0% encontró este documento útil (0 votos)
27 vistas9 páginas

1 Viejismo Los Prejuicios Contra

1 Viejismo Los prejuicios contra

Cargado por

Karina Zarfino
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
27 vistas9 páginas

1 Viejismo Los Prejuicios Contra

1 Viejismo Los prejuicios contra

Cargado por

Karina Zarfino
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

1. Viejismo. Los prejuicios contra la vejez • Salvarezza, L. (1988) en Psicogeriatría Teoría y clínica.

Paidós. Buenos Aires.

Viejismo. Los prejuicios contra la vejez • Salvarezza, L. (1988) expresa:


• La vejez es un tema conflictivo (…) El grado de conflicto que representa para cada uno y las con-
ductas defensivas que se adopten para evitarlo estarán determinados por la historia personal de
los participantes la cual habrá ido sedimentando a través de sucesivas experiencias, fantasías y
represiones en una ideología general sobre lo que es la vejez, cuales son sus causas y conse-
cuencias y sobre la cual es la mejor manera de comportarse frente a ella.
• En la mayoría de los casos, esta ideología determinada por nuestra inserción sociocultural per-
manece inconsciente para nosotros (…) (p. 16)

• (…) a medida que el sujeto envejece se produce una reducción de su interés vital por las activi-
dades y objetos que lo rodean lo cual va generando un sistemático apartamiento de toda clase de
interacción social. Gradualmente la vida de las personas viejas se separa de la vida de los demás,
se van sintiendo menos comprometidas emocionalmente con problemas ajenos y están cada vez
más absortas en los suyos propios y en sus circunstancias. Este proceso – según los autores – no
sólo pertenece al desarrollo normal del individuo sino que es deseado y buscado por él apoyado
en lógico declinar de sus capacidades sensoriomotrices, lo cual le permite una redistribución ade-
cuada de sus mermadas reservas sobre menos objetos pero más significativos para el sujeto.

• (…) en un entorno positivo la gente vieja generalmente prefiere la actividad y los contactos socia-
les informales más que el desapego. Sugiere que algunas conductas de los viejos, tales como el
desapego por ejemplo, son el resultado de conductas adversas del entorno más que elementos
constitutivos propios de la edad (…)
• 1)Frente a casos anómalos de desarraigo, se trata de desarraigos no exitosos. Una persona está
desarraigada, sea bien o mal desarraigada, pero en ningún caso está arraigada: 2) en otros casos
anómalos el problema está en la edad. El desarraigo está fuera de época: o bien ya ocurrirá o bien
se está en el camino de 3) otros casos anómalos formarían parte de un grupo selecto desde el
punto de vista biológico y hasta psicológico (…)

• Toda posibilidad de ser dentro del contexto humano es posible solamente en relación con otro, o
con los objetos contingentes. Toda satisfacción de necesidades o deseos es provista sólo en estas
relaciones objetales y la separación o el aislamiento deben ser comprendidos como formando par-
te de la patología o de la acción prejuiciosa y segregacionista contra los viejos de ciertas estructu -
ras sociales pero de ninguna manera como normalidad. (…)

• Si a los 30 años el promedio de actividad sexual se sitúa en t res contactos semanales y esto es
lo que permite un estado satisfactorio adecuado para la salud mental de un individuo, es obvio que
a los 65 ó 70 ya no será posible mantener este ritmo, pero la satisfacción de sentirse activo, queri-
do y necesitado que provee el goce sexual compartido será la misma en relaciones mantenidas
cada 15 o 20 días. La insatisfacción y la angustia consecuente sólo sobrevendrán en aquellas per-
sonas que permanezcan preocupadas en una situación competitiva con el recuerdo de sí mismos
cuando jóvenes. (…) el secreto del buen envejecer estará dado por la capacidad que tenga el su-
jeto de aceptar y acompañar estas inevitables declinaciones sin insistir en mantenerse joven a
cualquier precio, y esto no quiere decir que se renuncie sino todo lo contrario: quiere decir que hay
que mantener una lucha activa par tratar de obtener el máximo de satisfacción con el máximo de
las fuerzas de que en cada momento se disponga. (…) (p. 22)

