las palabras que
acompañan a la imposición individual de las manos,
imposición que va unida a la unción en la frente.
• El Ordo Confirmationis (22-VIII-71) indica que las palabras
son: “Recibe el signo del Don del Espíritu Santo”.
• Lo mismo que al soldado se le dan las armas que debe llevar
en la batalla, así al confirmado se le signa con la señal de la
cruz en la frente, para significar que el arma con que ha de
luchar es la cruz, llevada no sólo en su mano o sobre su
pecho, sino sobre todo en su propia vida y conducta.
IV. EFECTOS DE LA CONFIRMACIÓN
• De la celebración se deduce que el efecto del sacramento es la efusión
plena del Espíritu Santo, como fue concedida en otro tiempo a los
apóstoles el día de Pentecostés (Catecismo, 1302).
• Por este hecho, la Confirmación confiere crecimiento y profundidad a
la gracia bautismal:
✓Nos introduce más profundamente en la filiación divina que nos hace
decir ‘Abba Padre’ (Rm 8,15);
✓Nos une más firmemente a Cristo;
✓Aumenta en nosotros los dones del Espíritu Santo;
✓Hace más perfecto nuestro vínculo con la Iglesia;
✓Nos concede una fuerza especial del Espíritu Santo para difundir y
defender la fe mediante la palabra y las obras como verdaderos
testigos de Cristo, para confesar valientemente el nombre de Cristo y
para no sentir jamás vergüenza de la cruz (Cat.1303).
• Otro efecto de la confirmación es que
imprime en el alma una marca espiritual
indeleble, el ‘carácter’, que es el signo
de que Jesucristo ha marcado al cristiano
con el sello de su Espíritu revistiéndolo
de la fuerza de lo alto para que sea su
testigo (cf. Lc 24,48-49) (Cat.1304).
• El ‘carácter’ perfecciona el sacerdocio
común de los fieles, recibido en el
Bautismo, y el confirmado recibe el
poder de confesar la fe de Cristo
públicamente, y como en virtud de un
cargo (Cat. 1305).
• El bautismo es el único sacramento
absolutamente necesario para la
salvación. La confirmación, pues, será
necesaria sólo de modo relativo; es
decir, que se requiere no absolutamente
V.
NECESIDAD
para salvarse, sino sólo para llegar a
DE RECIBIR
vivir con plenitud la vida cristiana.
EL • El derecho vigente prescribe a todos los
SACRAMENTO fieles la obligación de confirmarse en el
tiempo oportuno (cfr. CIC, c. 890), por
lo que, si se dejara de recibir por
menosprecio o negligencia, se pecaría
gravemente.
VI. EL MINISTRO DE LA CONFIRMACIÓN

• “El ministro ordinario de la confirmación es el Obispo;


también administra válidamente este sacramento el presbítero
dotado de facultad por el derecho común o concesión
peculiar de la autoridad competente” (CIC, c. 882).
• Si un cristiano está en peligro de muerte, cualquier presbítero
debe darle la Confirmación (cfr. CIC, can. 883, 3).
• En efecto, la Iglesia quiere que ninguno de sus hijos, incluso
en la más tierna edad, salga de este mundo sin haber sido
perfeccionado por el Espíritu Santo con el don de la plenitud
de Cristo (Catecismo, n. 1314).
VII. EL SUJETO DE LA CONFIRMACIÓN
• El sujeto de la confirmación es todo bautizado que no haya sido
confirmado.
• También los niños pueden recibir válidamente este sacramento y, si se
hallan en peligro de muerte, se les debe administrar la confirmación.
• Aunque el niño bautizado que aún no llega al uso de razón se salvaría
sin confirmarse, la conveniencia de recibir este sacramento resulta de
la infusión de un estado más elevado de gracia, al que corresponde un
estado más elevado de gloria.
• Ahora bien, considerando el fin de este sacramento -convertir al
bautizado en esforzado testigo de Cristo- es más conveniente
administrarlo cuando el niño ha llegado al uso de razón, es decir hacia
los siete años (cfr. CIC, c. 891).
• Para que el confirmado con uso de razón reciba lícitamente el
sacramento, ha de estar convenientemente instruido, en
estado de gracia, y ha de ser capaz de renovar las promesas
del bautismo.
• La preparación para la Confirmación debe tener como meta
conducir al cristiano a una unión más íntima con Cristo, a una
familiaridad más viva con el Espíritu Santo, su acción, sus
dones y sus llamadas, a fin de poder asumir mejor las
responsabilidades apostólicas de la vida cristiana.
