lOMoARcPSD|47133881
Resumen Carpio Capítulo IV
Filosofía Del Derecho (Universidad de Medellín)
Escanea para abrir en Studocu
Studocu no está patrocinado ni avalado por ningún colegio o universidad.
Descargado por carla caballero (
[email protected])
lOMoARcPSD|47133881
CARPIO CAPÍTULO IV
EL DESCUBRIMIENTO DEL CONCEPTO. SÓCRATES
EL MOMENTO HISTORICO.
Sócrates nació en Atenas en 470/69, y allí murió en 399.
Las diversas contingencias sociales y políticas de la época, en primer lugar, y gracias a Pericles,
se produce el ascenso de todos los ciudadanos al poder, es decir, el desarrollo de todas las
posibilidades del régimen (se trataba -a diferencia de las democracias modernas, de carácter
representativo- de una democracia directa, donde eran los propios ciudadanos no sus
representantes o diputados, quienes intervenían en el manejo de la cosa pública Asamblea del
pueblo). En segundo lugar, esa democracia deriva hacia la demagogia en algunos casos, o hacia
la tiranía, en otros. Tales circunstancias corren paralelas con el cambio que entonces se registra
en los intereses filosóficos.
2. Los sofistas
Al hablar de los primeros filósofos griegos -Tales, Heráclito, Parménides, Zenón-pudo
observarse que estos pensadores se ocupaban en lo fundamental con el problema de
determinar cuál es la realidad de las cosas, que se ocupaban sobre todo por los problemas
relativos a la "naturaleza" o al "mundo", y no propiamente por el hombre como tal; por ello
suele denominarse cosmológico ese primer período de la filosofía griega durante el cual
predominan los problemas relativos al "cosmos" (κοσμος).
Según se dijo, la participación de los ciudadanos en el gobierno llega en esta época a su
máximo desarrollo; Por tanto, buscan información de cultura general que los capacite para
enfrentarse con los problemas de que ahora tendrán que ocuparse, una especie de "educación
superior". Por otra parte, necesitan también un instrumento con el que persuadir a quienes los
escuchen, un arte que les permita expresarse con elegancia, y discutir, convencer y ganar en las
controversias", el arte de la retórica u oratoria. Pues bien, los encargados de satisfacer estos
requerimientos de la época son unos personajes que se conocen con el nombre de sofistas.
Los sofistas su finalidad era bien limitada: responder a las "necesidades" educativas de la
época. En general, los sofistas se consideraban a sí mismos maestros de "virtud".
Protagoras enseñaba el arte mediante el cual podían volverse buenas las malas razones, y
malos los buenos argumentos, es decir, el arte de discutir con habilidad tanto a favor como en
contra de cualquier tesis, pues respecto de todas las cuestiones hay siempre dos discursos,
uno a favor y otro en contra, y él enseñaba cómo podía lograrse que el más débil resultase el
más fuerte, es decir, que lo venciese independientemente de su verdad o falsedad, bondad o
maldad.
lOMoARcPSD|47133881
Gorgias (483-375 a.C.) fue otro sofista de auténtico nivel filosófico. Su pensamiento lo resumió
en tres principios concatenados entre sí:
"1. Nada existe;
2. Si algo existiese, el hombre no lo podría conocer;
3. Si se lo pudiese conocer, ese conocimiento sería inexplicable e incomunicable a los
demás."
Era, por tanto, un filósofo nihilista, según la primera afirmación (nihil, en latín, significa
"nada"); escéptico, según la segunda; relativista, según la tercera. A pesar de su nihilismo y
escepticismo, sin embargo, era uno de los sofista: más cotizados y cobraba muy caras sus
lecciones.