Prejuicios contra la vejez


• (…) el término viejismo define el conjunto de prejuicios, estereotipos y discriminaciones que se
aplican a los viejos simplemente en función de su edad. En sus consecuencias son comparables a
los prejuicios que se sustentan contra las personas de distinto color, raza o religión, o contra las
mujeres en función de su sexo. (…)

• Cuando intentamos romper esta sinonimia, el primer problema que se nos presenta es el de re-
solver que significan los términos salud y enfermedad, problema que se torna cada vez más com-
plicado (…) la salud se expresa – física, mental y social – (…) la salud de los viejos se describe
generalmente 1) en función de la presencia o ausencia de enfermedad o 2) en función de cuan sa-
tisfactorio es su funcionamiento en cualquiera de las tres áreas de la conducta (pp. 23, 30 – 31))
PSICOLOGÍA NORMAL DE LA VEJEZ • N. E. Zinberg I. Kaufman (1978) menciona:
• 1. Fenómenos físicos del envejecimiento
• Al comienzo de la vida se establece una auto-imagen que luego guarda una importante relación
con el concepto de lo corporal, de modo que los cambios físicos y de la energía que acompañan al
envejecimiento exigen una alteración de la “imagen del cuerpo”.
• Desde el punto de vista psicológico, puede ser tarea difícil asimilar tal cambio de suerte que la
autoestima de la persona de edad puede disminuir. Es posible, entonces, que ésta ponga a contri-
bución una gran diversidad de defensas a fin de combatir esa amenaza. (…)

• Se puede considerar que buena parte de la declinación física es causada por perturbaciones
mentales, de modo que se la puede y se la debe tratar psiquiátricamente. Este concepto optimista
es seductor para muchos psiquiatras. En la medida en que el factor principal que influye en los
cambios físicos es una reacción neurótica, puede resultar apropiado un mayor empleo de criterios
de sanidad mental. (pp. 2 – 3)

Componentes estructurales de la psique


• El ello • En la vejez, lo mismo que en las demás etapas de la vida, no hay ninguna representa-
ción directa del ello. El ello constituye una abstracción necesaria para la teoría que se basa en los
impulsos biológicos. En el ello, los impulsos instintivos y los correspondientes conflictos reprimidos
permanecen en estado inalterable, intemporal. Las emociones contradictorias de amor y odio exis-
ten una junto a la otra. Lo que cambia son las estructuras psíquicas por medio de las cuales los
impulsos alcanzan el estado de conciencia, el aparato físico apropiado para la descarga de los im-
pulsos, y la reacción del mundo exterior frente al organismo. Si bien esa última no tiene relación
directa con las respuestas fundamentales, primitivas e instintivas, la tiene, por cierto, con las vicisi-
tudes de los impulsos sexuales y de agresión. (...)
• Con el envejecimiento, la expresión de un impulso sexual o agresivo es menos probable que es-
té rodeada de motivaciones derivadas. El objetivo del impulso puede estar algo alterado, pero
existen menos inhibiciones en cuanto a su expresión. (pp. 3 – 4)

El yo • Los instintos del yo, que en general son de autoconservación en el sentido de que su meta
es la de hacer que el hombre se adapte al medio, se hallan ahora junto a las tensiones de la libido
y la agresión como motivaciones fundamentales de la conducta. Se considera que el yo es la fuen-
te de fuerza para la tarea esencial de • preservar al individuo y mantener un equilibrio óptimo entre
las tensiones de dentro y de fuera.
• Los problemas específicos vinculados con la vejez y con los cuales el yo debe luchar, son los
cambios corporales internos y externos, la pérdida dc status —característico de la cultura nortea-
mericana orientada hacia el futuro—, la pérdida de las personas de • gravitación, la modificación
en cuanto al campo de las actividades posibles y, desde un punto de vista más filosófico, todo
cuanto signifique prepararse para la muerte. (…) (p. 5)