• Por ello, la catequesis de la Confirmación se esforzará por
suscitar el sentido de la pertenencia a la Iglesia de Jesucristo
(Catecismo, n. 1309).
VIII. LOS PADRINOS DE LA CONFIRMACIÓN
• Aun sin ser imprescindible sobre todo si se trata de un
adulto, conviene que el confirmado tenga un padrino a quien
corresponde procurar que el sujeto se comporte como
verdadero testigo de Cristo y cumpla fielmente las
obligaciones inherentes al sacramento (CIC, c. 892).
• Las condiciones que ha de reunir el padrino de la
confirmación son las mismas que se piden para el padrino de
bautismo. Incluso conviene que sea el mismo que para el
bautismo, a fin de subrayar la unidad entre los dos
sacramentos (Catecismo, n. 1311).
A los padrinos les compete con más razón si son los mismos
que en el bautismo colaborar en la preparación de los
confirmados para recibir el sacramento, y contribuir después
con su testimonio y con su palabra a la perseverancia en la fe
y en la vida cristiana de sus ahijados.

Su tarea es de suplencia respecto a la obligación primordial


de los padres, pero no por eso su misión carece de
importancia.
VIII. LA CONFIRMACIÓN
EN LA ECONOMÍA DE LA SALVACIÓN (CEC 1286-1321)
• En el Antiguo Testamento, los profetas anunciaron que el
Espíritu del Señor reposaría sobre el Mesías esperado (cf. Is
11,2) para realizar su misión salvífica (cf Lc 4,16-22; Is 61,1).
• El descenso del Espíritu Santo sobre Jesús en su Bautismo
por Juan fue el signo de que Él era el que debía venir, el
Mesías, el Hijo de Dios (Mt 3,13-17; Jn 1,33- 34).
• Habiendo sido concedido por obra del Espíritu Santo, toda su
vida y toda su misión se realizan en una comunión total con
el Espíritu Santo que el Padre le da "sin medida" (Jn 3,34).
• Esta plenitud del Espíritu no debía permanecer únicamente en el
Mesías, sino que debía ser comunicada a todo el pueblo mesiánico
(cf Ez 36,25-27; Jl 3,1-2).
• En repetidas ocasiones Cristo prometió esta efusión del Espíritu (cf
Lc 12,12; Jn 3,5-8; 7,37-39; 16,7-15; Hch 1,8), promesa que realizó
primero el día de Pascua (Jn 20,22) y luego, de manera más
manifiesta el día de Pentecostés (cf Hch 2,1-4).
• Llenos del Espíritu Santo, los Apóstoles comienzan a proclamar
"las maravillas de Dios" (Hch 2,11) y Pedro declara que esta
efusión del Espíritu es el signo de los tiempos mesiánicos (cf Hch
2, 17-18).
• Los que creyeron en la predicación apostólica y se hicieron
bautizar, recibieron a su vez el don del Espíritu Santo (cf Hch 2,38).
• "Desde [...] aquel tiempo, los Apóstoles, en cumplimiento
de la voluntad de Cristo, comunicaban a los neófitos,
mediante la imposición de las manos, el don del Espíritu
Santo, destinado a completar la gracia del Bautismo (cf Hch
8,15-17; 19,5-6). Es esta imposición de las manos la que ha
sido con toda razón considerada por la tradición católica
como el primitivo origen del sacramento de la
Confirmación, el cual perpetúa, en cierto modo, en la
Iglesia, la gracia de Pentecostés"
• (Pablo VI, Const. apost. Divinae consortium naturae).
• Muy pronto, para mejor significar el don del Espíritu Santo, se
añadió a la imposición de las manos una unción con óleo
perfumado (crisma).
• Esta unción ilustra el nombre de "cristiano" que significa
"ungido" y que tiene su origen en el nombre de Cristo, al que
"Dios ungió con el Espíritu Santo" (Hch 10,38). Y este rito de la
unción existe hasta nuestros días tanto en Oriente como en
Occidente.
• Por eso, en Oriente se llama a este sacramento crismación,
unción con el crisma, o myron, que significa "crisma". En
Occidente el nombre de Confirmación sugiere que este
sacramento al mismo tiempo confirma el Bautismo y robustece
la gracia bautismal.
• Dos tradiciones: Oriente y Occidente
• En los primeros siglos la Confirmación constituye generalmente una
única celebración con el Bautismo, y forma con éste, según la
expresión de san Cipriano (cf Epistula 73, 21), un "sacramento
doble".
