Introducción
La anemia, una disminución en la concentración de hemoglobina en la sangre, afecta a millones de
niños en todo el mundo. Sin embargo, esta problemática se manifiesta con mayor contundencia en
niños menores de 5 años, cuyos cuerpos y cerebros en desarrollo son especialmente vulnerables a los
efectos perniciosos de esta condición. Tiene un impacto significativo en múltiples niveles. En primer
lugar, afecta a las familias al aumentar la preocupación y la carga emocional debido a la salud de sus
hijos. Puede llevar a mayores gastos en atención médica y medicamentos, lo que a menudo supone
una carga financiera para las familias de bajos recursos. Además, la anemia en niños puede dar lugar a
la necesidad de cuidados adicionales y la interrupción de la vida cotidiana, lo que afecta la calidad de
vida de los padres y cuidadores. La anemia es una afección médica que se extiende a nivel mundial.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) establece que en niños de 5 a 59 meses, la anemia se
define como una concentración de hemoglobina en sangre por debajo de 11 g/dL. A nivel global, la
OMS estima que afecta al 42,6% de los niños en edad preescolar. Se ha identificado que alrededor del
50% de los casos de anemia en niños se deben a la deficiencia de hierro, lo que sugiere que un 42% de
estos casos podría mejorarse mediante la suplementación de este micronutriente. En Latinoamérica,
aproximadamente 23 millones de niños padecen anemia ferropénica, Un estudio realizado en Perú que
analizó la DHS, durante el 2007 al 2013, halló que la prevalencia de anemia en niños menores de 3
años fue del 47.9%3. Un estudio realizado en el 2006 en La Paz, Bolivia encontró que la prevalencia
de anemia en 114 niños de 6 a 24 meses, concurrentes a tres centros de salud, fue del 86%. De manera
similar, un estudio realizado en el 2014 en Brasil halló que la prevalencia de anemia en 373 niños de 6
a 72 meses, concurrentes a 18 guarderías, fue de 38,3% y en Ecuador, el 38.2% de los niños de 6
meses a menores de 5 años se ven afectados. Según la Encuesta Nacional sobre Desnutrición Infantil
(ENDI) de 2023, las provincias con mayor porcentaje de anemia en Ecuador son Esmeraldas,
Sucumbíos, Imbabura, Manabí y Pichincha. Los grupos étnicos afroecuatorianos e indígenas
presentan tasas más altas de anemia, con 49.9% y 45.2%, respectivamente. (1)(2)
Un estudio realizado en el año 20l9 en un centro de Desarrollo infantil en Cuenca, Ecuador, estudio
cuantitativo, analítico de casos y controles, corte transversal con temporalidad retrospectivo, cuyo
tamaño de la muestra fueron 52 casos y 52 controles, se identificaron cuatro factores asociados con la
anemia: Residencia rural RM 3.03 (IC 95% 1.36-6.77) déficit de micronutrientes RM 5.23 (IC 95%
1.07-25.54), bajo peso al nacer RM 8.33 (IC 95% 1.77-39.12) y prematurez RM 5.95 (IC 95% 1.77-
39.12). Otros factores asociados en un estudio realizado en una población de niños menores de cinco
años de edad del distrito de La Libertad, Huaraz, 2019 donde predominó el nivel de anemia moderado
con 30%. Tanto el sexo masculino (OR=3,66; IC 95%: 1,65-8,08) y la edad mayor de 1 año
(OR=13,99; IC 95%: 3,07-63,77) fueron factores intrínsecos asociados a la mayor frecuencia de
anemia (p<0,05). Otro estudio realizado en Perú, demostró el impacto de la intervención con
campañas masivas a nivel comunitario, donde se observó que antes de la intervención 145 niños se
encontraban con anemia y después de la intervención sólo 46 niños presentaron anemia. En una
revisión sistemática se obtuvo que los estudios analizados han demostrado la presencia de factores
sociales y biológicos para la presentación de anemia en infantes, así como el incremento de la
incidencia de ellos en zonas rurales. (3)(4)(5)(6)
La anemia en niños menores de 5 años se la considera un problema de salud pública que abarca
múltiples dimensiones desde la biológica hasta la social. Puede tener graves consecuencias en el
desarrollo cerebral, cognitivo, motor y conductual de los niños.
Varios factores se han asociado con el desarrollo de anemia en la niñez, incluyendo deficiencias
nutricionales, infecciones parasitarias, bajos ingresos familiares, lactancia materna insuficiente y bajo
nivel educativo de las madres, entre otros. Se ha observado que la ingesta inadecuada de productos
proteicos y lácteos aumenta la probabilidad de anemia. Además, la falta de consumo de huevos,
vegetales y frutas, así como la introducción tardía de estos alimentos en la dieta complementaria de
los lactantes, también se han vinculado a la anemia en niños menores de 5 años.
La falta de terapia preventiva antiparasitaria en niños menores de 3 años se asocia con anemia. Otros
factores de riesgo incluyen madres adolescentes, bajo nivel educativo y bajo nivel socioeconómico.