• Si bien es difícil generalizar, las defensas más propias del envejecimiento parecen ser la regre-
sión, el aislamiento, el encasillamiento y la negación. Existen ciertas pruebas de que algunas otras
defensas, como la represión y la proyección, desempeñan en el envejecimiento normal un papel
diferente del que tienen las primeras etapas del desarrollo.
•En el anciano, la regresión puede cumplir la misma función básica que la represión en el joven.
(…) Así como en la juventud es necesario un grado de represión adecuado para establecer el
equilibrio entre el ello, el yo y el medio, del mismo modo puede ser necesario, en la vejez, un gra-
do de regresión para mantener el equilibrio homeostático.
• En la ancianidad, cuando las aptitudes físicas y psicológicas se resienten —y algo de tal modifi-
cación es universal—, la regresión, como defensa, puede activar formas de adaptación con las
que antes se contaba. Esto es lo que a menudo se verifica en las • relaciones con las personas de
importancia en la vida del anciano. Si existe una disminución física específica, el yo se encuentra
ante la tarea de hallar una relación de dependencia relativamente libre de conflicto que le sea
aceptable y, en consecuencia, de adaptación. (pp. 5 - 6)
• En general, cuando la persona regresa, la forma de la regresión sigue pautas ya establecidas en
aquélla, si bien el stress particular del medio puede llevar a cierta selección. Esto es lo que se
acepta en general, pero hay que destacarlo porque una historia detenida de los rasgos de perso-
nalidad anteriores puede aclarar las pautas de la adaptación y los problemas que se han derivado
de los cambios de personalidad en el paciente de edad.
•Como mecanismo de defensa, el aislamiento le permite al individuo mayor encarar conceptos y
afectos que, de otro modo, no podría tolerar. Tal vez no fuese posible sostener conversaciones
acerca de la muerte y de las enfermedades sin un elevado grado de aislamiento, conversaciones
que muchas médicos consideran que, desde el punto de vista clínico, pueden ser beneficiosas,
siempre que no se permita que se conviertan en una obsesión morbosa. Es notable la tranquilidad
con que las personas de edad toman, a • veces, el fallecimiento de viejos amigos y parientes.
• La conciencia que tiene de estar alterándose por las desavenencias puede ir acompañada de un
cínico desprecio por sus propios sentimientos —puesto que, en cierto sentido, se conoce dema-
siado bien—, pero es más probable que sepa de dónde provienen los sentimientos y por qué está
alterado.
• El encasillamiento, ayudado por una limitación de la conciencia, desempeña un papel importante
en el anciano. Hay ciertos factores que, como la incapacidad física, las alteraciones de la memo-
ria, la menor capacidad de aprendizaje, etc., mueven al individuo a que abarque una cosa por vez,
tanto en lo interior como en lo exterior. La reiteración, la rigidez e, incluso, lo que parece ser nega-
tivismo, pueden constituir formas de encasillamiento. La persona de edad puede experimentar la
imperiosa necesidad de relatar viejos recuerdos a otra más joven, aun cuando sepa que con ello
aburre e irrita.
• Esto puede constituir un intento de afrontar el stress físico y emocional de mantener contacto
con otras personas y, por tanto, es posible que sea un necesario proceso de adaptación del yo
para permitir que el sujeto de edad se aferre con mayor firmeza a la realidad al echar mano de lo
que sabe, aun a expensas de no agradar.(...) Por cierto que las restricciones del yo que se mani-
fiestan como evitación del malestar, sea éste intrapsíquico, interpersonal o ambiental, son formas
de negación. La tensión, como la de la enfermedad o el desmedro, es penosa. Todo cuanto provo-
que la amenaza de un hecho, como viajar o estimular recuerdos, puede causar una impresión pe-
nosa. El objetivo es el de reducir la esfera de la conciencia de modo de evitar la impresión doloro-
sa, • lo cual se consigue por medio de la negación o la tentativa de negar la existencia • de lo que
puede resultar penoso.( pp. 7 - 8)