• Entre otras razones, la multiplicación de los bautismos de niños,
durante todo el tiempo del año, y la multiplicación de las parroquias,
que agrandaron las diócesis, ya no permite la presencia del obispo en
todas las celebraciones bautismales.
• En Occidente, por el deseo de reservar al obispo el acto de conferir la
plenitud al Bautismo, se establece la separación temporal de ambos
sacramentos. El Oriente ha conservado unidos los dos sacramentos,
de modo que la Confirmación es dada por el presbítero que bautiza.
Este, sin embargo, sólo puede hacerlo con el "myron" consagrado por
un obispo.
• Una costumbre de la Iglesia de Roma facilitó el desarrollo de
la práctica occidental; había una doble unción con el santo
crisma después del Bautismo: realizada ya una por el
presbítero al neófito al salir del baño bautismal, es
completada por una segunda unción hecha por el obispo en
la frente de cada uno de los recién bautizados.
• La primera unción con el santo crisma, la que daba el
sacerdote, quedó unida al rito bautismal; significa la
participación del bautizado en las funciones profética,
sacerdotal y real de Cristo.
• Si el Bautismo es conferido a un adulto, sólo hay una unción
postbautismal: la de la Confirmación.
• La práctica de las Iglesias de
Oriente destaca más la unidad
de la iniciación cristiana.
• La de la Iglesia latina expresa
más netamente la comunión
del nuevo cristiano con su
obispo, garante y servidor de
la unidad de su Iglesia, de su
catolicidad y su apostolicidad,
y por ello, el vínculo con los
orígenes apostólicos de la
Iglesia de Cristo.
• Los signos y el rito de la Confirmación
• En el rito de este sacramento conviene considerar el signo de
la unción y lo que la unción designa e imprime: el sello
espiritual.
• La unción, en el simbolismo bíblico y antiguo, posee
numerosas significaciones: el aceite es signo de abundancia
(cf Dt 11,14, etc.) y de alegría (cf Sal 23,5; 104,15);
purifica (unción antes y después del baño) y da agilidad (la
unción de los atletas y de los luchadores); es signo de
curación, pues suaviza las contusiones y las heridas (cf Is
1,6; Lc 10,34) y el ungido irradia belleza, santidad y
fuerza.
• Todas estas significaciones de la unción con aceite se
encuentran en la vida sacramental.
• La unción antes del Bautismo con el óleo de los catecúmenos
significa purificación y fortaleza.
• La unción de los enfermos expresa curación y consuelo.
• La unción del santo crisma después del Bautismo, en la
Confirmación y en la Ordenación, es el signo de una
consagración.
• Por la Confirmación, los cristianos, es decir, los que son
ungidos, participan más plenamente en la misión de
Jesucristo y en la plenitud del Espíritu Santo que éste posee,
a fin de que toda su vida desprenda "el buen olor de Cristo"
(cf 2 Co 2,15).
• Por medio de esta unción, el confirmando recibe "la
marca", el sello del Espíritu Santo.
✓El sello es el símbolo de la persona (cf Gn 38,18; Ct 8,9),
✓Signo de su autoridad (cf Gn 41,42),
✓Signo de su propiedad sobre un objeto (cf. Dt 32,34), por
eso se marcaba a los soldados con el sello de su jefe y a los
esclavos con el de su señor.
• Autentifica un acto jurídico (cf 1R 21,8) o un documento
(cf Jr 32,10) y lo hace, si es preciso, secreto (cf. Is 29,11).
• Cristo mismo se declara marcado con el sello de su Padre
(cf Jn 6,27).
• El cristiano también está marcado con un sello: "Y es Dios
el que nos conforta juntamente con vosotros en Cristo y el
que nos ungió, y el que nos marcó con su sello y nos dio en
arras el Espíritu en nuestros corazones" (2Co 1,22; cf. Ef
1,13; 4,30).
• Este sello del Espíritu Santo marca la pertenencia total a
Cristo, la puesta a su servicio para siempre, pero indica
también la promesa de la protección divina en la gran
prueba escatológica (cf. Ap 7,2-3; 9,4; Ez 9,4-6).
• La celebración de la
Confirmación
▪Un momento importante que
precede a la celebración de la
Confirmación, pero que, en
cierta manera forma parte de
ella, es la consagración del
santo crisma.
▪Es el obispo quien, el Jueves
Santo, en el transcurso de la
misa crismal, consagra el
santo crisma para toda su
diócesis.