De modo que los sofistas con ideas originales fueron de tendencia escéptica o relativista. no
les interesaba tanto la verdad de lo demostrado o afirmado, cuanto más bien la manera de
embellecer los discursos y hacer triunfar una tesis cualquiera, independientemente de su
valor intrínseco. Y el principio del homo mensura y el nihilismo de Gorgias revelan la crisis que
caracteriza la segunda mitad del siglo V, se trata de la conmoción de todo su sistema de
creencias, de los fundamentos mismos de su existencia histórica, o, como también puede
decirse, de la "moralidad" hasta entonces vigente. "Crisis" (κρισις término griego que significa
"litigio", "desenlace", "momento decisivo", y emparentado con "crítica", cf. Cap. III, § 2)
significa que una determinada tabla de valores (cf. Cap. I, § 2) deja de tener vigencia, y que una
sociedad o época histórica permanecen indecisas o fluctuantes sin prestar adhesión a la vieja
tabla y sin encontrar tampoco otra que la reemplace. Las costumbres tradicionales griegas, la
religión, la moral, los tipos de vida vigentes hasta ese momento, así como la forma e ideales de
educación que hasta entonces habían sido su modelo, en esta época dejan de valer.
3. La figura de Sócrates
Sócrates representa la reacción contra el relativismo y subjetivismo sofísticos. Singular
ejemplo de unidad entre teoría y conducta, entre pensamiento y acción, fue a la vez capaz de
llevar tal unidad al plano del conocimiento, al sostener que la virtud es conocimiento y el vicio
ignorancia. Y, principalmente, en una época en que todos creen saberlo todo, o poder
enseñarlo todo y discutirlo todo, en pro o en contra indistintamente, sin importárseles la
verdad o justicia de lo que dicen -sugestiva coincidencia con nuestro propio tiempo-, Sócrates
proclama su propia ignorancia.
Un amigo de Sócrates, Querefonte, fue una vez al oráculo del dios Apolo, en Delfos - Y al
preguntar Querefonte al dios quién era el más sabio, el oráculo respondió que el más sabio de
los hombres era Sócrates. Pero cuando éste se entera, queda perplejo, porque no reconoce en
sí mismo ninguna sabiduría en el sentido corriente de la palabra. Sócrates se siente
confundido, porque tiene conciencia de estar lleno de dudas, no de conocimientos.
Socrates Para aclarar las palabras del oráculo; se propone interrogar a todos aquellos que
pasan por sabios y confrontar así con los hechos la afirmación del dios y comprobar entonces
si los demás saben más que él o no, y en qué sentido.
lOMoARcPSD|47133881
empieza por interrogar a los políticos, y los interroga ante todo sobre algo que debieran saber
muy bien: ¿qué es la justicia?; ya que el propósito fundamental de todo gobierno debiera ser
primordialmente lograr un Estado justo. Pero sometidos al interrogatorio, pronto resulta que le
responden mal, o que no saben en absoluto la respuesta.
Sócrates interroga luego a los poetas, y observa que en sus poemas suelen decir cosas
maravillosas, muy profundas y hermosas; pero que, sin embargo, son incapaces de dar razón
de lo que dicen, de explicarlo convenientemente, ni pueden tampoco aclarar porqué lo dicen.
Sócrates interroga por último a los artesanos: zapateros, herreros, constructores de navíos,
etc., y descubre que éstos sí tienen un saber positivo: saben fabricar cosas útiles, y además
saben dar razón de cada una de las operaciones que realizan. Lo malo, sin embargo, reside en
que, por conocer todo lo referente a su oficio, creen saber también de las cosas que no son su
especialidad -como, por ejemplo, se creen capacitados para la política, cuando en realidad no
lo están.
Al final de esta larga pesquisa comprende por fin Sócrates la verdad profunda de la
declaración del dios: los demás creen saber, cuando en realidad no saben ni tienen
conciencia de esa ignorancia, mientras que él, Sócrates, posee esta conciencia de su ignorada
que a los demás les falta. De manera que la sabiduría de Sócrates no consiste en la posesión
de determinada doctrina, no es sabio porque sepa mayor número de cosas; muchos, como
los artesanos, poseen múltiples conocimientos de que Sócrates está desposeído; pero en
cambio él puede afirmar con plena conciencia: "Sólo sé que no sé nada", y en esto consiste
toda su sabiduría y su única superioridad sobre los demás.