El superyó
• Su crecimiento se efectúa por el agregado de cada vez más identificaciones con los individuos y
componentes de la estructura social, Sí las identificaciones exitosas son las suficientes y tienen un
alcance lo bastante amplio, se verifica la ordenación de un sistema de valores y el desarrollo de
una conciencia flexible, orientada hacia la realidad.
• Al parecer, este proceso puede invertirse en el anciano. Aunque todavía estén expresados en
términos y apariencias de personas de vida adulta, los intercambios que se desean en la relación
con la gente parecen los que eran aceptables para el ideal del yo en épocas anteriores de la vida.
La necesidad de aportes narcisistas directos parece ser el aspecto principal de este retorno a una
forma anterior de la relación yo-ideal. La diferencia importante entre esto que ocurre en los ancia-
nos y el impulso regresivo en el adulto joven es la adecuación de la forma a las necesidades de
esta etapa del desarrollo. (…) La situación del yo de la persona de edad, minado por el cambio fí -
sico y el desmedro, quizá no podría tolerar un superyó cuya conciencia no estuviese modificada.
La adecuada adaptación a la menor capacidad de estar siempre pulcro, bien afeitado o usar cos-
méticos, exige directamente un aflojamiento de la conciencia. Una conciencia estricta le negaría a
la persona sus necesarias dosis de narcisismo en forma de amor y apoyo del mundo exterior. (pp.
8 – 9) Vicisitudes de la sexualidad y la agresión
• Los ancianos tienen que habérselas con los impulsos de la libido y de la agresividad a la vez que
afrontan cambios en su estructura física y emocional. Muchas de las características sexuales y
agresivas de las primeras etapas del desarrollo subsisten cuando la persona ya ha entrado en
años. La expresión de esas características recibe la influencia de un proceso de adaptación que
relaciona los impulsos instintivos, la estructura del yo y la cultura.
• Uno de los aspectos sobre los cuales todavía se carece de suficientes estudios es el que se re-
fiere a la expresión desembozada de la sexualidad en el anciano. (...) Estamos profundamente
persuadidos de que los intereses sexuales regresivos de la ancianidad revisten el carácter de
preocupación en cuanto a la alimeutación y las heces. No es para negar estos evidentes males y
su significación en la economía psíquica del anciano que llamamos la atención respecto del hecho
de que estos intereses pregenitales pueden servir también, como expresión encubierta de preocu-
paciones genitales más directas. (pp. 9, 11)

IV. Relaciones interpersonales


• Como sucede en todas las etapas del desarrollo el anciano necesita de relaciones interpersona-
les para sustentar su vida emocional. Esas relaciones interpersonales de la persona de edad se
ven influidas por pautas de personalidad anteriores, por la existencia o el grado de algún impedi-
mento orgánico y por la estructura del yo. (…) Si bien no se puede hablar de un sólo tipo de an-
ciano, hay ciertas características que surgen con bastante frecuencia como para que merezcan
ser tenidas en cuenta. Las interacciones con las personas tienen relación con las tareas del yo
que, en esta etapa, parecen ser —aun más que en otras etapas— las de lograr aportes narcisis-
tas. Estos aportes se obtienen por medio de la reimplantación de métodos para lograr una res-
puesta directa de un exterior que tuvo relevancia en épocas anteriores de la vida. Aun cuando el
deseo de cosas materiales puede ser grande en la persona de edad, es probable que lo que de-
see más que nada sea amor, auxilio, respeto y la alegría que pueda proporcionarle la gente. Lo
que se acentúa es la necesidad —y la conciencia de ella— de estos aportes en un momento en
que, por muchas razones, se obtienen de la gente cada vez menos respuestas y menos sustitutos
de respuestas. (…) (p. 13)