• Cuando la Confirmación se celebra separadamente del
Bautismo, como es el caso en el rito romano, la liturgia del
sacramento comienza con la renovación de las promesas del
Bautismo y la profesión de fe de los confirmandos.
• Así aparece claramente que la Confirmación constituye una
prolongación del Bautismo (cf SC 71). Cuando es bautizado
un adulto, recibe inmediatamente la Confirmación y participa
en la Eucaristía (cf. CIC can.866).
• En el rito romano, el obispo extiende las manos sobre todos
los confirmandos, gesto que, desde el tiempo de los
Apóstoles, es el signo del don del Espíritu. Y el obispo
invoca así la efusión del Espíritu:
• «Dios Todopoderoso, Padre de nuestro
Señor Jesucristo, que regeneraste, por el
agua y el Espíritu Santo, a estos siervos
tuyos y los libraste del pecado: escucha
nuestra oración y envía sobre ellos el
Espíritu Santo Paráclito; llénalos de
espíritu de sabiduría y de inteligencia, de
espíritu de consejo y de fortaleza, de
espíritu de ciencia y de piedad; y cólmalos
del espíritu de tu santo temor. Por
Jesucristo nuestro Señor» (Ritual de la
Confirmación, 25).
• Sigue el rito esencial del sacramento. En el rito latino, el
sacramento de la Confirmación es conferido por la unción del
santo crisma en la frente, hecha imponiendo la mano, y con estas
palabras: "Recibe por esta señal el don del Espíritu Santo".
• En las Iglesias orientales de rito bizantino, la unción del myron
se hace después de una oración de epíclesis, sobre las partes más
significativas del cuerpo: la frente, los ojos, la nariz, los oídos,
los labios, el pecho, la espalda, las manos y los pies, y cada
unción va acompañada de la fórmula: "Sello del don que es el
Espíritu Santo".
• El beso de paz con el que concluye el rito del sacramento
significa y manifiesta la comunión eclesial con el obispo y con
todos los fieles.
• Los efectos de la Confirmación
• El efecto del sacramento de la Confirmación es la efusión especial del
Espíritu Santo, como fue concedida a los Apóstoles en Pentecostés.
• Por este hecho, la Confirmación confiere crecimiento y profundidad a la
gracia bautismal:
✓Nos introduce más profundamente en la filiación divina que nos hace decir
"Abbá, Padre" (Rm 8,15).
✓Nos une más firmemente a Cristo.
✓Aumenta en nosotros los dones del Espíritu Santo.
✓Hace más perfecto nuestro vínculo con la Iglesia (cf. LG 11).
✓Nos concede una fuerza especial del Espíritu Santo para difundir y
defender la fe mediante la palabra y las obras como verdaderos testigos de
Cristo, para confesar valientemente el nombre de Cristo y para no sentir
jamás vergüenza de la cruz (cf DS 1319; LG 11,12):
• «Recuerda, pues, que has recibido el signo espiritual, el Espíritu de
sabiduría e inteligencia, el Espíritu de consejo y de fortaleza, el Espíritu de
conocimiento y de piedad, el Espíritu de temor santo, y guarda lo que has
recibido. Dios Padre te ha marcado con su signo, Cristo Señor te ha
confirmado y ha puesto en tu corazón la prenda del Espíritu» (San
Ambrosio, De mysteriis 7,42).
• La Confirmación, como el Bautismo del que es la plenitud, sólo se da una
vez. La Confirmación, en efecto, imprime en el alma una marca espiritual
indeleble, el "carácter", que es el signo de que Jesucristo ha marcado al
cristiano con el sello de su Espíritu revistiéndolo de la fuerza de lo alto
para que sea su testigo (cf. Lc 24,48-49).
• El "carácter" perfecciona el sacerdocio común de los fieles, recibido en el
Bautismo, y "el confirmado recibe el poder de confesar la fe de Cristo
públicamente, y como en virtud de un cargo" (S. Tomás de Aquino, Summa
theologiae 3, q.72, a. 5, ad 2).
• Quién puede recibir este sacramento
• Todo bautizado, aún no confirmado, puede y debe recibir el
sacramento de la Confirmación (cf. CIC can. 889, 1). Puesto que
Bautismo, Confirmación y Eucaristía forman una unidad, de ahí se
sigue que "los fieles tienen la obligación de recibir este sacramento en
tiempo oportuno" (CIC, can. 890), porque sin la Confirmación y la
Eucaristía, el sacramento del Bautismo es ciertamente válido y eficaz,
pero la iniciación cristiana queda incompleta.