De esta forma Sócrates descubre los límites de todo conocimiento humano, piensa a fondo
esta radical situación de finitud que caracteriza al hombre (cf. Cap. I, § 7); éste sólo llega a la
conciencia adecuada de su humanidad, de aquello en que reside su esencia, cuando toma
conciencia de lo poco que sabe. En este sentido Sócrates es sabio: porque no pretende,
ingenuamente, como los demás, saber lo que no sabe.
4. La misión de Sócrates
El origen divino del oráculo lo convence a Sócrates de que tiene que cumplir una misión.
Sócrates llega a la conclusión, entonces, de que el dios le ha encomendado precisamente esta
tarea, la de examinar a los hombres para mostrarles lo frágil de su supuesto saber, para
hacerles ver que en realidad no saben nada. Su misión será la de recordarles a los hombres el
carácter precario de todo saber humano y librarlos de la ilusión de ese falso saber, la de
llevarlos a tomar conciencia de los límites de la naturaleza humana.
Sócrates, pues, no comunicaba ninguna doctrina a los que interrogaba. Su objeto fue
completamente diferente: consistió en el continuo examen que los demás y de sí mismo, en
la permanente incitación y requerimiento a problematizarlo todo, considerando que lo más
valioso del hombre, lo que lo define, está justo en su capacidad de preguntar, de plantearse
problemas, que es lo que mejor le recuerda la condición humana, a diferencia del Dios -el
único verdaderamente sabio y por ello libre de problemas y de preguntas. Por todo esto puede
lOMoARcPSD|47133881
hablarse del carácter problematicista de su filosofar: su "enseñanza" no consistía en transmitir
conocimientos, sino en tratar de que sus interlocutores tomaran conciencia de los problemas,
que se percatasen de este hecho sorprendente y primordial de que hay problemas, y sobre
todo problemas éticos, problemas referidos a la conducta, o, si se quiere, problemas
existenciales, esto es, referentes a la existencia de cada uno de nosotros. Estos problemas no
son casuales, ni caprichosos, ni académicos; por el contrario, se insertan en la realidad más
concreta de cada individuo humano. Se trata, en defintiva, de la forma cómo debemos vivir
nuestra vida, del sentido que ha de imprimírsele.
5. Primer momento del método socrático: la refutación
Sócrates filosofa conversando con los demás, mediante el diálogo como especial organización
de preguntas y respuestas convenientemente orientadas, y en el que consiste el método
socrático; rasgo distintivo de la personalidad de Sócrates: la ironía ; califica la actitud de
Sócrates frente a la presunción del falso saber, y resulta del contraste entre el alto ideal que
Sócrates tiene del conocimiento, y la orgullosa ignorancia o jactancia del interrogado.
La refutación (ελεγχος [élenjos]) consiste en mostrar al interrogado, mediante una serie de
hábiles preguntas, que las opiniones que cree verdaderas son, en realidad, falsas,
contradictorias, incapaces de resistir el examen de la razón.
Los interrogados, en cambio, creen ingenuamente saber lo que se les pregunta -como, por los
demás, todos creemos ingenuamente saberlo-; pero el interrogatorio a que Sócrates los
somete pone en evidencia que se trata de un falso saber: en el momento en que ello se hace
manifiesto, Sócrates los ha refutado.