• En cierto modo, la persona de edad se encuentra frente a opciones conflictivas y, a menudo,


opuestas. A causa de las presiones tanto internas como culturales, se halla en vías de desvincu-
larse de muchos nexos. Entre estos nexos se encuentran los amigos y parientes que mueren, las
ocupaciones y, con frecuencia, el alojamiento. Al mismo tiempo, existe la urgencia de vivir el pre-
sente sin pararse a pensar en las relaciones que se puedan trabar el próximo verano ni a la sema-
na siguiente.(…) La persona de edad que se encuentra frente a un impedimento o a una disminu-
ción de su capacidad para utilizar su cuerpo, también apela a una compulsión de repetición y ha-
bla acerca de su cuerpo y de sus funciones con la esperanza de sentirse y manejarse mejor.(…)
El apelar al aislamiento y al encasillamiento, en particular por lo que se refiere a la pérdida de ami-
gos, etc., es de importancia para las relaciones interpersonales de la persona de edad. Estos me-
canismos de defensa necesarios pueden producir la impresión errónea de que la persona no se
interesa o de que ya no tiene “sentimientos”. Esto dista de ser cierto; pero temporariamente, o res-
pecto de una persona o hechos determinados, puede tener la necesidad de apartarse o de ser
menos sensible. (…) (pp. 13 - 14

Implicaciones sociales y culturales del envejecimiento


• La idea del retiro obligado es penosa, pues las personas de edad ven en la jubilación el primer
paso hacia la decadencia. La impresión que se forman de sí mismas cambia más de lo que ellas
cambian en sí, pero el resultado puede ser profético en cuanto a su cumplimiento, sobre todo te-
niendo en cuenta que esa noción está respaldada por el concepto de la sociedad.
• Tres son los tipos de personalidad que tropiezan con especiales inconvenientes en cuanto con-
cierne al retiro. El obsesivo genuino —que necesita trabajar para organizar su vida y que siempre
ha visto en las vacaciones, e incluso en los domingos, un elemento algo perturbador— se siente,
frente al retiro, con una constante “neurosis dominical”. A éste le parece total y desquiciadora la
amenaza a su capacidad de permanecer en actividad, y queda pasivo y debilitado ante sí mismo.
En cuanto a las personas que han puesto a contribución una excesiva libido por lo que atañe a su
ocupación, se encuentran con que su alejamiento se traduce en el mismo tipo de depresión que
produce la pérdida de un ser querido. Es decir que el trabajo se había convertido en una satisfac-
ción en sí y no en un medio de alcanzar ese fin. Y, en cuanto al tercer tipo, lo constituye la persona
que solía trabajar corno medio de sentir que era útil y que tenía algo de valor que ofrecer. A ésta le
obsesionan los sentimientos de inutilidad y de vacío que durante toda la vida trató de dominar. (...)

• La desorientación y la depresión desempeñan un papel importante en muchas de las enfermeda-


des que aquejan a los ancianos, entre las cuales podemos mencionar los trastornos cardiacos y
musculares, la anemia, el reumatismo y la avitaminosis. Es muy difícil determinar qué es lo que
aparece primero. La persona de edad que se deprime puede alimentarse deficientemente y
contraer una anemia secundaria. (...) La diferencia entre la buena salud y la enfermedad, en este
grupo, no es clara. La prevención de los problemas graves exige organización. A los ancianos mis-
mos les cuesta darse cuenta de muchos cambios importantes. A veces puede suceder que un
hombre salga de su casa cada vez menos, pero que se vaya retirando de modo tan gradual que
nadie lo note hasta que deja de aparecer en absoluto durante largo tiempo. Tal circunstancia po-
dría llegar a conocimiento de una institución de localización de casos y ofrecer ésta su auxilio. (17,
22 – 23)