• La costumbre latina, desde hace siglos, indica "la edad del uso de
razón", como punto de referencia para recibir la Confirmación. Sin
embargo, en peligro de muerte, se debe confirmar a los niños incluso
si no han alcanzado todavía la edad del uso de razón (cf. CIC can.
891; 893,3).
• Si a veces se habla de la Confirmación como del "sacramento
de la madurez cristiana", es preciso, sin embargo, no
confundir la edad adulta de la fe con la edad adulta del
crecimiento natural, ni olvidar que la gracia bautismal es una
gracia de elección gratuita e inmerecida que no necesita una
"ratificación" para hacerse efectiva. Santo Tomás recuerda:
• «La edad del cuerpo no prejuzga la del alma. Así, incluso en
la infancia, el hombre puede recibir la perfección de la edad
espiritual de que habla la Sabiduría (4,8): "La vejez
honorable no es la que dan los muchos días, no se mide por el
número de los años". Así numerosos niños, gracias a la fuerza
del Espíritu Santo que habían recibido, lucharon
valientemente y hasta la sangre por Cristo» (Summa
theologiae 3, q. 72, a. 8, ad 2).
• La preparación para la Confirmación debe tener como meta
conducir al cristiano a una unión más íntima con Cristo, a
una familiaridad más viva con el Espíritu Santo, su acción,
sus dones y sus llamadas, a fin de poder asumir mejor las
responsabilidades apostólicas de la vida cristiana.
• Por ello, la catequesis de la Confirmación se esforzará por
suscitar el sentido de la pertenencia a la Iglesia de Jesucristo,
tanto a la Iglesia universal como a la comunidad parroquial.
• Esta última tiene una responsabilidad particular en la
preparación de los confirmandos (cf. Ritual de la
Confirmación, Praenotandos 3).
• Para recibir la Confirmación es preciso hallarse en estado de
gracia. Conviene recurrir al sacramento de la Penitencia para
ser purificado en atención al don del Espíritu Santo.
• Hay que prepararse con una oración más intensa para recibir
con docilidad y disponibilidad la fuerza y las gracias del
Espíritu Santo (cf. Hch 1,14).
• Para la Confirmación, como para el Bautismo, conviene que
los candidatos busquen la ayuda espiritual de un padrino o de
una madrina. Conviene que sea el mismo que para el
Bautismo a fin de subrayar la unidad entre los dos
sacramentos (cf Ritual de la Confirmación, Praenotandos 5;
Ibíd.,6; CIC can. 893, 1.2).
• El ministro de la Confirmación
• El ministro originario de la Confirmación es el obispo (LG 26).
• En Oriente es ordinariamente el presbítero que bautiza quien da
también inmediatamente la Confirmación en una sola
celebración. Sin embargo, lo hace con el santo crisma
consagrado por el patriarca o el obispo, lo cual expresa la
unidad apostólica de la Iglesia cuyos vínculos son reforzados
por el sacramento de la Confirmación.
• En la Iglesia latina se aplica la misma disciplina en los
bautismos de adultos y cuando es admitido a la plena comunión
con la Iglesia un bautizado de otra comunidad cristiana que no
ha recibido válidamente el sacramento de la Confirmación (cf.
CIC can 883,2).
• En el rito latino, el ministro ordinario de la Conformación es el
obispo (CIC can. 882).
• Aunque el obispo puede, en caso de necesidad, conceder a
presbíteros la facultad de administrar el sacramento de la
Confirmación (CIC can. 884,2), conviene que lo confiera él mismo,
sin olvidar que por esta razón la celebración de la Confirmación
fue temporalmente separada del Bautismo.
• Los obispos son los sucesores de los Apóstoles y han recibido la
plenitud del sacramento del orden. Por esta razón, la
administración de este sacramento por ellos mismos pone de
relieve que la Confirmación tiene como efecto unir a los que la
reciben más estrechamente a la Iglesia, a sus orígenes apostólicos y
a su misión de dar testimonio de Cristo.
• Si un cristiano está en peligro
de muerte, cualquier presbítero
puede darle la Confirmación
(cf. CIC can. 883,3).
• En efecto, la Iglesia quiere que
ninguno de sus hijos, incluso
en la más tierna edad, salga de
este mundo sin haber sido
perfeccionado por el Espíritu
Santo con el don de la plenitud
de Cristo.

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