Lo común a todos los casos particulares no es ya nada particular, sino universal: Sócrates busca
el "universal" , la esencia o naturaleza. Porque la esencia es lo que hace que una cosa sea lo
que es y no otra (la esencia de la valentía es lo que hace que un acto sea valiente, y no
cobarde; la esencia del triángulo es ser una figura de tres lados). La esencia, considerada (no
tanto en la cosa a la que determina, sino) en el pensamiento, o, en otros términos, la esencia
en tanto se la piensa, se llama concepto. Y la respuesta a la pregunta por la esencia de algo se
llama definición –por ejemplo, si se pregunta: "¿qué es el triángulo?", la definición será: "el
triángulo es una figura de tres lados". De manera que la definición desarrolla o explica la
esencia de algo. Resulta, por consiguiente, que Sócrates busca la definición de los conceptos.
Pero Sócrates, mediante nuevas preguntas, mostrará que la definición aducida es insuficiente;
y los nuevos esfuerzos del interrogado para lograr otra u otras definiciones hacen que Sócrates
ponga de manifiesto que tampoco sirven, que son incompatibles entre sí, contradictorias, o
que conducen a consecuencias absurdas.
Sócrates se refiere al caso de quienes defienden una posición muy segura, tienen mayoría y
esperan refuerzos, mientras que quienes atacan son pocos y no han reflexionado
suficientemente pero llevan el ataque con todo vigor.
El procedimiento de refutación, entonces (en que se reconoce, por lo menos en parte, el
método de reducción al absurdo corriente en las matemáticas), consiste en llevar al absurdo
la afirmación del interlocutor; mediante una serie de conclusiones legítimas se pone de
lOMoARcPSD|47133881
relieve el error o la contradicción que aquélla encierra, aunque a primera vista no lo parezca.
Sócrates no comienza negando la tesis propuesta, sino admitiéndola provisionalmente, pero
luego, mediante hábiles preguntas, lleva a su interlocutor a desarrollarla, a sacar sus
consecuencias, lo arrastra de conclusión en conclusión hasta que se manifiesta la
insostenibilidad del punto de partida, puesto que se desemboca en el absurdo o en la
contradicción.
6. La refutación como catarsis
El carácter problematicista del filosofar socrático, cuyo objeto era sembrar dudas, hacer que los
demás pensasen, en lugar de estar convencidos y contentos de saber lo que en realidad no
sabían.
la refutación es actividad perfectamente seria. Más aun, se trata de una actividad, no sólo
lógica o gnoseológica, sino primordialmente moral. Pues la meta que la refutación persigue es
la purificación o purga que libra al alma de las ideas o nociones erróneas. Para Sócrates la
ignorancia y el error equivalen al vicio, a la maldad; sólo se puede ser malo por ignorancia,
porque quien conoce el bien no puede sino obrar bien. Por tanto, quitarle a alguien las ideas
erróneas equivale a una especie de purificación moral. Se han empleado los términos
"liberación", "purificación" y "purga", que el propio Sócrates utiliza. En el Sofista, otro diálogo
platónico, se desarrolla este tema trazando una especie de paralelo con la teoría médica
contemporánea acerca de la purga. La palabra griega es catarsis (καθαρσις [kátharsis]), que
significaba "limpieza", "purificación" en sentido religioso, y "purga". Quien tiene el alma llena
de errores, vale decir, quien tiene su espíritu contaminado por nociones falsas, no está en
condiciones de admitir el verdadero conocimiento; para poder asimilar adecuadamente la
verdad, es preciso que previamente se le hayan quitado los errores, que se haya liberado,
purificado o purgado el alma, que se la haya sometido pues a la "catarsis".
Según Sócrates: mientras esté infectado de errores, mal podrá aprovechar las enseñanzas, por
mejores que éstas sean; se hace preciso, pues, purgarlo, purificarlo de las falsas opiniones, que
no son sino obstáculos para el verdadero saber. La refutación hace, pues, que el refutado se
llene de vergüenza por su falso saber y reconozca los límites de sí mismo. Sólo merced a este
proceso catártico -de resonancia no sólo médica, sino también religiosa- puede colocarse al
hombre en el camino que lo conduzca al verdadero conocimiento: tan sólo el reconocimiento
de la propia ignorancia puede constituir el principio o punto de partida del saber realmente
válido.