Psicopatología
• La primera es la que se refiere a las reacciones emocionales ante esa etapa del desarrollo, que
tienden a producir un síndrome caracterizado por regresión, formas de conducta hostil y depen-
diente, e infantilismo. (…) Además, una lesión cerebral orgánica causada por infección, degenera-
ción, arteriosclerosis, etc., puede producir una psicopatología o liberar una psicopatología subya-
cente que, clínicamente, son muy difíciles de distinguir de una depresión, una esquizofrenia, un
estado maníaco o una perturbación del carácter en el dominio de los impulsos. (…) El exhibicionis-
mo, el voyeurismo, el sadismo, las preocupaciones perversas y la masturbación son relativamente
comunes entre las manifestaciones psicopatológicas del envejecimiento. (…) Ciertas manifestacio-
nes psicóticas del envejecimiento se hallan indudable y directamente relacionadas con los cam-
bios orgánicos. (pp. 24 – 25)

• Al principio, las manifestaciones verbales del psicótico senil parecen no tener sentido; pero, si se
presta más atención, a menudo es posible entender algo de lo que expresa. Evidentemente se ha
producido una ruptura del complejo proceso de integración psíquica que mantiene el contacto ha-
bitual entre los derivativos institucionales y la realidad externa, incluida la secuencia regular de las
relaciones temporales y espaciales.

• Ese asociar personas (que con frecuencia se observa en la vida corriente del individuo) con otras
que antes han tenido importancia —como algún amigo o la madre— se intensifica. Por lo que ata-
ñe al paciente senil, tales personas se vuelven intercambiables o borrosas y todas parecen existir
en la actualidad. (…) Ciertas, vicisitudes del envejecimiento, corno la incapacidad física, las priva-
ciones, las pocas perspectivas futuras y los cambios de status, contribuyen a la depresión. Es es-
encial distinguir entre aquellos aspectos de la filosofía del envejecimiento que por lo común abar-
can esas vicisitudes, y el caso psicopatológico, que puede ser de mucha gravedad para este gru-
po de edad. La capacidad de soportar hasta las depresiones severas durante períodos relativa-
mente breves sin caer en la desesperación total forma parte de la aceptación • personal del ele-
mento de depresión crónica del envejecimiento. (p.26)

• El envejecimiento normal era considerado como un menor cúmulo de vejez más que como una
etapa del desarrollo con sus características propias. Cada etapa de la vida plantea problemas dife-
rentes, de modo que es probable que la persona que envejece, además de tener que manejar su
propia dosis de dificultades, tenga que afrontar los precipitados y los remanentes no resueltos de
otras fases del desarrollo.
• Es necesario considerar la compleja interacción que existe entre el yo y el superyó, puesto que
estas estructuras psíquicas se adaptan a los cambios psíquicos y físicos internos del envejeci-
miento y a las presiones culturales externas. Hay, pues, formas de adaptación normales así como
perturbaciones físicas y emocionales. (…) La lentitud que producen los cambios físicos puede su-
perarse tomándose el tiempo suficiente para cumplir con las citas o para vestirse para ir a comer.
En general, es preciso que los propios ancianos y quienes los rodean tengan cierta tolerancia por
los cambios físicos y emocionales. La regresión y la menor represión, que liberan energía instinti-
va, pueden permitirle al individuo conservar el equilibrio homeostático del ello, del yo y del super-
yó, característico y necesario para su sensación de bienestar. A veces, este equilibrio puede que-
brarse: los impulsos del ello pueden abrirse paso o la regresión puede ir más allá del nivel tolera-
ble para el ideal del yo y para el medio. (…) No hay manera de evitar la muerte, pero mucho es lo
que se puede hacer para elevar al máximo el funcionamiento y aminorar la incapacidad física y
emocional del anciano. Con todo, los recursos existentes se utilizan • de manera inadecuada.