(7)
Por otro lado, la lactancia materna exclusiva durante los primeros meses de vida se ha demostrado
como una medida que previene el desarrollo de anemia. Por lo tanto, esta investigación es de vital
importancia por varias razones. En el ámbito individual, la anemia puede tener consecuencias
devastadoras para el desarrollo físico y cognitivo del niño. La falta de oxígeno debido a la baja
concentración de hemoglobina puede conducir a fatiga, dificultad para concentrarse y retraso en el
crecimiento, afectando directamente su calidad de vida y su capacidad para aprender y jugar. (7)
A nivel familiar, la anemia genera una carga emocional y financiera significativa. Los padres y
cuidadores enfrentan preocupaciones constantes por la salud de sus hijos, lo que puede crear un
ambiente familiar lleno de ansiedad. Además, el tratamiento y la atención médica para la anemia
pueden resultar costosos, especialmente para familias de bajos recursos, lo que implica una presión
financiera adicional. En el plano comunitario, la alta prevalencia de anemia puede afectar el tejido
social y económico de la comunidad. Los niños anémicos pueden tener dificultades para rendir
académicamente, lo que a largo plazo puede traducirse en una fuerza laboral menos calificada y
menos productiva. Además, las comunidades con altas tasas de anemia enfrentan desafíos en el
desarrollo sostenible, ya que la salud debilitada de los niños puede limitar su participación en
actividades educativas y recreativas, lo que a su vez afecta la vitalidad de la comunidad en su
conjunto. De esta manera, los resultados de esta investigación tendrán un impacto directo en la
comunidad local y en cada niño que se beneficie de un enfoque integral para combatir la anemia. La
comunidad local verá mejoras significativas en la salud de sus niños y en la conciencia sobre la
importancia de la prevención y el acceso a servicios médicos. Los niños, por su parte, experimentaron
un desarrollo físico y mental óptimo, lo que les permitirá enfrentar los desafíos de la sociedad y
acceder a la educación sin impedimentos. Además, al prevenir y tratar la anemia, se sentarán las bases
para un futuro más saludable y próspero para estos jóvenes. (4)
Fundamento Teórico
La anemia es un trastorno en el cual el número de eritrocitos y, por ende, la capacidad de transporte de
oxígeno en la sangre se vuelve insuficientes para satisfacer las necesidades del organismo. La
prevalencia y gravedad de esta afección pueden variar en función de múltiples factores, como la edad,
el sexo, la altitud sobre el nivel del mar, el tabaquismo y las etapas del embarazo. Aunque existen
diversas causas de anemia, la carencia de hierro es ampliamente reconocida como la causa más
común. Sin embargo, otras deficiencias nutricionales, como folato, vitamina B12 y vitamina A, así
como factores como la inflamación aguda y crónica, parasitosis y enfermedades hereditarias o
adquiridas que afectan la síntesis de hemoglobina y la producción de eritrocitos, también pueden
contribuir a la anemia. La concentración de hemoglobina se utiliza como referencia para evaluar la
anemia, aunque no todas las anemias están relacionadas con la deficiencia de hierro. La anemia por
deficiencia de hierro es un problema nutricional que afecta a niños de diferentes grupos
socioeconómicos, siendo más prevalente en aquellos de recursos económicos y educativos limitados.
Estos niños están expuestos a múltiples factores de riesgo, como bajo peso al nacer, prematuridad,
nivel socioeconómico bajo, malnutrición, enfermedades parasitarias, padres adolescentes, madres
solteras, ausencia del padre, depresión materna, bajo nivel educacional de los padres y problemas
psiquiátricos parentales. La presencia simultánea de varios factores de riesgo puede aumentar la
probabilidad de observar una disminución en el desarrollo cognitivo infantil, especialmente en
entornos empobrecidos. (2)(7)
La deficiencia de hierro representa al menos la mitad de todos los casos de anemia en la población.
Esta deficiencia afecta el desarrollo y el crecimiento de los niños, disminuye su resistencia a las
infecciones y afecta el desarrollo cognitivo y psicomotor. Además de la deficiencia de hierro, la
anemia también puede resultar de otras deficiencias nutricionales, como ácido fólico, vitamina B12 y
proteínas. La importancia de prevenir y tratar la anemia por deficiencia de hierro en niños radica en la
importancia del hierro en el desarrollo del sistema nervioso, su carencia puede provocar alteraciones
neurológicas irreversibles que impactan negativamente en el coeficiente intelectual.
La anemia implica una reducción en el aporte de oxígeno a los tejidos, lo que puede llevar a una serie
de síntomas, como cansancio, somnolencia, falta de apetito, decaimiento, mareos, palidez de la piel,
debilidad muscular y sensación de frío. En casos más graves, los niños pueden volverse irritables,
experimentar un crecimiento deficiente y tener un bajo rendimiento escolar.
El diagnóstico de la anemia se basa en pruebas de laboratorio, incluyendo la medición de la
hemoglobina, los índices eritrocitarios, el recuento de reticulocitos y la determinación de hierro
sérico. La Organización Mundial de la Salud (OMS) establece límites biológicos para definir la
anemia, teniendo en cuenta la edad, el género y la altitud sobre el nivel del mar. La anemia se clasifica
en leve, moderada y severa, según los niveles de hemoglobina. (1)
El tratamiento de la anemia por deficiencia de hierro implica la administración de hierro para
aumentar los niveles de hemoglobina y reponer las reservas de hierro en el cuerpo. Se pueden utilizar
dos enfoques: el tratamiento activo para pacientes con deficiencia de hierro y el tratamiento
preventivo para poblaciones en riesgo. La dosis y el enfoque varían según la edad y las necesidades
individuales. (1,7)
Existen estrategias para prevenir la deficiencia de hierro y la anemia que se implementan en todo el
mundo. Estas estrategias incluyen aumentar la ingesta de hierro a través de la farmacología, agregar
hierro a los alimentos y promover orientaciones alimentarias para mejorar el consumo de hierro
biodisponible. También se enfocan en reducir las pérdidas y mejorar la utilización natural del hierro
disponible, controlando infecciones y ajustando la preparación y consumo de alimentos para disminuir
los inhibidores de la absorción de hierro.
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