Se comprende entonces mejor lo que Sócrates busca: la eliminación de todo saber que no
esté fundamentado. Por este lado, su método se orienta, pues, hacia la eliminación de los
supuestos (cf. Cap. III, § 10). A su juicio nada puede tener valor si resulta incapaz de sostener la
crítica, si no puede salir airoso del examen a que lo someta el tribunal de la razón. Un
conocimiento sólo merecerá el nombre de tal en la medida en que sea capaz de superar
cualquier crítica que sobre él se ejerza; de otro modo, no puede pasar de ser una mera opinión
-provisoria, teóricamente insostenible, útil quizá para la vida más corriente del hombre, pero
no para una vida plenamente humana, consciente de sí misma.
7. Segundo momento del método socrático: la mayéutica
lOMoARcPSD|47133881
Del segundo momento del método socrático, el momento positivo.
Sócrates recuerda que su madre, Fenareta, era partera, y advierte que él mismo también se
ocupa del arte obstétrico; sólo que su arte se aplica a los hombres y no a las mujeres, y se
relaciona con sus almas y no con sus cuerpos.
La verdadera "ciencia", entonces, el conocimiento en el sentido superior de la palabra, es el
saber que cada uno encuentra por sí mismo; de manera tal que al maestro no le corresponde
otra tarea sino la de servir de guía al discípulo. El verdadero saber no se aprende en los libros
ni se impone desde fuera, sino que representa un hallazgo eminentemente personal.
Así como la refutación, entonces, ha liberado el alma de todos los falsos conocimientos, la
mayéutica trata de que el propio interrogado, guiado por Sócrates, encuentre la respuesta.
Enseñar, en el sentido superior y último de la palabra, no puede consistir en inculcar
conocimientos ya listos en el espíritu de quien simplemente los recibiría, no puede ser una
enseñanza puramente exterior, sino preparar e incitar el espíritu para el trabajo intelectual, y
para que se esfuerce por su solución. El maestro no representa más que un estímulo; el
discípulo, en cambio, debe llegar a la conclusión correcta mediante su propio esfuerzo y
reflexión.
8. La anamnesis; pasaje a Platón
Sócrates sostiene que el interrogado no hace sino encontrar en sí mismo, en las profundidades
de su espíritu, conocimientos que ya poseía sin saberlo. De algún modo, el alma descubre en sí
misma las verdades que desde su origen posee de manera "cubierta", des-oculta el saber que
tiene oculto; la condición de posibilidad de la mayéutica reside justo en esto: en que el alma a
que se aplica esté grávida de conocimiento.
La explicación "mitológica" que Platón da de la cuestión se encuentra en la doctrina de la pre-
existencia del alma. Ésta ha contemplado en el más allá el saber que ha olvidado al encarnar en
un cuerpo, pero que justamente "recuerda" gracias a la mayéutica: "conocer" y "aprender" son
así "recuerdo", anamnesis (αναμνησις o "reminiscencia".
Con la frase "mundo invisible" traducimos "en el (mundo de) Hades", nombre del dios que
presidía la región a donde iban las almas de los muertos, el "otro" mundo, y nombre que
literalmente significaría "in-visible". Esa expresión es un recurso literario-mitológico utilizado
aquí para contraponer a las cosas sensibles, otros entes que no cambian, y al conocimiento
sensible otro de especie totalmente diferente. De hecho hay en el hombre, además del
conocimiento empírico, a posteriori, es decir, referido a las cosas sensibles, a las cosas de este
mundo, otro conocimiento radicalmente diferente, que no depende de la experiencia, es decir
racional o a priori (como, por ejemplo, 2 + 2 = 4; cf. Cap. X, § 4), y que por tanto se refiere a lo
no-sensible, a lo in-visible.- Pero con esta teoría de la anamnesis y del conocimiento a priori
nos encontramos ya, probablemente, con temas que pertenecen propiamente a Platón, más
que a su maestro.