CAPÍTULO III FACTORES INTRAPSIQUICOS DEL ENVEJECIMIENTO


• En primer lugar, el anciano soporta diversas pérdidas. Pierde miembros de la familia y amigos.
Esas pérdidas pueden experimentarse por fallecimiento o, en el caso de los hijos, porque éstos se
casan o se van a vivir a otra parte. Cada una de las sucesivas pérdidas constituye una aflicción o
un dolor que acarrea la consiguiente sensación de soledad y aislamiento que el individuo aprende
a dominar.
• Otra de las circunstancias que afectan a la persona de edad es la pérdida del trabajo, sea por
retiro o semirretiro, la cual a su vez se traduce en menores ingresos. Tal pérdida puede, también,
significar el verse privado de status y de prestigio en particular en la cultura norteamericana, que
apunta al progreso. (...) hay una diversidad de respuestas frente al retiro. Tenemos noticias de que
algunos retirados mueren en el término de seis meses; de otros que se deprimen gravemente, e
incluso de otros para quienes los anos transcurren con absoluta placidez. (pp. 30 – 31)

Regresión
• La regresión es, pues, una condición sine qua non, o sea que sin ella no hay envejecimiento. No
obstante, hay dos consideraciones, por lo menos, que es necesario exponer: una es el juicio de
valor que con tanta frecuencia lleva implícito el uso del término; la otra, el hecho de que la regre -
sión en el anciano no es lo mismo que la regresión en la persona joven. (…) En condiciones de
stress y de conflicto, la persona puede renunciar parcial o totalmente a sus deseos y, para evitar la
ansiedad, retornar a sus anteriores objetivos y apetencias. Así, por ejemplo, la persona que se en-
frenta con un deseo genital o fálico acompañado de una severa pugna respecto de algún tipo de
anhelo o de conducta que se siente como tabú, vedado, imposible de satisfacer, indecente o ries-
goso, puede regresar a los objetivos y anhelos anales u orales. El propósito es el de alcanzar, de
ese modo, cierto grado de satisfacción, de gratificación, de placer o de equilibrio dentro de la es -
tructura psíquica. La operación puede alcanzar diversos grados de éxito o puede fracasar, pero el
esfuerzo y la tentativa existen.
• Nos es conocido el sentido patológico de la regresión, que es una defensa que no suele caracte-
rizarse por lo saludable. (…) el anciano: el grado de regresión y, lo que es más importante, su
aceptación de tal regresión como manera de vivir, está determinado por circunstancias anteriores.
Esto, por supuesto, plantea la delicada cuestión de qué se debe entender por “buen envejecimien-
to”. (pp. 31 – 32 – 33)

• Cuando se produce la regresión —a causa de su menor genitalidad—, el retiro a posiciones ora-


les y anales tiene mi matiz distinto. La persona de edad puede haber desempeñado bien sus fun-
ciones en los niveles genitales, y de tal manera saber —a través del recuerdo y la experiencia—
cómo ha sido y qué ha significado para ella ese buen desempeño. En la actualidad, no obstante,
tiene que adaptarse a una situación inferior forzosa. (¿Es posible que las deficiencias de la memo-
ria reciente estén relacionadas con esa situación, a fin de obviar el aspecto doloroso de renunciar
al tan valorado alto nivel de madurez biológica?). Muchas personas de edad se resisten a renun-
ciar a la primacía genital y procuran demostrar que siguen siendo como eran antes. • Por este mo-
tivo vemos que, a veces, las personas de edad tratan de desempeñarse, tanto en lo sexual como
en sus ocupaciones, como si no hubiesen experimentado cambio alguno, de donde el dicho popu-
lar de que “no hay nada peor que un viejo chocho”. A veces, el esfuerzo por recuperar el terreno
perdido, en particular en cuestiones relacionadas con lo sexual, lleva a trágicas consecuencias de
orden legal. (…) (p. 35) Intemporalidad del inconsciente (persistencia y retorno de lo reprimido)

• No sólo se trata de los anhelos inconscientes y de la intemporalidad de los impulsos, sino tam -
bién de los distintos mecanismos de defensa y de adaptación que utiliza la psique para encontrar
y mantener un estado de equilibrio. En este campo de las funciones del yo es donde vemos lo que
llamamos carácter y rasgos de carácter que se • conservan durante toda la vida, sean esos ele-
mentos caracterológicos saludables o enfermizos. (…) Independencia

• En las circunstancias físicas más adversas, de privaciones económicas y de aislamiento de los


demás, esos ancianos insisten continuamente en ser lo que ellos llaman independientes, rehusán-
dose a ser atendidos y a toda relación de dependencia. (…)

• La independencia como proceso de maduración normal: (…) el deseo expreso de independencia


puede tener un sentido real y que puede estar basado en la forma de maduración del individuo a
lo largo de su vida (…)

• Significaciones diversas del concepto de independencia: (…) la Independencia puede ser un re-
curso de compensación para combatir sentimientos de inferioridad e inadaptación que, si bien
pueden haber estado siempre presentes, en ese momento se exageran por la real declinación físi-
ca y psíquica. Tales personas tienden a volverse perentorias en exceso, rebeldes y dominantes
(…)

• Maneras de utilizar la independencia y efectos • secundarios que produce: (…) El anhelo de in-
dependencia puede permitirle al anciano impedir ser explotado por los demás, en particular por
sus propios hijos, tanto por lo que atañe a sus servicios como a sus bienes materiales. Como refe-
ría cierta anciana, su hija siempre le había ido con problemas para pedirle ayuda, de modo que le
parecía que ya era hora de deshacerse de esa pedigüeña. “No quiero ser más su esclava”, decía.
De manera parecida se expresaba otra mujer, diciendo que no quería vivir en compañía de sus hi -
jos porque temía que la explotaran como a una niñera. Esta maniobra puede constituir una pro-
yección así como un deseo do dependencia (…) Algunas personas de edad mantienen su inde-
pendencia por el temor que pueden infundir a los demás estando en situación de dependencia. En
este caso, el individuo de edad puede tratar de apartarse de ciertas normas convencionales a fin
de asegurarse la aprobación y la aceptación de los otros. (…) La independencia puede constituir
realmente una antidependencia (p. 39) Problemas referentes a los conceptos de impulso y energía

• (…) lo que puede ocurrir es que el yo, con todas sus defensas y adaptaciones, maneje los im-
pulsos de un modo que impida y resista las evaluaciones (por ejemplo, en el período de la laten -
cia, las defensas son fuertes y los impulsos permanecen refrenados). En el caso de la personali-
dad obsesivo-compulsiva se verifica un proceso similar en el cual las defensas de aislamiento y de
formación reactiva producen la impresión de sosiego y ecuanimidad. Sabemos, empero, lo inco-
rrecta que es esa apreciación de la cantidad de impulso, puesto que lo compulsivo logra un equili-
brio que en gran parte se basa en la inhibición del impulso. El grado de inhibición es la medida del
grado del impulso en una proporción aproximada de 1:1, o sea que el grado hasta el cual se utiliza
la inhibición es más o menos equivalente al grado del impulso instintivo que se inhibe (…)

• El papel de consultor
• El papel de consultor implica que la persona de edad. por el hecho de haber vivido y sobrevivido
toda una vida, ha medrado en experiencia, práctica, discernimiento, criterio, sabiduría, etcétera, en
virtud de lo cual se halla en condiciones de acudir en ayuda de los demás como filósofo objetivo,
por decirlo así. Estas implicaciones no son hechos objetivos, por fuerza, respecto de ninguna per-
sona de edad. La suposición de que esto es así suele provenir, explícita o implícitamente, del an-
ciano y de quienes lo rodean. Para no tener que abordar el problema que supone emitir un juicio
de valor respecto del “consejero”, aclaremos que no es éste el punto fundamental al que nos refe-
rirnos. Para nuestros fines, lo mismo da que el consultor sea bueno o malo, puesto que no se trata
de una cuestión de capacidad. (…) Cuando la función consultora puede desempeñarse con inteli-
gencia, constituye un factor importante en el envejecimiento feliz.(pp. 41 -42)

También podría gustarte